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219Pedro Luengo En nombre del rey. Exequias en Goa y Manila a mediados del siglo xviii En nombre del rey. Exequias en Goa y Manila a mediados del siglo xviii Pedro Luengo Universidad de Sevilla Resumen: En el presente estudio se ofrece un análisis artístico de las exequias realizadas en honor del papa Benedicto XIII y el gobernador Gaspar de la Torre, en el ámbito manileño; y del virrey Luis de Meneses y del inquisidor Nunho de Ataíde en Goa. Interesan como ejemplos del desarrollo artístico de ambas ciudades, además de permitir la comparación entre la recepción de los modelos occidentales por medio de dos rutas marítimas distintas como eran la portuguesa y la hispana. Seguramente la lejanía de estos enclaves respecto a Europa llevó a intensifi car la publicación tanto de las exequias, como de otras fi estas celebradas durante el siglo xviii, con objeto de llamar la atención de las respectivas metrópolis. Por otro lado, su estudio permite abordar la asimilación de modelos artísticos y literarios europeos en Asia. Palabras clave: arquitectura efímera, Gaspar de la Torre, Luis de Meneses, Fernando Valdés y Tamón. Abstract: Th e present paper provides an artistic analysis of the funerals held on the one hand in honor of Pope Benedict XIII and Governor Gaspar de la Torre, both in Manila, and on the other hand Viceroy Luis de Meneses and the inquisitor Nunho de Ataíde in Goa. All of them can be considered as examples of the artistic development of both cities, and allows comparing the reception of Western models through two diff erent Asiatic routes as the Portuguese and the Spanish. Surely the distance between these cities and Europe increased interest in the publication of funerals and other celebrations held during the eighteenth century, in order to claim the attention of the metropolis. Finally the study provides information about the assimilation of the European artistic and literary models in Asia.
220 POTESTAS, No 5 2012 ISSN: 1888-9867 | DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Potestas.2012.5.9 - pp. 219-234 Keywords: Ephemeral Arquitecture, Gaspar de Meneses, Luis de Meneses, Fernando Valdés y Tamón. El desarrollo de las arquitecturas efímeras de carácter funerario en la capital del archipiélago filipino ha sido tratado escasamente a pesar de la documentación gráfi ca y escrita que se conserva de las honras dedicadas no solo a monarcas, sino también a otros personajes claves en la historia de Filipinas1. Más llamativo aún es el silencio sobre las fi estas de distinta índole celebradas en una capital virreinal de la importancia de Goa.2 A pesar de ello, parece lógico pensar que la lejanía de ambas ciudades de sus respectivas metrópolis obligaría a potenciar las fi estas en razón de nacimientos, matrimonios y fallecimientos de miembros de la familia real como instrumento de propaganda dinástica y reafi rmación de la fi delidad de sus súbditos. A estas y a las correspondientes a las autoridades religiosas, caso de las honras por los papas, además de otras celebraciones como las beatifi caciones, hay que añadir un capítulo poco tratado por la historiografía y especialmente signifi cativo en estos confi nes imperiales. Se trata de los funerales por los gobernadores fi lipinos y por los virreyes o gobernadores de Goa, quienes se apropiaron de las honras funerarias reservadas a la corona, cuando fallecieron en el ejercicio de su cargo, lo que por otra parte no fue habitual. A mediados del siglo xviii coinciden varias celebraciones funerarias, tanto en Goa como en Manila, de las cuales existe constancia documental. Sin embargo, no fueron las primeras ya que las precedieron las exequias manileñas a Luis I en 1721, y las del papa Benedicto XIII en 1733, celebrada esta ya durante el periodo como gobernador de Fernando Valdés y Tamón (1729-1739).3 Su sucesor en el cargo, Gaspar de la Torre fallecería en Manila en 1745, y sus exequias formarían parte del conjunto de celebraciones fúnebres antes aludido.4 Un año más tarde moriría en Madrid el rey Felipe V, y con tal mo1. La aportación más moderna en esta línea es la de Mejías Álvarez, María Jesús: «Túmulo de María Amalia de Sajonia en Filipinas» en Morales, Alfredo J. (coord.): Filipinas, puerta de Oriente. De Legazpi a Malaspina, San Sebastián-Manila, Lunwergseacex, 2004. p. 227. A esta habría que añadir con un sentido más general Coello de la Rosa, Alexandre: «El Fénix en las Marianas (1747)» en Revista de Indias, 2010, vol. LXX, n.º 250, pp. 779-808. 2. Las de José I quedan recogidas en Mártires Lopes, Maria de Jesus dos: Goa Setecentista. Tradiçao e Modernidades (1750-1800), Lisboa, Universidade Católica Portuguesa, 1996. 3. Llanto de los astros en el ocaso del sol… Benedicto XIII que en… honrosas exequias celebró el sagrado fi rmamento dominicano en la ciudad de Manila. Manila: Nuestra Señora de los Ángeles, 1733. Biblioteca Pública del Estado. Orihuela. Signatura 5733. 4. El personaje ha sido estudiado en Rodríguez García, Vicente: El gobierno de don Gaspar Antonio de la Torre y Ayala en las Islas Filipinas, Granada, Universidad de Granada, 1976.
