Nuevas miradas sobre nuevos paisajes: Un acercamiento al paisaje industrial en su consideración como paisaje cultural
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Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. NUEVAS MIRADAS SOBRE NUEVOS PAISAJES. UN ACERCAMIENTO AL PAISAJE INDUSTRIAL EN SU CONSIDERACIÓN COMO PAISAJE CULTURAL.1 María Isabel ALBA DORADO Doctora Arquitecta [PSJ.exe] Laboratorio del Paisaje Industrial Andaluz [email protected] RESUMEN En la actualidad nos enfrentamos a la tarea de integrar aquellos paisajes generados por la decadencia industrial en el paisaje contemporáneo. Una labor, ésta, que debe hacer suya la idea de vincular paisaje, memoria e industria en un ámbito de estudio en el que el paisaje industrial se revela como un nuevo territorio para la investigación. Esto hace necesario un estudio del paisaje industrial que vaya más allá de las concepciones perceptivas, que retorne a estos lugares a través de una mirada capaz de apreciar la huella de lo industrial pero, también, de advertir en estos paisajes otras realidades latentes pero próximas que participan de esa belleza inerte que existe bajo su aparente estado de ruina y que hace referencia a una naturaleza diferente de estos territorios que se esconde detrás de su estética y su escala espacial y temporal. Esto plantea la necesidad de abrirse camino hacia un entendimiento, una interpretación y una proposición del término paisaje en una dirección todavía por explorar y que esconde un enorme potencial como ya apuntó aquella nueva mirada hacia el paisaje y al territorio que desvelaron muchos de los pioneros del land art, los cuales nunca permanecieron al margen del hecho industrial estableciendo una relación mucho más importante de lo que habitualmente se conoce entre naturaleza, arte, paisaje e industria. Así pues, analizar la obra de distintos artistas constituirá, en el desarrollo de esta comunicación, una oportunidad para aprender de su manera de acercarse al territorio y al paisaje, para reflexionar y reinterpretar la naturaleza de los paisajes industriales a partir de un re-posicionamiento en la manera de mirar con el objetivo de potenciar el valor cultural que estos paisajes de la memoria industrial poseen. El paisaje significa, representa y constituye una invención, una construcción mental elaborada por alguien que lo percibe y lo interpreta a partir de la experiencia de los sentidos. Quizá por ello, un paisaje no tendría identidad fuera de la percepción, no existiría un paisaje si no hubiera una mirada que se fijara en él, que lo contemplase. «El paisaje es un lugar, pero un lugar aislado por la mirada; un sitio, pero un sitio contemplado; un espacio, pero un espacio encuadrado…» (LENCLUD, 1995). Así pues, toda lectura de un paisaje necesita, por un lado, de una interpretación objetiva 1 La presente comunicación se desarrolla en relación al proyecto de investigación que lleva por título "Nuevos Paisajes Culturales. Acciones conceptuales en el paisaje industrial andaluz en su tratamiento como paisaje cultural", dirigido y coordinado por la Doctora arquitecta María Isabel Alba Dorado con la colaboración de la arquitecta María Araceli Alba Dorado. Este proyecto fue seleccionado en diciembre del 2009 por la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía para su subvención como proyecto de investigación en materia de paisaje industrial. 333
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. que atienda a las características mensurables y propias del territorio que configura su base pero, por otro, precisa de esa visión más subjetiva del observador que lo contempla y que contribuye a la creación del paisaje en su más amplia acepción a través de una experiencia sensitiva de la realidad. En este sentido, cabría hablar de paisaje como una creación cultural que va más allá de su propia realidad física y objetiva. El paisaje no existe más que en la persona que lo contempla y se apropia de él a través de los sentidos, atribuyéndole cualidades estéticas, culturales, evocadoras… Así pues, podríamos decir que existen tantos paisajes como personas contemplan un fragmento peculiar de territorio. El paisaje, en palabras de Jorge Oteiza, «es un cuerpo múltiple y sensible, cargado de misteriosas energías, que rueda fatalmente sobre nosotros, con la clave de nuestro propio destino. A formas distintas de hombre, corresponden distintas interpretaciones del paisaje…». Cada una de estas interpretaciones está ligada