El Tesoro de Covarrubias (Lengua y saber en la España manierista)
Full text
EL TESORO
DE
COVARRUBIAS
(Leng
ua
y sabe en
la
España manie is a)•
Po
JOSÉ
ANTONIO
GÓMEZ
MARÍN
Excmo. S . Di ec o ,
Excmos. S as. y S es. Académicos,
Excmos. e Ilmos Seño es,
Que idos amigos:
Vaya po delan e que la hon a que
me
hacen al o o ga me
un
sillón en e us edes en es a ilus e Academia se e po enciada po
la
ci cuns ancia de qu
e,
siendo yo asiduo a sus ac os y ce emonias,
nunca pensé que un día hab ía de llega me el p i ilegio de pe ene-
ce a ella. La bene olencia de odos us edes y,
en
especial, de los
Académicos que pos ula on mi candida u a
-es
deci , don Manuel
Oli encia, doña En ique a Vila y don José Ma ía
Vaz
de
So o-
me
sob epasa an o que sólo me que
da
la
espe anza de
ju
s i ica con mi
colabo ación en
u
sias a el hono que me han o o gado. Pa a el p o e-
so Oli encia con
se
o in ac a la de oción que, como g an ju is a y
como conciencia é ica, le p o eso desde que
lo
conozco; a En ique a
Vila, más allá de mi admi ación in e
le
c
u
al,
la
g a i ud y el ca iño
que ella sabe despe a
en
los amigos; a José Ma ía
Vaz
de So o, con
1. El ex o que aquí
se
publica
es
el
leído en el ac o público de ing eso
en
la
Real Academia,
que cons i uye
un
esumen
de
una
ob a
más
ex ensa, en egada
en
el mismo ac o a los asis en es,
y publicada con el mismo í ulo
po
el
Se icio de Publicacio
ne
s de
la
Uni e sidad
de
Huel a,
Huel a, 2010.
40
JOSÉ ANTONIO GÓMEZ
MAR
N
quien he eco ido comple o nues o ag idulce cal a io gene acional,
mi
admi ación po su alen o y el econocimien o
de
su gene osidad.
A dos pe sonas ya ausen es pa a siemp e engo
que
eco da ambién
en es e momen o de g a i udes. La p ime a, mi pad e, que me dio
cuan o necesi é, sin asa ni plazo,
pa a
econ-e el la go y
no
poco
o uoso camino de
mi
o mación.
La
segunda,
mi
maes o,
don
José
An onio Ma a all, de quien ecibí
lo
poco bueno que pueda ene
en
mi
disposición in elec ual, y a quien debo, inclusi e, el p oyec o
de es e abajo que hoy p esen o, suge ido
po
él hace muchos años
como la esis doc o al que las ci cuns ancias
me
impidie on ema a .
Y a una e ce a, Me y Ma eos, mi muje , a la que debo econoce
-
al
ma gen de cualquie con encionalismo o co esía-el mé i o
sin ese as de habe encido mi indolencia y dispe sión na u ales,
de mane a que sin su o mación his o iog á ica, su as ucia pa a
la
pesquisa cul u al y su excepcional sen ido del o den, jamás hubie a
pues
o
en pie po mi cuen a el discu so que hoy some o a la bene-
olencia de la Academia. El p o eso Luis
Gómez
Canseco se
ha
p es ado benignamen e a enjuicia
mi
abajo y enmenda lo cuando
ha sido menes e , a endiendo a mi uego basado
en
la
con icción
de
su p ecoz magis e io en es as ma e ias, y la Uni e sidad de Huel a
me
ha hon ado al edi a a sus expensas mi abajo y edi a lo apa e
en su p es igiosa Biblio eca Mon aniana. A nues o compañe o Vi-
cen e Lleó ag adezco el in e és que se ha omado pa a con es a a
mi
discu so,
sin
duda desde su mejo y más e sado c i e io. Debo deci ,
en in, que end é el p i ilegio de lle a du an e mi ida académica
la noble y gas ada medalla que ue del pad e Ja ie e, mi en añable
amigo, quien me la lega po mano de su abnegada amilia se illana,
los Femández-Palacios.
C eo que la Academia no es un o ganismo obsole o
ni
una
" eliquia ilus ada" como se ha dicho
-desde
ue a, na u almen e-,
sino una ins ancia i a que debe es o za se po coge el paso que le
ma can los iempos nue os, cie amen e, sin enuncia pa a nada a su
iden idad y a su es ilo.
La
Ilus ación, de
la
que an o igno an e abusa
hoy, ue un hi o de e ec os i e e sibles en el p og eso humano, y las
Academias, un ins umen o más
al
se icio de su g a e p oyec o.
