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Trazado urbano y arquitectura popular en la América colonial (El modelo panameño)

Mena García, Carmen

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MARÍA DEL CARMEN MENA GARCfA 3. El arrabal de Santa Ana Tradicionalmente se ha querido ver en el arrabal de Panamá una expresión urbana, cargada de contenido segregacionista y excluyente. Con una poblaciÓn abrumadoramente de color, las minorías blancas, al sentirse amenazadas, debieron desplegar todos los recursos a su alcance, deportando al exterior de las murallas, tanto a los negros y mestizos como a los vagabundos e indígentes. "La muralla -afirma Castillerono es tan sólo una construcción defensiva para resistir a un posible enemigo exterior, sino también una barrera contra el peligro interno, adquiriendo de esa manera un profundo sentido social". Y a continuación concluye, "Fue, en todas sus consecuencias, un acto premeditado al que no sería ajeno el poder central"(2) Tal apreciación resulta, a primera vista, muy convincente, sobre todo si se tiene en cuenta que nos encontramos en una época en la que la discriminación racial y el sistema de castas impregnan una sociedad jerarquizada y, como tal, muy ngida en sus pautas y actitudes sociales. Algunos documentos consultados nos indican, sin embargo, la conveniencia de matizar esta reflexión. Una vez fundada y delineada la ciudad de Panamá en el sitio del Ancón, fueron muchos los vecinos que se resistieron a trasladarse al nuevo emplazamiento y por esta razón, su fundador, don Antonio Femández de Córdoba, deseoso de acelerar la mudanza, no pudo negarse a la solicitud de los recién casados o forasteros que solicitaron solares para edificar sus casas. Cuando por fin, los antiguos vecinos panameños 90 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 aferrados tozudamente a los restos de sus viviendas en la ciudad vieja, decidieron emprender una nueva vida en el otro emplazamiento se encontraron con la sorpresa de que no existían suficientes solares para ellos. Un gran contingente de gentes de color: mulatos, zambos y negros libres incrementaron la demanda de nuevos terrenos. Cuando sólo habían transcurrdo dos años desde la fundaciÓn de Panamá, don Alonso de Mercado, presidente de la Audiencia, achacaba la falta de espacio en el recinto a la imprevisión de su antecesor quien, mucho más preocupado por el carácter defensivo que debía tener la ciudad, "hizo del todo sitio la ciudadela y con orden de no alargar su fortificación y recinto, estrechó demasiado su planta, no dejando otros tantos solares como los que existíanen el sitio viejo y no alcanzó el espacio a los pobladores". Fue así como surgió de una forma espontánea y nunca premeditada un apéndice extramuros de la ciudad en sus orígenes con bohios y ranchos de pajas, improvisadas viviendas que comenzaron a multiplicarse en una explanada abierta y sin ninguna limitación que en muchos aspectos ofrecía mejores condciones de habitabilidad. "Esta disposición -continúa nuestro informante- y ser el sitio del arrabal algo más eounente y de igual conveniencia de su poblado, inclinó los deseos de otros muchos españoles y mozos libres de todas suertes, que dejando los puertos y habitaciones donde vivían, retirados por el distrito, se agragaron al arrabal, como lo hicieron gente forastera por la conveniencia de solares que recibían y por las comodidades de mejores aires, aguas y salud que en este nuevo sitio del Ancón se ha reconocido" (3) En 1675, el arrabal superaba ya en un tercio más a la población de intramuros y contaba con más de mil hombres capaces de portar armas en caso de un ataque enemigo. Su potencialidad defensiva fue precisamente una de las razones de mayor peso esgrimida por el Presidente D Alonso Mercado, en una cara a la Corona, el 25 de julio del citado año, para evitar su desmatelamiento: "y como quiera que los edificios de la ciudad son capaces de poder alojar esta gente de afuera en cualquier acidente y que el desmantelar el arabal para que no embarace sus defen~ sas a la muralla es cosa tan fácil (prendiéndole fuego) de poner en ejecución, propongo que se conserve en tanto se hacen las murallas como cuerpo tan principal de la población y porque se tiene tan a manos