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Dinámica urbana y planificación en el espacio turístico

Moreno Peralta, Salvador

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46 cuestiones urbanas2/3 Dinámica urbana y planificación en el espacio turístico Salvador Moreno Peralta. 47 Salvador Moreno Peralta El tiempo de ocio, como una parte intrínseca al tiempo vital de la mayoría de los ciudadanos de occidente, constituye uno de los grandes temas de este período entre siglos junto a tantos otros de una época cuya historia se está escribiendo al minuto: temas como la globalización de los mercados, origen de su potencia y, como hemos visto, de su debilidad, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, las diásporas migratorias, la crisis de las ideologías con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la que se está produciendo justamente ahora en la ribera Sur del Mediterráneo que echa por tierra esa cómoda certidumbre interpretativa que identificaba el irredentismo yihadista con lo musulmán, sin que nadie hoy sea capaz de hacer una mínima prospectiva de los cambios que en el mundo puedan producir a corto plazo estos fenómenos. Desde las progresivas reducciones de la jornada laboral a lo largo del siglo XX, en episodios que jalonan las conquistas del movimiento obrero, hasta la actual ruptura del principio de economía clásica que ligaba la producción al empleo, lo cierto es que el tiempo vacante, el de no-trabajo, emerge de un modo u otro como un elemento esencialmente constitutivo del tiempo vital del hombre y la mujer modernos, con entidad propia, y no como el “negativo” del tiempo de la producción, según podía entenderse en la concepción tradicional. Podríamos decir que reclamar hoy el derecho al trabajo implica reclamar en el mismo acto el derecho al tiempo libre que proporciona la interrupción periódica del tiempo productivo, según las modalidades, convenios y pactos que se den en cada uno de los escenarios de la producción. La evolución del sistema capitalista en el mundo occidental nos ha llevado a que las fuerzas del trabajo hayan pasado de su única acepción de productores a su doble de productores y consumidores, hasta el punto de que es, precisamente, la magnificación de este último rol lo que ha determinado en el mundo la explosión de los mercados. (Podríamos decir, no sin ironía, que el funcionamiento del sistema, antes que trabajadores, lo que necesita es consumidores). Y dentro de estos mercados, el más importante del mundo por el flujo de capitales que mueve y el efecto impulsor de economías inducidas es, sin lugar a dudas, el mercado del tiempo libre y del ocio, el mercado del turismo. Efectivamente, hoy nadie discute el carácter verdaderamente estructurante del Turismo como un sector económico con autonomía propia, cuya presencia en el PIB de muchos países y regiones aporta el mayor peso porcentual y que, considerando en términos globales todas las actividades con él relacionadas, supone un 10% del PIB mundial, con una absorción del 10% del empleo, convirtiéndose así en el primer sector económico del planeta. Algo que desde el punto de vista de la producción, constituye un pilar básico de la economía andaluza, concretamente el 12,1% del PIB y 11,1% del empleo -con una especial concentración en el litoral y en la Costa del Sol malagueñay que, desde el punto de vista del consumo el turismo es algo tan “natural” como el consumo de los electrodomésticos o los teléfonos móviles multiusos, hasta el punto de instalarse en nuestra cotidianeidad como la atmósfera que se respira, sin que seamos capaces de tomar las necesarias distancias para el profundo conocimiento de una actividad humana, de un fenómeno social, que concierne a millones de familias, de productores y usuarios. Supongo que, al ritmo vertiginoso que hoy lleva la historia, sea extremadamente difícil tomar ciertas perspectivas con respecto al presente y, por lo mismo, elaborar una “ciencia” o una “filosofía” del Turismo como gran fenómeno de masas de los tiempos modernos. Es tan plural, compromete tantas cosas el Turismo -hostelería, restauración, recursos