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El Tesoro de Covarrubias (Lengua y saber en la España manierista)

Gómez Marín, José Antonio

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EL TESORO DE COVARRUBIAS (Leng ua y sabe en la España manie is a)• Po JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN Excmo. S . Di ec o , Excmos. S as. y S es. Académicos, Excmos. e Ilmos Seño es, Que idos amigos: Vaya po delan e que la hon a que me hacen al o o ga me un sillón en e us edes en es a ilus e Academia se e po enciada po la ci cuns ancia de qu e, siendo yo asiduo a sus ac os y ce emonias, nunca pensé que un día hab ía de llega me el p i ilegio de pe ene- ce a ella. La bene olencia de odos us edes y, en especial, de los Académicos que pos ula on mi candida u a -es deci , don Manuel Oli encia, doña En ique a Vila y don José Ma ía Vaz de So o- me sob epasa an o que sólo me que da la espe anza de ju s i ica con mi colabo ación en u sias a el hono que me han o o gado. Pa a el p o e- so Oli encia con se o in ac a la de oción que, como g an ju is a y como conciencia é ica, le p o eso desde que lo conozco; a En ique a Vila, más allá de mi admi ación in e le c u al, la g a i ud y el ca iño que ella sabe despe a en los amigos; a José Ma ía Vaz de So o, con 1. El ex o que aquí se publica es el leído en el ac o público de ing eso en la Real Academia, que cons i uye un esumen de una ob a más ex ensa, en egada en el mismo ac o a los asis en es, y publicada con el mismo í ulo po el Se icio de Publicacio ne s de la Uni e sidad de Huel a, Huel a, 2010. 40 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MAR N quien he eco ido comple o nues o ag idulce cal a io gene acional, mi admi ación po su alen o y el econocimien o de su gene osidad. A dos pe sonas ya ausen es pa a siemp e engo que eco da ambién en es e momen o de g a i udes. La p ime a, mi pad e, que me dio cuan o necesi é, sin asa ni plazo, pa a econ-e el la go y no poco o uoso camino de mi o mación. La segunda, mi maes o, don José An onio Ma a all, de quien ecibí lo poco bueno que pueda ene en mi disposición in elec ual, y a quien debo, inclusi e, el p oyec o de es e abajo que hoy p esen o, suge ido po él hace muchos años como la esis doc o al que las ci cuns ancias me impidie on ema a . Y a una e ce a, Me y Ma eos, mi muje , a la que debo econoce - al ma gen de cualquie con encionalismo o co esía-el mé i o sin ese as de habe encido mi indolencia y dispe sión na u ales, de mane a que sin su o mación his o iog á ica, su as ucia pa a la pesquisa cul u al y su excepcional sen ido del o den, jamás hubie a pues o en pie po mi cuen a el discu so que hoy some o a la bene- olencia de la Academia. El p o eso Luis Gómez Canseco se ha p es ado benignamen e a enjuicia mi abajo y enmenda lo cuando ha sido menes e , a endiendo a mi uego basado en la con icción de su p ecoz magis e io en es as ma e ias, y la Uni e sidad de Huel a me ha hon ado al edi a a sus expensas mi abajo y edi a lo apa e en su p es igiosa Biblio eca Mon aniana. A nues o compañe o Vi- cen e Lleó ag adezco el in e és que se ha omado pa a con es a a mi discu so, sin duda desde su mejo y más e sado c i e io. Debo deci , en in, que end é el p i ilegio de lle a du an e mi ida académica la noble y gas ada medalla que ue del pad e Ja ie e, mi en añable amigo, quien me la lega po mano de su abnegada amilia se illana, los Femández-Palacios. C eo que la Academia no es un o ganismo obsole o ni una " eliquia ilus ada" como se ha dicho -desde ue a, na u almen e-, sino una ins ancia i a que debe es o za se po coge el paso que le ma can los iempos nue os, cie amen e, sin enuncia pa a nada a su iden idad y a su es