Los EE.UU. potencia taurómaca del siglo XXI [Reseña]
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Fig. n.º 33.- Frédéric Saumade et Jean-Baptiste Maudet (2014): Cowboys, clows et toreros. L’Amérique reversible, Paris, Berg International, 343 págs. Revista de Estudios Taurinos N.º 35, Sevilla, 2014, págs. 253-263 Los profesores franceses Frédéric Saumade y JeanBaptiste Maudet, con rangos académicos equivalentes en la Universidad española, el primero, a catedrático de Antropologia, y el segundo, a profesor titular, de las universidades, respectivamente, de Marsella y Pau, muy conocidos en la Fundación de Estudios Taurinos puesto que Saumade hizo trabajo de campo durante un curso en la dehesa Ruchena –propieLOS EE.UU. POTENCIA TAURÓMACA DEL SIGLO XXI
Pedro Romero de Solís 254 dad en aquel entonces del Marqués de Ruchena, caballero de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, hoy de sus descendientes– y cuya experiencia la trasladó al libro Las tauromaquias europeas. La forma y la historia, un enfoque antropológico, que fue publicado en el 2000 por la Colección Tauromaquias que editan la Universidad Hispalense y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, y Maudet, porque participó en el Congreso Internacional de Tauromaquia Fiestas de Fig. n.º 34.- Rodeos y juegos con toros bravos en los EE. UU. de América., en 2010. Mapa realizado por el profesor Maudet. Los triángulos representan los lugares donde se celebran juegos con toros bravos, ya sean de factura mexicana, negra o india. Toros y Sociedad que, organizado por la Fundación de Estudios Taurinos, se celebró en la Real Maestranza, y realizó cursos de doctorado en el Departamento de Sociología de la Universidad de Sevilla y cuya tesis doctoral, aunque fue defendida en la Universidad de La Sorbona (París) Terres des taureaux. Les jeux taurins de l’Europe et de l’Amérique y editada en 2010 por la
Recensiones de libros 255 Casa de Velázquez, está en vías de traducción por la Fundación de Estudios Taurinos para publicarla en la misma Colección Tauromaquias donde vio la luz, en castellano, la obra sobre Las tauromaquias europeas de Saumade. El profesor Saumade se interesó desde el primer momento en las «otras tauromaquias», es decir, no tanto en las corridas de toros de muerte que, sin embargo, están muy presentes en su obra, como en las fiestas populares de toros, subrayando las Fig. n.º 35.- Representación patriótica en un rodeo norteamericano. En los rodeos siempre se asiste a ceremonias patrióticas bajo la bandera de los Estados Unidos, ya sean estos rodeos de indios, negros, blancos, mexicanos, portugueses e, incluso, de homosexuales (Saumade y Maudet, 2013:23). dimensiones bufas que integraban esas tauromaquias festivas como había subrayado ya Louis Dumont en su inolvidable estudio sobre La Tarasque (1987)1; el profesor Maudet, por su parte, había levantado el mapa de las fiestas de toros en América desde 1Dumont, Louis: La Tarasque. Essai de description d’un fait local d’un point de vue ethnographique, París, Gallimard, 1987 (3a. ed.).
