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Los espacios de comunidad como materia de proyecto en la vivienda contemporánea. El caso de los corrales de Triana.

Martínez Quesada, María del Carmen

Abstract

El habitante de la ciudad contemporánea vive cada vez más aislado de su comunidad y de una forma más pasiva, debido a diferentes factores. Las viviendas que se producen actualmente, sean sociales o no, se diseñan en serie, pareadas, adosadas, aisladas, en bloque … separadas por un alto seto, unos aparcamientos o un rellano de escalera, espacios que la gente atraviesa pero no penetra ni posee, convirtiendo las viviendas en productos aislados y homogeneizados, que anulan la relación del que las habita con su comunidad próxima, y desaprovechan la oportunidad de compartir recursos. El modelo de crecimiento es una ciudad genérica, en la que los ciudadanos salen de la cochera de su casa para ir al parking, al trabajo a producir, o al del centro comercial a consumir, y el tiempo que pasan en sus residencias lo invierten viendo la televisión o consumiendo productos relacionados. Como fruto de este proceso, la cultura y el ocio se van convirtiendo en un negocio, en lugar de ser algo producido por las personas, ahora pasivos consumidores del mismo. Esto conlleva una pérdida de relación entre las acciones realizadas y un aislamiento social del individuo que comporta una inconexión con su entorno inmediato y una pérdida de la sensación de pertenencia a una comunidad social y de la identidad propia de cada lugar. Los espacios de relación tanto públicos como privados, son espacios que no se contemplan explícitamente en los programas actuales de necesidades diarias; sin embargo son lugares para actividades y acontecimientos espontáneos que marcan la vida y las relaciones de las personas que habitan los edificios, que en el fondo siguen siendo los grandes olvidados de la arquitectura residencial. La investigación en la definición del espacio de la vivienda está estrechamente relacionada con las condiciones de movilidad tanto en su interior, como con la propia ciudad. La modernización de las prácticas domésticas, en relación a la movilidad, revela redes de acción en las que se muestra la manera de ser la propia sociedad en la vivienda, llegándose a plantear extensiones de la misma hacia el exterior o a externalizar usos gracias a la utilización del vehículo. En general, se ha ido produciendo un desplazamiento progresivo del centro de gravedad desde el hogar a la colectividad, y la vivienda será reflejo de estas tendencias sociales. Estamos en un momento en el que se ha tomado conciencia de la situación producida por el desarrollismo de los años 60, la organización estereotipada de la vivienda de los años 60-70, y la burbuja inmobiliaria. Ahora existen otras cuestiones sobre las que hay que reflexionar: ¿Cuáles son los componentes de la vivienda hoy? ¿Qué significa la idea de casa o de hogar? ¿Qué tipo de casas hay, y qué son? ¿Quiénes viven en ellas? ¿Qué usos se desarrollan en la misma? ¿Cómo son esas habitaciones? ¿Existe una verdadera intimidad? ¿Es necesaria la protección del hogar? ¿Cuál es el marco actual de la vivienda? . Las necesidades de los usuarios que habitan la arquitectura y utilizan los objetos que se encuentran en ella no son permanentes, por lo que hay que entender la arquitectura, y especialmente la vivienda, como un proceso abierto a lo largo de su vida útil, y en ese sentido es importante conocer la capacidad real la vivienda actual ante los procesos de cambio para dar un paso más en la problemática de la misma.

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LOS ESPACIOS DE COMUNIDAD COMO MATERIA DE PROYECTO EN LA VIVIENDA CONTEMPORÁNEA EL CASO DE LOS CORRALES DE TRIANA María del Carmen Martínez Quesada TOMO I Tesis Doctoral: Los espacios de comunidad como materia de proyecto en la vivienda contemporánea. El caso de los Corrales de Triana. Doctorando: María del Carmen Martínez Quesada. Departamento Proyectos Arquitectónicos. Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Universidad de Sevilla. Director Tesis: Santiago Quesada García. 20152016 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana 004 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana [00] INTRODUCCIÓN [01] ALGUNAS CUESTIONES SOBRE LA VIVIENDA CONTEMPORÁNEA [02] LOS CORRALES DE VECINOS [03] LA CONSTRUCCIÓN DEL ESPACIO ARQUITECTÓNICO DESDE LOS ESPACIOS COMUNES [04] BIBLIOGRAFÍA [05] APÉNDICE DOCUMENTAL TOMO I TOMO II TOMO III María del Carmen Martínez Quesada 005 ÍNDICE AGRADECIMIENTOS [00] INTRODUCCIÓN [01] CUESTIONES SOBRE LA VIVIENDA CONTEMPORÁNEA CAP. I. LA CIUDAD COMO ESTRUCTURA SOCIAL. EL NUEVO SOPORTE DE LA VIVIENDA CAP. II. CONDICIONES SOCIO ECONÓMICAS CAP. III. GÉNESIS DE LA VIVIENDA CONTEMPORÁNEA CAP. IV. SOBRE LAS CUALIDADES DEL ESPACIO DOMÉSTICO ACTUAL CAP. V. FORMALIZACIÓN DEL ESPACIO DOMÉSTICO [02] LOS CORRALES DE VECINOS CAP. VI. PATRIMONIO Y MEMORIA, LA ARQUITECTURA POPULAR COMO CONSTRUCCIÓN DEL HABITAR CAP. VII. SOBRE EL TIPO CAP. VIII. ATRIBUTOS DE LA TIPOLOGÍA CAP. IX. CONFIGURACIÓN DEL ESPACIO COMUNITARIO EN SEVILLA CAP. X. LOS CORRALES DE VECINOS EN TRIANA [03] LA CONSTRUCCIÓN DEL ESPACIO ARQUITECTÓNICO DESDE LOS ESPACIOS COMUNES CAP. XI. UN PROYECTO CONTEMPORÁNEO DOMÉSTICO CAP. XII. PROYECTOS EXPERIMENTALES DE VIVIENDA CAP. XIII. RESULTADOS DE LAS PROPUESTAS DE INTERVENCIÓN CAP. XIV. CONCLUSIONES [04] BIBLIOGRAFÍA [05] APÉNDICE DOCUMENTAL Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana 006 I Agradecimientos María del Carmen Martínez Quesada 007 AGRADECIMIENTOS Este trabajo se lo dedico a mis padres, Filo y Pedro, por su apoyo y amor incondicional, y significar siempre un querido ejemplo. Quisiera dar las gracias a D. Santiago Quesada García por haber confiado en esta investigación, y por su interés y gran ayuda a lo largo de todo este tiempo. A D. Juan Luís Trillo de Leyva por haberme iniciado en el conocimiento de los corrales de Triana y enseñado tantas cosas sobre lo doméstico. A Pedro Martínez por haber tenido la paciencia de revisar y corregir este texto. A Francisco López, Ana García y P. Joaquín Martínez por su ayuda con la ingrata labor de digitalización de la información. A Carmen Benítez, Miriam Gálvez, Manuel Llerena, Eva Martín, Soledad Moreno, Adrián Rodríguez y José Manuel Rodríguez por su inestimable colaboración en el tratamiento de los elementos gráficos de esta tesis y sobre todo por el constante apoyo que siempre me han mostrado y que me ha animado a continuar. A Esther y Pedro, por ser ellos mismos. A Corralito por su inesperada, pero oportuna compañía. Y sobre todo a Paco. Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana 008 María del Carmen Martínez Quesada 009 [00] Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana 016 I Introducción Se utilizará el corral de vecinos de Triana como soporte arquitectónico objeto de estudio ya que Triana constituye un marco físico en el que las unidades existentes aún permiten establecer un mapa, una red entre ellos. En él, además, concurre la posibilidad de que en lugar de seguir planteando la constante extensión de la ciudad y del arrabal de Triana desde la construcción de nuevos elementos, se pueda plantear cuáles pueden ser los mecanismos que permitan mejorar tanto a la ciudad como a Triana internamente, y rehabilitar la vida comunitaria a través de la revisión de los corrales. El corral, como tal, presenta un sistema de entrada y control de acceso, una relación entre lo edificado y el espacio de carácter comunitario; define y señala espacios públicos y privados; dispone usos de formas concretas; utiliza elementos arquitectónicos recurrentes -galerías, patios-; presenta una materialidad y una forma constructiva concreta, una relación con la forma y tamaño de la parcela, que permite identificar “trazos de patrones compartidos, reglas y acuerdos manifestados en la forma edificada del lugar, así como el reconocimiento de la dimensión del tiempo y la marca de sus huellas” . (HABRAKEN, MIGNUCCI, 2009:57) En ellos se ejemplificarán no sólo los descriptores proyectuales domésticos propuestos sino también la revisión de una tipología histórica de fuerte valor patrimonial, y las posibilidades que tienen para la creación de paisajes urbanos, considerando el aspecto humano de los mismos como elemento constituyente de nuevos planos geográficos. Otro motivo que hace que se centre la atención en los sistemas cerrados de los corrales de vecinos se debe a la forma en que la vida se despliega en ellos mediante la actividad desarrollada por comunidades de pequeña escala por razones prácticas, de ayuda mutua, y en cómo transforman valores psicológicos en relaciones sociales. Y es en la medida en que esas relaciones sociales trascienden los límites construidos e implican a la ciudad como se puede reconocer su cambio a sistemas abiertos. Su consideración, por tanto, es adecuada por mostrar una capacidad evolutiva en sus capacidades. Y de ahí la pertinencia de esta investigación. Su utilización surge al ser una tipología que participa de dos cualidades del espacio doméstico buscadas en esta investigación: ser un conjunto de viviendas en el que el uso de los espacios comunes se hace por toda la comunidad que las habita y el no existir una funcionalidad concreta asociada a la célula habitacional ya que el uso convencional está fuera de las habitaciones interiores a la vivienda, ocupando las zonas comunes en un espacio complementario de uso compartido. Las pautas en las actuaciones de recuperación de los corrales de vecinos en la ciudad de Sevilla, a pesar de los diferentes estudios e intervenciones realizados sobre los corrales de la ciudad -sus formas de vida, su estructura espacial, la descripción de sus diferentes componentesy las distintas catalogaciones existentes, no contrastadas entre sí, han puesto en riesgo la preservación de un componente tan caracterizador del tejido doméstico de la ciudad, como es esta tipología de vivienda colectiva. Parece que una vez que se han realizado los estudios, agentes públicos y privados han olvidado y dejado a los corrales a su suerte, a pesar de los niveles de protección que sobre los mismos se acaba estableciendo desde el planeamiento. Por ello se estudiará la tipología de una forma concreta y en un ámbito espacial y geográfico restringido, delimitado por unas condiciones que se pueden considerar homogéneas y estables Fig 0.03 Corral del Conde, Sevilla. María del Carmen Martínez Quesada 017 durante el periodo de su consolidación como tipología, y en el que los elementos de estudio aún suponen una realidad importante en su configuración edilicia. Para abordar las cuestiones relativas al uso de los espacios comunes y la adaptabilidad de la vivienda, previamente hay que acercarse a una serie de cuestiones como son: qué es la vivienda contemporánea, qué es el habitar, qué es la habitación, qué es el espacio de comunidad, Qué son los materiales de proyecto, porqué pueden ser los corrales una vía de revisión. El punto de partida será comprobar la viabilidad de la interpretación de la vivienda contemporánea desde los espacios comunes, públicos y privados analizando los siguientes aspectos: Los espacios comunes como materia de proyectos de la vivienda contemporánea Los espacios de comunidad, social y familiar, como resultado de dispositivos arquitectónicos Los dispositivos arquitectónicos ayudan al diseño del espacio doméstico Los corrales permiten revisar los espacios de relación de la vivienda contemporánea Los corrales de vecinos como nuevo espacio de comunidad Los corrales de vecinos como lectura de la ciudad y generador de redes Para delimitar el ámbito de estudio se ha partido de los datos obtenidos en las fuentes bibliográficas citadas al final del texto, que cubren aspectos arquitectónicos, compositivos, estéticos, sociológicos, antropológicos, filosóficos y políticos en torno a la cuestión planteada. Estas fuentes se encuentran en su mayor parte disponibles en las bibliotecas de la Universidad de Sevilla. Se han recorrido los trabajos actuales sobre instrumentos y herramientas para proyectar el hábitat contemporáneo, y para así comprender la configuración del pensamiento y de la vivienda actual. Todo ello se enmarca dentro de un minucioso trabajo de campo, en el que destacan las visitas que se han realizado a los corrales analizados en la tesis. El método seleccionado implica la profundización en las relaciones entre los distintos tipos de información analizada, incluyendo una aproximación al modo de vida de los corrales, así como la elaboración de las planimetrías redibujadas y escaladas de los ejemplos de estudio. Asimismo se ha realizado una recopilación y comparación de las distintas catalogaciones que de los corrales trianeros se han hecho hasta la fecha, aportándose una catalogación propia en el que se recogen los que existen en la actualidad. El reunir todos los corrales que se han visto citados en alguna fuente documental ha dado lugar a un catálogo de inventarios gráficos y documentales, que se corresponde con una primera fase de acercamiento a los corrales de vecinos en Triana. Este documento ha permitido visualizar la presencia por fechas y una valoración de los datos obtenidos con la que se quieren poner de relieve determinados hechos encontrados y discordancias entre las distintas fuentes utilizadas. En una segunda fase, los ejemplos del inventario propio, de los que existe un mínimo documental, se han recogido en fichas resumen, en las que se ha vertido toda la información recopilada, contrastada y comprobada del universo estudiado atendiendo a un protocolo de estudio consiste en el análisis de una serie de variables concretas y cuantificables: descripción formal, de ocupación, usos, tipológica,…-, incorporando la topología temporal -relación CÓMO SE HACE Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana 018 I Introducción entre las entidades y el tiempomediante líneas temporales que establecen relaciones entre los cambios de las entidades -aparición, reforma, rehabilitación, desaparición-. El resultado se recoge en el apéndice documental adjunto, que por su envergadura adquiere valor propio. Se trata del fiel reflejo de la situación actual de los corrales trianeros y una de las aportaciones de esta investigación. El método seguido para la gestión de esta información y de las fichas, ha sido a través de organigramas y cuadros en la línea del racionalismo sistemático, como los cuadros comparativos de plantas de células de vivienda planteados por Alexander Klein en los años veinte, y en la línea aportada por John Habraken y Chistopher Alexander. La documentación gráfica elaborada comprendida en las fichas parte de la planimetría localizada en las fuentes documentales recogidas en el apéndice documental. Dicha información se ha revisado y redibujado en su totalidad, con diferente nivel de desarrollo en función del rigor con el que estaban planteados los levantamientos de referencia. La documentación fotográfica y catastral se ha utilizado como comprobación de los levantamientos, incluyéndose imágenes de las distintas situaciones en las que se han encontrado los corrales a lo largo del tiempo. Se pretende aportar un trabajo que suponga un registro gráfico actualizado de este conjunto de edificios, que sirva para constatar el grado de conservación de esta parte del patrimonio edificado aún existente. Paralelamente a los datos aportados con anterioridad, se realiza el acercamiento a una serie de conceptos básicos de los espacios domésticos. La lectura revisada de la forma de ver el proyecto doméstico mediante conceptos que se concretizan en descriptores proyectuales. Este método es una de las principales aportaciones de esta investigación en relación a un tema que supone no una escenografía, “sino un espacio de complejidad creciente, con múltiples capas de análisis y lecturas”. (MONTANER, MUXÍ, FALAGÁN, 2011:13) Una vez delimitado el ámbito de trabajo y estudiados todos y cada unos de sus elementos mediante un análisis exhaustivo y riguroso de la realidad existente, que constituye el cuerpo documental, se desarrollan unos proyectos concretos en los que comprobar las posibilidades que aportan las herramientas proyectuales específicas, en las que se sitúa el marco de referencia, los descriptores proyectuales, en la reconfiguración de esas estructuras de habitación elegidas y las posibilidades proyectuales de los corrales de vecinos que permitan tanto el conocimiento de la realidad actual de los objetos de estudio, como sacar conclusiones sobre sus valores y los objetivos alcanzados en las actuaciones realizadas según los descriptores a los que están sometidos. Se revisa esta arquitectura popular mediante la realización de siete propuestas de intervención propias que, a modo de conclusión, sirven de muestra de que los elementos utilizados, herramientas y modelos, son válidos y utilizables en la realización de la vivienda contemporánea. Propuestas originales que producen situaciones arquitectónicas concretas, pero que, por el método empleado, pueden representar un modo de trabajo utilizable en otros lugares o con otras técnicas. El campo de estudio sobre el que se establece esta fase de acercamiento, situado entre la teoría y la práctica proyectual, se reduce a cinco casos, claramente delimitados, del total de los ejemplos referenciados. En ellos se María del Carmen Martínez Quesada 019 plantea una hipótesis de intervención, en la que los descriptores propuestos se comprueban sobre los ejemplos de estudio transformados por el proyecto, no como solución formal proyectual sino como ratificación de la hipótesis de partida y para mostrar la viabilidad de recuperación de una tipología tradicional en clave contemporánea. Los ejemplos de estudio son elegidos por la potencialidad que, al respecto, presentan los espacios y las construcciones existentes. Se trata de propuestas que llevarán asociadas nuevas formas de entender el hecho urbano y el habitar, acorde con los nuevos modos de vivir actuales y futuros, y planteados desde la reconfiguración de los espacios comunitarios, que entienden que el corral, además de significar el uso doméstico, también puede connotar otras cosas como espacio comunitario, vida asociativa, arquitecturas colaborativas, que hoy podemos entender como parte de estrategias arquitectónicas que permiten reforzar estos espacios sensibles frente a su posible desaparición en situaciones de gentrificación o de comercio corporativo. Por último todo lo previamente comprobado se ratifica en una última fase mediante la verificación sobre dos proyectos de nueva planta, en dos parcelas no ocupadas en la actualidad de Triana de características similares a la parcela estrecha y profunda definidora de la estructura urbana, tanto de la posibilidad de uso de los descriptores como de la viabilidad tipológica del corral actualmente. Con las siete propuestas arquitectónicas se proporcionan datos sobre forma, superficie, distribución y maneras de usos, elementos estructurantes, y de las posibilidades que éstos ofrecen en cuanto a su incorporación para la construcción del espacio común. Y finalmente se obtienen datos que en sí mismos suponen una herramienta, un sistema de conocimiento válido equiparable a los métodos científicos, que pretende comprender los mecanismos subyacentes entre el origen y el resultado, para que sea válido en otros análisis distintos. El método y los datos empleados generan un modelo para el proyecto arquitectónico, en la revisión de tipologías obsoletas y su posible reconfiguración, y también aportan información para conocer determinadas variables domésticas y su variabilidad por su implicación con otras, y cómo entre ellas configuran el límite entre el ámbito público, intermedio y privado en la arquitectura doméstica Este trabajo de investigación está estructurado en seis partes, de las cuales de la segunda a la cuarta están organizadas mediante un número parecido de capítulos. Las tres primeras partes componen este Tomo I que comienza con esta Introducción en la que se recogen una serie de cuestiones previas del pensamiento desarrollado y se adelanta lo que se va a estudiar a continuación. En las dos partes siguientes se realiza un diagnóstico de la situación y se establece el marco teórico de referencia del objeto de estudio: la vivienda contemporánea y su revisión desde los corrales de vecinos, y los conceptos que se relacionan. Los antecedentes y el contexto de esta investigación se inicia desde un punto de vista sobre la vivienda actual en torno a unos conceptos concretos elegidos, se continúa hablando de memoria e identidad para terminar contextualizando la muestra de estudio, determinándose en ambos casos el marco histórico. Las siguientes partes, que integran el Tomo II, constituyen la continuación de la investigación. Se empieza con la exposición del método desarrollado con el que se demuestra la hipótesis establecida: que hay modelos en la CÓMO SE CUENTA Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana 020 I Introducción arquitectura tradicional que son vigentes y reaprovechables en la revisión de la arquitectura doméstica contemporánea y futura. Para ello, desde la metodología como forma de aproximación, se establecen una serie de conceptos y elementos de conocimiento que son utilizables en el proyecto arquitectónico doméstico tal y como se ha verificado mediante su uso en las propuestas realizadas, para desde la arquitectura popular de los corrales de vecinos abordar la revisión de la vivienda. Las conclusiones se hacen presentes y empiezan a ejemplificarse a partir del capítulo Proyectos Experimentales de Vivienda , ya que aunque éste comienza con un planteamiento de las intenciones de las propuestas y continúa con el desarrollo de las mismas, también se hacen explícitos los objetivos, inicialmente expuestos y alcanzados, tanto en la relación de posibles cualidades desde las que adjetivar los proyectos realizados y en la verificación gráfica de las distintas herramientas proyectuales utilizadas, como en las propias reflexiones realizadas sobre diferentes cuestiones relacionadas con los proyectos. El tomo II concluye con las referencias bibliográficas. Por último, en el Tomo III se encuentra el apéndice documental, acompañado de las fuentes bibliográficas y documentales, así como de los créditos gráficos. En él se adjunta el universo de los casos detectados y analizados mediante una investigación de campo exhaustiva y rigurosa de toma de datos y su posterior comprobación con la realidad, que se ha utilizado como base instrumental para la reflexión teórica especulativa desarrollada en esta investigación y para la realización de los proyectos aportados. La vivienda producida desde el Movimiento Moderno ha mostrado su inflexibilidad e inadecuación al panorama sociológico de la demanda de habitar actual. Y esto ha sucedido tanto en la vivienda protegida como en la libre. La protegida, al estar basada en modelos de gestión de superfícies mínimas, produce organizaciones rígidas condicionadas por estructuras y cerramientos poco elásticos. E igual ocurre en la vivienda libre privada, que continúa la inercia de las estrategias establecidas en la vivienda pública, si acaso con un mayor nivel de equipamiento y algún ajuste de superficie, pero con los mismos esquemas funcionales. Los nuevos hábitos, formas de vida y trabajo actuales, en constante cambio, demandan, ahora más que nunca, en el contexto actual de profunda crisis, un cambio en el modelo de vivienda que se propone a la sociedad. Siendo la sociedad una estructura cambiante, dinámica, en permanente evolución, es preciso superar viejos conceptos, afrontar nuevos retos y proponer soluciones a los problemas que plantea el espacio doméstico. La diversidad de tipos de hogares, las familias tradicionales, familias numerosas, familias monoparentales, familias recompuestas, habitantes nómadas, estudiantes, unidades intergeneracionales, parejas mayores, seniors, …, con diferentes necesidades y ritmos de vida, hacen imposible el poder diseñar viviendas que satisfagan cada una de las variables demandadas, por lo que la gestión de los espacios, tanto privados como comunitarios, para aportar configuraciones sostenibles y adaptables, garantizan un uso eficiente del espacio y facilitan un aumento de las relaciones entre los habitantes NUEVAS NECESIDADES María del Carmen Martínez Quesada 021 El proyecto arquitectónico ha de ser especialmente sensible a lo manifestado, prestando atención a la evolución del concepto de forma de vida y relaciones familiares con posibles nuevas composiciones y, desde esta consideración, dar respuesta con otras opciones habitacionales con las que la comunidad se identifique y se evite la posible aparición del peligro que puede suponer el desarraigo. Por ello es una posibilidad a considerar partir de la experiencia y formas de vida del sujeto para desde ahí utilizar elemplos de arquitectura doméstica popular tendentes a la construcción de un tejido social basado siempre en dicha forma de vida. Lo expuesto conduce a la necesidad de enunciar que la nueva habitación o hábitat no entra en contradicción con la civilización técnica, que se considera necesaria para satisfacer a nuevas demandas, pero ha de partir de la necesidad de un hábitat enraizado, esencial, constituyente (SOLA MORALES, 1995). Por ello habría que repensar la vivienda teniendo presente su lenta evolución, reflejo de experiencias de una comunidad y el aporte de construcciones anónimas como son las definitorias de la arquitectura popular. Eso obliga a mirar no sólo hacia el futuro, hacia posturas abiertas a otros conceptos, como los espacios indeterminados, transformables y llenos de potencialidades, sino también al pasado, quizás no a un pasado próximo, que, apoyado en una normativa claramente obsoleta y desajustada respecto a los modelos familiares, nuevas tecnologías y producción de ciudad, ha generado viviendas estáticas pensadas para un modelo de familia ya inexistente, sino a un pasado más alejado, en el que quizás se puedan encontrar aproximaciones a aquello que hoy se busca. El corral de vecinos es una de las tipologías domésticas más caracterizadoras de la ciudad de Sevilla, adelantada en su época, que forma parte del patrimonio artístico-cultural de la ciudad y supone un elemento del pasado lleno de potencialidad. En sus planteamientos de origen se encuentran capacidades que podrían ayudar a resolver los problemas planteados. Son soportes de formas de vida que encuentran en ellos espacios en los que los habitantes pueden desarrollar su diferencia, su diversidad, pero también su convivencia, favoreciendo el contacto y la agrupación de los vecinos. ¿Qué singulariza a los corrales: la forma, la función, la colectividad, la memoria, …?. Pudiera decirse que es la relación espacio/habitante, siempre adaptable a tiempos diferentes. El concepto de corral no se puede reducir a una imagen y a la satisfacción que genera, pues es mucho más, es un sistema capaz de configurar todas las relaciones antiguas y nuevas que sean posibles, en el que los conceptos y relaciones son verificables desde resoluciones arquitectónicas completas y reconocibles dentro del tipo. Por ello la forma no es determinante en la definición del tipo, ya que éste vendrá de las relaciones y la memoria, siendo su complejidad derivada de la variabilidad de usos que se plantean de forma colectiva. Eso lleva a contemplar esta tipología con una mirada interesada, no influenciada por los condicionamientos tópicos del modelo, donde comprobamos que, ayudadas por determinados fenómenos de disgregación social, las últimas intervenciones realizadas en los corrales de vecinos han producido una pérdida de lo que hacía de ella un edificio vivo quedando, muchas de las veces, resumida en una construcción de espacios muertos, en los que los usuarios dejan de ser usuarios para convertirse en figuras extrañas a esos espacios que antes los acogían. Se hace necesaria, por tanto, su revisión para poder recuperar aquellas cualidades que, por tanto tiempo, hicieron posible su existencia y así evitar Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana 022 I Introducción la pérdida de sus más preciados valores: la sociabilidad que generan, y lo positivo de las relaciones que se establecen, factores que convierten a los corrales en espacios culturales identificativos de una comunidad. Esto conduce a la creencia de que la sociedad actual necesita evolucionar desde el individuo como factor esencial a la persona dentro de la comunidad y las actividades de ésta, como reconocimiento del modo específico de cada colectivo. La elección de esta tipología no es casual. En un momento en el que se buscan formatos de vivienda que sean capaces de adaptarse a los nuevos modos de vida, variables e imprevisibles, para albergar a unidades familiares y modelos de convivencia, variados y complejos, en permanente cambio, los corrales aportan toda su capacidad, aprendida en el tiempo, para construir el espacio doméstico desde relaciones humanas que aceptan la adaptación como forma de vida y de entender el espacio en el que se vive. Es necesario asimilar y aprehender estas estructuras habitacionales en las que, como en los corrales de vecinos, el formar parte de una asociación permite beneficiarse de los servicios que ésta da. Arquitectónicamente el corral se significa por el modo de habitarlo, por lo que el tipo comporta una serie de elementos que se traducen en la manera de su utilización y de habitar, con funciones simbólicas reconocidas por los usuarios, lo que les permite apreciar los estímulos. El corral comunica la función a realizar, aunque sus espacios ejercen una serie de estímulos, generadores de determinadas reacciones. Esos espacios se dan en las cocinas de las fachadas, en las fuentes, en los lavaderos, en sus estímulos y en la posibilidad de ser útiles desde su función. No aportan tecnología, aunque si facilitan la movilidad, esa que ahora está propiciada por la tecnología. No existe un hogar tradicional, pero sí hay una amplia variedad de actitudes y comportamientos, basados en relaciones de solidaridad, que hace que tales relaciones entre los individuos, de todas las edades, condiciones y nacionalidades, sean más importantes incluso que la de la propia familia, como las relaciones de sororidad establecida entre las mujeres. La interrelación de los espacios de vivienda y los espacios de trabajo, que anticipan formas de vida más dinámicas, allí están contemplados. En los patios han sido posibles pequeñas industrias, que el tiempo ha convertido en labores artesanales y de servicio. También han constituido un referente económico, contemplando en su estructura relacional el préstamo , representado en la figura de la ditera , el imprescindible prestador de todo corral, y el lugar de la primera educación, con la miga , el lugar donde los niños y niñas, de forma económica, además de ser educados eran cuidados mientras sus madres trabajaban, planteado dentro de lo que hoy se llamaría conciliación familiar y desarrollado en el ámbito de una comunidad. Las formas de relación actuales, en las que la unidad familiar ya no está basada fundamentalmente en la familia tradicional y es producto de otras composiciones y situaciones diferentes de agregación, de alguna manera ya estaban presentes en estos soportes, en los que la familia la componían todos y cada uno de los habitantes del corral dentro de un estilo de vida sumamente comunitario. En conclusión, la tecnología, las formas de relación, los espacios de trabajo, el concepto de familia, lleva hoy a plantear la necesidad de dar respuesta arquitectónica a estas cuestiones, que no encuentran acomodo en las viviendas María del Carmen Martínez Quesada 023 actuales. Es conveniente responder desde otras formas de vida y otras consideraciones de tipo normativo o de rendimiento económico claramente diferentes a las que han producido, la mayor parte de las veces, unas viviendas reducidas y uniformes, en las que las minorías y los deseos personales no tienen cabida y con las que los usuarios no terminan de cubrir sus necesidades. La propuesta es ésta: si los corrales ya contemplaban estas demandas que hoy se piden por la sociedad actual, ¿por qué no utilizarlos como revisión de la vivienda colectiva contemporánea?, ¿por qué no hacer de ellos una posibilidad de experimentación sobre los espacios de contacto vecinal para convertirlos en lugares aptos para las nuevas formas de vida y adaptables a nuestras necesidades?. Esta investigación pretende plantear una revisión del espacio doméstico desde los espacios de comunidad del corral de vecinos, que atiende a necesidades y modos de vida, y a la cotidianidad, en el convencimiento de que desde la arquitectura y modelos culturales identitarios es posible que la sociedad deje de estar centrada sólo en el individuo y permita a la persona su completo desarrollo en comunidad. Para la demostración de esta hipótesis se plantean una serie de herramientas que recogen cualidades y atributos de los espacios domésticos. Estas herramientas, que en la actualidad se utilizan como revisión y estudio de la vivienda en diferentes textos, se contrastan con los espacios de los corrales elegidos como base de experimentación, y se analizan sobre desarrollos de soluciones particulares en dichos soportes a través de procesos proyectuales, que no pretenden constituirse en modelos normativos sino en un medio de comprobación de los conceptos propuestos dentro de este tema arquitectónico que es la vivienda, en una tipología de vivienda colectiva obsoleta y necesitada de reconfigurar. Y desde esa reconfiguración, plantear la viabilidad de la revisión de la vivienda contemporánea, en la que la mayor parte de las veces, o no tiene cabida la diversidad, o no existen espacios cualificados que favorezcan la comunidad, o el habitante ha sido desterrado. En Herramientas para habitar el presente (MIRANDA, MAURI, AMANN, 2009) se hace una valoración de parámetros proyectuales en función de miradas globales, pero las líneas de división establecidas son imprecisas. La relación de descriptores proporcionada por la investigación realizada en esta tesis no pretende sustituir a la disciplina proyectual, pero sí intenta mostrar que proyectar vivienda colectiva hoy debe contemplar necesariamente determinados aspectos espaciales y relacionales. Los distintos acercamientos que se están realizando sobre el tema lo hacen la mayor parte de las veces desde acciones: desjerarquizar, destabicar, cohabitar; o espacios: muro espeso, banda activa, hábitat satélite, pero en todas ellas subyace una red compleja de ideas interrelacionadas en las que las experiencias de los usuarios explicarían mejor lo que las viviendas deberían ser desde el proyecto. ¿Es preciso facilitar que las personas vivan las vidas individuales que desean sin que las condiciones sociales y la necesidad de vivir en un estado de colaboración con otros afecten al desarrollo de una variedad de intereses tanto privados como comunitarios?. Desde esta investigación se entiende que es posible la coexistencia de la individualidad DESDE DÓNDE Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana 024 I Introducción y los social. Históricamente el concepto de hábitat colectivo ha estado presente de muy diferentes formas y con distintos objetivos. Volver a utilizar ahora los espacios de forma colectiva es una alternativa al modelo actual. En la consideración de los descriptores propuestos, que facilitan la adaptabilidad e intercambiabilidad como solución al uso del espacio doméstico, están presentes las cuestiones y principios básicos planteados en la teoría de Soportes de John Habraken (1975) (1979), en cuanto a la capacidad que presentan de constituirse en aquello que puede ser transformable, afectando a divisiones interiores, armarios, cuartos húmedos, y que dependen de las necesidades o deseos de cada usuario. Igual que enunciaba N. J. Habraken, podemos decir que el elemento olvidado en la edificación de viviendas es el usuario mismo, que ha sido eliminado del proceso de toma de decisiones sin considerar que la vivienda es el resultado de dicho proceso, siendo el objetivo final el habitar esa vivienda por un usuario concreto que también decide. Como los arquitectos del SAR, Stichting Architecten Research, esta tesis propone reincorporar al usuario en este proceso. Para lograrlo, ellos proponen crear un método de coordinación y comunicación que ayude a la formulación de acuerdos y a la delegación de responsabilidades. El método consiste en adoptar un sistema de “soportes” y “unidades separables”, entendiendo por soporte un producto arquitectónico dotado de una calidad espacial definida, construido en un lugar específico, y no un simple armazón neutral y vacío, y por unidades separables los componentes físicos no estructurales, que el individuo elige según sus gustos y necesidades, que una vez agrupadas, se añaden al soporte, y generan una vivienda que refleja la vida y la personalidad del usuario. Aquí se adopta ese método desde el corral, entendido éste como soporte en el que las esferas de decisión y los niveles de planteamiento del entorno construido quedan perfectamente delimitadas: la comunidad es responsable de las decisiones sobre los corrales y sus espacios comunitarios, perfectamente definidos, y el individuo de las decisiones sobre las unidades separables. De esta manera, la vivienda es el resultado del cumplimiento de responsabilidades tanto por parte de la comunidad como del individuo. Pero por otra parte, se hace necesaria una revisión de los espacios comunes, establecer una nueva forma de mirarlos, que permita ver en lo colectivo el medio para intentar conseguir algo mejor en la forma que se habitan, desde la creación de comunidades en las que las personas pueden acceder más fácilmente a cada uno de sus miembros para generar un capital social que facilite la creación de redes de complementariedad entre vecinos que faciliten el cuidado de los niños y la asistencia a las personas mayores, entre otros usos y funciones. La arquitectura tradicional entiende muy bien el concepto del uso natural de los espacios, ya que desde una economía formal debía resolver las diferentes cuestiones, no sólo privadas sino también relacionales. Los ejemplos que estudia esta investigación, los corrales de vecinos, se reconocen con las condiciones anteriores, y eso permite, a través de ellos, poder enlazar el presente y el futuro de los espacios comunes de la vivienda colectiva. Se proponen como la forma de establecer una continuidad temporal que, desde lo ya existente, más allá de lo social, lo urbano y lo simbólico, permita pensar el futuro de estos espacios para la ciudad y para la comunidad como lugares de representación y de encuentro, usando la arquitectura como vehículo. María del Carmen Martínez Quesada 025 Conceptos como la flexibilidad asociados a los procesos de cambio actuales pueden comprenderse también desde la arquitectura tradicional en la que, con planteamientos constructivos muy rigurosos, está presente la capacidad de desarrollar diferentes posibilidades espaciales lo que les confiere una extrema flexibilidad de uso. Por ejemplo en los corrales de vecinos, con el paso del tiempo, las distintas unidades que inicialmente eran ocupadas cada una por una unidad familiar, iban sumando espacios en función de las diferentes necesidades de las unidades familiares y del progresivo abandono que se producía, y así las celdas se han ido ocupando por otros habitantes, presentando de esta forma una gran capacidad en cuanto a la flexibilidad funcional. La posibilidad de recuperar un determinado tipo como solución a las nuevas situaciones planteadas en el hábitat doméstico no parece viable a priori por el carácter estático y rígido que éstos presentan por su propia pertenencia al tipo. De hecho la suma de todos los posibles panoramas, en cuanto a usuarios, y los distintos horarios a los que están sometidos, y las necesidades requeridas por éstos, dificultan el poder reconocerse en las casas que se habitan, y que son producto de actuaciones tipológicas. Nadie pensaba, cuando fueron proyectadas, cómo podrían llegar a ser vividas, eso hace que con el paso del tiempo se habite en viviendas atrasadas, y que los habitantes de estas construcciones las estén cambiando permanentemente. Las personas cambian la vivienda para transformarla y ordenarla, pero la casa nunca estará al día en cuanto a las necesidades demandadas, y siempre quedará por detrás de los acontecimientos, la tecnología, u otros factores externos no considerados. Una posibilidad de permeabilizar las viviendas sería re-tabicar, des-tabicar o re-distribuir, como forma de hacer las viviendas para domesticar el entorno desde un uso compartido, que permita acabar, no con el principio, pero sí con una forma de pensar inductiva basada en la propiedad privada. Compartir es en estos momentos un campo de negocio, y para compartir las estructuras habitacionales, éstas deben ser lo más neutras posibles, desjerarquizando los espacios, dando la misma importancia a las cosas, y construyendo el espacio con el uso. (SABATER, 2014) Cohabitar -adscripción de dos conceptos contrarios a un mismo sujeto-, o compartir casa -sering hausson términos que se utilizan en las nuevas formas de alojamiento. Para ello habría que tener en cuenta dispositivos con los que revisar lo individual frente a lo compartido, y crear unos modelos habitacionales que podrían ser compatibles con los procesos de recuperación y rehabilitación del parque de viviendas. Uno de los acercamientos a la vivienda y a los espacios comunes se realiza a través de cuestiones sociológicas, antropológicas y de estrategias de convivencia, en la confianza de que lo público es un proceso que no se limita a un espacio físico, sino que está constituido por relaciones, por lo que es pertinente la verificación de las cuestiones planteadas en la tipología elegida, el corral de vecinos. Pero existe un problema: la inexistencia de suficientes ejemplos actuales con las características y los dispositivos espaciales necesarios. Si se estudiasen los modelos existentes conducirían a cuestionar la obsolescencia del tipo, o incluso la desaparición del mismo con soluciones camufladas en una apariencia formal de corral. La revisión del tipo realmente aún no se ha realizado lo que lleva a replantear ésta, partiendo del conocimiento de la metodología que utiliza el conocimiento de la ciudad y que generó todo un discurso sobre los corrales y la ciudad de Sevilla, pero ahora abordándola desde otros puntos de vista, desde la red, desde el género, desde lo social. En esta búsqueda se utilizarán otros indicadores que, junto a herramientas informáticas, ponen en comparación distintas realidades. 