El hijo del verdugo : romance, en que se refieren los sucesos de este Mancebo, natural de la Ciudad de Cordoba, el qual se pasó á las Indias, y logró grandes fortunas ; Primera Parte.
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ROMANCE , este Mancebo,EN QUE SE REFIEREN LOS ESOS •,nsturai de la Ciudad de Córdoba ,el qual ss álas Indias ,ylogró grandes foi tanas. PRIMERA PARTE.
Apenas llegó átener _ edad de ceñir Espada, viéndose tan infelice eo poder empuñarla, que de él nadie hace caso, ignorante de la causa, uvo un día coa su Padre . unas pequeñas palabras, donde en publico le dÍxo, que de su afrenta era causa; ypor si acaso algún día alguno le baldoñafa, de el Padre sé querelló, yse ausentó de so casa. Alas Indias se embarcó, donde su suerte lo llama, llego ála Ciudad de Lima, yáel caito de úna «éaaaná, vió una noche que unos hombres áun Mercader lo rovaban, chocó con el ios brioso ápalos yácuehiiladas, bacféndo qú% desamparen ' la calle ,hacienda y. la casa. - Al estruendo ,los vecinos yel Mercader despertaban; agradecido de ver esta fineza tan alta, con empeño le suplica, ofreciéndole su casa, . y-su- amistad ,pues desea én algo recompensarla: ' Se despidió ,por ser tarde, yáotro día de mañana le fue áver ,dandole.cuenta de. lo pobre que se hallaba, sin animo en ¡a Ciudad, forastero en tierra estraña. Eatoace.s el Mercader lo hizo dueño de su casa, yvúando sus procederes, eoa gran cariño le trata. Pared en medio vivía ,.ua Don Jacinto de'^alas. Caballero noble y^co, del 31rava, ^qual feñía tina bija, que es de todos celebrada por lo airosa ,lo entendida, ysu hermosura estrenvada: enamorada de el Mezq, manó le ha dado ypalabra, qñe se ha de casar con él aunque pese áquien pesara, siendo el Mercader: testigo dé todo.q|iaáíb ,1^ pasa. Pfosigi^en efi sus amores, con sus papeles ycartas, , yél amor no dió lugar que mucho tiempo pasará. Entrada le dió una noche dentro en su quai to ía Dama, viendolé el Padre ,prudente ,fue dondefa hija estaba _^ con gran recato ysilencio, yvió les dos como estaban. Duda lo mismo .qtie ve, ya’ñtés ddliabiSrles palabra, consideró tomo cuerdo .el deshonor de, su casa, ^reportándose ha dicho estas sehtidas'palabras: Cómo tanto atrevimiento ? En las principales casas se usa esta villania ? El Mancebo -se lé va nta, yarrodillado le ha dicho: El firmé amor es la causa , de estos mis atrevimientos, mira Señor ,yrepara, que en lo hecho no hay remedio, vuestro sagrado rne valga; si no ,vos sois el cuchillo, yo la carae delicada, cor-
corta Señor átti gtisto, tu rigor sobre mi caiga. Alas voces la Señora^ los criados ycriadas acuden ,yei Caballero mandó que sé retiraran, yáel Mancebo yála Niña los encierran en dos salas, con cargo dejuramento, que si ásu sangre aó iguala^ sin remedio ha de mátarlos, antes de qué lo afrentaran. Sin dormir pasó la noche, yluego por la mañana fue en casa del Mercader, por ei Mozo preguntaba, brujuleando pesquisas, como quien no sabe cada; yei Mercader ,que no es lerdo le ha dicho aquestas palabras; Señor Don Jacinto ,ei Mozo, sin quitarle ánadie nada, es tan bueno como el Rey, yno desmerece nada; es un primo hermano mío, que se ha venido de España, yes noble ,que aqui le tengo su Executoria guardada; yno porque es deudo mío, si usted lo experimentara, viera en él prendas de garvo, yun hombre de ccníianzé; no tiene mas de un defecto, que es ser pobre ,yes la falta mas común que hay en eimundo