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El día de la bestia: Publicidad y mass media

Huici, Adrián

Full text

“El día de la bes ia”: Publicidad y mass media ADRIÁN HUICI MODENES Me gus a ía comenza és e comen a io ecupe ando una de las escenas de la película que oy a comen a , po que me a e o a p onos ica que a a pe manece en la memo ia de odos aquellos que gus an del cine español, en pa icula , pe o ambién en la de los ciné ilos sin más, y que den o de algunos años cons i ui á odo un clásico en su géne o. Reco demos la escena. Es nochebuena y la ciudad p esen a un aspec o dan esco: calles incendiadas po millones de bombillas, mul i udes que se a opellan an e los escapa a es y las pue as de los g andes almacenes, illancicos a odo olumen, los in al ables Reyes Magos, con sus ba bas a i iciales, alen ando la ilusión de los más inocen es mien as, como sonido de ondo, una oz meli lua des uye el mi o inci ando a esos mismos niños a e “en la quin a plan a, odos los jugue es que has pedido a los Reyes”, mendigos y bo achos i ados en cualquie incón, cub iendo con ca ones su mise ia, un ío de coches buscando un inú il hueco pa a apa ca , epa ido es de publicidad calleje a en la boca del me o que, cada es minu os, omi a mul i udes de o aces consumido es que llegan al cen o pa a hace las úl imas comp as. En lo al o, con a un cielo oscu o y amenazan e, casi ominoso, se eco an los edi icios iluminados po ca eles publici a ios que cub en sus achadas. Uno de ellos, en la esquina de una emblemá ica a enida eluce, apizado de neón con aquella palab a que an o nos cos ó p onuncia y que se quedó en un ap oxima i o “Shueps”. La mul i ud se agolpa al pie del edi icio y mi a hacia a iba: po los ubos pa padean es de luces e des, ojas y ama illas se deslizan es pe sonajes: dos de ellos, un cu a asco y un adi ino i aliano, luchan po no p ecipi a se al acío, el e ce o un hea y go do y zapa as oso íe a ca cajadas. Si nos quedásemos únicamen e con es os planos, ue a del con ex o gene al de la película, c eo que se ía líci o el p egun a nos si es o que hemos is o no se á, po ejemplo, una nue a isión de Los Ángeles al como nos la mos ó Ridley Scou en su genial “Blade Runne ”. Pe o la espues a es muy dis in a (o, al ez, no an o): es amos en Mad id du an e la Na idad del 95, se a a de Alex de la Iglesia y de su úl ima película: El día de la bes ia. En es e mismo sen ido se p onuncia Fe nando Sa a e , que esc ibió un pequeño p ólogo a la edición del guión 1 de la película, donde leemos: …Pe o quizá lo mejo de odo sea la isión alucina o ia que se nos o ece de la ciudad misma, subyugada po los as os sinies os de la ominosa Na idad. Po p ime a ez que yo sepa Mad id, el bos ezan e y za zuele o Mad id de Ál a ez del Manzano (que no se á el an ic is o pe o pa ece el an ialcalde), se inco po a con ulgo y mis e io a la an asía gó ica del cinema óg a o, jun o a las nieblas des ipado as de Lond es, al Pa ís an asmal con ondo melódico de Gounod y a ese de Nue a Yo k po cuyo pe il esca pado epa un go ila gigan e” (LDB, 6). En e ec o, DB es una película que no debe ía deja nos indi e en es, como ampoco debe íamos lle a nos a engaño su sub í ulo: “comedia de acción sa ánica”: aunque nos haga eí , es mucho más que eso. Po que apelando al mejo espe pen o de Almodó a , pe o con la p o undidad e lexi a, el simbolismo y la c í ica social que le al an al manchego, Alex de la iglesia nos coloca en e a en e con algunas de nues as peo es lac as, aquellas que han hecho de es e mundo un e dade o in ie no: acismo, consumismo sal aje, desigualdades sociales, iolencia u bana, insolida idad, hipoc esía… Además, y lo i emos iendo a lo la go de es e comen a io, el ilm es á eple o de e e encias in e ex uales que aluden an o al mundo del cine como al discu so de la cul u a en gene al, poniendo de mani ies o la sólida o mación in elec ual de su di ec o . Aho a bien, ¿qué iene que e odo es o con los medios masi os de comunicación y, pa icula men e, con la publicidad? Mucho y poco, según se mi e. Con g an i onía, el di ec o nos cuen a la his o ia de un cu a que, a ue za de lee cabalís icamen e el Apocalipsis de San Juan ha “descubie o” que el An ic is o nace á en algún luga de Mad id, la nochebuena del 95. Pa a desenmasca a y ma a a