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Las transfusiones en la historia

Buzón Díaz, Patricia

Abstract

Las transfusiones son actos médicos gracias a los cuales se han salvado miles de vidas, para ello se sigue un método protocolizado en el que la sangre pasa por procesos de extracción, conservación, fraccionamiento, preservación y transfusión. Los componentes sanguíneos deben presentar unas características de hemocompatibilidad de los grupos ABO y el factor Rh, así como la visualización de anticuerpos irregulares además del control de enfermedades transmitidas por la sangre para poder ser aceptados. La sangre siempre ha sido fuente de vida, y en este trabajo plasmamos la historia de cómo se pudo llegar a dominar las técnicas de transfusión. Desde la antigüedad, dicho fluido se veía como un elemento de poder que podía dar o quitar la vida, usando medios como la sangría o la ingesta de sangre. No será hasta el siglo XVII cuando irán tomando forma los primeros experimentos que servirán para asentar los fundamentos básicos de la transfusión, primero realizándose experimentos en animales (Richard Lower) y, posteriormente, en personas (Jean Baptiste Denys). El siglo XVIII supuso un letargo para su desarrollo debido a la prohibición de dicha técnica y no fue retomada hasta el siglo XIX, en el que gracias a los descubrimientos y avances en la ciencia, se pudo realizar de manera exitosa la primera transfusión vena a vena (James Blundell). Se trabajó en un método de transfusión directo y se empezaron a solucionar los problemas de incompatibilidad, gracias al descubrimientos de los grupos sanguíneos ABO por Karl Landsteiner, y posteriormente el factor Rh, además de solventar los problemas de coagulación. Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial se empezaron a establecer los primeros depósitos de sangre, surgiendo así los bancos de hemocomponentes. Los descubrimientos fueron sucediéndose durante el siglo XX y XXI, convirtiendo la medicina transfusional en una técnica exitosa capaz de preservar vidas.

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UNIVERSIDAD DE SEVILLA FACULTAD DE FARMACIA LAS TRANSFUSIONES EN LA HISTORIA Patricia Buzón Díaz DEPARTAMENTO DE FARMACIA Y TECNOLOGÍA FARMACÉUTICA LAS TRANSFUSIONES EN LA HISTORIA TRABAJO DE FIN DE GRADO DE CARÁCTER BIBLIOGRÁFICO AUTORA: PATRICIA BUZÓN DÍAZ TUTORA: CONSOLACIÓN MARTÍNEZ GARCÍA LUGAR: FACULTAD DE FARMACIA GRADO EN FARMACIA UNIVERSIDAD DE SEVILLA SEPTIEMBRE, 2021 RESUMEN : Las transfusiones son actos médicos gracias a los cuales se han salvado miles de vidas, para ello se sigue un método protocolizado en el que la sangre pasa por procesos de extracción, conservación, fraccionamiento, preservación y transfusión. Los componentes sanguíneos deben presentar unas características de hemocompatibilidad de los grupos ABO y el factor Rh, así como la visualización de anticuerpos irregulares además del control de enfermedades transmitidas por la sangre para poder ser aceptados. La sangre siempre ha sido fuente de vida, y en este trabajo plasmamos la historia de cómo se pudo llegar a dominar las técnicas de transfusión. Desde la antigüedad, dicho fluido se veía como un elemento de poder que podía dar o quitar la vida, usando medios como la sangría o la ingesta de sangre. No será hasta el siglo XVII cuando irán tomando forma los primeros experimentos que servirán para asentar los fundamentos básicos de la transfusión, primero realizándose experimentos en animales (Richard Lower) y, posteriormente, en personas (Jean Baptiste Denys). El siglo XVIII supuso un letargo para su desarrollo debido a la prohibición de dicha técnica y no fue retomada hasta el siglo XIX, en el que gracias a los descubrimientos y avances en la ciencia, se pudo realizar de manera exitosa la primera transfusión vena a vena (James Blundell). Se trabajó en un método de transfusión directo y se empezaron a solucionar los problemas de incompatibilidad, gracias al descubrimientos de los grupos sanguíneos ABO por Karl Landsteiner, y posteriormente el factor Rh, además de solventar los problemas de coagulación. Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial se empezaron a establecer los primeros depósitos de sangre, surgiendo así los bancos de hemocomponentes. Los descubrimientos fueron sucediéndose durante el siglo XX y XXI, convirtiendo la medicina transfusional en una técnica exitosa capaz de preservar vidas. PALABRAS CLAVE:sangre, transfusiones, donación. Todas ellas combinadas con la palabra historia. -1- Agradecimientos: En primer lugar quiero agradecer el esfuerzo y dedicación que mi tutora Consolación Martínez García ha tenido a lo largo de todo este proyecto. Ha hecho que el último esfuerzo de la carrera sea satisfactorio y agradecido, ayudando a construir este trabajo que con constancia y empeño hemos creado. Agradecerle tanto al coordinador del Centro de Transfusión Rafael Lebrero Ferreiro como al Laboratorio de Hematología y Hematoterapia del HUC (Tenerife), no solo por la información cedida, sino por el trato y el ofrecimiento recibido por ambos. Quiero agradecerle a mi familia el apoyo constante que me ha dado en todos estos años de carrera, animándome en todo aquello que me apasiona y brindándome siempre una mano para ayudarme. “No se escribe nada de los cobardes”, gracias papá. Este trabajo está dedicado a la Farmacia Méndez Delgado (Tenerife). Con ellos he cerrado mi última etapa y me han abierto las puertas al mundo que se abre con ella. Espero que mi carrera laboral sea tan bonita y gratificante como han sido estos meses de aprendizaje con ellos. -2- ÍNDICE : 1. INTRODUCCIÓN..........................................................................................................4 