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El Gran Virrey de Napoles ó Duque de Osuna : comedia original en prosa, en cinco actos

Piferrer, Juan Francisco, fl. (1779?-1846)

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'• IS3- COMEDIA ORIGINAL EN PROSA. EL GRAN VIRREY DE ÑAPOLES, ó DUQUE DE OSUNA. EN CINCO ACTOS. PERSONAS. Don Pedro Trellez Girón , Duque de Osuna, Virrey de ¡Súpoles . JLl Conde Astolfo de BeJflor. "Federico. Gerardo. Ernestina. Teresa. Don Timoteo. El Presidente del Crimen . Dos Asesores. I U n Secretario. .El Caballero Hedor, 'tu Condesa , su muger. Baroco. 1 E I Canciller. El Chambelán. Don Sancho. Un Niño. ! U n Capitán. Soldados y Pueblo. Rica Sala con sillas» &c. ACTO PRIMERO. CENA El Canciller , y ■ Chdm. Creó que ya ha vuelto el Vir¬ rey. Cañe. Ya es cerca de medio dia , y tiene preparada la mesa. Cham. El es un hombre original : sus ideas , sus acciones» sus palabras ; en fin todo es en él extrafto y fuera de la regla común. ¿Qué juicio podemos formar de tan raro sugeto ? R I M ERA. el Chambelán. Cañe. Dos dias ha que llegó á tomar las riendas del Gobierno de esta Provin¬ cia» y en tan corto tiempo no es posi¬ ble conocerle á fondo $ pero las noti¬ cias que tengo de Palermo, donde es¬ tuvo hasta ahora de Gobernador, son muy lisongeras , como lo manifiesta esta carta , en que hablando de él me dicen io siguiente: A Lee. * Lee . „E1 Sr. Duque de Osuna , que pasa jjde Virrey á esa Ciudad ~ es uno de 5 ,atjucllos genios singulares, que rara ,,vez comparecen sobre la escena del ,,mundo* pero que qnando se logran, „hacen dichosa la sociedad. Su espíri¬ tu es grande y emprendedor : en su „trage es descuidado* pero limpio: su ^actividad es incansable : se disfraza, „anda por todas partes, exámina, re- „gistra, sorprende, repara en todo, y „nada se le olvida : El vulgo le llama „padre del Pueblo y azote de los mal- „va"dos : se ha hecho célebre por sus „rasgos y sentencias* y últimamente, „lo que en él parece capricho es efec¬ to de reflexión y de una prudencia ,,consumada.” &c. &c. Cbum. Si el original conforma con el retrato , podemos prometernos mil fe¬ licidades. Cañe. Esta mañana ha salido disfraza¬ do sin mas compañía que la de un criado de confianza , y creo que ha ido... Chain. No prosigáis * porque , sino me engaño , él se acerca á este sitio. Se retiran á un lado. Corte. ¿Quién dirá que baxo aquel trage se cncuare la primera persona de este Rey no después del Soberano ? ¡Quán diferente era su predecesor! ESCENA II. Dicbot , D. Sancho ricamente vestido, y el Duque en trage sencillo. Entra sin re¬ putar en nadie , se sienta , saca un pa¬ ñuelo , y se limpia el sudor. Duq<. En suma , Don Sancho, ó mudad de trage, ó no vengáis otra vez con¬ migo. Todo ese aparato no hace mas que excitar la curiosidad de las gen¬ tes, y me seria muy sensible que me conocieran saliendo de embozo. Sane. Habéis andado mucho , y el calor es terrible , y vuestra salud... Duq. No queráis con esa frialdad mudar ce conversación: lo dicho , dicho:. Comparad mi. vestido con el vuestro,. y vereis la diferencia que media tre los dos. Sar.c. Es verdad •, pero vos en qualquiera trage siempre sereis el Virrey de esta Provincia * y yo , con todo lo q« e llamáis aparato, nunca pasaré de ser un Gentil-Hombre de vuestra casa. Duq. Ya lo endeudo * pero para en adelante* mas que veo. ( Repara en los dos que se acercan inclinándose con respeto. ) Señores ; ¿ tan retirados ? Cañe. Esperábamos que V. E. descansé* ra para besarle la mano. Duq. ¡Bueno 1 Dexemos ceremonias , que molestan al que las hace, y atormen¬ tan al que las recibe. Cbam. Pero el respeto que se debe... Duq. El respeto está en el corazón , y en las acciones, y no en vanas exteriori¬ dades. Vosotros sois el Canciller y el Chambelán de este Reyno : yo soy el Virrey : nos conocemos y por fuerza nos liemos de tratar continuamente, ¿pues para que nos hemos de fatigar con frívolos cumplimientos? Cham. Me encantan su naturalidad y franqueza. Duq. Pero empieza á picarme el apetito» y no veo disposición alguna... Vaya, será preciso que resueltamente mani-r fiesta ini voluntad hasta en las me¬ nores cosas: Yo acostumbro comer á medio dia, y no quiero apartarme de lo que llaman uso antiguo. Sane. En la Galería está ya prevenida la mesa , según me dixéron así que llegamos á Palacio. Duq. Muy bien : pues en tanto que sir¬ ven la comida, ( al Canciller.) vos, que conoceréis las gentes de esta ciudad, oídme : este memorial (/o taca. ) es de una Viuda, cuyo maiido en tiempo de mi antecesor , desempeñaba uno de Iqs empleos mas considerables en el ramo de hacienda : ha muerto pobre , por¬ que era honrado , y á su puesto ( que casi por justicia se debia á uno de sus hijos), aspira un Conde Astolfo de Belflor. Cune. Conozco á todos: la Viuda es una rnuger de relevantes prendas * pero los hijos,,, Duq* Duq- Proseguid. Caac > Son díscolos, necios y presun¬ tuosos. La sobervia es inseparable compa¬ ñera de la ignorancia. Y ese Conde Astolfo ¿ qué especie dp hombre es ? He oido hablar mucho de él : ¿ Es cierto que está para casar un hijo, $ quién le ha proporcionado un en¬ lace de los mas ventajosos ? Cañe. Asi es ; pero los hombres se en¬ gañan fácilmente : el Padre cree ha¬ cer feliz á su hijo , y en verdad que es todo ío contrario. i Por qué ? Cañe. El desdichado Joven se halla en un compromiso... pero este asunto es mejor para callado. Duq. No , amigo ; habéis excitado mi curiosidad , y deseo instruirme á fon¬ do del caso : y si el secreto importa, retirémonos á este lado para hablar con entera libertad: Vaya, decid. Cañe. Solo á vos os confiaría el suceso; porque entiendo que solo vos sois ca¬ paz de remediar.,, pero creo que es imposible. Sin embargo, yo no debo ignorar nada de quanto pasa en la Ciudad. Gane. Decís bien : oid pues: En la flore¬ ciente edad en que nuestro corazón es susceptible de qualqniera impresión, Federico ( que así se llama el joven, y es amigo mió ) conoció á la hija de un artesano , dotada de quantas prendas puedes cautivar el alvedrío mas libre; pues sobre su gran belleza posehia mii g acias y qualidades ex¬ traordinarias en una muger de humil¬ de extracción ; por tanto no es mu¬ cho que Federico se enamorase de ella perdidamente. Duq. ¡Qué raro es el jó/en que se libra de esa enfermedad! Cañe. Peasó como podría hablar á su querida , y en trage de uno de sus iguales se introduxo en su casa. Duq. y Villa simulación ! Cañe. Y se manejo de suerte, que logró verse correspondido de tal modo... Duq. Lo supongo ; adelante. Cañe. Deseaban ambos casarse; pero por un lado la ambición y avaricia del Conde , y por otro la severidad y honradez del Artesano, eran obstácu¬ los insuperables. La joven freqiientaba la casa de una vecinn... Duq. Doy todo por perdido. Cune. Y en ésta... en uno de aquellos momentos... Duq. Basta de eso. lo entiendo: era pre¬ ciso que sucediera así : La honestidad siempre muere á manos de la ocasión. Cañe. Federico solo aguardaba oportuni¬ dad para cumplir su obligación; pues la naturaleza íe habia favorecido con un hermosísimo niño , que nació , se crió , y aun permanece en casa de la vecina , por cuyo medio se manejé todo este asunto con tanta reserva, que nadie formó ni aun la mas le¬ ve sospecha. Duq. No fué poca fortuna. Cañe. En estas circunstancias trata el Conde de casar á su hijo , el qual se opone á la voluntad de su Padre: éste recela , sospecha , inquiere, exámina los pasos y conducta de su hijo ; pe¬ netra algo del misterio ; dirige una carta anónima al inocente artesano, amenazándole sino remedia Jos escan¬ dalosos amores de su hija, y previene á Federico que si vuelve á hablarla, sentirá sobre sí todo el p8so de su indignación ; ésta es la situación en que los jóvenes se hallan. Duq. Y á la verdad, no es nada lisongera. ¿ Cómo se llama el Artesano ? {Saca un libro de memoria y va apun¬ tando las respuestas. ) Cañe. Gerardo Bruneti : es un texedoc que vive en un arrabal junto á la puerta de Toledo. Duq. ¿ Y la piadosa amiga donde está «1 niño ? Cañe. Creo que ha de llamarse Teresa Vitóre ; pero Señor , queréis moles¬ taros notando... Duq. Tengo esta manía,,, quisiera acor¬ darme de todo... A propósito, ya de¬ bía haber venido, y no lo he visto. Cbum. ¿A quién ? A a Duq. Duq. A un buen hombre que hallé esta 'mañana en el atrio de Palacio , de¬ sbando con ansia presentarse al Vir¬ rey : Su buena fisonomía , y la sen¬ cillez de sus modales me agradáron: Je dixe que volviese á esta hora , y Je proporcionaría el logro de sus de¬ seos. Don Sancho, mirad sí acaso está en la antecámara. Sons. Pero ¿ quién es ? Duq. Parece un Lugareño... como un hi¬ dalgo de Aldea. . ó cosa semejante, vestido de negro, y si bien me acuer¬ do , ha de llamarse Don Timóte©. Sane. Voy á ver si lo encuentro, vase. ESCENA HI. Dichos , y lusgo Don Sancho , y Don Timoteo. Cañe. ¿ Pero aun estas horas de repo¬ so , queréis sacrificar ? Duq. El dar audiencia á los súbditos es obligación del que manda. ¡El tal hom¬ bre tiene un ayre tan franco!;.. ¡Si lo supierais!... Es una de aquellas perso¬ nas bondadosas , amigas de sus seme¬ jantes , que nos hacen recordar la inocencia del fabuloso siglo de oro, y llevan en su rostro impreso el sello del candar y la probidad. Sane. Ahí está el sugeto que buscáis. Duq. Pues que llegue. Sane. Entrad , buen hombre. Duq. Amigo ,‘perdonad , si os-he-hecho esperar demasiado. [Yendo á recibirle.) Tim. No dexa de ser incómodo el espe¬ rar ; mas quando es preciso, ¿qué remedie? Pero loscaballeros, qr.e están allá fuera; son terribles ; pues le obligan á uno áestar en pie , y con la cabeza descubierta. Duq. Desquitaos de esa molestia , sen¬ tándoos ahora , y. poniéndoos el som¬ brero. Tim. Estoy cansado , y acepto el ofre¬ cimiento : lo que es ponerme el som¬ brero me parece demasiada descorte¬ sía } pero pues, sois tan bueno... á mí cun mucha faciiidad.se me. resfria-la cabeza, y así, con vuestra licencia, me pondré el gorro. Lo hace Duq. Como gustareis. Se sientan * Caite. ¿ Qué será esto ? 1 aparte entre Cham. No lo entiendo. £ los dos. Tim. ¿Con que ésta es la habitación del Señor Virrey ? Duq . Si Señor. Tim. No os puedo ponderar el ansia que tengo de echarme á sus pies , y ha¬ blarle de un asunto muy importante; mas pues vos , sin duda , le conocéis, decidme : ¿es tan amable y tan bue¬ no como dicen ? Duq. Eso lo habéis de juzgar ves mismo. Tim. Pues cumplidme vuestra palabra. Duq. ¿ Quál-£ Tim. ¿No me prometisteis hacer de mo¬ do que hablase con él ? Duq. Pues bien : habladle quanto qui¬ siereis. Tim. ¿Dónde está? Duq. Bien cerca le tenete. Tim. ¿ Cómo ? Duq. En esta misma estancia se halla; Tim. ¿Pues quiéa es ?•( Levántase con - furo y mira á todos. ) Duq. El que está sentado entre tantos como están en pié... ( JSl Duque se arrimi á él , y le hablo haxo. Timo¬ teo mira á todos , luego fixo la aten¬ ción en el Duque , queda atónito , y se quita el gorro presuroso.) ¿Por qué* os asusrais?> Tim. Señor... Duq . ¿ Qué hacéis ? Tim. Me habéis sorprehendido... ¿Cómo había de creer... Perdonadme. Duq. ¿ Qué os he perdonar , buen hom¬ bre? ¿Vuestra inocente familiaridad?.. Alzad : abrazadme, y volved á sen¬ taros : y pues deseabais hablar con¬ migo , abridme vuestro corazón, co¬ mo yo os be abierto mis brazos , y contad con toda mi protección. Tim. Así lo haré. Jinjttgándosc los ojos. Jamás he tenido tan agradables mo¬ mentos... Señor, pues vuestra benig¬ nidad es tanta... yo quisiera hablaros á solas. Duq. Retiraos todos* Cañe. Cañe. Lo siento , porque deseaba saber el asunto. Vanse. Duq. Ya estamos solos : hablad libre— mente. Tun. Oiréis cesas, que como á ral, os harán extremecer. ? Es posible que la naturaleza produzca tales monstruos ? Yo no sé concebirlo ; suplicóos que leáis este memorial. Duq. ¿ De quién ? Tim. Del difunto Pedro de Sorrento. ®ua. ¿Y que he de decretar á un me¬ morial del otro mundo ? •Lirn, facedme la gracia de leerlo. jD uq. J5 Pedro de Sorrento , no pudiendo jjComparecer ante el Tribunal de V.E. jjpor hallarse muy ptóxímo á presen¬ ciarse en el del Cielo , reclamando ,,justicia , suplica á V. E. se sjrva ,,recibir y recoger la confesión de un ,,secreto iraporrante , que solo ha re¬ belado en confesión al Párroco de 3 ,este Pueblo $ y confidencialmente al ^Justicia D. Timoteo, quién tiene les „documentos necesarios para la com- ,,probación. de los hechos : lo que „és:e diga , es la pura verdad , que «deseo se manifieste , y que V. E. «compadezca la memoria de un infe¬ liz—” ¿ Pero qué asunto ,. qué se¬ creto es este ? Tttn. Escuchad : Habrá veinte años que en esta Ciudad vivia un hombre noble y rico : se casó y tuvo una hija, cuyo nacimiento costó la vida á su Madre, Á la que su tierno Esposo sobrevivió solos diez meses. Instituyó por here¬ dera á su hija , y en caso de morir ésta sin sucesión, llamó á su herencia á un pariente suyo, hombre de poca fortuna , y de pérfido corazón ; nom¬ brándolo al mismo tiempo tutor de la desdichada huérfanita. Les grandes bienes de su pupila le inspiraron el horrible proyecto de sacrificar el úni¬ co renuevo de una ilustre familia por enriquecer la suya. El vil , que tuvo ánimo para idear semejante infamia, no tuvo valor para ejecutarla, y la encomendó á Pedro cte Sorrento, miado, suyo , 6 quien sobornó, con magnificas promesas. Este hombre, no acostumbrado al asesinato temió las conseqiiencias del delito , y r.o se atrevió é consumarlo ;• pero trató de conciliar la seguridad de la víctima, y el logro de les inteitses prometidos á su crimen. Conocía á uh artesano, á quien hacia poco tiempo que las vi¬ ruelas habían arrebatado una sola hi¬ ja que tenia : Sorrento le presentó la destinada á la muerte , como que la había hallado abandonada , y se ma¬ nejo de tal macera , que el buen artesano la recibió , la adoptó, y vi¬ ve desconocida á sí misma, y. acaso dichosa. Duq. Proseguid, que me teneis en el mayor tormento. Tttn. En tanto, el pérfido tutor, creyen¬ do executados sus impíos deseos , ex¬ tendió la voz que la Pupila Itábia muerto de un accidente : reunió les pariéntes é interesados^ el cadáver de otra niña, que pudo adquirir , suplió por el de la ya pobre huérfana, y se apoderó de los bienes : El criado re¬ cibió la prometida recompensa , con lo que se puso en disposición de vivir con alguna comodidad. Huyó del lu¬ gar del delito , y se estableció en mi Pueblo, donde compró alguna hacien¬ da. La mano del Cielo le castigó cón una terrible enfermedad , y pjóxímo á'la muerte me llamó, me confio el caso ^ y yo se lo hice manifestar en debida forma en este papel que pudo firmar juntamente con un Notario, y dos testigos de confianza: aquí está su declaración y todos los documentosrespectivos al asunto; recibidlos, pues yo cumplo cen ponerlo ledo en vues¬ tras manos. ( El Duque recibe los papeles , y después - de lar para sí un poco ’, dice.) Duq. ¡ Qué abismo de crímenes ! ¡ qué perfidia , Cielos!... el Ttxedcr Gerar¬ do... aquel , cuya hija... y el trai¬ dor es precisamente el padre de... ( Lee para sL . ) Tim. Parece que es habéis turbado ? Duq. ¡Oh! fcómo el destino (Se levanta y 6 y patea. ) reúne los opresores y los oprimidos paraque triunfe la Justi¬ cia ! Si , triunfará. ¿ Os halláis en estado de seguirme ? Tim. ¿Pues no ? Con vos iré yo al cabo del mundo. Duq. Pues bien : Guardad ese papel y seguidme, j Ola 1 Sale Don Sancho. ¿ Qué mandáis? Duq. Un coche al instante; y al Capitán de Guardia , que esté pronto para cumplir las órdenes que le enviaré regularmente con D. Timoteo , ó sino con otro qnalquiera. Seguidme: vamos á descubrir tan horroroso atentado. Sane. Pero , Señor , ya se ha servido la comida. Duq. Pero yo debo servir ántes á la Justicia : si, los malvados de todo el Reyno han de temblar de solo el nom¬ bre del Duque de Osuna. ACTO II. Interior de una Tienda de Texedor, con escalera , que se dirige al fondo de la casa. ESCENA PRIMERA. Gerardo , Baroco, y algunos Trabaja¬ dores. Ger. Amigos, ya es casi de noche: basta de trabajo : mañana nos veremos. Ba¬ roco, cierra las puertas... (Fanse Ba¬ roco y Trabajadores.) Estoy cansado, y no es de admirar, que tengo muchos años; y no alarga la vida el estar tra¬ bajando todo ei dia ; pero no tiene otro remedio el que ha de mantener su miserable existencia con el sudor de su rostro : mas no por eso me quexo de mí suerte; ántes bendigo la piedad del cielo , que nunca me ha abando¬ nado ; y á no ser por lo que padece mi pobre hija ; me reputaría por uno de los hombres inénos infelices. ¡ La desdichada ! En otro tiempo á esta hora solia baxar á hacerme compañía: se sentaba á mi lado , me hacia mi¡ caricias inocentes , y repitiendo el dulce nombre de Padre , brillaban en su semblante la paz y la alegría; aho¬ ra se ha mudado enteramente. Su vi¬ veza se ha convertido en negligencia: todo lo mira sin interés ; habla muy poco y temblando , y sus hermosos ojos no cesan de derramar diluvios de lágrimas , no puado mirarla sin quebrárseme el corazón ; maldigo su destino y á quien se lo ocasiona...» ¡Ah! ¡Fernando !... j Fernando ! Si te precias de honrado, vuelve, vuelve á cumplir tus juramentos. ESCENA II. Dicho y Ernestina por la escalera pre — cipit adámente. Ern. ¿ Dónde, dónde está ? Ger. ¿ Quién ? Ern. Fernando: hablabais con él , á donde ha ido ? Ger. Hija, el deseo te ha engañado. Ver¬ dad es que casualmente he pronuncia¬ do su nombre , pero Fernando no se halla aquí, ni creo que se acuerdo... Ern. ¡ Oh Dios ! ¡Con que violencia la— tia mi corazón al creer 1... Pero ya vuelvo á caer en mi melancólico des¬ fallecimiento. Ger. Ernestina , hija de mi corazón; g amas á tu Padre ? Ern. Me ofende esa duda. Ger. ¿ Quieres atender á sois palabras, y aceptar mis consejos ? Ern. Si Señor. Ger. Pues procura tranquilizarte , y no pienses mas en un ingrato. Olvídate de Fernando. Ern. ¿ Cómo puedo ? 'Ger. Haciéndote cargo de que él no es pira tí; que se ha burlado de noso¬ tros , dexándonos entregados á nues¬ tra inocente credulidad ; y que hom¬ bre que así piensa, no puede hacerte dichosa. Ern. ¿ Volverá ? Ger. Hace mas de una semana que no lo hemos visto. Era. Ger r>° pueáe m * ñ0S volver» am üeS ^ Ues de ^otas demostraciones orosas y tras <3e tantas promesas, a tar repentinamente , sin disculpar- e > sin dar un pretexto... Hija mia, y° ya miro con otros ojos á Fqr/ian- 0 > y empiezo á sospechar de su Probidad. r - Los juicios nodeben ser precipitados, f’’’ mío no lo es: quien abusa de Ja nena fee, quien promete mucho y na- ^ cumple , y quien se esconde en el ^snio punto de verificar sus prouiesas ; no puede menos de ser un hombre ~, V l1 > perjuro y detestable. rn ‘ i Ah i traspasadme el corazón coa Un puñal} pero no habléis de esa suer¬ te de Fernando ; porque no es capaz, no » yo lo conozco: es hombre de ho¬ nor y no puede faltará sí propio: Vos mismo fuisteis el que primero empe¬ zó á estimarlo , y concederle vuestra confianza y amor : Quando se nos presentó , se manifestaban en su ros¬ tro la inocencia y la virtud : su noble franqueza encantaba : sus ojos mo¬ destos eran intérpretes seguros de i. z :ti \ sa —»• mas que lo observamos escrupulosa¬ mente, hallamos ni sombra de vicio "j“ s palab,as y accione., al c¿„- irano iodo en él respiraba juicio y r ~ A h ^ P“'^ ”” hombre da este carácter , eaperimentado por lan largo tiempo ¿ cómo puede pasar de repente a tan conrrario extremo ? . ro aun quando así fuese , Padre mío, ocultadme una verdad tau amar¬ ga, que mi vida depende de no C rw¡L Ja. mandadme que muera} pero no me digáis que Fernando es perjuro y que su culpa , su traición... 3 ‘ ¿ er -* que digo ? ¿ á dónde me conduce mi desesperación ? Ger. Yo no he querido agravar tu aflic¬ ción} pero debo convencerte y desen¬ gañarte } porque es preciso conocer jos hombres á tiempo oportuno ; n U es a quien tarde abre los ojos al desenfue u n ? ^ u eda niaS refu gm que ‘ de qn muta arrepentimiento. Ha¬ 7 ce algunos días que un hombre de librea me entregó cerrado este vele¬ te, y desapareció al instante} no tie¬ ne firma segura } pero exámioálo y verás lo que no quisieras. Em, „Os advierto que la persona que „f'reqiienta vuestra casa , seducida es¬ candalosamente por vuestra hija, de ,,ningún modo puede ser para ésta: ,,tratad de corregir el desorden } y ,,no me obliguéis á valerme de rne- „dios violentos, recurriendo á ios ííincontextahjes derechos de la auto¬ ridad de un... Padre.” Ger. ¿ Qué me dirás ahora en defensa de Fernando ? Em. Qué no se debe dar crédito á un papel anónimo* Ger. ¡Inconsiderada ! ¡qué débil eres! y cómo una necia credulidad engaña tus esperanzas. Abre una vez los ojos, co¬ noce quan