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El Peligro Amarillo: Representaciones, Discursos e Historia

Rivero Gutiérrez, Candela

Abstract

Tras la Primera Guerra del Opio (1839-1842) el Imperio chino comenzó a abrirse a las potencias occidentales a través del sistema de Tratados Desiguales. A su vez, un elevado número de chinos emigraron del imperio a Occidente buscando oportunidades. Los cambios políticos y económicos que se estaban dando en Occidente entonces y estos dos fenómenos llevaron a que surgiese una nueva visión occidental de lo chino: el Peligro Amarillo. Esta imagen, a diferencia de las visiones positivas que se tenían anteriormente, proyectaba a China y sus diásporas como potencial amenaza para el orden racial, económico y político internacional que había establecido Occidente a comienzos del siglo XIX. El Peligro Amarillo fue la imagen hegemónica sobre China desde la segunda mitad del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX. Este estudio explora sus orígenes, historia, bases ideológicas y atributos principales, difundidos a través de la política y la cultura de masas. Además, se discute qué relevancia puede tener esta imagen en la visión contemporánea de Occidente sobre China.

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EL PELIGRO AMARILLO REPRESENTACIONES, DISCURSOS E HISTORIA Candela Rivero Gutierrez TFE Grado en Estudios de Asia Oriental Tutora: Carolina García Sanz Facultad de Filosofía, Universidad de Sevilla Curso 2021-2022 Resumen: Tras la Primera Guerra del Opio (1839-1842) el Imperio chino comenzó a abrirse a las potencias occidentales a través del sistema de Tratados Desiguales. A su vez, un elevado número de chinos emigraron del imperio a Occidente buscando oportunidades. Los cambios políticos y económicos que se estaban dando en Occidente entonces y estos dos fenómenos llevaron a que surgiese una nueva visión occidental de lo chino: el Peligro Amarillo. Esta imagen, a diferencia de las visiones positivas que se tenían anteriormente, proyectaba a China y sus diásporas como potencial amenaza para el orden racial, económico y político internacional que había establecido Occidente a comienzos del siglo XIX. El Peligro Amarillo fue la imagen hegemónica sobre China desde la segunda mitad del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX. Este estudio explora sus orígenes, historia, bases ideológicas y atributos principales, difundidos a través de la política y la cultura de masas. Además, se discute qué relevancia puede tener esta imagen en la visión contemporánea de Occidente sobre China. Palabras Clave: Peligro Amarillo, imaginario, China, Occidente, otredad, representación Abstract: After the First Opium War (1839-1942) the Chinese Empire began to open up to Western powers through the Unequal treaty system. At the same time, alarge number of Chinese emigrated from the Empire to The West looking for opportunities. The political and economic changes that were taking place in the West at the moment and these two phenomena led to the emergence of a new western image of chineseness: The Yellow Peril. This image, in contrast to the positive views previously held, portrayed Chine and its diasporas as a potential threat to the international racial, economic and political order established by the West at the beginning of the 19th century. The Yellow Peril was the hegemonic image of China from the second half of the 19th century until the early decades of the 20th century. This research explores its origins, history, ideological basis and main attributes, which were spread through political discourses and the media culture. In addition, it discusses the importance that this image may have in the contemporary western view of China. Key Words: Yellow Peril, imaginary, China, Western World, otherness, portrayal. ÍNDICE ÍNDICE DE FIGURAS 3 OBJETIVOS Y METODOLOGÍA 4 PARTE 1. QUÉ ES EL PELIGRO AMARILLO: MARCO TEÓRICO 7 1.1 El Peligro Amarillo como parte de un imaginario orientalista 7 1.2 La formulación de la otredad: etnocentrismo, racialización y peligro 8 1.3 Imágenes orientales: estereotipo, memoria y representación 10 1.4 El Peligro Amarillo: otros escenarios 12 PARTE 2. LA FORMULACIÓN DE CHINA COMO PELIGRO AMARILLO HASTA 1949 16 2.1 Los siglos XVIII y XIX: el giro de la sinofilia a la sinofobia 16 2.2 Imágenes desde el imperialismo en China 18 2.2.1 Peligro Amarillo y colonialismo en el siglo XIX 18 2.2.2 Los bóxers en el imaginario occidental y primera mitad del siglo XX 25 2.2.3 La auto-imagen china y el Peligro Amarillo 29 2.3 El Peligro Amarillo en la inmigración china a Occidente 31 2.3.1 La emigración china a mediados del siglo XIX 31 2.3.2 La difusión del Peligro Amarillo 32 2.3.3 El Peligro Amarillo en la legislación 35 2.4 Representaciones culturales del Peligro Amarillo 38 2.4.1 Venganza, invasión y villanos 38 2.4.2 El Opio y Chinatown 45 2.4.3 Las relaciones de género 47 PARTE 3. CONCEPTUALIZAR AL PELIGRO AMARILLO CHINO A PARTIR DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX 51 3.1 La continuidad en la representación 53 3.2 El Peligro Amarillo como añadido al Temor Rojo 56 3.3 El crecimiento económico de China y sus diásporas 57 3.4 La crisis del Coronavirus 60 CONCLUSIONES 63 BIBLIOGRAFÍA 66 2 ÍNDICE DE FIGURAS Figura 1: Los japoneses retratados por la revista Fortune en 1942 Figura 2: Ejemplo de jerarquización de las razas, por Henry Fairfield Osborn Figura 3: La imagen de unión de Occidente frente al Peligro Amarillo formulada y difundida por el emperador Guillermo II Figura 4: Caricatura sobre la crisis bóxer Figura 5: Tarjeta de anuncio de corsés en la que se muestra una tintorería china Figura 6: Poster de la película The Face of Fu Manchu (1965) Figura 7: El Peligro Amarillo y la revolución china de 1911 Figura 8: Fumadero de opio a finales del siglo XIX Figura 9: Fotogramas de La Amargura del General Yen Figura 10: Fotograma de la serie Los Simpson Figura 11: Caricatura de Xi Jinping y Vladimir Putin 3 OBJETIVOS Y METODOLOGÍA Este Trabajo de Fin de Estudios tiene varios objetivos. En primer lugar, definir a partir de la lectura de fuentes historiográficas y consumo de fuentes primarias qué es el Peligro Amarillo en el caso chino. En segundo lugar, distinguir qué formas retóricas y recursos estéticos tiene en sí. En tercer lugar, analizar esta imagen desde una perspectiva amplia por la propia intención de definirla. Así, se abordarán varios contextos geográficos en la medida de lo posible y en tres dimensiones: las relaciones entre China y Occidente, la migración de personas chinas a Occidente desde el siglo XIX y, a partir de estas dos, las representaciones culturales de “lo chino”. En cuarto lugar, indagar sobre la relevancia o pertinencia del estudio del concepto de Peligro Amarillo como explicación de bajo qué parámetros nos relacionamos con China actualmente o cuál es la herencia del Peligro Amarillo en nuestro imaginario de cara a China. La finalidad principal de este estudio, aun con las limitaciones del formato, es presentar un estado de la cuestión sobre el Peligro Amarillo, que pueda servir de base para la formulación de hipótesis y desarrollo de investigaciones futuras. Esta investigación tiene un carácter interdisciplinar al encontrarse entre la historiografía y los estudios culturales. Por ello, la metodología aplicada para su realización consiste en la lectura crítica de literatura teórica e historiográfica. A su vez, se presentan y examinan imágenes en prensa, cine o literatura dentro del marco del Peligro Amarillo. La primera parte del trabajo establece un marco teórico en el que se presentan ciertas nociones clave para realizar un análisis preciso del devenir histórico y producción cultural sobre el Peligro Amarillo. Entre el amplio elenco de fuentes secundarias empleadas, los libros Imagology: the Cultural Construction and Literary Representation of National Characters, editado por Manfred Beller y Joep Leerssen (2007) y la obra clásica Orientalismo (2020) de Edward Said han sido claves al definir los conceptos de imagen (o imaginario) y orientalismo respectivamente, que resultan desde un punto de vista teórico-metodológico centrales para la investigación. También destacan las ideas de otredad, raza y estereotipo, así como el artículo The "Yellow Peril" Mystique: Origins and Vicissitudes of a Racist Discourse (2000),de Stanford M. Lyman para la definición del Peligro Amarillo como tal. La segunda parte, la más relevante en el estudio que aquí presentamos, explora cómo se desenvuelve el discurso del Peligro Amarillo aplicado a China desde sus orígenes a 4 comienzos del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX. Cabe destacar en este desarrollo la necesidad de consulta de un vastísimo repertorio de fuentes secundarias de diversa naturaleza. Esto ha presentado un desafío en la elaboración de este trabajo debido a la naturaleza y extensión limitada de un Trabajo de Fin de Grado. En este sentido, hay qye tener en cuenta las dificultades intrínsecas al tema para crubrir una bibliografía muy extensa y fragmentada por la falta de estudios globales sobre el Peligro Amarillo. De ahí que la aproximación que aquí presentamos constituya una aportación original en cuanto al enfoque transnacional como, sobre todo, por su pretensión de sistematizar la literatura consultada. Las fuentes empleadas han comprendido desde análisis de obras cinematográficas o literarias hasta estudios sobre el despliegue de la sinofobia en las Américas o la presencia del imperialismo occidental en China. El Peligro Amarillo, como se expondrá alo largo del trabajo, es un concepto aplicado en este periodo para unas políticas imperialistas, discursos anti-inmigración y ciertas representaciones culturales de “lo chino”. Sin embargo, solo Yellow Peril! An Archive of Anti-Asian Fear (2014) editado por Kuo Wei Tchen y Yeats aborda el tema de esta manera, siendo así una fuente fundamental para la realización de este trabajo. La bibliografía sobre esta cuestión está muy fragmentada y presenta una dificultad añadida: la gran mayoría de estudios están publicados en habla inglesa. Además, dentro de esto predominan las fuentes estadounidenses muy mediatizadas política y culturalmente por la experiencia propia de este país en la producción de imágenes contra la inmigración china y su papel destacado en las relaciones internacionales y producción cultural a nivel global. El carácter de estas fuentes secundarias, así como la propia naturaleza de la imagen del Peligro Amarillo, llevan a que el trabajo se desarrolle en varios sub-apartados para favorecer su coherencia y facilitar la comprensión al lector/a. No obstante, a pesar del predominio de estudios estadounidenses, el contenido de los mismos y las fuentes primarias sobre el Peligro Amarillo reflejan que esta es una imagen trasnacional. Por lo tanto, aparte de analizarse aquellas fuentes primarias provenientes del mundo anglosajón, destacando el personaje de Fu Manchú, se ha intentado dentro de lo posible hablar de la socialización (o aplicación) del Peligro Amarillo en otros contextos, concretamente el español. Este es un ámbito donde la producción de literatura especializada es claramente menor y a la que este TFG pretende contribuir en la medida permitida por un trabajo de estas características. 5 Finalmente, en la tercera parte se discute qué relevancia o vigencia pueden tener las significaciones del Peligro Amarillo en el mundo actual con una propuesta teórica y ejemplos breves. Como referencia teórica se ha consultado el artículo Memory as haunting (2014) de Zuzana Dziuban, que resume las nociones básicas de la hauntología. La Hauntología es el estudio de cómo elementos del pasado persisten en un presente, moldeando las identidades a través de la ausencia entendida como forma de alteridad que persiste en la memoria. Esta aproximación analítica del conocimiento parte de la publicación de Espectros de Marx (1993), de Jaques Derrida (1930-2004). 