Presentación Dossier: "Estudios históricos y sociales sobre el riesgo y la vulnerabilidad. Pasado y presente de problemas transversales"
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256 Presentación Dossier Estudios históricos y sociales sobre el riesgo y la vulnerabilidad. Pasado y presente de problemas transversales Rogelio Altez1 Departamento de Historia de América, Universidad de Sevilla, España Loris de Nardi2 Centro de Estudios Históricos y Humanidades Escuela de Derecho y Comunicación Social Facultad de Ciencias Humanas Universidad Bernardo O’Higgins, Chile Mientras cerrábamos este dossier tuvo lugar el desastre de la región valenciana en España que estalló entre el 29 y el 30 de octubre de 2024. La descarga en pocas horas de una DANA (depresión aislada en niveles altos) alcanzó niveles pluviométricos que superaron los registros de las últimas tres o cuatro décadas, dependiendo del embalse o el lugar que se observe. En el municipio de Chiva, por ejemplo, se registraron 461 litros/m2, la peor marca desde 1996. La cantidad de agua recibida en la parte alta de los cauces se precipitó con violencia. El río Júcar registró en la Rambla del Poyo 326m3/s a las 17:00hs y luego, a las 19:00hs, indicaba unos 1.939m3/s. En varias localidades no se percibió lluvia, mientras diluviaba cauce arriba, lo que tomó por sorpresa a los habitantes que, desapercibidos de alertas y pronósticos, llevaban su vida diaria cuando los desbordamientos y arrastres tomaron las calles y reventaron puentes. CUHSO DICIEMBRE 2024 • ISSN 2452-610X • PÁGS. 256-263 DOI 10.7770/CUHSO-V34N2-ART812 ___________________________________________________________________________________________ _________________________ 1. Proyecto I+D+i, Reformas institucionales en Hispanoamérica, siglo XIX. Actores/agentes y publicidad en su socialización pública (PID2020-113099GB-I00/AEI/10.13039/501100011033); Grupo de Investigación Dinámicas sociales e identitarias en la historia de América Latina y el Caribe, DISIHALC, Universidad de Sevilla, Plan Andaluz de Investigación, Junta de Andalucía, 2020; Red Iberoamericana de Investigación: Estudios Sociales sobre Salud (RIIESSAL); Seminario Permanente de Estudios sobre las Endemias y Epidemias en Iberoamérica (SPEHSEEI). 2. Proyecto ANID, FONDECYT Iniciación N°11220159 “La regulación del riesgo de incendio en la jurisdicción del Cabildo de Santiago de Chile: marco legal y aplicación judicial (1541-1874)”.
257 El evento ha sido devastador. Sesenta y cinco municipios impactados; 31,8% de su población directamente afectada; hasta 11 puentes dañados; 4.500 comercios perjudicados; 34 mercados municipales y 11 centros comerciales inundados; más de 100.000 vehículos dañados, arrastrados por las aguas y amontonados en calles y autovías. Se estima que hará falta entre uno y dos meses para retirar esos vehículos y recuperar el tránsito normal. Casi 3.300 edificaciones presentan afecciones o daños graves; varias localidades quedaron sin luz y el suministro de agua quedó cortado en buena parte de la región; hasta cuatro días de fallas en la cobertura digital o interrupción del servicio de internet en las zonas más afectadas; 550 kilómetros de carreteras y vías de ferrocarril dañadas; inundación de almacenes y centros logísticos de distribución, interrumpiendo cadenas de suministros. Hasta el momento se han contado 215 fallecidos, oficialmente; 89 personas desaparecidas, aunque una semana después del evento aún restaban 62 cuerpos por identificar, con lo que la cifra de 89 contiene, probablemente, a esos 62. Las alertas por la borrasca comenzaron días antes, desde el jueves 24 de octubre, cuando la Agencia Estatal de Meteorología de España (AEMET) advertía sobre la DANA. Los preavisos continuaron en los días siguientes anunciando lo que popularmente se conoce como “gota fría” en la península, e indicando que habría de descargar con mayor probabilidad en la Comunidad Valenciana. El sábado 26 señalaban riesgo de “intensidad torrencial”. El lunes 28 daban alerta naranja y el martes 29 se elevó a roja. Esto se advertía a las 8:00hs con la afirmación “¡El peligro es extremo!”. El gobierno de la Comunidad no se hizo eco de la emergencia, y solo recomendó “prudencia”. Mientras tanto, la Universitat de València decidió suspender clases atendiendo la alarma. Al mediodía ya había registros extraordinarios en algunos cauces, en tanto la autoridad regional señalaba que las lluvias disminuirían su intensidad en la tarde. A las 16:57 el municipio de Utiel ya estaba inundado3. Las contradicciones entre alertas y responsabilidades exponen la negligencia del gobierno regional y la limitada influencia de la AEMET como entidad responsable del pronóstico. Sin embargo, también evidencian la falta de atención de la población hacia estos avisos. Además, se perciben la susceptibilidad política del sistema y la vulnerabilidad de la sociedad ante los fallos institucionales, que deberían asegurar el funcionamiento efectivo de las cadenas de alerta en situaciones críticas. En este contexto, y especialmente tras el desastre desencadenado, observamos cómo el Primer Mundo muestra escenas que a menudo aparecen en los noticieros europeos como problemas lejanos, propios del subdesarrollo y la pobreza. DOSSIER _________________________ 3. Toda la información utilizada aquí proviene de la revisión de periódicos españoles, especialmente El País y El Español, así como las páginas infobae.com y la de la Cámara de Valencia, camaravalencia.com. También la página de la AEMET, https://www.aemet.es.