Como
la
mayo ía de us edes, yo engo a és a a abaja en lo que me
manden, no a luci una medalla y
un
í ulo p es igioso. Espe o de
odo co azón no de auda les.
EL TESORO DE COVARRUBI
AS
41
Me co esponde el hono , además,
de
sucede en su sillón a
un pe sonaje ilus e, don Faus ino Gu ié ez-Al iz y A ma io, j
u i
s a
de excepcional o mación, cuya ca e a doce
n e
le pe mi ió p oba su
capacidad poco común
al
pasa de omanis a
de
u
s e a p ocesalis a
enomb ado sin mayo es di icul ades, y
consegui
en ambos campos,
además de las cá ed as espec i as, un a o y gene al p es igio. No
u e el p i ilegio de conoce pe sonalmen e a
don
Faus ino, aunque
sí
leí s
us
enseñanzas en e los papeles
uni
e si a ios de mi hija
y,
más a de,
al
sume gi me embebido
en
su inigualable
Di
cciona io de
De ec
ho
Romano, una ob a que incluso quie
nes,
en
la Complu ense,
conocimos el sabio magis e io de Juan Igl
es
ia
s y U cisino Ál a ez,
hemos de alo a como un log o poco comú
n.
En
su ob a escogida y
ela i amen e b e e, don
Fa
us ino demues a
el
igo del ju is a jun o
a la in uición del homb e cul o que ha e lexionado a ondo sob e
Ja
ida pública y su his o
i
a y c eo, a juzga
po
su en usias a ensayo
sob e los G acos y po algunos lúcidos a ículos de p ensa a inen es
a los g andes p oblemas de la sociedad espa
ñola
de la T ansición a
la democ acia, que aquel ca ólico libe al-conse ado se dejó mucho,
po desg acia, en el in e o. Supone pa a
mí
un
comp omiso añadido
suced
e
en la Academia a es e p o eso insigne al que la inmensa ma-
yo ía de quienes lo conocie on coincide en cali ica como un homb e
bueno. No se me ocu e ningún í ulo más en idiable.
* * *
Voy
a expon
e
les en esumen las
co
nclusiones de mi abajo
sob e el Teso o de don Sebas ián de Co a Tubias, en cuyo de enido
análisis he pe seguido desci a y ecompone la imagen de la cul u a
manie is a-es
deci , lo que se sabía, cómo
se
sabía y cómo se decía
en
la
España
cu
l a de Felipe
II
-pa a desde ella in en a una ca ac-
e ización de la cul u a de
la
época. Y en
mi
abajo he descubie o,
lo p ime o, que a Co a ubias lo ci a medio mundo y de esa mane a
an so p enden e que yo mismo he comp obado yendo a busca lo allí
donde po l
óg
ica no pod ía al a , sin encon a lo, y opezándomelo
con es upo en o as ocasiones menos
p
e isibles. C eo que a Co-
a ubias se lo ci a, en e o as a ias y pin o escas, de dos mane as
undamen ales. La p ime a, como es igo y au o idad del idioma, de
la semán ica, de la lexicog a ía. La segund
a,
como e e encia de su
42 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN
época, es o es, de
la
España de Felipe U. Lo que qu
ie
e deci que
el
Teso o lo ha sido en e dad an o pa a los que buscaban ce cio a
su
buen deci como pa a aquellos o os que pe seguían co obo a
algo
conce nien e
al
sabe de aquel iempo, y he de deci que an o
en
unos como en o os hay quien adminis a ese
cauda
l como
le
da
la
gana, ayando con ecuencia en la
pi
a e ía más ulga .
Cie amen e, el Teso o es
un
es excepcional pa a conoce
la cul u a ca ólica
de
la
época, o dicho de o o
mod
o, la cul u a
nacional ilipina. De en ada ien a en e a se
en
él
de
qué
es
lo
que
había sob e i ido, po adición
o al
o esc i a, a la ela i a incu ia
medie al y a la insidiosa censu a eclesiás ica, si
em
p e a izo ,
al
ma -
gen de la es upenda c isis del Renacimien o ca olino. Pe o
más
allá
de es a cu iosidad, ien a ambién in e na se en es a e dade a enci-
clopedia, en es e monumen o hecho de sabe es alu iales,
un
poco a
imagen y
se
mejanza de l
os
he cúleos abajos del Medie o, como,
pongamos po caso, las E imologías de Isido o. Sólo que esa a ea,
en iempos de Co a ubias, po más que siguie a in en ándose, ya
no
e a ac ible po muchas azones. Y la undamen al es que la é
poca
en que esc ibe Co a ubias es una época mo ida, soli ian ada,
un
iempo que se de
ine
po su eme
nda
conciencia de c isis exp es
ada
en el sen imien o de que el mundo es a ía cambiando acele adamen e
y de que a ese as o no a al es
ul
aba imp escindible opone le
la
esis encia he oica del igo y de la o aleza. En
la
s ob as
de
His-
o ia ienen us edes los da os que aquí no encon a ían acomodo.
