COMUNICACIÓN Y PERIODISMO SLOW EN ESPAÑA.GÉNESIS Y BALANCE DE LAS PRIMERAS EXPERIENCIAS Alejandro Barranquero Universidad Carlos III de Madrid
[email protected] Gloria Rosique Universidad Carlos III de Madrid grosiq[email protected] Cuando nos apresuramos, rozamos la superficie y no logramos establecer verdadero contacto con el mundo o las demás personas. Carl Honoré Resumen Desde la década de los 1990, el movimiento slow viene avanzando propuestas que tienen por finalidad volver a conectar al ser humano con su entorno social y ambiental más cercano, frente al mandato moderno y capitalista de lucrativos modelos de vida definidos en torno a la velocidad, o frente a una inmediatez de la información que hoy “amenaza con el desencadenamiento inmediato de la crisis” (Virilio, 1988: 48). Las iniciativas un aún embrionario movimiento de la comunicación, el periodismo o los medios lentos (slow communication / journalism / media), que emergen desde finales de los 2000 en distintos contextos geográficos, pasarían, en esta línea, por ideales de desconexión, desinfoxicación y dieta digital, y por alfabetizar acerca de nuevos patrones de producción y consumo tecnológicos adaptados a las auténticas necesidades físicas y psicosociales del ser humano (Freeman, 2009; Johnson, 2012; Powers, 2010). Correlato de lo anterior, en el contexto español también se vienen dando algunos avances teóricos y de sistematización de experiencias (Abad, 2012; Barranquero, 2013; Rosique, 2012; Serrano Puche, 2012, 2013; Victoria, Gómez Tinoco y Arjona, 2012). El objeto de esta comunicación es evaluar si existe, o no, en nuestro país un incipiente periodismo slow, tal vez como una respuesta a la crisis sistémica (económica, institucional, ambiental, etc.) y periodístico-comunicacional que atraviesa en la actualidad el planeta y, en particular, España. Mediante el diseño de un modelo de análisis y sistematización de las primeras experiencias detectadas -FronteraD, 32
Forokovu, La Marea, Vía 52, Jotdown, Diagonal o Periodismo Humano-, se intenta definir qué tienen en común y en qué divergen estos proyectos; cuáles son sus orígenes espacio-temporales; principales objetivos y temáticas e instrumentos de newsmaking; auto-definición o no como proyecto slow; modos de financiación y organización, etc. Por otro lado, se evaluarán cuáles pueden ser los fundamentos históricos de la tradición periodística española más relevantes –crónica, crítica, reportaje en profundidad, ensayo, revista ilustrada, fotoperiodismo, etc.- a la hora de cimentar un periodismo que advierta de la insostenibilidad de los ritmos tecnológicos y propugne ideales de información desacelerada, de calidad y atenta a las necesidades últimas del ser humano. Palabras clave: Periodismo slow, Comunicación slow, tecnologías, información. 1. LOS DESAFÍOS DEL VÉRTIGO TECNOLÓGICO A lo largo de la historia de la humanidad, la introducción progresiva de tecnologías de la información ha provocado mutaciones muy significativas en las formas de conocimiento, los hábitos o los propios modos de vida del ser humano. En este sentido, desde la década de 1990, Internet y las redes han supuesto el último eslabón en la búsqueda ancestral de medios que permitan rebasar las barreras espaciales y temporales. Esta carrera avanzó a través de hitos como la invención de la imprenta (siglo XVI), el telégrafo o el teléfono (siglo XIX) y la radio o la televisión (siglo XX). Pero desde finales del siglo pasado estamos asistiendo a la que es tal vez una de las revoluciones más radicales vividas en el campo de la comunicación, puesto que el tránsito de lo analógico a lo digital facilita, más que ninguna otra herramienta precedente, la posibilidad de una comunicación al instante y accesible desde cualquier punto del planeta. Pero los efectos de las tecnologías no son unívocos ni inherentemente positivos, sino paradójicos, contradictorios y, con frecuencia, negativos para el ser humano, según desvelaron prematuramente trabajos críticos con el tecno-determinismo como los de Jacques Ellul, (1960) o Lewis Mumford (2010). Sin embargo, la tónica habitual frente a cada nuevo descubrimiento tecnológico suele ser la del entusiasmo. De hecho, la modernidad se construye en torno al mito de las tecnologías como portadores potenciales de desarrollo, progreso o democratización, hasta el punto de asociar la 33
