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Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico

Gentile, Giovanni

Abstract

Traducción del capítulo dedicado a Vico del Manuale di letteratura italiana, compilado por los profesores A. D’Ancona y O. Bacci, nueva edición completamente rehecha, vol. III, Barbèra, Florencia, 1903, pp. 643-664. Fue publicado anónimamente, pero la correspondencia de Gentile con D’Ancona documenta su autoría. En la edición de las obras completas de Gentile ha sido reeditado en Frammenti di storia della filosofia, vol. I, a cargo de A.H. Cavallera, Le Lettere, Florencia, 1999, pp. 85-103. Acompañaba a cada perfil bio-bibliográfico una antología mínima particularmente representativa del estilo y pensamiento del autor presentado. En el caso de Vico, Gentile seleccionó 32 dignidades (axiomas) de la Ciencia nueva, que también incluimos traducidas al español.

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Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico – Bio-bibliographical Profile of Giambattista Vico – Profilo bio-bibliografico di Giambattista Vico – D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2022.i36.16 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) [207] Sevilla (España, UE). ISSN 1130-7498 e-ISSN 2697-0732 © de la presente traducción: Alfonso Zúnica García– D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2022.i36.16 PERFIL BIO-BIBLIOGRÁFICO DE GIAMBATTISTA VICO (1903) Giovanni Gentile (1875-1944) RESUMEN: Traducción del capítulo dedicado a Vico del Manuale di letteratura italiana, compilado por los profesores A. D’Ancona y O. Bacci, nueva edición completamente rehecha, vol. III, Barbèra, Florencia, 1903, pp. 643-664. Fue publicado anónimamente, pero la correspondencia de Gentile con D’Ancona documenta su autoría. En la edición de las obras completas de Gentile ha sido reeditado en Frammenti di storia della filosofia, vol. I, a cargo de A.H. Cavallera, Le Lettere, Florencia, 1999, pp. 85-103. Acompañaba a cada perfil bio-bibliográfico una antología mínima particularmente representativa del estilo y pensamiento del autor presentado. En el caso de Vico, Gentile seleccionó 32 dignidades (axiomas) de la Ciencia nueva, que también incluimos traducidas al español. PALABRAS CLAVE: Giambattista Vico, Giovanni Gentile, Biografía de Vico, Alessandro D’Ancona, Alfonso Zúnica [trad.]. ABSTRACT: Translation of the chapter dedicated to Vico in the Manuale di letteratura italiana, compiled by professors A. D’Ancona and O. Bacci, a completely revised new edition, vol. III, Barbèra, Florence, 1903, pp. 643-664. It was published anonymously, but correspondence between Gentile and D’Ancona proves that Gentile was the author. In the complete works edition of Gentile, it has been reprinted in Frammenti di storia della filosofia, vol. I, edited by A.H. Cavallera, Le Lettere, Florence, 1999, pp. 85-103. Alongside each bio-bibliographical profile, there was a particularly representative anthology of the style and thought of the presented author. In the case of Vico, Gentile selected 32 axioms from the New Science, which are also included here translated into Spanish. KEYWORDS: Giambattista Vico, Giovanni Gentile, Vico's Biography, Alessandro D'Ancona, Alfonso Zúnica [transl.]. PUBLICACIÓN ORIGINAL: GIOVANNI GENTILE, Giambattista Vico, en Manuale della letteratura italiana, compilado por los profesores A. D’Ancona y O. Bacci, nueva edición completamente rehecha, vol. III, Barbèra, Florencia, 1903, pp. 643-664; ahora en Frammenti di storia della filosofia, vol. I, a cargo de A.H. Cavallera, Le Lettere, Florencia, 1999, pp. 85-103. ––––––––––––––––––––– Agradecemos al Archivio Giovanni Gentile – Fondazione Roma Sapienza la autorización de la traducción y a la profesora Cecilia Castellani, directora del Archivo, su amable colaboración y mediación. Giovanni Gentile 208 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) ació en Nápoles el 23 de junio de 1668 1 de Antonio, librero modesto, y de Candida Masullo. En los primeros años fue, como él mismo dice en su autobiografía, «de gran vivacidad e inquieto» 2 , pero a los siete años se cayó de una escalera y se rompió los huesos del cráneo. El cirujano presagió que moriría o que, en caso de sobrevivir, quedaría idiota, «sin embargo el dictamen en ninguna de las dos partes, gracias a Dios, se verificó» (p. 81). Al contrario, Vico pensaba que «de la curada enfermedad provino que, en adelante, creciese con una naturaleza melancólica y áspera, cual debe ser la de los hombres ingeniosos y profundos» (p. 81). Él fue uno de los más grandes autodidactas que jamás ha habido; y con sus estudios solitarios pudo nutrir su ingenio con el alimento necesario para oponerse a las doctrinas difundidas en su época y elevarse al concepto de una ciencia que a alguno pareció el más singular anacronismo en la historia de las ideas 3 . Ya su primer profesor pudo descubrir «un muchacho maestro de sí mismo» (p. 82). De los maestros aprendió poco, impaciente de la lentitud con la que tenían que proceder en la docencia a causa de los sistemas escolásticos, a fin de atender a la capacidad de los demás estudiantes. Aprendió más de los consejos que le dieron en la dirección de sus estudios, indicándole autores y libros que estudiar, que de los pasos que le hicieron dar en cada disciplina. Entre sus profesores, un nominalista, el padre jesuita Antonio del Balzo, le indicó los escritos de lógica de Pietro Hispano y Paolo Veneto, tan agudos y sutiles que Vico se perdió en ellos. Desesperado, Vico abandonó ese y todo otro estudio durante un año y medio, hasta que, en ocasión de la restitución de una academia en Nápoles, en gran concurrencia de prestigiosos hombres, «fue sacudido por su ingenio a retomar el camino abandonado, y se puso de –––––––––– 1 . Y no de 1670 como dice el propio Vico al principio de su autobiografía. Cfr. Opuscoli di G.B. Vico, recogidos y publicados por C. A. DE ROSA, Tip. Porcelli, Nápoles, 1818, p. 169. [N. T.: Nosotros citaremos por la edición española G.B. VICO, Autobiografía de Giambattista Vico, edición de Moisés González García y Josep Martínez Bisbal, Siglo XXI de España, Madrid, 1998, indicando entre paréntesis la página. En concreto, esta cita se encuentra en la p. 81] 2 . Cuando no se indique otra fuente, todas las palabras entre comillas son de la Vita que Vico escribió de sí mismo. 