China post-covid: de la charming offensive a la wolf warrior diplomacy
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01 Editorial política y economía 03 ¿Cómo no pediros perdón? El espanto de Moria, Lesbos, por Emmanuel Buch 05 La dulce militancia, por Carlos Díaz 06 Ser humano: ¿naturaleza o cultura?, por Federico Velázquez de Castro 07 Después de la pandemia, ¿qué mundo queremos construir?, por José M. Domínguez de la Fuente 10 ¿Qué son los acuerdos de Cotonú, vigentes hasta diciembre de 2020, y cuya renegociación está en marcha?, por José Antonio Barra pensamiento 13 A vida o muerte, por Antonio Calvo 15 Acojamos al migrante: una mirada desde el derecho, por Jorge A. Benítez, Gabriela E. Armijos, Maurad A. del Rocío Correa obituario 17 José Jiménez Lozano, por Carmen Herrando oficio de escribir 21 Cuaderno del fuego, por José Ángel Losada 23 Fragmentos cotidianos del cuidado, por Antonio J. Caballero 24 A las puertas de la noche, por Antonio Calvo 25 rincón bibliográfico presentación 28 Itinerario de una enfermera en tiempos de la COVID-19 encarna ayuso 29 Breve decálogo: homo homini virus carlos díaz 32 La vulnerabilidad de nuestra sociedad félix garcía moriyón 34 De la política como epidemia a la epidemiología como política luis ferreiro 38 Economía en tiempo de coronavirus josé manuel garcía de la cruz 45 Pandemias y medio ambiente. ¿Es el virus el hombre? Lecciones de una crisis federico velázquez de castro gonzález 49 China post-covid: de la charming offensive a la wolf warrior diplomacy mar llera 54 Un enfoque espiritual de la pandemia luis maría salazar 57 Reflexiones en el cementerio en los días del COVID-19 ricardo de luis carballada 60 Libro del trimestre: Pandemocracia. Una filosofía de la crisis del coronavirus, de Daniel Innerarity josé antonio fernández 62 as epidemias son episodios que sobrevienen a un pueblo (epi-demos) por causas que pueden ser externas, las pandemias (pan-demos) son aquellas afectan a todos los pueblos. Producen un número de enfermos o muertos muy superior al habitual por esa causa. Con frecuencia llegamos a creer que nos vienen de fuera, como un mal que no merecemos, sin culpa, como algo injusto. Nos convencemos de que estamos ante lo nunca visto, lo nuevo ocupa toda nuestra atención y lo viejo desaparece del campo de la conciencia. Por eso somos hipersensibles al nuevo virus, mientras que nos habituamos a otros que conviven con nosotros hace mucho. Así ha ocurrido con el SIDA, el virus terrorífico en los años ochenta ha pasado a ser un parásito doméstico. No es que hayamos domesticado al virus, pero sí nuestro miedo. El agresor externo, por una especie de entente cordiale, se convierte en nuestro inquilino: la epidemia se convierte en endemia (en-demos), es interior al pueblo. Entonces, las voces que clamaban se calman, se acostumbran al mal, se convierten en almas habituadas, esas que para Péguy eran mucho peores que las almas perversas, puesto que no hacen el mal, pero tampoco lo resisten ni se rebelan contra él y lo combaten, simplemente se acomodan a él y acuerdan un pacto para no dañarse mutuamente. Continúa en la página siguiente Epidemias, endemias y justicia ANÁLISIS «El acontecimiento será nuestro maestro interior». Emmanuel Mounier (1905-1950) COVID-19: nuestra peste Editorial luis ferreiro, director de acontecimiento SECCIONES PRÓXIMOS NÚMEROS 2015 • xxs Revista de pensamiento personalista y comunitario órgano de expresión del instituto e. mounier edita: Fundación E. Mounier c/ Melilla, 10 - 8.º D 28005 Madrid 91 473 16 97 http://www.mounier.es Periodicidad: trimestral ISSN: 1698-5486 Depósito legal: M-3.949-1986 diseño y producción: La Factoría de Ediciones 91 452 94 17 [email protected] impresión: Villena Artes Gráficas consejo de redacción director: Luis Ferreiro secretario: Fernando Soler [email protected] Luis Capilla Carlos Díaz José Antonio Fernández Teófilo González Vila (†) Carmen Herrando José M. Linares Poveda Julia Pérez Ramírez Ricardo de Luis Carballada Félix García Moriyón José Manuel Alonso PRÓXIMOS NÚMEROS • El medio ambiente • Verdad y mentira 2020 1 134 año xxx vi