221Pedro Luengo En nombre del rey. Exequias en Goa y Manila a mediados del siglo xviii tivo se erigió la lógica pira funeraria en la capital del archipiélago en 1748.5 Posterior es el ya conocido y estudiado túmulo en honor a María Amalia de Sajonia, de 1762.6 Junto a estas honras fúnebres hay que tener en cuenta otras celebraciones de carácter festivo coetáneas.7 Uno de los aspectos de mayor interés de la documentación que recogen estas celebraciones es la circulación de modelos artísticos y microarquitectónicos desde las respectivas metrópolis hasta estos enclaves de Oriente.8 En estos procesos de transferencia no puede olvidarse el papel destacado que desempeñaron territorios como Nueva España o Brasil que pueden servir para facilitar el estudio de los casos de Manila o Goa.9 De hecho, al analizar cualquier túmulo regio barroco erigido en una ciudad peninsular, en México y en Manila, debe recordarse la enorme vinculación existente entre las dos últimas, así como la lejanía de ambas respecto a la metrópoli. Por ello el estudio de las creaciones americanas resulta de radical importancia para comprender mejor las fi lipinas.10 5. Mesquida, Joaquín: La perla del Oriente derretida en llanto y llanto elevado a perla fi na de lealtad en las sentidas expresiones del dolor amante, con quela muy noble, y muy leal ciudad de Manila celebró las reales exequias a la inmortal memoria de su querido católico monarca Don Philippo V, Manila, De la Cruz, 1748. De esta obra solo se conoce la catalogada en la Biblioteca Estatal de Baviera, desgraciadamente desaparecida en los últimos años por lo que no ha podido consultarse el grabado. De la Maza debió trabajar con otro ejemplar, quizás en México, que tampoco ha sido localizado. La única reproducción moderna, a partir de la cual se ha elaborado este estudio se encuentra en García Díaz, Tarsicio: «Tesis fi lipina del siglo xviii» en Anales de historia, vol. v, México, unam, 1965, pp. 99-141. Por último, se ha localizado una copia en la Biblioteca Nacional de Filipinas, con signatura. 6. En el Archivo de Indias (agi) se conservan dos ejemplares de este grabado de Laureano Atlas en Mp, Filipinas, 45 y Mp-Estampas, 143. Mejías Álvarez, María Jesús: «Túmulo de María Amalia de Sajonia en Filipinas» en Morales, Alfredo J. (coord.): Filipinas puerta de oriente, p. 227. Mejías Álvarez, María Jesús: Fiesta y Muerte Regia. Las estampas de túmulos reales del Archivo General de Indias, Sevilla, eeha, 2002. 7. Aunque con menor información sobre las celebraciones realizadas, también en estos años centrales del siglo tuvieron lugar las exequias manilenses por María Bárbara de Portugal (1758), o las correspondientes a la exaltación al trono en 1748 de Fernando VI. A todo ello habría que añadir múltiples fi estas correspondientes a matrimonios reales, o en el ámbito religioso a beatifi caciones que sirven para conocer el proceso evolutivo de tales festejos, así como lo habitual reutilización de materiales en las estructuras efímeras de la Manila barroca. Fuera del archipiélago, aunque muy próxima a su contexto cultural se encuentran las Islas Marianas, donde se tiene constancia de la celebración de honras de carácter bastante humilde tras la muerte de Felipe V, que recientemente han sido sacadas a la luz. Coello de la Rosa, Alexandre, «El Fénix en las Marianas». 8. Un intento en este sentido puede verse en distintos artículos como Allo Manero, Adita: «Aportación al estudio de las exequias reales en Hispanoamérica. La infl uencia sevillana en algunos túmulos limeños y mejicanos», Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, 1, 1989, pp. 121-137. 9. Para conocer la producción novohispana debe consultarse Morales Folguera, José Miguel: Cultura simbólica. Arte efímero en Nueva España, Sevilla, Junta de Andalucía, 1991. Otro texto anterior es el de Maza, Francisco de la: «Las piras funerarias en la historia y en el arte de México», Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, México, 1946. 