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Postverdad y discurso intimidatorio en Twitter durante el referéndum catalán del 1-O

Hernández-Santaolalla, Víctor; Sola-Morales, Salomé

Abstract

The idea of "post-truth" has become common in media discourse, although sometimes used as a synonym for lying and in others as a tendency to use more emotional argumentation than rational in the construction of the messages. This propensity is linked, at the same time, to a growing use of hate and intimidation on the Internet and social networks sites as an intentional or unintentional mechanism to end any type of debate. At the same time, there is a growing tendency of using intimidation in the Internet and social networks sites as an intentional or unintentional mechanism to end any type of debate. Moreover, this is a form of communication that bets on emotionality and renounces rationality or argumentation. In this line, this article analyzes the concepts of post-truth and intimidatory discourse in the context of the "Catalan process" and, specifically, in the context of voting of October 1st, 2017. For this, a quantitative methodology has been used, applying an analysis of content to a total of 573 tweets issued between September 30th and October 2nd, 2017. Of these, 150 were published by 13 leaders and political parties spokespersons of parties that had representation in the Congress of Deputies and in the Parlament of Catalonia, and the rest were responses to these messages from other users. The results corroborate, in line with the idea of post-truth, the tendency of politicians to follow rhetorical strategies based on the emotion and feelings. Regarding the responses of users, the tendency to the attack more than to the debate is confirmed. However, a generalization in the use of offense and aggression can not be confirmed.

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Observatorio (OBS*) Journal, (2019), 102-121 1646-5954/ERC123483/2019 102 Copyright © 2019 (Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales). Licensed under the Creative Commons Attribution- NonCommercial Generic (cc by-nc). Available at http://obs.obercom.pt. Postverdad y discurso intimidatorio en Twitter durante el referéndum catalán del 1-O Post-truth and intimidation on Twitter during Catalan referendum 1-O Víctor Hernández-Santaolalla*, Salomé Sola-Morales* * Universidad de Sevilla, Spain Resumen La idea de “postverdad” se ha hecho común en el lenguaje mediático, si bien utilizada en ocasiones como sinónimo de mentira y en otras como una tendencia a usar con mayor profusión la argumentación emocional que la racional en la construcción de los mensajes. Al mismo tiempo, existe un creciente uso del discurso intimidatorio en Internet y redes sociales, como una forma –intencionada o no– de acabar con cualquier tipo de debate y, sobre todo, como una forma de comunicación que apuesta por la emocionalidad y renuncia a la racionalidad o la argumentación. Esta propensión se une, al mismo tiempo, a un creciente uso del odio y la intimidación en internet y redes sociales como una forma intencionada o no de acabar con cualquier tipo de debate. En esta línea, el presente artículo analiza los conceptos de postverdad y discurso intimidatorio en el contexto del “proceso catalán” y, en concreto, en el entorno de la votación del 1 de octubre de 2017. Para ello se siguió una metodología cuantitativa, aplicando un análisis de contenido a un total de 573 tuits emitidos entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre de 2017. De estos, 150 fueron publicados por trece líderes y portavoces políticos de partidos que contaban con representación en el Congreso de los Diputados y en el Parlament de Catalunya, y el resto eran respuestas de otros usuarios a dichos mensajes. Los resultados corroboran, en consonancia con la idea de postverdad, la tendencia de los políticos a seguir estrategias retóricas basadas en la emoción y los sentimientos. En cuanto a las respuestas de los usuarios, se confirma la tendencia al ataque más que al debate, aunque no se puede confirmar una generalización en el uso de la ofensa y la agresión. Palabras clave: Comunicación política; Catalunya; emoción; cultura del odio; redes sociales. Abstract The idea of "post-truth" has become common in media discourse, although sometimes used as a synonym for lying and in others as a tendency to use more emotional argumentation than rational in the construction of the messages. This propensity is linked, at the same time, to a growing use of hate and intimidation on the Internet and social networks