vasto es el abismo que te rodea: todo te parece inocencia y candor , y por tu corazón mides los agenos. ¿ Nunca se ha presentado á tu entendimiento la idea terrible de tn verdadero estado? ¿ nunca te han agitado los temores de caer en los lazos de la seducción ? ¿Estás segura de que Fernando es lo que representa, y de que baxo el velo de la modera¬ ción y humildad de un artesano no se encubra un libertino, que solo aguar¬ de á triunfar de tu honestidad , para vanagloriarse de su victoria ? y si este hombre , aprovechándose de la confianza que nos habia inspirado violando los sagrados derechos de la naturaleza , y de la hospitalidad hu¬ biese ( como creo que ] 0 solicitaba) cumplido el último paso de la seduc¬ ción } y después de ha berte hecho víc¬ tima suya, hubiera desaparecido, co¬ mo ahora lo hace : ¿qué seria de tí ? ¿ que recurso te quedaba ? á dónde irías á ocultar tu ignominia ? * quién te resmuiria el honor perdido? ¿Co¬ mo cesarían tu llanto y tus dolores sino por medio de una lastimosa des¬ esperación ? ¿ Qué es una muger sin honor ? un ente nulo , desprecio del vul— a vulgo, risa de los maldicientes, lás¬ tima de los buenos y oprobio de su sexo. Ern. ¡ Triste de nú ! Cada palabra es una flecha , que me traspasa las en¬ trañas. ¡Ah! si supiera mi situación!., no puede haber toi mentó compara¬ ble al mió ! Se dexa caer sobre una silla. ESCENA III. Dichos y Baroco. Bar. Señor , Señor, á la puerta de casa ha parado un coche, del que han salido dos hombres que preguntan por vos. Ger. ¡ Por mí ! ¿quienes son ? Bar. NO me lo han dicho. Ger. Diles que entren que yo nada recelo. ' Bar. Voy corriendo. vase. Ger. Veo que te han conmovido mis razones : ellas son el resultado de uoa larga experiencia, y jo te las propongo para que vuelvas sobre tí misma, y creas más ú este pobre vie¬ jo , que no te engaiía , que aun des¬ conocido que te lisonjea, y sabe... ESCENA IV. Dichos , Baroco , el Duque y Don Ti¬ moteo. Bar. Aquí están. Duq. ¿Sois vos el Texedor Gerardo Bruneti ? Ger. Y quien desea serviros. Duq. Mas de dos horas me ha costado el hallar .vuestra casa, y necesito nonoceros y hablaros. Ger. ¿Podré saber á quien debo el honor de visitarme ? Duj. A dos hombres honrados , qué se precian de serlo : el deseo de favore¬ ceros nos ha conducido á vuestra ca¬ sa : á mi me han informado que sois muy hombre de bien , y si se ha de juzgar por la fisonomía , pienso que no me han engañado. Ger. Quisiera no desmentir tan buena opinión : conozco que este sitio no es decente para recibiros ; mas sí gustáis de subir.,. Duq. No por cierto : aquí estamos bien, y nos sentaremos sin cumplimiento. Ger. Baroco, acerca sillas. Lo hace y se sientan. Duq. Si no me engaño , esta joven... Ger. Es hija mía. Duq. Y hermosa sobre manera : acer¬ caos , y hacedme el favor de hablar¬ me , porque he oí lo hablar da vos con mucha estimación y ciertamente os quería ántes de conoceros. Ern. Agradezco infinitamente tan seña¬ lada fineza j pero temo perderla lue¬ go que me hubiereis hablado y cono¬ cido. Duq. No por cierto j ántes bien vues¬ tras primeras razones corresponde» á lo que yo me prometía , y á lo que me habían informado. Ern. No queráis avergonzarme. Duq. ¿Porqué? las alabanzas de nuestro* semejantes son premio de nuestra buC' na conducta y poderoso estímulo par* que sigamos el camino de la virtud, l’ero dexemos preámbulos , y vamos á lo que importa. ¿Con que vos , Se¬ ñor Gerardo , amais á esta jóven co¬ mo si fuera hija vuestra ? Ger. Siendo su Padre... Duq. Lo sois por amor j mas no por naturaleza. G°r } Cómo lo sabéis? Duq. Basta que lo sé , y no pregun¬ téis como : decidme : ¿quién os 1 * díó ? Ger. Perdonad ; no debo manifestar... Duq. ¿ Ló que no se oculta ? ¿ Pensaí* que tío sé que la recibisteis de PeJrO de Sorrento , qnando alia apénás te¬ nia diez meses , y qüe éste al mismo tiempo os entregó ciertas contraseña* que testifican el caso ? Ger. No puedo negarlo 5 pero á la ver¬ dad que me dexais atónito ? Duq. ¿ Por qué ? Ger. ¿ Quién os ha informado tan menor ? Duq- , ¿Tan par menor? Pues esto eápcco:' Pronto conoceréis, que sobre esre pun¬ to puedo instruiros á vos mismo. Ern. j Qué escucho ! aparte. Duq!' La Joven , pues , ha llegado s sus veinte y tres años , edad la mas her¬ bosa de nuestra vida , es muy regular que haya encontrado ya el objeto que pide' la naturaleza , y prefiere á to¬ dos nuestro corazori. Ger. ¡Yo!... ¡triste de mí ! así me lo per- ' suadia : estábamos próximos al mo¬ mento mas feliz, quaodo.í.ho sé como, ni aun estoy totalmente seguro.... Se¬ ñor , fué todo un sueño que se disipó _ brevemente. Ern. Basta, Padre mió: bueno está. En acto de irse. Ger, ¿A dónde vas? Enr. ¿ on vuestra licencia... Duq. Deteneos: no nos privéis de vuestra compañía. Sentaos , yo os lo ruego, aquí á mi lado : mis palabras os han turbado , y me parece que trasluzco . no sé que misterio... ESCENA V. Dichos , y Teresa con un niño. Ter. Amada Ernestina , vengo... Perdo¬ nad , Señores, mi poca advertencia. Retirándose. Ern. ¡ Quién , y en qué punto viene á echar el sello á rui confusión ! ¿ dónde podría ocultarme ? Duq. No os retiréis , Señora, que aquí todos somos personas de confianza. Ern. ¿Qué qüerias amiga? Ter, Como no has venido á verme á la hora acostumbrada, he recelado que estarías indispuesta : este muchacho me importunaba con quexas y Dantos porque no venias, y así me ha sido forzoso traerlo. El niño va hácia Ernestina. Ern. Hijo de mi corazón: ¿con que me quieres mucho ? ¡Cómo late mi cora¬ zón ! ¡oh! movimientos de la natura¬ leza , qué difícil es el encubrirlo ! Besa al niño , y se enjuga las lágrimas. 9 Duq. ¡Esta muger y este muchacho L o me engaño mucho, o son ellos... (#p<) Don Timoteo', mirad bien á ese niño. Tim. Es, liudísimo.' Duq. M&. parece,que estamos muy cerca ale; descubrirlo todo., / Tira. ¿ Como es jjqsible ? Duq. Atended á. la prueba. Tim. Ahora quisiera volverme todo ojos y olios. 2 : . r\ Duq. Señor Gerardo , ¿ te-neis alguna relación particular.con este niño? Geni rNo, Señor pero ¿por qué lo pre¬ guntáis ? Duq. Ca'mo veo los apasionados extremos de Ernestina... , > Ger. ¿Quién puede dar razón de la ex-'' travaganeia !de los efectos humanos ? Ese niño, hijo de un Caballero de esta Ciudad , que por razones que ignoro, lo entrego al cuidado de esa amiga nuestra , acostumbrado á las continuas caricias de mi hija, la tiene tan singu¬ lar afecto , que se. rogocija y salta de alegría quando la vé; y de lo contra¬ rio se entristece , y llora : y como. Ernestina tiene tan buen corazón, Cor¬ responde al amor del niño , y llora de ternura quando lo abraza. Duq. ¡ Bien me dixáron , que erais uh buen hombre ! < Ger. ¿ Pues qué os admira ? Duq. Nada : llégate acá , hermoso niño, que yo también quiero acariciarte; ¿ qué edad tiene ? Ter. Tres años. Duq. ¡Vaya , que la naturaleza suele ha¬ cer á veces unas travesuras! .. Señor Gerardo , qualquiera que no supiese que Ernestina no es casada ¿ diría que este niño es hijo suyo. Ger. ¿ Por qué razón ? Duq. No he visto facciones mas pare¬ cidas. Ger. ¿ Os burláis ? Duq. Buena muger , sacadme de una cu¬ riosidad que me inquieta: Yo creo que vivís muy cerca de esta casa: no es así? Ter. Puntualmente. Duq. ¿ Y os llamáis ?... Ter. Teresa Vitóre , para serviros. B Duq • Ast. ¡Hijo tuyo! ¡Esto es mas , sagrados cielos!... ¡Oh rabia! ¡Oh desespe¬ ración ! Fed, ¡Ah! ( L evantando el niño hacia él.) conmuévaos su inocencia: mirad" como se os sonríey extiende hácia vos sus tiernos brazos : recibidlos en los vuestros \ no despreciéis vuestra san¬ gre misma. Ast. No j lo desconozco, lo refuto* traydores, pérfidos ! todos me han en¬ gañado. Fed. 