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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 55, enero-junio (2017) pp.: 197-218. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2017.i55.09 DOS PUEBLOS EN UNA MISMA TIERRA. EL ACERCAMIENTO HUMANISTA DE EDWARD SAID AL CONFLICTO PALESTINO-ISRAELÍ TWO PEOPLES LIVING IN A SAME LAND. THE HUMANIST APPROACH OF EDWARD SAID TO THE ISRAELI-PALESTINIAN CONFLICT Manuel Sánchez Matito1 Universidad de Sevilla Recibido: 22/ 4/ 16 Aceptado: 7/ 9/ 16 Resumen: El intelectual palestino-estadounidense Edward Wadie Said defendió la creación de un único Estado secular y democrático en el que pudieran convivir judíos y árabes palestinos. Esta interesante propuesta política se basaba en sus ideas teóricas sobre la relación entre la cultura occidental y Oriente. Como señaló en su famosa obra Orientalismo, la cultura occidental ha ido elaborando una noción cerrada y estereotipada de Oriente (irracional, exótico, diferente…) que le ha permitido desplegar un dominio militar, cultural y económico. Said se opone a esta visión reduccionista y defiende una peculiar perspectiva humanista que permita comprender los múltiples detalles que caracterizan a los diversos pueblos. Sólo desde un conocimiento detallado y profundo del otro, será posible alcanzar una auténtica convivencia entre las culturas y, en concreto, entre la nación árabe y el pueblo judío. Palabras clave: Estado binacionalorientalismohumanismoPalestinadiversidad cultural. Abstract: The American intellectual Edward Wadie Said defended the creation of a single secular and democratic State in which Jews and Palestinian Arabs could live. This interesting policy proposal was based on his theoretical ideas about the relationship between Eastern and Western culture. As noted in his famous work Orientalism, Western culture has been preparing a closed and 1. ([email protected]) Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla y Máster en Política y Democracia por la UNED. Secretario del Seminario de la Tres Culturas; profesor de Filosofía en Secundaria desde 1996; profesor de Teoría de la Cultura en la Universidad Pablo de Olavide (2011-13), y miembro del grupo de investigación Equipo de Filosofía de la Cultura de la Universidad de Sevilla desde 2009.
Manuel Sánchez Matito Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. 198 stereotyped East notion (irrational, exotic, different...) that has allowed it to deploy a military, cultural and economic domain. Said opposes this reductionist view and defends a peculiar perspective humanist allowing to understand the multiple details that characterize the various peoples. Only from a deep and detailed knowledge of the other, it will be possible to achieve a genuine coexistence among cultures and, in particular, between the Arab nation and the Jewish people. Key words: Bi-national StatePalestineorientalismhumanismcultural diversity. 1. Introducción: la música como interrelación Daniel Barenboim admiraba el sentido musical de su gran amigo Edward Said: “Edward fue un músico muy talentoso”2. Aunque sus reflexiones trataran una amplia variedad de temas, siempre lanzaba hacia ellos una mirada musical. Esto permite comprender, señala Barenboim, por qué mostró tanta atención a los pequeños detalles, por qué pudo comprender la gran diferencia existente entre la fuerza y el poder o por qué consideraba especialmente valiosa la necesidad de la interrelación, de la vinculación y de la inclusión frente a las tendencias, difícilmente aplicables en el mundo musical, a la exclusión o al aislamiento3. Esta visión musical parece impulsar las reflexiones de Said sobre el conflicto palestino‑israelí. El intelectual palestino no comprende que la solución definitiva al problema pase por el aislamiento de los grupos; piensa, por el contrario, que una mayor comprensión, un conocimiento más humano puede permitir que los pueblos palestino y judío alcancen una convivencia pacífica y estable. La solución que propone –un solo Estado democrático para los dos pueblos4– parece extravagante en el panorama actual dominado por la búsqueda de un camino que culmine en la existencia de dos Estados independientes. Sin embargo, creo que su planteamiento sigue siendo válido por varios motivos. En primer lugar, porque otras soluciones no han alcanzado todavía el consenso adecuado en el mundo palestino-israelí; en segundo lugar, porque las particiones de Estado no han representado a lo largo de la historia soluciones brillantes al problema de 2. “Interiew with Daniel Barenboim”, en A. Iskandar y H. Rustom (eds.), Edward Said: A legacy of Emancipation and Representation, University of California Press, 2010, p. 240. 3. Barenboim, D., “El maestro”, La Nación, Chicago, 2004. 4. En este punto Edward Said y Daniel Barenboim divergen claramente. Mientras que Said defiende un solo Estado para las dos naciones, Barenboim cree necesario que las dos naciones, palestina y judía, tengan su propio Estado.
Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. Dos pueblos en una misma tierra. El acercamiento humanista de Edward Said al conflicto palestino-israelí 199 la convivencia humana; además, porque la solución, siendo algo extraña en el momento presente, ha tenido notables defensores tanto en el mundo palestino como en el ámbito judío5 y, por último, porque puede representar una solución más estable y humana a largo plazo6. La reflexión sobre el conflicto no representa un elemento aislado dentro de la cosmovisión que ofrece Said; por el contrario, forma parte de una manera de comprender la historia, la vida y las relaciones humanas que ha expresado en numerosas obras a lo largo de varias décadas. En este artículo intentaremos mostrar la interrelación que se produce entre varios aspectos de su entramado intelectual y la forma en que estos elementos construyen una perspectiva que sirve para iluminar su visión sobre las relaciones entre palestinos e israelíes. Nos acercaremos, en primer lugar, a su teoría sobre el humanismo; estudiaremos a continuación sus análisis sobre la tradición orientalista; posteriormente, nos adentraremos en sus estudios más específicos acerca del conflicto; repasaremos la solución que propone basada en la coexistencia de los dos pueblos, y concluiremos valorando la viabilidad de la propuesta presentada. La interrelación que realizamos entre los diferentes elementos (humanismo, historia, política…) nos permite comprender mejor el esfuerzo realizado por Said para fomentar un conocimiento capaz de acrecentar nuestro bagaje cultural sobre la historia, la naturaleza o la vida, y, sobre todo, para hacer posible una mejor comprensión del otro que facilite la convivencia entre los individuos y las culturas. 2. Una perspectiva humanista Las ideas del intelectual Edward Wadie Said comenzaron a ser conocidas a partir de la publicación en 1978 de su obra Orientalismo7, un libro influido por la tradición postestructuralista y por los estudios de Foucault sobre la relación entre el saber y el poder8. El objetivo principal de su 5. Los pensadores judíos Hannah Arendt, Martin Buber o Judah Magnes defendieron la solución binacional para Palestina. En los últimos años la iniciativa Brit Shalom también persigue la creación de una confederación binacional formada por judíos y árabes palestinos. 6. La profesora Virginia Tilley ofrece un detallado estudio sobre la viabilidad de esta propuesta, sosteniendo que la posición dominante, la creación de dos Estados, nunca permitirá que se alcance una convivencia pacífica en la zona. Cfr. Tilley, V. Palestina/ Israel: un país, un Estado. Una iniciativa audaz para la paz, Akal, Madrid, 2007. 7. A pesar de las críticas recibidas, Adel Iskandar y Hakem Rustom consideran que el libro de Said sigue siendo “más importante que nunca”. Cfr. A. Iskandar y H. Rustom (eds.), op. cit., p. 15. 8. Cfr.: Clavaron, Y., “Edward Said. Un comparatiste dans le monde”, Revue de littérature comparée (346), Apr-June, 2013, p. 245, o Hart, W. D., Edward Said and the religious effects of culture, Cambridge University Press, 2000, pp. 65-72.
Manuel Sánchez Matito Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. 200 libro consistía en mostrar cómo a lo largo de varios siglos el conocimiento desarrollado por la mayoría de los expertos europeos del mundo oriental9 había creado una imagen cerrada y rígida que, a su vez, había propiciado la dominación militar, cultural, social o económica por parte de las mismas potencias de las que procedían los brillantes intelectuales. El orientalismo representa, por tanto, una larga tradición a través de la cual los europeos han establecido una amplia relación con Oriente. Esta tradición fue desarrollada principalmente por franceses e ingleses –en menor medida por otros países europeos– y fue continuada por los estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo esta perspectiva, Oriente representa una de las imágenes más habituales de lo “Otro” de lo diferente, del lugar que paradójicamente da origen a la civilización y, al mismo tiempo, hace posible el proceso de colonización más importante de la historia. El orientalismo abarca, según Said, tres ámbitos diferentes: un conjunto de instituciones que estudian y analizan lo oriental; un conjunto de pensamientos y de manifestaciones artísticas que fijan una imagen de este ámbito y, por último, una estructura de dominio, autoridad y poder10. Esta estructura de dominio se entrelaza, por tanto, con un cuerpo teórico de una gran envergadura. De hecho, puede decirse que el orientalismo representa una red teórico-práctica en la que las ideas, pensamientos y creaciones artístico-literarias han permitido diseñar una imagen de Oriente que ha posibilitado y justificado la consiguiente relación de dominio. La fuerza de esta imagen es tal que a través de ella se crea al “oriental” llegando a eliminarlo como ser humano. El conocimiento que se desarrolla sobre Oriente presenta, siguiendo el estudio de Said, una serie de características definitorias. Por una parte, puede decirse que expone una dualidad radical: Oriente es siempre lo contrario, el reverso de Occidente y sus valores. Si Occidente es orden y claridad, Oriente representa, desde la Iliada, la irracionalidad, la imposibilidad de articular por sí mismo su propia realidad. Oriente necesita, por tanto, a Occidente para expresarse y esta expresión termina definiendo, perfilando a Oriente como si se tratara de una esencia inalterable. Los occidentales fijan una idea de Oriente que más que en el contacto directo con la realidad, se sustenta principalmente en una relación con los textos y, sobre todo, con los textos del periodo clásico de cada uno de los lugares 9. La selección de orientalistas realizada por Said ha sido cuestionada por diferentes estudios. Así, por ejemplo, Paul Bogdanor considera que su selección suprime “cualquier campo de investigación que no se ajuste a las conclusiones deseadas”. Cfr. Bogdanor, P. “The Deceptions of Edward Said”, Academic Questions, vol. 27, Issue 2, June, 2014, p. 158. 10. Siguiendo al profesor Cortés-Ramírez, el imperialismo representa la “pieza clave” del Orientalismo. Cfr. Cortés-Ramírez, E. E., La luz de los otros: Edward Said y la revolución cultural del orientalismo, Editorial Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 2012, p. 19.
Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. Dos pueblos en una misma tierra. El acercamiento humanista de Edward Said al conflicto palestino-israelí 201 sometidos a estudio. La extraordinaria multitud de espacios que entran bajo la denominación de Oriente representa, por cierto, otra de las características notables del conocimiento desarrollado. Un espacio tan amplio requería una comprensión del mismo que permitiera evitar el miedo a lo desconocido y desplegar una aproximación que lo convirtiera en cercano y familiar. De ahí la necesidad de esquematizar y simplificar el conocimiento de Oriente y, sobre todo, de algunos ámbitos, como el musulmán, que parecían todavía más extraños. La expedición napoleónica a Egipto representó un momento clave en la historia del orientalismo. La conquista de Egipto por parte de los ejércitos no significaba sólo un acontecimiento militar, sino que iba precedida de un plan preconcebido acerca del destino de Egipto. En la expedición desempeñaba un papel muy importante el grupo de científicos, exploradores o arqueólogos que tenía la misión de redescribir Egipto. Un lugar tan simbólico que había tenido una estrecha vinculación con el mundo occidental –Heródoto, Pitágoras, Julio César, Alejandro…– tenía que ser conocido, comprendido y, sobre todo, relacionado con las antiguas fuentes clásicas. De este modo, se desarrollaba un conocimiento de Egipto que lo convertía en una realidad distinta, pero, al mismo tiempo, más cercana y, por tanto, dominable. Las experiencias que rodean a la expedición napoleónica culminaron con la Description de l’Egypte, una obra que se convertirá en el paradigma de la relación que Occidente mantendrá desde entonces con Oriente. A partir de entonces la actitud de Occidente deja de ser la de simple observador: no se trata sólo de observar, se trata de dar vida, de articular una nueva realidad siguiendo los esquemas propios. Tras la Primera Guerra Mundial el orientalismo ha experimentado, en opinión de Said, una crisis de la que todavía no se ha recuperado. Hasta esa fecha se llegó a producir la coincidencia entre el Oriente diseñado y el Occidente dominado, pero, a partir de ese momento, se sucedieron los movimientos de independencia y de lucha contra el imperialismo. Ante la nueva situación que ofrecía la historia se podían desplegar tres soluciones: ignorar la situación, adoptar los modelos orientalistas bajo nuevos ropajes y, la menos explorada, abandonar el orientalismo. De lo que no cabe duda, piensa Said, es de que “una grieta cada vez más grande y más peligrosa va separando Oriente y Occidente”11. El trabajo que emprende Edward Said mediante la elaboración de su libro consiste en tratar de ser más consciente de la relación de dominio que ejerce la cultura y encontrar un nuevo modo de relacionarse con “Oriente”. En último término lo que 11. Said, E. Orientalismo, Debolsillo, Barcelona, 2006, p. 156
Manuel Sánchez Matito Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. 202 pretende su obra es avanzar en un camino que logre suprimir definitivamente “Oriente” y “Occidente”12. El orientalismo ha establecido, por tanto, el esquema mental con el que la mayoría de los occidentales siguen acercándose al mundo oriental. Esta visión cerrada, unidimensional y monolítica se acrecienta cuando los europeos o los estadounidenses tratan de aproximarse al mundo islámico. Si el mundo oriental es contemplado como un lugar exótico, el carácter musulmán suele ser caracterizado por su irracionalidad y su cercanía a la violencia. Said lamenta la facilidad con la que todavía en la actualidad algunos “eruditos” e “investigadores” del mundo musulmán se aproximan al estudio de diferentes pueblos musulmanes con visiones estereotipadas y con una idea rígida de lo que significa la “mentalidad árabe” o “la mentalidad musulmana”. …lo que es más importante para mis argumentos, es la manera en que esta legitimación académica e intelectual ha persistido en nuestra época cuando se habla del Islam, de los árabes o de Oriente Próximo. En efecto, mientras que ya nadie puede escribir disquisiciones eruditas (y ni tan siquiera populares) sobre la mentalidad de los negros o la mentalidad de los judíos, sigue siendo posible realizar estudios sobre temas tales como la mentalidad islámica o el carácter árabe.13 En una obra posterior, Cubriendo el Islam14, Said intenta mostrar el modo en que los medios de comunicación occidentales se acercan a los problemas de los países árabes y musulmanes partiendo de ideas preconcebidas y de una idea cerrada y rígida de lo que constituye la “mentalidad musulmana”15. La influencia de la tradición orientalista se ejerce, de este modo, en la visión mediática diseñada en las últimas décadas. Frente a la enorme riqueza y heterogeneidad de los múltiples pueblos y culturas que componen el espacio por el que se extiende la religión musulmana, los medios de comunicación suelen transmitir una idea del Islam que se convierte en una etiqueta, en una ficción minimalista, en una reducción 12. Diferentes críticos han observado cómo la lectura del orientalismo que realiza Said también cae en una visión reduccionista que termina convirtiendo a Occidente en una imagen estereotipada. Así, por ejemplo, Patricia Almarcegui nos recuerda la necesidad de superar esta dicotomía entre Oriente y Occidente para poder afrontar los acontecimientos políticos del presente. Cfr. “Orientalismo y postorientalismo. Diez años sin Edward Said.”, Cuadernos del Mediterráneo, nº 20-21, 2014, pp. 231-234. 13. Ibíd., p. 348. 14. Said, E., Cubriendo el Islam, Debate, Barcelona, 2005. 15. Según Yves Clavaron, la trilogía compuesta por Orientalismo, Cubriendo el Islam y La cuestión palestina puede “considerarse como fundadora de los estudios postcoloniales”. Cfr. Y. Clavaron, op. cit., p. 247.
Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. Dos pueblos en una misma tierra. El acercamiento humanista de Edward Said al conflicto palestino-israelí 203 simplista. De este modo, como recuerda el título de la obra, los medios cubren el Islam en el doble sentido del término: por un lado, ofrecen informaciones, pero, por otro, cubren en el sentido de ocultar la verdadera riqueza y variedad del mundo musulmán. Tanto en esta obra como en Orientalismo, Edward Said considera que la reducción del mundo islámico se produce por el temor que origina el Islam, porque suele concebirse como un rival para Occidente. El intelectual Bernard Lewis, autor de Las raíces de la ira musulmana, es contemplado por Said como uno de los exponentes más destacados e influyentes de esta visión monolítica acerca del Islam. Bernard Lewis realiza unas interpretaciones del árabe escasamente precisas, en opinión de Said, pero válidas para su propósito de fundamentar en antiguos textos árabes y en vagas consideraciones genéticas una clasificación universal del carácter y la mentalidad árabes. Una generalización tan poco fundamentada ha ejercido una clara influencia en los escritos de Samuel Huntington, quien transformando algunas expresiones de Lewis ha llegado a la conclusión de que el gran peligro de nuestro tiempo tiene su origen en el choque de civilizaciones y, sobre todo, en el despliegue del mundo islámico y su posible, y sorprendente añade Said, unión con el confucianismo. La equivalencia entre irracionalidad, hostilidad e Islam se ha convertido en un lugar común que puede contemplarse en el cine, en los estudios de presuntos eruditos (Daniel Pipes, Martin Kramer, Barry Rubin...), propietarios de importantes publicaciones (Martin Peretz, de The New Republic o Morton Zuckerman, de The Atlantic), escritores, investigadores o periodistas. Se trata de un nuevo perfil que ha adoptado la tradición orientalista y que tiene unas consecuencias muy negativas para alcanzar la comprensión entre los pueblos. Frente a las ideas prediseñadas, frente a los prejuicios, sólo cabe una solución que Edward Said propone una y otra vez: mayor conocimiento, mayor ilustración. Sólo desarrollando un conocimiento más amplio y detallado será posible fomentar una comprensión más humana y un espíritu crítico frente a las ideas recibidas. Esta es la tesis básica que aparece en el último de sus libros: Humanismo y crítica democrática16. El núcleo de la obra está formado por tres conferencias que fueron pronunciadas en el año 2000 en la Universidad de Colombia. En la primera de ellas –“La esfera del humanismo”– Said destaca la importancia de desplegar un conocimiento humanista que nos permita comprender los puntos de encuentro que comparten diversas tradiciones culturales y que nos acerque a las peculiaridades de la naturaleza humana. Su defensa de la tradición humanista pretende mostrar que ésta no debe ser entendida como una 16. Said, E., Humanismo y crítica democrática, Debate, Barcelona, 2006.
