La estuarda : tragedia en quatro actos
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/-XNuni. 2CÍ TRAGEDIA. LA ESTUARDA. EN QÜATRO ACTOS, COMPUESTA POR DONA MARIA MARTINEZ ABELLO. ACTORES. María Estuarda ,Reyna de Escocia, Isabela ,Reyna de Inglaterra. Tkomas Nortfolck ,Principe de la sangre. Leycestría ,Principe de la sangre. Pemborh ,Grande de Inglaterra, El Conde de Salusben tencargado de la Estuarda, ACTO P Roberto ,Canciller, Fabricio ,Consejero de Estado, yacobo ,valido de Estuarda ,padre d: Christina jDama de Estuarda. Federica ,confidenta de Isabela, Un Oficial, Acompañamiento de Damas, Comparsa de Soldados, RIMERO. ESCENA I. Salón corto, en que se descubre la Estuarda escribiendo, y^acobo al lado del hufite-, arrodillado sobre una almohada ;se levanta al entregarle la Reyna las cartas. Bst. JL Ahe firmado las cartasjídjJacobo, cerradlas al instaate, ycon presteza dádselas al correo ,por si logran mis desgracias tener alguna enmienda. ICorazón! no presagies infortunios, que, aunque ya reconozco tu nobleza, tío tengo de creerte por ahora, ni he de atender áque las alas muevas. ^ac. Vuestra Real Magestad, no álos pesares les debe conceder tan larga rienda; que el cielo conmovido al ver que sufre penas ysobresaltos con paciencia, trocará las tormentas en bonanzas, porque la tempestad se desvanezca. Est, Ala verdad no sé que responderos, está ya decretado que padezca, lo conozco muy bien, Dios lo dispone, alabo su divina providencia; pero buscar alivio ea los trabajos álos humanos toca, yquien lo ordena, después lo que conviene les envía, •siempre con equidad ycon clsmencia. U^tc. Católica señora ,iqué constancial ¿qué importaaá que tantos reynos pierdas, si tus muchas virtudes te preparan ap, otra mas digna ysuperior diadema 'í Aobedeceros voy. Hace va jfiacobo ,una reverencia ,se yla Reyna se pone en pie, Est. ¡O santo cielo 1 ¡qué temores al alma no atormentan 1 qué Cuidados ,qué sustos no padezco en medio de mi débil resistencia ! Que áno ser el poder que me sostiene, ¿quien duda era forzoso dar en tierra? Esto, Señor, pudiera consolarme; pero es en sumo grado mi tibiezar nací para desdichas ,bien se adviarts, apague el llanto mis ardientes q-aejas* Llora. ESCENA IL Sale Ckristlr.2. Chf. Reyna ,mi señora, pues qué «s esto ?A
La Estuarda. ¿qué disgusto de nuevo os atormenta? quaudo yo irtiaginaba que estuvieseis cou dulces esperanzas mas contenta^ ¿os veo tan confusa, yque es el llanto, el que solo os merezco por respuesta? JSií. ¡Ay, Christina querida! el dolor mío solo contigo yo aliviar pudiera, pero mis infortunios son tan fuertes, que al corazón están abriendo brecha, yno dexan entra» ningún socorro, como encuentran la plaza sin defensa. Ckr- No asi desconfiéis, ¿no veis, señora, como salió triunfante la inocencia con que habéis caminado ,yque no es fácil, aunque al sol se le opongan nubes densas para eclipsar sus rayos ,que subsista en mucha duración ,pues las tinieblas apartando de si ,muestra sus luces con mayor resplandor ymas belleza? Est. ¿Qué importará que el mundo cerciorado haya llegado áestar de mi inocencia, por ver que en un Consejo plenamente ámi favor se diese la sentencia, declarándome libre del delito de aquella iniqua ycriminal sospecha de haber yo sido cómplice en la muerte de mi infeliz esposo: (¿quien pudiera, amado Enrique mió ,darte vida, aunque la suya por la tuya diera?) íQuaatas ansias me cuesta el repetirlo! qué importa (á decir V’.!elvo)r!ue se diera en Loadres la sentencia ya insinuada, yque el rigor del crimen se volviera contra los impostores asesinos, si Isabel en su encono persevera? Cfer.No es posible que quiera verse odiada, sabiendo que en libraros se interesan ios Principes de Europa ;yes preciso que tema su poder. Eíf. Muy mal lo piensas : en mi tiene la prenda mas segura para hacer que sus armas se contengan, recelosos no sea de sus iras la victima mi vida mas sangrienta. CHr. Como ya los pretextos se acabaros para que subsistierais prisionera, ios que fundaba c«uteiosa®eato en tomar ásu cargo la defensa de la muerte del Rey ,por haber sido nacido en Londres, claro está que era' por imputaros tan horrendo crimen, yde ese modo que os desatendieran, yos dexaran morir aprisionada; mas como se frustraron sus ideas, nada puede exponer que sea bien visto, yel Duque de Nortfolcia:;* Est. Cesa ,cesa. Quiere librarme el Duque, no lo ignoro, conozco atentamente su fineza, pero también conozco que es arresto, yque es dificultosa yardua empresa; yen efecto, si cumple lo que ha dicho, entonces le daré la recompensa. Cftf.De todos modos yo creo que en el solio os volváis ámirar yen la grandeza. Est.iQaé imposibles me allanasisi no fuese por lo que me aborrece ámi Isabela, pudiera persuadirme; mas no ignoras el Interes que tiene en verme presa. Ckft Dexad esos discursos por ahora. Est.iQce iüutilniente,amiga,me aconsejasl ¿Podré olvidarme yo,aunque lo procure, que heredera quedé de Inglaterra, ytambién de la Irlanda, por la muerte de la Reyna P4aria ,la que era inmediata áotros muchos, como esposa del Segundo Filipo ,que hoy impera feliz en los dos m.undos; ¡qué desgracia, que tan preciosa vida feneciera ! Cár.jOh! si hubiera vivido, es consiguiente que el culto de la fe permaneciera, pues su catolicismo aseguraba que era su protectora. Est. Yyo la mesma senda hubiera seguido ,si en mis sienes se hubiese colocado la diadema. No quiso Dios cumplirme estos deseos,- ysí que me negasen la obediencia, como lo executaron los rebeldes, yáIsabela juraren por su Reyna, sabiendo que yo Labia de oponerme, yhabía da abolir las falsas sectas, aunque perdiera ia vida que poseo, yotras mil vidas mas, si las tuviera; De este modo subió áocupar el trono, que gosar, como espuria, so debiera, me*’
De Doña Marta mediafita haber nacido ,qual se sabe, hija de Enrique Octavo yde Boleaa, uniendo áeste defecto el dominante de su orgulloso genio ysu soberbia: Añadiendo la envidia ydoble trato, con el que pudo hacerme prisionera; pues faltando ála ley de! hospedage, en que rae aseguraba con cautela (después de ios agravios que rae hizo) una amistad sencilla yverdadera; no fue dificultoso depusiese con alma generosa mis ofensas, yaceptase ei partido que rae hacia; siguiendo del destino la violeaciaj me fié en su palabra. Chr» Quien pensara, que tan bárbaramente la rompiera, por veros fugitiva en sus dominios, huyendo de¡ rigor yla inclemencia de rebeldes vasallos ,que perjuros la libertad amaban de conciencia. Est. Nada la hizo impresión, ni el saber como en un castillo rae tuvieron presa, sacando de mis brazos (¡triste suerte! ) (¡este dolor el alma rae penetra!) ámi querido hijo ,procurando disimular con mi inocente prenda, buscando un colorido ásus trayciones, aparentando lealtad en ellas, áimitación del áspid ,que entre flores el veneno mortal astuto encierra; ni que en tal situación constituida, para huir del peligro yla fiereza de un vulgo amotinado ,monstruo informe, que con tantas cabezas se presenta, tuviera que escaparme en trage de hombre por la eficacia yfina diligencia de algunos nobles ,que atentos vleales átodo riesgo por mi araor se emneñan; yque apenas llegué con el seguro Qquien bazo su palabra no lo hiciera ?) áentrar en sus estados ,guando (;ay triste!) ^^ (el corazón desmaya, el pecho tiembla) mandó que me llevasen sin tardanza, biea castodiada, ea cridad de presa, Martínez, Ahello. yen el pueblo Brotoao rae estuviese con mucha guardia ydobles centinelas. ¡Qué tarde conocí sus artificios, ,yconocí lo mucho que se arriesga quien en mortales fia simulados! ¡O santo Dios ,yquanto anduve necia! pues aunque rae ofendieron mis vasallos, de mi corte no es dable que saliera tan abatida ,como aquí rae veo; este pesar ,Christina ,me atormenta. Ckr. Muy bien lo considero ,es imposible el penetrar ,señora ,las ideas de ios humanos ,ni la antipatía de quien con disimulo se maneja. Est. Razón tienes, mas pues no hay remedio, es preciso apelar ála clemencia, suplicando áIsabela, que me dexe libre salir ,yáFrancia marchar pueda (que dudo conseguirlo )áque mi primo el de Guisa se empeñe ea mi defensa: para esto ,como sabes ,lie dispuesto vaya tu padre ,yasegurarla pueda de todas sus sospechas cavilosas, quando la entregue mi carta de creencia: esto es lo que por mi yo misma hago, por no quejarme de mi negligencia; yañado estotras dos, que ahora he firmado, las que un correo coafideate lleva; al Papa le suplico me dé auxilio para volver áEscocia, porque pueda descansar en mi reyno ,si consigo apaciguar la plebe turbulenta: Lkj mismo ruego al Duque, que hoy ea Flandes tiene el gobierno,yque por mi interceda con su Real Soberano, que piadoso mis desgracias las tome por su cuenta: Todo esto, mi Christina ,ya lo sabes; mas el alma no admite otras ideas, ni Cesa el repetir estos asuntos, como ia causa ds ellos iainas cesa. ESCENA ni. Jacoho ylas mismas. Ya ,señora ,las cartas di al correo, dadme para partir vuestra iicei cía, que actes que el sol lar.ñana ei campo dora A2