paisajísticos, historia, arte, cultura, territorio, 48 cuestiones urbanas2/3 urbanismo, costumbres, folklore, etc . -que es difícil sustraerse a la visión sectorial, pues es mucho lo que se puede decir desde tantos y diversos ángulos. Pero falta siempre una visión integral del Turismo, una visión omnicomprensiva de todos los factores que en él intervienen y de la que puedan extraerse unas leyes generalizables, capaces de resolver la cuestión primordial de toda zona que tenga en el turismo su fuente principal de subsistencia: la garantía de un desarrollo turístico, vital, económico y ecológicamente sostenible. Y así estamos, aún hoy, después de más de medio siglo de la eclosión del turismo de masas, presos de una paradoja, de una contradicción insalvable: que el principal sector productivo del planeta constituya para muchos su principal amenaza. Y es que, urgidos por la inmediatez en la explotación de los recursos turísticos, ha faltado una visión del turismo como sistema o, si consideramos la especificidad de sus factores -tiempo de producción y espacio de referencia, actividades y territorio, gentes y lugaresuna visión del turismo como auténtico ECOSISTEMA SOCIAL en el que todos sus ingredientes dispersos sean concordados hacia una especie de “equilibrio ecológico” que asegure su sostenibilidad frente a las amenazas siempre latentes de la depredación, la saturación, la pérdida de competitividad y el deterioro irreversible de los lugares que toca. Tal vez en un intento de arrojar un poco de luz para desanudar esta paradoja debamos referirnos a unos orígenes, que no por evidentes resultan menos olvidados: las evidentes relaciones entre la economía y el territorio. Hoy día, ante la aparición en escena de esa especie de genios malignos e inmateriales que nadie ve, que escapan a los controles políticos de los estados soberanos y que nadie es capaz de localizar en un lugar preciso como son los temibles MERCADOS, parece que la economía fuera un conjunto de leyes trascendentes y caprichosas como las veleidosas sentencias de los dioses griegos, sin ninguna conexión con el mundo terrenal, pero no es así. Jamás lo inconcreto global tuvo tanta relación con lo concreto local; jamás el ubicuo y transversal espacio de los flujos y las redes tuvo una referencia más directa en el espacio de lo real, como han demostrado las revoluciones de Túnez y Egipto. Si uno se toma la molestia de navegar por Internet y ver las relaciones entre la economía china y su traducción territorial verá la enorme vigencia de las llamadas economías de aglomeración, es decir, que allí donde se da la mayor concentración de flujos de capitales, de transaciones comerciales, de gestación y transferencia de innovación y conocimiento son las tres áreas más superpobladas del planeta, como el golfo de Bohai, con el eje de Beijing-Tiajin y su inabarcable área de influencia, el delta del río Yangtse, con Shanghai como capital y el delta del río Perla con las zonas económicas especiales de Guangzhow, Shenzen y Zhuhai como núcleos principales (una es- 49 Salvador Moreno Peralta pecie, salvando las infinitas distancias, de nuestros polos de desarrollo tras el Plan de Estabilización de 1959). Pero no tenemos que irnos tan lejos en el espacio y en el tiempo: en la Costa del Sol malagueña, por ejemplo, los municipios turísticos con mayores recursos económicos son aquellos en los que se da la mayor concentración demográfica. Así pues es inexcusable hablar de la estrecha relación del sector productivo con su espacio físico de referencia, de la economía y del territorio, de la planificación económica y de la territorial y, de una manera recurrente y algo cansina, como una serpiente de verano, volvemos a hablar hoy de planeamiento urbano y turismo. Planeamiento urbano y turismo son dos palabras, dos conceptos, dos mundos que llevan más de cincuenta años caminando en nuestro país y, especialmente en el litoral mediterráneo de nuestra región, por aceras diferentes, mirando cada uno para otro lado. Es una historia de desencuentros, de desencajes entre un continente -el planeamiento urbanodemasiado estrecho