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La parábola de la ciudad destruida: renacimiento, tradición y modernidad

León Florido, Francisco

Abstract

Los cambios filosóficos que implica la modernidad en la cultura occidental se orientan hacia un ideal práctico. La ruptura entre conocimiento y moral conduce a una tendencia de la tecnificación del saber y el dominio de los saberes puramente lingüísticos. la ciudad moderna constituye una nueva realidad inventada que arrasará la realidad construida. Buscará no obstante sus fuentes de renovación utópica en el pasado y la polis platónica. Pero el uso del pasado, desde el Renacimiento será puramente retórico: figuras de/lenguaje sin contenido que se abren a un espacio de lo caótico, de intenciones sin fines.

Full text

LA PARÁBOLA DE LA CIUDAD DESTRUIDA Renacimien o, T adición y Mode nidad F ancisco León Flo ido Los cambios ilosó icos que implica la mode nidad en la cul u a occi- den al se o ien an hacia un ideal p ác ico. La up u a en e conoci- mien o y mo al conduce a una endencia de la ecni icación del sabe y el dominio de los sabe es pu amen e lingüís icos. la ciudad mode na cons i uye una nue a ealidad in en ada que a asa á la ealidad cons uida. Busca á no obs an e sus uen es de eno ación u ópica en el pasado y la polis pla ónica. Pe o el uso del pasado, desde el Renacimien o se á pu amen e e ó ico: igu as de/lenguaje sin con e- nido que se ab en a un espacio de lo caó ico, de in enciones sin ines. A in de ilus a su con icción de que pa a llega a la e dad hay que inicia el camino del pensamien o desde sus o ígenes, Desca es u iliza en su Discu so del mé odo ' la imagen de una ciudad que ha de se des uida has a sus cimien os, pa a le an a o a en su luga con edi icios cons uidos según un nue o p oyec o. Así emos -dice Desca es- que los edi icios que un solo a qui ec o ha comenzado y ema a- do suelen se más he mosos y mejo o denados que aquellos o os que a ios han a ado de compone y a egla , u ilizando an iguos mu os cons uidos pa a o os ines. Es as iejas ciu- dades, que no ue on al p incipio sino aldeas, y que con el anscu so del iempo han llegado a se g andes u bes, es án, po lo común, muy mal azadas y acompasadas, si las compa a- mos con esas o as plazas egula es que un ingenie o diseña, según su an asía, en una llanu- a; y aunque conside ando sus edi icios uno po uno encon a emos a menudo en ellos an o más a e que en los de es as úl imas ciudades nue as, sin emba go, iendo cómo es án a e- glados, aquí uno g ande, allá o o pequeño, y cómo hacen las calles cu as y desiguales, di ía- se que más bien es la o una que la olun ad de unos homb es p o is os de azón la que los ha dispues o de esa sue e. Y si se conside a que, sin emba go, siemp e h.a habido unos o i- ciales enca gados de cuida de que los edi icios de los pa icula es si an al o na o público, bien se econoce á cuán di ícil es hace cumplidamen e las cosas cuando se abaja sob e lo hecho po o os. - IX - 9 ASTRAGALO, 08 (1998) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1998.i08.04 P o eso de iloso ía y esc i o lO Es e ex o ca esiano puede conside a se una pa ábola del ánsi o del pensamien o adicional a la mode nidad. Apa ecen en él, en e ec o, los p o agonis as de es a ansición in e ac uando mo almen e. La ciudad o uosa medie al, p oduc o de sucesi as adiciones o gánicas que la do aban de una ex ema complejidad, ce ada y sepa ada del en o no po una mu alla a modo de memb ana, ha de se asolada, dejando en su luga sólo el espacio abie o ex endido has a el in i- ni o. Sob e es e suelo acío y homogéneo hay que aza , según un plan geomé ico, la nue a ciudad p oyec ada me ódicamen e. El a í ice de la magna ob a se á uno solo, un a qui ec o, un ingenie o u banis a, do ado con el pode omnímodo que le o o ga no ene que con a con la ea- lidad cons uida. El a qui ec o de la uni ocidad puede in en a la ealidad. Y es e a qui ec o es el nue o ilóso o mode no, Desca es mismo, el A is ó eles de la mode nidad. El pensamien o de la nue a época se inicia, po an o, con la exigencia de la des ucción de lo cons uido, de la es e ilización del espacio, de la simpli icación, de la educción de la comple- jidad. Sólo así es posible que la ealidad sea la imagen exac a de la es uc u a geomé ica o ja- da en la men e del a qui ec o y azada sob e los planos. Las e e encias de es e cuad o a la eo- logía c í ica de los pos escolás icos son demasiado e iden es como pa a se pasadas po al o. Y, sin emba go, es e pa alelismo ha sido a menudo desp eciado, cuando se ha conside ado el ca - esianismo como la ulgu an e apa ición de un a o ma nue a de pensamien o en que el homb e y la ciencia se hab ían libe ado po in de las cadenas que los habían ap isionado du an e los siglos de oscu idad medie al. El Ba oco se ía el sal ado de la cul u a humanís ica y el Renacimien o su p o e a. Las e lexiones que