10. Al respecto se tienen noticias sobre varios túmulos reales caso del correspondiente a Luis I en México (1717), a Felipe V en Quito, Panamá y Guatemala (1747), a María Bárbara de Portugal en México y Oaxaca (1759) y a María Amalia de Sajonia en México y Lima (1761). Por otra parte, debe señalarse que Santiago de Querétaro levantó en 1744 un túmulo al marqués de Villar del Águila en reconocimiento a sus obras hidráulicas, lo que debe ser tenido en cuenta al analizar las piras fi lipinas en honor de personajes de la administración y gobierno. Sobre este tipo de piras de menor rango debe destacarse las conservadas en Santa Prisca (Taxco) o la del Carmen, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Toluca. Cfr. Mínguez, Víctor: «Efímero Mestizo» en aa. vv.: Iberoamérica mestiza. Encuentro de pueblos y culturas, Madrid, seacex, 2003.
222 POTESTAS, No 5 2012 ISSN: 1888-9867 | DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Potestas.2012.5.9 - pp. 219-234 Morales Folguera ya planteó una evolución formal de los túmulos funerarios novohispanos a lo largo del siglo xviii.11 Desde unos primeros formatos piramidales, se pasó a mediados de siglo a microarquitecturas en forma de templos, para fi nalmente optar por estructuras monumentales que resguardaban el féretro, en cierto sentido fusionando las dos propuestas previas.12 Como también indica este investigador lo interesante en el caso mexicano es el programa iconográfi co, mientras que la arquitectura queda ligada a las prácticas contemporáneas habitualmente desfasadas con respecto a la metrópoli. En el caso concreto de las honras fúnebres, estos planteamientos se pueden trasladar con facilidad al caso fi lipino. En las primeras décadas del siglo xviii Manila vivió uno de sus momentos culturales más brillantes con fi guras como Pedro Murillo Velarde o el gobernador Fernando Valdés y Tamón, quienes tuvieron una especial actuación en las fi estas y funerales de la época. El último vendría también a revolucionar la imagen social que ofrecía el máximo representante de la corona en el archipiélago.13 Valdés comenzaría a ser considerado por la sociedad del momento como una especie de gobernador sol, haciendo propia la iconografía astral vinculada al monarca incluso durante su vida.14 Por ejemplo, el Sol Valdés presidió desde el balcón del Palacio Real las fi estas por el matrimonio entre el príncipe Fernando y María de Portugal (1731).15 Con ello generó una imagen que algunos de los gobernadores posteriores reutilizarían. Como ha sido apuntado esta asimilación al astro rey resulta muy evidente en relación con la monarquía hispana, tal y como recogen distintos autores.16 Pero no quedó ahí la apuesta de Valdés por exaltar la imagen del gobernador, una propuesta que pareció trasladar a su hijo y homónimo. El Sol Valdés, es decir Fernando Valdés y Tamón, no murió en Filipinas sino en México, más concretamente en Cuernavaca según indica Murillo Velarde, impidiendo lo que habrían sido unas interesantes exequias ofi ciales donde su iconografía solar 11. Morales Folguera, Cultura simbólica, p. 22. 12. Entre otros escritos de este autor puede destacarse en este sentido Morales Folgueras, José Miguel: «Los programas iconográfi cos en el arte funerario mexicano», Cuadernos de Arte e Iconografía, Tomo II, 4, 1989. 13. Recientemente se ha leído una tesis doctoral donde se abordan distintos rasgos de la personalidad polifacética de este personaje. Desgraciadamente se pasa por alto la imagen generada en la literatura de la época, así como su importante labor cartográfi ca y constructiva. Barrio Muñoz, José Ángel del: Fernando Valdés y Tamón. Gobernador General de Filipinas (1729-1739), tesis doctoral inédita, Madrid, uned, 2010. 14. En uno de los pasajes llega a afi rmarse que: «la nobleza de los Valdeses, no solo brilla en España como el oro de los quilates más subidos de las Asturias». 