a una mirada que para nada es imparcial. Ésta se muestra sensible a nuestra memoria, capaz de retener el recuerdo de experiencias pasadas. Podríamos afirmar que se ve desde la memoria y, quizá por ello, como expresó Unamuno, «un paisaje sólo se nos ahonda cuando se casa con su propio recuerdo» (UNAMUNO, 1966:712). De este modo, cabría hablar de “paisajes de la memoria”, de paisajes construidos por una memoria personal pero, también, de paisajes fruto de una memoria colectiva, de esa memoria que cada sociedad ha desarrollado sobre su sentido de paisaje como depositario de su pasado, de su historia o de sus tradiciones. En este sentido, la industria ha ejercido una enorme influencia a lo largo del tiempo en la definición de esta memoria colectiva y en la relación de los sujetos con el medio natural que los rodea. Así pues, más que una aproximación a la definición de paisaje desde una visión de lo natural, sería necesario un acercamiento a éste desde su concepción como “paisaje cultural”, de modo que contemple el entendimiento del paisaje como memoria del territorio y, al mismo tiempo, como expresión de la cultura de un pueblo. Esto, sin duda, incide en ese desdibujamiento, que en los últimos años, estamos asistiendo, de los límites que separan el patrimonio cultural del patrimonio natural y que enlaza con esa ampliación progresiva de lo patrimonial que hace que éste se identifique hoy, no sólo con lo monumental o con lo que tiene un determinado valor histórico artístico, sino con aquello que contribuye a la identidad de las personas. Como consecuencia de esto, el concepto de lo patrimonial ha evolucionado hasta contener la idea de paisaje y se ha ampliado hasta extenderse a un patrimonio que, hasta fechas recientes, no se le había prestado la adecuada atención, como es el patrimonio industrial. El legado que la industria nos ha dejado de un pasado reciente es el elemento más representativo de una rica cultura de la producción que debe ser conservada y recuperada como realidad patrimonial. En este sentido, los paisajes de la industria constituyen un hecho al que necesariamente se le debe prestar especial atención. La acción del hombre sobre el territorio, como consecuencia del desarrollo de actividades productivas o de consumo a lo largo del tiempo, ha dado como resultado una realidad, física, social y cultural, que se refleja en su historia pero, también, en los territorios y arquitecturas específicas, creados y manipulados durante su pasado industrial. 334
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. Fig. 1. Fundición La Tortilla y Distrito Minero de Linares, Jaén. Fotografía de Fernando Alda. Así pues, a lo largo de la historia, la industria ha ejercido un papel importante en la construcción de nuevos paisajes y en la conformación de escenas culturales. Muchos de los paisajes que hoy nos rodean tan sólo es posible explicarlos a partir de un pasado industrial, a través de la impronta dejada por la industria en el territorio. Quizá por ello, una aproximación al fenómeno de la industrialización a través del análisis del paisaje no sólo es posible, sino que, además, sería deseable, pues esta aproximación nos ofrecería una visión integradora que comprendería el conjunto de manifestaciones y de elementos muebles e inmuebles fruto de una actividad industrial a una escala idónea para comprender la envergadura y complejidad de estos fenómenos productivos. Infraestructuras, ferrocarriles, viales, viaductos, poblados, construcciones, cortas…, todos ellos con una clara presencia en el paisaje, han ido modificando a lo largo del tiempo la orografía de muchos de nuestros territorios, estructurándolos, marcándolos y definiendo un paisaje específico como resultado de una actividad industrial. De modo que la industria, ya sea a través de su enorme capacidad transformadora, como ocurre con muchas de las actividades extractivas, o a través de sutiles, selectivas y puntuales intervenciones, como sucede con molinos, cabrias, castilletes, chimeneas…, configura las pautas de muchos de los paisajes culturales más valiosos, imponiéndose en el paisaje y apropiándose de su identidad. De modo que, muchos de estos efectos de la industria sobre el territorio surgen como importantes agentes culturales del paisaje. Fig. 2. Fundición La Tortilla y Distrito Minero de Linares, Jaén. Fotografía de Fernando Alda. 335