032 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea [01] CUESTIONES SOBRE LA VIVIENDA CONTEMPORÁNEA CAP. I. LA CIUDAD COMO ESTRUCTURA SOCIAL. EL NUEVO SOPORTE DE LA VIVIENDA I.a. Condiciones de apertura en la ciudad I.b. El espacio público como sistema abierto I.c. El punto de partida: la esfera pública CAP. II. CONDICIONES SOCIO ECONÓMICAS II.a. Sobre usos y usuarios II.b. Las modificaciones del grupo doméstico II.c. La simplificación de tareas y la reducción del tiempo de trabajo II.d. El aumento del uso del equipamiento doméstico II.e. Evolución de modos y comportamientos II.f. Actitudes y valores hacia la vivienda hoy CAP. III. GÉNESIS DE LA VIVIENDA CONTEMPORÁNEA CAP. IV. SOBRE LAS CUALIDADES DEL ESPACIO DOMÉSTICO ACTUAL IV.a. Privacidad / Apertura IV.b. Espacio colectivo o comunitario IV.c. La consideración de los espacios intermedios IV.d. Flexibilidad CAP. V. FORMALIZACIÓN DEL ESPACIO DOMÉSTICO V.a.1 Espacio mínimo V.b.2 Equipamiento V.c.3 Amueblamiento V.d.4 Personalización de la vivienda por los usuarios V.e.5 Permeabilidad de la fachada a través de la ventana V.f.6 Habitación María Del Carmen Martínez Quesada 033 “ La comprensión de la condición urbana contemporánea es un requisito previo para cualquier proyecto y cualquier visión de futuro ” (CHALAS, 2011.:1), ¿pero de qué ciudad se trata?. La ciudad del ayer, que estableció una oposición clara entre la ciudad y el campo, la ciudad y la naturaleza, el centro y la periferia, está en desaparición, y muchos críticos han creído ver en esta desaparición el final de toda posibilidad de ciudad. No obstante cuando un tipo de ciudad resulta insatisfactoria otra está apareciendo, la cuestión está en saber reconocerla. La ciudad del siglo XXI se caracteriza por ser una ciudad-móvil, ciudad-territorio, ciudad-naturaleza, ciudad policéntrica, ciudad para elegir, ciudad vacía, la ciudad en el tiempo continuo. Son nuevas visiones de la ciudad contemporánea, que sustituyen a las viejas figuras de la ciudad del ayer, para dar forma a los estilos de vida y las prácticas diarias de los habitantes afectadas por “el alargamiento del curso de la vida, la historia del desarrollo sin precedentes de la movilidad, los grandes logros de la modernidad representados por la movilidad, la democratización y la creciente individualización de todos los aspectos de la vida, la omnipresencia de la tecnología de la información y la comunicación, en el lugar de trabajo y fuera del trabajo, aumento del tiempo libre y de ocio, el hedonismo, el amor por la naturaleza y la preocupación medioambiental” . (CHALAS, 2011:1) Por tanto la demanda de la vivienda hoy deriva de esta evolución del ámbito urbano y de los modos de vida y de la movilidad, lo que se manifiesta, según Yves Chalas, en cuestiones cotidianas como la demanda de flexibilidad, aparcamiento, la terraza, el almacenaje, y la preocupación por el medio ambiente. El aparcamiento derivado de que “El derecho a la ciudad es hoy en día el derecho a la movilidad” , (2011:2) de almacenaje, que se hace cada vez más necesario al realizar en la vivienda más actividades, además de comer y dormir, y este aumento de actividades, producto del mayor tiempo que se pasa en la vivienda, provoca que siempre falte espacio. La terraza, que no el balcón, representa la necesidad de privatizar parte del espacio exterior natural y poder vivirlo en la ciudad sin tener que salir fuera de ella. Retrata la creación de un jardín utilizable por el alojamiento, y no de un paisaje natural que se observa siempre fuera de éste. También el medio ambiente y la preocupación ecológica se aplican en la vivienda en cuanto a los materiales, aislamientos, sistemas energéticos, y dispositivos captadores que introducir. 034 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea CAP. I. LA CIUDAD COMO ESTRUCTURA SOCIAL. EL NUEVO SOPORTE DE LA VIVIENDA I.a. Condiciones de apertura en la ciudad I.b. El espacio público como sistema abierto I.c. El punto de partida: la esfera pública María Del Carmen Martínez Quesada 035 CAP. I. LA CIUDAD COMO ESTRUCTURA SOCIAL. EL NUEVO SOPORTE DE LA VIVIENDA Según afirma Soja la sociedad se encuentra ante una realidad urbana que ha evolucionado más en los últimos treinta años que en toda la historia de la ciudad. La globalización, la difusión urbana, la sostenibilidad, la pérdida de poder de la ciudad histórica, entre otros factores, hacen pensar que acercarse al futuro de la ciudad no es posible desde instrumentos analíticos que ya resultan obsoletos. Se hace preciso encontrar nuevos instrumentos que permitan pensar de una manera nueva el territorio, la religión, la escala, y en definitiva, de comprender la relación entre el espacio y la misma sociedad. (BENACH, 2010:9) Hoy es un objetivo deseable el plantear vivir en ciudades en las que los servicios públicos sean eficientes, tengan una economía dinámica y en las que existan los suficientes incentivos sociales y culturales que permitan matizar las diferencias de clase, raza y etnia, pero eso no es así, y no solamente por la influencia que las políticas económicas o las lacras sociales han ejercido sobre ellas, sino también por lo que la ciudad debería ser hoy en día y no es. La ciudad anterior a la construida en el s. XX y los entornos vernáculos de épocas anteriores han demostrado ser más flexibles y adaptables, y, por tanto, más estimulantes que los producidos hoy por urbanistas dotados de muchos más recursos y herramientas tecnológicas más avanzadas. Se tienen más recursos, pero no se utilizan de forma creativa. La forma de generar la ciudad en el s. XX ha estado centrada en la creación de sistemas cerrados, en los que se establece un equilibro entre las partes, frente a los sistemas abiertos, condicionados por una evolución inestable e imprecisa. Y mientras que el sistema abierto podría haber supuesto una posibilidad de adecuación a los actuales procesos de cambio, el sistema cerrado ha paralizado el urbanismo. (SENNETT, 2014:8) Sennet nos cuenta como genetistas como Richard Lewontin y Stephen Jay Gould han utilizado este concepto arquitectónico para explorar la estructura de los sistemas abiertos en el campo de la teoría evolutiva. Desde posiciones diferentes han intentado demostrar que los organismos adoptan un papel activo en la construcción de su entorno y que esta construcción, que responde a un cambio adaptativo y a la inestabilidad, contiene, de hecho, una estructura -o más bien unas cuantasque responden a la incertidumbre y a la manera de gestionar el cambio. (SENNETT, 2014:9) Este carácter de apertura o cierre en la ciudad y los edificios altera la forma que se tiene de percibir y planificar el espacio público, y los límites de éste, e influye en la manera de reflexionar sobre cómo cruzar las fronteras establecidas entre los diferentes entornos. 036 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Las barricadas se construyen como dice Sennett (1978) desde el interior. Es en el mundo interior de los sistemas cerrados, de los barrios y comunidades cerradas, donde se establece un refugio frente a los cambios. Es una forma de protección de cara a los avances de la ciudad pero también supone una atomización de ésta, que, muchas veces favorecida por la planificación, refleja las formas de la sociedad que acogen. Del mismo modo que la ciudad medieval, por una necesidad de protección, se organizaba en torno a iglesias, mercados, expresando espacialmente, mediante la superposición, las relaciones de solidaridad y dependencia que gobernaban a la población, tal y como expresaba Ascher, ahora una necesidad de seguridad de uno mismo o una necesidad de aislar a otros, genera estos sistemas cerrados, que están necesitados de articularse y abrirse para comprender la lógica de la sociedad contemporánea que utiliza el cambio como principio fundamental. Un proceso de cambio que la transforma rápidamente, y del que somos conscientes, aunque la forma que a veces se tiene de apreciar dichos cambios en los objetos utilizados, las relaciones familiares, y el ocio no es apreciado en su justa medida. En el ámbito de la ciudad y el urbanismo es aún más difícil de apreciar por la lentitud con la que el espacio edificado evoluciona debido a la escasa incidencia del volumen de construcción nueva anual. La atomización espacial, que puede manifestarse en una sociedad de individuos más autónomos, no ha supuesto, sin embargo, la pérdida del aspecto social ni la pérdida de vínculos sociales. Según Ascher lo que ha ocurrido es que los vínculos son más débiles y a la vez resulta más fácil establecer otros nuevos: “se trata de «la fuerza de los vínculos débiles». El tejido social constituido por los vínculos sociales contemporáneos cambia de textura. Está compuesto por múltiples «hilos», muy finos, de todo tipo, que no le restan solidez sino que le confieren mucha más finura y elasticidad. Este tejido de fibras diversas es además social y culturalmente heterogéneo. (2007:41) Estas nuevas estructuras sociales basadas en vínculos débiles, funcionan como una serie de redes conectadas que permiten una movilidad constante y creciente de personas, bienes e informaciones. No se limitan a su desarrollo en el espacio y se apoyan en una solidaridad “comunicativa” que relaciona a individuos y organizaciones pertenecientes a muchas redes conectadas entre sí (ASCHER, 2007:41), cuyo reto final es hacer consciente al individuo de que pertenece a sistemas de intereses colectivos. (ASCHER, ib.) En la ciudad la competición y las relaciones de negocios adquieren a veces un papel más importante que el de las relaciones sociales y los intereses colectivos; sin embargo, la ciudad es probablemente el monumento más importante construido por el hombre, la representación física de las voluntades, de las esperanzas y de la memoria de una entera colectividad. (GREGOTTI, 1996:195) El equilibrio entre la libertad personal y la liberación colectiva, configura el carácter de los espacios abiertos de la ciudad, que han llegando a convertirse en lugares inhóspitos, e incluso, a veces, han sido sustituidos en su cualidad como lugar de encuentro por los interiores de los centros comerciales, cuando el modelo caracterizador es el progreso y la libertad individual. Gregotti señala que a esta situación se une que los lugares significativos de la ciudad han ido desapareciendo, la iglesia es menos frecuentada, el ayuntamiento resulta menos representativo, … Fig 1.01. “ De los vehículos aprendimos que si haces más carreteras, tendrás más tráfico” , dice Jan Gehl en The Human Scale. María Del Carmen Martínez Quesada 037 Tanto el individuo como la colectividad se enfrentan por tanto a una serie de situaciones y circunstancias individuales y colectivas cada vez más diferenciadas y cambiantes (ASCHER, 2007:30), que, a su vez, también cambian las relaciones sociales y en consecuencia los espacios colectivos, cuando éstos sirven de soporte a aquéllas, ya que como dice Christopher Alexander, (1968 a), los espacios colectivos son un mecanismo que sirve de apoyo al mantenimiento de las relaciones sociales. Las personas no sólo podrán cambiar sus formas de vida si los espacios generan las condiciones para ello, sino que también deberán recibir las claves que les preparen para entender esos espacios. Al final, el espacio, a pesar de todo, tiene importancia. Los vínculos entre la organización del territorio y el uso del tiempo hacen que los individuos elijan actividades, lugares y cambio de tiempo -desincronizaciónentre los diferentes acontecimientos colectivos que a diferentes escalas se les ofrecen desde la ciudad, el barrio y los propios edificios, los cuales, a su vez, constituyen otra red de vínculos de una vecindad interna y externa, según la escala establecida, construida desde la frecuencia de los encuentros y actividades propuestas, y que depende del tipo y la cualidad de las relaciones establecidas, para asegurar resultados positivos. Deben plantearse desde la creatividad con la que se desarrollan las relaciones sociales y la capacidad de aportar multidimensionalidad al hecho colectivo. Pero también hay otras acciones superpuestas, que es necesario considerar al establecer estas redes, las generadas entre el espacio privado de la vivienda y el espacio comunitario ya que introduce particularidades y posibilidades nuevas en ellas en función de los límites considerados. Apropiaciones de lo público desde la vida íntima que cambian las cualidades de los límites, haciéndolos más imprecisos y abriendo más las viviendas, normalmente espacios cerrados e independientes. Considerar autosuficiente la vivienda no es una cuestión posible en este planteamiento. ¿Se hace ciudad sólo si se trabaja con el hecho urbano como objetivo prioritario?, o ¿se puede hacer ciudad desde escenarios generados en la vivienda colectiva que la dinamicen y que generen redes de conexión sobre la trama urbana?. La vida urbana va cambiando a medida que se producen cambios en los hábitos, en los modos de uso y en la movilidad. El cambio y desaparición del tejido comercial de proximidad, en beneficio de los grandes centros comerciales o motivado por el comercio por Internet, provoca la pérdida del hecho urbano, lo que origina a su vez el vaciado de las calles, que se vuelven más inseguras, y esa inseguridad vuelve a provocar la desaparición de actividad. Es por ello que proponer otros escenarios que hagan necesaria la utilización de la trama urbana mediante el establecimiento de redes de conexión ayudaría a hacer ciudad, y, si esto es desde la vivienda, conseguiríamos además no separar vivienda de ciudad, y se podría plantear un concepto de hábitat contemporáneo desde acuerdos con entornos urbanos, culturales y sociales. Pero pasar de la ciudad a la vivienda supone un cambio de escala y de objeto. La vivienda establece sus formas propias de relacionarse y expandirse hacia el exterior siendo la más evidente la que surge desde el propio núcleo doméstico que se relaciona con su entorno más inmediato, aparte del familiar, estableciendo relaciones de vecindad por proximidad, que después se alargan y se expanden. (LÉGER, 1998) 038 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea La vivienda permite entender la ciudad como una extensión de la casa, tal y como propone Jean Philippe Vasal, en la que los habitantes prolongan el uso de lo privado en las zonas públicas de edificios y ciudades, haciendo de la casa el lugar de descanso, de la intimidad, y de la ciudad el lugar donde desarrollar el resto de las funciones atribuidas de la casa. Los bares y cafeterías serian los salones, los restaurantes, los comedores, las bibliotecas, las salas de lectura y las salas de cine, las salas de televisión. Esto nos lleva a plantear que el término dispersión (HERNÁNDEZ PEZZI y otr., 2014) podría ser el concepto que más claramente puede significar un cambio en la vivienda respecto a modelos tradicionales y al valor simbólico históricamente asociado a la residencia, ya que nos permitiría entender la casa como un objeto que ha externalizado algunas de sus funciones fuera del ámbito doméstico, lo cual le permite estar conectada y relacionada con otros lugares urbanos complementarios. Se trata de una casa conectada en red, una casa pequeña en una ciudad grande. (RAGONE, 1988:64). Aunque el acercamiento a la historia de la arquitectura se realiza principalmente a través de los monumentos y de la arquitectura pública, es la vivienda la que construye realmente el tejido urbano, y son las casas las que al hacerse y deshacerse proporcionan, hacia el espacio público, la imagen a la ciudad y construyen la personalidad de ésta (BONET, 2006). De ahí la importancia del diseño de las viviendas y la forma en la que se relacionan con el entorno. Pero ¿cómo deben ser las viviendas para ser incluidas en las redes de una sociedad hipertexto?. Ascher (2007) plantea que deben concebir espacios múltiples de los cuales algunos combinen la dimensión funcional y la dimensión social, propicios tanto a la intimidad como a la socialización, como sucedía con las comunidades rurales y medievales, en las que los fuertes vínculos tradicionales eran sólidos y multifuncionales, y eran capaces de autogestionar el espacio sin necesidad de apenas leyes ni mecanismos administrativos. Las viviendas como la ciudad, deben permitir superposiciones, entremezclar usos, servicios, y distintos niveles de apertura, desdibujando los límites entre lo público y lo privado, y el acceso libre del restringido. Pero este planteamiento aunque considera la dimensión privada, es difícil de hacerla compatible con la dimensión social; se necesitan otros dispositivos híbridos e intermedios que permitan negociar entre ambos y que puedan incorporarse, si se desea, a esa ciudad social, participativa y conectada, y que incluso se conviertan en generadores de redes de conexión social. I.a. CONDICIONES DE APERTURA EN LA CIUDAD Los sistemas cerrados, en general, se basan en formas demasiado definidas, según Sennett (2014), siendo para él la clave de este principio el que son demasiado definidas. La tendencia a dar forma a las cosas en cualquier entorno construido, sea del tipo que sea, como respuesta a unas condiciones cambiantes y de experimentación en los procesos seguidos, no está presente en los sistemas cerrados por la incapacidad de éstos a la adaptación y al cambio. El problema de esto es que, en la medida en que éstos no se pueden adaptar a los nuevos medios, se convierten en estructuras rígidas. Las formas muy definidas resultan de una reglamentación y un control permanente. En el urbanismo esto se refleja en la pureza con la que las formas son planteadas en el plano, y aunque está caracterizado por un exceso de planificación María Del Carmen Martínez Quesada 039 rígida, sin precedentes en el urbanismo europeo, ha encontrado un caldo de cultivo en el crecimiento de las ciudades a lo largo del s. XX. El exceso de determinación ha generado un tipo de edificio de viviendas que ha marcado el crecimiento de las afueras de la práctica totalidad de las ciudades, en la que la vida en la calle en torno a las actividades comerciales y productivas se sustituye por el coche y los edificios contenedores de esos usos adaptativos. En la práctica, la estandarización de la edificación y la proliferación de normativas burocráticas han puesto fuera de juego la innovación local y el crecimiento, y han congelado la ciudad en el tiempo… En el caso concreto del urbanismo, cierre significa proyectar el sentido completo y último de un edificio o de un proyecto antes de que sea habitado o utilizado. Así, la pureza estética de la forma puede aumentar, así como la concreción del resultado, pero si el trabajo de predeterminación se hace con demasiada antelación, lo que nos encontramos al final es una pérdida de capacidad adaptativa y de vitalidad medioambiental. (SENNETT, 2014:22) En el espacio cerrado existen dos correlatos consecuencia de la forma demasiado definida , que son el equilibrio y la integración, (SENNETT, 2014:23) cualidades que podrían ser consideradas como definidoras de los sistemas sostenibles, y de gestión de recursos, como el agua o el petróleo; en ellos el gestionarlos desde unas condiciones de equilibrio entre las partes interesadas parece algo razonable. Pero en los sistemas sociales no es así. El equilibrio establecido para conseguir una concordia evita la posibilidad de la diferencia y la diversidad, además de plantear como punto de partida el que todas las partes deben tener la misma presencia y todo se ajuste o suceda al mismo tiempo. Es por ello que la experimentación, la innovación, por tratarse de elementos que introducen la diferencia, se entiendan como peligros de la integración en el sistema al no encajar en éste; ese es el motivo por el que las normativas igualitarias se encargan de delimitar e incluso evitar su existencia. Según este planteamiento, y ante el miedo al desorden, el equilibrio y la integración pueden convertirse en elementos de represión, siendo los correlatos de una forma demasiado definida , (SENNETT, 2014:24) que se manifiestan en formas y estructuras rígidas. En los sistemas cerrados que constituyen las ciudades, los cambios son imposibles, ya que las normas establecidas son limitativas, dan por estables las situaciones existentes, e impiden poder adaptar los edificios o espacios urbanos a la evolución y a los cambios de uso que se reclaman por la sociedad, esto debería hacer considerar unas normas de diseño distintas que permitiesen el cambio de las formas construidas en el tiempo, a partir de un determinado contexto que también puede variar, ya que éste puede entenderse como presencia activa en lugar de objetos físicos no operativos, inertes. El contexto en urbanismo, igual que en biología, se refiere al conjunto de presencias, edificios y resto de elementos existentes en un espacio físico antes de comenzar a plantear nuevas operaciones. Y esa condición de preexistencia, desde una lectura limitada que aporta un valor inexistente a determinados elementos, puede evitar que se propongan estructuras abiertas en aras de actitudes contextualizadoras de las nuevas intervenciones. La imitación de edificios o formas del pasado, como repetición formal de otro tiempo, se podría entender como contextualización, pero realmente las más de las veces se han quedado en copias de pieles y conformaciones de fachada, superpuestas a unos espacios interiores y unos usos que son ajenos a este disfraz que adopta el edificio, y que en su momento seguramente sí respondía a unos objetivos funcionales. Fig 1.02. Ciphers, Christoph Gielen, 2014. Las fotografías áreas de expansiones urbanas estadounidenses, geometría dependiente del coche. 040 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Entonces la diversidad en el contexto ¿dónde está?, ¿en la pequeña escala?, ¿en integrar y utilizar lo existente, en lo que sería una diversidad instantánea por lo cercana y acotada en el tiempo?, o ¿podría estar en la acumulación y en el tiempo resultado de factores económicos-sociales, pero en la que los espacios se han creado por normativas concretas?. En ninguno de los casos parece que se haya tenido en cuenta el uso que hacen los ciudadanos y la importancia de éstos a lo largo del tiempo para la configuración de los lugares. Debe considerarse una actitud participativa que es la que finalmente aporta vida a los lugares mediante la aceptación de los usuarios y la apropiación por éstos, muchas veces con actividades improvisadas. (SENNETT, 2014) Tampoco parece que la imitación de un contexto ayude a especular sobre la diversidad en la ciudad, ya que limita la experimentación al evitar cualquier posibilidad de diálogo entre formas producidas en distintos tiempos, y aunque se haya utilizado incluso para generar ciudades como El Buenos Aires de comienzos del s. XIX según la imagen del Paris de Haussman, las formas válidas para unos determinados tiempos pueden dejarlo de ser en otros diferentes. En la historia, y como norma evolutiva, el tiempo subvierte, altera, desestabiliza (SENNETT, 2014:31), facilitando el cambio y la evolución, y nuestra ocupación debe ser encontrar esas formas espaciales y arquitectónicas que permitan reconocer condiciones del pasado o existentes en este momento y que sean posibles de incorporar a la construcción de los lugares. I.b. EL ESPACIO PúBLICO COMO SISTEMA ABIERTO Aunque el sistema cerrado es una forma demasiado definida, el sistema abierto no conlleva necesariamente una falta de forma. La apertura se puede definir desde el tejido construido y el contexto, y la manera en la que éstos se relacionan entre sí de forma flexible a través de los umbrales. Esta condición de adaptabilidad introduce la dimensión temporal en la evolución de integración de estos entornos. Sennet afirma que el espacio público es un proceso, y sin embargo, todo el trabajo de los arquitectos se centra en la especificación de forma precisa del proyecto, del costo, y de su construcción, olvidando conceptos propios a un proceso, como: lo que podría llegar a ser, la indeterminación. Es cierto que los futuros compradores buscan y demandan especificación y concreción, pero al final el no centrarse en el proceso, con lo que de indeterminación tiene, hace que los edificios que se construyen terminen siendo sistemas cerrados, a diferencia de cómo se ha producido el avance en otros campos como en el de la tecnología, que ha provenido de la inversión en máquinas y programas de utilidad y especificidades que resultaban poco precisas inicialmente. Esto dificulta la presencia en la arquitectura de esta capacidad innovadora de la tecnología. Como expone Alejandro Zaera-Polo (SENNET, 2014), la construcción realizada es de bajo riesgo y estandarizada. Los edificios deben aceptar en su diseño el poder ser completados o revisados con el paso del tiempo, como plantea Peter Eisenman con el concepto arquitectura light. Se debe explorar con formas inacabadas o incompletas, o bien mediante estructuras lo suficientemente elementales que permitan su adaptación. María Del Carmen Martínez Quesada 041 Las líneas maestras para construir una forma incompleta son bastante claras: el esqueleto estructural se concibe como un conjunto de núcleos, más que como uno solo; los elementos del esqueleto se diseñan para permitir sumas «articuladas»; las pieles se hacen de manera que se puedan arrancar fácilmente del esqueleto; el espacio de alrededor del edificio se trata como un espacio colonizable en vez de protegerlo como un lugar desde donde observar el edificio como objeto. Los materiales y las tecnologías estructurales existen para permitir que los edificios cambien de forma en este sentido a lo largo del tiempo, .. . (SENNETT, 2014:59) Con este planteamiento el espacio del umbral adquiere una gran importancia. Todas estas operaciones actúan en el lugar que ocupa el espacio intermedio: la piel, el espacio colonizable próximo a las estructuras construidas; pero también en los interiores, que son planteados de forma incompleta confiando en unos núcleos previos que permiten articular el espacio. Los umbrales y los edificios se dejan inacabados, son estructuras sostenibles en el tiempo por la flexibilidad que aporta la consideración del proyecto como proceso y no como determinación. Sennett se pregunta si el espacio público es un proceso y está en los umbrales. Los interiores al participar también de este proceso ¿podrían ser espacios públicos?, ¿y la vivienda?, si se constituye como una forma inacabada y cambiante ¿podría hacer permeable su límite, que funcionaría en ese caso como membrana, para permitir un sistema abierto compatible con unos rincones de intimidad?. Sennett dice que “los seres humanos necesitan mantener cierta distancia con respecto a la observación intima de los demás a fin de sentirse sociables, [pero también advierte que] si se incrementa el contacto intimo se disminuye la sociabllidad” , (1978:25) es por ello que el poder controlar el equilibrio entre los procesos de cambio en la vivienda y el establecimiento de unos límites, que sin llegar a ser excluyentes aseguren tanto un grado de intimidad como de sociabilidad es importante. Aunque estos conceptos pueden ser también cambiantes según la comunidad y las creencias de ésta en cuanto a la particular noción de intimidad. I.c. EL PUNTO DE PARTIDA: LA ESFERA PúBLICA Sennett (2014) define el espacio público como el lugar donde se encuentran dos desconocidos, y, dependiendo del grado de conocimiento que tengan cada uno de ellos de los demás, se establece la diferencia entre éste y el espacio privado. El espacio público se relaciona así directamente con el concepto del anonimato. Además explica que se trata de un lugar, que tradicionalmente era reconocido por localizaciones físicas concretas, como las plazas, los cafés, las calles, en las que se facilitaba el encuentro entre desconocidos para desarrollar actividades difíciles de desarrollar en el ámbito privado. Hoy, ese sentido de lugar se ha visto alterado por las tecnologías de la información que cuestionan la necesidad del espacio físico para estos contactos. Ahora la gente puede hablar o debatir sin la necesidad de estar sujeta a la existencia de un lugar concreto en la ciudad. También desde el edificio o la vivienda el habitante puede relacionarse con otras personas y el espacio público puede ser una condición aportada por el proyecto, aunque desde una forma concreta de ver éste. Hasta el s. XIX el sentimiento individual no disponía de una forma social lo que provocó que el concepto de privacidad no adquiriese forma espacial hasta ese momento. Lo publico y lo privado provienen de la oposición naturaleza y cultura. Fig 1.03. Espacio público a través de imágenes geoetiquetadas por fotógrafos locales (azules) turistas (rojo) o de estado indefinido (amarillo). Locals and Tourists, Eric Fischer, 2010. Barcelona París New York 048 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea la hipótesis de la utilidad del conocimiento de los usos se convierte en una posibilidad para plantear el proyecto doméstico desde el uso, que se traduce en el programa y éste se transforma en el proyecto.