15. A lo largo del texto pueden extraerse distintas referencias al gobernador en este sentido: «En Palacio se vio Campo de luces, en que radiante hermoso está luciendo/ el Sol Valdés, que ilustra con sus rayos / de aquestas islas todo el hemisferio». O bien «Ya estaba en su balcón / el Sol de aqueste emporio, Gran Tamón». Cfr. Descripción de las fi estas reales con que la muy noble y siempre fi delísima ciudad de Manila… celebró los felices desposorios de… Don Fernando, príncipe de Asturias, con la señora infanta de Portugal Doña María. Manila: Compañía de Jesús, 1731. 16. Véase el estudio al respecto de Mínguez, Victor: Los reyes solares: iconografía astral de la monarquía hispánica, Castellón, Universitat Jaume I, 2001.
223Pedro Luengo En nombre del rey. Exequias en Goa y Manila a mediados del siglo xviii seguramente sería subrayada. Su hijo, al poco de la vuelta a la corte madrileña contrajo matrimonio y trasladó su residencia a Molina de Aragón (Guadalajara), donde levantaría lo que hoy es conocido como el Palacio del Virrey de Manila. Aunque fuera obra de su hijo, el cargo de virrey nunca existió en el archipiélago frente a lo que apuntan algunos autores, pero ciertamente Valdés creó una imagen barroca del cargo que parecía circunscrita a los monarcas y su familia, y por representación de aquellos a los virreyes, nunca a los gobernadores.17 Aunque se tienen noticias sobre fi estas y exequias en Manila, desde fechas muy tempranas, serán las de la década de los veinte y treinta del siglo xviii las que más claramente ofrezcan la recepción de los modelos barrocos, como queda de manifi esto en los grabados que de ellas se realizaron. Al respecto hay que señalar las correspondientes al malogrado Luis I, cuya subida al trono y prematuro fallecimiento fueron conocidas en Manila en el mismo momento.18 A este habría que añadir las del obispo de Oviedo, Manuel José de Hendaya y Haro (Manila, 1674-Benavente, 1729), natural de Filipinas y persona muy valorada en el archipiélago.19 Los sermones fúnebres en honor a «el chinito», entonces recién nombrado Arzobispo de México, cargo del que no llegó a tomar posesión, fueron publicados en Manila por la intercesión del gobernador, originario de Oviedo.20 En ellos las alusiones a este personaje son numerosas, y siempre retoman la metáfora solar, tan propia de la literatura novohispana de este tipo dedicada a la muerte de reyes.21 Además de exequias reales y al arzobispo mencionado, la capital fi lipina tuvo que celebrar las honras por la muerte del papa Benedicto XIII en 1733.22 17. Herrera Casado, Heráldica Molinesa, p. 69. Véase también de este autor Palacios y casonas de Castilla-La Mancha, Guadalajara, 2004. La discusión sobre el origen del Palacio del Virrey ha sido zanjada recientemente en Barrio Muñoz, Fernando Valdés, pp. 10-21. 18. Entre los túmulos funerarios realizados en Manila en el siglo xviii será el mausoleo levantado en honor a Luis I el descrito más pormenorizadamente. La descripción de este túmulo funerario establece claros parentescos con otras obras de arte fi lipinas. En primer lugar se planteó una estructura arquitectónica de planta octogonal decorada con distintas pinturas. La apuesta por la columna salomónica será lo habitual en el archipiélago, tanto en las primeras décadas del siglo como después de su primera mitad. Aunque llegó con cierta rapidez, el estípite no fue adoptado de forma generalizada como sí lo fue en el resto de Nueva España. Otro elemento a destacar, y que comparte con el mundo luso, es la difusión de las tarjas que mantendrán su protagonismo en las estructuras funerarias fi lipinas durante gran parte del siglo. Por todo esto, las descripciones de este tipo de aparatos festivos pueden ayudar a datar el amplísimo patrimonio de retablos conservado en Filipinas del que se conoce aún escasísima documentación, caso