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Capitalismo y cuerpo. Crítica de la razón masculina, de M. Fernández-Martorell; Madrid: Cátedra, 2018 [Reseña]

Manzano Zambruno, Laura

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Los seis capítulos de Capitalismo y cuerpo. Crítica a la razón masculina crean una ruta, cronológica en unos momentos y temática en otros, que abordan la noción cultural e histórica del cuerpo, centrándose en el femenino pero dejando intuir transversalmente lo masculino. Mercedes Fernández-Martorell comienza tratando la transición del sistema feudal al capitalista, consid erando que la caza de brujas fue una forma de preparar a las mujeres para el nuevo sistema económico, en el que serían necesarias únicamente para labores domésticas y reproductivas. Esta obligación se asentaría sobre la lógica de la diferencia y la complementariedad de los sexos que Fernández-Martorell desarrolla en el capítulo segundo, que se refiere no sólo a que hombres y mujeres son distintos, sino a que cada cual debe cumplir unas funciones concretas en unos espacios determinados, y a que en este Fernández-Martorell, M. (2018). Capitalismo y cuerpo. Crítica de la razón masculina. Madrid: Cátedra. Capitalism and the Body: Critique of Male Reason Laura Manzano-Zambruno (Universidad de Sevilla) [[email protected]] DOI: https://dx.doi.org/10.12795/IC.2019.i19.22 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 2019, 16, pp. 693 - 697 Capitalismo y cuerpo. Crítica de la razón masculina Laura Manzano-Zambruno 694 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 16 (2019) [pp. 693-697] E-ISSN: 2173-1071 reparto la mujer ocupa en cualquier caso una posición de subordinación. La prostituta es presentada por la autora en el tercer capítulo como una mujer que escapa de las dicotomías duales, que no es complemento de ningún hombre y, por ello, sufre la persecución social. Continúa Fernández-Martorell explicando cómo las mujeres proletarias percibían un salario tan mísero que garantizaba su dependencia y cómo la sociedad actuaba invisibilizando su dedicación o tachándolas de más débiles y menos aptas que sus compañeros masculinos. Aquí se introduce el concepto de género como constructo social, que enlaza con el espacio dedicado en el quinto capítulo a la teoría queer, explicando las diferencias entre lo biológico y lo cultural. El libro termina explicando cómo el cuerpo de la mujer se ha sentido y se siente aún como una propiedad más del hombre, de modo que cuando en las guerras se cometen violaciones y asesinatos de mujeres, «no se ataca al cuerpo de mujer en sí, sino que se arremete contra la propiedad del enemigo. Se trata de cuerpos con dueño» (Fernández-Martorell, 2018, p.155). El itinerario que propone Fernández- Martorell empieza con el «cuerpo único», que considera que la mujer es una versión imperfecta e inacabada del hombre; continúa con el «cuerpo dual», basado en la diferencia y la complementariedad de los sexos; y culmina con el «cuerpo múltiple», incluyendo la noción de la transexualidad. Si algo hay que advertir de inicio sobre este trabajo es que, a pesar de llevar la palabra «capital» en su título, no se trata de un análisis marxista sobre el vínculo del cuerpo femenino y el intercambio económico o la propiedad. Más bien debería interpretarse como una recopilación de distintos hitos antropológicos que dan pistas para responder algunas cuestiones, pero cuyo enfoque es susceptible de ser discutido. En primer lugar, introduce los conceptos de «vivir en mujer» y «vivir en hombre» para especificar que la dimensión biológica y corporal se significa socialmente. La mujer —o quien vive en mujer, si se desea— ha sido históricamente construida como «población matable» e intercambiable. El hombre ha asesinado a la mujer como una forma de disciplinarla socialmente y garantizar así el régimen de propiedad. Con el paso del feudalismo al capitalismo, el hombre común fue despojado de las tierras que trabajaba y, a cambio, el hombre poderoso le otorgó un paliativo que los igualaría entre ellos: una mujer en propiedad a través de la institución del matrimonio. Así, aunque el proletario sufriese explotación laboral, su opresión se vería bibliográfica CAPITALISMO Y CUERPO. CRÍTICA DE LA RAZÓN MASCULINA 695 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 16 (2019) [pp. 693-697] amortiguada por el hecho de poseer y, por tanto, ser superior a alguien: su propia mujer. Es por eso que Fernández-Martorell afirma que: El hombre que maltrata a la mujer o el que comete feminicidio dialoga con su congéneres, con los que tradicionalmente han aprobado su masculinidad, quienes le han reconocido su hombría. Habla con sus jueces. Ese hombre persigue el objetivo de reinstalar la alianza masculina, la trama tradicional entre los cuerpos (Fernández-Martorell, 2018, p.161). Elaborar la idea de que el cuerpo de la mujer está inherentemente vinculado a una serie de experiencias parece incompatible con suscribir el planteamiento del género performativo (Fernández-Martorell, 