la bes ia, decide hace se pasa po uno de los suyos po lo que su a esía po Mad id in en ando hace el máximo de mal posible, además de p o oca nume osas si uaciones hila an es, es un e dade o descenso a los in ie nos. Aquí, na u almen e, ya nos encon amos con e e encias a o os ex os, cinema og á icos y li e a ios, po que, ob iamen e, una película que habla de la lucha de unos homb es con a el An ic is o emi e a “La p o ecía” y a sus secuelas, a “La semilla del diablo” y, más lejanamen e, a “El exo cis a”. En cuan o a la li e a u a, posiblemen e allí se encuen e el ge men o iginal de la película, conc e amen e en los alucina o ios ela os de Lo ec a , Los mi os de C huluh. Po o a pa e, ambién es de o igen li e a io, y eológico, una de las ci cuns ancias que mayo comicidad y isa p oducen al comienzo de la película: se a a de la isión del cu a quien, con oda la inocencia del que ha lle ado una ida e i ada de los aje eos del mundo, in en a hace el mal pa a “se uno de ellos” y así descub i al An ic is o y ma a lo. Como se eco da á, lo p ime o que hace al llega a Mad id es oba le las limosnas a un ciego, luego, en luga de da la ex emaunción a un mo ibundo, le qui a la ca e a y le dice al oído: “Púd e e en el in ie no”, después a oja a un mimo po el hueco del me o y, inalmen e oba una male a. Pues bien, hay una an igua adición que dice que Judas no es el aido desp eciable que odos c eemos sino el mayo de los má i es, pues o que el ac o po el que ecibe las ein a monedas o maba pa e del plan di ino. La sal ación del mundo depende de la c uci ixión y pa a que C is o mue a en la c uz y su sang e nos edima, es p eciso que alguien haga el sac i icio de aiciona lo y de ca ga pa a siemp e con ese es igma. Es a idea esuena en los a gumen os que esg ime el cu a pa a con ence a José Ma ía de que lo ayude: - …Es a noche nace el An ic is o, pe o no sé donde. Po eso necesi o in oca al demonio. - ¡Qué ue e! - Aho a soy un pecado . He aicionado a C is o como Judas, pa a que la sal ación sea posible –Ob iamen e, José Ma i no se en e a muy bien de lo que le es á diciendo, y con es a con una de las ases de la película: - Yo ambién soy pecado de la hos ia. (LBD, 25). Como decíamos an es, la a esía po Mad id es una e dade a ka ábasis, una bajada a los in ie nos. P ecisamen e, ese iaje a las p o undidades es a á “ma cado” po la publicidad, el ma ke ing, los escapa a es iluminados, la inci ación al consumo, la omnip esencia de la TV y la iolencia: eco demos que apenas llegado a la es ación de au obuses, en Pue a de Eu opa, jus o en e a las o es KIO, una de las p ime as cosas que e á el cu a es una ope ación policial en la que se egis a y de iene, de mane a nada sua e, a un g upo de ma oquíes. En su deli io in e p e a i o, el cu a busca señales que lo lle en al demonio, y las encuen a en los mass media y en la publicidad. Así, la p ime a “señal” le llega a a és de un ele iso : un “eso é ico” i aliano que p omociona un p og ama de ocul ismo, “La zona oscu a”, emi ido en una cadena de capi al igualmen e i aliano y que casi no disimula su e e en e eal, con e a o de su dueño –magna e incluido. “Hola, -dice el adi ino de mi ada pene an e y ba ba ce ada- soy el p o eso Ca an. ¿Te p eocupa el u u o? Si quie es conoce lo llámame…”: Ob iamen e, al escucha es o no podemos deja de eco da a ese o o adi ino de ga as ( al ez pa a po encia sus do es de de iden e) que, a a iado con una única b illan e y acompañado po el Va pensie o de Ve di, nos p ome ía lee nos el po eni casi con las mismas palab as. El cu a ano a el elé ono, que e mina con el consabido 666 y de inmedia o se opa con la segunda señal, es a ez a a és de un olan e calleje o que le en ega un muchacho y en el que se hace publicidad de una sec a: “El u u o es á en us manos –dice el ex o- Nue a A enea. Sala de Con e encias. Como se e, ampoco aquí se disimula apenas el e e en e eal de la sec a eso é ica, pe o lo que más me impo a es el diálogo que el cu a man iene con el muchacho, po que allí se e no sólo cómo el sace do e es á obsesionado con el mono ema del demonio, sino ambién po que su discu so 8 eligioso, eológico, eso é ico, si quie e) choca con el del muchacho, que es el p oduc o p opio de un uni e so donde el p incipal medio de socialización no es la escuela