El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859
Abstract
Las personas que escribieron libros y diarios de viajes modernos y contemporáneos proceden de diferentes profesiones y tuvieron diferentes motivos para hacerlo: por placer, turismo, curiosidad, comercio, religión, entre otros. El presente artículo trata de la visión de un adolescente en su viaje de iniciación a la adultez, que realizó durante la primera fase de un gran viaje que duró cinco años desde 1859 a 1863. Este joven era culto, amante de las buenas letras, de la poesía, fiel reflejo de la época que le toco vivir: el Romanticismo. Me refiero al insigne poeta, filólogo y escritor Pedro Paz Soldán y Unanue, quien emprendió a los 19 años un viaje transatlántico del que analizarnos sólo el primer año, es decir 1859.
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257 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 EL GRAND TOUR: CARACTERÍSTICAS DE UN VIAJE DECIMONÓNICO POR EUROPA, SEGÚN LAS MEMORIAS DE UN JOVEN PERUANO EN 1859 THE GRAND TOUR: CHARACTERISTICS OF A DECIMONOUS TRIP BY EUROPE, ACCORDING TO THE MEMORIES OF A YOUNG PERUVIAN IN 1859 Paula Ermila Rivasplata Varillas Universidad Garcilaso de la Vega, Lima, Perú Resumen Las personas que escribieron libros y diarios de viajes modernos y contemporáneos proceden de diferentes profesiones y tuvieron diferentes motivos para hacerlo: por placer, turismo, curiosidad, comercio, religión, entre otros. El presente artículo trata de la visión de un adolescente en su viaje de iniciación a la adultez, que realizó durante la primera fase de un gran viaje que duró cinco años desde 1859 a 1863. Este joven era culto, amante de las buenas letras, de la poesía, fiel reflejo de la época que le toco vivir: el Romanticismo. Me refiero al insigne poeta, filólogo y escritor Pedro Paz Soldán y Unanue, quien emprendió a los 19 años un viaje transatlántico del que analizarnos sólo el primer año, es decir 1859. Palabras claves: Grand Tour, siglo XIX, adolescente, España, Inglaterra, guía, transporte, carta de recomendación. Abstract The people who wrote modern and contemporary travel books and journals came from different professions and had different reasons to do so for pleasure, tourism, curiosity, commerce, religion, among others. This article deals with the vision of an adolescent on his journey of initiation into adulthood, which he performed during the first phase of a great journey that lasted five years from 1859 to 1863. This young man was a cult, a lover of good lyrics, the poetry, faithful reflection of the time that he lived: Romanticism. I am referring to the outstanding poet, philologist and writer Pedro Paz Soldán y Unanue, who undertook at the age of 19 a transatlantic trip from which we analyze only the first year, that is 1859. Key words: Grand Tour, 19th century, teenager, Spain, England, guide, transport, letter of recommendation. Fecha de recepción: 17/03/2018 Fecha de aceptación: 05/11/2018
258 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 El libro que escribió Paz Soldán y Unanue, bajo el seudónimo de Juan de Arona, Memorias de un viajero peruano. Apuntes y Recuerdos de Europa y Oriente (1859-1863), y otros libros de viaje contemporáneos a la realización de éste, nos servirá de pretexto y fuente documental para descubrir y analizar los prolegómenos del turismo masivo en Europa, descubriendo y analizando los preparativos, el itinerario, los transportes empleados, la comida, los hospedajes, la documentación requerida, los guías de viajes, las estrategias utilizadas para desplazarse, entre otros temas. Así también, descubriremos la visión de un adolescente de la Europa que recorrió y la manera como se las arregló para desplazarse solo por parte del viejo continente. Este viaje de descubrimiento del mundo e iniciación a la vida adulta obedeció a varios factores. El primero de los cuales fue el estímulo que le despertó Faustino Antoñano, médico y profesor personal de Pedro, que lo acompañó por años en su periplo a lo largo de los libros en su hacienda familiar en Cañete. El segundo factor fue la tradición europea del Grand Tour, practicada entre los aristócratas desde el siglo XVII, que aún se mantenía entre la élite de realizar un largo viaje por sitios de gran importancia cultural, artística e histórica de Europa, Asia y África y que algunos ascendentes masculinos de Pedro ya lo habían realizado, pues este viaje se había convertido en parte de la formación de todo joven de distinguida familia. El tercer factor fue la espléndida situación económica en la que se encontraba el Perú debido al boom del guano de las islas, que favoreció a la oligarquía peruana, es decir, entre los terratenientes, políticos, diplomáticos y aristócratas. Pedro partiría del Perú y empezaría su viaje, junto con su mentor, tal como denominaba a su profesor. Pero, éste pronto lo dejó, casi al principio, para dirigirse a la capital de Álava, Vitoria, de donde era natural, ansioso de reencontrarse con su familia, después de años de estar en el Perú. El profesor fue a Europa para quedarse y morir y el alumno para iniciar un largo viaje que le tomaría casi cinco años. Época de su vida que tenía tiempo, dinero, audacia, salud y juventud para hacerlo. Sin embargo, el viaje que realizó no fue fácil, por más que lo describa de forma ligera y amena, pues se expuso a peligros y a enfermedades. Pero, en los cinco años que duró su periplo, sólo una vez se enfermó y fue en el sur de Italia.