2. OBJETIVOS..................................................................................................................9 3. MATERIALES Y MÉTODOS.........................................................................................9 4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN .....................................................................................11 4.1. Antecedentes.......................................................................................................11 4.2. Siglo XVI y XVII.....................................................................................................14 4.3. Siglo XVIII.............................................................................................................21 4.4. Siglo XIX...............................................................................................................22 4.6. Siglo XX................................................................................................................26 5. CONCLUSIONES.........................................................................................................33 6. BIBLIOGRAFIA...........................................................................................................35 -3- 1. INTRODUCCIÓN : La salud es un concepto de bienestar físico, mental y social al que la población tiende en su máxima expresión. Para ello los profesionales sanitarios trabajan conjuntamente, tanto para proteger como para mejorar la salud mundial. Para conseguir una población saludable, los problemas más frecuentes sobre los que trabaja la medicina son la infección, el dolor y la hemorragia (Marrón-Peña, 2017). Dentro del amplio abanico de campos que abarca la medicina, nos encontramos con la medicina transfusional, una importante rama del abordaje terapéutico. La transfusión es una acción terapéutica salvadora, aun así entre el 5 y el 58% de los casos se considera inadecuada por los problemas que conlleva su utilización, por lo que su uso queda restringido cuando las demás opciones de curación son insuficientes o inapropiadas (Nuñez, 2016). Para poder ubicarnos, definiremos la transfusión sanguínea como el traspaso de un líquido, en especial sangre o componentes sanguíneos, de un sujeto donador a otro receptor (Arbona et al., 2015). Se considera un tratamiento paliativo y no radical o curativo, ya que no erradica la enfermedad o trastorno que ha causado la falta de hemocomponentes (anemia, hemorragia..) sino que únicamente subsana los síntomas causados al restablecer los componentes deficitarios (Brome et al., 2021). La medicina transfusional es una rama multidisciplinar que consta de una serie de pasos dirigidos a la obtención segura y de calidad de componentes sanguíneos y la uniformidad de unos requisitos mínimos en cada paso de la cadena transfusional, regulados por un marco legal que en España tiene su pilar básico en el Real Decreto 1088/2005 de 16 de septiembre por el que se establecen los requisitos técnicos y condiciones mínimas de la hemodonación y de los centros y servicios de transfusión. Esta regulación incluye los procesos de obtención, donación, conservación, procesamiento, transfusión, suministro, distribución y fraccionamiento de la sangre y sus derivados (Palma, 2018). La donación tiene un carácter voluntario, anónimo y no remunerado, esto es así ya que es determinante a la hora de la obtención de hemocomponentes, pues se podría falsificar u omitir información esencial al ser retribuida. -4- Dicha actividad tiene tanta importancia, ya que a pesar de los avances médico-científicos (actualmente se realizan transfusiones autólogas y se estudia la obtención de sangre artificial), la única fuente disponible y fiable de componentes sanguíneos sigue siendo la donación. Para hacernos una idea de la magnitud de esta práctica, mostramos una serie de datos cedidos por el Centro de Transfusión, Tejidos y Células de Sevilla, dirigido por el coordinador médico Rafael Lebrero Ferreiro: En 2020 se registraron en Andalucía un total de 277.765 donaciones de componentes sanguíneos de las que 262.734 unidades corresponden a donaciones de sangre total y 15.031 a aféresis (donaciones selectivas de plasma y plaquetas). En la provincia de Sevilla se han registrado en el año 2020 un total de 62.370 donaciones de sangre y 1.986 de plasma. El número de donaciones diarias para cubrir las necesidades hospitalarias y tener reservas suficientes estarían entre las 270-300 donaciones diarias. Las donaciones son suficientes pero el inconveniente principal es el mantenimiento de las reservas, debido a que los donantes no responden durante todo el año de la misma manera ya que hay periodos, como la época estival, en el que las donaciones caen y hacen peligrar los depósitos de sangre. Hoy en día la medicina transfusional se basa en la terapia de hemocomponentes que se rige por tres principios básicos: se deben identificar las causas de las deficiencias, solamente se debe administrar el componente deficitario y deberá existir la máxima seguridad en el producto sanguíneo y a la hora de su administración (Palma, 2018). Además, es esencial conocer la hemodinámica de las transfusiones, sus indicaciones y contraindicaciones según la patología. Así, la transfusión se utiliza con tres razones fundamentalmente: la reposición del volumen sanguíneo, reponer la capacidad de oxigenación y recuperación de la hemostasis (Valle et al., 1996). Para conseguir estos objetivos, nos encontramos diferentes hemocomponentes con los que se puede trabajar (Palma, 2018; Valle et al., 1996): -Sangre completa: es la unidad de sangre tal como es captada. Se utiliza para incrementar la masa eritrocítica, plasmática y para la coagulación. -Sangre total reconstituida: resulta de la unión de un paquete globular y