El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664
Abstract
El siguiente escrito analiza las experiencias personales y grupales de Juana de Estrada. una mujer mestiza, viuda y senil condenada en la Lima del XVII por hechicera, embustera y sortílega. Sus vivencias representan las identidades típicas y comunes de la sociedad estamental limeña. Los conocimientos y prácticas de Juana, poco ortodoxas para las autoridades, permiten reconstruir parte de su biografía e imaginar las cotidianidades que enfrentó.
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Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 355 EL EXPEDIENTE INQUISITORIAL SOBRE JUANA DE ESTRADA. UNA HECHICERA ANTE EL SANTO OFICIO DE LIMA, 1661-1664 1 THE INQUISITORIAL DOCUMENT ON JUANA DE ESTRADA. A SORCERESS BEFORE THE HOLY OFFICE OF LIMA, 1661-1664 Natalia Urra Jaque Universidad Andrés Bello de Chile Orcid: 0000-0002-8918-1025 Resumen: El siguiente escrito analiza las experiencias personales y grupales de Juana de Estrada. una mujer mestiza, viuda y senil condenada en la Lima del XVII por hechicera, embustera y sortílega. Sus vivencias representan las identidades típicas y comunes de la sociedad estamental limeña. Los conocimientos y prácticas de Juana, poco ortodoxas para las autoridades, permiten reconstruir parte de su biografía e imaginar las cotidianidades que enfrentó. Palabras Clave: Inquisición de Lima, Hechicera, Experiencias Summary: The next writing analyzes the personal and group experiences of Juana de Estrada. A mestiza, widowed and senile woman condemned in 17th century Lima as a sorceress, liar and sorcerer. Their experiences represent the typical and common identities of Lima´s estate society. Juana´s knowledge and practices, unorthodox for the authorities, allow us to reconstruct part of her biography and imagine the daily life she faced Keywords: Inquisition of Lima, Sorceress, Experiences 1 La siguiente investigación se enmarca en el proyecto DI-05-19/JM “Magia amorosa en los contextos urbanos: Emociones y transgresiones ante la Inquisición de Lima, siglos XVII y XVIII”, financiado por la Universidad Andrés Bello de Chile y dentro del proyecto “Religiosidad nativa, idolatría e instituciones eclesiásticas en los mundos ibéricos, época moderna” financiado por la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM PAPIITI G400619.
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 356 Introducción Hace unos años, la abogada e historiadora argentina Jaqueline Vassallo coordinó un texto sobre fuentes y archivos. Junto a Yolanda de Paz Trueba y Paula Caldo publicaron una serie de artículos e investigaciones sobre género y documentación. Cada una de las participantes estudió, desde la interdisciplinariedad, una documentación que colocaba a las mujeres, a la historia y a los archivos como el eje principal de reconstrucción y análisis histórico. No obstante, las mismas autoras asumieron el desafío que implicó redactar el escrito. Las fuentes documentales y bibliográficas fueron re-leídas, re-interpretadas y re-visitadas, es decir, re-conceptualizaron aquella vieja historia de las mujeres y de género para re-construir un nuevo conocimiento. 2 Al principio, pensaron que el mayor problema se basaba en la localización de los documentos, sin embargo, ellas mismas descubrieron que el impedimento no era la ubicación de las fuentes, sino el cómo se las interrogaba o cuestionaba. Rehacer una historia de las mujeres significaba estudiar y analizar nuevos materiales: diarios de vida, memorias, periódicos, literatura, etc. y, lo más importante, confrontar las visiones masculinas y femeninas. 3 La indiscutible relación entre el oficio de la historia y la documentación, inspirada en las huellas del pasado, motivo de celos y desvelos, construyen los cimientos del quehacer histórico. Por lo tanto, la información que entrega el documento son las evidencias que consolidan las credenciales de los investigadores, pues la diferencia de otras disciplinas e indexa las pesquisas de muchos profesionales. 