La situación de biculturalidad y de bilingüismo bimodal de las personas CODA (children of deaf adults)
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Trabajo de Fin de Grado Facultad de Filología Grado en Filología Hispánica Curso 2024/2025 Título: La situación de biculturalidad y de bilingüismo bimodal de las personas CODA (children of deaf adults). Autora: Nieves María Mancheño Manzano. Tutor: Dr. Juan Pablo Mora Gutiérrez.
Para mi madre, por animarme a no rendirme después de tantos años de esfuerzo. Para mi hermana, por ser el pilar más sólido a lo largo de toda mi vida. Y para mi Milo, por acompañarme en cada hora de estudio.
ÍNDICE: 1. Introducción……………………………………………………………………...1 2. Objetivos y justificación…………………………………………………………2 3. Metodología……………………………………………………………………...2 4. Marco teórico…………………………………………………………………….3 4.1. La situación de biculturalidad……………………………………………….3 4.2. El bilingüismo bimodal……………………………………………………...6 4.2.1. El papel de la iconicidad en la recuperación léxica y producción de signos………………………………………………………………...8 4.2.2. La activación paralela y simultánea de ambas lenguas……………………………………………………………...10 4.2.3. La mezcla de códigos……………………………………………………………..13 4.2.4. El bilingüismo bimodal y las funciones ejecutivas…………………………………………………………..16 4.2.5. Debate acerca de las posibles ventajas y desventajas del bilingüismo…………………………………………………………19 5. Entrevistas……………………………………………………………………...22 6. Conclusión……………………………………………………………………...28 7. Bibliografía y webgrafía………………………………………………………..29 8. Anexos………………………………………………………………………….32 1
LA SITUACIÓN DE BICULTURALIDAD Y DE BILINGÜISMO BIMODAL DE LAS PERSONAS CODA (CHILDREN OF DEAF ADULTS). 1. INTRODUCCIÓN. En el presente trabajo trataré la situación de biculturalidad y bilingüismo bimodal en la que viven las personas CODA: Children of deaf adults. Empezaremos tratando las vivencias que presentan las personas CODA para comprender mejor su situación personal al tener que ejercer como puente o mediador entre dos culturas: la de las personas oyentes y la de las personas sordas, viendo lo que esto conlleva en sus vidas diarias, con el fin de concienciar de la necesidad de un mayor número de intérpretes especializados en lengua de signos en las instituciones públicas. Luego nos centraremos en la situación de bilingüismo que presentan los CODA que saben signar, para ver en qué pueden llegar a diferenciarse o asemejarse con respecto a los bilingües unimodales (aquellos que dominan dos lenguas con la misma modalidad). Además, haremos un repaso por los distintos estudios que se han hecho acerca de los fenómenos relacionados con la cognición y la gestión del lenguaje que hacen estas personas: el papel de la iconicidad en la recuperación léxica y producción de signos, el efecto de las lenguas de signos en las funciones ejecutivas, la mezcla de códigos y la activación de ambas lenguas en el cerebro. Por otra parte, plantearé un estado de la cuestión en relación al debate que existe sobre los posibles beneficios o inconvenientes que supone el bilingüismo en las personas CODA. Haré así un repaso por estudios que plantean problemas en la adquisición del lenguaje y en el desarrollo intelectual derivados justamente de esa situación de bilingüismo, así como estudios que defienden que esa idea es un completo mito, postulando que hay más beneficios que limitaciones. A día de hoy no se ha llegado todavía a una conclusión al respecto, pero comprender el punto en el que se encuentra la investigación es un paso imprescindible para una futura concienciación social efectiva. Realizaré además tres entrevistas para ver hasta qué punto dichos fenómenos pueden llegar a reflejarse en la realidad y hasta qué punto los entrevistados son conscientes de ello. Con ello podré reflejar tanto las similitudes como las diferencias que puede suponer la experiencia CODA, una experiencia variada, heterogénea y compleja que es necesario visibilizar para futuros estudios. Hablaré cuando sea necesario de la “comunidad sorda” y evitaré nombres como “sordomudos”, porque es un término propio del capacitismo, o sea, una denominación impuesta por personas sin discapacidad que hace referencia a la incapacidad de comunicarse que tienen los componentes de la comunidad sorda, cuando esto no es así, pues tienen la lengua de signos como su propio sistema de comunicación, elemento fundamental en su identidad (Michelle Papin, 2021). 1
2. OBJETIVOS Y JUSTIFICACIÓN. Este Trabajo de Fin de Grado nace del deseo de querer especializarme en un futuro como intérprete de lengua de signos española; he visto una buena oportunidad para informarme sobre el tema y sobre la lengua de signos española, pudiendo introducirme en este mundo y conocer en mayor profundidad lo que conlleva ser bilingüe bimodal. El objetivo principal de este trabajo es ver en qué consiste el bilingüismo bimodal y ver qué supone en la adquisición del lenguaje y desarrollo cognitivo de las personas CODA. Además, pretendo darle visibilidad a una situación compleja de la que no se habla tanto y, en caso de hablarse de ella, se hace de manera muy reducida, sin tener en cuenta lo heterogénea, variada y complicada que puede ser la situación y experiencia de bilingüismo y de biculturalidad de las personas CODA. He visto numerosos estudios centrados en casos de bilingüismo unimodal, que es el más común, pero muy pocos centrados en un bilingüismo compuesto por dos modalidades de lengua totalmente diferentes: la visual y gestual y la oral y auditiva. Si queremos darle visibilidad a esta situación, debemos dársela en su totalidad, por muy compleja que sea o parezca. Con ello pretendo también hacer una reivindicación para que se tenga en cuenta esta complejidad tanto en futuros estudios como en la educación o los servicios públicos. 3. METODOLOGÍA. Este trabajo se compone de dos partes diferentes: La primera de ellas es un marco teórico, para el que he necesitado seguir una metodología descriptiva haciendo una revisión bibliográfica de diferentes estudios especializados en el bilingüismo bimodal y en la situación de biculturalidad de las personas CODA. Esto me ha permitido hacer un estado de la cuestión y describir cuatro fenómenos que por lo general se suelen dar debido a este tipo de bilingüismo y que afecta a un sector de la población. La segunda parte se compone de tres entrevistas a personas CODA que siguen la metodología “historia de vida”, que consiste en hacer principalmente que la persona entrevistada se sienta lo suficientemente cómoda como para que haga un recorrido por los aspectos de su vida que hayan tenido o tengan relación con la situación de bilingüismo bimodal y biculturalidad (en este caso). He guiado sus intervenciones a través de una serie de preguntas para asegurarme de que manteníamos la coherencia y objetivos de este trabajo. No obstante, estas preguntas variarán en función de la información que vayan aportando progresivamente los colaboradores. 2
4. MARCO TEÓRICO. 4.1. LA SITUACIÓN DE BICULTURALIDAD. Michelle Papin (2021) habla de que la estigmatización hacia las lenguas de signos duraron hasta finales del siglo XX, porque se consideraban la última opción ante la posibilidad de no poder comunicarse, eran consideradas una derrota y se veían con vergüenza, es por ello que solo se empleaban dentro de la comunidad sorda como forma de comunicación entre ellos. Pero claro, esto supone que estas personas no tuvieran vida fuera de su comunidad o que sus posibilidades de socialización se vieran limitadas (Michelle Papin, 2021). Diría que tal vez por ese estigma hay todavía mucho desconocimiento sobre cómo afecta el saber lengua de signos a la cognición de las personas signantes, a las funciones ejecutivas o la manera que tienen de adquirir el lenguaje. Las personas CODA, en inglés Children of deaf adults, son hijos oyentes de padres sordos (HOPS en español), por lo que han estado expuestos a la lengua de signos desde temprana edad en el ámbito familiar, así como a la lengua oral en los ámbitos ajenos al hogar y entornos sociales, como la calle o el colegio (Michelle Papin, 2021). Al igual que se habla de hablantes de herencia cuando se trata de personas que han aprendido en el ámbito del hogar una lengua oral minoritaria a la vez que han adquirido otra más dominante y que ha tenido la supremacía en sus vidas, en este caso hablamos de signantes de herencia, porque la lengua que se impone es la lengua oral (Michelle Papin, 2021). Las estadísticas indican que al menos entre el 90% y 95% de los hijos de padres sordos son oyentes, por lo que podemos hacernos una idea de que la mayoría de familias insertas en la comunidad sorda presentan miembros en esta situación (Del Cueto Santiago, 2015). Michelle Papin (2021) explica que las personas CODA viven en una situación de biculturalidad: se sienten en la frontera entre el mundo oyente y el sordo, dado que no se sienten como pertenecientes completamente ni a una cultura ni a otra, es un ir y venir entre ambas según la situación de comunicación, lo que crea un conflicto de identidad. “La identificación es la acción de percibir y reconocer la identidad, es un proceso sociológico a la vez que psicológico por el cual un sujeto tiende a conformarse con los valores comunes de un grupo” (Michelle Papin, 2021, p.2). Esta situación de biculturalidad pone a las personas CODA en situaciones ambivalentes: Por un lado, también sufren parte de la discriminación que viven sus padres y familiares sordos, dado que están insertos en esa cultura y en ocasiones se enfrentan a situaciones que, ya sea por la temprana edad o la falta de competencia lingüística, cultural o ética, no son capaces de encarar a pesar de tener acceso a la información completa del mensaje: situaciones incómodas de comunicación, comentarios despectivos de otras personas hacia sus familiares sordos, preguntas desagradables acerca de su familia y situación personal, cuestionamiento de la crianza que han 3
recibido, falta de conocimiento sobre algunos conceptos en lengua de signos desencadenando la imposibilidad de ejercer adecuadamente la función de mediador, etc (Michelle Papin, 2021). Además, un punto a destacar es la fuerte responsabilidad de estos hijos con respecto a sus padres: se sienten en la obligación de funcionar como puente entre una cultura y otra y de desempeñar el papel de defensores, ya sea traduciendo o gestionando situaciones que no gestionarían si fueran hijos de padres oyentes, por lo que en ocasiones son ellos los que ejercen el rol de padre y se ven envueltos en un estado de hipervigilancia que puede afectar a su salud mental (Michelle Papin, 2021). Se ven en la necesidad de aportar a sus padres lo que estos no pueden percibir por ellos mismos, teniendo que prestar el doble de atención a los estímulos del entorno para saber qué es necesario transmitir a sus progenitores, para que así dispongan de todo el contexto necesario (Michelle Papin, 2021). Además, acaban desarrollando un sentido de la justicia mucho más estricto y una mayor capacidad empática al presenciar diariamente la discriminación a la que se enfrentan sus familiares (Michelle Papin, 2021). Michelle Papin (2021) afirma lo siguiente: “Normalizar a mi familia era entonces mi misión implícita. Repetir lo que mis padres intentaban articular a las personas oyentes (incluso las de su familia de origen) o el hecho de que adultos oyentes se dirigían a mí para hablar con mis padres me proporcionaba, por un lado, un espacio del que podía sacar partido —ya que podía influir en las conversaciones—, pero, por otro lado, los malentendidos eran frecuentes y esas situaciones me resultaban penosas ya que no tenía las competencias lingüísticas, éticas y culturales necesarias para ejercer de mediadora-intérprete.” (p.8). Este problema se está empezando a solventar más en los últimos años, gracias a que algunas instituciones están empezando a proporcionar intérpretes especializados, haciendo que los hijos de padres sordos no tengan que verse en situaciones que no les corresponden en su rol de hijos y pudiendo delegar parte de sus responsabilidades: “La implantación de los programas reglados de formación de ILS, en los que cualquier persona puede elegir formarse y desempeñar esta profesión, ha liberado, en cierta medida, a los CODA de esa labor” (Michelle Papin & González-Montesino, 2023, p.165). Sin embargo, esto no es suficiente: sigue siendo todavía muy necesario apoyo psicológico para estas personas para que les ayude a abordar las consecuencias psicológicas de esta situación: los problemas de identidad, autoestima, gestión de la presión social que reciben, etc. (Michelle Papin & González-Montesino, 2023). No obstante, Michelle Papin (2021) aclara que por otro lado también gozan de los privilegios de los que las personas oyentes disfrutan en el día a día: las personas oyentes tienen en mayor consideración las ideas del hijo y no tanto la de los padres, los consideran con más 4
capacidades intelectuales que a sus progenitores, se dirigen directamente a ellos a la hora de comunicar algo, acaban desarrollando sus habilidades sociales, emocionales y de resolución de conflictos, etc. Michelle Papin (2021) añade: “Podemos ser aliadas legitimadas por nuestros conocimientos lingüísticos y culturales, así como por la autentificación de nuestras relaciones de filiación con la comunidad sorda; pero también representamos al opresor, dada la historia de dominación por parte de las personas oyentes. Esta realidad percibida supone un reto, puesto que podemos valorar y desear compartir la identidad de nuestra familia, pero, a la vez, podemos mantener sentimientos interiorizados de marginalidad que nos impone la comunidad de oyentes” (p.2). Los problemas del colectivo CODA en relación a su biculturalidad se pueden extender a su formación como intérpretes de lengua de signos, pues muchos de ellos deciden hacer de su función como intermediarios su carrera profesional y convertirse en intérpretes instruidos (Michelle Papin & González-Montesino, 2023). Decimos que sus problemas continúan en este ámbito porque, para quienes la lengua de signos es L1, es común que durante su formación desarrollen aburrimiento y desmotivación, ya que los programas formativos están enfocados a personas que empiezan a aprender la lengua de signos desde cero, como una segunda lengua, por lo que el diseño de la formación no se ajusta al nivel de experiencia de esas personas CODA (Michelle Papin & González-Montesino, 2023): “A pesar de las experiencias y habilidades que aportan al aula y a la profesión del ILS, no se tienen en cuenta las necesidades específicas de los CODA ni sus habilidades” (Michelle Papin & González-Montesino, 2023, p.166). Con este trabajo abogo por una reforma de los programas docentes encargados en la formación profesional de intérpretes en la lengua de signos para que tengan en cuenta la situación de los hijos oyentes de padres sordos, ayudándolos así a una mejor inserción laboral en el camino que han decidido escoger. El término CODA ayuda a este colectivo a definir un poco más esa identidad ambigua de biculturalidad que presentan y a visibilizar la situación que viven día a día (Michelle Papin, 2021). Además, la aportación de un término ha abierto camino a que se hagan más investigaciones al respecto (Michelle Papin & González-Montesino, 2023). Aún así, esta denominación es relativamente reciente, porque Michelle Papin (2021) afirma que fue Milie Brother la primera persona en usarlo en 1982 cuando creó una fundación para este colectivo, por lo que hace tan solo 43 años que se propuso. 5
4.2. EL BILINGÜISMO BIMODAL. En el anterior apartado he hablado de la situación de biculturalidad que presentan las personas CODA, así como de las consecuencias que esto supone en sus vidas. Así pues, en este apartado me voy a centrar en la situación de bilingüismo bimodal en la que se sitúan los hijos oyentes de padres sordos que dominan la lengua de signos. Coral Cantillo Horrillo (2019), K. Emmorey, M. R. Giezen y T. H. Gollan (2016), Saúl Villameriel, Patricia Dias, Brendan Costello y Manuel Carreiras (2015) definen el bilingüismo bimodal como un tipo de bilingüismo en el que la persona domina dos lenguas diferentes, pero cada una de ellas posee una modalidad distinta: la lengua de signos, que tiene una modalidad visual y gestual, y una lengua oral, que tiene una modalidad auditiva y oral (es el caso de alguien que sepa español y lengua de signos española). En este sentido, usarán y necesitarán sistemas sensoriomotores diferentes (Emmorey et al, 2016). Se diferencia de la forma del bilingüismo al que todos estamos más acostumbrados, que es el bilingüismo unimodal, aquel en el que ambas lenguas presentan la misma modalidad: o bien la oral y auditiva (personas que sepan inglés y español por ejemplo) o bien la visogestual (personas que sepan lengua de signos española y lengua de signos francesa, por ejemplo), por lo que no habrá diferencia en los sistemas sensoriales (Emmorey et al, 2016). Es esta característica justamente lo que plantea otra diferencia digna de destacar: también se diferencian en la posibilidad o imposibilidad de reproducir ambas lenguas al mismo tiempo, es decir, los bilingües bimodales, al manejar dos lenguas en dos modalidades distintas, sí que pueden reproducirlas al mismo tiempo (oral y gestualmente), pero los bilingües unimodales no, porque necesitan o bien el tracto oral o bien el sistema motor, por lo que deben reproducir una en perjuicio de la otra (Villameriel et al., 2015). Es por esto mismo que debemos considerar que la forma que tiene una persona bilingüe bimodal de organizar, desarrollar y adquirir el lenguaje diferirá de la manera en la que lo hace una persona bilingüe unimodal (Emmorey et al, 2016). No obstante, también presentan similitudes con los bilingües unimodales en cuanto a los mecanismos empleados para seleccionar el lenguaje, como es la posibilidad de que se activen en el cerebro las dos lenguas de manera simultánea y paralela (Cantillo Horrillo, 2019; Gimeno-Martínez, 2024; Villameriel et al., 2015). Cantillo Horrillo (2019) explica que las personas bilingües bimodales son aquellas que de alguna manera están insertas en la comunidad sorda: ya sea porque ellas mismas tengan discapacidad auditiva y tengan conocimiento de la lengua de signos como L1 y de la lengua escrita; porque sean personas CODA (children of deaf adults) y por tanto dominen la lengua de signos 6
Finalmente, si no hay relación semántica ni similitud en LSE, el juicio debería ser el más rápido en comparación con el caso anterior, porque al no haber una relación semántica, se evita la activación de conceptos relacionados que podrían generar confusión y la falta de similitud fonológica en LSE elimina la posibilidad de que se activen representaciones competidoras, facilitando la selección de la respuesta correcta (Villameriel et al., 2015). De esta forma, el cerebro puede procesar la información de manera más directa, sin necesidad de resolver conflictos o ambigüedades (Villameriel et al., 2015). En conclusión, la activación simultánea de dos lenguas en el cerebro tiene sus efectos en él y los bilingües bimodales oyentes, al igual que los bimodales sordos, experimentan la activación paralela de ambas lenguas, incluso cuando están realizando una tarea solo en la lengua hablada (Villameriel et al., 2015). Necesitan hacer un ejercicio de inhibición para evitar que ambas lenguas confluyan a la hora de expresarse en contextos monolingües “sometiendo los signos cuando hablan con no signantes y sometiendo las palabras cuando hablan con signantes” (Cantillo-Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024, p.684). Esto apoyaría la idea de que la activación interlingüística no depende de la modalidad de las lenguas y que, además, la modalidad sensorial (oral vs. visual) no es un factor determinante para la activación paralela y simultánea (Villameriel et al., 2015). Por otra parte, esta teoría demuestra que la lengua de signos, al igual que las lenguas orales, influye en el procesamiento y conocimiento que se tenga de otras lenguas (Villameriel et al., 2015). 4.2.3. LA MEZCLA DE CÓDIGOS. En relación con la activación simultánea y paralela de ambas lenguas, tenemos el fenómeno de la mezcla de códigos. Esto es algo común en personas CODA que saben signar cuando se encuentran en situaciones bilingües con otras personas CODA que también saben signar (Emmorey et al., 2016). La mezcla de códigos consiste en integrar elementos de ambas lenguas dentro de la misma frase, realizando una producción intercalada de ambas lenguas (palabras y señas) dentro de un mismo enunciado (Emmorey et al., 2016). La fuerte preferencia por la mezcla de códigos en bilingües bimodales sugiere que la selección léxica ocurre relativamente tarde en el proceso de producción del lenguaje: las representaciones de ambas lenguas están activas simultáneamente durante un tiempo antes de que se seleccionen los elementos específicos para la producción; si la selección ocurriera temprano, se elegiría una sola lengua al principio del enunciado y no habría mezcla (Emmorey et al., 2016). La mezcla de códigos no se debería confundir con la alternancia de códigos, que básicamente consiste en cambiar de una lengua a otra entre frases (Emmorey et al., 2016). Para ello es necesario la inhibición: recordemos que es el proceso por el cual se suprime o se desactiva una 13