similar a lo que ocurre en Goa. Real Mausoleo que a la inmortal memoria de su católico monarca Luis I erigió en sus solemnes exequias la muy noble y leal ciudad de Manila. Manila: Universidad de Santo Tomás, 1726. A esta publicación, donde aparece descrito el túmulo regio, habría que añadir la carta que el gobernador envió a la metrópoli sobre estas honras, haciendo mención de la colocación de un retrato de cuerpo entero del monarca en el balcón del Ayuntamiento, así como sobre la construcción del túmulo. agi, filipinas, 141, N. 11. F. 12r, 15v. 19. En este sermón se juega con la idea de hacer un monumento escultórico que recuerde la valía del difunto. Por ello las referencias artísticas son muy numerosas aunque muy probablemente no se refi ere a una descripción de esculturas efímeras. Estatua de verdadera grandeza dibujada... de... Manuel José de Endaya y Aro, Manila, 1731. 20. Barrio Muñoz, Fernando Valdés, p. 2. 21. Mínguez, Víctor: Los reyes distantes: imágenes del poder en el México virreinal, Castellón, Universitat Jaume I, 1995. 22. Llanto de los astros en el ocaso del sol.
224 POTESTAS, No 5 2012 ISSN: 1888-9867 | DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Potestas.2012.5.9 - pp. 219-234 Se trata de la única estructura funeraria realizada en Manila para un papa de la que se haya conservado representación gráfi ca. Afortunadamente, a esto hay que añadir que la publicación de las celebraciones incorpora la imagen más antigua conocida de un túmulo fi lipino. Pero además de estas singularidades, la estructura merece especial atención por servir de enlace entre la empleada con motivo de la muerte de Luis I y las erigidas en la década de los cuarenta. Se trata de una base cuadrada sobre las que se desarrollan dos cuerpos arquitectónicos con representaciones de virtudes o emblemas, y articulados por columnas salomónicas. Si bien es cierto que su uso se extendería en Manila hasta bien entrada la segunda mitad del siglo xviii, tanto el modelo para estas columnas como para las tarjas muestran una clara vinculación con otras dos estructuras ya conocidas como son el retablo mayor del Convento de San Francisco de las Lágrimas de Manila, realizado en la década de los cuarenta del siglo xviii, o el retablo de la portería del mismo complejo datado en 1756.23 Frente a esta similitud hay que destacar la diferencia con otras columnas salomónicas coetáneas como son las del retablo dedicado a San Nicolás Tolentino, fechado en 1750, aún conservado en el Convento de San Agustín de Manila; o incluso con las del retablo de la sacristía del citado Convento de San Francisco. Continuando con la descripción de la estructura, en el primer cuerpo se ubica el catafalco, subrayando el carácter templario de la estructura. El parecido, tanto estructural como en la elección de algunos temas, con el túmulo realizado en México para Luis I, seguramente basado en el anterior a Luis XIV, es muy evidente. Esto hace pensar que la tardía llegada a Manila de la noticia de la muerte del monarca permitió servirse de las directrices planteadas en el túmulo de la capital novohispana.24 Incluso en esta estructura la simbología astral queda patente. Está rematada por un sol, mientras que en el frente de la base ofrece representaciones de Aries, a la izquierda, y Tauro, a la derecha. En los costados restantes se representaron, en el lado derecho, Géminis, Leo, Libra y Sagitario, mientras en el izquierdo, aparecían Cáncer, Virgo, Escorpio y Capricornio. Para el lado frontero se dejaron Acuario y Piscis. En el primer cuerpo se situaron representaciones de las musas, más concretamente de Clío y Urania en el frente principal, y en el posterior de Euterpe y Talia. Encarando los costados se colocaron en parejas Polimnia y Erato, en un lado, y, en el otro, Terpsícore y Calíope. De esta forma aparecían todas las musas dejando libre el espacio central para permitir la contemplación del féretro. 23. Luengo, Pedro: Intramuros: Arquitectura en Manila, 1739-1762, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2012, pp. 308 y 316. El retablo fue encargado por Francisco de Yugo para su enterramiento. Cfr. Archivo Franciscano Íbero-Oriental 86/2. 24. Las honras fúnebres solían celebrarse en Manila con varios años de retraso con respecto a la península ibérica e incluso con México.