4 Reconstruir una historia de las mujeres es común y viable, sobre todo, si se les estudia desde los ámbitos domésticos o espacios femeninos: hogar, familia, cocina, saraos, galantería y cortejo, etc. No obstante, estudiarlas desde la santidad y desde el quebramiento de las normas ha permitido comprender y analizar minuciosamente su participación pública. Mujeres transgresoras y poco convencionales fueron tan conocidas como aquellas que se adaptaron a las pautas sociales 2 Jaqueline Vassallo, “Género y Documentación: El desafío de encontrar a las mujeres en el Archivo General e Histórico de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina)”, en Jaqueline Vassallo, Yolanda de Paz Trueba y Paul Caldo (Coordinadoras), Género y documentación. Relectura sobre fuentes y archivos, Córdoba: Editorial Brujas, 2016, pp. 39-41 3 Marta Bonauro, “Pero, ¿y las mujeres? ¿Qué sabemos de ella?”, en Ibídem, pp.79-81 4 Valeria Silvina Pita, “De documentos, indicios y mujeres. Una aproximación desde la historia social con perspectiva género”, en Ibídem, pp.127-128
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 357 de comportamiento. Ambos tipos de mujeres convivieron dentro de una sociedad que las restringía pero, al mismo tiempo, les permitía dar cuenta de sus experiencias. 5 La historia de las mujeres y, poco después, los estudios de género se convirtieron en una parte esencial del quehacer histórico. Escuchar sus voces y, así pues, sacarlas a la luz, fue el objetivo principal de muchas investigadoras. Los documentos analizados dejaban entrever realidades comunes sobre las mujeres, situaciones habituales, una participación social, cultural, económica e incluso política. Santas o heréticas, cumplidoras o infractoras, moralistas o transgresoras, fueron todas mujeres capaces de construir cimientos y, sobre todo, dejar sus huellas plasmadas para así desarrollar un estudio histórico mucho más certero y detallado. 6 Uno de los métodos para la correcta investigación de la historia de las mujeres fue el microhistórico, éste se basó en las anomalías y no en las analogías. Su objetivo se centró en demostrar que todo sistema social fue el resultado de las dinámicas individuales que, por supuesto, sólo pueden ser apreciadas desde una óptica cercana. Por lo tanto, la mirada microscópica junto a la contextualización más amplia, crearon su propio discurso y relato historiográfico. Analizar un documento acotado y vinculado a un individuo puede ser desconocido pero, al mismo tiempo, permite comprender las creencias, los valores y las representaciones de una sociedad. 7 Ahora bien, identificar a los sujetos como agentes económicos o socioculturales puede ser engañoso, ya que toda documentación posee distorsiones, pues están unidas al poder y, por tanto, a un cierto desequilibrio. Sólo cobran valor y sentido cuando tienen estrecha relación con la serie que los antecede. Los expedientes, del tipo que sean, poseen vacíos y silencios, incluso presentan distorsiones y lagunas. Sin embargo, la microhistoria optó por usarlas, ya que exploró aquellas contradicciones “gnoseológicas” y las transformó en argumentos narrativos. 8 La voz, las transgresiones y, por supuesto, las reacciones personales de nuestra protagonista, Juana de Estrada, se conservan entre los folios 57 reverso y 60 verso del legajo 5 Pilar Gonzalbo, Educación, familia y vida cotidiana en México virreinal, México: El Colegio de México de México, 2013, pp. 69-71 6 Pilar Gonzalbo, Los muros invisibles. Las mujeres novohispanas y la imposible igualdad, México: El Colegio de México, 2016, pp. 9-11 7 Carlo Ginzburg, El Hilo y las Huellas. Lo verdadero, lo falso y los ficticio, México: Fondo de Cultura Económica, 2014, pp. 386-391 8 Carlo Ginzburg, Ibídem, pp. 370-373