259 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 Al iniciar el viaje, nuestro personaje 1 aún no había cumplido los 20 años y se caracterizaba por ser un muchacho vigoroso, apuesto, risueño y orgulloso de sus raíces limeñas y de su estirpe y herencia española, pues su familia procedía del norte de España. «¿Qué es de los Ureta y Arambar, mis mayores por el lado materno de mi padre?», se preguntaba 2 Asimismo, su madre Francisca Unanue de la Cuba era hija del insigne médico Hipólito Unanue, de ascendencia vasca. Sus años de estudio clásico y filológico le prepararon para la realización de este largo y ansiado viaje, conocía varias lenguas y las costumbres de los lugares a través de los libros. Tenía indudablemente habilidades en lenguas, pues de lo teórico pasó a la práctica, sin problemas. Gracias a los clásicos, no sólo leía sino que hablaba el griego, al punto de darse cuenta de las variaciones lingüísticas y, pronto, se empezó a desenvolver muy bien en el inglés y el francés, así como otros idiomas. No hay que olvidar que posteriormente se convertiría en un meticuloso traductor y profesor de filología en la Universidad San Marcos, en Lima. En la primera mitad del siglo XIX, parte de la educación de todo joven de formación «a la europea» incluía el aprender varios idiomas no sólo escritos sino también hablados y, también, el latín y el griego. A través de su experiencia escrita en un diario de viaje, nos hace partícipe de la proliferación del turismo a mediados del siglo XIX. Visualizamos a los muchos viajeros solitarios que, como él, encontraron en el camino, compartiendo pequeños tramos de viaje, en ciudades, pueblos, pensiones, cafés, etc. A mediados del siglo XIX existían muchos guías, los llamados nigromantes o cicerones, también niños y jóvenes que guiaban a cambio de alguna moneda. Una característica de su desplazamiento fue la utilización de las numerosas cartas de recomendación que llevó y otras que consiguió, estando en Europa. Una estrategia de movilización muy común entre la élite. Utilizó estas cartas cuando lo pudo hacer y cuando no pudo, se albergó como cualquier turista en hoteles, fondas, 1 Carlos García – Romedal Perez, Diccionario Biobibliográfico de viajeros por España y Portugal, Ollero y Ramos. Madrid: Ollero y Ramos, 2010, pp. 309-310. Utilizó el seudónimo Juan de Arona, en memoria de la persona que legó su hacienda en Cañete a su abuelo Hipólito Unanue. Posteriormente se convertiría en embajador en Chile hasta la Guerra del Pacifico. Luego, pasó gran parte de su vida en Lima donde fue profesor de Literatura en la Universidad de San Marcos. Fue muy prolijo en sus escritos, destaca el Diccionario de Peruanismos. Escribió en varios periódicos limeños como El Tiempo y El Comercio y fundó El Chispazo. 2 Paz Soldán, 2003, s/n. www.cervantesvirtual.com/.../memorias-de-un-viajero-peruano-apuntes-y-recuerdos- .de-europa -y- oriente-1859-1863/.Fecha de consulta 02-07-2017.
260 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 mesones o albergues. Una de las principales funciones de estas cartas era abrir las puertas a la activa vida social de la élite y ser partícipe de ella. Pocos latinoamericanos realizaban viajes por Europa y menos a África y Asia, aunque fuesen lugares tan conocidos como Egipto o Jerusalén. 3 El caso de estudio es el de un adolescente que inicia un Grand Tour al viejo mundo con el objetivo de afianzar y ampliar los conocimientos adquiridos en el seno familiar. Este artículo sólo analizara el primer año del largo viaje que emprendió cuando aún se consideraba un adolescente. Escribió esta parte del viaje de memoria y de las cartas que envió a su padre, Pedro Paz Soldán y Ureta, y que éste guardó. El descuido de no tomar apuntes lo atribuyó a la falta de madurez que tenía en aquel entonces y que el mismo reconoció en su libro, tildándose de adolescente. La madurez le vendría después de la primera parte de este gran viaje, luego de la estadía de dos años en París. En esta primera etapa de su recorrido, Pedro Paz Soldán se calificó asimismo como turista, aunque en realidad hizo un viaje de aprendizaje y formación. Hijo único, tuvo una esmerada educación, vigilada de cerca por su padre, su principal guía y consejero. De esta manera, utilizando como fuente primaria fundamental el libro de Pedro Paz Soldán y Unanue, analizaremos como era un viaje de formación de un joven de élite hispanoamericano. Una especie de iniciación a la vida real después de varios años de exquisita formación teórica, filológica e intelectual. Se trataba de viajes planificados y formativos donde poner en práctica los años de aprendizaje teórico para pasar a uno más empírico. También se analizará a través de esta memoria las características de los viajes en Europa de mediados del siglo XIX. 3 García – Romedal Perez, Diccionario Biobibliográfico de viajeros por España y Portugal, 2010, p. 16. Sólo un 2% de latinoamericanos pasaron como viajeros a la Península Ibérica a finales del siglo XIX
261 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 Grand Tour juvenil en los siglos XVII, XVIII y XIX Casi por unanimidad, la literatura indica que estos viajes juveniles, denominados el Grand Tour de Francia y el Giro de Italia, visitando las principales cortes europeas y lugares artísticos e históricos, acompañados por sirvientes y tutores, los inauguraron los ingleses en el siglo XVII. Uno de los iniciadores fue Francis Bacon que consideró fundamental los viajes al extranjero en la educación de los jóvenes en sus Ensayos (1625). Se trata de uno de los primeros libros de viajes para formación. También, Richard Lassels que ejerció de tutor de estos viajes de jóvenes de élite y escribió un diario de aquellas experiencias que tituló A complete journey through Italy (1670), sugería que todo estudiante serio de arquitectura, antigüedad y artes debía realizar un viaje a través de Francia e Italia para comprender a los clásicos. 4 Otro escritor y tutor encargado de llevar a los jóvenes aristocráticos ingleses al acostumbrado viaje de formación al extranjero fue Lord Granville Leveson Gower. 5 Estos viajes juveniles de aristócratas que posteriormente fueron copiados por los burgueses, fueron iniciados en Inglaterra, concentrándose fundamentalmente en Italia y Francia. El primer lugar, cuna del Renacimiento, se convirtió en el siglo de la Ilustración en destino obligado para todo joven ingles que quisiese completar sus estudios con una experiencia práctica de aquel mundo que había conocido a través de los libros. 6 Mientras que el segundo destino, concretamente, Paris, el joven aprendería desenvolvimiento y refinamiento social. Una de las causas de la expansión de estos viajes por jóvenes ingleses fue la relativa estabilidad política que gozaba Inglaterra en el siglo XVIII, encaminada a un progreso económico que estaba generando la incipiente revolución industrial. 7 Algunos jóvenes de otras nacionalidades emprendieron estos viajes a Europa como los alemanes 4 Friederich-Stegmann, Hiltrud, La imagen de España en los libros de los viajeros alemanes del siglo XVIII. Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2014, p.12. 5 Clarke Anthony H. y Trevor J. Dadson, “Introducción del viaje por España (1802-1804) de Elizabeth, Lady Holland y Henry Richard Fox, Lord Hollad”, La España del siglo XIX vista por dos inglesas: Lady Holland y la novelista George Eliot (1802-1804 y 1867). Zaragoza: Institución “Fernando el Católico” (CSIC), Diputación de Zaragoza, 2012, p. 24. 6 Clarke Anthony H. y Trevor J. Dadson, La España del siglo XIX vista por dos inglesas: Lady Holland y la novelista George Eliot (1802-1804 y 1867). Zaragoza: Institución “Fernando el Católico” (CSIC), Diputación de Zaragoza, 2012, p. 11. 7 Boyer, Marc. “El turismo en Europa, de la Edad Moderna al siglo XX”, en Historia Contemporánea 25, 2002, p. 18. El turismo nació con la “civilización industrial”.
