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Proximidad policial y desigualdad social: una aproximación a la construcción de la inseguridad en el centro de Madrid Proximity, insecurity and inequality: an approach to police work in the city of Madrid Santiago RUIZ CHASCO Universidad de Sevilla, España [email protected] BIBLID [ISSN 2174-6753, Vol.16: a1608] Artículo ubicado en: www.encrucijadas.org Fecha de recepción: 27 de abril de 2018 || Fecha de aceptación: 1 de noviembre de 2018 RESUMEN: Este artículo tiene el propósito de relacionar el trabajo policial de proximidad con la estructura social de la ciudad. Nuestro objetivo es conocer cómo se construyen socialmente determinadas posiciones discursivas sobre la seguridad pública a partir de una serie de condi5 cionantes estructurales fundamentales. Con ese fin, trataremos de poner en relación el espacio social y el espacio urbano a través de las prácticas y discursos policiales. Proponemos una aproximación a algunos determinantes sociológicos del trabajo policial con “la comunidad”, tra5 tando de subrayar la capacidad productiva de éste, más allá de funciones meramente represi5 vas. A través de un trabajo de campo etnográfico consistente en una serie de entrevistas, ob5 servaciones y rondas de acompañamiento con policías en dos espacios urbanos (material y simbólicamente) muy desiguales, trataremos de identificar algunas contradicciones fundamen5 tales del trabajo policial de proximidad en contextos sociales y urbanos progresivamente dua5 les. Nos aproximaremos a la forma en que se produce (in)seguridad en ambos espacios, desta5 cando la importancia de objetivar las luchas de poder en los barrios, el papel del Estado y los medios de comunicación en éstas, y el peligro político-social de psicologizar las inseguridades y des-politizar las violencias, es decir, desvincular la cuestión social de los problemas de seguri5 dad en las ciudades. Palabras clave: Policía de Madrid, Policía de proximidad, Ciudad neoliberal, Lavapiés, Barrio Salamanca. ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 1
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social ABSTRACT: This article has the purpose of relating the police work of proximity with the reified social field in the city. Our objective is to know how certain discursive positions on public security are socially constructed from a series of fundamental structural determinants. To that end, we will try to relate the social space and the urban space through police practices and discourses. We propose an approach to some sociological determinants of police work with "the community", trying to emphasize the productive capacity of the latter, beyond merely repressive functions. Through an ethnographic fieldwork consisting of a series of interviews, observations and rounds of accompaniment with police in two very unequal urban spaces (material and symbolically), we will try to identify some fundamental contradictions of police work of proximity in progressively dual social and urban contexts. We will approach the way in which (in) security occurs in both spaces, highlighting the importance of objectifying power struggles in neighborhoods, the role of the State and the media in these, and the politicalsocial danger of psychologizing the insecurities and de-politicizing the violence, that is, unlinking the social issue from the security problems in the cities. Keywords: Madrid police, Community Policing, Neoliberal City, Lavapiés, Salamanca district. DESTACADOS (HIGHLIGHTS): •El modelo de ciudad neoliberal está conectado con un nuevo modelo policial. •La policía no sólo “mantiene”, sino que también “produce”, el orden social. •Las percepciones de inseguridad son el nexo que legitima el trabajo policial con “la comunidad”. •Una de las principales funciones policiales ha sido traducir problemas sociales en “problemas securitarios”. •La proximidad policial dependerá de las desiguales condiciones sociales y (las relaciones de poder) que definen y atraviesan los barrios. ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 2
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social 1. Introducción Durante el periodo conocido como “transición”, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (español), comúnmente aglutinados en la palabra “policía” (a pesar de la dife5 rente naturaleza de cada cuerpo), tuvieron que transformarse en aras de su profesio5 nalización. Dicho de otra manera: des-ligarse del profundo “militarismo” que, desde su génesis en el siglo XIX, ha condicionado su función de “fuerza pública”; y ganar au5 tonomía respecto de los mandatos políticos del gobierno de turno (Ballbé, 1985). La ley de 19861 aspiraba, precisamente, a conseguir lo que los primeros sindicatos de po5 licía reclamaban desde hacía tiempo: una policía civil al servicio del pueblo (Tejero, 2015). Pero esas décadas son también las del giro neoliberal en la mayoría de países europeos occidentales (Castel, 1997). Lógicamente, dicha re-estructuración del Capi5 talismo global afectó a “las policías españolas” en pleno proceso de re-definición de5 mocrática (López, 1987). Serán los años de la recepción europea de una serie de pos5 tulados, teorías, discursos, conceptos académicos desde los países anglosajones (pri5 mero Estados Unidos, luego Gran Bretaña) que afectaron a la redefinición del rol de la policía en la ciudad: desde la noción criminológica de fear of crime (Harris, 1969), pa5 sando por la idea arquitectónica de los defensive spaces (Newmann, 1996), los postu5 lados pseudocientíficos de las broken windows (Wilson y Kelling, 1982), la nueva eco5 logía de los neighborhood effects (Sampson, 2012), o las técnicas de la situational prevention (Hernando, 2007). Será entonces cuando empiece a oírse hablar de la Co# mmunity Policing (Simon, 2006) y todas sus variantes (policía comunitaria, de barrio o de proximidad). En España, “la transición” también fue de categorías: del orden público ligado a la re5 presión policial de la Dictadura, se transita hacia una seguridad ciudadana “democráti5 ca”, teóricamente ligada a la protección de derechos y libertades, y ya no a la repre5 sión de todo “peligroso social” (Terradillos, 1981). La seguridad ciudadana (los senti5 mientos o percepciones de seguridad-inseguridad) será la materia prima de la policía de barrio: más importante incluso que la criminalidad serán las percepciones sobre la misma. “En España, la atracción por el modelo de policía de proximidad apareció con la transición democrática de la década de los años ochenta. Esta elección se justifica5 ba por la necesidad de la policía de adquirir nuevos valores y una nueva legitimidad” (Rabot, 2004: 199). En este artículo nos proponemos dar un primer paso en esa necesaria problematiza5 ción de los presupuestos ideológicos que alimentan los discursos y prácticas securita5 rias dominantes en nuestras ciudades. Así, trataremos de problematizar la noción de “comunidad” que alimenta esas teorías y/o postulados importados de países anglosa5 jones, a través de la desigualdad que condiciona los procesos urbanos. Nos aproxima5 1 Ley Orgánica 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 3