Bas e eco da aho a que
el
mundo de Co a ubias no es ya
el
iejo
o do Dei,
si
no el esul ado
de
esa g an conmoción que conocemos
como Renacimien o: es, en de
i
ni i a, el mundo mode no. Homb es
como él han de lucha a b azo pa ido y en medio de con adicciones
en e el i ón mode nis a que qui
e e
e o ma la ida cul u al
y,
as
e
ll
a, la sociedad misma, y
el
impul
so
con a e o mis a, de inido
de
una ez po odas en T en o. Hab
ía
que bo dea con pies de plomo
la linde " e o mis a" y sen a plaza con a
la
he ejía. Ahí sí que no
cabían ansacciones. Ni ellos las busca on, p opiamen e, aunque
no pudie an za a se nunca de esa penosa imp esión de insegu idad
an as eces esuel a en con adicciones cuando no en alg
ún
di
sgus o
mayo .
El
Teso o
no
u o g an éxi o de salida, po lo que sabemos,
y s9
lo
más de un siglo
de
spués de la mue e de su au o , cuando,
EL TESORO
DE
COVARRUB
IAS
43
en 1726,
en
el es upendo p oyec o de Dicciona io de Au o idades
concebido
po
el ma qués de Villena, pase a
se
u ilizado como uno
de
sus ejes undamen ales, y lo elogie don Nicolás An onio, cob a á
impo ancia.
No
ol idemos la malé ola
i onía
de Que edo, cuando,
censu ando los icios del leguaje, esc ibe ex ualmen e: "También se
ha hecho Teso o de la Lengua Espaíiola donde el papel es más que la
azón; ob a g ande y e udición desaliñada".
Nada
menos.
Pe o ¿quién e a don Sebas ián
de
Co a ubias? P ocu en
us edes, Excmos. S s., no ex a ia se po
los
e icue os amilia es
que oy a expone y epa en en
la
signi icación de los nomb es y
apellidos que an a oí . Fue
su
pad e don Sebas ián de Ho ozco -hijo
del a qui ec o Juan de Ho ozco- y su
mad e
doña
Ma ía Vale o de
Co a ubias, al p ime o de los cuales le
ue
a ibuida, nada menos
que po don Julio Cejado , la pa e nidad
del
Laza illo
y,
de paso,
unas buenas
cu
lpas de e asmismo, ex emos ambos de los que Ba ai-
llon se deshizo sin di icul ad. Y ue on sus he manos, don Juan, que
alcanza ía la mi a episcopal, y Ca alina, de
la
que sabemos poco.
Su
mad e, doña Ma ía Vale o, e a hija de un cu ioso pe sonaje, el bo da-
do Ma cos de Co a ubias, muchos de cuyos p imo es se conse an
en la Ca ed al de Toledo, a su ez he mano
de
un don Juan, Magis al
de Cuenca, y del admi able don Alonso de Co a ubias, uno de los
a qui ec os enacen is as de mayo p es igio e impo ancia. Pe o don
Alonso empa en ó a su es i pe con o a saga de a qui ec os de no a,
los Egas,
al
casa con Ma ía Gu iéITez Egas, hija de En ique y nie a
de An ón Egas, y
de
esa unión nacie on dos pe sonajes cla e
de
la
época: don Diego de Co a ubias y Ley a y
su
he mano An onio. La
coho e gene acional de don Sebas ián se
educa
con ellos, es deci ,
con dos igu as p ominen es de
la
Iglesia del momen o, pues ambos
habían sido pad es concilia es en T en o, donde don Diego, amigo
del ca denal Hugo Buoncompagno, an iguo nuncio en España y
u u o G ega io XIII, u o una ac uación decisi a,
en
especial en el
dec e o De ejo ma ione, an es de
o
l
e
a España donde des aca ía
como p o eso de canónico en Salamanca, as segui los magis e ios,
jun o con su he mano, del eminen e Doc o Na a o, de Diego Ála a
de Esqui e!, de Nicolás Clea do y de Femando Núñez el Pinciano.