celeridad de los cambios tecnológicos con ideales como la razón, la eficiencia y el progreso (Harvey, 1998). Sin embargo la desaparición de tiempo y espacio también puede ser negativa y conducir al “accidente”, desde el momento en “nuestras sociedades han terminado por volverse arrítmicas, o más bien, no conocen más que un único ritmo, el de la aceleración continua” (Virilio, 2012: 31). Como señala Honoré (2012: 13), la rapidez no es en sí misma perjudicial. El problema estriba en el “culto a la velocidad”, al que nos interpela la cultura moderna y capitalista; o, dicho en otros términos, el mandato de “abolir toda pérdida de tiempo” y de de “ganar tiempo” como hipotética fuente de toda eficiencia, beneficio y progreso, de forma que “la indolencia se toma por pereza” (Rahbi, 2013: 18). Las nuevas tecnologías someten al ser humano a un estado febril con su invitación permanente a estar informado y conectado en cualquier momento y circunstancia. Pero el culto a maximizar el tiempo de la técnica puede llegar a alejar al ser humano del disfrute de otras actividades, o mantenerlo en un estado de permanente tensión y ansiedad por cumplir con todas las tareas que con ellas se autoimpone. Lo que es más grave es que esto puede derivar en un círculo de consumo tecnológico al dictado de falsas necesidades creadas artificialmente por la industria mediática y publicitaria, necesidades como las de sustituir cada cierto tiempo el teléfono móvil o el ordenador, a la sazón del último invento tecnológico. Incluso podríamos hablar de que hoy existe todo un universo de nuevas patologías y enfermedades neuronales relacionadas con el uso intensivo de las TIC, tales como la ansiedad y el estrés, el déficit de atención con hiperactividad, o el síndrome de desgaste ocupacional. En suma, pareciera que la única forma de relacionarnos con la tecnología fuera entendiéndola como avance y progreso sin percatarnos de que pausadamente también se puede llegar al mismo objetivo, con la diferencia de que en el trayecto, además de avanzar, también se puede disfrutar del camino. 2. INTERSECCIONES ENTRE LA COMUNICACIÓN Y EL MOVIMIENTO SLOW En los últimos años, el movimiento slow se presenta como una alternativa al "culto a la velocidad" de las sociedades modernas, que tienden a restar importancia a la reflexión y la contemplación de lo que sucede en nuestro entorno, e infravaloran el goce y disfrute sosegado de las actividades diarias. Es decir, el objetivo de lo slow es señalar que es 34
posible llevar una vida más plena y desacelerada mediante la recuperación de los ritmos largos y densos de las relaciones sociales o de la naturaleza. Pero lo slow no es solo una alabanza a la lentitud per se o como valor intrínseco -de manera que el “culto a la velocidad” se sustituye por un nuevo “culto a lentitud”-, sino más bien una reclamación del “derecho” del ser humano a elegir sus propios tiempos y seleccionar autónomamente qué ritmo conviene a cada circunstancia y problema (Honoré, 2012: 13). Nacido en 1986 en el ámbito de la soberanía alimentaria (slow food), desde la década de 2000 la reflexión slow se ha extendido progresivamente a campos tan diversos como el urbanismo, la salud, el turismo, la pedagogía, la ciencia, el diseño o el arte. Su influencia también ha comenzado a sentirse en el campo de la reflexión tecnológica y comunicacional. Y en este terreno, las reflexiones suelen apuntar a que existen caminos intermedios entre el dinamismo de la era de la información y el disfrute pleno de la vida a partir del uso de los medios y las tecnologías, de tal manera que el ser humano sea capaz de utilizar la técnica a su favor, controlando y gestionando su tiempo de relación con ella, y no a la inversa (Honoré, 2012). Dentro del movimiento slow aplicado a la comunicación, cabría destacar dos líneas pioneras de reflexión. La primera plantea una reflexión acerca de las implicaciones del concepto de los medios lentos o la