ilo. La Ilus ación, de la que an o igno an e abusa hoy, ue un hi o de e ec os i e e sibles en el p og eso humano, y las Academias, un ins umen o más al se icio de su g a e p oyec o. Como la mayo ía de us edes, yo engo a és a a abaja en lo que me manden, no a luci una medalla y un í ulo p es igioso. Espe o de odo co azón no de auda les. EL TESORO DE COVARRUBI AS 41 Me co esponde el hono , además, de sucede en su sillón a un pe sonaje ilus e, don Faus ino Gu ié ez-Al iz y A ma io, j u i s a de excepcional o mación, cuya ca e a doce n e le pe mi ió p oba su capacidad poco común al pasa de omanis a de u s e a p ocesalis a enomb ado sin mayo es di icul ades, y consegui en ambos campos, además de las cá ed as espec i as, un a o y gene al p es igio. No u e el p i ilegio de conoce pe sonalmen e a don Faus ino, aunque sí leí s us enseñanzas en e los papeles uni e si a ios de mi hija y, más a de, al sume gi me embebido en su inigualable Di cciona io de De ec ho Romano, una ob a que incluso quie nes, en la Complu ense, conocimos el sabio magis e io de Juan Igl es ia s y U cisino Ál a ez, hemos de alo a como un log o poco comú n. En su ob a escogida y ela i amen e b e e, don Fa us ino demues a el igo del ju is a jun o a la in uición del homb e cul o que ha e lexionado a ondo sob e Ja ida pública y su his o i a y c eo, a juzga po su en usias a ensayo sob e los G acos y po algunos lúcidos a ículos de p ensa a inen es a los g andes p oblemas de la sociedad espa ñola de la T ansición a la democ acia, que aquel ca ólico libe al-conse ado se dejó mucho, po desg acia, en el in e o. Supone pa a mí un comp omiso añadido suced e en la Academia a es e p o eso insigne al que la inmensa ma- yo ía de quienes lo conocie on coincide en cali ica como un homb e bueno. No se me ocu e ningún í ulo más en idiable. * * * Voy a expon e les en esumen las co nclusiones de mi abajo sob e el Teso o de don Sebas ián de Co a Tubias, en cuyo de enido análisis he pe seguido desci a y ecompone la imagen de la cul u a manie is a-es deci , lo que se sabía, cómo se sabía y cómo se decía en la España cu l a de Felipe II -pa a desde ella in en a una ca ac- e ización de la cul u a de la época. Y en mi abajo he descubie o, lo p ime o, que a Co a ubias lo ci a medio mundo y de esa mane a an so p enden e que yo mismo he comp obado yendo a busca lo allí donde po l óg ica no pod ía al a , sin encon a lo, y opezándomelo con es upo en o as ocasiones menos p e isibles. C eo que a Co- a ubias se lo ci a, en e o as a ias y pin o escas, de dos mane as undamen ales. La p ime a, como es igo y au o idad del idioma, de la semán ica, de la lexicog a ía. La segund a, como e e encia de su 42 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN época, es o es, de la España de Felipe U. Lo que qu ie e deci que el Teso o lo ha sido en e dad an o pa a los que buscaban ce cio a su buen deci como pa a aquellos o os que pe seguían co obo a algo conce nien e al sabe de aquel iempo, y he de deci que an o en unos como en o os hay quien adminis a ese cauda l como le da la gana, ayando con ecuencia en la pi a e ía más ulga . Cie amen e, el Teso o es un es excepcional pa a conoce la cul u a ca ólica de la época, o dicho de o o mod o, la cul u a nacional ilipina. De en ada ien a en e a se en él de qué es lo que había sob e i ido, po adición o al o esc i a, a la ela i a incu ia medie al y a la insidiosa censu a eclesiás ica, si em p e a izo , al ma - gen de la es upenda c isis del Renacimien o ca olino. Pe o más allá de es a cu iosidad, ien a ambién in e na se en es a e dade a enci- clopedia, en es e monumen o hecho de sabe es alu iales, un poco a imagen y se mejanza de l os he cúleos abajos del Medie