Don
Diego
es
el p o o ipo de caITe a eclesiás ica del momen o - ue
conocido y eco dado como el Bá olo español-y alcanza ía, as
su obispado en Ciudad Rod igo y
en
Sego ia, la p opues a eal pa a
44 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN
el a zobispado de San o Domingo,
un
pues o
en
el Consejo
y,
inal-
men e, la P esidencia del Consejo de Cas illa.
Su
he mano An onio,
e udi o e sadísimo, as pasa po T en o,
ue
ambién conseje o
de Cas illa, Maes escuela de Toledo y Oido
de
la
Chancille ía
de
G anada. Un p imo he mano de Co a ubias,
en
in, hijo de
Ma ía
de Ho ozco, ue ay Juan de Yepes, Gene al
de
la O den de
San
Je ónimo en e 1600 y 1603.
Como dije a el ús ico en el Quijo e -
un
ús ico que as-
pa en a en demasía su condición enacen is a y has a algún asgo
maquia élico-se a aba de "es udia y más es udia y ene en u a
y a o , y cuando menos se piense el homb e
se
halla con una
a a
en
Ja
mano o con una mi a en la cabeza". Pa ece que Ce an es
e a a a de p opósi o a los Co a ubias en aquel bullen e Toledo
de los Cisne os, los Guille mo de C oy, los Fonseca, los Ta e a, los
Ma ínez Silíceo, los Ca anza, los Qui oga, los Mendoza o incluso
Albe o el A chiduque de Aus ia, hijo de Maximiliano II, nie o
de
Ca los V
y,
po an o, sob ino del ey Felipe.
No amos a hace conje u as sob e las azones que pudie a
ene Co a ubias pa a silencia a su pad e de
la
mane a es uendosa
en que lo hizo, pe o no es a en u ado conje u a que el Consul o
de
la Inquisición y no o io an isemi a
que
él e a, emía esal a una ilia-
ción que pudie a ae le p oblemas.
De
hecho, Jack Weine da cuen a
de que un sob ino de Co a ubia
s,
hijo de su he mana
Ca alina-en
la
que an o Sebas ián como su he mano Juan habían esignado
su
he encia- ue epa ado de con e so
po
pa e de su abuela ma e na;
sin con a que cons a que Ho ozco e a hijo de una con e sa, Ma ía de
So o, la ala gada somb a de la cual g a i a ía sob e su descendencia
condicionando la ca e a de sus nie os que, si med a on, ue po
la
p o ección de sus pode osos íos, en especial po la del P esiden e.
Co a ubias es á inse o, pues, en un cí culo amilia de
ex ao dina io peso en Toledo y a la somb a de su mi a, un clan de
a qui ec os des acados y al os clé igos, de li e a os y de polí icos de
p ime ísima ila, como des acó Ma ín de Rique , que ac uaba en
un cen o de pode p i ilegiado como
la
Ciudad Impe ial. El pode
de la Mi a oledana e a po en ones, desde luego, ex ao dina io,
casi un pode pa alelo
al
eal, sob e odo en endido como seño ío
local, y en el ma co del pode de una Iglesia nacional cuyo papel ha
en a izado Kamen eco dándola como
la
o ganización " ica y pode-
EL
TESORO DE COVARRUB
IAS
45
osa" que, a inales del XVI, poseía "la
se
x a
pa e del e i o io de
España" (don Amé ico Cas o llegó a
a i ma
que la Iglesia po
se
ía
en onces "la mi ad del suelo de España"),
inclu
so sin con a con los
ingen es ecu sos de los monas e ios, y e i iéndose a la cual Lynch
ha a en u ado que, ni siquie a en su
pun o
más al o, la ci a del
o o ame icano
"s
upe ó los ing esos que
ecibía
Felipe
11
de uen es
eclesiás ica
",
mien as que don Fe mín Caballe o le calculaba la a-
bulosa can idad de "en e ein a y cua en a
mil
ducados de en
a"
al
año. Jun en esa in luencia cle ical a
la
que eje cían en aquel iempo
los a qui ec os, y en ende án cómo, an só
lo
en
dos gene aciones, la
amilia p ospe ó como lo hizo, log ando
a a
s, mi as y canonjías,
como un caso insóli o incluso en aque
ll
a pode osa y dinámica ciudad
de
la que el e án decía: "En Toledo,
el
a
bad
a hue o"; y o o adagio
bien conocido encomiaba compa ándola
con
Se illa: "Toledo en i-
queza, Se illa en g andeza". A
lo
que
ha
y
que
añadi el papel jugado
en la p omoción social po la Uni e sidad y los Colegios Mayo es,
au én icos ins umen os de eclu a de las éli es o, más bien, cen os
decisi os de selección de clien elas y c i
sol
de g upos de p esión
cul u al, con los que los Co a ubias u ie on, en Salamanca, una
elación especialmen e in ensa.
