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"Toro muerto, vaca es" : una interpretación de la corrida de toros española

Douglas, Carrie B.

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Revista de Estudios Taurinos N.º 19-20, Sevilla, 2005, págs. 207-254 "TORO MUERTO, VACA ES": . UNA INTERPRETACIÓN DE LA CORRIDA DE TOROS ESPAÑOLA. 1 Carrie B. Douglas2 ¿Qué es en su realidad substancial ese asunto de la corrida de toros? ¿Por qué hay corridas en España en lugar de no haberlas? Ortega y Gasset, 1973: 153 l. Introducción.- Il. La corrida de toros.- III. El honor en Espafia.- III.a. Honor, vergüenza.- lll.b. Honor, precedencia.- IV. El toro y el código de honor.- m istoriadores, filósofos, escritores y sociólogos españoles coinciden en que el lenguaje, la historia, el arte y la forma de la corrida de toros han influido en gran parte de la sociedad española durante muchos siglos (Cossío, 1964; Ortega y Gasset, 1966; Tierno Galván, 1961; Cambria, 1974). Sin embargo, no hay un consenso general entre estos autores sobre lo que representa una corrida de toros. Lo que muchos escritores han ensalzado o lamentado a menudo fueron Ia:s características de la personalidad del torero, que solían ver como una representación del carácter español (Castro, 1973): Senequismo, o estoicismo his- 1 N. del Ed.: Este artículo fue publicado originariamente en The American Ethnologist 1984, 242-258. Ha sido traducido al castellano por Rafael Mazarrasa. 2 N. del Ed.: Universidad de Virginia. 208 Carrie B. Douglas pánico3; pasión; el énfasis en la afirmación de la persona; y la inteligencia inherente a la actuación artística del torero. Son escasos los escritores españoles que hayan considera-· do la relación entre el torero y el toro en sus análisis. Es significativo que dos importantes poetas del siglo XX, Antonio Machado y Federico García Lorca, hayan profundizado en esta relación concluyendo que la corrida de toros es un ritual y un sacrificio casi religioso. Machado lo llama «holocausto a un Dios desconocido» (1967: 1136) y Lorca ve al propio toro como a una divinidad y se refiere a la corrida de toros como «un drama religioso donde, al igual que en la misa, se adora y se sacrifica a un Dios» (1974 [1954): 1077). También ha habido autores no españoles que han escrito sobre la corrida de toros. Desde los años cincuenta, algunos especialistas en psicologíay psicoanálisis de Inglaterra y América han intentado penetrar, siquiera superficialmente, en el significado de la corrida de toros y se han adentrado con rigor en la relación entre torero y toro. Los que siguen un modelo estrictamente freudiano suden afirmar con claridad que la muerte del toro es la «muerte del padre» y que en este espectáculo el ello resulta ampliamente gratificado (Desmonde, 1952: 173-195; Hunt, 1955: 343-353). El énfasis en una lucha justa libra supuestamente al torero de cualquier sentimiento de culpa. Winslow Hunt reconoció las limitaciones de su modelo universalista al preguntarse por qué sólo hay corridas de toros en España y en algunos países de habla hispana, concluyendo que quizás se deba a un rasgo de la personalidad nacional (1955)4. Algunos 3 Seneca, romano de España, es tenido por muchos como el primer filósofo español. 4 Nota del T.: A causa de la distancia con que siempre ven los autores norteamericanos a Europa, Douglas olvida citar a Portugal y Francia donde las fiestas de toros, en el pasado, tuvieron un papel histórico relevante y, en la actualidad, una poderosa presencia. "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 209 antropólogos psicologistas han situado las corridas de toros en un contexto más particular. Jack Conrad lo ha visto como una sublimación del ello, interpretando la muerte del toro como un desplazamiento de la agresión del español individualista contra un «símbolo por excelencia del poder y la autoridad» (1957: 185). (Fig. n.º 85). Fig. n.º 84.- Freud con Ana. Apud postal. John lngham (1964: 95-102) también se expresa en términos freudianos, afirmando que hay una latente tendencia homosexual en los varones latinos debida a la estructura familiar: estrecha relación madre-hijo y una figura paterna débil o ausente. El toreo, según este razonamiento, es una defensa contra la feminidad. El torero y el toro se enzarzan en una pelea homosexual para ver quién penetra a quién. La masculinidad del torero triunfa cuando su espada mata al toro, y el acto de morir hace al 210 Carrie B. Douglas toro femenino. Ingham anota, sin embargo, las características femeninas del toro ya desde el comienzo de la lidia, como la de su virginidad, tanto física como en relación con el capotes. Y el torero porta escondido en su muleta un gran pene, su estoque. Aunque el argumento de Ingham se acerca a mi propia interpretación, y tiene la virtud de ser más específico culturalmente, como todos los modelos psicológicos, no va más allá de las supuestas motivaciones personales de los toreros. La corrida de toros tiene mensajes e implicaciones sociales mucho más amplias que estas motivaciones personales. Cabría esperar de los antropólogos sociales que tratan de comprender a España que tomaran en cuenta la corrida de toros. Aunque son muchas las etnografías que mencionan la existencia · de corridas de toros en la vida de los pueblos, 6 la fiesta nacional apenas ha sido tratada.7 Tal vez sea ésta una disfunción de la etnografía de las poblaciones, que a menudo ignora un espectáculo que en España se llama la fiesta nacional8 y que tiene lugar, con mayor o menor entusiasmo, a lo largo y ancho de toda la Península. s N. del T.: Los toros cuando saltan a la arena del ruedo no han sido nunca toreados de modo que desconocen la capa. 6 Hay un par de artículos recientes de autores españoles sobre encierros de toros en pueblos pero no hay nada sobre conidas de toros oficiales (ver Mira, 1976: 107-130 y Serrán Pagán, 1 :120-135). Algunos estudiosos españoles que trabajaron como folkloristas también han recogido datos sobre encierros de toros en pueblos. 7 Me han dicho que J. Marvin ha escrito una tesis doctoral (1982) para el Un ive rsity College de Swansea (Inglaterra) sobre el toreo en Sevilla. N. del T.: El texto de aquel trabajo que permitió a Marwin defender su ESRC convenientemente corregido, ampliado y actualizado fue publicado por Illinois Press (urbana and Chicago, 1994) con el título de Bullfight. 