o, como, pongamos po caso, las E imologías de Isido o. Sólo que esa a ea, en iempos de Co a ubias, po más que siguie a in en ándose, ya no e a ac ible po muchas azones. Y la undamen al es que la é poca en que esc ibe Co a ubias es una época mo ida, soli ian ada, un iempo que se de ine po su eme nda conciencia de c isis exp es ada en el sen imien o de que el mundo es a ía cambiando acele adamen e y de que a ese as o no a al es ul aba imp escindible opone le la esis encia he oica del igo y de la o aleza. En la s ob as de His- o ia ienen us edes los da os que aquí no encon a ían acomodo. Bas e eco da aho a que el mundo de Co a ubias no es ya el iejo o do Dei, si no el esul ado de esa g an conmoción que conocemos como Renacimien o: es, en de i ni i a, el mundo mode no. Homb es como él han de lucha a b azo pa ido y en medio de con adicciones en e el i ón mode nis a que qui e e e o ma la ida cul u al y, as e ll a, la sociedad misma, y el impul so con a e o mis a, de inido de una ez po odas en T en o. Hab ía que bo dea con pies de plomo la linde " e o mis a" y sen a plaza con a la he ejía. Ahí sí que no cabían ansacciones. Ni ellos las busca on, p opiamen e, aunque no pudie an za a se nunca de esa penosa imp esión de insegu idad an as eces esuel a en con adicciones cuando no en alg ún di sgus o mayo . El Teso o no u o g an éxi o de salida, po lo que sabemos, y s9 lo más de un siglo de spués de la mue e de su au o , cuando, EL TESORO DE COVARRUB IAS 43 en 1726, en el es upendo p oyec o de Dicciona io de Au o idades concebido po el ma qués de Villena, pase a se u ilizado como uno de sus ejes undamen ales, y lo elogie don Nicolás An onio, cob a á impo ancia. No ol idemos la malé ola i onía de Que edo, cuando, censu ando los icios del leguaje, esc ibe ex ualmen e: "También se ha hecho Teso o de la Lengua Espaíiola donde el papel es más que la azón; ob a g ande y e udición desaliñada". Nada menos. Pe o ¿quién e a don Sebas ián de Co a ubias? P ocu en us edes, Excmos. S s., no ex a ia se po los e icue os amilia es que oy a expone y epa en en la signi icación de los nomb es y apellidos que an a oí . Fue su pad e don Sebas ián de Ho ozco -hijo del a qui ec o Juan de Ho ozco- y su mad e doña Ma ía Vale o de Co a ubias, al p ime o de los cuales le ue a ibuida, nada menos que po don Julio Cejado , la pa e nidad del Laza illo y, de paso, unas buenas cu lpas de e asmismo, ex emos ambos de los que Ba ai- llon se deshizo sin di icul ad. Y ue on sus he manos, don Juan, que alcanza ía la mi a episcopal, y Ca alina, de la que sabemos poco. Su mad e, doña Ma ía Vale o, e a hija de un cu ioso pe sonaje, el bo da- do Ma cos de Co a ubias, muchos de cuyos p imo es se conse an en la Ca ed al de Toledo, a su ez he mano de un don Juan, Magis al de Cuenca, y del admi able don Alonso de Co a ubias, uno de los a qui ec os enacen is as de mayo p es igio e impo ancia. Pe o don Alonso empa en ó a su es i pe con o a saga de a qui ec os de no a, los Egas, al casa con Ma ía Gu iéITez Egas, hija de En ique y nie a de An ón Egas, y de esa unión nacie on dos pe sonajes cla e de la época: don Diego de Co a ubias y Ley a y su he mano An onio. La coho e gene acional de don Sebas ián se educa con ellos, es deci , con dos igu as p ominen es de la Iglesia del momen o, pues ambos habían sido pad es concilia es en T en o, donde don Diego, amigo del ca denal Hugo Buoncompagno, an iguo nuncio en España y u u o G ega io XIII, u o una ac uación decisi a, en especial en el dec e o De ejo ma ione, an es de o l e a España donde des aca ía como p o eso de canónico en Salamanca, as segui los magis e ios, jun o con su he mano, del eminen e Doc o Na a o, de Diego Ála a de Esqui