262 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 que solían viajar por placer y curiosidad, acompañando a ricos personajes, aunque no tenían acceso a la corte como los ingleses. 8 Sin embargo, aparecieron detractores como Rousseau que criticaron estos viajes de formación con tutores y ayos que en vez de conocer la realidad circundante de cada lugar con sus propios ojos, se perdían en el pasado, en las bibliotecas, en los archivos y en los museos, regresando sin haber visto gran cosa. Es decir, este ilustrado criticaba la falta de espíritu crítico de lo que podían ver en estos viajes. Después de la Guerra de los Siete años (1756-1763), no sólo los jóvenes aristócratas realizaban estos tours sino, también, los hijos de los ricos burgueses y se amplió el recorrido de Francia e Italia a las zonas montañosas de Austria y los sitios bajos de Holanda y algunos tours estudiantiles se aventuraron tímidamente, empezando a conocer la península Ibérica y Grecia. Este último destino accesible desde el declive de la dominación turca en los Balcanes y el Mar Adriático. 9 No cabe duda que los diarios y libros de viajes incentivaron la idea y el hecho de viajar hacia rutas de peregrinación cultural, paisajística y social, e influyeron los viajes de formación ilustrada como los de Montaigne, Vives, Erasmo, Montesquieu y Goethe. Estos libros, las pinturas de paisajes y ruinas y los retratos de los participantes de los Grand Tours se hicieron populares. De estos viajes regresaban con muchos souvenirs que eran principalmente objetos comprados a los anticuarios y extraídos de excavaciones como esculturas, monedas, griegas romanas y que se convirtieron en otra de las características de estos viajes, formando una de las vertientes del coleccionismo del siglo XVIII. Objetos que traían prestigio al poseedor, pues evidenciaban haber realizado un Grand Tour durante la juventud y haberse empapado de los conocimientos de los libros in situ. 8 Friederich-Stegmann, La imagen de España en los libros de los viajeros alemanes del siglo XVIII, 2014, p. 87. 9 Marcos Castillo Monsegur (ed), XXI Viajes (de europeos y un americano a pie, en mula, diligencia, tren y barco) por el Aragón del siglo XIX, Diputación de Zaragoza, Huesca y Teruel, 1989, s/n. Los jóvenes adinerados que concluían sus estudios, excluían a España del Grand Tour por su atraso, descreditado por la Inquisición y sus costumbres; Majada Neila, Jesús, Viajeros extranjeros por España. Siglo XIX, Madrid: Fiesta del Libro. Confederación española de gremios y asociaciones de libreros, 1996, p. 8. «Para cualquier viajero ilustrado España es su antípoda: oscurantismo, filosofía escolástica, autoritarismo y fanatismo son sus señas de identidad». Sólo algunos se aventuraban hacia España, en busca de paisajes variados y de un arte más barroco, churrigueresco o nazarí.
263 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 La característica formativa del Grand Tour continuó en el siglo XIX y amplio su rango de influencia a otras clases sociales, sobre todo, la burguesa. Ya no sólo la élite tenía dinero para invertir en sus muchachos y prontamente se necesitó, por ejemplo, gente de formación cosmopolita, para dirigir el boyante colonialismo inglés. De esta manera, se hizo aún más popular la realización de un viaje por el continente europeo, e incluso a otros continentes, entre los jóvenes a punto de hacerse hombres y asumir las responsabilidades que eso conllevaba, un trabajo probablemente como funcionario colonial. El recorrido dependía de sus influencias, contactos y cartas de presentación. De esta manera, desde la primera a la segunda mitad del siglo XIX, estos viajes formativos y de aprendizaje social se hicieron muy populares entre los jóvenes burgueses de todo el mundo, que recibían una educación humanística y occidental, al considerarse de suma importancia como fuente de conocimiento y del saber, como fue el caso de Simón Bolívar, cuyo primer viaje a Europa lo realizo en su adolescencia. 10 Algunos padres motivaban a sus hijos a aquel viaje que les llenaría de gloria y les abriría oportunidades. Viajes estructurados, sin casi nada a la improvisación o quizá no. Una entrada al mundo tanto cultural como social que le haría conocido y abriría las puertas a un prominente futuro. 11 Al final del periplo, parte de esta experiencia terminaba físicamente en sus casas. Así no es baladí indicar que se hizo moda entre la burguesía arreglar sus casas con parte de las cosas o recuerdos que traían expresamente para ello. Muchos viajaban en grupo con tutores, pero otros se lanzaban solos a esta experiencia, sólo teniendo algunas cartas de recomendación, dinero en efectivo o con la ayuda de giros bancarios. El negocio turístico a mediados del siglo XIX estaba muy bien desarrollado, había guías en casi todos los lugares, diferentes tipos de transporte, caballos, mulas, carruajes, trenes, barcos, ferrys; y todo tipo de hospedaje en los trayectos, desde hoteles, fondas, hasta albergues en monasterios y paradores de los caminos. El viaje ya no era un privilegio de la 10 Gregorio Valera-Villegas, “Simón Bolívar: Viajes de formación y bildung”, Revista de Pedagogía, vol. 34, núm. 94, Universidad central de Venezuela, Caracas, 2013, pp. 189-213. 11 Chaparro Sainz, Álvaro, La formación de las élites ilustradas vascas: El Real Seminario de Vergara (1776- 1804), Tesis doctoral. (s.n), Barakaldo, 2005, p. 219. Por ejemplo, el viaje que emprendió Ramón María de Munibe por Europa cuando joven, le prepararía para una destacada carrera, por el conocimiento adquirido y por su contacto directo que tuvo con la Corte.