un volumen corriente de plasma fresco congelado. Sirve para aumentar la masa eritrocítica en anemias. -Concentrado de plaquetas: se prepara a partir de la sangre entera no refrigerada y se separa el plasma rico en plaquetas. Para el sangrado por trombocitopenia o trombopatía. -5- -Concentrado de hematíes: corresponde a la unidad de sangre entera a la cual se extrae la mayor parte del plasma. Utilizada para incrementar la masa eritrocítica disminuyendo el riesgo de reacción alérgica y febril, debido a las proteínas plasmáticas. -Plasma fresco congelado: se trata de plasma con anticoagulante como conservante almacenado a -18ºC. Utilizado para el tratamiento de trastornos de la coagulación. -Crioprecipitado: concentrado de proteínas de alto peso molecular obtenido del plasma fresco congelado. Para el tratamiento de la hemofilia A y deficiencias de coagulación. Para el proceso de donación, fuente de todos estos hemocomponentes, se exigen tanto unas condiciones físicas como sanitarias. Las condiciones físicas se comprueban con la información que es recogida previa a la donación. El individuo debe predisponer de unos valores mínimos de hemoglobina, leucocitos y plaquetas, además de obtener datos de su edad, presión arterial, peso y temperatura para poder ser aceptado como donante (Valle et al., 1996). En cuanto a las condiciones sanitarias, tienen como objetivo garantizar la seguridad tanto del donante como del receptor, mediante el examen de posibles causas de exclusión a través de una entrevista personal y documentación escrita. Se excluyen definitivamente determinadas situaciones como son: padecimiento de enfermedades infecciosas (VIH,VHB,VHC), cáncer, epilepsia y diabetes. Además puede haber exclusiones temporales, entre ellas: seis meses tras haber pasado un embarazo, toxoplasmosis o mononucleosis, un mes tras el tratamiento con isotretinoína o finasteride, una semana tras una extracción dental (Real Decreto 1088/2005). Una vez comprobado que el donante cumple con las condiciones mínimas exigidas, se procede a la extracción y el posterior análisis y realización de una secuencia de determinaciones que se encuentran regidas por ley y otras que son de elección para determinados pacientes (Arbona, 2015): 1. Grupo sanguíneo ABO y Rh 2. Escrutinio de anticuerpos irregulares antieritrocitarios 3. Pruebas para la detección de agentes infecciosos: sífilis, antígeno de superficie del virus de la hepatitis B, anticuerpos contra el virus de la inmunodeficiencia humana I/II, anticuerpos contra el virus de la hepatitis C, detección genómica directa del VHC 4. Otras pruebas que se consideren necesarias para situaciones epidemiológicas concretas -6- Aun realizando correctamente las determinaciones siempre existe un riesgo inherente de infección en el proceso de transfusión, así que es responsabilidad del médico decidir cuándo se requiere el traspaso de sangre (Brome et al., 2021). Ocasionalmente, pueden darse reacciones transfusionales causadas por la destrucción de glóbulos rojos al ser detectados por el sistema inmune como extraños. Estas reacciones hemolíticas se clasifican en dos grupos: agudas y tardías. Ambas son debidas a la incompatibilidad de la sangre tanto por los grupos ABO como por el factor Rh y hace que el proceso de transfusión deba ser parado de manera inmediata (Gestern, 2019). El siguiente paso es la preservación de la sangre el tiempo suficiente para poder ser transferida al paciente receptor. Se realiza en bolsas de sangre con unas condiciones de conservación y almacenamiento que varían en función del anticoagulante utilizado y de las características propias de los componentes sanguíneos. Las bolsas actuales de extracción son de plástico (plastificante DEHP en extracciones convencionales y poliolefina para algunos componentes sanguíneos). Es un sistema cerrado que permite obtener la sangre y separar los componentes sanguíneos de manera estéril al tener conectadas bolsas satélites. Tiene un volumen aproximado de 520 ml, en el que 450 ml es de sangre y 60-70 ml es de solución conservadora y anticoagulantes (Ladrón et al., 2004). El equipo necesario para este proceso son congeladores y refrigeradores específicos para la utilización en bancos de sangre. El anticoagulante (ácido cítrico/citrato) produce una quelación con el Ca iónico para mantener la sangre en estado líquido y a un valor de pH adecuado. Las soluciones que se utilizan son variadas (ACD,CDP,CDP-A…) pero todas ellas tienen una composición común en las que se utiliza como base dextrosa, fosfato y adenina en diferentes concentraciones (Ladrón et al., 2004). En general, la sangre, los glóbulos rojos y el plasma se conservan a 4ºC para un máximo de 42 días (si se añade CPD el tiempo de conservación es 21 días y si al CDP le adicionamos adenina aumenta a un máximo de 35 días). Los preparados de plaquetas y crioprecipitados se conservan a temperatura ambiente (24ºC) durante 5 días pudiendo aumentar a 7 días si se emplean técnicas de reducción de contaminación bacteriana (Rodríguez, 2004). -7- 4.2 SIGLO XVI Y XVII Los conocimientos tecnológicos y científicos llegaron a alcanzar altos niveles de especialización en la era de la revolución científica. Fue una transformación en el pensamiento social que abarcó toda Europa entre los siglos XV y XVII lo que marcó el paso de la Edad Medieval a la Edad Moderna (Rei, 1978). La concepción de la Naturaleza y la forma de interactuar con ella cambió, orientándose de una manera más experimental. Nacieron así las primeras instituciones científicas en las que se comenzaron a realizar investigaciones de naturaleza experimental y orientadas metodológicamente. Esta revolución adquirió un carácter irreversible que condicionó el pensamiento universal, al crearse el Método Científico. Eruditos