lengua para poder usar la otra sin interferencias de la primera (Emmorey et al., 2016). La mezcla de códigos se da porque tanto la lengua oral como la lengua de signos están libres de cualquier proceso de inhibición del lenguaje, cosa que hacen los bilingües unimodales para poder cambiar de un código a otro (Emmorey et al., 2016). No obstante, tengamos presente que en el caso de los bilingües bimodales, es posible reproducir ambos códigos al mismo tiempo (Villameriel et al., 2015). Esto indica que el sistema de producción lingüística bilingüe es capaz de desactivar la inhibición entre lenguas para permitir la producción simultánea de equivalentes de traducción (Emmorey et al., 2016). Cognitivamente, la mezcla de códigos en bilingües bimodales es menos costosa que la inhibición completa de una lengua, es decir, es más fácil para el cerebro acceder a ambas lenguas al mismo tiempo y seleccionar elementos de ambas, haciendo una recuperación dual de léxico, que suprimir completamente una para usar solo la otra, que es lo que se haría en la alternancia de códigos. No implica un coste adicional en el procesamiento léxico, cognitivamente es menos demandante, a pesar de que se deben recuperar dos elementos léxicos simultáneamente; es por ello que las personas CODA prefieren recurrir a la mezcla de códigos en lugar de la alternancia de códigos (Emmorey et al., 2016). Emmorey et al. (2016) explican que en el bilingüismo unimodal los costes del cambio de código son asimétricos: cambiar de la lengua no dominante a la dominante es menos costoso cognitivamente que cambiar de la dominante a la no dominante; esto se debe a que la lengua dominante está más activa y accesible, por lo que el cambio requiere menos esfuerzo de inhibición de la lengua no dominante. Emmorey et al. (2016) continúan diciendo que esta asimetría se centra en la dirección del cambio y se explica por la diferente fuerza de inhibición entre la lengua dominante y la no dominante; sin embargo, aunque también se observa una asimetría similar en la mezcla de códigos en bimodales, es de naturaleza diferente, porque la asimetría en bilingües bimodales no se centra en la dirección del cambio entre frases completas, sino en la posibilidad de insertar elementos de una lengua dentro de la estructura de la otra durante la mezcla de códigos: se encuentran mezclas de una sola seña en una frase en español oral (por ejemplo: "Quiero [SEÑA: COMER]"), pero no se encuentran mezclas de una sola palabra en español en una frase en lengua de signos española (por ejemplo: no se encuentra una frase en lengua de signos española con la palabra aislada "oír" en inglés) (Emmorey et al., 2016). Esta asimetría se debe a la inhibición que se hace de la lengua hablada cuando la lengua de signos española es la lengua matriz: la lengua matriz es la lengua que proporciona la estructura sintáctica principal del enunciado (Emmorey et al., 2016). Cuando la lengua de signos española es la lengua matriz, la lengua hablada u oral se inhibe fuertemente a nivel léxico, lo que impide la 14
producción o inserción de palabras aisladas en inglés dentro de una estructura sintáctica en lengua de signos española (Emmorey et al., 2016). Además, por otra parte, la lengua de signos (no dominante) parece ser más fácil de inhibir para los CODAS que la lengua oral (dominante), apoyando esa idea de la asimetría (Emmorey et al., 2016). Se ha comprobado por Emmorey et al. (2016) que niños y adultos bilingües bimodales susurran palabras en español mientras signan en lengua de signos española; se interpreta como una evidencia de la fuerte inhibición del español cuando la lengua de signos española es la lengua matriz. Básicamente, el susurro sería una forma de "aliviar" la presión de la inhibición total, permitiendo que algunos elementos de la lengua hablada "escapen" (Emmorey et al., 2016). La mezcla de códigos en sí misma no es costosa, pero los procesos de inhibición necesarios para cambiar hacia o desde la mezcla (o para cambiar entre una lengua única -solo español oral o solo lengua de signos españolay una mezcla de códigos) sí lo son (Emmorey et al., 2016). En otras palabras, sí que se encuentran costos al "entrar" y "salir" de la mezcla de códigos. Pasar de hablar solo español a hablar una mezcla de español oral y lengua de signos española implica “encender” una lengua, en este caso la lengua de signos española, sin necesidad de inhibir el español oral, pues sigue presente en la mezcla; por otro lado, pasar de una mezcla de español oral y lengua de signos española a hablar solo español oral implica “apagar” una lengua, en este caso la lengua de signos española (Emmorey et al., 2016). Emmorey, Petrich y Gollan (2014), citados en Emmorey et al. (2016), pidieron a bilingües de lengua de signos americana e inglés que nombraran imágenes en tres condiciones: solo inglés, solo en lengua de signos americana y en una mezcla de ambos códigos. Se midieron los tiempos de respuesta para evaluar o medir los costos de cambio, y se vio que los tiempos de respuesta para cambiar a la mezcla de códigos (ya sea desde el inglés o lengua de signos americana) no fueron más largos que los tiempos de respuesta para permanecer en la misma condición. Sin embargo, los tiempos de respuesta para cambiar fuera de la mezcla de códigos (a inglés o lengua de signos americana solo) sí fueron más largos. Esto indica que “encender” una lengua adicional para entrar en la mezcla no es costoso, pero “apagar” una lengua e inhibirla al salir de la mezcla sí que lo es (Emmorey et al., 2016). En definitiva, la inhibición es el factor que genera un costo cognitivo en el cambio de lengua. Emmorey, Petrich y Gollan (2014), citados en Emmorey et al. (2016), vieron además que la mezcla de códigos facilitaba en los participantes la recuperación de signos que tenían una baja frecuencia de uso, cuando normalmente lo esperable es que el uso de dos lenguas al mismo tiempo dificultara el acceso al vocabulario de al menos una de ellas. 15
Otra puntualización que Emmorey, Petrich y Gollan (2014), citados en Emmorey et al. (2016), hicieron es que parece ser que la mezcla de códigos retrasaba el inicio del habla porque los bilingües bimodales preferían sincronizar el inicio de las palabras y de los signos, es decir, retrasan el inicio del habla hasta que la mano alcanzaba el lugar objetivo del signo. 4.2.4. EL BILINGÜISMO BIMODAL Y LAS FUNCIONES EJECUTIVAS. Coral Cantillo Horrillo (2019) explica que las funciones ejecutivas son el conjunto de habilidades cognitivas que nos permiten tener el control de nuestro comportamiento, emociones y pensamientos. Estas funciones son fundamentales para planificar, tomar decisiones, resolver problemas y adaptarnos a nuevas situaciones (Cantillo Horrillo, 2019). Además, Cantillo Horrillo (2019) añade que estas capacidades se van desarrollando desde la infancia. La misma autora lleva a cabo junto a Isabel Rodríguez-Ortiz otra investigación en 2024 llamado Bilingüismo bimodal y funciones ejecutivas: Posibles efectos sobre la inhibición, la planificación y la memoria de trabajo, con la que busca ilustrar si los bilingües unimodales muestran ventajas frente a las personas monolingües en cuanto a funciones ejecutivas, además de ver si esas posibles ventajas las presentan también las personas bilingües bimodales. No obstante, a diferencia de otros estudios, tienen en cuenta variables como la edad, el sexo, el origen étnico o el nivel de formación académica. Para ello, realizan un experimento de varias pruebas o tareas centradas cada una en una destreza, para analizar hasta qué punto se ven esas ventajas o hasta qué punto no se obtienen datos relevantes al respecto (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024): La primera destreza en ponerse a prueba es el control inhibitorio y el objetivo es evaluar la capacidad de una persona para inhibir la información irrelevante, controlar impulsos, resistir distracciones y suprimir respuestas no deseadas (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). La primera tarea que pone a prueba la destreza de la inhibición es la de stroop verbal: se basa en el conocido "efecto Stroop", un fenómeno psicológico que demuestra que nos resulta más difícil nombrar el color de una palabra cuando el significado de la misma y su color no coinciden (por ejemplo, la palabra "rojo" escrita en color azul); es una herramienta utilizada para evaluar la capacidad de una persona para controlar la interferencia cognitiva (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). En este sentido, los primeros en obtener mejores resultados fueron los bilingües unimodales, los segundos los bilingües bimodales y por último los participantes monolingües; Cantillo Horrillo y Rodríguez-Ortiz (2024) teorizan que el motivo de estos resultados es el esfuerzo de inhibición de la lengua no objetivo que tienen que hacer los participantes: en el caso de los bilingües unimodales, deben inhibir completamente una de las lenguas porque no pueden producir las dos al mismo tiempo, cosa que sí pueden hacer los bilingües bimodales: ya 16
hemos hablado de que en ellos se puede dar la mezcla de códigos, por lo que su capacidad de inhibición no está tan entrenada como en los bilingües unimodales, y menos aún en los participantes monolingües porque, al tener solo conocimiento de una única lengua, no se ven en la necesidad de inhibir ninguna otra (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). La segunda tarea es la de stroop no verbal, en la que en lugar de utilizar palabras escritas en colores, se utilizan flechas que varían en dirección y ubicación (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). En esta prueba no se han visto diferencias significativas entre los participantes, seguramente porque no hay palabras escritas involucradas, de manera que la demanda cognitiva que les supone está bastante igualada para todos los participantes (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). El objetivo de la tarea Simon verbal es evaluar cómo la asociación de una palabra con un movimiento (arriba o abajo) puede verse afectada por la ubicación de la palabra en la pantalla. Una vez más, los más aventajados fueron los bilingües unimodales, seguidos de los bilingües bimodales y por último los participantes monolingües (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). La explicación de las investigadoras ante tales resultados vuelve a ser lo entrenadas que tienen los participantes las capacidades de inhibición de estímulos irrelevantes debido al propio tipo de bilingüismo que presentan, es decir, la explicación vuelve a ser la misma dada en la primera prueba (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). La tarea non verbal Simon se basa en el mismo principio que la tarea verbal de Simon, pero utiliza estímulos no verbales, o sea, flechas en lugar de palabras (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). De nuevo, al no haber palabras involucradas no se han visto diferencias en los resultados presentados entre bilingües unimodales, bimodales y monolingües (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). En definitiva, con respecto a la destreza de inhibición de estímulos irrelevantes, los resultados sugieren que los bilingües muestran ventajas en inhibición sobre los monolingües, pero solo en tareas complejas (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). Además, se propone que la clave de la diferencia entre bilingües unimodales y bilingües bimodales podría estar en el tipo de bilingüismo: los unimodales, al ser bilingües en dos lenguas orales, están expuestos a un mayor grado de interferencia lingüística que los bimodales, necesitando entonces tener más entrenada la capacidad de inhibición, a lo que se añade la incapacidad de reproducir ambas lenguas al mismo tiempo, necesitando inhibir una de forma ineludible (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). La segunda destreza en ponerse a prueba es la capacidad de planificación, es decir, la capacidad de desarrollar una estrategia para alcanzar un objetivo y de analizar la situación, 17
identificar obstáculos y encontrar soluciones creativas (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). La tarea que pone a prueba esta destreza es la tarea llamada Torre de Hanoi: se muestran tres postes verticales, uno de ellos tiene una serie de discos de diferentes tamaños, colocados en orden vertical de mayor a menor, formando una torre; el participante debe mover todos los discos desde el poste inicial hasta el poste final, utilizando el poste central como apoyo; solo se puede mover un disco a la vez y un disco más grande nunca puede colocarse encima de un disco más pequeño (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). Los resultados mostraron que los bilingües unimodales demuestran una clara ventaja sobre los monolingües y los bilingües bimodales, los cuales no mostraron diferencias significativas entre ellos (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). La tercera destreza y última que pone a prueba este estudio es la memoria de trabajo, que consiste en la capacidad de mantener y manipular información en la mente durante un corto período de tiempo mientras se trabaja en una tarea (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). Las autoras la ponen a prueba a través de tres tareas: La primera es la memoria de trabajo auditiva: la capacidad de mantener y manipular información auditiva en la mente, lo cual es esencial para tareas como seguir instrucciones verbales, comprender conversaciones y resolver problemas (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). Los participantes escuchaban una serie de dígitos en el mismo orden o en el orden inverso, y a continuación debían reproducirlos siguiendo el mismo orden en el que se les había proporcionado; posteriormente se hacía lo mismo pero combinando letras y números mezclados entre sí, el participante debía repetir los números en orden ascendente y luego las letras en orden alfabético (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). En esta tarea se vio una ventaja de los bilingües unimodales frente a los monolingües y a los bilingües bimodales, los cuales no variaron significativamente en sus resultados; seguramente se deba a que esta tarea necesita de la activación de los sistemas de procesamiento fonológico y articulatorio, y posiblemente los bilingües unimodales tienen un mayor entrenamiento en la gestión de información fonológica al estar cambiando continuamente de lenguas (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). La segunda tarea es la memoria visoespacial, que es la capacidad de recordar y procesar información visual sobre la ubicación y las relaciones espaciales de objetos. Esta habilidad es esencial para tareas como orientarse, recordar rutas, dibujar mapas y manipular objetos en el espacio. Se realizó mostrando nueve cubos de colores en una pantalla que se iluminan en una secuencia específica y el participante debe observar atentamente la secuencia en que se iluminan los cubos para luego seleccionarlos siguiendo el orden previamente sugerido (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). Los resultados de esta tarea muestran una ventaja de los bilingües bimodales frente a los unimodales y monolingües; Cantillo Horrillo y Rodríguez-Ortiz (2024) 18
sugieren que se debe a la configuración de la lengua de signos: esta sigue distintos parámetros que al combinarse forman signos específicos con un significado concreto; las personas bilingües bimodales deben recordar estos parámetros para combinarlos seguidamente de manera que puedan entender el mensaje que se les transmite, y la vía por la que captan esta información es la visual, de manera que tienen mayor entrenamiento con tareas visuales y gestuales (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). En resumen, este experimento demuestra que el tipo de bilingüismo definirá la destreza que cada persona desempeñe según la tarea (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). Por otro lado, resalta la complejidad existente entre el bilingüismo y la cognición que este implica (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). A su vez, las autoras dejan claro que este es uno de los muchos estudios que hay al respecto, y que para llegar a conclusiones más sólidas es necesario realizar más experimentos con el fin de contrastar los datos (Cantillo Horrillo & Rodríguez-Ortiz, 2024). 4.3. DEBATE ACERCA DE LAS POSIBLES VENTAJAS Y DESVENTAJAS DEL BILINGÜISMO. Aún hoy en día sigue en pie un debate muy conocido acerca de las posibles ventajas o inconvenientes que puede suponer el bilingüismo en la cognición; a ello se suman los estudios que apoyan que esas ventajas o inconvenientes no dependen del bilingüismo en sí, sino de la combinación de otros factores externos: “la ventaja bilingüe es objeto de debate en la actualidad, ya que algunos investigadores sostienen que no es más que una mera consecuencia de factores externos no controlados y de tamaños muestrales reducidos” (Cantillo & Rodríguez, 2024, p.680). En este apartado solo hablaré de las ideas más debatidas acerca de este asunto, con el fin de hacer un estado de la cuestión, ya que es un debate muy amplio y abarcarlo enteramente se hace imposible. Signoret Dorcasberro y Cuchet-Monterrubio (2024) exponen algunos posibles problemas que pueden presentar las personas a la hora de aprender una lengua materna; entre ellos destacan tres: el primero son los trastornos no primarios, aquellos que no afectan al lenguaje directamente pero sí indirectamente, como por ejemplo el trastorno del espectro autista, lesiones cerebrales, adicciones, discapacidades intelectuales, etc.; el segundo son los trastornos específicos del lenguaje que sí afectan concretamente al nivel del mismo; y el tercero sería los problemas para aprender la lengua materna por interferencias que se dan con otra lengua. Es en este tercer problema donde se insertaría el bilingüismo, por lo que dan a entender que debido a las interferencias entre lenguas que se pueden dar en situaciones de bilingüismo o diglosia una persona puede tener problemas para aprender su lengua materna (Signoret Dorcasberro & Cuchet-Monterrubio, 2024). 19
