Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla de Miguel de Cervantes
Abstract
El objeto del presente trabajo es el de analizar los elementos de cohesión interna a partir de la consideración del texto como acto de enunciación, y no como una totalidad cerrada sobre sí misma, ni como un sistema —independiente del contexto— de relaciones sintácticas y semánticas, sino como mensaje en el que el yo autor se convierte en yo narrador en virtud de los factores contextuales y situacionales que intervienen en el acto de comunicación literaria. Para llevarlo a cabo, he decidido estudiar una de las Novelas Ejemplares1 de Miguel de Cervantes; La Gitanilla.
Full text
ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 Hacia un análisis dircursivo de La GitaniLLa de Miguel de cervantes María del Rocío Rivera González Universidad de Sevilla Resumen: El objeto del presente trabajo es el de analizar los elementos de cohesión interna a partir de la consideración del texto como acto de enunciación, y no como una totalidad cerrada sobre sí misma, ni como un sistema —independiente del contexto— de relaciones sintácticas y semánticas, sino como mensaje en el que el yo autor se convierte en yo narrador en virtud de los factores contextuales y situacionales que intervienen en el acto de comunicación literaria. Para llevarlo a cabo, he decidido estudiar una de las Novelas Ejemplares1 de Miguel de Cervantes; La Gitanilla. Palabras clave: Análisis discursivo, Lingüística de la Enunciación, La Gitanilla, Cervantes. Abstract: The objective of this work is nothing less than to analyze the elements of internal cohesion considering the text as an act of enunciation, and not as a whole closed upon itself, nor as a system —independent from the context— composed by syntactic and semantic relations, but as a message by which the authorial I becomes the narrative I under the contextual and situational factors involved in the act of literary communication. To carry out this undertaking, I decided to study one of the “Novelas Ejemplares” by Miguel de Cervantes, “La Gitanilla”, a novel where Cervantes organizes the story through an omniscient narrator who handles all the narrative threads. Keywords: Discursive analysis, Enunciation linguistics, “La Gitanilla”, Cervantes. 1. DEscRiPcióN DE LA EstRuctuRA ENuNciAtivA DEL tExto A la hora de precisar la voz —o voces— enunciadora(s) de un discurso, hemos de tener presente que, cuando se emite un mensaje, la figura del hablante hay que analizarla desde el punto de vista del emisor (enunciador) y desde la óptica de la persona que parece que lo emite (locutor), pues ambos papeles son fundamentales para determinar el sentido e intencionalidad comunicativas. Si 1 Manejaré la edición informatizada de Florencio Sevilla Arroyo, extraída de la página web www.cervantesvirtual.com.
8María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 examinamos nuestro texto, el enunciador de nuestra novela sería el yo real; esto es, el propio Cervantes, mientras que el locutor, a pesar de seguir siendo don Miguel, se presenta como un yo oculto, disfrazado o imaginario reflejado en la figura del narrador. Aparte de todo esto, al haber diálogos en esta obra narrativa, en ellos el enunciador sería, obviamente, el autor, mientras que los personajes serían los locutores, pues aunque parezca que hablan los personajes, no es otro sino Cervantes el que está detrás de todas y cada una de las palabras que puedan salir, por ejemplo, de la boca de Preciosa. En esquema, esta doble función que se desentraña de cualquier acto comunicativo podría verse de la siguiente manera: Si examinamos el párrafo que abre La Gitanilla: (1) PARECE que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo2; y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como acidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte (fol. Ir). se comprueba que Cervantes (‘yo real’) pone en boca del narrador (‘yo irreal’) la universal idea de que la raza gitana es, por naturaleza, una raza que ha nacido, nace y nacerá para corromper el orden social, ya que todos llevan consigo el don para dedicarse al arte del hurto. Esto se refuerza con el verbo enunciativo parece, el cual sitúa una aserción (la raza gitana representa el mal de la sociedad) en un plano subjetivo, cuya intencionalidad, pienso, es la de restarle la fuerza al axioma compartido entre el enunciador y el destinatario del mensaje, aunque, 2 ‘En todos los aspectos’.
Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla 9 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 en definitiva, la intención del acto comunicativo no es otra que la de argumentar, desde un principio, que los gitanos, por el mero hecho de pertenecer a esta raza, se encuentran en un mundo periférico, gobernado y estructurado por unas leyes, normas y costumbres discordantes con las de los demás. Por su parte, si examinamos un parlamento de cualquier personaje, comprobaremos que se trata de lo mismo. Verbigracia, cuando don Juan va a convertirse en Andrés Caballero y tiene, por petición de Preciosa, que formar parte del mundo gitano, el Gitano Viejo ‘sabio’, en un largo parlamento, sienta los estatutos de la comunidad gitana, explicitando, entre otras cuestiones, que ellos tienen como leyes supremas las que siguen: (2) Nosotros guardamos inviolablemente la ley de la amistad: ninguno solicita la prenda del otro; libres vivimos de la amarga pestilencia de los celos. Entre nosotros, aunque hay muchos incestos, no hay ningún adulterio; y, cuando le hay en la mujer propia, o alguna bellaquería en la amiga, no vamos a la justicia a pedir castigo: nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas o amigas; con la misma facilidad las matamos, y las enterramos por las montañas y desiertos, como si fueran animales nocivos; no hay pariente que las vengue, ni padres que nos pidan su muerte. Con este temor y miedo ellas procuran ser castas, y nosotros, como ya he dicho, vivimos seguros. Pocas cosas tenemos que no sean comunes a todos, excepto la mujer o la amiga, que queremos que cada una sea del que le cupo en suerte. Entre nosotros así hace divorcio la vejez como la muerte; el que quisiere puede dejar la mujer vieja, como él sea mozo, y escoger otra que corresponda al gusto de sus años (fol. 19v ). Estas leyes, propiciadas porque los gitanos forman parte del mundo de la marginalidad, son el reflejo de la creación de sus propios valores y, si hacemos balance de la obra, Cervantes explota esto al máximo, pues casi toda la narración descansa —por no decir toda— en los juicios peyorativos que sobre los gitanos se han tenido a lo largo de la historia. Sería difícil ver si, en este fragmento, Cervantes participa en estos juicios peyorativos, pero dado que el autor muestra sus argumentos para hacernos ver cómo la raza gitana infringe las normas, pensamos que muchos de estos valores no son aceptados por el autor; más aún si tenemos en cuenta la reacción de la gitanilla cuando habla a solas con Andrés, tras el ritual de iniciación en el mundo gitano, en el que deja bien claro que no está de acuerdo con todos los valores que imponen: (3) Puesto que estos señores legisladores han hallado por sus leyes que soy tuya, y que por tuya te me han entregado, yo he hallado por la ley de mi voluntad, que es la más fuerte de todas, que no quiero serlo si no es con las condiciones que antes que aquí vinieses entre los dos concertamos […]. Estos señores bien
10 María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 pueden entregarte mi cuerpo; pero no mi alma, que es libre y nació libre, y ha de ser libre en tanto que yo quisiere (fol. 20v-21r) […] Por otra parte, también hemos de tener en cuenta con quién se establece la comunicación, pues todo acto comunicativo se enuncia para transmitir un mensaje a alguien. Desde el punto de vista de la teoría del receptor, el destinatario puede ser alocutario (‘destinatario directo del mensaje’) y no alocutario, distinguiendo entre el destinatario indirecto (aquellos oyentes que el enunciador prevé como posibles receptores) y el receptor adicional (no previstos por el enunciador). Si aplicamos este esquema a nuestra novela, pienso que se podría llevar a cabo de la siguiente manera: Por consiguiente, en la estructura enunciativa de La Gitanilla hay un enunciador, cuyo papel es el de hacernos llegar la novela, unos locutores que son el que parece contar la historia (narrador) y los que, a través del estilo directo, ponen de manifiesto sus vivencias y creencias (personajes). El mensaje emitido por las voces enunciadoras tienen por destinatario al lector en general, y su intención comunicativa es la de amenizar a sus lectores, contándonos la vida de una niña de clase social elevada que fue raptada en su infancia por una gitana. Por lo tanto, la intención global del discurso lleva implícito la historia de los gitanos y la de la niña raptada, enfocado desde el punto de vista del vencimiento del bien sobre el mal, pues si recordamos el desarrollo de la novela, ésta culmina con el sentimiento de culpa de la abuela de Preciosa por haber infligido el orden social (= secuestrar a una niña)3, por lo que el punto clave de La Gitanilla está 3 Si las buenas nuevas que os quiero dar [confesar que ella raptó a Constanza (=Preciosa)], señores, no merecieren alcanzar en albricias el perdón de un gran pecado mío, aquí estoy para recebir el castigo que quisiéredes darme (f. 33v).
Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla 11 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 sustentado en la leyenda de que los gitanos, ultrajadores de las normas sociales, viven en un mundo periférico. Claro está que todo esto tiene un trasfondo folklórico que Cervantes ha sabido, sobremanera, plasmar a lo largo de toda la narración, una narración que pretende poner de manifiesto que, hasta los mismos gitanos, pueden llegar a ser tan leales como cualquier otra raza, y eso se comprueba, insisto, en el comportamiento de la gitana vieja, pues, a sabiendas de que su vida correría peligro si dilucidaba el verdadero linaje de Preciosa, no dudó en decir la verdad para salvar a su nieta y a Andrés Caballero, por lo que Cervantes viene a poner de relieve el valor dominante que más le ha interesado desde un principio: el bien vence sobre el mal. 2. oRGANizAcióN tEMáticA E iDEoLóGicA DEL DiscuRso Una vez conocida la estructura enunciativa del texto que aquí tratamos es necesario dilucidar la organización temática del discurso, la función comunicativa que nos desvelan los personajes y, como no, la finalidad o el objetivo que perseguía Cervantes cuando se dispuso a redactar la novela. 2.1 Estructura informativa Con esto nos referimos a la consabida distinción entre tema-rema, información conocida-información nueva o focalización. Para aplicarlo al análisis discursivo de La Gitanilla, emplearemos los términos tema principal y subtema, poniendo de manifiesto sólo los aspectos más representativos de la misma, para desarrollarlos con más rigor en el apartado dedicado al estudio de los personajes, ya que será allí donde trataremos, con mayor exactitud, la función, ideología, organización y finalidad del discurso.