sites as an intentional or unintentional mechanism to end any type of debate. At the same time, there is a growing tendency of using intimidation in the Internet and social networks sites as an intentional or unintentional mechanism to end any type of debate. Moreover, this is a form of communication that bets on emotionality and renounces rationality or argumentation. In this line, this article analyzes the concepts of post-truth and intimidatory discourse in the context of the "Catalan process" and, specifically, in the context of voting of October 1st, 2017. For this, a quantitative methodology has been used, applying an analysis of content to a total of 573 tweets issued between September 30th and October 2nd, 2017. Of these, 150 were published by 13 leaders and political parties spokespersons of parties that had representation in the Congress of Deputies and in the Parlament of Catalonia, and the rest were responses to these messages from other users. The results corroborate, in line with the idea of post-truth, the tendency of politicians to follow rhetorical strategies based on the emotion and feelings. Regarding the responses of users, the tendency to the attack more than to the debate is confirmed. However, a generalization in the use of offense and aggression can not be confirmed. Keywords: Political communication; Catalonia; emotion; hateful culture; social media. Submitted: 29th July 2018 Accepted: 2nd December 2019 103 Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales Observatorio (OBS*) Journal, (2019) Introducción El término “postverdad” hace alusión a diferentes fenómenos que se vienen dando en la arena política y mediática desde hace más de tres décadas, poniendo en jaque las democracias occidentales. Ya en 1992, Steve Tesich alertó en The Nation , sobre la tendencia o decisión de la sociedad estadounidense de vivir en una sociedad de postverdad, donde reinaba –a su juicio– el gobierno de la mentira (refiriéndose a la Administración de George Bush). Algunos años más tarde, Ralph Keyes (2004) continuó el debate relacionando el concepto con un nuevo periodo histórico que denominó: “era de postverdad”. Eric Alterman (2004) lo definió como una forma de gobierno –“presidencia de postverdad”–, mientras que David Roberts (2010) lo vinculó con la política llamándolo “política de la post-verdad”, haciendo alusión a los políticos que negaron el cambio climático. La política de la postverdad podría ser descrita como una forma de hacer política en la que valen más los sentimientos o emociones de la ciudadanía que la argumentación racional (Arrese, 2016; Boczkowski, 2016; González, 20017; Marzal & Casero Ripollés, 2017; Urmeneta, 2017). En esta línea, no debe olvidarse que sentimientos como la desafección, por ejemplo, motivan la ausencia de confianza, el distanciamiento o la alienación, y terminan repercutiendo en la eficacia política (López-Hermida Russo & Fierro-Zamora, 2018). De este modo, como algunos autores han advertido, esta tendencia podría entenderse como un virus (Elías, 2017) o un peligro para la democracia (Coughlan, 2017; Valadier, 2017), ya que podría incrementar el populismo, la desconfianza o la apatía de la ciudadanía hacia los partidos o los representantes políticos o, incluso, potenciar otras lacras como la corrupción, todas ellas tendencias que a día de hoy se están dando a lo largo y ancho de los sistemas democráticos occidentales. Como ha expresado Manrique (2016, p. 164): “La ‘noble mentira’ del gobernante asocia hipocresía y autoengaño, desprecia la libertad y la dignidad públicas, vulnera el espíritu moral y se constituye en instrumento funcional de todos los totalitarismos”. Marco teórico El discurso de la mentira contemporáneo: postverdad y fake news El debate sobre la mentira no es nada nuevo ni exclusivo de la posmodernidad. Ya en 1873, por ejemplo, en Sobre verdad y mentira en un sentido extramoral , Friederich Nieztsche se refería a las palabras como metáforas que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas. Si bien el periodismo informativo contemporáneo ha asentado sus bases sobre la premisa “ Facts are sacred, opinions are free ” , actualmente pareciera que esta clásica expresión se está transformando en su contrario (Arrese, 2016), pues el rumor, el bulo, la mentira y la falsedad manifiesta se están convirtiendo en un ingrediente más del proceder de algunos políticos, periodistas y ciudadanos o usuarios de las redes sociales. Esta tendencia tampoco es ninguna novedad del siglo XXI, pues ya desde hace más de un siglo se reportan casos de publicaciones falsas en los diarios. Es más, el