Manuel Sánchez Matito Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. 204 forma de exclusivismo, como la entronización de un saber privilegiado solamente accesible a una minoría de expertos. La tradición humanista debe servir para fomentar la comprensión mutua, para propiciar la convivencia entre grupos diferentes y, por tanto, para enriquecer la vertiente multicultural y democrática de las sociedades contemporáneas. En este sentido, su propuesta se alejaría de cánones humanistas excesivamente eurocéntricos –como el sostenido por Allan Bloom– y trataría de incluir en un curso de humanismo algunas aportaciones que nos pudieran acercar a culturas poco estudiadas y conocidas por el público occidental. Por otra parte, su visión humanista dejaría un lugar importante para las transformaciones, para lo novedoso. Las grandes obras de la historia del arte, desde Eurípides hasta Bach, piensa Said, han sabido armonizar adecuadamente los elementos más valiosos de la tradición con las aportaciones más originales halladas en su época. El humanismo defendido por Said, por tanto, trata de estar abierto a las aportaciones que proceden de culturas diferentes, intenta eludir una perspectiva cerrada y pretende abarcar los detalles novedosos. Puede parecer paradójico que el autor de Orientalismo, una obra influida por la perspectiva postestructuralista y, por tanto, posthumanista desemboque en una defensa de un nuevo humanismo. Sin embargo, la paradoja se diluye cuando comprendemos el humanismo en un sentido amplio, plural, descentrado y multicultural. Como señala Yves Clavaron, “Said promete un humanismo transnacional que se inscribe en un espacio posteuropeo liberado de la experiencia imperial y se adapta a un mundo globalizado y heterogéneo...”17. De este modo, su humanismo se comprende según una manera musical de entender la palabra “canon” que nos describe en este delicioso y esclarecedor pasaje: Hay etimólogos que especulan con la idea de que la palabra “canon” (tal como aparece en canónico) se deriva de la palabra árabe qanun, que significa ley en el sentido de vinculante y jurídico de esta palabra. Pero éste es sólo un sentido bastante restrictivo. El otro es un sentido musical: el de canon entendido como una forma contrapuntística que se sirve de numerosas voces que se superponen según una pauta, por lo general, muy estricta. Dicho de otro modo, una forma que expresa movimiento, juego, descubrimiento y, en sentido retórico, invención. Visto así, las humanidades canónicas, lejos de constituir tablas estrictas de normas y obras maestras inamovibles que nos intimidaran desde el pasado (…) estarán siempre abiertas a modificar sus combinaciones de sentido y significación.18 17. Clavaron, Y., op. cit., 250. 18. Said, E., Humanismo y crítica democrática, op. cit., p.46.
Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. Dos pueblos en una misma tierra. El acercamiento humanista de Edward Said al conflicto palestino-israelí 205 La lucha contra las etiquetas monolíticas y omniabarcadoras –Islam, Occidente, Oriente…– sólo es posible mediante un trabajo humanista laborioso que consiga acercarse a los detalles y que permita mostrar, como indica en varias ocasiones, que las verdaderas características de los grupos humanos no se encuentran en las calificaciones generales acerca de su religión o su mentalidad, sino en los múltiples detalles de la vida o de la cultura –“la mundanidad”19– que conforman la vida real e histórica de esos pueblos. Como sostiene en el siguiente capítulo, el humanismo, en cierto modo, es “una oposición a las idées reçues, y opone resistencia a todo tipo de estereotipos y lenguajes poco reflexivos”20. Esta oposición debe ser especialmente cuidadosa con tres tipos de modelos que dificultan en gran medida la convivencia entre los pueblos: el nacionalismo, el fervor religioso y el exclusivismo. El nacionalismo extremo puede conducir a un tipo de patriotismo que enarbola el carácter exclusivo de la propia nación frente a otras o el destino histórico inexorable que debe ser cumplido. El fervor religioso, en opinión de Said, representa el mayor enemigo que puede presentarse a las sociedades democráticas. Ahora bien, el estudio humanista debería, por una parte, evitar las terribles, falsas e irresponsables identificaciones entre Islam y fanatismo y, por otra, mostrar la existencia de importantes muestras de fervor religioso en el judaísmo, en el cristianismo y en otras tradiciones religiosas. Por último, el exclusivismo ilustra la estrecha visión, ejemplificada por el choque de civilizaciones defendido por Huntington, según la cual las culturas representan bloques monolíticos incapaces de relacionarse armónicamente y tendentes siempre a un continuo enfrentamiento. Esta perspectiva parece olvidar que toda cultura se ha elaborado a lo largo del tiempo como consecuencia de una interacción entre pueblos diferentes, a veces conflictiva, y, en muchas ocasiones, pacífica y constructiva. La mirada humanista de Edward Said expuesta, en primer lugar, a través de su crítica de la tradición orientalista triunfante en los últimos siglos, sostenida, como hemos visto, en su modo de analizar el modo en que los principales medios de comunicación muestran y ocultan, al mismo tiempo, la realidad del mundo islámico y expuesta, por último, en sus escritos más recientes sobre las características y la función de un nuevo humanismo, representa, como veremos en los apartados siguientes, el punto de partida que sirve para comprender su visión del conflicto palestino‑israelí y las propuestas que ofrece para encontrar una solución al problema. 19. Ibíd., p. 71 20. Ibíd., p. 65
