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Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy

Palette-Cazajus, Jean

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Revista de Estudios Taurinos N.º 44, Sevilla, 2019, págs. 37-140 SOBRE DOS PRÁCTICAS DE RIESGO: TOROS Y FILOSOFÍA HOY Jean Palette Cazajus* «Antes creo, Sancho – dijo don Quijote– que te quieres encaramar y subir en andamio por ver sin peligro los toros». (Don Quijote de la Mancha. Segunda parte.Capítulo XIV). I. PASEÍLLO l etnólogo Louis Dumont (1911-1998) relataba las duras y básicas tareas de su profesión. La de indagar si existen, en las lejanas comunidades estudiadas, formas del saber comparables a las que nosotros practicamos y si existen, entre nosotros, formas del saber identificables con las que ellas practican. La de construir conceptos y valores susceptibles de dar cuenta de tan incierta totalidad de semejanzas y diferencias. Nosotros, occidentales hemos construido un poliedro del saber cuyas caras múltiples cortan de algún modo la realidad de nuestra percepción en rebanadas epistemológicas. Cada categoría o modalidad del saber tiene así su rebanada particular que corresponde, queremos pensar,a una porción del saber total. Solemos hablar así de ciencias duras o exactas, de ciencias humanas, sociales. Y cada una de las citadas ciencias se va ramificando a su vez en otros poliedros sucesivos que funcionan según el conocido modelo de las matrioshkas rusas y siguen rebanando la realidad en incontables e interminables lon- E * Filósofo y antropólogo Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 37 Jean Palette Cazajus 38 chas subordinadas. Al final, no sabemos cómo sabemos, no sabemos qué sabemos, ni sabemos si sabemos. Hubo una época no tan lejana en que se pensaba que esta función totalizadora, esclarecedora, era la que le correspondía a la filosofía. La filosofía era lo que más se asemejaba al saber divino. Esto pensaba Platón. Pero ésto de alguna manera, seguía pensando Edmund Husserl (1859-1938) amparado en su fe en la reducción fenomenológica, en el método de suspensión del juicio, la famosa epojè, rescatada de su versión griega original. Su fenomenología transcendental estaba empeñada en creer que, como ocurriera desde Descartes, el esclarecimiento filosófico seguía dependiendo de alguna forma de autoconciencia fundacional. Husserl no podía aceptar que, modernamente, quedase confiado cada vez más a la mirada externa proyectada sobre el sujeto humano por el vertiginoso ensanchamiento del campo de las ciencias. Esta nueva capacidad aportada por la externalización científica de la mirada humana sobre la propia realidad, la asumiremos nosotros plenamente a lo largo de este trabajo. Asumimos que el hombre aprende más de sí mismo como obje- to de la mirada científica que como sujeto ebrio de solipsismo. No debería ser necesario añadir que también asumimos entonces el carácter hipotético, la fragilidad y transitoriedad de todo saber humano. Desengañémonos. Ahora la filosofía solo puede ser una actividad espeleológica. Porque solo en los intersticios dejados por las ciencias soberanas, solo en los socavones, profundos como simas, que se abren debajo de las autopistas del tecnouniverso encuentra hoy el alimento de su supervivencia. El filósofo permanece más que nunca en el fondo de la caverna. Filosofar ya no es una evidencia sino que ha vuelto a convertirse en un reto improbable. Por Tauromaquia entenderemos el conjunto de las prácticas taurinas actualmente vigentes. Es decir que hablaremos esencialmente de la llamada «corrida de muerte», osea la habi- Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 38 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy tual corrida de toros pero sin descartar el variopinto conjunto de tradiciones y prácticas populares alrededor del toro bravo. ¿Puede ser la tauromaquia un objeto de la filosofía? Por qué no? ¿Puede ser la filosofía un instrumento para pensar la Tauromaquia? Aquí las cosas se complican. Nos bastará, de paso, recordar que si la filosofía encarnó siempre la pretensión universal de la cultura occidental, la tauromaquia tiene,en cambio, una dimensión profundamente local. Veremos que la Tauromaquia solo es concebible para la mente en tanto que práctica excepcional, en tanto que fenómeno insólito. Es decir problemático. Si la filosofía internacional ignoró las corridas de toros, la filosofía española no le fue, en gran medida, a la zaga. El objeto aparecía particularmente incómodo. Como le pasó a Ortega y Gasset que tras afirmar en numerosas ocasiones la importancia de la tauromaquia en la historia española, tras proclamar su voluntad de dedicarle el texto fundamental que se merecía, dio finalmente lo que los aficionados llamamos familiarmente la “espantá”. Incontables fueron en la literatura taurina los títulos que recurrían a modo de salvo conducto o de traje de gala, a la palabra “filosofía”. En la primera mitad del siglo XIX, Santos López Pelegrín, taurinamente apodado Abenamar publicó una Filosofía de los toros; en los años 20 del pasado siglo, el ganadero Felix Moreno Ardanuy se atrevía con su Filosofía taurina; diez años más tarde el escritor carlista Torralba de Damas aportaba su piedrecita con una Filosofía del toreo. Repetía título el crítico taurino Giraldillo en 1951. En 1961, el periodista radiofónico Rafael Campos de España se atrevía con una Historia crítica de la filosofía del toreo. Y lo que nos dejamos en el tintero. Digamos de entrada que nada de lo que cuentan interesa nuestro objeto y que la palabra filosofía, en todos los casos citados, es un traje que les viene muy ancho. No podremos hablar sin duda de verdadera literatura o filosofía taurina si, a la hora de usar la pluma, el autor no se ha 39 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 39 Jean Palette Cazajus 40 sentido nunca confrontado con «un problema [que] lo atormentaba, le provocaba mala conciencia y le impedía escribir: aquello que acontece en el dominio de la escritura ¿no resulta, acaso, despojado de valor si se queda en lo estético, lo anodino y falto de sanción? ¿Si no hay, en el hecho de escribir una obra, nada que sea un equivalente ... de lo que es, para el torero, el cuerno acerado del toro cuya materializada amenaza es lo único que le confiere su humana dimensión al arte que ejerce, y así le impide ser nada más que fútil gracia de bailarina?» (Leiris, 1946). Las fútiles gracias de bailarinas abundan en la literatura taurina como en los ruedos. Pero en los vastos ámbitos de la tauromaquia considerada como una literatura, algunas obras hallaremos que también nos permitan hablar de “La literatura considerada como una tauromaquia”. II. ¿CÓMO LIDIAR ESTE TORO? La Tauromaquia podría ser un excelente objeto para la filosofía. Pero la filosofía no ha encontrado jamás ni la forma ni el lenguaje con que saber hablar significativamente de la tauromaquia. Los aficionados decimos de ciertos toros que son “inciertos” es decir que su comportamiento resulta impredecible, generalmente tirando a peligroso, con arreglo a los criterios generales de la etología comportamental del animal durante la lidia. Digamos que la Tauromaquia es un objeto fundamentalmente incierto. Una gema de particular brillo y dureza que ha roto sistemáticamente los dientes de quien intentara hincárselos. En realidad podríamos afirmar que solo se empezó a reflexionar “seriamente” sobre toros a partir de la segunda mitad del siglo XX. Salvando a algún que otro francotirador, el citado Michel Leiris (1901-1990) o José Bergamín (1895-1983). Salvada la publicación, en 1943, del primer tomo de Los Toros. Tratado técnico e histórico bajo la dirección de José María de Cossío (1892- 1977), el futuro y mítico Cossío. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 40 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy41 Veremos que intentar reflexionar seriamente sobre los Toros difícilmente se conseguirá si no recurrimos en algún momento a las ciencias sociales y humanas. Entenderemos que la filosofía es hoy tanto madre de aquellas ciencias como hija suya según los casos de lo que se asemeja a un verdadero intercambio dialéctico. Y entenderemos sobre todo que su actual carácter errático le sigue otorgando un estatuto libre e independiente. Por fin, no echaremos en saco roto la frase de Claude Lévi Strauss (1908- 2009): «Las “ciencias humanas” solo son ciencias mediante una halagüeña impostura». Para el gran etnólogo no se trataba de desvalorizar sino de tener siempre presente la posibilidad de la refutación. Aquí no vamos a tratar de demostrar nada sino de sugerir que la excepción táurica suscita ecos y armonías bastante más complejas que las de un monótono lamento fúnebre. Modernamente se ha intentado hablar de toros desde una perspectiva ética, estética, metafísica, ontológica, axiológica, simbólica, sociológica, etnológica, sicoanalítica, lúdica... podríamos seguir. La primera tentativa en ese orden fue seguramente la de Michel Leiris con su insólito Espejo de tauromaquia publicado en 1938. Nada gratuito resultaba el hecho de que Leiris uniera en su persona el espíritu de los surrealistas y la voluntad etnológica. Desde entonces cabe contemplar seriamente la hipótesis de que las mejores reflexiones sobre la tauromaquia hayan ocupado siempre un espacio incierto entre el rigor y el delirio. Deberemos preguntarnos en algún momento si puede hablarse, en el caso de la tauromaquia, de «hecho social total» según la definición que diera Marcel Mauss. Parece que el enfoque adquiere nitidez, que la tauromaquia se desvela con menor reticencia cuando el prisma es etnofilosófico. Lévi Strauss, de inicial formación filosófica, terminó concluyendo que ni la filosofía contestaba las preguntas que ella misma suscitaba, ni todas las preguntas necesarias cabían en la filosofía. En los mismos años en que Lévi Strauss lidiaba con las dudas que iban a deter- Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 41 Jean Palette Cazajus minar su itinerario intelectual, despuntaba en Alemania una corriente del conocimiento que,a su manera, reflejaba las mismas preocupaciones. Me refiero a la llamada “Antropología filosófica” alrededor de Arnold Gehlen y Helmut Plessner. Aquellos hombres trataban de integrar a la reflexión filosófica no solamente las aportaciones de la etnología sino también las de la biología, de la zoología, de la naciente etología, de la paleoantropología. Es decir que anticipaban prácticas epistemológicas hoy habituales. Exponían un ser humano carencial y excentrado por definición. Le buscaban un suelo naturalista al peregrinaje óntico de Heidegger. Pero donde ellos privilegiaban un arquetipo humano etnocentrado en la propia cultura, la alemana, llegando en algún caso, particularmente el de Gehlen, a coquetear con el nazismo, Lévi Strauss trató de intuirlo en la diversidad de las culturas, «observando las diferencias para descubrir las propiedades». A esta filiación añadiremos el nombre de Philippe Descola (París 1945), heredero directo y prestigioso de Lévi Strauss, cuya voluntad de pensar las categorías de las culturas humanas Más allá de naturaleza y cultura, título de su libro crucial, ayuda quien quiere intentar pensar los toros a pertrecharse con conceptos eficientes y esclarecedores y a superar las vanas miserias del actual enfrentamiento entre partidarios de la tauromaquia, demasiado retóricos y sus adversarios, siempre lacrimosos. Hoy la tauromaquia atraviesa una situación de absoluta emergencia. Padece un acoso despiadado por parte de poderosos grupos de opinión. Si los activistas antitaurinos siguen siendo minoritarios, la mayoría de la sociedad oscila entre la indiferencia y la hostilidad. No nos hagamos ilusiones, “es la lucha final” y los aficionados a los toros son minoritarios y se encuentran solitarios frente a una configuración ideológica de alcance mundial definitivamente instalada en el corazón de las mentes posmodernas. Dicho de otra manera, cualquier reflexión sobre los 42 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 42 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy43 Toros se ha convertido en una actividad bélica, en una experiencia de la trinchera. Cualquier aproximación distanciada a la tauromaquia aparece irrisoria, impracticable,por no decir aporética. El problema es que razonar en situación de emergencia no es bueno ni para la calidad del pensamiento ni para la lucidez del pensador. La gran etnóloga británica Mary Douglas, escaldada por los hábitos mentales heredados del estructuralismo, desconfiaba profundamente de todo pensamiento binario y de «aquellos que declaran que existen dos clases de gente o dos clases de realidades o de procesos». Sin embargo, vemos hoy que los sistemas binarios son esenciales en las ciencias de la computación y muestran asimismo su importancia, en ramas esenciales del saber, desde la biología evolutiva hasta los avances de las neurociencias. La tauromaquia es incomprensible para quien no asuma que solo constituye uno de los términos de un binomio. El otro es su antítesis negativa, el mundo de sus constantes enemigos que la acompañaron con histórica fidelidad. Creo así que toda tentativa de aproximación filosófica a la tauromaquia exige hoy verse completada por un conocimiento mínimo de las fuentes y fundamentos del actual pensamiento filoanimalista y antitaurino. De lo contrario, sencillamente no nos enteraremos del objeto de nuestra reflexión. Al final nos encontraremos con que la reflexión sobre la tauromaquia y sus prácticas, asociada con la reflexión sobre las ideologías y prácticas antagónicas, de periférica en los reinos de la filosofía está en vías de convertirse en un nudo reflexivo crucial, en el envite de las preguntas más urgentes sobre la identidad y la continuidad de la especificidad humana. III. ENTRE METAFÍSICA E INVENTARIO Metafísica taurina es un sorprendente libro de Cecilio Muñoz Fillol. Iniciada en fecha muy anterior y concluida en 1950, la obra iba a quedar inédita hasta 2009. El autor era un Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 43 Jean Palette Cazajus 44 curioso sabio enciclopédico, un humanista digno del Quattrocento, resurgido en el pueblo de Valdepeñas (Ciudad Real) donde naciera en 1909 y falleció en 1979. Licenciado en veterinaria y luego en filosofía y letras, simultaneó el ejercicio de su profesión inicial con la docencia, dejando aparentemente un hondo recuerdo entre su alumnado. Hombre activo e incansable,encontró tiempo para escribir 30 obras de teatro, 11 novelas y 30 ensayos. Abnegado y desinteresado, fue el primero en despreocuparse del destino editorial de muchas de sus producciones. La Metafísica taurina de Cecilio Muñoz Fillol es un obje- to altamente inusitado y significativo. Admito la absoluta arbitrariedad de mi elección a la hora de buscarle un prototipo a la reflexión moderna sobre los toros. Digamos que esta curiosa obra anticipa y de algún modo sintetiza, todo el repertorio temático que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y hasta nuestros días irán abordando los posteriores estudiosos de la tauromaquia. En lo mejor y en lo peor. En lo ambicioso y en lo