para un contenido - el turismoque le desborda, como un traje mal cortado, como si a Pau Gasol lo vistiéramos de Messi. Pero no quisiéramos dar a entender que el turismo fuera, en sí mismo, una fuerza de crecimiento expansiva que hiciera saltar por los aires cualquier posibilidad de contención, para concluir que la planificación urbana no haya servido para nada y, aún más, que el destino de los planes urbanísticos -en concreto de los PGOUs de los municipios turísticosno fuera otro que el de ser vulnerados, como si el incumplimiento de lo planificado fuera la condición misma de su desarrollo. Pero a la vista del deterioro medioambiental de algunos de nuestros destinos turísticos más acrisolados tenemos todo el derecho del mundo a pensar que lo ocurrido sí es la vulneración sistemática del planeamiento, cuando la cosa es más compleja. Por lo pronto podemos estar seguros de lo siguiente: a. Que no existen lugares más planificados en este país que los territorios turísticos y, en concreto, el litoral mediterráneo, desde los años sesenta hasta nuestros días. b. Que los efectos más perniciosos sobre el territorio que hoy puedan imputarse al desarrollo turístico se deben, precisamente, al cumplimiento de los planes de ordenación urbana, no a su vulneración. Todo lo que consideramos hoy esencialmente perversolas murallas de hormigón, la invasión del medio litoral, la masificación, la sobredensificación o destrucción de los núcleos urbanos tradicionales, etc.,- se ha producido, precisamente, en estricto desarrollo de las determinaciones del planeamiento urbano. “Planeamiento urbano y turismo son dos palabras, dos conceptos, dos mundos que llevan más de cincuenta años caminando en nuestro país y, especialmente en el litoral mediterráneo de nuestra región, por aceras diferentes, mirando cada uno para otro lado” 50 cuestiones urbanas2/3 c. Pues ha sido el planeamiento urbano el que decidió que los hermosos núcleos de arquitectura tradicional y popular crecieran y fueran ocupados en los años sesenta exactamente igual que se ocuparon los cinturones periféricos de nuestras ciudades, con bloques aislados de apartamentos con la coartada arquitectónica de estar haciendo “arquitectura funcionalista”, sinónimo de modernidad, a pesar de haber sido ya discutidos en el CIAM de 1938. Fue el planeamiento urbanoy no su vulneraciónel que decidió que no hubiera grandes diferencias entre la “lógica” que subyace en cualquier polígono de viviendas de la Obra Sindical del Hogar y la configuración de lo que podríamos llamar “núcleo duro” de Torremolinos, Fuengirola, Calviá Benidorm o Laredo. Fue el planeamiento urbano el que, alarmado por estas aberraciones tras la recesión por la crisis del petróleo a mediados de los setenta, decidió encauzar el desarrollo turístico por los derroteros de otras aberraciones aún mayores, como la arquitectura folclórica, falsa e impostadamezcla de pueblos mexicanos, cashbas magrebíes y decorados de Simbad el Marinoque son los llamados “Pueblos Mediterráneos”, que es como una arquitectura vernácula de ida y vuelta filtrada por el tópico de la mirada anglosajona. Fue el planeamiento urbano el que, alarmado igualmente por el parámetro “altura edificable” y con unas cínicas resonancias de índole ecologista decidió emular al “sprawl” americano con enormes, confusas y difusas urbanizaciones residenciales, ferozmente devoradoras de suelo, pero de poca altura y una densidad lo suficientemente baja como para no dar lugar a la afloración de un mínimo de vida urbana comunal, todo ello con casas aisladas o adosadas bajo la coartadade nuevo la coartada culturalde los principios de la “ciudad jardín” de Howard y Unwin. Es hoy el planeamiento urbano el que, creyendo propiciar un producto arquitectónico controlable, ha sembrado las laderas de las segundas y terceras líneas de costa con bloques escalonados de Planta baja+2+ático, como si el escalonamiento arquitectónico tuviera por sí mismo un feliz acoplamiento con la inclinación de las laderas, con las leyes naturales de la topografía. Bien, era inevitable que estando entre arquitectos nos lanzáramos rápidamente a hablar