258 La vulnerabilidad es una condición de las sociedades que se produce históricamente y se manifiesta material y subjetivamente. Cuando una sociedad abriga estas condiciones en su existencia, cristaliza en contextos vulnerables y desarrolla, asimismo, relaciones simbólicas y concretas con fenómenos a los que convierte en amenazas inexorablemente. La manifestación regular o irregular de esos fenómenos sobre dichos contextos vulnerables conduce indefectiblemente a un desastre. Poco importa que esto tenga lugar en España o Haití. Desde luego, la diferencia entre uno y otro lugar estará en la capacidad de recuperación. Sin embargo, si las condiciones que produjeron el desastre se reproducen en el seno de esa sociedad, se reproducirá asimismo la vulnerabilidad, aunque la recuperación material haya sido rápida y aparentemente eficiente. Del mismo modo que la pobreza no se resuelve regalando dinero, la vulnerabilidad tampoco se resuelve reforzando edificaciones. Esta diferencia interpretativa es la que opera, a su vez, hermenéutica y epistemológicamente en la forma de comprender el problema. Mientras el foco analítico esté posado sobre el fenómeno, jamás podrá comprenderse críticamente la vulnerabilidad. La misma lógica aplica en la lectura empírica del asunto: mientras la atención esté centrada exclusivamente en la recuperación y la reconstrucción, el problema subyacente que produce la vulnerabilidad seguirá su curso, el de la reproducción histórica, social y material. La comprensión analítica de la vulnerabilidad parte por entender que se trata de un problema que está más allá de las realidades aparentes de una sociedad. La fragilidad material es solo un indicador, pero no el problema en sí mismo. La realidad empírica es solo la cara visible de la realidad subyacente, donde operan las cadenas causales de la existencia social. La ocupación del espacio, su uso, la participación de las relaciones de poder en la producción material de la existencia y en la distribución desigual de la riqueza, la reproducción histórica de esas condiciones, y la explotación de todas las formas de desigualdad social en beneficio de esos mismos intereses, subyacen, por tanto, a la realidad aparente y encierran las causas de la vulnerabilidad. Asentamientos humanos sobre laderas inestables, márgenes inundables, terrazas aluviales amplificadores de ondas sísmicas, zonas expuestas a huracanes y tormentas tropicales, regiones susceptibles a sequías recurrentes, o costas amenazadas por tsunamis, son la representación material y transversal de intereses que no solo ocuparon esos espacios, sino que han participado en la reproducción del problema, en su sostenimiento y potencialidad a través del tiempo. El cambio de agentes en los intereses o el paso del tiempo no necesariamente han de eliminar la vulnerabilidad. Si para esos nuevos agentes o nuevos intereses la vulnerabilidad no es un objetivo a tener en cuenta, la condición se reproduce, independientemente del tiempo que pase. La profundidad histórica de las causas concretas que asentaron una población en una zona afectada por fenómenos capaces de producir adversidades, ya fuesen déca- CUHSO DICIEMBRE 2024 • ISSN 2452-610X • VOL.34 • NÚM. 2 • PÁGS. 256-263
259 das o siglos, no es motivo para suponer que los riesgos a los que se expone han de desaparecer con el paso del tiempo. Por un lado, desde luego, los fenómenos no merman ni se esfuman; existen desde antes de nuestra especie y sin duda nos sobrevivirán. Por otro lado, las sociedades humanas no se exponen al paso del tiempo como una roca lo hace ante el viento o la lluvia, ni basan su existencia en pulsiones gonadales como otras especies sociales. En nuestro transcurrir transformamos nuestras propias formas de existir, de organizarnos, y de construir o comprender la realidad. Esa transformación permanente posee velocidades heterogéneas, lo que permite advertir que algunas formas de existencia perduran milenios, otras unos pocos siglos. Para nuestras sociedades el tiempo es historia, y no una variable empírica que únicamente sirve para medir la vida. Nuestra forma de pasar por el tiempo, por tanto, se llama historia. Las sociedades