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El Carpintero de Livonia : comedia nueva en tres actos

Duval, Alexandre (1767-1842); Sellent, Juan; Piferrer, Juan Francisco, (fl. 1779?-1846)

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: s) Núih. 159, /j , COMEDIA NUEVA EL CARPINTERO DE LIVONIA. EN TRES ACTOS. ACTORES. Pedro eJ Grande, Emperador de Ru- | El Corregidor del pueblo. ! a * p 4 Birman , Judío Alemán. Catalina su Esposa. * Un Escribano. *T rfan0 * f ^ Oficial del Emperador. Eudosia Macepa , huérfana. | Ministros de justicia , Cráufof » /// Madama Ffitz , dueña de. Ja pasada. | M » y Al ~ La Escena es en Livonia en la posada de un pueblecito corto. a la parte interior de una potada del p taller con todos los instrumentos de car ACTO PRIMERO. El teatro representa ¡a forte interior de una potada del pueblo, y en el fondo bay un taller con todos los instrumentos de carpintería. escena primera. Carlos y Cari. Al fin os veo Señorita ; ya ha¬ bía perdido la esperanza de hablaros esta mañana. Eud. ¡Oh! ya sabéis Cárlos , que siem¬ pre^ paso por este quarto * pero ; qué jiran , si se llegase á saber , que tohora’ 1 ? 8 díaS n ° S encontramos á es t a °trárse^? UeS aC3S0 es ^ e ^ t 0 el encon- E ud. No lo tengo yo por tal j pues Eudosia. eternamente deberé mirar con placer al bienhechor de mi Padre. Cari. ¿ Es posible, que todavía me deis el nombre de bienhechor ? Me aflige tanto como si me dixeseis alguna in¬ juria. Ettd, ¿Pues como he de llamar á aquel, <jue con su Trabajo ha mantenido á mi desdichado y culpable Padre, hasta los últimos momentos de su vida ? A Cari. a Cari. ¡Vuestro culpable Padre ! Bien rae lo sospechaba yo por algunas expre¬ siones , que se le escaparon... pero como jamas me atreví á preguntarle la causa de su desgracia , estoy ig¬ norante... EuJ. ¡Oh! seguramente no os la hubiera dicho } pero ya no existe j el secreto se halla depositado en mí , y al cabo de tanto tiempo mereceis toda mi confianza 7 porque sois mi Protector, mi hermano. . Cari. ¡Vuestro hermano! ¡Vuestro amigo! ¡Ah ! no lo sabéis bien. EuJ. Así que sepáis el nombre de mi Padre , vendréis en conocimiento de sus infortunios ^ se llama Macepa , y este nombre lleno de oprobio... Cari. ¿ Macepa? ¿El Hetmán de los Co¬ sacos, que fué traydor á su Patria? No hay siquiera un Ruso , que no tenga noticia de su crimen. EuJ. Y de la sentencia infamatoria que le condenaba á muerte. Hija , pues, de un proscrito deshonrado j ved, Carlos j la suerte que me ha cabido ! Cari. Mientras que yo exista , no será infeliz : no os aflijáis con vuestras desdichas , pues vuestras lágrimas me causan un mal... pero abandonemos estas ideas, y tratemos de nuestros intereses. Sin duda necesitareis dine¬ ro • ¿ es verdad ? EuJ. No j porque aun tengo los treinta rublos , que me habéis entregado. Cari. ¡Cómo! ¿Todavía ? será posible, que os privéis?.. ¡Oh! eso no va bien: yo cuidaré de todo j y entre tanto, tomad otros diez á cuenta de la ohra, que estoy haciendo en este quarto; pero creo , que no tardaremos mu¬ cho en tener dinero suficiente para desempeñar vuestro collar , y sacarle de las manos de ese usurero. EuJ. ¡ Ah í no penséis en eso. Este hombre no debe temer la pérdida de el dinero $ porque el collar vale tres veces mas que el dinero , que me ha prestado , y seria para vos hacer un sacrificio. Cari. No , Señorita * es preciso , que recojáis vuestro collar. EuJ. Si lo deseáis , consiento en elfo} pero ha de ser baxo la condición, que lo venderéis ai instante. Cari . Eso no 5 quiero que le guarde'®» ó le llevéis puesto ¡ y no sufriré q ue la hija de un Hetmán no tenga di»' mantés. EuJ. Haré todo lo que querrais 5 p« r0 no os alteréis tanto. Cari. Teneis razón j no tengo la culp** Bien sé, que carezco de aquella edu¬ cación... ¡Ah! si tuviera come vos uo modo dulce , y amable de decir lo¬ que pienso, me parece que tendri® 1 * tanto gusto. en escucharme , como ex¬ perimento yo en hablaros. EuJ ¡Oh amigo Cárlos! sino hablai* tan bien como los demas , por ménos en vuestra naturalidad se des¬ cubre perfectamente la franqueza d6 vuestro carácter , y la bondad d® vuestro corazón. Creed , que sentir»® muchísimo , que fueseis diferente d® lo que sois.. Cari. Lo cierro es , que lo poco qu* valga, á vos lo debo ; pues desd® que nos hablamos por las mañana* ántes de dar principio á mi trabajo» me dexais ideas para el resto del di*' Así que os vais , las arreglo toda* en mi cabeza , y respondiendo á que me habéis dicho, se me figif* h?liarme al dia siguiente coa m íS talento. j EuJ. ¿ De veras ? Pero si llegasen ' vernos... No es la posadera á qui e(l yo temo i poique es muy buena m u ' ger , y os quiere mucho ; sino á l° f criados, de ia posada , y sobre tod ff á los pasageros. Cari. ¡ Oh ! yo quisiera ver como 0 trataban sin el respeto que merecei®''! Sr que se atrevan á hacer como c Oficial Kuso , que quería toma 1-5 ciertas, libertades con vos... Y á 0 haber llegado el Embaxador... EuJ. Siempre que habíais de esa qü 4 tion me hacéis temblar. Cari. No hubiera salido bien la disp l,tf pues basta entonces todo iba P?\, feetamente 5 pero tuve la indiscrec'^ de decir que era noble , y tnt°° c iodos se reunieron para burlarse de i y quando el Embaxador me hizo preguntas acerca de mi familia , me sobrecogí en tales términos , que no Supe que responderle. ¡Oh Dios mió! ¡Cómo se riéron ! Hasta su Ayuda de cámara quiso mezclarse en la qüestion; pero quedó bien escarmentado. Eud. ¿ Y todos esos altercados fuéron por mi causa? Cari. Y también por la mia ; porque me hallaba tan encolerizado , que te¬ mí malas resultas } pero por fortuna se marchó el Embaxador , y no he oido hablar mas del suceso. Eud. ¿Sabéis, Cárlos , que en algunas ocasiones teneis mala cabeza ? Cari. En tratándose de vos, se me acaba el sufrimiento} pero también tiene mu¬ cha parte de culpa el viejo Raski por haberme dicho , que soy noble , y aun me ha dado un papelito. Puede ser que mi nobleza esté dentro de él. Eud. ¿Pues no le habéis leído ? Cari. No , Señorita ¡ y ya sabéis por¬ que... Mucha falta me ha hecho el no conocer á mis Padres. Eud. Eso no os debe afligir ; porque no obsta , que no sepáis leer, paraqoe seáis bueno. Traedme ese papel, y os diré lo que contiene. Cari. Con muchísimo gusto ; os lo traeré muy pronto} pero decidme, Sefiorita , ¿ seré ya demasiado viejo para aprender á leer ? Porque se me ha puesto en la cabeza que si supiese mas de lo que sé, me entenderiiis mejor. Eud. Amigo , Cárlos , no teneis nece¬ sidad de saber mas j pues hay mo¬ mentos, en que os comprehendo bien... Pero aquí viene ese usurero judío Alemán. Pronto, pronto á vuestro trabajo. Cari. ¡Bueno! Desde aquí puedo, (yenilo a su taller ) escuchar lo que la diga. ESCENA II. Birman y dichos . Bitm. ¡Oh Señorita! ¡Qué temprano estáis por aquí! Eud. ¿Qué se os ofrece , Señor Birman ? Birm. Vengo á veros , y hablaios de nuestros asuntos. Cari. Buenos dias , Señor Birman. Continuando su trabajo. Birm. Buenos les tengáis , Señor Caba¬ llero de la Lituania. Car. Yo creo , que este picaro judio se burla de mí. Birm. Señorita , pasemos á vuestro quar- to , porque este muchacho nos ha de estorbai;. Eud. Estámos muy bien en este sitio, pues nada teneis que decirme en se¬ creto. Bzrm. ¡ Oh í perdonad , hija mia. Eud. Vaya , acabad. ¿ Por qué me co¬ géis la mano ? Birm. ¡Oh! si fuerais buena , yo os. pan¬ garla con mi reconocimiento. Cari. ¿ Qué la estará diciendo ? Eud. Sin duda vendréis á saber, , si; pue¬ do devolveros vuestro dinero, y des¬ empeñar mi collar. Birm. ¡Oh