comunicación lenta (slow media /slow comunicación). Sus orígenes se pueden rastrear en un conjunto de iniciativas de periodistas y blogueros que, desde finales de 2000, comienzan a trasladar el debate de la cultura lenta a los medios a partir de dos manifiestos (David, Blumtritt y Köhler, 2010; Freeman 2009)14. Si bien los avances en el campo académico han resultado, hasta el momento, parciales (ej. Rauch, 2011), la mayor parte de los trabajos de esta corriente plantean un cuestionamiento de los patrones de producción y consumo irreflexivo y casi autómata al que hoy nos aboca el desarrollo tecnológico, proponiendo, en su lugar, el rescate o la creación de medios que recuperen el consumo sosegado, la calidad frente al primado de la inmediatez, o valores éticos del slow como el respeto a la comunidad o el retorno a lo local. La segunda línea es la que exploran aquellos trabajos que proponen estrategias de “desconexión” y “dieta digital” (Johnson, 2012; Powers, 2010; Sieberg, 2011; Turkle, 14 Not so fast: A manifestoforslowcommunication, del periodista estadounidense John Freeman (2009), publicado en The Wall Street Journal (online.wsj.com) y The slow media manifesto (2010), de los blogueros alemanes Sabria David, JörgBlumtritt y BenediktKöhler (en.slowmedia.net/manifesto). 35
2011; Moeller, Powers y Roberts, 2012), frente a la hiperconexión informativa, el maximalismo digital o la “opulencia comunicacional” (Moles, en Rosique, 2013: 329). En este sentido, diferentes informes apuestan por las potenciales ventajas de desconectar temporalmente con respecto a lo tecnológico, o pautar e incluso restringir su consumo. Es esta una vía interesante a fin de recuperar cotas de autonomía humana frente al tiempo mediado e hiperacelerado de las tecnologías informacionales. Con un cuestionamiento similar al de los anteriores, en los últimos años se comienza a gestar la idea de un “periodismo lento” (slow journalism). En 2007 Susan Greenberg lo definió premonitoriamente como aquellos “ensayos, reportajes y otro tipo de escritura de no ficción que se toman su tiempo para averiguar la realidad de las cosas; advertir acerca de historias que otros descuidan y comunicarlo todo con los mejores estándares de calidad”. De hecho, Greenberg ha señalado en posteriores trabajos que este periodismo requiere más concentración y tiempo por parte del consumidor, para lo que es necesario un proceso de producción informativa más duradero y mayores esfuerzos del periodista a fin de aumentar los estándares de calidad de la información (Greenberg, 2012). Por otra parte, desde el ámbito de la reflexión ecológica, Gess (2012: 60) aplica los principios de la comida lenta (slow food) al periodismo lento, que es aquel que se caracteriza por ser: xBueno, o periodismo útil para el bienestar de la comunidad, un periodismo bien producido, escrito y presentado, a poder ser con apoyo de recursos de calidad como video y fotografía. xLimpio, o producción y consumo mediáticos que no corrompan ni abusen de las comunidades, ni promuevan estereotipos (raza, género), y, en su lugar, apoyen ideales de justicia social y sostenibilidad ambiental. xJusto y equitativo, no sólo desde el punto de vista del contraste y pluralidad de fuentes, sino también para crear medios accesibles y participados por las propias comunidades con el objeto de representar sus intereses. 36
3. PERIODISMO SLOW. ALGUNAS CARACTERÍSTICAS Kapuscinski (2002) hacía alusión a que el periodista de antaño invertía tiempo y esfuerzo para contar una noticia, que a su vez había pasado por un proceso de investigación, verificación y contraste de las fuentes a través de la experiencia directa. Actualmente esta concepción sobre los fundamentos del periodismo parece estar perdiendo la batalla frente a la sobrevaloración de una inmediatez que, si bien está ligada a la búsqueda del "efecto realidad" (Barthes, 2009), en la mayor parte de los casos encubre una feroz competencia por las audiencias: “Los índices de audiencia ejercen un efecto muy particular sobre la televisión: se traducen en una mayor presión de la urgencia” (Bourdieu, 1996: 29). La inmediatez viene siendo una constante