3 . G. FERRARI, Prólogo a su edición de la primera Ciencia nueva. También B. Spaventa dijo que «Vico es un verdadero cometa entre los naturalistas y los matemáticos del siglo XVIII» (Prolusione e introduzione alle lezioni di filosofia, Vitale, Nápoles, 1862, p. 102). [N. T.: Para una edición más reciente, cfr. B. SPAVENTA, Opere, Sansoni, Florencia, 1972, vol. 2, p. 546. Ahora también en español en B. SPAVENTA, La filosofía italiana en sus relaciones con la filosofía europea. Lecciones II, VI y VII, trad. de A. Zúnica García, en Cuadernos sobre Vico, 34, 2020, p. 337]. Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 209 nuevo en marcha» (p. 84). Retomó los estudios filosóficos con otro jesuita, el padre Giuseppe Ricci, «hombre de agudísimo ingenio» (p. 85), y que ciertamente ejerció sobre él una influencia mucho mayor que Balzo. Este segundo maestro era escotista, es decir, seguidor de la filosofía que, entre las escuelas medievales, más se acercaba con su idealismo a la filosofía platónica, en la que la especulación viquiana siempre se inspiró. Pero, habiendo oído al propio Ricci alabar al jesuita español Francisco Suárez (del siglo XVI) como autor de una completa y clara Metafísica, el joven, siempre ávido de avanzar más rápidamente de lo que se podía en la escuela, abandonó también a Ricci y se encerró un año en casa para estudiar a Suárez. El padre pensó en encauzarlo por los estudios legales, y lo mandó a escuchar las clases de un profesor muy admirado en Nápoles. Pero tan solo dos meses después, Vico, ya acostumbrado al estudio de los principios universales, no pudiendo adaptarse al método práctico, puntilloso y mediocre que dicho maestro seguía, no quiso saber más del asunto porque «se daba cuenta de que no aprendía nada» y «no hacía otra cosa que ejercitar la memoria y que la inteligencia sufría la desgracia de estar desocupada» (p. 87); y pidió a su padre que obtuviese una copia de las Instituciones civiles de Ermanno Vulteio, obra que por casualidad había oído alabar a un profesor de la universidad. Y a partir de las obras de Vulteio y Canisio (autor de un tratado de Instituciones canónicas), que conjuntamente le fueron donadas por un doctor jurisconsulto, amigo de su padre, meditó por sí mismo los principios del derecho civil y del canónico; y después, sin preocuparse de otros estudios secundarios, que entonces formaban parte de la instrucción legal, quiso dedicarse a los tribunales. Con 16 años llevó y ganó un pleito que habían dirigido contra su padre, mereciendo por su discurso las alabanzas del viejo abogado que le había sido adversario. Durante ese mismo período se entretenía escribiendo versos, y obedeciendo al falso gusto de la época, «se desahogaba –como él dice– con las formas más corrompidas del poetizar moderno, que no se deleita con otra cosa que con desatinos y con lo falso» (pp. 89-90). No por nada treinta y dos años de su vida cayeron en el siglo XVII. Sin embargo, de esta primera forma suya de poesía no nos queda ningún ejemplo. Mientras tanto su delicada complexión empezaba a estar amenazada por la tisis, y su ánimo, ya sea por las débiles condiciones de su cuerpo ya sea por el deseo ardiente de continuar los estudios, aborrecía el estrépito del foro. Un docto obispo y jurista vino a saber por casualidad del gran valor de Vico, y le Giovanni Gentile 210 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) procuró la manera de poder recuperar la salud y continuar los estudios. Le dio la oportunidad de enseñar derecho a los hijos del marqués Rocca en Vatolla, un castillo en una zona muy amena de Cilento. Allí, tratado con mucho cariño, Vico pasó nueve años e «hizo la mayor parte de sus estudios» (p. 91) encerrado días enteros en la pequeña biblioteca de ese convento de los Menores Observantes. Profundizó principalmente su conocimiento del derecho y se metió, a través del derecho canónico, en las cuestiones dogmáticas y teológicas. La lectura de Valla lo condujo a un estudio más diligente del latín, comenzando por las obras de Cicerón. Los poetas latinos hicieron que empezase a desagradarle «su manera de poetizar moderna» (p. 93), y se dirigió a Dante, Petrarca y Boccaccio, alternando su estudio con el de los poetas latinos. Pero puesto que Horacio le enseñó que la materia más rica para la poesía es la dada por la filosofía moral, emprendió también el estudio de esta, comenzando por los griegos. La moral lo condujo a la metafísica. Y precisamente a causa de las exigencias de la moral, no satisfecho con la metafísica aristotélica que había aprendido con Suárez, se dirigió a la platónica. Y desde entonces, según Vico, se despertó en él «el pensamiento de meditar un derecho ideal eterno, que se cumpliría en una ciudad universal en la idea o diseño de la providencia, sobre cuya idea son después fundadas todas las repúblicas de todos los tiempos, de todas las naciones» (pp. 94-95). El ejemplo de Aristóteles y Platón lo llevaron a dedicarse a la geometría, pero encontró también este estudio «propio de los ingenios menudos» (p. 96), y no pasó de la quinta proposición de Euclides. En el poema de Lucrecio conoció la filosofía epicúrea, que antes de su partida de Nápoles se había puesto de moda por efecto de los libros de Gassendi; pero le pareció «filosofía para dar satisfacción a las cortas mentes de los niños, y a las débiles de las mujercillas» (p. 100). Tampoco lo atrajo la física experimental de Boyle, que también había adquirido enorme fama en Nápoles, porque se dio cuenta de que dicha disciplina nada podía aportar a la filosofía del hombre, que entonces cultivaba aprendiendo latín como apoyo a su estudio de las leyes romanas. Ni la física cartesiana pudo distraerlo ni desviarlo de la dirección que su pensamiento ya había tomado. También la física cartesiana adquirió poco después gran fama en Nápoles, y Vico la aprendió a través de una obra del cartesiano Regius. Estas físicas resultaban a Vico «como diversiones que apartaban su atención de las severas meditaciones de los metafísicos platónicos y le servían para que la fantasía se moviese libremente en los usos del poetizar» (p. Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 211 105). De hecho, a estos años pertenecen las tres canciones In lode di Massimiliano duca di Baviera, escritas a imitación de las tres hermanas de Petrarca, y publicadas por primera vez en Nápoles en 1694. Al volver a Nápoles, fue recibido como extranjero en su patria, ya que su cultura chocaba fuertemente con la que entonces se buscaba en la ciudad. Se sintió solo, pero contento de sí y bendijo el no haber tenido maestro en cuyas palabras hubiese jurado, y agradeció a aquellos bosques entre los cuales, guiado por su buen genio, había hecho la mayor parte de sus estudios, sin ningún apego de secta, ni tampoco a la ciudad en la que, al igual que con la moda en el vestir, se cambia cada dos o tres años de gusto literario (p. 108). Sin embargo, la ocasión de exponerse le llegó pronto; y fue una Recopilación de composiciones en honor del señor Conde de S. Stefano, virrey de Nápoles, que se publicó en Nápoles en 1696, y para la que Vico compuso una oración latina, que sirvió como dedicatoria del volumen. Dicha oración atrajo la atención de los literatos napolitanos sobre este oscuro autodidacta, como lo llamó uno de ellos. Publicó otra oración latina en una recopilación en memoria de doña Caterina de Aragón, madre del nuevo virrey de Nápoles, duque de Medinaceli 4 . En el año 1697 obtuvo la cátedra de retórica en la Universidad de Nápoles, con un sueldo de 1000 escudos anuales. El virrey fundó en Nápoles una academia, y Vico fue inscrito entre la «flor y nata de los literatos» (p. 112). Tácito y Platón habían sido hasta entonces sus dos autores predilectos, el primero porque «contempla al hombre como es; el segundo, como debe ser» (p. 114). En ese momento leyó las obras de Francis Bacon, y le pareció digno de estar junto a ellos por su De augmentis scientiarum. Y es que, en su docencia, Vico no se mantenía dentro de los estrechos límites de la retórica, sino que, especialmente en la oración que, como profesor de elocuencia le correspondía leer cada año para la apertura de los estudios, se deleitaba tratando argumentos universales. Leyó siete oraciones: en las seis primeras habló sobre los fines de los estudios; y en la segunda parte de la sexta y en la séptima, sobre el método de estudiar. La primera, leída el 18 de octubre de 1699, tenía por título Suam ipsius cognitionem ad omnem doctrinarum orbem brevi absolvendum maximo cuique esse incitamento 5 . Pero la más solemne e importante de –––––––––– 4 . Luis Francisco de la Cerda Aragón, noveno duque de Medinaceli, natural de El Puerto de Santa María (1660), grande de España, fue Virrey y Capitán General de Nápoles. [N. T.]. 5 . Fue publicada por primera vez en 1869, en el volumen de A. Galasso, que citaremos a Giovanni Gentile 212 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) todas fue la séptima, pronunciada el 18 de octubre de 1708 en presencia del virrey cardenal Grimani y publicada al año siguiente con una dedicatoria a Carlos de Austria con el título: De nostri temporis studiorum ratione. «Desde la época de la primera oración y por ella y por todas las otras que le siguieron [hasta la sexta], se ve claramente –dice el propio Vico– que en el ánimo de Vico se agitaba un cierto argumento nuevo y grande, que uniese en un solo principio todo el saber humano y divino» 6 . Pero la última es juzgada por el autor incluso como esbozo de una de sus obras posteriores más importantes. De hecho, en ella, son mencionadas y defendidas numerosas ideas fundamentales desarrolladas más tarde por Vico en sus escritos mayores 7 . En ella se demostró contrario a los métodos más difundidos en su época por efecto del cartesianismo y, por otro lado, del empirismo naturalista. Contra el primero propugnó los derechos de la síntesis constructiva del espíritu sobre el análisis o deducción 8 ; y contra el segundo reivindicó las razones de los estudios humanos e históricos. La idea importantísima es que la verdad es hecha por la mente, o como dijo Vico, que verum et factum convertuntur –donde se entrevé el principio del subjetivismo, que más tarde fue defendido por Kant– es una de las ideas principales del tratado que Vico publicó en 1710: De antiquissima Italorum sapientia ex linguae latinae originibus eruenda (en Nápoles, editor Felice Mosca). Debía estar formada por tres libros; pero el autor no cumplió, y publicó solo el primero, que contenía la metafísica. El segundo debería haber expuesto la lógica, y el tercero, la física 9 . En esta obra, como dice el propio –––––––––– continuación. [N. T.: «Que el propio conocimiento de sí le sirve a cada cual de máximo incentivo para completar, en breve, todo el orbe de las doctrinas»]. 6 . Los dos incisos son de Gentile. No he tenido acceso a la edición que él consultó (cfr. notas 1y 2), pero cabe señalar que tanto en la edición de Cristofolini (GIAMBATTISTA VICO, Opere filosofiche, Sansoni, Florencia, 1971, p. 24) como en la de Nicolini (GIAMBATTISTA VICO, Opere, Ricciardi, Milán-Nápoles, 1953, p. 39), en lugar del primer inciso se lee «e più di tutte per quest’ultima», refiriéndose a la sexta oración. Igualmente, la traducción española que citamos, realizada a partir de la edición crítica de Rita Verdirame, recita: «y por encima de todas por esta última» (p. 123). [N. T.] 7 . Para los conceptos pedagógicos expuestos en esta oración y en otros escritos de Vico, cfr. G.B. Gerini, Gli scrittori pedagogici italiani del sec. XVIII, Paravia, Turín, 1901; y del mismo autor, Le idee educative di G.B.V., nel «Nuovo Risorgimento» de Turín, VIII, 1898. 8 . Para la polémica de Vico con Descartes véase el artículo de Felice Tocco, Descartes jugé par Vico, en «Revue de morale et de métaphysique», julio 1896, pp. 568-572. 9 . Así lo afirma Gentile, pero en realidad el proyecto de Vico era un segundo libro de física y un tercero de moral. [N. T.] Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 213 título, el autor, sobre el ejemplo del Crátilo de Platón, se proponía hallar en las etimologías de ciertas voces latinas –por él juzgadas ricas de contenido filosófico– las doctrinas de una secta filosófica italiana, mucho más antigua que Pitágoras, es más, de la que la filosofía pitagórica no habría sido más que débil y lejano eco. Esta secta, florecida en Etruria, en las colonias fundadas – según Vico– por Egipto, habría contribuido a la formación de un lenguaje filosófico, del que habrían bebido aún más los pueblos cercanos a los etruscos, o sea, los del Lacio. Esta extraña hipótesis –que debe ser tomada más como una extravagancia erudita que como una seria tesis científica– fue combatida con buenas observaciones filológicas por un anónimo escritor del «Giornale dei Letterati d’Italia», que se publicaba en Venecia. Vico no se dio por vencido, por lo que de ahí nació una cortés discusión. Pero la verdadera confutación de su hipótesis la hizo el propio Vico en sus obras posteriores con la teoría sobre el origen de las lenguas 10 : donde sostiene que las lenguas son un producto de la fantasía, no de la razón. Por lo demás, esta hipótesis no es más que el marco del De antiquissima: cuya filosofía –que es en realidad la filosofía de Vico– si no resulta, como dijo Ferrari, una variante de la de Leibniz, ciertamente tiene bastantes parecidos e importantes puntos de contacto con la parte más vital del dinamismo y monadismo leibniziano. En la tercera parte del libro, es decir en la física, tendría que haber entrado el opúsculo De aequilibrio corporis animantis, que Vico escribió y quizás incluso publicó, pero que se ha perdido 11 ; y parece que desarrollaba un principio fisiológico análogo al del célebre médico escocés Brown. –––––––––– 10 . Cfr. B. Spaventa, Prolusione e introduzione alle lezioni di filosofia, Vitale, Nápoles, 1862, pp. 38-47. 