Señorita Eudosia ! Vos sois muy linda , y yo muy apasionado vuestro... Y si quisierais consentir ea, trocar vuestro corazón... Eud. No S mor , nada quiero trocar, porque siempre perdería en el true¬ que con vos ; y así, lo que quiero, es daros vuestro dinero. Birm. Lo tomaré ; pero también quie¬ ro al mismo tiempo vuestro amor; pues supuesto , q o e sois una huérfanita sin fortuna , si queréis mi mano os ia venderé ; quiero decir , os la daré. Cari. ¡Oh que buen regalo! Ah, ah, ah. Arrimándose . Eud. Cárlos , os ruego , que no tengáis imprudencia. Birm. ¡Ah! ya comprehendo lo que esto es ; vos sois el amante de esta niña ; está bien ; me voy , porque no intento perturbar vuestra dicha Eud. Pero ánces de iros y devolvedme mi collar, que yo estoy pronta á pagaros todo lo que os deba. Birm. Lo siento mucho : pero el térmi¬ no se ha concluido , y vuestra alhaja se ha vendido esta mañana. A » Cari. Cari. ¿Se ha vendido? Vive Dios, que no saldrás de aquí, picaro judío. Mien¬ tes , si dices , que ya no tienes la prenda , y en dándote tu dinero la devolverás , y veremos como sales de aquí. j EuJ. Dexadlo estar, Carlos. ¿ Vais á principiar otra quimera ? Cari. ;Ah! con este no hay peligro, pues no es de la comitiva dei Embaxador. Vaya , acabemos ; devolvednos el de¬ pósito. Birm. pero, ¿ sabéis , que me hacéis daño ? Cari. ¿Cómo tienes valor para quedarte con una prenda, que vale tres veces mas que el dinero que has dado sobre ella? Como no te enterneces al ver á la bella Eudosia empeñar la única alha¬ ja , que la quedaba para conservar los dias de su Padre ¥ Yo en tu lugar la hubiera dado todo el oro del mundo, si lo hubiera tenido. No tienes cora¬ zón, miserable. Búa:. Yo tengo dinero ; lo hago valer; este es mi oficio ; y con él estoy muy contento. Caví. Y el mió es defender esta joven huérfana de un bribón como tú jOh! no te me escaparás. Birm. Dexadme... Madama Fritz, Ma¬ dama Fritz. gritando. Car!. ¿ No quieres callar ? Teniéndole por el brazo. Eud. Cárlos ; contenebs, ó no vuelvo á veros en mi vida. ESCENA III. Madama Fritz y dichos. M. Fritz. Carlos; ¿es posible, que con , todos tengas disputas ? Cari. Perdonadme , Madama Fritz ; no tengo yo la culpa , pues quando veo, que ultrajan , ó roban á una niña tan buena y tan interesante como Eu¬ dosia , no soy dueño de mi mismo. Eud. ¡ Ah Señora ! perdonadle , porque sus intenciones son sinceras. Birm. ¡ Cómo ! Me quieren obligar á dar,.. Cari . Lo que no es tuyo, bribón. Birm. Ya ois > que me llama bribón. M. Fritz. ün hombre de entendimiento como vos , no hace caso de las locü' ras de un muchacho ; pero ya n*® parece , que he adivinado el motW de esta querella. La prenda vale mu' eho mas de lo que se os debe , y v0 * no la queréis devolver: ¿ es verdad* Ciertamente que ese es un modo se' guro de hacer negocio ; pero coffiO sois un hombre de bien... Birm. Asi lo creo. M. Fritz. Y nosotros lo creeremos tai»" bien , luego que devolváis á Eudosí* lo que legítimamente es suyo. Birm. Pues bien; para daros una prueba de mi probidad , voy á buscar el co¬ llar ; pero con la condición de^ qu® inmediatamente se me entregará O» 1 dinero con sus intereses , y con lo s intereses de los intereses. Cari. Está bien , vuestro dinero esta pronto. Birm. Ya podéis conocer, amable nifia> lo que hago por vos ; esto es mani¬ festaros que soy sensible , y que m® inspiráis muchos intereses. vate. ■ Cari. Si ; el interes de los intereses ® s el que te mueve á tí. ESCENA IV. Bichos , ménos Birman. M. Fritz. Este negocio , ya está con' cluido ; y así pasemos á otro. T ü > Cárlos , al momento dexaras la obra por hoy , pues este quarto es comu 11 á todos los viageros , y el ruido de t® cepillo les puede incomodar. Cari. Pero ¿si no hay ningún en nuestra casa. M. Fritz. Dos carruages acaban de H®' gar, y esperan otro con mucho acoo 1 ' pañamiento. Sospecho que los. 9 ^ vienen dentro son grandes person®' ges , porque sus criados son Oi u | insolentes. Vamos , Cárlos , corre ayudará mis sirvientes; hazme eS favor ; ya sabes , que te quiero co^ á hijo, y que tengo ranon de hacer’ huésped así ; porque eres un buen muchacho, quando no riñes. Cari. Voy á obedeceros, madre mia. Señorita Eudosia , ya sabéis , que soy un criado vuestro. vase. Eud. Y yo siempre vuestra servidora, Cárlos. (Haciéndole una cortesía. ESCENA V. Eudosia , y Madama Frttz. M. Frttz. Voy á preparar este quarto _ para los viageros. Eud. Y yo os ayudaré con mucho gusto. M. Fritz . No , hija mia ; quedaos aquí á recibir los huéspedes , quando lle¬ guen ; pues el dexaros hacer los ho¬ nores de mi casa , es enseñarles á que os traten con el respeto , que mereceis. vase. ESCENA VI. Eudosia sola. Eud. ¡Qué buena es esta Madama Fritzí ¡Qué sensible me seria tener que se¬ pararme de su lado J Ciertamente, que en todo este país no he encon¬ trado mas que buena gente. Sobre todo , ¡este Cárlos ! ¡Qué franqueza! ¡Qué noble sencillez ! ¡ Qué genero¬ sidad conmigo ! Puedo decir con so¬ brado fundamento , que es un verda¬ dero amigo mió. ESCENA VII. Pedro , Catalina y dicha. Eud. Ya están aquí los viageros j tra¬ temos de recibirlos. Ved. Parece que el camine te ha fati¬ gado mucho. Eud. Señora , aquí teneis asiento , si gustáis. dando una silla. Sale Ofic. Si vuestra Magestad quisiera... red. Cuidado. ¿ Has olvidado ya mis ordenes ? El mayor secreto que te encargo , es el de mi nombre y mi calidad . vete, y no entres, sino. quando yo te llame, vase el Oficial. Car. ¿Sois vos la patrona , amable niña ? ' Eud. No Señora : la dueña de esta casa me dispensa su amistad , y y 0 pro¬ curo con mi zelo corresponder á sus bondades. Ped. Es muy lincea esta niña. Teneis, no se , que acento... Sin duda no sois de este país. Eud. No Señor , soy de Suecia ; pero ciertas desgracias , que no he me¬ recido... Cut. No puede ser mas interesante so fisonomía. ¿ Y por qué acaso os ha¬ lláis aquí ? Vuestros modales anun¬ cian un buen nacimiento , y confieso que estoy admirada de encontraros en un pueblo tan infeliz. Llegaos , hija; tal vez podré seros útil , y p0r lo mismo exijo... Ped. ¡Oh ! sin duda ; pero ántes es ne¬ cesario , que nos digáis , quienes son vuestros parientes.! Eud. Agradezco infinito vuestras ofer¬ tas generosas ; pero mis desgracias no son propias para dichas con facilidad a personas extrañas. Mi ejercicio se debe limitar aquí á saber lo que os, hace falta , y aun de serviros. Voy LlnJ 1 CStan pr6parados vuestros; quartos , porque me persuado que tendréis necesidad de reposo , y bus- «rol n,eJi ° de P'OPO'Sona’rto ^ m? ¿lo CS Cü - r110 deSe ° manifestaros, mi zelo y mi respeto. vate. ESCENA VIII. Pedro y Catalina, Pí f'em T oíI i'" 0 "' íP ° r motivo, «r! tíf C ? CSi ' ™ p re los sob '- anos . Tcdo Jo queremos saber , y conocer... ¡Quantos infelices hay , á quienes no quedan ya mas bienes , que secreto de sus desgracias, y aun e ei les queremos privar! Pero de¬ bemos esta conversación , y hable¬ mos del placer , que nos resulta de volver á vernos , mi querida Cata^ lina. 6 Cat. ¿Esperabas qué saliese á recibirte á la vuelta de Francia ? Ved. Aunque al verte he fingido sor¬ presa , como si lo ignorase , tenia ya noticia de todo ", sin embargo , por eso no ha sido ménos grande nti ale¬ gría. ¡Quantas cosas te.nemos que de¬ cirnos!... Al fin , gracias á mis dispo¬ siciones , nos vemos libres de ese fausto importuno. Cat. En efecto ; por la sencillez de tu trage, y por tu corta comitiva no es fácil conocerte por el Emperador de la Rusia. Mi Esposo no es dichoso, sino quando oculta su gloria y su nombre j y en las