como Galileo Galilei, Kepler o Copérnico marcaron esta etapa y de esa manera originó lo que se conoce como la ciencia moderna (Iranzo, 2005). En este contexto, numerosos científicos realizaron estudios sobre la histología, fisiología y anatomía del aparato circulatorio y así fue como se descubrieron los fundamentos que impulsaron los primeros estudios sobre la transfusión. Un paso decisivo para el avance de la medicina fue dejar atrás el pensamiento galénico que tan arraigado se encontraba en la sociedad. Uno de los primeros en rechazar estas ideas fue Andres Vesalio (1514-1564), padre de la Anatomía Moderna. Empezó su carrera estudiando a Galeno y defendiendo su doctrina, pero a medida que fue profundizando en sus estudios, gracias a las disecciones que él mismo realizaba, llegó a la conclusión de que Galeno cometió numerosos errores por utilizar la anatomía comparada, es decir, había descrito la anatomía humana diseccionando animales. El desacuerdo con Galeno se ve patente en su obra “De humani corporis fabrica libri septem” (1543), más conocido como “Fabrica”, considerado el libro más influyente de anatomía humana. En su obra realiza descripciones anatómicas precisas y detalladas como las venas, las arterias y el corazón (Thierer, 2016). La nueva concepción de la anatomía fue fuente de inspiración para otros eruditos de la época, que enfocaron en ella sus estudios. Así en 1593 se introdujo por primera vez el término “circulación” por el médico y botánico italiano Andrea Cesalpino (1519-1603). En su recopilatorio, Cesalpino llegó a vislumbrar tanto la circulación menor como la arteriosa sistémica, aunque al carecer su obra de componente experimental y metodológico no se le atribuye a él el mérito de su descubrimiento (Vilar, 1992). -14- Es el primero en referirse a los vasos capilares, y se centra en la importancia que el corazón tiene en este proceso, describiéndolo como el órgano que impulsa la sangre y le confiere el calor innato, ya que para Galeno este calor provenía del aire inspirado (Thierer, 2016). Ya muchos sabios de la época habían acercado sus estudios a la circulación pulmonar, aunque se le atribuye su descubrimiento a Miguel Servet y Conesa (1511-1553). De familia pudiente, dedica su vida al estudio de la teología, el derecho y la medicina. Era católico pero rechazaba fervientemente el dogma de la trinidad. Sus trabajos se basaron en negar el carácter divino de Dios, llevándole al rechazo tanto de católicos como protestantes. En 1531 se reafirma con la publicación de su obra "De Trinitatis Erroribus" (de los errores de la Trinidad). Debido al gran escándalo que generó, se refugió en Lyon, donde siguió trabajando como médico bajo pseudónimo y continuó realizando sus polémicos estudios. En 1553 escribe “Christianismi Restitutio", su obra más conocida (Campohermoso-Rodríguez et al., 2018). Es en esta obra donde Servet hace patente la existencia de la circulación pulmonar. Parece extraño que dicho descubrimiento aparezca en un dictado de teología, pero para el autor la sangre y el alma están unidas y, para comprender el alma, hay que estudiar previamente la circulación. Galeno afirmaba que el espíritu divino se forma en el ventrículo izquierdo, mezclando el aire que llega a los pulmones con la sangre que proviene del ventrículo derecho, a través de unos poros invisibles en la pared media del corazón. Servet rechaza la existencia de estos poros y afirma que la conexión entre el ventrículo izquierdo y el ventrículo derecho se hace a través de un “magno artificio”, la sangre pasa desde la vena arterial a la arteria venosa: “et á venä arteriosä in arteriam venosam transfunditur”. Se oxigena y luego retorna al ventrículo izquierdo nuevamente, donde adquiere el color rojo y elimina las impurezas por la espiración. Finalmente se convierte en el espíritu divino (Zalaquett, 2016). Por esta obra Juan Calvino lo acusó y fue condenado por hereje. Finalmente fue sentenciado a morir en la hoguera y lo quemaron vivo junto a las copias de Christianismi Restitutio. Aun así Servet no se retractó en ningún momento de sus ideas (Campohermoso-Rodríguez et al., 2018). A pesar de que Servet se considera el descubridor occidental de la circulación pulmonar, 300 años antes ya había sido descrita por Ibn Al-Nafis. Nacido en Damasco, desarrolló su actividad como médico del sultán en El Cairo. De igual manera discute a Galeno y detalla la circulación menor. Este hecho no ha sido constatado hasta hace unos años al ser encontrados sus manuscritos en la Biblioteca Estatal de Prusia (Campohermoso-Rodríguez et al., 2018). -15- La circulación mayor propiamente dicha no se da a conocer hasta media década después. A pesar de que todo lo relativo a la circulación de alguna manera ya se había planteado o descrito, aún imperaba el pensamiento galénico. Este hecho cambió en 1616 con la aparición de William Harvey. Describió la circulación arterial sistémica primero de forma verbal en una de las conferencias del Royal College, y en 1628 lo deja plasmado en su obra ”Exercitatio Anatomica de Motu Cordis et Sanguinis in Animalibus”, conocido como “De Motu Cordis” (sobre el movimiento del corazón) (Figura 2). Se le atribuye la autoría ya que es el primero en defender de manera experimental sus ideas (Zalaquett, 2016). Figura 2: Portada de “Exercitatio Anatomica de Motu Cordis et Sanguinis in Animalibus” (Buzzi, 2016) La obra está constituida por 17 capítulos y en ella desmonta la teoría galénica que aseguraba que el pulso era consecuencia de la función activa de las venas, exponiendo que el pulso es generado por el movimiento pasivo de las paredes elásticas de las arterias. Defiende la idea de que la sangre se encuentra en un constante movimiento en un sentido específico y lo demuestra a través de