rol de las noticias falsas es una constante y un elemento central en la dinámica de la comunicación política (McNair, 2017). Observatorio (OBS*) Journal, (2019) Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales 104 No obstante, en la era digital las fake news parecen haber aumentado, pues contribuyen a tendencias políticas y sociales más amplias en las sociedades del actual siglo (Mcnair, 2018). Justamente, para algunos autores este fenómeno expresa una crisis más amplia de confianza en las élites, cuyos miembros están luchando por mantener sus roles tradicionales en nuestras democracias liberales (McNair, 2017). Pero además esta tendencia se ve fomentada por un flujo constante de información, donde “se difuminan las fronteras entre el periodismo y otras formas de comunicación y activismo” (Aguirre Nieto & Zeta del Pozo, 2017, p. 170); donde la ética periodística es cada vez más cuestionable (Lăzăroiu, 2018) y donde la credibilidad informativa es cuestionada (Vergeer, 2018). La velocidad e inmediatez de algunas plataformas como Twitter o Facebook provocan que las llamadas fake news proliferen y que ni siquiera sean cuestionadas por los lectores que las “retuitean” o comparten a nivel masivo. De esta manera, el sistema mediático se retroalimenta con los bulos publicados en estas redes sociales. Y dado que estos contenidos parecen más conectados con la realidad –ya que muchas veces se nutren de vídeos en directo o de opiniones de ciudadanos a pie–, pueden dar legitimidad a noticias falsas (Alves & Oliveira, 2016). Es más, según Viner (2016), los algoritmos o filter bubbles (Pariser, 2011) que crea Facebook están diseñados para dar a los usuarios lo que desean y así es más sencillo que confíen en estas noticias que en las publicadas en los medios de comunicación tradicionales, transformando el valor de la información (Marcos Recio, Sánchez Vigil & Olivera Zaldua, 2017). Discursos intimidatorios y mensajes de odio en redes sociales Al mismo tiempo que las fake news han proliferado en el entorno digital actual donde prima la emoción a la argumentación racional, los discursos intimidatorios parecen haber aumentado y haberse convertido en algo habitual en los foros o espacios de debate virtual. A pesar de que estos discursos son muy longevos (Rowbottom, 2012), “es en sociedades abiertas, en que la libertad de expresión se ha ganado merecidamente un lugar de honor, donde el conflicto entre la libertad de palabra y la protección de los derechos de quienes son objeto de esos discursos ha exigido ponerles un nombre para reconocerlos y poder hacer frente a ese crucial conflicto” (Cortina, 2017, p. 9). Valga indicar que utilizamos el concepto discurso intimidatorio en el sentido epistemológico utilizado por Lopez Muñoz y Capponi (2017), que permite englobar tanto los mensajes del odio ( hate speech , discours de la haine , etc.) como las distintas formas de amenazas verbales. Para los investigadores, el discurso intimidatorio se trata de una “práctica discursiva formalmente amplia y heterogénea caracterizada por la intención de potenciar las tensiones existentes entre determinados grupos sociales o demográficos, a través de estrategias que abarcan desde la reafirmación identitaria de pertenencia al grupo dominante hasta la generación de inseguridad o de miedo en el grupo dominado, más que como una mera forma de expresión de la violencia verbal entre individuos” (Lopez Muñoz & Capponi, 2017, p. 10). En este sentido, el anglosajón hate speech (Waldron, 2012, Whillock & Slayden, 1995) traducido como discurso del odio en español y considerado por algunos autores confuso y polisémico (Carrillo Donaire, 2017) es entendido aquí como un producto verbal o práctica discursiva (Fernández Smith, 2017) que, por una parte, manifiesta “la emotividad catártica, la 105 Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales Observatorio (OBS*) Journal, (2019) descalificación simplista y las supercherías de toda índole” (Trejo Delarbre, 2017, p. 8) y, por otra, tiene como finalidad principal la manipulación de las ideas (Casado Velarde, 2008). El incremento de este fenómeno en el espacio virtual se debe, en gran parte, a que en las últimas décadas el concepto de audiencia se ha visto transformado por completo en el entorno digital. Los tradicionales lectores se han convertido en usuarios o “prosumidores” (Cebrián, 2009; García-Galera & Valdivia, 2014; Krijnen & Van Bauwel, 2015), que interactúan entre sí (Navarro, 2009) y participan digitalmente. El debate online genera una mayor flexibilidad que el offline , ya que permite difuminar las fronteras de la