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. Asimismo, podríamos afirmar que muchos de los paisajes que hoy nos rodean tienen una clara ascendencia industrial. Es difícil encontrar, entre los espacios en que nos movemos cotidianamente, lugares que hayan permanecido al margen de los procesos industriales de este último siglo. Nos encontramos hoy con una enorme variedad de paisajes industriales debido a la extensión territorial a la que afectó el fenómeno de la industrialización pero, también, a la dilatación en el tiempo de este proceso. Así pues, nos es posible hablar de paisajes industriales que responden a distintas localizaciones, tanto de montaña, como de campiña o de litoral; ligados a enclaves urbanos o rurales; relacionados con grandes complejos o explotaciones, o a industrias de pequeña escala; caracterizados por los distintos sistemas de producción (minería, metalurgia, textil, alimentario, energía…) o los distintos tipos de infraestructuras (ferrocarril, cargaderos…). Fig. 3. Paisaje minero entre los campos de olivo en Linares, Jaén. La definición de estos paisajes industriales no responde, en la mayoría de los casos, a un diseño consciente o a una lógica preestablecida, sino que, más bien, éstos son el resultado de un proceso en el que la necesidad, la contingencia o el azar han guiado su diseño y marcado el territorio a partir del trabajo anónimo de miles de hombres y mujeres. Asimismo, este concepto de paisaje industrial no está ligado a una noción estática, sino dinámica. La obsolescencia de procedimientos y maquinarias obliga continuamente a la reutilización o sustitución de elementos o de estructuras por otros que respondan a las nuevas necesidades funcionales y productivas. Es por ello que sólo nos sería posible entender estos paisajes en una evolución permanente, en una constante mutación que hace que elementos pertenecientes a momentos históricos distintos se superpongan. De modo que el territorio se convierte en un complicado palimpsesto en el que podemos leer cómo el rastro de paisajes, hoy día ya desaparecidos, convive con la presencia de otros actuales. 336
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. Pero no sólo nos es posible apreciar la huella de la industria en la impronta que ésta ha dejado sobre el territorio, sino también en la sociedad y en la cultura. Estos paisajes de la industria son partícipes de la cultura de un pueblo, configuran un territorio cultural en sentido amplio. Poseen estos lugares la capacidad de trasladarnos a un pasado aún reciente, de sumergirnos en un estado emocional que convoca a una memoria detenida pero no olvidada, que enlaza con el poso de nuestra cultura y nos permite orientarnos, reconocernos en el mundo y situarnos en él. Como describe Luis Cernuda, en «este lugar lo pasado, aunque en todo se deja sentir sin quitarle gracia, le da hondura, lo penetra de sosiego, pasado y presente se reconcilian, se confunden insidiosamente para recrear un tiempo ya vivido. Figuras como la tuya piensan una historia que no fue tuya. Este aire que mueve las ramas es el mismo que otra vez a esta hora las moviera un día. Esta nostalgia no es tuya, sino de alguno que la sintió antaño en este sitio». Fig. 4. Minas de Riotinto, Huelva. Fotografía de José Manuel Navia. Estos paisajes de la industria adquieren valores de paisaje cultural, ya que éstos han contribuido de una forma decisiva a la construcción de nuestras señas de identidad cultural. Son concebidos como expresión de los rasgos de identidad de un pueblo, de aquellos lugares en los que la industrialización ha marcado unas formas de vida y de trabajo que, con el tiempo, han quedado grabadas en el paisaje y en la memoria colectiva. De tal forma que éstos, a modo de palimpsesto, contienen las huellas marcadas o borradas de la actuación del hombre sobre el territorio, lo que les convierte en reflejo de la cultura de un pueblo y en poseedores de una gran significación cultural. 337