6 PARTE 1. QUÉ ES EL PELIGRO AMARILLO: MARCO TEÓRICO El Peligro Amarillo es una imagen occidental desarrollada desde el siglo XIX como perfil de Asia Oriental y sus diásporas a nivel político, económico o cultural. Este término tiene varias acepciones, estrechamente relacionadas entre sí como representación de este otro. Se puede entender como: 1. el peligro para la civilización occidental de la emergencia y expansión de poder e influencia de los pueblos orientales. 2. una amenaza para los estándares de vida occidentales, dada la inclusión en sus respectivas sociedades de trabajadores orientales dispuestos a acceder a los mercados laborales por sueldos muy bajos y condiciones de empleo más precarias (Webster’s New International Dictionary, 1971, como se citó en Frayling, 2014, p.8). 1.1 El Peligro Amarillo como parte de un imaginario orientalista Una imagen es una representación mental o discursiva de una persona o grupo humano que parte de unos juicios de valor sobre unos hechos y atributos morales y a su vez funda nuestras actitudes y opiniones frente a ellos (Beller y Leerssen, 2007). La imaginación es la capacidad de responder a las cosas que se perciben, formulando unas nociones sociales e ideológicas (Beller y Leerssen, 2007). La organización social, conducta, sentido de las cosas, moral y experiencias en común generan esas mismas concepciones, que son coherentes entre sí, y un sentido de identidad (Garcia Sotelo, 2016). La identidad puede definirse como el punto desde el que miramos las cosas a nivel individual o grupal. Y los elementos citados configuran una visión del yo (auto-imagen) y lo otro (hetero-imagen). A partir de las nociones que se tengan de estos dos y sus diferencias, nuestras percepciones de las cosas se transforman en imágenes (Beller y Leerssen, 2007). Además, los esquemas de percepción, explicación e intervención en la realidad que formulan las imágenes en conjunto se llaman imaginarios sociales. Estos también son instrumentos para confirmar y perpetuar la realidad social construida a través de políticas, aprendizajes y nociones culturales (Randazzo, 2012). 7 Por otro lado, Orientalismo es el concepto utilizado por Edward Said en 1978 para denominar la manera que tiene y ha tenido Occidente a lo largo de los siglos para describir, colonizar o tomar decisiones sobre Oriente. Supone un cuerpo de conocimiento (imágenes, vocabulario) y prácticas (dinámicas) que divide el mundo en dos realidades radicalmente distintas, inmutables e irreconciliables en todos los sentidos, las cuales serían Oriente y Occidente. Pero en realidad tanto uno como otro son imágenes con una tradición, gestadas a través de relaciones de poder históricas (Said, 2020). El Peligro Amarillo es un discurso referente, con un lugar privilegiado frente a otras narrativas que hemos formulado para nuestra comprensión de Asia Oriental (Lyman, 2000). Es una imagen de carácter orientalista, aunque debe tenerse en cuenta que no todas las imágenes orientalistas tienen visiones a priori negativas ni tampoco el Peligro Amarillo es la única imagen que tenemos sobre Asia Oriental. 1.2 La formulación de la otredad: etnocentrismo, racialización y peligro La otredad es lo que se entiende como experiencia contraria o distinta a lo propio. Como se ha dicho, el “otro” tiene un lugar dentro de nuestro orden racional de objetos en el mundo en función al sentido que le hayamos dado previamente, formando así parte de la propia idea del yo (Garcia Sotelo, 2016; Randazzo, 2012). En los estudios culturales, nos referimos al otro como el grupo distinto al identificado como propio. La identidad grupal es la suspensión de las diferencias individuales en un grupo en favor de su cohesión de cara al resto de la humanidad, y, como toda identidad, va cambiando en significado y trascendencia para entenderse a sí misma alo largo de la historia (Beller y Leerssen, 2007). Vemos esto con la idea de Occidente. En la época de la Guerra Fría se consideraba que Estados Unidos y sus aliados eran Occidente. O mirando al siglo XIX, cuando se desarrolla la idea de Peligro Amarillo, este constituía un sinónimo de “modernidad”, cristiandad, industrialización y colonialismo. Hoy en día se puede delimitar a Occidente como Europa y Norteamérica, que, frente a otras civilizaciones, contarían con unos niveles de desarrollo económico altos y suficiente homogeneidad cultural como para crear un sentido de identidad común (Jouhki, 2016). En un sentido más amplio podemos incluir actualmente, sin integrar completamente, a otras regiones por su “lealtad” a la propia idea de Occidente y alto nivel económico, o por sus fuertes procesos de 8 En este momento, la Guerra Fría estaba llegando a su fin y EEUU se encontró con que para mantener su estatus internacional la economía es vital, y la suya estaba en un momento de crisis mientras que la japonesa crecía muchísimo. El crecimiento económico japonés suscitó interés en EEUU yen los 80 se publicaron gran cantidad de libros y artículos de periódico tratando el tema. El más relevante fue Japan as Number One: Lessons for America (1979) de Ezra Vogel, que fue un éxito de ventas. En él, el autor apuntaba que la competitividad japonesa era superior a la americana, marcando admiración por su cultura a la vez que mencionaba cierto sentido de alerta. En los años siguientes, otros intelectuales y economistas publicaron en la misma línea mientras que poco a poco comenzó a hablarse en términos de amenaza con un sorpasso económico, o invasión, por parte de Japón frente a un EEUU que se estimaba a sí mismo en decadencia. Entonces, el público dejó de ver tan bien los productos japoneses que se habían popularizado (motor, electrónica) e incluso en 1987 varios miembros del Congreso se juntaron delante del Capitolio para destrozar con porras productos japoneses. A su vez se fueron produciendo ataques contra las poblaciones asiáticas locales con un sentimiento anti-asiático no dado desde la Segunda Guerra Mundial y en el cine se estrenaron películas como Rising Sun (Crichton, 1992) o Debt of Honor (Clancy, 1994), que reflejaban estos sentimientos. Esta tendencia continuó en los años 90, comenzando a disminuir según Japón entró en crisis por el estallido de la burbuja especulativa en su mercado de valores. Con la crisis Japón dejó de leerse como amenaza (Heale, 2009; Svetlicic, 2020, p.171; Thierer, 2021). 15 PARTE 2. LA FORMULACIÓN DE CHINA COMO PELIGRO AMARILLO HASTA 1949 Alo largo de la historia europea han podido predominar según los contextos históricos ideas tanto sinófilas como sinófobas. Algunos estudios señalan que la idea de Peligro Amarillo tiene sus precedentes en los conceptos greco-persas de la Antigüedad empleados para pensar sobre Oriente, a lo que se le suma la memoria europea de las invasiones de Genghis Khan en el siglo XIII. Sin embargo, su forma contemporánea está más ligada a los enunciados relativos a Oriente formulados por líderes políticos e intelectuales de la Era de la Ilustración en adelante (Lyman, 2000; Heale, 2009). 2.1 Los siglos XVIII y XIX: el giro de la sinofilia a la sinofobia Se puede decir que en el siglo XVIII la visión predominante en Europa sobre el Imperio Chino era positiva. Durante el siglo XVII la Compañía de Jesús tenía prácticamente el monopolio de acceso al Imperio Chino y también era la mayor fuente de información sobre él en Europa. Es en este periodo cuando la compañía estrechó lazos con la corte francesa (siendo Francia entonces el estado católico más fuerte de la época) y París se convirtió en el centro de la producción de conocimiento sobre China (Hung, 2003) A partir de las interpretaciones de los jesuitas, que tenían una estrecha relación con los primeros pensadores del Siglo de las Luces, y la traducción de textos chinos clásicos se desarrolló una visión de la superioridad de China (Hung, 2003; Zhang 1988). Esto se explica por un contexto ideológico y económico que la favorecía. Durante los siglos XVII y comienzos del XVIII, Europa se encontraba en una etapa de contracción económica mientras que la economía china está en su mejor momento. Además, políticamente Europa se encontraba en plena era la de las monarquías absolutas, por lo que los emperadores chinos eran admirados en su gestión de los poderes “aristócratas” que tenían por debajo de ellos. Por ejemplo, François Quesnay, economista de la época, veía a China como el mejor modelo de estado, economía y moralidad (Hung, 2003, p.261). Moralidad que también fue destacada por Voltaire y su visión de Confucio como referente. Todo esto explica la afinidad de la corte francesa por lo chino, reflejada también por ejemplo en el arte rococó ychinoiserie (Zhang, 1988). 16 Sin embargo, simultáneamente a lo largo del siglo XVIII como respuesta a las ideas sinófilas se gestaron otras de carácter sinófobo, que tras la Revolución Francesa se convirtieron en predominantes. Esto sobre todo se produjo desde Gran Bretaña, con escritos (por ejemplo, los del Dr Johnson o la descripción de China que se da en Robinson Crusoe) que afirmaban que las alabanzas a este imperio eran una exageración. Además, primero en Inglaterra y luego en el conjunto del continente europeo, se fueron dando unas importantes transformaciones económicas con el comienzo de la Revolución Industrial (Zhang, 1988; Hung, 2003). Estas llevaron a dos cambios importantes en la percepción europea sobre China y su relación con esta para comienzos del siglo XIX. Cambios que en este trabajo entendemos como precedentes para la formulación posterior del Peligro Amarillo. Por un lado, está la faceta ideológica. Con el fin del predominio del despotismo ilustrado se atacó el absolutismo chino, relacionándolo con las formas políticas europeas previas. Además, la “virtud” china pasó a ser considerada “vicio” en la medida en que Europa presentó un cambio de paradigma en favor de la lógica capitalista que va estar indisolublemente unido a la idea de “progreso” y a su interpretación normativa en Occidente, formulada como válida universalmente. Mientras que antes se valoraba el pasado por encima del presente (y precisamente se alababa la “larga historia china”), ahora va a haber un enfoque hacia el futuro y China será pensada como lugar en el que no hay “progreso” (Hung, 2003; Zhang, 1988). Por otro lado, Europa se expandió económica y políticamente por el mundo, haciendo que las comunicaciones Oriente-Occidente pasen a ser notables y sistemáticas (Said, 2020; Hung, 2003). Entonces China se vio despojada del valor espiritual que se le había dado y se convirtió por encima de todo, un mercado con gran potencial (Zhang, 1988). A partir de esto se instauró en Occidente la idea de China como salvaje. El “otro salvaje” es un mito repetido en múltiples sociedades occidentales en su encuentro con otras que, a partir del siglo XVIII, se formuló en torno a la idea de modernidad (Bartra, 1997, como se citó en García Sotelo, p.117). Aplicado al caso chino, tuvieron gran influencia pensadores como Herder o Hegel. Herder veía a China como una cultura muerta, sin evolución ni presente, muestra de un pasado lejano. Y Hegel siguió en la misma línea, añadiendo que ya que Europa es más avanzada debe hacer que Asia también avance (Martinez-Robles, 2008). Se pasó de pensar en cierto intercambio cultural con China al planteamiento de una relación unidireccional basada en una 17 posición de jerarquía cultural de Occidente: China debía aprender de Europa (Rodao, 1995). De esta manera, una vez dentro de la dinámica del imperialismo del siglo XIX desde los más predispuestos al colonialismo hasta Karl Marx tenían asumida la visión de China como incapaz de avanzar (Rodao, 1995). Esto se enmarca dentro del orientalismo moderno, que gira también en torno a la idea de civilización. El conjunto de las artes y ciencias (desde la biología hasta la economía) se formularon en esta dirección, haciendo del orientalismo y el colonialismo moderno prácticas retroalimentadas que se daban autoridad mutuamente (Said, 2020). 