verboso. En lo luminoso y en lo nebuloso. Lo evoqué hace un rato: aquí hallaremos, como en botica, mitología y simbología, psicología y estética, ecología y etología y para liar la salsa, una buena dosis de metafísica en el sentido más rutinario de tan peligrosa categoría filosófica. Los años de redacción, los de una dura y provinciana posguerra civil, marcan indudablemente el sino de la obra. Cecilio Muñoz Fillol tampoco era un especialista de las plurales ramas del saber que se atrevía a manejar con torera vergüenza y las imprescindibles fuentes de documentación bibliográfica no abundarían en la Valdepeñas de los años cuarenta. La obra resulta hoy un extraño y fascinante objeto arqueológico. Bastantes páginas conservan cierto interés. Pero, al final, domina la sensación de obsolescencia y a veces se impone cier- to desasosiego ideológico durante los numerosos momentos en que la mirada etnológica queda empañada por la retórica: «La crueldad –leemos por ejemplo– es innata en el hombre y no ha Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 44 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy45 podido contra ella nada la civilización [...] en todo hombre palpita un coeficiente de crueldad de carácter atávico más o menos pujante, más o menos dormido, más o menos latente, porque es la herencia de Caín, el superviviente del primer crimen». O también: «Lo más turbio de las almas turbias y lo más turbio de las almas limpias, que en estas duerme en la infraconsciencia sin emerger jamás, brota en la fiesta de los toros como descarga que exonera la infectada maraña de la humana maldad. Y queda el alma purgada, de momento, de malos instintos ...». Pesa una inclinación declamatoria posiblemente incapaz de librarse de la presión ideológica y de los tics retóricos de aquel momento histórico. Estilo y construcción dan idea de la tonalidad general de la obra. Reciente la tragedia del caínismo nacional, tenía Don Cecilio sobradas razones para dar rienda suelta a un derramamiento pesimista. Pero ciertamente el supuesto aspecto catártico de las fiestas de toros dio mucho juego en los años posteriores, con menos ingenuidad y más pedantería. En esto, Cecilio Muñoz Fillol fue realmente un pionero. Parece que conocía varias obras de Ortega y Gasset y se infiere que tenía un conocimiento más o menos rudimentario de Freud y de Nietszche. No sé si fueron tales fuentes las que le impulsaron a proclamar una muy peculiar teoría sobre la existencia en la humanidad de un universal “sentido taurino” predeterminado por un supuesto “instinto taurino”, sobre cuyas modalidades y factores de transmisión glosa abundantemente frente, todo hay que decirlo, a nuestra dubitativa perplejidad. “Excéntrico” en el sentido más etimológico, y ello por su carácter ciegamente etnocéntrico, es un adjetivo que le viene como anillo al dedo a este extraño libro, aunque solo fuese por la manera tardía y periférica en que ha llegado a nuestras manos. Cabe pensar que el erudito manchego tuviese en mente, cuando se lanzó a la redacción de Metafísica taurina,la reciente publicación, en 1943 y 1947 de los primeros tomos, de la gran obra Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 45 Jean Palette Cazajus cionado se desespera. En cambio el toreo interior es curvo, sobrio, intenso, “pisa” el terreno del toro, “obliga” su naturaleza y se practica en el espacio de la “corná”. Nada más concreto, más etológico, más prosaico si cabe. Conseguir de forma metódica, armónica, rítmica y de principio a fin que el toro vaya por donde no quiere ir es la definición de la faena perfecta. No se torea enarbolando a Heidegger y citando Ser y tiempo. Se torea “citando” al toro, conociendo y forzando su etología comportamental. Entonces sí cabe la posibilidad de que,alguna vez, milagrosamente,surjan y se conjuren ser y tiempo. Siempre que el toro sea “bravo”. Los toros antiguos embestían menos, eran, con frecuencia, más mansos pero también, paradójicamente, más bravos. El profano pocas veces sabe hasta qué punto la indudable genialidad selectiva de la mayoría de los ganaderos dichos “de bravo” ha sido capaz de independizar la embestida de la bravura. Tal vez lo que sigue diferenciando al aficionado del “espectador” es la idea de que un toro no puede ser calificado de bravo si no es peligroso, si no queda en él ningún rastro de fiereza. Si no manifiesta lo que, de forma antropomórfica, llamaríamos combatividad. En ciertas circunstancias, el dominio sicológico del torero sobre el toro llega a ser real y se podría decir que lo está, literalmente, “desbravando”. Pero muchas faenas actuales semejan ejercicios de amaestramiento. Curiosamente, al que manifiesta un mínimo de inteligencia, con el consiguiente peligro, llamamos negativamente “toro de sentido”. Pero ponderamos como “noble” al que el gran veterinario y escritor taurino, Ramón Barga Bensusán, mostraba científicamente ser un toro tonto. No nos cansaremos de repetirlo, la indudable profesionalidad y admirable competencia genética de los ganaderos actuales han resuelto la cuadratura del círculo y creado un toro que embiste sin crear apenas peligro. Hoy, para muchos cerebros crepusculares el toro ideal es el que combina movimiento y docilidad. Entre lo mecánico y lo doméstico. 52 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 52 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy53 Bien pocos son ya los toros bravos que salen de toriles. Cuando irrumpe uno, el aficionado cabal dice sobriamente: «hoy salió el toro». El torero podrá optar entonces entre exteriorizar el peligro o interiorizarlo. Podrá elegir entre la permanencia del “Ente” o la arriesgada posibilidad del “Ser”. Cuando coinciden en el ruedo toreo interior, es decir etimológicamente “egocéntrico”, y toro bravo, el “ser hacia la muerte” accede a la plena conciencia de sí. Surge entonces una inesperada forma de ereignis, de advenimiento numinoso que fusiona verdad del espacio, verdad del tiempo y,si nos gusta jugar con la palabra, verdad del “Ser”. De alguna manera se habrá representado en la arena la alegoría de la constitución ética de la propia conciencia. Pero, en la plaza, como en la vida, lo más habitual es que la inercia de la existencia se complazca con los encantos de Eigentlichkeit, la diosa Inautenticidad. En la plaza como en la vida, las tramposas manifestaciones del simulacro bastan para complacernos. Optar por Eigentlichen Seinkönnens, por la propia capacidad de acercarse a la autenticidad,optar por buscar el “Ser” en la cara lívida de la muerte, es privilegio de muy pocos. VI. UN ARTÍCULO DESENVUELTO Y PREMONITORIO «Los toros son un sacrificio, un rito ancestral, no sanguinario, pero sí ineludiblemente sangriento. Hay que ligarlos con raíces micénicas, ibéricas y romanas de razas fuertes y solares. ... Y ya colocado el problema en ese terreno –sacrificio y rito entre toro y público– todo se aclara y se tranquiliza. Ese rito no existe casualmente desde el Ródano hasta las desembocaduras del Betis y el Tajo, salpicando a América, por casualidad. Existe como atávico rito de purificación y liberación de la crueldad animal y nativa, de esas ardientes razas solares. … Pero estoy dispuesto a admitir que de no matar tantos toros, nos hubiéramos matado unos a otros. … Realmente, si se fija uno un poco, toda la crueldad del público de toros se dispara hacia el ruedo; en las gradas, salvo alguna bronca leve, hay Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 53 Jean Palette Cazajus mucha más guasa, risa, puros, novias y refrescos. De una corrida de toros sale el público tranquilo y sedante. Nunca sé que de una corrida saliera la gente para asesinarse o quemar conventos2. Para estas cosas se ha salido de los Ateneos, de los mítines y aún de las cátedras. Es la inteligencia la que,cuando es cruel, lo es definitivamente,porque no se libera a sí misma tan estética y fácilmente como el instinto». La cita es de José María Pemán (1897- 1981). En la “tercera” del diario ABC del 23 de agosto de 1951 y viene dedicada al ya citado libro del crítico taurino Giraldillo,uno de tantos atrevida e impropiamente titulados Filosofía del toreo. Toda la página interpreta en modo ameno la melodía ideológica y taurina de una época. Al mismo tiempo su recurso, nada gratuito, a dos palabras tan significativas como “sacrificio” y “rito” anticipa la temática que resultará dominante durante medio siglo en las reflexiones “serias” sobre la tauromaquia. Pemán, como hiciera Fillol, se acuerda de la crueldad y también él proclama su convicción de una función catártica de la corrida de toros. La última frase de la larga cita es particularmente llamativa, fascinante y tristemente lúcida. El pesimismo cultural que trasluce,la advertencia que contiene y el tipo de individuos a que alude brotan sin duda del conocido posicionamiento ideológico del autor. Pero la lucidez y la eficacia con que Pemán señala aquí, burla burlando, los mecanismos de la violencia totalitaria ocultos detrás del teórico propósito emancipador,nos impone una pequeña apostilla: de círculos ideológicos sin duda propensos a reproducir así inexorables violencias “emancipadoras” se nutre a menudo el antitaurinismo militante,el mismo que piensa que la tauromaquia añade 54 2Pemán parece ignorar que tras una mala corrida en la plaza del Torín de Barcelona, "El dia de Sant Jaume del any trenta-cinc" (25 de Julio 1835), en un contexto anticarlista y anticlerical, se escibió «això va ser la causa de cremar els convents». Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 54 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy55 violencia a la vida social. Siendo más probable –nosotros no afirmamos– que en realidad la conjure y la minore. En ambos autores, en Pemán y en Muñoz Fillol, la palabra “crueldad” parece dictada por el contexto cronológico posguerracivilista y la memoria escaldada de la irracionalidad de las turbas. No obstante la totalidad del artículo no puede librarse del tono ligero y de la desenvoltura de que alardeaba un autor en las antípodas de la obsesión doctrinal y del ideólogo que «ha salido de los ateneos». Más cosas interesantes nos deparaba no obstante la lectura de aquella sugerente “tercera” de ABC. Los Toros se postulaban entonces como “La Fiesta Nacional”. Pero al amparo de la retórica ampulosa y apologética , el “trapío” del animal había quedado reducido y sus defensas solían mermarse de manera fraudulenta y sistemática con el florecimiento del “afeitado”. Frente a quienes se atrevían a protestar, estaban los que temían que el regreso a un toro más voluminoso y mejor armado tuviese consecuencias sangrientas. El eco de la muerte de Manolete (1947) no se había apagado. El artículo de Pemán intervenía en tal polémica y,de alguna forma, indicaba que ya existía en 1951 la divisoria entre autenticidad y simulacro, riesgo e inocuidad, profundidad peligrosa y espectacularidad conformista. Mostraba como ya existía en las plazas de toros, un fuerte sector del público que,anticipando los actuales tiempos, rechazaba la posibilidad del drama y privilegiaba el esparcimiento y la despreocupación. Los toros habían entrado plenamente a formar parte del espectáculo de masas moderno al lado del cine,del futbol y, pronto, de la tele. La futura irrupción de un personaje como El Cordobés dio la medida de la mutación sociológica que venía subvirtiendo las mentes del público taurino. Por no quedar no quedaba ya ni la coartada estética. Por estos sectores acomodaticios parecía decantarse Pemán en su página. Tal período histórico constituyó una travesía del desierto para la reflexión sobre la tauromaquia. Brilla como un diamante Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 55 Jean Palette Cazajus 56 aislado el bellísimo libro de Angel Alvarez de Miranda (1915- 1957), Ritos y juegos del toro, publicado en 1962. El investigador escribe el libro fundacional sobre mitos, magia y religión del toro, primero en la península ibérica, después en el área mediterránea, en otras religiones antiguas de Egipto, de Asia Menor, del Mediterráneo Prehelénico y de Creta. Para los aficionados resultó particularmente reveladora la importancia concedida a las prácticas asociadas al rito del llamado “toro nupcial”. Están documentadas desde la época de Alfonso el Sabio y aparecen fecundas y sugestivas a la hora de rastrear las premisas del toreo moderno. En puridad es un brevísimo capítulo, “Elementos rituales del toro nupcial en las corridas modernas”, pero su impacto será profundo y duradero, como todo el libro que respira densidad,lucidez y modernidad investigadora. Tanto es así que todos los que escribirán sobre toros a continuación, tendrán metida la obra en un rincón de su mente,cual norte de la aguja de marear. Pero también nos veremos en la obligación de comentar el cúmulo de ambigüedades y malentendidos que desde entonces no dejó de obliterar las relaciones entre antiguas mitologías del toro y la tauromaquia moderna. Muerto el dictador,los toros recobraron por un tiempo cierta frescura, se renovó y rejuveneció la afición, subió el nivel de exigencia y también la altura del debate taurino. Porque el advenimiento de la democracia estimuló a la vez el pensamiento taurino y su inseparable discurso inverso, el discurso animalista y antitaurino. Todo el mundo sabe que el discurso antitaurino ha sido una constante histórica desde la misma Edad Media. Pero solo en los últimos decenios acabó de centrarse en la exclusiva dimensión filoanimalista. Tradicionalmente,las razones invocadas para el rechazo cabían en la expresión «pan y toros»,tópico que llegó a simbolizar la “alienación” oscurantista y popular contrapuesta a las exigencias regeneracionistas que caracterizaban al ciudadano ilustrado. Como Pan y toros se hizo famoso un panfleto de 1812, largo Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 56 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy tiempo atribuido a Jovellanos pero cuya autoría se asigna hoy a León de Arroyal (1755-1813). En realidad e irónicamente titulado Oración apologética en defensa del estado floreciente de España. Las razones de la hostilidad hacia los toros podían ser religiosas a veces, pero eran esencialmente de índole económica, política y social. Muy pocos se preocupaban por la muerte del toro. Recordábamos hace un instante que la mortandad en el ruedo era así mucho más caballuna que taurina. VII. SÍMBOLOS DEL SACRIFICIO En mayo de 1984 la Revista de Occidente publica “El sacrificio del Toro”,de Julian Pitt-Rivers (1919-2001), etnólogo británico un tiempo afincado en Grazalema (Cádiz). El artículo se convertirá en uno de los míticos textos de referencia. El texto va a inaugurar una temática –correcto sería decir también una moda– en el tratamiento de la tauromaquia, cuya onda de choque se hace sentir hasta nuestros días. La cuestión de saber si la corrida de toros es un rito, o un sacrificio, o ambas cosas a la vez, se va a convertir en ineludible para toda reflexión que aspire a ser tenida en cuenta. Aquella hoguera ya había empezado a prender con el libro de Álvarez de Miranda. Libro por otra parte fragmentario, inacabado, publicado por su viuda, Consuelo de la Gándara, posteriormente a la muerte prematura de su autor. Con anterioridad,ya habían aparecido signos precursores. El novelista y dramaturgo francés Henry de Montherlant (1895-1972), más que aficionado, taurófilo de altura, publicaba en 1926 una autobiografía novelada –de recomendada lectura– donde narraba sus pinitos toreros en Andalucía. La tradujo posteriormente al español Pedro Salinas. El propio título nos ponía sobre aviso: Los bestiarios3. En varias ocasiones el narrador ponía la tauromaquia bajo la 57 3Parece que el primero en usar la palabra "bestiario" para referirse al torero fue el ciertamente incomparable, truculento y antitaurino Eugenio Noël, ya citado en el apartado segundo. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 57 Jean Palette Cazajus advocación y el recuerdo fundacional de los antiguos ritos mitraicos y de la religión tardorromana del “Sol invicto”. El escritor francés había contraído la pasión por estas cuestiones al contacto de un personaje singular,el marqués de Baroncelli-Javon (1869- 1943), legendario inventor,más que defensor,de lo que hoy se consideran tradiciones de aquella marisma del Sureste francés llamada Camarga. El fue quien se dedicó a institucionalizar y dotar de un zócalo histórico los dispersos juegos de riesgo que se solían practicar con el ganado autóctono. Conviene guardar en mente este concepto de “Invención de la tradición”, conocido título de una obra de Hobsbawm y Ranger que fue pionera en mostrarnos que las tradiciones pretendidamente más inmemoriales fueron habitualmente inventadas, reinventadas, remendadas o restauradas en fechas asombrosamente recientes. Es el caso de las tradiciones taurinas. En el actual “momento de la verdad” que ve el progresivo acorralamiento de las fiestas de toros por grupos de presión cada vez más poderosos y en un contexto ideológico y axiológico de las sociedades siempre más hostil, produce desazón comprobar como el argumentario de muchos de sus defensores se reduce al vetusto y pueril sonajero de la tradición. Por más contraintuitivo que les parezca a las mentes rutinarias, el estado actual de las prácticas taurinas populares y de la propia corrida de toros, lo veremos también a través de las tesis de Manuel Delgado Ruíz, es el resultado de la modernidad histórica y política. En cuanto al recurso a la antigüedad de los consabidos cultos, ritos y sacrificios del toro en el área mediterránea, con sus sempiternas referencias a las categorías de fertilidad,de fecundidad o de virilidad,a lo cósmico y lo ctónico, éste muestra toda su deuda histórica con Álvarez de Miranda. Desde entonces tales invocaciones han pasado a formar parte de la panoplia y de la munición polémica de muchos aficionados. 58 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 58 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy Un ejemplo ha sido la difusión en Canal Plus Toros, el 25 de febrero de 2016, de un largo documental de André Viard, (Mirande, Francia, 1955), torero de alternativa, universitario, escritor y pintor además de conocido y pugnaz defensor de las tauromaquias. El polifacético personaje está muy obsesionado con las citadas referencias arqueo-culturales y les dedicaba un espacio importante en su película. Nosotros siempre hemos valorado el profundo e incuestionable interés antropológico e histórico de estas antiguas categorías míticas o religiosas. Resulta no obstante que las citas, afirmaciones y conclusiones de André Viard al respecto son con frecuencia ingenuas, apresuradas y discutibles. Finalmente es lo de menos. Porque no le debería caber duda a nadie de que la relación de aquellas antiguas culturas con los contenidos de la tauromaquia moderna, sus retos y los problemas que la acucian es absolutamente tangencial. La necesidad de acopiar munición para la batalla polémica no puede cegarnos. La ruptura histórica, semántica y vivencial de la corrida de toros moderna con aquel universo mítico y ritual es hace tiempo definitiva. Retrospectivamente,no deja de ser sorprendente el éxito de la publicación de Julian Pitt-Rivers, cuya tonalidad general era la de un trabajo pensado para el lectorado británico y profano en cuestiones españolas y taurinas. Tampoco contiene nada susceptible de enganchar al aficionado práctico a los toros. La interpretación está basada en los conocidos polos de interés del etnólogo británico, es decir los valores tradicionales de las sociedades mediterráneas y en particular la Antropología del honor o política de los sexos como reza el título de una de sus obras más conocidas. Pitt-Rivers aplica a la corrida de toros una mayéutica basada en el método estructuralista donde la deuda con los brillantes análisis de Lévi Strauss parece obvia. A partir de ella, pretende extraer una construcción simbólica, transitiva e inobjetable. Para Don Julián, la corrida de toros es una representación «de la modalidad andaluza de relación entre los sexos». 59 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 59 Jean Palette Cazajus Inicialmente femenina al comienzo de la lidia, la figura del torero termina interiorizando la virilidad del toro en el momento en que da muerte al animal mediante el explícito símbolo fálico del estoque. «A través de la representación de un intercambio de sexo entre el torero y el toro así como la inmolación de este último, que transmite su capacidad de engendrar al vencedor, se efectúa un trasvase entre la Humanidad y la Naturaleza: los hombres sacrifican el toro y reciben a cambio la capacidad sexual de aquél» argumenta Pitt-Rivers. Añade que el rito solo puede entenderse cabalmente si contempla «el peligro de la sangre menstrual conjurado por el sacrificio de un animal con cuernos». Objetivo cumplido mediante una particularidad de la muerte del toro que consiste,se atreve Pitt-Rivers, en que el diestro reasume plenamente su masculinidad cuando hunde el estoque en «esa vagina que le ha abierto el picador sobre el mons veneris de su lomo». La audacia y la originalidad de la comparación, la coherencia de su enunciado, pueden fascinar y estimular la reflexión. También pueden producir desconcierto, duda y perplejidad. VIII. SACRIFICIO DE LOS SÍMBOLOS La técnica interpretativa es conocida y consiste en practicar, con más o menos acierto, talento y coherencia, un particular juego de “Lego” que manipula los elementos simbólicos según un método, el estructural, basado en jugar con las oposiciones, inversiones, sustituciones y transformaciones. El resultado resulta a menudo muy espectacular sin que estemos siempre en condiciones de establecer si se trata de hipótesis rigurosas y plausibles o de simples juegos malabares más o menos deslumbrantes. La brillantez y sobre todo la aparente lógica de la demostración actúan como factores inconscientes de convencimiento y veracidad. Pitt-Rivers se cura en salud y cita a Víctor Turner para recordarnos que «el significado de los símbolos nunca es evidente para quienes los emplean y sólo aparece ante 60 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 60 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy el que los observa desde fuera». El problema es que ninguna coherencia o lógica interna del discurso símbólico extraído de unos hechos contingentes –aquí el rito o sacrificio taurino– garantiza que la interpretación del observador sea la adecuada. Nos acordamos en seguida de los términos emics y etics tan de moda hace ya decenios en la antropología cultural anglosajona, precisamente porque permitían nombrar la oposición entre las 61 categorías de pensamiento indígenas (emics) y las categorías de pensamiento del antropólogo (etics). No lo olvidemos, la construcción de cadenas simbólicas, lógicas e interpretativas, es un puro producto de la antropología occidental y de sus protocolos, caracterizados por la continuidad discursiva y transitiva. En cambio, las sociedades tradicionales, rituales, no “construyen” símbolos interpretativos, “producen” símbolos usuales en su vida cotidiana y ello de forma básica- Fig. n.º 9.- Mosaico del toro alado, símbolo que representa el sacrificio, del evangelista San Lucas. Iglesia de San Manuel y San Benito, Madrid. Todas las imágenes de este artículo son referencias electrónicas de Flickr. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 61 Jean Palette Cazajus X. UNA PARTICULAR TRINIDAD Tres años después de la publicación de El sacrificio del toro por Julian Pitt-Rivers, sorprendía en 1986 la originalidad de un libro del antropólogo Manuel Delgado Ruiz (Barcelona 1956), titulado De la muerte de un dios y subtitulado La fiesta de los toros en el universo simbólico de la cultura popular. De alguna forma, la obra venía a culminar el momento sociocultural y el tipo de pensamiento simbólico/sacrificial que venían reinando. De la muerte de un dios también recorre los itinerarios del simbolismo taurino pero los diversifica y los socializa de forma más próxima al cuerpo de las comunidades estudiadas. Evidentemente Delgado Ruiz tiene un conocimiento de la historia y de la sociedad española más profundo y menos exótico que Pitt-Rivers. La originalidad del libro, aparte de su generoso y muy interesante aparato de citas textuales, es su continuo recurso al caudal de las coplas y los cantares populares como vehículo semántico de sus hipótesis. Coplas y cantares desempeñan aquí un papel parecido al relato mítico en la obra de Lévi Strauss. Es decir que más allá del inmediato frescor de las letras, exponen, no la opinión consciente de los actores, sino el significado inconsciente de las estructuras mentales legadas por la cultura. Veremos que Delgado Ruiz se mueve de manera a la vez más selectiva y radical dentro del universo simbólico y sacrificial. El etnólogo catalán privilegia la manifestación discursiva de las estructuras inconscientes de la vida social, tal como aparecen en la diversidad de las prácticas taurinas locales y en la riqueza y fertilidad del acervo lírico popular. Más que por una consideración rutinaria sobre los roles sexuales tradicionales, Delgado Ruiz se interesa particularmente por la nupcialidad. Huelga decir que el recuerdo de Álvarez de Miranda es manifiesto. Sobre esta base Delgado Ruiz desarrolla una interesante parábola donde la muerte del toro sirve para simbolizar e ilustrar la progresiva renuncia cristiana al carácter instintivo y socialmente peligroso de la sexua- 68 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 68 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy lidad masculina indómita. Tradicionalmente,el único momento en que el joven varón español podía dar rienda suelta a su reprimida sexualidad,y ello con la aquiescencia de la sociedad,era durante la noche de bodas, con una novia preferentemente virgen. Pero a partir de aquella noche,se produce una turbadora y progresiva inversión de los papeles. La sexualidad varonil empieza a ser domesticada y reconducida hacia la moderación y la finalidad reproductiva de la familia y de la sociedad. La novia se convierte en madre, con el tiempo cada vez menos tentadora y deseable, pero definitivamente poseedora, al fin y al cabo, del pene paterno, dueña y administradora pues del potencial genésico del núcleo familiar. En cambio, el varón domesticado por el matrimonio y la sexualidad socializada, de alguna forma queda equiparado al principio de dependencia y pasividad femenina tradicionales. De nuevo reaparece aquí, pero de forma inesperada y paradójica, la habitual inversión de los roles sexuales. Para Delgado Ruiz, la muerte del toro refleja el encauzamiento y la domesticación de la sexualidad masculina juvenil, socializada en beneficio de todos. Ahora bien, no existe mejor arquetipo del hombre en la flor de la edad y obligado a sacrificar su potencia sexual en beneficio de la comunidad que la vida y muerte de Cristo. El etnólogo muestra cómo las tradiciones populares españolas, las coplas y los cantares multiplican los ejemplos de fusión y confusión entre las dos figuras míticas, la del toro y la de Cristo. Ya lo hiciera Unamuno con su Cristo español, en 1909. La fusión es sin duda tan armónica como antagónica y convendrá aquí recordar el genio de Marcel Mauss: «El dios sacrificado es el dios y el enemigo del dios». Esta transformación permite a Delgado Ruiz introducir el fundamental papel, en esta epifanía, de la Virgen María, mujer joven a la vez que madre del hombre joven sacrificado a la Comunidad. Nadie puede ignorar la abrumadora presencia en fiestas locales y de toros de la figura tutelar de la Virgen Madre en sus incontables 69 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 69 Jean Palette Cazajus advocaciones españolas. La tesis sorprendente de Delgado Ruiz es que tras la consunción, en el sacrificio taurino, del Toro- Cristo, la que sobrevive y se impone es la religión de las mujeres, la de la diosa madre. El binomio Toro-Cristo se convierte entonces en sorprendente trinidad coronada por la diosa-madre. A las fiestas taurinas, Delgado Ruiz las llama «taurolatrías». La palabra también la utilizará Pitt-Rivers en sentido etimológico, cuatro años más tarde, en 1990, para encabezar otro interesante trabajo titulado Taurolatrías: “La Santa Verónica” y “El Toro de la Vega”. En cambio, el etnólogo catalán fuerza un poco el campo semántico del vocablo para adaptarlo a lo que ha venido teorizando. Bajo el término de «taurolatrías» entiende reunir exclusivamente las manifestaciones tradicionales, callejeras y populares de las prácticas taurinas. Exceptuando el espectáculo clásico, el más visible y concurrido, la corrida formal que se ve drásticamente descartada. Para Delgado Ruiz la corrida de toros no es más que un epifenómeno histórico de procedencia borbónica, artificial, encorsetado por las reglas, las normas y los preceptos, producto de una nefasta concepción paternal y dirigista, la del estado moderno y …masculino. «Hoy – escribe, de forma, todo hay que decirlo, algo prolija y confusa– el combate contra las taurolatrías cobra esa misma dirección: la de la destrucción de la vieja religión de la madre y el hijo, de la casa, de la comunidad reconocible y la imposición, también entre las clases populares, las más reacias a ello, de un único modelo de orden y poder,que no es otro que el patriarcal, naturalmente adecuado […] a las grandes sociedades jerarquizadas y estratificadas, sometidas al control estatal». Taurolatría y cristolatría son una misma cosa. Y ambas se funden en una mariolatría que no es más que el disfraz cristiano del eterno culto mediterráneo a la diosa-madre. Y de allí se termina desembocando en «Lo femenino radical como sedición» dice el autor, porque «El reino de la madre está en las antípodas del reino del Estado…». 