La Estuarda. Vernb. Dichoso yo ,que ya de mis ideas he visto ios proyectos emprendidos. ESCENA 11. Se descubre un gabinete ricamente adornado :Isabela yLeycestría. LeycjHabeis ya, gran señora, descansado de lo molesto que Jacobo ha estado? Isr.b.Poí no dará entender mi enojo grave, que ponderarle el alma aun no bien sabe, con impulso violento me retiré impaciente en el momento, por haber comprehendido no le faltaba áEstuarda su partido; que es política sabia disimular áveces al que agravia; no sé como el dolor sintió desmayo^ ni pudo mi paciencia en tal ensayo aguantar áun caduco fementido, que habló tan atrevido, contando por menor toda la historiade la pasada gloria de esa débil mortal aborrecida: Yal ver su narración tan atendida, su intención esforzaba, yen ella acreditaba, que era todo su empeño atraer voluntades ásu dueñot con destreza lo hacia, ycauto conseguía mover los corazones alevosos de algunos, que conozco sospechosos.. Mas vive mi grandeza ypoderlo, que no rae falta brio, gara hacer que ámis pies caigan postrados; los que locos yosados conspiren contra mi, siendo muy cierto les haré conocer su desacierto. Ese reparo, que asi os ha perturbado, no merece tengáis tanto cuidado : £ur.a muger, que se halla aprisionada, 'de sus mismos vasallos olvidada; como puede siterar vuestro sosiego? ¿CJuien hs de estar tan ciego, que quiera fabricar sobra la arena ? (Mas si eso os causa pana, muera Jacobo, ymueran sus, parciales, si es que sabéis de algunos desleales. ?ielo agradezco ;Por ahora. sosegad ese ardor, que os acalora. Leyc.U-acho estimé no dieseis la respuesta hasta hacer,corno es justo, la propuesta al sabio Parlamento ,yque decida si será conducente su salida. Isa- ¿Comoha de conducir? solo estar presa es lo que me interesa; dixe lo propondría al Parlamento, fue solo fingimiento, quando reconocí las intenciones, yadvertí en los semblantes mutaciones de muchos,que esperaban mi expediente, yasi determiné tan prontamente. Leyí. Vuestro ingenio, señora, soberano encuentra los aciertos de antemano: yo también sospeché, quise indagarlo, pero no fue posible averiguarlo. Isa-iY acaso sabéis vos por quien lo digo? Leyc- $i el semblante es testigo del que se halla culpado, yes el que os ha informado, ámi también reconocer rae ha hecho lo que se oculta dentro de algún pecho. Isab- Pues que sus intenciones comprehendemos, aunque por ser quien son disimulemos,- estemos ála mira, por si alguno en mi daño se conspira. LeyCm ¿Quien ha de conspirar ?no temáis nada, que al filo de mi espada morirán mas traydores, que arenas tiene ei mar,yel campo flores*- Isab- Duque de Leycestría generoso, áquien tuve intención de hacer nii esposo que vuestra sangre -real lo merecía por los enlaces que tiene con la nua! De TOS reconocida ymuy pagada sier.’~re he vivido; no nací indinada al viñedo nupcial ,yestoy contentar puos esa sujeción me miro exénta* Princin-es aiferenies han querido hacer que mi altivez diera ápartido.- yyo para alentar sus confianzas les asomaba un lejos de esperanzase siendo aquel cebo dulce eatreterádaj que me hizo tantas veces atrevidas ycon tal artificio ydilaciones pude reconocer sus intenciones.
De Doña María Martínez Ai'ellO’ hasta qua al fin, ya de esperar cansados, dexabaa de insistir en sus cuidados. Pero aunque no es mi intento sujetarme áun esposo, que llegue ádorainarrae, ni darle ánadie parte en mi alvedrio, que quiero solamente que sea mío; Ño le impide ámi afecto que os estimé, quando reconocida el alma imprime las finezas, que siempre os ha debido, álas que atenta os he correspondido; •en cuya inteligencia hablaros quiero sobre el dis ;urso que empecé primero» Ya di áentender lo miicbo que interesa ini estado en que subsisca Eituarda presa; ella me ha de heredar forzosamente; (si es que rae sobrevive) ss evidente, que siendo esta innger tenaz Prpista, no iá querrá admitir el C^.ivinista, ni la querrá aclamar el Luterano; que el Católico entonces, poco humano, ásangre yfuego mo'.'orá ia guerra, yarroyos de coral sobre la tierra inundarán su grande pa-flmento, perdiendo su hermosura yornimónto, las extensas camparlas conmevidas, al ver tantas reliquias ejiaarcidas de humanos cuerpos,cuya muchedumbre darán hasta álos vientos pesadumbre; igual conñicto padecerá la gente, que el que se ve-enla Fiandes actualmente. lOh ,nunca tanto horror aquí suceda! que no daré iagar, como yo pueda, que llegue ádominar poder tirano la isla mas bella que tiene el Océano» Yporque puede ser muy contingente, prevenir el remedio es conducente, conceder quiero áEstuarda la salida, poj no verme del mundo aborrecida, la libertad diré que darla quiero, como siga la secta de Lutero, yme entregue en rehenes ásu hijo, que no lo aceptará tengo por nxo; pero yo quedare bien co.nceptuada, haciendo ver que no la negué nada, que estas ósemejantes condiciones suelen capitularse en ocasiones, conseguirá mi astucia de este modo, que viva en la prisión el tiempo todo, Que ámi me dé la ganajy muera en ella, que ese será el inñuso de su estrella» Ysin hacer del tiempo desperdicio, haréis vaya Roberto con Fabricio ádarla la respuesta ,yse autorice (por dar satisfacción) quanto ella dice. Al Conde Sálusben, que está encargado de guardar su persona con cuidado, le llevarán la orden ,que áJacobo no permita salir de ningún modo del castillo sin mi real permiso; álos puertos de mar se dará aviso de que registren quantos pasageros, ya sean nacionales, ya extrangeros, entren ysalgan, sin que fuero aleguen, que ámi seguridad atender deben» ¡Oh, msmoria cruel, coa quanto empeño quieres que vea de la fortuna el ceñol Pero mis precauciones serán tales, .que al destino sabré vencer los raaíes. Leyct ¿Quien conociendo en vos tanto ta-. lento podrá no veneraros por portento ? lo habéis dispuesto coa tan sabios modos que nueva admiración causará qtoaos» voy para disponer que vayan luego, yque asi consigáis tenar sosiego. VanU ESCENA III. Se muda el teatro en la habitación de la Estuarda como al principio yChristina sola> Chr> En confusión me tiene la reserva con que ral padre está ála Reyna hablando, no bien llegó al castillo, quando al pun* to entró en su gabinete ,y" rezelando que le escuchase yo ,mandó salirme, el semblante confuso ydemudado: yaunque le^^regunté como venia, no quiso responderme, ¡qué cuidado me causa este sigilo! ¿Qué habrá habido ? ¡oh,quanto temo que haya sido en vano de mi padre ia ida! yo me aflijo, me quiero retirar hácia mi quarto por dar ámis pesares desahogo, . que es imposible contener ya el llanto. R2ES-
La E'stuarda. ESCENA IV. Estuarda yyacnto^ Est. Aunque iate.ateis ,Jacobo ,persuadirme, no es posible iiegueis áconseguirlo: jVo discurrir salir ds estas prisiones? ¿yo abanaonar lo triste de este sitio, ámenos que áotra parte no me llev'en, yañadan una mas álas que han sido? Todas las esperanzas insinuadas el ayre se las lleva en mis suspirosr remitir la propuesta al Parlamento <segun esa tirana muger disto) íue para diferir ei concederlo,, sin que intención tuviese de cumplirlo: esto mi corazón lo adivinaba, pero poner los medioii fue preciso; por si" io conseguia, escribí al Papa, para volver áEscctsia coa su arrimo á, recobrar mi reyno ;tigualmente con el de Flanctes solicité lo mismo. Ei Duque de ííortfoicia ,por librarme, de les dos con sus ruegos se ha valido, porque le den sqeorro, el que está proatdj ¿no es io que en este instante me habéis dicho ? Sí ,señora, yque también la orden para su desembarco ha remitido el Duque. Est.- Yá lo sé; mas de todo eso muy malas consequencias pronostico, el alma me lo dice, ella no miente, ya vereis si no sale, el vaticinio. Jac- ¿Quien pudiera, señora ,consolaros^ sin. tener la osadía de arguiros ? ESCENA V. Salé si Conde de Salusben.- Sal. Roberto ,el Canciller ,licencia os pide j. porque dice que hablaros es preciso : 'Eabric.ío le acompaña, el Consejero d.e E.stado, que otras veces habéis' visto. Esí. Muy bien m® acuerdo ,que áresids.ficisrrae en varias osasiones, ha venido, e-sta vendrá á!o mismo, ¿quien lo dada? decidles, Conde, que les doy pemiSOc S.s: entra -Sl Conds.: ESCENA VI. Roberto yFabricio» Los dos. Avuestros reales pies» Est. Alzad del suelo, ydecid: ¿con que intento habéis venido? Rob. La gran Rsyna Isabela, Soberana, de toda la Inglaterra ,yasimismo de Irlanda ,cabeza de la Iglesia.. Anglicana. Est. Dexad de referirlo, sé lo que es Isabela, yeso basta. yac. ¿Con quanta magestad ha respondido ?ap. : Fab. Atajó con desprecio sus dictados, ap, | Rob.Ror mi os saluda,ydice que ha sentido * lo que en tan largo tiempo habéis pasado,.^ pero que á la justicia era debido v patentizar el hecho de la muerte de vuestro esposo, por haber nacido í en la Corte de Londres. | Est. Sí por cierto, j ese es el interés que la ha movido í para tenerme presa yencerrada, ' faltando ála piedad del sacro hospició*:; Proseguid ,pues. ‘ Rob. Esmalte es que os adorna, asi vuestra inocencia se ha sabido: - atenta vuestra prima átodo esto quiera ia libertad restituiros, i libre podréis salir qurndo gustareis» Est. ¿Cielos ,si estoy soñando?. ¿qué ha—: beis dicho ? Rob.Qae podéis irá Francia en horab'uena^ que es lo que con instancia habéis dido; I pero dos condiciones íolament>. habéis de conceder. Est, Tiemblo de oírlo, : ¿rué será lo que pida? ¿quién pudief» ; ignorarlo ysaberlo áun tiempo mii*; mc' ?apA si fueren aseqniblís ,como espero, ? quanto mi prima diga vo confirm.o. -. Rob, Que de Escosia al Principe heredefOí . con algunos magnates escogidos, habéis da hacer venir incontinenti, quedando por rehenes::: Ksti Mal me sninio; •, Se levanta furiosa. | ni ! .f i i