264 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 élite, cualquiera lo podía realizar. De esta manera, al leer el libro de Pedro Paz Soldán y Unanue nos damos cuenta que a mediados del siglo XIX ya había muchísimo turismo cultural, paisajístico, urbano y rural, principalmente de ingleses, seguida de franceses, alemanes y demás nacionalidades. Asimismo, estos viajes formativos dirigidos a varones jóvenes en el siglo anterior, rápidamente se extendieron a las mujeres por lo que a mediados del siglo XIX encontramos, sobre todo, a inglesas que lo emprenderían incluso solas. 12 Pedro Paz Soldán y Unanue realizó un largo viaje de varios años (1859-1963) que le llevo a conocer gran parte de Europa, el norte de África(Egipto), parte del Oriente Medio (Turquía, Líbano, Siria) y algunas islas del mediterráneo (Malta, Chipre, Rodas). En este periodo es interesantísima su experiencia en Egipto, recorriendo diversas zonas arqueológicas, ya entonces bastante visitadas por turistas de ambos sexos, practicando una costumbre tan en boga en aquel entonces, escalar la pirámide más alta, Keops. Vivía una época de los prolegómenos del turismo en masa por el aumento de viajeros ya no sólo a Europa sino también al norte de África y Medio Oriente. 13 Zonas de polo de desarrollo turístico y ganancia monetaria, ofreciendo todo tipo de servicios necesarios para satisfacer las necesidades de los viajeros, con nigromantes o guías, diversos tipos de hostelería, transporte y mesones de estipendio de comida. Viaje de un adolescente por Europa: Pedro Paz Soldán y Unanue Pedro Paz Soldán y Unanue inició un largo viaje de «inagotable enseñanza» hacia Europa, África y Asia el 12 de abril de 1859, sin cumplir aún los 20 años. Si bien, este viaje duró cinco años, en este trabajo solo nos ocuparemos de la primera parte de su viaje, la que comprendió el primer año, desde que salió de Lima hasta cuando regresó a Paris para quedarse por un tiempo. Es decir, cuando dejó su condición de turista itinerante y pasó a ser residente de la ciudad luz, Paris. 12 Alberto Egea Fernández-Montesinos (coord.), Viajeras románticas en Andalucía. Una antología. Sevilla: Junta de Andalucía, Centro de estudios Andaluces, Consejería de la Presidencia, 2008, p, 33. 13 Castillo Monsegur, XXI Viajes..., 1989, s/n. «Empiezan a venir en aluvión y ya no son los nobles diplomáticos de antaño en misión oficial, ni los sesudos eruditos dieciochescos, sino una burguesía inventora del turismo, del auténtico viaje de placer…»
265 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 El itinerario seguido por Pedro en el primer año de su Grand Tour fue Lima, El Istmo de Panamá, Colón, Cartagena(no visitado), San Tomás, la travesía por mar, Southampton, Londres, París, Bayona, Burdeos, Biarritz, Vergara, Behovia, Irún, San Sebastián, Tolosa, Vergara, Bilbao, Portugalete, Algorta, Vitoria, Burgos y Valladolid, Madrid, Valencia, El Escorial, La Granja, Segovia, El Grao, Cabañal y Cañameral, Madrid, Granada, Tembleque, Bailén, Manzanares, Valdepeñas, La Mancha, Jaén, Granada, Córdoba, Sevilla, El Guadalquivir, Cádiz, Jerez, El estrecho de Gibraltar, Málaga, Valencia, Barcelona, Perpiñán, Montpellier, Nimes, Aviñón y París. En este último lugar permaneció dos años. El 12 de abril de 1859, muy entusiasmado partió junto con su mentor, el doctor don Faustino Antoñano, la persona que lo motivo y convenció a su padre, Pedro Paz Soldán y Ureta, de realizar este viaje al viejo continente. Faustino regresaría a su pueblo natal, en Vitoria Gasteiz para morir, pues padecía de una enfermedad crónica y finalmente falleció en 1866, según consta en el Archivo Diocesano de Vitoria. 14 Se tiene poca información de Faustino, sólo el que está en el diario de viaje de Pedro que trabajó en la hacienda del valle de Cañete, propiedad de la familia de Pedro Paz Soldán, como médico por ocho años, periodo que se ocupó también de la educación de Pedro, comunicando a su padre el desarrollo del carácter del niño y sus avances intelectuales. Aconsejó que el niño se orientara a la diplomacia, al percatarse que era curioso, cuidadoso, paciente y tenía don de lenguas. 15 Cosa que más tarde sucedería. En aquella hacienda, también, trabajaba el hermano de su mentor, como capellán. No se sabe la relación que pudo tener con el padre de Pedro, pero en un mundo en el que se movían por contactos y recomendaciones no cabe 14 Archivo Diocesano de Vitoria (ADV). Registros sacramentales. Partida de fallecimiento 4 de noviembre de 1866, en el libro de la parroquia de San Miguel Arcángel de Vitoria. Fecha de bautizo el 29 de julio de 1821. Fue enterrado en zona común y en la actualidad sus restos responsan en un osario. 15 Paz Soldán, 2003, s/n. www.cervantesvirtual.com/.../memorias-de-un-viajero-peruano-apuntes-y-recuerdos- .de-europa -y- oriente-1859-1863/.Fecha de consulta 02-07-2017: “Durante los cinco años anteriores en que había sido mi compañero, mi amigo y mi maestro en la hacienda de mi padre en el valle de Cañete, le comunicaba a aquel con ruda franqueza las observaciones que hacía sobre mi carácter. La más frecuente era esta «Don Pedro: este niño tiene más trastienda que un viejo de cien años; tiene más conchas que un galápago; dedíquelo usted a la diplomacia». Otra, «este niño tiene una curiosidad de monja; todo lo quiere saber; hay que darle un librito titulado: 'El porqué de todas las cosas».