de los conflictos entre Turismo y Arquitectura, pero el verdadero problema es de más calado. Y es que el planeamiento urbano casi nunca ha entendido el turismo, y por ahí quisiera continuar esta disertación. Aunque sean sobradamente conocidas, merece la pena recordar brevemente de qué bases partimos. Junto con la emigración, sabido es que el Turismo fue la gran fuente de captación de divisas a principio de los sesenta del pasado siglo para abandonar la autarquía e iniciar el despegue económico conocido como “milagro español” (podemos considerarnos hijos del mayo del 68, de la Transición democrática, de la revolución informática, de cualquiera de los hitos que han determinado los derroteros de la historia reciente pero, sin duda ninguna, todos los españoles de hoy somos hijos o nietos del Plan de Estabilización económico de 1959. Tenía razón la guardia civil de la época en prohibir los bikinis: se empezó tolerando un bikini en las playas y se acabó en un régimen de libertades democráticas con una ministra de Defensa embarazada. Si Franco levantara la cabeza ). Pero pasada una primera época de fascinación por un tipismo ligado a una inocencia casi “rousseauniana”, rápidamente pudo verse cómo lo que el turismo realmente estaba haciendo era funcionar como motor del sector inmobiliario, que era donde realmente se producía la máxima acumulación de capital. 51 Salvador Moreno Peralta En los ciclos económicos expansivos y, sobre todo en los países en vías de desarrollo (como fue nuestro caso y hoy lo es el de Marruecos, por ejemplo), ya se sabe que no hay sector más agradecido que el inmobiliario: genera unas rápidas y elevadas plusvalías, activa el consumo y el empleo en diversos subsectores y difunde el optimismo sicológico de quien percibe estar aumentando su nivel de vida. No importa que sea una industria retroalimentada con poco valor añadido y consumidora insaciable del activo “suelo”: las fortalezas del crecimiento hacen olvidar siempre las amenazas de la recesión, y no hay partido político que se resista a la tentación de apuntarse a la fiesta, por más que cuatro crisis en los últimos treinta años deberían haber sido suficientes como para poner un poco de racionalidad en el modelo de producción. La crisis más fuerte de las aludidas fue sin duda, la del petróleo de mediados de los setenta del pasado siglo, que acabó con las visiones taylorista y fordista de la producción y puso fin a tres décadas de Estado del Bienestar. En lo que a nosotros se refiere, la crisis fue más bien de oferta que de demanda, pues si bien el encarecimiento del petróleo desencadenó un aumento generalizado de los precios y una pérdida del poder adquisitivo de nuestros clientes turistas, nuestro país seguía siendo competitivo en los precios. (Sin quitarle méritos a los esfuerzos permanentes del sector, lo cierto es que parte de nuestra solidez y desarrollo turístico se ha basado en la ventaja competitiva de los precios; cuando éstos se han equilibrado con los de los países emisores, especialmente tras la entrada en la zona euro, España ha tenido que competir con la excelencia de sus propios recursos. En unos casos lo ha logrado, pero en otros pudo comprobar cómo estaba ante una crisis de oferta, que empezaba a deteriorarse en la degradación y saturación ambiental de algunos lugares, en el descenso de calidad de algunos servicios, por no hablar del descrédito internacional por algunos escándalos financieros, como fue el caso de SOFICO, en los setenta y, más recientemente, la corrupción urbanística de tantos municipios costeros en todo el litoral español, aunque el caso de mayor repercusión mediática haya sido la Marbella del modelo Gil y los espantosos efectos publicitarios de la Operación “Malaya”. En definitiva, todas las circunstancias que llevaron a la necesidad de redactar años más tarde los Planes de Excelencia Turística en municipios turísticos saturados (los planes Futures) y, después de no haber aprendido ninguna lección, volver a reeditar esa “toma de conciencia” mediante el actual Plan Qualifica, por ejemplo). Hoy, sin embargo, estamos ante el desconcierto de una