11 . Vico habla de él en su Autobiografía, y Ferrari publicó su dedicatoria a Carlos Borbón entre sus Opuscoli. Cfr. BENEDETTO CROCE, La Critica, 1, 1903, pp. 299-300. [N. del T.: Las páginas de Croce citadas por Gentile corresponden a una reseña al libro de Nicola Ruggeri, Vincenzo Cuoco. Studio storico-critico con un’appendice di documenti inediti, L. Cappelli, Rocca S. Casciano, 1903. En dicha reseña, Croce enfrenta los testimonios contradictorios de Cuoco y Villarosa sobre el opúsculo viquiano en cuestión. El primero declara haberlo leído y poseer una copia; el segundo, en cambio, dice que se trata de un inédito. Croce remite el problema a la Bibliografia vichiana que estaba preparando; y efectivamente en ella reconstruyó la historia de las dos copias manuscritas de dicha obra, que Vico compuso «en pocos folios». Sin embargo, Croce no consigue determinar si Vico llegó a publicar el opúsculo, inclinándose mucho más por el no. Aun así, basándose precisamente en el testimonio de Cuoco, concluye que tuvo que publicarse póstumamente en una edición de poquísimos ejemplares. Sea como fuere, el opúsculo se ha perdido. Cfr. BENEDETTO CROCE, Bibliografia vichiana ampliada y rehecha por Fausto Nicolini, vol. 1, Ricciardi, Nápoles, 1947 pp. 122-124]. Giovanni Gentile 214 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) En 1716 publicó una obra histórica en latín, que le costó dos años de esfuerzo: la vida del mariscal Antonio Carafa (De rebus gestis Antonii Caraphei libri quatuor). La escribió a petición de un nieto del mariscal, alumno suyo, que le proporcionó toda la información y el dinero necesarios para la publicación, realizada con gran lujo (Nápoles, Mosca), además del pago de mil ducados. Probablemente solo por esta recompensa económica Vico asumió tan largo trabajo, que interrumpió sus estudios, ya que los escasos ingresos que le proporcionaba la cátedra no eran suficientes para el mantenimiento de la familia que había formado el 12 de diciembre de 1699, desposando a Teresa Caterina Destito, mujer de buenas costumbres, pero de ninguna cultura y de poquísimo ingenio. De ella tuvo cuatro hijos varones (uno de los cuales murió con pocos años y otro, Gennaro, sucedió en la cátedra universitaria al padre) y dos hijas. Sin embargo, para escribir esta obra histórica sintió el deber de leer el De iure belli et pacis de Grocio, que le pareció autor digno de ser añadido a Platón, Tácito y Bacon. Meditó durante largo tiempo este libro y empezó a anotarlo con vistas a una reimpresión; pero se detuvo «al reflexionar que no convenía a un hombre católico de religión adornar con notas la obra de un autor herético» (p. 135). El estudio de Grocio hizo progresar mucho al pensamiento de Vico, y en ese período sintió maduro el concepto del sistema que venía pensando desde hacía muchos años y que habría permitido conciliar la filosofía con la filología, la especulación con la historia. Lo esbozó en una oración leída para la inauguración de los estudios en 1719, que pareció tan presuntuosa como las famosas conclusiones de Pico della Mirandola. Por eso, Vico se dio prisa en escribir en 1720 un ensayo sobre ello (Sinopsis del derecho universal), que es como un resumen de la obra publicada el mismo año con el título De uno iuris principio et fine uno (Nápoles, Mosca) y de la otra que, con esta, forma una unidad: De constantia iurisprudentis (Nápoles, Mosca), publicada en 1721. Si las oraciones y la metafísica son los esplendores antelucanos de la Ciencia nueva, a la que quedará unido el nombre de Vico, esta obra sobre el derecho bien puede ser llamada el gran amanecer de esa espléndida jornada. El De uno es una filosofía idealista del derecho con especial consideración del derecho romano 12 . El De constantia está dividido en dos partes: una, de pocas –––––––––– 12 . Sobre esta obra cfr. C. GIANI, Dell’unico principio e dell’unico fine dell’universo diritto, opera di G.B. Vico trad. e commentata con l’aggiunta di appendici, Milán, 1855. Aparte de las demás traducciones citadas más abajo, débese recordar también la de C. SARCHI, Agnelli, Milán, 1864. [Ahora Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 215 páginas, intitulada De constantia philosophiae, recoge prácticamente los resultados de las investigaciones especulativas del De uno, y, ad firmandam iurisprudentis constantiam, demuestra qué conceptos de las más célebres escuelas filosóficas están de acuerdo con los principios del De uno, y cuáles en cambio son inconciliables con ellos. La segunda –que ocupa la mayor parte del libro– se llama De constantia philologiae, y versa, como confirmación de las doctrinas filosóficas ya establecidas, sobre la ciencia filológica, que encuentra en lo hecho los principios ideales del derecho, buscando las huellas de los orígenes y del desarrollo del mismo en las lenguas, en los mitos y en los más antiguos monumentos poéticos. En este libro, Vico, por primera vez en la historia, entiende y trata la filología del mismo modo en que la entendió Boeckh y se cultiva hoy en día, después de tanto progreso en las ciencias históricas, a saber, como conocimiento de todas las producciones pasadas del espíritu humano. Y tiene conciencia de la originalidad de su investigación. De hecho, el primer capítulo del De constantia philologiae se llama Nova scientia tentatur. Esta nueva ciencia tiene como fin, según él, el estudio de los principios de la humanidad (de principiis humanitatis) o sea, de los orígenes de la historia general de la civilización. En este estudio, el autor, clarificando los mitos y leyendas a la luz de un nuevo método crítico –que consiste en aplicar una nueva filosofía del espíritu a la interpretación de dichos productos fantásticos del pueblo–, hace, por decirlo con sus palabras, «muchos e importantes descubrimientos de cosas completamente nuevas y lejanas de la opinión de todos los sabios de todos los tiempos» (p. 139). Al publicarse la obra, se dijo que «no se entendía», y los que la alabaron, como el célebre Le Clerc, lo hicieron más porque estaban maravillados por la erudición y la novedad de las interpretaciones