De Doña María jii aun siquiera acabéis de pronunciarlo, que no quiero escucharlo. ¡Ay,hijo mió! ¡Yo hacerte esa traycioa! No, no, hijo amado; no buscará tu madre en tu peligro su rescate ,que era amucha costa; vive feliz ,vive tu ,bien nrio; yacabe entre desdichas ytormentos la que es de la fortuna blanco indigno; ¿qué fiera no se espone álas violencias, por defender sus pequeñuelos hijos? el ave mas sencilla ,asus pOiluelos los cubre con las alas en el nido, pensando libertarios da los riesgos, yacreditar ccn ellos su cariño; pues si es naturaleza la maestra, yla que les infunde aquel iastiato;. ¿cómo yo racional podré olvidarme •del maternal amor, queme es debido? ¿podré ser yo mas fiera que las fieras? ¿qué asi he de abandonar áun solo hijo, que mi infeliz esposo me ha desado por prenda de un amor tan tierno yfino? Decidla áesa inhumaría, que no quiero la dulce libertad que me ha ofrecido; que moriré primero aprisionada, que conformarme ámedios tan indignos. Sal- Lastima me ha causado el escucharla. Pp* B-ob- Apiedad sus querellas me. han movido. Pp. ífaZi.Conipadecido quedo dé su suerte, np» ^ac. ¡Oh, infeliz Soberana! ¿qué hado impío «p. pudo contrarestar aquel dichoso,- que te hizo 'prosperar en tas principios?' Roh. Señora, suspended el sentimiento; considerad que aun felta otro p.artido, el qual si le aceptáis ,será posible se conforme la Reyna ;yque movido Su corszon de vuestras aflicciones, no quiera padezcáis tanto martirio, permitiendo salgáis de vuestro arresto, . sin que salga de Escosia vuestro hijo. - Como no hay condición, que igualar Pueda ácompensar un precio tan subido;: por imposible tengo qua revoque iq, qus ya ha, decretado ea daáq KÍc.; ; Martínez Abello. quanto me propongáis será muy poco en atención álo que habéis pedido. Bob- Dice la Reyna de la Gran Bretaña, que habéis de detestar el fanatismo de la Romana Iglesia ,renunciando de vuestra religión aquellos ritos, que la Anglicana Iglesia ha desechado, yque habéis de admitirlos que segaiin.ijs. Bst. Idosde aqui ,impios mensageros, que no puedo aguantaros, ni sufriros: no apuréis mi paciencia, que no es dable llegaros áescuchar tantos delirios. ¿Sacrilegos ,tratáis asi ála Iglesia ? ¿Pues qué no reparáis que habíais coamigo ? ¿Mi religión queréis que yo detestcj^ ysiga vuestro torpe barbasismo ? ¿Los errores del alemaa Lutero ? ¿ó aquellos que extendió después CaL- vino ? ¿Al Papa la obediencia decís niegue? ¿Al Vicario de Christo ?¿aquel que hasido sucesor de San Pedro ?No pos cierto: ¿La católica fe, que doce siglos se mantuvo constante en su purez.a- en todos estos reynos pervertidos, yo habla de dexar ?sabréprimero álos agudos filos de un cuchillo entregar mi garganta, yque se sacíe la que tales convenios me lia ofrecido, Decidla,pues,que en la prisión me quedo, que haga quanto gustare, allá ásu arbitrio.. Si cosa mas sensible, que la vida, tuviera que perder, del modo nusmola entregara primero ásus rigores, que yo condescendiera ásus partidos,- Kbb. No asi nos ultrajéis; mirad,, señora, que obedecer al Rey nunca es delito. Síí. Razón teneis, dexadme con mis penas. - Espero que firméis lo que habéis di* - cho. Est- Coa sangre dé mis venas estoyprontas- Pero como verbal rae habéis traído el orden de Isabela ,es escusarfo el que yo la contexteñor eccriic. Ccmo nO -dist.eis tíei.., .:.i á¿.os cy^s, .
La Esfuarda. ynoí los atajasteis al principio, no tuvimos lugar para mostrarla. Saca un plieíro. i. Est.Yz sin haberla visto os he creído: no ha menester firmar la que se ofrece ásustentar lo mismo que os ha dicho. Vase fyJacoho la sigue. JR.ob. Conde de Salusben, tened cuidado, que en una prisionera no ha cabido tener tal altivez ytal constancia, sino llega alentarla algún motivo. Fab. Confuso me ha denado la arrogancia con que las quejas al Valor ha urádo: inuger para esforzar sus sentimientos, varón para ofrecerse álos aeiigros. Sal. Es natural en ella este ardimiento, ¿quien como yo lo puede haber sabido después de tanto tiempo que la trato? Pero aunque la conozco ,no descuido en atender ásus operaclonesj porque está en lo contrario mi peligro; le diréis ála Reyna ,mi señora, sus mandatos serán obedecidos. Rob. Asi se lo diremos ;áDios ,Conde. Fab. Ei cielo os guarde. Saf. El os prospere ,amigos. -Vanse. ACTO TERCERO. ESCENA I. Salón corto iNorifolcia yPembork, ííortf. Llegó ei preciso tiempo, que ála queja, con que tanto culpasteis mi amor fiaO, pueda satisfaceros ,con que nada tengáis mas que exigir ,esto os afirmo, en vuestras manos pongo honor yvida; ei cuidado mayor de vos confio, de la Reyna María la defensa, después que la prisión se haya rompido, donde iréis ásacarla, os encomiendo: ved si ya mi palabra os he cumplido, los diez mil Italianos los primeros son los que en esta empresa han de asistiros, mientras que ya^coa animoso esfuerzo ála torre de Londres me encamino con ios otros diez mil que rae da Esnaña, ylos demás que tengo prevenidos, la que una vez tomada, es consiguiente que todos se sujeten á mi arbitrio, aciaraando ála Reyna verdadera, yála intrusa dándola el castigo, que tienen merecido sus crueldades, su rigor 5su soberbia ysu artificio. Pem- El honor que me hacéis es de manen sublime, extraordinario yexcesivo, que no encuentro palabras coa que puedj daros áconocer lo agradecido que quedo ávuestro encargo ,sea el si. lencio, ymis operaciones los testigos, que acrediten por mi lo que ahora callo, sabré perder la vida por serviros. Nortf. Yyo expone-" la raía átodo traaé por defender la viestra, que es debidoi Femé.Basta,no digáis -ñas, que yaconoeo que admiración sen-,nos de los siglos prevendré ámis amigos yparientes para que esten dispuesto; yadvertidas Nortf. Quaaco vos dispongáis será biít hecho : hoy hablar á Isabela determino, para darla áentender, que ámis estad* irme por algún tiempo solicito; yen saliendo de Londres, díofrczads ála isla de Wicht ,puerto eiegídojii para que los soldados desembarque^ me iré, donde estaré siempre escondii^ esperaré entre tanto que la armada con las nevadas lonas me dé aviso ‘ de que.crugiendo el parche.acudan todí| los que se han de alistar en mi partido! ála mira estaréis de este suceso, yacudiréis al cargo conferido. Pemb.Toáo se hará comoteneis dispuostf áDios ,hasta después. Nortf. ADios ,amigo. ESCENA II. , : El teatro se muda en una galería con al Tumesis ,en donde se zieit algunas í* barcaciones, éinmediata deste rio seVí figurada la gran torre de Londres. Isabela, Roberto yFabricio. Isah. ¿Con qué tanta altivez la Estusi^ tiene ? Fa&.Estoeslo queálosdos ha respondió Isab.Yo cortaré ios vuelos que la elevan yo