la Patagonia hasta el norte de Canadá descubriéndonos, en virtud de esa topografía creadora, una asombrosa distribución continental de tauromaquias. El presente libro corresponde a los desarrollos prácticos y teóricos llevados a cabo por los autores a partir de un ambicioso trabajo de campo realizado en el estado de California fininciado, por la Agence Nationale de la Recherche (ANR). La elección de los autores es bien pertinente: el territorio bajo el dominio del Estado de California constituye el más extraordinario espacio de confrontación geográfica, étnica y religiosa de los universos culturales procedentes, en primer lugar, de la antigua Nueva España –recuérdese que California pasa a estar bajo la dominación política de Washigton en 1850–; en segundo lugar, de la mexicana de raíz, y para que nos entendamos, de la «azteca»; en tercer lugar, de la cultura de los pieles rojas –en especial, de las tribus cheroquis que allí vivían– cuyo espíritu sepultado seguía latiendo a pesar de haber sido dominada, vencida y reducida a “reservas”; y, por último, del protestantismo radical y puritano de los anglosajones que en grandes caravanas conquistaron el Oeste.2 La observación de estas muy particulares circunstancias, entre ellas, la distribución del número abrumador de juegos taurinos por toda la geografía de los Estados Unidos, según puede apreciarse en el mapa elaborado por el profesor Maudet –Rodeos y juegos con toros bravos en los EE. UU. de América–, que me he tomado la libertad de tomar del libro que reseño, permite a los autores iniciar la introducción a su obra Cowboys, clowns et toreros preguntándose, «de manera sofística», si los Estados Unidos de América son ya a principios del siglo XXI la primera Pedro Romero de Solís 256 2Para las relaciones entre el puritanismo de los conquistadores y el desarrollo del capitalismo, Max Weber (1992): La ética protestante y el espíritu del capitalismo (Barcelona, Península, manejo la 11ª ed.). La epopeya de las caravanas ha sido llevada repetidas veces al cine.
potencia taurómaca del mundo. Se podría pensar que los espectáculos taurinos están asociados sólo al mediodía de los Estados Undos y que se hallan localizados en la frontera de México, siendo por consiguiente una reliquia de la antigua presencia del propio México y, más allá, de las antiguas costumbres de Nueva España pero, como se deduce de este magnífico estudio llevado a cabo por Saumade/Maudet y que tenemos el honor de presentar a nuestros lectores, son también otros los factores que entran en juego. Se ha opuesto a la civilización anglosajona de raíz puritana e impulsora de las pacíficas asociaciones protectoras de animales3 la cultura de la violencia de los mexicanos acotadas por las feroces prácticas de los narcotraficantes y la supuesta crueldad de las corridas de toros. Sin embargo esta dicotomía, según los autores, es tan falsa como que ignora que los Estados Unidos es un país multicultural donde están presentes los descendientes de muchísimos países que conservan buena parte de sus culturas y sus rasgos de identidad, y cuyos conflictos generan enormes dosis de violencia. Por eso el rodeo –juego y competición que consiste en montar potros salvajes o reses vacunas bravas y hacer otros ejercicios como arrojar el lazo y que ha llegado a ser reconocido como el sport emblemático los Estados Unidos– ha sufrido, como los toros en España, la terca oposición de la falsa moral animalista. Sin embargo, las competiciones del rodeo han gozado de un enorme atractivo popular y en ellas han participado las diferentes etnias: además de los yanquis, los negros, los descendientes de los aztecas, los indios norteamericanos, esto es los pieles rojas e, incluso, grupos arrojados de homosexuales a todos los cuales les han servido para exponer no sólo su identidad sino también su pertenencia a los Estados Unidos. Esta diversidad cultural se proyecta tanto en el alto número de distintos juegos que engloba lo Recensiones de libros 257 3Que llegan a equiparar los animales-mascotas con los hombres.
Pedro Romero de Solís 258 que comúnmente se llama rodeo, como en la estructura y matices de los diferentes rodeos según los grupos sociales que los organizan. Así los autores exponen los rodeos «anglos» –el rodeo ecuestre, la tauromaquia norteamericana propiamente dicha, que denominan bull riding–, los rodeos «mexicanos» de Estados Unidos. –la charreada y el jaripeo–, las corridas durante las fiesta religiosas portuguesas con las corridas «business show», los rodeos comunitarios –«ethnics rodeos» y «hot rodeos»–, las corridas de toros californianas, el rodeo del piémont, el rodeo rural, el rodeo del Norte, etc. Los autores asimismo abordan cómo yendo los juegos taurinos del territorio al espectáculo, se produce la génesis de una civilización americana de lo salvaje pues, si para los descendientes de los pieles rojas, el sustrato humano más antiguo, el rodeo puede enfocarse como la indigenización de una ganadería cinegético-guerrera, también puede considerarse como el resulFig. n.º 36.- Emmanuel de Witz: “Lazar el toro”, en Combats de Taureax en Espagne, c. 1750.