Manuel Sánchez Matito Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. 212 iniciativas similares como la Hoja de Ruta– que desembocaría en la construcción de dos Estados independientes y colmaría los deseos de los grupos más exclusivistas y nacionalistas que, tanto en Israel como en Palestina, anhelarían construir un único Estado homogéneo dominado por una única visión religiosa. …la tercera vía elude tanto la bancarrota de Oslo como las políticas retrógradas consistentes en llevar a cabo boicots generalizados. Se debe iniciar partiendo de la idea de ciudadanía y no de nacionalismo, puesto que las nociones de separación (Oslo) y de nacionalismo teocrático triunfalista y unilateral, sea judío o musulmán, simplemente no abordan las realidades que tenemos ante nosotros.31 Edward Said ha lanzado una propuesta para canalizar la convivencia entre palestinos y judíos: “Dos pueblos en una misma tierra.”32 En principio, parece sorprendente. La rivalidad entre judíos y palestinos nos ha acompañado como la música de fondo de la historia universal en los últimos cien años y parece difícil imaginar una situación de convivencia armoniosa y pacífica entre ambas poblaciones. Sin embargo, el pensador palestino muestra algunos argumentos teóricos o simbólicos que pretenden fundamentar su tesis. Nos recuerda, por una parte, que la idea de un Estado binacional no constituye una creación original suya, sino que ya había sido defendida por algunos pensadores de origen judío durante el periodo de entreguerras: Judah Magnes, Hannah Arendt o Martin Buber33. Por otra parte, hace referencia a dos situaciones históricas que podrían impulsarnos a creer en la posibilidad de una convivencia multicultural: el apogeo de la civilización árabe en una Andalucía caracterizada por su “diversidad multicultural, multirreligiosa y multiétnica”34 y la propia Palestina que históricamente ha representado un punto de encuentro y un espacio multicultural. Además, la referencia a Sudáfrica y la solución ofrecida al Apartheid resuena con frecuencia en sus artículos. La creación de un Estado en el que blancos y negros pudieran gozar de los mismos derechos –al menos, en teoría– parecía una utopía hace tan solo varias décadas. Sin embargo, la convivencia pacífica y la igualdad jurídica han sido posibles. En este 31. Ibíd., p. 190 32. Said, E., Nuevas Crónicas palestinas…, op. cit., p. 159. 33. “Afrontamos ahora, sin embargo, la responsabilidad añadida con esa nación que se ha convertido en nuestro vecino en Palestina y con la que compartimos en muchos aspectos un destino común.” Cfr. Buber, M. “No más declaraciones” en Mendes Flohr, P. (ed.), A land of two peoples. Martin Buber on Jews and Arabs., The Universtiy of Chicago Press, 2005, p. 86. 34. Said, E. Crónicas palestinas..., op. cit., p. 193
Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. Dos pueblos en una misma tierra. El acercamiento humanista de Edward Said al conflicto palestino-israelí 213 sentido, Said cree que varios elementos confluyeron e hicieron factible la creación de la nueva Sudáfrica. Por una parte, fue necesaria la insistencia de una organización y de un líder carismático –Nelson Mandela– que siempre tuvieron clara cuál era la situación inferior y humillante que padecían, y, al mismo tiempo, mantuvieron la dignidad necesaria para continuar con los objetivos de su lucha desde el principio: igualdad de derechos o un hombre, un voto. Por otra parte, la creación de una campaña internacional que, poco a poco, fue provocando el aislamiento político y moral del régimen racista. Por último, la importantísima participación de parte de la población blanca que asumió la responsabilidad de favorecer los cambios para permitir la creación de un país mucho más humano. Estos mismos elementos deberían combinarse en la situación palestina, piensa Said, para favorecer una coexistencia verdaderamente pacífica. En primer lugar, los representantes del pueblo palestino deberían tener claros los objetivos –comenzar siempre cualquier negociación recordando la ocupación ilegal, los derechos de los refugiados o la cuestión de Jerusalén– y mantener siempre la dignidad, a pesar de las presiones internas o externas, para conseguir una situación de convivencia en la que éstas y otras cuestiones se puedan solucionar. Deberían favorecer, al mismo tiempo, en unión con la sociedad civil una campaña internacional que ayude a comprender la situación real del pueblo palestino. Esta campaña debería ir acompañada de un movimiento pacífico de resistencia que, mediante diferentes caminos, lograra concienciar a Israel y a la comunidad internacional de la necesidad de realizar grandes reformas encaminadas a la creación de un espacio de convivencia más humano. Por último, sería necesario iniciar una coalición entre aquellos intelectuales palestinos e israelíes que comparten una visión similar sobre la realidad actual y el futuro de Palestina-Israel, aquellos que consideran que, por encima de las diferencias culturales o religiosas, la convivencia entre dos pueblos, que ya han compartido una parte muy importante de su historia, es posible y deseable. 5. Conclusión: la viabilidad del proyecto La propuesta presentada por Edward Said nos resulta muy interesante y sugerente; sin embargo, parece representar una nota discordante en el paradigma actual. En nuestra opinión la creación de un Estado palestino‑israelí que permita la convivencia pacífica entre los dos pueblos