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. Esto hace necesario un estudio del paisaje que vaya más allá de las concepciones perceptivas, que aborde el territorio de la memoria colectiva con el objeto de que éste sea entendido como una entidad cargada de elementos culturales, como un paisaje cultural. El patrimonio industrial forma parte de la cultura de los territorios, no sólo de aquellas ciudades o conjuntos urbanos que contienen restos industriales con un alto valor patrimonial, sino también de aquellos lugares, tales como cuencas mineras, valles industriales, zonas de litoral… en los que es posible localizar restos de un pasado industrial pero en los que, sobre todo, la industria ha ejercido una gran influencia en ellos, organizándolos, articulándolos y estableciendo relaciones con el territorio. Hoy, estos lugares, en su mayor parte obsoletos y abandonados de usos anteriores, configuran un paisaje que comienza a ser habitual y que contiene las huellas de un pasado industrial, todavía reciente, al que sin embargo se le ha prestado escasa atención. Esto hace que nos encontremos con un patrimonio frágil, en evolución, con unos paisajes culturales que registran un estado de urgencia ante un proceso de desmantelamiento, degradación y abandono. La fragilidad de estos paisajes industriales se ve, además, particularmente afectada por las nuevas formas de producción o de consumo que provoca la obsolescencia de éstos en un breve periodo de tiempo y en un contexto en el que continuamente se están definiendo nuevas ciudades y nuevos paisajes. Minas olvidadas, poblados mineros deshabitados, astilleros abandonados, estaciones ferroviarias en desuso, zonas industriales sin actividad… comienzan a dibujar un paisaje habitual en nuestro entorno. Fig. 5. Minas de oro de Rodalquilar, Almería. Fotografía de Marina del Mar. Frente a esta situación, es preciso comenzar a plantear una revitalización de estos paisajes de la memoria industrial desde la potenciación, no sólo de los territorios y arquitecturas específicas, creadas y manipuladas durante un pasado industrial, sino también del interés cultural que estos paisajes ya poseen como depositarios de una 338
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. memoria colectiva y como marco cultural de referencia. Estos paisajes que hemos heredado fruto de un pasado industrial, desvelan una época pasada, contienen las claves para descifrar ese complejo entramado que teje la historia y en la que la cultura del trabajo, su arquitectura, sus paisajes, su gente, sus procesos industriales, sus construcciones, su memoria, su historia social, etc., continuamente se tejen y entretejen de infinitas maneras. De ahí, el valor de estos paisajes de la memoria industrial pues, aunque gran parte de lo que queda hoy de este pasado sean sólo ruinas, éstas, como dirá María Zambrano, «son lo más viviente de la historia; pues sólo vive históricamente lo que ha sobrevivido a su destrucción; lo que ha quedado en ruinas. Y así, las ruinas nos darían el punto de identidad entre el vivir personal –entre la personal historia- y la historia» (ZAMBRANO, 1973). Hoy nos enfrentamos a la tarea de integrar todos estos paisajes generados por la decadencia industrial en el paisaje contemporáneo. Una labor, ésta, que debe hacer suya la idea de vincular paisaje, memoria e industria en un ámbito de estudio en el que el paisaje industrial se revela como un nuevo territorio para la investigación. Para ello es preciso generar un nuevo tipo de mirada sobre estos paisajes que retorne al lugar para apreciar las huellas de lo industrial pero, también, para advertir en estos paisajes otras realidades latentes pero próximas que participan de esa belleza inerte que existe bajo su aparente estado de ruina y que hacen referencia a una naturaleza diferente de estos territorios que se esconde detrás de su estética, su escala espacial y temporal. Se reclama, por tanto, una manera de entender y proponer el término de paisaje industrial hacia una dirección todavía por explorar, que conlleve a una recuperación y puesta en valor de éste como paisaje cultural, planteando su significación en la cultura del territorio, abriendo paso a un nuevo diálogo que permita establecer nuevos vínculos y aproximaciones a este paisaje industrial a través de una mirada cultural que reconozca la belleza de éste, que reclame sus valores históricos, culturales y estéticos y desvele las cualidades que le hacen poseedor de una identidad propia, específica, como paisaje cultural. Esta recuperación y puesta en valor del Paisaje Industrial como Paisaje Cultural, hace necesario el entendimiento de estos paisajes industriales a través de una mirada integradora que tenga como objetivo explicar la complejidad de éstos y de hacer frente a los numerosos retos que estos paisajes, a diferencia de otros, ofrecen en cuanto a su reincorporación como paisajes aceptados. Fig. 6. Mina El Soldado en Villanueva del Duque, Córdoba. Fotografía de José Morón. 339