70 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 70 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy Si la entendemos correctamente, toda la argumentación de Delgado Ruiz parece presuponer la persistencia, en 1986, de un “pueblo” etnológicamente puro, naturalmente llevado a seguir expresándose mediante los valores orgánicos del viejo paganismo transhistórico, todavía vivo en los intersticios de la religión oficial. El viejo paganismo se colaría así con mucha espontaneidad en el vehículo de la mitología y los dogmas cristianos. La brillante exposición, argumentada, ejemplificada con abundancia de citas, referencias, coplas, cantares, que ha venido realizando Manuel Delgado Ruiz, parece resumirse y concluirse de pronto en la postulación de una utopía político-social apoyada en valores premodernos. Así nos parece al menos. En este sentido Pitt-Rivers y Delgado Ruiz llevaban camino de encontrarse. El pueblo que describen se parece mucho más al fantasma idealizado de tan seculares como improbables comunidades rurales que a su realidad sociológica moderna. La descripción que José María de Cossío hacía de las capeas rurales y del pueblo beodo que las protagonizaba, por su severidad la podría haber firmado un radical antitaurino. El libro de Delgado Ruiz aparece en cambio como una paradoja reactiva y demófila,una exaltación de las manifestaciones más primarias y tumultuarias de la tauromaquia callejera. Pero hoy los actuales actores de encierros, toros en la calle, correbous y otros toros al carrer constituyen un público muy heteróclito y nos tememos que muy poco acorde con el «pueblo» transhistórico postulado en la obra y los sueños del etnólogo catalán. Me atrevería a categorizarlos entre una “élite” de corredores taurófilos y militantes, concienciados y casi profesionalizados, luego una mayoría de jóvenes aculturados a lo más tóxico, artificial y masificado de las culturas posmodernas a lo que hay que añadir el residuo de una minoría primaria y algo bárbara empeñada en darle la razón a Cossío. 71 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 71 Jean Palette Cazajus XI. PERO EN EL PRINCIPIO ERA MICHEL LEIRIS Muy poca gente leyó la primera edición francesa, en 1938, del Miroir de la Tauromachie. Entre aquella fecha y la publicación, en 1995, de Espejo de Tauromaquia4,su muy digna traducción española, habían transcurrido cincuenta y siete años. Estábamos coronando todavía la cresta de la ola de las teorías rituales, sacrificiales y simbólicas. El lector interesado estaba preparado para descubrir entonces la magnitud de la deuda que todos los prosélitos de dichas teorías tenían contraída con el escritor y etnógrafo Michel Leiris (1901-1990), ya evocado al principio del presente trabajo. Particularmente Julian Pitt- Rivers, pero también Manuel Delgado Ruiz. Leiris vio su primera corrida en 1926, en compañía de Picasso. Interesará su posterior comentario: había presenciado «una fea mascarada» de la que había sido «a pesar de todo, testigo deslumbrado». Para quien fuera discípulo de los surrealistas, la corrida de toros era una tragedia donde hacía irrupción lo Sagrado. Lo sagrado venía engendrado por la presencia, en el ruedo, del erotismo a través de la contraposición de los dos principios sexuales. El masculino actuaba como “sacrificador”, el femenino como “víctima”. Que una relación sacrificial estuviese en la base de toda relación erótica y que la corrida de toros fuese un escaparate simbólico para ella, era lo que ya esbozaba, años antes, en 1928, de los elementos rituales, común a todas las corridas, el tortuoso y torturado Georges Bataille (1897-1962) en su crudísima Historia del ojo. Inspirado por la terrible muerte en Madrid, en 1922, de Manolo Granero, el relato exaltaba la percepción del acto sexual y erótico como algo “destructivo”, pero solo se publicaría en 1967, tras la muerte de Bataille. Recordemos también de entrada que la mutación e intercambio de los roles sexuales, la idea de que el torero encarna el princi- 72 4Editorial Turner, 1945 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 72 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy pio femenino hasta el momento en que,mediante el estoque fálico, el sacrificio del toro le devuelve la preeminencia masculina, está perfectamente expuesta en Espejo de Tauromaquia cuarenta y cinco años antes de reaparecer en Pitt-Rivers. También se entenderá mejor,en el anterior capítulo, la importancia del papel otorgado por Manuel Delgado Ruiz a la muerte del toro en tanto que vector de la necesidad social de desbravar la sexualidad, si recordamos esta referencia insistente de Leiris a la sexualidad transgresiva y destructora encarnada por el animal. Leiris asume que en el erotismo humano la fuerza del principio masculino tiene vocación jerárquica para dominar un principio femenino considerado como más débil5. Pero en la corrida de toros –observa– nos encontramos frente a un escenario paradójico que muestra cómo la debilidad viene subyugando la fuerza. Leiris fue muy influenciado en su momento por un texto del etnólogo Robert Hertz (1881-1915) cuya obra, que se presagiaba esencial, quedó trágicamente truncada por la Primera Guerra Mundial. El texto se titulaba Preeminencia de la mano derecha y era el primero en establecer una axiología del cuerpo humano basada en la dicotomía izquierda/derecha. Leiris aprovecha las reflexiones de Hertz, para desarrollar una atrevida reflexión sobre aquel dualismo cosmológico y axiológico aplicado a la corrida de toros. «El diestro –escribe Leiris– (es el lado) de la belleza inmortal, soberana, plástica. Luego el elemento siniestro, (está) situado del lado de la desgracia, del accidente, del pecado». Aquí “diestro”, en traducción española, es adjetivo y califica el lado derecho. Pero bien podría usarse como sustantivo en el sentido taurino. Porque el diestro es efectivamente el lado del “diestro”, y el siniestro el del toro. Para referirse a las herramientas de la lidia, al capote, a la muleta, la jerga de los aficionados suele hablar, en colectivo, de 73 5Apresurémonos a recordar que el texto se publicó en 1938. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 73 Jean Palette Cazajus “los engaños”. Y así Leiris afirma que el proceso que culmina, en el momento de la estocada, con la plena recuperación de la virilidad por parte del torero, no da cuenta de todo el espesor del acontecimiento. Previamente a la muerte del toro –considera– las prácticas formales de la faena, basadas en el uso de “los engaños”, equivalen a un proceso de persuasión y seducción del astado. Los métodos del torero lo asemejan así a la figura y a los métodos, engañosos, de la prostituta. De allí que el torero aparezca en definitiva como una figura profundamente ambigua y contradictoria, como un ser andrógino, entre lo diestro y lo siniestro, entre heroicidad y artificio, entre pureza y pecado. Sobre esta base Leiris puede ahondar en la importancia capital de la dimensión especular generada por el “coito sacrificial” en la corrida. En un vertiginoso juego de espejos, los antagonismos duales dibujan el paisaje de nuestras ambigüedades fundamentales. Si la corrida es un espejo que coloca al hombre frente a sus emociones más ocultas, el libro de Leiris aparece como el espejo de un espejo. En la doble imagen especular que ve al torero reflejado en el toro y al toro en el torero, el toro, encarnación de lo telúrico, lo sexual y lo irracional permanece ciego frente al espejo del torero mientras el torero descubre en el toro su propio lado “siniestro”. De esta asimetría entre lo animal y lo humano brota la noción fundamental del “hiato”, de la fisura inherente al drama de toda existencia humana y que la corrida escenifica como no lo hace ningún otro espectáculo. En los toros, el hiato, la fisura, es la grieta fundadora de toda existencia humana. Es la expresión del vértigo carencial que define nuestra condición. No hay fusión posible del torero con el toro, sino una fisión que desaparece con la muerte de uno de los dos. En realidad solo con la muerte del torero desaparecería la fisura porque,con él habría desaparecido la humanidad. Por esto la labor del torero le exige el esfuerzo de preservar su vida y así mantener abierta la fisura 74 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 74 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy angustiosa inherente a la condición humana. En cambio, muerto el toro lo que desaparece es el espejo de lo siniestro, de modo que el triunfo del torero anula por un momento en el espectador la angustia de la fisura y le proporciona un sentimiento efímero de “completud” humana. El sentimiento del hiato, de la fisura es inseparable del acto de torear. En la fisura se expresa la vulnerabilidad humana. Y la verdad,llega a comprender Leiris, no es más que la evidencia de la vulnerabilidad. «El hombre es aquello que le falta» resumía Bataille. Asumo la dificultad de dar una visión coherente y transitiva del libro de Leiris. En parte porque mi adhesión a las demostraciones del autor de La Regla del Juego es tan cautelosa como intermitente. Su exuberancia metafórica es asombrosa y también exasperante. Es un texto irrepetible y anclado en su momento y lugar histórico, el Paris postsurrealista y protofreudiano a punto de ser engullido por la Segunda Guerra Mundial. Su lectura coquetea, pienso, con la argucia y el riesgo de la saturación semántica. Michel Onfray, filósofo francés tan popular como controvertido, no oculta su odio por la tauromaquia. Recientemente, le ha dedicado un trabajo poco ameno precisamente titulado, banderilleando de paso a Leiris, significativamente titulado: Espejo roto de la tauromaquia. Recuerda entre otras cosas que en sus obras más importantes como La edad de Hombre y La Regla del Juego,el escritor se complace en confesar sus problemas, fobias y deficiencias sexuales. Tiene derecho el filósofo francés a interpretar Espejo de Tauromaquia desde las carencias y frustraciones sexuales de su autor. En realidad esto es lo de menos. Como lo comentábamos a propósito de Pitt- Rivers, la tauromaquia es aquí particular pretexto y pre - texto para engendrar un texto. O mejor dicho, como toda la literatura taurina, más y mejor tal vez que ninguna de sus producciones, Espejo de Tauromaquia practica un metalenguaje paroxístico suscitado por un tipo de impotencia que no es la sexual sino la que 75 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 75 Jean Palette Cazajus experimentan las palabras frente a la irreductibilidad de otro tipo de lenguaje realmente denotativo y peligroso: el que se enuncia paladinamente en la práctica de los ruedos. Si alguien ha sabido expresar el posible sentimiento de inautenticidad que puede padecer la literatura frente al lenguaje de la tauromaquia este fue Leiris cuando hablaba de «La literatura considerada como una tauromaquia»6. Pero nadie puede restarle al autor de tan extraño objeto como es Espejo de Tauromaquia,el mérito de ser el primer escritor en considerar la tauromaquia como una práctica humana axial y usarla como fuente inagotable de inspiración simbólica. En el fondo, toda la intencionalidad del presente trabajo podría caber en la consideración que hace Leiris –heredada de Georges Bataille–de una condición humana fundada en el “hiato” y la fisura. Aceptar que el hombre no tiene esencia sino la de sus propias preguntas. Recordar que el toro “en sí” pertenece al silencio indiferenciado del mundo. Que anexionado al mundo del hiato y de la fisura por la tauromaquia, se convierte en objeto de preguntas y respuestas que solo deberían referirse al hombre. Este es el malentendido fundamental que nos tiene aquí. XII. LA TENTACIÓN DE RENDIRSE Situada y recordada la enorme deuda con el gran precursor, el libro de Delgado Ruiz, aparecía como la exasperación y la agonía de la “coartada simbolista” con sus adicciones a la vez conceptistas y culteranas. Con su coherente desarrollo, perturbado por enigmáticas conclusiones, fascinaba, desconcertaba, exasperaba. Sus inferencias finales extrañaban, perdían a veces –pensamos– el hilo de la coherencia epistemológica. Creo que algunos datos sobre la trayectoria posterior del autor ayudarán a poner las cosas en su sitio. En la actualidad Delgado Ruiz es profesor de antropología religiosa de la Universidad de Barcelona. 76 6Recuerden la cita de Leiris con que cerrábamos el primer apartado. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 76 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy Es hombre comprometido en política y veterano militante de EUiA (Esquerra Unida i Alternativa). Son particularmente reconocidos sus numerosos trabajos sobre el uso y la ideología del espacio urbano. De la muerte de un dios,en 1986, fue su primer escrito de importancia. No ha vuelto a tocar ni mencionar el tema taurino en su vida ni se espera que lo haga. Su libro puede considerarse como el ocaso de una literatura que,en el fondo, aparece como dilatoria. Agotado el material en las vetas minerales de la edad interpretativa, a partir de entonces nadie ya podrá rehuir el retorno a la realidad concreta y polémica de la tauromaquia y a la necesidad de un posicionamiento ético de supervivencia. Posteriormente, la grata tentación de los juegos formales, a veces irrisorios, a que dio lugar la simbología taurina sacrificial tenderá pues a retraerse. Porque la sombra de los batallones filoanimalistas en orden de batalla empieza a planear definitivamente sobre el paisaje intelectual. Por esto, a partir de los años 90, no hay reflexión medianamente seria sobre la tauromaquia que no aparezca condicionada por el problema, en adelante crucial, de su legitimidad ética. En 1998, el etnólogo francés Frédéric Saumade publica Las tauromaquias europeas: la forma y la historia, un enfoque antropológico. Con el prólogo, llega el ajuste de cuentas: «De modo que tenemos que admitir que la teoría sacrificial no es más que la proyección intelectual de un arquetipo etnológico sobre una realidad que aparece así más sugestiva, cuando lo que requería era una explicación realmente convincente». La ruptura con el período anterior es tajante. El libro ejerce una minuciosa descripción sociológica de las variadas prácticas que Frédéric Saumade coloca bajo la etiqueta de «tauromaquias europeas». Desde el soporte material que permite la realización del espectáculo, siguiendo con el entorno humano, social y económico que le da vida y terminando con las consideraciones etnográficas que diferencian, contrastan u oponen cada una de las tauromaquias descritas. Estas 77 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 77 Jean Palette Cazajus animalista coloniza nuestro cerebro y nos sugiere como legítimo el debate sobre la porosidad de las fronteras entre hombre y animal. Para desacreditar la “obsesión sacrificial” en los toros, Saumade,dijimos, la calificaba de arquetipo etnológico. La negación, o cuando menos relativización, de las fronteras entre hombre y animal procede ella, como veremos, de la reactivación atávica del “arquetipo animista”, o antropomórfico, presente en toda mente humana pero invasivo en las mentes zoófilas. Seguidamente, Gómez Pin renuncia a la batalla principal para dedicarse, durante un largo capítulo, a establecer “La auténtica jerarquía entre arte y tauromaquia”. Cápitulo muy subjetivo donde el autor recurre a lecturas históricas: la de la ópera por ejemplo, o actuales: la lectura de las creaciones asépticas e insípidas de ciertas modalidades del arte contemporáneo, para convencernos de que la tauromaquia no puede entrar en las categorías, por muy flexibles que sean, que definen las artes convencionales. Comparto su criterio. El