Manuel Sánchez Matito Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. 214 dentro de un marco constituido por una igualdad jurídica, resulta deseable y puede ser viable a largo plazo si se superan obstáculos muy importantes. La viabilidad del proyecto es defendida por Said, en primer lugar, al respaldar su proyecto a través de diferentes referencias históricas (Al-Andalus35 o la propia Palestina), argumentos pragmáticos y humanitarios (los problemas relacionados con el traslado forzado de poblaciones) o recuerdos de situaciones similares (la supresión del Apartheid en Sudáfrica). Su proyecto binacional se encuadra, por otra parte, dentro su propia visión de la historia universal y de la tradición humanista que hemos analizado anteriormente. La construcción a lo largo de los últimos siglos de ideas tan rígidas como Oriente, Occidente o Islam había posibilitado una visión demasiado reduccionista del mundo islámico que favorecía un dominio más fácil de sus territorios por parte de las potencias occidentales. Esta situación se reflejaba, del mismo modo, en la tierra palestina donde la simplificación de la cultura de los habitantes originales había provocado su uniformidad y su fácil eliminación. Israel como construcción occidental parecía encajar en la línea de la tradición orientalista y parecía olvidar que su creación era posible en un lugar donde residían otros pobladores. El olvido del pueblo palestino ha adoptado diversas formas desde los años cuarenta (expulsión, campos de refugiados, asentamientos…) que reflejan el triunfo de una concepción occidental y colonialista. Pero el pueblo palestino no ha desaparecido. Una parte reside en Israel, unos dos millones; unos cuatro millones viven en los campos de refugiados (en Jordania, Líbano o Siria) y cerca de cuatro millones habitan en los territorios de Gaza y Cisjordania. La propuesta de Said quiere conseguir que ese pueblo sea reconocido y pueda existir, sin necesidad de concebir su existencia como una perpetua lucha por la supervivencia. El proyecto de coexistencia guarda relación con la eliminación de las ideas preconcebidas, con un conocimiento detallado de la vida de los otros que siga la estela de la tradición humanista. Cuando el conocimiento de los demás se practique como el arte de la filología, dejando a un lado las grandes teorías y leyendo una y otra vez para captar las peculiaridades y los pequeños detalles, podremos desplegar un acercamiento más humano hacia los que nos rodean. Si dejamos a un lado las ideas de Oriente, Occidente o Islam, lo que nos encontramos a nuestro alrededor son personas que viven, sufren, ríen, luchan, tienen sueños, temores y esperanzas. La convivencia es posible porque, en la práctica, ya se produce tanto en Israel como en Gaza o Cisjordania. Se trata de fomentar esa convivencia de ma35. La convivencia entre las diferentes culturas en Al-Andalus ha sido analizada, defendida y cuestionada desde diferentes puntos de vista. Cfr. Choza, J. y De Garay, J. (eds.), La escisión de las tres culturas, Editorial Thémata, Sevilla, 2008.
Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. Dos pueblos en una misma tierra. El acercamiento humanista de Edward Said al conflicto palestino-israelí 215 neras muy diferentes pero, sobre todo, diseñando un marco jurídico basado en la igualdad entre todas las personas. Sin embargo, el proyecto de Said se presenta en estos momentos como una idea lejana y algo extravagante36. Diferentes aspectos parecen hacer dudar de su viabilidad. En primer lugar, hay que considerar la presencia de importantes grupos tanto en Israel como en el pueblo palestino que sienten una hostilidad profunda hacia los otros. En el mundo palestino, el incremento del fanatismo religioso ha provocado la aparición de diversos grupos –cuyo máximo exponente es Hamás– que identifican al pueblo palestino con la religión musulmana, no reconocen al Estado de Israel y anhelan la creación de un único Estado islamista. Por otra parte, también encontramos grupos muy conservadores en Israel cuyo sueño consistiría en un Estado judío asentado sobre toda Palestina. En segundo lugar, los distintos hitos del proceso de paz desde los acuerdos de Oslo de 1993 (Oslo II, conversaciones de Camp David en el año 2000 o la Hoja de Ruta propuesta en 2003) se dirigen claramente hacia el reconocimiento de los dos Estados separados. Hasta ahora no se ha producido un acuerdo definitivo, aunque parece que en las conversaciones auspiciadas por Bill Clinton en Camp David se alcanzó un mayor acercamiento entre Arafat y Ehud Barak que finalmente no llegó a culminarse. Mientras Edward Said, en su línea habitual, consideraba que esta reunión mantenía los mismos vicios que otras anteriores, siendo comprensible la actitud negativa de Arafat, otros analistas han creído que en esta ocasión se había desperdiciado una oportunidad para encontrar una solución al conflicto dentro del paradigma de los dos Estados. Así, T. G. Fraser en su obra El conflicto árabe-israelí considera que, a pesar del sentido de responsabilidad mostrado por el presidente Clinton, se perdió una oportunidad muy importante. “Dado que muy pronto estallaría la tragedia, la cumbre de Camp David se ha considerado una de las más claras oportunidades desperdiciadas para resolver el conflicto”37. En una línea similar, se expresa Paul Berman. En este caso, el analista político estadounidense culpa en su libro Terror y libertad38 directamente al bando palestino dirigido por Yaser Arafat, quien se sintió muy presionado por el movimiento islamista 36. Como recuerda Moustapha Marrouchi, la solución que propone Said no es pragmática, es más bien heroica e idealista, pero trata de comprender la injusticia sufrida por el pueblo palestino. Cfr. Marrouchi, M., Edward Said and the limits, State University of New York Press, New York, 2004, p. 10. 37. Fraser, T. G. El conflicto árabe-israelí, Alianza Editorial, Madrid, 2008, p. 273. 38. Berman, P. Terror y libertad, Tusquets Editores, Barcelona, 2007, pp. 174 y ss.