humanas producen la historia en su transcurrir y en esa dinámica transforman sus formas de existencia. Esto significa que, aunque los asentamientos permanezcan en un mismo espacio, nuestra forma de relacionarnos con todo cuanto le rodea puede cambiar. En la alucinación característica de la cultura Occidental, se asume que ese paso del tiempo representa una evolución, una relación positiva con la realidad, o bien la construcción de una realidad mejor dotada por obra y gracia de esa evolución. De esta manera, los occidentales (y los occidentalizados) están plenamente convencidos de que el mismo proceso de avances tecnológicos, de complejidad en las construcciones, de abundancia de conocimientos, y poderío energético, son suficientes para crear la ilusión del bienestar. Los desastres evidencian catastróficamente todo lo contrario. Nunca antes la humanidad ha tenido tal desarrollo tecnológico, tanta capacidad de controlar y producir energía, ni tanto conocimiento sobre la naturaleza y sus fenómenos, y sin embargo sigue expuesta al embate de sus manifestaciones, acumulando eventos adversos, pérdidas, destrucción y víctimas. Nunca antes, además, ha sido tan vulnerable, pues la vulnerabilidad se reproduce conforme crece toda forma de exposición ante amenazas, en correspondencia con la aparición de nuevas amenazas y nuevas formas de padecer sus embates. Cada desastre demuestra que la tecnología no es ninguna solución y que su desarrollo exponencial es directamente proporcional al desuso del conocimiento científico para la reducción de riesgos. Cada desastre hace dramáticamente evidente que la dependencia tecnológica no es sino una forma febril de consumo, todo lo contrario, al establecimiento de relaciones beneficiosas con la naturaleza. Cada desastre revela que la informática no es lo mismo que la información, y que la información que circula en esa misma tecnología no hace nada por fundar conocimiento ni transformar contextos vulnerables en realidades estables. Envueltos en una narrativa fantástica que mira a la naturaleza como un ente dotado de personalidad, con perfiles punitivos de corte divino, los discursos públicos DOSSIER
260 de medios y redes insisten en el equívoco común que continúa llamando “desastres naturales” a toda adversidad mediada por un fenómeno. Dotados de la misma narrativa agregan “nunca visto” o “nunca antes”, como si cada fenómeno acabase de nacer e irrumpiese con fuerzas inusitadas, siempre mayores que aquellas ocasiones rescatadas a duras penas por memorias colectivas ideologizadas y cortas. Esa misma mirada fantástica se tiene como medida a sí misma, y es incapaz de advertir que la escala de los fenómenos va mucho más allá del alcance de los ojos humanos. La afectación causada por el paso de fenómenos liberadores de grandes cantidades de energía (huracanes, sismos, tsunamis, aludes, erupciones, lluvias torrenciales), solo puede medirse a través de la escala de la vulnerabilidad. La escala de esos fenómenos, y sobre todo de su afectación, es directamente proporcional a la extensión de la vulnerabilidad en el espacio. La confianza ciega en la evolución tecnológica como sinónimo de la evolución humana es una alucinación que, entre otras cosas, hace del pasado una cosa que siempre debe quedar atrás y que no tiene nada que enseñar a nuestra existencia del presente, porque la arrogancia de esa alucinación produce más olvido que conocimiento. La tecnología y el acceso a la información digital no han reducido en nada a la vulnerabilidad; no lo han hecho en el Primer Mundo ni en ningún contexto vulnerable a lo largo del planeta. Cuando comprendemos que los fenómenos existen antes que nuestra especie entendemos (o deberíamos entender) que el olvido es, también, directamente proporcional a la vulnerabilidad. La arrogancia que enarbola banderas de superioridad blandiendo a la tecnología como la cúspide de la evolución humana, sumerge en la oscuridad de la ideología a sus creyentes. Es la misma convicción que convierte a las pantallas en universos de información que corren hacia adelante como único sentido, alucinando verdades solo por estar encapsuladas allí y produciendo un irrefrenable