"Porque es mi libertad / muy preciada...": la nostalgia de la libertad perdida y anhelada: representaciones, expresiones y reivindicaciones en el "Aula"
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117 Capítulo III «Porque es mi libertad / muy preciada...». La nostalgia de la libertad perdida y anhelada: Representaciones, expresiones y reivindicaciones en el Aula María del Rosario Martínez Navarro, Universidad de Sevilla 1.1. Introducción La pérdida de la libertad en el espacio vital de la Corte es un motivo esencial para la literatura antiáulica, corriente de moda durante el Siglo de Oro español y cultivada en extenso por importantes humanistas; lugar prominente ocupa la figura del poeta salmantino Cristóbal de Castillejo (Ciudad Rodrigo, 1490–Viena, 1550), uno de sus máximos adalides. La Corte, paradigma de la desventurada experiencia de sus moradores, es entendida bajo la idea de un mare malorum (mar de males) y aparece descrita, a través de una serie de alusiones negativas, como un lugar nocivo donde la muerte se llega a convertir en la única esperanza posible de escapar de la “prisión” que este entorno propicia. En el presente trabajo se abordan las distintas manifestaciones del concepto trascendental de la ausencia de libertad dentro del ámbito curial en la obra anticortesana de Castillejo; se presta especial atención al Diálogo llamado Aula o Aula de cortesanos (1547) 1, su principal exponente, para ponerlo en relación con otros de los textos significativos coetáneos, todos ellos «ejemplos representativos de una actitud 1 CRISTÓBAL DE CASTILLEJO, “No se qué camino halle / para tener de Comer”, Dialogo y discurso de la vida de Corte, BNE, ms. 12931/10, 1761.
Capítulo III 118 ideológica, de reivindicación de la libertad personal, que caracterizó a los autores de diálogos, y que implicó un fuerte rechazo de la condición servil» 2, indispensables para entender con exactitud su basamen- to textual, su producción y la del conjunto de nuestros escritores. 1.2. Entre “rejas” cortesanas La Corte «degrada, humilla, envilece al hombre y le priva de su libertad.» 3 Estas palabras resumen de manera muy explícita las consecuencias del sacrificado y prolongado servicio en palacio, junto al sueño frustrado de medrar de los cortesanos, ejes temáticos que fundamentan un amplio número de diálogos renacentistas. Por citar sólo algunos de los ejemplos más relevantes, en el capítulo doce de El Scholástico (1530) se reprueba la servidumbre, antítesis de la libertad loada en boca del personaje Francisco de la Vega: —Señor Bonifaçio, por çierto, con mucha razón os quexáis deste tan mísero estado, pues os priva del mayor bien que en esta vida los hombres tienen, que es la libertad, un bien tan señalado que con ningún preçio ni oro se puede comprar. Es tan gran bien que hasta los brutos le conoscen y le estiman, y aventuran de contino la vida, y aun la pierden por se ver libres. 4 En el Aviso de privados (1539) se presenta como argumento axial: Ay hombre tan loco, ni a mercader tan codicioso, que vaya a la feria a venderse, ni por otra cosa trocarse, sino el misero cortesano cuando va a la corte: el cual a trueque de vna vanidad, vende alli toda su libertad? Yo confiesso, que puede vn cortesano tener en la corte plata, oro, seda, brocado, priuança, ser, y valer; mas no me negara el, que si de todas estas cosas es rico, que a lo menos de libertad no sea pobre. Osaremos con muy gra[n] verdad dezir, que si vn cortesano haze alguna vez lo que puede, le hazen hazer infinitas veces 2 LINA RODRÍGUEZ CACHO, El servicio y la recompensa: tópico del diálogo renacentista, en «Mélanges de la Casa de Velázquez», n. 25, 1989, p. 483. 3 PEDRO M. PIÑERO RAMÍREZ, Lázaro cortesano (ҳSegunda parte del LazarilloҲ, Amberes, 1555, capítulos XIII–XIV), en «Bulletin Hispanique», vol. 92, n. 1, 1990, p. 601. 4 CRISTÓBAL DE VILLALÓN, El Scholástico, ed. de J. M. Martínez Torrejón, Crítica, Barcelona 1997, p. 65. Más adelante el cortesano preso es comparado con el termide o toro carnicero, un fabuloso animal de tierras egipcias que se da muerte al ser cazado y ver perdida su libertad.