272 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 Características de un viaje decimonónico, según las memorias de un joven por Europa en 1859 Transporte Paz Soldán utilizó para desplazarse diferentes tipos de transporte, como: barco de vapor, diligencia, correo, bote, caballo, ferrocarril y carrito (coche de dos ruedas). En Inglaterra y Francia reinaban los ferrocarriles y en España, las diligencias. Sin embargo, era bastante difícil y penoso los viajes largos, pues obligaba a dar rodeos y cambiar de coche y forma de viaje a cada instante. Los caminos europeos carecían generalmente de pavimentación, polvaredas en verano y charcos de agua en invierno, principalmente en España. Barco de vapor: Desde comienzos del siglo XIX, los medios de comunicación como barcos de vapor o transatlánticos de gran calado hicieron posible que mayor cantidad de gente viajara por turismo, desde las costas atlánticas a los países mediterráneos. 27 Si bien es cierto eran costosos y aún poca gente podía hacer frente a esos gastos, Paz Soldán utilizó barcos de vapor para cruzar el Atlántico con el «Magdalena» y el vapor «Balear» para ir de Cádiz a Málaga en el Mediterráneo y, asimismo, de Valencia a Barcelona en el barco de vapor «Monserrat». Diligencia: Los caminos en España a mediados del siglo XIX eran pésimos 28 donde reinaban las diligencias que eran utilizadas para tramos largos y había mesones en el camino para que descansaran o cambiasen caballos. Por ejemplo, de Madrid salían diligencias hasta Tembleque, quince leguas de la capital, donde pernoctaban. Pero, para algunos lugares, montaban la diligencia al ferrocarril para Alicante. Por ejemplo, de Bilbao a Vitoria, tomaba un día, lo que hoy sólo dura una hora por bus. También, utilizó la diligencia en parte del tramo de Madrid a Valencia. Había una diligencia de Granada a Madrid que utilizó hasta Bailen, para tomar otra que iba de Madrid a Córdoba de donde tomó el tren para Sevilla. Utilizó de Barcelona a Perpiñán la diligencia, pasando por las 27 Egea Fernández- Montesinos (coord.), Viajeras románticas en Andalucía. Una antología, 2008, p, 33. En 1818, se establece ese servicio de EEUU a Inglaterra. 28 García Simón, Castilla y León, según la visión de los viajeros extranjeros, 1999, p. 35.
273 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 estaciones de Gerona, La Junquera etc. La diligencia era un carruaje tipo ómnibus con separaciones transversales. El primer compartimento delantero era la Berlina, cuyas esquinas eran los sitios más cómodos de la diligencia. Tras de la Berlina estaba el interior, con seis u ocho asientos, a tres o cuatro por banda, y sin más vista que las ventanillas de los lados. Por último: la Rotonda que era la parte trasera del coche con asientos, distribuidos en forma semicircular. El pescante, delante de la Berlina, se llamaba Imperial donde iban el cochero, su ayudante y dos pasajeros a la intemperie y era el más barato de todos porque estaba expuesto a los elementos, lluvia, viento y sol. En el techo se ponían los equipajes, que iban cubiertos con un cuero. 29 El conductor o mayoral tenía un ayudante, el zagal, que corría detrás de los caballos y los animaba y guiaba a través de la voz. Una costumbre longeva que se seguía usando a mediados del siglo XIX. 30 El correo: Pequeño coche que circulaba en Bilbao, en el que cabían cuatro personas. Bote o barca: de Bilbao a Portugalete; de Sevilla a Cádiz por el Guadalquivir (ocho horas). 31 Sevilla había sido el puerto fluvial más importante en España en los siglos XVI y XVII. Caballo: que cabalgó de Algorta a Bilbao con un guía, un muchacho a pie. Ferrocarril: La característica de Francia era los ferrocarriles, así como, la de España las diligencias. En los viajes largos se podía utilizar ferrocarril y diligencias. Por ejemplo, Pedro tomó en Madrid una diligencia que era arrastrada por un carro de ferrocarril hasta Tembleque donde cambiaron por mulas para Granada. El tren continuaba su viaje a Alicante. 32 29 Castillo Monsegur, XXI Viajes..., 1989, s/n. Los vuelcos de las diligencias eran frecuentes. 30 Consol Freixa, Los ingleses y el arte de viajar. Una visión de las ciudades españolas en el siglo XVIII. Barcelona: Ediciones del Serbal, 1993, pp. 69-70. Algunos caballos de la diligencia iban enganchados y eran dirigidas por la voz o tirándoles piedras por el ayudante del conductor. 31 Laborda, Viajar en la España del Quijote, 2005, p.71. En 1600, el estudiante alemán Diego Cuelvis bajó por el Guadalquivir en barca por el precio de 3 reales hasta San Lucar de Barrameda, puerto de entrada a España y protegida por una casa fortificada con mucha artillería. 32 Castillo Monsegur (ed), XXI Viajes..., 1989, s/n. A los pocos años se ampliaría la red ferroviaria en España.