recesión global, una crisis que es de oferta, de demanda y de modelo económico, sencillamente, porque ha desaparecido el dinero. La inercia del Turismo sigue siendo fuerte, aunque, a nivel mundial, se haya producido un descenso del 8% con respecto al 2008 en los cuatro primeros meses del año, y de un 10% en Europa, que constituye nuestro principal mercado. En Andalucía sigue funcionando como el principal motor económico de la región, concentrando el 12% de la mano de obra aunque, según Analistas Económicos de Andalucía, se prevé una caída del la demanda hotelera de un 12% y un descenso en el tráfico aéreo del 16%. Es sabido que la política del gobierno se afanó en exorcizar la crisis por el simple procedimiento de no nombrarla, desde ese dudoso criterio, de inspiración bursátil, de que el pesimismo llama al pesimismo. Bien, no contribuyamos a incrementarlo, aunque estemos en pleno incendio, pero sí hagamos de una vez alguna reflexión sensata, una advertencia prudente: el incendio se apagará, tarde o temprano y entonces se hará evidente lo que ocultaba su cortina de humo: la raíz profundamente esquizofrénica de la política turístico-urbanística de nuestro país, una constante desde el primer Plan de Desarrollo de 1960 hasta nuestros días. Ya entonces, como expresa Fernando Terán en su clásico es- cuestiones urbanas2/3 52 tudio “Planeamiento Urbano de la España Contemporánea”, la Dirección General de Urbanismo del Ministerio de la Vivienda manifestaba su seria inquietud por la especulación inmobiliaria y el riesgo de que la ausencia de planificación acabara matando la gallina de los huevos de oro de nuestras costas turísticas, mientras las Comisiones Provinciales de Urbanismo, al fin y al cabo instrumentos locales del mismo Partido Único, hacían caso omiso de las directrices de Madrid. (Conocida es la anécdota del Ministro de Información y Turismo, Alfredo Sánchez Bella, que, escandalizado ante la contemplación de una barrera de edificios desde el Palacio de Congresos de Torremolinos, preguntó irritado quién había hecho eso. Alguien del séquito le respondió discretamente jugándose el puesto: “Nosotros, señor ministro”). Hoy como ayer, la misma Administración que ha tolerado subrepticiamente el desmán urbanístico como condición necesaria para la acumulación de capital y el crecimiento económico es la que se enroca luego en un caparazón normativo y burocrático que ignora por completo la realidad sobre la que actúa. Y éste es para mí el aspecto clave de la cuestión. Seguramente son de sumo interés las medidas coyunturales que desde el sector turístico se estén arbitrando para salvar la temporada: no entro en si es una buena medida pagar tres noches de hotel por el precio de una, o que los viajeros de Rynair viajen de pié como en un autobús urbano. Dejo eso para los expertos en capear temporales. Me interesa más intentar transmitir humildemente mi opinión sobre el verdadero conflicto de base que ha existido siempre entre la planificación urbana y la actividad turística. Y éste no es otro que el hecho de que nunca, repito, nunca, el planificador urbano ha sabido entender la especificidad conceptual, fenomenológica, física, del espacio turístico. El espacio turístico no es un espacio urbano normal. Es una instancia anímica, un territorio de la imaginación, de los anhelos del ser humano para satisfacer sus necesidades El Turismo son recursos, pero éstos no son nada si no se convierten en productos que interactúen entre ellos, en sinergia, ofreciendo una versión diversa, rica, vital del hecho urbano. 