e!, de Nicolás Clea do y de Femando Núñez el Pinciano. Don Diego es el p o o ipo de caITe a eclesiás ica del momen o - ue conocido y eco dado como el Bá olo español-y alcanza ía, as su obispado en Ciudad Rod igo y en Sego ia, la p opues a eal pa a 44 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN el a zobispado de San o Domingo, un pues o en el Consejo y, inal- men e, la P esidencia del Consejo de Cas illa. Su he mano An onio, e udi o e sadísimo, as pasa po T en o, ue ambién conseje o de Cas illa, Maes escuela de Toledo y Oido de la Chancille ía de G anada. Un p imo he mano de Co a ubias, en in, hijo de Ma ía de Ho ozco, ue ay Juan de Yepes, Gene al de la O den de San Je ónimo en e 1600 y 1603. Como dije a el ús ico en el Quijo e - un ús ico que as- pa en a en demasía su condición enacen is a y has a algún asgo maquia élico-se a aba de "es udia y más es udia y ene en u a y a o , y cuando menos se piense el homb e se halla con una a a en Ja mano o con una mi a en la cabeza". Pa ece que Ce an es e a a a de p opósi o a los Co a ubias en aquel bullen e Toledo de los Cisne os, los Guille mo de C oy, los Fonseca, los Ta e a, los Ma ínez Silíceo, los Ca anza, los Qui oga, los Mendoza o incluso Albe o el A chiduque de Aus ia, hijo de Maximiliano II, nie o de Ca los V y, po an o, sob ino del ey Felipe. No amos a hace conje u as sob e las azones que pudie a ene Co a ubias pa a silencia a su pad e de la mane a es uendosa en que lo hizo, pe o no es a en u ado conje u a que el Consul o de la Inquisición y no o io an isemi a que él e a, emía esal a una ilia- ción que pudie a ae le p oblemas. De hecho, Jack Weine da cuen a de que un sob ino de Co a ubia s, hijo de su he mana Ca alina-en la que an o Sebas ián como su he mano Juan habían esignado su he encia- ue epa ado de con e so po pa e de su abuela ma e na; sin con a que cons a que Ho ozco e a hijo de una con e sa, Ma ía de So o, la ala gada somb a de la cual g a i a ía sob e su descendencia condicionando la ca e a de sus nie os que, si med a on, ue po la p o ección de sus pode osos íos, en especial po la del P esiden e. Co a ubias es á inse o, pues, en un cí culo amilia de ex ao dina io peso en Toledo y a la somb a de su mi a, un clan de a qui ec os des acados y al os clé igos, de li e a os y de polí icos de p ime ísima ila, como des acó Ma ín de Rique , que ac uaba en un cen o de pode p i ilegiado como la Ciudad Impe ial. El pode de la Mi a oledana e a po en ones, desde luego, ex ao dina io, casi un pode pa alelo al eal, sob e odo en endido como seño ío local, y en el ma co del pode de una Iglesia nacional cuyo papel ha en a izado Kamen eco dándola como la o ganización " ica y pode- EL TESORO DE COVARRUB IAS 45 osa" que, a inales del XVI, poseía "la se x a pa e del e i o io de España" (don Amé ico Cas o llegó a a i ma que la Iglesia po se ía en onces "la mi ad del suelo de España"), inclu so sin con a con los ingen es ecu sos de los monas e ios, y e i iéndose a la cual Lynch ha a en u ado que, ni siquie a en su pun o más al o, la ci a del o o ame icano "s upe ó los ing esos que ecibía Felipe 11 de uen es eclesiás ica ", mien as que don Fe mín Caballe o le calculaba la a- bulosa can idad de "en e ein a y cua en a mil ducados de en a" al año. Jun en esa in luencia cle ical a la que eje cían en aquel iempo los a qui ec os, y en ende án cómo, an só lo en dos gene aciones, la amilia p ospe ó como lo hizo, log ando a a s, mi as y canonjías, como un caso insóli o incluso en aque ll a pode osa y dinámica ciudad de la que el e án decía: "En Toledo, el a bad a hue o"; y o o adagio bien conocido encomiaba compa ándola con Se illa: "Toledo en i- queza, Se illa en g andeza". A lo que