También la igu a de don Sebas ián de Co a ubias esul a
suges i a, sal adas las dis ancias, po
lo
que
iene de ípica como
ca e a p i ilegiada
y,
al mismo iempo,
po
cuan o compo a de
e a o del al o cle o p o inciano. Sabemos que Felipe II pen
só
en
él como posible p ecep o del p íncipe
Fe
mando; que ue cape
ll
án
de Felipe III; que pasó a Roma donde ob u
o
de G ego io XIII
-e
l
amigo de su ío don Diego y ni que deci iene que a la somb a de
és e- la canonjía de Cuenca, a alado po ca a de Su Majes ad. Pe o
ambién
no
s ha llegado ní ida la imagen del canónigo diligen e que,
cie amen e conside ado po el Cabildo
de
Cuenca como pe sona
de no a, cumple con n
a
u alidad incluso los enca gos más p osaicos
de la adminis ación diocesana, sin deja de se ese "ine i able ac-
ó um", como se le ha llamad
o,
cuando se
p
esen a la ocasión. Un
hi o impo an e en su ida ue la comisión eal pa a el p oyec o de
ins ucción de los mo i
sc
os alencianos, que ecibió en 1595, lo que
lo ace có al duque de Le ma, a quien dedi
ca
sus Emblemas en 1610.
Unos abajos que, in e umpidos po la oposición de los "es amen-
o
s del Reino
",
como dice el obispo de Sego be, y eanudados con
46
JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN
pos e io idad, le causa ían decepciones y disgus os no ables,
aunque
ambién le epo a ían la dignidad
de
Maes escuela de la Ca ed al
o o gada po Clemen e VIII y de la
que
oma ía
po
sesión en 1602.
El
clé igo cul o y esc upuloso que se deba ía en e su conciencia exclu-
yen e y su debe mo al, ol e ía a Valencia, ambién
en
elación
con
el enojoso p oblema mo isco,
en
es
a
ocasión pa a
cae
muy
ce ca
del Pa ia ca Ribe a con quien man u o es echa elación. González
Palencia nos dio un esumen excelen e de es a suge en e biog a ía y
a él, jun o a los demás au o es que hago cons a
en
la
bibliog a ía
de
mi es udio, he de econoce aquí
mi
débi o.
Enma cada así su igu a,
hay
que si ua a Co a ubias
en
el
con ex o his ó ico-cul u al del humanismo español, ad i iendo,
de
en ada, el gi o expe imen ado po és e, en línea con la p opues a
de
Cejado de los "dos einados", el de Ca los V y el de Felipe
II
, de
los
que es
e
úl imo p oyec a una imagen g a e, eplegada
en
su in e io ,
nacionalis
a
y " encedo a del Renacimien o pagano", p oduc o de
lo
que el p opio Cejado llama la ic o ia del " e o mismo ca ólico" -
imp egnado, se supone, de le adu a e asmis a- en e al lu e anismo.
Más mode no y menos con esional, Domínguez O iz encaja la cues-
ión
en
el ma co del p oceso de "cas ellanización de la mona quía",
den o del que el Rey se uel e hacia Cas illa, que
pa
sa a se cen o
-y
g ane o, y campo su ido de la alcabala, del e cio o de la décima-
de la soñada mona quía impe ial.
Un
pueblo de gen es o gullosas y
oscu as, de pa dos lab iegos y clé igos g a es, de hidalgos onados
y ailes pedigüeños, de soldados maland ines y es udian es sopis as,
a a di igi los des inos del mundo
y,
como es na u al, ello impone un
cie o mo imien o con ác il, de algún modo pa ecido
al
an es esbo-
zado: ce amien o sob e sí mismo, aislamien o, "de ensa" hacia ue a
y hacia den o. El enlu ado mona ca esol iendo p o idencias en su
celda de El Esco ial es odo un símbolo. Lo que cuad a bien con el
a iso de Ma a aJl de que la His o ia española es pa alela a la del es o
de la Eu opa cul a has a el siglo
XVI
y que es a ines de es e siglo,
"con el he me ismo que a g andes pasos se impone en el einado de
Felipe
11
, cuando las cosas cambian
en
pun o a ole ancia y a libe ad
in elec ual", cosa que, po cie o - y a Ma a all no escapa el hecho--
ocu e ambién en Eu opa, has a cie o pun o, po la misma época.