274 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 Carrito (coche de dos ruedas). Esos carros de camino que ni eran diligencias ni eran coches servían para desplazarse por Madrid. También, lo utilizó para desplazarse por Cabañal-Cañamelar Carruajes particulares y de alquiler que cruzaban por sus calles de Sevilla eran de corto recorrido y de ciudades Hospedaje El hospedaje en España a mediados del siglo XIX era escaso y malísimo. 33 Nuestro viajero utilizó en su trayecto hoteles, fondas, casas de huéspedes, albergues en monasterios, paradores de los caminos y casas de recomendados. En cuanto a los mesones, en las rutas de viaje largo fuese Madrid a Granada o Madrid a Valencia en diligencia y ferrocarril, tenían que hacer paradas, durmiendo en mesones. Algunas paradas de cambio de diligencia mencionadas donde había mesones era Tembleque y Bailen. En estos lugares se comía, pero no se tenía garantizada una cama para dormir, por lo que muchos terminaban durmiendo en el suelo muy cerca a los animales, que pernoctaban bajo techo. 34 En estos lugares se podía practicar la prostitución encubierta. Nuestro viajero durmió dos veces en el suelo en mesones en Segovia y en Manzanares. 35 En la ruta Madrid a Granada, una de las ruedas de la diligencia que lo trasportaba se rompió en Manzanares. Los pasajeros caminaron a un mesón cercano al camino donde Pedro durmió en el suelo. Al día siguiente cuanto se arregló la rueda, se dirigieron a Valdepeñas. En las ciudades, nuestro viajero hizo uso de fondas, así como de cafés, casas de huéspedes y hoteles. 36 De todas las fondas que estuvo, generalmente, atendidas por 33 García Simón, Castilla y León, según la visión de los viajeros extranjeros, 1999, pp. 35 y 54. 34 Costumbre arrastrada desde siglos anteriores tal como indica Consol Freixa, Los ingleses y el arte de viajar, 1993, p. 74 «Durmieron en el suelo sobre la paja cubiertos por sus abrigos”; Castillo Monsegur, XXI Viajes..., 1989, s/n. «Es muy probable que durmáis encima de los establos o en un suelo construido de tal manera que podáis ver y oír a los mulos sin el menor esfuerzo” 35 García Simón, Castilla y León, según la visión de los viajeros extranjeros, 1999, p. 256; Davillier, 1862, indica que cuando fue a Segovia, tenía referencias de antiguos viajeros de los difícil que era encontrar alojamiento. Sin embargo, él tuvo suerte, pues indica que «Los tiempos han cambiado mucho y hoy puede llegar uno a Segovia a cualquier hora sin arriesgarse como antaño a tener que dormir al raso». Sin embargo; tres años antes, nuestro viajero indica lo imposible que era encontrar alojamiento en Segovia. 36 Ibídem, p. 35.
275 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 muchachas jóvenes, 37 la más famosa entre todas se llamaba «la Vizcaína», ubicada en la Puerta el Sol, zona nuclear de la capital. En aquel lugar estuvo en una de sus visitas a Madrid, en 1859. Sus cuartos eran pequeños, pero elegantes y la comida estaba a buen precio y era deliciosa, comiendo en mesas redondas donde el precio era más bajo que en la mesa principal. Era una fonda agradable y daba buen servicio. El menú del día que podían escoger sus huéspedes costaba dos duros diarios. También, en Granada se albergó en una fonda, llamada «Minerva», frente al río Darro, y en Valencia en la «Fonda de Paris». En Jerez, estuvo por una noche en un cuarto con catres de tijera. En las ciudades, también, hacían uso de casa de huéspedes o posadas, lugares íntimos para estadías más largas y tenían un ambiente agradable y familiar, siempre atendido por las patronas. Nuestro viajero estuvo en Madrid en la «Posada de los Embajadores» y comía en la mesa redonda de la de «Peninsulares», en la casa de huéspedes en la calle Alcalá n° 24, en la casa de huéspedes de la calle del Prado, n.º 4, en la misma casa del poeta Ventura de la Vega, quien le invitó a hacerlo. Las comidas en las casas de huéspedes no eran tan deliciosas como las de las fondas, precisamente porque no elegían sus comidas, sino que aceptaban las que les ofrecían: «La comida en estos alojamientos no pasaba de regular, y las patronas andaban siempre de riña conmigo porque «no comía», y agregaban. Será porque no le gusta la comida: habrá usted sido señorito mimado» 38 . La casa de huésped o posada de Bilbao, llamada «Pepa la del Telégrafo», ubicada en la calle del Correo, tenía sólo seis cuartos a lo más, andando los huéspedes de dos en dos. En cuanto a los hoteles, destaca el que se albergó en Sevilla, en un hotel llamado «Madrid», con un jardín con platanares que aliviaba el fuerte calor del lugar. En Cádiz se albergó en un hotel donde conoció a un quiteño Francisco Javier León, que más tarde sería vicepresidente de ecuador con el que visitaría Jerez. En Barcelona estuvo en el «Hotel de las Cuatro Naciones» y en El Escorial en el «Hotel de Burguillos». 37 Ibídem, p. 104. Coincide con lo indicado por Edmondo de Amicis (1872). Las mujeres dan a las fondas un aura de casa o familia que hace que se olvide la soledad del viajero, dan conversación, son afectuosas y son alegres. «Quietas esas manos señorito, que esto no está bien». Aunque a veces lo permitían y nuestro viajero dio fe de eso en alguna parte de su relato. 38 Paz Soldán, 2003, s/n. www.cervantesvirtual.com/.../memorias-de-un-viajero-peruano-apuntes-y-recuerdos- .de-europa -y- oriente-1859-1863/. Fecha de consulta 16-08-2017.
276 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 En cuanto a la comida, no tuvo problemas, pues lo encontró en cada lugar servida solo para comer. No tuvo que preparar comida alguna como en algunos libros de viaje indicaban que era necesario llevar los ingredientes para cocinarlos en algún mesón. Comida variada, mucha francesa e italiana en la capital española. 39 Aduanas y gestiones de viaje El viajero presentaba en la frontera su pasaporte y declaraba lo que llevaba, permitiendo que las autoridades de turno abrieran su equipaje para inspeccionar su contenido. Por ejemplo, en Behovia, franceses y españoles, cada uno, por su parte registraron los equipajes. También debía visar su pasaporte al país que llegara, por ejemplo: por el cónsul de España. Utilizaba dinero en efectivo, letras de cambio y trasferencias monetaria a cobrar en destino para evitar robos, pero eran lentas y engorrosas y necesitaban de fiadores del lugar. 40 Su banquero en Madrid fue el comerciante don Antonio Tabernilla. En este periodo de su viaje no cambio letras por dinero en efectivo, lo que sería más recurrente después. Llevaba consigo en sus bolsillos cartas de recomendación para los diferentes destinos de su itinerario. En Londres y Paris compraba pasajes de tren y dejaba su equipaje para que lo ubicara los empleados en el tren, pero a veces no había ese servicio. En caso de dejar su equipaje debía dirigirse al telégrafo a reclamarlo para que se lo enviaran. A ciudad que llegaba debía ponerse en contacto con las autoridades, pero muchos no lo hacían por eso los gobiernos locales mandaban que presentaran sus pasaportes a todos los viajeros que pernoctaran en las ciudades. Los dueños de posadas públicas y casas particulares estaban obligados a presentar diariamente en la oficina de los ayuntamientos los documentos de todas las personas que admitían en sus casas, indicando quienes no 39 García Simón, Castilla y León, según la visión de los viajeros extranjeros, 1999, pp. 35-38. Los viajeros solían aprovisionarse de víveres a lo largo del camino. 40 Filiciano Novoa Portela, “Los viajeros de Dios en la Edad Media”, en Viajes y viajeros en la Europa medieval. Madrid: Lunwerg editores y CSIC, 2007, p. 188. Transferencias monetarias a cobrar en destino para evitar robos, vigente desde el siglo XII.