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social remos a dos “comunidades urbanas” muy desiguales del centro de Madrid: Lavapiés y Salamanca (Ruiz, 2017). A través de un trabajo de campo etnográfico consistente en observaciones de espa5 cios públicos concretos, entrevistas a policías nacionales y municipales, y en una serie de rondas (diurnas y nocturnas) con patrullas (en coche y de paisano) en ambos ba5 rrios, trataremos de objetivar la forma en que la policía construye sus discursos y prácticas cotidianas sobre la (in)seguridad ciudadana a partir de una serie de determi5 nantes sociales y políticos. Conectaremos la trayectoria de los barrios y sus desiguales estructuras de capitales, con los discursos y prácticas policiales sobre los grupos y en5 claves de riesgo (Ávila y García, 2015). A diferencia de los postulados y teorías crimi5 nológicos citados, nuestro trabajo no ignora las condiciones (y condicionantes) estruc5 turales, tanto materiales como simbólicos, del trabajo policial. Por eso, nuestra princi5 pal hipótesis señala que éste está estructuralmente condicionado por el espacio social reificado en la ciudad, es decir, por la estructura social urbana y las desiguales trayec5 torias históricas que han dado forma a diferentes modelos de entre-sí urbanos (Don5 zelot, 2008). Tabla 1. Trabajo de campo con los diferentes cuerpos que trabajan territorializado en los dos barrios de estudio. Barrio de Salamanca Barrio de Lavapiés Entrevistas Comisario Distrito Salamanca (CNP) Comisario Distrito Centro (CNP) Oficial Distrito Salamanca (PMM) Oficial Distrito Centro Norte y Centro Sur (PMM) Rondas Mañana (4h) (PMM) Noche (4h) (PMM) Noche (3h) (CNP) Mañana (3h) (PMM) Noche (4h) (PMM) Noche (3h) (CNP) Observación Calle Serrano Plaza de Lavapiés Fuente: Elaboración propia. 2. Policía y (des)orden urbano: más allá de la hipótesis represiva Que la penalidad es una forma de reprimir los delitos, dirigida a obtener una repara5 ción social por parte del sistema penal, es una de las ilusiones que ya se encargaron Rusche y Kirchheimer ([1939] 1984) de objetivar en una de las obras primas del estu5 dio del castigo. Una de las enseñanzas más importantes de éste es la forma en que sacan a la luz la dimensión positiva o productiva del castigo. El poder reprime ilegalis5 mos pero, a la vez, está produciendo realidad criminal y categorías de pensamiento- ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 4
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social valoración social (crimen, castigo, peligrosidad, orden, bien-mal, etc.) con las que operamos en la práctica produciendo un potente efecto de legitimación de un orden, es decir, de una serie de relaciones de poder y dominación entre grupos. El desarrollo de esa nueva economía del castigo se caracterizará por concebir una nueva relación en torno a los ilegalismos: Separación que cubre una oposición de clases, ya que, de una parte, el ilegalismo más acce5 sible a las clases populares habrá de ser el de los bienes […] y, de otra, la burguesía se re5 servará el ilegalismo de los derechos: la posibilidad de eludir sus propios reglamentos y sus propias leyes, de asegurar todo un inmenso sector de la circulación económica por un juego que se despliega en los márgenes de la legislación, márgenes previstos por sus silencios, o liberados por una tolerancia de hecho (Foucault, 2008a: 91) La emergente burguesía no tolerará los ilegalismos de bienes con el nuevo estatuto de la propiedad privada y “la delincuencia” quedará reducida a éstos, encubriendo ideológicamente su carácter arbitrario (Baratta, 1985). Esta reserva que hace la bur5 guesía de los ilegalismos de derechos es constitutiva de la economía de los castigos, en la que la “transferencia violenta de bienes” (Foucault, 2008a) será duramente cas5 tigada por los instrumentos disciplinarios que se irán desarrollando, como la cárcel, reservada para las clases populares. La prisión deja caer el velo de la objetividad ahis5 tórica y la neutralidad de clase, para emerger como un dispositivo de gestión diferen5 cial de ilegalismos. “Buena parte de la aplicación de la ley no está realmente dedicada a hacer aplicar las reglas, sino a obligar al respecto a la gente con la cual el agente de la ley se relaciona” (Becker, 2009: 158). La policía sería, pues, un instrumento para gestionar el uso social de la fuerza por parte de un Estado con el objetivo de mante5 ner el orden. No obstante, “la policía no mantiene siempre el orden, y el orden no es siempre mantenido por la policía” (Heuillet, 2010: 16). De la misma forma, el trabajo cotidiano sobre ese orden social no se produce tanto mediante el uso de la fuerza físi5 ca, como a través de la fuerza simbólica, o lo que es lo mismo, la representación de la fuerza (Bourdieu, 2015). El trabajo policial procede a través de una necesaria selec5 ción de hechos, acontecimientos, espacios y grupos. Es por ello que, analizar la forma en que operan los mecanismos de selección policiales se convierte en una de las vías de aproximación al trabajo policial más fructíferas, en cuanto que pone de relieve las contradicciones de un cuerpo social muy desigual. El orden ha de ser cuidadosamente construido a partir de toda una serie de elemen5 tos materiales y simbólicos para que sea aceptado por quienes deben obedecerlo. Así se desvela una de las verdades del trabajo de la policía: el desorden precede siempre al orden, pues éste último no puede construirse sino como respuesta a una serie de elementos considerados “peligrosos” (Torrente, 1992: 290). El imperativo del orden como condición de posibilidad de la existencia de un Estado necesita definir de forma clara y concisa cuáles son las situaciones, territorios, posiciones y/o actividades que producen des-orden. “Si, para la policía, la sociedad tiene “necesidad” de orden, pare5 ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 5
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social ce ser que la policía, pues, por su parte, tiene “necesidad” del desorden. El desorden funda el orden” (Heuillet, 2010: 108). La policía moderna es un producto histórico para responder, precisamente, al “desorden urbano” (Foucault, 2008b). La policía, tal como la conocemos hoy, debe su existencia a la configuración urbana y los conflictos políticos que la han atravesado históricamente. El nacimiento de la ciudad moderna, como tipo ideal, precisaba del trabajo de una institución como la policial, que la regla5 mentara y “ordenase”. Es decir, que fuera definiendo los des-órdenes a partir de los que se iría construyendo el nuevo orden social. En ese sentido, los conocidos como “barrios bajos” de las grandes ciudades, donde se concentraban espacialmente los grupos sociales más empobrecidos, serían los principales objetivos del trabajo policial y del proyecto higienista (Hauser, 1979). Es la territorialización de la separación de ilegalismos anteriormente mencionada. El trabajo policial está pues, genealógicamen5 