Recensiones de libros 259 tado de la subversión indígeno– mestiza del espectáculo barroco colonial, revuelta que, en la actualidad, arrastra fuertes elementos burlescos –por ejemplo, los payasos del jaripeo– que también proceden del circo norteamericano, elemento cuya significación los autores abordan también. Es evidente que el rodeo hunde sus raíces en la cultura hispánica. La voz americana rodeo integra todas las prácticas que los vaqueros desplegaban y, en buena parte, siguen desplegando, tanto en México como en el resto de los países y territorios de América donde se explotaba y explota el ganado vacuno. Téngase en cuenta que en el siglo XVI, por ejemplo, y hasta en la isla de Santo Domingo, había propietarios de hatos4de varias decenas de miles de reses cuya explotación se basaba en la caza de los animales para desollarlos y cortar la piel a tiras que era la materia prima para la fabricación de objetos de cuero, en especial de aquellos necesarios para la tracción industrial y los carromatos pesados, para la fabricación de guarniciones de caballería, para la sujeción de grandes piezas en los barcos de transporte y guerra, para la transmisión de poleas industriales en la extracción de minerales, y aparte, por supuesto, para la elaboración de maletas, baúles, bolsos, etc. La muerte diferida de los animales no llegará hasta el siglo XIX, y habrá que esperar a la formación de las grandes aglomeraciones urbanas con una concentración de trabajadores hasta entonces desconocida que necesitan ser alimentados con proteínas animales para rendir su fuerza de trabajo. En ese momento el consumo de carne de vacuno se convierte, con el cambio de la dieta humana, en masivo, al tiempo que se mitifica al cow-boy, con sus grandes y heroicas conducciones de ganado a través de toda América. Durante mucho tiempo los indios tuvieron prohibido por las autoridades españolas montar a caballo por motivos de segu4Manadas o rebaños.
ridad; de ahí que para diversión imitaran burlescamente a los jinetes españoles montando los toros. En el siglo XVIII se tienen noticias de la llegada a España de indios que se ofrecían a las autoridades españolas para montar toros, desde donde rejoneaban a otros toros, suerte que causó tanto asombro como que se convirtió en una de los espectáculos preferidos del público. Lazar, colear, florear la reata, manganear y torear a caballo y sobre toros, en fin todas las suertes que conforman el jaripeo, son creaciones populares mexicanas que manifiestan la Pedro Romero de Solís 260 Fig. n.º 37.- Emmanuel de Witz: “La suerte suprema del jaripeo”, en Combats de Taureax en Espagne, c. 1750. existencia de una tauromaquia autóctona, original, emancipada de la española mucho antes de que suene la hora política de la independencia de aquel país. Es un hecho incuestionable que la revolución de la tauromaquia popular en España, aquella que inventa el toreo a pie, se consolida mucho antes de ser abolido el régimen señorial de los caballeros y dar paso a las formas políticas liberales. De la misma manera, no creo equivocarme si
afirmo que la tauromaquia popular mexicana se emancipa de la española mucho antes de que México se convierta en una nación libre y soberana. La invención de la tauromaquia popular, tanto mexicana como española, permite estimar hasta qué punto están ligadas a la formación de la identidad de nuestros pueblos y se entiende que sigan produciendo identidad en otros pueblos como en los Estados Unidos. Como ya he avisado, en el siglo XVIII llegan los primeros indios capaces de ofrecer a los públicos españoles la suerte prinRecensiones de libros 261 Fig. n.º 38.- Goya: El famoso americano Mariano Cevallos, 1825, litografía, 33x40 cm., de la serie Los Toros en Burdeos. Cevallos era oriundo de Perú. cipal de la tauromaquia americana en un momento en que en nuestros cosos se está inventando el toreo a pie, el toreo que nos identifica especialmente. Tenemos un documento excepcional –que, como era de esperar, conocen y citan los autores de Cowboys, clows et toreros. L’Amérique reversible– en forma de cuaderno de dibujos donde el diplomático suizo Emmanuel de Witz a mediados del siglo XVIII expone en una secuencia de