«Porque es mi libertad / muy preciada...» 119 lo que no quiere. Gran baxeza es de animo, y falta de coraçon generoso, quererse vno a otro sujectar, y su libertad en poco tener; porque si me dize el cortesano que es del principe priuado, yo le respondere, que tambien es de sus officiales esclauo. Si vn cortesano vende vn caballo, vna mula, vna capa, vna espada, o otra qualquier presea, por todo ello, pide dinero, sino es por la libertad, que da a quien el quiere de balde; de manera, que a su parecer vale mas la espada que vende, que no la libertad que da. Por ser alguno de otro señor, sino es q[ue] quiere trabajar, no es obligado a trabajar; mas por ser vno libre, y co[n]seruar su libertad, es obligado a mil vezes morir. No lo digo porque lo ley, sino porque lo vi, ni lo digo por ciencia sino por esperiencia, que jamas en la corte puede un cortesano contento viuir, y mucho menos puede de su libertad gozar. Es de tan gra[n] estima la libertad q[ue] si los hombres atinassen en la conocer, y supiessen della bien vsar, no la darian por ningun precio, ni aun la emprestaria[n] sobre empeño de todo el mundo. 5 Igualmente, los interlocutores inician el primero de los Coloquios satíricos (1553) precisamente «con motivo de la queja por parte de un servidor de noble por la falta de libertad con la que vive.» 6 En la misma línea, en el decimonono canto del Crotalón (1555), el Gallo, metamorfoseado en «un muy apuesto y agraciado mancebo cortesano» 7, «reprehende a todos aquellos que teniendo alguna habilidad para algún offiçio en que ocupar su vida, se privan de la bienaventurada libertad que naturaleza les dio y por vivir en viçios y profanidad se subjetan al serviçio de algún señor.» 8 El elemento de la tempestad en alta mar, asociada a la idea de la servidumbre como navegación, ejemplifica su anécdota: Y me más me maravillo cuando quexándote de tu estado feliçíssimo dizes que por huir de la pobreza ternías por bien trocar tu libertad y nobleza de señor en que agora estás por la servidumbre y captiverio a que se someten los que viven de salario y merçed de algún rico señor, yo condeno este tu deseo y pensamiento por el más errado y miserable que en el mundo hay, y ansí con– fío que tú mesmo te juzgarás por tal cuando me acabes de oír; porque en la 5 ANTONIO DE GUEVARA, Aviso de privados y doctrina de cortesanos, Hicr. Margarit, 1612, fs. 102–103, Biblioteca de Catalunya, 834.4Q.Guev. 6 LINA RODRÍGUEZ CACHO, art. cit., p. 482; v. LINA RODRÍGUEZ CACHO, Los ҳColoquios satíricos con un Coloquio pastorilҲ (1553) de Antonio de Torquemada. Edición y estudio, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid 1990. 7 CRISTÓBAL DE VILLALÓN, El Crotalón de Cristóforo Gnofoso, ed. de ASUNCIÓN RALLO, Cátedra, Madrid 1982, p. 163. 8 Ivi, p. 414.
Capítulo III 120 verdad yo en otro tiempo fue desa tu opinión, y por experiençia lo gusté y me subjeté a esa miseria; y te hago saber, por el Criador, que acordarme agora de lo que en aquel estado padeçí se me vienen las lágrimas a los ojos, y de tristeza se me aflige el coraçón, como de acordársseme haberme visto en una muy triste y profunda cárçel, donde todos los días y noches aherrojado en grandes prisiones, en lo obscuro y muy hondo de una torre, amarrado de garganta, manos y pies passé en lágrimas y dolor; ansí aborrezco acordarme de aquel tiempo que como siervo subjeté a señor mi libertad; que se me espeluçan los cabellos, y me tiemblan los miembros como si me acordasse agora de una gran tempestad en que en el golfo de Ingalaterra, y otra que en el archipiélago de Greçia en otro tiempo passé; cuando me acuerdo de aquella contrariedad de los vientos que de todas partes nos herían el navío, el mástel y antena y las velas echadas al mar, ya sin remo ni gobernalle ni juizio que lo pudiesse regir [...] y ansi digo de hoy más que quiero más vivir en mi pobreza con libertad que en los trabajos y miserias de ageno serviçio vivir por merçed. 9 1.3. Esclavitud y prisión en el Aula Nuestro autor protagonista satiriza el motivo del “servir a señor” en sus diálogos, con más profundidad en el mencionado Aula de cortesanos; según ha puesto de manifiesto Beccaria: «Reiterativamente, casi como idea fija o leitmotiv, se insiste ya desde la carta–dedicatoria en la falta de libertad —esclavitud, prisión— en que el cortesano vive.» 10. El asunto se encontraba, entre otros, en el De curialium miseriis (1444) 11, referido por el mismo Castillejo como uno de sus modelos más influyentes. Pero interesa en mayor medida su aparición en el Misaulus sive Aula (1518) 12, la segunda de sus fuentes abiertamente confesadas y donde se alude a esta privanza de la libertad con la metá- 9 Ivi, pp. 416–432. 10 MARÍA DOLORES BECCARIA LAGO, Vida y obra de Cristóbal de Castillejo, Real Academia Española, Madrid 1997, p. 500. 11 ENEA SILVIO PICCOLOMINI, Opera quae extant omnia […] His quoque accessit Gnomologia ex omnibus Syluij operibus collecta / [per Conradum Licosthenem], Basileae, per Henrichum Petri, 1551, Biblioteca General de la Universidad de Sevilla, A Res. 26/1/10 y A Res. 63/3/12. 12 ULRICH VON HÜTTEN, Vlrichi De Hvtten Eqvitis Germani. Avla. Dialogvs,Grimm & Vuyrsung, Augsburg 1518, Biblioteca General de la Universidad de Sevilla, A Bibliotheca Palatina E252.