te ligado a la propia estructura social urbana moderna. La institución policial nace a partir de los conflictos sociales y políticos que se mate5 rializan en la ciudad moderna progresivamente segregada en el siglo XIX (Foucault, 2008; Monjardet, 2010; Heuillet, 2010). La dualización social urbana está, por tanto, en la propia génesis del aparato policial y de las modernas nociones de orden social y seguridad pública, de barrios tranquilos y barrios peligrosos. Las transformaciones de carácter estructural tendrán, como no podía ser de otra manera, una incidencia direc5 ta en ese trabajo policial a lo largo de su trayectoria. Serán los motines que objetiven la conocida “crisis urbana” en la segunda mitad del siglo XX (Soja, 2008) los que mar5 quen otra inflexión histórica fundamental. Como los que estallan en los Estados Uni5 dos en relación con el avance del Movimiento por los Derechos Civiles; los disturbios en Francia, como los de Les Minguettes en 1981, o de Vaulx-en-Velin en 1989; en Gran Bretaña, como los de Brixtol en 1981; o en los Estados Unidos de nuevo, como los de Los Ángeles en 1992, que obligaron a repensar las estrategias para producir or5 den-seguridad a partir de nuevos des-órdenes/inseguridades. De la misma manera que con los anarquistas a principios del siglo XX (Turrado, 2000), a partir de los años sesenta, el desarrollo de ciertos postulados criminológicos y sociológicos impulsados por una vuelta neoconservadora a la “comunidad” y la ecología urbana, responden a una necesidad política de re-configurar el control policial en la ciudad neoliberal. “Pala5 bras mágicas como “comunidad”, “vecindario” y “reinserción” salían de los labios de los administradores correccionales, guardianes y jueces, legisladores de América, asis5 tentes civiles del Home Office en Inglaterra, con la misma fluidez que la expresada por activistas comunitarios, reformistas o abolicionistas” (Cohen, 1988: 63). ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 6
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social 3. Ciudad neoliberal y Policía: proximidad en tiempos de desigualdad En la Universitat Autónoma de Barcelona se defendió hace tres años una tesis sobre los modelos de policía que, a modo de tipos ideales, han existido en los países occi5 dentales desde la Modernidad a nuestros días (Guillén, 2015). En primer lugar, un mo5 delo de policía gubernativa dependiente de las órdenes e intereses del gobierno en funciones; en segundo lugar, una policía profesional, más autónoma pero también más corporativa; por último, un modelo de policía comunitaria o de proximidad, más descentralizada, menos burocrática, preventiva y territorializada. Las mutaciones, transformaciones o regresiones de los modelos policiales en los diferentes países res5 ponden a diferentes condicionantes, como la re-estructuración del capitalismo global a finales del siglo XX. “Obviamente, una determinada problemática de seguridad o de la delincuencia requerirá nuevas estrategias, tácticas y técnicas policiales, pero una nue5 va realidad política requerirá nuevos mecanismos de legitimación y posiblemente una reorientación global de la función policial” (Guillén, 2015: 15). El modelo de policía de proximidad procede de unas condiciones de posibilidad du5 rante la década de los años sesenta del siglo XX en los Estados Unidos. Será la década del Movimiento por los Derechos Civiles, contra la guerra de Vietnam, pero también la década de los nuevos medios de comunicación, y de la pujante disciplina criminológi5 ca, sus encuestas de victimización y su nuevo objeto de saber: el miedo al delito (Ha5 rris, 1969). Todos estos hechos son mencionados porque, precisamente, están históri5 ca, social y políticamente relacionados: se estaba gestando un nuevo modelo policial a partir de una legitimación política, mediática y académica donde los “sentimientos de miedo e inseguridad” serán centrales (Lee, 2011). Nuevas teorías sobre aspectos que rodean a la amplia desorganización social en las ciudades, aparecerán para legitimar una nueva policía, y un nuevo objeto de saber. Es probable que el discurso y la política sobre seguridad ciudadana sean muy diferentes en los distintos países, pero responden a argumentos políticos, sentimientos públicos y aconte5 cimientos sociales similares. También surgieron más o menos en el mismo período: desde mediados de la década de 1970 a mediados de década de 1980 (Swaanigen, 2002: 222). La policía de proximidad se caracteriza por tres rasgos íntimamente relacionados: la descentralización y re-territorialización operativa, la proximidad y visibilidad, y la coproducción securitaria. En primer lugar, la descentralización fue una de las primeras exigencias para un aparato policial que no se adecuaba a la naturaleza de su trabajo en la ciudad (Requena, 2013: 97). En segundo lugar, esa descentralización tiene que ver con la exigencia de una mayor proximidad social con la ciudadanía-comunidad. Ser visibles, próximos y cercanos: este es el paso necesario para conectar con el obje5 tivo final: una co-producción securitaria que implica la necesidad de que la policía de5 sarrolle estrategias nuevas que engarcen otros poderes al suyo, como los cuerpos de seguridad privada o la sociedad civil organizada. Se trata de activar a los ciudadanos ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 7
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social para trabajar conjuntamente en los problemas de seguridad de sus barrios. Dicho de otra manera: dispersar el control social a través del espacio urbano (Cohen, 1988). “Además de mejorar la seguridad en términos de niveles de delincuencia (o niveles de victimización) y de percepción de (in)seguridad, la policía de proximidad debe mejorar la calidad de vida en el barrio y aumentar la satisfacción del público hacia el trabajo de la policía” (Van Der y Zoomer, 2004: 166). En este punto, las teorías y/o postula5 dos criminológicos y/o sociológicos tendrán mucho de decir. Y así lo hicieron en Esta5 dos Unidos la teoría del Defensive Spaces (Newmann, 1996) o los postulados de las Broken Windows (Wilson y Kelling, 1982), relacionadas con el auge de las gated com# munities (Caldeira, 2007) o las estrategias de zero tolerance (De Giorgi, 2005) que, precisamente, ponen en el centro de la diana los sentimientos de inseguridad de “la comunidad”. Las percepciones y los sentimientos de inseguridad pasaron a constituir un factor sociopolíti5 co central y, como tal, hubieron de ser considerados un objeto fundamental de la actividad policial. Desde entonces, la policía hubo de gestionar los problemas de inseguridad ciudadana teniendo presentes los elementos que configuraban su dimensión más subjetiva, e inscribir5 los en una perspectiva que, junto a una aproximación más global y genérica a estas cuestio5 nes, incluyese las particularidades locales (Requena, 2013: 100). La idea de prevención no era nada nuevo en España: la Ley de Vagos y Maleantes aprobada en la Segunda República (1933) fue la primera que recogió las modernas nociones de pre-delincuencia