De Doña Mífí-ía Martínez 'Abello. í yo abatiré su orgullo presuciido. Rob. Bien será menester,que álas noticias que de Fiandes tenennos ,es preciso que esteraos preparados, no nos coja tal vea. una sorpresa de improviso; 1que por mas que se tenga por jpequeño, ao debe despreciarse al enemigo: Iademas de que el Papa mucha gente lia levantado, que según supimos pasan de diez mil hombres los que es» peran orden para embarcarse ;ylos indicios yiros hacen presumir si ála Escocesa la querrán libertar. &Isab. Es desvario : K¿Qué sirven diez mil hombres? ¿ni aunique fueran Pquatro veces diez mil? ¿al poderlo mis armas qué sirve todo eso ? ningún temor me da; sí, aliento mió, «p. no demos áentender cupo desmayo en quien tanto valor siempre ha tenido. Finjamos, que rae importa obscurecerles esta vez mas que nunca mi peligro. ESCENA ni. íSalen Leycestria yun Oficial. Jiryc-Este Oficial, señora, hablaros qiiierej yentregaros dos pliegos ,ámi vino para que ávuestros pies le conduxera, diciendome que el orden,que ha traído, es de que los pusiera en vuestra mano, que solo de esa suerte habrá cumplido. ísab. Llegad: dadme los pliegos. Ofic. Soy dichoso, pues besar vuestra mano líe merecido. Hinca la rodilla, yla entrega los pliegos. Isab. Oeciásae ,antes de abrirlos, ¿qué hay de nuevo ? -Ojie. Hay, señora, bastante ;haber cogido un barco Holandés áun pasagero, Ique se hizo sospechoso por indicios : iApenas en el puerto echó las anclas, isin que átierra ninguno hubiese ido, Í quando fue registrado exactamente, que aunque es puerto Douvres favoreciíc® ^Con grandes priyilegibs,queezcepcioiian Iálos que dentro de él toman asilo, iteaeis maaáfdo que ninguno,- ya sea nacional ,ya advenedizo, se pueda resistir, ni alegar fucío, obedeciendo el orden referido fue muy fácil halla? dentro del buque cantidad de dinero sin destino; el Capitán del barco dixo que era de un Italiano ,que ábordo se le vino al salir de Calés ,puerto que dista de Douvres siete leguas ,dió motivo sola esta información de que se hiciese en el misino Italiano otro registro; en el pecho le hallaron esos pliegos, yal punto áuna prisión fue conducido^ aunque varias preguntas se le han hecho, no contexta áninguna ;Yo he venido del General, que manda aquella plaza, enviado en el momento. Isab. Habéis cumplido; Idos ádescansar, mientras dispongo' aquello que conduzca ámi servicio. Vase el Oficial ,haciendo una revereneicir Isabela abre los pliegos. Este dice: Ala heroyea María Estuarda,. Reyna de Inglaterra; [Buen principio! de la Irlanda yla Escosia; yen este oteo?- ATomas de Nortfolcla Duque invicto;' del Papa son entrambas; leedlas,Duque, que tal es el veneno ,que he bebido, que de la vista al alma se ha pasado^, yapenas me da aliento áresistirlQ» Lee Leyeestria. Amado hijo :En quanto recibimos vues-^ tra carta ,se dispuso el apresto d» los diez mil hombres ,los que ss irán ájua-- tar con los diez mil Españoles ,que os envía el Gobernador de Píandes. Rogamos al Todopoderoso llegue la armada con felicidad ádar fondo en la isla de: Wicht ,que como es la mas áproposito, por estar enfrente de Londres ,será mas fácil tomar la torre de esa Ciudad coa la gente Española ,yque la Italiana saque ánuestra amada hija María dal po-- der del Conde de Sal'usben. Esperamos que logradas vuestras buenas disposiciónnes (que aprobamos como tales jen la unión conjugal, trabajareis incesante— mente en £::t;rpar las hereg^ias de esos: rexnes*' El demisericordias os: con®-
La Estuarda. -conserve en su gracia ,yos favorezca en t£R ardua empresa. Recibid coa nuestra bendición esos doce mil cruzados para ayuda ds gastos. Dada en Roma, sellada con ei anillo dei Pescador. Jíiíi.No es necesario ma3,que ya se advierte que el Papa es quien la firma ;la substancia de esa otra será en el mismo estilo: El corazón en ira se me abrasa. Leyc. ¿No queréis que la lea? Isjb. Sí ,es preciso. Lee Leyc- Amada hija, coluna de la fe: Recibimos la carta de V. M. en la que jios pediais socorro ,el que para librados de la cismática Isabela os teníamos preparado de ante mano áruegos -del Duque de Nortfolcia ,quien no quería comunicaros sus disposiciones hasta tenerlas perficioaadas::: Xysb- No prosigáis.supuesto que no puedo aguantar esas clausulas pesadas, que penetrantes tanto; es cada letra la mas aguda ymas punzante espada, que, rompiéndome ei pecho, se introduce al corazoa, áquien anima ei alma, solo para ous pueda entre tormentos padecer una muerte prolongada. Esas dos viles cartas romper quiero, atomos mi furor al ayre espárza, sus negras lineas (áspides funestos) desechas ,sin concepto yconcordancia, perezcan ámi impulso. Le arrebata las cartas furiosa, yal quererlas romper, Leycestríá la Atiene» Leyc. Ved, señora, qua son testigos fieles esas cartas, que en la mas dura acción podrán serviros, yquedareis con ellas disculpada; acriminando en todo ála Escocesa, yvos saliendo siempre vindicada, yde esta suerte lograreis Segura el extremo mayor de la venganza. Isab. Razón teñáis ,yo quiero reportarme, ypues que ya el respeto no embaraza mi ardiente proceder ,sea el castigo la quietud de mi reyno yde mi casa. Rol^.Haceis muy bien, tómense ai instante todas las providencias necesarias, refuércense las plazas con pertrechos, porque las guarniciones sean dobladas, las tropas en cuarteles reunidas, en donde la atención se ve que llama, esten dispuestas, yen-Ilegando el casou Leyc.Kso me toca ámi, que de las armas soy General ,yen las disposiciones ninguno entender debe, ámi me basta. Rol?.En lo que toca ávosjcomo es posible? es distinto el sentido en que se habla: pero si lo apuráis ,no faera extraño, las materias de Estado átodo abrazan, Jsab. Varaos álo primero :ála Escocesa se la pondrá en prisión mas apretada; áSalusben se llevará la orden, yque esta se execote sin tardanzat acortarla es preciso la familia, ydoblarle ei numero de guardiast Antes de conducirla se interrogue sobre los contenidos de las cartas, con lo que respondiese,ycon las mismas se formará el proceso de su causa, yen un pleno Consejo, que compuestOi de sugetos será de mi confianza, se dará la sentencia que merezca, ysu culpa será patentizada. Igualmente áNortfolcia se examine^ • sin omitir ninguna circunstancia; procurando saber los inculcados, ‘ que es lo que me interesa; pues es clafii cosa ,que ei enemigo que está oculto ¡ .es mas temible, por ser mas simulada la intención que recaía su cautela, lo que se logrará ,quando en su cáSí? se registren quaatos papeles tenga I con exacto cuidado yeficacia. En obscuras prisiones sus criados esten ,hasta saber lo que declaran. Aia torre de Londres irá el Duque, yapenas de las luces la vanguardia dexe la retaguardia ce las sombras, “ per no serie ya entonces necesarias, yantes que el sol,monarca de los astros, ^ la luciente carroza muestre clara, saldrá déla prisión bien custodiado, quando la tropa esté sobre las armaSf yen la anchurosa plaza,en un ca'dahalso» del cuello la cabeza separada, en
De Doña María eií jnátios de un verdugo ,será exemplo áios que con traydoras confianzas aspiren áelevarse al solio regio: La, victima ha de ser que sobre el ara salpicará primero el altar sacro, mas no por eso aplacará mi saña, jF*aKAuaque lo habéis pensado sabiamente, pues su trayoion está justificada, .ycon este castigo repentino se apagará el incendio que amenaza, temiendo dada qual igual suceso: si dentro en la prisión se executara se evitaría, que tan ruidoso estruendo ámuchos de los suyos no excitara áremover los ánimos inquietos, que los Papistas son gente arrestada, yhay tantos encubiertos:;- Isabt Nada importa: si como vos decís se executara, pensarían que el miedo iba ála parte, toda vuestra sospecha es infundada: ai Oficial, que traxo los dos pliegos, no quiero detenerle ,que se vaya, porque ásu General lleve la orden de que al reo Italiano se le haga, áfuerza de tormentos, que declare todo lo que supiere ;ysubstanciada su causa ,se le condene ámuerte, la que se le dará en la misma plaza de Douvres ;pues que su mayor delito es el haber venido por el Papa, tos doce mil cruzados Martínez Ahello. __ 2qué pretendéis? hablad; iquhcazo» íuque. entren luego en mi Tesorería ,yque se añsda Real quanto tuviere el D rpudiese asi quedar vengada! pdexais, señora, que advertiros, p r Ami solo aprender algo me basta, «o. X? ami el obedecer solo me importa máximas tan discretas yacertadas. escena IV. ale Nortfolcia ,se sorprenden todos , y detiene como confuso. Nortf Todos se han inmutado coa mi vista, ^sé qué pesar me anuncia el alma! isao. ¿Que es eso. Duque? ¿no llegáis á hablarme ? ^ortf.A que di ^ 'igno^r aguardaba. barda? Nortf. El que me deis licencia, solicito, para irá mis «stado. Isab. ¿Qué lo causa? Nortf, El divertirme por algunos días en el noble exercicio de la caza. Isab. Mas vale el de la guerra. Nortf Sí ,señora, pero mientras están quietas las armas::- Isab. ¿Quien os dixo que quietas ?sabéis poco, el mayor movimiento las aguarda. Nortf. De eso estaba ignorante. Ifab. No es extraño; escuchad ,ysabréis lo que ahora pasa. Una noticia acaban da traerme, que me ha puesto en cuidado;una celada me están armando algunos enemigos. Nortf. ¡Si la conspiración es declarada !ao. Isab. Ypara contener ámis contrarios aqui vuestra persona me hace falta : ála torre de Londres tomar quieren, con ocuparla vos está guardada. Nortf. Yo;:; sí::; Isab. ¿De qué os turbáis? Nortf. No sé lo que os diga. Is.íQixe me habéis de decir? dadle la espada áLeycestrí?,, que está con vos violenta, yal lado ds un traydor mal empleada» Nort. Traydor no, vive el cielo, yquien lo cree::- Isab. ¿Cómo? ¿qué aun replicáis? ¿Ha de mi guardia ? Sale la tropa que pueda, yo lo creo ,lo digo ,yno me engaño: Reparad esas firmas yesas cartas, leedlas, yentregádselas al Duque de Leycestría, quaado le deis la espada; muy pocas horas ya de vida os quedan, ved si puede valeros María Estuarda. -í\OKtjt Sscucliadme. Isab. No tengo ya que oiros, Vuelve la espalda. venid los dos conmigo ,porque vavai.s adecina el estado en que su amante se niira reducido por su causa. ti.icra estado Nortfolcla leyendo, sin atsn'^ iisrqlo ultimo que dixo luRs^na. .C'Kob.