libertad de expresión gracias al anonimato (Camps, 2017; Poland, 2016; Reagle, 2015; Reader, 2012; Suler & Phillips, 2009). No obstante, algunos autores consideran que “son escasamente propicias para suscitar la deliberación pública. Lo que abunda en ellas son la emotividad catártica, la descalificación simplista y las supercherías de toda índole” (Trejo Delarbre, 2017, p. 8). Asimismo, pueden dar lugar a distorsiones generadas por otras prácticas que se dan en el entorno virtual como son el flooding , el trolling , el spamming , el impostoring (Suler & Phillips, 2009), el online shaming u otras como el llamado derailing o desorientación y reorientación del debate (Poland, 2016). En este contexto, existe una tendencia en la que los llamados troles o polemistas participan en foros digitales o hacen comentarios en redes sociales como Facebook, Twitter o YouTube –de medios o perfiles contrarios a su ideología– con la única intención de interrumpir la conversación (Herring, Job-Sluder, Sheckler & Barab, 2002; Torrijos, 2013), rechazar o confrontar las opiniones que en ellos se defienden o sustentan, así como generar discursos del odio o intimidatorios (Cortina, 2017; Montaña, González & Ariza, 2013). No en vano, en las últimas décadas han proliferado sitios dedicados a la xenofobia y al ciberodio (Banks, 2010; Citron & Norton, 2011). Estas narrativas “funcionan como alimentador de tensiones previamente existentes entre grupos sociales, actualizándose en situación de enunciación a través de conflictos de interacción entre individuos concretos” (Lopez Muñoz & Capponi, 2017, p. 12). “El trol es, por tanto, un tipo de usuario más centrado en sí mismo que en la comunidad, a quien escribir comentarios provocadores que reciban muchas respuestas le produce una fuerte sensación de autoafirmación, que puede llegar a ser adictiva” (Fenoll, 2015, p. 181). A pesar de que hay autores que los han definido como individuos reales narcisistas, maquiavélicos y psicópatas (Shachaf & Hara, 2010) o sádicos (Buckels, Trapnell, & Paulhus, 2014), no se puede olvidar que, a veces, son perfiles ficticios, creados en masa, para manipular conversaciones digitales (Aguilar, 2017). En el terreno concreto de la comunicación política, las redes sociales han introducido nuevas dinámicas de conversación y participación en la vida política, al tiempo que han puesto en duda el papel mediador de los medios de comunicación convencionales (Rúas Araújo & Casero-Ripollés, 2018). Al respecto, es la red social Twitter la que se ha manifestado como el principal punto de encuentro entre agentes políticos y líderes de opinión (Gallardo Paùls & Enguiz Oliver, 2016, p. 29). En esta línea, diferentes investigaciones se han centrado en el estudio de Twitter en período electoral, prestando una especial atención al uso que los candidatos hacen de dicha red (Christensen, 2013, Enli & Skogerbø, 2013; Vergeer & Hermans, 2013; Vergeer, Hermans, & Sams, 2011); algunas de las cuales han evidenciado su capacidad persuasiva y su potencial en el desarrollo del liderazgo (Said-Hung, Prati & Cancino-Borbón, 2018; Sola-Morales & Flores, 2013). Para la ciudadanía, Twitter se convierte a priori en un espacio de debate donde compartir abiertamente sus opiniones (Chopra, 2014), pero también sus frustraciones (Moya Sánchez & Herrera Damas, 2016), críticas, quejas o insultos. Observatorio (OBS*) Journal, (2019) Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales 106 Aunque el uso político de Twitter ha sido analizado especialmente en el contexto estadounidense, en los últimos años en España se ha desarrollado un número considerable de trabajos que abordan este tema desde múltiples perspectivas (Fernández Gómez, Hernández-Santaolalla & Sanz Marcos, 2018), incluyendo el contexto catalán (Pérez-Curiel & García-Gordillo, 2018). Así, se ha abordado la figura del candidato (Criado, Martínez-Fuentes & Silván, 2013), de los fans políticos (Hernández-Santaolalla & Rubio-Hernández, 2017), o de fenómenos como la interacción (Ramos, Fernández Gómez & Pineda, 2018; Zugasti Azagra & Pérez González, 2015) o la viralidad (Congosto, 2015). En cuanto al propio debate político generado en Twitter, algunos autores verán la red como una oportunidad para incrementar la “calidad democrática” a partir de la diversificación de voces (Moya Sánchez & Herrera Damas, 2015, p. 8), mientras que otros afirman que esta funcionaría como una mera “caja de resonancia” (Gruzd & Roy, 2014), reforzando la polarización ideológica, pues los usuarios harían uso de la exposición selectiva para acercarse a aquellos canales cuyas opiniones ya comparten. En