ha y que añadi el papel jugado en la p omoción social po la Uni e sidad y los Colegios Mayo es, au én icos ins umen os de eclu a de las éli es o, más bien, cen os decisi os de selección de clien elas y c i sol de g upos de p esión cul u al, con los que los Co a ubias u ie on, en Salamanca, una elación especialmen e in ensa. También la igu a de don Sebas ián de Co a ubias esul a suges i a, sal adas las dis ancias, po lo que iene de ípica como ca e a p i ilegiada y, al mismo iempo, po cuan o compo a de e a o del al o cle o p o inciano. Sabemos que Felipe II pen só en él como posible p ecep o del p íncipe Fe mando; que ue cape ll án de Felipe III; que pasó a Roma donde ob u o de G ego io XIII -e l amigo de su ío don Diego y ni que deci iene que a la somb a de és e- la canonjía de Cuenca, a alado po ca a de Su Majes ad. Pe o ambién no s ha llegado ní ida la imagen del canónigo diligen e que, cie amen e conside ado po el Cabildo de Cuenca como pe sona de no a, cumple con n a u alidad incluso los enca gos más p osaicos de la adminis ación diocesana, sin deja de se ese "ine i able ac- ó um", como se le ha llamad o, cuando se p esen a la ocasión. Un hi o impo an e en su ida ue la comisión eal pa a el p oyec o de ins ucción de los mo i sc os alencianos, que ecibió en 1595, lo que lo ace có al duque de Le ma, a quien dedi ca sus Emblemas en 1610. Unos abajos que, in e umpidos po la oposición de los "es amen- o s del Reino ", como dice el obispo de Sego be, y eanudados con 46 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN pos e io idad, le causa ían decepciones y disgus os no ables, aunque ambién le epo a ían la dignidad de Maes escuela de la Ca ed al o o gada po Clemen e VIII y de la que oma ía po sesión en 1602. El clé igo cul o y esc upuloso que se deba ía en e su conciencia exclu- yen e y su debe mo al, ol e ía a Valencia, ambién en elación con el enojoso p oblema mo isco, en es a ocasión pa a cae muy ce ca del Pa ia ca Ribe a con quien man u o es echa elación. González Palencia nos dio un esumen excelen e de es a suge en e biog a ía y a él, jun o a los demás au o es que hago cons a en la bibliog a ía de mi es udio, he de econoce aquí mi débi o. Enma cada así su igu a, hay que si ua a Co a ubias en el con ex o his ó ico-cul u al del humanismo español, ad i iendo, de en ada, el gi o expe imen ado po és e, en línea con la p opues a de Cejado de los "dos einados", el de Ca los V y el de Felipe II , de los que es e úl imo p oyec a una imagen g a e, eplegada en su in e io , nacionalis a y " encedo a del Renacimien o pagano", p oduc o de lo que el p opio Cejado llama la ic o ia del " e o mismo ca ólico" - imp egnado, se supone, de le adu a e asmis a- en e al lu e anismo. Más mode no y menos con esional, Domínguez O iz encaja la cues- ión en el ma co del p oceso de "cas ellanización de la mona quía", den o del que el Rey se uel e hacia Cas illa, que pa sa a se cen o -y g ane o, y campo su ido de la alcabala, del e cio o de la décima- de la soñada mona quía impe ial. Un pueblo de gen es o gullosas y oscu as, de pa dos lab iegos y clé igos g a es, de hidalgos onados y ailes pedigüeños, de soldados maland ines y es udian es sopis as, a a di igi los des inos del mundo y, como es na u al, ello impone un cie o mo imien o con ác il, de algún modo pa ecido al an es esbo- zado: ce amien o sob e sí mismo, aislamien o, "de ensa" hacia ue a y hacia den o. El enlu ado mona ca esol iendo p o idencias en su celda de El Esco ial es odo un símbolo. Lo que cuad a bien con el a iso de Ma a aJl de que la His o ia española es pa alela a la del es o de la Eu opa cul a has a el siglo XVI y que es a ines de es e siglo, "con el he me ismo que a g