225Pedro Luengo En nombre del rey. Exequias en Goa y Manila a mediados del siglo xviii La representación de Melpómene pasaba al tercer cuerpo, presidiendo la estructura en el nicho central.25 La musa aparece como una joven sentada, cuya cabeza reposa en su brazo izquierdo, conforme a un modelo iconográfi co que recuerda al pequeño Buen Pastor del arte indoportugués.26 Se trataría pues de un ejemplo de reutilización iconográfi ca de un modelo que participa por igual de la tradición oriental y de la occidental. Es más, podría aventurarse un trasfondo interpretativo de más calado al tener en cuenta que la base iconográfi ca oriental es el Buda Maitreya, el Buda del futuro. Con independencia de ello no parece quedar duda de que los artesanos chinos que levantaron esta estructura reaprovecharon sus propios modelos. Finalmente, acompañando a esta última musa se representaron siete signos celestes, o más concretamente: Luna, Mercurio y Venus en un lado; Marte, Júpiter y Saturno en otro, mientras que el Sol quedaba frente al altar.27 A toda la estructura habría que añadir otros elementos como son la mitra y el bonete soportado por pequeños atlantes y bajo ellos el perro de santo Domingo con la antorcha. Solo en este elemento, que pasa desapercibido en un primer vistazo, queda patente la vinculación del túmulo con sus promotores, los dominicos, orden a la que pertenecía el papa fallecido. En el túmulo, además de la mitra pontifi cia, aparece una tarja con las armas de Benedicto XIII. La referencia de la tiara, esta vez con una representación solar, se repite como remate de la estructura, subrayando la iconografía astral del túmulo. La correspondencia entre las representaciones planetarias de la parte superior y los signos zodiacales del basamento, además de la vinculación con la musa correspondiente, fue perfectamente orquestada por el autor como queda expresado en el texto que la describe. Probablemente sea esta elaborada pira dominica la más cargada de sentido astral, simbolismo del que también participan el resto de aparatos festivos contemporáneos. Las alusiones solares se hacen absolutamente comunes en las exequias y fi estas de este momento en Manila, dedicadas tanto a beatos, como a gobernadores o monarcas. Junto a esta visión habría que subrayar el gusto por las alusiones fl orales, aunque al parecer esto fue más habitual en el plano literario que en las representaciones pictóricas. La comparación entre el túmulo de Luis I y Benedicto XIII en Manila no permiten asegurar que existiera una reutilización de elementos generalizada, 25. Melpómene es la musa de la Poesía pero se le vincula habitualmente en el Barroco con la elegía y la poesía más concretamente funeraria. Como también cita la propia relación manileña el resto de musas acompañaban el lamento de Melpómene. De hecho la musa fue el centro también en las honras fúnebres de Gaspar de la Torre. 26. El pequeño Buen Pastor de tipo indoportugués está basado en la iconografía del Buda Maitreya. Hace referencia al pasaje bíblico Jn 2, 32-34, donde san Juan Bautista tiene la visión de la Trinidad. De todas formas la representación trinitaria no siempre está presente. Collin, Francis: «Th e Good Shepherd Ivory Carvings of Goa and their Symbolism» en Apollo, 1984, pp. 170-174. 27. El Sol en una brillante esfera en fi gura de un bellísimo joven, con el traje, que le da la común pintura, la diestra mano en acción de admirarse, y en la otra una tarja. Llanto de los astros en el ocaso del sol… op. cit. F. 51.