54 Análisis 134 MAR LLERA Universidad de Sevilla CHINA POST-COVID: DE LA CHARMING OFFENSIVE A LA WOLF WARRIOR DIPLOMACY La irrupción del coronavirus ha confinado a la diplomacia china en el frágil vagón de un carrusel donde las remontadas son precedidas y seguidas de dramáticos giros o de acelerados descensos. Cuando a comienzos de año el mundo contemplaba expectante la gestación de la crisis y observaba las imágenes fantasmagóricas de un Wuhan de níveas escafandras y avenidas desiertas, pocos imaginaban lo que vendría después. Nuestros periodistas optaron por destacar la inusitada transparencia del régimen y su celeridad para combatir la epidemia, amonestando a la opinión pública contra la tentación de caer en una xenofobia simplificadora y racista. Más tarde, la expectación se transformaba en admiración de la mano de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que, tras haberse resistido a reconocer la gravedad de la amenaza, encomiaba a China por su decidida respuesta. Algunos párrafos del informe publicado a finales de febrero revelan sin disimulos su complicidad con el Consejo de Estado y el Comité Central del Partido Comunista Chino (prominente mecenas de la organización), a quien se alaba como modelo a seguir en la contención del virus. Entre otras cosas, se constata la agilidad con que China pasó de la primera fase de reconocimiento de la enfermedad y su inclusión en el repertorio nacional de patologías infecciosas (20-En-2020), a la orden gubernamental de reinicio de la actividad industrial, tan sólo un par de semanas más tarde (8-Feb-2020). Desde tales premisas, los aliados del gigante asiático en la prensa internacional han enfatizado repetidamente su coraje al priorizar la salud pública sobre los intereses del mercado, así como su eficiencia al construir infraestructuras sanitarias, aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías en beneficio de la sociedad, impulsar la investigación del genoma del virus y avanzar hacia una vacuna. Esta «ofensiva encantadora» (charming offensive), característica de la estrategia de beneficios compartidos (win-win) con que China ha seducido al mundo en la última década, se ha visto reforzada por una ostentosa diplomacia humanitaria. Ante el repliegue proteccionista de Trump y la división de la Unión Europea, Pekín intenta capitalizar la crisis que ella misma ha provocado, facilitando asesoramiento técnico y material sanitario a los países afectados, comenzando por Italia y España. El movimiento filocomunista Cinco Estrellas, que hace un año comprometió al estado italiano en la nueva Ruta de la Seda pese a los recelos de Europa, ha acogido la «solidaridad» china con tanta presteza como el presidente español Pedro Sánchez, sin detenerse a considerar que podría tratarse de un regalo envenenado. En este punto conviene recordar los intereses chinos sobre el mercado tecnológico 5G, que Huawei tiene vetado en Estados Unidos y una parte del Viejo Continente por razones de seguridad. Entretanto, las poblaciones de Hong Kong y Taiwán —que China considera «provincias rebeldes»-—han mantenido un elocuente escepticismo: «No creemos la narrativa de Pekín sobre el coronavirus. Tampoco sus cifras. Sabemos que nos están mintiendo». Esta certeza ha ido confirmándose de modo progresivo a medida que los ciudadanos continentales, avezados en burlar la …los ciudadanos continentales, avezados en burlar la censura, han logrado filtrar sus relatos en redes sociales y publicaciones disidentes. Allí se habla de los desahuciados por la eugenesia comunista, los confinados sin apenas recursos para sobrevivir, los incinerados precipitadamente y la anónima multitud de los desaparecidos por obra y gracia de la ingeniería contable.