53 Salvador Moreno Peralta de ocio, de evasión, la excitación de lo inusual, la diferenciación de lo cotidiano. Y aún con el interesantísimo fenómeno del llamado “turismo residencial”, en el que el turista pasa de ser un ente transitivo a ser un “ciudadano”, adoptando otra geografía distinta a la de su origen como lugar de residencia permanente o cuasi permanente, esta opción encierra también una cierta componente de fantasía, de evasión anímica hacia otro lugar que es físico, pero también del espíritu, de un imaginario que es personal y a la vez colectivo. Cuando, llegadas las vacaciones, nos embutimos en el disfraz de turista y nos desplazamos a cualquier lugar, éste ha sido escogido en la agencia de viajes según nuestra propia fantasíao la que te haya sabido fabricar el astuto vendedorpero siempre confiamos en que los lugares de elección se comporten como se espera de ellos. ¿Que esto es una ficción, una impostura, una venta de geografías hiperreales? Tal vez sí, pero también lo eran la Toscana o Grecia para los viajeros del Gran Tour en el siglo XVIII y XIX. Borges decía, “¡qué lindo ser habitadores de una ciudad que haya merecido un gran verso!”. A veces basta un verso para convertir un lugar en turístico, (la Alejandría de Kavafis) un modesto monumento cargado de historia, (la taberna de Zurich donde surgió el dadaísmo, la casa donde se inició la composición de la Marsellesa en Estrasburgo ) los restos de un pasado industrial, (como la transformación de la ría de Bilbao o el Parque Dwisburg-norte de Renania, sobre las antiguas instalaciones de la fundición Thyssen) o los escenarios de eventos gloriosos, (como el campo de Waterlo, el cabo Trafalgar o las playas de Normandía) incluso los escenarios del horror y el dolor (los campos de concentración de Aushwitz, Dachau o Mautthausen) nada escapa hoy a la posibilidad de que todo tenga una dimensión turística, porque el secreto está en la mirada del viajero, y esa mirada se educa, se conforma, se fabrica, se estimula. La industria turística no consiste en estafar a un japonés haciéndole pasar por chanquetes filamentos de cebolla rebozada, sino en enseñarle cómo la luz de Sevilla, Cádiz o Málaga reverbera en sus catedrales, en sus calles y en las fachadas de sus pueblos blancos, en los esplendores de los patios sevillanos o los misteriosos de la judería cordobesa, o en las murallas de la Alcazaba almeriense con una transparencia inusual, y que esa misma luz es la que saca la gente a la calle animándola con un bullicio de kermesse permanente. El Turismo son recursos, pero éstos no son nada si no se convierten en productos que interactúen entre ellos, en sinergia, ofreciendo una versión diversa, rica, vital del hecho urbano. Nos sigue costando mucho trabajo pensar en el Turismo, no sólo como una industria, como un sector productivo, como un lapso temporal en la vida de la mayoría de los ciudadanos productores/ consumidores, sino como un hecho urbano, un fenómeno esencialmente urbano, pero con unas singularidades que no somos capaces todavía de incorporar a la, digamos, normalidad de una forma de vida cotidiana. Seguimos viendo lo turístico como la “tematización” de un lugar, como un atributo que le cae a una ciudad encima que a veces parece revolverse al grito de : ¡Por favor, déjenme ser una ciudad auténtica, y no una impostura tematizada para esporádico consumo de foráneos en temporada alta! ¿Cómo podemos entonces planificar esas ciudades, esos lugares, con el mismo enfoque, con las mismas fórmulas administrativas, con los mismos reglamentos que los grises escenarios de nuestra cotidianidad, con sus relaciones rutinarias entre el trabajo, la residencia y la cuota de ocio semanal, todo ello en lugares segregados? ¿Cómo se pueden burocratizar espacios que pertenecen al reino de la fantasía? ¿Cómo pueden ser objeto de los mismos reglamentos, las mismas leyes, los mismos estándares, una ciudad industriosa de la sub-bética que una conurbación del litoral mediterráneo? ¿Cómo una misma Ley urbanística puede contemplar bajo el mismo prisma Lucena que Marbella?) 54 cuestiones urbanas2/3 Pero, sin perder de vista la crisis, y sin el ánimo pretencioso de aportar un recetario de soluciones, centrémonos en algunas ideas de cómo el planeamiento urbano puede hacer frente a esa crisis en nuestro territorio turístico más próximo, conocido y emblemático, la Costa del Sol y su “hinterland”. De entrada hemos de decir que la Costa del Sol ocupa un lugar privilegiado en el marco de la Nueva Economía, por muy en crisis que ésta se encuentre. La geografía de los lugares fuertes, en esa Nueva Economía, es la de aquellos en los que pueden darse simultáneamente las tres funciones básicas en