Provincias que recorre, solo se conoce su tránsito por los beneficios que derrama , y por los vastos y útiles proyectos, que abraza para la felicidad de sus dominios. Ved. Si ", no lo niego : me complazco en ver , y estudiar á los hombres en su interior ■ , porque rara vez se encuen¬ tra la verdad en el seno de los palaeios; y ¡quantos errores no hubiera yo cometido á no haberme concedido el cielo un amigo sincero é ¡lustra¬ do ! ¡ Oh mi querido Lefort! Te he perdido; pero jamas se borrarán de mi memoria las pruebas de tu amistad, tu zelo y tus virtuosos consejos. A él debo la afición á los viages de in¬ cógnito , y con ellos nu ha ido siem¬ pre bien j porque el hombre , que no me conoce , se expresa con franqueza acerca de mi mismo y de mis ope¬ raciones , y su crítica justa me es útil , y me aprovecho de elia. Por otra parte experimento cierto placer en ver á los hombres como son , y sin aquel disfraz con que se me pre¬ sentarían , si supiesen que soy su Soberano. Carpintero en Holanda, ma¬ rinero en Londres , siempre he halla¬ do placeres entre estos hombres in¬ dustriosos , y jamas he conucido el fastidio. Cat. Y ciertamente debe la Rusia su . tranquilidad á estos viages , y á tse carácter activo , laborioso y empren¬ dedor. Ved. Créeme, Catalina, aun le deberí masj le deberá su felicidad 5 ie deber» las artes , que suavizan las costuffl" bres , que civilizan á los hombres* que proporcionan comodidades al rico* medios de subsistencia al pueblo 1 gloria á la nación. Te he visto , so' berbia Francia , te he visto con 1* esperanza de extraer , y trasladar * un pais medio salvage tus vastos co" nocimieutos. ¡ Oxalá me fuera posible transferir del mismo modo la urba" nidad de fus habitantes , su taleut 0 y su amable alegría ! Cat. ¡ Qué entusiasmo tienes por 1<> S Franceses ! ¡Ah, Pedro ! La corte d®l Regente te ha seducido mucho. Ped. Hasta cierto punto no mas -, pue* le dexaré de buena gana el exceso d® su galantería y su ligereza 5 pero nO puedes imaginarte como rae han reci' bido. Sabiendo que no soy amigo d® los vanos elogios , han encontrado el medio de lisongearms con ellos , coU tal delicadeza , que no he podido mé' nos de acogerlos, y saborearlos. Quad' to pueden producir grande y herrad* so Us artes, las ciencias y las rique' zas, otro tanto me ©frecian con aque' lia gracia, que al mismo tiempo qü® obliga , dispensa del reconocimiento. Cat. Ya me pesa ao haberte acompa^ fiado i quien te oyga, y note tu vive' za, difícilmente reconocerá en tí I® noble y ruda fiereza del venced^ de Pultova. Ped. ¡ Qué! ¿De veras me encuentra 5 mudado ? Pues en este caso te debe 5 alegrar j porque si con la permanenci* en Francia he conseguido corregí todos mis defectos , ¿ no te paree®» qiíe he ganado mucho ? Cat. No ; yo me asemejo á las dein 3 ^ megeresj quiero á mi Esposó con dos sus defectos \ pues no puede hab® adquirido est gracia y esa liger ® 3 francesa , sino á costa de su franq u * za , y tal vez del amor que me p r ° / fosa. Sé calmar los ímpetus de su c ^ rácter , y temo no poder oponerro® los medios de que se valga para agf* dar: pero me parece,.que viene la£ trona. ESCENA IX. Madama Fritz y dichos. M. Fritz. Señores , ya está todo dis¬ puesto por si queréis pasar á vuestro quarto; y espero , que quedareis con¬ testos : á lo ménos he hecho quanro me ha sida posible para recibiros dig¬ namente. Ved. No os dé cuidado, que yo me acó— modo muy bien en qualquiera parte. Cut. Y yo también $ otras veces hemos estado en peores alojamientos. M. Fritz . ¡Oh I sin vanidad puedo decir, que mi casa no está mal dispuesta. red. Lo mas esencial es la comida. M. Fritz. La están haciendo. Sin que pase por curiosidad ; Caballero, ¿venís de Francia? según dicen,, es un bello país; pero debeis haber visto, allí á nuestro Emperador * porque acaba de hacer un viage á aquella tierra. Ved. Sí ; le he visto. M. Fritz. ¿ Es bella persona ? «Le co¬ nocéis ? Ved. Mucho ; pero hablemos de otra cosa. M. Fritz. No , no * es preciso , q ue me deis noticias de él, pues las exijo de todos los viageros j tengo cierta afi¬ ción á ese Señor ; y coma procuro* saber todo lo que ha dicho y hecho, lo comunico luego á todo el pueblo* y esto no dexa de grangearme alguna consideración. Ved. Vaya , está visto, que no hablará mas que de mí. M. Fritz. ¡Oh! sin duda habrá estado* muy contento en aquel pais *, porque es aficionado á las mugeres bonitas, y al buen vino. Caí. Cierto i y algunas, veces dfemasiado. Sonriéndote. M. Fritz, No se puede negar ,, que se toma mucho trabajo : siempre está; viajando : tan pronto Piloto* tan prom- to Carpintero ; Soldado , Géneral, y en todas estas situaciones, se padecen muchas fatigas. Dicen , que es un poca arrebatado; pero ¿quién está li¬ te de defectos ? ¿Creeis que no. y tendrá también los suyos Catalina ? jAh 1 ya que hablamos de estas per¬ sonas , me podréis decir, si es cierto, q«e Ultimamente tuviéron una gran disputa , yo no sé porque. Dicen que Pedro en medio de su furor , rom¬ pió un cristal de Venecia , y dixo á la Emperatriz; „Ya ves , que no nece¬ sito mas , que dar un golpe cort mi «mano para reducir este vidrio al „polvo, de que ha sido formado” Y que Catalina, en vez de enfadarse le miró con un ay re de bondad y ter¬ nura, y le respondió: „Has destruido *» i o ^ u e constituía el adorno de tu ,,palacio. ¿ Te parece , que este ha «quedado mas bonito ?” Al oir estas palabras ,, enmudeció el Emperador y se vio precisado á hacer las paces con su Esposa. T ’ eI,asie L m P rc razón. m bntz • Ten g° mucho deseo de verla* y os aseguro con toda verdad , qu e . dam ! a mitad d lo > £or [f de X o ® } os Esposos, bebiesen algún día de mi vino.. P tbí n QUé Sabemos ? ^ede ser que JO* M Fritz. J Oh r no ; aunque siempre están viajando, creo que nunca los, vere , pues aun quando pasasen por ’ n0 harian mansión en un puehlo tan pequeño como es t e ; s ¡ n embargo de que suelen venir á él grandes personages * pero yo estoy entreteniendo... Señora, vuestras cri a I das os esperan en el quarto : si: gustais , os, acompañaré. K Cat. No hay necesidadyfy yo igualmente; Cal. Supuesto, que vuestra conversación* parece que agrada á mi Esposo o“ tooconei., hahladle siempre de Cavase. ESCENA X. Pedro y Madama Fritz. Af. Fritz. Vuestra Esposa parece muyr buena Señora ; no se puede negar. Pea*. Si;, es. una. buena Señora. Mádt. M. Fritz. Y bonita. ¿Hace mucho tiem¬ po, que os habéis casado? Teneis bi- . jos • ¿ Son hermosos ? Ped. ¡Qué preguntona ! Ahora me toca á mi j consultemos mis apuntes... Esto es... Antes de responder á vuestras preguntas decidme : ¿ Teneis en casa un muchacho carpintero, que se llama Cárlos ? M- Fritz. ¡Ola ! | también le conocéis ? Aquí está con efecto } es un excelente muchacho , muy bueno y honradoj trabaja regularmente en esta sala; por¬ que me da gusto ocuparle ; y hace tan buen uso de su dinero , os lo digo en confianza , que todo-se lo entrega á una huérfana, que se llama Eudosia. Ped. Me alegro , de que sea bueno , y sensible... ap. Volvamos á Cárlos. M. Fritz. Os decía pues , que esta pobre Eudosia... Ped. ¿ Todavía con Eudosia ? Por Dios, acabamos , patrono ; porque sino me haréis jurar coma un Cosaco. Decid¬ me pronto , de qué tierra es Cárlos^ si existe aun su familia , si conocéis sus padres $ esto es lo que yo quiero saber , y esto es lo que es preciso, que me digáis. M. Fritz. Pues eso es cabalmente lo que yo no os diré , por una razón muy poderosa , y es , la de que no lo sé. Ped. Vaya , esta muger no sabe nada de lo que yo quiero averiguar. ¿Pero é lo