2.2 Imágenes desde el imperialismo en China 2.2.1 Peligro Amarillo y colonialismo en el siglo XIX La imagen consensuada, casi unánime, de China como civilización inferior a Occidente se extendió desde finales del siglo XVIII, alcanzando su máximo apogeo durante el periodo comprendido entre la Primera Guerra del Opio (1839-1842) y la Primera Guerra Mundial (1914-1918) (Blue, 1999). Como símbolo de esta visión de inferioridad de China en la memoria europea, está la visita del británico George Macartney a la corte Qing, acontecida en 17932.Este diplomático se negó a seguir los procedimientos rituales de la corte, algo que ningún extranjero había hecho, dado que no lo consideraba apropiado al representar a un Imperio Británico que se percibía como fuerte. Este gesto dejó una marca en Europa, al confirmar las visiones del estancamiento chino que se venían dando (Kowner y Demel, 2013). Alo largo de las décadas siguientes comenzaron a llegar occidentales (turistas, misioneros) a China, y publicaron sus experiencias en el país. A pesar de que no faltan visiones positivas, son más comunes las negativas y dentro de estas destacó la incipiente expresión de cierta idea de peligro. Estos trabajos señalaban la posibilidad del “despertar” de los chinos (no-cristianos): si estos recuperaban su fuerza, sería catastrófico para los europeos y norteamericanos blancos, al igual que la invasión mongola de Europa3ya había sido un desastre en la Edad Media (Chen, 2012). Barbarie y peligro son dos elementos claves en las representaciones y discursos de la época. 3En el siglo XIII el Imperio Mongol llegó a enfrentarse con lo que hoy serían Rusia, Ucrania, Hungría, Polonia y Alemania, territorios entendidos aquí como europeos o “caucásicos” (Chen, 2012, p.6) 2Esta fue la primera misión diplomática del Imperio Británico a China, tenía como intención formalizar e intensificar las relaciones comerciales entre ambos. 18 Más adelante tuvo lugar la Primera Guerra del Opio, que supuso el comienzo de una mayor apertura de China a Occidente. En el siglo XIX el capitalismo occidental consiguió gradualmente un estatus predominante en el conjunto de la economía global. De forma paralela, el Imperio Chino estaba en crisis. El gobierno Qing tenía una política aislacionista de cara a la expansión comercial occidental, un liderazgo corrupto y una economía feudal que en conjunto llevaron a una pérdida gradual del poder del imperio y a que China se convirtiese en objeto de ambiciones coloniales extranjeras (Chen, 2012, p.8). La Primera Guerra del Opio hizo evidente la debilidad china. El Imperio Chino había intentado de forma continuada terminar con el comercio británico de opio en el país. El conflicto estalló como respuesta británica a la destrucción por las autoridades chinas de un cargamento de esta droga y finalizó en 1842 con la capitulación china y la firma del Tratado de Nankín, el primero de los llamados Tratados Desiguales4.Así se abrió una nueva dinámica de relaciones entre Occidente y Asia Oriental, demostrando que una nación europea podía con su industrialización, armas y navíos vencer al Imperio Chino en su propio territorio (Kowner y Demel, 2013; Flath, 2012). A partir de la década de los 40 del siglo XIX los conflictos bélicos, o la amenaza de que estos se produjeran, forzaron a China a firmar los Tratados Desiguales. Estos hicieron que el imperio pagara a un altísimo coste las reparaciones de guerra y cediese soberanía en su territorio a diversas potencias, estableciendo esferas de influencia. Este proceso convirtió a China en un estado semi-colonial (Chen, 2012, p.8). De forma paralela a esta escalada del poder occidental en China, a lo largo del siglo XIX Occidente profundizó en la formulación como “verdad científica” del concepto de raza, el cual también reforzó el imaginario peyorativo sobre lo chino. Como se ha dicho, la idea de raza es la atribución de unas cualidades físicas y mentales inherentes, biológicas, en los que son teorizados como diferentes grupos humanos a partir de su procedencia de un espacio geográfico determinado. En este siglo, numerosos estudiosos occidentales fueron formulando la categorización/jerarquía en razas de los grupos humanos. La raza supone una construcción dada a partir de unas relaciones de poder asimétricas entre un grupo que observa y el observado, dictaminando un orden jerárquico de lo humano (Kowner y Demel, 2013, pp. 93-98). 4Los Tratados Desiguales fueron aquellos tratados firmados a lo largo del siglo XIX entre las potencias occidentales y China. Se caracterizaron como indica su nombre por marcar con sus condiciones una situación de desigualdad política y económica entre Occidente y Asia, que se tradujo en ventajas para las potencias occidentales a costa de la soberanía y la integridad territorial de los estados asiáticos. 19 El calificativo “amarillo”, o a veces “oriental” o “mongólico”, fue el término utilizado para catalogar racialmente a China en este periodo. El primero que asoció unos colores determinados con la clasificación de las razas fue Blumenbach. Este antropólogo alemán a partir de un análisis de cráneos estableció en 1795 una división de la humanidad en 5 razas: blancos, amarillos, marrones, negros y rojos. Amarillo sería el término utilizado para referirse a Asia Oriental. Posteriormente, se dieron otras clasificaciones y se harían teorías sobre las variaciones dentro de las propias razas, pero en lo referente a Asia Oriental no se observó mucho cambio. También a lo largo de este siglo otros autores como por ejemplo Robert Chambers, comenzaron a referir la raza como indicador del progreso humano. Este marcador racial tomando como referencia explícita el color estuvo vigente durante décadas, en una gradación de más claro a más oscuro, situando a las personas blancas en lo más alto y a las amarillas justo por debajo (Kuo Wei Tchen y Yeats, 2014, pp. 130-133). Figura 2: Ejemplo de jerarquización de las razas, por Henry Fairfield Osborn Nota. Adaptado de Evolution and Religion in Education: Polemics in the Fundamentalist Controversy of 1922 to 1926 por Henry Fairfield Osborn, 1926, Charles Scrbners Sons.5 5Como se citó en Kuo Wei Tchen y Yeats, 2014, p.142 a falta de la fuente original 20 La racialización tiene su efecto a la hora de formular estereotipos negativos sobre el otro y, a largo plazo, abre la posibilidad de ejercer acciones en su contra. A partir del siglo XVIII, y sobre todo en el siglo XIX, China perdió la “ventaja” militar, tecnológica y económica que tenía respecto a Occidente con la revolución industrial. Así, China (junto con el resto de Asia Oriental) fue representada como débil. El discurso de la raza afirmó y fortaleció las lógicas discursivas sobre una hegemonía occidental sin precedentes, con una asimetría muy marcada respecto a otros pueblos (Kowner y Demel, 2013, pp. 93-98). De hecho, la idea de raza, reforzada por el darwinismo social, jugó un papel muy importante en las relaciones internacionales durante el medio siglo previo a la Primera Guerra Mundial. Poco después de la publicación de El Origen de las Especies en 1859, las ideas de Darwin en torno a la lucha natural por la supervivencia y con ello prevalencia del más fuerte se aplicaron a las naciones. Las naciones eran pensadas como entes naturales, mostrando una visión conjunta de lo biológico y lo social bajo la idea de raza-civilización. Estas ideas supusieron un pretexto para la agresión y colonización de las razas teorizadas como débiles y atrasadas (Hung, 2003). Los discursos sobre la raza son una muestra de poder y coerción en los que las personas de Asia Oriental eran concebidas entonces, como se ha señalado anteriormente por la escala en la gradación del color de la piel, como inferiores a las caucásicas pero superiores a otras razas (Kowner y Demel, 2013). Esto resultaría vital en la formulación del Peligro Amarillo. El Occidente de la segunda mitad del siglo XIX tuvo un imaginario sobre Asia Oriental en el que se combinaron la consciencia del ejercicio de su poder (y “legitimidad” del mismo) y unas representaciones previas de la fuerza de Asia Oriental, como igual o incluso paradójicamente a veces superior a la propia, dada la riqueza de las situaciones de contacto intercultural establecidas en el pasado. Aesta problemática se le añade que, con el paso de los años, se observó que Asia Oriental no encajaba completamente en los preceptos y determinismos (sociales, económicos, políticos) que se habían formulado para ella (Jones, 2001). Como señala Xia (2014) la dicotomía occidental de tradición contra modernidad no se puede aplicar a China, porque en muchos sentidos (como en su secularización o el sistema de exámenes para los letrados) China ha sido “moderna” desde la antigüedad (pp.45-46). Algunos teóricos de la raza formularon su planteamiento en base a esta como categoría fija sin evolución. Por lo tanto, se produjo cierto choque o contradicción cuando se comprobó que los trabajadores chinos y japoneses (una vez “librados” de los preceptos 21 confucianos) se podían adaptar con buenos resultados a la economía de mercado, mostrando a la raza y civilización como elementos diferenciados (Jones, 2001, p. 96-105). Esto se evidenció con claridad tras el desarrollo económico japonés y la prosperidad de las poblaciones migrantes chinas a finales del siglo XIX. Entonces, como señaló el historiador estadounidense Gary Okihiro en 1994, el Peligro Amarillo se puede relacionar (a nivel local como represión de las comunidades migrantes y global en la agresión que supone el imperialismo) con cierto sentido de precariedad e inseguridad en la propia dominación blanca. Un conflicto que está ahí y al que se le añade cierto sentimiento de paranoia (Kuo Wei Tchen y Yeats, 2014, p. 195). La socialización del Peligro Amarillo por parte de las élites norteamericanas y europeas supuso una forma de enfrentarse a la idea de verse superadas (por Asia Oriental y sus diásporas) en el orden colonial-racial que ellas mismas habían creado (Kuo Wei Tchen y Yeats, 2014, pp.181-182). Se podría distinguir que la explotación por parte de las potencias imperialistas de las razas entendidas como inferiores pasaría por tres fases. Primero estaría el intercambio comercial y, después, la adquisición de territorio e inversión en él para la explotación de recursos, lo cual tenía beneficios a corto plazo. Sin embargo, con la incorporación de la ciencia y tecnología occidentales se podría llegar a un último estadio en el que la economía y organización internos de ese espacio -objeto de intereses colonialesse desarrollaran por sí mismos. Y con ello, se produciría un aumento en la población y el poder de Asia Oriental (tanto a nivel político como económico, convirtiendo a la región en una potencia). Una de las figuras más destacadas en la promoción de esta idea fue el historiador inglés Charles H. Pearson, que la trató en su libro National Life and Character (1893). Por lo tanto, se temía la llegada de un momento en el que China estuviera en las condiciones materiales para darle