que se despliega la vida en la mayoría de los seres humanos del mundo tecnificado: la residencia, el ocio y el trabajo (funciones que en el urbanismo tradicionaltodavía hoy consagrado por la legislación vigentese desarrollaban en espacios segregados), siempre que en ellos se dé el factor aglomerante de los tres ingredientes, esto es, esa capacidad de satisfacer el mayor número de exigencias ciudadanas, y de la mejor manera posible, que hemos llamado calidad de vida (clima, infraestructuras, acceso a la Red, facilidad de transportes, máxima capacidad de intercambio modal, conexión con los grandes centros emisores del turismo centroeuropeo, “hinterland” cultural, universidades, calidad de los servicios, completa asistencia médica, y preexistencia en el entorno de núcleos urbanos que aporten factores de identidad, proximidad y capacidad de referencia a lo local). El espacio turístico de la Costa del Sol y, por extensión, todo el litoral andaluz, desde Ayamonte a Pulpí, con todas sus carencias y necesidades, representa esa riqueza, complejidad y diversidad con las que la ciudad, lo URBANO, se expresa en el mejor de sus registros. Esa DIVERSIDAD, frente a otros destinos unifuncionales y monotemáticos, es la condición esencial de la fortaleza turística hoy, y, por tanto, de este territorio cuya imagen de marca “Costa del Sol”, con todas sus crisis, avatares y deterioros, lo tienen situado en el mapa mundial desde los comienzos del turismo de masas. (No es por casualidad, pues, que las ciudades más turísticas del mundo sean aquellas capitales que más peso específico de DIVERSIDAD pueden acumular, como NuevaYork, Londres, París o Berlín, por ejemplo) Porque, en definitiva, y aquí radica la indiscutible novedad de la Costa sobrevenida en los últimos años, con la eclosión del turismo residencial en la conurbación costera se superpone una gran variedad de usuarios que, en su conjunto, anuncia un tipo de sociedad (y sociabilidad), con su correlato en el modelo urbano, absolutamente nuevo, complejo, tan rico cultural y urbanísticamente como difícil de entender si le aplicamos las viejas lentes del urbanismo tradicional. El modelo urbano de la Costa del Sol es, como decimos, el de una conurbación, un continuo urbano generado por unas pautas y estrategias de ocupación que ya hemos apuntado, pero que no dudaríamos en calificar de indiferenciado; y es justamente ese calificativo lo que nos debería estar orientando la tarea a seguir, esto es, lograr que ese espacio, verdadero reflejo a escala reducida de la actual sociedad urbanizada mundialque es contínua en su urbanización, pero discontinua en su funcionalidad, en sus intensidades y en sus significados, pueda ser, precisamente, diferenciado, identificado como una sucesión de LUGARES, es decir, ámbitos que sean en sí mismos como una especie de reflejo o microcosmos de la ciudad toda, que desde ellos no se tenga la sensación de estar en una situación periférica, marginal o suburbial, sino con todas las connotaciones de la centralidad, entendiendo por ésta la complejidad de funciones que entraña el vivir: la residencia digna, los comercios, los equipamientos, el espacio público, los lugares de ocio y, en la medida en que hoy lo posibilitan las Nuevas Tecnologías, los espacios laborales. ¿O es que no pueden ser también turísticos los espacios laborales? 61 Salvador Moreno Peralta en el terreno de la oferta cultural y hay un segmento, el deportivo, sorprendentemente sin explotar si exceptuamos los campos de golf, a veces denostados por irracionales apriorismos. Creemos que el gran potencial de Málaga, el distintivo, el exclusivo, está en su turismo de invierno, pero éste, después de tan prolongado abandono, tendría que ser reinventado de nuevo y desde su propia esencia turística, que alude más a instalaciones deportivas, centros de Alto Rendimiento, Escuelas y, en definitiva, a equipamientos, que a promociones inmobiliarias. Por otro lado, y como argumentaba lúcidamente el escritor Michel Houellebecqúltimo Premio Goncourtfrente al arquitecto Rem Koolhaas, no hay que tener reparos en que la costa acoja a un buen número de