«Porque es mi libertad / muy preciada...» 121 fora de la cadena de oro, señal de esclavitud y símbolo de servidumbre: MISAULUS. —Quia enim servio. Atque, ut intelligas rem plane, ut est, hoc sericum ultro acceristam mollitiem, et vitam viris indignam arguit. Haec, qua collum obvinctum gero aurea catena, mirae indicium est captivitatis. Tum ubi me consultorem salutari animadvertis, servitutis symbolum accipe. CASTUS. —Quo me ducis? quae absurda refers? Servi sunt, captivi sunt, qui in principum aulis versantur? MISAULUS. —Et miserum im modum. Deinde exules quoque. 13 El mirobrigense se apropia de este símil y lo parodia hábilmente en el Aula para recurrir mediante un chiste sutil, en el que la cadena de oro pasa a ser de simple hierro, a una de sus frecuentes y grotescas animalizaciones del personaje áulico, en este caso comparado al can encadenado y al buey o mula de carga 14: pues si yo, cuitado, bivo sin libertad como el buey, ¿querré más ser cautivo del Turco que de otro rey, pues le adoro? Y si soy cativo moro en cadenas como perro, ¿qué importa más ser de oro la cadena que de yerro?; 15 13 ID., Equitis germani. Opera quae extant omnia, ed. de E. J. Herman Münch, 1823, fs. 18–19, University of Michigan Library Repository, 55323663. 14 Bestia de vasta tradición jocosa italiana. V. RODRIGO CACHO CASAL, La poesía burlesca de Quevedo y sus modelos italianos, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela 2003, pp. 280 y ss.; MARÍA DEL ROSARIO MARTÍNEZ NAVARRO, “Cristóbal de Castillejo y la literatura antiáulica italiana”, en XVII Congreso de la AIH, Roma 2010 (Actas en prensa). Por otro lado, en la cabeza de mote «Rompiéronse las cadenas / y acabáronse mis penas» (vv. 1–2) de A un cavallero que aviéndosele casado su dama, por dissimular su pesar sacó esta letra creo que el mismo recurso sirve de base al autor para el tratamiento del tema de la libertad vinculada a la servidumbre, esta vez en el campo semántico del servicio de amor, pero a través de un juego estilístico similar al de los poemas anticortesanos. V. CRISTÓBAL DE CASTILLEJO, Obras completas, ed. de ROGELIO REYES CANO, Biblioteca Castro, Madrid, 1998, pp. 121–122. 15 Ivi, p. 583, vv. 2640–2648.
Capítulo III 122 Teniendo en cuenta que «el problema de la libertad estaba claramente planteado en términos de relaciones sociales y económicas» 16, parece que Lucrecio, «pobre gentil hidalgo, / de bienes desguarnecido» 17 y fascinado ingenuamente por la suculenta vida que a priori le ofrece el mundillo palaciego, al comienzo de la obra no parece ser consciente de los inconvenientes y riesgos de entrar a servir en la Corte, una de sus opciones factibles para obtener manutención y un presumible ascenso social, ya que no vale por sí mismo 18: para complir mi desseo pensando en ello despacio, sin andar por más rodeo, sino acogerme a palacio de algún rey o príncipe de mi ley, gran señor o gran perlado, sometiendo, como el buey, mi cabeza a su mandado por medrar. 19 En contraposición, Prudencio, en su afán de advertirle del peligro de estas falsas apariencias, con la misma imagen bovina opone la Corte a la vida retirada, donde se encuentra el codiciado bien de la libertad: de los tragos de amargura cortessanos, adonde los más cercanos al favor que los combida andan más ciegos y vanos y más lexos de la vida descansada, en la qual es todo nada si le falta libertad y a de andar siempre colgada 16 LINA RODRÍGUEZ CACHO, art. cit., p. 484. 17 CRISTÓBAL DE CASTILLEJO, Obras completas, cit., p. 513, vv. 16–17. 18 Ivi, p. 513, v. 18. A mi modo de ver, Castillejo hace una nueva burla de la idea de que «sólo deben servir los que no tengan habilidad para otra cosa.» V. LINA RODRÍGUEZ CACHO, art. cit., p. 484. 19 Ivi, p. 520, vv. 266–275.