sino la TV. El cu a dice al muchacho: - ¿Po qué me das es o? –A lo que el epa ido con es a: - Pues, pa a que lo leas, ¿Pa a que e lo oy a da …? - ¿Quién e en ía? –El muchacho c ee es a an e un loco o an e a un indi iduo pelig oso, y se de iende. - La agencia. Oye, a mí no me me as en mo idas, ¿eh? Si no lo quie es lo i as y pun o. ¡Pasa de mí que es oy cu ando! ¿Vale? - ¿Sabes…sabes quien soy, e dad? –El cu a no se sale de su discu so apocalíp ico mien as que el muchacho, deso ien ado, apela a lo que mejo conoce, la TV. - ¿Qué es es o? Un ollo de cáma a ocul a. Pues no es oy pa a cama i as… - Quie o se uno de oso os. - ¿Qué quie es? ¿Repa i p opaganda? - Quie o se un demonio. (LBD, 13-14). Ob iamen e, el muchacho huye, pe o, sin dudas, el demonio ya le ha señalado el camino al cu a, po que jus o el escapa a e en e al que es aba el epa ido pe enece a un local hea y cuyo dependien e es José Ma ía, un go do mal enca ado y de pocas luces, a icionado a la TV, quien se de ini á a sí mismo como “sa ánico de Ca abanchel”. Como pa a el sace do e nada es casual, ha sido el des ino, una ue za supe io quien ha pues o en sus manos aquel anuncio que lo ha conducido a uno de los “san ua ios” del demonio: la música (?) hea y me al. A pa i de es e hecho se suceden las a esías po una ciudad p esa del u o consumis a p opio de las echas na ideñas. Casi sin disimulo, la cáma a se de iene en algunas escenas que odos hemos is o alguna ez: la calle P eciados a ibo ada de gen e a la que no le alcanzan los b azos pa a lle a paque es, escapa a es que exhiben obscenamen e odo ipo de p oduc os, especialmen e ele iso es, y la ípica oz que, desde los g andes almacenes, con ocan la elicidad del consumo. Pe o ambién se nos mues a a g upos de “ciudadanos bienin encionados” (en ealidad, simples y b u ales pa apoliciales) quienes, bajo el lema “limpia Mad id” y con sen ido un an o exace bado de la higiene, eco en la ciudad en sus Toyo as y se dedican a apalea y ma a (con gasolina y uego) a la “esco ia humana” que pulula po la ciudad: bo achos, mendigos, d ogadic os, ex anje os pob es y de piel no muy cla a… El cu a, cuyo nomb e es Ángel Be ia úa, Ca ed á ico de Teología, a a encon a en José Ma i (magní ica, po cie o, la in e p e ación de San iago Segu a) a su escude o, y es e cali ica i o es o almen e in encionado, po que oda la película es á eple a de analogías con el Quijo e: pe sonajes que, a ue za de lee , acaban obsesionándose con el ma e ial de sus lec u as has a pe de el juicio ya sean los lib os de caballe ía o el Apocalipsis: ambos deciden sali al mundo, impulsados po una misión igualmen e deli an e: lucha con a mons uos y gigan es o con el an ic is o, el cu a. Tan o don Quijo e como el cu a, acaban secundados en su a en u a po sendos escude os: la simili ud en e Sancho y José Ma i es, inclusi e, ísica: go dos, no demasiado limpios, zapa as osos…La única di e encia aquí es que en la película el papel de Sancho es asumido ambién, sob e el inal, po el adi ino Ca an. Como le ocu e al hidalgo manchego, el cu a asco es apaleado una y o a ez has a que, inalmen e, enuncia su empeño econociendo su locu a. Y en es e momen o, al como ocu e en la no ela de Ce an es, son sus escude os los que lo alien an a segui po que ambién ellos acaban c eyéndose las an asías de su amo. Veamos lo que dice el p opio Alex de la Iglesia espec o a las e e encias quijo escas: Al igual que en “El Quijo e”, el cu a acaba escép ico, laico, y Ca an, po el con a io, se con ie e en un c eyen e o al. Sin emba go, yo c eo que la conclusión es di e en e, los gigan es sí que exis en (…) dispues os a pa i nos la ca a con un ba e de béisbol en cuan o nos descuidemos. (LBD, 88). Como la búsqueda del demonio en a en un pun o mue o y el cu a se encuen a deso ien ado y sin sabe adónde i , un nue o signo lo o ien a á, signo que llega á una ez más po la ía ya indicada: al le an a la is a, los ojos de nues o pe sonaje chocan con la alla publici a ia de de una ele isión po sa éli e cuyo eslogan eza: “Ha llegado del cielo la señal que es aba espe ando”. En e ec o, a pa i de es e ins an e el cu a encon a á nue amen e el camino que, aho a sí, es li e almen e el camino del in ie no, y es o en un doble sen ido. Po que, en p ime luga ,, mien as el eólogo lee la