viquianas que no por la comprensión del profundo pensamiento que las animaba. Y Vico, aplicando sus cánones mitológicos a la crítica de Homero, comentó entonces ambos poemas homéricos e hizo que aparecieran «de forma distinta a aquella con la que han sido hasta ahora observados» (p. 141). Publicó el trabajo al año siguiente: Notae in duos libros, alterum de universi iuris principio, alterum de constantia iurisprudentis. –––––––––– también en español: GIAMBATTISTA VICO, El Derecho Universal, trad. del latín de Francisco J. Navarro Gómez, Anthropos, Barcelona 2009]. Giovanni Gentile 222 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) estaba convencido de que, cuando los escritores aparecieron, las instituciones y las creencias sociales ya estaban tan modificadas, las tradiciones de esos tiempos antiquísimos tan desfiguradas por los nuevos hechos, que no podían ni ser entendidas correctamente ni transmitidas por los escritores; pero al mismo tiempo estaba convencido de que las ideas de estos, como hijas en gran parte de los sucesos y de las doctrinas anteriores, debían conservar importantes huellas y características suyas. Vio a estos escritores como testigos, en parte prejuiciados, en parte desatentos, en parte desmemoriados, pero siempre testigos de hechos generales y relevantes; y como tales se puso a examinarlos. Haciendo poco caso a sus juicios y rechazando sus conclusiones, estableció unas normas para sacar otras conclusiones más fundamentadas a partir de sus revelaciones, por así decir, involuntarias. Se propuso derivar estas normas de las propiedades de la mente humana y de la experiencia de los hechos más conocidos. Y ciertamente, aun siendo mucho más vastas que fundadas, nunca son un engaño vulgar. Se preocupó por recoger de épocas lo más lejanas posible entre sí y de costumbres en apariencia diversísimas, elementos comunes en los puntos más importantes de la vida social; y así como en ocasiones fue agudísimo, en otras fue demasiado simple en la elección de estos elementos, arrastrado por esa unidad suya de mirada en torno al desarrollo de la naturaleza humana. De los siglos heroicos y del medievo, de las leyes y de las poesías, de los símbolos y de los monumentos, de etimologías que algunas veces son ingeniosas y verdaderos descubrimientos, pero a veces son arbitrarias y desmentidas por descubrimientos posteriores a él; de los ritos religiosos, de las fórmulas jurídicas y de las doctrinas filosóficas; de tiempos, de hechos, de pensamientos, en suma, desparramados, por así decirlo, en la vida del género humano, tomó de aquí y allí indicios que, para ser sinceros, demasiado pronto devienen en certeza en su mente. Pero cuando, tras haber demostrado la ambigüedad, la falsedad, la contradicción de las ideas comunes en torno al estado de la sociedad en una época oscura e importante, pone en su lugar una idea fundada en una nueva observación de los pocos hechos conocidos de dicha época, ¡cuántos errores destruye de un golpe! ¡Qué haz de verdades presenta en una de esas fórmulas espléndidas y potentes que son como la recompensa del genio que ha meditado largo y tendido! Y también cuando, o la escasez de conocimientos positivos, o el amor excesivo a algunos principios, o la confianza que nace en los ingenios acostumbrados a descubrir, lo transporta y lo detiene en opiniones evidentemente falsas y oscuras no por profundidad, sino por inexactitud de ideas y, por tanto, de expresiones, deja aun así un sentimiento de admiración y da todavía ejemplo de una Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 223 audacia que podría ser acertada con alguna condición más. Si no ha demostrado, como creía, una gran verdad, os hace sentiros transportados a esas regiones donde solo se puede esperar encontrarlas 23 . INDICACIONES BIBLIOGRÁFICAS Las Oraciones de Vico ya publicadas fueron recogidas por su sucesor en el cargo de historiógrafo real, FRANCESCO DANIELE: J.B. VICI, Latinae orationes nunc primum collectae, Neapoli, J. Raymundus, MDCCLXVI. Y una publicación conjunta de todos los Opúsculos, con numerosas e importantes aclaraciones, fue editada por C.A. DE ROSA, marqués de Villarosa, Nápoles, 1818-1823, 4 volúmenes. En 1835 se inició una edición de las Obras, a cargo de F. PREDARI, con notas críticas y aclaratorias (Bravetta, Milán), pero no se llegó a completar. Otra edición fue preparada al mismo tiempo por G. FERRARI, Classici Italiani, Milán, 1835-37, 6 volúmenes. Esta edición fue reeditada en Nápoles en la tipografía Jovene en 5 volúmenes entre 1840 y 1841, con el añadido al De uno iuris principio et fine uno de la traducción de E. AMANTE; y luego fue reimpresa en Milán, 1852-54. Una edición más completa fue hecha en Nápoles por F.S. POMODORO, en 7 volúmenes, Stamp. Classici Italiani e Fratelli Morano, 1858-1865 (contiene, además de la edición de Ferrari, la traducción italiana de las principales obras latinas, realizada por Pomodoro, la Sinopsis del derecho universal, los Razonamientos en torno a la ley de las XII tablas y la ley regia de Triboniano así como las Instituciones oratorias). Algunos Escritos inéditos de G.B. Vico, extraídos de un autógrafo del autor fueron publicados por G. DEL GIUDICE (tip. R. Università, Nápoles, 1862) y Cinco oraciones inéditas de G.B. Vico, extraídas de un manuscrito de la Biblioteca nacional por A. GALASSO (Morano, Nápoles, 1869). Sin embargo, una edición completa, correcta y metódicamente ordenada de todas las obras debe hacerse todavía. Una traducción literal de la Scienza nuova al alemán fue publicada por GUILLERMO ERNESTO WEBER en Leipzig en 1822. Una traducción al alemán de los escritos menores fue iniciada más tarde por C.E. MULLER, G.B. Vico’s kleine Schriften, Nuevo Brandeburgo, 1854, pero no parece que fuese más allá –––––––––– 23 . ALESSANDRO MANZONI, Discorso sopra alcuni punti della storia longobardica in Italia, cap. II, final; el texto ha sido recogido también en la Antologia della nostra critica letteraria moderna de L. Morandi, 13ª ed., Lapi, Ciudad de Castello, 1889, pp. 539 y ss. Giovanni Gentile 224 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) del primer volumen, que contenía el De uno iuris principio et fine uno. Una primera traducción de la Scienza nuova al francés fue hecha en 1827 por J. MICHELET, Principes de la philosophie de l’histoire, París Renourd. Sobre esta traducción véase el artículo de G. RICCI, en la «Antologia» de Florencia de 1828. Más tarde tradujo también la autobiografía y fragmentos de otros escritos: Mémoires de V. écrits par lui-même, suivis de quelques opuscules, lettres etc., précédées d’une