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 358 5.345, documento número 1, sección Inquisición (Archivo Histórico Nacional de Madrid). Procesada entre los años 1661 y 1664 en la ciudad de Lima, Juana expuso a través de sus confesiones una serie de prácticas, conocimientos, habilidades y, sobre todo, experiencias personales. Sujeta a las normas tradicionales del período, no siempre se ajustó a ellas, pues las transgredió e incluso les sacó provecho. Acusada de practicar hechicerías y todo tipo de supersticiones, nuestra protagonista aumentó las filas de condenadas por el Santo Oficio. Su historia es una de esas que se posicionó entre lo profano y lo sagrado, pues sobrevivió a las limitantes impuestas de modo no convencional y, a la vez, rompió con aquellos esquemas y estereotipos sociales propios de las mujeres hispano-virreinales. 9 Oriunda de Cartagena, mestiza, viuda y con 90 años, Juana se enfrentó a la justicia inquisitorial de Lima. Su expediente detalla muchos aspectos de una mujer que, pese a los años, la viudez, las movilidades geográficas e incluso carencias, mantuvo una dinámica social, cultural y económica en torno a las supersticiones y disidencias. Como muchas otras mujeres acusadas de practicar hechicerías, 10 poseía una red de maestras, aliadas y discípulas. Sus expresiones afectivas quedaron de manifiesto en unos documentos cuya finalidad principal fue describir las transgresiones y motivos por los cuales se le acusó. Sin embargo, la riqueza de éstos reside en las reinterpretaciones que hacemos de aquellos testimonios. 11 Por lo tanto, pese a basarnos en una documentación inquisitorial contra una hechicera, no profundizaremos en las prácticas supersticiosas o sortílegas 12 desarrolladas por nuestra 9 Archivo Histórico Nacional de Madrid (AHN), Inquisición de Lima, Legajo 5345, documento n°1, folios 57 reverso - 60 verso 10 La mayoría de las acusadas por practicar hechicerías, sortilegios o supersticiones (conceptos muy diferentes, pero confundidos y utilizados como sinónimos por la tradición popular) eran mujeres. La historiografía es abundante sobre el tema; explica, detalla y analiza un sinfín de casos y estereotipos femeninos vinculados a estos delitos. Mujeres viudas, solteras, amancebadas, en condiciones precarias o al borde de la pobreza, migrantes o edad avanzada fueron algunos de los prototipos femeninos expuestos en la documentación inquisitorial. Tanto la tradición demológica, como la variedad de creencias en torno a este tipo de prácticas lo connotan como una actividad netamente femenina. Para más información revisar la obra de María Jesús Torquemada, María Jesús Zamora, María Tausiet, María Helena Sánchez Ortega, María Emma Mannarelli. 11 AHN, Inquisición de Lima, legajo 5345, documento n° 1, folio 57 reverso - 60 verso 12 El Santo Oficio y su legislación respecto a las supersticiones fue bastante ambiguo o poco claro. Para desarrollar un procedimiento adecuado y juzgar correctamente a un sujeto que practicaba tales actividades, se respaldó en una serie de tratados demonológicos y teológicos, incluso en una serie de bulas dictadas durante el medioevo. Nicolás Eymeric, Francisco Peña, Cesar Carena o Francisco de la Pradilla, fueron algunos de los tratadistas en quien se inspiró la Inquisición. Éstos definieron de muchas formas el delito de superstición, ninguno coincidió en sus apreciaciones, ya que cada uno argumentó de forma distinta el significado de estas prácticas, pero sí concordaron que la creencia en el demonio y su fidelidad a él por medio de las supersticiones
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 359 protagonista, sino más bien, en las dinámicas que surgen en torno a las actividades y conocimientos de Juana. Intercambios, redes amicales, redes clientelares, movilidades geográficas, entre otras situaciones, serán el fundamento de este escrito. Nuestro objetivo, al respecto, es rehacer la historia de Juana utilizando el método microhistórico, pues sus confesiones dadas al Santo Oficio retratan las realidades de las que fue partícipe, incluso la percepción que poseían los testigos o la mirada de los hombres que la juzgaron crearon una apreciación sobre sí misma, sobre sus prácticas y conocimientos y, especialmente, sobre el entorno que habitaba. 13 Juana, historia de una mujer ante la Inquisición Encasillar a una mujer por su buen o mal comportamiento, dependía en su totalidad del imaginario creado en torno a las actividades que ésta desarrollaba públicamente. Aquellas, cuyo actuar se limitaba a lo impuesto por las autoridades religiosas y políticas eran respetuosas con su linaje y, por supuesto, con el honor familiar. Sin embargo, no todas aceptaron y cumplieron con lo establecido. Muchas reaccionaron de acuerdo a sus intereses personales y, sobre todo, cotidianidades. Convivir a diario con carencias, violencias, sometimientos, jerarquizaciones e imposiciones generó un sinfín de métodos para sobrevivir y lidiar con tales dificultades. 