siguen a a án de p esen a un plan eamien o c í- ico de las elaciones en e adición, enacimien o y mode nidad, que apa ecen en la pa ábola ca esiana de la ciudad des uida. El Renacimien o y el ideal educa i o mode no Es du an e el pe íodo que se denomina «Renacimien o >> cuando comienza a habla se de los siglos p eceden es como una media ae as, medium ae um, media empo a, media empes as, a ando de sub aya el ca ác e me amen e ansi o io del la go pe íodo medie al en e dos épocas de esplen- do cul u al: la an igüedad clásica -an iqui as, sanc a e us as, sac a e us as, sac osanc a e us- as-y el enace de la cul u a de los siglos x y XV I - enaissance, inasci a, Wiede e wachsung-. Es, po an o, en es e momen o en el que comienza a agua se la alo ación nega i a de la edad media como una época oscu a, de supe s ición y es icción del sabe , al como queda á e lejado en cie os ex os ilus ados, en los que se ca ac e iza el medie o como una época en que: an asías eo lógicas, im pos u as supe s iciosas cons i uyen el único ge ni o de los homb es; la in ole ancia eligio sa su única mo al; y Eu opa op imida en e la i anía sace do al y el despo ismo mili a , es pe a en medio de la sang e y de las lág imas el momen o en que nue as luces le pe mi an enace a la libe ad, a la humanidad y a las i udes'. Cie amen e, el humanismo enacen is a se p esen a como un mo imien o que busca el enace de la cul u a, ahogada po la decadencia que supuso el c is ianismo cuando aniquiló la g an cul- - X - u a an igua, jus amen e la pe spec i a con a ia a la que de ienden los apologe as c is ianos, que, bajo la in luencia de la concepción lineal de la his o ia de San Agus ín, conside an que el p og eso his ó ico conduce desde el paganismo clásico al esplendo medie al'. El p opio é mi- no humanismo se p es a a alsas in e p e aciones, pues puede hace supone que e leja el inu- si ado in e és po los alo es humanos que ca ac e iza ía a los ep esen an es de la cul u a ena- cen is a en e a los ideales ascenden es de la iloso ía c is iana. Se ol ida que el humanismo sólo es concebido con la signi icación ac ual en el siglo XIX, cuando el se humano ocupa de i- ni i amen e el luga acío dejado po una di inidad que se ha con e ido en una simple idea más en la men e del homb e4• Los humanis as de los siglos x y XVI son cancille es, no a ios, poe as o diplomá icos, que no es án en absolu o mo idos po el in e és de c ea una nue a iloso ía, lo cual no es incompa ible con la i a conciencia de que ellos es án alumb ando una nue a época. Los humanis as no son ilóso os, no es án en condiciones de p oduci un nue o sis ema de pen- samien o al e na i o a los siglos de e lexión medie al en o no a los ex os de pla ónicos, neo- pla ónicos y a is o élicos. Po ello, el in en o de up u a con el pasado lo eje cen en la p ác ica educa i a, lo que iene indudables in luencias en los campos polí ico y eligioso. El humanis a no es sino el p o eso en los s udia humani a is, el conjun o de disciplinas que había sus i uido a la adicional enseñanza de las sie e a es libe ales. La enseñanza escolás ica había es ado basada du an e siglos sob e dos g upos de disciplinas, el i ium, lo que hoy denomina íamos los es udios humanís icos (g amá ica, e ó ica y dialéc ica), y el quad i ium, los es udios de ca ác e «cien í ico» (geome ía, a i mé ica, música y as olo- gía). Es e cu ículum medie al copiaba casi exac amen e el p opues o po Pla ón en su Re- pública pa a pode si ua a cada ciudadano en la unción social que mejo con inie a a la comu- nidad. Pla ón había comenzado po la gimnasia y la música como disciplinas comunes a odos los ciudadanos, que deben busca la a monía de su cue po an o como la de su alma. El ca ác- e de la enseñanza de la música es bi alen e, y no alcanza las conno aciones ac uales, que la si ua ían más a iba en la escala de los sabe es, una posición que, en la je a quía pla ónica es a- ía más bien ocupada po los es udios de las a monías as onómicas. La música en Pla ón es el uni e so cul u al que cons i uye la aíz del pueblo g iego, eco dado en la sociedad adicional po medio de la eci ación de los apsodas, que se hacían acompaña po ins umen os musica- les a in de acili a la memo ización de odos aquellos conocimien os que esul a ían imp es- cindibles a las nue as gene aciones. Sabe añe ins umen os, el mo imien o cadencioso de la danza y los ca álogos de la cul u a compa ida po el pueblo con o maban, po an o, un odo indisce nible de lo que Pla ón en endía po enseñanza musical, de ahí la p o unda p eocupación con que an o él mismo como A is ó eles acogen las des iaciones que los nue os modos musi- cales podían p o oca en el co azón mismo de la cul u a adicional. Apa ece aquí la endencia a busca la eno ación u ópica en el pasado, que epe i án los enacen is as al busca su inspi- ación en la ieja cul u a pagana del poli eísmo, que se aslada a la plu alidad