226 POTESTAS, No 5 2012 ISSN: 1888-9867 | DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Potestas.2012.5.9 - pp. 219-234 lo que por otra parte, era habitual. Cabe la posibilidad de que las parejas de columnas salomónicas fueran reaprovechadas, como también ocurre con las numerosas tarjas donde se anotaban los poemas. Por último, en el tercer cuerpo aparece una fi gura que se lamenta, tema muy habitual en este tipo de estructuras. Melpómene llorando la muerte del monarca en este caso sobre un sitial, mientras que en otros casos aparece como una ninfa personifi cando Manila, dentro de una concha, lo que hace improbable la reutilización de la posible escultura, aunque es evidente que pervive la misma idea. Existiera o no el material artístico reaprovechado, de lo que no cabe duda es de la reutilización de material a la hora de describir los túmulos. La comparación entre la de Benedicto XIII y la posterior de Gaspar de la Torre ofrece un paralelismo casi perfecto, haciendo alusión a los mismos tratadistas de arquitectura entre otros aspectos. Curiosamente estas alusiones a tratados también se encuentran en los mismos términos en México, aunque decantándose por opciones distintas. En América se cita dicha normativa arquitectónica para argumentar el uso del orden corintio como el más apropiado, mientras que en Filipinas se concluye que es mejor el dórico.28 Las difi cultades técnicas de los artistas del archipiélago, unido a las prisas para celebrar las fi estas por el especial retraso con respecto al resto de los territorios hispanos, parecen estar en la justifi cación de la elección, aunque existan excepciones. El caso excepcional hasta ese momento en Manila de Valdés y Tamón tuvo un continuador inmediato en su sucesor en el cargo, Gaspar de la Torre, quien ostentaría el puesto entre 1739 y 1745, y que falleció en la capital del archipiélago. La ciudad, como sería lógico, organizó unas honras fúnebres en su honor que dieron lugar al menos a dos publicaciones, una de ellas incorporando el correspondiente grabado.29 Hasta ahora la imagen de la pira funeraria no había despertado interés, algo sorprendente por cuanto resulta importante para entender el desarrollo artístico de la ciudad en este momento. La descripción de la misma, además de explicar la ubicación de algunas de las pinturas, ofrece parcos pero interesantes datos sobre el conocimiento tratadístico-arquitectónico del momento.30 De todas formas esto solo sirvió para generar una pirámide escalonada donde ubicar los elementos propios de la cultura emblemática del momento, absoluta protagonista de la descripción. La existencia de sencillas estructuras arquitectónicas, concebidas como soporte de un repertorio simbólico europeo, ha sido relacionada por algunos 28. Allo Manero, «Aportación al estudio», p. 134. 29. El primer caso destaca la recuperación de la fi gura de Melpómene, como en el caso de Benedicto XIII. Quintana, Domingo: Melpómene heroica en el cenotafi o del muy ilustre Señor Don Gaspar de la Torre y Ayala, Manila, Universidad de Santo Tomás, 1746. Cortes Arredondo, Miguel José: Sermón funeral a la inmortal y amable memoria del muy ilustre Señor Don Gaspar de la Torre y Ayala, Manila, Compañía de Jesús, 1746. 30. El autor de la descripción dice que la estructura debía realizarse en orden dórico, ya que era el más adecuado para la ocasión, según se indicaba en autores como Cataneo o Vitrubio, a quienes cita expresamente.