12 María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 Como puede desprenderse del esquema arriba propuesto, el tema principal sería el de la historia de la raza gitana, ejemplificado con el rapto de una niña de noble linaje, cuya belleza sin parangón y su sapiencia y saber estar en los momentos de mayor tensión, son aprovechados por Cervantes para plantearnos — desde el principio— que la genealogía de la joven no parece que se asemeje al perfil del componente gitano. Bien es cierto que el narrador nos lo hace saber desde el principio: (4) una […] desta nación4, gitana vieja, que podía ser jubilada en la ciencia de Caco5, crió una muchacha en nombre de nieta suya, a quien puso nombre Preciosa, y a quien enseñó todas sus gitanerías y modos de embelecos6 y trazas de hurtar. Salió la tal Preciosa la más única bailadora que se hallaba en todo el gitanismo, y la más hermosa y discreta que pudiera hallarse, no entre los gitanos, sino entre cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama (f. 1r ). pero esta información no es imprescindible —a mi juicio— pues a lo largo del texto encontramos referencias a la extrañeza que provoca en los personajes el hecho de que esta niña de quince años pertenezca a esta raza. Así, cuando Preciosa, estando en la villa de Madrid, termina de cantar la primera composición poética documentada en nuestro texto, hubo hombres que dijeron: (5) ¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad, en verdad, que merecía ser hija de un gran señor (f. 3r). Esto nos hace ver que, en la ideología del momento, era inusual que una joven de las características de Preciosa perteneciese al mundo gitano, por lo que Cervantes, apoyándose en el saber del pueblo y queriendo amenizar a sus lectores, construye una historia en la que refleja el tópico del gitano como hombre que representa el mal, otorgándole a Preciosa la libertad de hablar por ella misma, y no por mediación de un yo masculino, aunque, en el fondo, seamos conscientes de que es don Miguel el que habla. Así pues, lo lúdico va a ser muy importante en esta novela —a la vez que lo ejemplarizante—, pues expone los valores compartidos para hacerles ver que ellos también tienen valores que se apartan del único objetivo de mancillar el orden, aunque algunos de los mismos no se complementen con los valores de los no gitanos. Todo esto se distribuye linealmente, salvo en aquellos momentos en los que se rememora el pasado por necesidades 4 ‘raza’. 5 Astuto ladrón de la mitología griega que robó los bueyes robados que Heracles tenía, y para no dejar huellas, arrastró a los animales por la cola, obligándolos a caminar hacia atrás. 6 ‘engaños’.
Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla 13 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 de comprensión entre los interlocutores (y/o lectores), tal y como sucede cuando el paje poeta llega al lugar de acampada de los gitanos: (6) —Yo estaba en Madrid en casa de un título, a quien servía no como a señor, sino como a pariente. Éste tenía un hijo, único heredero suyo, el cual, así por el parentesco como por ser ambos de una edad y de una condición misma, me trataba con familiaridad y amistad grande. Sucedió que este caballero se enamoró de una doncella principal, a quien él escogiera de bonísima gana para su esposa, si no tuviera la voluntad sujeta, como buen hijo, a la de sus padres, que aspiraban a casarle más altamente […] (ff. 26r-27r). o cuando la gitana vieja cuenta la historia de Andrés Caballero y de Preciosa: (7) Entonces la gitana vieja contó brevemente la historia de Andrés Caballero, y que era hijo de don Francisco de Cárcamo, caballero del hábito de Santiago, y que se llamaba don Juan de Cárcamo; asimismo del mismo hábito, cuyos vestidos ella tenía, cuando los mudó en los de gitano. Contó también el concierto que entre Preciosa y don Juan estaba hecho, de aguardar dos años de aprobación para desposarse o no. Puso en su punto la honestidad de entrambos y la agradable condición de don Juan (f. 34v). La diferencia entre una y otra forma no son gratuitas, pues Cervantes emplea el estilo directo para contar la historia de Clemente —historia no conocida— y decide poner en boca del narrador las palabras de la gitana vieja, cuando ésta le cuenta a los padres de Preciosa (Guiomar de Meneses y Fernando de Azevedo) la historia de los dos jóvenes, porque ésa información ya no es relevante; esto es, la conocíamos previamente, aunque, si bien es verdad, se introduce un dato que desconocíamos hasta el momento: Andrés (don Juan de Cárcamo) es hijo de don Francisco de Cárcamo, caballero del hábito de Santiago. Esta nota es fundamental para el desarrollo de las últimas páginas de la novela, pues, desde entonces, se referirán a él como don Juan, y no como Andrés Caballero. 2.2 ideología y costumbres del narrador y de los personajes 2.1.1 Narrador Como advirtiese con anterioridad, en La Gitanilla de Cervantes nos encontramos con un narrador omnisciente que dispone, a su antojo, el decurso de una historia manipula por el mismo autor de la obra, el único responsable, en definitiva, del discurso que aquí tratamos. José Romera Castillo (1983: 150-152) se propuso estudiar la presencia del narrador en esta novela y, tras su estudio, comentaba que de todos los parlamentos que aparecen en la obra (303), corresponden al narrador el 30% (unos 90). Este dato estadístico lo contrapone con