último capítulo, “La animalidad perdida y asumida” vuelve a la trinchera y adopta cierta coloración fenomenológica pero predominan las referencias a la paleontología y la etnología. Extrañamente los autores elegidos son caducos. Desconcierta la referencia a las tesis obsoletas desarrolladas por Sigmund Freud en Tótem y Tabú. El cuento freudiano sobre el animal sacrificado y símbolo del padre resulta un poco polvoriento tras los trabajos de Lévi Strauss y de los que vinieron después. Recordemos que para el gran etnólogo francés, el totemismo solo era una ilusión de los antropólogos del siglo XIX. Él lo consideraba esencialmente como una lógica de clasificación que sirve para articular una relación entre series naturales y series culturales. Esta lógica clasificatoria aplicada al papel moderno del toro sería, no cabe duda, infinitamente más productiva que la referencia a Freud. Es más acertado Gómez Pin cuando incide en la fundamental dialéctica entre individuo y especie que en el caso huma- 84 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 84 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy no se traduce en colisión. Esta es la vía por donde trataremos de caminar en su momento. La individuación del ejemplar humano de la especie aporta con ella la conciencia de la muerte. «Hablar es dejar de ignorar la dialéctica muerte-vida» dice Gómez Pin. Así comprenderemos que «La muerte es un concepto del cual los animales carecen. De ahí que […] los animales sencillamente no maten». Irrumpe entonces una aprehensión final de la tauromaquia, luminosa y productiva, que la proyecta como «un reflejo de esa codificación entre registro de la animalidad y registro de la racionalidad» que se convierte en «memoria profunda» alimentada a través de la «fertilización del lenguaje». La lección de la corrida es evidente: «Así, respecto a la muerte, lo adecuado… [es]… contemplarla no como lo que amenaza la realidad presente,sino como lo que posibilita la presencia de tal realidad». No es el menor acierto de esta lúcida proposición el de llevarnos a la consideración de que la singularidad transgresiva de la corrida de toros y su familiaridad con la muerte golpean nuestras facultades sensoriales con una intensidad inaudita. De modo que,adversarios o partidarios, todos la percibimos, no como una realidad,sino como un espacio de hiperrealidad. XIV. EN EL FRAGOR DE LA BATALLA Francis Wolff (Ivry-sur-Seine 1950) es un reputado filósofo y universitario francés. Es el director del departamento de filosofía de la prestigiosa ENS (Escuela Normal Superior) de París, donde anima los inestimables “lunes de la filosofía”, inestimable espacio de debate y confrontación. Reconocido especialista en filosofía antigua, particularmente en Aristóteles, es también aficionado a los toros e incansable defensor de la tauromaquia. Publicó en 2007 Filosofía de las corridas de toros. Título ambicioso. El propio autor se encarga de relativizar: «Tranquilícense los no filósofos o aquellos a quienes la palabra filosofía asusta o aburre...no hay que tomarla aquí al pie de la 85 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 85 Jean Palette Cazajus letra». El libro es un tratado ameno que se propone abarcar la globalidad de la corrida de toros, empezando con la definición de sus protagonistas, toro y torero, pasando por los problemas suscitados, la legitimidad de la muerte del toro, la especificidad ética del improbable individuo al que llamamos torero y la determinación de la propia naturaleza del espectáculo, ritual, sacrificial, ética, estética o... sublime en sentido kantiano como sugiere en algún momento el filósofo. La obra se despliega como una glosa prolija, que no siempre consigue evitar el pecado de toda literatura taurina, el énfasis un punto redundante. Va dirigida lo mismo al aficionado curtido que al profano ilustrado. Aquí el filósofo viene a poner sobre todo la destreza y la agudeza de su “gesto técnico”, profesional y la calidad de la expresión textual. El segundo y tercer capítulo, “Sobre nuestros deberes hacia los animales en general” y “Por qué muere el toro”tejen una apretada red argumental que se desarrolla, intuimos, mirando de reojo hacia la presencia del enemigo. No estoy seguro de que la definición antropomórfica del toro como un «ser activo, resistente, combatiente», dueño aparentemente de su destino, que «realiza su esencia cuando combate» o el concepto, muy aristotélico, de toreidad, constituyan el mejor acceso posible a la ética y la realidad del toro de lidia en el actual contexto. En este tema, toda argumentación eficiente debe externalizarse y exhibir una rotunda e independiente definición de los conceptos, no lo que parece aquí un discurso justificativo, acoquinado bajo la presión de la ideología adversa. En este sentido el extraño concep- to, casi aristotélico, de toreidad me parece demasiado apañado a medida para contrarrestar el animalismo desde su propio terreno antropomórfico. La empresa parece suicida. Los capítulos sobre la ética y el ser del torero le deben mucho a la inspiración estoica y se nutren de referencias a Marco Aurelio, Séneca o Epicteto. «¡Locura es que haya todavía quien quiera ser torero!» se admira Wolff con toda razón. La 86 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 86 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy exclamación del filósofo ayuda a considerar la tauromaquia desde el ángulo que nunca debería faltar, el de un espectáculo entre lo enigmático y lo improbable. Por supuesto Wolff echa su cuarto a espadas y también nos ofrece su personal disertación sobre el estatuto artístico de la corrida. Tiene el impagable méri- to de destacar su carácter también impuro, su frecuente “fealdad”, sus bandazos desde lo horrible a lo sublime. Como nada hay comparable con los toros para estimular el verbo y la tentación lírica, como el libro está sembrado de referencias a toros, toreros y faenas concretas, el resultado coquetea con la idealización. Ciertamente el filósofo es lúcido, nos ha avisado de que la corrida de toros puede ser muy desabrida. Suele ser lo más frecuente. Pero nada en su libro permite hacerse una idea de los funestos síntomas actuales de degradación interna. Obvia el autor la polémica esencial sobre la definición de la bravura del toro y su necesario grado de peligrosidad y fiereza. Silencia la indigencia ganadera predominante. Finge ignorar la victoria definitiva del público de espectadores sobre el público de aficionados, es decir la del papanatismo sobre la exigencia crítica. Nada tampoco sobre el alarmante proceso de retraimiento de los públicos taurinos. Ni sobre las constantes corruptelas y trampas del “mundillo” de la profesión. Wolff sabe, pero no lo dice, que el enemigo interior se llama tentación del simulacro. Por esto, no lo dudemos, a la postre el único filósofo taurino válido será siempre un filósofo colectivo, la afición asidua y exigente. Sus conocimientos taurinos no han de ser enciclopédicos como piensan los profanos. Lo primero es la exigencia ética del hombre de bien. Luego se requiere saber algo de la etología elemental del toro en el ruedo así como las mínimas reglas de geometría de los terrenos invocadas por Bergamín y Ortega y Gasset7. El resultado no será tanto la búsqueda del disfrute esté- 87 7Ver apartado V, y más adelante,apartado XVI. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 87 Jean Palette Cazajus tico como la de cierta forma de confluencia entre la exigencia externa y lúcida y la coherencia interna de lo que acontece en el ruedo. Lo que puede considerarse como una infrecuente forma de madurez filosófica. (La intensificación del fragor de la batalla llevó el filósofo francés a publicar posteriormente un libro más modesto, en gran parte nutrido del anterior, 50 razones para defender las corridas de toros). No podemos despedirnos de Wolff sin volver sobre el muy turbador concepto de toreidad mediante el cual el toro de lidia «realiza[ría] su esencia». Cuesta imaginar de qué manera podemos suponerle al toro de lidia una casi elección y asunción del propio destino sin convertirnos en rehenes del desastroso subjetivismo antropomórfico privilegiado por los animalistas. Poco importa finalmente que el antropomorfismo esté en los conceptos o en su expresión. Creo que un mínimo aprovechamiento de los saberes mejor contrastados en el campo de la etología, de la paleontología y de la historia evolutiva del toro de lidia dará mejor resultado. La fuerte perplejidad experimentada frente a este improbable concepto de toreidad contribuyó a reforzar mi conciencia definitiva de que no habrá salvación en la cada vez más frágil defensa de la tauromaquia fuera de un aparato conceptual próximo al naturalismo evolutivo. Este será nuestro cometido en los últimos apartados. XV. SOBRE SAVATER Y LA ALTERNATIVA FUNDAMENTAL En 2010, al calor de la polémica suscitada en Cataluña y que terminaría con la prohibición de las corridas de toros, Fernando Savater (San Sebastian, 1947 ) escribía un librito de 96 páginas, Tauroética. Su contraportada es un excelente resumen: «El libro de Fernando Savater no es un alegato a favor de las corridas de toros, sino contra las argumentaciones moralistas de quienes quieren suprimirlas. Sobre todo, es una reflexión sobre 88 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 88 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy nuestras relaciones con los animales y la diferencia esencial entre los miramientos que debemos tener con ellos y las obligaciones éticas que tenemos con los humanos». Poco podremos añadir en materia de ambigüedades. No me consta que Fernando Savater sea un aficionado a los toros particularmente apasionado y asiduo. Creo que en aquel momento tan desagradable, que vio la fiesta de los toros atenazada por la improbable pinza bífida del 89 animalismo y del catalanismo político, incomodado por unos y otros, el filósofo quiso reaccionar contra la confluencia de la mala fe. La argumentación se quiere didáctica, minuciosa, caso por caso, pero a la postre termina siendo relativista y errática. Es el posicionamiento preferido, en sus adversarios, por el animalismo radical que lo considera, con toda razón, como éticamente inseguro y propio de quien no las tiene todas consigo y se bate en retirada. Fig. n.º 10.- Portada del libro Tauroética,de Fernando Savater. Ediciones Turpial, 2010. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 89 Jean Palette Cazajus En su momento, las incontables páginas animalistas y antiespecistas de Internet se recomendaban unas a otras el comentario crítico de cierto universitario americano que, según ellos, desbarataba la argumentación de Savater. Encontré el comentario y lo leí. Solo se trataba de una crítica lógicamente argumentada desde la vulgata animalista pero de tono tan escolar como alicorto. Desde la creencia autosatisfecha, el texto daba previamente por buena la superioridad moral de los zoófilos. Pero coincido con él en una cosa: Savater parece desconocer los grandes autores de la literatura animalista. Nadie debe sentirse obligado a leer las casi 700 páginas de la biblia de Tom Regan sobre derechos animales pero es un deber conocer básicamente los fundamentos de un ideario activo y en constante evolución, sólidamente afianzado en las más prestigiosas universidades, sistemáticamente reforzado por la adscripción de nuevos intelectuales y universitarios. Desespera toda comparación con el aldeanismo y la producción casposa y enfática tan habituales en las respuestas procedentes del bando adverso, se supone que el nuestro. La subestimación del potencial del enemigo es la antesala de la derrota suelen enseñar en todo ejército serio. Admito no haber profundizado nunca lo suficiente en la teoría memética, defendida por el biólogo Richard Dawkins (Nairobi, 1941). Los memes, equivalente cultural de los genes, serían unos replicadores susceptibles de explicar la expansión rápida de ciertos comportamientos culturales, expansión que solemos calificar también, de forma parecida, con el rutinario adjetivo “viral”. Son términos que parecen reflejar a las mil maravillas la manera con que una exasperada sensibilidad relativa al mundo animal ha venido a ocupar en los últimos años, viene a invadir día tras día, de la manera más variopinta, los primeros planos mediáticos. Trátese del consumo de carne, de la realidad de los mataderos, de la cría industrial de animales de 90 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 90 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy granja, del maltrato o del bienestar en el mundo animal, de la revelación de sus prodigiosas capacidades intelectuales, o trátese de edificantes anécdotas heteróclitas, por no mencionar siquiera el ominoso tema taurino. La benévola placidez del libro de Fernando Savater delata tal vez la ausencia de una real conciencia trágica de la situación. Si damos fe al mensaje que tratan de inculcarnos los animalistas, borrar las últimas fronteras que nos separan de los animales sería eliminar el último obstáculo que aparta la humanidad,en todo caso su minoritaria y precaria subespecie occidental, del definitivo acceso hegeliano a la conciencia reconciliada. Adelantando acontecimientos y reflexión ulteriores, el arrollador éxito actual de las ideologías animalistas muestra la terrible dificultad para muchas conciencias modernas de renunciar a las facilidades de los espejismo teleológicos, a la creencia infantil en un happy end de la historia humana que estuviera al alcance de la mano. La ideología animalista de alguna forma viene a sumarse a las pasadas utopías de la ingenuidad para completar una nueva e irénica ideología salvífica. Personalmente desconfiamos de la consistencia de los “progresos humanos” cuando no nos exigen ni renuncia ni sufrimiento, cuando coinciden confortablemente con el “amor propio” en sentido etimológico, es decir el disfrute complacido de la propia calidad moral, el colchón mullido en que descansan quienes se significan pensando «¡Qué cómodo resulta en el fondo formar parte de los elegidos, y qué grato en medio de tanto malvado retrógrado!». Nosotros contemplaremos desde aquí una alternativa algo menos candorosa: lejos de avistar la próxima reconciliación de la humanidad consigo mismo y de paso con sus supuestos hermanos zoológicos, o lo que queda de ellos, consideraremos que tal perspectiva es ajena a la propia realidad de la condición humana, a su incongruencia en tanto que “anomalía evolutiva”, concepto que trataremos de explicitar. 