8 N. de Dr.: A partir de que el Conde de las navas publicase en 1899 su libro "e l espectáculo más nacional" fue poco a poco generalizándose la denominación fiesta nacional para la conida de toros. El nacionalismo español del siglo XX con su fuerte componente autárquico y su aislamiento internacional generalizó, en España, esta denominación para la corrida de toros que hoy día se hace tan insostenible cuan- to las relaciones políticas internacionales han vuelto a la normalidad. Dado que las "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 211 Nunca se puede asegurar si se trata de un fenómeno local o importado. Pitt-Rivers (1981 ), autor de la primera etnografía moderna sobre pueblos de España, es el único antropólogo que aborda este tema, y se refiere a la corrida de toros en términos sacrificiales. En People of the Sierra (1961: 90)9, ve en la corrida de toros una «reivindicación ritual de la masculinidad», que implica la transferencia de virilidad del toro a su matador cuando aquél muere. 10 En efecto, en la mencionada ponencia leída en le coite do taureau de la préhistoire aux corridas espagnoles J.R.CONRAD Fig: n.º 85.-Conrad, J. R. (1978): Le cu lte du taureaux, Paris, Payot. corridas de toros -a las que habría que sumar las fiestas popularesse celebran, además de España, en Portugal, Francia, México, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, etc. Es completamente erróneo llamarla, hoy, 1afiesta nacional. 9 N.del T.:Traducida al castellano en más de una ocasión, la última lo fue por Honorio M. Velasco, catedrático de Antropología de la UNED, con el título Un Pueblo de la Sierra: Grazalema (Madrid, Alianza, 1989). 10 Varios autores sitúan el origen de la corrida de toros en antiguos fitos de fertilidad (ver Álvarez de Miranda 1962; Ginés Serrán Pagán 1977). 212 Carrie B. Do ug la s su seminario de 1981, Pitt-Rivers desarrolla estas ideas haciendo hincapié, al igual que Ingham, en que el toro se hace femeni- . no en el acto de morir (y el torero se hace masculino) 11. La corrida de toros tiene seguramente una variedad de significados, y las interpretaciones que hemos visto se refieren a diferentes aspectos de este símbolo multivocal. Al considerar la relación de hombres, torero con toro, no ya sólo en el ruedo, sino a lo largo de la vida del toro, yo demuestro que el tema propio de la corrida de toros es el honor. Este honor es el que se gana en el ruedo. El código del honor español se basa en una contradicción: honor abarca dos significados, honor y honores, ambos cuales atañen a la definición de la relación entre hombre y mujer en sus roles contrastantes. Concluyo con la ambigua proposición de que el torero es al toro lo que el hombre a la mujer. Arguyo que, ideológicamente al menos, el toro es hembra, un animal estructuralmente equivalente a una mujer. El rol del macho es el de controlar, contener y, por último, matar al toro. Demuestro que la imagen popular de las hembras en España (del Sur) es que, si los hombres no las controlan, resultan extremadamente peligrosas y perturbadoras del orden social debido a su naturaleza sexual. Como mejor se ve el paralelismo entre el toro y la hembra es través del trato con el toro y de la transferencia del lenguaje habitualmente reservado para el toro bravo y la corrida a las mujeres y a las relaciones eróticas entre los sexos. Estoy de acuerdo con Pitt-Rivers cuando dice que la corrida de toros es una reivindicación de la masculinidad, puesto que es el macho el que impone su dominio en el ruedo -o que debiera imponerlo-. Pero 11 N. del T.: El célebre texto "El sacrificio del toro" fue publicado, por primera vez, en Le temps de la reflexión (1983: IV, 282-297) y muy pronto traducido y publicado por la Revista de Occidente (Madrid, mayo de 1984, págs. 27-47). La última edición puede encontrarse en el n.º monográfico Antropología de la Tauromaquia: Obras completa de Julian Pitt-Rivers, de esta misma Revista de Estudios Ta urinos (2002: n.º 14/15, 77-118) Sevilla. "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 213 el deber de la victoria del macho en el ruedo no es ya el de una mera victoria sobre las hembras. La relación entre los sexos es una instancia de la jerarquía social, y el desenlace de la corrida de toros se convierte así más generalmente en una victoria de todas las estructuras jerárquicas formales. La tesis que aquí presentamos es una interpretación que se enmarca en un trabajo previo al de campo, porque la mayor parte de los datos prpceden de las etnografías de otros y de fuentes secundarias. Mi argumentación se basa en el hecho de que la Fig. n.º 86 . La primera manifestación del 'paseillo ': alguaciles, pregonero y los instrumentos de tortura cargados en el burro para atemorizar a los espectadores y no contraviniesen las reglas, 1750, lápiz sobre papel. Apud Witz, E. de (1993): Combats de tauraux en Espagne, Madrid, Centro de Asuntos Taurinos, Lám. 4. forma de la corrida de toros fue establecida a mediados del siglo XVIII en el sur de España y ha sobrevivido esencialmente intacta hasta el presente. Fig. n.º 86. La corrida de toros no .refleja necesariamente la actual estructura social y los valores predominantes en toda España; es más bien el producto de una cultura que desaparece rápidamente (si no está ya ausente) y que se conserva en el lenguaje y en actitudes persistentes. 214 Carrie B. Douglas l. LA CORRIDA DE TOROS En España se torea de diversas maneras. El formato básico, a pesar de sus muchas variaciones, es hombre/hombres contra toro/toros. Hay dos versiones principales: los toros se corren en las calles o los toros se lidian en un ruedo 12 . Ambas formas aparecen aproximadamente al mismo tiempo en la historia documentada (al menos desde el siglo XI), y ambas fqrmas se pueden ver hoy en día en España (Fig. n. º 87). Cuando se corre un toro (o toros, o novillos, o vacas), suel- to entre una multitud de jóvenes que persiguen al animal, o que son perseguidos por él, por la calle principal de un pueblo1 3. Esto suele tener lugar en un pueblo pequeño e integrado y es, sin lugar a dudas, un fenómeno con profundas raíces históricas, en paralelo, de man.era menos oficial, a la lidia en el ruedo (Mirá, 1976: 107-130, Pitt-Rivers, 1961: 78; Ginés Serrán Pagán, 1977: 87- 100). En los festejos más formales, el toro se lidia en el ruedo. Hay lidias no oficiales en un ruedo: las espontáneas en pueblos pequeños, en las que todos sus hombres jóvenes se encuentran en la plaza al mismo tiempo, utilizando sus abrigos y chaquetas como 12 N. del T: Douglas escribe aquí literalmente ru edo, pero esta voz referencia a una arenas de combate de perfil circular que son, relativamente, modernas. Hasta bien entrado el siglo XX las fiestas populares de toros -entre ellas, las capeasse celebraban, en la mayoría de pueblos y aldeas de España, en la plaza mayor cuyas calles de acceso se cerraban para la fiesta con talanqueras a la vez que se tendian gradas de tablas para el público asistente. En la actualidad, sin haberlas contado, me inclino a pensar que se celebran en España más fiestas de toros en plazas urbanas cuadrilongas que en ruedos. Es posible que tras Ja afirmación de Douglas sobre los ruedos haya mas bien una licencia de lenguaje que una proposición rigurosa. 