Antonio Milla habla desde su latir pictórico
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VIDA Y OBRA DE ANTONIO MILLA Capítulo 19: “Antonio Milla habla desde su latir pictórico”. Págs. 90-96. Capítulo 19 Antonio Milla habla desde su latir pictórico* SANDRA MÉNDEZ MUROS Y NOELIA GARCÍA ESTÉVEZ**
VIDA Y OBRA DE ANTONIO MILLA l número 148 (hoy, 136) de la macarena calle Feria fue/es el escenario que vio nacer a Antonio Milla Jiménez un primero de diciembre de 1924. Allí vivían sus padres y sus abuelos dedicados al comercio y allí comenzó a tener las percepciones más inmediatas que luego se convertirían en inconscientes referencias estéticas de luz y de color como la de los alimentos del mercado de abastos y las antigüedades de los puestos del mercadillo del jueves, de las formas del estilo mudéjar de la parroquia Omnium Sanctorum y la iglesia de San Juan de la Palma, con sus arcos ojivales, y de los rostros humanos que se agolpaban en la plaza de los Carros, muy cerca de la Casa de los Artistas, y a lo largo de todo del bulevar de la Alameda y todo su entorno tan inmediato a la popular calle formando un todo con ella. Cuanto percibieron sus ojos hace que el propio pintor se reconozca orgulloso de su barrio natal y forme parte de su perfil biográfico. - ¿Cómo descubre la pintura “Antoñito el de la droguería”? - Así me decían, de niño y muchacho, las señoras que iban a la droguería de mi padre. José Recio fue mi primer maestro de dibujo. Él veía que yo, siendo muy niño pintaba y hacía dibujos. Copiaba viñetas y caricaturas de los periódicos de la época. No recuerdo en qué papel ni con qué lápiz, pero con E
VIDA Y OBRA DE ANTONIO MILLA cinco años ya tenía esa iniciativa e inquietud por dibujar. Así que yo tendría unos siete años cuando José Recio me lleva de la mano a la Escuela de Artes y Oficios. Antonio Milla recuerda con alegría sus primeros dibujos que recogen las cruces de mayo, los bautizos y las fiestas que se hacían en los corrales que había cerca de su casa y que más adelante quiso homenajear como forma de vida. Ya entonces apuntaba maneras como artista: “Recuerdo que, en el colegio, el profesor sentaba a mi lado a algunos compañeros para que se fijaran en mí a la hora de escribir y dibujar, lo cual quiere decir que desde niño parece que se me dio bien”. - ¿Se acuerda de su primer cuadro? - Yo pinté mi primer cuadro a los doce años y lo firmé con mis iniciales. Lo he redescubierto con el tiempo. Estaba enrollado en un arcón e, incluso, ha pasado tres o cuatro arriadas, pero se conserva intacto. Lo hice en el segundo año de la guerra, en 1937, cuando estaba en la tercera Escuela de Artes y Oficios, situada en la calle Antillano Campos. Se trata de un dibujo que copia una de las figuras que hay en la portada del Bautismo de la Catedral de Sevilla, “La Primitiva” de Mercadante de Bretaña. Con él gané mi primer premio de pintura. Mientras cursa sus estudios en el colegio Reina Victoria y, más tarde, en el Instituto de Bachiller San Isidoro, sigue preparándose como artista plástico en la Escuela de Artes y Oficios donde se dedica “a la reproducción de modelos y escayolas. No había modelos naturales. Para eso tuve que esperar a ingresar en el curso 1944/1945 en la Escuela de Bellas Artes. Ya en tercer o cuarto curso teníamos que preparar el dibujo al natural en movimiento. Al principio eran figuras estáticas y era muy agobiante porque estaba fijo y había que darle cada cuarto de hora un momento para que descansara”. - ¿Qué aprendió en la Universidad?
VIDA Y OBRA DE ANTONIO MILLA - Para los profesores debía ser complicado nuestro curso. Nos llamaban el curso de los “vangoghlines” porque cada uno tenía su personalidad, su estilo. En el aspecto de la técnica, te explicaban cosas pero el alumno no estaba muy mediatizado. Los profesores de esa época te hacían correcciones puntuales. Cuando empezamos a hacer bodegones, la creatividad era relativa e, incluso, la creatividad debe seguir siendo relativa porque ésta nace cuando uno está solo en su estudio. No tiene nada que ver cómo empecé a pintar a cómo he terminado, dedicado al paisaje. Entre los profesores, me acuerdo de Groso, Juan Miguel, Gustavo Bacarisas con el que entablé una buena amistad y a una profesora sueca entrañable llamada Elsa. - Resulta extraño que tuviera la oportunidad de dibujar desnudos en plena posguerra española. - Sí, la tuve. Había hombres y mujeres que se prestaban para que los alumnos las dibujáramos en las aulas. El profesor le indicaba cómo debía posar y lo hacía de manera profesional ante dos o tres alumnos de los ocho matriculados. - ¿Qué nombres de compañeros de entonces recuerda? - Tengo que decir que en la formación en las aulas no sólo es importante la manera en la que el profesor te corrige, sino la influencia de los compañeros. Recuerdo a los ocho compañeros de la promoción que formamos el Grupo 49: José Duarte, Joaquín Ojeda, Francisco Reguera, Antonio Rodríguez, Ricardo Comas, Juan Carlos Barroso y Lola Fernández, la única mujer. Su experiencia en la milicia le hizo desconectar de la pintura como reconoce: “No me llevé ni los pinceles. Podría haberlos comprado allí y haber hechos algunos dibujos, pero es curioso, no pinté durante todo el servicio militar. Estaba muy a gusto y no eché de menos pintar”. Sin embargo, a su regreso a Sevilla a primeros de abril del año 1950 desplegó todo su potencial estético impulsando el Grupo 49.