14 La ciudad de Lima, capital del virreinato del Perú, también fue parte de esa construcción imaginaria. Compuesta por una sociedad estamental, multiétnica, migrante y con marcadas diferencias de género, fomentó aquellas percepciones negativas hacia ciertos grupos de mujeres. La gran población que poseía la ciudad provocó que muchas de ellas, especialmente las solteras, viudas o abandonadas por sus parejas, resolvieran los inconvenientes sociales y económicos por sí mismas, es decir, ejerciendo algún oficio doméstico o algún tipo de actividad remunerada que auxiliaran sus complejas cotidianidades. Por lo tanto, al escapar del control masculino debilitaron las imposiciones patriarcales y esto, a su vez, aumentó el imaginario negativo hacia estas mujeres. 15 convertía al acusado en un hereje que debía ser procesado y condenado. Para más información revisar la obra de María Jesús Torquemada. 13 María Helena Sánchez Ortega, La mujer y la sexualidad en el Antiguo Régimen. La perspectiva inquisitorial, Madrid: Akal, 1991, pp. 138-139 14 Luis Bustamante Otero, Matrimonio y violencia doméstica en la Lima colonial (1795-1820), Lima: IEP, 2018, pp. 76-77 15 Luis Bustamante Otero, Íbidem, pp. 126-127
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 360 La protagonista de nuestro escrito, Juana de Estrada, fue acusada de hechicera por una sociedad que requería soluciones a los múltiples pesares que enfrentaba. Entre los folios de su Relación de Causa quedan expuestos una serie de conocimientos y prácticas no del todo ortodoxas, pero capaces de resolver los conflictos cotidianos, especialmente aquellos asociados a los afectos o sentimientos. A sus actividades transgresoras también se suman una jerarquización estamental, social y económica que, para las autoridades, aumentan lo negativo de su actuar. 16 Ahora bien, quién era o qué era una hechicera no era claro ni preciso, autores clásicos como Jules Michelet la describieron de acuerdo a su naturaleza, temperamento y genio. Para él, la mujer nace como un hada y se transforma según sus experiencias. En situaciones de exaltación es una Sibila, por amor es una Maga y por su agudeza y astucia es una Bruja. 17 La historiografía contemporánea también ha creado perfiles comunes para explicar quiénes eran esas mujeres que, en determinadas ocasiones, se enfrentaron a las autoridades políticas y religiosas y, además, colocaron en jaque los estándares, las normativas e incluso traspasaron los límites del comportamiento público femenino. 18 Las definiciones actuales aseguran que las mujeres dedicadas a las artes supersticiosas (sortilegios, hechizos, curanderismo) no carecieron de experiencias, al contrario, fueron mediadoras e intermediarias culturales, pues conjugaron sus vivencias privadas con las públicas. Es decir, se caracterizaron por su gran movilidad, dinamismo y participación en sus respectivas comunidades. La documentación inquisitorial las acusa de embusteras, faltas de razón y poca credibilidad, incluso sus acciones, alejadas de las normas sociales, las convierten en mujeres peligrosas. 19 La cantidad de procesos, sobre todo para el tribunal de Lima, son escuetos pero muy interesantes, pues reflejan el perfil común y típico que caracteriza a estas mujeres. Mayoritariamente solteras, bordeando los 35 años, pobres, analfabetas y pertenecientes a las categorizaciones estamentales de la América virreinal. Ejercen algún oficio doméstico: costureras, 16 Scarleth O’Phelan, “La construcción del miedo a la plebe en el siglo XVIII a través de las rebeliones sociales”, en Claudia Rosas (ed.), El Miedo en el Perú, Lima: Ediciones PUCP, 2008, pp.123-138 17 Jules Michelet, La bruja. Un estudio de las supersticiones en la Edad Media, Madrid: Akal, 2012, pp. 29 18 María Lara Martínez, Pasaporte de bruja. Volando en escoba, de España a América, en el tiempo de Cervantes, Cuenca: Alderabán, 2016, pp. 29 19 Estela Rosellón Soberón, “El mundo femenino de las curanderas novohispanas”, en Alberto Baena Zapatero y Estela Roselló Soberón (coordinadores), Mujeres en la Nueva España, México: UNAM, 2016, pp. 234-235