La Estmrda. Rob. Grande valor demuestra el de Nortfolcía. Vase^ Fabr, Admirado me tiene su constancia. Nortf. Tomad esos dos pliegos ,qaanto en ellos se manifiesta ha deseado el alma : tomad mi espada, que estaba prevenida para la noble empresa que aguardaba; lo adverso de mi estrella lo ha truncado., íAy ,infelice Reyna María Estuardal no siento mi tragedia lastimosa, solo me compadece tu desgracia: blanco eres de desdichas,bien se advierte espuesta. álos rigores de una ingrata. Ya no puedo valerte ,por ti muero, ypor mi religión tan venerada : Recibe el sentimiento ,que padezco ea mirar mis ideas malogradas, colocarte en el trono presumía, yátu prisión he puesto dobles guardias. Pero no es tiempo ya de estos discursos, otros me importan mas,esos me llaman, vamos ádisponernos ,que es muy breve el plazo que me queda ,yla jornada es muy larga ;dadme, señor piadoso,, en el-trance temóle que me aguarda, auzilios coa que pueda conformarme; juzgad benignamente vos mi causa.. Dadme valor, ydadme resistencia cara sufrir la afrenta ymuerte amarga. ^Decidme, Duque, sabéis vos áque hora ha de ser mi tragedia execwtada? Leyc.Püí la mañana, al aclarar el dia. Nortf. jEn que parage? Leyc..En la. anchurosa plaza.. No,rae preguntéis mas, que enternecido estoy de contemplar vuestras desgracias. ¿A quien no compadece su infortunio? ¡oh, juventud; tan pronto malograda! confieso que me infunde sentimieato.np. Nortf. -¿í la torre guiad ,no la tardanza, motive áque sospechen ,que es efectO' de flaqueza ótemor que rae acobarda; A' Dios,palacio;á Dios, deudos yamigos, ei mundo admirará mi suerte infausta, V, en los futuros siglos, en la hi.storia se. contará ,que si entregó en la plaza; em manos de un verdugo la cabeza ed. claque d.e.Noítíbicia,, f^e, la qauia-. ser católico fiel ,ser compasivo • con la que veneró por Soberana. ESCENA V. Salón corto cen mirador dla campañat sale Estuarda como mirando hacia el campo ,Saltisben ,facobo yChristina. Est. Mis queridos amigos, ¡qué dé males áel alma en esteinstaásteao atorraentaol esa extensa campaña estoy mirando, ¡ay, infeliz! de gente de armas llena, sin duda ámi me buscan, ¿qué me quie. ren, quando me ven tan abatida ypresa? ^ac. También dos caballeros se apearon . de una carroza, yhácia aqui se acercan; Sal. Esta es gran novedad, árecibirlos. voy sin tardanza. ; Chr. ¡Oh, si acaso fuera que os dieran libertad! Est. Calla, Christina, que tu sacas muy mal la consequenciat rae juzgan olvidada ysin amparo, u ypor eso crueles me atropellan. ' ¿Posible es, hijo raio, que te olvides de tu infelice madre, yque no puedas ponerla en libertad ?mas los traydows sen los que te lo estorban yaconsejan* Podráserllegue tiempo en que conozcas,^ lleno de confusión yde vergüenza, | qaanto en esto faltaste á. tus deberes, j yal que exige también naturaleza» i ESCENA VI. i Salen el Canciller, Fabricio ySalusheii>i Fníf. Noes en nosotros culpa el molestaron; quando nos estimula la obediencia, j después de haber be; ado vuestra forzoso nos será cumplir con eH^ Est. Decid lo que queréis, con ese estiw probasteis tantas veces mi' paciencia* | Ro¿. La Reyna, mi señora, nos envi# ; áfin de que os tomemos residenci# sobre aigunas intrigas criminales en que estáis inculcada :La primeé’ es la carta que al Papa habéis escritOi pidiéndole socorro con presteza; igualmente ála Flandes le pedisteis; por perturbar la paz de Inglaterra, ypor subir al trono ,que hoy ocoP &u augusta Soberana ,de manera»
Ve Voña Maña «ue Hasta su misma vida amenazaba la execrable maldad >que descubierta fue con el agresor ;no admite duda que lo dispuso asi la providencia, para mostrar al mundo los intentos del Duque de ISTortfoleia ,que la pena ha padecido ya de su delito, habiéndole cdrtado la cabeza en la plaza de Londres ;porque quiso, casándose con vos ,que la diadema le ciñera las sienes ,ypara esto aolicicó que el Papa le asistiera con dinero ycoa armas ,yque España con socorros también contribuyera. Esto lo sabéis vos ,yá se supone, ysabréis como el Papa la obediencia ála Reyaa mandó que se negase con censuras, que hicieron poca fuerza^ que muchos nobles han solicitado salir en vuestro obsequio ála defensa. Estos los cargos son, que se os hacení que me deis es forzoso la respuesta» Est~ Si ía daré jpero advertir se debe, en quanto álo primero, que soy Reyna, yque áningún mortal es permitido el juzgar álas Reyes ,quando sea que como humanos hayan incurrido en algunos defectos óflaquezas. Gobernar sus acciones solamente áDios le toca ,su poder lo ordenaj contra todo derecho se me tiene tanto tiempo en prisiones, si la adversa suerte me ha conducido.ó lo mas cierto el orden del destino, áque me vea en esta esclavitud .jamas por eso mi magestad es menos de lo que era» Yo no debo participar mis hechos, porque ánadie en el mundo estoy sujeta, al Papa solamente, al que, sí, he escrito para lograr salir da Inglaterra árecobrar mi reyno coa su ayuda, dexando en sus dominios áIsabela. No desprecié el auxilio de la Flandes como se encaminaba ámi defensa: del Duque de Nortfolcia ios intentos, en punto al casamiento, es cosa cierta que el Conde de Alencastre me propaso, al que escuché con harta indiferencia; ysolo respondí ,que si algún dia arbitra de íai.nüsma yo me yíerai Martines Ahello. _^ atenta ásu favor ,no olvidaría lo que me aseguraba su fineza. Mandé no se me hablase mas en esto hasta llegar el caso ,su obediencia acreditó conmigo de tal suerte, que jamas de lo que hizo me dió cuenta. Ultimamente sus disposiciones las llegué ápenetrar por incidencia, supe que libertarme pretendía, pero no que ála vida de Isabela la llegaba áofender, ni el pensamiento, que lío era dable que yo lo consintierar que muchos de los nobles le asistían también lo supejy que por mi se empeñan. En tal coaspiracion no rae he mezclado, ni yo les he inducido áque lo hicieranj que si he solicitado verme libre, há sido con las armas forasteras: ^ La razón que áhacerlo me habilita al cielo está clamando yála tierra. Monarcas perseguidos, sí, se han visto puestos en el rigor de una cadena, porque fueron vencidos yarruinados; mas venir ea la paz ,buscar clemencia, yhallar tanto rigor ¿cómo es posible, solo puede caber esta fiereza en quien neblí furioso se encarniza • con las garras yél pico en blanda presa. ¿Ni cómo puede ser tener aguante, rotos los diques ya de la paciencia? Ni que extraño será que solicite, aquella áquien conduxo su inocencia, yqual cordera se entregó al cuchillo, ‘apartarse ,yhuir si el dolor liega ápenetrar su pecho temeroso, ^ éimpulso natural se lo aconseja? De las censuras no he sabido nada, ¿si tan rodeada estoy de centinelas, cómo podré saber lo que allá pasa? Todo ^so ignoro ,la verdad es esta, que juraré sobre los Evangelios, si alguna duda en mis descargos queda. Fab. No os molestéis ea afirmar lo dicho, nosotros ya lo olmos ,mas la Reyna sabrá lo que ha da hacer. Est. ¡Cielos divinos! «p» ¡qué énfasis tan mortales! ¿quien supiera de estos nuncios Infaustos los designios? ya considero la intención que llevan, •á qu« yo les pregunte sólo aguardan, Ca apu-