ménos le podré ver ? Hacedle venir ahora mismo. M. Fritz. Sí j hacedle venir ahora mis¬ mo , ¡como mandáis l Si quiere , de¬ bíais haber añadido : ya veo yo que no le conocéis á fondo : pues tened entendido , que no hace sino lo que le acomoda j que no gusta de que se le obligue por fuerza * y que basta que se le mande una cosa puraque no la haga j y sobre rodo, desde que tuvo el cuento con el Embaxador, tie¬ ne. una desconfianza declarada de to¬ dos los grandes Señores. Ped. Pero yo no soy un gran Señor. M. Fritz. Ni yo tumpocá lo digo por vos : pues bien se vé, que sois un hombre sencillo y regular... Pero aq B ‘ viene justamente. Ped. Con efecto , es muy parecido. “P" ESCENA XI. Cúrlos y dichos. M. Fritz. Cárlos, Cárlos } llégate, aquí hay un extrangero , que qui® rí hablarte. Cari. No tengo ningún negocio con 1°* extrangeros. Ped. ¡Qué! ¿ Os acordáis aun de la dis" puta con los Oficiales Rusos ? ■ Cari. ¿Y quién os ha contado eso? Madama Fritz, habéis hecho muy mí 1 , M. Fritz. Te aseguro , que no se lo W dicho yo. Ped. No, no ha sido la Señora sio® el Embaxador mismo el que me M ha referido. Cari . ¿SI Embaxador? ¡Ah maldito Ofi' cial ! Vaya , ahora en el pueblo tD s llamarán otra vez el Caballero. Ped. Pero si lo sois, ¿ qué mal hay e® ello ? Cari, No Señor , no lo soy, ni lo qvie' ro ser. Ped. Amigo Cárlos , habladme franca' mente : tengo ciertos motivos par* conocer vuestro nacimiento. Cari. ¡Ah Señor ! ¿ Queréis conocer nacimiento ? ¡ tero si yo mismo ^ ignoro! Ped. Está bie« j pero hablando, hablan' do , llegaremos tal vez á déscubrirl®' Decidme , quien sois. Cari. Eso no es difícil. Soy Carpintera y si teneis algo que mandar hace r < podéis dirigiros á mí , y haré la obtí tan bien como otro qualquiera. Ped. No se trata de eso. Cari. Hago de todos géneros , puerta ventanas, armarios , y aun no conor cí un compañero capaz de hacer un e® sable como yo. . Ped. ¿Y en donde habéis aprendido 6 oficio ? Cari. En casa mi maestro. Ped. ¿En qué país vivía? Cari. Tan pronto en uno como en Q'J • Ped. Vive Cristo que... Mas es preciso contenernos. Pero Cárlos, ese no es modo de responder. Cor/. ¿ y si yo no quiero responder de otro modo? M. Fritz. ¿No conoces , que el Señor te hace esas preguntas por tu bien ? ¡ f arece tan bueno I Cari. Si , si : fiaos en su fisonomía, también el Embaxador parecía un hombre de bien : me hizo las mismas preguntas ; me ofreció no hablar á nadie del asunto; y sin embargo, ya veis como envia otros , para que se rían de mí. ^ Ped. Cárlos , yo no he tratado d 8 ofenf<ss C S ’ 7 ^ SOl ° ¡a am * stat * g u e 05 P ro “ Car/. «La amistad ! ¡Buena amistad por cierto . y me hacéis unas preguntas con tono de protector, para divertiros a nn costa : ¿ y si yo os dixera , ciue no sabréis nada de quanto me pregun- P 'ro qué res P on deriais ? e ' V ue encontraría inmediatamente el medio de haceros hablar , si me em¬ peñase en ello. Cm7 ¿Sl ? pues yo os aseguro, que no sacareis una palabra; y esto es tan a¡ C Oa r C ° m ° que la Rusia P erten ece ^ed. Finjamos encolerizarme para amet'sZTp ¡0,a! *“> ,omai " p° r « est.lo ? Pues veremos. * ^ ues veremos. • Fritz. Repara, Cárlos, que vas á nacer tonterías. Cari. Mas quiero hacerlas , que decirlas. ' J . t eni a yo noticia, deque sois nn quimerista. ^ Car¿. Si Señor, soy un quimerista, quando se trata de enfadarme. 9 Ped. Pues ya dexareis de serlo si os hago prender por mis criados , y con¬ nucir a Petersburgo, Allí será el Czar el que os pregunte, p- J ama ' s he ido á Petersburgo , ni el amparador tiene nada que decirme; no me daría cuidado hacerle una e " “ ‘ U ’ p0r< í u e no se puede negar, que s un buen conocimiento. 9 Ped. Pues le vereis; porque solo con una palabra mia , nadie os libertará del viage. Cari. Be aquí lo que son todos estos grandes señores q.uando hablan con miserables como yo. Quiero esto; haré estotro ; os enviaré allá : ¿ os parece, que no hemos tratado con otros de la misma clase ? Ped. ¿ Con que creeis , que no tengo poder para hacerlo ? M. Fritz , Pero Señor, tiene razón es¬ te pobre muchacho: porque al fin, ¡o teneis derecho para atormentarle, ni sacarle de aquí. Tenemos-Magistrados, que no sufren que se hagan violencias con los vasallos del Emperad'c r Cari. Pero por Dios , Madama Fitz, 2 no conocéis , que el Señor se chan¬ cea ? Tan bien como yo sabe, que no es capaz^ de hacer nada , de lo que dice ; afirma , que trata de conducir¬ me delante de Pedro el Grande ; pero á buen seguro , q u e no se atrevería; P»es si el Czar supiese solamente el modo con que me quieren hacer ir, este gran Señor, qu e se hace aquí el hombre importante , seria entonces bien pequeñito. Aunque aquí nunca hemos visto á nuestro Emperador, sa¬ bemos muy bien, q u e su voluntad es, gue se respeten las leyes en todos sus dominios ; y como las ha establecido tanto para los grandes, como para os pequeños, sabría muy bien castía J £, at ! 4 °s gue las violasen. M. Fritz. ¡Oh! ciertamente. Estoy se¬ gura , de que no te harán violencia alguna en mi casa ; pues aunque el Corregidor del pueblo es un necio, no se atreverá sin embargo por temor P J n* 3 haceros una injusticia. red. ¡Dulce recompensa de mis fatigas ! p0r ñ *n pueden contar mis vasar ,* c ° n la protección de las leyes. Car!, befior extrangero , ¿ parece que lo d^ 6 ?° S ^ emos ^’ c h° os hace discur— P'-d. Éste es e ¡ único medio ; ellos cuisoíos me le han dado. ar J‘ ^ hieu , ¿ estáis todavía de humor de hacerme viajar? B Ped. S 16 rador , inmediatamente seré elegido, llamado y colocado. Ved. Pero supuesto , que según me di¬ jisteis poco ha estáis muy bien con el Emperador, ¿ paraque necesitáis mi recomendación ? Cor. j Oh! sí } en otro tiempo muy bienj porque quando estuve en Petersburgo, le vi tan de cerca como ahora á vcsj pero desde entonces he sido muy des¬ cuidado. ESCENA VIII. Carlos , un Escribano , Alguaciles y dichos. Cor. ; Ah ! bueno : ya está aquí mi génte. Caí. Qué, ¿este joven es el reo ? su fisonomía es muy interesante. Cor. Escribano , trae acá esa mesa. Me permitiréis , que me siente $ así es preciso hacerlo, porque esto no es un juguete j y un juez en pie no tiene la misma importancia. Ahora bien, Señor Excelentísimo , ¿de que le acu¬ samos ? Ved. Da haber tenido una reyerta con un Oficial del Emperador , y de ha¬ berse supuesto Caballero. Cor. Ah, ¡buen Dios! yá tengo noticia da este suceso : es terrible. Cat. ¿ Cómo ? Cor. Me llamáron en aquel acto $ no hay remedio ^ es hombre perdido : es muy justo castigar áun malvado. ¡De¬ lito criminal ! ¡Pena infamatoria ! Cat. Tamo peor. Ped. Vamos al hecho j que os diga al momento su nombre y su patria. Cor. Ministros , traedme acá ese reo. Sentados á Ja mesa. Cari . ¡Reo ! ¿Pues qué he hecho yo ? Arrimándose. Cor. Amigo mió , ahora lo sabremos} y entretanto procedamos en forma al in¬ terrogatorio-de dicho acusado' Car-!. ¡ Acusado ! ¿ y de qué ? Cor. De haber , según la requisitoria conocida , probada y certificada del Excelentísimo Señor Mencicof... Cat. ¡ Mencicof! Ved. Calla , Catalina. Cor. Y según la deposición formal > 1 por escrito del Embaxador del E®' perador , insultado , ultrajado y in3< tratado á uno de los Oficiales d e 511 comitiva } por lo qual dicho Erap err dor está muy enojado , y ha enviad á dicho Señor Excelentísimo , á fi# ^ temar conocimiento en dicho delU 0, Cari. Pero, ¿habíais en griego? Que» 0 mé mueva de este sitio , si os ende 11 ' do una sola palabra. Cor. Le conozco mucho, y sino le atefflO' rizamos no podremos conseguir nu#' tra intención : ademas este"*es el & tilo. Ped. Haced lo que queráis; pero va" xnos al caso. Cor. Me veo pues en la precisión , e ° vista de la exposición del Embaxado r <| hecha á este Señor Excelentísimo... | Cari. ¡ El Embaxador ! ¡Señor Excelsa tísimo ! A la verdad , creo que tod#? se han vuelto locos. Cor. Conteneos en los límites del resf peto } porque sino me será precisé poneros en el calabozo , para llenad dignamente los deberes de mi empleé y enseñaros á hablar con moderado#* Cari. ¿ Cómo en el calabozo ? Esto y 3 parece que va de. veras. Cor. Callad , y decid. Cari. ¿Cómo he de callar, y deciros* Sino fueseis un juez , creería q# e decíais necedades. Cor. Escribid todas sus respuestas. Esc. Decís necedades. Escribiendo. Cor. ¿ Habéis puesto eso ? esto es 1° que tiene el haber de tratar con ge^T tes de poco talento. Borrado. ¿CóU» 3 os llamáis ? Cari. Bien lo sabéis. Cor. Decidme corno os llamáis. Cari. Carlos Escranvonski. Cat. ¡ Carlos Escranvonski 1 epe Ved. Catalina está atónita. Cor. ¿ Y vuestra patria ? Cari. JLa Lituania. Cor. ¿ Vuestra edad ? Cari. Veinte años. Cat- C° f ' ; Cárlos Eseranvonski! ¡De, Licúanía! ¡Veinte años! ¡ Qué semejanza! Ped. Me divierte su turbación. Cor. ¿Vuestro oficio? Cari. Carpintero. Cat. ¡ Carpintero ! No puede ser. Cor. ¿ Ten.'is padres ? Cari. Jamas los he conocido. Cat. ¡ Jamas los he conocido ! sus fac¬ ciones , sus ojos... Disimulemos mi turbación. Cor. ¿ No habéis tenido una querella con «no de los Oficiales del Emba¬ xador ? Cari. Cierto : porq.ue insultaba á una muchacha honesta y virtuosa, la de¬ fendí ; hice lo que díbia ; y si el Emperador, que según dicen es un excelente hombre , se hubiera hallado en mi lugar , habría hecho otro tanto. Cat. Prescindid de ia quimera , y volved á su familia. Ped. Preguntadle; porque razón en la querella se supuso Caballero. Cat. ¡ Se supuso Caballero ! Cari. ¡ EhJ ya tenemos aquí justamente, lo que me estaba temiendo. Aun v¡e nen á hablarme de eso : ; Dios mió ! ¿ Es posible , que cometiese tal dis¬ parate ? Cor. ¿ Luego es un título falso , que habéis tomado ? Cari. No lo sé... No sé que decir. Cor. ¿ Estáis confuso , eh V Luego habeis engañado al Embaxador. Cari. Escuchad : en la inteligencia , de que jamas he querido engañar á nadie ; y si os parece que soy culpa¬ ble , os aseguro , que mas he delin¬ quido por imprudencia, que por mal¬ dad. Cat Escuchemos atentamente. Car/. Pues como os dixs ántes , un Ofi¬ cial demasiado alegre vió á Eudosia. Es preciso advertiros que esta Seño¬ rita es ia mas bella , la mas amable... Es menester tratarla para conocerla. Siempre que la hablo, me pongo á temblar ¿ tal es el respeto que me impone. Ped. Está bien: ¿pero qué sucedió des¬ pués ? Cari. Este Oficial vió , como os digo, á Eudosia ; la quiso decir galanterías á su modo : .llegué yo en esta ocasión; tomé su partido como era regular • se . enfadó él conmigo ; yo me enfadé también j me maltrató; lerechazé; y últimamente para concluir, le propu¬ se que escogiese armas para batirse conmigo ; me respondió ,' que ñó'íjebia batirse con un Hombre como*’jo: le dixe , que valia tanto , y era tan Caballero como él ; se puso á reír,, y me alteré tanto, que iba ya á apometerle , quando llegó el Embaxador. Esta es toda la historia. Ped. ¿Y por qqé le dixistéis , que erais Caballero ? Cari. Esa fué mi falta, lo confieso. Cat. Luego no lo sois. Cari. Me han aseguiado que sí ; pero yo no tenia necesidad de repetirlo; conozco, que tuve un poco de orgu¬ llo ; pero ¿ porque no quiso batirse conmigo? Me parece, que qualquiera hombre es bastante Caballero para dar ó recibir una estocada. Cat. Pero decidme, ¿quién os ha dicho, que sois Caballero ? Cari. Señora , esa es otra historia dife¬ rente ; me parece que sois una Seño¬ ra amable , y que no seréis capaz de burlaros de mí. Cat. No, al contrario ; tomo mucho ínteres... Pero habladme , habladme con franqueza. Cor. Pero yo no digo nada , y sin em¬ bargo mi empleo exige , que esté ha¬ blando siempre. Ped. Hacedme el favor de, callar , y separaos un poco. (Lo hacen el Corre¬ gidor y hs Alguaciles. Cari. Es preciso deciros de antemano, que no he conocido á mis padres , y debo mi existencia á la caridad de un Carpintero pobre, pero muy hombre de bien. Cat. ¡Recogido por caridad! Cari. Me. enseñó todo lo que sabia fñ su oficio; y esta ha si 'o mi única educación , cuya falta he conocido muchas veces, y especialmente desde que conozco á la Señorita Euuosia. C Un i8 yn día me hallaba trabajando en ta tienda , y al pasar un vir gero por delante de ella , se le rompió el car¬ ruaje ^ le ofrecimos nuestro socorroj entró en la tienda , y como yo era entonces tan joven í le inteiesó tanto mí fisonomía , que le preguntó, s>. era hijo suyo. No S;fior , le respondió nai buen anciano } es un huerfanito, que me dexó un Eclesiástico al tiempo de morir. Este muchacho es hijo de Cárlos Escranvonski, Caballero de Lituania , que murió en servicio de la Suecia. Cat ¡ Qué murió al servicio de la Sue¬ cia ! Cari. Tenia una hermanita (continuó el pobre anciano ) de mas edad que él, y pereció en el saqueo de Mariembur— go. Esperad , replicó con viveza el viagero : ¡ Escranvonski ! ; Prisionera en Mariemburgo ! ¡ Educada en casa de un Eclesiástico ! Ella es: esa her¬ mana ho ha muerto \ está en el pala¬ cio del Emperador 5 su nombre , su semejanza , todo me asegura , que no estoy equivocado. ¿No teneis algunos títulos, ó papeles? No tengo, (res¬ pondió mi maestro ) mas que un papelito , que me dexó al tiempo de morir el pobre ministro Al instante fué á buscar un papel , que leyó el viagero con mucha atención Id , id al momento , dixo , á Petersburgo, que este niño está destinado tal vez para una gran fortuna. Al decir esto volvió á subir á su carruige , y con¬ tinuo su camino. Ped. ¡ Es el idioma de la verdad ! Cat. ¡ Ah c'elos ! ¡ Q é turbación ex¬ perimentan mis sentidos i ¿ Por qué no habéis seguido el consejo de ese viagero ? ¿ Por qué no vénisteis á buscaren..» á buscar esa hermana? Yo os aseguro , que ella os hubiera aco¬ gido con bondad y con ternura. Ca<l. Esa era nuestra intención ; pero por desgracia cayó enferma mi bien¬ hechor , y do allí á poco murió. Vién¬ dome de nuevo abandonado de todos, tus fui a; instan?** de aquel pueblo , y viviendo de mi trabajo he recorrido la Estolia , la Curlandia , y al fin W® hallo en Livonia , en donde hubiera siempre sido muy feliz , á no ser por los Oficiales , Embaxadores y Exce¬ lentísimos Señores. Ped, Pero, ¿ y vuestra hermana ? Cari. | Ah! desde que empezé á viajar, y después de lo que he visto , aprendido á conocer el mundo. ¿Quiért os ha dicho que mi hermana , siendo tan gran Señora , como aseguró el v?agero, querría reconocerme? Mejor he querido vivir en paz con la Seño¬ rita Eudosia, que ir á perturbar co» mi presencia , y tal vez ajar el or¬ gullo de mi hermana. Ped. ¿Qué te parece este acontecimiento? Cat. j Ah Pedro!... ¿Pero no puedo ver ese papel , que tenia vuestro maestro? Esta será la última prueba. Cari. Mi bienhechor me lo entregó al morir, y debiendo enseñársele á la Señorita Eudosia para que me dixese s* era o no Caballero , le traygo siem¬ pre conmigo. Aquí está. Le saca del bolsillo . Ped. Dádmele. Le toma con viveza 9 y se acerca ó Catalina. Cat. ¿Será este por ventura el niño que tanto tiempo , y tan en vano he bus¬ cado ? Lee ty ed. Leamos. «Hallándome próxi- «mo á parecer d.-lant 3 de Dios, juro, , y atestiguo á los hombres , que el «niño que h puesto en poder de Mi¬ jares Hazki , es el hijo legítimo de «Cárlos Escranvonski , Caballero d® «la Lituania , que murió en servició «de la Suecia.