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 361 lavanderas, cocineras, vendedoras, etc. y, por supuesto, la hechicería para subsanar las carencias personales y las de sus clientas. 20 Al estudiarlas, se percibe una serie de dinámicas que trascienden lo supersticioso, pues quedan de manifiesto los roles que ejercen en sus comunidades, las dificultades a las que se enfrentan cotidianamente, las relaciones jerarquizadas entre hombres y mujeres y, especialmente, entre los distintos grupos sociales. Analizar uno de esos procesos nos acerca a la realidad experimentada por ellas. 21 La historia de Juana o sus vivencias personales son de esas que, pese a las individuales o particularidades, se repiten y se asemejan a las de otras mujeres. La protagonista de nuestro escrito formó parte de un modelo social que observaba a las mujeres y según las reacciones de éstas las encasillaba como buenas o malas, ideales o corrientes, leales o volubles. Sus experiencias responden a sus propias necesidades socioafectivas y económicas, pero también a los patrones establecidos por las autoridades políticas y religiosas. 22 Su voz y sus testimonios son claros y concisos, ya que a medida que avanza en sus confesiones deja apreciar su entorno, su realidad, sus conexiones individuales y grupales. Sin embargo, también se percibe la reinterpretación de los inquisidores. Los hombres del Santo Oficio amoldaron las confesiones de Juana y las ajustaron a los discursos oficiales respecto al comportamiento de una mujer transgresora. 23 Juana personificó a cabalidad a ese perfil femenino transgresor pero, a la vez, a esa típica mujer comprometida con los cánones tradicionales de las sociedades virreinales. Cada una de sus acciones tuvo como objetivo vivir de un modo convencional. Pese a sus desviaciones o quebrantamientos a la norma intentó ajustarse a la sociedad y sus exigencias. 24 Su Relación de Causa retrata aquellas cotidianidades, dinámicas e interacciones comunes y, sobre todo, la intervención de las mujeres en los espacios públicos y no acostumbrados. Su juicio y condena 20 Natalia Urra Jaque, “Fuentes y documentos inquisitoriales sobre hechiceras, sortílegas y supersticiosas. Mujeres pobres y de castas frente a los inquisidores de Lima, siglos XVII-XVIII”, en Yéssica Gónzalez, Mujeres: Olvidos y memorias en los márgenes. Chile y América, siglos XVII-XX, Temuco: Ediciones Universidad de la Frontera, 2020, pp. 67-87 21 María Helena Sánchez Ortega, Ese viejo diablo llamado amor. La magia amorosa en la España Moderna, Madrid: UNED Ediciones, 2004, pp. 155-157 22 Robin Ann Rice, “Chinas milagreras, negras y beatas: Ejemplos de la vida cotidiana religiosa ante la Inquisición de México en los siglos XVI-XVII”, en María Jesús Zamora Calvo (Editora), Mujeres Quebradas. La Inquisición y su violencia hacia la heterodoxia en Nueva España, Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2018, pp. 181-185 23 María Emma Mannarelli, Hechiceras, beatas y expósitas. Mujeres y poder inquisitorial en Lima, Lima: Ediciones del Congreso del Perú, 1999, pp. 12 24 María Emma Mannarelli, La domesticación de las mujeres. Patriarcado y género en la historia peruana, Lima: La siniestra, 2018, pp. 36-39
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 362 representan la criminalización de la que fueron parte, es decir, los documentos inquisitoriales y sus datos las alejan de la romantización creada en torno al género femenino, pero sí las acercan a la sobrevivencia, a la violencia y a la carencia. 25 Los primeros testimonios descritos en los documentos entregan datos clave para la reconstrucción de su biografía. Nuestra protagonista fue mencionada por 10 mujeres 26 mayores de 25 años, quienes aseguraron que Juana era natural de Cartagena, mestiza, casada, usaba un hábito de tercera con sayal, cuerda y rosario al cuello. Además, coincidieron en sus impresiones, pues repitieron el mismo discurso sobre Juana, según ellas practicaba un sinfín de hechizos eróticos como el de las habas o la suerte del cedazo para atraer a los hombres. Adivinaba el porvenir y daba baños compuestos por agua bendita, ruda conjurada y otras hierbas mientras rezaba el Padre Nuestro o invocaba al ánima sola. El 12 de diciembre de 1661, el fiscal pidió que fuese enviada a las cárceles secretas. La calificación de sus hechos, fechada el 28 de febrero de 1662, concluyó que era una hechicera, sortílega, embustera, adivina y sacrílega. 