La Estuarda. Ckf. ¡Oh,qii{: infeliz! No sé que responderla, ¡ah, mi Reyna yseñora! ¡quien pensára que una sentencia injusta os condasera átan fatal estado !¡yyo no muero, por mas esfuerzos que el dolor me enseña ! Pero ¿qué turbación me desvanece, que todos mis sentidos atropella? un sudor frió se esparce por mi cuerpo, el aliento embargado apenas desa que pueda proseguinrmuero de angustia. €(ie desmayada en brazos de ¡as Damas, ysu padre acude ásocorrerla- ^ac- ¡Otro pesar, desdichas! ¡Hay mas penas ! Est* Esemplo es de lealtad. jFac. ¿Hija, qué es esto? Est. ¡Ah, mi pobre Christina! ¡Qué fineza! el sentimiento en ti ha podido tanto, que por mi amor asi tu vida arriesgas? ¿y con señas de muerta das Indicios de adelantarte en la espinosa senda? Retiradla de aqui ,que en Dios espero que ha de volver muy pronto me atormenta mirarla de esa suerte por mi causa, llevadla ávuestro quarto ,no me vea. Esto dice dJacobo- ni dét salga hasta tanto que se acaba de executar mi lastimosa' escena, demasiado sensible se ha mostrado, yes, imposible en su delicadeza^ que pueda presenciar el mortal golpe. ^ac. En todo os sacr'.fico mi obediencia.. Jí^afise llorando ^,acoho y¡as DaiTtas, ^ue Uevan dChristina. Eíí.Pues que sola he quedado,¡Dios eterno! con vos mi corazón alivio ten?a, reconozco, señor, vuestras piedades yvuestra liberal magnificencia, después del beneficio de crearme, yde infundirme ua alma tan perfecta, que avuestro inmortal séres parecida, me diste un reynoenunaedad tan tierna, que apenas salí al mundo de aquel caos 6seno maternal me encontré. Reyna; al paso: que crecí ,vuestros favores em mi se duplicaron coa maa fuerza, dándome, á. conocer vuestra ley santa,, ain qus la. obscuridad de las. tinieblas. en que tantos se miran confundidos, ni aun ámi pensamiento se atrevleriu- ¡Qué de gracias os doy por estos dones perdonadme la poca recompensa, perdonadme lo mal que he gobernado, mis muchas omisiones ,la tibieza que tuve en castigar álos rebeldes apostatas de vos yvuestra Iglesia, que por esto tal vez fuisteis servido de que ellos mismos me desposeyeran! perdí poco en perder lo que la muerte mañana ha de quitarme con violencia, de todos mis descuidos ymis faltas digo, señar, ávoces que me pesa, no el temor del castigo me acobarda, yaunque un premio infinito me interesa, haberos ofendido es ip que siento, solo por ser quien sois, bondad inmensa, espero que tengáis misericordia, sin levantar la espada justiciera, ni descargar el golpe riguroso contra esta débil caña ,contra esta débil hoja que el viento la arrebata, yáqualquier movimiento se ve expuesta; quantos trabajos tengo padecidos, con la sangrienta muerte que me espera, os ofrezco, mi Dios ,en raí descargo, corta satisfacción átanta deuda : B:ea sabéis mi dolor ,yen vos espefo que admitiréis mi confesión sincera, en esta confianza me prometo que me habréis perdonado mis flaquezas, que estoy en vuestra gracia ,que he llegado áconseguir el fin que el alma anhela: ¿Qué gozo se me infunde interiormente con la seguridad de la conciencia? ¿Quien pudiera explicaíle?no es posible, ymas reconociendo la fineza con que queréis uniros yestrecharos con esta miserable esclava vuestra. ¿Quien soy yo por qué tanto bien recibir siendo hija da la nada? mi baxeza ¿cómo podrá llegar sin abismarse al celestial convite ,en que se encaeotf* el milagro mayor de los milagros; ¡ah, señor! ¡y quanto os interesa la hechura que fbrraasteis,pues os disteis vos ávos mismo ,para que tuviera, , antidoto en los males venenosos^
De Doña Morid Martínez 'Abello. yuniversal remedio en sus dolencias! |Oh,quanto debí al Papa! quien benigno me concedió, por si me hallase enferniai ésospechando algún violento riesgo, que oculta yo en mi pecho mantuviera vuestra deidad sagrada, un relicario el deposito ha sido, en él se encierra todo un Dios humanadojqué mas gloria? Ami oratorio iré ,mis manos mesmas podrán suplir la falta da Ministro, ellas me harán gastar la blanca oblea, baso de cuya especie adoro ycreo un sétf divino ymagestad supremaj ypues voy de camino ,será justo que este sabroso pan me fortalezca, yun cordero me sirva ;de vianda, para que la amargura de la pena, que Ocasiona la muerte ,se mitigue con la esperanza de la vida eterna» escena V. Rshsrto ,Fabricío ySalusbea. Sal. Ya el salón del suplicio está adornado con fúnebre aparato ,en él se hizo un cadahalso capaz al acto triste, porque la Estuarda me llamó,y rae dixo era su voluntad se la tuviese expuesta en él ,sin innovar de sitio hasta que se llevase su cadáver ai destino, que hubiesen prevenido para depositarla jesta advertencia ine dexó por un rato sorprehendido, ymas ,quando escuché queá una criada con voz serena ycircunspecto estilo mandó que la traxese de sus galas la de mas gusto yprecio mas subido, añadiendo que el dia en que sus bodas Se celebraban en el cielo empíreo, adonde era su esposo Rey supremo, le era correspondiente ymuy debido manifestar el gozo en su decencia, ysu interior placer ea su vestido : absorto de mirar tanta constancia, ysi digo verdad ,compadecido, me salí ádisponer se executase lo mismo que ya tengo referido : entrad ,porque veáis como se ha hecho. Rob, Quisiera, Salusben, no haber venido: vamos á ver como lo habéis dispuesto. Faú. Antes que den las cinco, concluido el acto ha de quedar. Sal. Todo está pronto, aunque salgo de encargo tan prolijo, a^, en que mi honor yvida peligraban, rae es doloroso el verla en tal conflicto» Vanse. ESCENA VI. Apartamiento de la Reyna Isabela, saldfd esta como asombrada, mirando hacia ade». tro ,habrá solo ana luz en el aposento. Isab. No me sigas, Estuarda, ni amenaces con ese ensangrentado, ardiente acero: ¿qué mequietes,muger,queasi me miras con semblante cruel yairado ceño ? Si; firmé la sentencia de tu iñuerte/ tus mismos valedores causa fueron, ellos te condenaron por librarte, ypor querer adjudicarte reynos. ¿Pero una fantasía me acobarda? ¿una imaginación, que fragua el sueño, puede privarme inadvertidamente de I05 dulces encantos de Morfeo ? Fo'z dentro. Voz. Detén, Estuarda, el golpe riguroso, no en el blanco ydelicado cuello de íni Reyna ySeñora le executes con vengativo ycon sañudo esfuerzo. Isab. ¡Ay de mi! ¿qué voz me atemoriza? confirmando lo que sentí en el'sueño, eco cruel, que inmoble me has dexado, ¿cómo donde yo estoy te traxo eIviento? Voz. Aguarda, no descargues la cuchilla, que ese cortante filo es muy grosero, si él se atrevió átu vida,enpaz descansa, que no deben durar los sentimientos mas allá de la muerte ,sé piadosa, si ya campos elisios son tu centró. Isab. La voz de Federica me parece, como inmediata duerme árai aposento, no puedo equivocarme: Federica 2 ^ESCENA VIL Federisa dmedio vestir, con pasos pre. cipitados, yasustada. Fed. Mi Reyna, mi Señora, si mi afectó, yel rigor con que el cielo os amenaza con vos pueden servir de medianeros, para que suspendáis que se execute la muerte de laEstuarda;ni un momento dilatéis el mandar que se síispen^a, mirad, señora, que irritáis al cielo. D2Isab.