VIDA Y OBRA DE ANTONIO MILLA - ¿Podemos decir que es el fundador del Grupo 49? - No sé si tanto como fundador, pero fue una idea mía. Cuando regresé a Sevilla, tuve algunos encuentros con mis compañeros y empezamos a hablar ya del Grupo 49, que se llama así precisamente porque nuestra promoción acabó en el año 1949. Dos años después, en abril del 1952 se publicó la primera noticia sobre una exposición realizada por el Grupo. Éramos jóvenes y sin pretensiones de ninguna clase más que exponer nuestras obras. No teníamos miedo al encasillamiento. Después de hacer la exposición cada uno salió por su lado y ya no nos volvimos a ver ni a hablar en mucho tiempo. - ¿Cómo organizasteis esa exposición? - El centro de encuentro solía ser la casa de Ricardo Comas. Por otra parte, yo tomé contacto con el club La Rábida. Allí había una sala de exposiciones y le hablé de la posibilidad de exponer cuadros a un catedrático y crítico musical, Enrique Sánchez Pedrote, que le pareció bien la idea. Pusimos la fecha, reunimos los cuadros e hicimos la primera exposición, fruto de los cinco años de convivencia. - La Prensa de la época publicó entonces sobre esta exposición que tenía un notable interés aunque abundaba en algunos tópicos del arte moderno. ¿Teníais conciencia de la gran responsabilidad que suponía en el plano cultural en una ciudad tan falta de cultura? - Para los académicos Groso y Juan Miguel, éramos comunistas porque no hacíamos lo que ellos decían. Llegaron a decir a sus alumnos que quien fuera a ver nuestras exposiciones no aprobaba. Cuando veíamos que venían a la Academia nos escondíamos tras una ventana. Y es que el Grupo 49 nació como un grupo proscrito porque en Sevilla no había nada y la crítica no fue agradable. Cuando terminó la exposición, me quedé junto a Comas a cargo de la sala del Club La Rábida. - ¿Vivía ya de la pintura?
VIDA Y OBRA DE ANTONIO MILLA - Yo de la pintura no he vivido nunca. Sí puedo decir que le he ganado dinero a la pintura. Cuando regresé a Sevilla tras el servicio militar fue un trauma tremendo no saber qué hacer. Empecé a ayudar a mi padre en la tienda y, mientras, seguía pintando. Hay gente de Triana que aún me recuerda pintando en la trastienda. No tenía caballetes ni nada, así que pintaba encima de los sacos de cincuenta kilos de sosa cáustica. Las primeras obras que pinté a mi regreso fueron un puente de Triana, el Bodegón Amarillo y Flores de Papel. - En 1952 se crea la Joven Escuela Sevillana. ¿Por qué cree que muchos consideran esta Escuela como el auténtico punto de partida de la renovación pictórica sevillana? - Sin duda alguna lo es. Sin rubores tengo que aclarar que fui yo su fundador para zanjar toda polémica. Esta escuela no está formada por un grupo reducido de pintores, sino que forma parte de ella la gente que tiene inquietudes personales. En la segunda exposición sólo se mantienen Federico Delgado, Armando del Río, Loli y Pepi Sánchez y Antonio Milla. En la década de los cincuenta, Milla participa en acontecimientos de gran responsabilidad como la II Bienal de los Países del Caribe en 1954. Continúa viviendo y pintando, mientras desde 1955 pasa buenos ratos en la “Camilla Guadalquivereña”, una tertulia cultural de amigos como el poeta Manolo García Viñó, Fausto Botello o el periodista José María Requena: “Teníamos veintitantos años y, en principio, no tenía ningún interés cultural ni nada, simplemente un sitio donde encontrarnos, contábamos cuántos íbamos y comprábamos tantos kilos de pescado, pero poco a poco fue adquiriendo un carácter cultural”. Cuando el hombre octogenario empieza a tomar conciencia de lo que ha sido el pintor repite una y otra vez: “En mi vida han pasado muchas cosas que no he valorado mientras las vivía. Ahora cuando veo los homenajes, mi nombre en los libros de textos escolares o gente que no conozco y que habla de mis cuadros, me doy cuenta de la repercusión”. Antonio Milla explica mil y una
VIDA Y OBRA DE ANTONIO MILLA anécdotas mientras nos enseña un taller abarrotado de bodegones. Allí reposa el cuadro con su cabeza de “La Primitiva” de Mercadante de Bretaña: “Ahora lo tengo enmarcado y lo guardo como oro en paño”. Bendita infancia. (ir al inicio del Capítulo) (ir al Índice) * Texto publicado en las páginas 4 a 7 de: GÓMEZ Y MÉNDEZ, J. M. (ed.): Antonio Milla, pintor y profesor; Asociación “Nueva Alameda”, Sevilla, 2010, ISBN: 978-84-693-2706-7. La edición se efectuó con motivo del desvelamiento del azulejo en la casa natal de Antonio Milla (1-12-1924), en el número 136 de la sevillana calle Feria, actividad que fue el día 2 de diciembre de 2010, organizada por la Asociación “Nueva Alameda” con el patrocinio del Distrito Casco Antiguo del Ayuntamiento de Sevilla. ** Profesoras e investigadoras en la Universidad de Sevilla.