Signoret Dorcasberro y Cuchet-Monterrubio (2024) continúan explicando que para que esto no ocurra es necesario alcanzar lo que se conoce como bilingüismo coordinado y completo: el bilingüismo coordinado es aquel en el que los dos sistemas lingüísticos están organizados de manera independiente, permitiendo que las palabras en ambas lenguas estén relacionados a conceptos separados; el bilingüismo completo es aquel en el que los hablantes muestran una alta destreza en ambos idiomas. Las autoras recalcan que el problema viene cuando se trata de un bilingüismo compuesto (donde los dos sistemas lingüísticos están mezclados hasta el punto de que las palabras de ambas lenguas se relacionen a un único concepto, generando confusión y dificultades para separar las dos lenguas) e incompleto (la persona tiene un mayor control sobre una lengua, mostrando una destreza desequilibrada en cuanto a ambas y dificultando la comunicación en la lengua de la que no se tiene tanta soltura) (Signoret Dorcasberro & Cuchet-Monterrubio, 2024). Daniel Adrover-Roig y Ana Ansaldo (2009) explican que algunos estudios afirman que los bilingües necesitan un mayor tiempo de respuesta en tareas de denominar dibujos, tareas de fluidez verbal y tareas de decisión semántica, al igual que presentan más veces el fenómeno de TOT (tip of the tongue o punta de lengua): fenómeno que sucede cuando se conoce una palabra pero no se recuerda cómo era. Esos mismos estudios achacan esto al bilingüismo y a la consecuente interferencia de dos lenguas: la lengua objetivo y la no objetivo (Adrover-Roig & Ansaldo, 2009). Alfredo Ardila (2012) explica que en estudios como Rosselli et al. (2000) y Gollan, Montoya y Werner (2002) se apoya la desventaja del bilingüismo en cuanto a la fluidez verbal en ambas lenguas. Además, estos resultados se explican por necesitar más tiempo para seleccionar la lengua adecuada y para decidir a qué lengua pertenece una palabra (Ardila, 2012); en otras palabras, se explica por la necesidad de manejar dos sistemas lingüísticos diferentes, requiriendo así un mayor tiempo de respuesta. Sin embargo, Bialystok et al. (2008), citados en Adrover-Roig y Ansaldo (2009), hicieron otro estudio en el que se comprobó que no hubo diferencias sustanciales entre monolingües y bilingües en actividades relacionadas con la memoria de trabajo, mientras que los monolingües tuvieron mejores resultados en tareas de recuperación de léxico (por el hecho de que los bilingües tengan dividida la frecuencia de uso del léxico entre ambas lenguas), pero los bilingües mostraron ventajas en tareas de control ejecutivo. Daniel Adrover-Roig y Ana Ansaldo (2009) concluyen que será la tarea la que determine la ventaja o desventaja de los bilingües y no el bilingüismo en sí. Este debate se agudiza cuando se refiere a personas CODA: en ocasiones se cree que el hecho de que los hijos oyentes de padres sordos se críen con padres discapacitados va a provocar que acaben desarrollando algún tipo de discapacidad también. Por ejemplo: debido al 20
desconocimiento que se tiene del ambiente en el que se crían y viven las personas CODA, se les ha atribuido comúnmente trastornos del lenguaje (Michelle Papin, 2021). Michelle Papin (2021) considera que es una creencia muy arraigada que consigue que los prejuicios y creencias erróneas sobre los CODA y la comunidad sorda crezcan desmesuradamente, siendo así todos ellos perjudicados, porque se está presuponiendo nuevamente que la lengua de signos supone un retraso cognitivo y que la adquisición del lenguaje solo puede construirse en el plano oral. Si ya las personas bilingües unimodales se enfrentan a este prejuicio, los bilingües bimodales más aún, porque se considera que no disponen de los medios necesarios para una correcta adquisición del lenguaje oral (Michelle Papin, 2021). Ya de por sí se ha considerado durante mucho tiempo que el uso de lenguas de signos es una deficiencia en el habla, cuando en realidad la lengua de signos es “patrimonio principal de una minoría lingüística” (Michelle Papin, 2021, p.17). Sara Salamanca López (2017) afirma que es una idea errónea que se popularizó a mediados del siglo XX, pero que a partir de los años 60 empezaron a surgir numerosas investigaciones que la contradecían, demostrando que el bilingüismo no supone un problema en el desarrollo y adquisición de la lengua materna o de segundas lenguas. No obstante, Salamanca López (2017) sí que defiende que “uno debería tener presente que los niños bilingües al tener que lidiar con dos o más lenguas, son diferentes en algún aspecto a los monolingües, pero definitivamente no en aspectos como la adquisición del lenguaje” (p.12). En este sentido, Michelle Papin (2020) hace una crítica al sistema educativo, al no considerar las diferencias culturales y lingüísticas, contribuyendo a que las dificultades de algunos niños se atribuyan erróneamente a su entorno familiar. En otras palabras, se culpa a la familia sorda por las dificultades que puedan presentar algunos niños en el aprendizaje del lenguaje oral, en lugar de considerar otros factores o adaptar las metodologías educativas: “Se trata más bien del mecanismo que reproduce y performa el estigma por su propia mirada sobre la realidad. Si la escuela tuviese en cuenta las diferencias culturales y lingüísticas de manera holística, no haría recaer las dificultades de adquisición de lenguaje y de aprendizaje sobre algunos niños y niñas” (Michelle Papin, 2020, p.150). Además, ya hemos visto con el estudio de Cantillo Horrillo y Rodríguez-Ortiz (2024) sobre el bilingüismo bimodal y las funciones ejecutivas que los bilingües muestran ventajas en inhibición sobre los monolingües en tareas complejas, así como en la memoria de trabajo auditiva en el caso de bilingües unimodales y en la memoria de trabajo visoespacial en el caso de bilingües bimodales. Alfredo Ardila (2012) añade además que Bialystok et al. (2003, 2004 y 2005) llevaron a cabo una investigación con pacientes de demencia que eran bilingües y monolingües, y que los 21
resultados mostraron un retraso en el inicio de la demencia de hasta cuatro años en los pacientes bilingües, por lo que el bilingüismo podría ayudar a la conservación neurológica y cognitiva. El mismo autor, Alfredo Ardila (2012), opina que el aprendizaje de una segunda lengua hace que la persona bilingüe desarrolle conciencia metalingüística, es decir, capacidad de reflexionar sobre las lenguas y el lenguaje con conciencia. De esta manera, pueden comprender mejor cómo funcionan los sistemas lingüísticos de ambas lenguas (Ardila, 2012). En conclusión, este es un tema complejo para el que aún no se ha obtenido una respuesta definitiva, ya que el impacto del bilingüismo en la cognición de las personas puede llegar a depender de numerosos factores que se deberían tener en cuenta a la hora de realizar los estudios e investigaciones. Es crucial además liberar esta cuestión de prejuicios sin fundamentos para esclarecer la situación y hacerla más accesible. De lo que no cabe duda es que es necesario una mayor comprensión por parte del sistema educativo de la situación de los niños y niñas bilingües para que estos reciban el apoyo que requieren y que no se les catalogue de algo que no son. 5. ENTREVISTAS. En este apartado procedo a analizar tres entrevistas a tres personas CODA con la esperanza de examinar la aplicabilidad de estos estudios a la realidad y ver de qué manera los participantes son conscientes de ello. Además, con estas entrevistas podemos ver tanto qué experiencias tienen los entrevistados en común como en qué situaciones una experiencia puede diferir de otra. Por otro lado, pretendo poner de manifiesto lo variada que puede ser la experiencia CODA: se trata de una experiencia totalmente heterogénea a la vez que compleja y, si se quiere dar visibilidad, es necesario hacerlo en su totalidad y de forma integral, por muy compleja que sea. La metodología empleada será la llamada “entrevista de tipo historia de vida”, recomendada por el profesor de psicología Vicente Manzano. En este tipo de entrevistas se recomienda conseguir que el participante se sienta lo más cómodo posible para que relate con sinceridad y relajación experiencias de su vida en relación con algún tema en concreto, en este caso con la situación de biculturalidad y de bilingüismo bimodal de las personas CODA (children of deaf adults). Se pueden tener preguntas orientativas para evitar silencios o desviaciones de los objetivos principales y favorecer la continuidad de la entrevista, pero deberán adaptarse a la situación e ir variando en función de cómo avance la entrevista y de lo que el participante esté contando. Es fundamental en este tipo de entrevistas permitir que los participantes se expresen libremente sin interrupciones. Debido al espacio limitado del que dispongo en el cuerpo del trabajo, he decidido incluir este mismo análisis en el anexo 3 añadiendo además citas de las tres entrevistas con la intención de 22
En este trabajo he enfrentado también algunas limitaciones, y la primera de ellas es en relación a la bibliografía: he observado que la mayoría de estudios están en otros idiomas y en español hay mucha menos cantidad. Además, casi toda la bibliografía no es de acceso público, por lo que ha sido complicado encontrar estudios en español a los que acceder fácilmente. He percibido que el bilingüismo bimodal y la situación de biculturalidad es un tema no tan tratado en el mundo hispanohablante, siendo más predominante en otros países y no tanto en, por ejemplo, España. La segunda limitación concierne a las entrevistas: hay que tener en cuenta que para saber plenamente hasta qué punto los participantes presentan los fenómenos planteados sería necesario ya no solo una entrevista, sino también un estudio en profundidad con unos profesionales y con un equipo especializado, lo cual no está a mi alcance. Con estas entrevistas solo he podido guiarme para hacer mi análisis a partir de lo que ellos me cuentan, lo cual ha sido muy útil aún así, pero es imposible medirlo con la misma exactitud con la que lo hacen los estudiosos especializados. Análogamente, me ha sido muy complicado entrar en contacto con personas CODA; pude contactar con los tres entrevistados gracias a mis profesores, pero no los conocía personalmente. Con respecto a futuras líneas de investigación que se podrían llevar a cabo, reviste gran importancia realizar un mayor número de entrevistas para ver en un grupo mayor de personas hasta qué punto los fenómenos expuestos tienen un reflejo en la realidad. De esta manera se podría obtener una mayor muestra que enriqueciera mis hallazgos y proprocionara una visión más matizada. Por otro lado, sería interesante colaborar y participar en estudios con grupos expertos en lingüística de lenguas de signos con el propósito de conseguir un mayor rigor en mis explicaciones. Además, sería relevante investigar qué otros fenómenos hacen que los bilingües bimodales se diferencien de los bilingües unimodales, llegando de tal manera a un entendimiento más intrínseco de la situación. Y por último, me habría gustado que alguien perteneciente a la comunidad sorda me diera su opinión sobre este proyecto para saber si su experiencia como persona bilingüe bimodal no oyente coincide de alguna manera con las personas bilingües bimodales oyentes. Finalmente, espero que este trabajo e investigación sirva a futuros estudios e investigaciones, así como a obtener un mayor conocimiento de lo que implica la experiencia CODA para poder implementar esa información en proyectos de mejora dirigidos tanto a la comunidad CODA como a la comunidad sorda. 7. BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA Adrover-Roig, Daniel y Ansaldo, Ana. (2009). Bilingualism as a protective factor against cognitive ageing. Revista de Neuropsicología Latinoamericana. Vol 1. No. 1. pp.1-19. 29
https://www.researchgate.net/publication/231575092_Bilingualism_as_a_protective_factor_against _cognitive_ageing Ardila, Alfredo. (2012). Advantages and disadvantages of bilingualism. Revista Forma y Función. 25. pp. 99-114. https://www.researchgate.net/publication/262504773_ADVANTAGES_AND_DISADVANTAGES _OF_BILINGUALISM Cantillo Horrillo, Coral. (2019). La aportación del bilingüismo bimodal al desarrollo de la función ejecutiva. (Tesis Doctoral Inédita). Universidad de Sevilla, Sevilla. https://hdl.handle.net/11441/91405 Cantillo-Horrillo, Coral y Rodríguez-Ortiz, Isabel. R. (2024). Bilingüismo bimodal y funciones ejecutivas: Posibles efectos sobre la inhibición, la planificación y la memoria de trabajo. Revista Signos. Estudios De Lingüística, 57(116), 678–709. https://doi.org/10.4151/S0718-09342024011601019 Del Cueto Santiago, Enmari. (2015). Experiencias de hijos oyentes adultos de padres sordos. Programa de Patología del Habla-Lenguaje de la Universidad del Turabo. Grado de Maestría en Ciencias en Patología del Habla-Lenguaje. Escuela de Ciencias de la Salud. Universidad Ana G. Méndez. Puerto Rico. https://documento.uagm.edu/gurabo/salud/tesis/Enmari-Del-Cueto-PHL2015.pdf Emmorey, K., Giezen, M. R., y Gollan, T. H. (2016). Psycholinguistic, cognitive, and neural implications of bimodal bilingualism. Bilingualism (Cambridge, England), 19(2), 223–242. https://doi.org/10.1017/S1366728915000085 García-Orza, Javier. (2002). Neuropsicología cognitiva de la lengua de signos: una piedra de toque para el estudio del lenguaje, la visión, las emociones faciales y el movimiento. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología, ISSN 0373-2002, Vol. 55, Nº. 1, 2002, pp. 89-104. 55. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=260170 Gimeno-Martínez, Marc. (2024). Monitorización del procesamiento léxico en el bilingüismo bimodal: evidencias desde la lengua de signos catalana. Revista de Estudios de Lenguas de Signos REVLES, 6, pp.103-121. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9791247.pdf 30
Michele Papin, Stéphanie. (2020). La identidad CODA (Children Of Deaf Adults) en la adquisición de la lengua de signos como lengua de herencia. Revista de Estudios de Lenguas de Signos REVLES, 2, pp.138-155. https://revles.es/index.php/revles/article/view/43/33 Michelle Papin, Stéphanie (2021). Autoetnografía de una vivencia CODA, Children Of Deaf Adult. Quaderns de Psicologia, 23(1), e1714. https://doi.org/10.5565/rev/qpsicologia.1714 Michele Papin, Stéphanie y González-Montesino, Rayco. (2023). La formación de intérpretes de lengua de signos: el caso de los CODA (hijos e hijas de padres sordos). Sendebar, 34, pp. 162-181 https://doi.org/10.30827/sendebar.v34.27141 Salamanca López, Sara. (2017). Bilingüismo y desarrollo cognitivo. Memoria del Trabajo de Final de Grado. Universitat de les Illes Balears. Facultad de Educación. http://hdl.handle.net/11201/3640 Signoret Dorcasberro, Alina María y Cuchet-Monterrubio, Claudia. (2024). Estudio Exploratorio en torno al Bilingüismo Subordinado y Compuesto, los problemas para aprender en Lengua Materna y los Trastornos Emocionales. Verbum Et Lingua: Didáctica, Lengua Y Cultura, (20), pp.71–107. https://doi.org/10.32870/vel.vi20.185 Villameriel, Saúl, Dias, Patricia, Costello, Brendan y Carreiras, Manuel. (2015). Bilingüismo LSE/castellano, activando y cambiando entre lenguas. Sobre adquisición, aprendizaje y evaluación de la lengua de signos español: Actas del congreso CNLSE Madrid, 2 y 3 de octubre de 2014, pp. 69-77. https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=745813 31
ANEXO 1: Nota: pájaro y pato en lengua de signos española. Recuperado del Diccionario de la Lengua de Signos Española (DILSE). ANEXO 2: Nota: sangre y pan en lengua de signos española. Recuperado del Diccionario de la Lengua de Signos Española (DILSE). ANEXO 3: Uno de los objetivos de las entrevistas era tratar el tema de la biculturalidad para ver cómo se reflejaba esto en sus experiencias diarias. Óscar afirmaba que desde siempre se ha sentido más parte de la cultura oyente porque no ha tenido a gente de su edad que fuera perteneciente a la comunidad sorda, todos los conocidos son mucho mayores que él, por lo que no ha sentido una conexión lo suficientemente fuerte como para identificarse con la comunidad sorda. En el caso de Juan Carlos, no empezó a sentirse parte de la comunidad oyente hasta la adolescencia, cuando empezó a desarrollar unos gustos más propios y una identidad más fundamentada, hasta entonces afirma que siendo más pequeño se sentía más cercano a la comunidad sorda. No obstante, en el caso de María José, ella cuenta que desde siempre se ha sentido parte de las dos comunidades, no sabría cómo identificarse porque dependiendo de la situación comparte experiencias con la comunidad sorda o con la comunidad oyente. 32
“Quizás tendería más o me siento más vinculado con la comunidad oyente pero porque en mi entorno cercano no hay nadie o no conozco de primera mano a ninguna persona sorda que sea de nuestra edad. Sí que conozco a los amigos de mis padres y con ellos pues sí que tengo vinculación pero no es lo mismo, no está evidentemente… no hay el mismo acercamiento con una persona que te saque treinta o cuarenta años que alguien que sea de tu edad, que esté pasando por los mismos procesos que tú, que tenga los mismos estudios, las mismas inquietudes, y en ese sentido sí que es verdad pues que me vincule más o me sienta más cercano a la comunidad oyente” (Óscar). “A ver, yo... Es cierto que a lo mejor no... Yo creo que hasta que no tomé como más conciencia tipo de me gustos, de cosas por el estilo más o menos hasta la adolescencia es verdad que a lo mejor estuve siempre en un ámbito mucho más cerrado en la cultura sorda en el sentido de que por ejemplo yo no empezaba a escuchar música de manera intensa hasta la adolescencia, definir mi gusto musical en ese sentido.” (Juan Carlos). “De las dos. Es que no puedo distinguir. Es que mi vida es paralela con la de la otra. El sordo, mira que yo vengo de familia sorda y he estado muy metida en las asociaciones sordas que había antiguamente, que nos llevaban nuestros padres, los que estábamos con nosotros, todos los fines de semana en la asociación. Allí todos signábamos, ¿vale? Sordos, oyentes, los que fueran, todos signábamos. Eso existía antes, ya no. Es que yo nunca he hecho distinción entre una y otra. ¿Sabes? No me he posicionado ni por una... Es que para mí… Como para mí el sordo y la lengua de signos... No sé, es que yo no veo diferencia, ¿sabes?” (María José). Los tres participantes corroboraron el haber tenido que ejercer a lo largo de sus vidas como intermediarios o como puente entre el mundo de los oyentes y la comunidad sorda. Afirman haber tenido que asistir con ellos a citas médicas o con el banco y haber tenido que encargarse de gestiones del hogar (llamadas a compañías de seguros, telefónicas, desatascos, etc.) desde una edad muy temprana, teniendo que ausentarse de sus propias clases y teniendo que ajustar sus horarios a las necesidades de sus padres. Óscar y Juan Carlos explican que en ocasiones se han sentido abrumados por la situación porque se estaban encargando de las gestiones familiares con una edad con la que aún les faltaba madurez para sobrellevar con facilidad ciertas situaciones, sintiendo presión o incluso ansiedad. Sin embargo, María José, a diferencia de Óscar y Juan Carlos, asegura que nunca se ha sentido sobrecogida por la situación de intermediaria; para ella, era algo que debía ser así porque nadie mejor que ella entendía la situación y las necesidades de sus padres. Una vez más, esto muestra la responsabilidad que asumen las personas CODA con respecto a sus familiares: asumen sus problemas como propios y se hacen cargo de ellos continuamente, pudiendo provocar situaciones de estrés. Además, María José afirma que la responsabilidad de una persona CODA no 33
solo es la de traducir, sino también la de decidir, pensar, aconsejar, actuar y reivindicar; lo que requiere esta situación va más allá de simplemente ser capaz de usar dos lenguas. “[...] Desde muy pequeño he estado acostumbrado a hacer de intérprete entre mis padres y cualquier persona oyente, desde sitios rutinarios como ir a hacer la compra, o a la hora de hacer cualquier tarea o reunión importante, siempre he tenido que estar yo a la hora de servir de intérprete, porque si no no hay manera”. “Sí que es verdad que en gestiones ya más burocrática en el sentido de seguros, se ha partido no sé qué, hay que hablar con el banco, no sé qué, ahí sí que me he llegado a sentir un poco más abrumado, porque claro, no tenía la experiencia y no sabía cómo manejarlo” (Óscar). “Por ejemplo, mi padre tiene una cardiopatía, entonces para mí era muy común ir al hospital desde los 7 u 8 años, acompañar a mis padres a la revisión de cardiopatía cada 6 meses. Por ejemplo, tenía que ir al hospital de Úbeda, que es el hospital más cercano que había entonces en mi pueblo para ese tipo de revisionesm, y tenía que adecuarme y enterarme de todo lo que me decía el médico en ese sentido. O, por ejemplo, muchas cosas del banco me encargo yo de gestionarlas con mi familia. Yo era la persona que sabía hablar y además tenía un dominio de la lengua estándar española, porque sabía escribir, sabía leer, sabía hablar, a diferencia de mis padres, que mi madre era una alfabeta por su situación y mi padre tiene un dominio mínimo de la lengua estándar, pues yo tenía que manejar más o menos todas esas cosas. Yo hablaba con la gestora para que desarrollara la declaración de hacienda, iba con mis padres para consultar cualquier tipo de duda con respecto al banco, tipo no hay una factura que no es, piden un crédito a mis padres y voy a gestionarlo y cosas del estilo.”. “Sí, sí. O sea, claro, cuando eres un niño tú piensas, ¿por qué hago cosas que no hacen los demás niños? y aparte de eso y piensas constantemente “joder tengo que ir todo el rato al médico, mi padre está todo el rato pidiéndome cosas”. Es que además, claro, en el caso de mis padres le tengo que sumar el hecho de que son analfabetos: mi madre analfabeta y mi padre, no llega a tener una comprensibilidad total a lo mejor de una carta formal, entonces en ese caso yo tenía que dedicarme muchísimo de familia, porque tenía que leer todas las cartas que le llegaban con diez años, le tienes que acompañar al banco constantemente, que para mí eran como un universo de números y cifras súper complejos, tener que ir al médico y al hospital, que además en mi caso implicaba coger un bus a las siete de la mañana, pasar toda la mañana en otra ciudad, faltar un día entero a clase y volver luego sobre las 3 de la tarde. O sea, para mí era como un esfuerzo increíble y yo desde entonces además lo veía así, a pesar de que no estaba a lo mejor tan cargado de trabajo como hoy en día, pero yo decía, ¿por qué tengo que hacer tantas cosas?” (Juan Carlos). 34