91 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 91 Jean Palette Cazajus El Hombre, al menos en su versión occidental convendría otra vez precisar,nunca llegó a reposar en su «esencia» como él mismo trató de convencerse durante cerca de dos mil años. La realidad de su especificidad histórica es la de un constante divorcio interno, un perenne desgarrón entre lo que va dejando de ser y lo que va empezando a ser. Nuestra única mismidad es la de ir deviniendo otros. Nuestra modalidad de ser es por definición angustiada, excentrada, carencial, en proceso perpetuo de autoabandono y mudanza. Fueron sin duda sus primeras vivencias taurinas las que,perturbando sus certezas, las que,sembrando preguntas devastadoras sobre su percepción del acto de vivir,las que, desvelándole territorios ignotos de las posibilidades del ser,llevaron el inolvidable Georges Bataille a ofrecer la definición lapidaria que no nos cansamos de interrogar: «El hombre es aquello que le falta». Lo que siempre le falta, no lo que cree venir sumando como confortables dividendos del capital progreso. XVI. LA OLVIDADA VERDAD DE LOS GEÓMETRAS Los textos elegidos aquí, al margen de su posible arbitrariedad, lo fueron porque muestran la evolución convergente de dos estados de la opinión sobre la tauromaquia durante los últimos cuarenta años: la opinión intelectual y la opinión pública. La perspectiva del objeto taurino fue siempre azarosa, aventura extraña entre la grandeza y el naufragio. Se pudo hablar de una época áurea del toreo. No cabe hablar de plenitud para la atmósfera ideológica o intelectual que la envolviera históricamente. Nunca fue serena, siempre inestable y con aviso de tormentas. Quienes fueron los precursores y avisadores de la complicada contemporaneidad fueron también los que más se acercaron a la plenitud por la originalidad de la reflexión. Retrospectivamente, en claro contraste con las enjundiosas lecturas anteriores, casi medio siglo antes del período que abarca este trabajo, irrumpió un extraño meteoro, un pequeño diamante negro, un breve obje- 92 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 92 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy to literario deslumbrante y arbitrario. En 1930, las 72 páginas de El arte de birlibirloque de José Bergamín (1895-1983) revelan la Tauromaquia y vuelven casi redundante mucho de lo que pudo escribirse después. Se admiraba Azorín en ABC,el 31 de enero de 1930: «Friedrich Nietzsche tiene una frase, dos palabras, en que se resume todo su concepto de la vida y del arte: “Energía ligera”. Y esto es lo que en el arte de torear y en la literatura propugna José Bergamín; la energía ligera, en oposición a la pesadez, a la pedantería, a la presuntuosidad, a la hinchazón y la redundancia». Nada tenemos que añadir. ¿Qué aficionado, qué escritor taurino se atrevería hoy a escribir que «una corrida de toros es un espectáculo inmoral, y, por consiguiente,educador de la inteligencia»? Son textos breves, aforismos, sentencias, simples jaculatorias. Todo es incisivo, perentorio, revelador,arbitrario, convincente...o no. Bergamín, por aquel entonces vivía en el culto y el recuerdo de Joselito el Gallo quien fuera el acmé del toreo tradicional. Rechazaba la rompedora heterodoxia de Belmonte,a la que tachaba de «feísmo» y veía en el trianero prognato el iniciador de la decadencia: «El predominio de la línea curva y la rapidez son valores vivos de todo arte (Joselito). El de la lentitud (morosidad) y la línea recta, son valores muertos invertidos (Belmonte)». La cita es turbadora, sugiere un momento crucial de la tauromaquia, el de un nuevo paradigma y de un momento de basculación de los valores. Más tarde Bergamin hizo público su mea culpa con Belmonte. Lo que importa aquí es que El arte de birlibirloque no oculta la tauromaquia bajo el alud parasitario de la digresión más o menos ambiciosa. No usa la tauromaquia como pretexto ni como pre-texto. En la obrita habla el ruedo, la perspicacia y la intuición del ruedo. Debajo de las palabras, vivas y escurridizas como peces, late el ingenio de un escritor incómodo e inclasificable que también fuera un aficionado entregado y asiduo. 93 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 93 Jean Palette Cazajus animal”, exterior a nosotros, era la consecuencia lógica de aquel pasado etnocentrismo, ontológicamente anclado. “Animal” era cualquier ser vivo que no fuese humano. Hoy solo tenemos derecho a seguir usando la palabra siempre y cuando nos incluyamos en tan vago concepto. Que el concepto genérico de «animal» sea, al menos en parte, una consecuencia del dualismo ontológico occidental viene a confirmarlo de forma comparativa el hecho de que,por dar un ejemplo, la lengua de los antiguos egipcios, con sus numerosas divinidades zoomórficas, carecía de palabra para expresarlo. Lo realmente importante es que el uso indiscriminado de la palabra “animal»”como genérica nos ocultó lo fundamental, a saber que cada especie es efectivamente,valga la redundancia, un mundo específico, autosuficiente y solo relacionado con otras especies a través de las prácticas de predación o, en el mejor de los casos, de comensalismo. Fuera de ello, lo normal es que reine entre especies el autismo, la incomunicación, la indiferencia y el silencio del mundo. Hablamos, por supuesto, de los animales llamados “salvajes”. Los particulares comportamientos de las especies domésticas son ellos, peor todavía, el resultado de su total artificialización y antropización. XVIII. EL HOMBRE ES UNA “ANOMALÍA EVOLUTIVA” Durante muchos años a ningún etólogo occidental se le ocurrió aplicar los protocolos de las ciencias humanas al estudio e interpretación de los comportamientos animales. Quienes rompieron el tabú fueron los etólogos japoneses. No nos extrañará a poco que nos acordemos de la dimensión animista y continuista asumida tanto por el Budismo como por el Shintoísmo en relación con el mundo animal. En este contexto se hicieron importantes y ya clásicos descubrimientos como fueran la práctica del lavado y “salado” de patatas en el mar por parte de los macacos japoneses de la isla de Koshima (1953), así como su proceso de 100 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 100 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy difusión en el seno del grupo, divulgados en un famoso artículo de 1965. Se trataba del primer comportamiento animal oficialmente repertoriado como cultural. Es decir no genéticamente heredado sino individualmente aprendido y transmitido. Hoy la expresión “culturas animales” ha pasado a formar parte de la rutina. Aceptado el criterio, y por no salir del mundo de los mamíferos8,los más "cultos" son los chimpancés, particularmente en su variante bonobó. Se hablaba hace poco de unos sesenta, setenta "gestos" considerados culturales sumados por nuestros “primos” evolutivos. Todos ellos relacionados con actividades muy elementales. Los chimpancés suelen recoger cantos que les sirven para partir distintos tipos de nueces. Hábito considerado "cultural" por los especialistas. Golpear los cantos unos contra otros, para romperlos es un gesto muy elemental que permite obtener unas toscas aristas susceptibles de facilitar primitivas operaciones de corte o desgarro. Gesto que se considera el modestísimo inicio de una actividad técnica. Hasta la fecha, nadie ha observado nunca la más mínima tentativa de este tipo entre aquellos miembros de la supuesta élite de las culturas animales. Para establecer un orden de comparación, recordemos que los paleontólogos atribuían tradicionalmente el “invento” de los primitivos cantos arreglados, conocidos como choppers,a Homo Habilis hace algo más de 2 millones de años. Hoy se considera cada vez más la posibilidad de que la autoría corresponda a ciertas especies de parántropos o australopitecos y se remonte a unos tres millones de años, es decir un millón de años antes de la aparición de las primeras ramas consideradas propiamente humanas. Esto supone que dichos parántropos y australopitecos habían alcanzado entonces un nivel cognitivo superior al de los actuales chimpancés. 101 8Psittacus erithacus,el loro gris del Gabón es famoso por sus capacidades cognitivas. Del raciocinio del pulpo cuentan maravillas los especialistas. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 101 Jean Palette Cazajus Por esto podemos considerar que la aparición de los primeros bifaces líticos, hace más o menos un millón y medio de años, anunció realmente el inicio de la hominización. Incluso aquellos bifaces inaugurales, todavía muy toscos, no pudieron realizarse sin la noción de un proyecto finalizado y la implementación de la técnica para realizarlo. La generalización complacida de la expresión culturas “animales” durante los últimos años, resulta pues particularmente perversa porque pretende asentar en nuestras cabezas una imposible y torticera analogía con las culturas humanas. Cabe preguntarse por la legitimidad de reunir bajo el vocablo común de “cultura” prácticas tan inconmensurables. Si entendemos perfectamente,desde la continuidad evolutiva, la coherencia epistemológica de quienes aplicaron a los grupos sociales de primates los criterios tradicionalmente propios al estudio de las sociedades humanas, tan necesario y coherente aparece el proceso inverso. A cada especie la caracteriza y la define el llamado etograma de sus comportamientos. En tanto que genómica y biológicamente inseparable de la evolución general de las especies, debe considerarse que la suma de los comportamientos humanos constituye pues el etograma de nuestra especie. Excepcionales fueron los factores, aleatorios, teleonómicos, emergentes u otros, que marcaron el ritmo de la evolución humana. Enumeremos, sin que la lista sea exhaustiva, las mutaciones favorables, el papel de la mano, de la bipedia y de la técnica, las consecuencias de la neotenia9,del desarrollo cortical, del control del fuego, de la evolución cultural y finalmente el fatídico lenguaje. De modo que el etograma humano se caracteriza por su excepcional capacidad de innovación, acumulación, significación, abstracción y simbolización. El etograma de nuestra especie lo mismo produjo en su momento el bifaz que viene produciendo 102 9Persistencia de caracteres juveniles después de haberse alcanzado el estado adulto. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 102 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy ahora la física cuántica, la inteligencia artificial o los asesinos en serie. Todo saber humano por muy sofisticado o aberrante que sea es lógicamente producto de la etología de la especie. Esto nos aboca a dos fuertes paradojas. La primera nos dice que el hombre es así el único animal que sabe que lo es. La segunda, corolario de la primera, dice que en un mundo sin presencia humana, en ausencia pues de la única especie capaz de nombrarlos y categorizarlos, no habría, nominalmente, “animales”. Existiría la carne pero no el verbo. El resultado nos lleva a otra nueva paradoja, a la que podemos llamar Gran Paradoja. Los timoratos que siguen agarrándose, como a un clavo ardiendo, al postulado de la dualidad ontológica ante la perspectiva de verse “retrocedidos” al reino animal, pueden respirar. Porque la Gran Paradoja nos dice que el ser humano, ese animal genética y biológicamente como los demás, ha venido a ocupar, entre las especies, una nueva posición preferente,referencial y culturalmente autopoiética. Y esta se muestra más radicalmente diferenciadora y productora de jerarquía de lo que fuese jamás el "humanocentrismo" tradicional, basado en la caduca dualidad ontológica. La secular tesis de la excepción humana ontológica queda así sustituida por la de una absoluta especificidad evolutiva y cultural que no le debe nada a la trascendencia. Algo que nunca podremos resumir mejor de cómo lo hiciera Friedrich Schelling (1775-1854): «Con el Hombre, la naturaleza abre los ojos y se da cuenta de que existe». Apostar por el etograma humano nos permite por otra parte obviar el enojoso tema de la conciencia humana, con sus pueriles preguntas accesorias acerca de la existencia de una parecida “conciencia” animal. Lo que solemos entender por conciencia, la capacidad de un yo autofundado, exterior al mundo y exterior a nosotros mismos, es un artefacto que solo pudo ser confeccionado tras la invención de Dios. Lo que llamamos conciencia humana aparece así como un modelo reducido, de jugue- 103 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 103 Jean Palette Cazajus te, de la que atribuimos a Dios. Es decir que se trata de un arquetipo de dudosa existencia, sin duda heredado de la era metafísica. En cambio sabemos que existen “estados conscientes”. Deberemos interesarnos exclusivamente por el contenido particular y discontinuo de aquellos estados conscientes y por la cuestión de saber si los compartimos con alguna otra especie. Resumiendo: de lo anterior se infiere que asumimos tranquilamente nuestra condición mesocósmica, la de ser determinados por nuestra exterioridad, por el mundo que nos preexiste y nos sobrevivirá. Spinoza ya lo había enunciado antes y mejor que nosotros. La mayor grandeza del Ego humano es la de un sujeto que emerge sabiéndose pura ilusión. Pero hablar de “especificidad evolutiva”, como antes se hablaba de “excepción ontológica”, implica de nuevo el riesgo de cierta recuperación teleológica por parte de las cabezas frágiles. Las que siempre estarán dispuestas a perderse en sempiternas derivas narcóticas o en agarrarse de cualquier principio de salvación, sea religioso o ideológico. Preferiremos por ello hablar más adecuadamente del género humano en tanto que absoluta “anomalía” evolutiva. Y en este anómalo etograma humano la mayor anomalía la constituye la conciencia de la muerte. XIX. MORIR,UN PRIVILEGIO SELECTIVO DE LA "ANOMALÍA" HUMANA Ningún animal tiene la más mínima conciencia de la muerte. Ni siquiera el chimpancé pese a los vanos y esforzados intentos de gente como el conocido primatólogo Franz de Waal para reconducir en este sentido la observación e interpretación de muy discutibles comportamientos. Ninguno de ellos fehaciente. Conciencia de la muerte y conciencia correlativa del tiempo son dos categorías emergentes exclusivas de la condición humana. Creadoras de la especificidad humana. La evolución cultural del Ser Humano fue un proceso autopoiético y autocatalítico precipi- 104 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 104 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy tado por la conciencia de la muerte y la emergencia de su expresión en el lenguaje. Por eso no debemos dudar de que el contenido existencial de cada especie reside entero en lo que cada ejemplar sea capaz de decir de sí mismo. La conciencia de la muerte aparece así como la matriz de la posibilidad humana, la madre de la individuación y la madrina de las sociedades. La evolución de una especie no es “teleológica”, sino “teleonómica”. Esto quiere decir que en ausencia de cualquier finalidad venida del exterior, la evolución tiende a seleccionar primero, fijar después, entre sus ejemplares y en función de las condiciones y presiones del entorno, las mutaciones aleatorias que, a la larga, terminarán optimizando la perpetuación de dicha especie. Antes de que la palabra humana les diera nombre para desgajarlas y antagonizarlas, “vida” y “muerte” eran las dos caras orgánicas de una única moneda biológica. Eran la tesis y la antítesis dialéctica que culminaban en una síntesis: reproducción y muerte de los ejemplares como condición de perpetuación de las especies. El conjunto de las especies, la llamada biocenosis, encarna la continuación del proceso indiferenciado de lo viviente. Es así de tal calibre la emergencia de la anomalía humana que rompe con el concepto de teleonomía y se constituye como una efracción