de e dades, de - XI - 11 ASTRAGALO,08(1998)ISSN 1134-3672 12 lib os y de au o es, del mismo modo que Pla ón buscó en los an iguos ideales de la polis unida bajo una cul u a compa ida adicional, el modo de hace en e a la c isis de la ciudad demo- c á ica dolo osamen e mani ies a en las luchas a icidas du an e los años de la gue a del Peloponeso. El es o de las enseñanzas pla ónicas es aban ya ese adas a los gue e os, el g upo de e minan e de la polis, de en e los que sald ían los u u os gobe nan es y ilóso os. Se a a de sabe es eminen emen e p ác icos, ales como las disciplinas ma emá icas, que ienen su apli- cación en la es a egia gue e a. Aunque la ma emá ica ocupa un impo an e papel en la ense- ñanza de la Academia, los in en os po halla en Pla ón una c is alización de los núme os y las igu as geomé icas como ep esen ación pa adigmá ica de las ideas, no pasan de se especula- ciones más o menos undadas', pues lo cie o es que en los esc i os pla ónicos el sabe pu a- men e eó ico, que alcanza la pu a con emplación de las ideas, se limi a a la dialéc ica. Es la dialéc ica pla ónica el o igen an o del i ium medie al como de las enseñanzas e ó icas que cons i uyen el núcleo del sabe humanis a, de modo que los a a a es de los es udios dialéc- icos siguen casi exac amen e la eno ación que su e el sabe has a el nacimien o de la cul u a mode na. La dialéc ica pla ónica se escu e ácilmen e en e los dedos cuando se in en a encua- d a la en ca ego ías p oceden es de o as épocas y ci cuns ancias. El dialéc ico, en e ec o, an p on o puede se el expe o en e ec ua di isiones en géne os pa a alcanza la de inición exac a de una cosa, como el hábil en p onuncia discu sos en la asamblea o an e el ju ado, o iden i i- ca se sin más con el sabio, con el ilóso o capaz de alcanza la con emplación de la e dad. Sólo en A is ó eles encon amos ya una cla a dis inción en e los es udios e ó icos y la dialéc ica, cada una con un mé odo y unos obje i os muy de inidos. La dialéc ica a is o élica es aho a la ciencia de la búsqueda de la e dad, el equi alen e a la sabidu ía pla ónica del camino hacia la con emplación de las ideas. Sin emba go, el ealismo a is o élico no admi e la p esencia de un sabe sabido, de una ideas p e ias al ac o de conoce que cons i ui ían su obje o a p io i, y la dialéc ica pasa a se el deba e ciudadano en e las c eencias del común de los ciudadanos de la polis o de los más sabios de en e ellos". Es en es e deba e en el que se es ablecen los p incipios de las ciencias, se de e minan las condiciones de e dad y de alidación de cualquie sabe . El camino hacia la e dad es en onces insepa able de los modos en que se desa olla la exis encia en el ámbi o de la comunidad, pues es en el anscu so de la ida co idiana o ien ada hacia el sabe en el que nace el conocimien o. A pesa de es e ca ác e ma cadamen e adicional, ya en A is ó eles apun an elemen os que pe - mi i án la ans o mación, esencial pa a comp ende el nacimien o de la ciencia mode na, desde los modos de exis encia a la me odología cien í ica. Así, apa ecen dos disciplinas, la lógica y la e ó ica, cuyo in es sus i ui la inde e minada elación del sabio con el obje o del sabe , implí- ci a en la noción pla ónica de con emplación, po una o ma de sabe democ á ico, que, en p in- cipio, es é al alcance de odos los ciudadanos, pues a odo se humano, po el hecho de se lo, le ape ece sabe . Se a a, po an o, de ab ica un manual del conocimien o, que compendie los -XII- e ec os, las conclusiones de los azonamien os dialéc icos, sin e izando las apo aciones de los sabios. La sabidu ía (sophia) se de ine como el conocimien o an o de los e ec os como de las causas', de las conclusiones como de las p emisas mayo es de los silogismos, de los a gumen- os con incen es como de los a gumen os e dade os. Pe o es a sabidu ía sólo es á al alcance de unos pocos, y, po ello, puede bas a con ecoge e ec os, conclusiones y a gumen os con capa- cidad de con icción en a ados accesibles pa a cualquie pe sona cul a. No hab á que espe a , pues, a la mode nidad pa a halla los o ígenes de la concepción del sabe al alcance de odo se humano, pe o sí pa a e la de ini i a sepa ación en e conocimien o y mo al, que aún cons i uyen un odo indisce nible en los esc i os a is o élicos, es ando absolu a- men e sepa ados en los au o es mode nos que, siguiendo la senda a e oís a, dis inguen una doble e dad cien í ica y eligiosa. La up u a en e conocimien o y mo al implica una enden- cia a la ecni icación del sabe , que alcanza su máxima exp esión du an e el medie o, pe íodo en que los es udios dialéc icos y e ó icos son dos disciplinas dis in as, iden i icándose la dia- léc ica con la iloso ía, mien as que la e ó ica engloba los es udios del uso del lenguaje y la a gumen ación o mal. Jus amen e aquí hallamos una de las cla es pa a localiza el pun o en que el pensamien o enacen is a