un número crecido de casi mil hombres que pueden alistarse con las armas para disponerlos sobre la fortificación y muralla en la propia defensa, cosa que no se tuvo en el sitio viejo"(4) 91 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 Como llevamos visto, el arrabal no tenía vocación de permanencia. Ni siquiera el fundador, de la ciudad. Fernández dc CÓrdoba, al trazar la ciudad, pensó en destinar el extramuros para viviendas sino sólo para ejidos, huertas y caballerizas de las recuas, es decir como un área de abastecimiento de los moradores y no como una superficie edificable. Eso opinaba, al mcnos, el licenciado Sebastián de Velasco, oidor de la Audiencia de Panamá, quien concluía, tajante que no fue el fundador de la ciudad, sino sus sucesores: Miguel Francisco de Marichalar, el obispo y gobernador interino, Antonio de León y Alonso de Mercado quienes "fueron repartiendo solares en el arrabal y haciendo tanta estima de ellos que la fábrica de la ciudad se ha aminorado y aquella ha crecido. Y en la actualidad se considera que el arrabal es lo más princi. pal con mayores edifcios y mucho mayor el nÚmero de vecinos y casi encima de las fortificaciones de las casas"(5) En 1 680, la Audiencia de Panamá seguía insistiendo en la necesidad de desmantelar el arrabal, dando alojamiento a sus vecinos, intramuros de la ciudad, y buscándoles casas a precios asequibles para que pudiesen comprarlas. Por ahora no hay atisbos de ninguna intencionalidad segregacionista, más bien, al contrario, lo que se perseguía era la integración de todo el vecindario al abrigo de las murallas. Aconsejaban este traslado, al igual que cinco años atrás, poderosas razones defensivas. El arrabal dominaba el recinto amurallado, la plazuela de Santa Ana, centro neurálgico de extramuros, se encontraba a una altura superior a las murallas; estaba cubierto de una vegetaciÓn espesa en la que fácilmente podían encontrar refugio los delincuentes, o cualquier enemigo; y se había edificado tanto en él que no debaja terreno abierto para que, en caso de que se produjera una invasión por tierra, la artillería pudiera maniobrar libremente. Por último, el enemigo hallaría en el arrabal no sÓlo un alojamiento manífico para guarecerse, sino además abundantes provisiones de agua, cerdos, gallinas, hortalizas "y además _ concluía el informe de la Audiencia -- una fortificación para defenderse y ofendernos sin que nuestra artilería pueda hacerles daño, antes bien, a tiro de mosquete podrán dOßUnar nuestras fortificaciones, principalmente desde la bajada del baluarte de la Merced -todo lo que llaman "Sal si puedes" - hasta la plazuela de Santa Ana y desde la Puerta de Tierra hasta el frente de la casa del gobernador, co. rriendo en derechura hasta el Calvario, cuyos dos madrachos necesitan demolerse cuanto antes, dando a los dueños de las casas dentro de la ciudad sitios cómodos".(6) 92 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 Una novedad se observa en este informe con respecto al anterior, de 1675: ya no se confia en la disponibilidad de un brazo arado para defender a la ciudad, -el que proporcionaba la abundante población del arabal, compuesta mayoritariamente de negros, mulatos y zambos libres- al contraro, se recela de éL. Pero esta incertidumbre proviene más de una presunción de cobardía con respecto a la población de color - "que constituye uno de los DUembros principales de nuestra defensa"- que de un sentimiento racista. Simplemente existe el temor de que en caso de un ataque repentino, nadie del arrabal entrará a la ciudad a defenderla, sino que huirá, lejos del control de las autoridades, hacia los montes más cercanos. Con el transcurso de los años, conforme la población del arabal crecía y se multiplicaba, los propósitos de desmantelarlo se desvanecen. Ya es imposible buscar acomodo, dentro de las murallas a un vecindario que, según se estimaba en 1737, superaba las 20.000 personas "capaces de la Sagrada Comunión"(7) Por el contrario, el arrabal se consolida como una ciudad "fuera de la ciudad", e incluso se piensa en rodearla con una empalizada, dando así lugar a una doble periferia, una intramuros y otra extramuros, como la ciudad matriz(8) Toda la población allí congregada dependía lógicamente de las autoridades de intramuros, pero aún así, la vida local se desarollaba con una apreciable autonomía en torno edificios civiles y religiosos que con carácter exclusivo fueron destinados para uso de los vecinos del arabal, tales como el hospital de Santo Tomás, fundado por el obispo Juan de Arguelles, en 1703, o la iglesia de Santa Ana, la segunda catedral de Panamá fundada por un comerciante vasco, Don Mateo Izaguiare, ennoblecido tráshaber hecho fortuna en América con el título de marqués de Santa Ana, y muy dado a las obras de caridad.