* Sin embargo, estamos en un momento en el que ya ha pasado el querer enseñar a la gente a vivir, tal y como defendían los arquitectos del movimiento moderno, y qué consideraban pensamiento correcto en cuanto a la vivienda. Ahora se hace necesario concebir el hábitat, de hoy y el del mañana, desde las propias formas de vivir, no desde juegos creativos donde todo es posible. (LÉGER, 2010) La casa debe plantearse desde la consideración de las actividades que en ella se desarrollan. Es el lugar donde realizamos las actividades cotidianas, comer, dormir, cocinar, pero también es el espacio en el que trabajamos, nos reunimos con amigos o donde desarrollamos nuestras aficiones, por lo que la casa debe presentar la máxima flexibilidad en su planteamiento para permitir satisfacer múltiples necesidades en un mismo espacio. El hogar es un cine, una sala de juegos, un restaurante, … Además es el lugar desde el que nos relacionamos con el medio, pero también el lugar íntimo donde nos refugiamos de él. Debe ser funcional pero personalizable. (COLLADO, URQUÏA, 2006) Los usos constituyen un conjunto de referencias sociales y morales que se negocian constantemente en función de las situaciones, y los objetos arquitectónicos son recibidos por los usuarios en función de diferentes registros: el costo, la imagen estética y social, los servicios que ofrecen, la distribución, los materiales, la iluminación, etc. (LÉGER, 2012). En particular, en la vivienda, los usuarios tienden a modificarla para adaptarla a su uso. Se producen aperturas de huecos para una mejor accesibilidad, se cierran huecos para asegurar la intimidad requerida, y se busca agrandar el espacio. Léger dice que “el uso es una síntesis de la prueba práctica, de la recepción estética, de la experiencia sensible y de la relación con los servicios” (2012:81), y la forma no puede deducirse ni de la función ni del uso. Hoy en día aparecen nuevas expresiones relacionadas con la vivienda, como nueva intimidad, con la que se indica las nuevas prácticas o los cambios de las actuales en cuanto a los límites entre el yo, nosotros, los otros, y la vivienda. Entre estas nuevas prácticas se encuentran los hábitos relacionados con la comida y preparación de alimento, las nuevas tecnologías relacionadas con la información, el cuidado corporal y las formas de relacionarse y prolongarse hacia el exterior. En esta situación podemos encontrar diferentes niveles entre lo público y lo privado, no solamente con el exterior de la vivienda sino también dentro de ella misma, en la que encontramos: la intimidad corporal, en los lugares donde nos protegemos de las miradas ajenas; la intimidad del grupo doméstico, donde la familia desarrolla aquellas actividades que les hacen mantener los lazos de cohesión; y la intimidad devenida por motivos religiosos y culturales, como puede ser la existencia de espacios separados por sexos de la religión musulmana. La cocina es uno de los usos del hogar que más se han visto afectados. Si tradicionalmente la cocina estaba situada en el lugar más alejado de la vivienda, producto del propio uso y de las malas condiciones que presentaban las instalaciones, y como representación de los papeles asignados a los habitantes de la misma, servidores y señores, hoy en día la oferta existente en mobiliario y electrodomésticos hace que todos los gustos se vean satisfechos, y, lo más importante, que no se sienta la necesidad de ocultarla, llegando incluso a convertirse en uno de los lugares más * Veánse los trabajos de Philippe Boudon, Michel Conan y Robert Prost, sobre el papel del uso en el proyecto. Fig 1.07. Interior de una cocinacomedor, Rue de l´Almiral-Roussin, A. Labussière, archrchitecte, 1907, Fondation Groupe des Maison Ouvrières. María Del Carmen Martínez Quesada 049 importantes de la sociabilidad de la casa. Además, los hábitos en cuanto a la preparación y consumo de la comida, cada vez más simplificados por las formas de vida actuales, hacen que se produzca un acercamiento entre estas dos situaciones, lo que afecta a la forma que adoptan en la vivienda. Este planteamiento consigue que se desarrollen con formas abiertas y como lugares donde también comer y estar, y se muestren hacia la casa con imágenes modernas pero sin renunciar a las relaciones que tradicionalmente se han venido estableciendo con la cocina y el arte culinario. La cocina como laboratorio después de medio siglo de vigencia y de un éxito parcial ha dejado paso al uso más tradicional. (LÉGER, 2010) En la zona de estar, donde poder desarrollar distintos usos, también se notan los cambios, manifestándose en una pérdida progresiva de superficie. La demanda de este espacio es cada vez menor dado que las actividades se desarrollan de forma individualizada en las habitaciones privadas, de ahí el ajuste de superficie que se está produciendo entre las distintas estancias. Esta presencia de la individualidad, alcanzada a través de una lenta evolución desde la Grecia antigua, reequilibra las superficies, lo cual no significa el fin del espacio colectivo familiar, sólo lo redefine. La emancipación individual, a la que acompaña una densificación de la ocupación de la vivienda, se ve favorecida por la multiplicación de los medios de comunicación y la forma de usar los distintos dispositivos. Televisores, ordenadores, y demás elementos electrónicos han cambiado la importancia de las zonas de la vivienda asociadas al ocio y al trabajo, a la vez que dificultan las relaciones familiares y favorecen las prácticas individuales, aunque el ordenador puede aportar condiciones particulares, ya que su presencia en la vivienda ha favorecido el teletrabajo, facilitando una apertura entre la casa y el trabajo, y también otro tipo de actividades asociadas a su uso, como compras, solicitud de información, realización de tareas administrativas, etc., vía Internet, que hace necesaria la consideración en la vivienda de un espacio accesible a todos para la disposición de este dispositivo. No obstante cuanta más especialización se produce en las formas de habitar los espacios , mayor existencia de identidades individuales y, por consecuencia, mayores necesidades de instrumentos de especialización e intervención sobre la vivienda. (VALENZUELA, 2004:74) En esta ecuación, lo que podría afectar más, en el uso del espacio doméstico, podría ser lo que se ha venido en llamar SOHO, Smolow Office Home Oficce, small office/home office 10 que supone en cuanto a la superposición de usos privados y públicos en una misma vivienda. Se trata de un negocio que se opera fuera de la residencia pero que puede ser localizado en una oficina establecida dentro de ella. En algunos países son reconocidos como estructura fiscal propia. A veces se utiliza el término oficina virtual como sinónimo y afecta a aquellas personas que trabajan o tienen el trabajo en la vivienda. Hoy en día, la oficina en el hogar se ha convertido en una opción a considerar dentro de la organización funcional de ésta gracias a las nuevas tecnologías, basadas en Internet, que permiten el teleteleworker y el acceso remoto a empleadores globales. Las relaciones entre los habitantes también alteran el uso de la vivienda. En primer lugar variando el grado de ocupación de ésta, sobre todo en los casos de cohabitación generacional y de familias recompuestas, en las que la vivienda puede experimentar situaciones de hiper-ocupación -cuando todos los niños conviven conjuntamente-, y de baja-ocupación -cuando están con los padres contrarios-, demandando respuestas flexibles para la adaptación a los distintas necesidades. Las soluciones de elementos móviles, que en un momento dado pueden resolver la cuestión aportando una zona para dormir en el estar, no son las más óptimas ni las únicas posibles, por lo que el proyecto debe favorecer la adaptabilidad de la superficie mediante una geometría transformable. Fig 1.08. “Una gran familia necesita una gran cocina” Anuncio ikea, 2011. Fig 1.09. Programa televisivo rtve, MasterChef. Fig 1.10. Interior de una casa-oficina (SOHO). 050 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Otro hábito que ha cambiado en los últimos 25 años ha sido el del cuidado y culto del cuerpo, sin embargo los dispositivos existentes para ello no han sufrido ningún tipo de adaptación. Seguimos con la estructura tradicional de un cuarto de baño estático y común para toda la unidad familiar. Tampoco el cuidado y limpieza de la ropa ha sufrido ningún proceso de adaptación siendo muy poco considerado en el diseño de la vivienda actual. Aunque pueda parecerlo, el tamaño de la vivienda no es caracterizador de un adecuado uso de ella, pero la estrechez del espacio sí puede generar la aparición de la cultura de la calle, sobre todo en los suburbios donde los jóvenes no pueden desarrollarse en la vivienda por la escasez de superficie de ésta. Es cierto que existen casos de hacinamiento en los que la necesidad de superficie es obvia, haciendo que se viva hacia la calles, pero desde un punto de vista más general, por motivos de divorcios, separación, viudedad o vejez, el tamaño de los hogares cada vez es más reducido, invirtiendo la tendencia de ganancia de superficie, de los años de crecimiento demográfico, hacia una reducción del área en las nuevas viviendas, de ahí que las previsiones de cuatro dormitorios hayan visto reducida su presencia. No obstante a pesar de esta reducción de habitantes por vivienda, la respuesta inmediata no debería ser la reducción de ésta, ya que así se podrían considerar habitaciones sin uso preestablecido, lo que aumentaría la flexibilidad de uso y permitiría albergar otras actividades de tipo personal o de ocio que son las que realmente nos pueden satisfacer por la posibilidad de cumplir nuestros sueños y deseos. Pero no sólo son los usos los que alteran la vivienda actual, otros dispositivos planteados desde el espacio intermedio interfieren tanto en el uso como en las relaciones establecidas con el exterior. Terrazas, balcones, galerías y umbrales funcionan como reguladores térmicos, jardines, lugares donde comer y distraerse, flexibilizando y ampliando la superficie de la vivienda, y permiten establecen dobles recorridos e incluso pueden llegar a cambiar la imagen de los edificios. (LÉGER, 2010) La diversidad funcional, social y tipológica, hace que haya que tener en cuenta la atracción renovada que se tiene sobre el exterior desde el interior, que lleva a una demanda de un afuera interiorizado y un interior externalizado. ZIMMERMANN, 2010) La relación cuerpo-espacio conduce a unos usos en los que el valor está en los procesos más que en la forma producida. La innovación social y los procesos alternativos también están en la vivienda, de manera que su uso tradicional puede venir alterado si se cuestiona la especialización de los espacios que la conforman. La galería de la comunidad de ancianos de Drie Hoven, entre 1966-76 en Amsterdam (De OverLoop en Almere-Haven) de Herman Hertzberger, (1980-84)11, se ve alterada por el uso que las personas hacen de ella al identificarse con el espacio creado. Se plantea un umbral diferenciado junto a la puerta de acceso a la vivienda mediante poyetes y asientos corridos que favorecen la aparición de un espacio intermedio dentro de un espacio común. Allí hay mesas, jarrones, cuadros, butacas. Parte de la casa sale fuera invadiendo la galería, y los usuarios del espacio comunitario conviven con los usuarios del espacio doméstico. Los límites no existen salvo por los propios muebles que contaminan la vida de ambos, y el espacio es un espacio ambiguo que recorrer o donde pasear, descansar, charlar, o ver pasar a los vecinos. Fig 1.11. La galería de la comunidad de ancianos de Drie Hoven, Herman Hertzberger, 1966-76. María Del Carmen Martínez Quesada 051 II.a.2 Usuarios La vivienda ya no está pensada para el hombre genérico del que hablaba Le Corbusier, ahora su evolución está condicionada por cambios sociales como la longevidad de la población y los problemas de cohabitación entre generaciones, la edad tardía de emancipación de los hijos -favorecido por la mayor tolerancia de los padres en cuanto a la vida sexual de los primeros-, el descenso de matrimonios, el retraso en el acceso a la vivienda, el cambio en la composición de la unidad familiar -muchas veces dependiente de un único tutor-, los diferentes ritos de vida de los miembros de la familia, y las nuevas formas de trabajo y consumo. Por ello se hace necesario aportar a las unidades familiares, en evolución, espacios de interacción adaptables a estos cambios. En ese sentido las viviendas tienen la capacidad de transformar la relación entre las personas, propiciar o no la sociabilidad del grupo, diversificar los usos, e incluso apropiarse de los espacios intermedios para facilitar las relaciones de convivencia entre vecinos. De entre las nuevas unidades familiares, aunque la familia recompuesta sea una realidad, igual que la familia monoparental, no se trataría de un modelo en el sentido ideal, no obstante su presencia es cada vez más numerosa. (SINGLY, 2006) Por otra parte el valor de referencia sigue siendo la comunidad. Las relaciones humanas, organizadas en el seno de una sociedad y de la familia, existen antes que la idea de individualidad. Uno se siente referenciado por ser hijo de alguien y pertenecer a un grupo en el que sus miembros están unidos por lazos que trascienden de ellos mismos y sobre los que no se tiene control. Es con la modernidad, y hasta los años 60, cuando se fundamentan las bases del cambio: de una sociedad holística a una sociedad individualista, en la que se puede ejercer el derecho a elegir. A partir de ese momento la cuestión es cómo ser libre y pertenecer al grupo,* es decir, cómo hacer presente esta sociedad paradójica, mientras en nuestro imaginario privilegiamos la sociedad holística. En la base de todo ello se encuentra la familia y la desestabilización que ésta sufre con los cambios que introduce el divorcio. La sociedad individualista tiene una parte desestabilizante, pero también existe una demanda de solidez: como la necesidad de los hijos por conocer y establecer vínculos biológicos, o el del deseo de propiedad de la casa, que no se ha reducido. En esta segunda modernidad, para Singly, que el individuo, en todo momento, puede decir que no es únicamente su identidad oficial. En esta nueva situación, si un individuo va a un hospital, el médico tiene que explicarle el tratamiento a recibir y él puede elegir y decir no, y así controla la relación. No se trata de sustituir al médico, sino que como individuo se tiene el derecho de controlar la relación. Y así el individuo y sus deseos adquieren un peso importante en la comunidad. Y esta individualidad llevará a entender que un espacio óptimo ya no es el que se posee, sino el que permite realizar lo que se desea. Y ahí está la paradoja de la familia individualista, la necesidad de tener espacios separados, que son también en parte fluidos, pues el problema no está en tener o no particiones, sino poder realizar actividades en estos espacios diferentes. (SINGLY, 2006) * Javier Gomá sostiene que la cuestión hoy ya no está en ser libres, sino ser libre juntos. Para él la socialización tiene lugar a través de la doble especialización, afectiva y profesional, que integra al individuo en un todo social, y es mediante este proceso cuando éste alcanza realmente la identidad y la individualidad. 052 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea La heterogeneidad de los hogares obedece, según el sociólogo Elías Tablada, a los siguientes factores: crecimiento de los hogares sin núcleo -unipersonales, ancianas/os, jóvenes, separadas/os, y divorciadas/os-, aumento de los hogares monoparentales, disminución de hogares extensos y al crecimiento de los hogares formados por parejas en cohabitación; pero también al desarrollo que ha tenido el suelo, que ha constituido, al menos en España, un factor de desequilibrio urbano que ha favorecido su uso discriminatorio por género, tramos de edad, sexo, en función de la accesibilidad y movilidad urbana de cada usuario, y de las nuevas necesidades residenciales según los tipos de hogar. Lo que ha provocado que los grupos sociales más vulnerables o especiales sean también los que tienen más difícil el acceso a la vivienda y el cubrir sus necesidades habitacionales. Dado este panorama diverso, en el que se comparten modos de vida muy diferentes entre cohabitantes, la satisfacción de las demandas sociales dependerá de la capacidad del mercado en procurar ofertas que respondan a otros parámetros, como el prever programas adaptados a la demanda, facilitar la adaptabilidad de las superficies y tener en cuenta el tamaño de las viviendas. Es decir, hay que plantear ofertas que no se basen en la homogeneización de la unidad familiar sino en el reconocimiento de una realidad diversa que posibilite la consideración de nuevos perfiles de sujetos en viviendas no uniformadas y con estancias menos rígidas. La vivienda no es ya una unidad de consumo, es un soporte de diferentes y múltiples actividades. Como dice Margaret Shields (1992), Directora del Instituto de la ONU para la Mujer “hay que ser más flexible con el trabajo y dejar de ver la casa sólo como una unidad de consumo. Los bienes y servicios que se producen en una casa están hechos siempre por las mujeres” .* Cada vez más, como señala Monique Eleb (1996), está apareciendo, al menos en Francia, una tendencia que promueve la mezcla de población en una misma promoción, demandando viviendas evolutivamente flexibles, o en su caso de suficiente superficie. Así aparecen en una misma operación distintos tipos de viviendas, con áreas y combinaciones programáticas diferentes para cada sector de población. En esta situación de cambio, marcada por la crisis en las relaciones de pareja, el desafío está en desarrollar programas mixtos con servicios de apoyo a la persona, y en los que se pueda experimentar la cohabitación intergeneracional, ya que las relaciones padres-hijos, e incluso abuelos-padres-hijos, no sólo perduran sino que se refuerzan. La recomposición familiar también introduce una complejidad: las relaciones entre los padres e hijastros, hermanastros y hermanastras o entre los casi hermanos o hermanas. Hablar de complejidad en las relaciones es hablar de complejidad en la vivienda, y estas nuevas situaciones a veces producen que algunos de los miembros tengan que alternar su domicilio entre dos casas, haciendo necesario habilitar espacios adicionales de carácter temporal en cada una de las viviendas, y en todas y cada una de las posibles situaciones hay que aportar soluciones. (LÉGER, 2006). Estos cambios hacen que el tamaño de la vivienda se convierta en un requisito previo para resolver la complejidad de las situaciones, pero la cuestión está en ver si se hace necesario el aumento de tamaño de ésta o se pueden establecer unos mínimos suficientes que permitan aportar soportes versátiles a diferentes situaciones respecto a la durabilidad de la vivienda. * http://elpais.com/diario/1992/01/23/sociedad/696121206_850215.html visitado 1-9-15. María Del Carmen Martínez Quesada 053 En este contexto de nuevas composiciones del grupo familiar, la comunidad familiar sigue siendo una realidad, pero una realidad compuesta de instantes elegidos de forma voluntaria más que de una cotidianeidad impuesta. La cuestión de “vivir juntos y por separado” se ha fijado en la base de la concepción de la vivienda, de manera que las transformaciones más radicales son las que afectan a los modos de cohabitación y convivencia. El número de parejas casadas, de divorcios, de pisos compartidos fuera de una relación de pareja, ha aumentado considerablemente, creando una necesidad de redefinición de los espacios de cada uno. (ELEB y otr., 1988) La capacidad que tiene la vivienda de ser el marco en el que se desarrollan de forma simultánea y sucesivamente, actividades privadas y públicas, individuales y en grupo, familiares y sociales, es la cuestión que siempre ha hecho de ella un ámbito de estudio tanto de arquitectos, como sociólogos y demás disciplinas. La innovación en la vivienda debe provenir no sólo de los arquitectos, sino de todos los actores sociales, incluidos los promotores públicos, pero sobre todo de los usuarios. Por otra parte no debemos olvidar que la mayoría de las viviendas nacen desde planteamientos en los que el habitante tipo no existe, o ya no va a existir, ya que se desconoce quién será la familia que habite la vivienda. Se trata por tanto de un usuario anónimo, por lo que frente a la opción de aportar superficie, existe la posibilidad de aportar autonomía a los habitantes en plantas neutras con estancias versátiles unidas por espacios que las relacionan y en las que se disminuye la jerarquía. Son organizaciones en las que son posibles diferentes formas de utilización, o incluso como posible soporte de otro tipo de actividades, como las profesionales. Esta opción estaría representada por el proyecto de Diener & Diener en París, 37 viviendas PLI para RIVP 1995-9712. Se revierte la partición noche-día, distribuyendo las estancias a través de un corredor y equilibrando el tamaño de éstas. El amplio pasillo garantiza la autonomía de cada una de las habitaciones, planteadas como lugares de vida, aunque esta opción es posible a costa de reducir el espacio del estar común de la vivienda. El aspecto psicológico de la vivienda La cuestión sobre la vivienda y la revisión de los conceptos formados al calor de nostálgicas tradiciones hogareñas, ya no es el marco actual de debate. Hoy reconocemos como punto de partida para obtener una mejor vivienda, capaz de ser producida por la tecnología existente, los cambios tanto de comportamiento como de actitud en los modos de vivir, que marcan unas tendencias, que si bien no siempre tienen porqué reflejarse en comportamientos masivos o mayoritarios, sí que pueden significar que sea necesario que el sector se adapte a una nueva demanda. Cada generación se ha visto en la necesidad de explicar la vivienda desde cómo se desea vivir en ella. Ahora se trataría de cómo queremos vivir y cómo se adecuan las formas de la vivienda a nuestras necesidades y deseos, a diferencia de como dijo Winston Churchill para motivar la construcción de la Cámara de los Comunes destruida en 1941, “damos forma a nuestras viviendas y luego nuestras viviendas dan forma a nuestras vidas” . (NELSON, WRIGHT, 1952:11) A los arquitectos del movimiento moderno les parecía natural el diseñar una habitación para vivirla según las necesidades de aquellos a los que estuviese destinada. Llegándose a enunciar que una casa es una máquina para Fig 1.12. 37 viviendas PLI para RIVP, París, Diener & Diener, 1995-97. 054 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea vivir. Con el tiempo esta declaración resultó igualmente limitativa, y se comenzó a olvidar la máquina como fin en sí para concebir la casa como un medio capaz de contribuir a una vida mejor. Las viviendas son un hecho técnico, planeado, construido y equipado para ofrecer el máximo de comodidades ajustadas a unas limitaciones económicas, pero también son un hecho social y un hecho psicológico como afirmaban ya en los años cincuenta del siglo pasado George Nelson y Henry Wright (1952) que es importante delimitar. Frente a otros productos de consumo, el usuario está influenciado por la idea de la “vivienda soñada”. Dicha vivienda es más producto del sueño planteado por el sistema económico y de producción, que realmente de una elección libre del usuario. Esa idea de vivienda ideal y perfecta ha generado imitaciones baratas o copias excesivamente caras, que lejos de representar a su habitante lo ha ido identificando, mediante la seguridad que proporciona un hecho reconocible y ampliamente difundido, con otros propietarios. Es necesario que el usuario reclame desde su individualidad, y no desde una reglamentación -normalización-, su derecho a pensar y expresar sus necesidades de alojamiento de manera que el espacio que habita lo represente como sujeto. Nelson y Wright (1952:20-25) cuentan una historia sobre una familia que decide construir una casa, y de cómo, tras una serie de vicisitudes, de necesidades y deseos encontrados, realizan una lista en la que se sumaban los distintos requisitos de sus habitantes para el salón: el padre leer, la madre recibir a sus amistades y realizar tareas, … Al no poder llegar a un punto común se dirigen a un reconocido arquitecto. Cuando terminaron la casa: el padre leía en su dormitorio, la madre cosía en la cocina, la hija se apoderó del salón de juegos del sótano y el hijo instaló su orquesta de jazz en la casa de otro amigo. Ninguna de sus necesidades fueron resueltas, y el salón, en el que habían planeado vivir, no existía más allá que en el halago del gran arquitecto. Esta ficción refleja un hecho usual en la arquitectura doméstica en la que no es frecuente tener a los usuarios y sus deseos como fuente de inspiración. (SARQUIS, 2005) Colectivos sensibles y vivienda Aunque pueda parecer que a la decadencia y ruina de los hogares existentes pueda seguirle un proceso de recuperación de los mismos mediante su renovación, reconstrucción o rehabilitación, las situaciones económicas y las políticas sociales hacen que este ciclo no se vea hecho realidad, generando como consecuencia una falta de vivienda, aún existiendo un número suficiente con posibilidades de recuperación para su uso. (ROSLER, 2001) En esta situación regeneración, reciclaje, y rehabilitación, son conceptos que, junto a fórmulas de convivencia híbridas, permitirían adecuar el parque de viviendas para el uso de colectivos vulnerables, que cada vez son más numerosos. Personas mayores que con la jubilación les sobreviene una precariedad económica, jóvenes sin empleo, minusvalías, mujeres con necesidades de conciliar trabajo y vida familiar, inmigrantes …, requieren una atención por parte del mercado inmobiliario que actualmente no existe o no es viable económicamente. Y por otra parte existe un potencial en el soporte residencial existente que permitiría optimizar los recursos de vivienda desde posturas sostenibles. Fig 1.13. Revolutionary road, película de Sam Mendes, 2008, basada en la novela de Richard Yates. Felicidad marcada por una casa en un barrio tranquilo, con jardín delantero, barbacoa trasera y un coche en el garaje. María Del Carmen Martínez Quesada 055 Investigaciones como la comenzada en 2013 por el grupo de investigación (Re)Programa de la Universidad de Sevilla, que trabaja sobre políticas “que aseguren el derecho a la vivienda y que favorezcan la cohesión e integración social ”, mediante el diseño de “mecanismos y estrategias que persigan cierta autonomía del ciudadano en materia de financiación de las estructuras básicas que garantizan su calidad de vida “ (BARRIOS-PADURA, 2013), unidas a la posibilidad de evitar la degradación de los cascos históricos por el abandono de la vivienda - motivado por dificultades económicas particulares y de financiación de las obras de reparación o adecuación necesarias-, o por procesos de gentrificación, en un momento, además, en el que las personas de edad avanzada empiezan a tener dificultades motoras, permiten proponer soluciones que pongan en uso las viviendas que van quedándose vacías, con fórmulas diferentes, como por ejemplo, de auto-gestión. La falta de inversión y el abandono de muchos centros urbanos, provocó la desafección de población que los fue abandonando para irse a los suburbios, para unas décadas después comenzar a volver a ellos en lo que se denominó “renacimiento urbano”. Pero la población que volvió a ocupar esos centros ya no incluía a quienes habían vivido allí, a la población tradicional. Era una nueva clase social profesional, con mayores recursos, que a su vez requería de mayores servicios en esos nuevos centros urbanos, que coexistía con la población, en general obreros de menores recursos, que había permanecido. En ese momento, la década de los 70, apareció el concepto de gentrificación, comenzando a utilizarse en algunas ciudades norteamericanas para designar la transformación de los barrios obreros y las zonas industriales en zonas residenciales destinadas a la clase empresarial y profesional, reduciendo el número de viviendas destinadas a la clase trabajadora y la existencia de pequeñas tiendas y artesanos. Este momento requiere un proceso de descapitalización antes de que la reinversión pueda producirse. Por un lado, los propietarios y los bancos retiran su dinero de la zona, y por otro, los ayuntamientos reducen sus servicios (ROSLER, 2001:187), y cuando la recapitalización comienza, los habitantes originarios o se han visto obligados a marcharse o viven en unas condiciones ínfimas, ocasionando el desplazamiento de sus viviendas por el abandono y la falta de inversión. Esto ha producido por un lado que el régimen de propiedad de la vivienda cambie, ya que una gran parte de las viviendas en alquiler han pasado a convertirse en viviendas en propiedad, y por otro, que no se hayan conservado los vecindarios, con la consiguiente pérdida histórica y de memoria colectiva. (ROSLER, 2001) “ Debemos repensar la ciudad de nuevo para darnos cuenta de que se trata de algo más que de una mera serie de relaciones o de una acumulación de construcciones o, incluso, de un espacio geopolítico concreto. Una ciudad es un conjunto de procesos históricos en continuo desarrollo, lo que es lo mismo que decir que la ciudad encarna y protagoniza una historia. Es por ello que la particularidad local y las historias urbanas toman valor crítico en la elaboración de contra-representaciones de la ciudad”. (ROSLER, 2001:192) Muchos de los modelos ensayados, que ahora construyen las ciudades, ya no sirven, y eso coincide con un momento en el que, por vivir sometidos a economías de ajuste, el parque de viviendas no tiene capacidad de actualizarse a las necesidades actuales. Tan sólo la expectativa de conseguir beneficios económicos anima a realizar inversiones, y en ese caso el alcance de los mismos es de una fuerte especulación. Fig 1.14. Detroit Riot, 1967, provocada por la gentrificación de la ciudad. 056 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Frente a estos procesos, los lugares que son de todos y para todo el mundo, que permiten compartir con nuestros vecinos, y construir una identidad común, ayudan a corregir situaciones de segregación en los sectores más desfavorecidos. Si se quiere establecer una propuesta de cambio en la vivienda contemporánea, es necesario que lo hagamos desde el desarrollo de un espacio igualitario en el que también se tenga en cuenta a los sectores más desfavorecidos, no solamente las mujeres, sino también ancianos y niños, y todos aquellos colectivos que son más vulnerables, y que tienen su expresión en el espacio comunitario. Es un hecho que los jóvenes están semiexcluidos de la ciudad histórica por motivos de difícil accesibilidad económica. Esta exclusión territorial unida a la variación de la edad de los habitantes, han producido operaciones urbanas que han derivado en un desequilibrio social en las ciudades: la población sufre un proceso de envejecimiento en las áreas centrales, y las periferias son jóvenes y activas. La inmigración no es una categoría aislada, sino una reserva laboral con características propias, que junto a otras categorías de población se confunden y se mezclan. Aparecen nuevos comportamientos de los jóvenes en relación con la familia, el sexo, o la religión, más desprejuiciados, fomentados por la uniformidad en las pautas de consumo que les acerca en el ocio y en las formas de consumo. Todo esto permite entender que la exclusión social sólo genera fragmentación y marginalidad, por lo que las iniciativas que generen un cambio en el modelo de la vivienda son necesarias. (HERNÁNDEZ PEZZI, 1998) Además existen funciones en la vivienda que por muy eficaz que ésta sea técnicamente no las puede proporcionar, teniendo que ser solucionados mediante la acción social, y grupos que asuman dichas necesidades. Por lo que parte de las actividades tradicionales se desplazan hacia el vecindario o la colectividad, y otras actividades como los hobbys, que necesitan espacio para desarrollarlos, tienden a producir cambios en la forma de la misma. En la sociedad se ha ido produciendo un desplazamiento progresivo en general del centro de gravedad desde el hogar a la colectividad, y resultado de estas tendencias sociales la vivienda será reflejo de ellas. Y dado que las áreas comunes también son vivienda, es posible revisar ésta y su relación con los usuarios desde ejemplos que, en sus planteamientos iniciales, consideren estructuras sociales más igualitarias, en soportes donde el espacio comunitario es el lugar de identidad y de integración, como en los corrales de vecinos, objeto de esta tesis. Tomar como base de revisión los corrales de vecinos por su capacidad de permitirnos abordar la noción de casa a través de la vida y de la experiencia, y no desde el tipo, aunque ellos constituyan en sí una tipología, es posible ya que su forma de organizarse socialmente en torno a unos espacios de uso colectivo, impedía que los que hoy consideramos fenómenos de exclusión por clase o género se produjesen. La familia: mujeres, hombres, niños y niñas En la segunda mitad del s. XVIII, con el cambio de actitudes en la vivienda, que lleva a privilegiar al salón y/o el comedor como lugar de encuentro de los miembros de la familia, se produce un cambio en el sentimiento familiar. Fig 1.15. Elfvinggården, Bromma. Viviendas para mujeres con usos comunes. Una mas de las de 41 unidades de cooperativas que promueven la asociación Kollektivhus NU en Suecia desde 1981. María Del Carmen Martínez Quesada 057 Será en esas nuevas relaciones, entre los miembros de la familia, y de la familia con la comunidad, donde habrá que buscar el cambio del modelo tradicional al de familia moderna, en el que lo esencial será el clima afectivo. En esa situación, y a lo largo de los dos siglos posteriores, se gestará la cualidad que la define: la vida en familia. Las relaciones con la comunidad que la rodea se verán afectadas, pasando a ser de una menor apertura, ya que la casa se convierte en el refugio donde sentirse protegido de las tensiones de la vida en sociedad. El nuevo sentimiento de intimidad protectora, solidaridad entre los miembros de la familia y los beneficios que la vida en familia ofrece dentro de la vivienda, va a explicar muchos de los cambios dirigidos hacia la búsqueda del confort, la intimidad, la creación de lugares para el encuentro familiar y la aparición de nuevas estancias como la reserva de un lugar para los niños. (ELEB, 1989) Ahora, como oportunamente señalaban Monique Eleb y Anne Debarre-Blanchard (1989), la época actual parece tener construida una representación mítica de la familia existente en épocas anteriores, basada en sistemas de apoyo y de relaciones interpersonales y a través de diferentes generaciones, pero se hace necesario evitar la persistencia de estas representaciones generalistas de la familia, que no tienen en cuenta el tiempo, ni el espacio y la cultura. Martine Segalen (1988) propone una noción basada en la realidad de la vida cotidiana que tiene valor en cuanto representa un espacio. Dice que el grupo doméstico: es un conjunto de personas que comparten un mismo espacio de vida: la noción de co-habitación, de residencia común es aquí esencial… Algunos grupos domésticos están solamente constituidos por una familia (el matrimonio está constituido de un padre y de la madre, asociación fundada sobre la alianza, y los niños). Otras pueden comprender varias familias, varias parejas casadas que tienen entre ellas (o no) relaciones filiares (padres ancianos, hijos casados) o de colateralidad (parejas de hermanos y hermanas). El grupo doméstico, además de la familia, puede también comprender personas sin relación de parentesco, que comparten actividades de producción (servicio doméstico, compañeros, aprendices) o no las comparten (inquilinos, pensionistas), etc. (SEGALEN, 1988:15) Lugar del hombre, lugar de la mujer Los espacios de la casa antes del s. XIX mostraban la diversidad de posiciones existentes en función de las relaciones familiares, y establecía características específicas en la interacción del hombre y la mujer, así como de los papeles asumidos por cada uno de ellos. El concepto de matrimonio y la autonomía de la pareja se traducían en una espacialidad diferente para ambos. A partir de ese momento, con la asunción por parte de la mujer de su rol maternal y la desaparición del servicio doméstico, que aproxima a la mujer burguesa a las menos favorecidas, ésta pierde su posición social y se convierte en ama de casa. Esta nueva situación junto a la racionalización de las tareas domésticas hace que se revisen los espacios que le corresponden a cada uno. Los espacios de sociabilidad serán del hombre, y el dormitorio principal dejará de ser el lugar de la mujer, para ir convirtiéndose lentamente en la habitación conyugal y en el lugar de intimidad a la par que cambia el papel de la mujer. Es un momento de cambio entre las dos posiciones: lugar público (antes del XIX) y lugar completamente privado. (ELEB, 1989) Fig 1.16. L´après-midi des enfants à Vargemont, A. Renoir,1884. Fig 1.17. Interior de cocina con figura, F. Vallotton, 1892. 064 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea También se observa un cambio respecto al concepto de lo natural, admitiéndose perfectamente comida preparada, siempre que haya sido elaborada a partir de elementos naturales reconocibles y explicitables. Asímismo respecto al futuro de la evolución de los estilos de cocina se prevé abandonar el concepto de cocinar como obligación , de manera que esta actividad se concentrará en determinados momentos y se realizará de forma más rápida, existiendo una mayor disposición a consumir platos preparados o precocinados fuera del hogar.* II.e. EVOLUCIÓN DE MODOS Y COMPORTAMIENTOS Entre las variables que pueden producir cambios en las prácticas de habitar y en el comportamiento de los usuarios estarían los factores sociales y económicos. Para Yvonne Bernard, los factores sociales como el envejecimiento de la población, la modificación del grupo doméstico, la progresión del trabajo de las mujeres, la reducción del tiempo de trabajo, son cuestiones sobre las que se pueden pronosticar razonablemente los cambios posibles a corto o mediano plazo; y si se puede demostrar que estas variables tienen un efecto sobre la manera de vivir, entonces podremos anticipar un cambio de uso. (BERNARD, Web) Otra forma de analizar los comportamientos es ver cuáles son los factores que condicionan a los grupos, ya que, aunque su número es pequeño, contribuyen fuertemente a la innovación social. Bernard plantea que desde estos grupos se puede llegar a constituir modelos cuyo comportamiento se extenderá gradualmente por todo el cuerpo social. Este segundo enfoque es mucho más frágil que el primero, especialmente cuando se trata de conductas que corresponden a los cambios en las actitudes o valores. (BERNARD). Respecto a los factores socio-económicos que acabamos de mencionar sería posible considerar una serie de hipótesis de futuro sobre los cambios en las actitudes que en cierta medida ayudan a normalizar el comportamiento. Citaremos tres tendencias de la evolución del comportamiento social, que nos permitirán acercarnos a la evolución en las prácticas. (ELEB, DEBARRE-BLANCHARD, 1989) II.e.1 Cambio de los límites del área privada en la vivienda Durante la última década del s. XX se produjo una pérdida de definición en los límites entre el espacio público y privado asociado a nuevas formas de sociabilidad menos ritualizada que en las generaciones anteriores. Esta supresión generaba una modificación en la distribución de los espacios diseñados, de acuerdo con el control de acceso establecido sobre los habitantes y visitantes externos al grupo familiar, para aportar un grado de intimidad en las relaciones sociales. El éxito del loft fue un indicador de esta tendencia, que, en este sentido, constituyó un prototipo adelantado de las nuevas formas de habitar. Esta apertura del espacio privado sobre el público genera un cambio en el comportamiento del grupo, a la vez que nos obliga a reflexionar sobre los límites. Las encuestas realizadas por el INSEE 1988, citadas por Yvonne Bernard, * Fuente: Las tendencias del consumo y del consumidor en el siglo XXI. I.N.C. Instituto Nacional de Consumo 2000. María Del Carmen Martínez Quesada 065 reflejan que la elección en la apertura de la zona privada estaba lejos de ser una actitud generalizada en la población francesa, y que su aparición estaba fuertemente influenciada por la situación socio-cultural de los sujetos, reflejando los diferentes niveles de educación. Las personas con más alto nivel cultural presentaban mayor voluntad en romper el espacio privado, ya que su identidad social y cultural estaba suficientemente establecida y no suponía ningún problema abrirse a la mirada de los demás, pero conforme se bajaba en el nivel cultural, la tendencia era la de ser más prudente y dependiente respecto a la mirada de los demás. También existían diferencias en función de los grupos de edad, resultando que los sectores más jóvenes presentaban una mayor tendencia a la apertura del espacio privado que estaba unido al deseo de establecer una mayor comunicación y supresión de las prácticas formales de sociabilidad. II.e.2 Necesidad de territorios privados La apertura del espacio privado de la familia no implica necesariamente la desaparición de las fronteras dentro del espacio familiar ya que el deseo de tener un espacio privativo debe ser compatible con el desarrollo de las relaciones familiares o sociales. La existencia de espacios para los niños diferenciados por sexos, con una habitación donde jugar y trabajar, además de dormir, y un espacio personal para los padres libre de la presencia de los niños, son necesidades, en muchos casos asociadas al nivel cultural de los progenitores, que la vivienda debe satisfacer, aunque lo usual es que los niños compartan habitación, no solamente en función de la edad sino por escasez de espacio en la vivienda, y que los padres vean invadido su territorio por ellos. (BERNARD, Web) En función del tipo de ocupantes de la vivienda, las necesidades de un espacio personal puede variar, y la relación de éste establecida con la vivienda también. Este requerimiento puede llevar a que dicho espacio no se encuentre propiamente en la misma vivienda sino próximo a ésta. Estamos hablando de habitaciones extra o habitaciones satélites que completan la vivienda pero no se encuentran necesariamente dentro de ella. De esta manera vemos como estos comportamientos establecen distintas relaciones de proximidad entre los distintos espacios habitables de la vivienda. Otro espacio de intimidad, en el que queremos estar lejos de vistas ajenas, es el cuarto de baño. Sin embargo últimamente se está notando una reconfiguración gradual de este espacio personal, que está pasando de ser el lugar del aseo personal, a ser entendido, cada vez más, como un área de bienestar dentro de la vivienda. II.e.3 Posicionamiento flexible frente al cambio El concepto de flexibilidad en este caso expresa la forma de entender el cambio y el deseo de transformar el hogar. El uso de la flexibilidad y contribuir a cambiar el de las piezas en función del ciclo de vida y las necesidades, obliga a adaptar el diseño a los cambiantes estilos de vida. Aunque esta aspiración es interesante para dilucidar sobre un posible futuro en cuestiones de vivienda, ésta no se ha llegado a constituir en una realidad. Unas veces porque las limitaciones físicas han impedido el cambio de Fig 1.29. L´atelier de Bazille, 1870. 