“Todos los días, ¿sabes? A todas horas. Ten en cuenta que yo llevo como un llaverito, yo llevo muchos llaveritos. Tengo una asociación, creé también una asociación para esto mismo, para la eliminación de las barreras comunicativas entre el colectivo sordo y el colectivo oyente. Yo nunca he entendido que hubiese una barrera comunicativa en mi propio país, entonces… Todos los días. Del lunes a domingo, no solamente por mi familia, sino por la propia asociación, porque claro, allí tengo muchos sordos, y todos con muchos problemas, porque a nivel familiar no tienen la suerte de tener familiares que conozcan la lengua de signos”. “Verás, yo desde pequeña, es algo naturalizado, es algo que tenía que ser sí o sí. Es más, yo era la que exigía que eso tenía que ser así. O sea, mi padre mismo me decía “bueno, déjalo, descansa” y yo no lo veía así. Porque entonces ni recibíamos una película, ni recibíamos una noticia, ni recibían la información del vecindario, etcétera, etcétera. Entonces, para mí ha sido algo que nunca me ha supuesto un esfuerzo, al contrario, ahora sí, ahora sí. Ahora con la edad, sí. Porque estoy cansada, agotada. Antes era mi familia, y ahora no es mi familia, es un colectivo, ¿sabes?” (María José). Tanto Óscar como María José cuentan que ellos nunca han sufrido ningún tipo de discriminación por su situación de CODA, pero sí que han visto a sus familiares sufrirla. Sin embargo, Juan Carlos cuenta que en el colegio él sí que sufrió burlas, e incluso su hermano mayor fue objeto de amenazas. Una vez más, podemos ver lo que puede variar una experiencia CODA de otra a pesar de que todos se encuentran en la misma situación de biculturalidad. “Hacia mí no, porque en cuanto ven que puedo comunicarme con ellos perfectamente no hay problema, hablan conmigo y ya está. Pero hacia mis padres sí que de vez en cuando veo cierta discriminación, es como “boff”, llega alguien sordo y “boff”.” (Óscar). “Porque es verdad que yo sí recuerdo episodios de burlarse conmigo por el tema de tener padres sordos. O que una burla general era que se ponen a hablar contigo a lo mejor a veces y se ponen a imitar gestos de manera arbitraria, ampulosa, de manera fingida. Y eso yo sé que nos ha pasado tanto a mí como a mi hermana Marisol y como a mi hermano mayor José Miguel. Mi hermano mayor José Miguel yo creo que fue incluso peor, porque yo creo que su hecho fue todavía más sonado, porque era la primera vez que a lo mejor que iba un niño al colegio que era CODA de verdad y tenía unos padres sordos. Entonces en el caso de mi hermano incluso a veces lo amenazaban físicamente y todo, como que era como un objeto de burla por el hecho de tener padres sordos.” (Juan Carlos). “¿Yo? No. ¿Yo como CODA? No, no. En mi entorno, no, no. Mira, no porque tampoco voy diciendo que soy CODA, quiero decir. Yo no le digo a nadie que soy CODA. La gente cuando se entera que soy HIJA de pares sordos, no sé qué me dice. Para mí es una palabra.” (María José). 35
En este sentido, los tres entrevistados muestran un espíritu reivindicativo muy fuerte en cuanto a los derechos de las personas con discapacidad auditiva, obviamente porque es un tema que les ha afectado a ellos y a su familia desde una temprana edad. No obstante, aunque siempre está bien tener a gente que luche por estos derechos, los servicios públicos no deberían aprovecharse de la buena voluntad del colectivo CODA y dejar que ellos hagan la función de intérpretes para sus familiares en lugar de proporcionar personal especializado. El mejor ejemplo es el de Óscar el día de su defensa de TFG: se vio discriminado teniendo que estar traduciendo mientras tanto para su madre porque la Universidad de Sevilla no tuvo medios de proporcionarle un intérprete. Además, en el caso de María José, ella tiene una asociación, en la que juega un papel muy importante a la hora de defender los derechos de las personas pertenecientes a la comunidad sorda. “Me parece bastante injusto, porque al final están discriminando por una parte de la población que no es poca precisamente, que hay 30.000 o 27.000 hablantes sordos puros nativos en lengua de signos que se ven en ese sentido abandonados por la administraciones, porque al final lo que está provocando esto, el que no se forme en lengua de signos en los institutos y que no se contrate personal suficiente para poder atender a este tipo de personas, lo que hace es que al final tengan que estar apoyándose en un bastón que bien puede ser nosotros o gente cercana a la familia, es que provoca que mis padres no puedan tener una vida al 100% libre porque cualquier problema que tengan, o si necesitan ir a hacerse unas pruebas, ir al médico o a cualquier sitio vamos a tener que estar o bien mi hermano o bien yo cerca de ellos, no los podemos dejar solos, porque no les dan el servicio que sí que le darían a una persona oyente.” (Óscar). “Pues mira, yo creo que lo primero sería que posiblemente dieran como guías o por lo menos un conocimiento superficial, ya no solo con las comunidades sordas, sino con cualquier tipo de colectivo que pueda tener algún tipo de comunicación, en el que tenemos que tener en cuenta que vivimos en un modelo social en el que la comunicación entre personas, entre individuos, es algo obligatorio. O sea, en algún momento tú vas a tener que ir al médico, en algún momento tú vas a tener que ir al banco, hacer la compra, cosas de gestiones habituales entonces no puede ser que vivíamos en la sociedad del siglo XXI y que haya personas que se encuentren con trabas de ese tipo, o sea en el mismo sentido en el que el acceso a ese tipo de centro para personas con discapacidad móvil está facilitado, se debe pensar también en facilitaciones o en mejoras del sistema para que las personas tipo sordas o ciegas en general, por ejemplo, puedan comunicarse de manera más adecuada con esos responsables.” (Juan Carlos). “Hay un potencial tan grande y, además, yo soy de las que digo aquí es donde ellos están, no sé, son más vulnerables, pues ahí es donde yo voy, ¿vale? Y entonces voy a saco, voy a saco. Cuando veo que, a lo mejor, se están vulnerando los derechos, o que los derechos no se están 36
ejerciendo adecuadamente, conmigo tanto pongo. Porque la Administración ya, si tú vas a la Administración ya te dirá: María José, no por nada, porque yo decía ·es un derecho, es una ley que habéis hecho y ellos tienen que tener los mismos beneficios·. Entonces, claro, yo por eso te desgastaba, ¿sabes? No por ellos en sí, sino porque la sociedad no te facilita nada, ¿sabes?” (María José). En cuanto a la situación de bilingüismo bimodal, los entrevistados no han sabido responder a la pregunta de qué lengua consideran como lengua materna o L1, ya que tienen recuerdos a edades realmente tempranas en las que ya estaban usando ambas lenguas (como pedir un biberón). Óscar cuenta que aprendió la lengua oral a través de sus familiares oyentes y en el caso de María José y Juan Carlos aprendieron a hablar una vez comenzaron a asistir a guarderías con uno o dos años; María José añade que a las maestras les costó hacer que ella y sus hermanos comenzasen a hablar porque solo se comunicaban con lengua de signos. Con todo esto, se puede decir que la L1 o lengua materna de estos CODA es la lengua de signos, ya que fue la primera lengua con la que tuvieron contacto porque era la lengua usada por los progenitores y aprendieron la oral a posteriori; esto propició que los recuerdos tempranos fueran en ambas lenguas. “Pues como lo primero, pues aquí te digo lo mismo: no me acuerdo. Ya desde chico, mi madre… Bueno, mis padres nos decían que, sobre todo conmigo, que desde los tres… cuatro años, ya empezaba… como me daba cuenta de que no me escuchaban a la hora de yo llamar su atención y tal, pues sí que empezaba como a gesticular, ya que veía que gesticulaban y hablaban entre ellos usando gestos, pues me daba cuenta de que no me oían, pues intentaba siempre a la hora de llamarlos pues tiraba del vestido, le decía “oye mamá”. Siempre intentando buscar su atención visual.” (Óscar). “Pues mira a mí me cuesta en ese sentido decirlo, porque yo en todo caso diría que he tenido un proceso de adquisición lingüística bilingüe. En el sentido de que he aprendido la lengua de signos de manera paralela. Yo recuerdo, mi madre me decía que cuando era pequeño, muy rápido, por ejemplo, los hijos desarrollábamos gestos relacionados con el hambre, con el dolor, tipo el gesto del biberón, ¿no? O hacíamos así porque queríamos comer o lo que sea. En cambio, yo es verdad que mi crecimiento ha estado marcado también porque yo tenía en casa la presencia de una persona que se hablaba, que era mi hermano José Miguel, que es mi hermano mayor, que me saca diez años.”. “Y a eso hay que sumarle también el hecho de que yo he estado yendo a guardería a lo mejor desde el año así. Y bueno, es cierto que también hemos tenido otros miembros familiares, tipo la hermana de mi padre que habla, mi abuelos de parte materna que también hablan, pero es cierto que el contacto con el resto de la familia, como estábamos en un pueblo y de difícil acceso por vía de comunicación, y además ninguno de mis padres tiene carnet de coche ni 37
nada por el estilo, entonces establecer un contacto prolongado con ellos y pensar que ellos a lo mejor tenían un tipo de repercusión verdaderamente en mi formación lingüística, en mi proceso de adquisición de la lengua, yo creo que es algo más accesorio.” (Juan Carlos). “Pues a ver, mi uso de razón es de siempre. En mi casa éramos padres sordos, no teníamos familiares cercanos oyentes, con lo cual nuestra primera, primera, primera lengua, sí o sí, era la lengua de signos. Yo me desmuticé cuando fui a la guardería, ¿vale? Yo porque, además, la casualidad de que la guardería donde yo llevé a mi hija era mi guardería cuando era pequeña, y eran las mismas profesoras. Ellas me contaron la historia, que yo no la conocía. Yo la conocí a raíz de que llevé a mi hija. Me dice, “uy, no me digas. ¡Oh!” Y me contaron: “Lo que nos costó desmundizaros a todos, porque aquí todos veníais con la lengua de signos”.” (María José). Sin embargo, a pesar de que la L1 es la lengua de signos para los tres y presentan distintos grados de fluidez en ella, Óscar y Juan Carlos afirman que la lengua en la que tienen mayor soltura y se manejan mejor es la oral, además es la que usan la mayor parte del día, pues su mundo no deja de ser oyente (amistades, estudios, música, otros idiomas orales, etc.). Es por esto que la lengua dominante de ambos es la oral. El caso de María José es curioso, porque después de crecer ha seguido en un ambiente fundamentalmente sordo: sus padres, amistades, marido e hija son sordos, y su trabajo también implica trabajar con la lengua de signos, siendo esta la que usa la mayor parte del día. Además afirma que para ella es mucho más fácil comunicarse en esta lengua porque la lengua oral le resulta más compleja, considera la lengua de signos mucho más directa y concisa, facilitando el que ella comprenda el mensaje mucho más rápido. Es por esto que se puede decir que para ella la lengua dominante sigue siendo la lengua de signos. “A ver, claro, te diría que me desenvuelvo mejor en la lengua oral, pero por qué: porque yo la lengua de signos, sí que es verdad que con mis padres no hay problema, y con mis tías por parte materna tampoco tengo ningún problema. Pero no sé yo si llegaría a ser igual de competente quizás comunicarme con otras personas sordas, ya que cuenta con un vocabulario muy distinto, cuenta quizás con unas estructuras que no logro llegar a concretar bien y, claro, yo al fin y al cabo estoy acostumbrado a la manera… a la forma de hablar lengua de signos de mis tíos, de mis padres, que puede ser totalmente distinta a la de otra comunidad sorda.” (Óscar). “O sea, si yo tengo que traducir algo que exige una gran dificultad como un manejo mayor de la lengua de signos, tengo trabas. Y tengo que simplificar mucho el mensaje, o sea tengo que pensar bien lo que digo para asimilar las palabras, los conceptos a mi dominio de la lengua de signos y trasladar lo que yo entiendo a mis padres. Entonces en ese sentido a lo mejor sí que me tengo que parar bastante más porque si yo estoy en un cardiólogo y le tengo que explicar lo que es la válvula 38
muchas veces con ella y hubo un momento en mi vida en el que, curiosamente, desarrollé un español semejante al de las telenovelas y hablaba como con un acento latinoamericano. Me lo decía mi familia que era muy curioso. Entonces, pues yo creo que en mi formación, en mi adquisición de la lengua, y es algo que noto todavía hoy en día, tengo como una mayor receptividad a todas las variedades en las que entro en contacto.”. “Yo hablo catalán, entonces a lo mejor de golpe en vez de decir “no hace falta” digo “no cal, gracias” o cosas así; o yo hablo también asturiano, me pasa a veces que sin darme cuenta digo expresiones des asturleonés.”. “En ese sentido yo creo que, con respecto a potencial resolutivo, a capacidad de resolución, yo siento que en ese sentido a lo mejor puedo dar respuestas mucho más dinámicas, mucho más rápidas que otras personas. O sea, a lo mejor si se me plantean situaciones adversas en campos que no son los que domino, por ejemplo, en cualquier otro contexto a lo mejor que no sea la filología, que al final ya unos cinco años estudiándola y más o menos hemos dado una respuesta articulada a los problemas filológicos que se nos plantean. Si se me plantea de golpe un problema bancario, un problema de otro tipo, un problema familiar, un problema humano, de gestión emocional con otras personas, yo creo que en ese sentido a lo mejor doy una respuesta mucho más rápida que una persona que no haya pasado por un proceso semejante.”. “Con respecto a la gestualidad, a lo mejor esto de la lengua se marca también con la entonación y también con la propia gestualidad, pero en cuanto a gestualidad te puedes apoyar mucho en cosas como la expresión facial para saber el estado de ánimo de una persona, la manera en la que signa, o sea, no es lo mismo hacer signos como de manera, con aspavientos, que calmados, sosegados y tal. Entonces, en el sentido de la gestualidad, ayuda mucho, ¿no?” (Juan Carlos). “Yo creo que la velocidad, la agilidad mental, sí. Y el pensamiento. Yo analizo las cosas, pienso, porque tengo en cuenta que me tengo que dirigir a unas personas sordas que están en falta de conocimiento, malo, de su entorno y todo.”. “Sí, es verdad que he desarrollado mucho más la capacidad visual, porque sigo estando en el mundo del sordo y yo necesito visualizar para poderle a él trasladar el objeto, la situación. Porque yo, claro, si le digo que un coche se ha chocado con el otro, pues yo tengo que captar dónde estaba ese bollo, si era el coche rojo detrás, el coche rojo delante, ¿sabes lo que te digo? Entonces, yo tengo que desarrollar eso, porque yo solo tengo que dar el sordo, porque el sordo vive de eso. Su mundo es ese, que tú le tienes que trasladar aquí, a este espacio, el objeto, la forma, el lugar, todo. Entonces, claro, visualmente sí.” (María José). Sobre el debate acerca de las ventajas o inconvenientes que puede suponer el bilingüismo en el desarrollo y adquisición del lenguaje, Juan Carlos y Óscar han hecho varios comentarios que me han hecho llegar a algunas conclusiones: en el caso de Óscar, él afirma que en ningún momento ni él ni su hermano enfrentaron problemas a la hora de aprender a leer, hablar o escribir, tuvieron un 45
desarrollo satisfactorio en ambas lenguas. Juan Carlos, sin embargo, cuenta que a menudo ha experimentado lagunas con respecto al léxico oral (esto lo podemos relacionar con el fenómeno de TOT (tip of the tongue): se conoce una palabra pero no se puede recordar cómo era) o que tuvo problemas entendiendo en el instituto y en la adolescencia niveles de la lengua oral como la sintaxis (seguramente porque la lengua de signos tiene otra estructura sintáctica), no fue hasta que tuvo cierta edad que empezó a tomar una mayor conciencia. Además, explica que en la actualidad hay muchas expresiones cotidianas que a él le resultan ajenas y que no ha escuchado nunca, por lo que hay una diferencia en la edad a la que llega a aprenderlas; mientras que, por el contrario, presenta un conocimiento bastante amplio de palabras de nivel más culto debido a su educación escolar y universitaria. Lo mismo sucede con la lengua de signos: debido a que el código que se emplea dentro de su unidad familiar es un código más casero, aún hay palabras que no conoce y que está en proceso de aprenderlas; en este sentido, se podría decir que su tipo de bilingüismo no es un bilingüismo completo como explicaban Signoret Dorcasberro y Cuchet-Monterrubio (2024). También cuenta en su entrevista que siempre ha presentado una mayor sensibilidad a otras lenguas y que, cuando empezó a usar la lengua oral, se vio influenciado muy fácilmente por el acento de las novelas sudamericanas que veía su madre, lo que propició que tuviera durante cierto periodo de tiempo un acento sudamericano cuando nadie de su entorno lo tenía. En este sentido, Juan Carlos también comparte otro detalle interesante de destacar, y es que en ocasiones se dan en su caso interferencias entre ambas lenguas, es decir, en ocasiones le ocurre de forma de manera automática e inconsciente decir “gracias” o “de nada” en lengua de signos cuando esta no es la lengua objetivo. María José, por otro lado, no ha dado señales de que presentase problemas en su desarrollo y adquisición del lenguaje durante su crecimiento, al igual que Óscar. “En el caso de mi hermano, tampoco ha tenido ningún problema en ese aspecto, se ha desenvuelto satisfactoriamente desde chico con una lengua y con otra, también entiendo que porque estaba yo como referente y yo he podido guiarlo en ese sentido, no ha partido desde cero. Pero en mi caso no tuve problema, como hemos comentado antes, pero sí que es verdad que entiendo que en el caso de algunos CODA en concreto puedan presentar esa tesitura de “no sé desenvolverme bien en una lengua o bien en otra”.” (Óscar). “Pues mira, en un sentido yo sentía que, yo presentía que por ejemplo yo tenía ya un campo de comunicación mucho más accesible que muchas otras personas que era la lengua de signos. Pero por otro lado, yo no te lo he contado, te lo voy a contar también porque es muy gracioso, pero yo recuerdo que de pequeño cuando veía mi madre la novela, yo me quedaba muchas veces con ella y hubo un momento en mi vida en el que, curiosamente, desarrollé un español semejante al de las telenovelas y hablaba como con un acento latinoamericano. Me lo decía mi familia que era muy 46