Manuel Sánchez Matito Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. 216 Hamás y fue incapaz de aceptar una solución que, en su opinión, beneficiaría a su pueblo. T. G. Fraser o Paul Berman ilustran la defensa de la solución que, aparentemente, parece más realista en la actualidad. No olvidemos que se trata de una solución que trataría de consolidar la partición que en 1947 decretó la Asamblea General de las Naciones Unidas; pero no olvidemos tampoco que esta propuesta no fue reconocida, en principio, por el mundo árabe y que sólo a partir de mediados de los años setenta la OLP comenzó a considerar la viabilidad de este proyecto, a pesar de la oposición de gran parte del pueblo palestino. Hasta entonces en la OLP también se soñaba, como expresó Arafat en su famoso discurso ante las Naciones Unidas con “…un Estado democrático en el que cristianos, judíos y musulmanes vivan en justicia, igualdad, fraternidad y progreso”39. Pero el sueño de Arafat se transformó en política pragmática. La posibilidad de poseer un espacio de tierra desde el que iniciar la creación de un Estado para su pueblo le pareció una alternativa mucho mejor que la ausencia de cualquier Estado o autogobierno. Fue el camino que emprendió la OLP y por el cual se iniciaron los primeros acuerdos. No obstante, los acuerdos a través de ese camino no han llegado a fructificar. La situación que describía Edward Said en los años noventa puede trasladarse a la primera década del siglo XXI (paro, pobreza, sufrimiento, incomunicación…), a lo que habría que añadir, además, un aumento considerable de la violencia: más de 2000 palestinos, 800 israelíes y cientos de libaneses muertos desde el fracaso de las negociaciones de Camp David en el año 2000 y el surgimiento de la Intifada de Al-Aqsa, según recuerda Fraser40. Paradójicamente, el insomne Said no se ha conformado y quiere seguir soñando. Piensa que la armonía entre pueblos que traten sinceramente de entenderse es la única solución viable a largo plazo. Su fino sentido musical le impide apreciar el valor de los mensajes que tratan de ejercer una hegemonía absoluta, imponiéndose sobre los demás mediante el uso de la fuerza. Para él el canon debe entenderse, sobre todo, en el sentido musical, es decir, como una “forma contrapuntística que se sirve de numerosas voces que se superponen según una pauta, por lo general, muy estricta”. La sinfonía perfecta debe ser una sinfonía de voces múltiples que se superponen y el fin del conflicto únicamente será posible cuando comprendamos que sólo voces diferentes en armonía pueden crear una sociedad verdaderamente humana. 39. Walker, T. y Gowers, A., Arafat. La Biografía (vol. I), ABC, Madrid, 2005, p. 151. 40. Fraser, T. G. El conflicto árabe-israelí, op. cit., 2008, p. 341.
Thémata. Revista de Filosofía Nº55 (2017) pp.: 197-218. Dos pueblos en una misma tierra. El acercamiento humanista de Edward Said al conflicto palestino-israelí 217 Referencias bibliográficas Almarcenegui Elduayen, P. “Orientalismo y postorientalismo”, Cuadernos del Mediterráneo, nº 20-21, 2014, pp. 231-234. Berman, P. Terror y libertad, Tusquets Editores, Barcelona, 2007. Bogdanor, P. “The Deceptions of Edward Said”, Academic Questions, vol. 27, Issue 2, June, 2014. Choza, J. y De Garay, J. (eds.) La escisión de las tres culturas, Editorial Thémata, Sevilla, 2008. Clavaron, Y., “Edward Said. Un comparatiste dans le monde”, Revue de littérature comparée (346), Apr-June, 2013. Cortés-Ramírez, E. E. La luz de los otros: Edward Said y la revolución cultural del orientalismo, Editorial Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 2012. Ferial, G. (ed.) Edward Said and Critical Decolonization, The American University in Cairo Press, Cairo y New York, 2007. Fraser, T. G. El conflicto árabe-israelí, Alianza Editorial, Madrid, 2008. Hart, W. D. Edward Said and the religious effects of culture, Cambridge University Press, 2000. Iskandar, A. y Rustom, I. (eds.), Edward Said: A legacy of Emancipation and Representation, University of California Press, 2010. Martínez Carreras, J. U. El mundo árabe e Israel. El Próximo Oriente en el siglo XX, Istmo, Madrid, 2002. Marrouchi, M. Edward Said and the Limits, State University of New York Press, New York, 2004. Mendes Flohr, P. (ed.) A land of two peoples. Martin Buber on Jews and Arabs., The Universtiy of Chicago Press, 2005. Shahak, I. Historia judía, religión judía, Círculo de Lectores, Barcelona, 2004. Spanos, W. V. Legacy of Edward W. Said, University of Illinois Press, Urbana y Chicago, 2008. Said, E. W. Gaza y Jericó. Pax Americana, Editorial Txalaparta, Tafalla, 1995. ---- Cubriendo el Islam, Debate, Barcelona, 2005. ---- Reflexiones sobre el exilio: ensayos literarios y culturales, Barcelona, Debate, 2005. ---- Humanismo y crítica democrática, Debate, Barcelona, 2006. ---- Orientalismo, Debolsillo, Barcelona, 2006. ---- El mundo, el texto y el crítico, Debolsillo, Barcelona, 2008. ---- La cuestión palestina, Debate, Barcelona, 2013.
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