066 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea organización interna con elementos móviles, otras porque el deseo de cambio se ve obstaculizado por las restricciones impuestas por el propio diseño de la vivienda, y otras porque no se ha demandado. Frente a la flexibilidad, aparece otra tendencia: la capacidad de adaptación de la vivienda, que se ha convertido en una prioridad por su condición de hacer feliz a quien allí vive, ya que poder adaptar un garaje como dormitorio para el hijo mayor, incorporar una terraza, o hacer una oficina en un dormitorio, ..., producen satisfacción al habitante. (ELEB, SIMON, 2013) (BERNARD, Web) II.f. ACTITUDES Y VALORES HACIA LA VIVIENDA HOY La realización de la vivienda del futuro es una cuestión que habrá de responder a los intereses tanto de los agentes privados como de los públicos, pues ambos tienen la obligación de aportar respuestas coherentes a cómo afrontar, entre otros problemas, los retos que plantean la transición energética, el cambio climático, el envejecimiento de la población. A ello habrá de unirse la consideración de cómo la vivienda, existente o en construcción, y la arquitectura habrán de responder a la evolución social, profesional y personal de individuo y su entorno familiar. Los arquitectos deben concebir la vivienda a partir de algún tipo de modelo cultural o tipológico en evolución, en lugar de acercarse a ella desde sus propios modos de entender la residencia, a veces como algo sumamente abstracto, especulativo y, sobre todo, competitivo en un posicionamiento profesional. Como consecuencia de la problemática planteada todos los actores intervinientes han de tener un conocimiento previo sobre cómo son las personas y cómo viven; deben responder a la realidad del momento en que actúan, así como a las relaciones establecidas entre generaciones y culturas, a las condiciones y hábitos sociales, a los condicionamientos tecnológicos, a las nuevas formas de vida. Todo ello ha de ocupar un lugar de privilegio en los proyectos de renovación, desarrollo y creación de nuevas viviendas, generadas, por tanto, desde actuales situaciones de innovación y diseño. Habrá de sumarse la reflexión sobre las relaciones que los usuarios establecen con otros individuos y los espacios activos donde se producen todas estas situaciones. Pero esta reflexión no ha de ser exclusiva del arquitecto, pues el contexto abarca otras disciplinas como la geográfica, sociológica, antropológica, etc., todas ellas importantes y que tienen algo que aportar en el acercamiento al problema. Algunos de los problemas de las viviendas, sobre todo de las colectivas, son los relacionados con el mantenimiento y su gestión, y con la relación existente entre el arquitecto y la producción de los edificios, sin olvidar que éste debe tener en cuenta el uso y la adaptación a unos fines concretos desde modelos culturales en evolución, a cuya construcción se deben comprometer todos los agentes intervinientes. Considerando lo anterior se hace necesario replantear la concepción de la vivienda desde perspectivas y modos de vida distintos a los tradicionales, basadas en padres/hijos. Por ello se necesita revisar la programación de las necesidades a las que la vivienda ha de dar respuesta. La vivienda libre puede representar una mayor homogeneidad en cuanto al nivel económico, origen y cultura de los habitantes, y la vivienda colectiva social una mayor diversidad, María Del Carmen Martínez Quesada 067 albergando personas de muy distinta situación socio-económica. Hay que buscar alternativas a los dos sistemas, ya que ninguno responde a las cuestiones demandadas por habitantes cada vez menos sedentarios. II.f.1 Otros modelos de gestión Actualmente se ofrece como alternativa a los sistemas de gestión tradicionales en los que el usuario no se encuentra incluido, otros basados en el compromiso de todos los participantes de estos procesos en plantear concepciones de la vivienda más adaptadas a las necesidades de sus habitantes, en implementar el enfoque participativo durante la fase de construcción y en defender los intereses de los habitantes de los barrios. Se trata de que mediante procesos participativos que aúnen promotor-ocupante-técnicos se cumplan los deberes comunitarios para disfrutar de los derechos colectivos así conseguidos. (CASADO y otr., 2014:240) Es un derecho constitucional que se impulsen y potencien las políticas tanto de suelo como de rehabilitación para que sea efectiva la accesibilidad a la vivienda de todos los sectores, sin exlusión ni segregación, por lo que se hace preciso, para la gestión adecuada de los recursos, proponer nuevos instrumentos e iniciativas que respondan más adecuadamente y con instrumentos que les sean propios a las nuevas dinámicas y condiciones. Los tres grandes grupos dentro de los actores intervinientes: los responsables de la política de vivienda, los profesionales responsables de la ejecución y los usuarios, deben implicarse en la siguiente cuestión: ¿cómo construir o transformar la vivienda para que permanezca útil a lo largo del tiempo?, y ¿cómo, durante ese tiempo, los estilos de vida, y más específicamente las prácticas de vida, sufrirán cambios importantes que incidan en la forma de la vivienda?. Para poder resolver estas cuestiones se requiere una estrecha colaboración entre todos los participantes para gestionar la complejidad de los procesos que conllevan este tipo de proyectos, así como para reducir o prevenir las obstrucciones provocadas por conflictos de intereses entre los actores y garantizar la viabilidad del proyecto y su calidad. Estos procesos deben ser flexibles e innovadores para adaptarse mejor a las condiciones de trabajo, y en ellos los técnicos deben funcionar como mediadores, actores que facilitan el proceso participativo en el que, junto a los ciudadanos y políticos, se constituyen en nuevos foros para la construcción de la vivienda que, desde una toma de decisiones fruto de un aprendizaje mutuo, ayude a producir un nuevo tipo de habitar colectivo. En estos procesos de gestión de producción de la vivienda otras cuestiones que inciden de una manera especial son las normativas. Las importantes modificaciones que surgen de consideraciones externas al hábitat: crisis económica, crisis ambiental ..., introducen nuevas reglamentaciones que producen la evolución de la reglamentación concerniente a la vivienda. Estas variaciones son esencialmente de dos órdenes, de una parte las leyes sobre accesibilidad y de otra las que versan sobre cuestiones energéticas, que contribuyen a mejorar sus cualidades de uso y durabilidad, pero con un aumento sustancial de los costos de construcción. (ELEB, SIMON, 2013) La influencia de la normativa de accesibilidad PMR es especialmente importante en la estructura de la casa -cocinas y baño-, y la relación con la apertura de espacios y superficies destinadas a esos usos. También la reglamentación 068 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea térmica de los edificios influye en la atención a los diferentes materiales y su obsolescencia, y en la plasticidad de los diferentes dispositivos asociados como los sistemas de ventilación. Pero todas estas adaptaciones provocan que los costos de los cambios demandados por la normativa sean muy altos, y no estén al alcance de todas las intervenciones, y que las reacciones y relaciones de los habitantes ante estos cambios hace que no sean siempre bien recibidos, bien porque las viviendas son pequeñas, y la adaptación a cuestiones de accesibilidad genera problemas de uso, o porque nuevas cuestiones técnicas producen efectos inesperados que en lugar de mejorar las condiciones de confort crean molestias. (ELEB, SIMON, 2013) Una posible solución sería plantear el modelo de autogestión, que ayuda a la generación de una identidad común y posibilita un mantenimiento “coste cero”. Para ello es necesario considerar la vivienda colectiva desde otros planteamientos más participativos y como parte de un proceso colectivo. En este tipo de soluciones se hace necesaria una estructura organizativa de gestión dinámica que aúne junta gestora, asamblea de propietarios –integrada por toda la comunidad-, capacidad participativa y compromiso de los propietarios, y externalización de trabajo. Se trata de un modelo organizativo horizontal de cogestión, que puede plantear una continuidad y apertura de la vivienda hacia la ciudad. Dos son los aspectos a tener en cuenta: la gestión administrativa de las viviendas con régimen de propiedad distinto, alquiler y en propiedad, que afecta a los modos de relación y de posibilidad de cambios a realizar, y la gestión social y la dinamización de los inquilinos, los cuales para conseguir el coste cero tienen que participar activamente en la vida comunitaria mediante eventos, actividades, etc. La colaboración se basa en hacer partícipes a los habitantes en aquellas tareas para las que estén capacitados y tengan experiencia; facilitar diferentes formas de aportaciones: tiempo, recursos económicos, esfuerzo; participación, implicación y cooperación; formación del usuario sobre uso y sostenibilidad del edificio y formas diferentes de habitar el edificio; accesibilidad, mezcla y diversidad de usuarios. Una de las medidas de intercambio es el Banco de tiempo (CASADO y otr., 2014:122), un sistema de intercambio de servicios en el que la unidad de cambio es el tiempo que fomenta las relaciones sociales y la igualdad entre vecinos. Un ejemplo de esta democracia participativa en los procesos de producción de la vivienda colectiva, lo encontramos en el proyecto de Frédéric Druot, Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal para la rehabilitación de la torre Bois-Le-Prêtre31, en el que los vecinos han podido intervenir en los cambios realizados para transformar las condiciones de habitabilidad y confort previas. En función de sus necesidades, cada familia tiene la posibilidad de moverse en el edificio, aumentar o reducir la superficie, además de la ya aportada por el amplio balcón y el jardín de invierno, mediante acuerdos de cambio con otros vecinos. Estas actuaciones, similares a las desarrolladas en países del Norte o Este de Europa, contribuyen a establecer una nueva forma de debate público y a generar diversidad social. Otro ejemplo, en este sentido, es el desarrollado desde 2010 en Burdeos con el modelo Euroatlantique 32 , con el que se quiere construir una estrategia de diálogo, entre residentes y usuarios, para establecer diferentes escenas y escalas de proyecto. Fig 1.30. Miss Sargfabrik, Architect: BKK-3, 2000. Fig 1.31. Torre Bois le Prêtre - Paris 17 - Druot, Lacaton & Vassal, 2011. Fig 1.32. Modelo Euroatlantique de Burdeos. María Del Carmen Martínez Quesada 069 Mediante la formación de un voluntariado sobre los principales temas de la planificación urbana, sesiones informativas plenarias, exposiciones para presentar el proyecto, talleres temáticos, con los que alimentar reflexiones sobre cuestiones específicas de cada proyecto, y visitas para comprender la complejidad de los territorios y su mutación, se produce un papel activo de los ciudadanos en la construcción de acciones que respondan a las expectativas detectadas en los barrios, que refuerzan la eficacia de las consultas de los planificadores públicos. II.f.2 Nuevas tendencias. Algunos ejemplos Desde distintas iniciativas aparecen acciones que muestran hacia dónde va la vivienda actualmente. Representan nuevas tendencias relativas a la gestión y a la forma de abordar el proceso de definición de la vivienda. De las diferentes posibilidades se aportan dos que se piensan ejemplificadoras en esos dos aspectos: la gestión participativa, en este caso desde el sector inmobiliario, y la forma de plantear el proyecto gestionando de forma innovadora la vivienda, los recursos y el régimen de propiedad. Observatorio Solvia Innova La reflexión y el estudio que Solvia, el operador inmobiliario de Banco Sabadell, está llevando a cabo bajo el nombre ”Solvia Innova” conforman un hilo conductor en torno a la vivienda y las tendencias de futuro relativas a ella, desde el mercado inmobiliario. Este observatorio comenzó sus trabajos con la divulgación de Tendencias de futuro en la vivienda *, julio 2014, el primer estudio de este tipo que se efectuaba en España, que nacía con la filosofía de significar un espacio de estudio, reflexión y proposición de lo que debe ser el hogar de los próximos años. Se establece una serie de tipologías de hogares en función de unos determinados factores: que representen a un porcentaje importante de población, que el grupo al que van dirigidos tenga necesidades que la oferta actual no cubre -aunque a veces sea complicado definir exactamente lo que necesitan-, y que representen una posibilidad para la innovación. Según estas condiciones las categorías de hogares establecidas son el joven independiente menor de 30 años que vive solo, el senior independiente mayor de 60 años, la pareja joven sin hijos, la pareja joven con un hijo y el hogar reconstruido o monoparental con hijos propios o de otras parejas. Y adelantan que esta clasificación representa hoy el 73 % de los hogares actuales, y que avanzará en los próximos años por la tendencia detectada. * En http://178.62.68.90/wp-content/uploads/2014/08/20140730_informe_ejecutivo_cast.pdf.pdf. Fig 1.33. Imagen representativa del proyecto de Solvia Innova, Tendencias de Futuro en torno a la vivienda. 070 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea En cada una de estas categorías detectan unos intereses diferentes: joven independiente Entretenimiento total Atracción funcional Mi espacio Senior independiente Mi comunidad es mi ciudad Compact active life Regresar a lo real joven pareja sin hijos Re-conectar con la pareja Independencia compartida Diferenciación accesible joven pareja con un hijo Ecosistema positivo Durabilidad Protección infantil Hogar reconstruido Centro de operaciones Unión sin conflicto Individualidad en tribu Los análisis realizados, para los que se ha contado con un grupo multidisciplinar de expertos, han diagnosticado seis tendencias que influirán a su entender en las construcción de viviendas en el futuro, y que permitirán que éstas se adapten a los usuarios en lugar de que sean ellos los que se tengan que adaptar. Demografía El 37% de la población será mayor de 64 años en 2052.*1 En 2011, el número de hogares sin hijos superaba ya al de familias consideradas “ tradicionales” (45 % respecto a 35%).*2 Un 5,2% de la población mundial es Digital Natives; en España se trata del 8,3%.*3 La sociedad española se dirige hacia una estructura familiar más variada que en décadas precedentes, con una población envejecida y unas relaciones sociales complejas, que convive con un nivel alto de digitalización de la sociedad, por lo que el sector inmobiliario deberá especializarse y ofrecer una vivienda adaptable a los distintos ciclos y modos de vida. Será una vivienda, como señala el sociólogo Jesús Leal Maldonado, en la que las necesidades de crecimiento vendrán “dadas por la reestructuración de las formas de convivencia que se manifiestan en un decrecimiento de la dimensión del hogar. Todos los tipos de familia no tradicional crecen. El aumento de los hogares unipersonales marcará bastante el futuro” .*4 Se señala la reducción del tiempo dedicado a las tareas domésticas, debido al poco disponible de dedicación al hogar y a la creciente igualdad laboral entre sexos, y la demanda de flexibilidad, para abordar las necesidades de familias reagrupadas o reconstruidas, como elementos a tener en cuenta en el diseño de las viviendas. En cuanto al sector inmobiliario la diversidad del grupo familiar requiere que se ofrezcan soluciones para sectores nuevos, y de una manera más ágil e interactiva con la utilización de las nuevas tecnologías. *1 Fuente: INE Proyecciones de Población, 2012. *2 Fuente: Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), 2012. *3 Fuente: Georgia Institute of Technology. *4 Citado en SOLVIA http://magazine.solvia.es/solvia-tendencias/. María Del Carmen Martínez Quesada 071 Consumo colaborativo España es el tercer país del mundo con más espacios de coworking. En 2013 se produjo un incremento de habitaciones de alquiler del 47% (38.000 habitaciones). Compartir e intercambiar como base de la socialización y mecanismo de creación de valor. (SOLVIA, web) Existe una tendencia global que está cambiando la mentalidad y dirigiendo el mercado hacia una economía colaborativa en la que se opta, cada vez más, por el consumo compartido, alejándose del sistema tradicional de propiedad de bienes y servicios e incorporando nuevos comportamientos entre los prestadores de tales servicios y los usuarios. Esto debe reflejarse en una vivienda concebida desde la posibilidad de compartir espacios y/o habitaciones mediante diferentes fórmulas, y en la que nuevos planteamientos de comunidad permitan entender el uso colectivo compartido como una extensión de la vivienda y una forma de compartir servicios y gastos. Esta situación se verá favorecida por la aparición de iniciativas de cocreación, en las que los ciudadanos directamente, o con la ayuda de operadores privados, sean capaces de generar relaciones que transformen la vivienda, o espacios de su entorno, de una forma participativa. Algunas de estas iniciativas citadas son: Airbnb : website que pone en alquiler habitaciones o casas entre particulares. Neighborgoods : web de intercambio de objetos y equipamiento entre vecinos. Homeshare: iniciativa que pone en contacto a quienes necesitan una vivienda con personas mayores que ofrecen un espacio en la suya. Nestcopenhagen : vivienda compartida para emprendedores e innovadores. Fugacidad La duración media de un matrimonio en España es de unos quince años. Medio millar de parejas se divorcian al día.*1 Un 14,8% de españoles prefiere vivir de alquiler por la flexibilidad que conlleva esta fórmula, ya que permite poder cambiar de residencia cuando se quiere.*2 La búsqueda de la gratificación instantánea a través del cambio continuo. *3 La situación actual de una mayor inestabilidad laboral unida a la mayor cantidad de ofertas y posibilidades, hace que el usuario busque cada vez más la gratificación instantánea, el cambio constante y el no compromiso en sus acciones. Esto se refleja en la vivienda, en la búsqueda de un hogar Plug and Play, en la que todo está preparado desde el primer día, y que sea posible adaptar a las diferentes necesidades diarias de una forma sencilla. Así mismo que sea “un bien “no aferrado” a un lugar geográfico concreto ”. (SOLVIA, 2014:11) *1 Fuente: Asociación Nacional de Abogados Matrimonialistas. *2 Fuente: Informe Fotocasa, 2013. *3 Fuente: SOLVIA, http://magazine.solvia.es/solvia-tendencias/. Fig 1.34. Publibidad de Airbnb. 072 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea El poder del individuo El 63% de los consumidores quieren poder personalizar los productos o servicios que reciben. Los consumidores buscan productos y servicios que respondan a sus necesidades específicas y sean el reflejo de su personalidad.*1 “El comportamiento de los consumidores”, 2014. *2 La presencia de la tecnología en la práctica totalidad de la vida unida a un mayor acceso a la información, ha hecho que los individuos adopten un papel activo en su entorno social, económico y político. Este factor se traducirá en una conexión emocional con la vivienda y una personalización de los espacios según preferencias. El hogar será un reflejo de su identidad. (SOLVIA, 2014:12) El poder de las emociones “Mido mi éxito por los bienes que poseo” (El porcentaje de acuerdo en España es del 15%, cuando la media mundial es del 34%).*3 Las experiencias emocionales son la nueva fuente de valor.*4 Cada vez más se da una mayor importancia a los valores y a la imagen que proyectamos, convirtiéndose en argumentos diferenciadores en la toma de decisiones, por lo que la participación en los procesos de construcción y entender la vivienda como espacio donde autorrealizarse, donde vivir nuevas y diferentes experiencias, marcarán el desarrollo del diseño, la tecnología empleada y el empleo de nuevos materiales. Vida smart De los 8 a 10 aparatos conectados en el hogar a día de hoy, se pasará a los 5-6 por habitante, llegando a ser unos 500 aparatos conectados entre sí por kilómetro cuadrado en una ciudad. El mando de control universal será sustituido por lo táctil y de voz. Se busca el máximo control y comodidad en el día a día a través de la interconectividad.*5 La tecnología cada vez aporta más elementos que dan un mayor confort a la vivienda, pero también garantiza el control y la seguridad de las personas y objetos. Son dispositivos que, además, reconocen a sus habitantes, sus hábitos y necesidades, para adaptarse a sus necesidades diarias, y permiten conectar entre sí, no sólo a todos los dispositivos inteligentes del hogar, sino también diferentes viviendas, generando un beneficio a la comunidad. (SOLVIA, 2014:14) *1 Fuente: Estudio de Accenture. *2 Fuente: SOLVIA, http://magazine.solvia.es/solvia-tendencias/. *3 Fuente: Segmentación por Valores Personales (GFK 2013); Global Attitudes on Materialism, Finances and Family (Ipsos 2013). *4 Fuente: SOLVIA, http://magazine.solvia.es/solvia-tendencias/. *5 Fuente: SOLVIA, http://magazine.solvia.es/solvia-tendencias/. María Del Carmen Martínez Quesada 073 Bajo estas consideraciones -grupos familiares y tendencias reconocidas-, Solvia promovió en 2014 el concurso de ideas “Bienvenido a casa. Premio Solvia a la Innovación en el Diseño de la Vivienda” 35, con la intención de estimular la innovación en el diseño de la vivienda y generar ideas que contribuyan a definir cómo debería ser la vivienda del s. XXI ... abrir una reflexión sobre la vivienda colectiva con el reto de desarrollar conceptos de vivienda que respondan a los nuevos modelos sociales, económicos, tecnológicos y ambientales. (SOLVIA INNOVA, 2015:5) Y como muestra de la actitud activa que desarrolla, recientemente, en junio de 2015, Solvia ha creado Innovation Talks , un marco de referencia en el que poder reflexionar desde diferentes sectores, tanto profesionales como sociales, sobre cómo debe evolucionar el concepto de vivienda. Bajo el título “Cómo vivimos y cómo queremos vivir” se han desarrollado las primeras jornadas a las que han sido invitados Anne Lacaron - Reflexiones sobre la vivienda -, Domenico di Siena - Innovación y Espacio Cívico -, Jaume Prat - La casa del hombre del Vitrubio -, e Irma Arribas - ¿Dónde vives? -, desde la voluntad por desarrollar un nuevo modelo de sector inmobiliario. Habiter le grand Paris. La Co-Résidence: pour Habiter en Grand. Habiter le Grand Paris responde a la cuestión planteada por el Atelier International Grand Paris (AIGP) relativa a la falta de viviendas en el Gran París, desde soluciones creativas, sostenibles y duraderas. El objetivo de partida es doble: aumentar la producción, y ofrecer apartamentos de calidad y asequibles, capaces de crear cohesión social. La vivienda, en esta iniciativa, se diseña como herramienta esencial en el desarrollo urbano y en la igualdad de los territorios, y útil para anticipar las tendencias sociodemográficas y las formas de vida futuras. Bajo estas premisas se encargó, en el año 2013, a quince equipos europeos que pensaran en el reto planteado: cómo construir viviendas de calidad, asequibles y de mayor vida útil, que resultaran respetuosas con el medio ambiente en un contexto de crisis económica como el actual. Los resultados se mostraron en un primer encuentro en el que los equipos participantes presentaron los trabajos realizados. En este año en curso, entre los meses de enero a junio de 2015 se ha producido un segundo encuentro, que entre otras actividades ha contado con la intervención de otros catorce equipos, que, bajo otro prisma centrado en la transición climática y la reducción de las desigualdades en la ciudad, mediante siete entradas temáticas distintas, han planteado sus proyectos. De entre todas las propuestas presentadas a la primera convocatoria, se analiza la correspondiente al grupo STAR STRATEGIES + ARCHITECTURE & BOARD, Co-Résidence, por lo innovador del planteamiento utilizado.36/37/38 Desde el concepto de la co-residencia, esta propuesta plantea la posibilidad de la construcción de un número mayor de unidades desde las mismas condiciones de presupuesto, espacio y tiempo que el resto, pero proponiendo reducir el precio y aumentar el tamaño. Se trata de una vivienda en la que algunos de los elementos básicos son compartidos por dos o más unidades, haciendo un uso más sostenible de los recursos, pero en la que se mantienen espacios de uso privado, que consisten básicamente en los dormitorios y los baños. Los usos colectivos como comedor cocina, lavandería, zonas de juegos, etc, serían, por tanto, de uso compartido y estarían situados en espacios de propiedad colectiva, igual que sucede en los ejemplos objeto de estudio de esta investigación. Fig 1.36. París, previsión para 2017. Star Habiter. 2013 Fig 1.35. “Bienvenido a casa. Premio Solvia a la Innovación en el Diseño de la Vivienda”. Logo del concurso. 080 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea III.c. AMUEBLAMIENTO El amueblamiento siempre ha respondido a los gustos y necesidades de cada época, generando elementos transitorios, que por algunos años reflejan la vida exterior. (GATEPAC, 1935 b) En la casa tradicional, a pesar de la rigidez constructiva y el sistema de compartimentación, la polivalencia de los espacios permitía que los ocupantes los transformaran según sus necesidades, siendo el mobiliario el que determinaba la función. Si cambiaba éste al desplazar los muebles de una habitación a otra, el carácter del espacio cambiaba. No sólo los muebles, sino también la decoración de las paredes señalaba, hasta finales del S. XVII, el uso de las habitaciones. Después, durante el s. XVIII, esto va cambiando poco a poco y, aunque los muebles siguen siendo móviles, se van asociando a estancias a las que ayudan a cualificar, hasta el s. XIX en el que junto a la transformación del mobiliario en relación con el cuerpo, desde nuevos conceptos de confort y reposo, también aparece, a finales de siglo, una profusión de objetos que revela un falso lujo, que nada tiene que ver con la respuesta a necesidades concretas, y así aparece un carácter diferente de éste por el que deja de estar asociado sólo a una función. (ELEB, 1998) En los espacios interiores de finales del s. XIX independientemente de los medios económicos se repiten esquemas caducos de amueblamiento. En un intento de hacer de cada interior un palacio en miniatura (GATEPAC, 1935 b, p. 14), techos, paredes, suelos son invadidos por una decoración pretenciosa y pesada, falta de contacto con la naturaleza. Los objetos empiezan a ser concebidos, en el estilo Imperio, como entidades aisladas y el mobiliario pierde su relación con el espacio que lo rodea, el mueble se trata como arquitectura autónoma, alcanzando por tanto un gran predominio espacial (GIMÉNEZ, 2006:36). Son amueblamientos tradicionales, en los que estos, que responden fundamentalmente a razones estéticas, no permiten su coexistencia con la posibilidad de tener un espacio vacío por el tamaño. Con el cambio de siglo se comienza a prescindir de estilos historicistas aunque continúa el mismo espíritu de apariencia que rige la organización de la casa, lo que lleva a sustituir los estilos anteriores por formas aparentemente espontáneas extraídas de la naturaleza, que se convierten en el gran modelo. Europa entró en el Movimiento Romántico y se produce un cambio en la consideración del mueble y la decoración. Posteriormente continúan sucediéndose modas, como la utilización de la luz indirecta y la introducción de metales cromados en los pesados y poco prácticos muebles efecto de la Exposición de las Artes Decorativas de Paris, 1925, pero sin modificar el espíritu y sin proponer una renovación de los espacios interiores. No obstante, paralelamente, se inicia un cambio desde planteamientos organizativos del interior de la vivienda adaptados a nuevos tipos de vida. Con la nueva burguesía mercantil, con la que las formas rígidas del mobiliario de la vida cortesana van desapareciendo, a favor del mueble cómodo y útil que responde más a cuestiones pragmáticas de confort que a su estética, ha surgido un nuevo espíritu, que no tiene pretensiones de obra de arte, creando interiores humanos, adaptables, personales e íntimos. Es un nuevo interior donde el mueble inicialmente responde a la exaltación del maquinismo, con el metal y el vidrio como los materiales de moda, y un mueble que se adapta a su función pero que después evoluciona hacia elementos que animan la vivienda y ayudan a recordarla y humanizarla. Fig 1.44. Cabinet du travail de la rue Ampère, Adda, architecte. María Del Carmen Martínez Quesada 081 III.d. DISTRUBICIÓN DE ESPACIOS Cada momento de la historia de la arquitectura ha aportado respuestas específicas a la cuestión de la importancia de la distribución y a la forma en la que ésta da forma a los usos. A partir del s. XIX la distribución, que ya en el s. XVIII había hecho su aparición como un arte nuevo que respondía a principios estéticos y a unas reglas de uso, será considerada una parte integrante y reconocida de la arquitectura, haciendo que los usos ya no se sitúen de forma natural sino en relación a un tiempo y a un lugar dado. En sus inicios la distribución aparecerá asociada a la idea de confort doméstico, sin embargo dependerá del destino social y del tipo de edificación. Se referirá a los estilos de vida, y cada espacio estará cualificado por lo que allí pasa. Su forma y decoración serán así determinadas, y su lugar estará definido por el desarrollo con el resto de habitaciones dentro de un sistema de circulación preciso, frente al s. XVIII en el que las piezas son lugares de circulación y de igual tamaño como señala Monique Eleb (1989). Hasta entonces las viviendas con distribuciones a través de espacios de tamaños similares, en los que no había direcciones de recorrido preferentes, con zonas de verano e invierno, salas y gabinetes para el baño, y varios accesos, respondían a cuestiones como la disfuncionalidad, desjerarquización, disociación del baño, no isotropía y dobles accesos actuales. Pero a partir del XVIII el discurso sobre la distribución se realizará atendiendo a recorridos privilegiados, un ordenamiento de los lugares y de los objetos, una presentación jerarquizada de los espacios y un código de uso. El espacio está así controlado, y la progresión de los espacios públicos a los más privados es legible, visible. Se establece un código que explica los lugares y las prácticas aunque el discurso es todavía escaso. En este momento se establecerán una serie de cambios. La aparición del pasillo, la multiplicación de las escaleras, y salidas, en las casas de alquiler del s. XIX serán significativas, dando como consecuencia una distribución de la vivienda en la que cada habitación principal tiene dos puertas, y el sistema de circulación permite la autonomía de los habitantes en el interior de la habitación, cuando se desea. Si sumamos a esto la marginación del servicio doméstico, comenzado en los siglos precedentes, que obliga a que estén presentes pero no sean vistos, el pasillo y las escaleras de servicio se hacen cada vez más necesarios, y la cocina, como parte del área de servicio, queda confinada en la parte más alejada de la vivienda, ya que la distancia existente hasta la sala de comer no es determinante al depender su uso del servicio doméstico. Sin embargo en las casas modestas se aproximan al no existir servicio. Las antecámaras se transforman, a menudo, en comedores (función que habían tenido antes de forma transitoria). Las habitaciones de servicio son excluidas de los apartamentos y son generalmente agrupadas en los áticos y en la planta baja. Aparecerá la habitación de los niños, como pieza específica, con el nombre de pièce de petit taille, y se situará próxima al dormitorio principal. El baño que había tenido asociada una estructura espacial compleja con zona de vestidor, baño, reposo, etc., va a reducirse llevándose incluso a las plantas bajas de los edificios colectivos (ELEB, 1989). A lo largo del S. XIX la forma de vida burguesa será utilizada como norma para establecer el programa de una vivienda y las decisiones basadas en el espacio, dada la incapacidad de los arquitectos por dejar a un lado sus propios valores y comprender las formas de habitar de una clase social que no es la suya. Usos nuevos, mobiliario moderno, exigencias higiénicas -aire, agua, luz, calor-, son necesidades nuevas de confort y bienestar, a las habrá que responder Fig 1.45. Hôtel de Choiseuil, Gaulier, 1723. Fig 1.46. Hôtel de Clermont. Auguste Choisy, s. XVIII. 