desprecio por el conocimiento, en un movimiento característico que convierte al pasado en una visita turística alejada de la comprensión histórica. En esa realidad alucinada se teme más a la “desinformación” y a las “noticias falsas” que al desconocimiento y la pérdida de pensamiento crítico. Son los saberes de la vida digital, abrazados al entretenimien- to como un derecho humano y alimentando ideologías que repiten mecánicamente “desastres naturales”, intelección supina que solo contribuye a la reproducción de la vulnerabilidad. El pasado no es una tienda de suvenires. Tampoco es una fotografía, quieta y evocadora. El pasado es una forma de nombrar una parte de nuestro proceso histórico que debe ser comprendida antes que recitada, incorporada a nuestra idea de realidad para no ser olvidada. En esa comprensión del pasado que nos involucra desde nuestro presente hallaremos todas las formas precedentes de convivencia con la naturaleza, no como un divertimento colgado de una imagen, sino como una fuente de CUHSO DICIEMBRE 2024 • ISSN 2452-610X • VOL.34 • NÚM. 2 • PÁGS. 256-263
261 causalidades que dice de nuestras condiciones materiales y subjetivas, de nuestros asentamientos y supervivencias, pero sobre todo de los intereses que produjeron la vulnerabilidad que hoy conduce a desastres. El conocimiento de los procesos naturales no es suficiente si no se articula con la historia de las sociedades que conviven con esos procesos. La historia es una totalidad en la que no es posible escindir sus partes, salvo como recurso metodológico. La historia es una sola, la que hacemos con nuestra existencia, la misma que transforma la naturaleza para dar espacio a nuestras sociedades. Aunque en nuestras vidas cotidianas no estemos cavando en una mina o enfriando un reactor nuclear, todo lo que hacemos forma parte de esa transformación sobre la naturaleza que permite nuestra existencia material, nuestro abrigo, nuestro alimento. “Todas estas condiciones naturales tienen su propia historia, con líneas de evolución que se calculan por millones. Se trata siempre de historias que se desarrollan sin presuponer la conciencia humana, pero de las que sólo nosotros podemos tener conciencia histórica”4. La comprensión analítica del entrecruzamiento crítico entre los procesos naturales ajenos a los seres humanos, y los procesos sociales, simbólicos y materiales propiamente humanos, es el objetivo de la investigación transversal que se dedica al estudio histórico y social de los desastres. Cada trabajo que tributa a esta línea de investigación alimenta igualmente al conocimiento de la vulnerabilidad. Nuestro dossier es una pequeña gota vertida sobre un inmenso océano que contiene una infinita cantidad de esfuerzos e investigaciones que aportan a esa comprensión de todos los problemas que convergen en las causalidades de los desastres, los del pasado, los que nos agobian en el presente, y los que seguirán ocurriendo mientras nuestras realidades y nuestra existencia continúen produciendo contextos vulnerables. A continuación, una breve mención a cada uno de los trabajos. Loris De Nardi propone un análisis sobre la aceptación del riesgo de incendio en Guayaquil entre los siglos XVI y XVIII: invita a ver el fuego no solo como una amenaza inevitable, sino como un riesgo asumido y gestionado por la comunidad. Su perspectiva permite entender cómo la gestión del riesgo de incendio durante la época colonial no era pasiva, sino coherente con los intereses y relaciones políticas, económicas y sociales de cada contexto. Jorge Ayneto Durán también examina los desastres como construcciones sociales. A través de una exhaustiva revisión documental, explora cómo el sismo en Lima de 1609 reveló las vulnerabilidades estructurales de la ciudad y moldeó las dinámicas sociales e institucionales en torno a los desastres. De este modo, demuestra que estos eventos, al ser producto de procesos históricos, reflejan las tensiones y conflictos de intereses en la sociedad afectada. DOSSIER _________________________ 4. Reinhart Koselleck, Los estratos del tiempo: Estudios sobre la historia, Barcelona, Paidós-Univer- sidad Autónoma de Barcelona, 2001, p. 99.
