Ignacio Arellano y José Antonio Rodríguez Garrido (eds.) El teatro en la Hispanoamérica colonial, Madrid-Frankfurt, Universidad de Navarra, Iberoamericana Vervuert, 2008
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(por Barú). La traducción de A. Carrasco, correcta, deja entrever en algunos casos el original inglés (“archidiácono” por “arcediano” en p. 41; “isla de la Española” en p. 127; “líderes indígenas” por “caciques” o “reyezuelos” en p. 250; el frecuente “nativos” e incluso “nativos americanos” por “indios”) e incurre en un galicismo poco recomendable: “es por eso que” (p. 29). En suma: se podrá estar o no de acuerdo en algunos puntos con Aram; pero su libro, bien construido, espléndidamente documentado, es una contribución de primera categoría no sólo para entender las luces y las sombras del primer gobernador de Castilla del Oro, sino también para desentrañar los enigmas de la conquista y colonización de Centroamérica.—JUAN GIL, Universidad de Sevilla. Ignacio Arellano y José Antonio Rodríguez Garrido (eds.) El teatro en la Hispanoamérica colonial, Madrid-Frankfurt, Universidad de Navarra, Iberoamericana Vervuert, 2008, 474 pp. El volumen colectivo editado por Ignacio Arellano y José Antonio Rodríguez Garrido es fundamentalmente producto del encuentro sobre teatro colonial que tuvo lugar entre el 5 y el 7 de abril de 2006 en la ciudad de Lima, organizado por el Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú y por el Grupo de Investigación Siglo de Oro de la Universidad de Navarra. “Más allá de los habituales recorridos panorá - micos sobre el teatro en la América hispana entre los siglos XVI al XVIII” —señalan los editores en la Presentación que abre el libro— “trabajos como los que aquí se incluyen llaman la atención sobre la necesidad de estudios pormenorizados sobre campos específicos en este dominio: desde el teatro como instrumento de la evangelización o el afianzamiento doctrinal, hasta aquel que sirvió para la expresión de identidades locales”. Inauguran el conjunto tres aproximaciones al teatro jesuita, la primera de ellas de la mano de Julio Alonso Asenjo (“Apoteosis de varones ejemplares en México y Perú: el Coloquio a lo pastoril del P. Cigorondo”, pp. 17-34), que analiza el Coloquio a lo pastoril, drama panegírico o apoteósico escrito hacia 1598 por el jesuita novohispano Juan Cigorondo, con motivo de la elección del padre Esteban Páez como visitador del Perú y del padre Francisco Báez como provincial de Nueva España. Más panorámico, el trabajo de Pedro Guibovich Pérez (“A mayor gloria de Dios y de los HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. ISSN: 0210-5810 285
hombres: el teatro escolar jesuita en el virreinato del Perú”, pp. 35-50) nos traslada al Virreinato peruano, hasta ahora escasamente investigado en lo que se refiere al teatro de las escuelas jesuitas, “importante vínculo entre la orden y la sociedad” y “medio para cumplimentar a los poderosos, dar realce a las fiestas religiosas, hacer propaganda en favor de la Compañía de Jesús, infundir en los estudiantes valores cristianos y morales”. María Palomar Verea (“Notas sobre dos comedias de la vida de San Francisco de Borja”, pp. 51-74) aborda, por su parte, el estudio comparado del tratamiento dramático de la historia de la “conversión” de San Francisco de Borja en dos obras del XVII —la Comedia de San Francisco de Borja del jesuita Matías de Bocanegra y El gran duque de Gandía, atribuida a Calderón—, tomando como referencia la fuente común en que se basan ambas: la biografía hagiográfica del padre Ribadeneira, de fines del XVI. También dentro del campo del teatro religioso, si bien no ya jesuita, Margaret Greer (“La caza sacro-política: de El bosque divino de González de Eslava a Calderón”, pp. 75-98) investiga la metáfora cinegética sobre la que construye Fernán González de Eslava El bosque divino, decimosexto de sus Coloquios espirituales y sacramentales. Las aportaciones de Claudia Parodi (“Lope y Calderón en náhuatl: Teatro indianizado”, pp. 99-117) y Beatriz Aracil Varón (“Predicación y teatro en la América colonial”, pp. 119-143) se centran en el teatro de evangelización en lengua indígena del siglo XVII. Parodi nos acerca a “los únicos traslados de Lope, Calderón y Mira de Amescua al náhuatl que se conocen del período colonial hasta la fecha”, debidos al bachiller Bartolomé Alva Ixtlixóchitl, para