082 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea con la invención de soluciones espaciales. Cada espacio es descrito por sus prácticas, su mobiliario y su decoración, determinando su posición en el seno de la casa, sus accesos, sus dimensiones, sus condiciones de iluminación, de calefacción y ventilación. Y será al final del s. XIX cuando la distribución toma una importancia privilegiada, las formas serán generadas por las necesidades, y deberá expresar la apariencia del alojamiento. (ELEB, 1989) III.e. HABITACIONES Y USOS “En el siglo XVI era raro que uno tuviera una habitación solo para él. Pasaron más de cien años hasta que las habitaciones a las cuales se podía retirar uno de la visión del público empezaron a aparecer, y se las llamaba “habitaciones privadas”. (RYBCZYNSKI, 1989:30) Rybczynski (1989) nos cuenta que las casas eran pequeñas y con más habitantes que en la actualidad, y esta falta de espacio sumado a la inexistencia del concepto de intimidad hacía que las estancias no tuvieran funciones específicas pudiendo ser utilizadas para diferentes actividades; así, según las horas del día, los muebles aparecían, se montaban o desmontaban, y cambiaban de posición para poder hacer de ellas lugares donde comer, dormir, cocinar o recibir visitas. Esta complejidad en uso les confería una gran flexibilidad en función de las necesidades existentes en cada momento, y de los límites establecidos entre lo público y lo privado. Previo a ese momento, en la casa burguesa típica del s. XIV, el uso de vivienda siquiera era fundamental pues el piso principal de la casa, o por lo menos la parte que daba a la calle, era una tienda o -si el propietario era un artesanoun lugar de trabajo. La parte residencial no consistía, como cabria prever, en una serie de habitaciones; por el contrario, no había más que una gran cámara que ascendía hasta el cielo raso. La gente cocinaba, comía, recibía y dormía en este espacio. Si embargo, los interiores de las casas medievales reconstruidas siempre parecen vacíos. (RYBCZYNSKI, 1989:36) Históricamente determinadas estancias han diversificado su uso en función de cada contexto, pudiendo adquirir un significado diferente, como ha sucedido con la sala, que, a medida que la vida doméstica se enriquecía con nuevas relaciones sociales, o del individuo con su familia, y aumentaban las convenciones, se le iban anexionando otras estancias, como la antesala, o el comedor, que incrementaban y enriquecían el uso, o definían su uso en función del mobiliario que acogía. Esta multiplicidad de actividades, con usos que se suceden o incluso se superponen, en un mismo espacio, llevó a que funciones asociadas a niveles de privacidad distintos como el estar y el dormir hayan intercambiado a su vez, durante siglos, los términos utilizados para nombrarlos. A la alcoba también se llamará dormitorio, cámara. (CARDIEL, 2014:294) Progresivamente se irán estableciendo en la vivienda formas adecuadas para funciones concretas, relaciones entre espacios y objetos, grados de privacidad, y por tanto de rigidez, producto de cada cultura. Hasta llegar a la Inglaterra del s. XVIII, en la que, debido al desarrollo de las relaciones y convenciones sociales, la vivienda llega a alcanza una gran complejidad y sofisticación (CARDIEL, 2014:295), lo que se traducirá en la especialización de las estancias, según las prácticas de la época, y en la necesidad de asignar un nombre específico para cada una de ellas. Cada uno de los María Del Carmen Martínez Quesada 083 términos, por tanto, iría asociado a una actitud concreta. El nombre de cada estancia implicaría, además de un uso, un comportamiento preestablecido: un protocolo. (CARDIEL, ib.) Será en ese contexto cuando aparecerá el concepto de pasillo como sistema alternativo de circulación, que, bajo un criterio de optimización de recorridos, va a suponer la jerarquización social de la vivienda con zonas de servicio y zonas de señores, y con ello la transformación de la vivienda en Europa. El pasillo poco a poco, en su incorporación a la vivienda, irá sustituyendo a otras circulaciones, lo que supondrá un empobrecimiento de las relaciones anteriores, materializadas en accesos y comunicaciones diversas, para reducir a una sola opción posible el acceso a las estancias y las posibilidades en los intercambios de uso debido a la falta de vínculos. Aparecerán estancias autónomas, que animará a la privatización de las actividades y a la individualización de los propios individuos. Aparecerá una nueva terminología asociada a unos espacios –pasillos, recibidores, trasteros, cocinas o bañosal servicio de otros de mayor rango como el comedor o el salón, que les restringirá su capacidad de ser usados de otras formas distintas a las asignadas de paso o servicio, el uso acaba banalizando el espacio doméstico. El uso acaba por ceder a la terminología (el pasillo es sólo para pasar, el recibidor para recibir ...) De hecho, al adoptar estas palabras, admitimos la idea de que algunos espacios de la casa puedan tener menos prestaciones. (MONTEYS, 2012:229) Cuando en el segundo congreso de los CIAM, organizado por Erns May en Frankfurt en 192947, la investigación sobre la vivienda se dirige hacia la búsqueda de “los nuevos tipos” económicos y de confort máximo, lo que en ese contexto tiene sentido también producirá otras consecuencias para los años siguientes: la desaparición y el olvido de infinidad de términos y nombres que habrían formado parte de la estructura y nomenclatura de la vivienda, suponiendo con esto la reducción a mínimos de su propio significado, y por otro, la modificación en cuanto a los conceptos y al uso de sus nombres asociados, limitando de forma permanente, las convenciones sociales a ellos atribuidos. (CARDIEL, 2014:296) III.e.1 El estar El estar es el heredero del comedor decimonónico, donde la familia se reunía para comer. En las casas de la clase media, además, era donde se realizaba la vida familiar y el lugar de encuentro donde se reflejaba la estructura jerárquica de la familia, y comprendía la vida íntima de ella, donde la mujer se dedica a sus labores, los niños juegan, por ello era un espacio cuidado tanto en acabados, como en iluminación y amueblamiento, donde no se dejaba nada a la improvisación. (PERTIERRA, 1981) Tradicionalmente esta estancia podía por tanto englobar la cocina y fundirse con el comedor e incluso convertirse en dormitorio, debido a la escasez de espacio, lo que le aportó un carácter de polivalencia que ha sido una constante. Luís María Feduchi, a mediados de los años cuarenta, decía, en relación a la función del cuarto de estar, que “en él se hace la vida cotidiana …ha de tener un poco de salón, de cuarto de labor, de biblioteca, de juegos y, en fin, hasta de comedor”. * * Feduchi, Luis M.: Breve historia de ROLACO , Experiementa nº 20, 1998, pp. 32, en DIÉGUEZ, 2006. Fig 1.48. Comedor del hotel construido por R. Bouwens Van der Boijen, 6 rue de Chèzy à Neuilly, vers 1910. Fig 1.47. Portada del CIAM de 1929. 084 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Esta multiplicación de usos requiere de flexibilidad y capacidad de transformación para poder desarrollar diferentes actividades. III.e.2 El comedor El comedor, de posición inestable a lo largo del tiempo, no aparece hasta el s. XVIII en el que se produce un cambio de actitud respecto a la comida, que hasta entonces había sido algo banal, y se tomaba sobre una pequeña mesa que se desplazaba para la ocasión, y que a partir de ese momento va a tomar una importancia que no había tenido hasta entonces lo cotidiano. Se va desarrollar una nueva actitud, y resultado de ella será que el comedor se convierte en un lugar de encuentro familiar y la mesa se fija allí. En el s. XIX esta organización conducirá a hacer de la comida un rito familiar, y de la cocina el nuevo lugar de las relaciones cotidianas. Se convertirá en el lugar de la educación de los niños, y será allí, en el espacio familiar, donde existe una mayor libertad.* A lo largo del s. XX se ha caracterizado por ser una estancia de uso cambiante y carácter ambiguo, que puede ser público o privado según las necesidades y deseos de los usuarios, y estar situado en formas y asociaciones diversas dentro del ámbito de la vivienda. Eso ha hecho que haya cambiado de posición -situado en la entrada, asociado a la cocina o junto al salón o zona de estar-, hasta desdibujar su disposición y funcionamiento, lo que lo ha convertido en un espacio con un uso más amplio que el de cubrir sólo necesidades relacionadas con el comer. En algunas publicaciones de mediados de los años veinte del siglo pasado, ya se apuntaban distintas posibilidades en su disposición: asociado a la entrada y a una salita, para dar diafanidad sin perjuicio de la independencia necesaria según los momentos (ARNICHES, DOMÍNGUEZ, 1926), junto a la cocina y office (ARNICHES, DOMÍNGUEZ, 1927a) y asociado al salón, con propuestas que hoy consideraríamos realizadas desde planteamientos de flexibilidad, como el disponer un armario equipado en el que se esconde la mesa cuando no está en uso, y entonces el comedor queda convertido en un rincón del salón. (ARNICHES, DOMÍNGUEZ, 1927b:4) Esta última asociación pronto se convertiría en tendencia generalizada para resolver el problema de superficie. Más adelante, en los años sesenta-setenta, la asociación se produciría con la cocina, ubicando en ésta una mesa para comer, desayunar y cenar. Es en este momento cuando en la cocina se realizan los cambios más importantes en su configuración, convirtiéndose en la estancia más cara y sofisticada de la vivienda. (DIÉGUEZ, 2006) III.e.3 El salón En la vivienda decimonónica, el espacio principal era el salón. Era el espacio de representación social al que todos aspiraban como símbolo de pertenencia a una clase social. Disponer de un salón significaba mundanidad y Fig 1.49. Carlos Arniches, Periódico El Sol, Madrid, 1917. Fig 1.50. El salón en la sociedad burguesa del siglo s.XIX. Fotograma de la serie Penny Dreadful. * Véase ELEB, 1989 pp. 187-190 María Del Carmen Martínez Quesada 085 sociabilidad, dos características de la sociedad burguesa. Cuando las relaciones se reducían al ámbito familiar este espacio se quedaba sin uso, cuestionándose su necesidad, aunque seguía vigente por su importancia simbólica (GIMÉNEZ, 2006). No obstante a finales del s. XIX todavía tenía una gran importancia ocupando gran parte de la superficie disponible de la casa y monopolizando la superficie de ventilación e iluminación. Era el palco del mundo del que hablaba Walter Benjamín. Este espacio se irá transformando e incluso llegando a desaparecer a lo largo del s. XX conforme varía la concepción de la relación interior-exterior. En la vivienda lo íntimo/privado va adquiriendo cada vez más peso y el salón va empezando a sufrir alteraciones. Primero dividiendo su estructura, en las casas acomodadas en salón y comedor, posteriormente se funde con el comedor, y después es desplazado por la sala de estar, y, aún manteniéndose en algunos casos para indicar la posición social familiar, finalmente terminan perdiendo su carácter expositivo. (DIÉGUEZ, 2006) III.e.4 El dormitorio La consideración de la forma de dormir y su evolución ha pesado considerablemente para que la vivienda se transforme. Dormir juntos estaba ligado a la pobreza, a la ineficacia de los sistemas de calefacción que implicaba tener que dormir cerca de la chimenea que se encontraba en la sala. Estas razones eran compatibles con el ver el propio cuerpo y el de los otros, lo que hoy no se entiende con las normas de pudor actuales. Estas personas no se sentían incómodas pues esta situación no era importante, era aceptada socialmente y poco ligada a la sexualidad. Después de las nuevas normas de pudor que lentamente se van difundiendo junto con las ideas religiosas, y médicas, derivadas de razones de tipo médico y moral, el dormir en la misma cama pasa a ser condenado. Tampoco se permite unir personas de distinto sexo excepto en el caso de los matrimonios, y así, poco a poco, se hace indispensable tener una cama propia, y el dormir juntos se convierte en signo de una gran pobreza. Este cambio en los hábitos implicará la disociación de las camas y la necesidad de contemplar varios dormitorios individuales. La aparición del sentimiento de pudor hace que la sala de estar pierda una de sus funciones, el dormir y así la cama se convierte en un mueble fijo dentro de un espacio específico. (ELEB, DEBARRE-BLANCHARD, 1989) En la Edad Media, la función que ahora rige estos espacios aún no se había privatizado, y por tanto no se excluía de la vida social, siendo costumbre recibir las visitas en las habitaciones donde se disponían las camas. Era normal que en una misma habitación durmiesen varias personas: señores y sus criados, señoras con sus doncellas, hombres y mujeres juntos. Incluso las visitas solían dormir juntos al resto de los habitantes de la vivienda. La idea de decoro, asociada a la ocultación del cuerpo de vistas de terceros, no existía tal y como se entiende hoy. Quien no dormía con toda su ropa, como en algunas órdenes monásticas, se desnudaba por completo, siendo esto lo usual, y, en el caso de no hacerlo, suponía motivo de recelo, despertando la sospecha de querer ocultar alguna enfermedad o defecto corporal. (ELIAS, 1987) Esta naturalidad en la relación de los seres humanos con su cuerpo, estudiada por Elias a través de una serie de textos, existente en la primera fase de la edad contemporánea, está presente hasta el siglo XVI, para ir desapareciendo Fig 1.51. L´Alcôve, P.Thomas, 1909. 086 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea lentamente, y de forma acelerada en los siglos XVII, XVIII y XIX. El cambio se produce primero en las capas más altas de la sociedad para después extenderse al resto. En ese momento los hábitos relacionados con la función del dormir empezaron a cambiar. Una de las primeras señales consistió en empezar a utilizar una vestimenta especial nocturna, como resultado de la naciente sensibilidad de pudor en relación al cuerpo humano y a la aparición del sentimiento de vergüenza. También, el hecho de levantarse y acostarse fue convirtiéndose en actos cada vez más íntimos, sacados fuera del ámbito social, para quedar dentro de los límites de la intimidad familiar. Estas formas asociadas al dormir en el s. XIX y la utilización de la vestimenta de la época, como la camisa de dormir que escondía las formas del cuerpo, son características de lo íntimo en una época en la que, precisamente por ser espacios totalmente separados de la vida social, lo que no está configurado curiosamente es el concepto de lo privado y la intimidad. (ELIAS, 1987) A principios del s. XIX, en el curso de un mismo periodo y asociado a un momento de transición de los modos de vida y las disposiciones espaciales, van a coexistir proposiciones espaciales y plantas de habitaciones muy diversas. Continuarán existiendo dispositivos, ligados a una percepción de la vida cotidiana y sus relaciones tal y como estaban concebidas en épocas anteriores, al mismo tiempo que aparecen otras disposiciones emergentes que dan su materialidad a los cambios en los modos de relación. Dentro de esta situación hay una práctica que se va a recuperar: el dormitorio conyugal. Antes, en efecto, cuando las dimensiones de las estancias lo permitían, la pareja tenía una mayor autonomía espacial. Había toda una serie de dispositivos en torno a los espacios de la mujer y del hombre que los separaban en sus relaciones diarias, que se van a ver reducidos y separados del espacio público en el que se encontraban con anterioridad. (ELEB, DEBARRE-BLANCHARD, 1989) III.e.5 El cuarto de baño Elias (1987) describe cómo los hombres se hacían servir por las mujeres en los baños, y cómo el uso de los baños públicos afectaba al espacio urbano ya que parece ser que la gente se desnudaba en la casa, antes de acudir a la de baños, al menos según la costumbre de las ciudades. “Cuántas veces”, dice un observador, “atraviesa los callejones corriendo el padre desnudo, provisto de unos calzoncillos tan sólo, acompañado por su esposa desnuda y sus desnudos hijos, camino de la casa de baños. Cuántas veces he visto a las jóvenes desnudas y solas, o vestidas con una camisilla raída y un albornoz hecho jirones o bien con ese trapo que las cubre sólo por delante y por detrás y que la gente llama aquí Badehr … Al lado de ellas suelen correr los chicos desnudos de diez, doce, catorce y dieciséis años de edad”. (ELIAS, 1987:204) En la Edad Media, la desnudez no era percibida como algo particularmente perturbador. Los padres y los hijos se mostraban y dormían desnudos -a menudo juntos-, igual que en los baños públicos que eran mixtos, tal y como se ve en los cuadros y miniaturas que aportan Monique Eleb y Anne Debarre-Blanchard (1989). Era un espacio con una importante dimensión social ya que además del baño se podían realizar otras actividades como comer y reposar. Esta Fig 1.52. Femmes à leur toilette, F. Vallotton, 1897. María Del Carmen Martínez Quesada 087 actitud de relación abierta con el cuerpo evolucionó poco a poco al mismo tiempo que los niveles de pudor cuando el contexto religioso se modificó. El miedo a estar desnudo va a aumentar a partir del s. XVI, sintiéndose primeramente en las capas sociales superiores de la población. Y así se empieza a tomar el baño con vestimentas, producto del nuevo sentimiento de pudor que lleva a no ser visto desnudo, y no verse desnudo. No lavarse va a significar que se posee la pureza moral, y la necesidad de lavarse va a implicar que se está sucio, impuro. El clero y los médicos contribuyeron a hacer desaparecer los baños públicos en tanto lugar de encuentro y libertinaje, en el que se habían convertido finalmente, pero también como lugar donde mostrarse completamente desnudo en público al lavarse. A la desaparición de los baños públicos contribuyó el miedo al agua y las supersticiones. La suciedad era vista como algo protector frente a enfermedades y así es difundida por los médicos en el s. XVIII. De tal forma que el baño conlleva un rito muy preciso para poder desarrollarlo y evitar sus males. Todo esto deriva en que para ajustarse a los nuevos hábitos de limpieza corporal ajustados a la nueva moral, aparezcan en la vivienda dos espacios diferenciados, de forma que la más íntima desarrollada en el vestidor no se llegará a ver representada en ninguna imagen. (ELEB, DEBARRE-BLANCHARD, 1989) En este momento se es tolerante con los olores corporales. La idea del olor corporal, ligado a algo degradante, no aparece hasta el s. XIX. A esto hay que sumar que el agua corriente no estaba instalada en todos los sitios, aún era rara en las ciudades y por tanto resultaba cara. Es al final del s. XVIII cuando hay un renacimiento del baño, y nuevos establecimientos destinados a este uso se instalan en las ciudades. A través de la pintura del S. XVIII el baño aparece como un momento privilegiado de la actividad cotidiana. Es el lugar donde se recibe a los íntimos y la seducción está presente. Es un momento importante de la jornada y donde todo se prepara y se elije para seducir. (ELEB, DEBARREBLANCHARD, 1989:198) En el s. XIX los descubrimientos de Louis Pasteur y la difusión de la pasteurización transforman considerablemente la imagen de peligrosidad existente sobre el agua, para pasar a convertirla en un instrumento que contribuye a mantener la buena salud. Será bajo esta nueva perspectiva en la que hay que comprender la difusión de las prácticas de limpieza del s. XIX. En cuanto a las clases populares se intentará imponer la idea del cuerpo como instrumento de producción y por tanto será fundamental mantenerlo sano, lo que se verá traducido en la consideración de espacios para tal fin en la propia vivienda. Esta idea del aislamiento presente en el s. XIX, asociado al fenómeno del pudor, aparecido al amparo de la idea de que el cuerpo debe quedar oculto, se refleja en las actividades de aseo íntimas en la vivienda obrera, en la que se intentará evitar los WC comunes a varios alojamientos. Lo que se pasará a reglamentar posteriormente con la inclusión de un WC obligatorio por vivienda.* Con el siglo XX los antiguos hábitos de dormir con desconocidos, librarse de necesidades naturales, limpiarse y lavarse en público, van a terminar de consolidarse como actos íntimos lo que llevará a la aparición de la necesidad de estar * En Paris se hace obligatorio la inclusión de un WC a partir del 22 de junio 1904 en que se establece un reglamento sanitario. En ELEB, DEBARRE-BLANCHARD, 1989:215. 088 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea solo en un lugar íntimo para realizarlas. Se afianzan así los dispositivos espaciales que lo garantizan haciendo que nuevas normas se implementen y sean reproducidas socialmente. El baño como actividad de culto al cuerpo Después de la Edad Media el baño era una actividad privada en el mundo occidental. Una actividad que perderá su dimensión de cambio, y que no estará relacionada al encuentro. Las sociedades griegas y romanas habían relacionado el baño con la vida social pero también con las actividades corporales dinámicas y la gimnasia. Y la sociedad musulmana consideraba el baño como una actividad purificante dentro del rito religioso, además de ser un acto social. La diferencia entre ambas posturas es la relajación y el reposo en común, frente a la actividad. A partir de la Edad Media esta actividad es abandonada. Según Giedeon cada cultura explica la relación con el cuerpo de una manera particular que va en relación con el concepto del ser humano y su relación con los otros. En Francia, el baño reparador desaparece a finales del s. XVI, le sigue el baño-ablución en una sociedad en la que la limpieza no es un valor y el cuerpo no es considerado como digno de interés. En el s. XVIII, la triple influencia de la evolución de los conocimientos médicos, de la moda de la hidroterapia y las ideas de Rousseau, abogan por la vuelta a la naturaleza, lo que va a jugar un papel no despreciable en la transformación de la relación con el cuerpo. Pero será sólo al comienzo del s. XIX que los baños públicos reaparecen con fuerza, proponiendo una regeneración completa del cuerpo al comprender también otras actividades como masajes, baños de vapor, baños de aire, gimnasia, y baños de sol, como apunta Giedeon. En las viviendas, la práctica del baño también se va a hacer presente, y al comienzo del s. XIX se empiezan a realizar baños calientes en el domicilio, imitando lo que se hacía desde hace tiempo en Alemania. El cuarto de baño como dispositivo La disponibilidad de agua corriente fue una de las variables que contribuyó a fijar este dispositivo. Hasta finales del s. XVIII el agua corriente será un gran lujo ya que sólo está instalada, y en pequeña cantidad, en las plantas bajas de algunas casas. Será en el s. XIX, en el que la limpieza es una necesidad generalizada, cuando empiece a estar más extendida, aunque no de forma igualitaria según ciudades y países. El cuarto de baño es una excepción, hasta finales del XIX y principios del XX, estando todavía asociado a la mesa de baño, con el aparador donde disponer la palangana y la jarra, y a la bañera móvil dispuesta en el dormitorio. La ducha que ya ha aparecido en esta época se considera un dispositivo adecuado sólo para la clase obrera, tal y como se recoge en varios escritos médicos y filantrópicos. Como señala Giedeon “ la ducha es el baño del pueblo” pronto de extendió (1888) en todos los países del mundo . (ELEB, DEBARRE-BLANCHARD, 1989:204) En 1905, Eugène Bliaut propone un modelo de casa obrera basada en consideraciones sanitarias y de confort. Dispone de una cocina que sirve también de cuarto de baño, un lavabo-toilette en el dormitorio de las niñas y un baño ducha. Pero lo que se utiliza más a menudo, son los baños ducha colectivos, realizados como equipamiento en conjuntos de viviendas colectivas de alquiler. Este mecanismo no remite a un aseo íntimo ni hedonista sino más bien a una práctica saludable. El propósito principal es dar la posibilidad de lavarse y los medios son secundarios. Fig 1.53. Nu au tub, photographie de P. Bonnard, vers 1908. María Del Carmen Martínez Quesada 089 Será sobre 1920 que el cuarto de baño se anexa al dormitorio y se fija la bañera. Giedeon lo llama el paso de la bañera del estado de mueble al de órgano íntimo de la casa. (ELEB, DEBARRE-BLANCHARD, 1989:210) La posibilidad de abastecer de agua y saneamiento a las viviendas, supuso un hecho importante en la configuración de la vida doméstica y, por tanto, de la vivienda, como ya lo había sido a lo largo del s. XIX la evolución de la iluminación en el hogar, desde las velas hasta la electricidad. En España, según Brandis y Mas (2002), la disponibilidad de agua potable era mejor que el sistema de alcantarillado, sin embargo la red de abastecimiento de agua que no fue un hecho generalizado hasta pasado el primer tercio del s. XX, siendo, en los años cincuenta, menos de la mitad de las viviendas las que tenían agua y una cuarta parte las que tenían aseo o baño. Datos que mejoraron en la década de los sesenta en la que los hogares que disponían de baño o ducha era del 62 %.* Esto se vio favorecido por la publicación de una ley sobre vivienda mínima que obligaba a que cada vivienda contase con un aseo mínimo, ya que hasta entonces quedaba a criterio del promotor su inclusión o no en la vivienda. (BONET, 2006) Será, por tanto, con la incorporación del agua corriente y los sistemas de alcantarillado, cuando realmente se pueda concluir que surge el cuarto de baño. Giedion (1978) en La mecanización toma el mando, dice que hasta bien entrado el s. XX el lavabo no adquiere la forma definitiva influenciado por la producción en serie y la integración del agua corriente. Sólo hasta que los procesos de mecanización modernos fueron incorporando una serie de innovaciones, éstas se fueron agrupando en espacios concretos, lo que influyó en la conformación del cuarto de baño y la cocina por tratarse de las piezas susceptibles de mecanización. Hasta ese momento los aparatos sanitarios eran portátiles, y es entonces cuando, para adaptarse al suministro de agua y a las instalaciones sanitarias, ya conectadas a redes urbanas, adquieren una posición fija y se comienzan a integrar en una habitación destinada a ese uso. Estos cambios tardaron en hacerse notar por el diferente nivel de industrialización entre países, lo cual incrementaba la lenta incorporación de las instalaciones higiénicas de forma sistemática. Se trata de un proceso lento, que depende de la desigual incorporación de infraestructuras en las ciudades. Según Witold Rybczynski fue el Estados Unidos donde apareció la idea de situar el retrete y la bañera juntos en una sola habitación, para el uso común de toda la familia (1989:169). Además señala que a finales del s. XIX la utilización del cuarto de baño compacto de tres aparatos con bañera al extremo, y el retrete y el lavabo al lado, era común en Estados Unidos a diferencia de Europa, lo que terminó siendo fundamental en la organización de la casa pequeña, ya que permitía reducir la superficie de los dormitorios y suprimir los vestidores al eliminar la bañera portátil. Sin embargo afirma que aunque el cuarto de baño moderno puede resultar eficiente y funcional, por los nuevos aparatos, la inclusión de las instalaciones y las paredes de azulejos, no es el resultado de ningún adelanto técnico, se llega a ella como resultado de organizar la casa sin sirvientes: una casa diseñada para poder ser limpiada por el ama de ella, sola o con la ayuda de una asistenta a lo sumo, donde poder almacenar en prácticos armarios empotrados que sustituyeran a los grandes armarios exentos, aparadores y arcas, pesados de mover, una casa que se calentaba de forma centralizada sin la ayuda de nadie para alimentar y vaciar las múltiples chimeneas, y que organizaba de forma * Datos en BENASSAR, Bartolomé: El regreso a Europa 1936-1982 , en BENASSAR, Bartolomé (coord.): Historia de los Españoles, Volumen 2, Siglos XVIII-XX, Editorial Crítica, pp. 333-536, referido en DIÉGUEZ, 2006:150. 096 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea aportó una humanización del diseño austero de los países centroeuropeos. Hasta llegar a la consagración de la cocina en 1957 en cuanto a la capacidad combinatoria de equipamiento y de los contenedores de la cocina, gracias a la publicación de las primeras normas DIN relativas al espacio. (BRAVO, 2011:208) A partir de ese momento los cambios en el consumo, dirigido por la publicidad y el mercado, y las formas de vida, han ido condicionando la forma de plantear la cocina. El elevado contenido social del acto de comer y su relación con la función de preparación, que también debería tener un contenido social análogo,*1 ha sido otro de los elementos que ha ido condicionando la cocina y su límite y la apertura dentro de la casa. Después otros arquitectos se acercaron a este tema sobre cómo cambiar la manera de vivir a través del diseño de la cocina. Con Le Corbusier se produjeron cambios al unir cocina y estar en l´unité d´habitation66, a medio camino entre la cocina racional y le estancia de tradición rural, haciendo de la misma un lugar que participa de la vida doméstica y muestra los signos de la modernidad a través de los materiales y los nuevos electrodomésticos. Russel y Mary Wright defendieron planos abiertos en 1950 en su Guía para la vida más fácil. Utilizaron una unidad de almacenamiento independiente con una abertura de paso para conectar las áreas de cocina y comedor. También en 1934 Frank Lloyd Wright en la casa de la Cascada, donde plantea un estar abierto con cocina compacta en planta primera, y la “LivingKitchen” diseñada por Allmon Fordyce en 1945, exploraron un territorio similar. En 1966 Joe Colombo introdujo la idea de la isla en la cocina, lo que permite el flujo del espacio alrededor del equipamiento. Como explica Hadi Teherani en su cocina para Poggenpohl: “ La cocina en sí es el espacio de creación de la arquitectura ”. En España el proceso de estandarización fue tardío respecto a Europa y Estados Unidos. Hasta los años 70, no se llega a un concepto de cocina práctica y funcional, con la incorporación de otros aparatos y de medidas normalizadas en el amueblamiento, sistematizándose la superficie continua que unía todos los aparatos a una misma altura, aunque en los años veinte Carlos Arniches y Martín Domínguez en el artículo La arquitectura y la vida: cocinas, *2 ya mostraban el cambio de actitud y el incipiente interés que despertaba la cocina tanto para arquitectos como para propietarios, que pasaba de ser considerada, a lo más, una grande y hermosa habitación, con diferentes utensilios y vasares, a la habitación más importante de la casa, bien situada respecto a otras estancias, no demasiado grande, de cuidado acabado, con una ventilación constante y una luz lo más igual posible, y en el que las circulaciones estén perfectamente estudiadas, todo ello derivado de una mayor eficiencia. *1 Otl Aicher dice que “en la cocina, el ser humano es un ser social. La cocina en una función de la naturaleza social del hombre”, en La cocina para cocinar. El final de una doctrina arquitectónica . Barcelona: Gustavo Gili, 2004:43. *2 En edición del 20 de noviembre de 1927, del diario El Sol de Madrid, pp. 4. Fig 1.66. Planta L´Unité d´habitation, Le Corbusier. María Del Carmen Martínez Quesada 097 098 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea CAP. IV. SOBRE LAS CUALIDADES DEL ESPACIO DOMÉSTICO ACTUAL IV.a. Privacidad / Apertura IV.b. Espacio colectivo o comunitario IV.b.1 Nuevos conceptos y nuevos usuarios Hábitat participativo Cohábitat / Cohousing Hábitat comunitario Autopromoción Cooperativa Hábitat intergeneracional Comunidad intencional IV.c. La consideración de los espacios intermedios IV.c.1 Espacios intermedios comunitarios en la vivienda IV.c.2 La apropiación de los espacios intermedios comunitarios IV.d. Flexibilidad IV.d.1 Flexibilidad y uso Flexibilidad inicial Flexibilidad permanente Flexibilidad/reversibilidad María Del Carmen Martínez Quesada 099 CAP. IV. SOBRE LAS CUALIDADES DEL ESPACIO DOMÉSTICO ACTUAL José Quetglas utiliza la frase “La vivienda de nuestro tiempo aún no existe, sin embargo, la transformación del modo de vida exige su realización” , con la que Mies iniciaba el programa para la Exposición de la Construcción de Berlín en 1930*1 para afirmar, en el final alternativo feliz, *2 al escrito Habitar del libro Acerca de la Casa (QUETGLAS, 1997), que esta exigencia sólo puede cumplirse en el curso de un continuado movimiento real, capaz de cancelar tanto la vida ficticia (…) como el lugar de su representación -el dominio privado como refugio y escenario de los valores del individuo-. Entonces la casa, desaparecida como institución, como lugar específico opuesto a los otros lugares, -por cuanto el ocio dejará de ser la aparente oposición al trabajo, y lo privado dejará de ser la aparente oposición a lo colectivoestará en todas partes: será cualquier lugar, cada espacio y cada tiempo donde se afirme y reencuentre un sujeto libre y múltiple, igualitario y real. (QUETGLAS, 2006/07:169) El sistema organizado, construido, y claramente delimitado, de la vivienda ya no tiene capacidad de reconstruir su propia realidad, salvo estableciendo relaciones diferentes con los dispositivos interiores y exteriores. Se cuestiona la unidad de la vivienda repensando sus relaciones con un entorno en función de nuevos condicionantes, no desde la reorganización de los espacios existentes. Nuevos espacios surgen y salen de ella, o son espacios de los que se apropia. Son espacios ambiguos, intermedios, pero ya no serán más espacios estables claramente definidos. No hay que quedarse sólo en generar un espacio inespecífico y flexible en el interior de la vivienda para dar respuesta a la sociedad actual, compleja y heterogénea. Hay que hacer que los espacios intermedios se impliquen también con las nuevas formas de habitar, alojando las nuevas demandas y sensibilidades. Quizás la imagen de Le Corbusier disponiendo unidades de vivienda sobre la estructura de la Unité d´Habitation de Marsella no resulte ya suficiente, falta una cierta porosidad que haga aparecer un vacío necesario, versátil y cargado de posibilidades, un lugar indeterminado y disponible, que pueda ser ocupado. Durante mucho tiempo, a finales del siglo pasado y comienzo de éste, cuando las condiciones económicas eran favorables, la atención ha estado fijada en edificios que representaban el exceso y que centraban su esfuerzo en la exterioridad y la espectacularidad, dejando a un lado a la gran olvidada: la casa. Ahora, que esas condiciones han cambiado y se intentan establecer unos criterios de racionalidad y de contención, tan necesarios en este momento, *1 MIES: Die Form nº 7. Junio 1931, pp. 241, citado en QUETGLAS, 1997:19 *2 Citado en Cuaderno Rojo, Proyectos I, pp. 169. https://proyectandoleyendo.files.wordpress.com/2011/01/habitar-josep-quetglas.pdf. 100 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea la casa se convierte en el refugio desde donde poder generar nuevos contextos de experimentación. Se recupera la habitación, lo interior, lo desechado , como el lugar desde el que reflexionar sobre el hacer del arquitecto. La vivienda es un todo en el que las partes se afectan entre sí, pero también es el medio en el que el individuo posee su mayor poder de intervención para transformar su hábitat a partir de aspectos estéticos, morfológicos, de significado y de gustos. Todo lo que exista dentro de una casa tiene que tener sentido en la búsqueda de un lugar propio (VALENZUELA, 2004). El resultado es algo vivo que armoniza con los usuarios y su modo particular de habitar, y expresa la época tanto en sentido físico como sociológico y psicológico, cumpliendo los requisitos para los que ha sido concebida. La posición de las estancias se puede ver alterada en función de la privacidad, nivel de ruido, posibilidades de orientación y de vistas, relacionales, accesos. Posibilidad de agrupar actividades. Compacidad equivale a economía. VI.a. PRIVACIDAD/APERTURA “La casa alberga el ensueño, la casa protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz. No son únicamente los pensamientos y las experiencias los que sancionan los valores humanos”... “es el primer mundo del ser humano … La vida empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa” . (BACHELARD, 2000:29) El ser está más en movimiento que en reposo. Llama al ser a vivir en el exterior, a salir de si,… habría que emprender un topoanálisis de todos los espacios que nos llaman fuera de nosotros mismos. (BACHELARD, 2000:32) Bachelard, a través de estas dos citas, reconoce estas dos cualidades enfrentadas del espacio doméstico: la necesidad de un espacio privado, en el que sentirnos protegidos, y la necesidad de relación con el exterior. En el cuadro de Antonello da Mesina: San Jerónimo en su estudio 67, aparece un estudio aislado en la habitación a diferencia como es tratado en otras versiones. Se observa una búsqueda de intimidad y de independencia frente al resto de la habitación, a lo colectivo, que nos remite a una de las más importantes cuestiones que plantea la vida moderna: la intimidad. Aquí la casa no se ha reducido a su mínima expresión, como en el Cabanon de Le Corbusier68, en el que la habitación se ha convertido en casa, en una vuelta a lo esencial del habitar. Aquí la casa es un espacio que existe, y alberga a una habitación aislada, perfectamente definida volumétricamente y cerrada por unos necesarios límites. Se trata de un lugar ocupado para ser vivido y en el que el morador se recoge. Las condiciones que han configurado el concepto de intimidad desde el s. XVII, en el que la vida de los habitantes quedaba expuesta al resto de la familia, han variado hasta el s. XX en función de los espacios de control y los niveles de apertura en las relaciones establecidas en la vivienda, que han estado condicionados por la diferente consideración del concepto y sentimiento familiar. En la segunda mitad del s. XX, surgieron conceptos asociados a la fluidez espacial y el espacio único, representados por el loft, aunque ésta solución no parece asegurar unos niveles de intimidad adecuados para todas las composiciones Fig 1.67. Cuadro de Antonello da Mesina: San Jerónimo en su estudio, 1475. Fig 1.68. Fotografía interior del Cabanon de Le Corbusier. María Del Carmen Martínez Quesada 101 familiares. Actualmente, frente a esta no compartimentación del espacio se propone la neutralidad como la ocasión de facilitar estancias autónomas unas de otras donde asegurar los distintos estilos de vida. Apertura La distinción entre sistema abierto y sistema cerrado tiene que ver con la combinación de diferencia e indiferencia en la vida cotidiana. La diferencia podría significar el estimulo del sistema abierto, pero a veces el habitante no reacciona a la diferencia y busca la indiferencia, el anonimato dentro de una comunidad constituida por diferentes fragmentos sociales, en un tejido donde sólo hay relaciones funcionales y una indiferencia mutua. En las ciudades, los diferentes grupos sociales y económicos viven juntos pero segregados, se mezclan pero no socializan, existiendo diferencia e indiferencia entre los distintos grupos. Alexis de Tocqueville en La democracia en América * se refiere a la indiferencia social y a la dificultad del individuo en cuanto a establecer relaciones con sus conciudadanos –el individuo sólo existe para él y su familia-, por lo que plantea la asociación como forma de rescatar al individuo de esa indiferencia, estableciendo conexiones voluntarias, que algunos investigadores como Robert Putman (1993) denominan capital social de la persona. Se trata de un concepto según el cual nuevas formas de afiliación social, basadas en relaciones de confianza y reciprocidad, contribuyen a la cohesión, y el bienestar de la sociedad, y pueden resultar decisivas para la actividad productiva y el desarrollo comunitario, ya que permiten, utilizando