ensayos. Mediante un experimento con ligaduras y cambios en la intensidad del pulso determina el sentido que toma el flujo sanguíneo (Figura 3). Afirma que la sangre no proviene de los alimentos, ya que la sangre que fluye y la que llega a las extremidades es superior a la que fuera suministrada por la ingestión de alimentos. Finalmente demuestra que la sangre fluye de las extremidades al corazón, con la utilización de un estilete y una ligadura mediana (Thierer, 2016). -16- Figura 3: Descripción gráfica del experimento realizado con ligaduras por William Harvey (Buzzi, 2016) Su obra deja únicamente una pregunta sin responder y es la conexión existente entre las arterias y las venas pulmonares. La obra de Harvey no fue bien recibida y causó mucho impacto pero inculcó un pensamiento nuevo hasta la fecha, que no solo se podía sangrar para curar, sino también existía la posibilidad de reponer. Una gran revelación para el avance de la medicina de la época fue el desarrollo del microscopio (1607), creado por Anton Van Leeuwenhoek. Fue un comerciante de telas holandés, al que aunque carecía de estudios científicos, su inventiva lo llevó a crear un instrumento a partir de lentes biconvexas que producía aumentos, por lo que podía examinar sus productos de forma exhaustiva (Karamanou et al., 2010). Este instrumento permitió el avance de muchos estudios. Un ejemplo fue Marcello Malpighi, que en 1661 descubre la red de capilares y describe la anastomosis que ocurre entre estos. Este hecho tiene una gran relevancia al ser la única laguna que dejó la obra de Harvey, ya que no logró dilucidar la conexión entre el sistema arterial y venoso. Consiguió así confirmar su teoría, desmontando definitivamente a Galeno (Martín, 2016). Tanto Anton van Leeuwenhoek (1632-1723) como Jan Swammerdam (1637-1680) describen por primera vez los eritrocitos al estudiar al microscopio gotículas de sangre. Leeuwenhoek publica en 1674 su descubrimiento en la Real Sociedad de Londres (Izaguirre, 2005). De esta forma se dio a conocer la existencia de los glóbulos rojos. -17- Con la publicación del trabajo de Harvey, en el que se demostró que las arterias portan sangre venosa y la conducen hacia los diferentes órganos y completado con la obra de Malpighi, se constituyen las premisas necesarias para iniciar los ensayos sobre las transfusiones (Espinosa, 1997), lo que llevó a los primeros intentos para inyectar sustancias por esta vía, que se efectuaron con fines meramente experimentales y no terapéuticos. Esto sucede en 1656 cuando Christopher Wren realiza los primeros ensayos de administración intravenosa en animales. Fue un médico y arquitecto inglés de gran renombre, contratado para la restauración de la Catedral de San Pablo después de su incendio. Junto a Robert Boyle, Richard Lower y Robert Hooke, fue uno de los fundadores de la Royal Society en Londres. Su método consistió en la inyección de alcohol a un perro a través de una pluma de ganso biselada por un extremo que funcionaba como tubo, y una vejiga de cerdo donde se depositaban las sustancias, lo que fue el equivalente de lo que se conoce hoy en día como aguja hipodérmica. El perro mostró rápidamente los efectos de la embriaguez. Sus intentos fueron secundados por Robert Hooke y Robert Boyle, padre de la química moderna. En su obra “Usefulness of Experimental Philosophy” (1663) Boyle describe sus propios ensayos explicando cómo inyecta opio y azafrán en animales (Decaro et al., 2010; Herrera, 2019). Esta técnica se va consolidando y Boyle y Thimothy Clarke deciden inyectar líquido en criminales condenados a muerte (Uriarte et al.,1986). Así en 1658 se introdujo el concepto de “transfusión” por el religioso benedictino Robert Des Gabets. Usaba la designación de “comunicación de la sangre” al paso de dicho fluido de un hombre sano al torrente de un hombre enfermo. Considera que esta técnica no tiene efectos perjudiciales, eligiendo el tipo de persona y animal adecuado para la transfusión se obtenían siempre beneficios de su uso, sin llegar a realizar ningún daño a quien la recibiera. De la misma manera, si las sustancias medicamentosas son bien elegidas y preparadas no produce ningún daño al paciente receptor. El clérigo describe dicho procedimiento pero no llega a ponerlo en práctica (Uriarte, Gil del Río, 1986). Se tiene constancia de diversos personajes que realizaron ensayos de transfusiones. Célebres como el químico y médico alemán Andreas Libau (1615), el italiano Giovanni Cole (1628) o Francisco Folli (1660) describieron el procedimiento de la técnica y realizaron -18- experimentaciones, pero al carecer sus ensayos de rigor científico no son considerados los pioneros, por lo que se le concede dicho triunfo a Richard Lower (Uriarte, Gil del Río, 1986). Lower (1631-1691) fue un médico inglés que influyó notablemente en el desarrollo de la medicina, sobre todo por sus aportaciones sobre la transfusión y el sistema cardiopulmonar. Fue uno de los fundadores del Royal Society junto con Boyle y Wren, cuyos experimentos sobre la administración de sustancias intravenosas continuó, avanzando en dicha técnica. Él mismo reivindica para sí la gloria de la invención cuando se hizo pública la existencia de esta idea, al ser expuesta por Robert Des Gates en una asamblea en la Academia de Montmort, Francia (Uriarte, Gil del Río, 1986). Así en 1665 Lower realiza la primera transfusión exitosa de animal a animal. Dicha experiencia fue narrada en el journal des scavans que no es sino una carta de Lower dirigida a Robert Boyle en la que explica de manera detallada como fue el proceso de transfusión. Se realizó entre dos perros, uno donador y otro receptor. Al individuo receptor se le introdujeron dos cánulas en la vena carótida, una conectada con la arteria carótida del