curioso.”. “Yo que sé, yo hablo catalán, entonces a lo mejor de golpe en vez de decir “no hace falta” digo “no cal, gracias” o cosas así; o yo hablo también asturiano, me pasa a veces que sin darme cuenta digo expresiones des asturleonés.”. “Yo siento que en mi caso yo he tenido muy poco problema de aprender idiomas y han llegado incluso a este punto de incorporarse en mí que, por así decirlo, me salen expresiones sin darme cuenta, sobre todo si yo tengo cierta relación afectiva con esas lenguas, porque yo las percibo de una manera intensa. Pero luego yo recuerdo que conforme he ido creciendo, yo sí sentía cierta, no sé, como cierta vacío o cierta laguna en vocabulario, en manera de expresarme cuando era pequeño. O sea, yo hasta que no estuve con 16 años en la secundaria, me costó mucho entender cosas como la sintaxis, fonética… Yo recuerdo que el primer momento en el que yo entendí las subortinadas era en tercero o cuarto la ESO, que es como un momento en el que hice clic. Recuerdo que aprendiendo inglés, yo iba a inglés y escuchaba y ya está, y escribía cosas en inglés, pero no tenía como una conciencia, una verdadera conciencia sobre la lengua, sobre sus mecanismos lingüísticos, hasta más o menos a esa edad. Desde el punto de vista léxico, incluso yo a veces lo noto, ¿no? Porque a lo mejor tengo una base por así decirlo, digamos culta, del nivel sociocultural alto, asociada con mi formación académica, pero luego otro tipo de palabras o expresiones que son más cercanas a la coloquialidad, a un contacto diario con tus padres, a lo mejor siento que adolezco.”. “Pero es verdad que hay casos en los que, yo qué sé, pues estoy de golpe en una situación tipo biblioteca y como se entiende un silencio o algo por el estilo, pues cuando me dicen algo yo digo “gracias” en lengua de signos y no me doy cuenta. Imagino que por la situación de silencio o algo por el estilo. Entonces por ahí sí he sentido que a lo mejor he podido tener algún tipo de lapsus, de confusión, de usar un código que no se requiere en un contexto específico, pero es verdad que yo no he sentido muchos saltos fuertes al pasar de lengua de signos y al español. A lo mejor sí, al pasar de lengua española a lengua de signos.” (Juan Carlos). ANEXO 4: ¿Puedes contarnos un poco sobre ti? (edad, lugar de nacimiento, estudios, etc.) ¿qué miembros de tu familia usan la lengua de signos? ¿Cómo describirías tu experiencia de crecer en un hogar con padres sordos? ¿Cómo aprendiste a comunicarte con tus padres y con el mundo oyente? ¿Cómo se comunicaba tu familia entre sí? ¿Te has sentido alguna vez como un puente entre el mundo sordo y el mundo oyente? 47
¿Cómo te identificas culturalmente? ¿Te sientes parte de la comunidad sorda, de la comunidad oyente o de ambas? ¿Has experimentado alguna vez discriminación o incomprensión debido a tu condición de CODA? ¿Qué consejo le darías a otros CODA o a personas interesadas en el bilingüismo bimodal? ¿Cómo crees que la sociedad puede ser más inclusiva con las personas sordas y sus familias? ¿te consideras bilingüe? ¿Que lengua aprendiste primero? ¿cuál dirías que es tu L1 o lengua materna? ¿te consideras igual de competente en ambas? ¿Qué ventajas y desafíos has experimentado debido a tu bilingüismo? ¿Has notado alguna diferencia en la velocidad con la que procesas la información en cada lengua? ¿Has experimentado momentos de confusión al cambiar de una lengua a otra? La iconicidad significa que existe una semejanza entre el signo y su referente. ¿Podrías compartir alguna experiencia en la que hayas notado cómo la iconicidad de la lengua de signos te ha ayudado a comunicarte o a comprender mejor un concepto? ¿Has notado interferencias entre ambas lenguas? Es decir, ¿has notado que cuando hablabas español se colaba la lengua de signos o que cuando usabas la lengua de signos se ha colado la lengua oral? En mi trabajo uno de los fenómenos que estudio es la mezcla de códigos, por ejemplo digo “quiero” de manera oral y “comer” lo digo signando, ¿te pasa esto a ti? → si NO es así, qué se te hace más fácil, ¿hablar oralmente mientras signas, o usar solo una de las modalidades? La lengua de signos tiene una modalidad visual y gestual, ¿Sientes que tu experiencia con la lengua de signos ha fortalecido tu capacidad para prestar atención a los detalles visuales y espaciales? ¿Recuerdas alguna experiencia particular relacionada con el bilingüismo durante tu infancia? ¿Te sientes parte de alguna comunidad específica por ser bilingüe? ¿Hay alguna anécdota divertida o memorable que puedas compartir sobre una situación en la que usaste ambas lenguas? ¿Cómo sientes que el bilingüismo ha influido en tu identidad? 1. ENTREVISTA A ÓSCAR LÉRIDA. 48
N: ¡Hola! ¿Me escuchas? O: ¡Hola! Sí, te escucho. N: Vale, estupendo. No has tenido ningún tipo de problema con el enlace ni nada, ¿verdad? O: No, nada. N: Vale, es que es la primera vez que me pongo a enviar enlaces de Google Meets y digo “verás tú que la lío”. O: Qué va, qué va. He llegado bien, sin problema. N: Vale. Pues bueno Óscar, muchas gracias por acudir a la entrevista, porque no tengo la suerte de conocer a ninguna persona CODA de manera cercana y la verdad es que me vas a salvar un poco con el TFG. Así que muchas gracias. O: Me alegro mucho la verdad. Nada, nada. N: Te quería preguntar antes que nada si tengo tu permiso para grabar la entrevista, porque luego la tengo que transcribir y me gustaría tener tu confirmación. O: Sí, claro, sin problema. N: Vale, pues vamos al meollo y me gustaría que primero que te presentases un poco: tu nombre, qué estudias, dónde estudias, tu edad, dónde naciste… O: Vale, pues bueno, yo me llamo Óscar Lérida. Fui estudiante de la Universidad de Sevilla, cursé el doble grado en Filología Hispánica y Clásica. En 2019 empecé y acabé el año pasado. Ahora mismo estoy haciendo un doble máster: por una parte el MAES también en la US, por lengua y literatura, y después un máster en Lingüística Computacional que lo estoy haciendo pues a distancia. Y bueno, yo soy de aquí, llevo… Vamos, desde chiquitito, nací aquí y me crié aquí, y por ahora vamos a mantenernos de momento con intenciones de quedarnos por Sevilla. N: Estupendo. Vamos, que no te aburres con los estudios. O: Qué va, qué va. Pasé de un doble a otro doble, en fin. N: Tienes voluntad, tienes voluntad, yo no podría. O: Sí, sí, yo estoy ya acostumbrado a estar entretenido, haciendo una cosa y si no es otra, y digo mira, como me ponga a no hacer nada me aburro, me empiezo a comer la cabeza y digo no, no, a tope. 49
N: Haces bien, nunca está de más. Bueno, ya yendo un poco más a la cuestión de los CODA y tal, la primera pregunta sería que qué miembros de tu familia usan la lengua de signos. O: de mi familia… de mi núcleo familiar cercano manejamos la lengua de signos y hablamos la lengua de signos los cuatro componentes, es decir, tanto mi padre como mi madre, y después mi hermano y yo, los cuatro nos comunicamos por lengua de signos. N: ¿Y tú eres el hermano menor o el mayor? O: El mayor, el mayor. N: El hermano mayor, vale. O: Sí. N: ¿Y te has sentido, como hermano mayor, te has sentido alguna vez un puente entre el mundo sordo y el mundo de los oyentes? O: Sí, durante… vamos desde muy pequeño he estado acostumbrado a hacer de intérprete entre mis padres y cualquier persona oyente, desde sitios rutinarios como ir a hacer la compra, o a la hora de hacer cualquier tarea o reunión importante, siempre he tenido que estar yo a la hora de servir de intérprete, porque si no no hay manera. Por parte de atención al público, digamos, en cualquiera de las administraciones, pues no se brinda ese tipo de ayudas y tienen que ser los propios hijos o las propias personas cercanas a la persona sorda quien se encargue de que esa comunicación sea factible. Así que sí, sí. N: ¿Y eso ha supuesto algo para ti? O sea, ¿algunas vez te has visto en una situación en la que hayas dicho “siento mucha presión” por tener que hacer de intérprete, o lo has llevado bien y nunca te has notado agobiado por la situación? O: A ver, como lo he hecho, como ya te comentaba, al tener que experimentar y tener que hacer de intérprete desde muy chico, no tengo el recuerdo de no hacer nada, sino al contrario, siempre he estado acostumbrado, es como “bueno, ahora se ha roto algo, pues ahora voy a llamar a no sé quién para decirle que ha pasado esto” o “mi madre tiene que ir a hacerse una revisión, pues venga ahora voy a coger esta cita y voy a dejar la tarde libre para poder acompañarla y hacer tal”. Sí que es verdad que en gestiones ya más burocrática en el sentido de seguros, se ha partido no sé qué, hay que hablar con el banco, no sé qué, ahí sí que me he llegado a sentir un poco más abrumado, porque claro, no tenía la experiencia y no sabía cómo manejarlo. Sí que podía preguntar a otro entorno: a mis tíos, que son oyentes, o a mi entorno más cercano, pues intentar preguntarle “oye, esto cómo se hace, o ¿esto es así?”. Pero, sí que es verdad que en ese tipo de situaciones que son más serias, pues 50
me he sentido un poco abrumado. Pero bueno, mirándole el lado positivo, en ese sentido sí que he salido más preparado que quizás otras personas de nuestra edad al tener que hacer frente a este tipo de gestiones que quizás, hasta que no tengas un piso o hasta que no tengas una edad más avanzada no te llevas a enfrentar a lo largo de la vida. N: Comprendo, vale, vale. ¿Y cuándo empezaste a aprender la lengua de signos? ¿Lo recuerdas? O: Pues como lo primero, pues aquí te digo lo mismo: no me acuerdo. Ya desde chico, mi madre… Bueno, mis padres nos decían que, sobre todo conmigo, que desde los tres… cuatro años, ya empezaba… como me daba cuenta de que no me escuchaban a la hora de yo llamar su atención y tal, pues sí que empezaba como a gesticular, ya que veía que gesticulaban y hablaban entre ellos usando gestos, pues me daba cuenta de que no me oían, pues intentaba siempre a la hora de llamarlos pues tiraba del vestido, le decía “oye mamá”. Siempre intentando buscar su atención visual. E imagino que como cuando uno aprende a hablar español: ¿te acuerdas de cuando hablaste español? Pues no, pero desde chico al estar empapado en ese entorno sordo acabas desarrollándolo. ¿Que cuál hablé antes: si la lengua de signos o el español? Pues ahí tampoco te sé decir, porque yo los primeros recuerdos que tengo ya son desarrollándome y envolviéndome tanto en el español oral como en la lengua de signos española. N: Entonces vaya, ¿podrías decir que ambas son tu lengua materna? O: Sí, exactamente. En ese sentido podríamos decir que tanto mi hermano como yo, somos bilingües. N: Vale, estupendo. ¿Te consideras igual de competente en ambas lenguas? A pesar de que ambas sean la lengua materna, hay alguna en la que digas “me desenvuelvo mejor en la lengua oral, o en la lengua de signos”. O: A ver, claro, te diría que me desenvuelvo mejor en la lengua oral, pero por qué: porque yo la lengua de signos, sí que es verdad que con mis padres no hay problema, y con mis tías por parte materna tampoco tengo ningún problema. Pero no sé yo si llegaría a ser igual de competente quizás comunicarme con otras personas sordas, ya que cuenta con un vocabulario muy distinto, cuenta quizás con unas estructuras que no logro llegar a concretar bien y, claro, yo al fin y al cabo estoy acostumbrado a la manera… a la forma de hablar lengua de signos de mis tíos, de mis padres, que puede ser totalmente distinta a la de otra comunidad sorda. De hecho, a la hora de llevar a cabo mi TFG pues me pude dar cuenta de eso, de que no todos los sordos hablan de la misma manera, al igual que hay una gran variedad de formas de hablar el español. Sí que te diría que me manejo con 51
más soltura a la hora de hablar con cualquier persona oyente, pues con el español oral, pero con mis padres y con mi núcleo cercano en lengua de signos no hay ningún problema. N: Estupendo. Luego, la siguiente pregunta sería si alguna vez has experimentado alguna ventaja o desafía en relación a tu bilingüismo; o sea, ¿en los estudios has experimentado alguna ventaja? aprendiendo idiomas, por ejemplo. Que hayas dicho “mira pues gracias a mi bilingüismo tengo más facilidad”. O: Bueno, a ver, supongo que eso sí que me ha prestado ciertas herramientas y me ha brindado un aporte extra a la hora de aprender quizás segundas lenguas, como el inglés, porque actualmente hablo además del español y la lengua de signos española pues también me comunico en inglés y también soy capaz de comunicarme en italiano. No sé si… vamos imagino que sí, yo de esto sé poco, pero no me cuesta ponerme a aprender una lengua y si a mí me nace decir “pues me apetece ahora ponerme con cualquier otra” pues digo “vale, me voy a poner”. Quizás en ese sentido sí que podría decir que tengo más soltura. Pero quitando lo relacionado con las lenguas estrictamente, yo creo que en ese sentido no me ha aportado tampoco mucho. N: Vale, luego, ¿has notado alguna diferencia en la velocidad en la que procesas la información en una lengua y en otra? O: ¿Por ejemplo? No sé… N: Por ejemplo… Los tiempos de respuesta: uno de los estudios que estoy investigando y tal es que dependiendo de la destreza que tengas en una lengua y en otra procesas la información con mayor o con menor velocidad, y eso se mira con los tiempos de respuesta en las actividades. O: No, yo diría que tanto en una lengua como en la otra los tiempos de respuesta para mí son iguales, idénticos, tal cual recibo la información pues procedo a comunicarme y a dar una respuesta sin tardar en ello demasiado. N: Estupendo. ¿Has notado momentos de confusión cuando cambias de una lengua a otra? O: No, la verdad es que no. De hecho, soy capaz de mantener una conversación signando al mismo tiempo que voy hablando y no tengo ningún problema en ello. (Empieza a signar) Ahora puedo comunicarme contigo tanto con el español hablado como con la lengua de signos española y no necesito decir “espera que me estoy confundiendo” (deja de signar). Quizás al cambiar de dos lenguas orales ahí sí que habría más problema, pero ahora mismo no. También entiendo que será el canal, porque son dos canales distintos: en uno estamos utilizando pues el canal auditivo y en el otro es más gestual, así que ningún problema. 52
N: De hecho, ahora que has hecho lo de las dos modalidades juntas, otro de los estudios que estoy leyendo… porque yo tu TFG me lo he leído, he estado ahí ojeando, y uno de… que me pareció curioso y miré si hablabas de ello, porque vi que hablabas de la iconicidad en tu TFG, y en el mío también algo de la iconicidad y tal, y digo “voy a mirar si Óscar habla sobre este otro fenómeno”, y es la mezcla de códigos. Que es básicamente decir “quiero” en lengua oral y “comer” en lengua de signos, por ejemplo. Entonces yo te quería preguntar si hay momentos en los que, en contextos de bilingüismo, hablando por ejemplo con tu hermano que está en la misma situación de CODA que tú, ¿hay veces en las que estés hablando de manera oral y te salga con él utilizar también la lengua de signos? O: Sí, sí, sí. La mayor parte del tiempo, cuando estoy comunicándome con mi hermano nos apoyamos y nos comunicamos con el español oral, pero sí que es verdad que a veces, cuando no nos sale algo… la palabra exacta no nos sale en español oral, pues sí que tendemos a adaptarlo a la lengua de signos. Pero de normal, de primeras, es todo con el español oral. Además que tendemos mucho, como somos bilingües tanto en una lengua como en la otra, tendemos también mucho a la gesticulación, a estar con los brazos en alto, y es como que no sabemos estar quietos. Y al final pues de tanto gesticular acabamos apoyándonos y acabamos mezclando también la lengua de signos para clarificar y profundizar en esa idea concreta que estemos manteniendo en ese momento. N: Vale. Bueno, esta pregunta… la siguiente ya me la has respondido antes, así que… Luego, hay una cuestión, que también he estado trabajando, que es un debate sobre si el bilingüismo supone ventajas o inconvenientes, que está un poco en relación con lo que hemos hablado antes. Pero también últimamente se está hablando de que algunas veces las personas CODA como tú tienen dificultad en el colegio a la hora de aprender a hablar, leer o escribir. Me has comentado que tú no, pero ¿qué piensas sobre esta concepción o idea que hay últimamente en la sociedad? O: La verdad es que no ha llegado a mí esa información en investigaciones de ese estilo, pero sí que es verdad que, a ver, al ser dos lenguas totalmente distintas es probable y comprensible que a una edad temprana en la que estás desarrollando el lenguaje, como te encuentras en la mitad de dos mundos distintos, tu mente no termine de procesar ni termine de adaptarse bien a una parte, afectando al español oral, o bien afectando a la lengua de signos. Pero claro, yo entiendo que eso ya llega un momento en el que te acabas adaptando, pero que al principio sí que necesites apoyarte en logopedas o tengas que apoyarte ya sea en el desarrollo de una lengua o de otra. En el caso de mi hermano, tampoco ha tenido ningún problema en ese aspecto, se ha desenvuelto satisfactoriamente desde chico con una lengua y con otra, también entiendo que porque estaba yo como referente y yo he podido guiarlo en ese sentido, no ha partido desde cero. Pero en mi caso no tuve problema, como 53
hemos comentado antes, pero sí que es verdad que entiendo que en el caso de algunos CODA en concreto puedan presentar esa tesitura de “no sé desenvolverme bien en una lengua o bien en otra”. N: Claro, vale. ¿Tienes alguna anécdota o experiencia relacionada con tu bilingüismo? O: Bueno, anécdotas muchas, la verdad. Ser bilingüe en ese aspecto, de una lengua oral y de una lengua de signos aporta bastantes ventajas, sobre todo cuando quiero hablar con mi hermano sobre alguna cosa en la calle por ejemplo y que no quiero que… estoy hablando de alguien que tenemos al lado nuestro y no queremos que esa persona se entere, pues me pongo a hablar con lengua de signos y claro, podemos criticar o hablar de lo que sea que esté haciendo esa persona sin que ella se dé por aludida. Y también, a ver, esto no es tan bueno, por parte… o sea, es un poco feo, pero bueno, lo típico de que en el instituto o en el colegio cuando tienes tutoría con tus padres y que el profesor llama a tus padres para hablar sobre cómo sigue el niño y tal, pues ahí sí que es verdad que mi hermano y yo hacíamos la triquiñuela de que cuando nos dice algo que esté mal nosotros “no, no, todo bien, todo bien, está perfecto”, e intentamos colarle un poco la bronca de “este examen lo ha hecho fatal” o “este la ha liado y ha hecho no sé qué con el otro”, eso lo intentamos como camuflar y eso sí que es verdad que me hacía mucha gracia porque después lo hablaba con mi hermano y es como “el profesor ha dicho esto pero le he dicho esto a papá”. Anécdotas así un montón, pero bueno, no es tan buena esa parte. N: Bueno, sus ventajas tiene. O: Anécdotas son y sus ventajas exactamente están ahí, la verdad. N: Estupendo, me encanta. Culturalmente, ¿cómo te identificarías tú culturalmente? O sea, más cerca a lo que sería la comunidad sorda, algo intermedio entre las dos, o plenamente parte de la comunidad oyente? O: Quizás tendería más o me siento más vinculado con la comunidad oyente pero porque en mi entorno cercano no hay nadie o no conozco de primera mano a ninguna persona sorda que sea de nuestra edad. Sí que conozco a los amigos de mis padres y con ellos pues sí que tengo vinculación pero no es lo mismo, no está evidentemente… no hay el mismo acercamiento con una persona que te saque treinta o cuarenta años que alguien que sea de tu edad, que esté pasando por los mismos procesos que tú, que tenga los mismos estudios, las mismas inquietudes, y en ese sentido sí que es verdad pues que me vincule más o me sienta más cercano a la comunidad oyente. Pero, tengo la suerte de que estoy a caballo entre una y otra, es decir, puedo después perfectamente relacionarme y puedo mimetizarme en comportamientos o gustos pues de personas de la comunidad sorda gracias a mis padres, porque me presentan, porque puede conocer a los amigos, puedo saber qué hacen, su 54