un punto intermedio se encuentran aquellos autores que señalan que dicha polarización dependerá del tema tratado, incrementándose la posibilidad de su aparición cuando se trata de temas especialmente controvertidos (Barberá, Jost, Nagler, Tucker & Bonneau, 2015; Garimella, Morales, Gionis & Mathioudakis, 2018). El proceso catalán Las demandas de independencia del pueblo catalán no son nuevas, vienen planteándose desde hace décadas con mayor o menor intensidad, dado que la cohesión nacional de España entre sus autonomías siempre ha sido débil (Colomer, 2018). No obstante, desde el inicio de la crisis económica, político y social en 2007, y especialmente a partir de 2012, se ha producido “en Cataluña una aceleración secesionista por parte de las instituciones autonómicas y de un segmento relevante de la opinión pública que ha puesto sobre el tapete cuestiones que apenas se habían suscitado ni en los debates constituyentes ni en los años de vigencia del actual sistema democrático y constitucional” (Castellà Andreu, 2016, p. 561). Desde entonces, se han producido grandes movilizaciones públicas y acciones políticas por parte de las instituciones y por parte de la ciudadanía. Dichas acciones han tenido respuesta por parte de las instituciones estatales que han impugnado y rechazado tales demandas apelando a la Constitución principalmente. Pero también ha habido una respuesta por parte de los medios de comunicación estatales y autonómicos que han posicionado el “conflicto catalán-español” como uno de los tópicos principales de sus agendas mediáticas mostrando grandes dosis de manipulación informativa (Gili Ferré, 2017) y ausencia de pluralismo (Almirón, 2018). Todo ello ha generado un conflicto político y social de grandes magnitudes. Si bien el ambiente de confrontación se da entre las instituciones catalanas y las de Madrid, y entre parte de la ciudadanía “catalana que reclama un referéndum para decidir que la Comunidad Autónoma de Cataluña pueda convertirse en una república independiente, y otro sector que quiere mantenerse dentro del Reino de España” (Serra, Ubasart González y Martí i Puig, 2018), en el momento actual se ha tornado en un conflicto social que ha trascendido las fronteras de Cataluña y en el que toda la ciudadanía española – catalana o no– se ha visto implicada. 107 Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales Observatorio (OBS*) Journal, (2019) Para contextualizar brevemente el llamado “proceso catalán” podríamos destacar los siguientes momentos clave: 1) El gobierno de la Generalitat –desde enero de 2016– es una coalición electoral llamada Junts pel Sí, formada por la unión entre Convergencia y Esquerra Republicana de Catalunya, dos partidos independentistas. 2) Este gobierno, encabezado por Carles Puigdemont, plantea un referéndum de autodeterminación para el día 1 de octubre de 2017, después de aprobar una Ley del Referéndum con el apoyo de Junts pel Sí y de la CUP (con un total de 72 votos) en el Parlamento, el día 6 de septiembre de 2017. 3) El 7 de septiembre el gobierno español declara este referéndum ilegal y el Tribunal Constitucional lo suspende de forma cautelar, al tiempo que observadores internacionales expresan que el referéndum no cumple con las garantías mínimas para una consulta de estas dimensiones. 4) La votación se celebra, de todos modos, bajo la mirada de los observadores internacionales en una jornada muy convulsa donde se producen cargas policiales sobre los ciudadanos que asisten a los colegios electorales y enfrentamientos violentos en las calles de las principales ciudades catalanas, dejando 893 heridos, según fuentes de la Generalitat. 5) Después de la consulta, el Parlamento autonómico propone una Declaración Unilateral de Independencia (DUI), ya que considera que los resultados son válidos y suficientes para poder continuar con el “proceso de independencia”. 6) El Gobierno central interviene las instituciones autonómicas catalanas y activa el artículo 155 de la Constitución Española (mediante el cual puede adoptar las medidas necesarias para obligar a la comunidad autónoma al cumplimiento forzoso de las obligaciones requeridas). Objetivos, hipótesis y preguntas de investigación El objetivo general del presente estudio es analizar, en el contexto de la era de la postverdad y el discurso del odio en redes sociales, los mensajes de los políticos en Twitter en las inmediaciones de la votación del 1 de octubre, así como las respuestas a estos. De esta forma, se pretende estudiar el contenido de los mensajes en términos de veracidad y racionalidad, por un lado, y la reacción del resto