13 N. del T.: Una ciudad como Pamplona (Navarra), un pueblo como Cuéllar (Segovia) o una aldea como Navaluenga del Rosario (Cádiz). "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 215 capotesI4. En otro orden, hay que tomar en consideración, entre las modalidades de lidia, las tientas que tienen lugar en primavera en las grandes fincas donde se crían los toros. La tienta es la prueba de bravura -esto es la observación y el espíritu de lucha desarrollado por el animal frente al caballo-que permite la selección Fig. n.º 87.- Toro de la Virgen (Grazalema, Cádiz), 1986, cliché de Villanueva. Típica fiesta popular que consiste, fundamentalmente, en correr por las calles un toro de lidia sujeto con una maroma. Ver supra Figs. n. "' 31 y 33. de las novillas, siendo subsidiariamente una ocasión para que practiquen toreros y aspirantes a torero (Fig. n.º 88). En las corridas oficiales en plazas, que se rigen por normas de ámbito nacional emanadas del Ministerio del Interior, los 14 N. del T.: Tradicionalmente las fiestas populares de toros tienen lugar en la plaza mayor aunque en algunos pueblos se haya construido una plaza tradicional con su ruedo. Estas placitas, levantadas siempre en la periferia del casco urbano, han influido sobre la estructura espacial de las fiestas tradiconales. 222 Carrie B. Doug la s lidiando el toro a pie, ahora a cambio de dinero. Matar a un toro a pie emocionaba al público. Frenar la acometida del toro y pararlo lo sufiCiente para poder lidiarlo a pie requería necesariamente herirlo desde la ventaja del caballo. De este modo, el rol del caballero, que ahora se llama picador y está a las órdenes del torero, permaneció en el espectáculo. Lidiar y matar al toro a pie se convirtió así en una forma establecida a finales del siglo XVIII que hoy sigue básicamente igual. Los roles de peones y jinetes siguieron cambiando. Es significativo que el picador sea ahora la figura más ridiculizada y denostada del espectáculo (Casteel, 1953: 37). Los caballos que monta no son ya los animales ágiles y bien domados de los aristócratas sino viejos pencos listos para el matadero. El propio picador suele ser un tipo gordo y entrado en años que, a menudo, se excede en su trabajo de alancear el morrillo del toro y es abucheado por la multitud. En general, al picador se le tilda de sinvergüenza. Si fuese un representante de la aristocracia, sería una aristocracia que ahora se concibe sin honor (San Juan de Piedras Albas, 1927: 392) (Fig. n.º 92). Esta inversión de roles acompasó casi un siglo de crisis y cuestionamiento del código del honor y de aquellos que tenían acceso al honor. Esta crisis moral de España se corresponde con su declive desde el pináculo del poder, como núcleo de un imperio mundial (1500-1600) (Wallerstein 1974: 114-145). Estas interrelaciones, aunque no son mera coincidencia, no se tratan aquí, pero cabe esperar que los cambios del concepto de honor se reflejen en la corrida de toros y viceversa. Cuando la corrida de toros fue cambiando de un espectáculo aristocrático montado a un oficio de a pie, sirvió como escalera social de muchos. La profesión de torero ofrece posición social, dinero y honor. El toreo proporcionaba una de las escasas posibilidades de escalar posiciones sociales desde las más humildes a las más elevadas. Es sabido que un número inusual de toreros famo- "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 223 sos han sido gitanos (Pohren 1967: 32). Estos hombres de la clase más baja se convirtieron en los héroes del pueblo. Las corridas de toros son un gran negocio. Grandes extensiones de tierra se dedican a la cría del toro de lidia en varias zonas de España. Detrás de los héroes de la arena están los muchos empleos que genera la corrida de toros: de sastres a curas de plaza; de empresas impresoras a médicos especialistas en heridas por asta de toro; de transportistas a carniceros; de críticos de prensa a equipos de televisión; de agentes a artistas. No Fig. n.º 92.- Baldomero (Fot.): Un toro saca de la silla al picador en la plaza de Segovia, 1932, fragmento. Apud Sánchez Vigil y Durán Blázquez (1999): Antología de la fotografía taurina (1839-1939), Madrid, Espasa, 261. obstante, desnudándolo hasta el hecho esencial, un hombre se enfrenta a un toro en el ruedo. III. EL HONOR EN ESPAÑA Para comprender la relación primaria hombre-toro que constituye la metáfora básica del mensaje de la corrida de toros, 224 Carrie B. Douglas debemos tomar el concepto del honor en España y revisar su definición y las categorías culturales resultantes. Los temas principales que se encuentran en el código del honor se repiten en la vida del toro de lidia y en su relación con el torero. El honor como institución dicta las normas de la conducta social entre los hombres y entre hombres y mujeres. Cuando me refiero al honor en España me refiero sólo a las zonas que hablan castellano, especialmente el sur de España, Andalucfa.23 Castilla ha dominado al resto de la península y ha tendido a imponer sus valores así como su lengua al resto de las reticentes regiones y minorías étnicas al menos desde el siglo XV, si no antes. Por tanto, lo que aquí se presenta es la ideología de la versión oficial de honor, lo cual es apropiado porque estamos tratando de la corrida de toros oficial (y no de sus muy diversas manifestaciones locales). El llamado Código del Honor ha sido acuñado por la sintetización de los analistas más que por la sociedad española. El honor, sin embargo, es una categoría reconocida que recoge el ordenamiento jurídico española. Pitt-Rivers publicó el primero y, durante mucho tiempo, más importante estudio etnográfico sobre el honor en España (1977), y sus decubrimientos fueron luegos corroborados por otros etnógrafos (Lisón-Tolosana, 1966; Aceves, 1971; Caro Baroja, 1966: 81-137; Brandes 1980).24 El código del honor, con sus contradicciones y su crítica implícita del orden social existente, fue el valor en tomo al cual se estructuró el núcleo de la 23 El regionalismo en España, que está bien documentado así como la existencia de bolsas de minorías étnicas algo marginales, deben inhibir cualquier referencia a lo español (Femández, 1983: 165-173). 