*’r= Glc k. Cat. Ese es el nombre del respe rabí® Eclesiástico , que tanto tiempo hiaó por mí veces de padre. Ped. Catalina, ¿ con qué este muchacho es hermano tuyo? Cat. Sí , sí; es mi hermano.. Pero estas palabras del Corrregidor de de lito criminal , de pena infamatoria... ¡ Ah Pedro ! Ya no es posible á mi cora¬ ron... Y á pesar mió , la deshonra.** ¡ Ay Dios ! Se desvanece en sus brazos. Ped. Mi imprudencia ha causado esto acci- accidente. Debía haber previsto su debilidad. Ayudadme. ( A las criadas que entran. ) á trasladarla á su quarto. Catalina , mi querida Catalina... Se¬ ñor Corregidor , aseguraos bien de ese muchacho : haced , que tengan mu¬ cho cuidado de él. ESCENA IX. El Corregidor , Carlos y Alguaciles. Cor. Está muy bien, Señor Excelentí¬ simo , basta , que... ¡ Hum! Este des mayo... Aquí hay algún misterio. Cari. Sin duda ; pero yo nada compreherido. Cor. Pues yo sí, lo comprehendo muy bien. Esto va mal , amigo mió, esto va mal. Pero, ¿ qué he de hacer yo con este muchacho , sino se ha expli¬ cado claramente?... Pero, ¿no ha di¬ cho ; aseguraos bien de ese muchacho? ¿ Haced que tengan mucho cuidado con el? Esto quiere decir... Vaya, soy un bestia... Lo que esto quiere decir , bien claramente es : hacedle evar preso. Esto es : vamos, vamos; seguidme. ¡ Q u é penetración es me¬ nester tener para comprehender á los grandes Señores ! Es preciso confesar, que son muy dichosos , quando en¬ cuentran personas que los entienden. ACTO TERCERO. escena primera. El Corregidor y Madama Fritz. Cor. Es una cosa bien particular , in¬ comprehensible. M. Fritz. ¿ Qué es lo que tanto cui¬ dado os da ? Cor. ¡ Ah Madama Fritz ! En vuestra casa suceden grandes acontecimientos. • Fritz. Ciertamente; pero son sucesos , que me incomodan en extre¬ mo; pues no parece sino que vos y el extrangero os habéis empeñado en r 9 atormentarme todo el día. ¿ Qual es la causa de vuestro furor contra el pobre Cárlos ? Ese hombre descono¬ cido le hace prender por sus criados; le pregunta delante de vos ; hace que le conduzcan á la prisión , y apér.as ha entrado en ella , manda que le pongan en libertad : le vuelven á co¬ ger sus criados. En fin ¿ qué sé yo ? Es menester ser hechicero para adivi¬ nar que significa todo esto. Cor. Pues bien ; yo soy hechicero. M. F>itz. Nunca lo creí así. ¿Luego sa¬ béis todo el misterio ? Cor. Escuchad. Nuestro viagero tiene algún rno f i v o secreto para proceder así; primer punto. En quanto á lo que de¬ cís, ya conoceréis, que es preciso tenec discreción, circunspección, especial¬ mente quando se trata de un asunto tan importante, ran grande, tan interesante. M. Fritz. Sí ; tan grande , tan impor¬ tante. ¿Y qual es ? vamos á ver. Sois capaz de matar á qualquiera con vues¬ tros largos discursos ; y lo peor es, que al fin no solamente sabéis ranto como yo , sino que tal vez os habrán engañado en lo poco , que sepáis. Cor., ¡Oh! sí ; ¡se burlan de mi ! Yo no se nada. Pues vamos á ver. ¿ No es el Príncipe Mencicof el que está alo¬ jado en vuestra casa ? Sabiais esta novedad , eh ? ¿ Su Esposa no se ha puesto mala al mirar á Cárlos? Nada de eso , todo es cuento. El Príncipe, ¿no me ha llamado tonto y bestia por que hice llevar últimamente á Cárlos á la cárcel ? Tampoco esto será verdad ; porque yo no estaba presente quando me lo decia. j No han trehido unos ricos vestidos , y han suplicado á Cárlos , que se ios pusiese ? Y á mí , que estaba allí, ¿ no me han echado por la puerta afuera de aquel quarto? No; yo no sé nada , todo esto es chanza. Se bur¬ lan de mí. M. Fritz. Ahora veo , que con efecto estáis instruido , y así os suplico, que me deis á entender alguna de estas cosas. Cor. Madama Fritz , os estimo , v por C 2 'lo i8 Jf 2 ; e lo mismo sabréis todos mis secretos. Tened , pues , entendido , que presu¬ mo , que sospecho, y aunque estoy autorizado para creer , que este mu¬ chacho ... -Es un muchacho,.* qhe pue¬ de tener por su naciaiiento relaciones... Porque' ya conoceréis, que á no ser así... ya veis , que no es natural po¬ ner ricos... vestidos á un delinqüente... Esto no es lo que yo acostum¬ bro... Todo al contrario... y así os ruego no me comprometáis , pues todo el mundo sabe , que das primeras leyes de nuestro estado son el silen¬ cio y la discreción. M, Fritz. No tengáis cuidado , que no soy capaz de comprometeros. Car. Pues ahora os dexo •, porque voy á buscar á un sobrino mió , que es de la comitiva de este Señor. Este que¬ rido pariente me ha conocida^-aun¬ que hace ya mas de veinte afios > que no nos veíamos. No se puede negar que ha tenido fortuna $ me ha sido preciso darle una buena acogida: por¬ que e,s rico , y siempre es necesario querer á los parientes. Me ha pro¬ metido revelarme un gran secreto, con ‘ la condición , de que no he de decirlo á nadie ^ pero al instante que lo sepa , vendré á confiároslo, se en¬ tiende, si me lo permite mi deber, vas. ESCENA II. Madama Fritz sola. M. Fritz. De todo lo que ha charlado, nada he cotí) prehendido ; pues tiene el defecto de hablar mucho, para no de¬ cir nada, j Dios mió! ¡Qué desgra¬ ciada seria, se tuviese la misma falta! No obstante una de las cosas que ha dicho , me ha dexado admirada y es el vestido magnífico que han hecho ponerá Cárlos. Aunque.no lo comprehendo , debo sin embargo tranqui¬ lizarme porque si quisiesen hacerle algún mal , no le vestirían como á un Señor. Pero alguno viene ; cabalmen¬ te es Cárlos. ESCENA III. Cárlos y dicha. Cari . Ah, ah, ah. ¿Qué tal os parezco* Madama Fritz ? M. Fritz. Muy bien $ perfectamente. Cari. El Excelentísimo Señor me ha he¬ cho poner así } mandó que fuese á sU quarto $ por cierto , que su muger nO estaba allí ; y me dixo s©*riéndose¡ Cárlos , poneos este vestido , porqu* quiero presentaros á una Dama , que no os desagradará conocer. ¿ Yo este vestido? le respondí : vaya Señor, ¿os burláis de mí i bastante se han reido todos ya , por habérseme escapado decir , que soy Caballero, y no quie¬ ro que... Nadie se burlará de vos me contexto 5 obedeced j yo os lo mando* y á fe mía, que dixo este ,yo ¡o mando, : como quien está acostumbrado á de; cirio á menudo. Al instante tomé m* determinación, haciéndome cargo, de que vale mas que se diviertan á val costa , que volver á caer en las gar¬ ras del maldito Corregidor. Inmedia¬ tamente se me arrimáron unos Seño¬ res , haciéndome profundas y reve' rentes corresias , que les he v devuelta del mismo modo : tomé pues mi ves¬ tido , y heme aquí con él. M. Fritz Te sienta muy bien. ¿Si su" pieras que gallardo estás ? Cari, i De veras? Me alegro. Voy 4 presentarme al momento á Eudosia» porque este tr3ge da mejor apariefl" cia. ¡ Ah! ¡si por estar vestido & este modo la agradáre! Madama Fri th ¿creeis que la agradaré ? M. Fritz. De qualquier modo que este $ f gustará de tí. Cari. Me parece , que tendré un pO c m :s de atrevimiento para confesar^ que... Vos no sabéis que Eudosia e de una familia... ¡ Ah! pero estos s° secretos , que ella sola puedo reve,3 2 y así no os diré mas. ¿ Pero do° está ? ¡Tengo tanta gana , de que v mi nuevo trage ! Voy á buscarla-* ^ M, Fritz. No la encontrarás, porque cor- * corriendo por todo el pueblo , y su¬ plicando á los principales de él , que se interesen en tu favor , y vengan á hablar por tí al viagero. Cari. ¡ Ay Madama Fritz 1 Id á buscar¬ la. Os lo ruego ; ya veis que yo no puedo ir de este modo , porque toda la gente me rodearía , me enfadaría, me obligaría á reñir con alguno ; y ciertamente esto no acreditaría al ves¬ tido , ni á la persona ; y así la es¬ peraré en este sitio. M. Fritz. Pues á Dios hijo mío ; cier¬ to presentimiento me hace creer, que todo esto acabará en beneficio tu¬ yo. vase. ESCENA IV. Carlos solo. Cari. Aunque no principió muy bien , no dexo de creer lo mismo ; pues me parece, que no resultará ninguna cosa desagradable. Por otra parte , he no¬ tado, que mientras ms estaban pregun¬ tando , la Señora fixaba en mí sus miradas con interes; y yo, sin sa¬ ber porque , 1?