JC: Pues la verdad que, en efecto, mi crecimiento y mi crianza está muy marcada por ese hecho, porque ha hecho que desarrolle por así decirlo unos pasos, unas etapas vitales, a veces a lo mejor adelantadas, y otras veces sobre todo de gestión en relación con las cosas de mis padres. Por ejemplo, mi padre tiene una cardiopatía, entonces para mí era muy común ir al hospital desde los 7 u 8 años, acompañar a mis padres a la revisión de cardiopatía cada 6 meses. Por ejemplo, tenía que ir al hospital de Úbeda, que es el hospital más cercano que había entonces en mi pueblo para ese tipo de revisionesm, y tenía que adecuarme y enterarme de todo lo que me decía el médico en ese sentido. O, por ejemplo, muchas cosas del banco me encargo yo de gestionarlas con mi familia. Yo era la persona que sabía hablar y además tenía un dominio de la lengua estándar española, porque sabía escribir, sabía leer, sabía hablar, a diferencia de mis padres, que mi madre era una alfabeta por su situación y mi padre tiene un dominio mínimo de la lengua estándar, pues yo tenía que manejar más o menos todas esas cosas. Yo hablaba con la gestora para que desarrollara la declaración de hacienda, iba con mis padres para consultar cualquier tipo de duda con respecto al banco, tipo no hay una factura que no es, piden un crédito a mis padres y voy a gestionarlo y cosas del estilo. Entonces yo sí siento que mi infancia está marcada por muchas cosas de ese estilo que a lo mejor han hecho que yo tome conciencia de ellas mucho antes, pero que a lo mejor tú dices que no son propias de una infancia normal, que estés tú con 10 años yendo al banco a darle explicaciones sobre la situación financiera de tus padres o que vayas constantemente a una revisión de cardiólogo. N: Entonces podríamos decir que básicamente tú has actuado en tu familia un poco como puente, ¿no? JC: Exacto, sí. Yo creo que eso es algo que si entrevistas a otros CODAS lo vas a ver también muy bien y yo creo que se habla incluso de eso, que efectivamente los CODAS yo creo que somos unos mediadores, como traductores de nuestros padres, ¿sabes? N: Claro. Entonces ¿tú cómo aprendiste la lengua oral? Porque, claro, o sea ¿cuál dirías que es tu lengua materna? JC: Pues mira a mí me cuesta en ese sentido decirlo, porque yo en todo caso diría que he tenido un proceso de adquisición lingüística bilingüe. En el sentido de que he aprendido la lengua de signos de manera paralela. Yo recuerdo, mi madre me decía que cuando era pequeño, muy rápido, por ejemplo, los hijos desarrollábamos gestos relacionados con el hambre, con el dolor, tipo el gesto del biberón, ¿no? O hacíamos así porque queríamos comer o lo que sea. En cambio, yo es verdad que mi crecimiento ha estado marcado también porque yo tenía en casa la presencia de una persona que se hablaba, que era mi hermano José Miguel, que es mi hermano mayor, que me saca diez años. Entonces, yo en ese sentido, es verdad que tenía a lo mejor un contacto lingüístico mucho más 61
intenso que él, que él en casa no tenía a nadie cuando creció. Y a eso hay que sumarle también el hecho de que yo he estado yendo a guardería a lo mejor desde el año así. Y bueno, es cierto que también hemos tenido otros miembros familiares, tipo la hermana de mi padre que habla, mi abuelos de parte materna que también hablan, pero es cierto que el contacto con el resto de la familia, como estábamos en un pueblo y de difícil acceso por vía de comunicación, y además ninguno de mis padres tiene carnet de coche ni nada por el estilo, entonces establecer un contacto prolongado con ellos y pensar que ellos a lo mejor tenían un tipo de repercusión verdaderamente en mi formación lingüística, en mi proceso de adquisición de la lengua, yo creo que es algo más accesorio. Yo creo que ha sido sobre todo un proceso bilingüe relacionado con mis padres en cuanto a la lengua de signos, bastante fuerte, y el que yo he estado más expuesto, diría yo, porque cuando eres un bebé con quien más pasas tiempo es con tus padres además de, pues imagino que la influencia de mi hermano como persona hablante y también al final de la guardería. N: Vale, estupendo ¿Cómo te identificas culturalmente? ¿Te sientes parte de la cultura sorda obviamente por parte de tus padres o como oyente te sientes realmente más parte de la cultura oyente? O algo intermedio, que también puede ser. JC: A ver, yo... Es cierto que a lo mejor no... Yo creo que hasta que no tomé como más conciencia tipo de me gustos, de cosas por el estilo más o menos hasta la adolescencia es verdad que a lo mejor estuve siempre en un ámbito mucho más cerrado en la cultura sorda en el sentido de que por ejemplo yo no empezaba a escuchar música de manera intensa hasta la adolescencia, definir mi gusto musical en ese sentido. Y es verdad que mi contacto con la comunidad sorda siempre ha estado muy restringido. Es verdad que ha sido muy cercano porque lo he estado viviendo de manera diaria desde que nací hasta los 18 años todos los días, pero es verdad que yo creo que no hay muchos elementos como de la cultura sorda específicamente con los que haya conectado. Es cierto que siempre hemos tenido esa sensibilidad especial mi hermano y yo de ser conscientes de la situación de nuestros padres y de actuar y desempeñar un rol agente en ello, no sé, hacer de intermediadores y ayudar siempre en todo lo posible para que no tuviera un problema la comunicación con otras personas. Por ejemplo yo me acuerdo que hacíamos teatro mi hermana y yo y muchas veces nos poníamos como intérprete de signos en nuestras respectivas obras turnándonos, pero es verdad que yo sí creo que he desarrollado como un tipo de cultura muy diferente a la de mis padres. Sobre todo porque, claro, mis padres también vienen marcados de un ámbito muy concreto socioculturalmente, bajo porque mi madre era de un pueblo muy pequeño de 400 habitantes en el que ya de por sí que una chica accediese en los 70 a la educación era muy difícil pues puede imaginar las trabas que supone como una persona sorda. Entonces mi madre de por eso es analfabeta; o el caso de mi padre que la discapacidad en su caso procede de un problema clínico: él 62
tuvo meningitis a los nueve meses de nacer y mi padre es muy mayor, o sea, tiene 76 años, entonces, tú piensa que tu hijo tiene meningitis en los años 50, además de que es una historia muy curiosa, porque a mi abuela y todo, claro, tenía a todo el mundo miedo era como muy receloso, volaba mucho la superstición, incluso les daba miedo como aplicar medicina a los niños, porque decían, ay no, no sé fíjate lo que está rulando ahora la gente con las vacunas y cosas del estilo, pues imagínate tú en los 50. Entonces pues no tuvo tampoco un acceso a una educación muy fuerte, entonces como que desde su parte el acceso a la cultura ha sido mucho más restringido, ha sido algo en lo que yo me he abierto más intensamente por mí mismo y yo creo que al abrirme yo a ello, me siento como más perteneciente a ese tipo de cultura, a la cultura de haber ido a teatro, de escuchar mucha música que me gusta, de leer obras que he empezado ya descubriendo y cosas del estilo. N: Claro, vale, vale. ¿Has experimentado alguna vez discriminación o incomprensión por tu condición de CODA? JC: Sí, o sea, suele ser, yo creo que sobre todo en etapas iniciales de la educación, suele ser un foco concreto de algunas personas que yo creo que, no sé, o que no entienden lo que es verdaderamente tener unos padres sordos o que de verdad son malas personas. Porque es verdad que yo sí recuerdo episodios de burlarse conmigo por el tema de tener padres sordos. O que una burla general era que se ponen a hablar contigo a lo mejor a veces y se ponen a imitar gestos de manera arbitraria, ampulosa, de manera fingida. Y eso yo sé que nos ha pasado tanto a mí como a mi hermana Marisol y como a mi hermano mayor José Miguel. Mi hermano mayor José Miguel yo creo que fue incluso peor, porque yo creo que su hecho fue todavía más sonado, porque era la primera vez que a lo mejor que iba un niño al colegio que era CODA de verdad y tenía unos padres sordos. Entonces en el caso de mi hermano incluso a veces lo amenazaban físicamente y todo, como que era como un objeto de burla por el hecho de tener padres sordos. N: Qué fuerte. Y desde este punto de vista, ¿tú qué consejo le darías a otras personas CODA que a lo mejor son más jóvenes que tú y que están también aprendiendo lengua de signos y que se ven en la misma situación que tú? JC: Pues mira, yo la verdad que teniendo en cuenta que ahora hay muchos medios de acceso online, vía telemática, por ejemplo el proyecto que han hecho nuestras compañeras del proyecto de Conexión CODA, yo creo que es muy buena iniciativa tomar conciencia activa de ese, por ejemplo, del sistema de la lengua de signos estándar. Sobre todo porque si tomas conciencia de ese punto de vista, tú vas a tener la capacidad de adaptarte a lo mejor a la manera en la que signas en tu casa, de una manera mucho más coloquial, pero luego además vas a poder desarrollarte en otros contextos mucho más amplios y a lo mejor vas a poder sensibilizarte en mayor medida con todo lo que 63
representa la cultura de lengua de signos, ¿no? Porque yo he estado, ya he acompañado a mi padre en estas asociaciones y cosas del estilo, pero yo sentía que no conectaba en esos sitios, a veces tenía problemas en la comprensión de todo el mundo. Era como te he dicho, algo muy centrado en mi entorno familiar. Entonces yo creo que deberían aprovechar esa gran facilidad que van a tener y acceder en ese sentido a la lengua de signos estándar para ampliar su mira de horizontes con respecto a la comunicación con la comunidad sorda. Vaya a ser mi consejo, sin duda. N: Vale, pues me parece perfecto, la verdad. Y continuando en la misma línea, ¿cómo crees que la sociedad podría ser más inclusiva con las personas sordas y con su familia? JC: Pues mira, yo creo que lo primero sería que posiblemente dieran como guías o por lo menos un conocimiento superficial, ya no solo con las comunidades sordas, sino con cualquier tipo de colectivo que pueda tener algún tipo de comunicación, en el que tenemos que tener en cuenta que vivimos en un modelo social en el que la comunicación entre personas, entre individuos, es algo obligatorio. O sea, en algún momento tú vas a tener que ir al médico, en algún momento tú vas a tener que ir al banco, hacer la compra, cosas de gestiones habituales entonces no puede ser que vivíamos en la sociedad del siglo XXI y que haya personas que se encuentren con trabas de ese tipo, o sea en el mismo sentido en el que el acceso a ese tipo de centro para personas con discapacidad móvil está facilitado, se debe pensar también en facilitaciones o en mejoras del sistema para que las personas tipo sordas o ciegas en general, por ejemplo, puedan comunicarse de manera más adecuada con esos responsables. Y yo creo que no es una queja que haya venido de manera general o focalizada en el sistema, porque como te digo, en el caso de los ciegos, por ejemplo, si hay un desarrollo casi pleno de la escritura en braille en muchos sitios o la dificultad de acceso móvil, pero es que en el caso de la comunidad sorda los CODA han jugado un papel en mi opinión muy importante, porque han hecho siempre de mediadores hasta, bueno, yo creo que aunque deje de ser miembro en tu unidad familiar a partir de los 18 años y vuelves del nido, aún así sigues tramitando muchas gestiones de tus padres y cosas del estilo. Yo sigo hablando con la gestora de la declaración de Hacienda y sigo yendo al hospital con mi padre, siempre que estoy en el pueblo o me voy de, o por ejemplo, se operan a mi padre, bueno, además de que se operan a mi padre, voy a verlo porque es mi padre, pero yo sé que toca estar allí en concreto asumiendo un rol específico. Tipo, le toca decir a la señora “mi padre toma tal medicamento, tal, tal, tal, lleva sin comer no sé cuántas horas, se ha pinchado no sé cuántas inyecciones”. Entonces yo creo que en los sistemas de verdad, en el sistema público, se debe fortalecer eso, ya sea bien con la contratación de un mayor número de intérpretes, que, por ejemplo, eso es algo que en mi pueblo se ha vivido de manera súper reciente. Por ejemplo desde hace un año y medio se implantó por fin una intérprete gratuita por parte del ayuntamiento, pero es verdad que es como una intérprete que es que porque rota por toda la 64
provincia exportó, la diputación de Jaén entonces como que solo puede acceder a ella durante X meses durante el año. Pues que ese tipo de cosas, ese tipo de medidas, se implanten con mayor intensidad o que tengan en cuenta el porcentaje de personas sordas por territorio para hacer ese tipo de rotaciones, pues mucho más justa, en el sentido de que si va a haber una mayor demanda en un territorio de ese tipo de servicios, que se potencie más en esos sitios. Aunque yo creo que en general debería existir como un servicio, o sea, yo creo que debería ser un funcionario público que estuviese al servicio de los ciudadanos para poder ayudar en todo tipo de cosas. Y bueno ya estaría genial que las personas que trabajan de cara al sector público, de cara al público, estuviesen sensibilizados desde el principio con que pueda aparecer una persona que sea sorda, y no solo sorda, sino con otro tipo de discapacidad, como sordociega o cosas por el estilo, y que sepan dar una respuesta adecuada ante ese tipo de situaciones, o sea, que no suponga una parálisis de golpe y una ruptura totalmente en la comunicación, porque eso implica fallar como sociedad, ¿no? Si parte de nuestros ciudadanos no tienen acceso a los servicios básicos como en nuestro país, como ir al médico y educarse, cosas por el estilo. Mira, te voy a poner otro ejemplo con respecto a la educación porque yo creo que es muy curioso: mi madre ha tomado la iniciativa ahora que está jubilada de ir a la escuela de adultos porque quiere aprender a escribir y quiere aprender a leer, porque claro ella se da cuenta de la barrera que supone eso en la sociedad de hoy en día, y entonces pues estamos teniendo problemas en ese sentido porque se está retrasando mucho la contratación de una intérprete de lenguaje de signos, una intérprete de lenguaje de signos en el propio ayuntamiento para que dé una asistencia diaria a mi madre en esa escuela. Porque claro, no hay un docente preparado para enseñar a personas con discapacidad auditiva. Y claro, yo imagino que el aprendizaje en ese sentido, además de una persona adulta en la que el desarrollo cognitivo no es exactamente igual que el de un niño, exige adaptaciones concretas. Yo no puedo enseñar a una persona a leer por cómo suenan los sonidos, por cómo suenan las vocales, las consonantes, sino que yo imagino que tiene que ser un proceso totalmente diferente. Así que, pues, en ese sentido yo creo que en general se debe reforzar la asistencia a las personas sordas desde el punto de vista del sistema público, sobre todo para que no tengan impedimentos ni trabas en el acceso a cualquier tipo de servicio. N: Claro, es que, bueno, porque me acabo de acordar ahora mismo. La semana pasada le hice también una entrevista a Oscar Lérida, no sé si lo conoces. JC: Sí, lo conozco. N: Pues Juan Pablo Mora, que es mi tutor del TFG, me pasó una grabación de su presentación del TFG, y él tuvo que hacer de intérprete para su madre porque Juan Pablo Mora solicitó una intérprete 65
y no se la pudieron proporcionar. Él en su misma presentación, tuvo que ejercer como intérprete y de nuevo por lo mismo, porque no le proporcionaban ningún tipo de ayuda ni de facilidad. JC: Claro, es que es una traba constante, yo creo. Y fíjate que yo creo que ha sido un paso muy elegante, por lo menos en el ámbito pequeño de mi comarca, que se haya podido hacer de una intérprete, porque en mi vida mi padre me había dicho que lo había acompañado en interpretar al médico. A mí eso me sorprendió. Pero aún así, yo veo bastante limitación en ese sentido. Yo sé que no se puede conseguir todo del día a la mañana, pero yo creo que a esta altura sí que se debe exigir una mayor responsabilidad por parte del ente público, porque es un problema muy serio. Por muy minoritaria que sea, no puede ser que una fracción de la población tenga impedido el acceso a los servicios. N: Claro. Y volviendo al tema de un poco puente entre las dos culturas, que es el tema de la biculturalidad y tal, ¿te has sentido alguna vez abrumado por tener que ejercer como mediador? Tipo, “la situación me está sobrepasando” o “me estoy sintiendo un poco presionado” o “me estoy sintiendo un poco agobiado”. ¿Has sentido esas emociones alguna vez viéndote en esas situaciones? JC: Sí, sí. O sea, claro, cuando eres un niño tú piensas, ¿por qué hago cosas que no hacen los demás niños? y aparte de eso y piensas constantemente “joder tengo que ir todo el rato al médico, mi padre está todo el rato pidiéndome cosas”. Es que además, claro, en el caso de mis padres le tengo que sumar el hecho de que son analfabetos: mi madre analfabeta y mi padre, no llega a tener una comprensibilidad total a lo mejor de una carta formal, entonces en ese caso yo tenía que dedicarme muchísimo de familia, porque tenía que leer todas las cartas que le llegaban con diez años, le tienes que acompañar al banco constantemente, que para mí eran como un universo de números y cifras súper complejos, tener que ir al médico y al hospital, que además en mi caso implicaba coger un bus a las siete de la mañana, pasar toda la mañana en otra ciudad, faltar un día entero a clase y volver luego sobre las 3 de la tarde. O sea, para mí era como un esfuerzo increíble y yo desde entonces además lo veía así, a pesar de que no estaba a lo mejor tan cargado de trabajo como hoy en día, pero yo decía, ¿por qué tengo que hacer tantas cosas? Porque no tenía a lo mejor una reflexión verdadera sobre las dificultades de mis padres, pero yo me sentía como una persona que tenía que hacer muchísimas cosas por mi familia, y como no tenía a lo mejor ese espíritu crítico todavía desarrollado, me comparaba constantemente con otros niños. Yo decía, estos niños no tienen que hacer todo esto, porque me toca a mí, porque me toca a mí, ¿sabes? N: Pero a la vez, ¿has sentido que eso ha hecho que desarrolles una sensibilidad un poco más diferente a la gente de tu edad? 66
JC: En ese sentido yo creo que, con respecto a potencial resolutivo, a capacidad de resolución, yo siento que en ese sentido a lo mejor puedo dar respuestas mucho más dinámicas, mucho más rápidas que otras personas. O sea, a lo mejor si se me plantean situaciones adversas en campos que no son los que domino, por ejemplo, en cualquier otro contexto a lo mejor que no sea la filología, que al final ya unos cinco años estudiándola y más o menos hemos dado una respuesta articulada a los problemas filológicos que se nos plantean. Si se me plantea de golpe un problema bancario, un problema de otro tipo, un problema familiar, un problema humano, de gestión emocional con otras personas, yo creo que en ese sentido a lo mejor doy una respuesta mucho más rápida que una persona que no haya pasado por un proceso semejante. Bueno, esto claro, tenéis que tener en cuenta que la única manera que tienes de curtirte desde el punto de vista humano no creo que sea teniendo padres sordos, sino que también hay muchas maneras, ¿no? O sea, hay muchas personas que se encuentran en situaciones minoritarias que hacen que desarrollen una madurez mucho más temprano. Entonces, yo creo que en ese sentido, pues, como que se dice siempre que son más maduros los CODA, que tienen una mayor madurez integrada, porque es que cuando tú aprendes a ir a ese tipo de sitios desde pequeño… yo recuerdo que a mí me pasó que a los 14 años no quería ir al médico con mis padres, porque yo ya estaba tan acostumbrado al médico que sentía que era más rápido ir yo solo al médico y yo iba solo al médico de los 14 años cuando me cambiaron del pediatra al médico de familia. o ese tipo de cosas. Entonces yo me sentía lo suficientemente cómodo en ese sentido como para hacer ese tipo de gestiones solo. N: Y volviendo ya a tu situación de bilingüismo, porque a ver, no te he explicado, se me ha pasado, no te he explicado de qué va mi TFG, pero básicamente va sobre la situación de biculturalidad, que es lo que hemos estado hablando, un poco de ejercer como puente entre ambas culturas y las respectivas consecuencias que ello conlleva; pero también sobre el bilingüismo bimodal, que es básicamente el bilingüismo que tú presentas, un bilingüismo en dos modalidades, una oral y otra en lengas de signos, ¿no? Entonces, volviendo de nuevo al tema del bilingüismo, ¿crees que has presentado a lo largo de tu vida ventaja o desafío debido a tu bilingüismo? ¿Crees que tu bilingüismo te ha supuesto algún tipo de ventaja o algún tipo de desventaja por el contrario? JC: Pues mira, en un sentido yo sentía que, yo presentía que por ejemplo yo tenía ya un campo de comunicación mucho más accesible que muchas otras personas que era la lengua de signos. Pero por otro lado, yo no te lo he contado, te lo voy a contar también porque es muy gracioso, pero yo recuerdo que de pequeño cuando veía mi madre la novela, yo me quedaba muchas veces con ella y hubo un momento en mi vida en el que, curiosamente, desarrollé un español semejante al de las telenovelas y hablaba como con un acento latinoamericano. Me lo decía mi familia que era muy curioso. Entonces, pues yo creo que en mi formación, en mi adquisición de la lengua, y es algo que 67