sus recursos sociales, obtener objetivos que de forma individual serían difícilmente alcanzables. Es un concepto poco tangible, que se materializa mediante relaciones de confianza y consensuadas entre las personas, en un entorno social más sensible y responsable hacia el bien común. Es el activo de una sociedad generado a partir de la labor organizada de los individuos y los distintos colectivos que la integran, desde valores de confianza, reciprocidad y solidaridad, desde un tejido o red social. Coleman (1990) planteaba que el capital social estaba integrado por redes sociales, que favorecen el flujo de solidaridad y defensa de los intereses y derechos; normas sociales de voluntariedad, aceptadas por la comunidad, y vínculos de confianza que posibilitan la cooperación. En en plano de la ciudad este concepto se relaciona con la capacidad que tienen las intervenciones de garantizar que las personas interactúen y se cree una verdadera cohesión social. La mezcla de diferencia e indiferencia no obstante sigue presente, pudiendo entenderse en clave negativa, como reconocimiento de una fragmentación, o en clave positiva vista desde lo que la diversidad supone respecto a una estimulación que ofrecen los distintos lugares sin llegar a necesitar la identificación con el vecino para ello. El cosmopolitismo consiste en el estímulo que resulta de la presencia de otros, pero no en la identificación con ellos. (SENNETT, 2014:52) Esta ambigüedad en cuanto a la distancia social que se establece, que permite observar pero no implicarse, ayuda a entender el espacio público y el uso que de éste hacen los sectores más marginales, los cuales constantemente, en * ITOCQUEVILLE, Alexis de: La democracia en América , México-Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1957. Fig 1.69. Interior de un Loft. Fotograma de la serie Glee. 102 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea su vida laboral y social, se han adaptado a atravesar fronteras y a vivir en los umbrales. Se han acostumbrado a vivir al día, se sienten cómodos con los cambios. (SENNETT, 2014:56) Disminuir las diferencias a través del intercambio social y exponerse a la diferencia desde un punto de vista consciente. Privacidad El equilibrio entre la privacidad y la apertura está fuertemente condicionado por una serie de necesidades básicas de nuestra cultura como el no ser visto desnudo por el resto de los miembros de la familia, no ser visto por los vecinos cuando se come, no hacer visible la ropa íntima o el desorden de las habitaciones, sobre todo de la cocina, no sufrir el ruido de los vecinos y del resto de la unidad familiar, … así como todas aquellas que cada individuo necesita o desea (LÉGER, 2013) Esta necesidad debe compatibilizarse con la estructura espacial de la vivienda y la diversidad de prácticas a desarrollar, y aunque a priori pueda parecer condicionada por condiciones físicas, como las escala del espacio, no depende necesariamente de éstas. Zumthor habla de sus sensaciones en la Rotonda de Palladio, ante la cual a pesar de ser “algo grande y monumental” no se siente “en absoluto intimidado, sino, más bien ... cercano a lo sublime” (Zumthor, 2006:53), porque, aunque el tamaño, la dimensión y la proporción, en relación con el habitante, determinan el grado de intimidad, siempre habrá formas que nos proporcionen sensaciones a escala corporal y que tengan “en cuenta esa distancia o cercanía entre el yo y lo construido” (Zumthor, 2006:53-55), que nos permita tomar consciencia sobre ese algo edificado para uno mismo o para un grupo de personas. La privacidad en la vivienda se desarrolla en tres niveles. El primero se reconoce en el espacio público y su encuentro con el espacio de transferencia público–privado. Deriva del incremento de densidad que sufren las ciudades, en el que la hibridación de recursos y la suma de usos residenciales con infraestructuras y equipamientos, establece diferentes estados en función de la privacidad y el uso público. Pueden aparecer: espacios urbanos sin afecciones privadas, sólo con servidumbres de acometida, y colectividad total; espacios privados cedidos a la ciudad para su uso público, como el patio abierto de manzana; espacios intermedios, de privacidad escasa; semipúblicos de transición entre lo urbano y lo colectivo; y equipamientos públicos en soportes privados. El segundo se establece por las relaciones entre la vivienda y el soporte, que permiten que aquella utilice espacios comunes según acuerdos previos. Se trata de espacios de uso común con distintas funciones, zonas de tránsito que favorecen el encuentro y la relación, y espacios públicos de uso privado desde la vivienda. Según el grado de uso comunitario se pueden establecer niveles. En primer lugar podemos encontrar las galerías de acceso, núcleos verticales, escaleras exteriores, espacios de relación, con una carga máxima del carácter comunitario. Después en un segundo nivel, con una colectividad acotada y una privacidad doméstica básica, están los espacios intermedios entre la vivienda y el edificio que el proyecto genera como espacios de contacto o control. Y por último los de relación de la vivienda con lo urbano, como balcones, miradores, terrazas, condicionados por el alcance visual. Y el último deviene del grado de confort asociado a los nuevos usos demandados en el espacio doméstico contemporáneo –culto del cuerpo, ejercicio físico, prácticas culinariascuyo desarrollo, a veces de forma individualizada, hace Fig 1.70. Interior de la Capilla Bruder Klaus. Peter Zumthor. María Del Carmen Martínez Quesada 103 necesario establecer grados diferentes de privacidad dentro de la propia vivienda, incluso en estructuras sencillas de viviendas aunque ello suponga tener que trabajar más con la imaginación del habitante en su interior, para permitir que se trascienda el valor real de lo construido y así permitir que cada uno, en función de sus deseos, encuentre la individualidad. La intimidad en este último nivel presenta gradientes en función del ámbito al que afecta. Por otro lado desde la vivienda se intenta domesticar lo público, o aquello que no es privado, introduciendo nuevos niveles de privacidad, aún sin definir. Además se deben considerar todos aquellos espacios que se encuentran desde los específicos de relación familiar, que son espacios privados colectivos, al espacio unipersonal, que presenta máxima privacidad y ninguna relación de tipo comunitario, pasando por los espacios intermedios entre lo colectivo y lo individual en el ámbito familiar, como determinados espacios de distribución o de acceso. (NIETO, 2014) También dentro del ámbito de la unidad familiar, se determina en función de la organización de las relaciones: entre la pareja (vida de pareja, diferentes concepciones de pareja), entre padres/hijos, entre hermanos/hermanas, con otros miembros de la unidad familiar (hábitos de comida, el papel del dormitorio), y las relaciones establecidas fuera de la familia, diferentes gradientes en los que se encuentra presente la oposición entre el yo y el nosotros, que las formas espaciales pueden satisfacer, poniendo de manifiesto una serie de conceptos duales: la vida en soledad y con otros, la vida en pareja y la vida personal, lo colectivo y lo individual. IV. b. ESPACIO COLECTIVO O COMUNITARIO Dice Christopher Alexander: “El síndrome de introversión ... constituye una de las peores amenazas contra la naturaleza social del hombre y si no se supera, la falta de relaciones humanas puede producir el colapso de la naturaleza humana” . [Y propone lo colectivo como alternativa] “que sirva de apoyo al mantenimiento de las relaciones sociales... El entorno físico también requiere un cambio: la gente podrá modificar su manera de vivir sólo si la configuración del entorno físico ayuda en su esfuerzo...Resulta inevitable que la concentración urbana genere tensiones. Debemos crear un mecanismo social capaz de servir de sostén a los contactos diarios e informales entre las personas. Este tipo de acercamiento requiere la reorganización del sistema de viviendas con una serie de características que, tomadas en conjunto, definen una trama de viviendas distinta a todas las que están en vigencia ahora... Nuestra primera reacción contra las tensiones es alejarnos, darles la espalda, tratar de escapar. Las tensiones nos vuelven introvertidos... El objetivo es hacer que la gente aprenda a no esconderse, inducirla a que se exponga a las alternativas de la vida urbana y de los amigos, vencer el síndrome de introversión”. * El vacío y la memoria son elementos consustanciales de la estructura del espacio colectivo, ya que ambos permiten la permanencia en el tiempo de lo público. La memoria colectiva, que es anterior a la función, junto al vacío físico garantiza la posibilidad de éxito del espacio colectivo. * IALEXANDER: La ciudad como mecanismo de sostén para los contactos humanos , Cuadernos Summa Nueva Visión: enciclopedia de la arquitectura de hoy, nº 9, 1968, pp.3-19, citado en CASADO y otr., 2014:135. 104 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea «La experiencia del tiempo visto como presente es aquello que todavía está vivo y esa clase de presente nos ayuda a no caer en la trampa del futuro. Nuestra tarea es forjar otro presente verdadero, y para eso es necesaria la capacidad de entender históricamente el pasado, saber distinguir lo que servirá para las nuevas situaciones que hoy se nos presentan». (Lina Bo Bardi, 1990, citado en SÁNCHEZ, GUITART, 2014:545) Entender que el final del proyecto arquitectónico no tiene por qué estar en la finalización de su ejecución, nos permite plantear nuevas actividades, surgidas de forma espontánea o no, que se sustituyen una tras otra. El éxito de los espacios comunitarios estará, por tanto, en la capacidad que tengan de mantener su estructura en el tiempo con independencia de los cambios que las actividades generen. De esta manera las estructuras previas no se transforman, sino que se adaptan a los cambios sufridos en el tiempo, dando lugar a paisajes urbanos y sociales nuevos desde la memoria del espacio colectivo, y de lo esencial de éste. En estos procesos es el usuario y el conjunto del colectivo, los que conforman el espacio en el tiempo, mediante la forma en que lo usan. La convivencia de distintas esferas, que conviven y se alimentan mutuamente, va ligada a la presencia de un espacio vacío que sea suficiente para representar al colectivo. Se trataría de un vacío que llamaríamos vacío expresivo. (SÁNCHEZ, GUITART, 2014) No obstante solamente el vacío no puede constituir en el tiempo su expresión como lugar de lo colectivo, se necesita que una realidad le permita alcanzar la atemporalidad. Esa realidad sería la memoria colectiva, las distintas capas de contenido y significado previas a la forma, que están presentes en todo espacio colectivo, que ayudan en la construcción pausada y acumulativa en el tiempo de una arquitectura sedimentada y espontánea. (SÁNCHEZ, GUITART, 2014:545) La nueva casa se enriquece con nuevos conceptos, un patio y una ventana pueden pasar a significar nuevas posibilidades. La cubierta y las plantas bajas pasan a representar oportunidades de uso y estancia comunitaria tanto por parte de los vecinos como de personas externas a las viviendas. Usos autogestionados como guarderías, lavandería colectiva, huertos urbanos, talleres, ..., tienen cabida en estos espacios, y facilitan la relación entre el patio, o espacios interiores, y la calle; entre la comunidad y el barrio. (ELEB, SIMON, 2013) El patio es el espacio común por excelencia, por su cercanía con la vivienda y su vinculación a lo doméstico, y marca el grado de convivencia del edificio. Los dispositivos con los que se equipa condicionan la habitabilidad y deben resolver las posibles distorsiones que genera el tamaño: patios muy pequeños condicionan la privacidad en la vivienda por razones de proximidad, y muy grandes tienen dificultades de crear espacios habitables por la dificultad en la apropiación de los mismos por los vecinos. Tiene un papel importante en temas funcionales como aportar ventilación, iluminación a la vivienda pero también es un lugar potencial de relación, descanso, juegos, eventos, desde una simple tertulia a fiestas, conciertos, exposiciones. (CASADO y otr. 2014) María Del Carmen Martínez Quesada 105 Los patios y aquellos espacios libres en las plantas bajas por tanto deben dejar de entenderse como espacios vacíos; por el contrario son oportunidades de uso. Son posibles prolongaciones de la calle o plazas que llevan su actividad al interior de los edificios haciéndolos participes de ella. No como una acción pasiva que consista en sólo recibir esa presencia exterior, también pueden ser activos, participar mediante su cualificación en la creación de un espacio de sinergias, no de paso ni de exclusión, sino de estancia y de integración. El proyecto debe aprender de las formas de apropiarse los niños de los espacios mediante el juego. Estos, por su escala, la espontaneidad, la falta de ideas preconcebidas sobre las cosas que rigen sus juegos, son capaces de aportar contenidos de forma creativa, inventando nuevos usos que significan maneras diferentes, objetos y espacios encontrados. La cotidianidad forma parte de la arquitectura doméstica condicionando el aspecto formal tanto de sus espacios vacíos como de fachadas. Por ejemplo ropas tendidas visibles a todos son el resultado de una gestión deficiente del ciclo de lavado de la ropa y zonas de tendido demasiado alejadas de lavadoras y zonas de lavado, hacen que los habitantes, por la falta de control contra sustracciones, no utilicen los espacios de cubierta habilitados para tal uso. Crear espacios equipados adecuadamente y la concienciación mediante una socialización del proceso que facilite el desarrollo de capacidades sociales, podrían ser soluciones no sólo a este problema, de distorsión formal por el tendido de ropa, que en definitiva no es más que un indicador de que no se están consiguiendo los fines perseguidos, sino a los problemas de convivencia y de gestión de lo común en la vivienda colectiva. Cuantos más intereses comunes tengan los habitantes, más entenderán los espacios intermedios como algo compartido. Algunos autores consideran conveniente procurar una cierta homogeneidad de los usuarios, pero estaríamos contribuyendo a una segregación social, y no deberíamos olvidar los ejemplos franceses de finales del siglo XIX en los que existía una convivencia social. Quizás el problema de los espacios comunes sea el partir de la idea de que se sabe utilizar un espacio de forma natural aunque realmente no sea así, y, mientras que para toda una serie de objetos y electrodomésticos de uso doméstico se necesitan manuales de uso, para el espacio se confía en la intuición. Pero a veces la ambigüedad con la que están construidos hacen que no se comprendan y se utilicen erróneamente. Hoy, por las condiciones económicas y los servicios que la vivienda nos aporta en relación a su precio, cada vez más la idea de ser propietario parece anticuada. Si observamos nuestra forma de vida cotidiana, todo lo que necesitamos lo realizamos, o lo podríamos realizar, usando recursos de acceso comunitario. El carsharing -iniciativas contra el vehículo de un solo ocupante-, el coworking, las bicicletas de autoservicio, los lugares compartidos para comer, ver cine, culto al cuerpo, las lavanderías, el servicio de compartir datos en línea, como Dropbox, o información y fotos mediante Facebook y Twenty, todos son lugares habituales en la vida cotidiana de cada uno de nosotros en los que compartimos algo, actividades, comida, información, objetos, ocio, con otras personas. La optimización de los recursos nos lleva a plantearnos la necesidad de algunos de éstos. Si el vehículo se necesita usar sólo una vez a la semana, hacer un uso compartido mediante carsharing puede evitar pagar seguros, parking, impuestos, … por lo que alquilar uno según necesidades, permitiría hacer un uso más eficiente y sostenible. ¿Se puede aplicar a la vivienda este concepto?. ¿Cómo afecta a los espacios comunes de la vivienda?. En los edificios de viviendas colectivas ya existen espacios compartidos. Escaleras, ascensores, pasillos, zonas de accesos, y, en el Fig 1.71. Pose Work for Plinths 3, Bruce McLean, 1971. 112 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea En la secuencia de acceso, el primer espacio encontrado es el vestíbulo, en el que, según el tamaño y las relaciones que facilita, nos encontramos con diferentes situaciones posibles en función de las posibilidades de uso y del carácter del edificio. Si se tratase de un edificio de tipo mixto, la posibilidad de viviendas tanto colectivas como individuales, baja el nivel de utilización, por los posibles accesos directos a las últimas, y por tanto su capacidad de uso. Sin embargo es posible que ese espacio sea considerado como lugar a compartir y de identidad del colectivo, y por tanto fuese un espacio cuidado en su formalización y materialidad final. Los patios y los recorridos suelen ser los espacios intermedios más comunes en los proyectos. La secuencia de espacios, la presencia de umbrales y la variedad de espacios intermedios interiores o exteriores con diferentes escalas deben favorecer el intercambio social. Estos espacios intermedios, patios, y galerías de los edificios de vivienda colectiva, y así como todos aquellos situados entre la vivienda y la calle, permiten establecer vínculos entre los residentes, encuentros organizados o no, con los que explorar las posibilidades de los espacios colectivos. Los habitantes se convierten en actores que participan en la configuración de los mismos. La variación de las atmósferas creadas permite la integración de las diferentes peculiaridades del grupo social que habita. También el aparcamiento puede ser considerado como dispositivo intermedio. Con la obligatoriedad de disponer plazas de aparcamiento por vivienda, el aparcamiento se puede convertir en el vínculo entre espacio privado y público, para ello su disposición tradicional desaparece ocupando plantas sobre el suelo pudiendo crear relaciones físicas y visuales entre interior y exterior y convirtiéndose en parte integrante de la vida del edificio. Estos espacios intermedios gozan de una situación dual, dado que tienen la capacidad de segregar y también de cohesionar. Representan la negociación entre los ámbitos privado-vivienda, público-calle, constituyéndose ellos a su vez en posibles espacios. Como ya dijo Josef Albers (1969) en el ciclo de conferencias impartidas en el Trinity College en abril de 1965, Search versus Search, “en proyectos, a veces uno más uno es igual a tres”. Es esta posición lo que los hace espacios ambiguos, donde lo público y lo privado inciden en su caracterización, haciéndose necesario interpretar las características arquitectónicas que los conforman y los modos de apropiación facilitados. Resulta extraño que ante el pequeño tamaño de la vivienda colectiva no se valoren más los espacios exteriores como lugar de intercambio potencial, salvo en las fiestas de vecindad o eventos similares, y que cuando se utilizan se haga de una forma tan negativa, llegando incluso a crear espacios de exclusión. Por ello aquellas soluciones arquitectónicas, en las que se opera con estos planteamientos, tienen tanta importancia en esta investigación, y por ello se ha aportado un acercamiento a una tipología que se entiende desde estos principios y en la que el uso de los mismos es fundamental para su comprensión y pervivencia. IV.c.1 Espacios intermedios comunitarios en la vivienda ¿Qué mecanismos permiten conciliar las cualidades de lo colectivo y las de lo individual, haciendo una reflexión sobre el hábitat intermedio en la vivienda?. ¿Cómo suscitar una vida social entre habitantes de un mismo edificio?. Los Fig 1.84 Projet 4 Maisons Dans Les Arbres, Cité Du Petit Bétheny à Reims, Atelier d’Architecture et d’Urbanisme Marjolijn Boudry & Pierre Boudry, 2007. Fig 1.85 Parking à rez-de-chaussée, immeuble rue Louis Blanc Paris 10e, Emmanuel Combarel et Dominique Marrec architectes, m.o. RIVP, 2006. María Del Carmen Martínez Quesada 113 espacios colectivos disponibles son un elemento importante del éxito de la vivienda colectiva, se suelen corresponder con las áreas comunes residenciales, pero el obstáculo mayor de este tipo de espacio está en su modo de gestión. Del balcón social al hall phalanstérien, pasando por la rue palière y la logia común, toda clase de soluciones tratan de favorecer el encuentro y reunión, las buenas relaciones entre vecinos y la convivencia, y de entre ellos, el patio como lugar caracterizado de una gran sociabilidad, y desde donde se penetra a la vivienda adquiere un papel semi-público. (ELEB y otr., 1988) El proyecto arquitectónico debe preguntarse sobre la mejor forma de recualificar lo público y lo privado en los espacios intermedios, favorecer la apropiación individual de zonas comunes, ya que estas operaciones conducen a cualificar los espacios intermedios, y hacer compatibles esas operaciones con el mantenimiento de una vida rica y pública. Las soluciones aportadas deben contemplar la superposición de equipamientos y viviendas para hacer que los recorridos de las personas en la vida cotidiana permitan poner en uso esos espacios. La anticipación de la individualidad permite la proyección de la vivienda en el espacio de la comunidad a través de la posible apropiación con un uso propuesto desde ella. La situación de estos espacios de sociabilidad en el límite de la vivienda, permiten una gradación de los espacios públicos y privados, según se facilite la apropiación, y el sentido de ésta, desde lo interior hacia lo exterior, o al contrario. El carácter de éstos estará entre: publico, privado; individual, común; visible, secreto. Los pasillos, corredores y galerías, se convierten en lugares de reunión con los que poder compensar la falta de espacio de las propias viviendas, pasando a ser los lugares de una sociabilidad intermediaria entre las viviendas y la calle. Una galería es un dispositivo próximo a un recorrido interior en el edificio que permite salir de la vivienda por un espacio que es ya una calle, es un espacio de intermediación entre dos que pueden llegar a ser hostiles. Son lugares de fuertes expectativas sociales en los que poder tener encuentros con los vecinos o aislarse, y por ello también causantes de conflictos sociales. Los recorridos intermedios interiores en los edificios pueden ser entre zonas de escaleras y equipamientos, sin distribuir directamente a las viviendas, o por el contrario establecer una circulación que facilita el acceso a éstas, o a determinadas habitaciones de ellas, en el caso de existir dobles accesos o espacios anexos a la vivienda. En cada una de estas situaciones, se reconoce la potencialidad social del espacio, a medio camino entre lo privado y lo público, pero en cada uno de ellos el peso de cada uno de los ámbitos es distinto, ya que en el segundo caso la posibilidad de que ese espacio de fricción entre lo privado y lo colectivo genere una reacción de apropiación es mayor. Es posible que lo que se altera esté establecido, no por las relaciones desde la vivienda con el exterior sino por la apropiación en común del espacio facilitada por su definición en su uso a largo plazo sugiriendo otras actividades muy precisas, como el permitir otro tipo de actividades compartidas en cubiertas, talleres y locales en planta baja, diferentes al simple aparcamiento colectivo, como ya ofrecía en su momento l´Unité d´Habitation (ELEB y otr., 1988). La recreación de la calle en el interior de un edificio otorgándole el carácter de dominio comunitario requiere aportar una cierta urbanidad a estas calles interiores para que los habitantes las utilicen, las pongan en valor. Fig 1.86 Soshigaya house, be-fun, Design+Eana, Tokyo, 2012. Fig 1.87 Sarugaku, Akihisa Hirata, 2007. Fig 1.88 Yotsuya tenera, Key Operation, 2011. 114 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Una vez entrado en el edificio, se trata de relacionar las circulaciones verticales con la distribución horizontal de los apartamentos. Si la distribución es realizada mediante pasillo de tipo colectivo, se condiciona tanto la orientación de las viviendas como la intimidad en el interior de la vivienda por un problema de vistas directas. El proyecto tiene que articular mecanismos que separen los recorridos de fachada. Otros espacios intermedios de tipo comunitario en el interior de la vivienda son todos aquellos que forman parte de su organización pero en los que sus posibilidades de uso hacen partícipes a toda la unidad familiar. En este caso el colectivo que puede utilizar el espacio está restringido pero el fin es el mismo: abrir a diferentes posibilidades de uso parte de una comunidad que es este caso está formada por los miembros de la comunidad familiar, amigos, familiares y otras personas externas. No se debe olvidar que la unidad familiar ya no está integrada por la familia tradicional, y que la diversidad de posibilidades en su composición hacen necesaria la existencia de estos espacios de negociación entre personas diferentes. Se trata de espacios exteriores privados, espacios interiores comunes, o espacios interiores externos a la propia vivienda. Los distintos dispositivos que lo facilitan pueden variar en relación a su vinculación a la vivienda o a otros lugares externos a ella. IV.c.2 La apropiación de los espacios intermedios comunitarios Monique Eleb (1998) llama la atención sobre los problemas de la falta de relaciones satisfactorias del individuo respecto al grupo si no se mejora el espacio de la sociabilidad al mismo tiempo que se organiza la libre elección del estar solo, ya que confiar en su auto-organización no es suficiente. Por ello propone introducir espacios de retiro y aislamiento a la vez que espacios de encuentro protegidos. Terrazas comunes a varias viviendas, espacios con cualidades diversas pero con funciones no precisas: espacios grandes, abiertos, claros, de relaciones sociales; espacios intermediarios; pequeños espacios de aislamiento. (ELEB, 1998, 67) El concepto de apropiación del espacio permite entender los vínculos que los individuos establecen con los espacios, el apego al lugar y la identidad de éste y del colectivo humano o el espacio simbólico. Su planteamiento teórico resulta útil, entre otras cosas, para abordar cuestiones como la construcción social del espacio público. Es en estos espacios de apropiación colectiva, en los que mediante la actividad y las propias acciones le aportamos nuevos significados. Ésta según Lefebvre (1971) es importante porque contribuye a que el individuo se posicione contra la alineación de la vida cotidiana, de lo que está en el ámbito de lo cotidiano. La Apropiación es un saber hacer histórico mediatizado socialmente. Por tanto implica un proceso de socialización y las potencialidades del individuo . La forma de apropiarse del espacio dependerá de la cultura de cada individuo y también de sus potencialidades. Implica un proceso, una transformación dinámica que el habitante hace en el tiempo y en el espacio, por lo que habrá que tener en cuenta el cambio en el tiempo del sujeto, y habrá que considerar este cambio además de que se produzcan en el espacio. Fig 1.90 Apartamentos para personas mayores, Ikimono architects, 2013. Fig 1.89 30 VPO en Conil, Javier Terrados, 2012. María Del Carmen Martínez Quesada 115 El uso de los espacios intermedios mediante la apropiación de éstos, permiten dejar nuestra impronta en ellos. Podemos recorrer la ciudad, sentirla, oírla, pero nuestra capacidad de transformarla es reducida si no se establece con ella una identificación. Cuando los espacios nos resultan extraños, o desagradables, pueden dar una sensación de que el espacio no nos pertenece, de ser algo ajeno, lo que produce que sean rechazados, se quedan vacíos, y no se usen. Sólo la capacidad que cada habitante o cada familia tiene de privatizar un lugar, organizándolo a voluntad, permite que éstos lo acepten y que puedan establecer relaciones con el espacio. Los espacios intermedios se nos ofrecen como lugares vacíos que ocupar. Donde poder reflejar nuestro estilo de vida y nuestra identidad, personalizándolo de forma individual o colectivamente. Pero también el espacio se apropia de nosotros dificultando el cambio. Es lo que Villela Petit (1976) señala como espacio apropiado y espacio apropiante, en el que espacio refleja el modo de vida y nosotros nos identificamos con el espacio, y todo ello a través de los usos y del tiempo. El proceso de apropiación del espacio por un individuo o un colectivo, puede ser espontáneo pero también intencionado. Las características del espacio, como la capacidad adaptativa y la sintonización con los posibles usuarios, son factores que favorecen o dificultan su uso. Canter (1977) establece una relación entre la apropiación y la creación de sentido de lugar, proponiendo un proceso para explorar la apropiación del lugar en base al análisis de la organización y la utilización del espacio por el grupo. La satisfacción con un espacio se produce sólo si se dan unas condiciones deseables para su ocupación, por lo que implicar a los usuarios en el diseño y la organización de los recursos, formando parte de redes de participación ciudadana, genera un sentimiento de pertenencia y aceptación respecto a ese lugar, (BROWER, 1980) que facilita que la gente ocupe dichos espacios, que o no gobierna o lo hace la comunidad, personalizándolos gracias a un sentido de identificación y de pertinencia. En este proceso el espacio se transforma, pudiendo delimitar, mediante los mecanismos utilizados, los ámbitos privados o de interacción deseados y así establecer los niveles de intimidad necesarios.El significado de estos espacios intermedios comunitarios, de los que se apropian los usuarios mediante su transformación del espacio personal o territorial, o por identificación afectiva, cognitiva o interactiva, surge de los procesos allí desarrollados aunque ya tuviese otro sentido otorgado por el proyectista en su construcción. Como dice Enric Pol (1996) no hay intimidad si no hay interacción, no hay defensa del espacio si no hay interacción amenazante, no hay significación si no hay interacción que requiera la creación de una identidad. Los habitantes necesitan mostrarse a sí mismos y para ello crean un orden y dotan de significado al espacio cuando se apropian de él, muchas veces como respuesta a la representación que hacen los demás. “Apropiarse de un lugar no es sólo hacer de él una utilización reconocida sino establecer una relación con él, integrarlo en las propias vivencias, enraizarse y dejar la propia impronta, organizarlo y devenir actor de su transformación. Puede ser también acotarlo para limitar el acceso sólo a los elegidos, aceptados, y con ello diferenciarse de los demás, situar su lugar en la sociedad, especificándose y oponiéndose”. (CHOMBART DE LAUWE 1976,524) Fig 1.91 Apartment building Kitagata, SANAA. 116 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Para Proshansky (1976) el proceso de apropiación tiene dos sentidos. Uno dirigido hacia los demás en el que se produce la conquista de un espacio, y el otro dirigido hacia sí mismo, en lo que implica adaptar un espacio a las propias necesidades, transformándolo desde la búsqueda de la autoafirmación. Así, entiende la apropiación como un proceso de identificación en el espacio y en el tiempo con una influencia mutua entre espacio y sujeto. En estos procesos se detecta una cierta secuencialidad, en un primer momento lo que prevalece es la conducta de modificación y de adaptación del espacio para dotarlo de una significación para el individuo, que puede ser o no compartida por el colectivo. Más adelante, el sujeto y/o la colectividad tienden a identificarse el significado aportado al espacio, resistiéndose a su cambio dado que es a través de éste que encuentran una identidad, una referencia social y espacial o por lo menos una habituación cómoda. (POL, 1996) No existe una forma de apropiarse diferente en cuanto al espacio público y privado, el proceso es similar aunque con pesos distintos. El espacio privado se apropia básicamente por acción-transformación en primera instancia y por identificación en segunda fase, según la secuencialización descrita. La apropiación de lo público, en cambio, no siempre sigue -o puede seguireste proceso y pivota más sobre la segunda componente, la identificación. (POL, 1996) Observar las formas de apropiación puede ayudar a comprender y predecir comportamientos o actitudes de aceptación o rechazo de los espacios. IV.d. FLEXIBILIDAD “Hoy en día tendemos a ser rodeados por los artefactos domésticos. El arquitecto tiene muy poco control sobre habitaciones en cuyas paredes se encuentran alineados artefactos que, aun cuando hayan sido elegidos por él pueden cambiar tan fundamentalmente en el curso de los años que transcurrido ese tiempo no quede nada de la idea o el espacio original. Es la industria de artefactos del hogar la que fija el tamaño y las formas de los mismos. Hoy en día, a 25 años de los estudios de movimientos de Lillian Gilbreth sobre “espacios de trabajo con buen funcionamiento” , los artefactos pueden hacer desaparecer hasta la misma necesidad de un “espacio de trabajo” en el viejo sentido. También podemos suponer que el artefacto de gran tamaño pronto será una cosa del pasado. El concepto tradicional, consistente en el ajuste de piezas en el interior de una “habitación” , cambia hasta transformarse en la re-distribución a lo largo de toda a casa, sacando partido de la flexibilidad o actual movilidad que los nuevos artefactos permiten. Así, pues, ya no tenemos “habitaciones” eficientes, sino una liberación de la rigidez que las “habitaciones” fijan. Este debería ser “El futuro del amueblamiento” . (SMITHSON, A/P. 1966:45) Con esta afirmación estaríamos ante un espacio sin jerarquías, como en la casa del futuro, A/P Smithson, 1955-5692. Una casa en la que coexiste una fluidez espacial junto a la organización de las dependencias. Una estructura de resina plástica que fluye mediante una geometría curvilínea de una estancia a otra, definiendo compartimentos diferenciados con muebles, despensas y aparatos, adheridos o empotrados a los límites, que constituyen un entorno activo en su relación con el usuario. Estos elementos conducen los movimientos de los habitantes, interaccionando continuamente con ellos. Fig 1.92 Casa del futuro, A/P Smithson, 1955-56. María Del Carmen Martínez Quesada 117 La variedad de opciones vitales y organizaciones flexibles, la inestabilidad temporal y espacial del trabajo y la falta de esquemas universales que organicen nuestra vida determinan sociológicamente la necesidad de tener en cuenta el concepto de flexibilidad. Se trata de un mecanismo que favorece el máximo de adaptación en las viviendas contemporáneas, sobre todo de reducidas dimensiones en las que se relaciona la flexibilidad con la creación de espacios neutros que permitan la máxima adaptabilidad. Incorporar la flexibilidad a los edificios, no sólo para el momento actual, sino también para el futuro permite construir de manera más adecuada así como de comprometerse con los eventos al conferirles un escenario más significativo que evolucione a lo largo del tiempo (KRONENBURG, 2007:111). No se trata de un diseño predictivo, sino de permitir a los usuarios tomar las decisiones más adecuadas en cada caso según sus necesidades dentro de un panorama lleno de posibilidades que facilita las diferentes acciones a desarrollar y la propia vida. Eso puede suponer cambios diarios, en función de la hora del día, de meses o de años en función del cambio en el número de ocupantes. La larga duración de una construcción frente a los cambios continuos de todo grupo de ocupantes, sea familiar o no, también nos obliga a pensar que la fragmentación excesiva de una vivienda en habitaciones de actividad condicionada, no ofrece una flexibilidad adecuada y suficiente. John Habraken (1975) a comienzos de los años sesenta del siglo pasado establecía como estrategia de diseño el open building , con el que planteaba que la arquitectura necesitaba un cambio de planteamientos que favoreciesen una actitud más activa. Proponía que los edificios consistieran en estructuras con servicios, a los que podían unirse habitaciones y espacios desde el uso y la experiencia. Serían diseños no cerrados en el momento de su entrega a los usuarios, que permitiesen, dentro de un proceso continuo, el cambio y adaptación a los posibles habitantes. Este concepto se desarrolla con diferentes niveles de complejidad que van desde la ciudad hasta la habitación, definiéndose en función de cómo la sociedad y los individuos evolucionan y se relacionan, es decir, en función de la significación que adquieren los lugares planteados en esa sociedad. Por eso quizás tal y como apunta Kronenburg “los lugares arquitectónicos más importantes, además de la casa, son los lugares en los que los individuos se reúnen”. (2007:58) El lugar de reunión es el espacio flexible por excelencia. Debe tener en cuenta las necesidades de una serie de individuos, así como la escala, la magnitud y alcance de las actividades a poder desarrollar que es variable al depender de un número no prefijado de usuarios. Históricamente, el lugar de reunión era el espacio urbano público y más concretamente las plazas, por su capacidad de albergar distintos tipos de eventos: mercados semanales, fiestas, zonas de descanso, etc, implicando a un público variable y variado. Estos espacios urbanos han sido espacios adecuadamente definidos por sus límites, pero a pesar de todo han coexistido con la