detenerse concretamente en su adaptación de El gran teatro del mundo calderoniano. Aracil Varón dedica su análisis a una de las pocas piezas conservadas de teatro religioso colonial en lengua quechua, Usca Paucar, de autor desconocido. En el siguiente trabajo, Pilar Latasa (“La promesa de una “farsanta”: teatro y matrimonio en Lima (siglo XVII)”, pp. 145-166) presenta la causa que la actriz María de Torres Tamayo promovió contra Diego Muñoz del Castillo por incumplimiento de la palabra de matrimonio, como modo de ilustrar aspectos centrales de la percepción negativa que pesaba sobre las profesionales de las artes escénicas en la sociedad indiana. Otras tres contribuciones ahondan en la producción de representantes emblemáticos del teatro colonial. Dalmacio Rodríguez Hernández (“Espacios simbólicos en La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón”, pp. 167-181) estudia las funciones del simbolismo espacial en la obra alarRESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. ISSN: 0210-5810 286
coniana La verdad sospechosa. Susana Hernández Araico (“El espacio escénico de Los empeños de una casa y algunos antecedentes calderonianos”, pp. 183-200) profundiza en el complejo uso escénico del espacio que despliega Sor Juana Inés de la Cruz en su pieza Los empeños de una casa. Este último texto es también el punto del que parte Carmela Zanelli (“De palestras, disputas y travestismos: la representación de América en el teatro de Sor Juana Inés de la Cruz”, pp. 201-224) en su reflexión en torno a “las distintas estrategias y máscaras usadas por la jerónima para hablarnos tanto del Nuevo Mundo como de sí misma”. A continuación, Eduardo Hopkins Rodríguez (“Superposición del modelo trágico en el teatro colonial peruano”, pp. 225-239) examina la presencia y la reformulación de conceptos estructurales y temáticos procedentes del modelo trágico grecolatino en tres piezas coloniales peruanas: Amar su propia muerte de Juan Espinosa Medrano, La Rodoguna de Pedro de Peralta Barnuevo, y el drama en quechua Ollantay. Sobre la figura y la obra de Peralta Barnuevo vuelve José A. Rodríguez Garrido (“Ópera, tragedia, comedia: el teatro de Pedro de Peralta como práctica de poder”, pp. 241258), concentrándose en la comedia Triunfos de amor y poder como exponente de la convicción de su autor sobre la participación activa del intelectual en el sostenimiento del poder colonial. Frederick Luciani (“Fantasmas en el convento: Una “máscara” en San Jerónimo (México, 1756)”, pp. 241-258) se aproxima a las prácticas teatrales conventuales de las monjas del México colonial, a través de la “máscara” recogida en una relación manuscrita del festejo completo celebrado en agosto de 1756 en el convento de San Jerónimo, con motivo de la visita del marqués de las Amarillas, virrey de Nueva España. Los trabajos de Andrés Eichmann Oehrli (“Textos dramáticos de la colección de manuscritos musicales de Sucre (Archivo Nacional de Bolivia)”, pp. 275-294), Miguel Zugasti (“Teatro recuperado en Charcas: Dos loas olvidadas de fray Juan de la Torre (OSA) a la entrada del virrey Diego Morcillo en Potosí, 1716”, pp. 295-321) e Ignacio Arellano (“Elementos cómicos en una colección de entremeses potosinos de los siglos XVII y XVIII”, pp. 323-351) dan un paso más en el conocimiento y difusión de la actividad teatral en Charcas durante el periodo de la colonia, un campo de estudio que sólo muy recientemente se ha visto enriquecido gracias al hallazgo y la edición de nuevos textos, especialmente por parte de los propios Eichmann y Arellano. Zugasti comienza reseñando este panorama de progresiva recuperación, para luego exponer su aportación HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. ISSN: 0210-5810 287