24 La España moderna se sitúa en un contexto mediterráneo en lo referente al honor. Todos los países del litoral mediterráneo comparten muchos conceptos básicos del honor, como se ve claramente en Honor and Shame de Peristiany (1966) y en otros artículos que abordan el tema (p. e., Schneider 1971 : 1-24; Blok, 1981: 427-440). "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 225 sociedad española durante casi un milenio. Todas las aspiraciones de movilidad social, así como todas las justificaciones del status quo, se asentaban en el vocabulario y conducta del código del honor (Callaban, 1972: 8). Honor es un concepto sutil porque encierra de hecho dos significados diferentes. Pitt-Rivers suele plantear el problema como la dialéctica entre honor = virtud y honor = precedencia. 25 Aunque se puede hablar de virtud y precedencia en el nivel social, el honor, según Pitt-Rivers, empieza con la relación entre hombre y mujer. Un nivel se convierte en una metáfora para el otro. En Metaphors of Masculinity, Stanley Brandes (1980: 6) afirma que en el discurso de Andalucía se repiten constantemente dos temas culturales, ambos aluden al problema de la identidad varonil: (1) su lugar en la jerarquía social, y (2) su relación con las mujeres. Veremos estos dos intereses simultáneamente involucrados en el honor. En el vocabulario del honor, el honor femenino supone la igualdad con el hombre, mientras que el honor masculino significa lo contrario: la realidad de una jerarquía social. García Valdecasas (1948: 156) aborda este sutil problema contrastando honor con su plural, honores: «para alcanzar honores hay que partir de un honor primario e irreductible, el de ser miembro activo y efectivo de la comunidad». Este honor primario (léase: virtud innata, interna, horizontal) se corresponde con el ideal cristiano de la igualdad de todos los hombres. Comprende esta definición que todas las clases tienen honor. 2s En el tratamiento dramático del tema del honor durante el Siglo de Oro teatral español, muchos críticos han visto que la tragedia en esas piezas radica en la dicotomía entre el honor interno y el externo u honor horiwntal y vertical. La diferencia está entre el honor innato (interno, horizontal, honor = virtud en Pitt- Rivers) y el honor otorgado (externo, vertical, honor= precedencia en Pitt-Rivers; Larson 1977: 78; Castro 1961: 106-107). 226 Carrie B. Douglas Uno no puede añadir nada a este honor básico; uno lo tiene o lo pierde, y perderlo equivale a ser excluido de la comunidad. Honores (léase: otorgados, externos, precedencia vertical) contrasta con honor porque pueden ser ganados y sumados, ordenando de este modo a los hombres en jerarquías y distinciones sociales. La España de la que hablamos (1054-1900) distaba de una sociedad basada en la igualdad de todos los hombres. Estaba formalmente estructurada en un sistema de herencia y castas (razas) y basada en desigualdades inherentes entre los hombres cuya medida primordial la marcaban aquellos que tenían honor (la nobleza) y los que no la tenían (e l resto· de la sociedad). Sin embargo, a partir del Renacimiento, los que tenían mayores honores utilizaron lo sagrado para justificar su posición social. Los que estaban arriba decían que ellos eran los más honorables. Aquí entra en juego el concepto romano de élite gobernante . que se intenta defender en términos del ideal cristiano de honor como virtud.26 No obstante, el ascenso social para integrarse en las filas de la nobleza, o para permanecer en ellas, a menudo se hacía, ségún los españoles, de forma muy poco honorable (Caro Baroja, 1966: 104; Dornínguez Ortí z, 1976: 85). Por lo menos desde el siglo XVII no ha habido un consenso público sobre el significado principal de honor y sobre quién (o qué grupos) lo tenía. La definición de honor dependía de la posición social y el interés de cada cual. Algunos autores suponen que el honor puede ganarse mediante obras buenas, mientras que los aristócratas respondían que el honor era cuestión de nacimiento, evocando así el idioma de la pureza para justificar la precedencia. Otros desafiaron las definiciones legales de nobleza clamando que sólo los campesinos estaban verdade- 26 Ver Gilmore (1980: 66) para una descripción de cómo las clases altas de un pueblo en el sur de España en los años 70 justifican su posición como produc- to de una acendrada virtud moral en lugar de cualquier realidad económica. "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 227 ramente libres de sangre judía y mora (un prerrequisito depureza en los siglos XVI y XVII), y por tanto sólo los humildes constituían una clase de gente honrada. La propia palabra honor oculta convenientemente dos nociones muy opuestas (tan opuestas como varón y hembra). El código del honor se podía emplear para justificar el status quo o para cuestionarlo. Las torsiones y tensiones inherentes al código español de honor no sólo propician la buena literatura sino también el buen toreo. La plaza de toros incorpora, codifica y contiene una afirmación comprensiva del honor, tanto masculino como femenino. De momento basta con decir que en la lidia el honor de la igualdad es vencido por el honor de la desigualdad. Desigualdad, o jerarquía, es el víctor. 111.a.- HONOR = VIRTUD =VERGÜENZA El honor tiene una doble implicación en el nivel social que se proyecta sobre los sexos: las mujeres acostumbran a representar el honor primario y esencial llamado vergüenza (habitualmente traducido al inglés -por shame ), y se asume implícitamente que el honor de cada mujer es igual (horizontal). Si una mujer tiene vergüenza ésta no se mide contra la de otra mujer. La vergüenza es intrínseca en la mujer; si se pierde, se va para siempre, marcando así a la mujer y a todos los varones de su familia (Brandes, 1980: 88). La vergüenza depende casi exclusivamente de la pureza de la mujer, a veces llamada virtud (ibidem). Pureza significa virginidad, o intercurso sexual sólo con el esposo legítimo. Cualquier evidencia de haber tenido intercurso sexual antes del matrimonio hace de la mujer una sinvergüenza (shameless one) lo que la convierte en virtualmente incasable. La virginidad es pues la posesión más preciada y vulnerable de una mujer, y la característica más pregonada de uno de los ídolos nacionales de mayor veneración, María, madre de Cristo. 