posibilidad de permitir su posible adaptación para acontecimientos casuales, pero a la vez importantes en la vida urbana, como vínculo con la historia y la imagen de la ciudad significando la identidad -imagendel lugar en la memoria del usuario. Ahora el lugar de reunión puede estar en cualquier lugar, también en la vivienda y en sus espacios intermedios de carácter comunitario, sólo es necesario encontrar estrategias que sean capaces de generar esa idea de lugar, en el sentido de uso del espacio, para permitir acciones temporales o estacionales, que posibiliten transformar el carácter del espacio aun cuando el entorno sea relativamente fijo. Estas estrategias pueden ser innovadoras en varios campos: el económico, la construcción, y la manera en la que se comercializan los elementos complementarios del espacio base. Fig 1.93 Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1926-1929. Eileen Gray. 118 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Hay que tener en cuenta que los lugares de reunión en los edificios son más específicos que los espacios públicos por estar más influidos por el uso dominante del edificio, aunque se diseñen para ser usados de maneras diferentes por personas distintas. El diseño podría influir en la forma del espacio y también en las posibilidades de uso. Edificios en los que se produce una cierta porosidad, permiten soluciones intermedias de diferentes usos y configuraciones que gradúan los contactos de la vivienda con la ciudad, abriéndola a ésta y rompiendo su carácter íntimo, mediante articulaciones que facilitan la introducción de la actividad y el bullicio de lo público en el ensimismamiento de lo doméstico. También plantear Híbridos residenciales, frente al híbrido del s. XX, entendidos como elementos capaces de convertirse en partes activas y generadoras de la trama urbana al abrirse y vincularse con su entorno, redefiniendo la relación entre edificio y ciudad para recuperar la vida urbana en su entorno (HERNÁNDEZ PEZZI y otr., 2014:352) permiten soluciones más adaptables y flexibles. No obstante al plantear la flexibilidad como un instrumento eficaz para facilitar los cambios en el interior de la vivienda y hacerlas evolutivas y adaptables, hay que ser conscientes de sus limitaciones como bien señalaba Philippe Boudon “Permitir a los inquilinos que todo es posible gracias a paredes móviles es relativamente ilusorio: no se puede poner cuatro estancias allí donde sólo hay lugar para tres”. * Por ello habría que hablar de una flexibilidad suave o realista consciente de sus limitaciones según los casos. Desde la publicidad y la decoración, a veces, se difunde una idea de modernidad ligada a la fluidez y a los grandes volúmenes vacíos, pero la realidad de la vivienda construida está en la utilización de la partición tradicional. Realmente, lo deseable sería evitar los espacios completamente abiertos –loft--, por las dificultades para compartirla cuando ésta deviene en hogar, y también las plantas muy divididas en las que aparecen espacios compartimentados con usos asignados. El concepto de flexibilidad debe permitir que un mismo espacio pueda ofrecer no solamente los usos que de forma habitual se puedan desarrollar en él, sino que, también, se puedan plantear otras expectativas. Desde profesionales próximos a la arquitectura (decoradores, fabricantes de muebles) se viene observando que el futuro de la vivienda está en la organización de actividades más que en la creación de habitaciones, ya que éstas, progresivamente, irán asumiendo cada vez más funciones, como viene ocurriendo ya con algunas de las estancias actuales, como la cocina, donde se prepara la comida, se come, se estudia, se conversa ... . Para ello deben utilizarse otro tipo de soluciones como: disociar las partes públicas de las privadas, proceder a reagrupar los servicios o no, inventar umbrales, espacios intermedios, generar vistas y luz, facilitar las circulaciones, o dilatar el espacio. Como dice Charles-Henri Tachon (2010) “una buena vivienda alojamiento no es solamente una vivienda grande, es la vivienda que ofrece más. Más espacialidad que superficie, más uso y habitabilidad”. Ante esta situación es posible plantear opciones que, a través de estrategias de proyecto, consigan combinar valores estéticos contemporáneos y un adecuado desarrollo de las actividades de la vida diaria. La planta neutra, con habitaciones de espacio equivalente, o la utilización de boques cocina+baño, o el baño sólo, para generar recorridos y distribuciones a su alrededor sin disponer pasillos, cambios de nivel para disociar habitaciones sin necesidad de * Citado en GILI GALFETTI, 1997:13-14. María Del Carmen Martínez Quesada 119 particiones, permiten reducir la aparición de compartimentación y aportan fluidez espacial, entre otras cualidades, a la vivienda. Algunas de estas estrategias para aportar flexibilidad podían ser: _ Variación en las particiones: suelos, tabiques, paneles o armarios móviles, desplazables, pivotantes, abatibles, plegables, escamoteables …,que permiten unir o subdividir el espacio en función de las necesidades temporales a corto plazo según las necesidades familiares durante el día, o a largo plazo según el cambio de composición de la unidad familiar. Estas operaciones permiten aportar flexibilidad en los espacios a base de otorgarles diafanidad eliminando particiones y espacios concebidos para un único uso como los pasillos estrechos, desjerarquizando tamaños de habitaciones y espacios comunitarios. _ Liberar la vivienda no sólo de particiones sino también de servicios y equipamientos. Se disponen en franjas compactas, organizando bandas paralelas de zonas fijas de núcleos húmedos y servicios y franjas intermedias de usos indefinidos, o en muros equipados para obtener un espacio diáfano al suprimirse la mayoría de los espacios de circulación y distribución por la disposición de estos muros. Se pueden colocar en el interior y en el exterior, funcionando como filtro. _ Nueva concepción del mobiliario. La disposición del equipamiento en las habitaciones es esencial para permitir espacios diáfanos, auque eso lleva asociado el problema acústico y el de la iluminación ya que si las actividades han de superponerse por razones de convivencia, por ejemplo la iluminación deberá, también tendrá, que ser flexible tanto en su distribución como en intensidad. (NELSON, WRIGHT, 1952) Una posible disposición es mediante muebles contenedores o muebles robots que permiten albergar todos los equipamientos necesarios en el perímetro y dejar el espacio diáfano, neutro. Estos muebles a veces se convierten en inmuebles por las limitaciones físicas que introducen el uso de cocina y baño, y sus instalaciones que los anclan al suelo fijándolos en una determinada situación. _ Las viviendas contenedor. Mobile-homes. Aunque no están pensadas para ser introducidas dentro de una vivienda previa y “no constituyen un hábitat dentro de la vivienda colectiva” , representan una flexibilidad que responde no sólo “a la organización intrínseca de la vivienda sino también al suelo sobre el que se asienta” , generando una “desvinculación entre vivienda y lugar que puede leerse como el paradigma de la búsqueda de la libertad doméstica”. (GILI GALFETTI, 1997:16) Otra forma de plantear la adaptabilidad del espacio doméstico puede ser en función del nivel de afección que genera en las estancias en las que se plantea, siendo inexistente si la adaptabilidad se realiza desde apropiaciones de espacios ajenos a la vivienda, que, aunque situados en el mismo soporte, no afectan a ésta al no intervenir directamente sobre ella. Después, en función del grado de afección provocada por las estrategias planteadas, se podría hablar de un nivel bajo cuando la adaptación se realiza mediante elementos móviles, intermedio cuando se realizan pequeñas modificaciones en divisiones y cerramientos, y alto cuando se producen ampliaciones o reducciones de la unidad de partida. (NIETO, 2014) Fig 1.97 Nakagin Capsule Center. Ginza, Tokyo (1970). Kisho Kurokawa. Fig 1.95 Planta de Aranguren+Gallegos Viviendas sociales en Bentaberry, San Sebastian. Fig 1.96 Planta de Aranguren+Gallegos Viviendas en Carabanchel, Madrid. Fig 1.94 Shugakvin Rakushi-Ken y Shugakuin Kyusvi-tei. Residencia imperial Shugakuin Rikyu, Kyoto (1659). 120 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea También el grado de terminación de la vivienda, en cuanto a acabados, grado de desarrollo de las instalaciones, grado de compartimentación, podría establecer diferentes niveles de adaptabilidad, ya que cuanto más terminada se encuentre más resistencia presentan los usuarios para emprender las modificaciones por las dificultades técnicas y económicas. Otra cuestión a la que se puede atender es a la distribución en planta, pudiéndose entender aplicada a la distribución mediante la planta libre, pero también se ha considerado flexible la que la relaciona con la regularidad y la homogeneidad de las estancias de la casa. Monteys (2014:14) señala que, en proyectos construidos mediante muros portantes, que permiten una isotropía entre las piezas de la vivienda, como los de Antoni de Moragas i Gallisá, en Calle Gomis, de Barcelona, 1953-5498 y Luis Peña Ganchegui, casa Arriain, en Oiartzum, 196499, la flexibilidad va asociada a la regularidad que comportaba dicha construcción, permitiendo en el segundo ejemplo, un paso más fluido, a través de piezas de uso más matizado, al no presentar tanto contráste entre usos y espacios de similar tamaño. La planta de espacios neutros, aún teniendo espacios definidos y no variables, plantea la diversidad mediante la equivalencia o diferenciación en el tamaño de los mismos, y en las distintas formas de conexión entre estancias. La flexibilidad de estas estructuras está en el uso de las habitaciones sin nombre, y la intimidad en la forma en la que los habitantes quieran plantear el aislamiento de los distintos usos. Un último factor a considerar, es en función de la participación del usuario y la capacidad de éste para producir los cambios por sí mismo. Desde un nivel de exigencia mínima, en la que el propietario está capacitado para plantear las estrategias de cambio y llevarlas a cabo, pasando por un nivel medio en el que necesita establecer acuerdos con la comunidad para poder desarrollarlos, hasta la situación en la que el usuario necesita de la ayuda de profesionales para su realización, y en función de todas ellas se establecen diferentes niveles en las estrategias de reversibilidad espacial. (NIETO, 2014) La idea de postproducción (BOURRIAUD, 2009), aplicada en las propuestas “Plus” de Lacaron, Vassal y Druot permite adaptar edificios de vivienda social de los años 60 y 70 (torre Bois-le-Pêtre, 2011100) presididas por la búsqueda de aprovechamiento y “espacio-extra” y una campaña política: “no derribar nunca, no restar ni remplazar nunca, sino añadir, transformar y reutilizar siempre” , eliminando fachadas y sustituyéndolas por otras transparentes, ampliando en el perímetro-aumento de superficie, mediante estructuras autoportantes, en definitiva produciendo nuevas situaciones aprovechando lo existente, reapropiándose de ello. En este caso la flexibilidad, o adaptabilidad, como dice Nicolas Bourriaud, ya no se trata de fabricar un objeto, sino de seleccionar uno entre los que existen y utilizarlo o modificarlo de acuerdo con una intención específica. (2009:24) Otro proyecto de A/P Smithson, la Retirement House, 1959101, a través de la organización del espacio mediante una serie de cajas-núcleos, crea unas dependencias dentro de un concepto de espacio fluido, posibilitado por las visuales en diagonal enlazadas, que muestran los distintos acontecimientos diarios. Frente a esta flexibilidad en planta está el proyecto de las Diagoon Houses, Delft 1970, de Herman Hertzberger102, estructuradas por una sección diagonal que relaciona las diferentes acciones y en las que se da la posibilidad de que el habitante ocupe de distintas formas la casa, con los dormitorios como piezas estables aunque de superficie reducida para posibilitar la experiencia doméstica de relacionar el espacio con el cuerpo y la ocupación que éste hace del mismo. Fig 1.98 Antoni de Moragas i Gallisá, en C/ Gomis, de Barcelona, 1953-54. Fig 1.99 Luis Peña Ganchegui, casa Arriain, en Oiartzum, 1964. Fig 1.100 Tour Bois-le-Pêtre. Lacaton, Vassal y Druot (2011). Fig 1.101 A/P Smithson, Retirement House, 1959. María Del Carmen Martínez Quesada 121 IV.d.1 Flexibilidad y uso Las formas de vida actuales, complejas y cambiantes, llevan a Alan Colquhoun en 1977 a afirmar, de una forma escéptica, que todas los intentos por parte de la arquitectura de responder de forma anticipada conduce a un edificio inadaptado a su función (ELEB y otr., 1988:102), no obstante las formas de vida actuales siguen haciendo vigente el concepto de flexibilidad. El plantear el problema de la adaptación de la vivienda a los modos de vida de los usuarios y a la forma de apropiarse de ella, hace necesario volver a profundizar en la cuestión de la flexibilidad, tanto a nivel del uso del hábitat, como de las técnicas empleadas y de los procesos de producción y gestión, para producir una realidad plural que represente y considere la evolución en los modos de vida. Pero esta búsqueda no puede quedarse en cuestiones simplistas, como el desplazamiento de límites y particiones, ya que, aunque útiles, hay otras cuestiones que, aportadas por las nuevas tecnologías y los medios de comunicación y cada vez con más presencia en la vida cotidiana doméstica condicionando las formas de comportamiento, pueden ayudar a abordar formalmente esta cuestión. (ELEB, 1993) Los medios tecnológicos, como el teléfono y el ordenador han situado el trabajo en el ámbito doméstico, obligando a plantear cuestiones que afectan tanto al ámbito doméstico-social, como al laboral-profesional, así como jurídico y financiero, como el establecer los límites entre el ámbito público y el privado. Límites que se traducirán en espacios intermedios de relación, de usos ambiguos, y de posibles colonizaciones por uno o varios usuarios de estos ámbitos de forma comunitaria, tan sólo es necesario establecer las reglas de juego de esta tarea común que es la nueva definición arquitectónica del espacio habitable. Entender la flexibilidad como concepto único no sería hoy viable, pero las reducidas dimensiones de la mayoría de las viviendas y las necesidades cambiantes de sus usuarios a lo largo del tiempo, nos llevan a intentar recuperar parte de esas prestaciones de la vivienda grande o vivienda unifamiliar en la vivienda colectiva, pero para ello se hace necesaria la adaptabilidad del soporte y que el proyecto contemple los espacios intermedios capaces de cambiar y adecuarse. Unos espacios con capacidades, con potencialidades, probablemente adjetivados gracias a sus cualidades, no espacios vacíos, pues la experiencia ya ha demostrado que el concepto de espacio vacío, facilitado al usuario para su apropiación, ha sido un fracaso. Por ello se debe plantear una flexibilidad realista, que desde la utilización de dispositivos –banda activa, muro grueso, disociación, disfuncionalidad, destabicación, desjerarquización, perfectibilidad técnicapermita replantear el espacio doméstico articulando usos, relaciones, técnica y distribución. (ELEB, 1993) Una cuestión previa es la posibilidad de adaptación en el tiempo. Cada momento asociado a una capacidad de cambio produce un tipo de flexibilidad. La inicial permite, antes de la ocupación, el cambio. La continua facilita el cambio a lo largo del tiempo según las actividades desarrolladas en el día a día. La evolutiva está condicionada a los cambios y transformaciones a largo plazo de la comunidad familiar. La elasticidad permite superar los límites propios y aumentar la superficie con otras estancias. Fig 1.102 Diagoon Houses, Delft 1970, de Herman Hertzberger. 128 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea V.a. ESPACIO MÍNIMO “Creo en la vida en una sola habitación. Una habitación vacía con tan solo una cama, una bandeja y una maleta. Puedes hacer cualquier cosa en la cama o desde ella: dormir, comer, pensar, hacer ejercicio, fumar. Y tener un baño y un teléfono al lado de la cama. Todo tiene más glamour si lo haces en la cama. Hasta pelar patatas. El espacio de la maleta es muy eficiente. Una maleta llena de todo cuanto necesitas: Una cuchara / Un tenedor / Un plato / Un vaso / Una camisa / Una muda de ropa interior / Una media / Un zapato / Una maleta y una habitación vacía. Maravilloso. Perfecto. Al vivir en una sola habitación, eliminas un montón de preocupaciones”. (WARHOL, 1998:168-169)*1 Muchos artistas vivieron en superficies reducidas como Beckett, Hemingway, Paul Auster, Enrique Vila-Matas, los personajes de Roberto Bolaño y Georges Perec … En La invención de la soledad , Auster describe este espacio: “Se vivía en un lugar tan pequeño que entrar en él se convertía en un desafío, y daba la impresión de que la habitación se resistía a albergar a alguien más. Una sola persona llenaba la estancia; dos la volvían sofocante. Era imposible moverse en su interior sin contraer el cuerpo hasta sus mínimas proporciones y la mente hasta su dimensión más infinitamente minúscula. Sólo entonces uno podía empezar a respirar, a sentir que la habitación se expandía, y entonces permitía que la mente explorara los límites desmedidos e insondables de aquel espacio. Porque en aquella habitación cabía un universo entero, una cosmología en miniatura que contenía en sí misma lo más extenso, distante y desconocido.” (AUSTER, 1997:126-127)*2 Igual que las seis mil alubias, que el joven héroe de Charles Nodier en el Tesoro de las habas y flor del guisante (1833), lleva al entrar en una calesa del tamaño de un guisante con seis medios cuartillos de alubias cargados al hombro, en una casa mínima también entran todas las casas en una, la palabra mínima no tiene por qué significar reducción o simplificación, al contrario, en ella se tienen que condensar todos los valores de una casa, como dice Gaston Bachelard “hay que rebasar la lógica para vivir lo grande que existe dentro de lo pequeño”. (BACHELARD, 2000:138)*3 La normativa de vivienda, mediante el establecimiento de superficies mínimas y el número de habitantes por vivienda, intenta controlar la masificación en la misma y resolver los problemas de intimidad, pero desafortunadamente el mínimo recomendado se ha convertido en norma y se ha utilizado como máximo construible; por ello se hace necesario reflexionar sobre estos espacios y la forma en la que el proyecto se enfrenta a ellos. Como una lupa que aumenta lo observado, y que nos obliga a prestar atención, el proyecto, en los espacios mínimos, también nos debe hacer prestar atención, ya que bajo una mirada atenta desde éste, el espacio adquiere otra *1 WARHOL, Andy Warhol (1998): Mi filosofía de A a B y de B a A , Barcelona: Fabula, TusQuets editores. Primera edición 1975. *2 AUSTER, Paul (1997): La invención de la soledad , Traducción de Mª Eugenia Ciocchini, Barcelona: Editorial Anagrama; Primera edición The Invention of Solitude , 1982. *3 En el capítulo La miniatura , Bachelard desarrolla el concepto de cosmicidad de la miniatura. Fig 1.108 Alice in Wonderland. María Del Carmen Martínez Quesada 129 dimensión, crece en sus posibilidades, demostrando así que lo grande no es incompatible con lo pequeño, que sólo hay que saber hacer parecer grande lo pequeño. Un espacio pequeño debe servir para más de un único uso, por lo que necesariamente debe organizarse de una manera creativa, tal y como dice Toyo Ito “cuanto más pequeño es un proyecto, más radical y más conceptual resulta, ya que se convertirá en una investigación sobre cuestiones teóricas del habitar” . (FUJIMOTO, 2009a:8) También debe aprovechar todas las posibilidades que éste ofrece, como en los cuadros de San Jerónimo, o en la tradición musulmana, en la que las viviendas tradicionales utilizaban un mismo espacio para diversas funciones, e incluso introducían la cuestión temporal como origen del cambio de uso al variar éste de una estación a otra, y así la terraza de la cubierta es usada como dormitorio en las noches de verano. O como en Brooklyn, donde se resolvió el problema de la cocina de Pascua permanente de las viviendas judías transformando un pequeño dormitorio con paneles de madera plegables que permitía utilizar el espacio como zona de estudio. (BALL, 1987:110) Cuando la vivienda es pequeña, el entorno tiene gran importancia. La vista que desde ella se tenga puede cambiar mucho las cosas (BALL, 1987:25). Y no sólo la vista, también los usos y los espacios disponibles, ya que, en esos casos, el espacio exterior asume elementos constitutivos de la actividad diaria, obligando a salir de la vivienda parte de la actividad desarrollada en su interior. El espacio exterior puede llegar a convertirse en una habitación más, hecho de gran importancia por lo que supone en cuanto a la intensificación de los flujos de movilidad establecidos en su utilización por los habitantes. Esto viene a ratificar que el espacio íntimo y el espacio exterior se estimulan en su crecimiento (BACHELARD, 2000). A pesar de que son el espacio del hombre y el espacio del mundo, es decir, que no se trata de problemas simétricos pues mientras uno intenta hacer concreto el espacio interior, el que percibimos íntimamente, el otro abarca todo lo de fuera, es posible que las carencias de uno se vean resueltas por la participación del otro, sobre todo con la incorporación de espacios en el exterior y la posibilidad de que éstos sean compartidos por un determinado colectivo para una mayor optimización de los recursos disponibles. En cuanto a la distribución interior, cuando no se dispone de espacio, pensar en elementos económicos y eficaces que, como los correderos, los muebles empotrados, ..., permiten proporcionar intimidad, habilitar espacios de manera temporal, y suprimir vistas directas, hace posible aprovechar el espacio disponible. El mobiliario ayuda creando zonas de uso diferenciadas –una estantería o una mesa pueden estructurar un espacio-, o se puede dividir en dos el espacio mediante muebles altos, o una chimenea tradicional junto a su banco genera una especie de habitación dentro de la habitación y la cama empotrada, otra. Una versión modernizada de estos objetos podría dar buen resultado. (BALL, 1987:79) Entonces, ¿dónde habitar?. Parece lógico que el espacio interior asuma dicho papel aunque éste sea reducido, pero existen situaciones y nuevas necesidades que rompen esta premisa. Los usos comunitarios y el uso del espacio vacío, como complemento de la vida interior, hacen que ya no esté tan clara la formulación de dónde se habita. Entramos en una situación de equilibrio inestable, de la que el proyecto se ve contaminado, en la que aparecen toda una serie de operadores que intentan establecer la relación entre ambos espacios. La arquitectura tradicional, de escasos recursos, constantemente se ha enfrentado a la necesidad de aportar soluciones a la falta de equipamiento y a la vida 130 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea en espacios reducidos, estando ayudada en algunos casos por otros espacios complementarios de uso comunitario, como son los modelos utilizados en esta investigación. La aparición de nuevos usuarios potenciales que están afectados por espacios de pequeñas dimensiones -personas mayores válidas, personas solteras que prefieren vivir en el centro en espacios pequeños a vivir en otras zonas con mayor espacio con el mismo coste, …- hace del espacio mínimo un tema que vuelve a interesar. Pero estas soluciones muchas veces generan problemas que hacen la vida incómoda: la falta de intimidad, las reducidas dimensiones de los equipamientos (cocina y baño) y la falta de de espacio de almacenamiento. Incluso hay situaciones cotidianas que pueden obligar a suspender una serie de actividades por resultar incompatibles: una enfermedad, cambiarse de ropa, etc. La planificación y el aprovechamiento de las soluciones en los espacios reducidos son dos temas a tener en cuenta para poder resolver esta cuestión, y hacer espacios satisfactorios para la vida. Planteados desde la funcionalidad, nos remiten a otras cuestiones menos tangibles como la compacidad, la yuxtaposición, la escala, los objetos, la percepción y el vacío, que ayudan al proyecto del espacio mínimo. Así el disponer pocos objetos ayuda a construir un espacio menos ocupado por el mobiliario, y permite hacerlo más flexible en cuanto al uso. La compacidad, que pueden llegar a suponer en su disposición y desde una posible yuxtaposición, en cuanto construcción de una sección, pueden optimizar el espacio. También la escala permite variar el valor métrico de los elementos empleados, trabajando con las medidas del espacio base y la escala de los objetos. La percepción hace que un pequeño lugar pueda parecer mayor de lo que realmente es -un espacio con pocos muebles hace que se vea mayor-, y el vacío permite que se pueda percibir el espacio como algo tranquilo y espacioso, además permite acondicionar la habitación para realizar diferentes actividades según las necesidades. Desde un punto de vista práctico, Rick Ball, en su introducción en Arte del Espacio, plantea que vivir en espacios pequeños puede llegar a resultar una solución sostenible al ser “más fáciles de calentar, lo que supone un ahorro, hay menos que limpiar y mantener, y al no poder comprar más objetos, ya que no hay donde colocarlos, también se ahorra dinero”. (1987:7) La reducción de superficie hasta que ésta llega a quedarse limitada a una sola habitación no tiene por qué ser restrictivo. En una sola habitación sucede de todo, como nos contaba Auster. Sin embargo los acercamientos realizados se han hecho, la mayor parte de las veces, desde un aumento en superficie pero no de posibilidades. Ernst Neufert, en su tratado El arte de proyectar en arquitectura, plantea un estudio sobre los dormitorios, a través de 28 ejemplos109. Partiendo de una célula de 6 m2, acondicionada mediante un mínimo de mobiliario: cama, armario, mesa y silla, y puerta y ventana, que poco a poco va complejizando al ir sumando otros elementos y las relaciones que éstos introducen mediante sus dimensiones y posiciones relativas, y así se van produciendo pequeñas modificaciones en las dimensiones de partida hasta llegar a una superficie de 31.5 m2. Con este desarrollo observamos que las variaciones en disposición y el posible aumento de los muebles, no significan un aumento de la espacialidad de las estancias, y aunque estas operaciones se traducen en el aumento de superficie, tan sólo consiste en un estudio de posiciones y proporciones de objetos sobre un plano. Sin embargo, si el mobiliario se superpusiese en diferentes planos, además de condicionar el uso y por tanto contextualizar a cada objeto en un lugar, el espacio adquiríría un valor importante al pasar a estar destacadas sus cualidades de sección. Esta cuestión se refiere a un cambio de medida de superficie a la medida de volumen, explorando la altura como alternativa de tamaño. Fig 1.109 Fragmento de: Conceptos básicos para el diseño de dormitorios centrado exclusivamente en la cama. El arte de proyectar en arquitectura, Ernst Neufert. María Del Carmen Martínez Quesada 131 La posibilidad de resolver este dilema, la cualificación del espacio, independientemente de su superficie nos permitiría entender que la vida se pudiera desarrollar incluso en espacios reducidos de una manera correcta. Habría que definir, por tanto, por un lado una superficie mínima y por otro la dotación mínima, y el proyecto debería plantear soluciones novedosas e imaginativas de combinar ambas cuestiones. Se trata de dos formas de acercarnos a los cambios y descripción de los espacios de la habitación: la de los cambios de forma y tamaño -cuantificabley la de la huella y situación del uso -no cuantificable-.*1 En estos espacios algunos componentes son fácilmente separables o intercambiables, el equipamiento se asemeja a muebles con que aportar los elementos básicos como la cama, la mesa, el almacenamiento y la cocina (MONTEYS, 2001), y aunque los muebles no pueden resolver todos los problemas de nuestra vida a menudo, son uno de los problemas de nuestra vida. (BALL, 1987:126). El mobiliario permite organizar y encontrar soluciones dentro de espacios reducidos, aunque se debe procurar que éstas no resulten artificiosas o incómodas. La disposición del mobiliario y la forma de construir éste permiten transformar el espacio, pero los mecanismos utilizados para su construcción mediante estos muebles no pueden suponer problemas en el uso del espacio, ni tampoco convertirse en una obsesión por el uso de este tipo de mecanismos. Hay que propiciar el uso creativo de los mismos y aprovechar la cualidad que introducen de convertir al ocupante en un ser permanente y necesariamente activo dentro del espacio, en lugar de un ser pasivo que no interacciona con los elementos de la vivienda. Wright decía que “los muebles, los cuadros y las baratijas, son innecesarios, porque las paredes pueden estar pensadas para ellos, o ser ellos”. *2 Los recursos introducidos desde el mobiliario van desde sillas plegables, apilables, que se pueden colgar de la pared, sillas inflables (silla inflable Blow), sillas-escaleras, mesas plegables, de alas abatibles, mesas extensibles, tableros que se apoyan en soportes o en una pata, en dos alturas (mesa Kamel), mesas que se utilizan como puertas de armarios; estructuras de escaleras compactas que permiten liberar espacio o abrir el campo visual; soluciones de camas que, frente al diseño tradicional en el que es un objeto de gran tamaño que afecta a su vez a una superficie mayor al ser usado, permiten ajustar la superficie necesaria mediante camas empotrables (modelo Murphy), cama plegable de campaña (Louis Vuitton)110, camas nido, camas en plataforma (Plataforma C_Ron Arad)(compatibles con otros usos debajo o encima), sofá-cama (deslizable y abatible). Elementos compactos como el secreter diseñado por Louis Vuitton en 1936 para el director Leopold Stokowski111, que al abrirse deja una estantería de libros, compartimentos y cajones, escritorio de bisagra que se pliega en la puerta. En los espacios pequeños un almacenamiento ordenado es esencial para una buena organización, ayudando a rentabilizar su uso en relación con el espacio. Por ejemplo, en la vivienda japonesa el espacio es algo valioso, por la * 1 Xavier Monteys (2014:24-28) describe esta cuestión ayudado por el manual realizado por Neufert y el de Leonardo Benévolo Corso di disegno per le scuole medie superiori. Vol. 1 La descrizione dell´ambiente , Latreza, Bari/Roma, 1974-75, versión en castellano Diseño de la ciudad. Vol 1: la descripción del ambiente , Gustavo Gili, Ciudad de México, 1978. * 2 Citado en BALL, 1987:126. Fig 1.110 Cama plegable de Louis Vuitton. 1891. Fig 1.111 Secreter para Leopold Stokowski, de Louis Vuitton. 1936. 132 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea escasez de suelo y el elevado precio de la misma, de ahí que sean pequeñas y producto del trabajo sobre la falta de espacio. Lo antiguo y lo moderno están presentes a pesar de esa carencia, y no se renuncia a las formas tradicionales, la falta de decoración, el uso del suelo y las paredes móviles, los filtros de luz, y el contacto con el viento. Sin embargo, y desde el punto de vista de la cultura occidental, no se puede olvidar que en la ecuación, la posibilidad de la personalización por parte del usuario, asegura la aceptación de dicho espacio. Este tipo de espacios no son adecuados para cualquier tipo de usuario. Las viviendas para determinadas poblaciones como, solteros o jóvenes, admiten más fácilmente el aporte de soluciones innovadoras. Normalmente estas viviendas son de dimensiones reducidas y están en edificios que, para solventar la carencia de superficie, aportan un espacio intermedio ocupable que facilita la sociabilidad y la centralización de servicios. Así el espacio disponible en la vivienda es el máximo posible y depende de la cualificación por el proyecto de cada uno de sus rincones. La innovación está en la calidad de la distribución y los detalles que hacen más fácil la vida en un espacio mínimo. (ELEB, 1996) El uso a veces está condicionado por las formas adoptadas pero se puede aprender de cómo se habitan. Cuando el usuario es una sola persona resulta fácil habitar en un único espacio, pero cuando conviven más de un inquilino hay que asegurar unas condiciones suficientes de intimidad que permita la cohabitación. Por lo que se hace necesario utilizar diferentes estrategias que faciliten la convivencia y aseguren un adecuado funcionamiento de los espacios de intimidad, como el disponer elementos separadores entre cocina y estar, o la inclusión de dobles accesos. La convivencia de varias personas puede demandar la existencia de un espacio para un posible aislamiento de éstas en un intento de procurarse un mínimo de intimidad. En estos espacios se aprende a distinguir entre lo que es necesario y lo que es prescindible, qué mobiliario resulta cómodo, y que cada cosa debe ocupar un lugar propio. El diseño entendido como aporte decorativo debería rechazarse ya que la sencillez sería más adecuada para espacios reducidos, en tanto que, es el espacio el elemento valioso en este tipo de alojamientos. Existen otros recursos, como la utilización de la luz, que hacen parecer mayor un espacio. El trabajo de John Soane para su casa en Lincoln´s Inn Fields de Londres113, es todo un trabajo, no sólo de hacer parecer los espacios mayores de los que son, como de hacer que el observador no conozca cuál es el tamaño real. (BALL, 1987) Como caso particular es de destacar las diferentes aproximaciones a la vivienda mínima en la España de los años 30 a 60, por establecer unos parámetros formales de los cuales somos herederos actualmente. Por un lado en 1932 los miembros del GATEPAC manifiestan lo que entienden por vivienda mínima: unas condiciones de renovación de aire, luz y sol, higiene, una planta orgánica que facilite la vida, un mobiliario, a escala humana, que pueda conservarse limpio y en buen estado, y estar aislado de los agentes exteriores, temperatura, ruidos de la calle y habitaciones contiguas. Pero, y más importante, además del confort material debe satisfacer un confort espiritual aportando optimismo, mediante el color y la luz, elementos vivos, y líneas tranquilas y volúmenes agradables. Plantean vivir para nosotros mismos, en nuestra habitación; disfrutar en ella del máximo confort espiritual y material (AAVV, 1935b:13), en lugares de reposo e intimidad perfectamente equipados. Una casa que reducirá al espacio mínimo los dormitorios, cocina y baño, amueblados con un mobiliario simple, ligero, transportable. Fig 1.112 Casa de Koji Yagi, Tokyo, 1983. Fig 1.113 John Soana, casa propia en Lincoln´s Inn Fields, Londres. María Del Carmen Martínez Quesada 133 Y por otro está el efecto del Plan de Estabilización de 1959, que supone un cambio en la política económica española y el comienzo de un proceso de modernización importante, que se ve acompañado de la modernización de las viviendas y de un cambio significativo en la concepción de la casa, transformación que debe mucho a los arquitectos de la vanguardia de los años veinte y treinta. Ya en 1932 los miembros del GATEPAC pedían al Estado una nueva ley, fundada en un nuevo concepto de la vivienda, venga a sustituir la de “casas baratas” anticuada e inadoptable. (GATEPAC, 1932:21), que tiene su respuesta, en los años del desarrollismo español, con la formulación por José Luis de Arrese en 1957, cuando éste crea el Ministerio de la Vivienda, de un tipo de planta libre mínima de superficie 38 m2 que se articula en siete principios y que se convierte en el precedente del modelo de vivienda mínima de vestíbulocomedor-estar; tres dormitorios, cuarto de baño y cocina. V.a.1 Otras formas de espacio mínimo Hay otro tipo de espacios mínimos domésticos con formas de operar distintas. Una casa de vacaciones no tiene porqué significar lo mismo que la residencia habitual, son distintas porque sus necesidades son distintas. La superficie no es la cualidad que se busca, al contrario, las soluciones generadas, que economizan superficie y que trabajan con el tamaño pequeño, suelen ser las más desarrolladas. El Cabannon de Le Corbusier en Cap Martin, el prototipo de casa desmontable de fin de semana del GATEPAC en madera y fibrocemento114, aparecida en el nº 7 de la revista en A.C., tercer trimestre 1932, y la de Albert Frey y A. Lawrence Kocher en Long Island, 1934, que recuerda a la célula de una habitación de Moisei Ginzburg de 1930 -célula de 19 m2 con particiones móviles, pensada para elementos seriables-, permiten ver como su construcción tiene una fuerte apuesta tecnológica en la búsqueda de lo esencial y su condensación en una superficie mínima. Otros ejemplos son el de Ralph Erskine, The Box, y los Smithson con la Upper Lawn115. En todos ellos existe una refléxión particular sobre el espacio básico, pero condicionado por otras cuestiones como la naturaleza, la construcción de un plano simplificado, la temporalidad o la materialidad. V.b. EQUIPAMIENTO Cuando Peter Smithson habla de la Casa del Futuro 92 , lo hace comparándola con un coche, pero concluye que “en una vivienda familiar los problemas son diferentes a los de un coche donde sólo se pueden eliminar unas pocas cosas sin afectar al resultado. En una casa hay muchas variables, la supresión de algunas o el cambio de muchas no alterarían la base del resultado”. (SMITHSON, 2001:114). De hecho la solución de viviendas sin alguno de los componentes entendidos como básicos para el habitar había sido planteada con anterioridad. La tesis Kitchenless City. Ciudad sin cocina de Anna Puigjaner (2014) investiga acerca de una tipología de edificio de viviendas sin cocina, dotada con servicios domésticos colectivos que apareció en Nueva York a finales del siglo XIX, y que surgió a partir de una serie de edificios que se organizaban de forma similar a los hoteles de la ciudad que, como el Waldorf Astoria, estaban pensados para estancias largas. Además de las habitaciones propias de un hotel, estos disponían de un sistema de habitaciones organizadas por apartamentos cuya composición dependía de la demanda, lo que se posibilitaba mediante la unión de habitaciones contiguas, ayudados en su configuración por los cuartos de baño y los sistemas de acceso, y estableciendo un complejo sistema de corredores paralelos. Se planteaban como una Fig 1.114 Casa desmontable de fin de semana, GATEPAC. Fig 1.115 Upper Lawn, Alison & Peter Smithson, 1960. 