noto todavía hoy en día, tengo como una mayor receptividad a todas las variedades en las que entro en contacto. No sé si es que yo tomo a conciencia de manera inconsciente de otras lenguas a partir partir de eso, y la adquisición de la lengua para mí se convierte en un proceso diferente. O sea, a mí me cuesta mucho, a lo mejor, entrar en contacto con una variedad lingüística concreta que estudio de manera asidua o que a lo mejor yo valoro mucho, y sin darme cuenta incorporo expresiones de ese tipo de variedades. Yo que sé, yo hablo catalán, entonces a lo mejor de golpe en vez de decir “no hace falta” digo “no cal, gracias” o cosas así; o yo hablo también asturiano, me pasa a veces que sin darme cuenta digo expresiones des asturleonés. Y con respecto a problemas y desafíos que yo he podido… Eso a lo mejor se puede considerar una ventaja, porque es cierto que da lugar, como, es un poco esta idea de… No sé si conoces a Antonio Benítez Burraco, pero él trata mucho esto: el contacto de lenguas, la mente de un bilingüe, la que se combinan como expresiones, un poco… ten en mente a los llanitos que tienen como una mezcla de inglés y español, andaluz perfecta que hasta sombra. Eso a lo mejor en cuanto a beneficio, porque yo siento que en mi caso yo he tenido muy poco problema de aprender idiomas y han llegado incluso a este punto de incorporarse en mí que, por así decirlo, me salen expresiones sin darme cuenta, sobre todo si yo tengo cierta relación afectiva con esas lenguas, porque yo las percibo de una manera intensa. Pero luego yo recuerdo que conforme he ido creciendo, yo sí sentía cierta, no sé, como cierta vacío o cierta laguna en vocabulario, en manera de expresarme cuando era pequeño. O sea, yo hasta que no estuve con 16 años en la secundaria, me costó mucho entender cosas como la sintaxis, fonética… Yo recuerdo que el primer momento en el que yo entendí las subortinadas era en tercero o cuarto la ESO, que es como un momento en el que hice clic. Recuerdo que aprendiendo inglés, yo iba a inglés y escuchaba y ya está, y escribía cosas en inglés, pero no tenía como una conciencia, una verdadera conciencia sobre la lengua, sobre sus mecanismos lingüísticos, hasta más o menos a esa edad. Desde el punto de vista léxico, incluso yo a veces lo noto, ¿no? Porque a lo mejor tengo una base por así decirlo, digamos culta, del nivel sociocultural alto, asociada con mi formación académica, pero luego otro tipo de palabras o expresiones que son más cercanas a la coloquialidad, a un contacto diario con tus padres, a lo mejor siento que adolezco. Es verdad que ya no tanto, porque también es verdad que yo hasta los 16 años no empecé a tener un contacto intenso con amigos y tal de verdad, y yo a partir de ese momento, pues eso reforzó mucho esas lagunas que tenía, pero con respecto a estudiar lengua, con respecto a esa idea de que tengo lagunas en el vocabulario y cosas así, yo las sentí hasta los 16 años y a veces tengo como lagunas que alguien dice una palabra y yo no sé lo que es y es como que me queda asombrado o yo qué sé, yo no sé llamar a las chuches de una manera como la llama todo el mundo o cosas del estilo. Entonces, pues, en ese sentido todavía lo siento y a lo mejor está relacionado con eso. 68
N: Estupendo. ¿Has notado alguna diferencia en la velocidad en la que procesas la información en cada lengua? O sea, en la lengua de signos y en la lengua española. JC: Pues yo creo que depende con quién hable. O sea, yo creo que al final depende de las personas con las que hables, ¿no? O sea, hay gente que te habla en español muy claro y se entiende a la primera, hay gente que da mucho circunloquio y no. En español estás sujeto a eso a la manera en la que lo entiendo o no. El lenguaje de signos ¿a qué está sujeto? A las personas con las que hablo. O sea, si yo hablo con mis padres, no voy a tener ningún tipo de problema seguramente. A lo mejor tengo una laguna también en el sentido de que me dicen una cosa y yo digo “papá, ¿eso qué es?” Y me tienen que señalar y lo aprendo. Pero con mis padres no tendría problema. Eso sí, yo sé que si tengo que hablar lengua de signos con otra persona que está fuera de ese, por así decirlo, ese refugio dialectal de lengua de signos que tenemos en mi pueblo, probablemente sí tendría complicación. Entonces yo apostaría por decir que a lo mejor tardaría más en entender la lengua de signos así de manera más general que la lengua española. Pero con la lengua española yo creo que al final tengo el recurso suficiente, aunque me dan muchas vueltas y digo, a ver, mucho, para entenderte. N: ¿Has experimentado momentos de confusión al cambiar de una lengua a otra? JC: No sé, pero no sé si momentos de confusión, porque es verdad que yo tengo una cosa, es que cuando hablo lengua de signos siempre hablo, siempre hablo. No sé por qué, pero yo siempre hablo de manera simultánea. Con mis padres, aunque no me oyen, pero lo he desarrollado así. Yo imagino que es como un movimiento de autotraducción, de interpretación paralelo, que está relacionado con, a lo mejor, con una fuerte presencia de la lengua oral en mí. Ni idea. Pero es verdad que hay casos en los que, yo qué sé, pues estoy de golpe en una situación tipo biblioteca y como se entiende un silencio o algo por el estilo, pues cuando me dicen algo yo digo “gracias” en lengua de signos y no me doy cuenta. Imagino que por la situación de silencio o algo por el estilo. Entonces por ahí sí he sentido que a lo mejor he podido tener algún tipo de lapsus, de confusión, de usar un código que no se requiere en un contexto específico, pero es verdad que yo no he sentido muchos saltos fuertes al pasar de lengua de signos y al español. A lo mejor sí, al pasar de lengua española a lengua de signos. O sea, si yo tengo que traducir algo que exige una gran dificultad como un manejo mayor de la lengua de signos, tengo trabas. Y tengo que simplificar mucho el mensaje, o sea tengo que pensar bien lo que digo para asimilar las palabras, los conceptos a mi dominio de la lengua de signos y trasladar lo que yo entiendo a mis padres. Entonces en ese sentido a lo mejor sí que me tengo que parar bastante más porque si yo estoy en un cardiólogo y le tengo que explicar lo que es la válvula tricúspide, la aorta no sé cuánto, que tiene no sé cuántas lunas y que a mi padre le va mal una que la han puesto, yo digo, uff, espérate que lo pienso un poco y se lo digo. O yo que sé, a mí 69
cuando me preguntan mis padres de qué quieres trabajar, a mí me cuesta muchísimo decírselo, porque es como, ¿cómo te explico yo que quiero hacer investigación, que quiero investigar textos de historia de español? Generalmente me restrinjo a decir que trabajar donde estudio en la universidad, y ya está. Pues cosas del estilo. En ese sentido sí puedo tener como dificultad de verdad, y tengo que como no mitigar, sino simplificar la manera en la que transmito las cosas, adecuando a los conceptos de la lengua de signos que yo manejo. N: Claro. Pues mira, uno de los fenómenos relacionados con el bilingüismo que estoy estudiando es la iconicidad que presenta la lengua de signos, que básicamente, como se puede sobreentender un poco por el nombre, es la semejanza entre el signo y su referente. Entonces, por ejemplo, pues casa es así, comer es así, ¿no? Pues, ¿podrías compartir alguna experiencia en la que hayas notado que esta iconicidad de la lengua de signos te haya ayudado a comprender mejor un concepto? JC: Pues mira, sí, totalmente. O sea, ya partimos del hecho que la lengua de signos, claro, señalando las cosas con esa capacidad deíctica que tenemos, ya te ayuda mucho, ¿no? Pero luego, además yo recuerdo que, por ejemplo, a la hora de precisar desde el punto de vista temporal, la manera en la que yo marco la temporalidad es relacionada con las dimensiones físicas, por la dimensión espacial y relacionado con avanzar hacia delante o hacia detrás. Entonces yo cuando marcó un tiempo relacionado en el futuro yo siempre hago así, después, y cuando yo marco un tiempo relacionado al pasado así hacia, atrás, entonces en ese sentido yo siento que la iconicidad, vamos, ha sido algo tremendo, porque luego había palabras tipo, yo que sé, en mi casa decíamos hamburguesa, hacer algo así y yo era como, ¿por qué da hamburguesa eso? O pizza, hacer algo así. O queso, así. Pero en ese sentido creo que ha sido verdaderamente importante porque yo, desde el punto de vista de referencia temporal de los verbos en lengua de signos, yo no tengo ni idea de cómo diferenciar un tiempo de imperfecto de un tiempo de perfecto compuesto. No sé si es que hay diferencia de verdad en la lengua de signos estándar o cómo, pero yo limito mis precisiones temporales a ahora, futuro y pasado. Y luego, yo también noto, por ejemplo en otras muchas cosas, en los abstracto es imposible, ¿no? O sea, ya partimos de que un color no puede más menos que aludan un objeto pero generalmente los colores no suelen aludir al objeto, pero otro tipo de realidad como la comida, la ropa, tipo ropa así es lo que te pones, no sé, el día de la semana, nosotros hacemos así el domingo, entonces es bastante evidente a qué se refiere y por qué está marcado así. En ese tipo de cosas yo sí he notado la iconicidad, pero de verdad que yo lo usé de manera constante, yo creo que es en relación a la referencia temporal de los verbos. O sea, en mi caso es importantísima porque a mí lo que me permite decir a mis padres si presente, si pasado, si futuro. 70
N: Vale, estupendo. ¿Y te consideras igual de competente en ambas lenguas, o crees que te desenvuelves mejor en alguna de ellas? MJ: Yo creo que las dos, igualmente. No veo diferencia, ¿sabes? Lo que pasa es que, a lo mejor, me desenvuelvo mejor en la lengua de signos porque la disfruto, ¿eh? Porque para mí es una lengua maravillosa, me encanta. Estoy metida, metida, metida en este mundo porque es un mundo que me fascina, ¿sabes? Hay un potencial tan grande y, además, yo soy de las que digo aquí es donde ellos están, no sé, son más vulnerables, pues ahí es donde yo voy, ¿vale? Y entonces voy a saco, voy a saco. Cuando veo que, a lo mejor, se están vulnerando los derechos, o que los derechos no se están ejerciendo adecuadamente, conmigo tanto pongo. Porque la Administración ya, si tú vas a la Administración ya te dirá: María José, no por nada, porque yo decía ·es un derecho, es una ley que habéis hecho y ellos tienen que tener los mismos beneficios·. Entonces, claro, yo por eso te desgastaba, ¿sabes? No por ellos en sí, sino porque la sociedad no te facilita nada, ¿sabes? N: Sí, sí, comprendo. ¿Qué ventajas y desafíos has experimentado debido a tu bilingüismo? Es decir, ¿consideras que el bilingüismo te ha supuesto alguna ventaja en tu día a día? o por el contrario ¿consideras que te ha supuesto algún tipo de desafío? MJ: Bueno, desafío todos los días. Y ventajas todos los días. Ventajas, ¿por qué? Porque me he podido dedicar a esto, que era lo que a mí me gustaba. Que a mí no me hubiese dedicado a otra cosa y me hubiese complicado menos la vida. Lo que pasa es que la ventaja para mí es conocer la lengua de signos, conocer el mundo de las personas sordas, luchar por ellos, porque además me satisface. Me satisface ver cómo ellos pueden seguir adelante, pueden conseguir, como otra persona cualquiera, unos estudios, un puesto de trabajo, pueden crear una familia, seguir adelante, ¿verdad? Desafío todos los días. Porque todos los días te encuentras, ya no sé, no es para que seas gordo, ¿verdad? En todos los ámbitos ya sabemos que hoy en día es un desafío salir a la calle, un desafío, pero ventajas todas para mí, todas. Y es por eso que me gusta conocer este mundo, aunque ahora mismo estoy desgastada y hecha polvo, porque es mucho, pero yo no lo cambiaría, ¿eh? Te lo digo sinceramente, no lo cambiaría. N: Vale. Estupendo. ¿Has notado alguna diferencia en la velocidad en la que procesas la información en una lengua y en otra, o crees que procesas la información a la misma velocidad? MJ: Yo creo que a la misma. A la misma. A lo mejor la lengua de signo la puedo procesar más rápido. Es posible que sí, ¿sabes? A veces me es más fácil la lengua de signo que la lengua ORAL, es verdad, ¿sabes? Porque muchas veces trasladarle a la gente palabras, no sé, el contenido es complicado, muchas veces cuesta. En la lengua de signo para mí es tan fácil buscar esos sinónimos 77
y expresarlo, porque son imágenes, son situaciones, entonces quizás en la lengua de signo es mucho más fácil que se entienda para hacerlo. A veces es verdad, es posible. Yo me desenvuelvo mejor y cuando lo tengo que hacer en la lengua de signo lo hago en un segundo. En lengua oral es cierto que tengo que pensar un poquito, tengo que buscar un vocabulario más técnico y hacer que el que tenga un reto entienda lo que realmente intento expresarle. Sobre todo eso que pasa, cuando paso, te explico, yo tengo que pasar de una a otra, ¿vale? Entonces, pasarlo de la lengua de signo a la lengua oral para mí es facilísimo, lo que pasa es que yo me complico la existencia, porque intento buscar palabras más técnicas, más complejas, para que se vea que tiene el sordo, aunque no lo tienen un vocabulario rico, para que no se vea ese desfase. Ahí es donde me cuesta, ¿sabes? El querer hacer una expresión oral bonita y rica para que no vean a los sordos como inferiores. Ahí es donde está, ¿sabes? N: Vale, vale. Comprendo, sí. Vale, ¿hubo algún momento en el que te…? Bueno, esto es lo que estamos hablando ahora, ¿no? ¿Algún momento en el que te sintieras limitado en alguna de las lenguas y prefirieras utilizar la otra? Es lo que estamos hablando ahora. MJ: Claro, pero no es que prefiera, ¿sabes? Que me da igual, si tengo que hacerlo. Es verdad que nos encontramos un problema. Hay intérpretes que cuando tienen que interpretar la lengua de signo a la lengua oral difiere la información, ¿sabes? Es más cómodo hacerlo de la lengua oral a la lengua de signo, por lo menos para mí, ¿eh? Por lo menos para mí. Es más cómodo, pero claro, yo me frustro también cuando veo a la gente que está haciendo una interpretación oral y no se adecua a lo que está diciendo el sordo. Es más complejo, pero quiero decirte, ¿sabes? Que me da igual, no me complico, ¿verdad? N: Vale. Vale, pues uno de los fenómenos que yo estudio en mi trabajo es la mezcla de códigos, que se suele dar en contextos en los que un coda está hablando con otro coda, porque ambos saben la lengua de signo y la lengua oral, que es, por ejemplo, tú con tu hijo, que sois los dos codas. Vale, pues básicamente lo que se hace es que yo, por ejemplo, digo “QUIERO” de manera oral, y luego, a lo mejor, comer lo digo en lengua de signo. Entonces digo “QUIERO” y hago así. Entonces, yo te quería preguntar si esto a ti te ocurre con tu hijo, por ejemplo. MJ: Pues con mi hijo y con todo el mundo. Mira lo que estoy haciendo. Estoy cogiendo la taza que tengo en el gran fallo, que todo el mundo me lo dice cuando voy a arreglar un papel, y no voy sola. ¿Ves? ¿Ves lo que estoy haciendo? Vamos, que le puedes preguntar a Juan Pablo y le puedes decir a todo el mundo, ¿ves? Se me van las manos. No lo puedo remediar. Intento que no, no me doy cuenta, pero es la gente la que me dice “chiquilla, las manos, ¿por qué las mueves tanto?” “Ay, perdona, disculpa”. Siempre se ha dicho que mover las manos es como de mala educación, ¿no? 78
Como antiguamente. ¿Ves? Entonces, ¿qué ocurre? Es que yo no lo hago conscientemente. Es que mi cabeza funciona mucho en lengua de signos, ¿sabes? Yo te estoy hablando y tanto me sale oralmente como me pueda salir en lengua de signos, ¿sabes? Entonces, tengo que estar aquí agarrada. Todo el mundo me dice lo mismo. Sea en la administración pública, vaya a hablar con una amiga, con una vecina, con quien sea. Da igual. Es que las manos se mueven solas. Parece que tengo un hilo y está conectado con mi cerebro. Entonces, cuando estoy con mi hijo, mi hijo muchas veces me dice “mamá, no me signe”. O él a lo mejor hace alguna cosa y yo lo veo y digo, bueno, es que es normal, ¿sabes? N: Sí, vale. ¿Crees que el bilingüismo te ha aportado alguna ventaja cognitiva con respecto a otras lenguas, por ejemplo? ¿O tu velocidad mental? MJ: Yo creo que la velocidad, la agilidad mental, sí. Y el pensamiento. Yo analizo las cosas, pienso, porque tengo en cuenta que me tengo que dirigir a unas personas sordas que están en falta de conocimiento, malo, de su entorno y todo. Entonces, en mi cabeza me dicen, no te enrolles, María José. Claro, no es que yo me quiera enrollar. El problema está en que yo quiero que el que esté enfrente se entere bien de lo que le quiero comunicar. Entonces, como sé que él es sordo, siempre tengo que moverme por situaciones, por ejemplo, le tengo que repetir para ver si se ha enterado, pues me pasa eso. Mi cabeza siempre va por delante. Me adelanto. Dice la gente “pero ¿cómo has podido saber? O ¿cómo tienes esa agilidad?” Es que yo soy una persona que soy muy viva. Muy viva porque gasto las cosas y siempre... Resolutiva, me dice. ¿Sabes? Porque me pongo y me adelanto. N: Claro. Vale. ¿Has experimentado alguna vez discriminación o incomprensión debido a tu condición de CODA? MJ: ¿Yo? No. ¿Yo como CODA? No, no. En mi entorno, no, no. Mira, no porque tampoco voy diciendo que soy CODA, quiero decir. Yo no le digo a nadie que soy CODA. La gente cuando se entera que soy HIJA de pares sordos, no sé qué me dice. Para mí es una palabra. Yo conozco a muchos hijos de padres sordos que les llaman CODA, que no son CODA. El que tú vengas de familia sorda no quiere decir que es CODA. Porque te has podido criar con las personas sordas. Pero puedo ser que… yo conozco a muchos de mi edad que han sido criados por tíos, por abuelos. Porque como los padres eran sordos y consideraban que no tenían capacidad como para criar a sus hijos, esos amigos míos se han criado, han aprendido posteriormente la lengua de signos. Eso sí, ya cuando son más adultos, que se han acercado más a la familia. Pero desde pequeñitos su primera lengua no era la lengua de signos. Ellos se han criado con abuelos, con tíos o con quien sea. Y ya posteriormente sí se han acercado más a los padres y han ido aprendiendo. CODA, es que a la 79
palabra CODA se le da... Que me dicen que soy CODA, pues vale. Que no soy CODA, pues también. Que yo creo que no es... Yo no llevo un cartelito diciendo que soy CODA. Que me da igual ser CODA que no. Yo creo que incluso en la persona. Puedes tener lengua de signos y a lo mejor tú no consideras que el sordo tiene capacidad o no consideras que tengas que aprender la lengua de signos o tú le hablas oralmente, o le haces mímicas, eso no es CODA. Tienes que entender desde la raíz lo que significa ser una persona sorda. ¿Sabes? Han sacado muy pronto, sacaron la palabra CODA y ahora todo el mundo quiere ser CODA, ¿sabes? N: Sí, lo comprendo. MJ: Yo te lo digo porque he tenido hijos de amigos de mis padres, oyentes, que han venido a aprender la lengua de signos. Que no tenían ni idea y yo decía “¿perdona?”. “Es que yo me iba con mi abuela, a mí me ha criado mi abuela”, ¿y tu madre y tu padre? “Bueno, pero es que tú sabes, mi madre y mi padre, yo hablaba la lengua de signos, yo no me enteraba”. ¿Perdona? O “mi tío, es que mi tío le dio pena y entonces me veía allí con mi madre y mi padre, me llevaba con él. Yo iba a dormir a casa de mis padres, hablábamos así por mímicas, dormí, hice poco más”. Entonces, eso no es CODA. Yo no lo considero CODA. N: ¿Tú cómo te identificas culturalmente? ¿Te sientes más parte de la cultura sorda o te sientes más parte de la cultura oyente? MJ: De las dos. Es que no puedo distinguir. Es que mi vida es paralela con la de la otra. El sordo, mira que yo vengo de familia sorda y he estado muy metida en las asociaciones sordas que había antiguamente, que nos llevaban nuestros padres, los que estábamos con nosotros, todos los fines de semana en la asociación. Allí todos signábamos, ¿vale? Sordos, oyentes, los que fueran, todos signábamos. Eso existía antes, ya no. Es que yo nunca he hecho distinción entre una y otra. ¿Sabes? No me he posicionado ni por una... Es que para mí… Como para mí el sordo y la lengua de signos... No sé, es que yo no veo diferencia, ¿sabes? Tengo mis manos. N: Vale. ¿Has experimentado momentos de confusión cuando cambias de una lengua a otra? MJ: Es lo que te comento, claro. ¿Sabes qué pasa? A ver, que la lengua de signos es un abanico muy grande. Según la comunidad autónoma, ¿vale? Según donde se haya estudiado, donde se haya criado. Si tiene una lengua de signo más rica o tiene una lengua de signo, ¿vale? Más básica. Ahí me las he visto y me las he deseado. La gran suerte que tengo es que yo no veo solamente los signos. Yo veo sus ojos, su pupila, su cara, sus cejas, su boca, su cuerpo. En función de eso, yo no voy por los signos, yo voy por el contexto. Entonces, a lo mejor él me está diciendo una cosa, supuestamente en lengua de signos, y me quiere decir otra. Entonces, claro, yo he ido a los juzgados 80