introduction sur sa vie et ses ouvrages, Bruselas, Haumann et Cattoir, 1837. No se debe olvidar La Science Nouvelle trad. par l’auteur de l’Essai sur la formation du dogme catholique (CRISTINA TRIVULZIO, princesa de Belgiojoso), Renouard, París, 1844. Para la bibliografía crítica baste citar: JULES MICHELET, Discours sur le système et la vie de Vico (publicada en la trad. franc. de la Scienza nuova); N. SALA, Vita di G.B. V., «Giornale Arcadico» de 1830, vol. 48; G. FERRARI, La mente di Vico (Introd. a las Obras, Milán, 1836, vol. I; y el prólogo y aclaraciones a los siguientes volúmenes); trabajo rehecho en el vol. Vico et l’Italie, París, 1839; N. TOMMASEO, Studi critici, Andruzzi, Venecia, 1843; CRISTINA TRIVULZIO, princesa de Belgiojoso, Essai sur Vico, Milán, 1844, y en la trad. franc. de la Scienza nuova; GENNARO ROCCO, Elogio storico di G.B. Vico, Nápoles, 1844; EPIFANIO FAGNANI, Della necessità e dell’uso dalla divinazione testificati dalla Scienza Nuova di G.B. Vico, Alejandría, 1857, 2 volumi; B. SPAVENTA, Carattere e sviluppo della filos. ital. del sec. XVI sino al nostro tempo, Bolonia, 1860 (reimpreso en Scritti filosofici, ed. Gentile, Morano, Nápoles, 1901) y Prolus. e Introd. alle lez. di filos. nella Univ. di Napoli, Vitale, Nápoles, 1862 (lezioni II e VI); Osservazioni e giudizi di alcuni illustri italiani e stranieri sulle opere di G. B. Vico ora primamente raccolte, Jovene, Nápoles, 1863; C. CANTONI, G.B. Vico, Studi critici e comparativi, Civelli, Turín, 1867; P. SICILIANI, Sul rinnovamento della filos. positiva in Italia, Barbèra, Florencia, 1871; F. FIORENTINO, Lett. sopra la Scienza Nuova, en Scritti vari di lett. filos. e critica, Morano, Nápoles, 1876, pp. 161-211; y Manuale di storia della filos., parte III, cap. IX, Morano, Nápoles, 1881; A. GALASSO, Del criterio della verità nella scienza e nella storia secondo G.B. V., Hoepli, Milán, 1877; K. WERNER, Ueber G.B. V. als Geschichtsphilosophen u. Begründer der neueren ital. Philosophie, Viena, 1877, y G.B. V. als Philosoph u. gelehrter Forscher, Viena, 1879; FR. DE SANCTIS, St. della letter. ital., Nápoles, Morano, 1879, II, pp. 310-329; ROB. FLINT, Vico, Edinburgh and London, 1884 (trad. it. de F. FINOCCHIETTI, Florencia, 1888); F. PERERE, Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 225 Esame crit. dell’Assunto di G.B. V., Il ricorso che fanno le nazioni sopra la natura eterna dei feudi, en «Atti della R. Acc. di scienze mor. e pol. di Napoli», vol. XVIII, 1884; G. SOREL, Étude sur Vico, en «Devenir Social», 2, 1896; F. COSENTINI, La sociologia e G. B. Vico, Savona, 1899; GIOV. ROSSI, Il Pensiero di G. B. Vico intorno alla natura delle lingue e all’ufficio delle lettere, Salerno, 1901; B. CROCE, G.B. Vico primo scopritore della scienza estetica, Nápoles, 1901 (cfr. recensión de G. GENTILE, en «Rassegna crit. della letter. ital.», 6, pp. 254-265 24 ), trabajo incluido en Estetica come scienza dell’espressione e linguistica generale, Sandron, Palermo, 1902, Storia, capp. I-V. — Una Bibliografia vichiana, con información sobre todas las ediciones y traducciones de las obras de Vico y de la literatura crítica sobre Vico hasta 1903, está siendo ahora preparada por B. CROCE. DE LAS «DIGNIDADES» DE LA CIENCIA NUEVA 25 Vico llama dignidad, recurriendo a un término usado también por otros escritores de filosofía del siglo XVII y que es la traducción del término griego ὰξίωμα (de ἄξιος = dignus), lo que comúnmente en el lenguaje científico se llama axioma. Vico expuso estas dignidades, que son 114, por orden en el primer libro (Sobre el establecimiento de los principios) de la Segunda Ciencia Nueva, es decir en los Principios de Ciencia Nueva tal como fueron rehechos en la edición de 1730. Donde, después de haber esbozado en una Tabla cronológica el curso de la humanidad que habría de ser objeto de sus especulaciones, escribió: «Por tanto, para dar forma a las materias dispuestas a continuación [...] proponemos aquí los siguientes Axiomas o Dignidades, tanto Filosóficas como Filológicas, algunas pocas razonables y discretas peticiones, con unas cuantas aclaradas definiciones, que al igual que la sangre por el cuerpo, así deben circular por dentro y animar en todo esta Ciencia que razona sobre la Común naturaleza de las naciones». El capítulo que contiene estas proposiciones fundamentales, en la edición de 1744 tiene por título Sobre los elementos, pero en la edición de 1730 tenía el siguiente título: Axiomas o dignidades filosóficas y filológicas, definiciones y pocas discretas preguntas que deben ser los elementos de esta ciencia de –––––––––– 24 . Ahora en G. GENTILE, Frammenti di estetica e di teoria della storia, vol. 1, a cargo de H.A. Cavallera, (Opere, XLVII), Le Lettere, Florencia, 1992, pp. 60-72; y en español en Cuadernos sobre Vico, 36, 2022, infra. [N. T.] 25 . La presentación que sigue es de Gentile. En el Manuale se encuentra como primera nota a pie de página antes de la selección de dignidades en pp. 657-658. [N. T.] Giovanni Gentile 226 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) la humanidad, distinguiendo así las dignidades de las definiciones y de las razonables y discretas peticiones (postulados). Por otra parte, en el resto del capítulo y de la obra, todas estas tres especies de proposiciones son llamadas promiscuamente dignidades. Nosotros hemos elegido las treinta y dos más importantes y características respecto al pensamiento de Vico, indicando entre paréntesis y en números romanos el número que cada una ocupa en la obra; y hemos seguido la edición de 1744 hecha por Ferrari poniendo, como él, en nota las variantes de la edición de 1730 y reproduciendo escrupulosamente las particulares extravagancias ortográficas y de puntuación, así como el abundante uso de la cursiva querido por Vico: contribuyendo este particular a mostrar la singular fisionomía del escritor 26 . Por último, ayudará tener presente la clasificación de las dignidades hecha por el propio Vico a partir de la XXII, donde dice: «De todas las anteriores proposiciones, la I, II, III e IV dan los fundamentos de las Confutaciones de todo lo que hasta ahora se ha opinado en torno a los Principios de la Humanidad; las cuales toman de las inverosimilitudes, absurdos, contradicciones e imposibilidades de tales opiniones. Las siguientes, de la V hasta la XV, las cuales dan los fundamentos de lo Verdadero, servirán para meditar este mundo de naciones en su Idea Eterna, según esa propiedad de cada ciencia señalada ya por Aristóteles, que Scientia debet esse de Universalibus et Aeternis 27 . Las últimas, de la XV a la XXII, que dan los fundamentos de lo Cierto, se usarán para ver en hechos este mundo de naciones, tal como lo hemos meditado en idea, según el método de filosofar más cerciorado de Francis Bacon señor de Verulamio en las cosas naturales sobre las que trabajó en su libro Cogitata et Visa, aplicado a las Humanas Cosas Civiles». 