«Porque es mi libertad / muy preciada...» 123 de la agena voluntad, como el buey del arado, y tras la ley del dueño que le posee. 20 El contexto áulico se transforma en un océano de agua monótona y estancada en la que el oxígeno se va agotando de manera que los cortesanos —peces— de todos los tamaños (escalafones sociales) quedan atrapados en la eterna espera de unos beneficios que jamás llegan y acaban feneciendo 21: y de la sperança vana induzidos y engañados, do pensaron sacar lana se hallaron trasquilados, sin ser más; y saliendo de compás ya su hedad con lo sperado, no pueden bolver atrás, y quedan mate ahogado, como el pece, que en el agua al fin perece, según el refrán lo quiere: «el que en palacio envejece en pesar dizen que muere». 22 Que si queda preso el pece do se enreda, ¿qué más honra se le cata por ser sus redes de seda o el anzuelo de plata? 23 20 Ivi, p. 526, vv. 503–516. 21 La imagen del pez se recoge en otros testimonios como la Segunda parte del Lazarillo (1555). V. PEDRO M. PIÑERO RAMÍREZ, art. cit.; MARÍA DEL ROSARIO MARTÍNEZ NAVARRO, “La corte como mare malorum: tradición y fuentes para un tópico renacentista”, en La tinta en la clepsidra. Fuentes, historia y tradición en la literatura hispánica, ed. de SÒNIA BOADAS, FÉLIX. ERNESTO CHÁVEZ y DANIEL GARCÍA VICENS, Promociones y Publicaciones Universitarias, Barcelona 2012, pp. 35–50. 22 CRISTÓBAL DE CASTILLEJO, op. cit., pp. 528–529, vv. 585–598. 23 Ivi, p. 583, vv. 2649–2653.
Capítulo III 124 Dado que en la Corte la libertad es «sinónimo de dignidad» 24, para esta «gente pobre, cuya suerte / fue de ser allí arrestada / y en prisión hasta la muerte» 25, el óbito mismo se antoja la única vía para recuperar la libertad y acabar con la ignominia y el padecimiento inherentes a su ingrato estado: Pues pensad que faltando libertad al que sirve y a su dueño, qualquiera prosperidad deve tenerse por sueño y se olvida, pues la libertad perdida y el trabajo, aunque se acierte, anda en cuenta con la vida, y el descanso con la muerte. 26 El espacio simbólico y cerrado del Aula es su quinta esencia, pues en ella los cortesanos son sometidos a un reclutamiento perpetuo: que demás de lo que qüesta aquella forma de vida, es una prisión honesta, después de bien entendida, porque entrados donde son aposentados, les es menester estar, como dueñas, encerrados, sin salirse a pasear ni tener libertad de complazer a su mesma voluntad, por no se descomponer, y guardar su autoridad; y guardada, no pueden gozar de nada, excepto de ir y bolver de palacio a su posada, para tornarse a’sconder, 24 LINA RODRÍGUEZ CACHO, art. cit., p. 484. 25 CRISTÓBAL DE CASTILLEJO, op. cit., p. 566, vv. 1987–1989. 26 Ivi, p. 613, vv. 3787–3796.
«Porque es mi libertad / muy preciada...» 125 y esperar, si se quieren recrear; ya que ellos no salen fuera, que los vais a visitar como a gente prissionera. 27 El derecho fundamental a la libertad constituye un ansiado lenitivo y un aliciente para soportar las miserias y sobrevivir; y aunque las penas con libertad son menos, desafortunadamente, sólo está al alcance de unos pocos 28: que miserias y fatigas sufridas con libertad no nos son tan enemigas ni tan duras, y que las pobres venturas y baxezas de fortuna menos reluzen a escuras que al resplandor de la luna; 29 Pero la libertad muerta, assí cerraste la puerta del remedio a mí, captivo, que ya mientra fuere bivo no la spero ver abierta. 30 Castillejo, al considerar que «en la corte la verdadera libertad no existe» y «rectificar», así, «la idea de Guevara», se presenta en la literatura española como «un pionero» en su «defensa» 31. Su ausencia, en definitiva, abre el camino irreversible hacia el deceso de unos individuos ya de por sí “muertos en vida”, habida cuenta de la propia experiencia de su álter ego: ¡O, libertad desseada, de quien te tiene perdida, 27 Ivi, pp. 571–572, vv. 2196–2219. 28 Castillejo se refiere a los que están de paso por la Corte, quienes «los pleitos acabados, / buelven a su libertad / ausentada». V. ivi, p. 529, vv. 604–634. 29 Ivi, p. 553, vv. 1523–1530. 30 Ivi, “Contra la Fortuna en tiempo adverso”, p. 482, vv. 76–80. 31 MARÍA DOLORES BECCARIA LAGO, op. cit., p. 500, en nota.