277 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 tenían pasaporte. Pero no se cumplía, por eso periódicamente el cabildo lo notificaba. El objetivo era evitar el ingreso de personas sospechas de delincuencia o vagancia. 41 Carta de Recomendación Estos viajes formativos podían durar de meses a algunos años y dependía de los contactos que tuviesen entre las familias de élite y burguesas en Europa, es decir de sus redes de relaciones comerciales, familiares, amicales y de clase. La sola presencia de la carta de recomendación abría las puertas del viajero a las casas de personas importantes. Luego, de presentarse a las autoridades para ponerse a regla, buscaban a las personas recomendadas para que le facilitara el acceso a la sociedad, para que les acompañaran al teatro, al baile, a reuniones, a los toros y a todos los lugares que considerasen importantes. Muchas veces no se conocían, pero debían ser atendidas como correspondían por etiqueta y tradición. Indudablemente el viaje de Pedro en España fue donde utilizó gran parte de sus cartas de recomendación que le entregó su padre y familia, y lo trataron con mucha atención y cariño, casi como un familiar esperado. En el camino hacia amigos y estos le ofrecían cartas de recomendación para los puntos que iba a recorrer, para que lo atendieran como era debido. Fue el caso de don Eduardo Asquerino, redactor del periódico «La América» y el de otra persona que conoció en el camino quien le entregó una carta de recomendación para las bodegueras de Jerez. 42 Estas cartas comprometían a la persona que lo recibía a ser cicerones por respeto al remitente. Estos cicerones les hacían conocer los lugares más importantes y les presentaban a la élite del lugar: «Nuestros amigos y guías de esta ciudad (Barcelona) fueron los señores catalaneses don Pedro Yuste y don Francisco Llausás». 43 41 AMV (Archivo Municipal de Vitoria). Sección policía. Hoteles, fondas, restaurantes, casa de huéspedes y de dormir, cafés, tabernas y alojamientos.1843: Sobre renovación de varias medidas aumentando la vigilancia sobre los viajeros y encargándose se dé parte de ellos indicando si tiene documentos de seguridad, 08/004/062-063. En Vitoria, 22 de abril de 1843, no puede ocultarse que circulan personas sospechosas cuya procedencia y objeto de sus continuos viajes es indispensable vigilar así como descubrir los que sin modo de vivir conocido penetran en esta capital y son acaso los autores de algunos robos y otros excesos que se han cometido. 42 Laborda, Viajar en la España del Quijote, 2005, pp., 57-58. El estudiantes alemán Diego Cuelvis realizó un viaje a España entre 1599 a 1600, contaba con cartas de presentación para comerciantes de Lisboa y Sevilla 43 Paz Soldán, 2003, s/n. www.cervantesvirtual.com/.../memorias-de-un-viajero-peruano-apuntes-y-recuerdos- .de-europa -y- oriente-1859-1863/.Fecha de consulta 22-08-2017
278 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 Pedro Paz Soldán llevó varias cartas de recomendación entre ellas, destacan en el periodo de estudio: 1.-En Vergara, visitó el Seminario de Nobles de Vergara a través de una carta de recomendación dirigida a Miguel de Larraza, vecino del lugar, quien le facilitó el acceso. Funcionarios de estado y militares del reino, de la zona de la vascongada y de Hispanoamérica habían estudiado en aquel seminario. Uno de sus directores, el sacerdote don Ángel Segura, fue su guía en la visita al seminario donde diversos peruanos habían estudiado como don Clemente Noel, don Ramón Azcárate, Pio y Juan Martin Echenique y varios más. 2.-En Bilbao fue recomendado a la casa de don Mariano San Ginés, hombre pudiente de la localidad en el que lo agasajaron de tal manera que «fue para mí como una sucursal de Lima». 44 Incluso le ofrecieron nuevas recomendaciones para los lugares que iba. 3.-En Algorta, en el País Vasco, recibió excesiva atención al punto que le recordó a los agasajos arequipeños. 4.-No pudo utilizar las cartas de recomendación en Madrid porque «la mayor parte de los personajes, estaban veraneando fuera de Madrid». 45 Las únicas cartas de recomendación que pude colocar fueron las que llevó para don Manuel Pardo y Salvador, primo hermano del que años después debía ser Presidente del Perú, y para el marqués de Oviedo. A fines del verano ya pudo utilizar sus cartas de recomendación, pues regresaban los ausentes. La primera que pudo entregar en mano propia fue la de Bretón de los Herreros (dramaturgo, poeta y periodista) que trabajaba como secretario de la Academia Española. La carta fue recomendada por el célebre literato peruano don Felipe Pardo y Aliaga. 5.-En Valencia, utilizó la carta de recomendación dirigida a don Carlos Flores, quien: Todas las tardes el buen señor acompañado de su mujer se iba a pasar la prima noche en el Cañameral con su familia, tocando antes en la fonda en su carrito 44 Ibídem, s/n. 45 Ibídem, s/n.