La Estuarda. Isah, ¿P«e3 cómo, Federica, te propasas áhablarme en «n asunto tan severo con esa libertad, quando es preciso asegurar con su cabeza el Reyno? Fed> El amor que os profeso, gran señora, es ouien me da osaáia para hacerlo. Isah. Í)iine de qué proceden tus temores; temblando estoy de oir sus sentimientos. «P* Fed. Después que en vuestro quarto os desé sola, retirándome al mió, sobre el lecho pagaba aquel tributo, que la vida ofrece francamente ,conociendo que la parte que pierde ,la recobra con la tranquilidad que da el sosiego: mis sentidos apenas dulce caima gozaban con lo quieto del silencio, yun velefio gustoso me privaba de toda sensación ymovimiento, cuando la fantasía me presenta el mas desagradable ytriste objets^. un espectro cruel me atemoriza, de cuya horrible vista aun ahora tiemblo,, veo que ávuestro lecho se encamina, en donde estabais entregada al sueño, seguíale la Estuarda ,cuyos pasos parece los fixaba sobre el viento, el rostro yel vestido ensangrentados, el cabello tendido ydescompuesto; al llegar junto ávos dixo la sombra con imperioso enronquecido acento: Este es el instrumento ,que la vida íicaba de quitarte ,con el mesmo has de quitarla suya áesa inhumana, yte lo manda un superior precepto para que lo esecutes ,ea tu mana te. pongo la cuchilla :obedeciendo, fue ádescargar el golpe ,yo sin alma al ver el ademan ,con llanto yruego •pretendía estorbarlo ycontanerla. yal postrarme ásu-s pica, dispertéiuego, imaginé que fuese fantasía, volvía dormirme, ysucedió lo niesmo, hasta tercera yez me ratiílco, y. liego ápers-aacíiri»e que hay misterio, y, que no es ilusión ,sino prodigio, para que revoquéis vuestro decreto. Salgo despavorida ¿daros parte, 3f\£egU;B ip:i aprensipn, taflibiea téisjepdo que fuese realidad lo que fue amago, que fuese execucion lo que fue sueno, laa^.Absorta de escucharte me he quedad» no sé que responderte: vé al momento, di que llamen al Duque antes que salga, no te detengas ,pues ves que ya le es. pero, Vase Federica. ¡Oh, sombra imaginada! ¡qué de males me pronosticas! ya sufrir no puedo el pavor ,que me infunde tu memoria, por quantos lados voy te toco yveo. ESCENA VIII. Sale Leyeestria con botas como de viage. Ley. Al salir de mi quarto en este instante, que para ir áFroding era ya tiempo, yla volante escolta me esperaba con na ligero bruto hijo del viento, me llamó Federica con tal priesa, que sin mudar de trage, qna! veis, veago ásaber, gran señora, que es la causa. Isab,\Ay, Esyeestría! quantas desdichas temo ! el cielo me amenaza, las injurias dé la Estuarda,(aloque yo comprendo),, ezeitan su rigor :Dios me castiga, el cuchillo, que está para su cuello, contra mi se falmifia ,de mi m'certe ’ una palida sombra ,un triste espectro pronunció la sentencia írre-éocable, nc pseseis que es ficción del pensam'.entfl, pues coa señas conformes nos prepuso ámi yáFederica un mismo sueño- L*yc. Que Federica ,señor?. ,lo creyesíj efecto pudo ser tal vez del miedoj pero en vuestro talento caber pudo el que adoptéis, como si fuera ciertOj un feotastico estrago imaginado una visión aerea ,un fingimiento? Isab, Sea lo que se fuere, Leyeestría, queme horrorizo al discurrir en ello» idos incontinenti ,yde mi orden haréis que se suspenda lo dispuesto:- Viva la Estuarda, vayase ásu Cortí» expóngase al rigor yal menosprecio de sus vasallos, yquedaré vengada, ellos tal vez la quitarán do ecmediO) I saldré de este cuidado tormentoso, revocaré lo que me anuncia el cielo? ; porque si he de morir al mismo fdOj que para su castigo está. dispuesto, con
De Doña Marta con dexatla áejla viva ,mi peligro ^ueda desvanecido ,comigulendo el nombre de piadcsa yde prudente en todos los dominios extrangeros, ytambién en los mios, con que atraigo machos de ios rebeldes encubiertos. XcyCí Vítestra Magestad yñute :J— Itab. No ma* 3Daqae, lo tengo bien mirado ,no hay remedio: ¡Oh !í-si asi consiguiesen mis temores! af. salir de laberintos tan funestos 5 Ltj/c. Temo que quaiido llegue jla justicia habrán executado. líab. No lo creo; tiempo teseis bastante dt impedirla, ysi esto sucediere ,ya ve e¡ cielo que deseo librarla ,de su aibitrio depende todo el fin ¿e este suceso. Fase. -Le/c. Voyme coa prontitud, aunqs-e me afirmo en que ha de iiegar tarde este remedio. Fase. ESCENA ÍX. Se muda ei teatro en galería ,iluminada ton faroles ,por ella ssidrá la Esluarda ,vestida de gala ,acompañada de :ks damas jcriadosy yísu lado vendrá el Uonde de Sa’-usben ,üeierlo yFahricio ,ydetras la guardia custodiándole. iSrr. Estos últimos pasos de mi vida parece los dirijo con pereza, el espíritu noble, que me anima, siente ya el pobre cuerpo como tierra; ADios ,mundo caduco ,pompa ¡vana, glorias instables yperecederas, todo desaparece con la muerte, feliz el que os ultraja ymenosprecia. Vuelta alos suyos ,les dice. No lloréis el dia de mi triunfo, ®i pretendáis con impoi tunas quejas, •que se echen áperder los regocijos, que si bien lo miráis hacer debierais, ayudadme con vuestras oraciorres, esto os pido, yvuestros luegos sean, HTiidos con Jos mios ,les que humiides, ante Dios imploren su ciemencia; en los confines de mi vid.a„y muerte protesto nuevamente mi ¡aoccncia, perdonad. Juez sapremo ,los actores,., como yo ios perdoao, mi alma sea xecegida de vos ,en vuestras manos la consagro, sefior ,mirad por ella.. So tnirae con el mitmo.t-ritH. ehristina sola, Chr. AKnqae qnebrante el paternaí precepto, tengo de ver ámi .£.-it rada Reyna; el desmaye, que me pyxó qisqptyoj.- Martinez Abello. la causa fue que no me despidiera, ni pudiera besarla la rea! mano. ¡Ah, que .ya es imposible! mal hciera, si lo solicitara :Lo que pienso es ,retirada sin qne lo comprthenda, daría el ultimo iDios con mis suspiros : írocwra entrarpor diitintos lados¡y vuelve ásalirs mas por donde he de ei,trar,si están las puertas que a', salón corresponden, tan cerradas, yme impiden llegar las centinelas? La sentencia decia, que muriese antes de amanecer ,la aurora llega, las sombras se retiran ,ylas luces del planeta mayor se msnifiestaa. Se va aclarando el teatro poco ápoco ,yte tse un refsixo de sol. sin duda este silencio pronostica que se habrá executado ya la escena ¡oh, acábeme el dolor !¡Pero qué mido oigo hacia el otro lado? Sale'Leyeestría, quedándose al bastidoryrecostvi- • niexido áun centinela que no habla, Leyc. ha ofaediencia es forzosa en vosotros, ¿raas conmigo.* ;con vuestro General ?es insolencia, ymas qjando el perdón de Estuarda traigo de parte de isabeia ,nuestra Reyna. Ckr. ¡Qué es Jo que esruího! ¿si me habié engañado ? Leyc. La orden no comprehende ámi grandeza, pero por este lado llegar puedo, hasta el mis-mo retrete de ia Reyaa. Llega bácia donde está Christina. Cbr. Kdonde vais, señor, tan presuroso?- Leyc. Ahacer que la justicia se suspenda. Chr. ¡Ah, señor! que tarde habéis ¡legado, Leyc. .Qué decís ?¿tarde ha sido? Ckr.'Ei cosa cierta.. Voces dentro, Vno!. Perdón para ’a Estearda.. Otras. Estuarda viva, ESCENA X. Salen Roberto yFabricio ,Salutben -y yJacoho > vestido de ¡tito. Roí. ¿Quien perdoa apeiilda? ¿quien le impetra?- Leyc. Son voces, de la tropa-, que ctínmigo ha venido á Froding, la que d-isca haber llegado át-empo ;esta es ia orden.. Entrega. el Duque iSaiusbea un pliego ,quien! le mira yle guarda t Sa/. ¿Ydc que sirve ya, si Eittwrda es mutita.?? Le/r. Con .notable presteza se dispusay . pues ¿como tau íemprano?.- Fah. La hoía era, yapiurUa cu que mandó !a Seberana, Jar. digáis qu, «fi hora, decid que era.i <á’