en España (Ealham, 2005). Lo que sí era nuevo era la focalización sobre las relaciones de proximidad con “la comunidad” y, especialmente, su trabajo con las percepciones de inseguridad. Y es que, como argumentaba Bour5 dieu (2015), en la flexibilidad relativa de los esquemas y categorías de percepción so5 cial de la realidad respecto de las condiciones materiales de vida, es donde reside el auténtico trabajo político. Es decir, un trabajo simbólico de formación de grupos y ca5 tegorías de acción-valoración. Un trabajo de producción simbólica donde el trabajo po5 licial diario es fundamental. Sin embargo, el modelo de policía de proximidad ha sido uno de los más alabados y menos practicados en nuestro contexto. Así, aunque a ni5 vel discursivo ha sido muy rentable la expansión de “la proximidad” y “la policía de barrio”, tanto por partidos de derechas como de izquierdas, en España no se ha tradu5 cido en un cambio de modelo a nivel general. No obstante, hay ejemplos a nivel local (Requena, 2013). El concepto de policía comunitaria se ha prodigado ampliamente por constituir un concepto amable y políticamente rentable. Sin embargo, su significado trasciende ampliamente la mera cercanía al ciudadano para abarcar todo un modelo de relación de la ciudadanía con la Administración. Constituye un concepto muy difundido pero muy escasamente aplicado en España (Jaime y Torrente, 2017: 156). En otra de las tesis defendidas no hace muchos años, también en Barcelona, se argu5 mentaba cómo uno de los principales obstáculos a la hora de importar modelos poli5 ciales que habían sido operativos en otros contextos totalmente diferentes era la vi5 ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 8
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social gencia de una cultura policial incapaz de asumir una serie de discursos y, sobre todo, prácticas. Una cultura policial que iba desde los mandos hasta los policías rasos, y que, frente a los requerimientos de modernización, ha servido de freno a la hora de implementarlos. “Los modelos policiales siguen existiendo a pesar de todas las presio5 nes homogeneizadoras, porque hay culturas, tradiciones y sensibilidades diferentes en los diversos países y, a veces, incluso en los distintos niveles territoriales en los que actúan los servicios de policía” (Guillén, 2015: 428). Uno de los principales obstáculos al desarrollo de una policía de proximidad, tanto en España como en otros países, ha sido (y es) su alto coste económico. Pero existen también diferencias sociológicas im5 portantes, a la hora de trasladar modelos policiales “a la americana” en un contexto como el español. Y es que, la policía de proximidad exige un gran contingente de poli5 cías, trabajando en los barrios, visibles y cercanos, pero también exige un grado de implicación por parte de la ciudadanía (en este caso, los vecinos) en los problemas de seguridad. Si bien es cierto que la policía (englobando a todos los cuerpos) ha cumpli5 do sobradamente el objetivo de mejorar su imagen pública en España, dejando atrás la imagen de policía represiva del Franquismo (Justel, 1982), ese camino aún no está completado en cuanto a la mínima aceptación social requerida para la implementación de una policía de proximidad en todos los barrios y, además, es un camino reversible: “tiene una cierta importancia para que la policía sea aceptada que la ciudadanía crea que forma parte del sistema y que las normas son mínimamente justas” (Guillén, 2015: 425). Sea como fuere, lo cierto es que la primera experiencia de policía de barrio que se trató de implementar a nivel nacional en el Estado español fue el programa Policía 2000. Un programa del gobierno del Partido Popular, iniciado en 1996, desarrollado por etapas a partir de 1998 y lanzado finalmente en 1999 para el Cuerpo Nacional de Policía, dependiente del Ministerio del Interior. Los objetivos del programa eran tres: mejoramiento de la calidad de los servicios ofrecidos, al aumento del nivel de satisfac5 ción tanto de los ciudadanos como de los policías y a la reducción de la delincuencia. El lenguaje empresarial inunda el proyecto y deja entrever la ideología actuarial que hay detrás del mismo (Rabot, 2004: 201). La falta de recursos, la descoordinación po5 licial, la falta de formación, la cultura policial vigente, y una larga lista de impedimen5 tos, condujeron a un fracaso de un programa estrella discursivamente alabado, pero material y técnicamente ignorado. “Policía 2000 no se tradujo en ninguna reforma es5 tructural que modificase, ni que fuese mínimamente, las visiones y las orientaciones profesionales respecto al territorio y las relaciones de la policía con la ciudadanía” (Re5 quena, 2013: 109). A pesar del fracaso, los actores políticos y policiales siguen apos5 tando por la necesidad de una mayor implementación de una policía de proximidad. También desde ayuntamientos con una orientación progresista (Ponce de León, 2016). Es por ello que algunos autores hablan de una doxa securitaria incuestionada (Wac5 ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 9
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social La problemática que tiene es la multiculturalidad que tiene…no como problemática la multi5 culturalidad…sino…que se ha convertido en un sitio, por la tipología de la vivienda…por el precio…donde se ha ido acumulando gente con un perfil determinado (Oficial PMM) La policía se ha ido posicionando en mayor medida del lado de estos vecinos más sensibilizados con los problemas de seguridad en el barrio. Unos vecinos que, al fin y al cabo, son sus principales contactos en un barrio que algunos consideran ciertamen5 te hostil a su presencia. Así, sus “aliados” en el barrio se han ido constituyendo alre5 dedor de las demandas de seguridad que se han ido llevando a cabo desde hace déca5 das. Cuando hemos tenido la ocasión de hablar con los policías que, a diario, patrullan las calles del barrio y están en mayor medida en contacto con las diferentes asociacio5 nes de vecinos y comerciantes, nos dimos cuenta rápidamente de la muy diferente va5 loración que hacían estos de la población residente. Así, el apego de la policía por los “vecinos tradicionales” es algo reconocido explícitamente por los propios oficiales, que los consideran sus “aliados naturales” contra los “elementos disruptivos”, representa5 dos de forma abstracta por los migrantes pobres y algunos activistas del barrio. Es así como la propia policía (el Estado) puede llegar a tomar partido por alguna de las posi5 ciones dentro del campo de batalla que supone la definición de los problemas de un barrio. Haciéndose partícipe de cierta visión patologizada y pesimista del cambio social en el barrio, sumándose a la máxima representativa de los vecinos antiguos: “esto ya no es lo que era”. Por la percepción de seguridad que tiene los vecinos clásicos…porque Lavapiés no deja de ser un barrio obrero…castizo…de los de toda la vida…se ha convertido en algo que no tiene nada que ver con aquello. (PMM Centro Norte) Especialmente importante será, para los policías, la