(9) Para entonces, todos los informes de la época describen la disposición urbana del arrabal con términos elogiosos. La periferia rivaliza con el intramuros y suscita el asombro dé cuantos la visitan. Antonio de UlIoa en su Relación histórica del viaje a la América Meridional (1748) nos dice: "Extrur tine un arbal abiert, má capa en su extiNn que la ciud Y sm CM de la mi materi y consción que la de adentro, a excepcn de la que lian con la capañ que son muc cubiert de paa y me co bujío". (lO) El jesuita Bernardo Recio, quien en 1760 ocupó el cargo de rector del Colegio de la Compañía de Jesús y de la primera universidad pana- 93 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 meña, consideraba al arrabal "como la mejor pieza de Panamá y parece ciudad, si no en lo exceso de la fábrica, a lo menos en lo numeroso del pueblo, en el tráfago y comercio y en el buen orden de su repartición". Y añadía: "Tiene plaz muy lucida, cales anchas y muy bien dereha'~ll) En 1737, cuando un grave incendio azotó la ciudad de Panamá, destruyendo la mayoría de sus casas, el arrabal fraternalmente dió cobijo a los vecinos de intramuros y los abasteció de los alimentos más necesarios. De nuevo, entonces, se resucita la idea de desmantelarlo, aunque sólo fuera en parte, pero con un propósito bien distinto. Se trataba de ampliar el recinto, demasiado estrecho, de la ciudadela prolongando sus murallas hasta la plaza de Santa Ana. Ese espacio diferencial, segregado del tejido urbano, que era el arrabal, seguía siendo codiciado, como si de una apetitosa pieza se tratase. El cabildo panameño sometió a la consideración de la Real Audiencia la siguiente petición, que aunque no llegue a prosperar, nos sirve como testimonio bien elocuente de las limitaciones del trazado urbano y de la falta de previsión del fundador: "Que hallándose desolada esta ciudad, sin casa alguna en su recinto, es ocasión oportuna ampliarla y ennoblecerla en términos de que con más desahogo y menos riesgo de incendio y opresión con que se vivía, se de amplitud a las casas, de manera que no teniendo más que un alto, todo lo que comprendía intensivamente se dilate en lo extensivo, sacándose la Puerta de Tierra hasta la plazuela de Señora Santa Ana y que de all se corran las murallas a proporción del ámbito correspondiente, según la delineación de los ingenieros, pues aunque esto haya de ser de algún costo a la Real Hacienda.. tiene por cierto la ciudad se conseguirá con moderado gastos, respectivamente, y se perfeccionará en muy breve tiempo, resultando de aquí lo primero el que la plaza quede útilmente murallada para su defensa, pues la situación que tiene hoy no lo es de ninguna, atento a lo bajo del terreno y lo que la domina la plazuela de Santa Ana. Lo segundo, que ensanchándose las calles y viviendas, debajo de competente terreno, quedará más benigno el temperamento refres~ cando el norueste con más amplitud y se eXperimentará menos nocivo el clima y toda cederá en mayor servicio de S.M., defensa del Reino y lustre de la ciudad"(12) Este proyecto de ampliación y embellecimiento de la traza urbana, tan admirable y característico de la racionalidad dieciochesca, no llegó a culminarse. El perímetro amurallado siguió constriñendo, como si de un ngido corsé se tratase, a la ciudad de Panamá e impidiendo su natural expansión hasta mediados del siglo xix. Entonces la recuperación del- 94 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 tráfico transÍstmico motivado por el descubrimiento del oro califomiano (1849-1869), provocó una mejora ostensible en las condiciones de vida de muchos panameños que se manifestó en una mayor especulación del suelo urbano. La población, que oscilaba por estas fechas entre los 10.000 y los 12.000 habitantes demandaba suelo edificable en el único lugar donde era posible: al otro lado de la Puerta de Tierra. Una ley dictada por el Congreso de Panamá (11 de octubre de 1856) dispuso la demolición de las murallas. El amplio espacio contiguo, conocido como "las explanadas", fue sacado a pública subasta por el Estado y rápidamente edificado.