14 María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 la cantidad de líneas que ocupa la novela (2270), excluyendo las composiciones poéticas, de las cuales, 990 son ocupadas por la voz del organizador del hilo narrativo (un 43%)7. Por tanto, la presencia del narrador es bastante destacada, sin que ello quiera decir que su intromisión sea uniforme ni que tengan la misma extensión, ya que sus intervenciones cumplen con una finalidad discursiva propia, finalidad concedida y otorgada por don Miguel de Cervantes que hace que las funciones del narrador sean de distintos tipos, tales como: reformulador de ideas preconcebidas: (8) Una, pues, desta nación, gitana vieja, que podía ser jubilada en la ciencia de Caco, crió una muchacha en nombre de nieta suya, a quien puso nombre Preciosa (f. 1r). sintetizador de acciones: (9) En resolución, concertaron, como se ha dicho, la venida de allí a ocho días, y que se había de llamar, cuando fuese gitano, Andrés Caballero; porque también había gitanos entre ellos deste apellido (ff. 13v-14r). e introductor del diálogo de forma directa y apoyándose de los verbum dicendi8: (10) —Uno tengo yo —replicó la doncella—; si éste basta, hele aquí, con condición que también se me ha de decir a mí la buenaventura (f. 8v). (11) Apenas acabó Preciosa su romance, cuando del ilustre auditorio y grave senado que la oía, de muchas se formó una voz sola que dijo: —¡Torna a cantar, Preciosica, que no faltarán cuartos como tierra! (f. 5v). (12) El cantar de Preciosa fue para admirar a cuantos la escuchaban. unos decían: ¡Dios te bendiga la muchacha!. otros: ¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad, en verdad, que merecía ser hija de un gran señor. otros había más groseros, que decían: ¡Dejen crecer a la rapaza, que ella hará de las suyas! ¡A fe que se va añudando en ella gentil red barredera para pescar corazones! otro, más humano, más basto y más modorro, viéndola andar tan ligera en el baile, le dijo: ¡A ello, hija, a ello! ¡Andad, amores, y pisad el polvito atán menudito! Y ella respondió, sin dejar el baile: ¡Y pisarélo yo atán menudó! (f. 3r). 7 La edición manejada por J. Romera Castillo fue la de Juan Bautista Avalle-Arce (1982). 8 Marcado entre guiones, en un párrafo previo narrativo o anteponiendo el verbo introductor del estilo directo.
Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla 15 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 En otros casos, la narración aparece de manera indirecta: (13) Llegóse el día, visitó al mordido; preguntóle cómo se llamaba y adónde iba, y cómo caminaba tan tarde y tan fuera de camino; aunque primero le preguntó cómo estaba, y si se sentía sin dolor de las mordeduras. A lo cual respondió el mozo que se hallaba mejor y sin dolor alguno, y de manera que podía ponerse en camino. A lo de decir su nombre y adónde iba, no dijo otra cosa sino que se llamaba Alonso Hurtado, y que iba a Nuestra Señora de la Peña de Francia a un cierto negocio, y que por llegar con brevedad caminaba de noche, y que la pasada había perdido el camino, y acaso había dado con aquel aduar, donde los perros que le guardaban le habían puesto del modo que había visto (f. 25r). También puede dirigirse en estilo directo, bien hacia algún personaje: (14) Mirad lo que habéis dicho, Preciosa, y lo que vais a decir; que ésas no son alabanzas del paje, sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés, que las escucha. ¿Queréislo ver, niña? Pues volved los ojos y veréisle desmayado encima de la silla, con un trasudor de muerte; no penséis, doncella, que os ama tan de burlas Andrés que no le hieran y sobresalten el menor de vuestros descuidos. Llegaos a él en hora buena, y decilde algunas palabras al oído, que vayan derechas al corazón y le vuelvan de su desmayo. ¡No, sino andaos a traer sonetos cada día en vuestra alabanza, y veréis cuál os le ponen! (ff. 17r-17v). bien hacia los propios lectores: (15) Olvidábaseme de decir cómo la enamorada mesonera descubrió a la justicia no ser verdad lo del hurto de Andrés el gitano, y confesó su amor y su culpa, a quien no respondió pena alguna, porque en la alegría del hallazgo de los desposados se enterró la venganza y resucitó la clemencia (f. 38r). Sea como fuere, de nada sirven estos datos si no tenemos en cuenta su función en el conjunto de la obra, pues Cervantes, con cada una de las intervenciones del narrador, nos lleva a ver su ideología, una ideología que también la reflejarán los personajes, entendiendo como tales a los que tienen, dentro del texto, voz enunciadora. Serán estos los que estudiaremos en las páginas siguientes. 2.1.2 Personajes En La Gitanilla, los personajes giran en torno a la figura de Preciosa (la segunda voz en importancia9), ya que según sus acciones irán apareciendo unas u 9 La primera es el narrador.