228 Carr ie B. Douglas Los hombres participan del honor femenino a través de las mujeres de su parentela, especialmente sus madres y herma - nas pero también sus esposas e hijas. Las mujeres representan tanto la dignidad interna de los hombres como una subyacente y esencial igualdad entre hombres (García Valdecasas, 1948: 183). En el ámbito social, un sinvergüenza es una persona (varón) que no merece ser miembro de la comunidad. Los proscritos gitanos son tachados habitualmente de sinvergüenzas (Pitt-Rivers, 1977: 186). El sentimiento antinobleza puede emplear 'el mismo idioma, como en la obra Don Juan de Tirso de Molina (1969 { 1690}: 132), La desvergüenza en España se ha hecho caballería. En un sentido muy real, el honor varonil depende de la contención y el control de la pureza de las hembras. Sin embargo, forma parte de la naturaleza de las mujeres el ser vulnerables porque por encima de todo son seres sexuales. Las mujeres son · apasionadas: son el epítome de la pasión con sus deseos sexuales supuestamente incontrolados.27 Las mujeres, de este modo, son consideradas socialmente peligrosas y destructivas. La verdadera esencia de la mujer es seducir y ser seductora, característica esencial evocada en la obra El Burlador de Sevilla: cuando Octavio descubre que su prometida ha sido seducida por otro hombre y razona «que la mujer más constante es, en efecto, mujer» (Tirso de Molina, 1969: 72). Los hombres de Monteros, un pueblo del sur de España, suelen decir: <ffodas las mujeres son putas. Todas» (Brandes, 1980: 88). En contraste, a los hom - bres, se les considera socialmente constructivos. Lo demuestran controlándose a sí mismos y/o a sus mujeres. Las mujeres no pueden tenerse por responsables de su honor de modo que la definición y el rol de los hombres es guardar y preservar el honor 27 Este concepto de las mujeres parece ser básicamente una noc ión masculina. No está claro que las mujeres compartan este punto de vista. "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 229 femenino. En un pueblecito de Castilla, anota Aceves que «la mayor provocación del honor de un hombre es insinuar que es un cornudo» (1971: 63). En el triángulo adúltero de dos varones y una hembra, el hombre engañado lleva los insultantes cuernos de la irrisión, que significan que es menos que un hombre (Brandes, 1980: 91). Las mujeres independientes, o desprotegidas, se tienen por impuras y profanables. De este modo, las viudas y las brujas, así corno las mujeres extranjeras, siempre son sospechosas de tener dos o tres líos amorosos (Pitt-Rivers, 1977: 82).28 Si la mujer incontenida/incontrolada representa violencia y caos, la mujer contenida representa una subordinación natural. El matrimonio -o la contención de las mujeres-se concibe como la relación correcta entre hombres y mujeres (las mujeres solteras se quedan en casa o ingresan en conventos). Esta relación de subordinada a sus superiores se expresa apropiadamente en el matrimonio como una metáfora de mayor divulgación social. La necesidad de contención de las hembras se puede ver en las concepciones de espacio social en España. El espacio de la hembra se corresponde con la casa (Lisón-Tolosana, 1966; Gilrnore, 28 En un número reciente de Triunfo, una revista española, hay una breve crítica de una película española, La Sabina. Es interesante anotar tanto el argumento del filme como los comentarios del cronista español respecto a la naturaleza de las mujeres. La película tiene lugar en un pequeño pueblo del sur de España cuando algunos artistas que viven allí entran en contacto con la sabina, una hembra monstruosa «que devora a los hombres tras haberlos agotado sexualmente». El comentarista español sigue diciendo: «En España, en la Italia meridional, en las islas mediterráneas, en Grecia, existe un folklore lleno de cuevas que habitan monstruos y brujas. Viendo La Sabina es inevitable pensar e·n Cefalú, de L. Durrell, cuando un grupo de turistas nórdicos queda atrapado. en un laberinto de la isla de Cefalu, donde mora el Minotauro, el terrible monstruo que devora a seres humanos» (Triunfo, n. º 879, 1979: 5). Es el propio comentarista el que ve una equivalencia entre mujeres salvajes, bestias peligrosas y el minotauro (mitad hombre, mitad toro). 230 Carrie B. Doug las 1980: 167, 169, 178). Los hombres no quieren saber nada de la casa; no es su terreno. El espacio del varón es la arena pública, y su único interés en el hogar es para guardar dentro de su parentela a las hembras. Una definición adecuada del ideal y, sin embargo, de la dificultad de contener a las mujeres es la del refrán, mujer honrada, en casa y con la pierna quebrada. Sólo cuando son capaces de contener así (hablando en sentido figurado) a las mujere, pueden los maridos sentirse seguros. En el siglo XV la pureza de las mujeres se expandió a una preocupación nacional por la pureza racial, que duró hasta finales del siglo XIX. Las familias tenían que poder demostrar la ausencia de todo rastro de sangre judía o mora en su denominado linaje cristiano, especialmente en las clases altas y entre aquellos que aspiraban a honores y títulos 29 . Aunque los títulos se transmitían sólo patrilinealmente, la sangre infiel en ambos lados (ha sta dos generaciones atrás) podía marcar a un hombre e impedirle el acceso a la nobleza (Caro Baroja, 1966: 102). De este modo se intro - duce en la cultura una preocupación predominante por la pureza de sangre y por el concepto de casta (Pitt-Rivers, 1971: 231-256). Casta, es también un término laudatorio en español que significa alta crianza, linaje y, en general auténticamente castellano. Es una palabra que se aplica al pueblo español, a las mujeres (Alfonso, 1969: 59) y, como veremos, a los toros. Ill.b.