(l)) La antigua ciudad amurallada y su arrabal se fundieron entonces en un sólo y comparido espacio con la desaparición de una barera que ya no era ni necesaria ni deseada. 4. Tecnología constructiva. Toda la documentación existente, desde el siglo XVI hasta fines de la época colonial, apuntan a la existencia de dos tipos de construcción: de madera o de piedra (construcción en mampostena, tapicería, cantería y de cal y canto). Por lo que sabemos, ambas materias primas abundaban en la región e incluso eran objeto de exportación a otras regiones vecinas, como el Virreinato del Perú. Sin embargo, por un cúmulo de factores, las historia urbana de Panamá viene marcada por el uso extensivo de la madera. En esto, como en tantas otras cosas, Panamá la Nueva no hizo más que perptuar a la ciudad vieja. a. Construcción en madera En primer lugar, conviene puntualizar que la arquitectura verdaderamente autóctona de Panamá no es otra que el bohío. Definido por la Real Academia Española como "cabaña de América, hecha de manera y ramas, cañas o pajas y sin más respiradero que la puerta", era característica de las viviendas indígenas encontradas por los españoles en el Caribe. En virtud de lo rudimentario de su técnica' constructiva, rápidamente fue adoptada por los colonos que se asentaron, primero en las islas y luego en Tierra Firme porque cumplía con el requisito básico y urgente de protección climatológica. Muy pronto, sin embargo, esta arquitectura autóctona fue tamizada por el patrón cultural español y, poco a poco, modificada, incorporando una tecnología constructiva mucho más compleja y refinada. Refiriéndose a los bohios indígenas, el cronista Gonzalo Femández de Oviedo observaba en el primer tercio del siglo XVI. "Los cristianos hacen ya estas casas en la Tierra Firme con sobrados, e Ø6 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 cuartos altos e ventanas, porque como tienen clavazón e hacen muy buenas tablas y lo saben mejor edificar que los indios, hacen algunas casas de aquestas tan buenas que cualquier sei10r se podría aposentar en algunas de ellas"26 Por lo que vemos, desde bien pronto el bohío experimenta una importante transformación como resultado de la incorporación de los materiales y la tecnología autóctona, a los conocimientos constructivos y al empleo de otros elementos, como los metales (clavos) procedentes de Espai1a. Paulatinamente, conforme la colonización se asienta con bases firmes, los vecinos comienzan a construir sus viviendas con una intención de permanencia que se manifiesta, por lo que a la tipología constructiva se refiere, en la edificación de casas que tienen a imitar el modelo peninsular hasta en sus mÚs mínimos detalles. De este modo, los bohíos o casas de construcción no-permanente inspiradas en el patrón indígena, son reemplazados, en su mayoría por viviendas de construcción, bien en madera, bien en mampostería, en las que se adopta una tccnica mucho más compleja y refinada. Esto no quiere decir que el bohío desaparezca en el paisaje urbano coloniaL. Antes por el contrario, su estructura barata y su tecnología sencilla condiciona su adopción obligada por el sector más humilde de la población, sobre todo negros y castas. El bohío se convierte de este modo en un elemento clave de diferenciación social, tanto en las áreas rurales, en donde proliferan, como en el extramuros de la ciudad de PanamÚ. La madera proporciona una gran diversidad en su uso, no solamente por las cualidades inherentes al material en sí (flexibilidad, resistencia, facilidad para ser tallada o reducida) sino porque existían y existen una gran variedad de maderas en la región istmica, muchas de ellas de excelente calidad, tales como el cedro, roble, caoba, jagua, haya, cte. perteneciente al género de la madera blanca, o la quiera, cocobolo, guayacán y naranjo cimarrón entre las especies de madera morada27. La rica y variada