enlaza, y, al mismo iempo, co a con el pasado. Pues los humanis- as, en su deseo de ompe con las enseñanzas escolás icas, ienden a conside a que las in es- igaciones ilosó icas de las uni e sidades son hue os ece a ios silogís icos que han pe dido cualquie con ac o con la ealidad pa a ans o ma se en me os juegos lógicos, lo que se ma e- ializa en el géne o de la dispu a io, que epi e siemp e el mismo esquema: plan eamien o del p oblema, p opues a de solución, objeciones a la p opues a, solución del maes o y espues a a e en uales objeciones. Teniendo como an eceden e al es oico Zenón, quien p egun ado po la di e encia en e la dialéc ica y la e ó ica se limi ó a mos a un puño ce ado como ep esen a- ción de la concisión de la p ime a, mien as que enseñaba una mano abie a pa a igu a la abie - a exp esi idad de la e ó ica, en el Renacimien o se agudiza la endencia a ap oxima la dia- léc ica y la e ó ica como sabe es pu amen e lingüís icos. Se ab e, así, una nue a pe spec i a en la cul u a occiden al. El humanismo enacen is a sus i uye las sie e a es medie ales po un nue o p og ama de ense- ñanzas: g amá ica, poé ica, e ó ica u o a o ia, his o ia y iloso ía mo al. Enseguida se ap ecia la o ien ación p ác ica de es os es udios con lo que se p e ende co egi la excesi a endencia especula i a del medie o. Todas las disciplinas se conside an ú iles pa a la ida de los homb es inme sos en la ac i idad ciudadana. Los cancille es, los no a ios, los diplomá icos deben posee un buen conocimien o del la ín más elegan e de la adición cice oniana, que con as a con el ío y ecni icado, incluso «bá ba o >> , la ín de los ilóso os escolás icos. La obsesión po la belle- za exp esi a lle a á, sin emba go, a muchos humanis as a deja se a as a po las igu as del lenguaje y del pensamien o en de imen o del con enido. Sucede, en e ec o, que el la ín clásico se p es a más a su uso poé ico - <<humanis a >> en un p incipio, e a sinónimo de poe a- que a su -XIII- 13 ASTRAGALO,08(1998)ISSN 1134-3672 14 uso especula i o, lo cual di icul ó sob emane a la apa ición de una iloso ía enacen is a con asgos de inidos, de modo que la e lexión de los humanis as se o ien ó hacia aquella pa e de la iloso ía que más se adap aba a sus in e eses eminen emen e p ác icos: la iloso ía mo al. Re ó ica, his o ia y iloso ía se complemen an en un mismo obje i o, que no es o o que do a a los homb es que deben di igi los asun os ciudadanos de las des ezas y conocimien os nece- sa ios pa a cumpli con sus obligaciones. La e ó ica se ocupa, p incipalmen e, de desa olla el a e de la esc i u a de ca as y del discu so público, an necesa io pa a cancille es y diplomá icos, pa a lo cual se con aba con un an ece- den e inmedia o en el a s dic aminis medie al, que se enseñó en las escuelas monacales a pa - i del siglo XI. Es e a e epis ola con aba con p eceden es ene ables, que ambién los ena- cen is as supie on ap ecia , pues sus o ígenes se emon an a los mensaje os o ales de la época de Home o, las ca as de San Pablo a las comunidades c is ianas, las plan illas que usaban los no a ios omanos pa a sus ca as, o las epís olas de Casiodo o a Teodo ico. La pé dida de las le as en el pe íodo más oscu o de la Edad Media sólo conoció un hilo de luz g acias al in e - cambio epis ola del papado, lo que exigía la p oducción de o mulae o modelos es e eo ipados pa a cada ipo de documen o, cuyo uso se ex endió a las casas eales y sus unciona ios. También la his o ia se enseña en el Renacimien o po su u ilidad inmedia a, pues pe mi e as- ea en el pasado el ejemplo que puede se i de modelo en la cons ucción del nue o o den polí co. Los humanis as sien en una ex ao dina ia a acción po los discu sos in en ados que apa ecen en las ob as de los g andes his o iado es g iegos y omanos, di scu sos que imi an y enseñan a imi a . El uso del pasado es, pues, pu amen e e ó ico, copiando los esc i os más bien que los compo amien os. Sólo con Maquia elo y Guiccia dini comienza a en ende se que el pasado puede suminis a ejemplos p ác icos ú iles pa a alcanza los obje i os polí icos deseados. Su ex ao dina ia di usión no au o iza a pensa que el pensamien o polí ico mode no haya naci- do del impulso maquia élico que concibe la polí ica como el a e del pode . An es bien, Maquia elo o ece una imagen p i ilegiada de lo que signi icó la de ensa a ul anza del ideal e ó ico en el Renacimien o, lo que hace, p ecisamen e, que la lín ea ma cada po su in luencia se pie da sin con inuidad en Jos albo es del mundo mode no. La con usión en o no al e dade- o papel del maqui ealismo se debe, en buena medida, a la sublimación de su esis de la jus i i- cación de los medios po el in de la consecución y man enimien o del pode , un lema que, desde ese momen o, ha án suyo odos los p íncipes y gobe nan es de iempos pos e io es. Poco es, sin emba go, lo que Maquia elo hab ía podido enseña sob e el uso