1 (I). El Hombre por la indefinida naturaleza de la mente humana, cuando esta cae en la ignorancia, se hace regla del Universo. Esta Dignidad es la causa de esas dos costumbres humanas: una, que fama crescit eundo [la fama crece yendo]; la otra, que minuit praesentia famam [la presencia disminuye la fama]. Esta dignidad, habiendo hecho un larguísimo camino, es más desde el principio del mundo, ha sido la fuente perenne de todas las magníficas opiniones que hasta ahora se –––––––––– 26 . Para la traducción se ha mantenido el criterio editorial de Gentile respecto a las mayúsculas y las cursivas; no así para los signos de puntuación, pues complicaba ya en exceso la redacción en español. [N. T.] 27 . «La Ciencia debe versar sobre lo Universal y lo Eterno». [N. T.] Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 227 han tenido sobre las lejanísimas y desconocidas Antigüedades, por tal propiedad de la mente humana advertida por Tácito en la Vida de Agrícola con ese lema: omne ignotum pro magnifico est [todo lo desconocido se tiene por magnífico] 28 . 2 (II). Es otra propiedad de la mente humana, que cuando los hombres no pueden hacerse ninguna idea sobre las cosas lejanas y no conocidas, las estiman a partir de las cosas conocidas y presentes. Esta Dignidad señala la fuente inexhausta de todos los errores cometidos por todas las naciones y por todos los doctos en torno a los Principios de la Humanidad. Por eso, desde sus tiempos iluminados, cultos y magníficos, en los cuales empezaron las naciones a advertirlos y los doctos a razonar sobre ellos, han tenido en grande estima los Orígenes de la humanidad, que por naturaleza debieron ser pequeños, toscos y oscurísimos 29 . En este género se han de distinguir dos especies de Soberbias, que se han indicado antes, una de las Naciones y otra de los Doctos 30 . 3 (V). La Filosofía, para ayudar al género humano, debe elevar y sostener al hombre caído y débil, no retorcer su naturaleza ni abandonarlo en su corrupción. Esta Dignidad aleja de la escuela de esta Ciencia a los Estoicos, los cuales quieren la sedación de los sentidos, y a los Epicúreos, que los convierten en regla; y ambos niegan la Providencia: aquellos haciéndose arrastrar por el Destino, estos abandonándose a la Casualidad; y los segundos, opinando que las almas humanas mueren con los cuerpos. Ambos deberían ser llamados Filósofos Monásticos o solitarios. Esta Dignidad admite a los Filósofos Políticos y principalmente a los Platónicos, los cuales convienen con todos los legisladores en estos tres principales puntos: que se da Providencia divina; que se deben moderar las humanas pasiones y –––––––––– 28 . Este párrafo fue añadido en la edición de 1744. 29 . Edición de 1730: Esta misma Dignidad demuestra que la Soberbia es hija de la Ignorancia y del Amor propio, la cual nos hincha; por eso, en nosotros están demasiado asentadas las ideas que tenemos de nosotros mismos y de nuestras cosas, y con ellas como estúpidos miramos las cosas que no entendemos. 30 . Vico define (Dignidad III) la soberbia de las naciones recordando un dicho de Diodoro Sículo: «Que las Naciones o griegas o bárbaras han tenido la soberbia de haber encontrado antes que todas las otras las comodidades de la vida humana y conservar los recuerdos de sus cosas desde el principio del mundo». La soberbia de los doctos consistiría en la costumbre que «lo que ellos saben quieren que sea tan antiguo como el mundo» (Dignidad IV). Giovanni Gentile 228 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) hacer de ellas virtudes; y que las almas humanas son inmortales. Y en consecuencia esta Dignidad dará los tres Principios de esta Ciencia. 4 (VI). La Filosofía considera al hombre como debe ser; y, por eso, no puede ser de utilidad más que para los poquísimos que quieran vivir en la República de Platón, y no revolcarse en la hez de Rómulo. 5 (VII). La Legislación considera al hombre como es, para de él crear buenos usos en la sociedad humana. Así de la ferocidad, de la avaricia, de la ambición –que son los tres vicios que se encuentran en todo el género humano– hace la milicia, el comercio y la corte, y de ese modo, consigue la fortaleza, la opulencia y la sabiduría de las Repúblicas. Y de estos tres grandes vicios, que ciertamente destruirían la generación humana sobre la tierra, hace la Felicidad Civil 31 . Esta Dignidad prueba que hay Providencia Divina; y que ella es la Divina Mente Legisladora, la cual de las pasiones de los hombres todos dirigidos a su propia utilidad 32 , por las cuales vivirían como bestias en soledad, ha hecho los órdenes civiles, por los cuales viven en Sociedad Humana. 6 (VIII). Las cosas fuera de su estado natural ni se acomodan ni duran. Esta Dignidad por sí sola, puesto que el género humano, desde que se tiene memoria del mundo, ha vivido y vive decentemente en sociedad, determina la gran disputa, sobre la que los mejores Filósofos y los Teólogos Morales aún contienden con Carnéades escéptico y con Epicuro –ni tampoco Grocio ha sabido resolverla–, si hay derecho en la naturaleza o, lo que es lo mismo, si la naturaleza humana es sociable. Esta misma Dignidad, unida a la VII y a su Corolario, prueba que el Hombre tiene libre albedrío, pero débil, para hacer de las pasiones virtudes, pero que es ayudado por Dios de forma natural con la Divina Providencia y sobrenaturalmente por la Divina Gracia. 7 (IX). Los hombres que no saben lo Verdadero de las cosas, procuran atenerse a lo Cierto; para que, no pudiendo satisfacer el intelecto con la Ciencia, al menos la voluntad repose sobre la Conciencia. –––––––––– 31 . Estas últimas palabras desde «Y de estos tres» son un añadido de 1744. 32 . Edición de 1730: «hace la Justicia, para que con ella se conserve humanamente la generación de los hombres, que se llama Género Humano». Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 229 8 (X). La Filosofía contempla la Razón, de donde viene la Ciencia de lo Verdadero. La Filología observa la Autoridad del arbitrio Humano de donde viene la Conciencia de lo Cierto. Esta Dignidad en su segunda parte establece que los Filólogos son todos los Gramáticos, Historiadores, Críticos, que se ocupan del conocimiento de las Lenguas y de los Hechos de los pueblos: tanto en casa, como son las costumbres y las leyes; como fuera, como son las guerras, las paces, las alianzas, los viajes y los comercios. Esta misma Dignidad demuestra que les faltó la mitad tanto a los Filósofos, que no cercioraron sus razones con la Autoridad de los Filólogos, como a los Filólogos, que no se preocuparon por verificar sus autoridades con la Razón de los filósofos. Si lo hubiesen hecho, habrían sido mucho más útiles para Repúblicas y nos habrían precedido en la meditación de esta Ciencia. 