relación de algunas personas mi5 grantes del barrio con los atentados del 11 de marzo de 2004. Es entonces cuando re5 lacionan la pequeña criminalidad con el terrorismo, mezclando escalas, procesos y ac5 tores. Un hecho que en el barrio no supuso ningún tipo de “estallido xenófobo”, pero que imprimió un sello de desconfianza en los propios agentes de policía, empujando su “sospecha disciplinaria” hacia una sospecha generalizada de los migrantes del ba5 rrio, especialmente las personas migrantes musulmanas. Así, de la multiculturalidad como postal urbana atractiva para determinados actores comerciales o institucionales, se pasa a una inmigración peligrosa. Lugar de reunión de gente musulmana…no es que un musulmán sea peligroso…pero sabe5 mos que hay gente que se mete ahí y son captados…Ese es el germen que tiene Lavapiés. (PMM Centro Sur). No obstante, cuando empezamos a comentar las cifras de criminalidad del barrio, la propia policía reconoce que, con los datos en la mano, la población migrante no supo5 ne un problema de seguridad en el barrio per se. Lo que sí existen son determinados conflictos puntuales con unos grupos de vecinos bien definidos que reclaman la acción policial sobre un conjunto, también definido, de personas migrantes del barrio. ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 16
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social Tengo el mayor porcentaje de extranjeros…pero a nivel de incidencia de criminalidad…salvo el punto concreto del menudeo de la plaza de Lavapiés…nada. No tengo carteristas…no ten5 go…bandas. (PMM Centro Sur). Cada asociación de vecinos y/o comerciantes responde a unas determinadas caracte5 rísticas sociales que tratan de defender una visión concreta del barrio, y sus proble5 mas. En ese sentido, la policía, al ser uno de sus principales contactos con la adminis5 tración “a pie de calle”, tiene que “lidiar” con cada una de ellas de un modo diferente, según sean las exigencias o problemas que se pongan sobre la mesa de las juntas lo5 cales de seguridad. Como ya dijimos, ATILA integra mayormente los intereses de al5 gunos comerciantes del barrio. Muchos de los cuales no habitan en el mismo, y por tanto, difieren de las medidas o intereses que propugnan desde La Corrala. De esta manera, ambas asociaciones han ido capitalizando el discurso de la inseguridad, pero de muy diferente manera. Mientras La Corrala, con más recorrido y experiencia duran5 te los “años de plomo” de los ochenta, defiende, en mayor medida, la necesidad de in5 troducir medidas sociales conducentes a integrar a los “grupos problemáticos” en el tejido social del barrio, ATILA, por su parte, siempre ha tendido a subrayar la necesi5 dad de más mano dura, incidiendo en la peligrosidad del barrio de forma recurrente. Como explica el oficial de la Policía Municipal, los vecinos de La Corrala no quieren es5 tigmatizar el barrio, pero los de ATILA insisten “a pesar de las cifras”. No obstante, ambos grupos vecinales y comerciantes consideran oportuna y necesaria la presencia policial en el barrio como forma para solucionar determinados problemas de inseguri# dad que existen en el mismo. Es así como la policía se ha ido posicionando del lado de los vecinos de La Corrala en mayor medida, dejando de lado unas reivindicaciones más agresivas de los vecinos o comerciantes de ATILA. Los de la Corrala son defensores del barrio…no quieren que se estigmatice. Pero quieren que haya policía porque el barrio es seguro porque estamos nosotros […] Hay una asociación muy cañera…ATILA…esta persona es otra de las que piensa que el barrio es súper peligroso… y que hay muchas putas…yo no he visto ninguna, pero bueno…y luego resulta que tiene un buffet de abogados…y que no vive en el barrio. (PMM Centro Sur). El Plan de Seguridad aprobado en 2012 vendría a complementar los diferentes planes de acción y rehabilitación, sumándose a la malla securitaria formada por las cámaras de seguridad instaladas dos años antes, con el objetivo de “revitalizar” el barrio (Plan de Seguridad, 2012: 3). No obstante, el propio Plan entraba en serias contradicciones a la hora de tratar de justificar la necesidad del incremento de la presencia policial en términos delincuenciales. Y es que, incluso hinchando la tasa de delincuencia del ba5 rrio, a través de la introducción de infracciones administrativas como delitos, ni siquie5 ra se sostenía el argumento. Como el propio Comisario del Distrito nos confesaba, el Plan fue hecho a medida de los activistas del barrio, quizás como una especie de ex5 perimento previo a la aprobación de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana de 2015. Y es que, cuando se le pregunta a la policía acerca de la necesidad o no del Plan de Se5 ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 17
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social guridad, se reconoce que la principal causa del mismo no debe buscarse en las cifras de criminalidad, a pesar de que éstas estuvieron recogidas en el mismo como parte de la justificación del mismo. Como reconoce el propio comisario, el Plan de Seguridad estuvo motivado exclusivamente por la acción de ciertos activistas. Concretamente, los de las Brigadas de Observación de los Derechos Humanos y, en general, el tejido social activista asociado al 15M que gozaba de muy buena salud en esos años. Pese a todo, es interesante la forma en que se mezclan tipos delictivos como el tráfico de drogas o los robos con el activismo social, tratando de amalgamar situaciones social y jurídicamente diferenciadas. De la misma forma, se habla de “extranjería” como si de un delito se tratara. Eso fue al principio de 2012…que había unos problemas en Lavapiés…generado por los anti5 sistemas…pero eso se ha solucionado […] allí hay una presencia policial bastante grande […] es que veníamos de todo esto de los antisistemas…unas intervenciones con extranjeros que conllevó algo de tensión […] Había un problema de extranjería…de okupas…de inseguridad… había robos. (CNP Centro). Es la forma en que el activismo ha pasado a ser concebido como un “problema de or5 den público” con la legitimidad otorgada por una parte del vecindario, mucho más allá de cualquier incidencia criminal. La pre-ocupación de la policía por el mero hecho de la gran concentración de organizaciones que participan en el barrio desde una posición “de izquierdas” es uno de los síntomas de este fenómeno de criminalización de los movimientos sociales. Es así como un servicio público puede operar desde una posi5 ción concreta contra unos determinados grupos. No se persiguen sus actos, sino más bien, su condición de activistas. Esto supone volver sobre la noción moderna de predelictualidad recogida en la Ley de Vagos y Maleantes, y completada por el Franquis5 mo (Ealham, 2005: Terradillos, 1981). Del mismo modo que volver sobre la decimo5 nónica división entre la clase obrera buena (gente preparada) y la mala (los guarros). En el último apartado volveremos sobre este punto. Tenemos el edificio Tabacalera, […] no es una okupa…pero es de un tinte muy de izquierdas […] es un germen de muchos movimientos que hay en Lavapiés…que ahí se reúnen para todo…y evidentemente es uno de los focos de preocupación…no nos da un problema de segu5 ridad, pero sí sabemos lo que hay dentro […] se nota que es gente preparada, no son unos guarros…son la manipulación ideológica del movimiento de extrema izquierda…Podemos la primera sede la tuvo en Lavapiés…la tendencia es clara. (PMM Centro Sur) El sentimiento de inseguridad que se alude en el propio Plan se ha ido construyendo en torno a la mera presencia de determinados grupos de migrantes y activistas. La re5 cepción del mismo por parte de un tipo de discurso, como el patológico, predispuesto a absorber y hacer suya toda manifestación de descontento por el abandono que sufre el barrio no ha sido un proceso complejo, ni dilatado en el tiempo. Así, si el barrio está cambiando a mejor es gracias a la acción de la policía y la implementación de todos los dispositivos de seguridad, desde la videovigilancia en 2009 hasta el Plan en 2012. ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 18
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social Si el barrio está mejorando sería gracias a la estrecha colaboración de “lo económico” y “lo securitario”. Existe un plan de empuje económico…y por otro existe un plan policial para minimizar la in5 seguridad. (PMM Centro Norte) Los policías son conscientes del uso que determinados gobiernos puedan hacer de la fuerza pública y, de hecho, los sindicatos policiales existen, entre otras cosas, para impedir dicha instrumentalización (Tejero, 2015). No obstante, ya sea por presiones de los propios responsables políticos, o por la de determinadas asociaciones de veci5 nos y/o comerciantes, se complejiza bastante su pretendida neutralidad. Los policías, en ese sentido, también devuelven la pelota a otros agentes sociales, ya sean la clase política o los medios de comunicación, cuando se trata de atribuir responsabilidades. La inseguridad es un asunto de todos. Es un barrio estigmatizado…sobre todo por medios de comunicación…porque hay gente que le interesa que esté estigmatizado…y hay algunas asociaciones de vecinos que quieren que todavía lo esté más…el Bronx de Madrid no es, por mucho que quieran hacerlo ver así algu5 nos (Oficial PMM). Y es entonces cuando se van desentrañando determinadas responsabilidades políticas en cuanto a la estigmatización de determinados barrios de la ciudad, y podemos em5 pezar a dar sentido a que barrios con una criminalidad baja, como Lavapiés, tengan una focalización mediático-política abrumadora como si “el Bronx de Madrid” se trata5 se, mientras otros barrios donde, además de existir un índice de criminalidad mayor, los delitos son mucho más graves que el menudeo de droga, no tengan semejante atención. Así, comienzan a relacionarse determinados elementos sociales del barrio que parecían desconectados, como la tendencia política o la procedencia geográfica y la peligrosidad criminal. De nuevo, la historia vuelve a manifestarse como uno de los vectores de análisis más productivos y enriquecedores para comprender el presente. Y es que Lavapiés lleva cargando con la estigmatización territorial de “barrio bajo donde se concentran las clases peligrosas” desde el siglo XVIII (Ruiz, 2017). Por ello, toda aproximación que no tenga en cuenta este “legado”, está condenada a un a-historicis5 mo nocivo para las reflexiones de carácter sociológico. En Sol no se estigmatizó, aunque hay una problemática mucho mayor en materia de delin5 cuencia…y Lavapiés sí, porque hay una focalización de los medios de comunicación que am5 plifica…por eso se creó el plan…Lavapiés lleva toda la vida siendo una zona con una tenden5 cia política muy determinada…y con una tendencia a la pre-delincuencia asumida…el mismo ejemplo que Vallecas (Oficial PMM). En el caso de Lavapiés, esta “comunidad” tan problemática en términos policiales y securitarios, la implantación de un modelo de proximidad debería también, como en el caso de Salamanca, estudiar las condiciones sociales previas y, especialmente para este caso, los conflictos latentes debidos al propio trabajo policial cuya proximidad se ha traducido en la proliferación de prácticas ilegales con la población más insegura, en ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 19
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social términos objetivos, del barrio. En Lavapiés, la emergencia de determinadas asociacio5 nes de comerciantes y vecinos, con un discurso securitario que reaviva ciertas imáge5 nes de la situación del barrio en los años ochenta, choca frontalmente con otros posi5 cionamientos sociales. De este modo, se pone en juego una lucha simbólica, basada en una desigual distribución material de recursos, por imponer un determinado mode5 lo de barrio. Las diferentes y desiguales “comunidades” que habitan el barrio luchan, en base a una estructura de capitales desigual, por re-significar el espacio de forma simbólica. Es decir, imponiendo el sistema legítimo de clasificación y valoración social. Hay asociaciones que se plantean como grupos de presión […] que plantean intereses que no necesariamente, de hecho, casi nunca, son los intereses del conjunto del barrio…o la ciudad… por ejemplo, las asociaciones comerciantes, de hosteleros…o de vecinos cabreados con que el del bar […] pero es lógico…cuando alguien se asocia es para presionar…otra cosa es impo5 ner tu modelo de ciudad (Oficial PMM). Así, determinados agentes del barrio han conseguido, a base de movilizar una serie de recursos, que Lavapiés volviera a tener “mala fama”, a pesar de las cifras. De esta manera, puede romperse relativamente la imagen de la policía como el único agente social represor y responsable de la situación, emergiendo determinados actores “inter5 nos” que legitiman la propia estigmatización (Wacquant, 2012b). Todo suele ser siem5 pre más complejo de lo que parece, implicando una serie de alianzas y posicionamien5 tos que no siempre se ajustan a los esquemas pre-establecidos por el sentido común. Y es que el entrecruzamiento de intereses movilizados a través de determinadas aso5 ciaciones de vecinos y comerciantes (como ATILA o Distrito 12), el papel insistente de los medios de comunicación (especialmente ABC Madrid), y los objetivos de determi5 nados planes urbanísticos, complejizan la búsqueda de un solo responsable. Así, “el aura territorial” que estigmatiza a un barrio se autonomiza respecto de la realidad cri5 minal de éste (Gráfico 1), especialmente cuando la “mancha de lugar” (Wacquant, 2012b) tiene semejante solidez histórica. Lavapiés, el barrio objetivamente más segu5 ro del Distrito con más criminalidad de la ciudad, se re-define como barrio inseguro a partir de conflictos sociales y políticos clave. La problemática de seguridad es mucho mayor en Sol que en Lavapiés…sin embargo, nadie piensa que la Puerta del Sol es insegura…Nadie piensa que la calle Preciados sea insegura…y se roba mucho más que en todo Lavapiés (Oficial PMM). ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 20