el ansia de vef míiiríí ála mis grande hermosura ,ála muger mas bella, que hubo en su tiempo ,la mas sabia, la mas augusta ydesgraciada Reyna, la que murió en la fe de sus mayores, sin admitir !a teligion opuesta. £if/c. Callad Jaíobo ,no habléis tan libremente, yagradeced áque el dolor que os ciega, conocemos muy bieu ,yeso os disculpa. Decidme, Salusben, *y la Escocesa tuvo resignación ,tuvo constancia? Sal. La mayor que se ha visto ,la sentencia leyó sin turbación ,ni sobresalto. Con apacible voz yfaz serena dixo que lo tenia muy previsto. Hizo después de algunas advertencias, fundadas en piedad ,mandó se fuesen los que con eüa estaban ,porque le era preciso el escribir algunas cartas. Asi pasó la noche ,yya dispuesta, se despidió de toda su familia, yvestida de gala, qual si fiicra ácelebrar sus nupcias ,salió alegre ai real salón de la mortal escena, sola subió al suplicio, aunque seguida del funecto ministro :La tristeza, que infundió entre los suyos, fue tan grande que el ayre se pobló de tristes quejasi los mandó serenar ,yque pidiesen al Todopoderoso la asistiera : Pintaros qual estaba en este punto ííie parece imposible :su belleza je aumentó en tanto grado ,que brülaado el agraciado rostro ,áquien le observa lleno de resplandores, ála vista causaba admiración yreverencia: asida con fervor de un Crucilixo, tierna le abraza ,yle suplica tierna, postrada de rodillas ,con sus manos desnudo el blanco cuello, el qual entrega al verdugo cruel ,que horrorizado los ojos apartó ,yalzó la diestra, yal dar el tercer golpe ,de los hombros separó ásu pesar la real cabeza; Este es ,amigo Duque ,todo cí caso, ypues ha muerto ya, nada nos resta mas que el colocarla donde mande nuestra Real Soberana. La Estuarda. Leyc. Sí ,mas resta. que es el que la veamos ahora mismo, ypues se malogró mi diligencia. debemos persuadirnos ,que él destino es el que la conduxo asutragedia. Ss entfayi l_eyc8 FAbrlcio y yac. Retirare ,. Chtistina. ', Cbc. Padre mió, tní permitidme ,señor ,vea ala Reyna, i, el corazón está mas reforzado, considerando logra otra diadema ^ mas superior ,ynn reyno permanente, que nunca ha de perder, que habrá quien enf que el título de mártir se ha adquirido < ácosta de su sangre ysu firmeza. I fjFrfc. Dices bien ,hija m.a, ¡feliz suerte If ¡Oh ,dichosos trabajos 1¡Oh ,pac¡cnciaL| este tu triunfo es ,religión santa, ¡ay de auuel que te ultraja ytneuospreoc ESCENA XI. í Se deictibre urt yyan ¡alón enlutado, yadertta^ con algunas finíuras tristes, alusivas al s*ctst mostrando en lot geroglificos las mas rnelanCoL cas ideas. Estará todo iluminaa.» por dentrO)!^ medio habrá un cadahalso, cubierto de nep‘0,t£ alpanai bochas encendidas. En cada ángulo um pirámide ,en él se verá Estuarda con manto rti^ sobre unes almohadones, tendrá un listón enc^y nado m.,pl cuello, opintura, que imite la divishí la acompasarán quatre damas alos lados,y» psnos criados, colocados en el mejor orden, tti4 vestidos do luto ;en ti talón estará tendida ¡$ ptardia. Vuelven ásalir todas ,quedando coni^ vista compadecidos ,yhaciende los suyos I extremos de dolor. ^^ f y</.El corazón se angustia de mirarla. r Keh. El alma al verla asi queda suspensi » Fak. Aunque la aborrecí ,me compadece* jl Leyc. Forzoso es que lastime sit presencia« ^ yac. Soy el mas infeliz de los mortales, | pues sslo tengo vida para penas. ^l Cbr. Yo para penas ytristes sentimíentof f FI a! ver esa deidad caduca yyerta; la sangre helada corte por su cuellos il estatua de marfil se representa. c ¿Qué solio tan indigno ytan infame átu Real Magestad yátu grandeza# ‘ vengúete el cielo de tus agresores. ¡ Leyc. Basta ,señora. ^ yac. Mi Chtistina ,dexa r al cielo ese cuidado ,per él corre, C no es menester que tu se lo prevengas; jytenga fin la Estuarda desgraciada, f pues se ha finalizado su tragedia. N. 0 Con Licencia. BARCELONA :Por FRANCISCO SURIA YBüRGADA ,ImprCJor. deatat de l_s Cmpma,
ARGUMENTO, F. María Estuarda hija de Jacobo V. Rey de Escosia, ydeMa- ^ia de Lorena. Alos siete dias de su nacimiento, por muerte de su '^adre ,heredó el reyno. Las gracias unidas parece^ue de común acuerdo se dedicaron áenriquecerla con sus dones. Al hermoso semblante correspondía el gallardo cuerpo ,ydelicado talle. El dulce atractivo |le sus palabras ,producidas de su excelente ysutil ingenio ,aprisiona- [tan los corazones de los que la oian. Aestos dotes naturales acompa- '^aba el de mas precio ,que era el de la constancia en la verdadera R«- Égion,, la que por sostener con católica piedad, no dudó entregar su fuello al cuchillo. En una carta ,escrita desde Flandes por el Princl- -de Parma Alexandro Farnesio ,ála Católica Magesíad del Señor •n Felipe IL le dice ,como debia justamente la Reyna de Escosia :r contada entre los Mártires de Inglaterra ,que derramaron su sangre or la fe. En atención asu ardiente zelo ydevoción la concedió*la lantidad del Papa Pió V- que traxese consigo el sacrosanto cuerpo te nuestro^ Señor Jesuchristo (asi lo refiere el P. Famiano Estrada en su íegunda decada de las guerras de Flandes, yotros Autores fid^dig- ¡|os). Casó muy niña en Francia con Francisco II. ;durante es*e ma- ¿jimonio ,que duró muy poco, recayó en ella el derecho su^ ,^sion alos reynos de Inglaterra éIrlanda ,como nieta de Marga-i- de Enrique VIL, yhermana de Enrique VIIL Isabela lacis- «atica,hya espuria de este, habida -en Ana Bolena, fue elevada al *ono, que no la correspondía por ser de ilegitimo matrimonio. Po-. hubiera durado en su tiranía ", si la temprana muerte del Rey Franico (quando con un crecido exercito se aprestaba para ir áínelatrra acoronar ásu esposa),no hubiera truncado tan justas e«neranis. Abandonada Estuarda de la Corte de Francia ,por el odio aue suegm Catalina de Mediéis la tenia, con muy poca comitiva so •ivió aEscosia, álos catorce anos de su edad. Manifestóse en es- I^rmcesa la instabilidad de las cosas humanas ,sin fuerza ysin •nsejo ,se halló en medio de unos vasallos rebeldes, yde un rev» •mas infestado, que le había dexado antes. Trabaja quanto nudo> ra contenerlos desordenes, pero el daño había tomado mucho inremento. Apoco tiempo de haber erestituido áEdimbury la nhi; ¿ron acasarse^ de segundas nupcias con su primo Enrique Estuar' b.Señor de Arley óDarley, de quien tuvo áJacobo^VI. ,en el le recayeron los tres reynos ,que hoy se nombran la Gran Brt ha. Los mismos que elevaron áEnrique ála dignidad real '11 los que movidos de la envidia le asesinaron en su cámara daioa. Mstf desqubiwos ,per Ja fuga que hicietou aJgunoi di ellos,,
«Uní n^ro no oor eso se libertó la inocente Reyna de que la aci fiasen’ cié" haber sido cómplice en la maldad. De este pretexto se vi lieron los hereges para desposeerla del reyno ,yadjudicársele^ neaueño Principe contra toda razón. No paró aquí su depravada , rnnfines de la isla la encerraron en un castillo, ¿ nobles vasallos. Fuera ya de los dominios ae n^scosia ,cuuu cu de iLlaterra ábuscar el asilo de una nbal tan simulada :en lo ¡jf Umovió ávalerse de su contraria, vanan los Bistoriadops: esi creer que su desgracia misma. La tirana Isabela apenas la tuvo| su Doder ,se lisonjeó de haber asegurado la corona ,que tan mal p| ta Fenia sobre las sienes: con efecto la logró, yqae después del| hp-ir hecho quantos malos tratamientos pudo en la larga prisión | veiiue anos, la que le hizo mudar diez yseis veces en distintosj rases diese la ultima mano ásu tiranía, haciéndola morir degoil da^Dor la de un verdugo en el castillo de Froding. E«te es un breve compendio de la trágica historia de la mas n mosa”v desgraciada Reyna, ála que me he arreglada aun en menores cirminstancias :asimismo he procurado pintar el carácter las dos Soberanas con los mas vivos colores que rae ha sido pa hie Anenas se encontrará: asunto tan lastimoso para formar un d ma trágico como este. He reducido ios acaecimientos de alga# Sos á^una corta época, p3r no incurrir en la falta, qje tant^ Stíca en los Poetas Españoles. No he Pedido acomodar los laj 4ira solo parage, pues fuera faltar ála verdad del becho ,quaí consta que Isabela» desatendiendo las solicitudes de iaEstuarJa,f la quiso ver ,yque solo por emisarios de una yOtra parte se | lisfacian en los cargos yen los descargos. _ 'J La representación es en Londres ysus inmediaciones, por ei »rodia2 muy inmediato áesta Capital, üitimamente el Publico >f €S el censor mas sabio éingenuo ,conocerá quantos d^Hectos te yo no dexo de quedar persuadida áque no ‘^^jece de ellos ; atendiendo áque no se le esconderá la limitación de mi taien^ í*fitiidios Váque no suelen ser muy comunes estas producá en mi sexo, no quedo sin la esperanza de que su bondad sabra simulármelos ,ymas quando en ello aventura tan poco.
UNIVERSIDAD DE SEVILLA Oo'lo,, 600981103 i- ' a) t223/ OR;^ 1.2íT05?^n?