andes pasos se impone en el einado de Felipe 11 , cuando las cosas cambian en pun o a ole ancia y a libe ad in elec ual", cosa que, po cie o - y a Ma a all no escapa el hecho-- ocu e ambién en Eu opa, has a cie o pun o, po la misma época. Si nos a enemos a la eo ía de las gene aciones ba ocas expues a hace años ambién po Ma a all, no hay duda de que Co a- EL TE SORO DE COVARRUBIAS 47 ubias, c onológicamen e al menos, se ía in sc ibible en la p ime a, empa ejado con Góngo a o Lope, pe o desde un pun o de is a dis- in o se ha hecho no a que la España a la que pe enece nues o au o es la de Cano, Vázquez de Menchaca, los he mano s Valdés, ay Luis, A ias Mon ano o Luis de Malina. Pe o sig uiendo o a p opues a de Domíngu ez O iz, pod ía inclui se ambién en esa gene ación-más bien coho e- que llegó a la madu ez en e 1580 y 1620-ju s o , pues, la de Co a ubias- y a la que pe enecie on Ce an es, Ma iana o, en e ec o, Góngo a y Lope, que aún pudo co noc e años de p ospe idad y op imismo. Ma ín de Rique apun ó ya que el Tes o o ue publi- cado en una echa de la cual bas a eco d a que media en e las dos pa es del Quij o e y que es la misma que se asigna a la s Soledades de Góngo a. No pa ece p eciso comen a io alguno. Dejemos a un lado, en odo caso, es a enojosa cues ión de la s c onologías, nunca esuel a a gus o de odo s, a en os al hecho de mayo enjundia de qu e hoy día pocos se án quienes se empecinen en man ene que Mode nidad y Con a e o ma so n concep os cul u al- men e excluyen es. Todo el mundo admi e hoy, po ejemplo, lo que mi maes o Ma a all dije a hace mucho iempo, a sabe , que "una ue e dosis de medie alismo se ha hecho gene al en el siglo XVII" y, má s oda ía, la idea de que, po debajo de ese conjun o his ó ico y de esa men alidad que conocemos com o Renacimien o, se pen ea el espí i u medie al que segui á p oyec ándose hacia el Ba oco. Hay demasiada li e a u a acumulada sob e esa isión que compa en, cada cual a su modo, Bu ck.ha d , Van Ma ín, Agnes Helle , Mand ou, To anin, B andi, Luigi Russo, Eugenio Ga in, el p opio Ma a all, Polisensky, Chad aba, We me Somba , Amold Hause , Cassi e , WOl : i n o Tapi é, en una elación que pod ía ala ga se mucho más. C eo que, en es e sen ido, Co a ubias puede se conside ado como un homb e ilipino, un manie is a se eno o, si se p e ie e, un p eba- oco, un espí i u que, jun o al alo que a ibuye a la adición o al, al olclo e, a los localismos y a oda mani es ación de la expe iencia, en la acepción más g acianesca del é mino, no se apa a de la e de los an iguos com pa ibilizada con la Re elación. O odoxo i me, pe o sin es idencias, pa a Co a ubias no hay cua el con los he e - jes y no ha luga a la e o ma en que es os anamen e se ampa an y disimulan po la sencilla azón de que la e o ma, según él, ya ha sido concluida en T en o. En es e sen ido, nues o au o se cuen a 54 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN chea p opone ca ac e iza como el "an i ipo del he e je " y en la que loan Fus e e esa igu a, la del humanis a, como "un híb ido de g amá ico y de he eje". Co a ubias a anza en su abajo con pies de plomo, como se p ueba en la oz Espe anza, cuando, as expo- ne su se n ido, añade cau eloso: "Lo demás quede pa a los seño e s eólogo s; y lo que aq uí he dicho some o a su co ección, y p incipal- men e a la S. M. Y., co mo lo engo p o es ado en el p incipio de es a ob a, la cual no se ende e '.a a a a de las ma e ias más de lo que oca a sus e imologías y a algunas cosi as que acompañen". Él sabe que "la libe ad que buscan los he ejes de nues o iempo y llaman libe ad de conciencia, es se idumb e de alma y licencia". No se puede habla más cla o en medio de la oscu idad. Al i n