Análisis 134 alertaron sobre problemas de seguridad en un laboratorio de Wuhan. Al parecer, varios científicos estadounidenses visitaron sus instalaciones y mantuvieron encuentros con Shi Zhengli, responsable de un proyecto de investigación sobre el coronavirus en murciélagos, probablemente pertenecientes a la misma población que dio origen al SARS en 2003. La irrupción en este escenario del Nobel de Medicina Luc Montagnier y sus polémicas declaraciones, ampliamente secundadas, pero también contestadas, ha añadido ruido a la controversia. No podemos tener ninguna certeza definitiva al respecto; ahora bien, existen evidencias innegables. La primera de ellas es que Montagnier NO sostiene que el virus fue creado en un laboratorio chino. De hecho, ha insistido en que como científico no le corresponde hacer ese tipo de juicios. Por tanto, las publicaciones anti-bulo que le atribuyen aseveraciones falsas constituyen ellas mismas un bulo. El Nobel francés únicamente ha asegurado que el análisis del genoma Covid-19 revela la manipulación de ciertas secuencias y la inserción de pequeños fragmentos del virus VIH (que él conoce mejor que nadie, porque fue su descubridor). Obsérvese que esta afirmación es compatible con la tesis —ampliamente compartida por la comunidad científica— acerca del origen natural del virus, ya que —en palabras del propio Montagnier— un amplio porcentaje del mismo no ha sido manipulado y pertenece a la conocida familia de los coronavirus. Por tanto, quienes subrayan este último punto y señalan a los murciélagos como portadores de la enfermedad, no sólo no contradicen al Nobel, sino que en cierto modo refuerzan las sospechas contra el laboratorio de Wuhan y el equipo de Shi Zhengli, anteriormente mencionadas. Además, nada excluye la posibilidad de que algún animal infectado en el laboratorio infectara a otro (u otros) en libertad, y que un animal enfermo acabara en el estómago de alguna serpiente comercializada en el mercado de Wuhan, como apunta la hipótesis que se ha barajado desde el principio. En definitiva, podría suceder que en esta polémica todos tuvieran razón, aunque sostengan puntos de vista diferentes. De hecho, nuestro sistema sanitario dispone de evidencias adicionales en línea con las investigaciones de Montagnier. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) acaba de lanzar un ensayo clínico pionero que evalúa el uso de antirretrovirales e hidroxicloroquina para prevenir la Covid-19. El proyecto se apoya en los resultados alcanzados con el primer paciente hospitalizado en Sevilla, que la prensa publicitó en estos términos: «Un medicamento contra el SIDA cura a un paciente de coronavirus». censura, han logrado filtrar sus relatos en redes sociales y publicaciones disidentes. Allí se habla de los desahuciados por la eugenesia comunista, los confinados sin apenas recursos para sobrevivir, los incinerados precipitadamente y la anónima multitud de los desaparecidos por obra y gracia de la ingeniería contable. El inicio de abril ha quedado marcado por una revelación crucial: un informe clasificado de los servicios de inteligencia estadounidenses, que acusan a China de falsificar los datos sobre el impacto de la epidemia y retrasar deliberadamente su reconocimiento, lo que ha favorecido la expansión del virus. A similar conclusión han llegado el Reino Unido, por una parte, y la Comisión Europea, por otra. Paralelamente, van tomando cuerpo las sospechas en torno al origen deliberado del virus. Los rumores apuntan al Instituto de Virología de Wuhan, cuyos protocolos de seguridad fueron calificados como deficientes por una delegación estadounidense que visitó el laboratorio a comienzos de 2018. En esta coyuntura, Pekín no ha demorado su contraofensiva propagandística, culpando al ejército estadounidense de haber creado y exportado la enfermedad a China por motivos de rivalidad geoestratégica. A principios de marzo, el portal contrainformativo canadiense Global Research, se hacía eco de esta perspectiva en un ambiguo artículo firmado por un ex-agente de la CIA, Philip M. Giraldi. En el frente opuesto, varias cadenas europeas de televisión –—entre ellas una italiana— rescataban de sus archivos antiguos reportajes sobre inquietantes experimentos con virus de la familia SARS en murciélagos, por parte de ciertos laboratorios chinos. Simultáneamente, Donald Trump animaba a denominar al patógeno «el virus de Wuhan», y en España, Santiago Abascal, de la formación Vox, recogía su testigo. Así ha fraguado la actual batalla por el poder sobre la opinión pública internacional en torno al origen de la Covid, una auténtica guerra de narrativas. La revista The Economist ha añadido otra pieza al puzzle en esta conflagración de sospechas recíprocas al revelar que el ya mencionado laboratorio de Wuhan contaba con la colaboración de científicos italianos y norteamericanos para desarrollar experimentos sobre la «ganancia de función» de ciertos virus. Esto consiste, ni más ni menos, que en incrementar la peligrosidad de ciertos patógenos (haciéndolos más fácilmente transmisibles y más resistentes a los antibióticos), con la esperanza de obtener así un mayor conocimiento sobre ellos y desarrollar productos farmacéuticos para combatirlos. Por su parte, el Washington Post ha publicado información pormenorizada en torno a los cables del Departamento de Estado norteamericano que en 2018 55