desde la invención del directo radiofónico o televisivo, en la que los medios iniciaron una carrera imparable por ser los primeros en contar la información, hasta el punto de eliminar o suprimir la hora de cierre, y, en cualquier caso, iniciar un proceso noticioso caracterizado por ciclos informativos de 24 horas y 7 días a la semana. Esto se ha acentuado aún más si cabe desde la aparición de Internet, en la que la instantaneidad ha llegado a estar mucho más sobrevalorada, hasta el punto de que hoy solo se considera noticia aquello que el periodista ha relatado in situ. Frente a la inmediatez, el periodismo slow sería aquel que evita la competición por la rigurosa novedad o la instantaneidad y se toma su tiempo para desentrañar y exponer el contexto, las causas y consecuencias últimas de un fenómeno. Estas formas periodísticas ponen entonces en cuestionamiento todas aquellas expresiones, géneros y formatos periodísticos que, de alguna manera, están abocados a una brevedad y fragmentación extremas y que, por consiguiente, conducen a la simplificación de la información, su descontextualización y la fragmentación. De ahí que incluso el periodismo slow llegue a censurar géneros como el de la noticia, a la que se puede considerar, en ocasiones, sinónimo de simplificación de realidades mucho más complejas. Por otro lado, parece que frente al imperio de la inmediatez, hay un regreso del periodismo de formato extenso (long-form journalism), que tradicionalmente venían representando revistas clásicas como The New Yorker, desde 1925, o su más estrecha competidora TheAtlantic, desde 1857. Así, por ejemplo, el editor del New Yorker, David 37
Remnik, afirmaba recientemente en una entrevista difundida por AllThingsD que las nuevas plataformas digitales, lejos de reducir el interés por los artículos de largo formato, ha sido “un don del cielo para la revista”, puesto que “existe sed humana constante de información en profundidad, independientemente del medio de distribución”15. En líneas generales, podríamos decir que el periodismo de largo formato suele adoptar dos tipos de fórmulas: 1) Periodismo de investigación. Este deriva de una larga tradición de prácticas periodísticas en las que los profesionales ejercen de supervisores o fiscalizadores del poder frente a la injusticias y desigualdades. Cabe rastrear los orígenes de este tipo de periodismo, al menos, desde la tradición muckraker que emerge a principios de siglo en EE.UU. (Lincoln Steffens, Jacob Riis, Ida M. Tarbell, etc.) con el objeto de denunciar la corrupción política y empresarial de la época. 2) Periodismo de ficción basado en hechos reales (creative / literary / narrative nonfiction). Este periodismo suele mezclar técnicas literarias y periodísticas para narrar historias, en la línea del “nuevo periodismo” de las décadas de 1960 y 1970 en EE.UU. (Tom Wolfe, Norman Mailer, Gay Talese, etc.). Conviene señalar, no obstante, que estos formatos bisagra entre el periodismo y la literatura acumulan una extensa tradición histórica en países como Reino Unido, Francia o España. A partir de estos rasgos, consideramos expresiones de periodismo lento: 1) Aquellas que desafían el ciclo 24 horas / 7 días a la semana (24/7), y rescatan temporalidades lentas como las de la semana, el mes o el trimestre. 2) Aquellas que no toman en cuenta la extensión de la información periodística, y, en la búsqueda de calidad y contextualización, reivindican géneros como el reportaje en profundidad, el ensayo, la crónica o la entrevista de largo alcance. 3) Aquellas que censuran la lógica de la novedad, lo inmediato o lo desacostumbrado como principal “valor-noticia” y frente a estos sitúan a la ciudadanía como principal criterio para definir lo noticioso. 15 http://allthingsd.com/20120131/new-yorkers-david-remnick-moves-beyond-the-magazine- video 38