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social Gráfico 1. Tasa de Criminalidad registrada por el Cuerpo Nacional de Policía en el Distrito Centro, 2004-2014. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos cedidos por la comisaría de Distrito. 4.2. Salamanca: el barrio más seguro de la ciudad más desigual Frente a la suciedad, a la marginación, el pauperismo, el crimen, el pecado, y las “ideas sediciosas” de las muchedumbres peligrosas (Le Bon, 2012), era imperativo construir una nueva ciudad que sea capaz de redimir a la antigua. Era preciso cons5 truir espacios reservados del contagio social con las clases dominadas en las ciudades, donde la nueva y pujante burguesía pueda desarrollarse como tal (Pinçon y Pinçon- Charlot, 1989). Frente a una relativa mezcla social en la ciudad medieval, la segrega5 ción social será una de las condiciones de posibilidad de la ciudad moderna. En Ma5 drid, esa nueva ciudad se vería traducida en el Ensanche Moderno a partir de la se5 gunda mitad del siglo XIX, precisamente cuando la frontera Norte-Sur empieza a defi5 nirse. De las tres zonas del Ensanche, el barrio de Salamanca se llevó la mayor parte de la inversión. Las clases dominantes se protegen espacialmente de una emergente clase trabajadora que empezaba a dar sus primeros pasos con la creación del asocia5 cionismo obrero. El barrio de Salamanca, quedó así como “coto cerrado” de las clases privilegiadas del naciente capitalismo español: la gran burguesía y la aristocracia es5 pañola. “Ambas serán las que, de acuerdo a las posibilidades del mercado, modelen el sector en función de sus intereses” (Mas, 1982; 112). La reproducción de las posicio5 nes inseparablemente sociales y espaciales señala la capacidad exclusiva de este gru5 po social para desarrollar un capital espacial (Soja, 2014), de forma que consigue re5 doblar las distancias sociales a través de las distancias espaciales. Ese entre-sí social5 mente selectivo es una de las condiciones de posibilidad de transmisión de herencias de todo tipo, de las que depende su propia reproducción social. Herencias en forma de ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 21
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social capital económico (renta y patrimonio), social (red extensa y cultivada de amigos e influencias), cultural (heredado y adquirido en colegios y universidades privadas), y toda una serie de disposiciones que hacen que la excelencia social pase, necesaria5 mente, por este entre-sí (Pinçon, 2003). A la gente aquí le molesta más el pordiosero y el mendigo que la cuestión del delincuente… Son problemas de civismo…más que criminalidad […] Aquí vas más mirando personas sospe5 chosas…gente que no pegan en este barrio, sabes? Si no las ves con pintas de que vengan a comprar…si tienen pintas raras y no están comprando…están robando. (Comisario CNP) En este extracto de entrevista a uno de los responsables policiales de la seguridad en el barrio de Salamanca, emergen con toda claridad una serie de cuestiones que defi5 nen la forma de gestionar los problemas securitarios en la zona. En primer lugar, que la principal amenaza para la seguridad de los habitantes y/o comerciantes del barrio sean cuestiones que están fuera del Código Penal y más allá del trabajo policial, más apegadas a “molestias” relacionadas con una forma de definir el civismo desde deter5 minadas posiciones dominantes. En segundo término, cómo la sospecha de la policía en su trabajo cotidiano sea discriminar estéticamente a los viandantes, según se ajus5 ten, o no, al perfil social del barrio. Por último, cómo el proceso de selección de sospe5 chosos según “el perfil” es el eje vertebrador del trabajo policial a pie de calle, y cómo en este barrio del centro de Madrid con tanta actividad comercial, estar deambulando por el mismo puede convertirse en un factor de riesgo. A pesar de que no suponga una amenaza a la integridad física de los vecinos, la mera presencia de un “extraño” es una amenaza al entre-sí selectivo que define el barrio distinguido. Sin embargo, la policía tiene sus propias limitaciones en las leyes. No podemos echarlo de la calle…es un ciudadano libre de toda sospecha…aunque estética5 mente no sea adecuado…y esto lo digo (sube el tono) porque parece que hay determinados políticos que no les gusta verlos por las zonas comerciales… ‘oye, quitarme a este señor que está en la puerta de Zara’… mire usted, no podemos hacer nada (Oficial de la PMM) Aunque, tal como nos reconocía un policía durante las entrevistas “el criterio de las pintas suele funcionar bastante bien”, lo cierto es que, además de ser una práctica de dudosa validez democrática y jurídica, habría que cuestionar la poca eficacia preventi5 va del mismo, especialmente en algunos tipos delictivos concretos. Y es que, los pro5 pios policías razonan acerca de la simplicidad de algunos criterios securitarios con los que operan en su trabajo diario. Algo que no es óbice para que lo sigan implementan5 do. Ladrones profesionales que van de chaqueta…y que no levantaban sospecha…Una chica ru5 bia, pija…y se dedicaba al hurto en tiendas…bolsos…nadie sospecharía (CNP Salamanca) ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 22
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social Imagen 3. Inauguración de la Plaza Margaret Thatcher, en el Barrio de Salamanca, por la ex-alcaldesa del Partido Popular Ana Botella, 2014. Fuente: El País, 15/09/2014. La imagen del barrio cobra una importancia fundamental para los vecinos, pero tam5 bién para los comerciantes (imagen 3). Quizás para estos últimos, al depender de una determinada marca de barrio, en este caso la de un barrio exclusivo del centro de la capital con las mejores y más lujosas tiendas de moda y complementos, sea mayor la preocupación por mantener unas calles “atractivas”, limpias de toda serie de elemen5 tos que puedan poner en peligro dicha imagen. El turismo de compras se ha ido con5 virtiendo en los últimos años en uno de los principales “cebos” del empresarialismo urbano, a partir del cual atraer fuertes flujos de capital a la ciudad (MDO, 2014, 2015; Gutierrez, 2015). El barrio de Salamanca ha sido uno de los espacios más “mimados” por las instituciones públicas, especialmente el gobierno local, con el fin de promocio5 nar lo que se conoce como “el escaparate de Madrid” (Martín, 2010a, 2010b). La im5 portancia de mantener un espacio urbano limpio, seguro y atractivo para el turismo de compras, y para las clases medias y altas de la capital, tiene en el dispositivo securita5 rio del barrio uno de sus principales mecanismos de reproducción. Claro, esto es el distrito que es…aquí de limpieza…que no haya pintadas…se cuida mucho este distrito…aquí la imagen se cuida que sea la mejor posible…y viene turismo…que es gen5 te de dinero que viene a Serrano a comprar (Policía raso PMM) Según el discurso marcadamente corporativista de la mayor parte de los policías que hemos podido entrevistar, una mayor presencia de los agentes en las calles es sinóni5 mo de mayor seguridad, tanto a nivel objetivo (menos tasa de criminalidad) como subjetivo (menos miedo en la calle). No obstante, cuando entrevistamos a los vecinos del barrio, dimos con una aparente contradicción: la mayor parte de ellos consideraba que su barrio era seguro, pero casi ninguno manifestó que la policía estuviera presen5 te o visible en el mismo. Si atendemos a la “seguridad objetiva” medida a partir de un ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 23