en la continuidad orgánica. Los especímenes son habitualmente los simples vehículos de los genes de las especies. En la nuestra, el portador de los genes, de simple "carretilla" para transportar y transmitir los ladrillos genéticos destinados a la construcción de la especie,se fue erigiendo paulatinamente en protagonista y finalidad de la función. En el binomio biológico vida-muerte, toda muerte no es más que una secuencia alternativa en la producción ininterrumpida de la vida orgánica. Lo que era un proceso indiferente y armónico, nuestra progresiva conciencia de la finitud lo transformó en antagonismo esencial. El ser humano se caracteriza pues por la ruptura del binomio y el desplazamiento de la cen- 105 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 105 Jean Palette Cazajus tralidad del proceso de lo viviente, desde la relativa perennidad inconsciente de la especie hacia el individuo finito y consciente de serlo. Dicho de otra manera, el espécimen humano recorrió un largo camino en el tiempo hasta atreverse a entronizar y personalizar como “su vida” el breve proceso necrótico por el cual, desde la noche de los tiempos biológicos, transitaban antes de desaparecer los ejemplares de todas las otras especies. La transgresión es enorme y el precio a pagar muy alto: lo que era mera disipación de los especímenes en la indiferencia orgánica deviene entre nosotros el horizonte fatídico que define nuestro ser y transforma un accidente biológico en tragedia existencial. Somos la rotura de la vida dentro de la propia vida. Al romper con la teleonomía bioevolutiva es probable que hayamos sacrificado nuestro porvenir como especie. Hijos de la finitud individualizada ya no podremos librarnos de la precariedad existencial. La persistente tentación humana de las teleologías nunca será otra cosa que un intento de respuesta “adaptativa” frente a esta situación inexorable. Somos así el único “Ser-hacia-la- muerte” y a la vez seguimos siendo el animal humano. Y porque seguimos siendo el animal humano nuestra conciencia de la muerte permanece –afortunadamente– enturbiada, interferida por esta animalidad fundacional. Afortunadamente, sigue siendo parcial, embrionaria. Somos así más conscientes de la brevedad del horizonte que aguarda nuestra especie que de la inmediata brevedad de nuestro horizonte personal. Si la conciencia de la muerte fuese una presencia realmente inmanente a la experiencia del ser,la existencia humana se haría intolerable, de todo punto imposible. Somos una trágica excepción evolutiva que no acaba de cobrar plena conciencia de sí misma. Si no fuese porque significan la reacción de la vida biológica, inconsciente, frente a la conciencia de la finitud, los contenidos vivenciales vehiculados por palabras como alegría, diversión, placer, bienestar, arte de 106 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 106 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy vivir, todas aquellas que aluden al enigmático y aberrante concepto de “felicidad”, habrían permanecido inconcebibles e indecibles. Del magma de lo inerte e inexpresado no habrían podido brotar jamás las palabras que sirven para enunciar tales contenidos. Estas palabras y estos estados de la vida solo pudieron surgir, insistimos, porque nuestra conciencia de la muerte es afortunadamente inacabada. Si la conciencia de la finitud fuera realmente plena y absorbente, sería tan nociva para nuestra supervivencia como el hecho de respirar oxígeno puro. Y así la presencia de una conciencia de la muerte incompleta entre nosotros constituye de alguna manera la gran particularidad de nuestro proceso adaptativo al entorno vital. Breves y truncados en la posibilidad de “ser”, nos hemos desahogado en la obsesión acumulativa del “hacer” y “deshacer”. Pero a poco que dejemos de estar movilizados y absortos por el hacer y el deshacer resurge el problema del ser y con él, el dilema al que se enfrentaba Albert Camus (1913-1960) en El mito de Sisifo:«No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio». Solución absurda para un problema absurdo. Reparemos en que la muerte nunca podrá existir como experiencia del yo personal, ni siquiera como proyección solipsista del pensamiento. Conocemos la muerte solamente como espectáculo de la que se lleva “al otro que no soy yo”10 ,de modo que solo los demás podrán contemplar la nuestra. Camus considera que renunciar a la racionalidad absurda del suicidio solo deja abierta la alternativa de agotar la vida como potencialidad. La voluntad y la razón se unen entonces para proponer una única escapatoria a la mediocridad y la resignación: la necesidad de optar por la plenitud,por la posibilidad de una vida plena y luminosamente solar. El horizonte absurdo de la muerte es así el que propicia y dota de sentido el transcurso de la existencia humana. 107 10 "Te vas a casar con otro que no soy yo", canción de Los Chunguitos. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 107 Jean Palette Cazajus Última consideración importante, tenido en cuenta el objetivo, siempre presente, de este trabajo: esta conciencia incompleta de la muerte también se puede formular a la inversa, es decir en tanto que vestigio de la “inconciencia” original de la muerte. Y así de la misma manera en que el coxis, que termina nuestra columna vertebral, es el testigo residual de la preexistencia evolutiva de la cola que adormaba nuestros lejanos antecesores, de la misma manera nuestra conciencia inacabada de la muerte es lo que subsiste en nosotros de su inconciencia generalizada en el mundo animal y,de paso, la atestigua. Una excelente manera de recordar nuestra ambigüedad fundamental: por un lado somos el resultado de una excepcional construcción autopoiética. Por otro, nunca dejaremos de ser una rama particularmente quebradiza y amenazada del árbol de la vida. XX.- EL SER HUMANO,EL “PRIMO”Y EL TORO DE LIDIA Lo suele recordar el neurobiólogo y morfogenético Alain Prochiantz, particularmente escandalizado por la pretensión animalista de borrar toda frontera con otras especies : la evolución no es convergente sino divergente. Es decir que del chimpancé no nos separan los siete a ocho millones de años de nuestro antepasado común sino los 14 a 16 de respectiva divergencia evolutiva. Habría que añadir que el ritmo evolutivo varía con las especies y que el nuestro, biológico y cultural, ha sido excepcionalmente rápido. Hace unos años se pensaba que los miembros de la subtribu clasificatoria de los panines (Pan troglodytes, el chimpancé común y Pan paniscus,el bonobo) compartían el 98,7% de nuestro genoma. Hoy se considera que la diferencia gira entre el 4 y el 5%. Poco importa. Aquella aparente proximidad con el relativamente simpático homínido solo puede impresionar a quien desconozca lo más elemental de la historia del genoma. También compartimos un 70% de nuestros genes con la mosca drosófila y un 80% con el 108 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 108 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy ratón. En cuanto a Caenorhabditis elegans,gusano de 1 mm y uno de los organismos animales más simples, comparte con nosotros el 40% de su genoma. No por ello el elemental bichito es un 40% humano. Por otra parte conviene recordar que el 98% de nuestro genoma es no codificante. Entre los restantes genes, las tasas de evolución y mutaciones, los fenómenos de regulación y de corregulación, de conservación o deleción de numerosas secuencias, las consecuencias sobre el metabolismo cerebral (que consume el 20% de nuestra energía), el importante papel de las células gliales, son solo algunas muestras de los complejos procesos que han ido excepcionalizando nuestras áreas cognitivas, asociativas y lingüísticas. Todas estas variaciones ayudan a entender las abismales diferencias actuales entre nosotros y el chimpancé. Aquellas centésimas no revelan proximidad cognitiva sino proximidad genética. Indican sobre todo el tardío advenimiento de ambas especies en el larguísimo y frondoso árbol del genoma. Las diferencias infranqueables con el supuesto “primo” empiezan muy pronto. La fase embrionaria que ve la multiplicación de las células nerviosas y particularmente la proliferación neuronal, dura dos semanas en el feto de chimpancé y ocho en el feto humano. Con un año, el cerebro de la cría de chimpancé ha alcanzado el 70% de su desarrollo final, porcentaje que el bebé humano solo alcanzará a los cuatro años. El desarrollo posnatal de dicho cerebro durará hasta los cuatro años en el chimpancé, hasta los quince, probablemente más, en el ser humano. Para nacer con el mismo grado de desarrollo del cerebro y del propio organismo que el neonato chimpancé, el bebé humano debería llegar al mundo tras 21 meses de gestación. Esto significa que el cerebro del neonato, a imagen de la condición humana, nace pues inmaturo e inacabado. Se construye mediante la sociabilidad humana y cultural y necesita el fertil intercambio con los padres y con el entorno. El destino de la cría de chimpancé lo determinará y lo cerrará muy pronto la “prefabricación” biológi- 109 Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 109 Jean Palette Cazajus 116 la frontera entre hombre y animal sino que este aparece, según acabamos de decir,como la verdadera encarnación de una ideal humanidad metafórica, particularmente pura, inocente y victimizada. La propia autora de Memorias de Adriano es incapaz de atajar la pueril tentación de contrastar la animalidad mártir con una humanidad comparativamente inauténtica y ontológicamente estigmatizada por el Mal. En la segunda cita, el torrente verbal, torpe y machacón, es la inflada expresión de la eyaculación dolorista y compasional. La realidad del dolor entre los animales está basada, como en todos los seres vivos, en una reacción orgánica de alarma. Pero existe otra noción muy diferente y exclusivamente humana, que es la del “sufrimiento”, alimentada por las capacidades de autorreferencia afectiva del sujeto y por el ineludible trasfondo humano de la finitud. El dolor animal es orgánico y tal vez, en menor medida psíquico, el sufrimiento humano es sensación, sensibilidad y sentimiento. El animalismo aprovecha la ambivalencia con que venimos usando la dos palabras para sembrar la confusión y equipararlas. Sabe el lector más neutro que perdería el tiempo si tratara de encontrar muestras de similar vehemencia o de parecida efusión hemorrágica referidas a alguna manifestación del sufrimiento humano. Delgado Ruiz, en el apartado XI, veía el toro como un avatar de Cristo Sacrificado. Los animalistas lo ven como la propia encarnación del Hombre Sacrificado. Cuanto más mudo y ataráxico es el animal, más le postulan un corazón radiactivo. En ese mundo suyo dominado por la exacerbación convulsa, implosión del sufrimiento y explosión de la compasión convierten el espacio ético en un invierno nuclear, cuyas radiaciones vitrifican los verdaderos afectos y esterilizan cualquier otra forma de sensibilidad,más reflexiva, menos egocéntrica. Frente al sufrimiento y la violencia del mundo, no merece ningún crédito la rutinaria y previsible respuesta que le darán, aquello, tan razonable, de que «lo uno no quita lo otro». No Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 116 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy117 encontrarán prueba alguna. Cualquiera puede comprobar que la militancia filoanimalista se cuida muy mucho de dispersar sus esfuerzos en el dilatado campo del sufrimiento humano. Al contrario se caracteriza por ser un narcótico de dedicación exclusiva, obsesiva y muy selectiva. XXII. LOS TOROS,UN ENVITE ENTRE ARTIFICIALISTAS Y NATURALISTAS Si las relaciones de una mayoría de especies animales con el hombre son hoy relaciones de dependencia, este es el resultado de la historia evolutiva por un lado, la historia de la domesticación por otro. Cambiar semejante estatuto no será fácil. Porque si el propio sujeto humano se muestra muy iluso cuando cree hablar de sí mismo, más ilusos todavía son todos aquellos que pretenden hablar en nombre de otras especies. El animalista es fundamentalmente un ventrílocuo y un marionetista. Porque el animal es el mismo convidado de piedra para quien lo ofenda y para quien lo defienda. Su manipulable “objectidad” lo expone lo mismo al maltrato que a los exhibicionistas desbordamientos de la bondad autoproclamada. Sobre tal juguete afectivo podemos ejercer sin cortapisas nuestra pulsión de apoderamiento11. En el otro lado, el de la vida real, el entorno civilizacional es bastante más ingrato y él es quien nos maltrata y suele apoderarse brutalmente de nosotros. A diferencia del animal, nuestros congéneres humanos no siempre merecen quererse, no siempre se dejan querer como quisiéramos, menos aún nos quieren como quisiéramos que lo hicieran. En cambio nunca defrauda el amor sumiso, siempre disponible, sin sorpresas negativas ni frustraciones, que nos tributan -o eso queremos creernuestros “compañeros” animales. 11. En febrero de 2016, en una playa argentina, una piara de bañistas “enternecidos” mató a una cría de delfín por hacerse selfies con el desdichado animalito. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 117 Jean Palette Cazajus 118 Cualquiera que sea el animal, ya sea pet, mascota o toro de lidia, actúa como revelador de una característica específicamente humana, el ansia neurótica de suscitar afectos y de controlarlos. Con su contrapunto, el ansia de destruir los afectos que nos contradicen o escapan de nuestro control. Ese suele ser el momento en que la hemorragia compasional puede trastocarse en vesania asesina, en pulsión de destrucción, el momento en que el discurso pasa de la zoofilia a la antropofobia suscitada por los supuestos “verdugos”. Basta asomarse al aluvión de los comentarios atroces, despiadados, que mereció la trágica y hermosa muerte del torero Ivan Fandiño, el 17 de Junio de 2017 en el ruedo francés de Aire-sur-l'Adour. Pero esta pulsión de destrucción homicida de los discrepantes con que muy complacida y usualmente suelen desahogarse los animalistas, no se cierne exclusivamente sobre el mundo taurino sino sobre cuantos interfieren en la idílica relación soñada por ese planeta a costa del mutismo animal. Escribiendo estas líneas, la actualidad nos brinda un ejemplo edificante: una de las víctimas mortales del odioso y rutinario atentado islamista del 23 de marzo de 2018, que profanó el sureño pueblo francés de Trèbes, era carnicero. Una muchacha de 18 años opinó en su cuenta Twitter que se lo tenía bien merecido. Todo ello nos confirma el carácter destructor de las derivas autistas obradas por la mixtura de compasión y autocompasión, con toda su peligrosa ambigüedad nutrida de resentimiento y voluntad de control. “Tarántulas ávidas de venganza secreta” llamaba Nietzsche a esa clase de gente. No seré el primero en observar que una ética fundada exclusivamente sobre comportamientos tanto compasivos como autocompasivos queda atomizada y pierde de vista toda proyección colectiva. Porque vuelve la espalda a la razón analítica, desconoce las complejidades y contradicciones de toda construcción social y se ve abocada al solipsismo. Es más, en el caso de la compasión animalista, la impostura inicial de la homologación con el ser humano, la Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 118 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy119 trampa mortal del “como si lo fueran” transforman de entrada el solipsismo en desvarío sin anclaje en el espesor de la experiencia humana. El resultado es histérico y devastador. La tauromaquia pelea por su supervivencia, “arrinconada en tablas”, diría un aficionado. En su relación de gemelidad antagónica, tauromaquia y antitauromaquia ofrecen una relectura lacerante de la leyenda de los Dioscuros, hijos mellizos de Zeus y Leda, el uno inmortal el otro no, donde la antitauromaquia se ampara en la inmortalidad extramundana de las creencias finalistas, mientras el papel de la tauromaquia, al revés, es por definición un Memento Morilúcido e intramundano. Teníamos que pensar muchos mundos si queríamos poder pensar los Toros. Llegados casi al final del camino intuimos que la divisoria entre taurinos y animalistas coincide con la falla fundamental de la posmodernidad occidental que va dejando de separar progresistas y conservadores, para ir discriminando cada vez más distintamente entre “artificialistas” y “naturalistas”. Por un lado están quienes creen en la ilimitada capacidad de la voluntad humana para modelar,y siempre positivamente, la propia condición. Son los estimables herederos de la ideología de las Luces. Pero piensan el hoy desde aquel ayer, con el mismo estado de ignorancia científica que lastraba tantos textos del ilusionado y sin duda iluso, siglo XVIII. Hoy ya no es perdonable un tipo de razón, que se cree ilustrada y solo es incorpórea, contradictoriamente atascada incluso en el pantano metafísico, ya que sigue ignorando la primera realidad humana, la de su presencia física en el mundo. Para sus valedores, hablar de naturaleza humana equivale a postular inexorables determinismos biológicos, cargados de conclusiones “reaccionarias” e incompatibles con los dogmas de la teleología progresista. Para evitar el supuesto peligro prefieren adoptar actitudes que desconfían de toda intervención de las ciencias biológicas en la comprensión del individuo social, hasta confrontar el riesgo del Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 119 Jean Palette Cazajus 120 oscurantismo anticientífico. Es así desde hace muchos años. Bastará recordar la grotesca satanización ideológica de la sociobiología, que vieron los años setenta del pasado siglo. La novedosa disciplina fue sometida a histéricas acusaciones políticas cuando lo que aquellas tesis incómodas, transgresivas, todavía inestables, requerían eran las habituales prácticas de refutación y falsabilidad exigidas por el debate científico. En el otro lado están quienes no pretenden de ningún modo anteponer la biología a la sociología sino tratar de entender sus evidentes interrelaciones. Quienes, conviviendo todos los días con los asombrosos avances de la genética, de la biología evolutiva, de la paleontología humana, de la etoecología, de las neurociencias, vienen asumiendo que la naturaleza humana no es plastilina. Quienes han entendido que la violencia intraespecífica de los homínidos evolucionados se muestra rebelde a las mejores intenciones. Quienes piensan que los dos siglos y medio transcurridos desde las Luces o la Aufklärung,y los menos de tres cuartos de siglo desde la Shoah,poco pesan en nuestra historia evolutiva, pero deberían pesar sobre nuestra capacidad de recapacitar. Quienes ni sostienen en absoluto que el peso de la historia natural humana engendre determinismos inexorables, ni creen que la Historia, a secas, lleve camino de convertirse en un largo río tranquilo. Como nos lo prometían hace unos decenios. Como todavía nos siguen prometiendo algunos, asombrosamente. Queda pues un espacio legítimo para otras hipótesis. El carácter definitivamente problemático de la condición humana y de la vida en sociedad en tanto que resultado lógico de nuestra anomalía evolutiva podría ser una de ellas. «Quaestio mihi factus sum» resumió Agustín de Hipona. El horizonte de la muerte es la condición de posibilidad de nuestra condición y su negación alucinada una de las debilidades profundas de nuestras sociedades. Los grupos animalistas sueñan con un ser humano mondo y lirondo de las adherencias de su historia natural, desposeído de Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 120 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy121 su espesor sustancial, maleable y convertible a placer en un “hombre sin atributos” como en la novela de Robert Musil. Para que humanidad y “animalidad” conformen el colectivo angelical soñado por quienes viven dominados por la pulsión de retorno a un útero edénico, hay que falsificar la realidad. Pero la animalidad no se define como el arca de Noé sino como la cadena trófica de la predación, de la que formó parte la especie humana durante el 99,7% de su existencia. Fuimos cazadores y presas, devoradores y devorados, a menudo en el seno de la propia especie. Seguimos siendo predadores fundamentales, regularmente de forma homicida, sistemáticamente de forma social. Contemplando el aspecto reiterativo y sin sorpresa de sus tics ideológicos, todo nos induce a pensar que buena parte de la esfera animalista se sitúa en la continuidad de las ideologías salvíficas y de las teleologías que cegaron y ensangrentaron el siglo XX. Aquellas que llevaron el pensador francobúlgaro Tzvetan Todorov, muerto en febrero del 2017, a constatar que «la tentación del Bien había resultado mucho más peligrosa que la del Mal». Al igual que las otras pasiones ideológicas –religiosas o políticas– el animalismo cumple una función “endotélica”. Estabiliza el eje interior del ser humano, le confiere un sentimiento de protagonismo, le brinda la ilusión de la finalidad y permite sobrenadar en un océano embravecido y tumultuoso, sin puerto a la vista. XXIII. MUERTE,NECESIDAD Y CONTINGENCIA Considerada desde el espesor inalterable de la violencia humana intraespecífica, la muerte del toro no resulta particularmente escandalosa. Interpela sobre todo los adeptos de la función endotélica y los similares creyentes en la mutación inminente de una naturaleza humana a punto de cumplir las últimas etapas de su viaje salvífico. Gente incapaz de resistir la tentación totalitaria, gente a la que le resulta «… imposible no Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 121 Jean Palette Cazajus 122 sentir aversión … por todos aquellos que,por ser algo, nos impiden serlo todo», escribía Jean-Jacques Rousseau. Prohibir las corridas de toros tendría una única ventaja, la de demostrar por fin su absoluta incongruencia con la maldad humana. El mal es precisamente aquello que no puede prohibirse. No ignoramos en ningún momento la gravedad moral de toda relación a vida o muerte con lo que Lévi Strauss llamaba «la sustancia peligrosa de los seres vivos» (Palette-Cazajus, 2011). Grande es la diferencia entre matar o no matar un animal, pero no fue, durante miles de años, una disyuntiva ética. Fue la diferencia entre un acto fundador de la historia humana y su contrario, es decir un “no acto”. Por esto los hombres, en los Vedas, en el Pentateuco, seguramente desde mucho antes, velaron por que fuesen codificadas y culturalizadas «las reglas de la buena muerte animal» (Mechin, 1991). El aficionado a los toros es tan sensible y capaz como cualquiera para valorar la legitimidad y la coherencia –también la incoherencia– de cualquier problemática animal. Sacaremos del acervo de la tradición filosófica dos conceptos antinómicos que nos ayudarán a entender la excepcionalidad de la corrida de toros: Por un lado la “contingencia”, aquello “que puede ser,o no ser”. Por otro, la “necesidad”, aquello que “no puede no ser”. La corrida es una práctica “contingente”, es decir que siendo, bien podía no haber sido y bien podría no ser algún día. Cuando llega a morir un torero, lo volvimos a leer con motivo de la muerte de Ivan Fandiño (17.VII.2017), uno de los chistes rituales de los animalistas consiste en exclamar: «Toros: equis miles, torero: 1». No por consabida menos indecente equiparación de la vida animal y humana. Muy al contrario, la corrida de toros es un acto performativo que dice que la frontera entre humanos y animales es hermética y debe mantenerse sagrada. Es una liturgia que celebra las jerarquías y la precedencia de valores que permiten construir una ética del respeto humano. La corrida de toros convoca, provoca Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 122 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy123 e invoca el misterio fundamental: la emergencia improbable del hiato que separó el animal humano del resto de la biocenosis, es decir la conciencia de la “necesidad” de la muerte. Ya lo dijimos, el universo es concebible sin el hombre. Pero aquello solo es posible a condición de presuponer la existencia del hombre ya que este es el único capaz de plantear la posibilidad de un universo sin su propia presencia. La proposición se vuelve absurda y de aquí no pasa el pensamiento sin darse de cabezazos contra la roca de la caverna. Porque nada en absoluto podemos decir sobre la posible realidad de un universo sin nosotros por más que se empeñen algunos descerebrados. Por esto, aquel universo mudo, ciego, silencioso e impenetrable solo se fue convirtiendo en un “mundo” siempre más denso y expansivo a partir del momento en que fuimos capaces de nombrarlo. Y así venimos acumulando, de forma vertiginosa, la infinitud de los significados. Repitámoslo: en términos evolutivos, para la filogenia de las especies, los conceptos humanos de “muerte” y de “vida” están sumidos en una misma indeterminación funcional. Es la ontogenia del ejemplar humano la que inventa y separa la “vida” de la “muerte”, definiendo así la progresiva emergencia de la anomalía humana en tanto que conciencia de la propia finitud. Antes solo había evolución, mutación, aparición, desaparición y sustitución de especies entre el absoluto silencio cósmico. El individuo humano emerge contra su propia especie. Luego tiene que vivir con este desequilibrio fundacional, con el vértigo de este excentramiento. Tenemos derecho a pensar que esta anomalía letal es la que induce en el hombre, definitivamente carencial, el sempiterno recurso a los sueños teleológicos. Y esta misma anomalía es la que garantiza inexorablemente que aquellos sueños terminen siempre en fracaso y frustración. Hoy vemos además cómo el hombre ha contagiado la fragilidad de su destino a la mayoría de las restantes especies. Hablar de “vida Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 123 Jean Palette Cazajus individual” es culturalmente rutinario entre nosotros pero –recordémoslo– biológicamente absurdo. Absurda es, pensando con Albert Camus, una existencia humana, definida por el desgaje radical entre el destino del ejemplar humano, sabedor de su terrible precariedad, y el horizonte anómico de la propia especie. Y porque la existencia humana es absurda, pensamos, con el autor de El hombre rebelde,que si nos incumbe el riesgo de elegir la aventura del camino cotidiano, conviene considerar como espejismo toda meta anticipada, incluidas las de la ideología animalista. El conocimiento de que la muerte es “necesaria” en sentido filosófico, es decir inexorable, algo que no puede no ser,es el trágico privilegio y el eje sacro de la condición humana. De principio a fin, dijimos, la práctica del toreo solo cobra sentido con la puesta en riesgo de la vida del torero. Es decir que la conciencia del riesgo asumido por el torero, la conciencia de su muerte potencial, es el instrumento que incorpora en la corrida, no solamente la presencia filosóficamente “necesaria” de la muerte, sino también la presencia de la libertad. Nada como la corrida de toros celebra y recuerda la presencia-conciencia de la muerte como condición de engrandecimiento y dignificación de la existencia humana. Por esto a la infrecuente muerte del torero se opone el infrecuente indulto del toro. Por un lado, el fin trágico del torero, simbólico del sino mortal de la humanidad, debe ser “necesariamente”, pero debe ser excepcional. Por otro, el indulto que libra al toro particularmente bravo de la muerte, le concede así una humanidad metafórica. Por esta razón el indul- to debe ser,y por esta misma razón, debe ser excepcional. Hablar de bravura del toro consiste en juzgarlo según los valores de la comentada Andreia12 de los griegos, o de su heredera, la Virtus romana. O según los valores castrenses de los caballeros maestrantes, preferiría decir Frédéric Saumade13. Y así el con- 124 12 Ver apartado IX. 13 Ver apartado XII. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 124 Sobre dos prácticas de riesgo: toros y filosofía hoy cepto de “indulto” es antropomórfico como lo es buena parte del vocabulario que sirve para calificar el toro. El indulto al toro bravo bebe en la misma fuente animista que sustenta la sentimentalidad animalista. Pero lo que muestra en filigrana el indul- to, al convertir excepcionalmente el toro en humano metafórico, es el indicio, la indicación necesaria de que la muerte del toro nunca es libre de interrogantes. Hacer,excepcionalmente, del toro un humano metafórico es precisamente la mejor manera de recordar, por antífrasis, hasta qué punto no es humano; y también de recordar que toda muerte reviste gravedad. A quien dudara de la humanidad metafórica concedida al toro indultado, le citaríamos el ejemplo de “Cobradiezmos”, pupilo de la ganadería de Victorino Martín y clamorosamente indultado en Sevilla, el 13 de abril de 2016. La ganadería publicó en las redes sociales vídeos de las curas y cuidados a que fue sometido el toro de regreso a la finca. Quedaba muy explícito el proceso mediante el cual el toro indultado pasaba a ser objeto de una solicitud muy parecida a la que reservamos a los animales de compañía humanizados. Era evidente su acceso a un estatuto intermedio entre la camada de origen y la familia del ganadero. Desde hace algunos años, presenciamos una auténtica proliferación de indultos en la mayoría de las plazas de toros, casi todos ellos absolutamente injustificables14. No nos quepa la más mínima duda, lo que el fenómeno viene indicando es cómo, entre el festivo público taurino, muchos comportamientos van quedando subrepticiamente parasitados e inducidos por la presión animalista15. 125 14 “Orgullito”, de la ganadería de Garcigrande, indultado en Sevilla el 16 de abril 2018, era un toro excepcionalmente noble. Sencillamente,no era un toro bravo. 15. Sobre animalismo y parásitos, recuérdese lo que comentábamos en el quinto párrafo del apartado XIII. Maq. toritos 44 unida 1/1/04 04:45 Página 125 Jean Palette Cazajus BIBLIOGRAFÍA Andler, Daniel (2016): La silhouette de l'humain - quelle place pour le naturalisme dans le monde d'aujourd'hui? Gallimard, nrf essais. Arendt, Hannah (2014): La vida del espíritu, Barcelona, Paidos. Aristóteles (2010): Etica a nicomaco, Barcelona, Gredos. Barga Bensusan, Ramón (1989): Taurologia. La ciencia del toro de lidia, Madrid, Espasa Calpe. 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