134 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea alternativa a la vivienda en propiedad asociado a un estilo de vida y a un esmerado servicio completo, que aportaba un nivel de confort, que por su costo era difícil encontrar en las viviendas unifamiliares. Este modus vivendi, que mediante los servicios hoteleros permitía una vida à la carte , era común en la ciudad de Nueva York del cambio de siglo pudiendo ser entendido como un paradigma experimental en un momento en el que “vivir en un hotel era una práctica habitual desde los orígenes de esa tipología en Estados Unidos” . (PUIGJANER, 2014:19). Como afirma A. K. Sandoval-Strausz (2007), el hotel se convirtió en una verdadera tecnología social que permitía establecer nuevas organizaciones colectivas, moldear los roles sociales –entre ellos el de la mujery transformar los ideales de confort cotidiano, liberando la gestión doméstica y convirtiendo a la ciudad en el proveedor de servicios. Este esquema, de un conjunto de viviendas independientes que utilizan, sin embargo, unos servicios domésticos colectivos, generó diversas propuestas domésticas entre las que surgieron algunas “que, tomando como referencias la vida en los hoteles y las boardinghouses, apostaron por incorporar servicios domésticos colectivos en la organización del edificio: servicio de cocina, limpieza, guardería, etc., así como espacios de uso colectivo: salones, comedores, cafés, etc., diluyendo así los límites tradicionalmente establecidos entre el espacio privado y el público. Y consecuentemente cambiando los hábitos de los quehaceres diarios y sociales de la ciudad. (PUIGJANER, 2014:34). Pero al igual que sucedía en los hoteles, además del edificio, también la ciudad se convertía en fuente de equipamiento del alojamiento. Le Corbusier ejemplifica, desde su experiencia en el barco que le llevó desde Burdeos a Buenos Aires, la cuestión de los servicios comunes y la casa de habitación moderna. En su habitación de 15,75 m2 un hombre puede ser feliz y realizar todas las funciones de su vida doméstica, porque existe toda una ciudad que le abastece en su necesidad de servicios comunes. Para él la célula a escala humana hace que los problemas de la arquitectura cambien de escala al igual que el aspecto de la ciudad. La célula se prolonga por los servicios comunes, por lo que la casa no ha de hacerse al metro, “sino al kilómetro” . (LE CORBUSIER, 1929:123).* También interiormente la casa se puede entender como suma de equipamientos, incluso pudiendo aparecer como cápsulas equipadas, ayudando a estructurarla mediante su disposición, o con la ayuda de elementos y paneles pivotantes o desplazables. El espacio doméstico se entiende aquí como algo vacío, que se transforma por la presencia de estos elementos que aparecen enchufados tanto en su perímetro como en los lugares previstos. Un ejemplo de esto es el proyecto de Michael Webb, la Drive-in-Housing, 1966116. En ”Aplicando el principio de la casa: el área de cocina, baño y vestidor, desde que son esencialmente áreas de “trabajo” y contienen equipos pesados, voluminosos como refrigeradores, baños, refrigeradores, estufas y wcs podrían convertirse en unidades del servicio fijas, y las zonas de día se componen de partes que, por medio de paneles plegables, podrían dividirse para formar contenedores móviles y ser conducidos. Esta subdivisión básica de funciones implica que los aparatos de los espacios de día y de noche, tales como TV, Hi-Fi, tocadiscos y maquinilla de afeitar pueden volver a encajar en la unidad de servicio y que las cosas tales como sillones y mesas sea inflable para que con presiones de aire variables que pueden ser convertidos en coches o asientos. En una auto-casa el volumen en cualquier momento es * Cuarta conferencia “Amigos de las Artes” de Le Corbusier en Buenos aires, 10 de octubre de 1929, “Una célula a escala humana”, en Precisiones , 1999 (1930), pp. 107-125. Fig 1.116 Michael Webb, Drive-in Housing, 1966. María Del Carmen Martínez Quesada 135 directamente proporcional al número de personas en ella; cuando la familia está lejos en la playa, la casa se compone sólo de las unidades de almacenamiento plegadas; durante una fiesta hasta treinta contenedores móviles podrían reunirse alrededor de una unidad para formar un gran espacio”. (WEBB, GREENE, 1972) El límite en todas estas propuestas es elástico o de fácil manipulación aportando una capacidad de flexibilidad frente a los posibles requerimientos de los usuarios, crea un entorno trasladable y contempla las posibles conexiones con el entorno. Este planteamiento teórico permite entender que el equipamiento se puede disponer en la vivienda como una serie de paquetes funcionales cuya utilización facilita la sistematización ordenada a través de una serie de elementos, favoreciendo la economía y la claridad compositivas del espacio habitable. Ya sea en cuartos específicos o armarios técnicos, la compactación funcional hace que la organización de la vivienda ayude a la organización de la vida doméstica y a la limpieza visual en la misma. (BONET, 2006) En cuanto al armario, además de su consideración como mueble, llegando a tener una gran presencia en las viviendas, a principios del s. XX, como consecuencia del tamaño cada vez más reducido de las habitaciones, empezó a ser sustituido por otras soluciones integradas en los elementos constructivos que no demandasen superficie útil, es así como con el Movimiento Moderno alcanzó una especial presencia entendido como paquete funcional asociado a las particiones, pasando a convertirse en armario empotrado, el cual se utiliza, además de como elemento de almacenamiento y separación de estancias, como aislamiento térmico y acústico, y estrategia de distribución en planta, y adquiere un papel dentro del equipamiento de la vivienda. Cuando se ocupan las viviendas existe un equilibrio entre espacio libre y espacio ocupado, pero el paso del tiempo hace que se acumulen cada vez más objetos necesitados de encontrar un sitio, y muchas veces el recurso utilizado es la consideración de un armario; no obstante, su presencia podría llegar a ser tan importante volumétricamente que hubiese que considerar a éste como un equipamiento, que, como cualquier otro de la vivienda, condicionase la organización del espacio doméstico, como sucede en la Put-away House de los Smithson117, en la que las habitaciones periféricas quedan equipadas mediante una conexión directa con el almacén en torno al que propone la vivienda. La necesidad de guardar cosas a veces no es sólo de objetos y mobiliario acumulados, resultado de un acopio producto de una cierta incertidumbre sobre las necesidades futuras o por un sentido previsor de economía doméstica, también son objetos asociados con el recuerdo y la memoria personal y esos casos se hace necesario disponer de un espacio de almacenamiento: interior, asociado o exterior a la vivienda, que hacen del almacenamiento un equipamiento más. Más adelante se estudiará cómo el proyecto integra las diferentes consideraciones vistas, en una serie de estrategias proyectuales reconocibles y con cualidades propias. Todas ellas se pueden reconocer como operaciones que aportan a la vivienda una cualidad arquitectónica: la compacidad. Frente a la porosidad o la transparencía que aporta el proyecto contemporáneo, estos dispositivos funcionales adquieren posiciones estables que organizan la vivienda y aportan un orden desde la compactación, la economía de superficie y unas relaciones previamente fijadas. Fig 1.117 Put-away House. Alison & Peter Smithson. 136 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea V.c. AMUEBLAMIENTO En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. *1 (Pablo Neruda “Botellas y mascarones” en Confieso que he vivido, pp. 366. Pehuén Editores, Santiago de Chile, 2005, pp. 366) Le Corbusier dice que no se enfocará con eficacia la reconsideración de la vivienda, que él llama moderna y desde esta investigación contemporánea, hasta después de haberse enfrentado a la cuestión del mobiliario*2 (LE CORBUSIER, 1999:127), e invita a reflexionar sobre el cómo y el por qué de lo que rodea al habitante en la vivienda. Los muebles y los objetos, sean útiles o inútiles -fotos, recuerdos-, permiten la apropiación del espacio constituyendo conexiones esenciales entre la habitación y el habitante, es por ello que la vivienda se convierte en la significación de la identidad social, cultural, económica de sus ocupantes. La cuestión de entender el amueblamiento móvil e independiente de las habitaciones, tal y como sucedía con la casa tradicional en la que el mueble aportaba el uso a las estancias de carácter polivalente, permite establecer otros lugares de investigación sobre propuestas flexibles –ya que su no desplazamiento estabiliza las funciones-, desde planteamientos realistas, que con el simple cambio de posición del mobiliario adapta los espacios interiores a las necesidades físicas, sociales y emotivas de los habitantes, poniendo incluso a prueba los límites y la capacidad de la casa para variar sin tener que reformar ésta. Su reconsideración y reposicionamiento nos permiten transformarla, y comprobar la capacidad de adaptación que ésta tiene, realizando una mudanza interior, antes que tener que plantear un cambio de domicilio (MONTEYS, 2012). Los espacios pueden ser transformados, o pueden desaparecer, en un continuo juego de modificaciones por el uso de elementos convertibles y por la flexibilidad en la separación y la recomposición continua del espacio, derivado del uso de objetos móviles que juegan el mismo papel que los paneles convertibles o puertas correderas, con la salvedad de que resultan más versátiles en términos de uso. Una mayor movilidad permitiría además de una partición más flexible y continuidad espacial, una fluctuación de las actividades. Con este planteamiento no se atribuye un papel particular a las habitaciones, así la preparación o el consumo de la comida podría diseminarse por la vivienda de formas diversas, o un sofa-cama nos permite la estancia de día y el dormir de noche, y un mismo espacio se convierte en otros diferentes. Los niños, con sus juegos en los que las cosas adquieren una significación que puede no coincidir con lo que son, nos muestran cómo poder utilizar los muebles de otras formas, como hace Bruno Munari, al ejemplificar las posibilidades de uso de una incómodo butaca118. Todas estas posibilidades de cambio hacen que, en lugar de un espacio univalente , se proponga un espacio de usos múltiples, que conforma sucesivos subespacios en función del mobiliario. (ELEB, 1993) *1 NERUDA, Pablo (2005): Botellas y mascarones en Confieso que he vivido , Santiago de Chile: Pehuén Editores, pp. 366. *2 Décima conferencia “Amigos de las Artes” de Le Corbusier en Buenos aires, 19 de octubre de 1929, “La aventura del mobiliario”, en Precisiones , 1999 (1930),, pp. 127-143. Fig 1.118 Busqueda de comodidad en una butaca, Bruno Munari, 1950. María Del Carmen Martínez Quesada 137 Los muebles tienen la capacidad de subvertir los espacios, y de utilizarlos más inténsamente, incluso aquellos que tan sólo sirven de paso, espacios indeterminados sin uso a priori que facilitan el intercambio, e intensifican el uso cuando éstos están más especializados. Aportan cualidad a la arquitectura doméstica cuando ésta se construye como un escenario neutro y estable. Permiten rehabitar, como dice Monteys, al aportar un cambio radical en el espacio con la simple alteración de su uso, sin intervenciones estructurales, sólo con nuestra presencia (2012:13-14, Episodio 1 ), y la de los objetos. Una cuestión tan sencilla y aparentemente inocua, con poca carga arquitectónica, pone a prueba las posibilidades de la vivienda y de los habitantes. Eso es lo que entiende la compañía IKEA al publicitarse con el lema ‘ Redecora tu vida ’119: la capacidad de modificación del mobiliario en el espacio doméstico y como éste cambia también al habitante, que se transforma con él. Actualmente nuevos dispositivos, desde la construcción del espacio cómodo, tanto físico como espiritual, surgido en el Movimiento Romántico, facilitan la circulación y el aumento de espacio disponible independientemente del tamaño de la estancia. El uso de la vivienda queda así garantizado de una manera eficaz sin obligar al aumento de la superficie de la misma. Los muebles ayudan a desarrollar los deseos, las necesidades. El habitante con su presencia y los objetos que están en la vivienda, hacen la casa. Cambian la imagen y la cualidad de ésta. Bruno Taut decía que “es irrelevante el aspecto de la arquitectura sin gente, lo que importa es el aspecto de la gente en ella”. (TAUT, 1991:30). Esto ocurre con la casa sobre el lago Leman de Le Corbusier para su madre121. La casa varía con el mobiliario. La huella de sus habitantes, es vista a través de recuerdos y muebles, muestra la vida, y ofrece la casa como escenario de ésta. Es a través de los muebles como se establece la forma en la que ésta se ocupa, se domestica, a través de la colonización realizada con los muebles y el resto de objetos. La posición, la funcionalidad de éstos ayudan a desarrollar el proyecto vital personal y a cubrir unas, mismas y comunes, necesidades cotidianas, a entenderse uno mismo. Queda a un lado el mueble entendido como obra de arte, que, como la silla Barcelona, proporciona una satisfacción de otro rango y en la que el confort y su funcionalidad pasa a un segundo plano, siendo más importante su carga simbólica y su perfección estética (ÁBALOS, 2001); tampoco resulta atrayente como representación de un determinado rango social; lo que interesa es la resolución de problemas, como el almacenamiento, desde parámetros que permitan proporcionar mayor flexibilidad en la vida cotidiana al usuario. Esta es la aventura , dice Le Corbusier (LE CORBUSIER, 1999:130), el buscar objetos que satisfagan las funciones solicitadas. Proyectos como las casas de Mario Praz de Via Giulia y el apartamento en el Palazzo Primoli de Roma, descritas por éste en La casa de la vida (1995), y la de Sir John Soane en Lincoln´s Inn Field113, son casas difíciles de separar de los objetos que contienen, haciéndo dudar si una casa vacía conserva su condición de casa. Se trata de casas llenas de objetos, que se han ido acumulando a lo largo del tiempo, lo que las describe como algo vivo, que se va haciendo a impulsos de sus habitantes, y que cambia por tanto cuando lo hacen estos. (MONTEYS, 2001) Constantemente los muebles median con el lugar a través de la presencia humana, dejando rastros del roce que producen en los cuerpos, pero si esta mediación no existiera ¿tendrían capacidad de medirse entre ellos?. El proyecto de Peter Eisenman para Cannareggio, Venecia, 1978122, es un proyecto conceptual que utiliza el de Le Corbusier Fig 1.120 Dibujos Le Corbusier, Précisions , 1930. Fig 1.121 Casa sobre el lago Leman, Le Corbusier. Fig 1.119 Imagen ikea. Redecora tu vida. 144 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Otras actuaciones posibilitan que la utilización del elemento vegetal sirva para identificar espacios degradados o abandonados, y al tejido social que habita en esos contextos urbanos integrado, muchas veces, mediante grupos que muestran un alto grado de depresión social, para promover jardines colectivos o compartidos bajo un proceso participativo y de fuerte implicación de los habitantes con los mismos. Uno de estos ejemplos es la iniciativa del Ayuntamiento de Paris, con el Programa Charte Main Verte 129 , que promueve que los habitantes creen sus propios espacios verdes, donde los vecinos plantan hortalizas –cada uno dispone de una superficie que personaliza-, pueden reunirse para charlar, o montar proyecciones de cine. Son lugares de encuentro que revalorizan los barrios y sirven de vínculo social, y que se encuentran fuertemente personalizados como medio de identificación con el lugar y establecer vínculos con él. Las actuaciones por tanto van más allá de la simple creación de un espacio verde, se trata de representar a un colectivo a través de un lugar abierto que favorece el encuentro entre culturas y generaciones. V.d.2 La personalización como comunicación En el ámbito del espacio público, la forma de significarse o de personalizarlo es distinta. Tiene más que ver con el deseo de establecer una comunicación. Las formas más elementales son los graffiti y las pintadas. Las pintadas y graffitis son la forma más elemental de significarse en el espacio colectivo. Persiguen encontrar los modos de transmitir un mensaje; hallar un medio de expresión y a su vez habitarlo; estar y marcar el espacio. (CASADO y otr., 2014:234). Son manifestaciones gráficas, expresivas y provocadoras, libres y espontáneas, actos íntimos y a la vez tan públicos que no dejan de ser la exteriorización de un sentimiento, y, desde un espíritu urbano, se utilizan para marcar un territorio y llamar la atención de la sociedad, aunque sin mostrar afecto hacia la casa y a los vecinos que la ocupan. Los romanos ya expresaban en las paredes y sitios públicos sus protestas con un incontenible deseo de compartirlos con sus ciudadanos. El impulso de escribir sobre las paredes es un deseo antiguo, macedonios y griegos usaban el muro como soporte de su arte con jeroglíficos indescifrables, pero el ejemplo más significativo y más antiguo quizás sea el de las pinturas rupestres realizadas en cuevas por el hombre primitivo. El objetivo de las escenas de caza y representaciones de animales, no era otro que satisfacer uno de los instintos más antiguos del ser humano, el de comunicarse. El muro como espacio creativo libre ha sido utilizado en todos los tiempos, sin embargo ya no es entendido como un soporte de producción artística sino como un lugar de uso privado y así, este fenómeno de expresión ha llegado a interpretarse como una trasgresión y una amenaza. En la segunda mitad del siglo pasado, los activistas políticos y las bandas callejeras retomaron este antiguo sistema de comunicación como medio de protesta política, económica y social, en contra del sistema, y pintaba las calles de Nueva York usando el graffiti como medio de protesta con mensajes provocativos. Artistas como Jean Michel Basquiet o Bansky131 lograron que el graffiti fuese considerado un arte y los graffiteros expusieran sus obras. Fig 1.129 Espacio promovido por el Programa Charte Main Verte, Paris. Fig 1.130 “The son of Protogoras” Mural en Belfast, 2014. Fig 1.131 Mural de Bansky. María Del Carmen Martínez Quesada 145 La comunicación es básica en la sociedad humana, y ha permitido, mediante el desarrollo del lenguaje, el progreso de la civilización. Los espacios públicos se definen en tanto que lugares donde se efectúa la comunicación social (VIRILIO, 1999:83). En palabras de García Cortés: La arquitectura, como el lenguaje, es una estructura que ayuda a construir y ordenar nuestras experiencias; es un discurso que edifica significados y enmarca contenidos. Los espacios urbanos nos cuentan historias que nosotros leemos como si fueran “textos espaciales”, hechos realizados en el espacio. (GARCÍA CORTÉS, 2000:25) (LLORCA ABAD, 2005:238-239) La arquitectura ha mostrado, sobre todo la tradicional, de una manera evidente y legible a la sociedad su capacidad comunicativa de una forma elemental que tiene a su vez una trayectoria en el tiempo, pero que ahora necesita ser reconducida, ya que actualmente la dimensión técnica conduce a un desafecto hacia la casa y a los vecinos que la ocupan, y hay que preguntarse cómo se podría comunicar, quizás utilizando las nuevas tecnologías y sus posibilidades, para generar esos posicionamientos territoriales mediante redes reconocibles que puedan ser utilizadas de forma creativa como medio de expresión y reivindicación. Ahora por tanto ya no son los muebles los que comunicarían un determinado estatus de la vivienda, lo cual tampoco es importante, como tampoco lo es la condición de sus habitantes, sería la tecnología digital la que debería personalizar nuestros espacios. V.e. PERMEABILIDAD DE LA FACHADA A TRAVÉS DE LA VENTANA Todos los elementos comunes constitutivos de la casa son susceptibles de ser explicados desde otros usos que trascienden el tradicional. La ventana y su significado en la fachada es el ejemplo más claro. Las ventanas nos sitúan en los lugares y nos permiten recordarlos. Desde los interiores, personales o indiferentes, no nos sentimos pertenecientes a un lugar concreto, sólo desde la relación establecida con el exterior y su identificación sabemos que estamos en un determinado lugar. Es difícil hacer ventanas muy bien, con honestidad , como nos recuerda Eduardo Souto (ROJO, 2005:8) en una entrevista realizada por Luís Rojo, y quizás sea por ello por lo que se hacen tantos muros de vidrio, entre otras cosas, porque no se sabe hacer ventanas. (ROJO, ib.) Podríamos decir que se trata de la expresión más elemental, más reducida con la que ofrecer a cada habitante el disfrute del paisaje y del espacio. Más allá de su capacidad para ventilar e iluminar una estancia, es una abertura en el cerramiento, un recorte en el muro que introduce profundidad y dimensión en la arquitectura. Es la transición entre el espacio interior, al que pertenece, y el espacio exterior que revela, y todo eso le aporta un estatus particular. Para Monique Eleb (1998) esta relación que teje entre los dos espacios, que es inmaterial, hace que termine siendo un lugar. Es como el puente de Heidegger, cuya imagen es la traducción construida de un lugar. El rasgo de unión entre dos espacios será la existencia del lugar. “... El puente se tiende ligero y fuerte por encima de la corriente. No junta sólo dos orillas ya existentes. Es pasando por el puente como aparecen las orillas en tanto que orillas. El puente es propiamente lo que deja que una yazga frente a la otra. Es por el puente por el que el otro lado se opone al primero”. (HEIDEGGER, 1994:133). El lugar no existe antes del puente. El puente es un lugar. 146 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea Y es por esta capacidad de poner en relación dos espacios, por este vacío, que la ventana acaba siendo un lugar al que hay que tratar de una forma particular y dar una existencia espacial, y le confiere a las fachadas intenciones al estar ligadas a la disposición y tratamiento de las ventanas. En la novela de Benito Pérez Galdós La de Bringas, en la que se recoge la vida en el Palacio Real, la ventana aparece como un espacio con valor espacial propio al disponerse improvisados despachos en ellas (MONTEYS, 2014), como también sucede en la ventana asiento de las oficinas del edificio de oficinas del Parlamento de Edimburgo de Enric Miralles 132 . La ventana también puede ser un identificador de espacios interiores, representar la relación casa-conjunto, ser el lugar desde el que ver la ciudad desde la habitación -como en los cuadros de Edward Hopper133-, lugares de extensión de la calle al interior o del interior a la calle, ser un mueble más como sucede con la finestra arredatta -ventana amuebladade Gio Ponti, 1957 134, en la que junto a la ventana aparece una pieza de mobiliario resuelta de forma conjunta que pasa a ser una parte de la estructura de integración espacial de la vivienda. Thomas Keenan (1997), en el ensayo “Windows: of Vulnerability” [Ventanas: de vulnerabilidad], analiza las funciones arquitectónicas y estéticas de la ventana en un intento de relacionar la ventana física y la ventana figurativa, como metáfora de la separación entre lo público y lo privado. Las ventanas son caminos de doble dirección que permiten observar el exterior pero también enlazar éste con el interior. Para ello Keenan parte de la obra Privacy and Publicity de Beatriz Colomina en la que ésta expone que cualquier concepto de ventana “implica una idea de relación entre dentro y fuera, entre espacio privado y espacio público”. (COLOMINA, 1994:134) Entonces una ventana ¿puede reafirmar, o amenazar la división entre lo público y lo privado?, ¿qué limites tiene que romper o crear?, o visto desde el habitante, ¿las ventanas fijan al sujeto, como en el tradicional modelo perspectivo, permitiendo que su mirada distante las atraviese y de ese modo domine un mundo enmarcado en tanto objeto discreto y externo?. ¿O dejan que entre la luz el mundo exterior e interfiera con la visión, interrumpiendo el control que tiene el sujeto sobre su entorno y perturbando la seguridad del interior?. (KEENAN, 1997:127) Será la forma y el sentido del hueco lo que condicionará la sensación perceptiva de lo interior y lo exterior. El arquitecto noruego Thomas Thiis-Evensen, diferenciaba tres situaciones: el hueco vertical, el horizontal y central, que condicionaban de forma diferente las relaciones de dentro a fuera; señala que mientras los huecos central y vertical sugieren un movimiento de dentro hacia fuera, el horizontal sugiere un movimiento lateral en el interior que es independiente de la persona que está fuera. Como se observa, en cualquier caso da prioridad al espacio interior, ya que considera que si la puerta está condicionada por su relación con el exterior, la ventana es el símbolo de lo que hay dentro. (BLANCO, 2014) Keenan señala: “Cuanta más luz, menos visión, y cuanto menos haya en el interior mejor podrá el hombre encontrar confort y protección, y una posición desde la que mirar”. (DEUTSCHE, 2001:350) La luz es la forma en la que las ventanas comunican interior y exterior. Su función, por tanto, va más allá de mirar afuera. El dejar pasar la luz, y permitir la vista dando forma a los objetos, nos informa sobre lo que acontece en el Fig 1.132 Ventana-asiento, edificio de oficinas, Parlamento de Edimburgo, Enric Miralles. Fig 1.133 Morning Sun, Edward Hopper, 1952. Fig 1.134 Finestra arredatta, Gio Ponti. María Del Carmen Martínez Quesada 147 lado opuesto. Pero, ¿en qué dirección está la cara de la ventana?. Las dos direcciones influyen en la relación. Por un lado, permitiendo vernos a nosotros mismos en relación con los demás, abriendo brechas en la seguridad de la esfera privada al ofrecernos información sobre lo privado, que pasa a ser público,y, por tanto, abierto y compartido por todos. Y por otro, algo que es público pasa a ser privado, haciéndonos partícipes de lo que miramos, como en los fotomontajes de Martha Rosler135. Según Le Corbusier,* la ventana nos permite plantear la cuestión: “la arquitectura es unos suelos iluminados” (1999:70). Aquí, a la luz, como elemento caracterizador, se suma el tiempo que permite entender la historia de la arquitectura según las aperturas que en los muros se han generado para el paso de la luz, las ventanas. La ventana antigua, el arco ojival del gótico, los travesaños de piedra renacentistas, el aumento de huecos asociados al incremento de estancias, la ventana vertical y la limitación técnica, las nuevas soluciones constructivas y el hueco longitudinal, los códigos académicos, las nuevas fachadas, las cuestiones económicas, su materialidad y todos los elementos que surgen alrededor de ventana, son conceptos que a lo largo del tiempo han condicionado los medios de composición y la escala de la arquitectura. Son objetos que cumplen una función, ocupan un lugar, determinándolo, y generan unas relaciones entre distintas atmósferas y espacios, de forma consciente. Y eso es arquitectura. El lugar en el que se disponen es de gran importancia pues la luz que acoge cada habitación, la forma en la que la luz actúa en los paramentos y los objetos, y permite verlos, produce sobre el observador unas sensaciones físicas y emocionales que condicionan su vida. Los espacios se llenan de rayos de luz, que corren sobre las superficies, pero también de rincones de sombra, donde los objetos cobran profundidad y densidad bajo el efecto de luces vacilantes, con titilantes reflejos, que hacen que sean reconocidos a través de la exposición de la luz. También en las dificultades de iluminación de un espacio y en la sombra se puede descubrir lo bello de la sombra y los efectos estéticos que ésta aporta. Tanizaki dice “ en realidad, la belleza de una habitación japonesa, es producida únicamente por un juego sobre el grado de opacidad de la sombra, no necesita ningún accesorio” . (TANIZAKI, 1995:45) La sombra así se convierte en un material muy especial que elimina cualquier certeza confiada a la mirada, ya que las formas se desdibujan envueltas en la penumbra de un espacio interior en el que sólo al recorrerlo se descubre su verdadera dimensión. (GARCÍA PÍRIZ, 2012) V.e.1 La ventana como dispositivo La diversidad de posibilidades en el interior de una vivienda depende de la habilidad con la que el proyecto se enfrenta a las contradicciones existentes; así una mala orientación puede convertirse en el apoyo de un punto de vista, la búsqueda de múltiples orientaciones e iluminación de las habitaciones, … Son búsquedas deseables con independencia de la limitación del tamaño de la vivienda y de la orientación inicial que el proyecto debe asumir. * Segunda conferencia “Amigos de las Artes” en Buenos aires, 5 de oct de 1929, “ Las técnicas son la base misma del lirismo ”, en Precisiones , 1999 (1930), pp. 53-87. Fig 1.136 Dibujos Le Corbusier, Précisions , 1930. Fig 1.137 Dibujos Le Corbusier, Précisions , 1930. Fig 1.135 Cleaning the Drapes. Fotomontaje de Martha Rosler. 148 Los espacios de comunidad como material de proyecto en la vivienda contemporánea: El caso de Los corrales de vecinos de Triana I Cuestiones sobre la vivienda contemporánea La buena iluminación de la vivienda pasa por un adecuado tratamiento de la ventana, estudiar cómo aporta o controla la entrada del sol en el interior, y protege de vistas el interior. Al variar la lógica constructiva tradicional, la ventana, como dispositivo relacionado con el sistema constructivo, también está en cuestión. “La ventana se convierte en un espacio particular entre el interior y el exterior, dando un espesor a esta interfaz, creando un lugar específico” . (ELEB, SIMON, 2013:200) Se pueden entender como un dispositivo, a la vez protector y filtrante, que varía según el soleamiento y el nivel de ocultación a conseguir, integrado por una serie de elementos: contraventanas, persianas, persianas y puertas correderas o plegables, en madera, metal o textiles, que dan variaciones, efectos de la movilidad, de continuidad o de oposición de la materia, ligadas a la situación urbana y al uso de la habitación. Aportan al interior un sentimiento de espacialidad, a la vez que renuevan la imagen de la vivienda colectiva. El tratamiento en fachada mediante dobles pieles hace muchas veces variar la forma en la que se percibe el edificio, pero también varían el espacio interior mediante la construcción de dicho dispositivo hacia el interior. V.e.2 La ventana y la identificación del uso del espacio El hueco no tiene necesariamente porqué responder al dictado racionalista según el cual una ventana dice el uso de la habitación. El tamaño podrá variar en función de la construcción de ese espacio interior, de hecho la repetición de huecos idénticos causan la pérdida de identidad. Tal y como afirma Javier Blanco Martín, la ubicación y la configuración del hueco ayudan a reconocer la forma del edificio, tanto interior como exteriormente, mediante la luz y las vistas que reordenan fenomenológicamente el espacio geométrico. (BLANCO, 2014:198) A diferencia de la lógica racionalista, que induce un sistematismo y la repetición, la ventana se piensa a veces como una forma de indicador social. La variación del tamaño de las aberturas y su disposición genera un reconocimiento, y así todo el mundo puede saber donde vive, sin tener que contar las plantas o tener que localizar el color de las cortinas. Tachon (2010) reivindica en París esta postura, “Cada unidad tiene su identidad y es identificable desde la calle: el apartamento con la gran ventana, el que tiene la terraza o el que está en el techo ... No se pierde, …, es una forma de reconocimiento social urbano” . Cuando el acto arquitectónico consiste en respetar el edificio existente, preservando molduras y efectos decorativos o de materia, a menudo el cambio de la carpintería de la ventana se convierte en el único gesto visible posible. V.f. HABITACION “El placer que uno siente viajando por su habitación está libre de la envidia inquieta de los hombres; es independiente de la fortuna. ¿Existe, en efecto, un ser lo bastante desgraciado, lo bastante abandonado para no poseer un cuartucho donde poder retirarse y esconderse de todo el mundo?. He aquí todos los aprestos del viaje”. (MAISTRE, 2007:11-12) Fig 1.138 Ventana. Elemets of Architecture. Bienal de Venecia. Fotografía de Francesco Galli, 2014. María Del Carmen Martínez Quesada 149 Antes, los gruesos muros impedían la variación de la habitación, así como establecer relaciones entre varias de ellas. La vivienda se construía como suma de superficies cerradas, producto de una división no prevista previamente, sin relación más allá que la derivada del contacto de sus paramentos, y en la que circulación era un corredor neutro de paso. Ahora, los actuales sistemas constructivos permiten innovar en cuanto a la habitación como elemento habitable. Por otra parte si consideramos que la casa, dentro de un bloque de viviendas, es la célula que lo constituye, la habitación, por analogía es la célula de la casa. Y como ente independiente puede ser caracterizada de forma autónoma al resto de lugares de la casa, liberada de cuestiones formales, de superficie y espacios vecinos, y sin establecer jerarquías entre las distintas estancias que la componen. Esto permite entender la casa como suma de habitaciones autosuficientes, en las que desarrollar las cada vez más heterogéneas relaciones familiares, (MONTEYS, 2001) es decir, se puede entender la habitación como el elemento organizador de la vivienda, el elemento que, al agregarse adecuadamente, configura la casa. Al reivindicar el papel de la habitación como elemento habitable, se produce una separación respecto al planteamiento que piensa la casa como el resultado de la división en superficies de la vivienda. Hay que tener en cuenta que las nuevas formas de utilizar la vivienda y los servicios que ésta proporciona han roto determinadas relaciones que se establecían. Ya no hay una sola televisión o teléfono en la casa, puede llegar a haber tantos como habitantes tenga ésta, e igual sucede con los hábitos de preparación y consumo de comida, que, como actividades, pueden desarrollarse en cualquier parte, por lo que considerar la habitación como unidad habitable en lugar de la vivienda es algo que enlaza con los nuevos comportamientos en los que el ocio, la manutención y la comunicación se pueden realizar en distintos lugares, y entre ellos también desde la habitación propia. La propuesta de Le Corbusier139 en ese sentido es premonitoria de la situación actual. Entiende la habitación moderna como aquella que parte primeramente del hecho del habitar, para después enlazar unas funciones razonables, y elegir dónde colocarse; y, finalmente, para ejemplificarla dibuja un plano: “El plano de la casa moderna” en el que plantea la habitación de cada uno de los tres habitantes, que propone, como un organismo completo dentro de una estructura previamente marcada, en este caso por los pilares de la estructura. “El señor tendrá su “célula”, la señora también tendrá la suya y la señorita también, Cada una de estas células tiene su suelo y techos soportados por montantes independientes. Cada célula da, por medio de una puerta, a un paso que forma frontera entre las tres habitaciones. Franqueada la puerta, nos hallamos en un organismo completo …Cada uno vive como en un pequeño chalet” . (LE CORBUSIER, 1999:152)* Las habitaciones aparecen flotando en una superficie de una forma discontinua que conduce a los necesarios espacios comunes, que no aparecen dentro del dibujo de la casa aunque sí están señalados. Este dibujo libera la situación de la vivienda de una organización rígida y encorsetada dentro de una estructura previa, para permitir una diversidad de situaciones que se disponen en un nuevo espacio encontrado, el espacio intermedio. En este espacio, que no tiene forma de habitación, es posible imaginar un lugar común, que adopta formas casuales, donde se puede comer, hablar, cocinar, y donde lo único completo son las habitaciones. (MONTEYS, 2014) * Quinta conferencia “Los amigos de las artes”, Le Corbusier en Buenos aires, 11 de octubre de 1929, “ El plano de la casa moderna ”, publicada en Precisiones , 1999 (1930), pp. 145-161. Fig 1.140 Liya Mairon, juguete de cartón My Space, 2010. (Img. superior) Estudio Lecea-Monteys, Casa Cruz, 2007. (Img. inferior) Fig 1.139 Dibujos Le Corbusier, Précisions , 1930. [Document text truncated for crawler view.]