de usuarios ante los dictados de sus representantes públicos. En este sentido, se plantean cuatro hipótesis, dos referidas a los mensajes de los políticos y dos a las respuestas a los mismos. H1. Los mensajes de los políticos se basan en noticias o hechos falsos. H2. Los mensajes de los políticos se fundamentan más en un juicio emocional que en una argumentación racional. H3. Las respuestas con intención de criticar y atacar al líder político o a su mensaje son más frecuentes que aquellas que buscan el apoyo de estos. H4. Las respuestas a los mensajes de los políticos se fundamentan más en un juicio emocional que en una argumentación racional. Aparte de estas cuatro hipótesis, y en consonancia con el incremento del odio y la confrontación vertidos en redes sociales, cabe hacerse la siguiente pregunta de investigación: PI1. ¿Se puede hablar de “agresión” hacia los políticos por parte de los usuarios en sus respuestas? Observatorio (OBS*) Journal, (2019) Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales 108 Metodología Siguiendo una metodología cuantitativa, se analizaron los mensajes difundidos a través de Twitter por diferentes representantes políticos en el contexto del referéndum por la independencia de Catalunya de 2017. En concreto, se aplicó un análisis de contenido a los tuits emitidos (descartando los retuits) los días 30 de septiembre, y 1 y 2 de octubre, por los líderes o los portavoces de los grupos parlamentarios –excluyendo al grupo mixto– tanto a nivel nacional como a nivel autonómico en dicho periodo, así como a los tres primeros mensajes de respuesta que dichos tuits recibieron –o el total en el caso de que las respuestas fueran menos de cuatro–, siguiendo un criterio cronológico. Al respecto, cabe señalar que se decidió escoger los mensajes de los políticos y no de los partidos por el cariz más personal de los primeros, a pesar de que el uso de community managers en estas cuentas es la tónica general. En definitiva, se seleccionaron un total de 573 tuits, de los cuales 150 comprendían el total de los tuits emitidos por los líderes políticos y 423 una muestra de los 80.650 publicados por otros usuarios en respuesta a los primeros. En la tabla 1 se recoge la información relativa a los representantes políticos analizados y sus mensajes. La codificación fue llevada a cabo por dos jueces, obteniéndose un índice de fiabilidad intercodificadores tras el proceso de entrenamiento y corrección de los términos de la ficha de análisis y el libro de códigos de 0,949 según el alfa de Krippendorff (2004). Se supera así el umbral marcado por el propio Krippendorff, alcanzándose un nivel de fiabilidad bastante alto, sobre todo teniendo en cuenta el contenido temático de algunas variables. En dicha ficha se recogió, aparte de la información relativa al perfil y al número de seguidores de los usuarios emisores (tanto de los líderes políticos como de los que respondieron a estos), algunos datos generales respecto a los mensajes: número de respuestas, número de retuits y número de veces que fue marcado como favorito, hashtags utilizados, menciones a otras cuentas realizadas. Por otro lado, como se recoge a continuación, diez variables fueron especialmente relevantes para el análisis; las cinco primeras referidas a los mensajes originales y las otras cinco a las respuestas: 1. Tema principal del mensaje original: se consideró si el tuit emitido por el líder político versaba sobre el referéndum catalán o sobre otro tema diferente. 2. Función del mensaje original: se indicó el propósito del tuit emitido por el líder político según un listado de 13 categorías (actualización informativa, crítica o aprobación a la gestión del gobierno central o catalán, crítica o apoyo a la violencia policial y/o de los manifestantes, exaltación de los valores democráticos, exaltación de la Constitución española, derecho a decidir, etc.). 3. Veracidad del mensaje: se apuntó si la información vertida por el político en el tuit era verdadera, falsa o si esto no podía comprobarse. 4. Tono del mensaje original: se indicó si el mensaje se redactaba en un tono positivo, negativo o neutro. Dentro de esta última categoría también se codificaron aquellos tuits que desarrollaran un tono irónico. 5. Contenido racional o emocional del mensaje original: se marcó si el contenido del tuit era de índole racional, cuando aportaba datos comprobables, o emocional, cuando se basaba en una opinión o sentimiento que no podía ser cotejada con datos objetivos. 109 Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales Observatorio (OBS*) Journal, (2019) 6. Intención de la respuesta: se señaló si el tuit de respuesta pretendía atacar o apoyar al tuit original y/o a su emisor. 