y al cabo, el Índice de Valdés de 1559 había p ohibido, además de a E as mo y a los p o es an es, la lec u a de la Biblia en cas ellano -lo cual impli- caba a la p ác ica o alidad de aquel país anal abe o-, pe o ambién a espi i uales españoles an ene ados co no F a y Luis de G anada, san F ancisco de Bo ja, el a zobispo Ca anza, Men eses, el maes o Á ila y an os o os que Te esa de Jesús exp esó su desolación "po e se p i ada de lib os que idos". Y esa p ohibición du a ía oda ía mu cho i empo. No cabe duda, pues, de que el pano ama ha cambiado en España desde los iempos del Empe ado dando luga a esa, a mi juicio, ela i a "a onía del humanis mo" de que habla Femández Ál- a ez, y que hizo deci a E asmo aquello de Non pl ace Hispaniam. Cla o que al deci se, como se ha dicho, que la cul u a es- pañola que Co a ubias conoce y maneja es u o supedi ada du an e el pe iodo ilipino a su misión como ins umen o no poco se il de la Iglesia Romana, no se dice odo, ya que se deja en el in e o lo que, a mi juicio, es lo p incipal: que la Cul u a es u o di igida en esa di ección po que ésa e a p ecisamen e la di ección que con enía al Es ado, un Es ado bu oc á ico y adicalmen e mode no se diga lo que se diga. Es deci , que la imp egnación eligiosa de la cul u a en su conjun o e a, cie amen e, un obje i o eclesiás ico pe o ambién un medi ado designio de la mona quía. Reco demos la ilus a i a imagen de Felipe 11 ocupado en di igi los abajos de la Biblio eca escu ialense o en supe isa el B e ia io de los clé igos cuya edac- ción e o ma da se ul imaba en Flandes. Hay que en ende , en in , ese ca ác e eclesiás ico de la Cul u a como una consecuencia de las necesidades polí icas del égimen moná quico, señaladamen e la EL TESORO DE COVARRUBIAS 55 de p ese a in ac o el sis ema de in eg ación de la sociedad an igua cons i uido po las iejas leal ades p imo diale s, siemp e has a en- onces y aún mucho después, compa idas po la Iglesia y el Es ado. En el es udio po meno izado que mi abajo o ece de las uen es de Co a ubias -así como en el Apéndice inal- puede e se Ja ampli ud y di e sidad de la cul u a de don Sebas ián de Co a- ubias, el au én ico ca ác e enciclopédico de su ob a. La posición in elec ual del ilólogo humanis a llama mucho la a ención cuando, al inicia su a o, se obse a el cu ioso ca ác e enciclopédico de su cul u a, po que la a ea del es udioso mode no se ca ac e iza po e sa sob e ma e ias muy dis in as, es deci , po el hecho de que el humanis a, el sabio enacen is a, se p esen a como un espí i u abie o in e esado en los más pe eg inos sabe es, ha s a el pun o de que, po e e encia al mo imien o i aliano, Ga in ha señalado que el homb e de le as pa ece no desdeña nada de la sabidu ía clásica. Esos hom- b es hacen los s udia humani a is, a en de Pla ón o de A e oes, de de echo o de medicina, de ag icul u a o de c onog a ía. Y lo hacen como ales ilólogos, es deci , en endiendo que odas esas ma e ias en an na u almen e en su campo y no como consecuencia de la in asión de campos ajenos. Po eso ellos se ienen po g amá icos · -e incluyamos en esa compañía a He molao Ba ba a, a Coluccio Salu a i, al g an Lo enzo Valla o a Angelo Poliziano, en e an os o os- que han ealizado la conquis a del senso del!' an ico come senso della s o ia. El pa ecido con el caso español es absolu o. Re- co demos, po ejemplo, la ac i ud de Neb ija an e el sabe en gene al y, en pa icula , su in e és po la ciencia. Cuando Co a ubias esc ibe, aquel p ime humanismo ya ha pasado, es cie o, pe o su he encia se conc e a en el no edoso p oyec o de elabo a una g amma ica del pensie o, en cuyo ma co el sabe no e a ya un ondo de conocimien os independien es y yux- apues os, sino