Si nos a enemos a
la
eo ía de las gene aciones ba ocas
expues a hace años ambién po Ma a all, no hay duda de que Co a-
EL
TE
SORO DE COVARRUBIAS 47
ubias, c onológicamen e
al
menos,
se
ía
in
sc
ibible en la p ime a,
empa ejado con Góngo a o Lope, pe o
desde
un pun o de is a dis-
in o se ha hecho no a que la España a la
que
pe enece nues o au o
es
la
de Cano, Vázquez de Menchaca, los
he mano
s Valdés, ay Luis,
A ias Mon ano o Luis de Malina. Pe o sig
uiendo
o a p opues a de
Domíngu
ez
O iz, pod ía inclui se ambién
en
esa gene ación-más
bien coho
e-
que llegó a
la
madu ez en e 1580 y
1620-ju
s
o
, pues,
la
de Co a ubias- y a la que pe enecie on Ce an es, Ma iana o, en
e ec o, Góngo a y Lope, que aún pudo co
noc
e años de p ospe idad
y op imismo. Ma ín de Rique apun ó ya
que
el
Tes
o o ue publi-
cado en una echa de la cual bas a eco d
a
que
media en e las dos
pa es del Quij
o
e y que es la misma que
se
asigna a
la
s Soledades
de Góngo a. No pa ece p eciso comen a io alguno.
Dejemos a un lado, en odo caso,
es a
enojosa cues ión de
la
s c onologías, nunca esuel a a gus o de
odo
s,
a en os al hecho de
mayo enjundia de
qu
e hoy día pocos se án quienes se empecinen en
man ene que Mode nidad y Con a e o ma
so
n concep os cul u al-
men e excluyen es. Todo el mundo admi e
hoy,
po ejemplo, lo que
mi maes o Ma a all dije a hace mucho iempo, a sabe , que "una
ue e dosis de medie alismo se ha hecho gene al en el siglo XVII"
y,
má
s oda ía, la idea de que, po debajo
de
ese conjun o his ó ico y
de esa men alidad que conocemos
com
o Renacimien o, se pen ea el
espí i u medie al que segui á p oyec ándose hacia el Ba oco. Hay
demasiada li e a u a acumulada sob e esa isión que compa en, cada
cual a su modo, Bu ck.ha d , Van Ma ín, Agnes Helle , Mand ou,
To anin,
B
andi, Luigi Russo, Eugenio Ga in, el p opio Ma a all,
Polisensky, Chad aba, We
me
Somba ,
Amold
Hause
,
Cassi e
,
WOl
: i
n o Tapi
é,
en una elación que pod ía ala ga se mucho más.
C eo que, en es e sen ido, Co a ubias puede se conside ado como
un homb e ilipino, un manie is a se eno o, si se p e ie e, un p eba-
oco, un espí i u que, jun o al alo que a ibuye a la adición o al,
al olclo e, a los localismos y a oda mani es ación de la expe iencia,
en
la
acepción más g acianesca del é mino, no se apa a de la e de
los an iguos
com
pa ibilizada con la
Re
elación. O odoxo i me,
pe o sin
es
idencias, pa a Co a ubias no hay cua el con los he
e
-
jes y no ha luga a la e o ma en que es os anamen e se ampa an
y disimulan po la sencilla azón de que
la
e o ma, según él, ya ha
sido concluida en
T
en o. En es e sen ido, nues o au o se cuen a
54 JOSÉ ANTONIO
GÓMEZ
MARÍN
chea p opone ca ac e iza como el "an i ipo del
he
e
je
" y en la
que
loan
Fus e
e
esa igu a,
la
del humanis a,
como
"un híb ido
de
g amá ico y de he eje". Co a ubias a anza en
su
abajo con
pies
de plomo, como se p ueba en la oz Espe anza, cuando, as expo-
ne su
se
n ido, añade cau eloso: "Lo demás quede
pa a
los seño
e
s
eólogo
s;
y lo que aq
uí
he dicho some o a su co ección, y p incipal-
men e a la S. M.