7. Argumentación de la respuesta: se indicó si se argumentaba el porqué de la postura tomada en el tuit de respuesta. 8. Tono del mensaje: se indicó si el mensaje se redactaba en un tono positivo, negativo o neutro. Dentro de esta última categoría también se codificaron aquellos tuits que desarrollaran un tono irónico. 9. Contenido racional o emocional del mensaje de respuesta: se marcó si el contenido del tuit era de racional, cuando aportaba datos comprobables, o emocional, cuando se basaba en una opinión o sentimiento que no podía ser cotejada con datos objetivos. 10. Agresión verbal y/o física: se puntualizó si el mensaje contenía algún insulto o falta hacia el político o su grupo, así como si se le/s amenazaba con algún tipo de agresión física. Observatorio (OBS*) Journal, (2019) Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales 110 Líder político Grupo parlamentario Ámbito parlamentario Tuits Respuestas Resp (muestra) Mariano Rajoy Popular en el Congreso Congreso de los Diputados 16 19481 48 Cristina Narbona Socialista Congreso de los Diputados 2 58 3 Pedro Sánchez Líder del PSOE. Sin escaño de diputado 12 12093 36 Pablo Iglesias Conf. Unidos Podemos–En Comú Podem-En Marea Congreso de los Diputados 27 37759 81 Albert Rivera Ciudadanos Congreso de los Diputados 9 2632 27 Joan Tardà Esquerra Republicana Congreso de los Diputados 7 1875 21 Aitor Esteban Vasco (EAJ-PNV) Congreso de los Diputados 3 6 3 Marta Rovira* Junts pel Sí Parlament de Catalunya 5 202 15 Inés Arrimadas Ciutadans Parlament de Catalunya 1 559 3 Miquel Iceta Socialista Parlament de Catalunya 24 1604 72 JL Franco Rabell Catalunya sí que es Pot Parlament de Catalunya 11 312 28 Xavier García Albiol Partit Popular de Catalunya Parlament de Catalunya 16 3940 46 Mireia Boya Candidatura d’Unitat Popular – Crida Constituent Parlament de Catalunya 17 129 40 Tabla 1: Líderes políticos, ámbito y mensajes analizados. * Se analizaron los mensajes de Marta Rovira, al no estar Lluís Corominas en Twitter. 117 Víctor Hernández-Santaolalla, Salomé Sola-Morales Observatorio (OBS*) Journal, (2019) tendencia al ataque era más notable cuando el mensaje original había sido emitido por determinados representantes políticos como Mariano Rajoy o Pablo Iglesias, en cuanto a la circunscripción nacional, y Xabier Albiol o Miquel Iceta en la autonómica. El número de respuestas de crítica y ataque encontrado entra en consonancia con la búsqueda de polémica que parece haberse vuelto frecuente en redes sociales (Herring et al. , 2002; Torrijos, 2013); una polémica que podría pasar fácilmente a la ofensa y a la agresión o al odio (Montaña et al. , 2013), de modo que toda suerte de debate quedaría interrumpido por el intercambio de insultos y deseos de maltrato. En esta línea, el estudio empírico pretendía responder a la siguiente pregunta de investigación: “¿Se puede hablar de ‘agresión’ hacia los políticos por parte de los usuarios en sus respuestas?” Con respecto a esta, aunque es cierto que cuantitativamente el porcentaje de injurias vertidas en los tuits analizados es muy bajo –con independencia de que los usuarios que las emiten puedan o no ser identificados por su nombre, imagen de perfil o descripción–, en cualquier caso no debería desdeñarse su uso, ya que forman parte de una tendencia generalizada de discursos intimidatorios y expresiones de odio en las redes sociales, donde el debate puede abandonar el razonamiento, el tono o los términos propios de un ágora democrática para reducirse a un foro de ataques, injurias e insultos basado en la emocionalidad. En definitiva, la esperanzadora visión de las redes sociales y, en concreto, de Twitter como canal para una participación más activa de la ciudadanía, donde los políticos y el resto de la sociedad podían conversar y debatir sobre diferentes cuestiones, fomentando así una democracia más real y efectiva, queda interrumpida en cuanto el interés no es ya rebatir al contrario sino interrumpir la discusión. Más aún, desde antes, cuando los mensajes –incluidos los “informativos” facts – se basan en opiniones y expresión de sentimientos más que en datos objetivos o en argumentos racionales. Esta contradicción se vuelve especialmente notable en casos como el analizado en el presente artículo, en el que uno de los problemas principales era, al menos de cara a la sociedad civil, la falta de posibilidad de diálogo y de conciliación de posturas. Referencias Aguilar, A. E. (2017). Los troles políticos. 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