floresta del entorno ecolÓgico proporciona una óptima materia prima a los aserraderos, industria transformadora que desempei1a un importante rol en el conjunto de las actividades económicas (en 1610 funcionaban hasta siete aserraderos) y definen el tono urbano. En efecto, los aserradero s de los bosques del Rayano, además de suministrar la madera necesaria para la construcciÓn locaL, abastecieron desde el siglo XVI el mercado limei10 y en no pocas ocasiones fue la madera el Único 96 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 flete que se embarcaba en el puerto de Panamá hacia el Perú. La producción maderera se convierte así en uno de los rubros más importantes de la economía exportadora que hay que salvar a toda costa. Por eso, no es de extrañar que sean los propio.; vecinos quienes defiendan, hien directamente, bien a través de la corporación local, el empleo de la madera en sus viviendas2Ø alegando razones de muy diversa índole para no perjudicar una especialización económica finnemente consolidada; alto costo de la construcción en pieda, ausencia de buenas canteras y de hornos de cal e incluso adecuación a la climatología del país, como podemos deducir del siguiente testimonio: "y también lo impide (edificar en piedra y cal) la intemperie del país, por ser éste en sumo grado húmedo y caliente y se hiciera por esta razón inhabitable respecto a que la ardentía del sol caldea las pares, de tal manera que se hicieran insufribles las noches y, por consiguiente, muy enfenno. Razón que tuvieron nuestros antecesores para erigir con este material de maderas y tablas y el método de fábricas, de las cuales usan también los extranjeros, por esta misma razón, en las islas de esta cercanía, como es la de Jamaica y otras29. No es nuestra intención debatir esta curiosa y ecológica argumentación. Sabemos - que eso nos basta - que la edificación en madera se había ido perfeccionando con el paso de los años hasta adquirir un refinamiento fuera de toda duda. Los vecinos estaban orgullosos de ello y cuántos viajeros visitaron la ciudad, tato la antigua como la nueva, no pudieron menos que sorprenderse de tan admirable técnica30. La abundancia de materia prima y su calidad contribuían, además, a perpetuar una larga tradicción, pese al riesgo que un incendio fortuito pudiera ocasionar en el recinto. Antonio de UIloa se admirable de la incombustibilidad de la madera panameña, cualidad que Jista 1737 - según refena - habría evitado que la ciudad, desde su refundación, sucumbiera ante un incendio. Y aún entonces, cuando el "fuego grande" produjo tan terribles estragos, -consideraba nuestro infonnantefue debido a que la chispa que generó el incendio entró fortuitamente en contacto con otros materiales tan inflamables como la brea, el alquitrán o el a1cohol.31 Tooo ello queda fuera de duda y nos reafinna en nuestra impresión de que, ya bien entrado el siglo XVII, Panamá seguía siendo una ciudad primorosamente edificada en madera por la voluntad finne de sus vecinos basad en la costumbre, los intereses creados, la convinción de sus cualidades para hacer frente a un clima riguroso, o una mezcla de tooo ello, pero nunca por obstáculos insalvables, tales como la ausencia de buenas canteras para edificada en pieda. 97 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 Esto último es al.go que se reitera hasta la saciedad en los testimonios de los coetáneos. Inevitahlemente, a fuerza de releer, una y otra vez, la misma argumentación, acabaría por convencemos. Sin embargo, el hallazgo de nuevos documentos arrojaron luz sobre la cuestión hasta demostramos que Panamá y su entorno no sólo no disponía de canteras de piedra, sino que incluso abastecía al Perú con un material de excelente calidad. Esta información -hemos de confesarloaumentó nuestra perplejidad, sobre todo si tenemos en cuenta que la construcción de una vivienda en madera resultaba," según confesaban los propios vecinos panameñosexcesivamente costosa y a la larga carecía de las ventajas indudables de una vivienda de mampostería: por lo pronto no estaba sometida al deterioro constante y a los elevados gastos de mantenimien- to que imponían a las casas de madera los rigores de un clima tórrido y lluvioso, y además y no menos importante, quedaba