262 Gonzalo Ramírez Sánchez analiza el terremoto de Port Royal (Jamaica) de 1692 y sus consecuencias a lo largo de tres décadas. Su trabajo profundiza en cómo la respuesta de las autoridades locales no solo buscó restaurar el orden, sino también enfrentar los desafíos resultantes. Macarena Cordero Fernández aborda la gestión de la viruela y las políticas de salud pública en Chile durante el siglo XVIII. Su investigación permite reflexionar sobre cómo la lucha contra la viruela impulsó una respuesta institucional en la monarquía hispánica, marcando el inicio de políticas de salud pública en el ámbito americano de sus dominios. Milena Viceconte, en cambio, explora la devoción hacia San Emigdio en la Ciudad de Guatemala en el siglo XVIII como respuesta religiosa ante los terremotos. Su análisis vincula la veneración al santo protector con las vulnerabilidades sísmicas de la región, y ofrece un estudio iconográfico y documental sobre la representación del santo. Rogelio Altez y Diana Osuna examinan cómo los eventos sísmicos y epidémicos influyeron profundamente en el desarrollo demográfico y urbano de Caracas durante la última etapa de la época colonial y la primera de la republicana, ofreciendo una visión detallada de cómo estos eventos afectaron tanto a la población como a la organización social y política. María N. Rodríguez Alarcón analiza el impacto del paludismo en Morelos entre 1880 y 1917, destacando cómo esta enfermedad fue no solo un problema sanitario, sino también un reflejo de las condiciones socioeconómicas y geográficas de la región. Es decir, su investigación examina la relación entre la enfermedad, la precariedad y la insalubridad, mostrando cómo la persistencia del paludismo en Morelos estuvo influida por la vulnerabilidad estructural de las comunidades. Diego Arango López presenta un análisis teórico sobre la vulnerabilidad al fuego en las ciudades latinoamericanas, subrayando la importancia de incluir los estudios sobre el fuego en la historia urbana y reflexiona sobre cómo la relación entre fuego y ciudad ayuda a entender los procesos históricos que dan lugar a contextos urbanos vulnerables. Finalmente, Andrea Noria Peña ofrece una panorámica del estudio de los desastres en Chile desde una perspectiva antropológica. La autora destaca tanto las tendencias como las contribuciones de este campo aún en consolidación, subrayando su aporte en la comprensión de estos eventos dentro de un contexto histórico y social más amplio. Como podrá notar el lector, los artículos que componen este dossier que acabamos de presentar, además de ser rigurosas e innovadoras investigaciones históricas y sociales que nos complace ofrecer a la comunidad científica, demuestran con claridad una verdad que muchos estudiosos a menudo pasan por alto: los desastres no tienen nada de natural. Por ello, a modo de conclusión, invitamos a considerar a los desastres CUHSO DICIEMBRE 2024 • ISSN 2452-610X • VOL.34 • NÚM. 2 • PÁGS. 256-263
263 como procesos históricos, sociales, materiales y simbólicos, que causan adversidades importantes, la alteración de la vida cotidiana, pérdidas, disrupciones, desorden y estremecimientos, por ser producto de la vulnerabilidad originada por las dinámicas sociales, relaciones de poder, intereses económicos, formas de ocupación y explotación del medio físico en el que esta sociedad se asienta. Propendemos por esta definición porque no deja ningún lugar a duda: si no puede haber un desastre sin vulnerabilidad, el desastre siempre va a ser el resultado de decisiones y acciones humanas, por lo que definirlo como “natural” se convierte en un error formal y no solo substancial. Y antes de despedirnos, queremos aclarar un último punto: proponer una nueva definición no es jugar con las palabras, más bien, se trata de adaptar el lenguaje para ayudarnos a comprender nuestro papel en este planeta. Algo que solo podemos lograr si miramos al pasado y nos dotamos de categorías y conceptos que nos permitan analizar críticamente nuestro presente. DOSSIER
264 CUHSO Fundada en 1984, la revista CUHSO es una de las publicaciones periódicas más antiguas en ciencias sociales y humanidades del sur de Chile. Con una periodicidad semestral, recibe todo el año trabajos inéditos de las distintas disciplinas de las ciencias sociales y las humanidades especializadas en el estudio y comprensión de la diversidad sociocultural, especialmente de las sociedades latinoamericanas y sus tensiones producto de la herencia colonial, la modernidad y la globalización. En este sentido, la revista valora tanto el rigor como la pluralidad teórica, epistemológica y metodológica de los trabajos. Editor Matthias Gloël Coordinador editorial Víctor Navarrete Acuña Corrector de estilo y diseñador Ediciones Silsag Traductor, corrector lengua inglesa Mabel Zapata sitio web cuhso.uct.cl e-mail [email protected] licencia de este artículo Trabajo sujeto a una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional Creative Commons (CC BY 4.0)