Y.,
co
mo
lo engo p o es ado
en
el
p incipio de
es a
ob a,
la
cual no se ende e '.a a a a
de
las ma e ias más
de
lo
que
oca a sus e imologías y a algunas cosi as que acompañen". Él sabe
que "la libe ad que buscan los he ejes de nues o iempo y llaman
libe ad de conciencia, es se idumb e de alma y licencia". No
se
puede habla más cla o
en
medio de
la
oscu idad. Al
i
n y
al
cabo,
el
Índice de Valdés de 1559 había p ohibido, además de a E
as
mo
y a
los p o es an es, la lec u a de la Biblia en cas ellano
-lo
cual impli-
caba a la p ác ica o alidad de aquel país anal abe o-, pe o ambién
a espi i uales españoles an ene ados co no
F a
y Luis de G anada,
san F ancisco de Bo ja, el a zobispo Ca anza,
Men
eses, el maes o
Á ila y an os o os que Te esa de Jesús exp esó su desolación
"po
e se p i ada de lib os que idos". Y esa p ohibición du a ía oda
ía
mu
cho
i
empo. No cabe duda, pues, de que el pano ama ha cambiado
en España desde los iempos del Empe ado dando luga a esa, a mi
juicio, ela i a
"a
onía del humanis
mo"
de que habla Femández Ál-
a ez, y que hizo deci a E asmo aquello de Non
pl
ace Hispaniam.
Cla o que al deci se, como
se
ha
dicho, que la cul u a es-
pañola que Co a ubias conoce y maneja es u o supedi ada du an e
el pe iodo ilipino a su misión como ins umen o no poco se il de
la Iglesia Romana, no
se
dice odo,
ya
que se deja en el in e o lo
que, a mi juicio, es lo p incipal: que la Cul u a es u o di igida en
esa di ección po que ésa e a p ecisamen e la di ección que con enía
al Es ado, un Es ado bu oc á ico y adicalmen e mode no se diga lo
que se diga. Es deci , que
la
imp egnación eligiosa de la cul u a en
su conjun o e a, cie amen e, un obje i o eclesiás ico pe o ambién
un medi ado designio de la mona quía. Reco demos la ilus a i a
imagen de Felipe
11
ocupado en di igi los abajos de la Biblio eca
escu ialense o en supe isa el B e ia io de los clé igos cuya edac-
ción e o ma
da
se ul imaba en Flandes. Hay que en ende , en
in
,
ese ca ác e eclesiás ico de la Cul u a como una consecuencia de
las necesidades polí icas del égimen moná quico, señaladamen e la
EL TESORO DE COVARRUBIAS
55
de p ese a in ac o el sis ema de in eg ación
de
la sociedad an igua
cons i uido po las iejas leal ades p imo diale
s,
siemp e has a en-
onces y aún mucho después, compa idas
po
la
Iglesia y el Es ado.
En
el es udio po meno izado que
mi
abajo o ece de las
uen es de Co a ubias -así como en el Apéndice inal- puede e se
Ja
ampli ud y di e sidad de la cul u a de
don
Sebas ián de Co a-
ubias, el au én ico ca ác e enciclopédico
de
su ob a.
La
posición
in elec ual del ilólogo humanis a llama
mucho
la a ención cuando,
al
inicia su a o, se obse a el cu ioso ca ác e enciclopédico de
su cul u a, po que la a ea del es udioso
mode no
se ca ac e iza po
e sa sob e ma e ias muy dis in as, es deci ,
po
el hecho de que el
humanis a, el sabio enacen is a, se p esen a como un espí i u abie o
in e esado en los más pe eg inos sabe es,
ha
s a el pun o de que, po
e e encia al mo imien o i aliano, Ga in
ha
señalado que el homb e
de le as pa ece no desdeña nada de la sabidu ía clásica. Esos hom-
b es hacen los s udia humani a is, a en
de
Pla ón o de A e oes, de
de echo o de medicina, de ag icul u a o
de
c onog a ía. Y lo hacen
como ales ilólogos,
es
deci , en endiendo que odas esas ma e ias
en an na u almen e en su campo y no
como
consecuencia de la
in asión de campos ajenos. Po eso ellos
se
ienen
po
g amá icos ·
-e incluyamos en esa compañía a He molao Ba ba a, a Coluccio
Salu a i, al g an Lo enzo Valla o a Angelo Poliziano, en e an os
o os- que han ealizado la conquis a del senso del!' an ico come
senso della s o ia. El pa ecido con el caso español es absolu o. Re-
co demos, po ejemplo,
la
ac i ud de Neb ija an e el sabe en gene al
y, en pa icula , su in e és
po
la ciencia.
Cuando Co a ubias esc ibe, aquel p ime humanismo ya
ha pasado, es cie o, pe o su he encia se conc e a en el no edoso
p oyec o de elabo a una g amma ica del pensie o, en cuyo ma co
el sabe no
e a
ya
un ondo de conocimien os independien es y yux-
apues os, sino casi un hecho uni a io o un con inuum pa a domina
el cual esul aba pe en o io eo ganiza
la
exp esión.