- HONOR= PRECEDENCIA; HONORES En contraste con las hembras, los varones pueden ganar· honor (otorgado, vertical), los honores que ordenan a los hombres en jerarquías sociales, comparados con el honor esencial de igualdad. El honor de los varones se define en su dimensión social; es 29 N. del T.: E, incluso, a puestos en el ejército y la adminsitración del Estado. "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 231 una forma de socialización (Larson, 1977: 5). Así, el honor del varón sólo puede ser recibido de otros, como una medida de deferencia: «ningún hombre puede concederse honor a sí mismo y ningún hombre puede exigir honor a los de su entorno si éstos no quieren dárselo», (ibídem). Para obtener honor hay que ser reconocido por los demás y este hecho es el que conduce a la necesidad de demostrar· una y otra vez el honor propio en la esfera pública.30 Pitt-Rivers destaca esta posibilidad de ganar honor, «honor= precedencia» (1977). No hay intercambio simétrico de honor: en este juego los ganadores crean a los perdedores. Se puede decir que la competición por el honor tiene lugar en el nivel personal (entre individuos) y en el nivel social (entre grupos y clases), puesto que en el nivel social el honor se materializa bajo forma de títulos. En esta batalla, ya sea entre individuos, entre grupos o entre clases, las mujeres suelen ser el idioma, los hombres compiten entre sí a través de las mujeres. A un hombre se le insulta poniendo en duda la pureza de su madre: «¡Tu madre! ¡Hijo de puta!» El famoso personaje de ficción don Juan ganó honor = precedencia, mancillando el honor(= hijas) de otros hombres. Lope de Vega, que quizá sea el autor más popular del siglo XVII, suele describir el antagonismo entre las clases en términos de adulterio. En El Mejor Alcalde, el Rey, Lope de Vega convierte la historia de un noble gallego que saquea unas tierras en la violación de una mujer, Elvira, que estaba prometida al villano 30 Por ejemplo, permitir que alguien pague tu trago en un bar implica dependencia de esa persona y reconocimiento de su superioridad (e.e., honor). Pitt-Rivers cita un caso en el que un caballero del siglo XVIII que se niega a aceptar que otro caballero le invite, termina por ensartarle con su espada para dar por sentada esta competición sobre el honor= precedencia (1977: 35). En España se producen a diario pugnas simuladas en los bares para ver quién tiene el honor de pagar. Desde mi experiencia, el honor es rotado a diario para evitar cualquier jerarquía institucionalizada entre amigos. 238 Carrie B. Douglas 1974: 143, 149). Un torero gana precedencia respecto a los demás toreros sobre la base de la relación con su toro. ¿Qué tal para, templa y manda a un toro? De forma similar el honor de un hombre depende en última instancia de hasta qué punto puede controlar y contener a sus mujeres. Sólo en este sentido puede verse la lidia de un toro como una competición indirecta con otro hombre. El controlador de mujeres más célebre tal vez fuera don Juan, protagonista de la obra El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra, escrita por el monje andaluz Tirso de Malina a principios del siglo XVII (reescrita por Zorrilla en 1844). Don Juan es definitivamente un héroe popular (Pratt, 1960: 325); tanto es así que tradicionalmente se representa la obra en toda España el 1 de noviembre (Día de Todos los Santos). El carácter de don Juan se vincula y se compara reiteradamente al del torero (Pratt, 1960: 325; Ingham, 1964: 64; Tierno Galván, 1961: 62-63; Fernández Suárez, 1961: 305). Fernández Suárez escribe que «Don Juan al igual que el torero son españoles de los pies a la cabeza por sus orígenes y por sus motivaciones más profundas» (1961: 305). En su comparación de Don Juan con el torero, Fernández Suárez subraya las fijaciones varoniles españolas que supuestamente manifiestan ambos caracteres: «el español acepta la muerte y se enfrenta a ella con calma y serenidad»; «el español trata de mantener una fachada»; «la necesidad de afirmación de la persona del español (hacer lo que le da la real gana)»; «mantener el honor delante de la gente; y por último el español necesita poner a prueba su valor constantemente» (1961: 305-309). También hay una transferencia de contexto desde don Juan al torero: es normal que, el público espere del torero que sea un don Juan en su vida amorosa fuera del ruedo. También está claro, si se miran las revistas de famosos en España, que el público acepta los líos amorosos y hasta los niños nacidos fuera del vín- "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 239 culo matrimonial de sus toreros. Durante los años 70 abundaron las imágenes del torero El Cordobés con su amante y sus dos hijos bastardos. Aunque a menudo se comparan y confunden los dos grandes caracteres de España, don Juan y el torero, se ignoran las similitudes en la relación con sus víctimas. Para el fin que persigo aquí basta con recordar que don Juan (en su papel de novio comprometido) burla a las mujeres; el torero burla al toro (originalmente, como un novio antes de la boda). Que yo sepa, sólo hay un comentarista de toros bravos que haya visto el evento de la corrida de toros en su esencia fundamental y principal, como confrontación entre varón y hembra. En su libro Desde el Espectáculo a la Trivialización (1961), el sociólogo español Tierno Galván dedica unas páginas al comentario de la corrida de toros. Dice que el español, consciente o inconscientemente, «Ve el trato erótico con la mujer en estrecha relación con la actitud del torero frente al toro~ En la relación erótica la mujer es vista como una entidad rebelde (brava) que debe ser dominada por los mismos métodos y técnicas que se emplean en el ruedo» (1961 : 60-61). Según Tierno Galván, el español ve así la conquista y el logro de una mujer, como la misma cosa que la conquista y derrota de un toro bravo. Tierno Galván llega a esta conclusión a través de la observación de la lengua española. Primero encuentra una transferencia de los atributos del toro a las mujeres. Segundo, encuentra que el vocabulario taurino había sido transpuesto a las relaciones entre hombres y mujeres, especialmente las relaciones eróticas (ver Tabla 1). Es interesante resaltar que las palabras taurinas usadas para los hombres son nombres concretos, que se refieren a una parte por una parte; en contraste, las palabras taurinas que se aplican a mujeres son más conceptuales (e.e., adjetivos), el todo refiriéndose al todo. 240 Carrie B. Douglas Tabla l. Vocabulario taurino empleado en un contexto sexual Mujeres de trapío, bandera, engallada, hermoso toro, hermosa mujer de mucha romana bravo, brava toro salvaje, mujer salvaje acampanar toro con la cabeza levantada, mujer desafiante los tiene bien puestos cuernos (bien puestos), pechos de mujer (bien puestos) Hombres estoque espada, pene puya punta de rejón, pene vara lanza, pene trastear pasar a un toro, manejar a una mujer castigar alancear a un toro desde un caballo ligar con una mujer De las mujeres de arrogante figuras, hermosas y con buenos andares se suele decir una mujer de trapío o mujer bandera. Según el diccionario de la Real Academia trapío significa «buena planta y gallardía del toro de lidia». A los toros de excepcional calidad se les dice de bandera (Tierno Galván, 1961: 60- 61). En la lista de expresiones taurinas de Cossío , aprendemos que a la mujer