donante y la otra vertía su sangre en un recipiente. El éxito se debe a la diferencia de presión de la arteria a la vena que forzó el paso de la sangre de un animal a otro. Se realizaba así un circuito sanguíneo que hizo que el perro donante muriese desangrado al ser transferida en su totalidad al perro receptor (Figura 4) (Uriarte, Gil del Río, 1986; Decaro et al., 2010). Figura 4: transfusión de sangre de cordero a hombre por Richard Lower (Marrón-Peña, 2017) Dicha técnica se empezó a reproducir en otros países europeos y alentó a probar la transfusión en el ser humano. El éxito del científico inglés llegó a Francia a finales del año 1666, e inmediatamente fueron repetidos estos experimentos. Nombraron un comité dirigido por Claude Perrault que realizó la primera transfusión en 1667 utilizando perros. Perrault realizó -19- una minuciosa descripción de las transfusiones sanguíneas en su Essais de physique (Izaguirre et al., 2002). Recapitulando lo dicho, primero es en Francia donde se describe por Gabets el procedimiento de transfusión, pero quien lo lleva a cabo por primera vez es Lower. Cuando se da constancia de sus éxitos, en Francia comienzan a realizarse las transfusiones propiamente dichas. Así, en la organización Montmort, impulsada por los resultados de estas intervenciones, se comienzan a realizar ensayos. El 15 de julio de 1667 Jean Baptiste Denys realizó en Francia la primera transfusión de animal a hombre. El sujeto fue un joven de 15 años, afectado por una enfermedad febril desde hacía meses, cuyo estado de salud era delicado debido a las numerosas sangrías que le fueron realizadas para tratar de sanarlo. Denys atribuía su estado de salud a la disminución del volumen sanguíneo, por lo que decidió transfundirle sangre de cordero. Junto al cirujano Paul Emmerez, le extrajo tres pintas de sangre y posteriormente le introdujo en la vena una cánula conectada a la arteria carótida del animal. Le transfirió unas tres veces el volumen extraído (Figura 5). Días después de la transfusión el joven presentó mejoría y dicho triunfo alentó a Denys a seguir realizando transfusiones (Uriarte, Gil del Río, 1986). Figura 5: transfusión de sangre de animal a hombre por Jean Baptiste Baptiste Denys ( (Marrón-Peña, 2017) -20- Cuatro meses después de dicho éxito se realiza en Inglaterra la primera transfusión a mano de Richard Lower y Edmund King. Animados por la Royal Society buscaban instaurar una nueva terapéutica. Esta vez fue realizada en una asamblea en Arundel House y fue plasmada en la revista Philosophical Transaction. El sujeto dejó constancia de su favorable estado de salud tras la intervención (Uriarte, Gil del Río, 1986). Esta técnica causó gran asombro en los médicos de la época, pero un gran número no estaba a favor de su utilización, ya que consideraban que era un procedimiento demasiado arriesgado y que no llegaba a salvar vidas. En diciembre de 1668 Denys realizó una transfusión para curar a un hombre que padecía de demencia. Según su teoría la sangre de un ternero, que es dócil y manso, calmaría la locura de aquel hombre. Se le realizó la transfusión en dos días, pero al segundo el paciente mostró signos de malestar, padeciendo de dolor lumbar y orina oscura. Hoy en día sabemos que fue debido a un shock transfusional. En los días sucesivos los síntomas fueron desapareciendo junto con los cuadros de locura, lo que se consideró todo un éxito para el médico. Pero tiempo después volvió a recaer con una crisis bastante grave que le hizo volver a realizar una tercera transfusión. Esta vez el hombre no soportó el proceso y murió encamado. La mujer del paciente y Denys fueron a juicio pero finalmente el médico fue absuelto de culpa y la mujer acusada de envenenar a su marido con arsénico. Las consecuencias que generó este juicio fueron decisivas para el desarrollo de las transfusiones, ya que debido a lo ocurrido, la Facultad de Medicina de París junto con la curia pontificia decreta la prohibición de las prácticas transfusionales al considerarse peligrosas e inútiles, y no solo quedan anuladas en Francia, sino que se extiende al resto de países. Así, a partir de 1670 las transfusiones caen en el olvido (Decaro et al., 2010; Uriarte et al, Gil del Río, 1986). 4.3 SIGLO XVIII El avance de esta práctica no solo fue frenada por el decreto de restricción sino que los conocimientos no llegaban a la altura para poder hacer efectiva la técnica de transfusión. La utilización de instrumentos rudimentarios (como el uso de una pluma y una vejiga) junto a los escasos conocimientos médico-científicos hicieron imposible avanzar en esta práctica, consiguiendo que finalmente fuera prohibida. -21- No se observa ningún progreso de la técnica en el siglo XVIII, pero se realizan avances tanto en la fisiología sanguínea como en otras disciplinas del saber (física, química, biología...) que sirvieron de forma decisiva para entender y mejorar el mecanismo de transfusión. Un ejemplo fueron los avances en la iatrofísica que ayudó a conocer el funcionamiento de la sangre, ya que al ser un fluido se comporta como tal. Stephen Halles (1677-1761) realizó los primeros estudios sobre el flujo y la presión. Calculó la presión (1710), el volumen sanguíneo y la frecuencia (1727) a través de experimentos en animales. Determinó la presión utilizando una yegua a la cual se le introducía un tubo latón en el femoral y soltando la presión generada por una ligadura, observó como la sangre ascendía por el tubo hasta una altura determinada y con cada latido esta altura iba oscilando. El volumen lo obtuvo realizando un molde del corazón de un caballo muerto con cera de abeja; con estos datos pudo obtener finalmente la frecuencia del animal. Con su investigación, llegó a la conclusión que dos tercios del latido corresponde a la diástole y un tercio a la sístole (Thierer, 2017). Entre los hallazgos que acontecieron este siglo se encuentra el descubrimiento del hierro en sangre por Domenico Gusmano Maria Galeazzi (1686-1775) que demostró su presencia calentando sangre hasta llevarla a calcinación y posteriormente comprobó que estas cenizas contenían metales al ser atraídas por un imán (Vásquez-Carvajal et al., 2018). Estos avances serán decisivos para el desarrollo de las prácticas transfusionales pero habrá que esperar 120 años para que se vuelvan a retomar. 