De
ahí an os
a anes lingüís icos y de ahí el p es igio del lenguaje en
la
época,
pues
la
p eocupación de los humanis as consis ía en ese con ex o en
a icula los sabe e
s,
en undi los en el c isol de un discu so eno-
ado, p eciso, e icaz, que ue a capaz de econcilia , como deseaba
He molao Ba ba a,
"la
iloso ía de
la
na u aleza con los es udios
de humanidades". Es e dad que la ci cuns ancia española -
la
que
56 JOSÉ ANTONIO
GÓMEZ
MARÍN
i ía el p opio Co a ubias- no e a Ja misma
que
e lejan es
o
s idea-
les i alianos. Aquí no se hubie a s
us
c i o, po
más
independencia
a que se aspi a a, la idea de que Il g amma ico, e cioe
lo
s u
dio
so
del /inguaggio e del disco so, ippone nella sciencia del disco so
u a la sapienza unzana. Es a es la cla e: oda la
sab
idu ía humana.
Neb ija había es udiado pedagogía, de echo, medicina, bo ánica,
me ología, c onología, cosmog a ía, geog a ía y o os sabe es
más
pe eg inos
como
el "cálculo con
lo
s dedos". Pe o su ejemplo no
es
único, ni su alla in elec ual esul a o zosa. G amá ico y dialéc ico,
Co a ubias no es, cie amen e,
un
sabio señe o,
pe o
ampoco es
un
ulga izado imp o isado ni un
cu ioso
"a
la io
le
a".
Ahí
es án sus
uen es: conoce a los clásicos g iegos y omano
s,
conoce la cul u a
heb ea - bíblic
a-
, conoce a
lo
s ilóso os y espi i uales de la
Edad
Media; y co
no
ce po ex enso a los mode nos, a
españo
les, i alianos
y anceses. Apa e de que en él se comp neba
que
la indagac
ión
de
l humanis a no es g a ui a ni lúdica, como se
ha
sos enido, s
ino
eminen emen e p ác ica.
Se
quie e
pone
el ace o del sabe an iguo,
jun o al mode no, a
di
sposición de
la
sociedad y,
po
supues o, del
Es ado: ¿Che cosa -p eg
un
a
Angelo Poliziano- i
pub
esse e di
pie~
u ile e
u uoso del pe suadi e median e la pa ola i uoi conci adin-
ni? Ese "pe suadi median e la palab a" es la cla e
pa a
en ende
la
ilología humanis a, en I alia o en España, en Holanda, en Ingla e a
o en Alemania.
Una
g an comunidad en
omo
al sabe se ha cons i-
uido y unciona acep ablemen e. Recu o una ez
má
s al es imonio
clásico: Duos agnosco dominos, Ch is um
e
Li e as. Co a ubias,
como la inmensa mayo ía de nues os es udiosos, lo hubie a susc i o
sin acila .
* * *
Seño es A
ca
démicos: du an e años
he
buscado a es e hom-
b e y ebuscado
en
su ob a. He a
ado
de imagina lo po las callejas
de los al os de Cuenca, paseando acaso al a a dece po las hoces del
Júca y del Huéca , pe dido en la muchedumb e mad ileña o omana,
abso o en la co e papal, a en o a la palab
a
piado
sa
(y
a
lo
s igo es
p oba
bl
es) del Pa ia ca Ribe a, de o o de su ío el P esiden e, a-
milia
con
los inquisido es, abismado en sus lec u as y i me
en
sus
c eencias.
Una
manda dejó a su mue e o denando que, a sus expen-
EL TESORO DE COVARRUBIAS 57
sas. se dije a a pe pe uidad una misa po
su
alma
en una capilla de
aquella ieja Ca ed al de oji as no mandas y al as id ie as po las
que, a media mañana, se il a di ac ada
una
luz inigualable. Y c eo
habe lo encon ado.
Ni
idén ico
ni
di e en e, en lo undamen al, de
lo que ue odo es udioso del la go pe iodo humanis a. Ma a all,
mi
maes o Ma a all, nos eco dó alguna
ez
que
esos pensado es que
i umpen en
la
cul u a eu opea a as ándola hacia una nue a men-
alidad -y ci aba nada menos que a
Leona do,
Pa acelso o Keple o y
has a a Campanella, G ocio y New on sin
ce a
la
li
s a- "no dejan
de mo e se en el ma co de básicas doc inas adicionales".
No
hay
más que asoma se
al
Teso o
pa a comp oba
esa
c ea i a ensión que
cons i uye acaso
la
a en u a más b illan e
de
nues a al a y compleja
Cul u a.
He dicho.