vistosa y ostentosa se le dice engallada, que es el toro sin miedo con la cabeza hacia arriba. (1969: 60-61). Y a una "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 241 mujer voluminosa se le dice de mucha romana, los mismos adjetivos que se emplean para describir a un toro fuerte. A una mujer rebelde y de difícil manejo por un hombre se le dice brava (D. Juan Manuel, 1981: 4). Un toro bravo es el toro salvaje que se emplea en la lidia. Cuando una mujer ofrece resistencia y oposición a las demandas explícitas e implícitas de un hombre, se dice que se encampanó, que según el diccionario de la Real Academia equivale al toro «que levanta la cabeza, ofreciendo resistencia» (Tierno Galván, 1961: 61). Cuando la mujer tiene pechos atractivos, se dice que los tiene bien puestos, que es un dicho entre los aficionados taurinos para ensalzar a un par de cuernos que apuntan correctamente hacia delante (ibidem). Las palabras estoque, puya y vara, todas ellas referidos a espadas y lanzas, pueden usarse para referirse al pene, como muestra Cela (1971: 373, 534, 578) en varios ejemplos literarios. El verbo castigar también se trasplanta de su especial significado en la lidia a las relaciones amorosas. En la corrida de toros, castigar es lo que hace el picador desde el caballo cuando le clava al toro su larga lanza. En la relación amorosa, castigar es lo que hace un hombre cuando enamora a una mujer por razones puramente egoístas y frívolas, por pura jactancia (Diccionario de la Lengua Española, 1970: 275). Trastear es otro verbo que se emplea esencialmente tanto en el vocabulario taurino como en el de la relación varón/hembra. Trastear es lo que hace el torero cuando obliga al toro a hacer exactamente lo que quiere en los últimos pases, cada cual más contenido que el anterior, antes de matarlo. En la relación sexual trastear se refiere a la habilidad de un hombre para manejar a una mujer (Diccionario de la Lengua Española, 1925: 1193). En la literatura española hay abundantes muestras de conversaciones donde se equiparan las mujeres y los. toros. José Alfonso cuenta por ejemplo, que cuando dos mujeres discutían sobre cuál de ellas iba a bailar con Manolo, un torero famoso. 242 Carrie B. Doug las Riendo, Manolo les dice, Vais a ser unos miuras para mi (recor - dar que miuras es la ganadería con los toros de reputación más temible (1969: 96). Otro torero, al ser preguntado sobre su ganadería preferida, respondió: «¡La que diera unos ejemplares tan hermosos como la paya que tenemos delante!» refiriéndose a una mujer atractiva y voluptuosa que estaba allí (Alfonso, 1969: 41). Cela cita una conversación de una novela de Alvaro Retano en la que hablan dos prostitutas: «¡Ay! chica ... cuando veo a un muchacho de veinte años en el ruedo ... meterle la espada a un toro hasta el puño pienso ... quién fuese un toro». Las mujeres en general són tenidas por criaturas peligrosas, pero para los toreros son especialmente peligrosas porque disminuyen la fortaleza interior del torero, debilitándole. «Entre los toreros, las mujeres han causado más desgracias que los cuernos de la bestia» (Armiñan, 1953: 141). El acto final de la corrida de toros recalca los roles sexuales de los dos protagonistas en eÍ ruedo. Tierno Galván señala que la suerte de varas (cuando se pica al toro desde el caballo) evoca numerosas imágenes eróticas, pero que la parte de la corrida con imágenes eróticas casi universalmente reconocidas son los últimos pases de cierre, a cual más contenido que el anterior, y la muerte final (1961: 61). El torero suele citar al toro para que embista con movimientos sexuales, incitando al animal mediante golpes pélvicos, con sus genitales moldeados en la taleguilla, esto es, el calzón que se sujeta mediante tirantes. El torero tiene que dejar que el toro pase lo más arrimado a él que sea posible y tiene que mantenerse firme en su sitio e inclinar el torso más y más hacia el toro hasta el punto de dejar que los cuernos le desgarren la ropa. El trance del encuentro físico durante el pase nos lleva a la culminación del espectáculo. El crítico taurino José Alfonso (1969) cita de Montherland, una especie de Hemingway francés, en su novela sobre el toreo, Les Bestiaires, por su insuperada narración de los últimos pases. Montherland parangonaba consistentemente al toro "Toro muerto, vaca es" : una interpretación de la corrida de toros española 243 con las hembras y describía el último tercio de la lidia: «Empezó trayéndose al toro más cerca, como si fuese una mujer. Y ese acuerdo entre el hombre y la bestia, cuando el hombre se inserta entre los movimientos del animal, cada cual llenando el espacio del otro, era la fabulosa pareja que ejecuta una danza nupcial» · (Montherland citado por Alfonso 1969: 37). Hay un dicho popular en España, que se lee en azulejos y en jarras de cerámica: «Para torear y para casarse hay que arrimarse» (Fig. n.º 94). Fig. n.º 94.- Montherland: Torero desnudo, dibujo. Apud Martínez- Novillo, A. (1988): El Pintor y la Tauromaquia, Madrid, Tumer. Para matar, el torero lleva la espada de hoja larga en su mano derecha y con la mano izquierda sostiene la muleta que atrae al toro, con la cabeza agachada, hacia él. Amaga y le entra al toro, metiendo la hoja entre los cuernos y entre las paletillas del animal. Los cuernos del toro son en verdad mortíferos, aún garantes postrimeros del honor. Es un hecho social bien sabido que cruzar por encima y entre los cuernos del toro es la única forma de matar bien a un toro en este espectáculo. Hacerlo así demuestra el valor real 244 Carrie B. Douglas de un hombre, y hoy en día se hacen muchas referencias a esto en el lenguaje diario: entre los cuernos del toro es estar en gran peligro. Si el acto de matar es metáfora del acto sexual, hay pocas dudas sobre el simbolismo de los cuemos.36 En España se televisan regularmente las corridas de toros, y se muestra el momento de entrar a matar repitiendo una y otra vez la secuencia: la hoja del torero entra y sale, entra y sale, entra y sale, para que lo vea todo el mundo; una especie de copulación televisada. Montherland (1926: 268) describió explícitamente los espasmos de muerte del toro como el placer sexual del orgasmo, una ecuación común en otros contextos sociales (Fig. n.