22 María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 el mío al tuyo se ajuste y acomode, cuéntame por gitano desde luego, y haz de mí todas las esperiencias que más quisieres; que siempre me has de hallar el mismo que ahora te significo. A partir de este momento, el muchacho que, posteriormente sabremos que se llama Juan, formará parte del mundo de la gitanilla. Será entonces cuando le bauticen con el nombre de Andrés Caballero y, una vez recogido por los gitanos, un Gitano Viejo que vendría a representar el patriarca de su sociedad, le explicita las reglas que rigen su nación, unas reglas ya comentadas con anterioridad (ff. 19r-20r). Andrés es bien recibido, pero a pesar de abandonar su casa, sus tierras y sus privilegios, no podrá perder sus valores morales, pues siempre se evade de hacerle daño a los demás, quizá porque Cervantes nos hace ver que el bien sólo le corresponde a las personas ajenas a la periferia de los estratos marginales. Así, nada más entrar, el nuevo gitano se excusa de robar durante el primer mes porque antes ha de prepararse para ello, pero veremos que no es más que un pretexto. El narrador nos aclara que: (28) con propósito de seguir y conseguir su empresa, sin entremeterse nada en sus costumbres; o, a lo menos, escusarlo por todas las vías que pudiese, pensando exentarse de la jurisdición de obedecellos en las cosas injustas que le mandasen, a costa de su dinero. Incluso convence a sus nuevos compañeros para irse de los alrededores de Madrid (parten hacia Toledo) con el único objetivo de apartarse del epicentro, porque en la periferia de su entorno no podría ser descubierto. En este momento entra el narrador en escena para hacernos balance de la transformación que está sufriendo don Juan de Cárcamo: (29) ¡Oh poderosa fuerza deste que llaman dulce dios de la amargura (título que le ha dado la ociosidad y el descuido nuestro), y con qué veras nos avasallas, y cuán sin respecto nos tratas! Caballero es Andrés, y mozo de muy buen entendimiento, criado casi toda su vida en la Corte y con el regalo de sus ricos padres; y desde ayer acá ha hecho tal mudanza, que engañó a sus criados y a sus amigos, defraudó las esperanzas que sus padres en él tenían; dejó el camino de Flandes, donde había de ejercitar el valor de su persona y acrecentar la honra de su linaje, y se vino a postrarse a los pies de una muchacha, y a ser su lacayo; que, puesto que hermosísima, en fin, era gitana: privilegio de la hermosura, que trae al redopelo y por la melena a sus pies a la voluntad más esenta. A Cervantes, lo único que le interesa de todo esto es mostrar cómo Amor hacer extremos, pues ha sido éste la causa de la deshonra del noble caballero —y consiguientemente la de su familia—. Y todo por una mujer que no merece la pena,
Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla 23 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 porque, en definitiva, “era gitana”, haciendo hincapié en la bajeza de don Juan. Pero, aún así, no todo lo ha perdido; es incapaz hacer el mal, porque (30) con cada hurto que sus maestros hacían se le arrancaba a él el alma; y tal vez hubo que pagó de su dinero los hurtos que sus compañeros había hecho, conmovido de las lágrimas de sus dueños; de lo cual los gitanos se desesperaban, diciéndole que era contravenir a sus estatutos y ordenanzas, que prohibían la entrada a la caridad en sus pechos, la cual, en teniéndola, habían de dejar de ser ladrones, cosa que no les estaba bien en ninguna manera. Con esta intervención narrativa, Cervantes asienta una de las ideas más extendidas del momento: el arte del hurto es innato en los gitanos e impropio en las familias de noble linaje. Tanto es así, que Andrés, para no irritar a sus compañeros, les convence para ir sólo a realizar las fechorías que de él se esperan, con el único objetivo de evadirse por completo, pues no va a hurtar, sino a entregar (31) alguna cosa que pudiese decir que la había hurtado, y deste modo cargar lo que menos pudiese sobre su conciencia (f. 22v). De esta manera, no inflingiría sus valores y mantendría contenta a la comunidad y a su Preciosa. Con esta estrategia se convirtió en uno de los mejores ladrones —sin serlo— y, tras un mes de estancia en Toledo, se fueron a Extremadura, donde se toparán con el paje poeta, al que los gitanos llamarán Clemente. La entrada de este personaje despierta los celos de Andrés, pues teme que haya venido a por su gitanilla. Preciosa le asegura que a ella no le interesa y, para convencerlo, Cervantes cambia el tono de la joven gitana, pues para persuadir al que será su esposo, empieza a llamarlo por su nombre sin fórmulas de tratamiento antepuestas y le tutea, dándole al vocativo un claro valor apelativo y, en el caso que proponemos, replicativo: (32) —¡Válame Dios —respondió Preciosa—, Andrés, y cuán delicado andas, y cuán de un sotil cabello tienes colgadas tus esperanzas y mi crédito, pues con tanta facilidad te ha penetrado el alma la dura espada de los celos! Dime, Andrés: si en esto hubiera artificio o engaño alguno, ¿no supiera yo callar y encubrir quién era este mozo? ¿Soy tan necia, por ventura, que te había de dar ocasión de poner en duda mi bondad y buen término? Calla, Andrés, por tu vida, y mañana procura sacar del pecho deste tu asombro adónde va, o a lo que viene. Esta deixis social tiene un claro valor persuasivo, pues en las conversaciones precedentes, a excepción de las palabras que le dedicó al oído cuando fue a cantar
24 María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 a su casa y uno de los allí presentes le quitó el papel que contenía el soneto del paje: (33) —¡Gentil ánimo para gitano! ¿Cómo podréis, Andrés, sufrir el tormento de toca, pues no podéis llevar el de un papel? (f. 17v). Preciosa se dirige a él con un tono aparentemente respetuoso, dando señas de frialdad en el trato. A esto hay que añadir la anteposición de fórmulas de tratamiento, como señor: (34) Si vos, señor, por sola esta prenda venís, no la habéis de llevar sino atada con las ligaduras y lazos del matrimonio (f. 12r). señor caballero: (35) —Yo, señor caballero, aunque soy gitana pobre y humildemente nacida, tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro, que a grandes cosas me lleva (f. 11v). señor galán: (36) —Eso no, señor galán -respondió Preciosa-: sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada, sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos (f. 12v). y señor Andrés: (37) No quiero juramentos, señor Andrés, ni quiero promesas; sólo quiero remitirlo todo a la esperiencia deste noviciado, y a mí se me quedará el cargo de guardarme, cuando vos le tuviéredes de ofenderme (f. 21r). Frente a esta decisión de Preciosa, vemos que Andrés, desde que era don Juan, siempre empleó un trato más amigable y cercano. Esto se podría interpretar, bien porque era noble y ello le daba derecho a hacerlo —el “tiniente” siempre lo hizo así—: (38) —Mucho sabes, Preciosa —dijo el tiniente—. Calla, que yo daré traza que sus Majestades te vean, porque eres pieza de reyes (f. 10r).
Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla 25 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 bien porque al presentarse como siervo de la joven gitana, era el trato que le correspondía: (39) —Cuando el cielo me dispuso para quererte, Preciosa mía, determiné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme, aunque nunca cupo en mi pensamiento que me habías de pedir lo que me pides (f. 12v). Tan sólo en una ocasión parece tratarla con un tono despectivo: (40) —Otra vez te he dicho, niña —respondió el don Juan que había de ser Andrés Caballero—, que en todo aciertas, sino en el temor que tienes que no debo de ser muy verdadero; que en esto te engañas, sin alguna duda. La palabra que yo doy en el campo, la cumpliré en la ciudad y adonde quiera, sin serme pedida, pues no se puede preciar de caballero quien toca en el vicio de mentiroso (f. 16r). motivado por la indignación que le supone la falta de credibilidad en sus palabras, pues él es un caballero y, por ende, siempre cumple sus promesas. Frente a esta pareja, el matrimonio formado por el “tiniente” y doña Clara, se tratan por igual: (41) —¡Por Dios, que no tengo blanca! Dadle vos, doña clara, un real a Preciosica, que yo os le daré después (f. 9v). —¡Bueno es eso, señor, por cierto! ¡Sí, ahí está el real de manifiesto!No hemos tenido entre todas nosotras un cuarto para hacer la señal de la cruz, ¿y quiere que tengamos un real? (ff. 9v-10r). El resto de personajes siguen unas reglas prefijadas por el autor. Verbigracia, la abuela tutea a su nieta, mientras que ésta nunca lo hace, las gitanillas se tutearán siempre, pero tratarán con respeto a los hombres y a sus mayores, entre otros casos de esta deixis social. Siguiendo con el decurso discursivo, Clemente ‘paje poeta’ que se asentó como uno más en la nación gitana con la única finalidad de buscar una vía para marcharse a Génova, propuso trasladarse hacia Sevilla, pero tal idea fue retirada, porque Preciosa no había dejado un buen recuerdo por aquella zona, por lo que optaron por trasladarse al reino de Murcia. En el camino pararon en un mesón y, será ahora cuando lleguemos a uno de los momentos más importantes de la obra: la hija de la mesonera, Carducha, le propuso matrimonio a Andrés y éste, al negarse, provocó la venganza de la muchacha, pues —cuando se marchaban los gitanos— introdujo en las pertenencias de Andrés Caballero unos dijes
26 María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 y avisó a las autoridades para que los detuvieran a todos. Estos propusieron registrar a todos los gitanos, provocando la inquietud de la Gitana Vieja, pues no quería que: (42) se manifestasen los dijes de la Preciosa y los vestidos de Andrés, que ella con gran cuidado y recato guardaba (f. 31v) El temor de la gitana nos pone sobre aviso: ¿qué dijes puede tener una gitana? Pero, de todas formas, esto es lo menos importante. La cuestión es que la Carducha obligó a las autoridades a que registrasen a Andrés y, al ver que él había sido el culpable, uno de los soldados le injurió con las siguientes palabras: (43) —¿No veis cuál se ha quedado el gitanico podrido de hurtar? Apostaré yo que hace melindres y que niega el hurto, con habérsele cogido en las manos; que bien haya quien no os echa en galeras a todos. ¡Mirad si estuviera mejor este bellaco en ellas, sirviendo a su Majestad, que no andarse bailando de lugar en lugar y hurtando de venta en monte! A fe de soldado, que estoy por darle una bofetada que le derribe a mis pies (f. 32r). Tales acusaciones infundadas —nunca le había robado a nadie— provocó que Andrés matara al susodicho, pues: (44) diciendo esto, sin más ni más, alzó la mano y le dio un bofetón tal [el soldado], que le hizo volver de su embelesamiento, y le hizo acordar que no era Andrés Caballero, sino don Juan, y caballero; y, arremetiendo al soldado con mucha presteza y más cólera, le arrancó su misma espada de la vaina y se la envainó en el cuerpo, dando con él muerto en tierra (f. 32r). El hecho de matarlo se debe a que, una vez que se siente injuriado, ultrajado, avergonzado, afrentado, ofendido y agraviado por un caballero inferior a él, despierta del encanto que le ha hecho perder sus papeles de hombre de noble linaje. En ese momento, ya no es Andrés, sino don Juan de Cárcamo y, como caballero que es —no gitano— no puede permitir que nadie le deshonre, pues el honor y la honra de su familia —y la suya propia— no puede ser mancillada por nada ni por nadie. Su acto provocó que lo encarcelaran en la jurisdicción de Murcia junto con el resto de los gitanos, a excepción de Preciosa, que fue llamada por la mujer del corregidor. Llegado a este punto, se descubre la verdadera identidad de la gitanilla, pues la gitana vieja muestra los dijes de su nieta y les hace ver que pertenecen
Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla 27 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 a Constanza, la hija del corregidor Fernando de Azevedo y de su esposa Guiomar de Meneses. La respuesta de la señora fue: (45) —Mujer buena, antes ángel que gitana, ¿adónde está el dueño, digo la criatura cuyos eran estos dijes? (f. 34r). como si de dos cualidades diferentes se tratara. La corregidora examina a Preciosa para comprobar si era o no su hija y se da cuenta de que es ella por su lunar blanco en el pecho izquierdo y por tener los dos dedos últimos del pie derecho trabados por medio de “un poquito de carne”, por lo que: (46) El pecho, los dedos, los brincos, el día señalado del hurto, la confesión de la gitana y el sobresalto y alegría que habían recebido sus padres cuando la vieron, con toda verdad confirmaron en el alma de la corregidora ser Preciosa su hija. Y así, cogiéndola en sus brazos, se volvió con ella adonde el corregidor y la gitana estaban (f. 34r). De esta manera, Cervantes concluye con todo el misterio que siempre había rodeado a Preciosa —ahora Constanza—, pues, como hemos venido defendiendo, su belleza y grandilocuencia no era propio de una gitana, según la ideología del momento. Todo esto se dramatiza más cuando vuelve a entrar el narrador en escena para preguntarnos: (47) ¿quién había de imaginar que la gitanilla era hija de sus señores? (f. 34v). Con esto, ya somos conscientes de que tanto Preciosa como Andrés son descendientes de nobles, pero los padres de la niña no lo saben, por eso el corregidor, por más que perdone a la vieja gitana, le recrimina, según el narrador: (48) que, sabiendo ella [la gitana vieja] la calidad de Preciosa, la hubiese desposado con un gitano (f. 34v). Pero Constanza le hace ver que no es gitano, ni ladrón y que, por eso mismo, se justifica el acto de su prometido: (49) [el soldado] le quitó la honra, y no pudo hacer menos de mostrar quién era y matarle (f. 34v).
28 María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 Una vez que consigue Preciosa persuadir a sus padres para que saquen a Andrés, el corregidor y su esposa empiezan a preguntarle si realmente está enamorada de ese joven caballero o si tenía alguna <<afición>> por Juan: (50) Respondió que no más de aquella que le obligaba a ser agradecida a quien se había querido humillar a ser gitano por ella; pero que ya no se estendería a más el agradecimiento de aquello que sus señores padres quisiesen (f. 35r). En esta intervención podríamos pensar que la muchacha se sentiría instigada por sus propios padres, pero vemos que parece que ese sentimiento no está muy lejos de la realidad cuando poco después le reconoce a su madre, según el narrador, lo que sigue: (51) Preguntóle su madre que le dijese la verdad: si quería bien a don Juan de Cárcamo. Ella, con vergüenza y con los ojos en el suelo, le dijo que por haberse considerado gitana, y que mejoraba su suerte con casarse con un caballero de hábito y tan principal como don Juan de Cárcamo, y por haber visto por experiencia su buena condición y honesto trato, alguna vez le había mirado con ojos aficionados; pero que, en resolución, ya había dicho que no tenía otra voluntad de aquella que ellos quisiesen (f. 36v). Efectivamente, en un principio Preciosa sólo pretendía subir de eslabón social, pero terminó por enamorarse de él, aunque ahora sienta la obligatoriedad de cumplir los deseos de sus progenitores. Finalmente, como en todas estas novelas ejemplares, denominadas así, bien por mostrarse como ejemplo de moralidad, bien porque Cervantes quisiera que fuesen el punto de referencia para sus seguidores, la acción culmina con un final feliz: Clemente consiguió embarcar para Génova; la Carducha confesó que fue ella, por despecho, quien puso los dijes en las pertenencias del gitano; perdonaron la pena a don Juan, porque ya no era Andrés, el gitano matador, sino el hijo de un reconocido noble que vivía afligido por la ausencia de su hijo; Preciosa encontró su verdadera identidad y, una vez que los dos gitanos fueron conscientes de que no había impedimentos sociales —ambos pertenecían a la nobleza— para contraer matrimonio, se casaron. Esto último refleja una idea muy arraigada en la sociedad española, pues, no es casualidad —pienso— que Cervantes les otorgue el casamiento a estos dos jóvenes cuando ambos pertenecen a la misma clase social. Situación similar la encontramos en El perro del hortelano de Lope de Vega, aunque en esta comedia palatina, la nobleza de Teodoro sea fingida. Y todo esto es así porque, como nos hace ver Lope en uno de los sonetos que más tensión acumula en toda la obra citada:
Hacia un análisis dircursivo de La Gitanilla 29 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 Diana (sola) Mil veces he advertido en la belleza, 325 gracia y entendimiento de Teodoro, que, a no ser desigual a mi decoro, estimara su ingenio y gentileza. Es el amor común naturaleza, mas yo tengo mi honor por más tesoro; 330 que los respetos de quien soy adoro y aun el pensarlo tengo por bajeza. La envidia bien sé yo que ha de quedarme, que si la suelen dar bienes ajenos, bien tengo de qué pueda lamentarme, 335 porque quisiera yo que, por lo menos, Teodoro fuera más para igualarme, o yo, para igualarle, fuera menos. es inconcebible, por más que se quiera, que se casen los nobles con los criados o, en este caso, un noble con una gitana. 3. coNsiDERAcioNEs FiNALEs Una vez que ha sido analizada la obra desde el punto de vista discursivo; esto es, analizando el texto como un proceso y no como una suma de oraciones, pretendo hacer balance de todo lo estudiado a lo largo de estas páginas. Recuérdese que comenzamos poniendo de manifiesto el objeto de nuestro análisis, un análisis que pretendía alejarse de la visión del texto como una totalidad cerrada, tal y como la venía considerando el estructuralismo, porque como advierte Catherine Kerbrat-Orecchioni (1986: 10): la existencia de leyes de organización estructural del enunciado, enuncia una contraverdad manifiesta: un texto no es una yuxtaposición aleatoria de oraciones. Existen reglas de combinatorias transoracionales (anáfora, funcionamiento de isotopías semánticas, estilísticas, presuposicionales…) cuyo dominio de aplicación está bien lejos de restringirse al caso de los “enunciados estereotipados”. Y esto es así porque todo texto exige una coherencia y una cohesión internas, ya que, de no ser así, no estaríamos ante un texto. Las relaciones textuales que se detectan en el texto giran en torno al argumento principal que no es otro que la maleza implícita en la raza gitana, personificado en la figura de la gitana vieja que, por más que al final se arrepintiera, arrancó a una niña de los brazos de sus padres, una niña que será devuelta por obra y gracia de la Providencia, pues su improvisado parentesco con los corregidores del reino de Murcia vino a restituir el orden social de aquellos falsos gitanos que, una vez que le son reconocidos sus lazos de parentesco con la más alta nobleza, pueden contraer matrimonio.
30 María del Rocío Rivera González ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 24 (2010) 7-30 bibliografía J. J. Bustos Tovar, “El discurso de la libertad de la mujer en el umbral del Renacimiento”, imágenes de mujeres. images de femmes, Caen, Université de Caen, 1998, pp. 9-19. J. J. Bustos Tovar, “Algunos tipos de diálogo en el español del siglo XVI”, Lengua, discurso, texto (i simposio internacional de Análisis del Discurso), 2 vols. Madrid, Visor Libros, 2000, pp. 1515-1530. J. J. Bustos Tovar, “Mecanismos de cohesión discursiva en castellano a fines de la Edad Media”, Actas del v congreso internacional de Historia de la Lengua Española [Valencia, 31 de enero-4 de febrero de 2000], Madrid, Gredos, 2002, pp. 53-84. P. Córdoba Montoya, “Hacia una pragmática de la novela ejemplar”, Lenguaje, ideología y organización textual en las novelas ejemplares, Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, 1983, pp. 19-29. C. Fuentes Rodríguez, Lingüística pragmática y análisis del discurso, Madrid, Gredos, 2000. C. Kerbrat-Orecchioni, La enunciación: de la subjetividad en el lenguaje, Buenos Aires, Hachette, 1986. J. Romera Castillo, “De cómo Cervantes y Antonio de Solís construyeron su “Gitanilla” (Notas sobre la intervención de los “actores”)”, Lenguaje, ideología y organización textual en las novelas ejemplares, Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, 1983, pp. 145-158. textos citados M. De Cervantes, Novelas Ejemplares, edición, introducción y notas de Juan Bautista Avalle-Arce, Madrid, Castalia, 1982, vol. I. M. De Cervantes, Novelas Ejemplares, introducción de Alberto Blecua, edición y notas de Frances Luttikhuizen, Barcelona, Planeta [Fundación Reina Sofía: Proyecto Alzheimer], 2005. M. De Cervantes, Novelas Ejemplares, edición informatizada de Florencio Sevilla Arroyo: <www.cervantesvirtual.com>. L. De Vega, El perro del hortelano, edición informatizada de Rosa Navarro Durán: <www.cervantesvirtual.com>. nombre del autor: María del Rocío Rivera González dirección-e: [email protected] dirección postal: Dpto. de Lengua Española, Lingüística y Teoría de la Literatura, Facultad de Filología, C/ Palos de la Frontera, s/n, 41004, Sevilla fecha de recepción: 24/03/2010 fecha de aceptación: 15/06/2010