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. Esto plantea la necesidad de abrirse camino hacia un entendimiento, una interpretación y una proposición del término paisaje en una dirección todavía por explorar y que esconde un enorme potencial, como ya apuntó aquella nueva mirada hacia el paisaje y al territorio que desvelaron muchos de los pioneros del land art, los cuales nunca permanecieron al margen del hecho industrial, estableciendo una relación mucho más importante de lo que habitualmente se conoce entre naturaleza, paisaje e industria. Es por tanto, turno ahora de incorporar en la construcción de esta nueva mirada que retorne a los paisajes del trabajo a geógrafos, historiadores, arquitectos, ingenieros, urbanistas, paisajistas…, con el objetivo de advertir el enorme potencial que éstos encierran. Es necesario, además, generar una manera alternativa de observar y experimentar estos paisajes industriales, con el propósito de desvelar esa belleza oculta bajo su aparente estado de ruina; de advertir y de reinterpretar en ellos otras realidades presentes, aunque implícitas, inscritas o latentes; de definir nuevos modos de leer estos paisajes en desuso y, hasta ahora, entendidos como residuales, a partir de un conocimiento más profundo realizado a través de una mirada que se dirija hacia estos paisajes con la intención de ver, pero más aún, de ver lo no visto. Fig. 7. Minas de Hierro de Alquife, Granada. Fotografía de José Morón. Para ello es necesario volver la mirada y, con ella, todos nuestros sentidos, hacia estos territorios, preconcebidos como productos obsoletos de una acción desmesurada del hombre sobre el territorio, a través de una percepción que desestime lo superficial de las miradas hasta ahora dirigidas al paisaje industrial; una percepción libre de ataduras y abierta a nuevas dimensiones de diálogo y de aproximación con el territorio que posibiliten el establecimiento de nuevos vínculos e identidades. Una mirada que se dirija hacia estos territorios de la industria con el objetivo no sólo de mirar por mirar, sino el de ver, el de ver para conocer, el de tomar conciencia de éstos desde un punto de vista físico, emocional, intelectual, cultural, social, ético y estético. 340
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. De modo que se produzca un cambio en la consideración que tenemos de estos paisajes industriales que nos permita alcanzar nuevas cotas de percepción a través de una mirada capaz de profundizar en las apariencias con el fin de trascenderlas, para así conocer mejor lo que en esencia son estos paisajes, aquello que éstos muestran y, al mismo tiempo, esconden. Una mirada que, como aquella de la que nos habla Federico García Lorca, se convierta «en ese pulso herido que ronda el lado oculto de las cosas». Para ello es necesario ver más y de forma diferente. Crear esa tensión, de la que Walter Benjamín hablaba acerca de la producción de Baudelaire, entre una «sensibilidad sumamente aguda y una contemplación sumamente concentrada». Lanzar la mirada y, con ella, la mente más allá de lo visible. Desarrollar una visión integradora que aborde estos paisajes desde distintas perspectivas, escalas y disciplinas con el objetivo de poder explicar la complejidad y, al mismo tiempo, la especificidad y la identidad propia de estos paisajes de la industria para así ponerlos en valor en base a una definición de éstos como Paisajes Culturales Contemporáneos. En definitiva, se reclama un reposicionamiento en la manera de mirar que, sin embargo y, por el momento, no se ha producido. Todavía son muchos los ojos que, como los de los Hombres huecos de T. S. Eliot, aún permanecen cegados, bloqueados por la complejidad de estos paisajes, imposibilitados para ver la radicalidad de lo sencillo, la belleza de estos territorios contenida en lo sobrio, en lo funcional, en el paisajismo inconsciente que nos ha legado la industria y en los espacios cargados de sensibilidad estética que han dado forma a una obra colectiva y, en muchos casos, inconsciente y azarosa. Una ceguera ésta que esperamos que, con el tiempo, desaparezca por una mirada que retorne al lugar y potencie el valor cultural que estos paisajes de la memoria industrial poseen. Los ojos no están aquí Aquí no hay ojos En este valle de astros moribundos En este valle hueco Esta quijada rota de nuestros reinos perdidos En este último lugar de encuentro Avanzamos a tientas Y evitamos hablar Juntos en la ribera del río tumefacto. Ciegos, a menos que Los ojos reaparezcan Como astro perpetuo Rosa multifoliada Del reino crepuscular de la muerte Que sólo es esperanza Para los hombres huecos T. S. Eliot 341