de odos los medios, po inmo- ales q ue pudie an se , a los p íncipes de su época', y, de en e odos, menos aún al que oma como modelo, Césa Bo gia, que ya e a, en odo caso, un consumado maes o de la c ueldad, el engaño y la aición, ac i ud, que, p o lo demás compa ía con muchos o os p íncipes de su época. No es adecuado lee El p íncipe o el es o de sus ob as como manuales eó icos del nue o modo de hace polí ica, una ez supe ados los lími es impues os po la eo ización c is iana de - XIV - la polí ica encaminada hacia el bien común. Cie amen e, encon amos en Maquia elo, como en gene al en el pe íodo enacen is a, esa exal ación del ca ác e indi idual que de ine la mayo de las in luencias que el Renacimien o ansmi i á a la mode nidad, pe o su e lexión iene como obje i o la búsqueda de modelos his ó icos, siguiendo la adición del a s p aedicandi medie- al, que se enca gaba de o ece ejemplos his ó icos pa a uso de los p edicado es en sus homi- lías. No es singula la combinación de e ó ica, his o ia y iloso ía mo al que ap eciamos en Maquia elo, pues esponde pe ec amen e lo que e a común en la enseñanza humanis a. Un in e és en los ejemplos mo alizado es del pasado que demues an, po ejemplo, que el uso de la mode ación suele se el mejo medio pa a man ene se en el pode . Como a i ma exp esamen e Guiccia dini, los p íncipes han de u iliza odos los medios que es én a su alcance pa a log a sus obje i os -cosa que, po lo demás, ya hacían-, pe o siemp e han de a a de disimula an e sus súbdi os su pe e sidad pa a e i a posibles ebeliones, po lo cual se ía incluso mejo pa a sus in e eses si el p íncipe ue a ealmen e mode ado, pues así nadie pod ía descub i el enga- ño, lo que de o o modo sucede ía a de o emp ano, ya que no es posible engaña a odos siem- p e. En pocas palab as, el maquia elismo polí ico pod ía esumi se en la consigna: se mode a- do y bueno es la mejo polí ica~. Como nos mues a la ob a de Maquia elo, en la eo ización polí ica enacen is a ha desapa- ecido la ascendencia eológica, que había signi icado en el pe íodo medie al la con inuidad con el pensamien o polí ico clásico, basado en el ca ác e na u al de la comunidad humana. 15 Pe o, se á p ecisamen e esa undamen ación eológica lo que eclama án lo s pensado es mode nos pa a ecupe a la polí ica como ciencia, después de su conside ación como a e a que la había limi ado el humanismo enacen is a. A es o se debe que la au én ica in luencia de lo aguado en los siglos del Renacimien o pa a la eo ía polí ica mode na se encuen e, más que la eo ía de Maquia elo, en la ob a de los ilóso os de la e o ma eligiosa, cuyas e lexiones se conec an con los g andes cambios eológicos que habían enido luga du an e la p ime a mi ad del siglo X IV, al e ando undamen almen e la je a quía de los a ibu os di i- nos. No es es e el luga adecuado pa a p o undiza en es a doc ina decisi a po su in luencia en el nacimien o del pensamien o polí ico mode no, po lo que bas a á con esboza las líneas maes as de es e cambio undamen al"'. La escolás ica clásica, ep esen ada po el omismo, había a ado el p oblema polí ico desde la pe spec i a na u alis a del bien común y del amo , de al modo que la elación en e los gobe nan es y los súbdi os, se conside aba el asun o analógico de la co munidad na u al en e el cue po y el alma en el indi iduo, o de la ma e ia y la o ma en los se es na u ales en gene al. El gobe nan e es la o ma, el alma social, que no puede menos que di igi o denadamen e el cue po, a los súbdi os, del mismo modo que Dios o dena con amo oda la c eación. Cuando ienen luga los cambios eológicos del c i icismo nominalis a, se p oduce la sepa ación on ológica de la ma e ia y la o ma, del alma y del cue - po, cada uno de ellos do ados de en idad po sí, lo que signi ica que el amo ya no cumple una - XV - ASTRAGALO,08(1998)ISSN 1134-3672 16 unción in encional de inculación na u al en e ellos. De es e modo, la unión ha de e ec ua - se desde el ex e io , po la olun ad, que es el a ibu o di ino po excelencia. Dios es an e odo pode , cualidad que ansmi e al sobe ano, que puede gobe na sin ene que some e se a lími- e alguno. Es a concepción se á ecogida po Lu e o y con él po la eo ía polí ica del XVI, de modo que el es ablecimien o de los lími es del pode se á uno de los p incipales p oblemas que debe án abo da los ilóso os de la época. Sólo desde es e «desencan amien o» de lo polí- ico, u o de los cambios eológicos a domedie ales es posible en ende la ac i ud dis an e hacia la eo ización polí ica que mos a án un Desca es o un Spinoza, como ep esen an es del espí i u mode no. El espacio de lo polí ico ha quedado acío y sólo se llena á de nue o a ines del XVIII cuando la economía enga a ocupa lo. La iloso ía del nue o homb e La c í ica humanis a a ó de eje ce se an o sob e el plano ilosó ico, como sob e el plano p ác- ico, pe o sólo u o e ec os en el segundo, po lo