4) Aquellas que proponen informaciones no estandarizadas, y apuestan, en su lugar, por la creatividad y la innovación. 5) Aquellas que hacen hincapié en la importancia de rescatar los valores clásicos del periodismo, en la siguiente serie de opuestos: la calidad frente a la cantidad, lo duradero frente a lo efímero, la diversidad frente a la estandarización, la contextualización frente a la descontextualización, el respeto frente a la desconsideración, el equilibrio frente a la inestabilidad, lo racional frente a lo irracional, la profundidad y el análisis frente a la superficialidad, la ética y el compromiso frente a lo inmoral, la responsabilidad frente a la irresponsabilidad, y la comunidad y la proximidad frente a la universalidad. 4. ALGUNOS EJEMPLOS DE PERIODISMO SLOW EN ESPAÑA Lo que se presenta a continuación es un proyecto en curso que intenta señalar cuáles son las experiencias contemporáneas más significativas de periodismo lento en España y describir algunos de sus rasgos más característicos. El objetivo es desentrañar si existe, o no, en el estado español una tendencia emergente hacia este tipo de periodismo lento, tal vez como reacción frente a la pérdida de calidad asociada a la aceleración tecnológica. La muestra de medios que a continuación se reseña cumple con las siguientes características: 1) Prensa y revistas tanto en soporte papel como online. 2) Con cobertura estatal. 3) Nacidas después de 2005. 4) Con periodicidad no diaria ni interés exclusivo por la agenda informativa. 5) Con predominio de géneros de tipo lento como el ensayo, la crónica, el reportaje en profundidad, o formatos de tipo literario y narrativo. 6) Con una extensión media de las piezas superior a las 2.000 palabras. 39
7) Que se auto-califican como “periodismo lento” o que critican, de alguna manera, la falta de calidad asociada a la velocidad de muchas formas periodísticas modernas. Resulta complejo delimitar cuáles son las publicaciones slow recientes más significativas del panorama español actual por cuanto existe una larga tradición de revistas de formato lento precedentes, que cumplen algunas de las características señaladas arriba, ya sea en el ámbito del suplemento cultural (El Cultural,ABCD de las Artes y las Letras,Babelia, etc.), o en campos de conocimiento especializados como la economía (Forbes), la ciencia (Muy Interesante), los viajes (NationalGeographic), el arte (Descubrir el Arte) o las tendencias (Esquire). Lo que se describe a continuación son tan solo algunos ejemplos significativos de muy reciente aparición, que cumplen con las características antes descritas. xTal vez el ejemplo paradigmático de publicación slow de cuño reciente sea la revista Jot Down Cultural Magazine (www.jotdown.es), surgida en el entorno online en mayo de 2011, y que posteriormente ha derivado en la edición de una revista en formato papel de carácter trimestral con una extensión superior al centenar de páginas. La intención de Jot Down no es hacer seguimiento estricto de la realidad inmediata, sino más bien ofrecer un periodismo de calidad y de temática diversa, aunque con predominio de los tópicos culturales. Jot Down se autodefine como periodismo de largo alcance para la lectura sosegada; o, en otras palabras, un “himno a fuego lento” (El País, 30/8/2012)16, dirigido a un lector que se siente identificado con su filosofía, que es “pausada, reposada, de una lectura profunda” (Madrilánea, 16/3/2012)17 . Inspirada en publicaciones como The New Yorker, se caracteriza por el uso exclusivo de géneros periodísticos alejados de la noticia como el reportaje en profundidad, el ensayo o las entrevistas. Además de un característico uso exclusivo del blanco y negro, destaca la amplitud de los materiales gráficos que se adjuntan a cada pieza: ilustraciones, fotografías, etc. Aunque su redacción no supera en la actualidad la docena de profesionales, la publicación se distingue por alternar firmas de jóvenes desconocidos junto a periodistas de prestigio de la talla de Fernando Savater, Isaac Rosa, Félix de Azúa, Juan Marsé o Enric González. Su modelo de financiación es privado, basado en la venta de ejemplares impresos, un 16Ricardo J. González, Subdirector de la Revista, en entrevista a El País: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/08/29/actualidad/1346226060_676549.html 17 http://madrilanea.com/2012/03/16/entrevista-ricardo-gonzalez-jot-down/ 40
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