'Padre mió,... Ern. Señor... Le rodean. Duq. Sosegaos. Ger. Tened compasión de esos infelices. Ast:. No , no espereis enternecerme * y mañana... mañana se verificará mi ven¬ ganza... Si , tengo medios, tengo ri¬ quezas : pronto os arrepentiréis de mi ultrage. Hijo ingrato , enemigo de mi vida * familia perversa , y engañadora, y vos , protector de los delitos de la juventud , témbíad de mi furor : para mañana os emplazo á todos -ante el Tribunal , donde conoceréis los efec¬ tos de mi justo resentimiento. En acto de irse. Dur¡. Deteneos. Fed . S:ñor. Ger. Atended. Ast. Nada atiendo , nada escucho sino . las voces de mi indignación. vase. Ern. ¡ Fernando mió ! Fed. -j Ernesinta ! Ger. Qué será de vosotros , ¿hijos míos ? Duq. ¿ Qué ha de ser ? nada. Sosegaos, idos á descansar ; ¿nos ha citado ante el Tribunal ? en hora buena nos pre¬ sentaremos * no os dé cuidado : ( En voz baxa ó Gerardo.) Solo os encar¬ go que llevéis todas las señas del na¬ cimiento de Ernestina: vueívo á de¬ cir que nada temáis , que y <3 asistiré al Tribunal para proteger vuestros de¬ rechos. Fed. Hombre compasivo.... Ger. Amigo nuestro.... Ern. Apoyo de los infelices.... Daq. Vaya , abrazadme, y hasta la vis¬ ta : vamos , Don Timoteo. Tim. Vamos j pero recelo que ese hom¬ bre.... Duq. Ése hombre corre precípitadnni eDte á su castigo, y no necesita mucho para encontrarle. ACTO IV. ESCENA PRIMERA. Sala con puertas laterales : en medio un* mesa de Tribunal con sillas á los lado$> donde están dos asesores registrando p3 ' peles : recado de escribir , bancos á ¡o* lados : el Presidente paseándose, y luego un Ugier. Pres. Dexad por ahora de escribir , qu 6 creo liega gente. Ugier. Dos hombres piden licencia pa* -3 presentarse. Pres. Entren en hora buena. ESCENA II. Dichos , el Duque , y Don Timoteo can* ducidos por el Ugier , que, se retira . Pres. Adelante. ¿ Quién sois vos ? Duq. Dos personas, que citadas por el* Conde de Belflor.... Pres. Ya estoy : tomad asiento. Tim. Señor , ¿adonde me habéis traído ? Duq. A donde veáis el'efecto de vuestras súplicas : al Tribunal del crimen. Tim. ¡Por Dios que no las tengo todas conmigo ! Duq. ¿De qué temeis ? ¿y la gente? Tim. Ya está prevenida, é informada de lo que ha de hacer. Duq. Veamos hasta donde puede llegar el atrevimiento, y malicia de les hom¬ bres. Se sientan. Pres. En tanto qué. llegan todos , acabe¬ mos de despachar eses memoriales. Ases. Un reo que hace dos años se ha¬ lla preso , pide libertad, pues ha sido absiíelto. Pres. ¿Y por qué se le detiene ? Ases . dset, Porque no ha; pagado las costas del proceso. Pues que las deposite. p t eí> Es pobre. rrej. p U es tenga paciencia; á otra cosa. ■ ‘dses. Este es un memorial de un hijo de utipobre artesano.... Fres. ^ Qué quiere? ■ ases. Fue públicamente insultado , y pi¬ de satisfacción. Fres. ¿Contra quién? Ases. Contra aquel rico comerciante, que esta mañana.,.. Fres. Sí , 5 1 ... es una friolera ; na ha . lugar. Si hubiese de castigar todo ese genero^ de.culpas , no tendría otro ne¬ gocio a que atender en todo el año. Si el rico comerciante hubiese sido el insultado , creo que el asunto ha¬ bría tomado otro aspecto. En buenas manos está la justicia : pero pronto lo remediaré. ESCENA III. El Ugier , y luego el Conde Astolfo. Ugter. El Conde Astolfo. Fres. No ] e hagais esperar, llegue al instante. Ugier. Entrad , Señor. va se. Ast. ( Sin reparar en el Duque.) Perdo¬ nad , Señor Presidente , si vengo tan temprano á importunaros : todo es efecto de mi impaciencia , y de'la fa¬ tal situación en que me hallo. Fres. Nada os dé pena : luego que me participasteis todo lo ocurrido > aun¬ que ya era muy de noche , hice citar á todos los culpados , que tardarán muy poco en presentarse. Duq. Pues en verdad que á mi ninguno me ha citado. Ttm. A mí tampoco. Fres. También hablé al Director de la casa de huérfanos , y á da Rectora de una de las casas de corrección , y i e s he manifestad» mis ideas: todo está prevenido., desahogad el ánimo, y contad con toda mi protección. Asi. A no ser por esa esperanza , creo que me hubiera arrojado 1 á ’cotr.cter cl mayor • desacierto. En fin, tne be pues¬ to en vuestras manos , y H?é entrego totalmente'” á vuestraresolución : y decidme, ¿aquel insolente desconccido que se atrevió á proteger?... P res. Parece que nadie dá razón de quien .es $ pero sin duda vendrá con los demas , una - vez que se ha declarado protector de la familia 5 y si así suce¬ de , yo lo. escarmentaréi hablan aparte. Duq^ Esto va serio.» Don Timoteo , salid fuera , que se tome la escalera, y vol¬ ved luego. Fase Don Timoteo. PrSs. .¿Está dispuesta !a declaración en los términos que os dixe. ? Asi. Si Señor , y la traygo conmigo. Fres. Veamos si está como yo deseoj porque esté instrumento es dé la ma¬ yor importancia. Ast. Tomadle. Se la da , y lee para sí el Presidente. Duq. ¡Qué declaración será esta , y qué intriga habrán dispuesto estos malva¬ dos! Mucho temo no poder refrenarme. Fres. Está perfectamente. Con este testi¬ monio queda justificado el paso que vamos á dar ; y séria mejor que se presentasen las personas que lo firman. Ast. Vendrán sin duda alguna , que yo no me he descuidado , y así me lo han prometido. Fres. Pues no hay nada que hacer. ( Dexa el papel sobre la mesa. ) ¿ Y dónde está vuestro hijo ? A.t. ¡ Ingrato! se ba abandonado á todo el exceso de su obstinación, y la pa¬ sada noche ha sido la única que ha faltado de mi vista , y aun de casá. Fres. Ya le harémos que tome mejor par¬ tido ; á otros mas bravos he sabido yo amansarlos, y de feroces tigres trans¬ formarlos en mansos corderinos. Ast, Eso es todo lo que yo deseo. Hablan. Duq. Creo que se me va á presentar el quadro mas hermoso del mundo , y esto es lo que mas me lisonjea : ver, registrar, descubrir, ocultar, y rt¡- C mi- í8 mediar to,do lo posible es toda mi po¬ lítica^. y mi mas agradable ocupación. ESCENA IV. Dichos j y Vgier . Ugier. Ya ha llegadó la familia del texedor. Pr x. í á muy buen tiempo. Ugisr. También hay unas Damas , y Ca¬ balleros que piden... Ast. Sarán los que han firmado aquel