alla, sen ado en una pa ada de au obuses, e llega un Toyo a neg o del que descienden unos indi iduos que de aman una la a de gasolina sob e un po diose o y le p enden uego mien as uno de ellos deja la consabida pin ada: “limpia Mad id”. El desg aciado co e en uel o en llamas y cae a pocos cen íme os del cu a cuyo os o es iluminado po un uego que bien pod íamos cali ica de in e nal. La segunda expe iencia ocu e de inmedia o: el cu a en a en una disco eca llamada In ie no, que “casualmen e” es á jus o en e a la pa ada de au obuses y allí ecibe una paliza de mue e y es eca ado, in ex emis po José Ma i. El úl imo signo ya no es exclusi amen e publici a io, pe o es á ín imamen e elacionado con el cul o del dine o, la co upción y el en iquecimien o ápido e inesc upuloso. Po eso nues os es hé oes lo iden i ica án con el emplo máximo del An ic is o: y en cie o sen ido sí que lo es, y en cie o sen ido –mucho más eal, más isible y palpable que odos los an asmas que el cu a desea conju a – se encuen an allí con el demonio. Me e ie o, ob iamen e, a las o es KIO y a los úl imos momen os de la película, cuando la comedia deja su luga al d ama. C eo que me ece la pena que nos de engamos un momen o aquí, po que oda es a secuencia es á ca gada de signos di igidos no al cu a y a su u o in e p e a i o, sino al espec ado . En un mo imien o cla amen e ci cula , la película nos deposi a casi en el mismo luga donde ha empezado, pues o que el au obús que ajo al cu a a Mad id lo había dejado en es e si io, desde el que se en las amosas o es inclinadas e inconclusas. Aho a dejamos los e e en es quijo escos y en amos en el ámbi o de la eligión, po que en ese luga abandonado, lleno de basu a y deshechos me álicos oxidados acaba de nace un niño. Los p o agonis as oyen su llan o y se les hiela la sang e, pe o po una ez se equi ocan: no se a a del demonio sino odo lo con a io. Re lexionemos: es el 24 de diciemb e, un niño nace en el seno de una amilia pob e ( eco demos que su llegada a la ciudad, el cu a e una amilia gi ana con una muje emba azada y la amosa cab a baila ina), en un si io isible pa a odo el mundo, cubie o de ha apos, en una cama que po muy humilde ca ece incluso de la paja ípica de un peseb e y es á hecha de ca ones y pe iódicos iejos. Y si al aba algo, llegan es homb es, ocados con go os de Papá Noel y can ando illancicos. Cla o que en es o peculia es eyes descub imos enseguida a los Toyo as, que ma an al niño y a su amilia, queman a Ca an y se lanzan en la pe secución del cu a y de José Ma i, que ambién paga con su ida. C eo que la lec u a no puede se más cla a: los pa apoliciales son el e dade o An ic is o y si queda alguna duda, pensemos en dos de alles. En p ime luga , uno de ellos epi e las mismas palab as que Ca an y el cu a habían leído an es en un lib o demoníaco: “Es o no es un juego” y, po úl imo, eco demos que, en la isión del cu a, el Toyo a que ha ma ado a José Ma i, se ans o ma en la Bes ia, lo mismo que el que había incendiado a Ca an. Aho a sí que el sace do e ha encon ado lo que buscaba, aunque segu amen e él no lo imaginó de esa mane a: con aspec o de macho cab ío maligno y epugnan e o no, el An ic is o eco e las calles de la ciudad y, en cada desg aciado que quema o en cada niño gi ano que ma a, es á ma ando a C is o y a odo lo que la doc ina c is iana ep esen a en el sen ido de amo al p ójimo, igualdad, jus icia, e c. E iden emen e, es a e elación no a ec a sólo los pe sonajes, po que aquí de la Iglesia se uel e hacia noso os con mi ada du a y nos exige el au oexamen: ¿has a donde es amos lib es de culpa? Po que el demonio, el e dade o, no iene nada que e con machos cab íos, c uces in e idas, combinaciones numé icas o el hea y me al. Esa es la e dad que el cu a buscaba incisamen e sin comp ende que es aba allí, delan e de sus ojos, po que pa a ansi a po el in ie no no hacen al a i os ni conju os, llamas e e nas o emanaciones sul ú icos. Bas a con eco e Mad id, es deci , cualquie ciudad mode na, y ya es a emos en un a e no an dan esco y an sin espe anza como el de la Commedia. Pa a opa se ca a a ca a con el An ic is o ampoco es necesa io p onuncia ninguna ó mula mágica, ni celeb a ninguna misa neg a, sólo hay que mi a se en el espejo: la bes ia puede es a en noso os mismos. Sus