27 Sus actos eran supersticiosos, ya que a través de sus acciones indecentes y profanas, mezcladas con objetos sagrados, la convertían en vehementemente sospechosa de herejía, ya que no sólo invocaba al ánima sola, sino también al demonio. 28 Su primera audiencia fue desarrollada el 4 de julio de ese mismo año, en ésta entregó sus datos personales, pues reconstruyó su genealogía y aseguró ser hija del sargento Lope de Estrada 25 María Eugenia Albornoz, “Violencias cotidianas en femenino: Desbordes “naturales del sexo”… ¿O rendijas, cegueras e impotencias del orden? Chile 1800-1874”, en Igor Goicovic (Editor), Escrita con sangre. Historia de la violencia en América Latina: Siglos XIX y XX, Santiago de Chile: Ediciones USACH, CEIBO, UAHC, 2013, pp. 73-84 26 Los testigos eran clave para los procesos del Santo Oficio, incluso el secreto inquisitorial impedía conocer sus nombres, pues formaba parte de su modelo procesal que, a su vez, lo diferenciaba de las prácticas jurídicas europeas. El silencio sobre ellos ejemplificaba el sistema penal, el objetivo era que todos le temieran y así, por medio del secreto, demostraba su eficacia al momento de condenar. La culpabilidad del reo era proporcional a su estado de indefensión, pues debía suponer o adivinar quiénes eran sus delatores y con esto el mismo daba pruebas de su heterodoxia. En el caso de las hechiceras, muchas veces, eran las mismas compañeras y conocidas, quienes -al no cumplirse sus deseosdeclaraban en contra de la maestra de hechizos. Para más información revisar la obra de Ricardo Cavallero. 27 Los individuos no letrados, populares y no pertenecientes al mundo jurídico, utilizaban estos conceptos como sinónimo. Sin embargo, la legislación inquisitorial los diferenciaba entre sí, para los hombres del Santo Oficio debía existir un pacto con el demonio y una clara intención de vulnerar los designios divinos para así atribuirles características brujeriles y sacrílegas. Para más información revisar la obra de María Jesús Zamora. 28 María Jesús Torquemada, “Los delitos de brujería y sortilegios: Los orígenes de su represión jurídica y algunas observaciones acerca de sus peculiaridades”, en María Jesús Torquemada y María José Muñoz, Tres estampas sobre la mujer en la historia del Derecho, Madrid: Dykinson, S.L., 2013, pp. 69-72
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 363 Montañés de la casa de Velasco y de Leonor Viro, pariente de los ingas. Tuvo muchos hermanos más, algunos de hábito y de otras órdenes militares, cristianos viejos como ella, pues era bautizada y confirmada. Según su testimonio, siempre confesaba y comulgaba cada vez que lo ordenaba la Iglesia, incluso en ocasiones lo hacía por su propia devoción. Recitó las oraciones más importantes y algunas de su gusto. Además, llevaba puesto su rosario al cuello luego de enviudar por cuarta vez. 29 Los primeros registros sobre Juana nos acercan, poco a poco, a una realidad cargada de contradicciones pero, a la vez, a esos métodos de sobrevivencia típicamente femeninos. 30 Las testificaciones de Juana: estado, grupo y jerarquización estamental, orígenes, familia, creencias y reconocimiento público etc., explicitan sus vivencias y experiencias individuales. Sin embargo, sus declaraciones adquieren un valor mucho mayor, ya que a través de ellas es posible reconstruir las percepciones generales de una sociedad respecto a la posición de las mujeres. 31 Al estudiar a Juana, se puede analizar al sujeto público y, por tanto, su participación en un hecho concreto. A su vez, su relación individual con los otros y, en especial, con su entorno. Juana es una mujer con una identidad específica, es decir, se reconoce mestiza, viuda, emparentada con personajes populares, practicante de penitencias y, por supuesto, como una mujer netamente pública, ya que a través de sus acciones incorpora aquellos principios, valores y características culturales de la sociedad en la que vive. 32 Las características personales de Juana responden a ese estereotipo inventado por la sociedad. El imaginario social creó a una mujer transgresora según su estado, condiciones físicas, tipos de hogares, residencias o cantidad de pertenencias. La mirada social hacia estas mujeres se basaba en las satisfacciones o no que provocaban en el otro, es decir, cuando cumplían con las expectativas de su entorno adquirían fama y prestigio. Cuando los resultados eran negativos o peyorativos las convertían en peligrosas. 