º 95). El final inexorable del toro en una plaza es la muerte. Aunque su lucha haya sido heroica y pura, nunca sale vivo del ruedo. El toro puede lograr herir o -rara vezmatar a su agresor, pero existe una forma de imperativo social que exige enmendar esta ruptura de la jerarquía natural y necesaria, y entonces saldrá otro torero que se encarga de acabar con el toro. La muerte es implícita cada vez que un toro entra en un ruedo oficial. No se puede dedicar a la crianza porque ahora se ha hecho demasiado 36 La significación de los cuernos es uno más de los asuntos no resueltos en la etnología mediterránea. Está claro que el gesto de poner la mano a modo de unos cuernos detrás de la cabeza de un hombre implica que éste ha sido engañado y alude a los cuernos del macho cabrío (cabrón). Probablemente, todos Jos cuernos son glosados en este significado. Pitt-Rivers (1966: 46) arguye que los cuernos son símbolo fálico y signo del Diablo. Brandes (1980: 87-91) refuta esa idea diciendo que la cabra y, por consiguiente, los cuernos de cabra, son un símbolo femenino. De manera que, según la interpretación de Brandes, tener cuernos es una feminización del macho (y de ahí su horror). Durante 5.000 años de la historia del Mediterráneo, los cuernos se han usado como equivalentes de los pechos de la hembra. En España he podido reunir muchos ejemplos de manifestación de esta referencia, o vinculación, entre las ubres femeninas y los cuernos del toro. Stanley Whalens me ha contado que en la simbología psicológica de la corrida de toros, cuando el torero entra a matar al toro sus cuernos serían una representación de la vagina dentada. "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 245 peligroso. El toro ya no es virgen a la capa y no podrá ya nunca manejarse bien. CONCLUSIÓN Para comprender la corrida de toros y su poderosa penetración en partes de la vida española, creo que hay que mirar a la vida del toro y centrarse en la relación entre el torero (o los hom - bres en general) y el toro, la cual parangona claramente Ja que -- ~- ·- - #" ,. . ~ Fig. n.º 95.- Barberá Masip (Fot.): 'El Tigre de Ruzafa encunándose en la suerte de matar; 1927. Apud Sánchez Vigil y Durán Blázquez (1999): Antología de la fotografía taurina (1839-1939), Madrid, Espasa, 252. existe entre hombres y mujeres. El toro no es hembra.37 Más bie n, en la relación con el torero tiene la misma posición estructural que la de la mujer en la relación entre los sexos del Código del Honor. Esta analogía, sin embargo, no es manifiesta. El sexo del toro enmascara eficazmente la homología subyacente y de 37 De hecho, en otros contextos, el toro por si solo es supremamente masculino. 246 Carrie B. Doug las este modo mantiene vivo el poderoso atractivo del espectáculo de la corrida de toros. Lévi-Strauss (1966) penetra hábilmente esta superficialidad, mostrando que es posible relacionar a los diferentes sexos de una misma especie (hombre y mujer) con las relaciones del mismo sexo pero distinta especie (torero y toro). La corrida de toros no es una mera representación de la relación apropiada entre los sexos, sino que se extiende a todos los significados sociales (y a las ambigüedades) del honor. Si la corrida de toros es una metáfora de las relaciones sociales en España, su mensaje es que preferencia es más poderosa que virtud. Esto es lo que hace que la corrida de toros abarque tanto. En la analogía entre los sexos y la corrida de toros, toro = hembra = virtud = igualdad, y torero = varón = precedencia = jerarquía; la estructura social se basa realmente en jerarquía, no en igualdad (que es sacrificada), pero el honor contiene a ambas. La corrida de toros no sólo opera en el nivel individual, sino que también sirve para legitimar o criticar a una sociedad de divisiones jerárquicas. El honor, lo que está en juego en el ruedo, es un valor aceptado por todas las clases. El honor, para los hombres, tiene el ambiguo, doble significado tanto de igualdad como de jerarquía, mientras que en las relaciones entre los sexos, el honor establece una desigualdad natural. Se puede decir que mientras no todos los hombres españoles aceptaban la jerarquía social, aceptaban sin vacilación la jerarquía sexual. Las clases altas sin duda disfrutaban de la corrida de toros como una metáfora velada de la relación entre los sexos y usaban la relación entre los sexos como metáfora de la relación entre las clases; su definición de honor(= preferencia) reúne todo esto en un hatillo. Tynan (1955: 41) lo pone así: «Para todo el que cree en la jerar - quía, la corrida de toros no requiere explicación. El inferior tiene que ser gobernado por el superior». En contraste, desde el siglo XVII las clases inferiores han rechazado la jerarquía social, ideológicamente al menos, sin dejar de aceptar la jerarquía sexual. "Toro muerto, vaca es": una interpretación de la corrida de toros española 247 Aunque la relación entre hombre y mujer parangona a la de torero y toro, es ahora el virtuoso mozo humilde o incluso el gitano el que gana honor en la plaza. Este doble significado de honor es la clave de la corrida de toros. La relación varón/hembra, aunque básica, es una proyección de la relación del individuo con la sociedad, en la que el honor es el idioma más comprensivo. La mejor forma de resumir una corrida es diciendo que es un movimiento de honor a honores. La corrida de toros oficial se denomina en España fiesta naciona[.38 La medida del apoyo popular con que cuenta varía entre las regiones, pero la corrida de toros tiene lugar en todo el país, al menos en las principales ciudades y en muchos pueblos pequeños durante sus.fiestas anuales (Fernández Figueroa, 1964: 199). Las expresiones relacionadas con la corrida de toros abundan literalmente en la lengua castellana (Cossío, 1964). La imaginería torera se usa constantemente en todas las facetas de la vida nacional, desde el arte y la literatura a la política. Los periódicos y revistas de mayor difusión dedican todavía al espectáculo una o dos páginas de crónicas y críticas taurinas cada semana en primavera y verano. Eugenio Noel, un fanático detractor de la corrida de toros, lo ha dicho: «es el único vínculo de unión entre las regiones y es capaz de transformar a un andaluz en vasco, a un español de Extremadura en uno de Cataluña, a un catalán en andaluz» (en Fernández Figueroa, 1964: 170). Como juego aristocrático fue impuesto (o dado) por el meollo de la sociedad castellana (los nobles) al resto de las clases. Como espectáculo plebeyo aún sirve, sin saberlo, para .promover jerarquía y así ser un eficaz símbolo nacional donde una región (y clase) domina al resto.39 38 Ver supra nota 8. 39 Aunque Madrid no produce muchos toreros nativos, un torero tiene que torear en la Plaza de las Ventas de Madrid, y torear bien, si quiere ganar fama y reputación.