menos expuesta a ese tenible enemigo, que era el fuego. Precisamente a raíz del incendio de 1737, se elaboró a petición del cabildo de Panamá un informe en el que BIas de Zárate, "maestro mayor de carpintería de lo blanc020 de la ciudad preupuestaba minuciosamente el valor de la edificación de una casa de madera cubierta de tejas, de 3 lumbres, prototipo de la vivienda panameña por ser "la más regular que necesita cualquier familia", con la intención de demostrar no sólo la pobreza en la que se hallaban sumidos los vecinos, sino también lo costoso que resultaría a los propietarios de las viviendas reedificar sus solares, debido a la carestía de los materiales, el transporte de los mismos y la mano de sobra especializada. Se estimaba que era necesaria una inversión de 8.452 pesos21 siempre y cuando se emplearan en la construcción de la vivienda madera corriente y no otras más valiosas, por ser menos perecederas, como la del níspero. De su extenso informe se deducen además otras consideraciones de interés en lo que respecta a la técnica constructiva. Para sacar el mayor partido al suelo edificable, que çada vez se hacía más escaso y revalorizaba, conforme crecía la población y la demanda aumentaba, las casas de madera de la Nueva Panamá se habían construido muy ceñidas unas con otras, aprovechándose sus paredes como medianeras de las casas vecinas. Los graves inconvenientes de esta costumbre se pusieron de manifiesto durante los incendios que azotaron la ciudad. El encadenamiento de las viviendas hacía imposible levantar cortallamas en las calles para evitar que el fuego se propagase vertiginosamente. El citado BIas de Zárate, ante el requerimiento de las autoridades para que derribase la casa del comer- 98 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 Libros del Cabildo que en El Callao había, hacia 1614, unos bloques de granito, procedente de Panamá, abandonados junto al mar, que fueron trasladados a Lima antes de que se perdieran definitivamente. Esto confirma la llegada por barco de estas piedras.30 Otro testimonio aporta referencias bien concretas y nos induce a pensar que no debió de ser éste un caso excepcional: en algunos de los edificios más emblemático s de la capital virreinal, tales como la iglesia de la Merced de Lima, cuya portada fue realizada con piedra panameña,31 la elección del citado material apunta a un uso constructivo muy generalizado entre los artífices limeños ya en el siglo XVII. Cabría, entonces preguntarse ¿por qué era resistencia de los vecinos panameños a edificar de madera y no de mampostería sus viviendas? ¿Fué, quizás, el peso de la tradición el factor clave; la inercia perpetuada por generaciones de artífices de la madera, de "carpinteros de lo blanco", -como se les conocía, al igual que en Españaque transmitiendo a sus hijos sus conocimientos, perpetuaron un atradición que acabana consolidándose firmemente? BIBLlOGRAFIA l. Este trabajo fue presentado como ponencia en el X Congreso de la Asociación de Historiadores Americanistas, celebrado en Leipzig (Alemania) en selitiembre de 1993, dentro del simposio "La organización urbana en el mundo colonial". 2. Castillero Calvo, Alfredo: Enciclopea de la cultura panameña, cit., pág.18. 3. Don Alonso Mercado de Vilacorta a S.M., Panamá, 25, julio, 1675. A.G.I., Panamá, 25. 4. Iblden. 5. Sebastián de Ve\asco a S.M., Panamá, 18,julio, 1680. A.G.I., Panamá, 26. Aunque no podemos cuantificar el dato, hemos poido observar, a la luz de la documentaión revisada. que el arabal no sólo daba cabida a la población de color y a los indigentes, también un sector de la "clase media" paamena, e incluso algún que otro miembro de su cabildo y autoridades de inferior rago tenían su lugar de residencia en extrauros. Este hecho nos refuerza en la idea de que el arabal, aún cuando periferia y espaio maginal, no era ni mucho menos un lugar excluyente ni de contención social con respecto al intramuros. Vid., por ejemplo, ''Testimonio del cuaderno de embargos de Antonio de Carvajal y Fracisco Meléndez." Panam, lO, noviembre, i 710. A.G.I., Panamá, 188 y ''Testimonio de autos sobre el incendio de la ciudad de Panamá en i 737". A.G.I., Panamá, 202. 6. Sebastián de Velasco a S.M., Panamá, l8,julio, 1680. A.G.I., Panamá, 26. 