casi un hecho uni a io o un con inuum pa a domina el cual esul aba pe en o io eo ganiza la exp esión. De ahí an os a anes lingüís icos y de ahí el p es igio del lenguaje en la época, pues la p eocupación de los humanis as consis ía en ese con ex o en a icula los sabe e s, en undi los en el c isol de un discu so eno- ado, p eciso, e icaz, que ue a capaz de econcilia , como deseaba He molao Ba ba a, "la iloso ía de la na u aleza con los es udios de humanidades". Es e dad que la ci cuns ancia española - la que 56 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN i ía el p opio Co a ubias- no e a Ja misma que e lejan es o s idea- les i alianos. Aquí no se hubie a s us c i o, po más independencia a que se aspi a a, la idea de que Il g amma ico, e cioe lo s u dio so del /inguaggio e del disco so, ippone nella sciencia del disco so u a la sapienza unzana. Es a es la cla e: oda la sab idu ía humana. Neb ija había es udiado pedagogía, de echo, medicina, bo ánica, me ología, c onología, cosmog a ía, geog a ía y o os sabe es más pe eg inos como el "cálculo con lo s dedos". Pe o su ejemplo no es único, ni su alla in elec ual esul a o zosa. G amá ico y dialéc ico, Co a ubias no es, cie amen e, un sabio señe o, pe o ampoco es un ulga izado imp o isado ni un cu ioso "a la io le a". Ahí es án sus uen es: conoce a los clásicos g iegos y omano s, conoce la cul u a heb ea - bíblic a- , conoce a lo s ilóso os y espi i uales de la Edad Media; y co no ce po ex enso a los mode nos, a españo les, i alianos y anceses. Apa e de que en él se comp neba que la indagac ión de l humanis a no es g a ui a ni lúdica, como se ha sos enido, s ino eminen emen e p ác ica. Se quie e pone el ace o del sabe an iguo, jun o al mode no, a di sposición de la sociedad y, po supues o, del Es ado: ¿Che cosa -p eg un a Angelo Poliziano- i pub esse e di pie~ u ile e u uoso del pe suadi e median e la pa ola i uoi conci adin- ni? Ese "pe suadi median e la palab a" es la cla e pa a en ende la ilología humanis a, en I alia o en España, en Holanda, en Ingla e a o en Alemania. Una g an comunidad en omo al sabe se ha cons i- uido y unciona acep ablemen e. Recu o una ez má s al es imonio clásico: Duos agnosco dominos, Ch is um e Li e as. Co a ubias, como la inmensa mayo ía de nues os es udiosos, lo hubie a susc i o sin acila . * * * Seño es A ca démicos: du an e años he buscado a es e hom- b e y ebuscado en su ob a. He a ado de imagina lo po las callejas de los al os de Cuenca, paseando acaso al a a dece po las hoces del Júca y del Huéca , pe dido en la muchedumb e mad ileña o omana, abso o en la co e papal, a en o a la palab a piado sa (y a lo s igo es p oba bl es) del Pa ia ca Ribe a, de o o de su ío el P esiden e, a- milia con los inquisido es, abismado en sus lec u as y i me en sus c eencias. Una manda dejó a su mue e o denando que, a sus expen- EL TESORO DE COVARRUBIAS 57 sas. se dije a a pe pe uidad una misa po su alma en una capilla de aquella ieja Ca ed al de oji as no mandas y al as id ie as po las que, a media mañana, se il a di ac ada una luz inigualable. Y c eo habe lo encon ado. Ni idén ico ni di e en e, en lo undamen al, de lo que ue odo es udioso del la go pe iodo humanis a. Ma a all, mi maes o Ma a all, nos eco dó alguna ez que esos pensado es que i umpen en la cul u a eu opea a as ándola hacia una nue a men- alidad -y ci aba nada menos que a Leona do, Pa acelso o Keple o y has a a Campanella, G ocio y New on sin ce a la li s a- "no dejan de mo e se en el ma co de básicas doc inas adicionales". No hay más que asoma se al Teso o pa a comp oba esa c ea i a ensión que cons i uye acaso la a en u a más b illan e de nues a al a y compleja Cul u a. He dicho.