papel... Fres. Que entren todos. ^ : - Siéntase en medio de los Asesores , Ast. Este es el momento de mi triunfo; sí , quedará abatido el orgullo de esa canalla. ESCENA V. Dichos , la Condesa, el Caballero Héc¬ tor } Gerardo , Ernestina, con el niña, Don Timoteo , y otras Damas , y Señores. Ern. ¡ Me estremezco de verme en este ' sitio! Ger. En verdad que á mí ; m e sucede otro tanto: ésta es la única ocasión que me he visto en presencia de ur. Juez. Fres. ¿ Quién son esos señores ? Ast. Los 'que ántes os he dicho : éste es el Caballero Héctor , y esa su espo¬ sa , la Señora Condesa de Vandi: aquel es el Marques del Bosque, y la otra la Señora Baronesa de Sangálo. Duq. jQué caterva de títulos ! qué quer¬ rán , ¿y á qué habrán venido ? Fres. ¡ Y esa gente ! Ast. Son los citados. Vres. ¿ Y aquellos ? For el Duque Timoteo. Ait. No los había reparado : ese es el protector desconocido , y el otro pa¬ rece un amigo suyo. Pres. Muy .bien. iVIe parece que esa jo¬ ven... Alt. Es la bija del Texedor» Fres. Sí ; la que hace vanidad de atraer artificiosamente á un-ilustre Caballero, á quien tiene preso en la red de un amor escandaloso , que obscurece su reputación , y la de una familia de las mas calificadas. Ern. Señor, siempre he desconocido cau¬ telas y artificios; mi corazón me enseñó á amar, y seguir sus impulsos. Yo amé á Fernando pobre , que por tal lo tuve hasta anoche: Fernando rico no habría lisonjeado mi inclinación , ni hubiera tenido atrevimiento para poner en él los ojos, conocida la distancia que mediaba entre los dos ; en fin puedo ser desgraciada ; pero no delinqüeate, y así llamadme infeliz j y no me apli¬ quéis dictados hijos del victo , tanto porque no los merezco , quanto por¬ que aunque los mereciera, yo vengo á ser.exlminada-, no á recibir insultos, que deben ser muy agenos de vuestro carácter , y del respeto que merece Jo sagrado de este sitio. Duq. Estoy por descubrirme , y abra¬ zarla. aparte. Fres. ¿De qué insultos puede resentirse la que es acusada por la pública opinión? Enr. p Qué opinión ? Fres. Ahorremos palabras. ¿Qué derechos pretendéis tener respeto del hijo de éste ilustre personage ? Duq. Los que la subministran el amor, la buena fé , y lo sagrado de una in¬ violable promesa. Pres. Moderaos , y .callad. Con severidad al Duque. Ern. El hijo de ese Caballero debe cum¬ plirme la palabra de esposo... Pres. ¿Cómo esposo ? ¿ presumís que eso pueda verificarse ? Ern. No hallo impedimento alguno, que pueda estorbarlo. Fres. ¿ No ? pues leed esa declaración. Se la dé. Ern. ¿ Qué contiene ? Turbada. Fres. El testimonio de varias personas respetables por su clase , y por su probidad , que dan fé de vuestro ca¬ rácter , leed. Ern. ¡^ste de mí! ¿qué será esto ? Le¿- «Los abajq firmados, en favor de Ja «verdad declaramos, nos cctista con «evidencia , que una ral Ernestina, >;"¡ja de Gerardo Bruneti , es rauger «de conducta sospechosa, y costum— «bres reprehensibles ^ de lo que, y a ,del trato familiar , y .continuo con «g-ntes viciosas , resulta el escándalo «de la vecindad.,, y de”... No puedo mas... ¡Santo Dios!... ¡Padre mió!... ¡Infamarme de este modo!... Duq. ¿ Habrá infamia semejante ? Ger. Pero , Señor, esa es una calumnia manifiesta. Du ]’Í Ak } itlt ? P u ede Ile g ar la perversi¬ dad^ Esa declaración es falsa , y efec-r to de la impostura , y malignidad de algún pérfido. ■ Ast. ¿ Qué es lo que decís ? Duq. Que qualquiera que ha escrito esa declaración es un perjuro, es un im¬ postor i y yo salgo garante de esta verdad, y del honor de esta jéven tan .vilmente ultrajada. P res. Señor garante de la verdad, vuelvo á deciros que calléis ; y no hagais mala vuestra causa por defender las agenas. Duq. Quanto va que pierdo Ja pacien¬ ciaaporte. Ger, Señor, por compasión... ésta infa¬ mia , éste oprobio... Lrn ¡Oh padre! el pobre no tiene quien lo defienda. Basta ser pobres paraqqe seamos víctimas del poderoso. Duq. ¿Qué decís. Señora? Volved en vos: si h«y perversos opresores de los desdichados , no faltan buenos que se empeñen en defenderlos. Pres. De nada sirve ahora todo eso. El Conde Ásto¡fo ha acudido al Tribunal á repetir sus derechos , y los de su hijo por Jos términos regulares de justicia: el Tribuna! se ha visto precedo á escucharlo, como os «-scucharia á vos misma , si os hallaseis en igual caso. £n esta suposición , ya seáis inocente, 3 ya culpable , lo ci rto es que las priubas se presentan contra vos; y basta que todo esto se averigüe mas *9 á fondo , cumpliendo con mi deber, atendiendo aJ respeto de una familia ilustre , á ia embriaguez de un joven enamorado , y al parécer artificiosa¬ mente sed i ciclo, y á la satisfacción del escándalo público \ determino por via de providencia , que seáis conducida á una casa de corrección, donde estaréis lejos del mundo , y de 1* corrupción de Jes malvados j y ese niño se pondrá en el lugar que señalan las leyes para sus semejantes. Eni. ¡Esto mas! ¡ah! ¡bien me lo había pronosticado mi corazón ! ¡ ah bar¬ bar© Ger. Señor , por piedad... ESCENA VI. Dichos , y Federico. Ern. ¿En dónde estás Fernando?... ¿tam¬ bién tú estás de acuerdo con mis ene¬ migos ? ¿por qué no vienes á defender á tu esposa , y á tu hijo ? Fed. Aquí estoy ya á tu lado , del que nadie será capaz de apartarme: yo seré escudo tuyo , y de éste dulcísimo hijo mió j tu sola eres mi esposa : yo lo juro en presencia del Dios que nos escucha, y de qaantos se hallan en és¬ te respetable sitio. Ast. Loco , ¿ qué dices ? Eres. Ketiraos. Fed. Jamás. Pres. Yo os lo mando. FeJ. Vos no podéis mandarme un de¬ lito. i Duq. Y tiene razónj ya no hay paciencia para tolerar canta infamia. No temáis: ni os aparrareis de vuestra esposa , ni de vuestro hijo , ni se hará nada de quanto manda el Presidente. Pres. ¿Pues quién podrá impedirlo? Duq. Yo. Pres. ¡Vos!... [Levantándose sin dexr-r su puesto. ) Miserable protector de los crímenes , ¿quién sois para produciros con tanta avilanté? '< Duq. Quien puede hacer temblar á vos, y á todos quantos se os parecen. C % Pres. 20 Prer. ¿Pues ya estoy empeñado en saber q.ácn 'sois ?. ■ ,, , Da,. Yo no doy razón de mi persona . sino á mis Superiores ; y en nombre del Virrey os i o timo que respetéis la inocencia perseguida. Pros. Detesta manera os respondo. ¿Ola! Dá una palmada, sabré la mesa. ESCENA VIT. Dichos , y por la izquierda dos Minis¬ tros , y el Carcelero. ( A un Ministro, ) Vos me responderéis de esa mugar., que os entrego , paraque la llevéis al lugar que ántes os dixo ; y vós ( ál otro, ) conduciréis á ese niño al hospicio. Ern. [Abrazando.al niño. ) Perderé la vi¬ da ántes que permitir me lo arranquen de mis brazos.'