7. ''Testimonio de autos sobre la especulación de las renta eclesiásticas. así de las religiones como de la clerecía..." Panamá, 1737 .A.GJ., Panamá. 202. 105 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 S. Real Orden a Luis de Bi'negas Osorio. Madrid, i 8,junio, 1683. A.o.l., Panamá. 99. En esta fecha ci alTahal contaba ya 300 casas. 9. Recio, Bernardo. S.1.: Compendiosa Relación de la Cristiandad de Qiiito, iino 1773. Edición, prólogo, notas y apcndices por el P. Carlos García ooldaraz, S.1. Biblioteca "Missiomdia Hispánica", Madrid, 1947, pág. 152. 10. Edición de Andrés Saumell- "Crónicas de Aiiérica", 59 a y b. Historia 16, Madrid, 1990, pág.. 175. 11. Recio, Bernardo, S.1.: Compendiosa Relación. cit, pág. 162 12. "Testimonio de autos sobre la especulaciÓn de las rentas... cil. A.o.l., Panamá, 202. J 3. Rubio. Angel: La ciudad de Panamá. Panamá, 1950, págs. 55 y 8 l. J 4. Sumario de la Natural Historia de las Indias. Biblioteca de Autores Españoles, tomo XXVII, Madrid, 1877, pág. 4S5. 15. Descripción de Panamá y su provincia (sacada de la) Relación que por mandado de la consejo hizo y envió aquella Audiencia. Ano 1607. En Serrano y Sanz, Manuel Relaciones Histórico- Geográficas de América Central. Madrid, 1908, tomo Vii. págs. 141- I 42. 16. Mena Garda, Carnien: La ciudad en un criice de caminos, cit., págs. I i 5-1 i 6. i 7. Acuerdo del cabildo de Panamá, en: "Testimonio de autos sobre la especulación de las rentas eclesiásticas... eit, año de 1737. A.o.l., Panamá,202. 18. Fray Juan de Fonscea, guardián dcl convento panameño de San Francisco. con motivo del terremoto acaecido en la regiÓn en 1621, redactÓ iin minucioso informe en el que se incluía esta interesante descripciÓn: "Los antiguos fundadores de esta ciudad... hicieron los edificios para Sil morada, templos y casas reales de maderas y tahlas con tan lindo arte y disposiciÓn que asientan sobre vanos de piedra los pilarotes o estantes de madera vaientes. mana, coeobola, níspero y guayacán (que en maderaje precioso, cedro muy fino y abundancia de cl, hace ventaja esta ciudad a todas las dcl PerÚ); sobre los estantes ponen sus soleras y vigas, y de una a otra, unos maderos delgados que llaman varas, y de esta manera dohlan dos veces o tres sus edificios; cércanlo todo de tablas con clavos que llaman de barrote, los maderos tan trabados entre sí, linos con otros. con elavos de escora, y media escora, confonne son menester. y las soleras y cuadrantes con clavos de a dos tercias, que llaman de eneolamenta y donde son menester de alfaxia y despucs, abrazados con las tablas. vienen a quedar las casas tan fimies y COn tanta fortaleza que hacen ventaja a las de piedra..." Requejo y Salcedo, Juan: RelaciÓn hístórica y geográfica de la provincía de Panamá, por... Año 1640. Publicada por Serrano y Sal'.. Manuel: Relaciones Hístórico-Geográfieas de América Central, tomo VII, Madrid. i 908, págs. 51-52. i 9. "Con ser todas las casas allí de maderas no se experimentaban en ellas los incendios, por ser su calidad tal, que aunque se pusieran algunas ascuas sohre el xuelo hollado, o contra alguna pared. todo el efecto que hacían era ahrir un agujero, sin encenderla y con la misma ceniza o polvo, que iba haciendo, se apagaha ella por sí: no obstante esta tan sohresaliente calidad, que en tanto tiempo después de su reedificaciÓn había preservado a esta ciudad, no bastÓ para que en el año de 1737 dejase de quedar reducida a cenizas casi tod,¡; y la bondad de las maderas de sus casas nO pudo indeiinizarla del estrago que ejecutÓ en ella la voracidad dcl fuego, bien que fue necesario para que concurriese otra causa a hacer más combustible su materia y fue haber empezado el fuego por una bodega, donde había, entre otnis géneros, porciÓn de hrea, alquitrán y aguardiente. conque-levando 106 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 consigo las llamas estas materias, con facilidad se pegaban a las casas, haciendo combustibles las singulares especies de sus maderas." Antonio de Ulloa: Relación histórica del Viaje a la América Meridional, cit., pág. 176 20. La presencia de esta figura nos sugiere quc cl dcsaiTOllo de la carpinteiía "dc lo blanco" (¡ mudéjar, habia conseguido enraizar en Panamá. Aquí, al igual que en las ægiones madedcras de México. Colombia. Cuba, Perú, Ecuador o Paraguay un estilo tan caractenstico de la península, como era el mudéjar, había prendido fácilmentc al intlujo de la difusiÓn del Tratado dc Diego LÓpe:¡ de Arenas. la transmisiÓn pragmática del oficio y la disponibilidad de recursos técnicos y naturales. 