2018, pp.135,136). Resulta contradictorio asegurar, como hace la autora en el cierre de su libro, que el humano «no sobrevive aislado, necesita a otros, y lo principal radica en la trama que queramos construir al relacionarnos unos con otros. Los cuerpos existen gracias a las relaciones» y también que somos «dueños de lo que pensamos, tenemos autoridad suprema, soberana sobre nuestro cuerpo» (Fernández-Martorell, 2018, p.174), porque considera determinante tanto la dependencia de la comunidad como la «autoridad suprema» individual, que vienen a ser opuestos. Todos los cuerpos que han sufrido esas violencias y esas persecuciones que describe y reconoce la autora —brujas, prostitutas, esposas— tienen en común que «viven en mujer». Ciertamente, el sentido del cuerpo se construye y negocia socialmente, y fluctúa, pero no lo hace de un momento a otro. De hecho, los cambios en la significación de los cuerpos de los que da cuenta Fernández-Martorell suceden a lo largo de varios siglos, desde el siglo XVI hasta la actualidad. Dicho de otro modo, el hecho de que una persona que «viva en mujer» responda a las agresiones sexuales o al cuestionamiento social asegurando que ella no se identifica con el destino histórico y social atribuido a su biología no la va a ayudar a escapar de la experiencia. Así lo constata Marcela Lagarde: La opresión de las mujeres se funda sobre el cuerpo cultural de la mujer: sobre su cuerpo vivido. Su sexualidad, sus Laura Manzano-Zambruno 696 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 16 (2019) [pp. 693-697] E-ISSN: 2173-1071 atributos y cualidades diferentes han sido normados, disciplinados y puestos a disposición de la sociedad y del poder, sin que medie la voluntad de las mujeres. (…) Y todas estas características históricas asignadas a las mujeres han sido consideradas naturales, inherentes a una feminidad ahistórica (Lagarde, 2005, p.100). En definitiva, el género es construido y arbitrario, pero no aleatorio; el género está culturalmente asociado a un cuerpo. No se trata de estar de acuerdo con esta normatividad, sino de dar cuenta de su funcionamiento histórico y trabajar en busca de sistemas que la combatan. Una propuesta del feminismo es, precisamente, abolir el género, pues se considera que en una sociedad verdaderamente igualitaria no se produciría esta marca de pertenencia que establece diferencias jerárquicas (de Miguel, 2015, pp.231,232). A la vista está, y así lo corrobora el libro de Fernández-Martorell, que el cuerpo de mujer sigue siendo socialmente considerado una propiedad del hombre y que de ello desencadenan brutales consecuencias. Otra cuestión sobre la que en Capitalismo y cuerpo se pasa de soslayo es la relativa a la prostitución. La autora habla de ella, pero sólo en el pasado, fundamentalmente durante los inicios del sistema capitalista. Establece una diferencia entre la «mujer donada», que es la que el padre concede al marido perpetuando el régimen de propiedad, y la prostituta, que, en teoría, posee el privilegio de la libertad e independencia con respecto al hombre del que la esposa carece. No profundiza ni desarrolla esta perspectiva, sino que simplemente dictamina que la mujer prostituta es autónoma con respecto al hombre. En primer lugar, hubiese resultado pertinente aclarar si en ese momento existía algún tipo de proxenetismo y, en caso de existir, por quiénes era desempeñado. En segundo, se obvia una doble realidad, y es que las mujeres no son consumidoras de prostitución, sólo la ofrecen a hombres: «La prostitución es una práctica por la que los varones se garantizan el acceso grupal y reglado de las mujeres» (de Miguel, 2015, pp.163,164). En la concepción de Fernández-Martorell sobre la prostitución desaparece el elemento de que es el hombre quien paga a la mujer prostituida, es decir, que de los hombres prostituyentes dependen sus ganancias. En modos distintos, ambas dependen del hombre e hipotéticamente ambas pueden «consentir» bibliográfica CAPITALISMO Y CUERPO. CRÍTICA DE LA RAZÓN MASCULINA 697 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 16 (2019) [pp. 693-697] de un modo semejante, guiándose por la búsqueda de una forma de sobrevivir en una época en la que no podían vivir de otra manera. Es por eso que quizá resulte pretencioso hablar de consentimiento en cualquiera de los casos, porque «allí donde no hay igualdad, la libertad es uno de los nombres del abuso» (Valcárcel, 2008, p.27). En conclusión, Capitalismo y cuerpo. Crítica a la razón masculina resulta un libro con ideas interesantes que conviven con algunas que, tratadas con mayor profundidad, hubieran sido más ilustrativas, y con otras que entran conflicto con sus propios planteamientos internos. Bibliografía ––––––– De Miguel, A. (2015). Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección. Madrid: Cátedra. ––––––– Lagarde, M. (2005). Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas. Coyoacán: Universidad Nacional Autónoma de México. ––––––– Valcárcel, A. (2008). Feminismo en el mundo global. Madrid: Cátedra.