la vuelta a las relaciones de poder que se habían establecido (Jones, 2001, p,115; Kuo Wei Tchen y Yeats, 2014; Klein, 2015). De forma paralela a este miedo de matriz socio-cultural, la formulación del Peligro Amarillo moderno es producto de las contradicciones entre las ambiciones de los imperios occidentales en las últimas décadas del siglo XIX y la escasa convicción respecto al supuesto determinismo del patrón de explicación racial en sus relaciones con Asia Oriental. El historiador alemán Heinz Gollwitzer definió al Peligro Amarillo como un “eslogan imperial” que empezó a sobresalir en la Europa y América de la década de 1870 como forma de movilizar al público en favor de las políticas imperialistas dadas en 22 Asia Oriental, principalmente China. Era un mensaje enérgico y rápido que dentro de la retórica imperialista evocaba miedo, agresividad y cierta idea de autodefensa frente a la amenaza china (Chen, 2012, p.5). Las paradojas inherentes a la formulación del Peligro Amarillo se resolvían mediante discursos emocionales que, a través del miedo, resultaban socialmente muy movilizadores. La figura más destacada en la difusión de la idea de Peligro Amarillo fue el emperador Guillermo II. A él se le atribuye el término “Die Gelbe Gefahr”, que se traduciría a otros idiomas como “El Peligro Amarillo”, “The Yellow Peril” o “Le Péril Jaune”. Alemania en las últimas décadas del siglo XIX podía definirse (comparándose con los británicos y franceses) como una potencia capitalista tardía que tenía intereses coloniales en China. A partir de la década de 1880, el poder político alemán comenzó a hacer una llamada a las armas frente a una posible expansión militar china. Y en la década de 1890 el propio emperador se implicó mucho en la internacionalización del territorio chino (Blue, 1999, pp.121-122; Chen, 2012, p.11). El año en el que el Peligro Amarillo pasó a ser un asunto de primer orden en la vida política, social y literaria occidental fue 1895. Se ha escrito que en este año el emperador tuvo un sueño profético en el que se materializaba la idea de Asia Oriental como un peligro inminente. Entonces, encargó al pintor Herman Knackfuss una pintura para representarlo. En dicha pintura las diferentes naciones europeas fueron encarnadas por personajes cristianos venidos del cielo, los cuales con una cruz detrás se presentaban como liberadores frente a las razas paganas orientales. Estas naciones estarían lideradas, y unidas, por el arcángel Daniel para luchar juntas. Oriente estaría representado por las figuras del Buda (Japón) y el dragón (China) al fondo, y la pintura en su conjunto vendría a representar un choque entre civilizaciones. El emperador la envió a otros monarcas europeos y al presidente de Estados Unidos para fomentar una acción coordinada frente a Asia. Además, se publicó en periódicos para movilizar el sentimiento popular por esta vía (Lyman, 2000, p. 689; Blue, 1999; Kuo Wei Tchen y Yeats, 2014, p.12). 23 Figura 3: La imagen de unión de Occidente frente al Peligro Amarillo formulada y difundida por el emperador Guillermo II Nota. Adaptado de The Yellow Peril: Nations of Europe! Join in the defence of your faith and your homes!6, por Knackfuss, H. 18957, https://visualizingcultures. Dominio público Los lugares en los que más se promovió esta imagen fueron Alemania y Rusia, como reflejo de los intereses de sus emperadores por expandir su imperio en China. Evocaron la idea ya existente de que una vez que la civilización china despertase, esto causaría estragos para la civilización occidental. Posteriormente en 1897 se produjo el conocido como “Incidente de Juye”: dos misioneros católicos alemanes fueron asesinados. Esto sirvió de justificación para que Alemania atacara China, invadiendo Qingdao y la bahía de Jiaozhou. En 1898 se firmó un tratado que dejó a la provincia de Shandong como esfera de influencia alemana por 99 años (Chen, 2012). 7Reimpresión en la revista americana Harper’s Weekly del 22 de enero de 1898 6“¡Naciones de Europa! ¡Uníos en la defensa de vuestra fe y hogares!” (Traducción de la autora) 24 2.3 El Peligro Amarillo en la inmigración china a Occidente En las américas y países anglosajones se desarrolló la retórica del Peligro Amarillo de forma paralela, incluso podría decirse que un poco antes en el tiempo, a la formulada por las potencias imperialistas europeas en torno a su acción colonial. En el caso de los primeros, la representación del Peligro Amarillo estuvo ligada a la llegada de migrantes asiáticos a estos espacios. Y, como señala Decome (2016) esta faceta del Peligro Amarillo también fue exportada a Europa a pesar de que la presencia de la población china en el continente fuera muy limitada a finales del siglo XIX y comienzos del XX, con la excepción de Gran Bretaña (p.121). Lyman (2000) afirma que esta faceta del Peligro Amarillo está conectada con el modo en el que los grupos dominantes (ya sea líderes o creadores de opinión) vieron amenazada su seguridad, estatus o bienestar ante la posibilidad de que los asiáticos no se mantuvieran en una posición subordinada y reclamasen mismas oportunidades y privilegios (p.687). 2.3.1 La emigración china a mediados del siglo XIX Durante el siglo XIX, China se encontraba en una situación inestable debido tanto a cuestiones internas (rebeliones como la de los Taiping) como externas (las Guerras del Opio y los Tratados Desiguales). Esto hizo que muchos trabajadores y campesinos salieran de China para buscarse la vida. Principalmente fueron personas de zonas rurales del sur del imperio, donde ya había cierta cultura de la emigración (Chan, 2019). Muchos emigraron a las Américas, donde se dio una circulación dinámica de migrantes entre países, según sus circunstancias personales y la economía de cada zona (Lee, 2007). En el caso estadounidense a mediados de siglo muchos chinos se trasladaron a California movidos por la fiebre del oro o fueron contratados por empresas mineras o de construcción para el ferrocarril a lo largo del país. Desde California muchos llegaron a Canadá a comienzos de la década de 1860, donde trabajaban también en minas o en la construcción de la línea de ferrocarril. Todo esto se dio bajo unas duras condiciones laborales y salarios bajos. Además, con el paso de los años, los migrantes chinos también pasaron a trabajar en otros sectores como el comercio, tintorerías o el trabajo doméstico entre otros (Chen, 2012, p.16; Chan, 2019). Surgió entonces en la zona del Caribe, extendiéndose por países como Cuba, Estados Unidos o Perú (donde se 31 daban estas condiciones), el término coolie9(Lee, 2007). En Australia se dio el mismo fenómeno: muchos trabajadores asiáticos fueron contratados en trabajos laboriosos y con poca retribución económica, donde no se solía contratar a población caucásica (Derks, 2012). En este sentido, habría que destacar como fenómeno de la época la especialización o división racial del trabajo que algunos autores han identificado con la era de la “segunda esclavitud”, poniendo en relación el papel transnacional del trabajo apenas remunerado y en condiciones coactivas con el desarrollo global del capitalismo en el siglo XIX (Tomich, 2016; 2018). 2.3.2 La difusión del Peligro Amarillo Tomando como ejemplo el caso californiano, al principio la inmigración china fue incluso alabada por su “trabajo duro”. Como dijo el gobernador John McDougall en 1851, los chinos eran los “migrantes más preciados” que había aceptado la región. Sin embargo, con la llegada años después de la recesión económica y el desempleo, estos migrantes fueron descritos bajo la categoría de Peligro Amarillo (Chen, 2012, p.16). En California para la década de 1870 los chinos suponían el 11% de la población, pero estos migrantes se concentraban en la costa oeste, siendo pocos en el resto del país (por ejemplo en Nueva York apenas había 200 chinos). Por lo tanto, la idea de excluirlos de Estados Unidos era absurda y minoritaria (Kowner y Demel, 2013, p.199). Sin embargo, la idea de exclusión fue cobrando fuerza a lo largo de esta década y la siguiente, pasando de la conceptualización de los coolies como una clase social a una identificación racial (Kowner y Demel, 2013). Todo esto se dio dentro de la consideración general de las culturas asiáticas como decadentes y exóticas (Wang, 2012) y de sus migrantes como competencia económica, decadencia moral (consumo de opio) y enfermedades (como la lepra) (Lyman, 2000). Sobre el tema de las enfermedades hay que señalar que se conceptualizaba a los barrios, cuerpos y cultura chinos como vectores para la transmisión de enfermedades. El higienismo social o la preocupación por la profilaxis social, propia del evolucionismo biológico y de los procesos de racialización a los que hemos referido, jugaron un papel muy importante en el tratamiento y actitudes públicas de la sociedad mayoritaria hacia este grupo de población. Los trabajadores chinos eran considerados como una amenaza para la salud 9Coolie es un término despectivo que se usó como categoría para las personas chinas, haciendo referencia a su trabajo eficiente, rápido y (sobre todo con importancia para los empleadores) barato y sin sindicarse (Kowner y Demel, 2013, pp. 201, 203) 32 del conjunto social por su condición de no-higiénicos o directamente sucios. La noción hegemónica de raza era una especie de agravante al plantear una relación directa entre la transmisión de enfermedades y la propia raza (amarilla). Además, la cultura china por supersticiosa era también percibida como un peligro (Zhang, 2021, pp.66-69). Con estos factores se dio un racismo transnacional contra las poblaciones asiáticas, consideradas una amenaza para la seguridad nacional en las Américas (Lee, 2007). En los años previos a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y Canadá concentraban el 67% de la población china en las Américas (Lee, 2007, p.541). Por lo tanto, teniendo en cuenta que estos países constituyeron polos destacados de producción de imágenes sobre esta población, centraremos a continuación nuestro análisis sobre las representaciones en ellos. Primero debe tenerse en cuenta que en las décadas de 1870-80 se produjeron avances en las comunicaciones y el comercio que, con los periódicos o tarjetas de anuncios por ejemplo, resultaron una herramienta para acercar a las personas y difundir una imagen de qué era ser “americano” y qué no. Por un lado, socializaron las imágenes de arcaísmo y exotismo para los pueblos no-occidentales. Por otro lado, actuaron como marcadores de normatividad en los propios países. En esto, los miembros de las comunidades chinas sufrieron las consecuencias del carácter excluyente con el que se construyeron las categorías de raza, clase y género. La noción de raza abarca tanto un origen como unas costumbres chinas consideradas como inmorales e inferiores a las “locales” o “normativas”. En lo referente a la clase, los chinos se encontraban en una posición económica precaria que era despreciada a la vez que temida, dado que su disposición a trabajar por un menor salario que las personas caucásicas podía suponer que los trabajadores blancos perdieran sus empleos. Y, en relación con el género, en un primer momento los hombres caucásicos consideraron a los hombres chinos como muestra de una masculinidad alternativa y por tanto una amenaza en la posible interacción de estos con las mujeres blancas. Sin embargo, como muchas veces los chinos trabajaron en sectores tradicionalmente relegados a las mujeres esta “tensión” sentida por los hombres blancos se relajó. Al ver a los hombres chinos faenar en tareas asociadas con las mujeres (ambos devaluados), la sociedad comenzó a representarlos