cual, cuando en el XVIII Desca es habla de la des ucción de la ciudad an igua, no conside a su an eceden e la p oducción ilosó ica de los dos siglos an e io es. Se á, pues, la simbiosis en e pensamien o y acción la g an apo ación huma- nis a a la mode nidad. Nos hemos e e ido a una enseñanza escolás ica escle o izada po la imposición de un modelo dialéc ico basado en las ece as e ó icas epe i i as, que se limi aba a usa la silogís ica como ins umen o uni e sal de la a gumen ación abs ac a. Algunas de las cues iones dispu adas que se deba ían en las escuelas de la a doescolás ica, ales como el núme- o de ángeles que caben en la cabeza de un al ile , si Dios pudo oma o ma de muje , o si una calabaza hubie a podido p edica , al ma gen de se casos exage ados, si en a los humanis as pa a hace pa en e la necesidad de un nue o pensamien o, que u ie a en cuen a las necesidades humanas p ác icas de quienes i ían inme sos en el mundo de los negocios, de los asun os polí- icos, o las de los a is as que debían sabe elaciona se an o con la ma e ia con la que aba- jaban como con sus po enciales clien es. Siguiendo la adición mís ica, en el medie o se p i ilegiaba la i a con empla i a en e a la i a ac i a, aunque la pene ación del a is o elismo en su in e p e ación a e oís a y omis a en- dió a equilib a el papel de la con emplación con el de la acción. El undamen o ilosó ico del papel p edominan e de la con emplación se emon a a cie os ex os pla ónicos y a is o élicos. Pla ón es el p ime o que es ablece una o ma supe io de conocimien o de las ideas, que no puede inmiscui a los sen idos ni puede se discu si o, sino que equie e una in uición inmedia- a, la con emplación. Es e ac o cognosci i o se compa a en muchas ocasiones con el ac o de la isión, que ambién popo ciona un conocimien o inmedia o de los obje os isibles. En uno y o o caso iene luga una ap ehensión del obje o -sensible en la isión co pó ea, in eligible en la con emplación in elec ual-, que es undamen al en sen ido on ológico, pues no es posible encon a un modo de conocimien o más p imi i o. El é mino eide, que Pla ón u iliza pa a -XVI - designa la idea se e ie e p ecisamen e a la o ma isible del obje o, incluso aunque es a o ma no coincida con la me a con igu ación co pó ea o mo phe. También A is ó eles sub aya el p e- dominio de la o ma isual cuando u iliza el é mino eidenai" pa a exp esa el sabe al que odos los homb es aspi an. En es a adición con empla i a es donde hay que enma ca el nue o concep o que se iene del a is a del Renacimien o, libe ado supues amen e de su condición a esanal, ans o mado en genio c eado , a imagen y semejanza del Dios medie al, iluminando con la luz de sus ideas ejempla es la oscu a ma e ia. En un sen ido muy p óximo al o igina io g iego, la concepción medie al del a e imponía el a duo abajo con la ma e ia, en una in e acción en e el a is a- a esano, a modo de causa e icien e, y la ma e ia como causa ma e ial. Es a in e acción e a, po an o, casi pu amen e ma e ial, aunque la inalidad de la ob a, la causa inal, ab ie a cie a pe s- pec i a espi i ual. Las ca ed ales gó icas se ele an hacia el cielo po que es allí donde culminan las aspi aciones del c is iano, pe o las bó edas no ienen un alo en sí mismas, en cuan o ape - u a de un espacio que exhibe la des eza écnica del a qui ec o. En es e aspec o iene luga un impo an e cambio en el pe íodo enacen is a, pues la causa inal iende a con undi se con la causa ejempla , y los ines son impues os po el p oyec o del a is a que anida en su alma. Es és a una cla a in luencia neopla ónica, en cuyo esquema las ideas e an ejempla es en el In elec o di ino, modelos con o me a los cuales se p oducía la c eación. El genio, el nue o Dios, es capaz de exp esa sus ines po medio de la ma e ia. Es a ue e i upción de la genialidad a ís ica es 17 compa ible, sin emba go, con la con inuidad del iejo modelo medie al del a esano. Albe i es buena mues a de las exigencias que se le hacen al a is a. Aquel que iene el alo de llama se a qui ec o -dic e Albe i-ha de posee un espí i u ele ado, una inago able capacidad de abajo, la más ica e udición y un máximo de expe iencia, pe o sob e odo ha de con a con una se ia y bien undada capacidad de juicio'2• Con a lo que pudie a pensa se la «capacidad de juicio» del a qui ec o no eside en su po encia pu amen e in elec ual, sino que consis e en una especie de sagacidad p ác ica pa a se capaz de cons ui de mane a que gus e a la gen e dis inguida sin que epulse a los humildes. El a qui ec o, como uno de los modelos del homb e enacen is a, debe se an e odo un homb e p ác ico, ajeno a las en aciones con empla i as de lo que se iene po ideal medie al de la sabidu ía. Según Albe i son p incipalmen e las elaciones humanas, y no las ideas con enidas en lib os enidos po la e dad única, lo que nos hace más sabios cada día. El ocio, que e a la aspi ación