* miraba también con gusto. ¡ Oh ! «ysto era sin duda , por¬ que es bonita ; pero no tanto como Eudosia. ESCENA V. Firman y dicho. Cari . Ya está aquí el maldito usurero. ¿ Qué querrá ? Birm ¿Quién será este Señor? No me engaño, él es. Ah, ah, ah ; que mogjganga. ¡Ah , ah ! Cari. Y bien, ¿ qué es lo que tanto os hace reír ? Birm. P-. rdonad, amigo , porque os ha¬ llo con un trage tan elegante... Ah, ah , ah¡ Es verdad , que sois Caba¬ llero ! Ah, ah , ah; no me acordaba .. Pero no tengo razón para reirme; porque según parece , esto es oro fino. Cari. Bueno está ; pero , ¿ queréis decir¬ me á que venís ? 21 j Birm. Os traigo el collar de Ja Señorita Eudosk , que me pedisteis. Cari. El caso es , que es necesario darle dinero , y Eudosia no está... Birm. Con todo el respeto que es he debido , os digo , que vayais á tener la bondad de contarme cinqüenta ra¬ bies. Cari. Está bien , amigo : Madama Fritz os dará al instante vuestro dinero. Birm. ¡Oh! Eso no puede ser. Respeto muchísimo vuestro vestido ; pero las alhajas no saldrán de mi mano, hasta que me paguéis. Cari. Por cierto , que no tener dinero un Caballero , es una cosa terrible. Birm. Es una friolera... Cinqüenta ru¬ blos... ( Extendiendo la mano.) Y mi cantidad... Cari. Aguardad un momento á que vuel¬ va Madama Fritz. Birm. Yo no puedo aguardar. Cari. Pues márchate á los infiernos* maldito usurero. Birm. Ah, ah, ah. El Caballero ha ol¬ vidado su bolsillo. Cari, ¿Quieres dexarme en paz? Birm. Ah , ah, ah ; rico vestido ; pero sin un ochavo. Ah , ah, ah. ESCENA VI. El Corregidor y dichos. Cari, ¿ No quieres acabar ? ¡ Insolente Judío ! Agarrándole por el brazo. Birm. Señor Corregidor , libradme de las manos de este hombre. Cari. ¡Caspita ! Aquí está el Corregidor;, tengamos prudencia. Cor. ¿ Cómo teneis atrevimiento para insultar al Señor y levantarle la mano ? Birm. Señor Corregidor , al contrario,, si es él quien me la levanta. Cor. ¿Quiere pegaros? bien hecho. Pues; sabed , que yo tomaré su defensa , y sabré castigar á los insolentes ,. que se atrevan á perderle el respeto. Cari. ¡ Qué tal ! Ahora defiende.. í Ah 1 Birm. 22 Etrni. 2 Cómo? ¡ Perder el respeto á un Carpintero !.. C °ü’ . Ca,,ad » y ds »d gracias á su pie¬ dad , porque no os he castigado se¬ veramente. Birm. ¿ Castigarme ? sin duda os estáis chanceando. Cor. ¿ Cómo chancear ? hablo muy de veras , sí Señor, muy de veras. Btrm. Sin duda rae teneis por tonto. ¿Pues no estoy hablando con Cários, el muchacho Carpintero? Cor. Es falso , amigo , es muy falso. Birm. j Ahí ¿si será, que S. E. ce¬ pillaba las tablas por entretenimien¬ to ? Cari. Tiene razón. Basta ya de risa. Señor Corregidor ; ya os habéis di¬ vertido un rato á mi costa y... Cor. . Ah Señor Excelentísimo i No soy capaz de divertirme á vuestra costa; os lo aseguro. Cari. Yo no soy Excelencia , ni cosa que lo valga j sino simplemente como dice este picaro Birman, Cários, Car¬ pintero. Cor. Perdonad que os diga estáis equi¬ vocado , pues no lo sois. Cari. ¿Pues que soy ? Cor. No lo sé fixamente j pero no tiene duda que sois algo. Cari ¡Está loco! ap. j Con que ¿Mes no queríais que fuese Caballero , y ahora por vuestra autoridad ?. . Cor. Ya veréis como no me engaño ; y Jo que únicamente os pido , es , que me recomendéis á vuestros ilustres parientes. Cari, j A mis ilustres parientes! Ah, ah. ¿ Luego ya no tendréis gana de enviarme al calabozo ? Cor. j Oh ! Todo !o contrario. Antes naris ahorcar al Señor, que permitirle que se atreviese á insultares. Birm. Me parece , q U e tan loco está el Corregidor , como el Caballero. Cor. Sí ; estoy loco, estoy loco. • Ah desdichado ! (baxo á Birman ) Si yo no tuviese compasión de tí... Ten enten¬ dido , que los extrangeros , q u e están alojados en esta casa , son nada ménos que el Emperador y su Esposa. Birm. ¿Y por donde lo habéis do ? Cor. Por ua sobrino mío , que vien^ su comitiva i pero chiron á todo Ademas , estando yo presente , $ hecho preguntas á Cários acerca* su nacimiento: enseñó un papelito* así que le leyeron , se puso desaz } nada la Emperatriz ; después Je t» hecho vestirse como veis, y se 1 trata con mucho respeto. ¿ Qué tal ¿ Adivináis ? ¿ Comprebendeis en ^ lo que estoy diciendo ? Birm. jAh Dios mío! si él lo supiese Quando conozca quien es... Cari. Pero ¿ qué es lo que estáis blando ? Cor. ¡Oh! estaba diciendo al Señor, q« no había conocido en mi vida un h00 bre mas amable, ni mas interesan 1 que vos. Birm. Y yo Je respondía , que teñí' un excelente carácter , un buen cora zon... Pero ya me habia olvidado <J entregaros el collar de la Señoril Eudosia. Cari. Ah, ah 5 aguardad á que veng ¡ Madama Fritz. Birm. Nada de eso , nada de eso: vueí tra palabra vale mas que todo el di' ñero... Me lo pagareis , quando os p*' rezca: disponed de mi crédito, de n* bolsillo y de todo lo que rae p¿t' tenece. Cari. Pero, ¿qué es esto? ¿estáis loco* No comprehendo... pero siento ruido.»' £/?>-,^Vámonos , p 0 r no molestar á S> Birm. Yo espero , que V. E. se acori»' rá de mi. Haciéndole profundar cortesías. Cari. Ya me acordaré ce Jos dos. ESCENA VIL Cários y Madama Fritz y Eudotia * Cari. ¡ Ah Señorita ! ¡ Quanto deseA&* veros ! Eud ¡ Ay Dios mío ! Cários, :qué ^ cido estáis! Cari. Sí, á pesar mió : ¿ os parezco mal así ? Eud. Al contrario , muy bien , os lo aseguro. Fritz. Pero Cárlos, ¿tú no sabes que en la casa todos dicen que eres pariente de ese excrangero... Cari. ¿También vos habéis dado en eso? Af. Fritz. ¿Y por qué no, quando sus mismos criados lo dicen , y la políti¬ ca con que te tratan lo dicta ? Eud. Yo también opino como Madama Fritz : todo me anuncia , que perte¬ necéis á una clase elevada, y que el cielo oslará justicia , concediéndoos ' la forruna que mereceis. Cari. No niego que la deseo ; pero sola¬ mente desde que os conozco : creed Eudosia , que si llego á ser rico, nada os faltará, ni tampoco á Madama Fritz. Eud. ¡ Ay Cárlos ! ¿ imagináis que no se lo que vale vuestro corazón ? Cari. No; no podéis saberlo: si yo fuese opulento , estaría desde luego pronto á daros... todo lo que poseyese ; con tal que me permitieseis solaviente ser¬ viros , veros todos los dias , y ama* ros como á una amiga , como á una hermana , como .. ' M. Fritz. Como á una Esposa: vamos, no seas tan tímido. Eud. | Para que decís lo que tal vez no pensará Cárlcs ? Cari. ¡ Ah ! si lo pensaba. Pero solo el temor de desagradaros... 