21. Hay un crror cn la suma. El total que figura en el documento signado por el escribano del cabildo, Bias de Zárate. es de 8.053 pesos, cuando en realidad debiera ascendcr a 8.452 pesos. 22. Autos del cabildo de Panamá sobre el incendio acaecido en la ciudad el 2 dc febrero de 1737. Prcsentados en la Corte por el procurador Lorenzo Lamar. A.G.I., Panamá. 202 23. Del Cueto de Pantel, Beatnz: De la vivienda y lo vivido en la ciudad de San Juan: Evolución de la arquitectura en Puerto Rico dese el siglo xix hasta el siglo xix, cn Estudios sobre arquitectura iberoamericana. Junta de Andalucía, Consejena de Cultura y Medio Ambiente. Sevilla, 1990, págs. 221-234. 24. Mcna Garda, M" del Carmen: La ciudad en un cruce de caminos. cit., pág. i 15. 25. LJlloa, Antonio: Relación histórica del viaje a la América meridional, cit., pág. 176 26. El cabildo de Panamá informaba a la Corona en 1752 que la mayona de los solarcs de las casas incendiadas en 1737 aún se mantenían desiertos, entre ellos los ubicados cn la Plaza Mayor, sin que en el transcurso dc catorce años que había mediado desde entonces, hubiera podido reedificarse laciudad por la miseria de los vecinos, falladel comercio y otras calamidades. A.G.I., Panamá, 140. Es evidente que se magnificaban los hechos con la intenciÓn dc mover a la conmiseraciÓn y recabar cl favor reaL. La reconstlUcción de la ciudad de Panamá fuc un proceso muy lento. çasi inacabado a lo largo del siglo xvii, de tal manera que cuando en 1756un nuevo inçendio, aunque de menor magnitud (el fuego chico,,) asoló una parte dc la ciudad. aÚn no se había acabado de reedificar muchas dc sus vivicndas. Algo similar puede decirse respecto al nuevo incendio de 1781. Los catastros urbanos realizados por las autoridades con motivo de ambos dcsastres" penniten averiguar con ex.actitud cn nÚmcros de solares que aÚn permanecían desiertos. En lo que respecta a la Plaza Mayor. para i 756. se çomputaban siete solares, además del de Palacio episcopal, pero elæsto de la superficic edificable cstaba ocupada. El aspecto que presentaba la Plaza Mayor por estas fechas ha quedado recogido en una bella representación que ha sido muy difundida. Nos referimos al "Plano de la plaza en que la M.N.L.e. de Panamá çelebró Toros. Comedias y Máscaras a N.e.M.D. Fernando VIO Q.D.G. en el mes de fcbrero Año del S, de MDCCXL Vll" (con testimonio enviado por el gohti-ador dc Panamá Don Dionisio de Alçedo y HelTera, con carta de 21 de marlOde 1748). A,G.i-. Mapas y Planos, Panamá 299, donde se distinguen, además de otros detalles urbanísticos de interés, las grandes residencias, el colegio de los jesuita y la catedral a medio edificar. 27. Los calastros urbanos confeccionados por las autoridades panamclias con motivo de los incendios de 1737. 1756 Y 1781 serán publicados en su totalidad constituyendo la base doçuiiental de nuestro prÚximo artículo: "Fuentes para el urbanismo de Panamá: las lagunas documentales y el papel dc los incendios", en "Anuario de Estudios", en "Anuario de Estudios Americanos" (en prc nsa). 28. Jaén Suárez, Ornar: Panamá au XVIH siecle (architecture el propieté urbane duns 1756, en "Cahicrs des Ameriques Latines", 7 (1 o semestre de 1973), pág. 383, 107 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 29. Recio, P. Bernardo, S.1.: Compendiosa Relación de la Cristiandad de Quito. Edición. prólogo, notas y apéndices por el P. Carlos García Goldaraz. S.1.. Biblioteca "Missionalia Hispánica "Madrid, 1947, pág. 145. 30. Cobo. Bernab¿: Histoi'ia del NlI'vo Mundo. Edición de Marcos Jiinénez de la Espada.'4 vols. Sevilla. t 890,1, pÚg. 254. 31. Durán, Ma Antonia: Lima durante el siglo XVlI. Estudio Urbanístico. Tesis Doctoral inédita. Sevilla, 1992, pág. 42 32. Bernales Ballestcros. Jorge: Lima: la ciudad y sus monumentos. Sevilla. Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1972 108 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007 Digitalizado por la Asamblea Nacional 2007