33 29 AHN, Inquisición de Lima, legajo 5345, documento n° 1, folio 57 reverso - 58 verso 30 María Emma Mannarelli, La domesticación de las mujeres. Patriarcado y género en la historia peruana, Lima: La siniestra, 2018, pp. 36-39 31 Estela Rosellón Soberón, “El mundo femenino de las curanderas novohispanas”, en Alberto Baena Zapatero y Estela Roselló Soberón (coordinadores), Mujeres en la Nueva España, México: UNAM, 2016, pp. 235-236 32 Juan Carlos Estenssoro, Del paganismo a la santidad. La incorporación de los indios del Perú al catolicismo, 1532-1750, Lima: IFEA, 2003, pp. 373-385 33 Estela Rosellón Soberón, “El mundo femenino de las curanderas novohispanas”, en Alberto Baena Zapatero y Estela Roselló Soberón (coordinadores), Mujeres en la Nueva España, México: UNAM, 2016, pp. 235
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 370 Sentencia y amoldamiento social Después de los interrogatorios y confesiones, los consultores y un ordinario, votaron su causa un 4 de julio de 1663. Juana debía oír en público -con coraza y hábito de penitentesu sentencia con méritos, abjurar de levi, salir a la vergüenza pública, recibir azotes y ser recluida en un hospital al servicio de los enfermos. El Tribunal se reservaba el lugar y el tiempo que creyesen necesario para la salvación de la acusada. Por último, el 29 de agosto del mismo año, volvieron a votar la causa por segunda vez, no hubo variación en la sentencia y, así pues, se ejecutó un 23 de enero de 1664 en el Auto General de Fe. Meses más tarde, el 9 de agosto, murió estando reclusa en el Hospital de San Bartolomé de Lima. 55 Ahora bien, el tipo de condena dada a Juana también posee un simbolismo no menor: la coraza, el hábito de penitente, la vergüenza pública y los azotes cumplen un doble objetivo. Por un lado, reprender a la acusada y, por otro, atemorizar a la población. El escarmiento público deja en evidencia los malos comportamientos de Juana. Los inquisidores al condenarla con ese tipo de castigos manifiestan su poder y control sobre los cuerpos e imaginarios, especialmente el de una mujer cuyo actuar contradice las normas y valores de la sociedad en la que vive. 56 Suponemos que por la edad Juana no recibió azotes, ya que al ser una mujer de edad avanzada era imposible que los hombres del Santo Oficio aplicasen esa condena. El documento no lo aclara, pero sí la documentación inquisitorial enfatiza que aquellos que no estén en condiciones corporales por debilidad o edad, no pueden padecerlo. 57 Sin embargo, todas esas prácticas colocaban a la acusada en una posición de sometimiento y ejemplo de lo que no se debe ser. El cuerpo y sus vulnerabilidades: cicatrices, sufrimientos o reconocimientos fue una forma más de dominar a los sujetos. Castigarlo y dejarlo con alguna marca trascendía el castigo corporal, pues se proyectaba a nivel psico-social. El recuerdo de ese castigo se llevaba constantemente y ese era un método más de control hacia los condenados. 58 55 AHN, Inquisición de Lima, legajo 5345, documento n° 1, folio 60 verso 56 María Jesús Torquemada, “Los delitos de brujería y sortilegios: Los orígenes de su represión jurídica y algunas observaciones acerca de sus peculiaridades”, en María Jesús Torquemada y María José Muñoz, Tres estampas sobre la mujer en la historia del Derecho, Madrid: Dykinson, S.L., 2013, pp. 102-103 57 María Jesús Torquemada, La Inquisición y el diablo. Supersticiones en el siglo XVIII, Sevilla: Universidad de Sevilla, 2000, pp. 54-56 58 Natalia Urra Jaque, “Reincidencias, destierros y azotes. Félix Canelas “el Ayanque” frente al Santo Oficio d Lima, siglo XVIII”, Revista Historia y Justicia, volumen 15, Santiago de Chile (2020), pp. 1-20