2 Acaso Cárlos , podéis desagra¬ darme nunca ? M. Fritz. ¡ Pebres muchachos ! Cari. ¡Qué ! ¿de veras no os enfadaríais, Señorita, si os dixese , que prefiero á la fortuna , y a' nacimiento el placer de ser amado por vos ? Eud. ¿ Por qué lo habia de sentir ? Al contrario Cárlos 4 os aseguro que me consideraría mas dichosa pasando con vos mi vida en ¡a obscuridad , que siendo la mayor Señora de Petersburgo. Cari. ¿ Con qué consentiríais en ser mi Esposa ? Sin duda aJguna ; siempre que vos quisieseis serlo mió. ar ^' * con toda mi alma ¿ y pues que nadie puede eponerse á nuesira unión , respecto de que los dos somos huérfanos , casémonos , si puede ser mañana mismo. Ai- Fritz. Cárlos, todo lo dispones muy bien; pero, ¿no reflexionas, que á la hora de esta habrás ya tai vez ha¬ llado algunos parientes , que pueden oponerse.,. Cari, j Oh ! esas son conjeturas ridicu¬ las ; ademas, de que si los parientes no consienten... Eud. No nos seria nada favorable, que fuese cierto lo que ya dicen ; pues al fin , ya sabéis que mi padre no solo me prohibió ir á Petersburgo, sino que me encargó particularmente, que ocultase mi nombre. M. Fritz. ¿ Y Por qué ? Eud. Porque mi padre también fué en otro tiempo un gran Señor , pero... M Fritz . Pues no lo sabia yo. Eud. Pero he nacido muy desgraciada. tari. No habléis de eso Madama Fritz porque vais á hacerla llorar : y cada* lágrima suya me traspasa el corazón. Hablemos solo da nuestro casamiento... Pero ahora que me acuerdo , aquí !r„tn vuestro col,ar: y° mba Í^ ta deJda ^ eXtin 8 uiré e«a cor- ^«*«£4*0. Dios m¡<>! aqui ,iene escena vih, Pedro y dichos . Pe ^‘ i Cár,os ! Os andaba buscando Fr t z UC S qUC Madama * t 2 > haced que todo esté dispuesta prouto para nuestra partida / p L . es debemos salir dentro de muy pocos instantes. y ptcos ^ Sefior Excelentísimo , voy < obedeceros .. Quedaos con Cárlos l con eso nie contareis, lo que ha pa- Eud oJ E ud 0 s ' a ’ y v ase - • i Oh . no ; porque tai vez estaré demas aquí. H ESCENA IX. Dichos y ménos Madama Fritz. Cari. ¡ Ah Eudosia! si os vais, me mar¬ cho yo también. ¿ Es verdad Señor, que esta Señorita no está demas aquí? P ed. No amigo mió , bien puede quedar¬ se , pues es cierto que se interesa tanto por vos, que merece tener parte en vuestras felicidades. Eud. | Pues qué se trata de felicidad para Cários? j Ah I ¡cómo me alegro! ,Ved. ¿ Par ece , que le aruais mucho ? Cari. ¡ Ah ! nunca tanto como yo la amo. Es imposible. Ped. Sin embargo , será preciso que os separéis muy pronto , á lo menos por algunos dias. Cari. Ni por uno solo , ni por una hora. ¿Pero á qué viene esa nueva invención? ¿Tesáis acaso gana de mortificarme mas todavía ? Por divertiros me ha¬ béis hecho poner un vestido , que no corresponde á mi carácter , os he obedecido por complacencia ; pero os prevengo , que no llegará esta hasta el extremo de separarme de una ami¬ ga , que mañana mismo ha de ser mi Esposa. P ed. ¿ Esposa vuestra ? Cari. Sí -Señor j este ya es negocio con¬ cluido ; mañana nos casamos , y si queréis asistir á la boda , en vuestra mano está 5 nos haréis mucho honor y placer. Ved. Mi querido Cários, estoy muy dis¬ tante de oponerme á vuestra unionj conozco N , que esta Señora merece tu corazón j pero es preciso diferirla por algún tiempo ; pnes ya que es menes¬ ter decirlo todo , te llevo conmigo hoy mismo. Eud. ¡ Ah Cielos ! ¿os le lleváis ? Cari. Se entiende , si yo quiero. No obstante, procedo de buena fe ; y aun¬ que conozco , que os divertís en mor¬ tificarme desde esta mañana , confieso que no me disgustáis , pues se me ha figurado , que sois un hombre de bienj si consentís, pues, en que Eudosia me acompañe, no habrá dificultad en se¬ guí ros. Eud. Pero Cirios, ¿para qué hemos viajar ? ¡Estamos tan bien aquí •' Ved. Hija mia , me parece que no reis oponeros á que Cários p ase 5 vida en compañía de una hern> an que puede favorecerle mucho. Cari. ¿ Qué hermana ? ¿ sino he mas que una , y á esa jamas ¡ a visto ? ,y Eud. Será tal vez la de que os hr aquel pasagero. Cari. ¡ Ah ! Sí $ ¿la que está estableé en Petersburgo ? Ped. ¿ Deseas volver á verla ? Car,!. ¡ Oh ! ¿Quién lo duda ? ¿Q ü3 '! el huérfano , que no tiene deseo encontrar á su familia ? Ped. Pues tu la has encontrado ya. Cari. ¿Acaso conocéis á mi hermana ^ Ped , Tanto, que yo mismo te he de cO v ducir á sus brazos. Cari. Pero, ¿querrá reconocerme? , Ped. Debe hacerlo así... Pero siento rll, ¡ do. ap. Aquí viene Catalina : la .£$ al fin de su desmayo j pero antes, revelar nada , quiero saber... HU l mios, marchaos por un momento, r yo os haré llamar al instante. Eud. ¡ Ah Cários ! mi corazón pretil que vas á ser dichoso. Vanse los dos. ESCENA X. Pedro y Catalina. Ped. Querida Catalina , ¡ con gusto veo quetú salud Cat. Me presento temblando á tu viste Ved. Pues ¿ qua! es la causa de uní ' if . disposición tan repentina ? ¿ Ac a sientes haber hallado?... . Cat. ¡ Ah , Pedro ! puedes imagina^, ¿No te he hablado muchas vece® J este joven , compañero de mis deSffJ chs ?... Pero bien drbes conocer l )“, a! placer de verle , está unido el st j ti miento terrible de haberme dic^’» Corregidor , que su pena es infr ! toria. ... Ped. ¿Quién? ¿Cários?* si es el wu c cho mas amable... ¡j Cat. ¿Es amable ? ¡oh Pedro! Soberano ! Tu Catalina , tu amante, tu Esposa se atreve á postrarse delante de tí , y suplicarte que concedas á su hermano una parte de las mismas bon¬ dades , con que la has favorecido tan¬ to tiempo. Ped. Ese era cabalmente mi proyecto. Cat. Pues , ¿ acaso sabias Ped. Todo lo sabia. Y en prueba de ello, mira la nota que me remitió mi bea¬ ba xador \ ( tacando un papel) pero no queriendo ser engañado per ningún bribón $ y temiendo ademas cierta pre¬ vención de tu parte por el deseo de encontrar á tu hermano , no he que¬ rido revelarte el secreto. La última Escena interrogatoria ha disipado to¬ das mis dudas , pues la verdad senci¬ lla y pura se dexaba ver en el lenguage de Cárlos ; y de tal modo me ha¬ llaba ya prevenido en su favor , que aun sin la certificación auténtica del Ministro Giak , estaba decidido á re¬ conocerle públicamente por hermano mío. Cat. ¿Publicamente? ¡Qué dicha! Ped. No hay duda alguna; pues con las circunstancias de juventud , sensibili¬ dad , y hombría de bien que le acom¬ pañan , podremos formar un hombre digno de la mayor consideración. y o?. ¡Ah! ¡El mayor Soberano! ¿El ven¬ cedor de Cárlos doce no teme baxarse á reconocer por hermaao suyo al mas obscuro artesano ? *. M i < 3 u erida Catalina; el hombre poderoso y verdaderamente grande t , s“" r *rr dob e uscasus p ar¡ ' » ‘ « =" ' dad 1 P ° br ? M y ia °bscur;'ri?~TaaS d= afi‘' n0r,y0l0h ' !id0dc ° bras í¡ 45 s:.'““ ^ ai¡a ™ C « aL?V ra ° d e hom!,re! si último raiga.. C ° Sa “ gloria > cste “ ■ Ami « a . pocos elogios ; por¬ 2$ que en tu boca son demasiado peligro¬ sos para mi ; peí o pensemos en tu hermano. Cat. • Ah ! Me abraso por verle. Ha$ta la edad de s is afios le serví de madre, y en este memento se me representan mil recuerdos. Ped. Pues yo soy el que te ie quiere presentar, Cárlos , entra. ESCENA XI. Cárlos , Eudosia y dichos. Ped. Te he prometido presentarte una hermana... en donde la he encontrado? Ved. Aquí mismo , en este quarto. Car/. ¿ £n e6te quarto? Ped Cárlos , ven á besar la mano de la Empe... O por mejor decir, abraza á tu hermana. r „ Yt -• i '-iciuí : Car. ¡ Hermano mió ¡ r Dándole la mar.o. Larl. ¿ Queréis atormentarme mas ? u Retrocediendo. Ped. No, Cárlos ; Catalina es mi Espo¬ sa y tu hermana. Carl : Ex P e-nmento una turbación , u placer... ¡Ah, Señor! Tened compa¬ sión de mi. Seria demasiada crueldai enganar mi corazón. ed. Pues á lo menos , créelo por su lagrimas y por su emoción ; mira co hermano ^ bra2QS P * r a recibir á s Cari. ¡Hermana mía ! ¡ Mi querida' her- ¡nana. Su emoción... sus lágrimas, íQae. ¿ ya no soy huérfano?!. ,p er tenezco a una familia ? ¡ Q u é tferna merTvez 6 ? Mp8ril,,ent0 ** * P* Pe t¿° h . du f ! c l sen{i m iento de la natu Cit hií- ‘ ' ^ ue P' a cer me causas ! ™ ^ u eri o Cárlos, acércate, sí, s aun se perciben las facciones de s i ~i - añora lo conozco ; yo sov hermano mió, la que acallé tus pri raeros llantos, y la que enjugué tu primeras lágrimas ; yo soy la qu encargada por nuestro tutor de Jo D cui-