feminizados a modo de burla en vez de miedo (Kowner y Demel, 2013, pp.209-222; Lee,2007, p.547). Es necesario remarcar cómo interactúan estas tres categorías, al tratarse de los tres pilares para la producción ideológica, y desarrollo histórico, de cualquier cultura. A lo que ya se ha señalado anteriormente sobre la raza cabe añadir que, a pesar de 33 encontrarse en situaciones económicas similares, los trabajadores blancos en este contexto por el hecho de ser blancos se consideraban superiores a los de otras razas. Por otra parte, en un sistema patriarcal se desprecia lo considerado como femenino y exalta lo masculino, teniendo en cuenta además que las categorías de hombre y mujer y sus connotaciones varían según cada cultura. A su vez esta consideración tiene consecuencias materiales, quedando el hombre por encima de la mujer mediante la división sexual del trabajo, con el trabajo doméstico asignado a las mujeres y así devaluado. Asimismo, las mujeres de clase alta relegan ese mismo trabajo, dejándolo para otras personas a quienes consideran inferiores. Y estas jerarquías, en conjunto, suponen una forma de control de las personas que en su desarrollo acaba perpetuando la propia desigualdad y estereotipos que la fomentan (Belkhir y McNair Barnett, 2001, pp.157-172). Así podemos ver cómo hay una interseccionalidad en el uso de las categorías que potencian las prácticas discriminatorias y la retroalimentación en la devaluación de los migrantes chinos a nivel racial, sexual y económico. La siguiente imagen sirve como ejemplo de la caricaturización de los migrantes chinos en EEUU durante la segunda mitad del siglo XIX. Esta burla es paralela al ascenso de la consideración como peligro de los chinos y debe enmarcarse dentro de las representaciones dicotómicas de estos en Occidente por aquel entonces. La ilustración muestra a unos trabajadores chinos vestidos con ropas tradicionales y maquillados. El maquillaje actúa como símbolo de feminidad, muestra la idea de que trabajar en una tintorería (asociado con la ropa, lo íntimo, el trabajo femenino) sería denigrante. Figura 5: Tarjeta de anuncio de corsés en la que se muestra una tintorería china Nota. Adaptado de The celluloid corset clasps. Side and dress steels, warranted not to rust de Doener and Gunther's, finales del siglo XIX http://projects.leadr.msu.edu/progressiveeraimmigration/items/show/22. 34 En la segunda mitad del siglo XIX se difundió un movimiento contra la inmigración y personas chinas a través de principalmente periódicos, lo que tuvo un impacto en la política. Ya en la década de 1860 desde la zona oeste de Estados Unidos se produjeron agresiones con resultado de muerte sobre la población china, ataques a sus lugares de residencia, robos y humillaciones. Estas ideas, junto a la tesis generalizada de incapacidad de aculturación de los chinos a los estándares nacionales, se extendieron a Canadá y México (Lee, 2007, p.547; Derks, 2012; Chen, 2012, p.16). Como señala Chan (2019) los canadienses caucásicos concebían a los chinos como personas que, por sus costumbres y cultura, no podían asimilar los patrones de su sociedad, lo que alimentaba la xenofobia, hostilidad y noción de amenaza. Por otro lado, las condiciones de vida precarias bajo las que vivían muchos chinos eran planteadas como conducto para la propagación de enfermedades infecciosas, ante lo que se tomaron medidas de higienismo social y económico para excluir a los chinos de ciertos espacios. Esto genera una red de apoyo mutuo entre los migrantes con la creación de escuelas, sindicatos y asociaciones políticas y culturales. Este aislamiento voluntario es el origen de los chinatowns, barrios en los que se concentran la población china y negocios regentados por esta, y a la vez un refuerzo del estereotipo de no-asimilación. Este fenómeno de segregación cultural se puede aplicar a Inglaterra, Canadá o Estados Unidos (Ng, 1999). 2.3.3 El Peligro Amarillo en la legislación Como señala Lee (2007, p.569) estas “tendencias de sentimientos anti-chinos se reflejaron en diferentes restricciones a la inmigración en los Estados Unidos, Canadá, México, Perú, Australia y Nueva Zelanda a finales del siglo XIX y comienzos del XX” aun con peculiaridades en cada país. En Estados Unidos y Australia la exclusión se dio en términos de raza. En Canadá, se hizo a través de impuestos y en México a nivel federal y local se impusieron leyes para disuadir la inmigración china . En Estados Unidos ya había precedentes de medidas discriminatorias. En 1854 una ley prohibió a los chinos testificar en juicios contra blancos. A finales de siglo un porcentaje significativo de migrantes chinos en el país estaba en prisión, lo que puede relacionarse con esta misma ley.La raza fue un elemento clave a priori para imponer penas más largas y severas que a los caucásicos por un mismo crimen y, como consecuencia, una mayor estigmatización de las comunidades chinas en el país (Takagi yPatt, 1978, p.9). En este sentido, la población china también sufriría las consecuencias 35 de la estigmatización operada por el triunfo de la noción legal de “peligrosidad social”, recogida en el derecho penal de autor que desplazaría el foco del delito al delincuente y su personalidad. En 1859 los chinos fueron excluidos de las escuelas públicas de San Francisco. Más adelante, en 1882 se promovió el Chinese Exclusion Act, que suspendió la inmigración china al país y el derecho a solicitar la nacionalidad por parte de los chinos ya residentes en él. Fue abolido en 1943, cuando China se convirtió en un aliado estadounidense en la guerra del pacífico (Wang, 2012, p.89; Chen, 2012). Esta ley se promovió bajo las ideas de incapacidad de aculturación y alteración del orden público, criminalidad, por los migrantes. A su vez contribuyó a fomentar la imagen anti-china en el país, remarcando una diferencia entre lo que era americano y lo que no y estableciendo el espacio que ocuparían los chinos dentro de la cultura estadounidense (Chen, 2012, p.18; Kowner y Demel, 2013, pp. 199-200). La Chinese Exclusion Act llevó a la práctica de inmigración ilegal desde Canadá o México a Estados Unidos por parte de los chinos, recondujo los procesos migratorios en las Américas y tuvo un efecto dominó en las políticas migratorias de la región. Lo mismo pasó en 1924 cuando se promulgó la ley de inmigración, que excluía a todos los asiáticos. Esta ley tuvo un efecto dominó en políticas similares en otros países americanos como Canadá, Brasil y Perú en esta década y la siguiente (Lee, 2007, pp.542-44, 56). Pasando al caso canadiense, observamos que la destacada llegada de migrantes chinos al país entre 1858 y 1923 tuvo consecuencias en la política migratoria. Desde 1885 se aplicó un impuesto de 50 dólares para la entrada de chinos al país, siendo el único grupo étnico que tuvo que hacer frente a este tipo de pago. En 1900 el impuesto pasó a ser de 100 dólares y en 1903 de 500. Debido a este pago, la gran mayoría de migrantes chinos en el país eran hombres, dado el alto coste para traer también a sus esposas y padres. Esto también sucedió en el caso estadounidense, donde la inmigración de las mujeres chinas estaba más controlada que la de los hombres llegando en California a haber 7 hombres por cada mujer china en 1920. Más adelante, en 1923 se promulgó la Chinese Immigration Act, vigente hasta 1947. Esta ley suspendió la entrada de inmigrantes chinos al país con contadas excepciones como sucedió con estudiantes y diplomáticos (Lee, 2007; Chan, 2019; Takagi y Patt, 1978, pp. 4-5). México se vio influenciado por las imágenes estadounidenses de no asimilación y peligro económico sobre los chinos. Dentro de esto hay que tener en cuenta que, con el paso de los años, los migrantes chinos de algunas zonas del norte del país llegaron a 36 tener muchísimo peso en el comercio local. Al igual que en el conjunto del continente, los inmigrantes chinos fueron descritos como la “ola” o “plaga” amarilla en el país. En 1908 se promulgó la Ley de Inmigración, que restringió y reguló la inmigración china. En 1911 se produjeron dos acontecimientos importantes. Por un lado, la masacre de población china y japonesa en Torreón el 5 de mayo. Por otro lado, la declaración de una comisión federal sobre la inmigración china, que dictó que permitir la inmigración china ilimitada no era admisible para los intereses nacionales. A lo largo de la siguiente década se tomaron medidas en el país para disuadir la migración y asentamiento de los chinos en el país, como fueron la prohibición de matrimonios interraciales o disposiciones para la segregación. En 1921 a nivel nacional se prohibió la llegada de más migrantes chinos y en 1931 se llegó a su expulsión forzosa en la zona noroeste (Lee, 2007, pp.547-60). Estas restricciones dadas en las Américas se influenciaron mutuamente por el impacto que cada una tuvo en los flujos migratorios del conjunto de la región, a la vez que reforzaron una imagen peyorativa de los chinos transnacional. Paralelamente, y bajo una imagen de “lo chino” y circunstancias económicas similares, en Australia también se promulgó legislación contra estos migrantes. A finales del siglo XIX con la contratación de mano de obra asiática barata, los sindicatos australianos promovieron la idea de los chinos como peligro para la raza blanca (Derks, 2012, p.647). En 1901 se promulgó la Ley para la restricción de la migración, que dictaminó la “White Australia Policy”. Esta a pesar de no discriminar de forma explícita bajo la noción de raza tuvo como objetivo central restringir la inmigración china, lo cual se consiguió prohibiendo la entrada al país a todo migrante que no pudiera pasar una prueba de dictado en alguna lengua europea (Lee, 2007, p. 549). 37 2.4 Representaciones culturales del Peligro Amarillo La imagen del Peligro Amarillo, tanto como discurso colonial como discurso frente a la inmigración asiática en Occidente, se vería sustentada y refrozada por una serie de estereotipos comunes (o combinados) no solo circulantes en la narrativa política sino también en la producción cultural. Como línea de interpretación propuesta por este trabajo, estos estereotipos, hegemónicos entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, van a leerse dentro del marco del Peligro Amarillo considerando que hay ciertos espacios y recursos narrativos o estéticos que funcionan como símbolos de la autenticidad y otredad polarizada de China. Wang (2012, p.84) identifica esta percepción de autenticidad y distinción de lo chino con el uso de la vestimenta tradicional china por parte de las mujeres en su representación cinematográfica occidental y Ng (1999, p. 157) refiere Chinatown como extensión de la propia China. Vamos a considerar en los apartados siguientes estos componentes de la hetero-imagen occidental sobre China teniendo en cuenta el contexto político en el que se producen, ya descrito, y su contenido, detallado a continuación, como refuerzo de la imagen de Peligro Amarillo. Además, la socialización de estos estereotipos se produjo rápidamente en un contexto de expansión de los medios de comunicación, en el que circularon un número de imágenes (visuales y verbales) sobre lo chino sin precedentes (Kowner y Demel, 2013, p.200). Se hará en este apartado un análisis de los discursos articulados en esta producción literaria y audiovisual, siendo el último medio muy importante para la creación de narrativas sobre el presente y el pasado y con ello ideología (Wang, 2012; Greene, 2014, p.1) 2.4.1 Venganza, invasión y villanos A partir de la década de 1870 dio comienzo en Estados Unidos la idea de China como lugar superpoblado, con migrantes llegando en masa a Occidente para sembrar el caos en la sociedad. Se creía que los chinos acabarían imponiendo su cultura (contaminando la sociedad) y serían un reto para el bienestar de la población local. Se les refería como “hordas”, contribuyendo a su deshumanización y abstracción diluyendo o eliminando cualquier visibilidad individual. Este proceso de esencialización se terminó imponiendo ( Kowner y Demel, 2013, pp.204-206) y se exportó al resto de Occidente. 