a interpretar sordos, que eran de aldeas, de pueblos abandonados, que no saben lengua de signos, que lo único que hacen es mímica, y yo he podido interpretar. ¿Me las he visto y me las he deseado? Claro que sí. Me las he visto y me las he deseado porque es como si me toca un oyente analfabeto, que no sabe hablar prácticamente, que es de un pueblo de esto que está con las cabras o lo que sea, y te está hablando y tú dices, Dios mío, que no me he enterado. Párate un momento, o es un cordobés cerrado, o un gallego cerrado, o algo así, y tú dices, perdona, pues lo mismo, me ha pasado lo mismo, he sudado tinta. Lo que pasa es que luego eso al final todo sale, ¿sabes? Cuando estás un rato con él, yo no sé lo que pasa, que aquí hay una simbiosis entre su cerebro y yo misma. Yo misma, yo no sé cómo he podido interpretar a ese hombre, porque es ininterpretable. Pero mi cerebro no sé lo que le pasa, que es como que hay una conexión. A mí cuando me ha visto mi madre, no sé qué dice, yo digo, mamá, yo al final no sé lo que he hecho. ¿Lo he hecho? Sí, sí, sí, vamos, que está entendido. ¿Por qué no lo sé? Me imagino que eso será como cuando somos oyentes, que nos metemos, preguntamos, no sé qué, y al final pues vamos desgranando, ¿no? Pues es lo mismo. ¿Las he pasado mal? Claro que sí. Pero bueno, una vez sale mejor y una vez peor, ¿verdad? Que no quiero decir que siempre sale bien. N: Otro de los fenómenos que yo también estoy estudiando es la iconicidad que tiene la lengua de signos, que básicamente es la semejanza que existe entre el signo y el referente. Por ejemplo, “casa” es así y es muy similar a la realidad. O, por ejemplo, lo que he dicho antes de “comer”, que es así y también es muy similar a la realidad. Entonces, ¿podrías compartir alguna experiencia en la que hayas notado que esta iconicidad que presenta la lengua de signos te ha ayudado a comunicarte o a comprender mejor un concepto? MJ: Claro, totalmente. Además, yo trabajo mucho con los alumnos. Siempre les digo “todos los signos que hacemos tienen un significado. Fijaros, fijaros el movimiento, fijaros cómo lo hacéis. Todo viene por un porqué”. Hay veces que a lo mejor nosotros no lo vemos, pero a lo mejor dentro del colectivo somos así, porque hay signos que a lo mejor no tienen esa iconicidad, como decimos, porque no es visual directa, pero a lo mejor es por una actuación, por una representación de una persona sorda. ¿Sabes lo que te digo? Entonces, todo, todo en lengua de signos tiene un significado. Tú haces un signo y todo tiene un porqué. Yo a los alumnos les digo “no memoricéis ya solo el signo, sino memorizar realmente el porqué se hace el signo así. ¿Vale? Eso es lo que se os va a quedar en la cabeza”. Yo no memorizo el signo, yo memorizo el significado. Es lo que tengo yo aquí grabado. Yo cuando estoy hablando, mira, me pasa muchas veces, pero te lo digo porque eso lo he hablado yo muchas veces con mi hermana y con mi entorno. Imagínate que yo voy a un congreso, a una jornada a interpretar, y ahora te hablan allí de leyes. Yo no he estudiado Derecho. Yo de leyes no sé. Pero mi mente hace así, como que se abre. Yo no sé lo que pasa en mi mente. Es 81
como si yo hubiese estudiado Derecho. Que yo lo que voy escuchando, todo lo voy interpretando en lengua de signos de manera, con ejemplos, con situaciones. ¿Cómo? No lo sé. ¿Por qué? Porque yo, gracias a Dios, si no, no me los aprendo de memoria. Yo voy y desgrano el significado de ese contexto. Yo voy escuchando, pero yo no te voy interpretando palabra a palabra. Yo voy escuchando la frase, escuchando la frase, escuchando la frase. Yo lo que hago es que te interpreto la frase. No sé si me escuchas. Yo contextualizo todo. Ahora, no me preguntes “Oye, tú has interpretado y has puesto este signo”, y yo digo “pues mira, no me preguntes eso, porque yo no he ido haciendo signos. He ido explicando el significado”. Entonces, no me preguntes eso, porque no lo sé. Yo he contextualizado y te he metido, a lo mejor, en un clasificador, algún signo que no es signo, sino que es clasificador, que lo que está haciendo es explicarte. Ese signo me lo he inventado, pero te lo he metido dentro de un contexto que te estoy haciendo la forma, no sé qué. ¿Sabes? N: Vale, estupendo. Luego también... Bueno, la lengua de signos tiene una modalidad visual y gestual, que es lo que hemos estado hablando ahora. ¿Sientes que tu experiencia con la lengua de signos ha hecho que tengas una mayor capacidad para prestarle atención a otros detalles visuales y de tu entorno? MJ: Sí. Sí. Yo no tengo esa capacidad que tienen los sordos. Aunque yo haya desarrollado la lengua de signos, ten en cuenta que yo oigo. Entonces, mi mundo sigue siendo oyente. Yo no soy sorda. Sí, es verdad que he desarrollado mucho más la capacidad visual, porque sigo estando en el mundo del sordo y yo necesito visualizar para poderle a él trasladar el objeto, la situación. Porque yo, claro, si le digo que un coche se ha chocado con el otro, pues yo tengo que captar dónde estaba ese bollo, si era el coche rojo detrás, el coche rojo delante, ¿sabes lo que te digo? Entonces, yo tengo que desarrollar eso, porque yo solo tengo que dar el sordo, porque el sordo vive de eso. Su mundo es ese, que tú le tienes que trasladar aquí, a este espacio, el objeto, la forma, el lugar, todo. Entonces, claro, visualmente sí. Ahora, la capacidad que él tiene, que yo no la tengo, ¿eh? Mucho menos, porque yo lo digo: “sois una máquina”, además que me encanta. Él te ha hecho una radiografía de arriba a abajo, se acuerda perfectamente si tienes una orquídea, si las gafas son doradas, si tus labios son tal, yo eso no me acuerdo. Yo no hago esa radiografía. Yo sé que tengo que coger, tengo que intentar visualizar la casa, si la puerta se abre para allá, si se abre para acá, si la puerta está a la derecha. Eso sí. Pero como ellos al mínimo detalle, no. Eso yo no. Lo siento, pero no porque, yo sigo siendo yo. No soy al 100% sorda como ella, entonces sería un crack. Pero yo sí me he asombrado, porque yo le he dicho “yo no lo he visto, yo no me acuerdo”. Pues sí, lo has visto tú, pero yo no lo he pensado. N: Vale. ¿Y cómo aprendieron tus padres la lengua de signos? 82
MJ: Buena cosa. Ellos vienen de familia oyente. En la familia de mi padre no hay sordos, y en la familia de mi madre no hay sordos. Mi padre se quedó sordo con cuatro o cinco añitos por una meningitis, él era oyente pero lo metieron en un colegio interno que había en Madrid, era religioso, mi padre estaba con los jesuitas y mi madre estaba con las monjas. Ellos aprendieron el lenguaje de signos porque estaban viviendo con sus iguales de toda España, todas las familias que tenían niños sordos que no sabían cómo criarlos, cómo educarlos, cómo comunicarse, pues los metían ahí. Y entonces ellos estaban en el colegio interno. No aprendieron el lenguaje de signos por el profesorado, porque allí se trabajaba el oralismo. Además se les pegaba, se les castigaba, era brutal en aquella época, me han contado barbaridades mis padres. Pero ellos, entre ellos, creaban los signos. Con una taza… Nadie les enseñaba, pero ellos veían que tú hacías así y decían “taza” y se corría. Se generalizaba y era taza. El cura, cuando tenía esto, pues todos le llamaban “que viene el cura”. Entonces ellos mismos son los que fueron creando su propio signo. Y esos signos han ido evolucionando. Ellos aprendieron el lenguaje de signos jugando los que internaron en este colegio y vivían solamente sordos. Y entre ellos, a escondidas, ellos creaban sus propios signos. N: ¿Hay alguna anécdota divertida o memorable que puedas compartir sobre alguna situación bilingüe con tu familia o con tus padres? ¿Alguna anécdota divertida? Simplemente por romper un poco la tensión de las preguntas tan serias. MJ: Bueno bilingüe, verás… Divertida… Para mí era divertida, yo no sé, a lo mejor. Mi padre, sordo total. Mi padre físicamente parecía extranjero. Ocurre que él se iba a la calle con su perro y había un señor que veía a mi padre con su perro y pensaba que era alemán. Como mi padre vocalizaba de aquella manera, el otro decía “mira el alemán este con el perro, me cago en la leche”. Y todos los días había una guerra entre ese hombre que tenía un perro en su casa y mi padre que pasaba por la calle. Una guerra. Y mi padre dice “le voy a dar”. El otro pensaba que mi padre era extranjero, que era alemán, y que iba a darle por saco, que este viene de fuera a darle por saco con el perro. Mi hermano fue para allá y mi padre le dijo “voy a tener un problema con este hombre, porque este hombre se me pone a decir, a gritar, no sé qué, yo no me entero”. Y yo le dije “yo no sé este hombre qué le pasa”. Mi hermano fue a hablar con ese hombre y le dice el hombre “no, es que este hombre alemán que viene aquí y este hombre hay que ver, que me está diciendo” y le dice mi hermano “no, mire usted, alemán no es, es español, mi padre es que es sordo”. “Hostia, no me digas que es sordo, me cago en la leche. Perdona, hombre… que yo creí que venía a darme por saco”. La gente, bueno, yo me partía, ahí sí que me partía. Nos vamos, mi marido, mis dos hijos y yo nos vamos de viaje, vamos a coger el avión. Llamamos aquí para que haya un departamento en el aeropuerto de atención a la diversidad, a toda la discapacidad. Llamamos y yo digo “yo me voy a callar", yo iba hablando, digo “no, no. Edu, tú y yo somos sordos. Aquí es la familia de los cuatro 83
sordos”. ¿Por qué? Porque nos íbamos a ir a Madrid, a Barajas, que ese aeropuerto es la leche. Digo “nos vamos a perder”. Digo “esta gente como nos va a acompañar, nos llevan”. Entonces llamamos, yo callada. “Diga, diga” y yo callada. Y yo le digo a mi marido “me están diciendo ‘diga’, están hablando. Edu, nosotros vamos a hacernos como que no nos esperamos y estamos mirando”. Nosotros llamábamos al pinganillo y “oiga, ¿pero quién es? ¿Qué es lo que quiere?”. Nosotros mirando para todos lados. Y le digo a mi marido “vamos a mover las manos porque este sigue gritando y se creerá que es que el pinganillo no funciona. Vamos a asignar”. Y viene, viene y no sé qué, y yo a mi hijo “aguanta, Edu, nosotros nos callamos”. Nosotros nos callamos y empezaron a hablarnos en inglés.No te lo pierdas: en inglés. Y yo le digo a mi marido, y mi hijo “mamá”. Digo “este se ha creído que somos extranjeros”. Claro, mi marido vocaliza, tú sabes, “este es extranjero”. Y nos empezó a hablar en inglés. Bueno, pues llegamos al aeropuerto, nos suben en el avión, ese seguía pensando que éramos ingleses, porque a veces no le podía hablar. Ese hombre no decía que éramos sordos. Nos reíamos. Nos montan en el avión, nos esperan en Madrid, en Barajas, porque de aquí desde Sevilla, no te lo pierdas, cuando llega el avión, que tienen que venir, porque llamamos de Sevilla a Madrid, que nos recojáis allí para llevarnos a otra puerta, porque nos íbamos a Disney, aparecen con sillas de ruedas. Cuando vemos las sillas de ruedas, mi marido, vamos. “Pero que estáis locos, no me veis que yo ando, esto, esto, ¿para qué? ¿A que estáis locos?”. Tú sabes, perdona, que nos han llamado desde Sevilla. Y mi marido, pues vamos, vosotros de la discapacidad no tenéis ni idea, de sordos. Es que nos reímos, porque nos vimos allí, la gente se echó las manos a la cabeza, nos reíamos. Primero no habla en inglés, y ahora la silla de ruedas, pues todo el mundo piensa que los sordos son extranjeros. Los toman por ingleses, por alemanes, porque tienen una voz, una expresión oral que es a lo mejor más grave, y a lo mejor no se les entiende bien, y se piensa “ah, porque no habla muy bien el español, y entonces por eso habla así”, ¿sabes? Lo del aeropuerto fue… Lo de mi padre, él solo había venido, mi padre venía cabreado, decía “el tío ese, le voy a pegar”. Al final nos vamos a ir, y el otro es que decía que mi padre iba con la gorra, era muy blanquito, muy grande, como alemanes, como los alemanes, las manos grandes, no sé qué era, y dice “este es un alemán que viene aquí a darme por saco”. En aquella época había muchos alemanes, que venían a veranear Matalascañas, y le dijo que mi padre era alemán. Mira, de verdad, mi hermano cuando vino dice “no lo vais a creer”, dice “lo que me faltaba, María José, pensaba que papá era alemán, y por eso se la tenía sentenciada”. Él iba con un pastor alemán, encima un perro alemán, pensaba que papá era alemán. Le dijimos “hombre, es español, no la líe usted, que la gente pasa por la calle”. Y ya le dio la mano a mi padre, le pidió perdón a mi padre, se hicieron amigos, al final se hicieron amigos, pero casi acaba mal, ¿sabes? Esas son las anécdotas que te puedo contar, habrá 40.000 más, lo que ahora mismo son las que necesitan. 84
N: Estupéndo, me valen, me valen, vamos. MJ: Hay otra, hay otra, que ya no es tan graciosa, esta no es tan graciosa. Que yo creo que le pasa a la mayoría de los sordos, te lo digo porque quizás es importante también que la sepas, a lo mejor para que la pongas ahí. Tú cuando eras pequeña, yo como he vivido con mucha naturalidad en la sociedad, te lo digo, a lo mejor a otros no, pero a mí, como es un mundo que me fascina. Yo, mi padre y mi madre eran sordos, era como uno más, yo no iba diciendo mis padres son sordos, es que en mi cabeza no cabía ahí. Bueno, pues yo estaba en el cole, todas las mamás venían a recoger a mis compañeras, mi madre nunca, mi madre me esperaba en la esquina. Ya cuando una le dice “¿por qué no vienes a recogerme? Vienen todas las mamás, tú vienes a recogerme a la puerta del cole”. Mi madre con la cara blanca: “no, no, no”. Y yo “¿por qué no?”. Decía “Yo salgo a la esquina, que hay mucha gente, me mareo”, y le digo “mamá, a mí me apetece que vengas a recogerme a la puerta del cole, tú vienes, tú te esperas ahí, tú me dices dónde vas a estar, y yo voy” y mi madre me decía que no. “Pues mañana, como tú no me vengas a recoger, yo no me voy” y mi madre “bueno, venga, vale, venga”. Aparece mi madre, claro, yo loca de contenta no, lo siguiente. No sé si tendría nueve años por ahí. “Hombre, mamá”. Yo loca de contenta, viene mi madre, claro, yo le signo, lógico. Mi madre la cara a cuadros no, lo siguiente. Que no le signará, la cara a cuadros, vamos. Y claro, vienen todas mis amigas: “María José, María José, ¿qué pasa?”. Y le digo “¿cómo que qué pasa, qué pasa de qué?”. “No, ¿por qué hablas así con las manos?”. Digo “¿cómo? porque mi madre es sorda, ¿no?”. “No me diga, no lo sabía”. “Pues no, mi madre es sorda de toda la vida”. Claro, yo inconsciente, yo, como eso para mí era normal, pues yo no voy diciendo que mi madre es sorda. En el colegio las mujeres lo sabían, porque yo era la que interpretaba a mi madre, entonces, quiero decir, para mí era algo, claro, mi madre, cuando todas las amigas… yo le digo “ah, pues mira, mi madre es sorda, no sé qué”. Mi madre, muerta y me dice “yo ya no voy más al colegio” y digo “no sí, tú vienes todos los días al colegio” y dice “es que tus amigas…”, a mí me da igual lo que digan mis amigas, tú vienes ya todos los días, que te espero aquí. Entonces mi madre ya venía, se naturalizó, y mi madre, muy bien, quiero decir, fíjate hasta qué punto, mi madre temía que yo la rechazara, por mis compañeros, ¿sabes? Se tomaran eso como es que nada, pues tu madre es sorda. Mi madre, que me da igual que me digan que tú eres sorda, es que eres sorda, mamá, mira, a mí me dijiste que tu madre es sorda. A mí me pasó con mi hija, mi hija iba al colegio y yo a mi hija siempre le he dicho “sorda y a mucha honra, ¿eh, Natalia? a mucha honra, vergüenza, miedo, no, no, no, no, tú eres igual que el resto, así que no”. Pues bueno un día me viene llorando a mares, porque le había dicho una compañera que ella era sorda, y le digo “no me digas que te ha dicho que eres solda, fíjate, ¿es que tú eres solda, Natalia?” y me dice “yo, sí, mamá” y yo “ah, entonces, ¿dónde está el problema? ¿cómo? ¿dónde está el problema? es que tú eres sorda. ¿Que te dice que 85
eres sorda? Pues le digo “yo soy solda y tú eres tonta””. Le digo “tú le dices, Natalia, “soy sorda, ¿no lo ves? es que tú eres tonta, ¿por qué no te has enterado? ¿para qué me preguntas?””. Y mi hija “mamá, no sé”. Le digo “pero ahora tú vas a ir al colegio, le vas a decir, a ver, Natalia, ¿ella cómo es? gordita, tiene nariz, tiene dientes feos, tiene gafas. Me dice “sí, tiene gafas”. Le digo a ella “pues tú ahora vas a ir al colegio, y te vas a ir para ella, y le vas a decir…” A mí no me gusta eso, pero es que yo tenía que empoderar a mi hija, yo le tenía que dar fuerza, porque si no, me la hunde, y yo le dije “tú ahora vas a ir al colegio, y tú te vas hacia esa chica, y le dices “mira, oye, mira, perdona, que yo soy sorda, que si tú no te ha enterado, es que tú eres tonta, porque soy sorda es evidente, ahora tú eres gafota cuatro ojos, así que yo no sé qué es peor, ya te puedes ir callando, porque te voy a llamar gafota cuatro ojos”. Y la otra se puso a llorar, porque empezaron todas las amigas a reírse del punto que había tenido Natalia. Me llama la intérprete, me dice “no veas la que has liado, María José, la otra llorando, todas las amigas riéndose de la otra amiga, bueno, alabando a tu hija de lo que había hecho, que es muy valiente y que toma ya, y ridiculizando a la otra”. Eso tampoco me gusta, quiero decir, yo no lo he hecho para hundir a la otra chica, yo lo he hecho para levantar a mi hija, para que viesen que ella tenía capacidad de responder, de que mi hija, a la vez que le digan que es sorda, diga “soy sorda”, punto, ¿sabes? Y quiero decirte, que tú al sordo le preguntas, tú eres sordo, le estás apuñalando, ¿por qué? Porque ellos entienden, y han vivido, han evidenciado, que cuando ya está la gente “ah, que es sordo”, ellos se vienen abajo, porque ahora me van a rechazar. Ten en cuenta que cuando un sordo va por la calle, tú no sabes que es sordo, que es una discapacidad, ellos están normalizados, pero cuando la gente ya dice “ah, es que es sordo” ya ellos dicen “ya me van a rechazar”, porque lo bueno y lo malo es que es una discapacidad invisible, porque tú a un sordo lo ves bien, a un no sé qué lo ves bien, el sordo mientras ellos no muevan la mano, las manos, y tú no le hables, tú no lo aprecias. Otra cosa que a mi madre le ponía de los nervios: antiguamente se cogía el autobús, a lo mejor mi madre se quedaba en la parada y le decía “que me voy a sentar ahí en el escalón o en la acera” y se ponía una señora a hablarle a mi madre. Yo sabía que estaba la señora, y yo me partía de risa, cuando mi madre se dé la vuelta y vea que esta mujer le está hablando, como antiguamente las personas mayores, pues mi madre se ponía de los nervios, pero es que yo me partía de risa, y yo decía “ahí la llevas, mamá, ahí las llevas”. Porque claro, mi madre no quería hacer evidente que era sorda, y yo decía “mamá, yo no entiendo esas tonterías, esa comedura de cabeza, que mamá, que tú eres sorda, ¿que la otra se ríe de ti?, pues te ríes tú de ella y de otra cosa” y ella “que no, que no”. Bueno, pues la mujer se ponía a hablar y yo allí sentada muerta de risa, la gente mirando, diciendo “esta mujer, ni mira para allá, ni nada”, o sea “está mirando para allá, ignorando a la otra” y es que mi madre no se daba cuenta. Y claro, la señora acababa dándole un toque, diciendo “oye señora, que le estoy hablando”, entonces mi madre se daba la vuelta, y se quedaba así a cuadro, diciendo “¿qué pasa, qué ha pasado, qué ha pasado?”, “no hombre, es que le 86