4.4 SIGLO XIX Podemos considerar que el siglo XIX es el siglo de oro para las ciencias, ya que el auge de todas las disciplinas fue tal, que superó los hallazgos comprendidos desde la Edad Media hasta el siglo XVIII. El siglo XIX se inició tras la Revolución Francesa y la promulgación de leyes con carácter democrático. Esta revolución influyó en las ciencias médicas, creando lo que se conoce como la medicina moderna. Los conocimientos desarrollados en estos 100 años fueron decisivos para la medicina actual. No es extraño que, viendo el desarrollo que van adquiriendo los conocimientos científicos, los estudiosos quisieran volver a retomar la técnica que tan fascinados tenía a sus antepasados. -22- Realmente no podemos decir que cayó en un total olvido ya que incluso a finales del siglo XVIII hubo intentos de transfusiones. A Philip Syng Physick (1768-1837) se le conoce como el padre de la cirugía norteamericana. Sus contribuciones ayudaron al avance de esta disciplina, diseñando instrumentos como las pinzas de la aguja o la guillotina para extraer amígdalas, además de realizar numerosas intervenciones con éxito, como la cirugía de cataratas. Es curioso ya que no se apoyaba en los escritos a la hora de realizar sus trabajos, por lo que sus aportaciones no pueden ser verificadas a ciencia cierta. Esto es lo que ocurre con la transfusión que realiza a un paciente en 1795. Realizó dicha técnica exitosamente, pero no fue publicada por lo que no hay evidencias que constaten este hecho (Cyrus, 1942; Edward, 1940). De igual forma en 1810 se reanudan las transfusiones en Berlín por el médico Dieffenbach (Izaguirre-Ávila, 2002). El verdadero renacimiento de la transfusión ocurre en 1818 de la mano del médico obstetra James Blundell, padre de la práctica moderna de las transfusiones sanguíneas. Con su contribución, deja atrás el procedimiento antiguo de las transfusiones y desarrolla, a partir de las bases establecidas por Richard Lower, el soporte transfusional adecuado para realizar una técnica efectiva. Decide en qué casos son necesarias, siendo efectivas en caso de hipovolemias, como son hemorragias postparto, o para el tratamiento de pacientes con hemofilia. Señaló indicaciones y contraindicaciones e introdujo una serie de aparatos para la transfusión, como son el ”gravitator” o el ”impellor“ (Figura 6). Por último, concluyó que la única sangre que se podía transferir era la humana. En 1818 realizó con triunfo el traspaso de sangre a un paciente con cáncer gástrico (Jaime et al., 2005). En total realizó 10 transfusiones de las cuales 5 resultaron exitosas y las otras no fueron efectivas al tratarse de pacientes terminales. Su trabajo fue publicado en Lancet en 1829 (Marrón-Peña, 2017). Figura 6: El impelor (figura de la la izquierda) y el gravitator (figura de la derecha), por James Blundell (Mcloughlin, 1959) -23- medios como la radio y la prensa, además de una amplia cartelería. Llegaron a reconocer el mérito de los donantes con la entrega de insignias y distinciones (Hernández, 2021). También en el periodo de la Guerra Civil española (1936-1939) se consolidaron muchas de las instituciones dedicadas a la hemodonación. En 1935, John Lundy, anestesista de la Clínica Mayo, fundó el primer banco de sangre de EEUU y seguidamente, en 1936, Federic Duran i Jordà crea en Barcelona el primer servicio de transfusión dedicado a la recogida, almacenamiento, transporte y transfusión de la sangre. Sin embargo, distintos historiadores atribuyen el éxito del primer banco de sangre al canadiense Norman Bethune, más conocido como “doctor sangre”. Bajo la determinación de “no he venido a España a derramar sangre, sino a darla” durante los seis meses que permaneció en el país realizó más de 700 transfusiones, creó el primer servicio móvil de transfusiones en España además del Instituto de Transfusión Hispano-Canadiense de Madrid (Álvarez, 2017). Los descubrimientos fueron sucediéndose, en especial los avances en inmunohematología. Se describieron los sistemas M, N, y P entre 1927 y 1947 y en 1939 Landsteiner junto a Alexander Wiener, dio a conocer el factor Rh (Aguilar-Reyna, 2004; Izaguirre-Ávila, de Micheli, 2002). Un hecho de especial importancia a la hora de la transfusión es elegir el componente sanguíneo adecuado. Hasta el momento solo se transfundía sangre total, pero en 1940 Edwin Cohn desarrolla un procedimiento para separar el plasma en sus componentes y productos, haciendo más selectivo y preciso el proceso de transfusión (Guevara et al., 2017). En 1943 Maureen Young añade ácido a la solución preservadora. El resultado fue, gracias a las aportaciones de Loutit, Mollison y Young, una solución compuesta por citrato sódico, dextrosa y ácido cítrico (ACD), que es una de las que se utilizan actualmente (Izaguirre-Ávila, de Micheli, 2002). Así se fueron solventando los problemas de conservación, sin embargo, todavía quedaban inconvenientes que resolver, como era la escasa asepsia de los procedimientos. Durante años la recolección de la sangre se hacía de forma directa punzando la vena del donante y vertiéndose en una jarra o en una botella de leche (Figura 9). -30- Figura 9: recolección de sangre en un recipiente abierto con citrato sódico, 1938 (Díaz