38 Este estereotipo se evidencia con claridad en la literatura de finales del siglo XIX y comienzos del XX, pudiéndose identificar un género de “invasión” o de “Peligro Amarillo”. En él, se resalta la idea de amenaza política, económica e identitaria, que representan los chinos, con obras como The Recovered Continent: A Tale of the Chinese Invasion (O.Mundo, 1898), The Yellow Peril in Action (M. Manson, 1907) o The Chinese Invasion (H.J.West, 1873). En esta última se narra una invasión de California por inmigrantes chinos, quienes son comparados con las grandes plagas de Egipto (Lyman, 2000, pp.690-692; Derks, 2012,p. 622). Destaca en 1898 la publicación de The Yellow Danger, novela del autor británico M. P. Shiel (1865-1947). En ella, se trata el asesinato de dos misioneros a manos de los chinos y la invasión de la diáspora china en Occidente. Destaca además por su villano: Yen How, el cual era sádico, odiaba a la raza blanca y tenía un fuerte ánimo de conquista (Derks, 2012, p.623; Greene, 2014, p.124, Frayling, 2014, pp.264-66). Este libro sirve como ejemplo de literatura de invasión y a su vez presenta el prototipo de “villano oriental”. El primer personaje de este tipo fue Kiang Ho, de Tom Edison Jr.’s Electric Sea Spider or The Wizard of the Submarine World (P. Reade, 1892) y el más famoso es Fu Manchú. Los “villanos orientales” son un elemento muy destacado en el género literario del Peligro Amarillo, dado que concentraban los miedos contenidos en esta imagen y a su vez casan con la moda de grandes héroes y villanos literarios de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Son personajes más parecidos al Moriarty de Conan Doyle que a las parodias de los mandarines que habían predominado en décadas anteriores (Decome, 2016; Frayling, 2014). Se formularon varios supervillanos asiáticos en esta época dentro de la literatura británica y estadounidense, aunque muchos resultan desconocidos a día de hoy (Frayling, 2014, p.263). Estos se vincularon primero con chinatown ylas mafias del opio y, más adelante, con la aspiración a la dominación global (Decore, 2016, p.122). Fu Manchú es la producción cultural más famosa del Peligro Amarillo y a la vez el mejor ejemplo de “villano oriental”. Fu Manchú es un personaje literario creado por Sax Rohmer (1883-1959) que comenzó a aparecer en historias cortas de misterio publicadas en 1912. En 1913 tendría su primera novela: El Misterio del Dr.Fu Manchú,la cual contó con numerosas secuelas, adaptaciones en radio, cine, televisión y cómics y convirtió a Fu Manchú en el modelo de las representaciones posteriores de villanos orientales. Sax Rohmer fue un novelista británico que nunca visitó China y apenas 39 conocía el distrito de Limehouse, donde se concentraba la población china de Londres. Sin embargo, a partir de personajes previos concentró en Fu Manchú las imágenes circulantes sobre el Peligro Amarillo, convirtiendo al personaje en la figura más inspiradora y copiada del estereotipo (Decome, 2016, p. 123; Frayling, 2014; Ng, 1999). De ahí que lo consideremos de especial interés para el análisis desarrollado en el presente apartado. Figura 6: Poster de la película The Face of Fu Manchu (1965) Nota. Adaptado de The Face of Fu Manchu, Don Sharp, 1965 40 El opio fue naturalizado como una cuestión china, una amenaza que contaminaba a la raza humana. A partir de la década de 1850 se extendió por los periódicos occidentales el relato, acompañado de fotos e ilustraciones, de los chinos como adictos al opio y los fumaderos regentados por chinos (en los chinatowns) como espacios de difusión del opio para la población blanca. Así aumentó el racismo contra los chinos en Europa, Norteamérica y Australia. El opio era entendido como algo inmoral y, por lo tanto, no occidental. Esta idea también circuló entre los misioneros en China a comienzos del siglo XX como muestra esa misma inmoralidad, natural, china (Derks, 2012, pp.594-9, 610-21; Kowner y Demel, 2013, p.207). Para finales del siglo XIX, el chino fumador de opio y chinatown ya eran elementos bien definidos dentro de la imaginación popular (Frayling, 2014, p.259). La representación literaria y cinematográfica de los chinatowns tiene -como hemos visto- un largo recorrido. En medios como en la prensa, los barrios chinos han sido proyectados como lugares exóticos, con una fuerte identidad, vinculados con el crimen, la prostitución y el opio y con un rumbo distinto al del conjunto de la sociedad al no tener ley.Fu Manchú reforzó esta idea, de forma que en las décadas de 1910 y 1920 los conflictos entre sindicatos del crimen chinos y los chinatowns eran temas populares en el cine y literatura. Las representaciones cinematográficas de Chinatown se sirvieron de interiores oscuros y figuras sombrías con uñas largas y dagas para remarcar la idea de que eran lugares peligrosos. En muchas películas de cine mudo de suspense, hoy perdidas, muchas veces se iba al chinatown de San Francisco a atrapar el villano o rescatar mujeres secuestradas. Y, a pesar de los cambios socioeconómicos de los migrantes y la propia sociedad, estas representaciones se han perpetuado en nuestro imaginario colectivo (Ng, 1999, p. 158; Wang, 2012, p.87; Richards, 2020, p.129). 2.4.3 Las relaciones de género En la construcción de la idea de raza, las características asociadas a cada una y a las relaciones entre ellas vemos que cómo se entiende el género tiene un papel importante. Es relevante destacar algunas cuestiones sobre las relaciones de género en la representación occidental de la interacción entre personas chinas y occidentales. Sin embargo, este trabajo también propone señalar a su vez cómo los perfiles de masculinidad y feminidad chinas (y su interacción) pueden entenderse dentro del marco del Peligro Amarillo. Podría considerarse que la idea de mujer china sumisa frente al hombre chino déspota, al igual que el hombre chino “apocado” frente al occidental, 47 subrayan la noción de tradición contra modernidad u Oriente frente a Occidente, siendo formas de polarización, esencialización y a veces marcas de peligro como tal. Occidente ha concebido dos grandes hetero-imágenes de las mujeres chinas, las que dentro del mundo del cine reciben los nombres de China Doll yDragon Lady.La primera sería una mujer frágil, sumisa e infantil que en muchas representaciones artísticas, bien por enamorarse de un hombre blanco o por negarse a contraer el matrimonio arreglado por su padre, termina suicidándose. La segunda es una mujer poderosa, cruel, despiadada y traicionera. Los mayores ejemplos de esta serían algunos papeles cinematográficos de Anna May Wong en los años 20 y 30 (prostitutas, mujeres seductoras etc.) o la imagen de la Emperatriz Cixi extendida por la prensa occidental (Richards, 2020, pp.88-107; Wang, 2012, p. 85), que podrían interpretarse como encarnaciones “femeninas” del Peligro Amarillo. En cuanto a los hombres, vemos dos imágenes alrededor de los migrantes: el complaciente y el demoniaco. Desde la llegada a gran escala de migrantes chinos a las Américas y países anglosajones a mediados del siglo XIX, estos han sido retratados por autores occidentales como hombres callados, simples y dóciles trabajando, por ejemplo, de mozos de una casa o jardineros. Su silencio marcaría la diferencia racial y a la vez sería una seña de docilidad y con ello falta de peligro: al estar presentes en el ámbito doméstico o cotidiano “local”, donde hay mujeres, se neutralizaba su carácter sexual. Sin embargo, este hombre cuando se enfada puede llegar a ser muy violento, como mostrarían las películas de gangsters en Chinatown (Marchetti, 1994, p.52; Ng, 1999, p.166). Esta retórica de polarización puede ser extrapolada a la representación de los chinos dentro de la propia China, utilizando los órdenes patriarcales como forma de señalar la diferencia racial (tomando de base, como hemos señalado, la ideas de civilización y modernidad). Como ejemplo de esto, tenemos la película Mr.Wu (Nigh, 1927) en la que el protagonista, un mandarín, de familia confuciana, compromete a su hija con otro mandarín. Un día, esta hija conoce a un hombre blanco por casualidad y a partir de ello se convierte en su amante. Mr.Wu se entera de esto, volviéndose violento contra su hija, el amante de ésta ysu familia, apelando a la “corrupción del alma de su hija y tradiciones” por parte de los occidentales. Greene (2014) señala que el Wu del comienzo de la película es un hombre tranquilo, cultivado en las artes, símbolo de una civilización china antigua superior. Y el Wu del final de la cinta encarna un carácter chino vengativo, diabólico y cruel en nombre del honor (pp. 50-51) 48 Otro elemento que ayuda a comprender el papel del género en la imagen del Peligro Amarillo es el “Género Warlord”. Alo largo de los años 20 y 30 se produjeron en Occidente una gran cantidad de películas que tenían a China, o “lo chino”, como tema. Estas películas mostraban a China como un escenario exótico, bello y opulento a la vez que decadente, caótico y peligroso. Suponían una forma de escape para el público frente ala recesión económica que comenzó en 1929. Durante la primera mitad de la década de 1930, se produjeron una serie de películas que tenían a Fu Manchú o villanos similares como protagonistas o, bien, reflejaban el ascenso de los señores de la guerra en China13.Estas últimas pueden verse como un género en sí mismo. El “Género de los señores de la guerra" exploraba con estos militares la situación de China y solía mostrar a mujeres caucásicas capturadas por ellos. Entre los títulos más famosos se encuentran Shanghai Express(1932), La Amargura del General Yen(1932) y The General Died at Down (1936) (Marchetti, 1994, pp.46-47; Greene, 2014, pp.39,54). Como explica Marchetti (1994) una de las formas narrativas más antiguas de la ficción es el secuestro de una mujer por parte de una cultura otra, representada como peligrosa, a modo de lidiar con las relaciones sexuales y raciales domésticas. La cautividad de las mujeres se usa, dentro de contextos patriarcales, como forma de fortalecer los valores morales de la cultura propia y con ello todo su sistema. Se marcan los límites entre las culturas, los sexos y las razas estableciendo qué es correcto, qué es violencia, qué es opresión, etc., estableciendo jerarquías. De esta manera, por un lado, se lidia con la “amenaza” de autonomía de las mujeres, a modo de advertencia, y por otro con los crímenes sexuales, que se niegan en las sociedades blancas o se proyectan sobre las otras razas, en este caso, sobre los hombres asiáticos (p. 46-49). Las películas de este género solían mostrar por lo general conflictos muy polarizados entre lo que es normal y bueno (lo propio), y lo peligroso (lo externo) (Greene, 2014; Marchetti, 1994). Sin embargo, cabe destacar entre ellas aLa Amargura del General Yen.En esta película una misionera estadounidense en el Shanghai de los años 20 termina, tras verse atrapada en una batalla de la guerra civil, siendo llevada por el General Yen (un señor de la guerra) a su palacio, donde la mantiene cautiva. Ahí, el general dice sentirse atraído por ella, quien a su vez termina por corresponderle (Capra, 1932). 