279 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 (coche de dos ruedas) para recogerme a mí, fineza que no cesó de repetir una sola vez. Un día comí con ellos en el Cañameral tomando el célebre arroz a la valenciana, que se hizo ex profeso en honor del huésped limeño. 46 Acá observamos la manera de agasajar a los recomendados, lo trataban como de la familia 6.- Otra carta estaba dirigida a don Ventura de la Vega y fue a su domicilio en Madrid a entregarlo, con quien hizo amistad al punto de ir vivir en un departamento de aquel edificio. Otra de las cartas de recomendación que entregó personalmente en Madrid estaba dirigida al General don Juan Zavala. 7.-Una carta de recomendación en Granada, dirigida a don Joaquín Fernández de Prada y Praga, que vivía en la calle de Mano de Hierro, número 12. Era familiar de don Antonio Fernández Prada de la hacienda Larán en Chincha, especializada en azúcar y algodón, que murió asesinado por sus negros en 1879. La relación entre hacendados de la costa es evidente, pues la familia de Pedro era dueña de una hacienda en Cañete. Le atendieron como un familiar, sin embargo, no fue suficiente para que le gustara la ciudad de Granada: Hallándose ausente de la ciudad, sus hermanas le hicieron venir del campo adonde estaba, y desde el día siguiente a su llegada se constituyó en mi perpetuo Cicerone. Todas las mañanas venía a la fonda en su cupé, y me llevaba a visitar las varias curiosidades de Granada. De noche volvía y pasábamos al teatro, al palco de otra hermana suya, casada, y con dos niñas muy lindas y un varón, que como una de las hermanas solteras, había nacido en Lima. 47 Los guías de viajes Personas que guían a otras, aparecen cuando hay afluencia de visitantes que se desplazan para visitar determinados lugares, considerados importantes, generalmente religiosos, pero también culturales. Fácil encontrarlos en lugares de alta frecuencia de 46 Ibídem, s/n. 47 Ibídem, s/n.
280 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 viajeros, en las estaciones y en los cruces de caminos, ellos mismos se ofrecían a llevar a los viajeros a una buena posada. Uno de los más antiguos que registra las fuentes es Poncios de Rocha, un guía, que acompañaba a los caballeros del Rosellón a Santiago de Compostela en el siglo XII. Asimismo en Venecia, el gobierno de la ciudad nombró a guías para servir a los peregrinos como intérpretes y para ayudarles a comprar sin que hubiese abuso. 48 Es decir, los guías también eran intérpretes. Los libros de viajes aconsejaban que en cada lugar se contratara una persona que acompañara al viajero y le indicara como llegar a lo que se quería visitar, fijando el pago de antemano. 49 A veces los guías eran amigos, contactos comerciales, mercantiles, a los que se les pedía atender a personas enviadas por su nombre a través de una carta de recomendación. Los libros de viajes o Guías aconsejaban los medios de transporte, los tipos de comidas, daban recomendaciones para evitar ser extorsionados, sobre el precio y calidad de fondas, 50 etc. Aparecieron diferentes tipos de libros de viajes, algunos eran diarios, otras más descriptivos, intimistas, ilustrados con dibujos. Destaca el libro de viajes de Richard Ford en el caso ibérico español como Hadndbook for travellers in Spain and Readers at home. Nuestro viajero nos indica que veía viajeros ingleses, utilizando los manuales de viajes de Murray y Hachette que orientaban como viajar, daban la cantidad en leguas de los lugares de un punto principal, aconsejaban sobre buenos vinos y donde comer bien, describían aspectos geográficos, históricos y arqueológicos de lugares por donde pasaban, haciendo comparaciones, e indicando las festividades. Los ingleses viajaban con un libro guía en la mano. Existía la asociación guía, forastero y limosna. Los niños españoles estaban acostumbrados a ver turistas con guías de viaje. A Edmundo Amicis, un viajero por Valladolid en 1871, un niño corriendo le dijo que le daría una limosna y ¿Por qué te la he de dar?, le dijo Amicis. El niño le contesto: «Porque tiene usted el libro”. Es decir, la guía que llevaba bajo el brazo. Su razonamiento 48 Novoa Portela, “Los viajeros de Dios en la Edad Media”, 2007, pp,186 y 190. 49 Laborda, Viajar en la España del Quijote, 2005, p. 21. 50 Díaz Pérez, Viajeras extranjeras en Castilla la Vieja y León, siglo XIX, 2008, p. XI. Francis Elliot, una viajera inglesa del siglo XIX, no dudó en dar consejos a los viajeros y recomendaba alojarse o no en fondas, dando nombres.
281 Número 41, diciembre 2018, pp.257-283 Paula Ermila Rivasplata Varillas El Grand Tour: características de un viaje decimonónico por Europa, según las memorias de un joven peruano en 1859 era los forasteros llevan la guía y son los que dan limosnas. 51 Asimismo, Frances Elliot, viajera por España, añade una anécdota acaecido en 1884 cuando una niña mendiga y lisiada le dice «Usted lleva un libro, señorita, aquellos que llevan libros son forasteros, dan limosna». 52 Generalmente los turistas se dejaban llevar por un guía al llegar a un puerto o estación hacia los distintos hoteles, se dejaban guiar a sitios históricos y arqueológicos por generosas propinas. No era un turismo de mochila, sino que estos viajeros tenían dinero y estaban acostumbrados a pagar propinas. Los museos y toros Había museos y se tenía que pedir permiso para entrar. 53 Los museos no estaban abiertos al público como hoy con un horario establecido. Existían, pero había que buscar al portero, al responsable o al director del museo local o galería de arte para abrirlo para que le enseñara los objetos de arte y hablara de ellos, si era un portero indudablemente había que pagarle, unos cuantos reales. Los guías o cicerones de los museos que eran los porteros guiaban los turistas, a los que se les debía dar los acostumbrados reales. Los inglesesme dijo la portera porque los cicerones se sirven de los juicios de los ingleses para expresar sus opiniones a veces las ideas más extravagantes) los ingleses dicen que no le falta más que el habla (de una escultura de la pasión a tamaño natural). 54 51 José García Mercadal, “Amicis, Edmundo. (1871)”, Viajes por España. Madrid: Alianza Editorial, 1972, p. 422. 52 Díaz Pérez, Viajeras extranjeras en Castilla la Vieja y León, siglo XIX, 2008, p. XIII. 53 García Mercadal, “Amicis, Edmundo. (1871)”, 1972, p. 428. 54 Ibidem, p 430.