Análisis 134 Si de lo que se trata es de desmentir aseveraciones sin fundamento, recomiendo el artículo de Charles Calisher y sus compañeros en la revista The Lancet, ampliamente citado, para «combatir la desinformación y las teorías conspiratorias» sobre los orígenes de la pandemia. Porque contra lo que cabría esperar no se trata de un texto científico, sino de un simple manifiesto de apoyo a la comunidad científica china, donde se incluyen afirmaciones tan discutibles como ésta: la comunicación de datos sobre el coronavirus ha sido «rápida, abierta y transparente». Más «científico» nos parece el presidente Emmanuel Macron cuando ha declarado al Financial Times que «no hay comparación entre los países donde la información fluye libremente y aquellos donde se suprime la verdad. Por tanto, no seamos tan ingenuos como para decir que China lo ha hecho mejor. No lo sabemos. Lo que está claro es que han sucedido cosas que no sabemos». La actual coyuntura está provocando un cataclismo en el mapa de las relaciones internacionales y las alianzas geoestratégicas: el mundo se replantea su relación con China. La pandemia ha pues- to en cuarentena el Beijing Consensus, que hasta ahora se promocionaba como alternativa al Consenso de Washington. «Nadie puede pensar que, una vez superada la crisis, nuestra política hacia Pekín va a ser la de antes» —ha explicitado el entorno de Boris Johnson. Este distanciamiento se alimenta, además, paradójicamente, de la feroz contraofensiva china, que ha sustituido su tradicional charming offensive por una wolf warrior diplomacy. El gigante asiático comienza a revelar al mundo el auténtico rostro de su dictadura. Un área donde la confrontación se manifiesta particularmente intensa son las negociaciones en torno al mercado 5G. «¿Se imaginan ustedes que ahora los vehículos alemanes sean considerados inseguros por las autoridades chinas?» —ha interrogado sarcásticamente el embajador chino en Berlín durante un evento mediático. El motivo de esta velada amenaza es que Alemania —a la vez que Francia y Reino Unido— está sopesando sus relaciones con Huawei, tras considerar demostrado que China ha orquestado una campaña para diluir su responsabilidad. En este sentido, Joseph de Weck, del Foreign Policy Research Institute, observa que al régimen le está saliendo el tiro por la culata. Botón de muestra ha sido la protesta del ministro de exteriores francés, Jean- Yves Le Drian, contra la embajada china en París por acusar de mentirosos a los periodistas que cuestionan las estadísticas chinas, y calificar de racistas a un grupo de parlamentarios franceses que recelan del director de la OMS. Por su parte, Australia ha solicitado a la comunidad internacional una investigación independiente sobre el origen de la pandemia. Y ante las advertencias del embajador Cheng Jingye sobre posibles represalias económicas, la ministra de exteriores Marise Payne ha reiterado su demanda. Ésta es también secundada por Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que en marzo publicó un informe sobre la actual campaña de desinformación en torno a la Covid impulsada por Moscú y por Pekín. A este respecto, Josep Borrell, Al- to Representante de Política Exterior de la Unión Europea, ha admitido recibir presiones de China para suavizar el informe, aunque asegura que no ha habido cesiones. El coronavirus no sólo ha acabado con decenas de miles de vidas en todo el planeta. Ha acabado también con el mundo que conocíamos. A partir de ahora van a cambiar muchas cosas, no todas para bien. Pero al menos en relación con China, estamos más cerca de la verdad que antes. Llegados a este punto y a modo de conclusión, recomiendo la carta abierta de Julian Reichelt, redactor jefe de Bild, al presidente chino: «You are endangering the world». La actual coyuntura está provocando un cataclismo en el mapa de las relaciones internacionales y las alianzas geoestratégicas: el mundo se replantea su relación con China. La pandemia ha puesto en cuarentena el Beijing Consensus, que hasta ahora se promocionaba como alternativa al Consenso de Washington. «Nadie puede pensar que, una vez superada la crisis, nuestra política hacia Pekín va a ser la de antes» —ha explicitado el entorno de Boris Johnson. 56