del ilóso o, no es más que un emedo de la mue e13• El homb e ha sido c eado po Dio s, pe o ha sido c eado lib e, lo que signi ica esponsable de sí mismo. Po ello, el se humano no puede limi a se a espe a lo que la olun ad di ina le ha des inado, pues, p ecisamen e, el des ino del homb e es hace se, y ello sólo es posible median e el abajo. Es el mismo ema de la céleb e O a io de digni a e hominis de Pico de la Mi andola, que se ha con- sag ado como la exp esión más ca ac e ís ica del nue o espí i u ilosó ico humanis a. Pico a a de concilia el modelo je á quico neopla ónico, que si uaba a los se es en una escala de e mina- - XVII - ASTRAGALO,08(1998)ISSN 1134-3672 B ahe. Pe o, incluso en la ob a de es e decidido pa ida io de la geome ización encon amos las consabidas mezclas enacen is as, en es e caso un ue e componen e mágico as ológico, desde luego no me amen e ma ginal, pues a a iesan la mayo pa e de la ob a de Keple . De un modo simila , la e olución cope nicana se ía incomp ensible sin la in luencia he mé ica que se as- luce en el papel cen al del Sol, lo que pe mi e a Copé nico es ablece un undamen o me a ísi- co pa a su sis ema heliocén ico. Se comp ende así que se nega a a acep a la explicación que su edi o Osiande había dado de la imagen cope nicana del uni e so como un simple a i icio ma emá ico que pe mi ía sal a los enómenos obse ados, pues, pa a Copé nico, el Sol es á ealmen e en el cen o, como co esponde a la supe io je a quía del Dios-Sol sob e el se huma- no e es e. El e ce caso es el de Galileo, al que se suele conside a como un cien í ico ena- cen is a abusando un an o de la c onología, pues la pa e más p oduc i a de su ob a e la luz en los mismo años en que Desca es iniciaba su e lexión desde la ma emá ica, y mien as C emonini anunciaba en Padua el ocaso del a is o elismo. Galileo ep esen a, en ealidad, la ansición es uc u al hacia la ciencia mode na, pues esume las dos g andes endencias me o- dológicas de la adición que se án adop adas conjun amen e en la mode nidad. En p ime luga , Galileo ecibe del a is o elismo el gus o po la expe imen ación, pues, pa a él, sólo la e i ica- ción egulada de las hipó esis pe mi e hace a anza la ciencia. En segundo luga , el pisano a anza decididamen e en la línea de la ma ema ización de la ealidad, eliminando g an pa e de los elemen os mís icos que aún se hallaban en la ob a de Copé nico, y sob e odo in eg ando la 24 dinámica a quimedeana en su sis ema, pa a hace a anza la mecánica jus o has a los pies de New on, cuya ob a da sen ido a odo el desa ollo cien í ico desde el inal del medie o has a la Ilus ación. La pe sis encia de es a combinación de elemen os he e ogéneos que ca ac e iza a la ciencia enacen is a hacen que la ciencia mode na no pueda a asa la ciudad cien í ica an igua. Así, la con usión enacen is a eapa ece en la ciencia ba oca, a a és de los elemen os he mé icos, mís icos, cabalís icos o mágicos". Pe o en el x n su ge un nue o modo de lee , que ecoge algu- nas de las p opues as de los humanis as, pues como lo exp esa Galileo, como lo ha á poco iem- po después ambién Desca es, los lib os que ecogen la sabidu ía del pasado con ienen e o es, y no son el obje o de la e dad única. Hay que lee o o lib o, el lib o del uni e so, pe o sob e odo hay que lee lo de o a mane a, pues ese lib o es á esc i o en lengua ma emá ica, y sus ca ac- e es son los iángulos, cí culos y es an es igu as geomé icas sin ecu so a las cuales es impo- sible en ende ni una sola palab a". Galileo y Desca es son, po an o, los he meneu as del nue o ex o que se ·ab e an e sus ojos, pe o ellos no hab ían podido hace a anza la ciencia sin habe in eg ado el inmenso legado lógico-on ológico de la adición ilosó ica, que pe enecía a la escolás ica, pues sin él, la ma emá ica igu a ía como un me o pasa iempo con que demos a la agudeza del ingenio. Hab emos de busca la cla e del cambio cien í ico, po an o, en el iló- so o al que debemos la ansición desde el sis ema on ológico neopla ónico a la o malización -XXIV- ma emá ica: Nicolás de Cusa, quien empieza a cons ui la nue a ciudad con los ma e iales de la ciudad an igua. Es el Cusano, en De doc a igno an ia quien log a aplica la geome ía al modelo neopla ónico que es ablecía las elaciones en e el Uno y la ma e ia. Pa a ello iden i i- ca el Uno con una ci cun e encia de adio in ini o, es o es con una línea ec a, o con un pun o en el que se hallan complicadas odas las cosas, sólo a la espe a de su explica io o desa ollo geomé ico. Sin es e paso gigan esco no hubie a sido posible in eg a en un solo sis ema, como hacen Galileo o Desca es, el ma ema ismo, el cope nicanismo y la p e ensión de es a desc i- biendo la ealidad al como es e ec i amen e. La des ucción ca esiana de la ciudad del sabe no es, pues, la consecuencia necesa ia de un de eni his ó ico, a pa i de los a ances enacen is as sob e la oscu idad medie