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. 4.7. Patrimonio Cultural La ciudad es rica en patrimonio edificado, sobresalen las Murallas romanas ⎯Patrimonio de la Humanidad⎯, que encierran el centro histórico; constituyen un balcón singular hacia el ensanche, y puntualmente hacia el valle a través de alguna fractura o vacío de la edificación. Muchos son los elementos de interés cultural que nos podemos encontrar y que son un referente en el paisaje urbano y en la imagen de la ciudad: castros, yacimientos arqueológicos, calzada romana, vestigios del acueducto, etc., y una ruta singular tanto en su valor patrimonial como cultural que atraviesa la ciudad de este a oeste: el Camino primitivo de Santiago. La traza del Camino no tiene en la actualidad un tratamiento diferenciado, el trazado histórico se conoce y es merecedor de cautelas y protección por parte de la Administración, sin embargo, no posee en sí mismo el carácter de ruta-paseo histórico que se significa de forma específica al transitar por la ciudad. Figura 5. Elementos culturales y naturales Los valores culturales y patrimoniales que encierra la ciudad son un activo indudable que se pretende fundir con las rutas-paseos-ejes transversales que la recorren, conformando itinerarios verdes y culturales, singularizados por una carga histórica que se muestra a los ciudadanos y que la reconocen como propia. 5. DETERMINACIONES A INTRODUCIR EN LA PLANIFICACIÓN Para la consecución de los objetivos estratégicos enunciados, se ha planteado la utilización de métodos de aproximación, partiendo de la escala próxima, en la identificación de los elementos que caracterizan el lugar, primando la diversidad ecológica y cultural. Se pretende introducir en la ciudad la naturaleza que emana del curso fluvial, con la convicción de la idoneidad de recuperar los vínculos que unen a los habitantes de la ciudad de Lugo con la naturaleza del entorno y a los elementos físicos que la caracterizan, en este caso el Río Miño y sus valles asociados. Recrear las señas de identidad a partir de la propia esencia del lugar, frente a la tendencia mayoritaria de las ciudades de la segunda mitad del siglo XX, cuya transformación y crecimiento ha provocado la eliminación, ocultación o sustitución de los elementos físicos caracterizadores de ellas, convirtiendo el territorio natural en un escenario artificial. 348
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. La incorporación de ejes de relación entre los cursos de agua con la ciudad habitada, permitirá establecer vínculos emocionales entre la naturaleza y la población, introduciendo en la escena urbana factores de calidad sensorial: la vegetación, los parques, las placitas, un eje peatonal arbolado, un simple ensanchamiento del viario, los retazos del paisaje natural que se introducen en el tejido urbano,…., sin olvidar los sonidos a ellos asociados: los pájaros, el murmullo del viento entre los árboles, el correr del agua,…. Es un objetivo del planeamiento establecer mecanismos que contribuyan a la consolidación de una ciudad con identidad propia que sepa conservar, reforzar y recrear sus valores patrimoniales, tanto artísticos y culturales, cómo naturales y paisajísticos. 6. PROPUESTAS DE CRECIMIENTO PARA LA INCORPORACIÓN DEL RÍO EN LA CIUDAD El nuevo modelo de ordenación territorial que se diseña para la ciudad de Lugo, contenido en el planeamiento general, se adueña del rio incorporando a la ciudad los valores paisajísticos y ambientales que le confiere el discurrir del Miño por uno de sus límites, sin que éste pierda su “naturalidad”. Se prevé la creación de una estructura de zonas verdes y espacios libres, generada desde los cursos de agua y que tienen como elemento principal el río Miño, a la que se añaden infraestructuras y equipamientos, constituyendo una trama de espacios de relación que incorpora elementos naturales en el paisaje urbano. Los nuevos crecimientos se acercan a los cauces posibilitando la percepción de los mismos, recreando nuevos escenarios protagonizados por la naturaleza y la visualización del río. El modelo de crecimiento introduce valores ambientales y paisajísticos, caracterizándose por las siguientes acciones. 