227Pedro Luengo En nombre del rey. Exequias en Goa y Manila a mediados del siglo xviii investigadores con soluciones de menor costo, erigidas en puntos distantes de la corte o de grandes templos catedralicios.31 Incluso podrían relacionarse con las estructuras escalonadas típicas de los altares sacramentales portugueses, de los que existen ejemplos en la propia Goa. Otro aspecto a destacar es el parecido existente entre la pira de Gaspar de la Torre y la levantada en México en memoria de Carlos II en 1701. En la capital fi lipina, como se ha visto, las novedades surgidas con las honras de Luis XIV (1717) habían llegado con lógico retraso, pero el caso del gobernador supone un paso atrás. Quizás se tratara de una estructura reutilizable, o quizás se considerara excesivo, simbólica y económicamente, erigir un túmulo como el de Benedicto XIII para honrar a un personaje de la administración, por muy importante que fuera su cargo. La pira en honor al gobernador De la Torre fue sobre todo un aparato donde desarrollar un amplio contenido literario. En comparación con otras exequias previas y posteriores en la ciudad, los artistas se limitaron a pocas pinturas y a la decoración. Especialmente destacables resultan las tarjas, hasta ahora de perfi l ovalado y que aquí incorporan la forma octogonal. Este cambio debe ponerse en relación con lo que se viene imponiendo en la decoración de las fachadas de las iglesias fi lipinas, que pasan del modelo de San Francisco de las Lágrimas al ligeramente posterior de las iglesias de Santa Ana de Sapa, o Malate. Algo similar puede decirse del frente de altar que aparece en el grabado, cercano decorativamente a otros conservados hoy en el Museo de San Agustín de Manila, que permanecían sin datación concreta. Desgraciadamente, la escasez de representaciones afectó a los emblemas, que fueron mayoritariamente escritos. Aún así, los referentes literarios europeos pueden tratar de identifi carse a partir de los datos aportados por la propia descripción.32 Por ejemplo, parece probable el uso del Sebastián de Covarrubias en la azucena rodeada de un seto, o incluso del propio sol eclipsado que había servido de referencia central a las exequias de Carlos II en México. Algo similar puede decirse del libro de Ortí, del de Zárraga o de otros con más difusión de los que beben tanto los fi lipinos como los peninsulares, que pueden vincularse con la representación del Fénix entre llamas, o de la Rosa cercada por hierbas respectivamente. Lamentablemente, la carencia total de detalles de estos emblemas impide hacer una vinculación segura con cualquiera de los autores mencionados.33 31. Mínguez, Víctor: «Efímero Mestizo» en aa. vv.: Iberoamérica mestiza. Encuentro de pueblos y culturas, Madrid, seacex, 2003. 32. Se hace referencia concretamente a los siguientes: «2. Una alusión de la azucena entre las espinas, que se pintó saliendo de un corazón, que exaltaba una cruz. 3. La muerte llena de ojos, aludiendo a lo que se vencía su Paciencia. 4 Una torre de superior grandeza, con una antorcha refulgente por corona. 5. Un sol eclipsado». Puede que la «muerte llena de ojos» sea una reinterpretación de los emblemas de Argos con cien ojos, pero aplicados a la muerte. 33. Horozco y Covarrubias, Sebastián de: Emblemas morales, Segovia, Juan de la Cuesta, 1591. Ortí, Marco Antonio: Siglo cuarto de la conquista de Valencia. A sus muy ilustres señores Jurados, Racional, Síndicos, y escribano…,Valencia, Juan Bautista Marzal, 1640. Zárraga, Francisco de: Séneca, juez de sí mismo, impugnado, defendido y ilustrado, Burgos, Juan de Viar, 1684.
234 POTESTAS, No 5 2012 ISSN: 1888-9867 | DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Potestas.2012.5.9 - pp. 219-234 Fig. 2. Túmulo del gobernador Gaspar de la Torre en Manila