europeos de una tercera edad que, en algunos casos, empieza a los 55 años desde el punto de vista laboral. Resultan insultantes las opiniones que califican la Costa como el “asilo de Europa”, calificando peyorativamente al segmento demográfico de los jubilados, cada vez más numeroso, con más esperanza de vida y con alto poder adquisitivo, en una consideración drásticamente contraria a la visión supuestamente integradora de la Ley de Dependencia. Por último, no quisiera terminar sin una mención a las nuevas tecnologías del conocimiento aplicadas a la innovación y al desarrollo. Nadie discute el papel estructurante del Turismo en nuestra economía. Pero sorprende la contradicción entre la vehemencia con la que reclamamos su carácter netamente industrial y la relativa debilidad que en el sector ha tenido la aplicación consecuente del I+D+i que en cualquier proceso industrial es el eje medular de su supervivencia. No hace mucho entre el aplauso de unos y el recelo de otros, el presidente de la Junta de Andalucía presentó el Plan de Innovación del Turismo Andaluz. Pueden estar justificadas las dos posturas: esta volatilidad del dinero, esta alquimia financiera de esas hipotecas “sub prime” que nos ha llevado a la ruina y a una fabulosa sobrevaloración de la nada, tiene algo que ver con este vacío simbólico en el que flota uno de los mitos del presente: la INNOVACIÓN como fundamento de la competitividad, y es lógico que recelemos del concepto. ¿Es que acaso ese concepto no era el que impulsaba ya a Galileo, a Newton, al inventor de la tejedora “Jenny” o al de la fregona “Vileda”? ¡Naturalmente que hace falta innovación para ser competitivos en cualquier cosa!, pero el “que inventen ellos” de Unamuno sigue aún tristemente vigente en un país como el nuestro que invierte menos en innovación que Bulgaria o la República Checa. (Ayer mismo 2.500 científicos enviaban al gobierno un manifiesto contra los drásticos recortes presupuestarios en Innnovación) Además, la innovación es un medio para aplicarlo a algo, y noperdónenme la expresiónese huero pedo en botija que tiene su fin en su propia disolución. Por otra parte, en una economía globalizada uno no puede ser competitivo en el terreno que quiera sino en el que le dejen. Variar la geografía productiva del planeta es una empresa titánica que sólo está al alcance de países que unen su galvanización en torno a un liderazgo con el “carpe diem” de una coyuntura económica propicia. Pero a nosotros nos dejan ser competitivos en un sector como el Turismo, lo cual no es una mala noticia sabiendo, como repetidamente hemos dicho, que supone el 10% del PIB mundial empleando al 10% de la mano de obra, siempre y cuando, efectivamente, apliquemos el conocimiento y la innovación a los métodos, a los productos y a los procesos. Aplicar la innovación al turismo es una cuestión de supervivencia. Pero para ello empecemos a aplicar la innovación a la comprensión de un territorio retocando unas leyes urbanísticas espesas y generalistas que han dejado tirados a los alcaldes en la complejidad de sus conflictos, han ignorado la diversidad topológica de una región que duplica en superficie a la de Suiza, han disparado los costes del planeamiento y su ejecución con trámites interminables que no tenían otro objetivo que alimentar la propia burocracia o satisfacer exigencias gremiales, so pretexto de defender los valores de cuestiones urbanas2/3 62 la naturaleza y los derechos de los ciudadanos. Sólo con el espíritu esencialmente antiburocrático que encierra la innovación podremos dejar de mirar con lentes viejas problemas que son nuevos y tal vez así, esos dos conceptos que andan por aceras paralelas mirando para otro lado, turismo y planeamiento urbano, se den cuenta de que esos territorios de la imaginación que son los espacios turísticos pueden ser también lugares donde lo cotidiano se convierta en una fantasía permanente. Hay pocos lugares en el mundo así, y nuestra región, en la rica complementariedad de sus diversidades, puede ser uno de ellos si, a despecho de nuestra infame burocracia, conseguimos subirnos al tren de la imaginación.