9 (XI). El Arbitrio Humano, por su naturaleza incertísimo, se cerciora y determina con el Sentido común de los hombres en torno a las necesidades o utilidades humanas, que son las dos fuentes del Derecho Natural de las Gentes. 10 (XII). El Sentido Común es un juicio sin reflexión alguna, comúnmente sentido por todo un orden, por todo un pueblo, por toda una nación, o por todo el Género Humano. [...] 11 (XIII). Ideas uniformes nacidas en pueblos enteros que no se conocen entre sí tienen que tener un motivo común de verdad. Esta Dignidad es un gran Principio que establece que el Sentido Común del Género Humano es el Criterio enseñado a las naciones por la Providencia Divina para definir lo Cierto en torno al Derecho Natural de las Gentes; del cual las naciones se cercioran entendiendo las Unidades sustanciales de dicho Derecho, en las que, con diversas modificaciones, todas convienen. De ahí sale el Diccionario Mental que da los Orígenes a todas las diversas Lenguas articuladas y con el cual está concebida la Historia Ideal Eterna, que da la historia en el tiempo de todas las naciones. De dicho Diccionario y de dicha Historia se propondrán a continuación sus propias Dignidades 33 . –––––––––– 33 . La Dignidad XXII dice: «Es necesario que haya en la naturaleza de las cosas humanas una Lengua Mental común a todas las naciones, que entienda uniformemente la sustancia de las cosas que Giovanni Gentile 230 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) Esta misma Dignidad invierte todas las ideas que hasta ahora se han tenido en torno al Derecho Natural de las Gentes. Se ha creído que salió de una primera nación, de la cual las demás lo habrían recibido. En este error cayeron los Egipcios y los Griegos, los cuales vanamente se jactaban de haber diseminado la Humanidad por el Mundo. Ciertamente dicho error debió hacer creer que la Ley de las XII Tablas vino de los Griegos a los Romanos. Pero si así fuese, sería un Derecho Civil comunicado a otros pueblos por humana providencia y no un Derecho con dichas costumbres humanas ordenado por la Divina Providencia en todas las naciones. Esto sería uno de los perpetuos trabajos que se hará en estos Libros, a saber, demostrar que el Derecho Natural de las Gentes nació privadamente en los pueblos sin saber nada unos de otros; y que después con ocasión de las guerras, embajadas, alianzas, comercios se reconoció común a todo el género humano 34 . 12 (XIV). Naturaleza de cosas otra cosa no es que nacimiento de ellas en ciertos tiempos y de ciertas maneras, las cuales siempre que son tales, tales y no otras nacen las cosas. 13 (XV). Las propiedades inseparables de los sujetos deben ser producidas por las modificaciones o maneras con las que las cosas han nacido; por lo que nos pueden verificar que tal y no otra es la naturaleza o nacimiento de dichas cosas. 14 (XVI). Las Tradiciones Vulgares deben haber tenido motivos públicos de verdad, por eso nacieron y se conservaron en pueblos enteros por largos espacios de tiempo. [...] 15 (XVII). Los hablares vulgares deben ser testimonios más graves que las antiguas costumbres de los pueblos, que se celebraron en el tiempo en que se formaron las lenguas. 16 (XXXII). Los hombres ignorantes de las causas naturales que producen las cosas, cuando no las pueden explicar ni siquiera a través de cosas similares, –––––––––– se pueden obrar en la vida social y la explique con tantas diversas modificaciones cuantos diversos aspectos puedan tener dichas cosas. Lo experimentamos como verdadero en los proverbios, que son máximas de sabiduría vulgar entendidas en la sustancia de igual modo por todas las naciones antiguas y modernas, pero expresadas en tantos diversos aspectos cuantas ellas son». 34 . Todo este párrafo y las últimas palabas del anterior (desde «De dicho Diccionario») son un añadido de 1744. Perfil bio-bibliográfico de Giambattista Vico Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 231 dan a las cosas su propia naturaleza: como el vulgo, por ejemplo, que dice que la calamita está enamorada del hierro. Esta Dignidad es una particularidad de la primera, que la mente humana por su indefinida naturaleza, cuando cae en la ignorancia, se hace regla del universo en torno a todo aquello que ignora 35 . 17 (XXXIII). La Física de los ignorantes es una Vulgar Metafísica, con la que reconducen las causas de las cosas que ignoran a la voluntad de Dios, sin considerar los medios de los que la voluntad divina se sirve. 18 (XXXV). La Maravilla es hija de la Ignorancia; y cuanto mayor es el efecto admirado, tanto más crece en proporción la maravilla. 19 (XXXVI). Tanto más robusta es la Fantasía cuanto más débil es el Raciocinio. 20 (XXXVII). El más sublime trabajo de la Poesía es dar sentido y pasión a las cosas insensibles 36 ; y es propiedad de los niños tomar entre sus manos cosas inanimadas y, jugueteando, hablarles como si fuesen personas vivas. Esta Dignidad filológico-filosófica demuestra que los hombres del mundo infantil fueron por naturaleza sublimes Poetas. 21 (XLVII). La Mente Humana está naturalmente inclinada a deleitarse en lo Uniforme. Esta Dignidad, a propósito de las Fábulas, se confirma por la costumbre que tiene el Vulgo de inventar fábulas adecuadas sobre hombres en una u otra parte famosos, imaginándolos en tales o tales circunstancias para lo que en dicho estado les conviene. Dichas fábulas son verdades en idea en conformidad al mérito de aquellos de los que el vulgo las imagina; pero son falsas en hechos, en la medida en que no se dé a su mérito aquello de lo que son dignos. En consecuencia, si se piensa bien, lo Verdadero Poético es un Verdadero Metafísico, a cuya comparación lo Verdadero físico que no se le conforme debe tenerse por falso 37 . De lo cual se deriva esta importante consideración en razón poética, que el verdadero Capitán de guerra, por ejemplo, es el Gofredo que imagina –––––––––– 35 . También este párrafo fue añadido en la edición de 1744. 36 . El resto de esta Dignidad es un añadido de 1744. 37 . Lo que sigue también fue añadido en 1744. Cfr. con esta Dignidad la carta de Vico a Francesco Solla del 12 de enero de 1729.