de Guijarro, 2016) Los médicos americanos Walter y Murphy consideraron que para su resolución, era necesario la utilización de una bolsa sellada herméticamente, que evitara los problemas de contaminación y embolismo, por lo que en 1950 fabrican la primera bolsa de plástico hecha con PVC, integrando en estas las ventajas de la solución ACD (Figura 10) (Díaz de Guijarro, 2016). Figura 10: primeros modelos de bolsa de sangre de PVC (Díaz de Guijarro, 2016) Recapitulando, en este último siglo se consiguió solventar tanto los problemas de coagulación como las reacciones transfusionales causadas por la incompatibilidad de los grupos ABO, se obtuvo un método de conservación, almacenamiento y transporte de la sangre y se crearon las primeras organizaciones dedicadas a la hemoterapia y los centros de donación. Hasta el siglo XX las transfusiones no habían aportado beneficio terapéutico, ya que las muertes causadas podían equipararse al número de casos exitosos, pero gracias a todos estos -31- avances se consiguió finalmente que la medicina transfusional se convirtiera en un método capaz de salvar vidas. La última etapa del siglo XX y siglo XXI puede resumirse en una sucesión de avances puntuales que le confieren a la práctica de la transfusión el carácter eficaz, certero y seguro que hizo que se transformara en la técnica sanadora que utilizamos actualmente: - En 1959 Gibson mejoró la solución conservadora, introduciendo CPD (citrato, fosfato y dextrosa) con la que la solucion ACD fue siendo sustituida. - En 1960 Salomon y Fahey realizan el primer procedimiento de aferesis. - En 1965 Graham Pool describió los crioprecipitados, un avance esencial en el tratamiento de la hemofilia. - En 1967 se descubrió la inmunoglobulina anti Rh. - En 1969 Murphy y Gardiner almacenan plaquetas a temperatura ambiente. - En 1971 se logra la determinacion de HBsAg. - En 1979 se hace la solucion CPDA-1 (35 dias), y en 1983 la solucion CPDnSagM (42 dias) para la conservación con anticoagulante. - En 1985 se realiza el test para deteccion del virus VIH, en 1987 para determinar anti-HBC y ALT, en 1989 Test HTLV y en 1990 se emplea el test cribado AVB. - Entre 1992 y 2005 se hacen mas test y pruebas para la sangre del donador y para la seguridad del receptor (Marrón-Peña, 2019). El progreso de esta técnica continúa a día de hoy con avances y tecnologías como son los filtros removedores de leucocitos, los hemocomponentes irradiados o la realización de transfusión en caliente. Pero para poder seguir avanzando y creciendo es primordial conocer la senda que nos trajo hasta aquí, para ver a través de los intentos, los errores, los éxitos, los descubrimientos y las creaciones de todos nuestros predecesores, cómo poder continuar el trabajo que ellos mismos realizaron y conseguir, entre todos, el objetivo que desde hace cinco siglos cientos de científicos buscan con esta creación, salvar la vida de miles de personas. -32- 5. CONCLUSIONES : La elaboración de este trabajo nos ha permitido llegar a las siguientes conclusiones: 1) La terapia transfusional fue una técnica muy novedosa descubierta a destiempo, que tuvo que abandonarse ya que las condiciones médicas de la época hacía que fuera un procedimiento peligroso y poco eficaz. Habrá que esperar hasta que los avances científicos y técnicos adquieran la suficiente sofisticación para ser retomada en el siglo XIX. 2) La historia se conoce a través de los escritos que dejaron nuestros antepasados y encontramos que dicha información a veces es contradictoria. Queda patente sobre todo con la atribución de inventos o descubrimientos como puede verse en la disputa entre ingleses y franceses por ser el primero en realizar la primera transfusión, la atribución al científico que desarrolló el citrato de sodio como coagulante o el primer médico en fundar el primer banco de sangre en españa. 3) En el desarrollo de la medicina transfusional, y puede extrapolarse a la evolución de cualquier otra técnica, el mayor auge sucede en épocas de necesidad, como hemos comprobado que ocurre en la época de la Primera y Segunda Guerra Mundial, reafirmándonos con la famosa cita “de la necesidad nace el ingenio”. 4) La sangre no solo ha despertado la curiosidad de científicos, sino que fue objeto de inspiración para otros profesionales como escritores, poetas, pintores y filósofos y cada uno de ellos intenta descifrar los misterios de este fluido desde su propia concepción. 5) El desarrollo de la transfusión sanguínea es el resultado de la ejecución de la técnica correcta, la utilización de los instrumentos necesarios, con las condiciones ambientales e higiénicas óptimas y la adquisición de conocimientos extensos sobre la materia, para conocer su naturaleza y saber cómo proceder. Si falla alguno de estos componentes las transfusiones no pueden ser llevadas a cabo. 6) Al ser tan reciente la medicina transfusional, ya que su mayor auge ocurre realmente a finales del siglo XX, hace pensar que todavía le queda un largo camino por recorrer. A día de hoy el procedimiento es pulcro y exitoso pero siguen existiendo reacciones transfusionales y transferencia de infecciones a través de la transfusión, por lo que -33- todavía quedan inconvenientes que solventar, además de estar desarrollándose mejoras como la sangre artificial. 7) Se hace patente el esfuerzo de aquellos científicos que defendieron el avance de la medicina transfusional, todo ello con el fin de poder desarrollar una técnica que permita salvar la vida de las personas, llegando incluso a realizar grandes sacrificios. Deja así plasmadas el alma y la esencia que caracteriza a un auténtico sanitario. -34- 6. BIBLIOGRAFÍA : 1. Aguero AE, Damian A. Luis Agote y su aporte a la Ciencia Universal. 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