personal: el rescate de dos loas en verso escritas por fray Juan de la Torre. Eichmann da cuenta de los resultados de sus investigaciones sobre testimonios manuscritos conservados en la colección musical del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, que contienen fragmentos de diversas formas dramáticas. Cierra el grupo Arellano, analizando los elementos cómicos del conjunto de entremeses que él y Eichmann encontraron en el convento de Santa Teresa de Potosí (Arellano y Eichmann (eds.): Entremeses, loas y coloquios de Potosí, Madrid, Iberoamericana, 2005). Carlos García-Bedoya M. (“Pasados imaginarios: la conquista del Perú en dos obras dramáticas coloniales”, pp. 353-367) indaga en la reconstrucción y reinterpretación de la conquista del Perú en dos textos: la anónima Tragedia del fin de Atahualpa y La conquista del Perú del fraile mercedario Francisco del Castillo. Por su parte, Ari Zighelboim (“De comedia ilustrada a leyenda popular: el trasfondo político de la anonimización del Ollantay”, pp. 369-382) revisa, contextualiza y cuestiona la creencia, “tanto más persistente como improbable”, de que bajo el texto del ya mencionado drama en quechua Ollantay se esconde un hipotexto de origen inca prehispánico. Siguen dos contribuciones, las de Margarita Peña (“Consideraciones preliminares sobre un drama heroico novohispano del siglo XVIII: La lealtad americana, de Fernando Gavila”, pp. 383-394) y Dalia Hernández Reyes (“La renovación teatral en las postrimerías del virreinato novohispano: los concursos del Diario de México”, pp. 395-414), referidas al teatro de modelo neoclásico en las últimas décadas del Virreinato de Nueva España. Peña aborda la pieza histórico-política compuesta por Gavila en 1796 bajo el título La lealtad contra la envidia, mientras que Hernández Reyes se acerca a los concursos teatrales convocados por el Diario de Mexico entre 1805 y 1808 como ejemplo del intento reformador de un sector de los hombres de letras novohispanos a favor de la poética neoclasicista. Acercándonos ya al final, Milena Cáceres (“Lope de Vega en Los Andes”, pp. 415-430) da noticia de la pervivencia de elementos procedentes del teatro aurisecular en las representaciones de las fiestas de moros y cristianos aún vigentes en varias localidades de los Andes peruanos, centrándose en el caso concreto de la villa de Huamantanga (provincia de Canta, departamento de Lima) y en la obra El Ave María del Rosario o Garcilazo. De otro lado, Gonzalo Santonja Gómez-Agero (“América y los escritores de los Siglos de Oro (Tirso de Molina en Santo Domingo)”, pp. 431-459) nos ofrece un prolijo panorama de los escritores del Siglo de Oro RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. ISSN: 0210-5810 288
que conocieron el Nuevo Mundo, para finalmente detenerse en la figura de Tirso de Molina, enviado a La Española por la Orden de la Merced. Cierra el volumen el trabajo de Celsa Carmen García Valdés (“‘La cueva de Salamanca’ en América: tradición oral y reelaboración literaria”, pp. 461-474), que investiga la presencia y adaptación, en varias piezas de teatro colonial, de la leyenda citada, “una tradición oral centenaria que se incorporó al discurso literario, pasó al Nuevo Mundo, y, revitalizada con la magia indígena, testimonio de la universalidad de su simbología, de nuevo se vertió en obras de arte”. Nos encontramos, pues, ante una obra colectiva de enorme interés para el estudio del teatro colonial hispanoamericano, “un campo que” — citando nuevamente la Presentación— “empieza a revelarse como uno de los más prometedores de los próximos años”.—ANA SÁNCHEZ ACEVEDO, Universidad de Sevilla. Valentina Ayrolo: Funcionarios de Dios y de la República. Clero y política en la experiencia de las autonomías provinciales, Buenos Aires, Biblos, 2007, 254 pp. En la segunda página de su libro Funcionarios de Dios y de la República, la autora revela a los lectores: “el libro que tienen en sus manos pretende ser una historia política de la provincia de Córdoba durante el periodo de la autonomía.” Es evidente que una investigación sobre la Iglesia Católica en esa jurisdicción no resulta incompatible con tal objetivo. Por el contrario, Valentina Ayrolo nos explica que el clero y la Iglesia son las hendiduras desde donde ha elegido filtrarse para observar el mundo político y social de este espacio regional. El lector avanza y se encuentra con una noción que atraviesa esta investigación: la idea de provincia-diócesis como una unidad dotada de un sentido y de una lógica propios, aunque también en constante redefinición. Funcionarios de Dios y de la República es, sin duda, un estudio de la intervención del clero en el proceso de formación del Estado provincial cordobés durante el periodo 1820-1852. Esta intervención es estudiada a través de distintos registros: la apropiación por parte de los gobiernos de mecanismos como el derecho de patronato; la participación de los curas en política provincial desde funcioHISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. ISSN: 0210-5810 289