13 Los señores de la guerra eran hombres poderosos que encabezaban facciones para controlar distintos territorios en el contexto de guerra civil en el país (Greene, 2014, p.39) 49 Debido a su cuestionamiento de los valores morales de la época, presentando la posibilidad de que una mujer caucásica pueda sentirse atraída por un hombre chino, el estreno de esta película fue prohibido en los países de la Commonwealth y solo llegó a filmarse porque el actor que interpretaba a Yen era un hombre caucásico maquillado. Aun partiendo de la reafirmación de la dependencia de las mujeres respecto a los hombres, dentro del contexto del cautiverio, la película critica las actitudes raciales de la época, que parten de un fuerte desconocimiento de Asia. Sin embargo, el personaje de Yen -a pesar de ser carismáticose sigue moviendo entre los arquetipos de sadismo contra erudición. Otro elemento crucial de la película es que presenta la posibilidad de unión de los protagonistas solo bajo la idea de corregir el carácter chino de Yen, es decir, que se adapte a los patrones sociales y religiosos occidentales (Greene, 2014, pp. 39-40; Marchetti, 1994,pp.50-55 ). Figura 9: Fotogramas de La Amargura del General Yen Nota. Adaptado de The Bitter Tea of General Yen, de Capra, F. (Director), 1933, Columbia Pictures. La primera imagen muestra una escena de la película en la que la protagonista está soñando que una figura aterradora irrumpe por la fuerza en su habitación. Esta figura presenta unos muy marcados “rasgos orientales” (dentro de las percepciones de la época yla imagen de Peligro Amarillo) como son sus uñas largas, ojos felinos y vestimenta de mandarín. Suena música china de fondo y él lentamente intenta acercarse y tocarla, a lo que ella se resiste. Entonces llega a la habitación un hombre vestido con ropa occidental que la salva del villano. Ella se acerca y le quita el sombrero, descubriendo encantada que se trata del propio Yen. 50 PARTE 3. CONCEPTUALIZAR AL PELIGRO AMARILLO CHINO A PARTIR DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX A partir de los años 40 se produjeron transformaciones en las relaciones internacionales, configuración de las sociedades y consideración del concepto de raza por parte de Occidente que van a afectar al Peligro Amarillo y su propio estudio. La raza, como idea central de la modernidad con altos beneficios psicológicos y económicos para las poblaciones caucásicas, alcanzó su pico de hegemonía en la primera mitad del siglo XX. La jerarquización racial sirvió como legitimación del colonialismo, genocidios y la continuidad de la esclavitud. Tomando como símbolo el holocausto, perpetrado por los nazis haciendo uso de la burocracia y tecnología modernas, matando a 6 millones de personas, en la segunda mitad del siglo XX se empieza a problematizar la raza en clave moral. Esto no significa que la raza no fuese criticada anteriormente, pero el fin de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo importantes cambios: los países colonizados se van independizando, hubo movimientos contra el racismo en las sociedades occidentales, en 1948 se promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos yla raza fue criticada a nivel científico. Todo esto en conjunto hizo que el racismo perdiese el carácter institucional del que había gozado anteriormente (Hirschman, 2004, pp.396-398). Sin embargo, esto no implicó que la raza, ahora sin una base teórica fuerte detrás, dejara de estar presente como prejuicio o predisposición popular (Hirschman, 2004, p.399). Kuo Wei Tchen y Yeats (2014) señalan que, en la era posterior a la lucha por los derechos civiles, la posibilidad de señalar a otras personas por discriminación racial, y que esto tuviese un respaldo público, llevó a la re-configuración del Peligro Amarillo bajo códigos más sutiles14(p.15). Los autores aluden a Estados Unidos pero su afirmación podría extrapolarse a otras sociedades porque, como se ha señalado en el párrafo anterior, la condena al racismo fue internacional. Kuo Wei Tchen y Yeats (2014) definen el papel del Peligro Amarillo en la actualidad como sentimiento de malestar omnipresente frente a un poder establecido. Sentimiento que se presenta ante ciertos acontecimientos o elementos de la ficción. El término 14 “Below the radar” en el texto original 51 Peligro Amarillo como tal estaría en desuso, pero se seguiría evocando15 su significado (p.14). La retórica del fantasma,es definida por Dziuban (2014) como “una metáfora para describir los procesos de transmisión de pasados problemáticos” (p.112). El pasado es algo que no puede simplemente dejarse atrás y el fantasma es problemático porque trae el propio pasado al presente, que sí puede ser cambiado, planteando una alternativa. La figura del fantasma, que puede ser concreta o abstracta, está relacionada con la marginalidad y el poder, acechando las nociones de estabilidad, homogeneidad e identidad política y cultural de las sociedades (Dziuban, 2014, pp.112-116). Además, Dziuban (como se citó en Davis (2007) y Derrida (1994)) señala que el fantasma es una figura que trastorna las dicotomías establecidas, las distinciones binarias y certezas ontológicas como forma de otro radical (p.115). La metáfora del fantasma se puede aplicar al Peligro Amarillo como explicación de su papel en la actualidad y este trabajo va a seguir esa línea de interpretación. La idea central del Peligro Amarillo es la posibilidad, siempre latente e inminente, de que China se levante o despierte, terminando con la hegemonía occidental. Además, dentro del conjunto de Oriente, China es valorada como la forma más radical del “otro”. Así, podría argumentarse que el fantasma está presente desde los comienzos del Peligro Amarillo como narrativa imperialista o discurso frente a la inmigración china a Occidente. Sin embargo, el imaginario de Peligro Amarillo, desde finales del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX, es una re-interpretación negativa de las facetas que previamente eran proyectadas como virtudes chinas para favorecer unos intereses políticos. En ese momento, a pesar de la promoción (a veces contradictoria) del sentido de peligro, China es perfilada como agonizante (volcada al pasado) a partir del parámetro comentado anteriormente de civilización. El Peligro Amarillo entonces era un discurso activo sobre un presente. A diferencia de esto, en la actualidad el Peligro Amarillo puede leerse como un fantasma que condiciona de forma implícita, pero estructural, cómo nos relacionamos con China y sus diásporas: a través de ese sentido de malestar descrito por Kuo Wei Tchen y Yeats. Ese malestar tendría sus orígenes en la socialización del discurso del Peligro Amarillo dada hace más de un siglo y podría estar presente en, por ejemplo, qué sentimientos puede evocar la idea de despertar de China y cómo lo hace. Con esto, no se pretende afirmar que actualmente no se den otras formas de relación con China fuera del 15 En el texto original se usa el verbo “haunt”: que embruja, caza, evoca o acecha. 52 fantasma de Peligro Amarillo, que el fantasma se “presente” siempre de forma implícita ni que el Peligro Amarillo, o más bien sus connotaciones, no tenga un papel activo a nivel político. De esta forma, a continuación se presentarán de forma breve varios campos, o situaciones, que podrían ser interesantes para estudiar de la idea de Peligro Amarillo, como condicionante para nuestro juicio actual sobre China. 3.1 La continuidad en la representación En la década de 1930 la imagen de China fue mejorando tanto en el mundo anglosajón como en otros contextos, como por ejemplo el español. Esto tiene una explicación política. A lo largo de la década, Occidente fue percibiendo a Japón como amenaza de una forma más clara que en años anteriores, ya sea por entenderse como reto para los intereses de algunos países occidentales en la región o por ir en su expansión en contra de los valores democráticos. Y China entonces se encontraba en guerra contra el imperialismo japonés, por lo que había un enemigo común. Así creció la simpatía por China y se proyectaron en ella, sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial, unos deseos y valores propios, como el poder derrotar a Japón o que China mejorase su sistema político pareciéndose más a Occidente. Así, las representaciones negativas de China predominantes a comienzos de la década, dadas por ejemplo con el “Género Warlord” o las películas de Fu Manchú, fueron sustituidas por visiones más empáticas. Destaca aquí la popularización de las novelas de Pearl S. Buck (1892-1973) (Marchetti, 1994, p.49; Rodao, 1995; Greene, 2014, pp.53,57). Sin embargo, con la instauración de la República Popular China (RPC) en 1949, punto considerado por los especialistas como decisivo para la percepción occidental de China (Kowner y Demel, 2013, p.240), se produjo un cambio de tendencia. A partir de ese momento, las relaciones entre China y Occidente pasaron por varias idas y venidas que tuvieron su reflejo en los medios de masas yla producción cultural. Estas van desde la ruptura de relaciones diplomáticas con China por parte de EEUU en 1949 y la política maoísta, contra influencia económica y cultural occidental llevada a cabo en los 50, hasta los acercamientos producidos a lo largo de los años 70 y 80. Con estas dos tendencias de acercamiento y distanciamiento, se han dado de forma paralela o combinada dos fenómenos. Por un lado, ha prevalecido el estereotipo de Oriente como opuesto de Occidente, los personajes y tramas orientales unidimensionales y el prejuicio. Por otro, ha habido un aumento paulatino de tolerancia hacia lo chino según la 53 condena pública al racismo se ha ido fortaleciendo y han aumentado los encuentros y cooperación entre China y Occidente (Chen, 2005; Wang, 2012, p.84, 96). Así, a pesar de los cambios socioeconómicos de los migrantes chinos en Occidente, de las sociedades occidentales y de la propia China, hay imágenes que continúan en nuestro imaginario colectivo (Bidlingmaier, 2007). Imágenes ya mencionadas a lo largo de este trabajo, como la no-asimilación de los migrantes, el carácter engañoso de estos o la marcada asociación de China con el pasado. La producción de cómic belga en la segunda mitad del siglo XX puede ser un ejemplo de las tendencias mencionadas. En este ha sido común el uso de los arquetipos de villano chino líder de una secta o verdugo, inspirados en Fu Manchú. A pesar de la instauración de la RPC se perpetuaron los patrones de representación del “chino clásico”, con alusiones al opio, pelo al estilo Qing con una coleta y barba estrechas, ropas tradicionales, uñas largas, piel muy amarilla y sonrisas maliciosas. A su vez se usaron ciertos elementos atmosféricos para aludir a lo chino, dándoles connotaciones negativas, como por ejemplo los jarrones de porcelana y el idioma. La ya mencionada El Loto Azul fue una inspiración importante para el uso de estos elementos16. También cabe mencionar el traslado de algunos estereotipos o atributos estéticos sobre Japón proyectados en la Segunda Guerra Mundial a lo chino, mostrando cierta ambigüedad racial o confusión sobre cada país asiático. Por ejemplo, en las dos primeras historias de Nero, personaje creado por Marc Sleen (1922-2016), el héroe se enfrenta a un villano chino llamado Matsuoka. Y, con el paso de los años, se puede decir que en este medio han prevalecido estereotipos racistas, pero también se ha dejado a un lado la idea de peligro e incorporado ideas de inclusión de lo chino (Kowner y Demel, 2013, pp.236-59). Algunos villanos de cómic americanos como Garra Amarilla, Ching Lung o El Mandarín de Marvel también han sido influenciados por el arquetipo de Fu Manchú o Ming el Despiadado. Sin embargo, como se ve en la adaptación cinematográfica de este último personaje en Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos (2021), actualmente conviven las tendencias de inclusividad con estos marcadores de lo chino, cuyo fondo histórico no puede ser pasado por alto. También han prevalecido las imágenes literarias y cinematográficas de Chinatown como espacio para el misticismo yel crimen, haciendo uso de los mismos recursos 16El Loto Azul supuso una inspiración pero el uso de los atributos estéticos chinos en obras posteriores de otros autores es contrario al de Hergé (Kowner y Demel, 2013). 