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 371 El confinamiento también fue un método penal muy eficaz, especialmente para las mujeres; la reclusión y además bajo protección de un sacerdote, una vez más, colocaba a nuestra protagonista en una posición de sumisión frente a la sociedad. El estar sometida a un régimen penitenciario y de socorro a los más vulnerables, pretendía hacer de Juana una mujer al servicio de los otros, pero de una forma aceptada y controlada por las autoridades religiosas. 59 Cada una de las experiencias de Juana -antes, durante y después de su juicioilustran la realidad de muchas mujeres que, de una u otra forma, intentan sobrellevar las desavenencias, dificultades y carencias. El reconocimiento popular le sirvió para engrandecer su propia identidad, pero también para calumniarla. Sus conocimientos fueron usados tanto a favor como en contra de sí misma. Sus prácticas, contradictorias o no, la encasillaron dentro de un grupo que, para los inquisidores, la convertía en transgresora o peligrosa. El juicio contra Juana, pese a las subjetividades de quienes lo redactaron, entrega una serie de instrumentos analíticos muy valiosos para la reconstrucción de sus experiencias, pero también para reconocer los puntos en común y propios de la sociedad en la que se desenvuelve. Muchas de sus características individuales responden al estereotipo de mujer creada por una sociedad como la del Antiguo Régimen americano. No es casual que, siendo viuda, anciana, pobre y mestiza, fuese condenada por hechicera, se le cuestionasen sus acciones y, especialmente, sus conocimientos que, a su vez, son el reflejo de sus experiencias. Conclusiones A modo de conclusiones, la documentación inquisitorial es rica en datos, detalles y experiencias. A través de sus expedientes podemos reconstruir las cotidianidades personales y, sobre todo, las dinámicas e interacciones grupales de una sociedad. Al analizar estos documentos es posible recrear los aspectos vivenciales de los sujetos condenados. Juana, nuestra protagonista, con sus confesiones, relatos y testimonios reproduce y ejemplifica las cotidianidades de una sociedad estamental, con marcadas diferencias de género y condicionada por métodos de sobrevivencia. Muchos de los imaginarios creados en torno a Juana, sus prácticas, conocimientos, habilidades y transgresiones, ejemplifican el tipo de sociedad con la que interactúa. Sus 59 Natalia Urra Jaque, Ibídem, pp.1-20
Natalia Urra Jaque El expediente inquisitorial sobre Juana de Estrada. Una hechicera ante el Santo Oficio de Lima, 1661-1664 Número 47, diciembre 2021, pp. 355-372 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i47.18 372 experiencias y reacciones públicas son consecuencia de una dinámica establecida por las autoridades políticas y religiosas. Incluso las mismas transgresiones que comete son requeridas por una parte de la población que ve en ellas la solución a sus pesares. Definirlas como buenas o malas dependía del uso y resultado de quién la solicitaba. Juana y sus acciones formaron parte de un modelo sociocultural y valórico que encasilló a las mujeres, por ende, proyectó a través de sí misma a una sociedad que la limitó pero, a la vez, le dio espacio, tiempo y experiencias para sobrevivir y contradecirla. Reconocida, aceptada y cuestionada al mismo tiempo, Juana usó sus conocimientos para perpetuar su propia identidad y la de sus pares. Cada una de sus reacciones, públicas o privadas, fueron reinterpretadas por voces y autoridades religiosas que, finalmente, la condenaron a una vida de sometimiento y confinamiento. Juana vivió y experimentó las contradicciones propias de su tiempo y espacio; ser mujer, viuda, anciana y con una vasta trayectoria personal le jugó tanto en contra como a favor. Lidiar con dificultades provocó su reconocimiento público y, a la vez, su autoapreciación, ya que, pese al juicio y condena inquisitorial, sus conocimientos y las dinámicas en torno a ellos la facultaron para el buen desenvolvimiento de su comunidad. Además, su figura se transformó en un ejemplo físico y simbólico del mestizaje corporal y sus consecuencias, pues no sólo fue una mujer transgresora, sino también una mediadora cultural, cuyo actuar perpetuó ideas, sentimientos y valores.