. o’> * Fed. ¿Q ién será el osado que se arroje á - t ai inhumanidad ? furioso. Prss. ¡Vana resistencia! ¿y vos conocéis á este hombre ? al Duque. Duq. ¿ Quién es ? Tendrá prevenido Un pañuelo Don Timo¬ teo f que estará á la puerta. • Pres. El Gefe. de Ja cárcel^;, arrestad á^ese hombre , y. custodiadlo 1 hasja que dé razón de su persona Dá una patada el Duque , Don Timoteo hace señas von el pañuelo , y entra un Oficial , que con su tropa ocupa el teatro. Duq. ¿Arrestarme á nú? yo os arresto á vos , á vuestros compañeros , al acu¬ sador , á ios testigos , y á quantos han sido partícipes de tal execración. Señor Oficial , llevadlos prpnto , y .publicara vnte ó paiacio. Señores , has¬ ta luego. vase. ■ -i Predi j Nosotros arrestados ! • Alt. .¡Qué golpe es éste! Ccnd. ¡Somos perdidos! Hsc. ¡Yo no sé loque me pasa ! Pres. y Pero con quién hemos hablado? ¿quien es este ' hombre ? Tim- ¿Queréis saberlo? pero ántes tem¬ blad , estremeceos... Pres. ¿ Pues quién es ? Tita. El que habéis insultado , el que ha¬ béis ofendido, y el que os dará e * castigo es... Pres. Acabad. Tim. Es un qualquiera : es vuestro Supe¬ rior , y el mió : el Señor Duque d® Osuna , Virrey de Nápoles. Pres. ¡ Qué escucho ! Art. ¡ Santo Dios ! Ases. ¡ Pobres de nosotros ! Hect. ¡Vos nos habéis perdido! ( A Ast> C-ip. Vaya, Señores, vamos quanto ántes. Tim. (En tono de zaherirlos. ) Sí , sí> ( quanto ántes á visitar al Señor DuqU® de Osuna , Virrey de Nápoles. / Ern. Padre , Fernando , hijo rnio , ¿qu® ten mos que temer con semejante prO' rector ? Ger. El cielo llueva sobre él felicidades. Fed. ¿De qué sirve este consuelo, si tien»*- blo de ■ la suerte de mi desdichado padre ? Tim. No desesperéis , que el Duque s&f brá hacer que luzca la clemencia & faltar á la justicia. ACTO V. ESCENA PRIMERA. Salón magnífico con trono', donde tío habrá sida . abajo á un lado mesa y re¬ cado de escribir: el Canciller sentad® exámina. varios papeles , junto á él Chambelán , y Don Sancho : El Virrey de gaia en pie - , alargando un memoria* al Canciller , y dos centinelas á la entrada. Duq. A aquella buena viuda , de qui®® os hablé ayer y la diréis quando vueE va, que ántes de interesar e por"® empleo de-sus hijos-, debía haberl® 5 educado de manera , qué mereciese® ser atendidos, y fuesen honor y 1,0 gravamen del Estado: los puestos no sB han de conferir sino á los que tiefl e ® aptitud , y deseo de desempeñar!® 5 * mas como la probidad de' su difü®*^ jnarido excita mi generosidad , la 4 * 3 reís este socorro , (saca un bolsillo. ) y consoladla. ( Soca otro memorial.) A este infeliz , que hace dos años que está preso por indicios . lia sido ab- Süelto, y no lo ponen en libertad , por¬ gue no paga las costas , y derechos de carcelage : que ¡o suelten al momento, que hartp trabajo ha tenido en pade¬ cer inocente tanto tiempo , para que quieran acabar de arruinarlo: y. luego escribiréis uña relación circunstancia¬ da del lance que me ha ocurrido, y de la sentencia que oiréis : haréis que se imprima , y repartid exemplares á to¬ dos los Gefes de los Tribunales del Heyno , para gue les sirva de espejo, y norma , por donde reglen su con¬ ducta. Explicadles bien’mis rectas in¬ tenciones , y que sino contribuyen á verificarlas , toda mi moderación no los preservará de un riguroso escar¬ miento.... ¿Pero qué ruido se'oye allá fuera ? Cbam. El pueblo al parecer se atropella {mh-anáo ó dentro.) por entrar ; y s ¡ n duda llegan los que. habéis arrestado. Duq. Está bien : público ha sido su de¬ lito , público debe ser su castigo. ESCENA II. Dichos , y Oficial. Cap. Señor , ahí están los arrestados. Duq. Y los demás ? Cap. También han venido. Duq. Pues que entren todos. Cap. ¿Y las demas gentes?, Duq. Todo el que quiera. ESCENA III. Dichos , los Soldados , y luego todos los demas. Fres. ¡ 4 p énas me atrevo á mirarlo 1 Mst. ¡ E! es! no hay la menor duda. Herí. No tengo fibra que no me tiemble. Cond. Y yo me siento con una especie de convulsión, que apenas puedo resistir. Tim. El Virrey está tan serio , que pare¬ ce otro hombre , mucho recelo , que este asunto no ha de acabar á satis¬ facción de todos. Duq. Señores , estoy bien seguro de que á muchos de los concurrentes no les será muy agradable mi presencia } pero quien se hace voluntariamente desgra¬ ciado , debe sufrir sin quexarse la 9 conseqüencias de su temeridad. ( repa¬ ra en la familia del Tenedor. ) § Pero qué hacéis tan retirados ? ¿qué signi¬ fica esa confusión ? ¿ á qué fin viene esa timidez ? Em, Señor , nuestro respeto... Ger. No nos tenemos por dignes... Duq. 3Y por qué? ante la justicia del So¬ berano , de vos á todos estos Caballe¬ ros no hay mas diferencia que ¡a del vestido. La justicia es un sol purísimo, que reparte sus rayos igualmente al grande , y al pequeño j y si alguna vez parece que se ofuscan sus luces, no *es culpa de tan santísima virtud, - sino la perversidad de los que la ad¬ ministran. Fed. ¡Salgo de un abismo , y caygo en otro mas horroroso !. ¡temblaba por mi esposa ? y tiemblo por mi padre ! Las ansias de la muerte rodean mi corázon. Duq. ( Mira ó todas portes , y se fixa en Héctor j y la Condesa. ) A vosotrds... sí, á vosotros os debo hablar ántes que á todos. ¿Conocéis á esa muger ? Hect. Si Señor. Duq. ¿ Desde quando ? Hect. Si he de decir ve/dad... Duq. ¿Pues tendríais valor para faltar á ella en mi presencia , y en un acto tan serio ? Hect. Señor , la primera vez que la he visto ha sido en el Tribunal del cri¬ men habtá dos horas. Duq. ¿Pues con qué motivo vos , y los que están á vuestro lado, habéis de¬ nigrado su honor ? ¿Cómo habéis po¬ dido afirmar lo que ignorabais , des¬ truyendo !a reputación de una muger honrada ? ¿ En qué os apoyabais , pa¬ ra comprometer á un Magistrado , y obligarle á que castigase á unos ino¬ centes ? Hect. 2 ¿ Hect. $ Ah Señor S Duq . Kesponded. He*.t. Confieso que he errado , y estoy pronto á retratarme j pero yo no tengo ia colpa. Duq. ¿ Pues quién la tiene ? Hect. El Conde Astolfo. Duq. Explicaos. Hect. A fuerza de razones el Conde nos ha persuadido á mí, y á estos Señores, que su hijo estaba para precipitarse en un abismo de rnaies : hemos sido fáci¬ les en darle crédito, y creyendo hacer una cosa buena hemos firmado... Duq. Avergonzaos , confundios : habéis cometido un delito , que n erecta un casligo'miiy riguroso! Auaque fuese veroad quanto contiene ia .falsa decla¬ ración , uo debíais firmarlo ; sino en caso de ser judicialmente eliminados. Sois todos malos Caballeros^ pero por¬ que á quien se arrepiente , y detesta el crimen que por primera vez ha come¬ tido - y se le debe tratar con menos se¬ veridad , salid los quatro desterra os de Nápoles por dos años , pagando ántes dos mil ducados á beneficio de los miserables encarcelados j y tratad de evitar Ja recaída , porque toda vuestra nobleza podrá ser qué no os preserve ríe que os corten las manos. Tim. No van mal despachados los pri¬ meros. Duq. Y vos , Señor Presidente del Tri¬ buna! del crimen , ¿ como bsxo unas pruebas tan débiles, y extrajudicialcs, habéis francamente condenado al opro¬ bio, y al infortunio á dos