6.1. El crecimiento de la ciudad incorpora el río La definición del modelo territorial prevé completar la ciudad existente, vinculando los nuevos crecimientos, paisajística y ambientalmente, con el río Miño y sus afluentes. Las operaciones más significativas se concentran en el oeste y el este, dignificando las fachadas inacabadas y con operaciones de remate al norte y sureste. Al oeste se completan los espacios vacíos entre la ciudad consolidada y el Río Miño; se modifica el carácter de la tercera ronda que discurre paralela al río, pasando de ser una vía rápida (antigua N-VI) a una ronda urbana; los nuevos sectores llegan hasta el Río Miño, siendo este elemento natural el que relaciona e integra a las nuevas piezas que se incorporarán a la ciudad que contribuirán además a recualificar el borde oeste actual. Al sureste, sirviendo de cierre a zonas residenciales ahora en construcción, se completa la ciudad conformando una nueva fachada que se asoma hacia el parque del río Rato. En el este se acomete operación que ordena el suelo libre entre los ríos Rato y Fervedoira. La propuesta trata de estructurar los enclaves aislados existentes con el resto de la ciudad; estos enclaves, al otro lado del ferrocarril y desligados de la ciudad funcional, tienen una localización estratégica en atalaya sobre el valle del río, sobre la que se apoyan las actuaciones previstas. 349
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. 6.2. Creación de un parque fluvial que envuelve la ciudad: parque lineal verde La incorporación de los elementos naturales a la ciudad da lugar a la creación de un Parque lineal verde que la rodea, desde el Oeste hasta el Noreste, siguiendo los cursos fluviales. Como continuación de la ribera del Río Miño, se configura en el Oeste un parque verde en sentido longitudinal, dando frente a la fachada de los nuevos crecimientos residenciales del oeste, que sirve de transición entre la ciudad edificada y el Río. El parque lineal, salta al otro lado de la tercera ronda (antiguo trazado oeste de la N-VI), uniéndose al Parque del Río Miño. El corredor verde se adapta al trazado del río recogiendo los espacios libres existentes con masas arboladas, que se amplían y refuerzan en aquellas zonas sin ocupar vacantes y donde es posible acometer una nueva ordenación, en la que la continuidad del eje verde va a servir de elemento estructurante. Hacia el Sureste el parque lineal se ensancha, incorporando las cuestas en cornisa sobre el curso de los ríos Rato y Fervedoira, conformando, con el Parque del río Miño al que se adosa, un parque urbano de gran importancia paisajística. El parque se integra con el previsto Parque dos Paxariños, para seguir hacia el Norte, bordeando el trazado del ferrocarril y penetrar en el tejido residencial a través de las zonas verdes-parques, plazas de Puente Romai. Figura 6. Estructura verde y parque fluvial Se prevé la incorporación al Parque fluvial de otros espacios libres que completen la estructura verde generada por el parque fluvial; corresponden a zonas con masas arboladas existentes, con arbolado autóctono en buen estado de conservación, digno de 350
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. ser preservado, que contribuyen sin lugar a dudas a la intensificación de la biodiversidad del ecosistema natural urbano. El Parque fluvial penetra en la ciudad residencial con la creación de nuevas conexiones transversales y el refuerzo de otras existentes que habilitan recorridos verdes hacia el interior, integrando espacios libres con arbolado autóctono e intensificando la relación con el río que se configura como el elemento que estructura, une y relaciona los distintos barrios que la componen, fomentando la conexión de unos con otros. 6.3. Creación y refuerzo de Conexiones transversales: penetración de recorridos verdes hacia el interior de la ciudad consolidada El Parque lineal asociado al río se adentra hacia la ciudad en múltiples direcciones. − El Plan General establece determinaciones para que la ordenación pormenorizada de los nuevos sectores de suelo urbanizable que se delimitan, prevea conexiones transversales verdes desde el parque fluvial hacia la ciudad consolidada, valorando la continuidad de los espacios verdes existentes. − Se crean nuevos espacios verdes aprovechando los vacíos existentes del suelo urbano no consolidado, generándose nuevos itinerarios verdes que además incorporan áreas arqueológicas y culturales de interés. En algunos puntos del recorrido lineal, las zonas verdes avanzan hacia la ciudad edificada creando nuevas áreas de esparcimiento que se insertan de pleno en el corazón de la ciudad llegando hasta la muralla. La red de espacios libres que se configura a partir del parque fluvial unida a la red de itinerarios peatonales, introducen factores de calidad urbana y valores paisajísticos indudables, que además de garantizar una inmejorable accesibilidad, promueven un nuevo modo de recorrer y utilizar la ciudad a través de espacios públicos de gran valor escénico, y relacionarla con el territorio y los núcleos rurales. 