al, sino, en odo caso, la exp esión del ideal humanis a de la necesidad de lee sob e nue os lib os, dis in os de Jos adicionales escolás icos. Pe o ni siquie a es o lo hallamos en Desca es más que como decla ación de in enciones. Pues, pa a undamen a los nue os cimien os del p ime edi icio del sabe , el cogi o, la e dad que eside en el yo humano, Desca es iene que da po supues a la adición del c i icismo escolás ico, que él había es udiado en Jos manuales sua ecianos, y que ya había es ablecido dos p incipios que, és os sí, ab ían un abismo con el pasado: la posiblidad de que ma e ia y o ma se den sepa adas, y la hipó esis que el pode es supe io al in elec o. La ma ema ización de lo eal que ca ac e iza al impulso cien í ico mode no no iene o o unda- men o que la acep ación de las o mas in elec uales como ealidad sepa ada, diminu a espec o 25 del mundo na u al ex e io , pe o más ce cana, y po ello obje o de una ce eza supe io . La olun ad ecni icado a del se humano puede impone aho a los p incipios a los que hab á de ajus a se la ealidad pa a alcanza la exis encia. Pe o, como un eco de los an iguos discu sos escolás icos, un Dios de a ibu os p o undamen e eligiosos apa ece al inal, en Desca es, como ga an e de esa ce eza ma emá ica, no como concesión a una Inquisición eme gen e, sino como única solución a los dilemas del escep icismo adical. Así, inalmen e, el sabe mode no no se le an a sob e las uinas aplanadas de la adición, no ansi a sob e ec as ías geomé icamen- e azadas, sino sob e caminos como Jos que se pen ean po las mon añas que se hacen poco a poco an llanos y cómodos po el mucho ánsi o que es muy p e e ible segui los que no me e - se en aco a , sal ando po encima de las ocas y bajando has a el ondo de las simas~ ' . NOTAS ' Discu so del mé odo; ll. T . de Manuel Mo en e: Espasa-Calpe, Mad id 1979: pp. 43-4. ' Condo ce : Bosque jo de un cuad o his ó ico sob e los p og esos del espí i u humano; Edi o a Nacional, Mad id 1980. p. 145. ' En ealidad, la idea del enace p o iene de la mi ología medie al, que había i s o en la e ·e sio Romae la des ucción de una cul u a a la que sigue el esplendo del c is ianismo, pues a un siglo oscu o le sucede o o de luz. No en ano el -XXV- ASTRAGALO,08(1998)ISSN 1134-3672 p opio c is ianismo se p esen a como una eligión del enace a la nue a ida, pues quien no enazca no puede e el eino de Dios (San Juan, III, 3), y los c is ianos son los enacidos, no po la i ud de un ge men co up ible, sino inco- up ible: la palab a de Dios i o que e e namen e pe manece (San Ped o, epís . 1, 1, 23). ' De hecho el é mino «humanismo» ue acuñado en su signi icado ac ual po el educado Nie hamme en 1808. ' C . Ha old Che niss: El enigma de la p ime a Academia; UNAM, México 1993. ' Tópicos; 1 1, 100 a 25 y ss. ' É ica a Nicómano; Vl7, 1141 a 17. ' C .: J. Buckha d : La cul u a del Renacimien o en I alia; Ibe ia, Ba celona 1971; pp. 85 y ss. ' Rico di; I, 45. '" Pa a un análisis más ex enso de la cues ión: A. de Mu al : La s uc u e de la philosophie mode ne d 'Occam a Rousseau. En Sou e aine é e pou o i . <<Ca hie s de la Re ue de héologie e philosophie»; V in, Pa í s 1978; pp. 3-84. " El é mino g iego eidenai pod ía aduci se po <<sabe de is a» (J. D. Ga cía Bacca: Filoso ía en me á o as y pa á- bolas; ECSA, México 1945; p. 53). " C .: Hanno-Wal e K u : His o ia de la eo ía de la a qui ec u a 1; Alianza, Mad id 1990; p. 58. u C . Rodol o Mondol o: Figu as e ideas de la iloso ía del Renacimien o; Ica ia, Ba celona 1980; pp. 215 y ss. " De la dignidad del homb e; Ed. nacional, Mad id 1984; p. 106. " De digni a e e excel/en ia hominis (1452). C . R. Mondol o: op . ci .; pp. 9 y ss . " C : Rensselae W. Lee: U pic u a poesis. La eo ía humanís ica de la pin u a; Cá ed a, Mad id 1982. 26 " La exp esión <<philosophia pe ennis>> la u ilizó po ez p ime a, el eólogo del siglo XVI Ag os ino Es euco, y más a de la e oma á Leibniz. " El p oblema del mo imien o con inuo y las es e as es el ema de Física VIII, 250 b-267b. " De Ama e. Comen a io a «El Banque e>> de Pla ón; VII, 11. Tecnos, Mad id 1989, p. 2 17. '" Discu so del mé odo; II ; de ci ., p. 45. " El pa acelsis mo es sumamen e in uyen e en los cí culos mode nos, incluso en el p opio Desca es. El pensamien o de Pa acelso iene su o igen en la c eencia a iso o élica en la unidad undamen al de la na u aleza, de lo que se deduce la posibilidad de acci on es simpá icas a di s a ncia, es deci , de una magia na u al. De la p oposición escolás ica de la c ea- ción del homb e a ima gen y semejanza de Dios de i a Pa acelso la analogía de los cue pos as ales, del odo del uni- e so con el cue po humano que es pa e de ese odo. Se a da á mucho iempo en deslinda odos los ac o es que el Renacimien o había anudado pa a de ini la ope ación cien í ica. " El ensayado ; VI. Mad id 1 984 , p. 61. " Discu so del mé odo; ed. ci ., p. 46. - XXVI -