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social indicador como la tasa de criminalidad, lo cierto es que nos topamos con otra contra5 dicción aparente: estamos ante una de las zonas de la capital donde más ha aumenta5 do la criminalidad en términos relativos. Hay que recordar que estamos en el barrio con mayor número de embajadas, comercios y viviendas de lujo, con sus respectivos equipos de seguridad privada y pública, y en uno de los barrios donde la figura del “portero” (un vigilante fundamental para el control social informal del barrio) es con5 comitante a la génesis del barrio. Es decir, hay que tener en cuenta a la hora de inter5 pretar esas percepciones de seguridad, un plus de seguridad, al que hay que sumar toda la tecnología de vigilancia instalada en las viviendas del barrio. Todo un dispositi5 vo de seguridad en el que la policía (el Estado) es tan sólo un elemento más en cuan5 to a la seguridad del barrio. Aquí no se ve policía alguna…vamos, algún coche que otro, de vez en cuando…pero vamos, nada. (Nuevo vecino) No, es que no veo aquí a la policía…nunca. No los ves pasar. (Antiguo vecino) Se ve en las casas que tienen Securitas…casi todas. (Antigua vecina) No se les ve mucho a la policía por aquí…la verdad. (Portero) Además de esos aspectos securitarios relacionados con la infraestructura del barrio, es preciso destacar otra característica distintiva de esta “comunidad” en lo que al ca5 pital político se refiere. Estamos en el barrio donde mejores resultados ha obtenido históricamente el Partido Popular, que ha estado gobernando el Ayuntamiento de la ciudad durante más de dos décadas consecutivas. La cercanía de los habitantes de este barrio con los representantes políticos de ese partido es tal que muchos de éstos son también vecinos. En ese sentido, no es de extrañar que el capital social acumula5 do en esta zona de la ciudad no se organice bajo formas tradicionalmente populares, como las Asociaciones de Vecinos, teniendo otros cauces más efectivos al alcance para que sus reclamaciones locales sean escuchadas y atendidas. Otros investigadores co5 rroboran la existencia de estos mecanismos de presión directa de determinadas comu5 nidades urbanas al poder político y, por ende, policial (Jaime y Torrente, 2017). Como hemos comprobado anteriormente, los policías en este barrio reciben presiones direc5 tas para “limpiar” ciertas zonas de “presencias indeseables”. Esa “vía directa” con el poder político local ha tenido una serie de consecuencias fundamentales, entre otras cosas, para el trabajo policial. En esa dirección, encontramos referencias directas al modelo policial “made in America” de tolerancia cero, orquestado por el exalcalde de Nueva York y asesor internacional de seguridad urbana Rudolph Giuliani, por parte de lo oficiales de la Policía Municipal (Ward, 2000; De Giorgi, 2005). La principal interesa5 da, en términos corporativos, en la implementación de un modelo de proximidad, por las razones aducidas en el apartado anterior, en cuanto a competencias y recursos materiales se refiere. Así, a pesar de que el modelo de policía de proximidad no se haya podido aplicar en todo el territorio nacional, el experimento de Madrid Seguro ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 24
Santiago RUIZ CHASCO Proximidad policial y desigualdad social lanzado por Gallardón en 2007, trajo consigo todo el arsenal discursivo y práctico de aquel. En ese sentido, la ilusión policial por aplicar una policía más próxima, pero tam5 bién más dura con los denominados actos incívicos, fue una imagen recurrente duran5 te las entrevistas a responsables policiales. Como recurrente fueron las alusiones a aspectos de la “cultura policial española” y del “garantismo judicial”, como obstáculos al desarrollo del “auténtico” trabajo policial. Nos faltan instrumentos jurídicos para perseguir lo que no son delitos…sino más bien moles5 tias, conflictos…pero no delitos. (Alaba el trabajo policial de la Tolerancia Cero en Nueva York) Pero aquí tenemos mucho complejo y no se puede hacer ese modelo de seguridad (que parece más útil y eficaz…por medios y por cultura del control) (Sargento PMM) A pesar de que el modelo no se haya aplicado de forma sistemática, lo cierto es que sí existen ejemplos en la ciudad de Madrid donde se han implementado medidas de seguridad en base a las teorías de prevención procedentes de la criminología actua5 rial. Como las ideas de la prevención situacional aplicadas en la reforma de la calle Serrano. No por casualidad, la calle donde se concentran mayor número de tiendas de lujo de toda la ciudad. Una calle que ha tenido que sufrir numerosos robos y asaltos en forma de butrones o alunizajes, y donde la presión política y comercial condujo a una reforma urbanística y securitaria sin precedentes en la ciudad. De lo que se trata5 ba era de evitar a toda costa que los aluniceros pudieran estrellar sus coches en los escaparates de las tiendas de lujo de la calle. Para eso, se usaron algunas de las ideas de Newman (1996) para producir un espacio defensivo, es decir, preventivo (Hernam5 do, 2007). De esta manera, el propio mobiliario urbano (bolardos, farolas, papeleras, bancos), los árboles que se plantaron a lo largo de la calle, o la subida en altura de varios centímetros de las aceras de peatones, absolutamente todo ha sido dispuesto estratégicamente con el fin de dificultar los alunizajes. Una reforma que ha tenido bastante buen resultado desde que se re-inaugurara la calle en el año 2010. Una ope5 ración en la que el Ayuntamiento gastó una considerable suma de dinero, entre refor5 mas del espacio público e indemnizaciones a los comerciantes. Unas reformas del es5 pacio de la calle Serrano que pasa desapercibida a los ojos de los viandantes, pero que están pensadas punto por punto. La zona de Serrano…se han elevado los bordillos…el mobiliario urbano…todo está colocado con ese criterio…que haya impedimentos físicos para impedir ciertos delitos […] vi el proyec5 to…era ir tienda por tienda, por todo Serrano…y colocando mobiliario urbano natural…una jardinera…un banco…un bolardo…todo puesto específicamente para que no hubiese alunice5 ros…entonces estaba todo superestudiado […] luego lo han ampliado a otras zonas (…) como ciudadano no te das cuenta…pero para quien quiera hacer el mal…le fastidias. […] Hay puer5 tas de las tiendas de Serrano que necesitas llevar un tanque para tirarla (PMM Salamanca). Hay una de las puertas de las tiendas de Serrano que necesitas llevar un tanque para tirarla (Policía raso PMM). ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.16, 2018, a1608 25
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