6.4. Introducción en la ciudad de valores paisajísticos Se introducen estos valores imponiendo condiciones paisajísticas a los nuevos sectores y ámbitos de suelo urbano no consolidado. La ordenación pormenorizada de los sectores deberá contener un estudio paisajístico del ámbito, potenciando las vistas hacia el río, fragmentando la edificación y creación de corredores visuales, con el fin de optimizar el potencial escénico que pasa a formar parte de la escena urbana. 6.5. Integración del Río con la red de espacios libres e itinerarios peatonales + Camino de Santiago La Red de espacios libres y equipamientos se complementa con el establecimiento de itinerarios peatonales verdes, configurando una malla que se superpone con la ciudad edificada. 6.5.1 Itinerarios peatonales Las redes peatonales propuestas se superponen y complementan a la red de espacios libres públicos, para facilitar los flujos de peatones en los diferentes barrios, permitiendo a través de espacios sin vehículos, que la población acceda desde sus lugares de residencia a los equipamientos, servicios y áreas de esparcimiento. 351
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. Estos itinerarios peatonales a través de la ciudad consolidada, tienen una relación directa con el río; se configuran itinerarios cambiantes en función de los espacios verdes asociados y de las perspectivas hacia dentro y fuera de la ciudad que se percibe. 6.5.2 El Camino de Santiago Dentro de los itinerarios potenciados, tiene especial relevancia el trazado del Camino de Santiago, que atraviesa la ciudad de este a oeste, uniendo transversalmente los dos espacios naturales que acompañan a los cursos fluviales. Su recorrido se refuerza con la consolidación de espacios verdes en proximidad que permiten acoger otros tránsitos y las actividades de ocio asociadas al mismo, recuperando las masas arboladas con vegetación autóctona en sus paseos y áreas estanciales. Figura 7. Camino de Santiago 6.6. El Río como eje estructurante que vertebra y conecta los barrios y asentamientos residenciales externos a la ciudad. La racionalidad de un modelo territorial en un municipio caracterizado por un núcleo urbano principal y un elevado número de núcleos rurales habitados, requiere de planteamientos que mantengan la actividad residencial de estos núcleos. Las propuestas de crecimiento exteriores a la ciudad se localizan ligadas a núcleos rurales próximos al conjunto urbano, que han perdido el carácter rural, vinculados a las vías principales de comunicación; se proponen en estos ámbitos actuaciones ligadas al trazado del Río Miño, configurándose éste como elemento vertebrador. El río se configura con un doble papel estructurante urbano y vertebrador de los distintos asentamientos del entorno de la ciudad. 352
Tercer bloque: Paisajes urbanos contemporáneos. Figura 8. 7. CONSIDERACIONES La ordenación del territorio debe ser respetuosa con sus valores ambientales y naturales, proponiendo transformaciones en las que unos y otros, territorio natural y crecimientos urbanos, coexistan. Estas premisas, en apariencia utópicas, son el punto de partida para la definición de instrumentos de planeamiento de ciudades que, como Lugo, han crecido desordenadas, de espaldas al territorio y a sus valores naturales. No son necesarios grandes crecimientos; el reto de la planificación debe estar dirigido a la recuperación de aquellos valores a los que en otro momento les dimos la espalda. «Necesitamos la naturaleza, tanto en la ciudad como en el campo» (MCHARG, 1967). BIBLIOGRAFÍA FARIÑA TOJO, J. (1998): La ciudad y el medio natural, Madrid, Akal. MCHARG, I. L. (2000): Proyectar con la naturaleza, Barcelona, Gustavo Gili. CLÉMENT, G. (2007): Manifiesto del tercer paisaje, Barcelona, Gustavo Gili. CIUDADES + VERDES, 2º Foro urbano de paisaje (2008), Vitoria, Centro de estudios ambientales. ANDRÉS, C., MASIÁ, Ll. (2007): «Plan General de Ordenación Municipal de Lugo», en Urban, núm. 12, pp. 126-154. FADIGAS, L, (2009): «La estructura verde en el proceso de planificación urbana», en Ciudades, núm. 12. 353