pues de ella hacemos gala; pero en qaanio á!o demas nadie puede hablar palabra. E! Caballera responde; Si eso que usted me deciara es verdad ,quiero coQtarle, como amigo ,io que pasa. Aífésboras-de lartoche’ le encontré dentro en mi casa conversando con mi -bija, y'eá'uua acción muy villana; no sé lo que éntre los dos en este misterio pasa. Reportáronme los Cielos, yentré el acero en la baina; consideré que en mataflos el daño no remediaba, demas que él no tiene culpa, sino^es mí bija liviana, que él no habia de arrojarse, si eíla no le diera entrada. Supuesto que su fortuna lo quiso asi ,yla desgracia de mi hija ha sido aquesta, con él intentacasaria, ya. que no hay otro remedio, contra mlgusto se hagá; . El Mercader lé responde; Señor Don Jacinto basta; mucho merece la Niña, él ao desmerece nada, jobre usted como quien es, vease la sangre hidalga. Dispusiéronse las bodas, yel tiempo todo lo acaba, que es como dice’el refría: Bondades señales tapan, le dió ochenta rail ducados, ymuchas prendas yabajas. Viviau con grande gusto, agradeciendo las altas finezos dei Mercader, como su atrago de! alma, yádos anos de cas; do, estando un dia en la Plaza, como un Principe vesiidoj que al Sol inyidia íe daba, áel se llegó un mozuelo, yde esta suerte le habla: Per-
Fernando ,qué dicha es esta, flue por tu persona pasa ? Me alegro mucho deí^érte tan portado en tierra estrada; Don Fernando ie responde: no se lo que usted me habla, usted me tiene per otro, yes muy cierto que se engaña. No me eo|;año (le responde ) ni te niegues ,que en España átu padre yátu madre, que son hijos de mi Patria, conozco yátu persona, Fernando en vano te estrañas. YDon Fernando responde; Si es que ei secreto me guardas yo soy ;pero esta fortuna Dios me la tuvo guardada; ysupuesto que eres pobre, yo ce daré ,si me tapas, con que puedas adquirir caudal ,si te das la traza, yestaré sieaípre obligado; wente conmigo ámi casa: le recogió ñfable .ydióie cien pesos en oro ypi rca. Fuese el mozuelo ygastólo» en cosas desordenadas: volvió ápedirle otro tí ia con imperios yameníszss, dfJscieiU-s peses de p-^óuio, yque si no se los daba, ásu suegro le diiia ¿ei caso lo que ignoraba. Doo Fernando que esto escucha le puso mano á!a espida, piru darle la respue.su, enns éi hD>en ;o se escapa. Fue áel Caballero yle cuenta esta afrentosa desgracia del empleo de su hij.i, como estaba desposada con el hijo del Verdugo de Córdoba la oembradá. Esto queoyo ei Caballero, como toro herido bratn?, escupiendo basiliscos, quiso ála hija matarla, yjura ,que si lo coge, que lo ha de hacer mil tajadas. Receloso de lo dieho, Don Fernando se ocultaba, . el Caballero le busca, yviendo que no 1? halla, prendieron al Mercader, yla bacienda le quitaban, con gran rigor 1? aprisiun n ea «o CasciLo con Guardas. Don Fernán ocon secreto tn odó ásu Esposa una carta, dándole áentender por ella, que quiere partirse áEspaña, ydes^.iar tantas dudas como .se ¡e acomulahin. Yuna noche con secreto, por una ventana baxa ie ció su Esposa la ma "o, díner;:-s ,prendas yalhajas, yé¡ con eocartciinlentos ásu Esp'.sa le rog jb »,. que se entra.se en on Convento, yque e! secrao ie encarga, que confiaba en Jsus volver coo bien ásu casa: P.asóse á!a Vera Ctuz, ypara España se t(nb.;rca. Y' en nt;a s:guoda pite se d^á lo que aqni Cita. Coa licoacia ;Ea Córdoba .en la Inprenta de !) >i Juo García Rodiiguez de la Tyrre, Cuile de la Ltureri,!.