inocentes? Fres Si un momento de error... si la jus¬ ticia en añada de falsos informes... .Duq. En casos como este la justicia no se engaña, quando no se quiere uexar engañar, j Ay de los pueblos sugetos á un Tribunal en dónele se abriga el dolo, y se escuchan solo los ecos del pr dereso ! o por ignorancia , ó por malicia habéis delinquido : supongo en vos la primera, por no haceros morir de ig¬ nominia , y confesión, creyéndoos ca¬ paz de la segunda j pero como en ta¡es circunstancias aun la ignorancia debe ser castigada , mi moderación se satis¬ face con que vos , y vuestros Asesores no volváis á ocupar unos empleos que nó .podéis desempeñar $ que yo ceba¬ ré de poner Ja administración de justi¬ cia en manos de hombres muy ilus¬ trados , qne nu se dtxarán trgañar tan fácilmente j y agradeced á lo mal que me habéis tratado en vuéstro Tribunal el salir con tan leve castigo, porque aunque Virrey , no puedo prescindir de Caballero. ¿ Quién sois . vos ? á Federico. Fed. Federico Belflor. Duq. Vuestro labio pienso que no es el mas seguro testimonio de vuestro ser. Decidme vos, Ernestina : ¿quién es ese 'hombre ? Era. Quando yo le conocí era Fernando) y ahora por mi desgracia es Federico de JBilfior. Duq. Esa falsedad es una culpa , que no puede repararla sino la buena inten¬ ción. ¿Quáles son vuestros sentimientos respecto de Ernestina V Fed. Yo la amo con" todo mi corazón. Duq. ¿ Y vos ? Ern. b-sta prenda de mis entrañas os responda por mí. Mostrando' el niño. Duq. Este inocente reclama sus dere¬ chos , y vuestros juramentos, Fed. Su madre es mi esposa. Ast. Eso no ) de nioguna manera. Duq. ¿Y en qué se funda esa oposición ? Ast. Én que ella Jo ha seducido , en que falta mi consentimiento , y nunca lo daré para que se case con una mise¬ rable de obscura piosapia. Duq. Conocedla mejor: antes es dixe , y ahora os repito que esa muger es tan noble y rica como vos", y aun creo que ia estáis débiendo alguna cosa. Ast. ¡Yo deberla ! Duq^ Decidme : ¿ con qué fundamento os intituláis Conde de Belflor ? ¿dst. Con ei de haber heredado los de¬ rechos y bienes del difunto Conde Eduardo. Duq. Pero éste dexó una niña baxo vues¬ tra tutela. Ast. La niña iaurió , y por eso entré Di yo en la sucesión de sus bienes. ] t*q- Estáis engañado ,. porque vuestra pupila vive. Au. Y quisa puede justificar... D«£. Yo ; y e5to bastaba aun quando su p<^dre adoptivo no conservara testimonios de esta verdad. Ernestina es hija del Conde Eduardo : reconocedla , y restituidla quanto !a habéis usurpado. Tim. El Condado se lo llevó la tram¬ pa. ap. ¿4st. y :ro , Señor , perdonad ; tengo testigos... documentos... pruebas... v ademas.. ' j Duq. Reconoced á Ernestina , yo os lo aconsejo , porque os conviene, no profundicemos ñus este asunto. Pero eso no puede ser..; Sin duda u¡e habrán levantado alguna calumnia. Duq. Temerario , pues la blandura no os reduce, y me ponéis en la precisión de castigaros , sea en buen hora : acer¬ caos , Don Timoteo ; decidme ¿ vos conocíais á un Pedro de Sorrento,” que vivía en una aldea poco distante de Nápoies? Ast. ¡Qué pregunta, Cielos! Duq. Responded: ¿le conocíais? Ast. No puedo negarlo. Duq. ¿Qué relaciones tuvisteis con él ? Ast. 1? ué un tiempo criado mió. Duq. Pues sabed que éste ha muerto, pero ántes en descargo de su conciepcia , penetrado del remordimiento , á presencia de este hombre respetable, y de un Notario , y variós testigos , hizo esta declaración ; leedla D. Timoteo. Ast. El corazón se me desmaya: el Cielo descarga sobre mi todo su enojo. ap. Tim. „Yo , e! abaso firmado , hallándo- „me próximo á comparecer ante el ^Tribunal Divino , reconociendo mis „culpas, y en descargo de mi con¬ ciencia , confieso , que la hija del „difunto Conde de Belflor, cuya muér¬ ete se dió por cierta , es la joven Er¬ nestina , que vive en compañía del «Texedor Gerardo Bruneti , ó quien „la entregué , siendo muy niña jun- «t&mefite con un retrato de su padre, 23 „qne traía pendiente del cuello , y Cna medalla semejante á la que yo „he conservado , y ahora la entrego „á Don Timoteo.. Dua. ¿Dónde está esa medalla? Tim. Aquí. La suca. Duq. Mirad si conforma con la que guar¬ da el lexedor. Ger. Dentro de esta casita está todo. Ast. Las ansias del morir no pueden ser iguales á las que ahora experimento. Después de examinarlo todo lo vuelve. Duq. Proseguid , Don Timoteo. Tim. „Yo la he ocultado de esta manera „para librarla de la muerte , que un ,,pérfido la preparaba por mi mano; ,,no descubro quien sea éste sino al „deposttario ¿e la presente declaración, ,,por excusarle el.deshonor, y el cas¬ tigo. El Cielo perdone mi delito, ,,como yo perdono al que fue la prin¬ cipal ocasión de cometerlo. Pedro de , ; Sor rento.” Duq Ahora es preciso que vos deciareis quien es el culpable : mi autoridad , y mi justicia se hallan interesadas' en conocerlo : declaradlo todo. Ast, ¡Echó la suerte el sello á mi des¬ gracia ! Duq. No tengáis reparo alguno. Tim. Pues , Señor... aunque lo siento... Duq. Acabad. Tim. Es... Ast ¡Yo muero ! ( Cae desmayado , y Federico acude á socorrerlo. Tim. Ya no tengo que decir nada , pues el mismo se ha descubierto. Fed. ¡Oh desdichado padre mió! Duq. Dexadio entregado á su ignominia, y confesión ; pero no ; sdñor Oficial, á vos os lo entrego , llevadlo á una pri- . sien, segura : dichoso mil veces si no vuelve de ese accidente , que así evi¬ tará el morir en un público cadahalso. Fed. Piedad , Señor , piedad. De rodillas, JSnu Noble protector muestro... Duq. ¿ Qué hacéis ? ¿qué queréis? Fed. Perdón. Ero. Clemencia. Duq. Es un malvado. a 4 Fed. jEs mi padre! Ern. Y ea él nos castigáis á todos. írfr. Compadeceos de este niño, que une sus rueges á ios nuestros. Lo arrodilla. Duq. Levantaos , no me importunéis con suplicas , á que no puedo enteramen¬ te acceder. No quiero señalar los pri~ meros pasos de mi Gobierno con un riguroso castigo , qual merecía ese. hombre, familiarizado con la iniqui¬ dad : viva ; pero salga para siempre desterrado del Reyno: por ahora pre¬ valece la clemencia j pero ja y de aquel, que en adelante se atreva á abusar de ella ! Fed. Nuestra gratitud,.. Ero. Nuestro amor,,. Duq .-Basta : vivid dichosamente uRÍd° s > siguiesdo los caminos de la virtud , 7 en mí hallareis un firme apoyo de vuestra fQrtutía. Tim. Yo me vuelvo alegre... Duq. No por cierto : vos quedáis coa' migo. Tim. Pero , Señor... yo... para qué? Duq. Para acompañarme , que nunca eí" tá demás un hombre de bien al lad° del que gobierna. Tim, Tanto favor me llena de alegría- Duq. La que yo experimento es muyo 1 que la vuestra : éste para mí es uno de los dias mas apreciables , pues hecho beneficios á mis semejantes •, 1 no me queda remordimiento tía ning tr na de mis acciones. FIN* CON LICENCIA Barcelona : En la Oficina de JUAN FRANCISCO PIFE&RER, Impresor de S. M.; véndese en su librería administrada por Juan Sellent.