54 estéticos que se daban a principios del siglo XX, a pesar de la decadencia del Peligro Amarillo como narrativa en sí. Por ejemplo, la película Big Trouble in Little China (1986) de John Carpenter muestra al Chinatown de San Francisco como un espacio con espíritus y magia negra invisibles pero presentes en el día a día. Entonces, podría argumentarse que aquí China y sus tradiciones representarían lo destructivo e inmoral, oponiéndose frontalmente a “lo americano” (Bidlingmaier, 2007). Con este determinismo cultural, la imagen de Chinatown sería utilizada para disciplinar a los nuevos migrantes chinos (adaptarse a una normatividad establecida), vender la idea de exotismo para el público occidental y mantener la polarización de las nociones Oriente y Occidente (Takagi y Patt, 1978, p.21). Figura 10: Fotograma de la serie Los Simpson Nota. Adaptado La Casa del Terror III de Carlos Baeza (Director) Los Simpson [Serie de Televisión], 1992. CC-BY-SA. Esta imagen sirve como ejemplo del uso en la ficción de ambientación contemporánea del estereotipo de chino clásico. Incluso podría interpretarse como puente entre las imágenes de negocios regentados por chinos en el siglo XIX y los actuales con la globalización. Sería heredera de la imagen de Peligro Amarillo aunque no se use en tales términos. Por lo tanto, deja como interrogante hasta qué punto evoca 55 sus connotaciones o se ha desprendido de ellas, el que contenga la idea de peligro o, a pesar de su fondo racista, funcione ante todo como recurso estético-narrativo. 3.2 El Peligro Amarillo como añadido al Temor Rojo Otro campo interesante para el análisis del Peligro Amarillo a partir de la segunda mitad del siglo XX es la hetero-imagen china durante la Guerra Fría. Tras la instauración de la RPC en 1950, China pasa a ser una “amenaza roja” El General McArthur17 llegó a referirse a China como “el Peligro Amarillo comunista” (Chen, 2012, pp. 18-19). Los discursos producidos durante la Guerra Fría tuvieron como idea central el totalitarismo. Y dentro de este destaca la herencia de la idea de “despotismo oriental”: el totalitarismo como algo no-occidental y por lo tanto perteneciente a la mentalidad oriental. Esta noción se aplicó a la imagen de China en el siglo XIX, al ascenso imperialista de Japón en la primera mitad del XX y posteriormente, a Rusia. A su vez, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos entiende el conocimiento y su producción como esencial para la guerra, por lo que se desarrolla una retórica de uso de la violencia (no relacionada con el yo, indeseable pero necesaria) para mantener la paz (Pietz 1988, como se citó en Kuo Wei Tchen. y Yeats, 2014, pp.291-94). Aquí se presenta la noción de espíritu en contraposición con el fantasma. Mientras que el fantasma es un recuerdo involuntario, el espíritu es una idea o recuerdo, con un valor simbólico, que se evoca conscientemente (Dziuban, 2014, p.116). Svetlicic (2020) señala que, en ciertos contextos socioeconómicos o de cambio de las relaciones de poder internacionales, la estereotipación negativa del otro y la confianza que se le da están relacionadas con mantener una auto-imagen determinada, segura, para las naciones fuertes (pp. 165-68). Aquí estas dinámicas pueden presentarse en la noción dicotómica y orientalista de totalitarismo frente a la democracia. Durante la Guerra Fría en gran medida China pasó a un segundo plano nuevamente dentro del imaginario europeo. Sin embargo, a la hora de abordar la situación del país en ocasiones se siguió evocando al Peligro Amarillo, aun sin utilizar el término, al ser la raza un factor que de forma implícita aumenta el propio miedo al comunismo. Por ejemplo, China se leyó como peligro en los años 50 como posible agente para posibilitar el “efecto dominó” del comunismo a otros países de su región, en los 60 con su 17 Douglas McArthur (1880-1964) fue un general estadounidense conocido por ser el comandante del Frente del Sudeste del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, gestionar la ocupación estadounidense de Japón tras la guerra y dirigir las fuerzas de las Naciones Unidas en los primeros meses de la Guerra de Corea (Britannica.com). 56 CONCLUSIONES A partir de la investigación realizada podemos llegar a varias conclusiones en relación con los objetivos que se habían marcado inicialmente. En primer lugar, se ha conseguido formular una definición de Peligro Amarillo. Este puede entenderse como un baremo occidental para leer a China, que ha sido hegemónico durante el siglo XIX y gran parte del XX. El Peligro Amarillo no supone toda nuestra hetero-imagen sobre China ni sus diásporas, al igual que tampoco es sinónimo de orientalismo ni puede simplificarse como solo xenofobia, al contar con un largo recorrido de producción como discurso político y cultural concreto. En su vertiente geopolítica, vemos que en la mayor parte de su historia la imagen de Peligro Amarillo chino no es un peligro como tal, al no haber una correspondencia entre la realidad y lo que se dice de ella. Más bien se trata de la socialización de un miedo contra lo chino para conseguir un objetivo: justificar el ejercicio del poder de los imperios occidentales en el territorio chino, desde las décadas centrales del siglo XIX hasta las primeras del siglo XX. Sobre el porqué de esta justificación, dada en términos de peligro, la respuesta se encuentra en que Occidente hasta finales del siglo XVIII había representado a China como poderosa. Por lo tanto, el Peligro Amarillo se relaciona con cómo Occidente en un contexto político, ideológico y económico determinado estimó su papel en el mundo, concretamente en relación con su “otro” más extremo a partir de la imagen previa que tenía de este. Por otra parte, el Peligro Amarillo también es una forma de discriminación para con la inmigración china en los países occidentales. Ambas vertientes del término tienen como idea central la naturalización, polarización y posterior socialización de las diferencias percibidas entre Oriente, el “otro”, y Occidente, “yo”, como irreconciliables. En estas diferencias, Occidente encarnaría todo lo bueno y China lo malo, de manera que si se lee en China o sus diásporas algún atributo que despersonalizado resulte positivo, este pasa a ser una amenaza porque se entiende que se da, o se desarrollará, a costa del propio Occidente. La clave de la retórica del Peligro Amarillo está en la idea de que China o sus diásporas se emancipen o de alguna manera den la vuelta a las relaciones de poder Oriente- Occidente a su favor. Además, juega con la idea de que esto va a realizarse de forma inminente o siempre puede ir a más. En cuanto al secundo objetivo, también se han distinguido qué recursos retóricos o estéticos operan dentro de la imagen de Peligro Amarillo. Esta imagen está 63 profundamente relacionada con la identidad, ya sea propia o del “otro” con el enfrentamiento inevitable entre ambos. Además, casi a modo de espejo, Occidente percibe occidentalismo por parte de China en la posibilidad de materialización del Peligro Amarillo. La noción clave dentro de este discurso es la de modernidad, entendida por Occidente como su propia identidad, lo bueno y deseable, desplegada en el Peligro Amarillo en varios horizontes. Por ejemplo, en la organización política y social con la idea de normatividad frente marginalidad, en el caso de las diásporas chinas en Occidente o civilización contra barbarie en la presencia occidental en China. A nivel estético, destaca la descripción de los espacios y personas chinas como naturalmente anclados a un pasado, a la vez que potencialmente peligrosos y engañosos. El tercer objetivo planteaba la descripción amplia del Peligro Amarillo. Se ha conseguido definir el término y tratar la retórica y recursos estéticos mencionados de forma precisa y en las tres grandes vertientes del término: la política internacional, el discurso contra la inmigración y, como confluencia de estas dos, su representación en la cultura de masas. Sin embargo, debido a que todavía hacen falta más estudios sobre el tema yla propia limitación del Trabajo de Fin de Estudios, esta investigación deja abiertos varios interrogantes a explorar. Por ejemplo, hasta qué punto la falta de comprensión de las formas dialécticas y cosmológicas chinas alimentaron la idea de lo chino como naturaleza engañosa, noción que se enmarca dentro de la idea de Peligro Amarillo. También, qué impacto ha podido tener el Peligro Amarillo, o su herencia, para la configuración de las identidades de los descendientes de migrantes chinos a Occidente en su relación con la propia China. A su vez, la falta de estudios analizando las fuentes primarias del discurso del Peligro Amarillo fuera del ámbito anglosajón han llevado a limitar el uso de estas mismas fuentes en el trabajo. Sin embargo, podemos encontrar una cantidad destacada de artículos de prensa e imágenes de la última década del siglo XIX y la primera del XX en el ámbito francófono o hispanohablante reproduciendo el discurso del Peligro Amarillo, por lo que en este trabajo se han tomado esas fuentes y analizado bajo estas limitaciones. En lo referente al cuarto objetivo, podemos ver que hay indicios de la prevalencia de las significaciones del Peligro Amarillo en el mundo contemporáneo. Sin embargo, como discurso en sí es un fenómeno que aplicado a China se da desde comienzos del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX. Es difícil realizar un estudio sobre la vigencia del Peligro Amarillo en la actualidad por el declive del concepto de raza, de manera que es necesario realizar investigaciones concretas, análisis de casos, sobre si 64 se perpetúa o no en el lenguaje académico, político periodístico o en la iconografía sobre lo chino. Por último, ya fuera de los objetivos planteados cabe destacar como punto a seguir investigando cómo la paulatina apertura de China a Occidente llevada a cabo tras la Primera Guerra del Opio tuvo un doble impacto. Para Occidente, el desarrollo de la imagen del Peligro Amarillo. Para China, el deseo de volver a ser un agente central en el mundo y el desarrollo de la narrativa del “Siglo de la Humillación”, de cara a este período y sus relaciones con Occidente, dos elementos centrales para comprender la auto-imagen china contemporánea. Así, también se vuelve a destacar el desuso en ciertos ámbitos y contextos del término Peligro Amarillo para explicar o situar ciertos fenómenos, lo que choca con el carácter transnacional de su generación y las ideas que abarca, que son muy densas y complejas . Por lo tanto, este trabajo, como definición del concepto y lo que abarca, se plantea como primer paso para futuras investigaciones sobre el tema. 65 BIBLIOGRAFÍA LIBROS Beller, M. y Leerssen, J. (Eds.). (2007). Imagology: the Cultural Construction and Literary Representation of National Characters. Rodopi Derks, H. (2012). History of the Opium Problem: The Assault on the East, ca. 1600-1950. Brill. Fisac, T y Tsang, S (eds.) (2000) China en Transición. 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