La duquesita : drama en dos actos / arreglado al teatro español, y precedido de un prólogo original por Ventura de la Vega
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A o E á e e, e ñ y a de - ' Da, e) ; A (a 0) cs z , AN ES VEAS OE >? Ej » K E ho kE: DR LAS MBJORBY, OBRAS ¡DEB VBABRO $ ANTIGUO Y MODERNO ESPAÑOL | Y DEB LIVRANOBRO, POR LOS PRINCIPALES AUTORES. ó (5) f 20 ¿ | MA E | Ys | A A e pe. 2 Madrid: LIBRERIAS DE CUESTA Y RIOS. A)
De Marcela, 6 ¿á cuál de los tres? Un tercero en discordia... Un novio para la niña. Otro diablo predicador. Me voy de Madrid. La redaccion de un periódico. Las improvisaciones. Una de tantas. Muérete y verás. El amigo mártir. Todo es farsa en este mundo. D. Fernando el emplazado, Medidas estraordinarias. El poeta y la beneficiada. Ella es él. £l pro y el contra. El hombre gordo. Flaquezas ministeriales. El hombre pacifico. El qué dirán. Un dia de campo. El novio y el concierto. No ganamos para sustos. Bellido Dolfos. ¡Una vieja ! Ll pelo de la dehesa. Lances de carnaval. Pruebas de amor conyugal. El cuarto de hora. La ponchada. El plan de un drama. Dios los cria y ellos se juntan. Cuentas atrasadas. Mi secretario y yO» ¡Qué hombre tan amable ! Los hijos de Eduardo. Engañar con la yerdad. Los primeros amores. A la zorra candilazo. El amante prestado. Un paseo á Bedlan. Mi tio el jorobado, La familia del boticario, El segundo año. ! La loca fingida. ¿No mas muchachos. Mi empleo y mi muger. La primera leccion de amor. Lo vivo y lo pintado. La pluma prodigiosa. La Batelera de Pasages. La mansion del crimen. La escuela de las casadas. El Editor responsable. ¡Estaba de Dios! Blanca de Borbon. Carlos 11 el hechizado. Rosmunda. D. Alvaro de Luna. El Entremetido. Un novio á pedir de boca. Un frances en Cartagena. Por no decir la verdad. CATÁLOGO de las comedias que contiene esta Galeria. Ñ Y ha ao Rodrigo. Carlos Y en Ajofrin. Cuidado con las novias. Un monarca y su privado. El día mas feliz de la vida. El vigilante. La escuela de los viejos. El yaso de agua. Un casamiento sin amor. Matilde. D. Trifon. Masaniello, Atrás! Guzman el bueno. El amigo en candelero El Trovador. El page. El rey monje. Magdalena. El bastardo. Samuel. Dandolo. El encubierto de Valencia. Batilde 6 América libre. Margarita de Borgoña. La pandilla. D. Juan de Marana. Calígula. Laida. Juan de Suavia. El caballero leal. El premio del vencedor. Gabriel. Las bodas de Doña Sancha. Los amantes de Teruel, Doña Mencia. La redoma encantada. La visionaria. Los polvos dela madre Celestina. El ano criado. Ernesto. El barbero de Sevilla. Alfonso el Casto. Primero yO. El abuelito. “El Bachiller Mendárias. Macias. No mas mostrador. Roberto Dillon. Felipe. Un desafio. Arte de conspirar. . Partir á tiempo. Tu amor ó la muerte, D. Juan de Austria. D. Alvaro, ó la fuerza del sino. Tanto vales cuanto tienes. Solaces de un prisionero. La morisca de Alajuár. El erisol de la lealtad. Finezas contra desvios. Guillermo Tell, | El gran capitan, "Del mal el menos. . Marino Faliero. El desengaño en un sueño. Mas vale llegar á tiempo. Ganar perdiendo. Cada cual con su razon. Lealtad de una muger. El zapatero y el rey 1.? parte. Apoteosis de Calderon. ' El zapatero y el rey, 2,2 parte. . El eco del torrente. ' Los dos vireyes. ' La corte del Buen=-Retiro. 4 Bárbara Blomberg-. D. Jaime el conquistador. ] Higuamota. . La aurora de Colon. ¿ El conde D Julian. , Cerdan, justicia de Aragon. Contigo pan y cebolla. | Tal para cual. Las costumbres de antaño. El jugador. Toros y cañas. Quien mas pone pierde mas. Rivera. El rigor de las desdichas. Las simpatías. El diablo cojuelo, Las ventas de Cárdenas. Dos validos. La tumba salvada. El Tasso. * Acertar errando. Hacerse amar con peluca. Shakespeare enamorado. Máscara reconciliadora. El testamento. El gastrónomo sin dinero. Miguel y Cristina. La vuelta de Estanislao. Las capas. Un ministro!!! Quiero ser cómico. El ambicioso. El marido de mi muger. Jacobo ll. El rey se divierte. La muger de un artista. La segunda dama duende, Un alma de artista. Una ausencia. Mateo. Amor de madre. El honor español. La sociedad de los trece, Los perros del monte de gA Bernardo. El héroe por fuerza. Bruno el tejedor. De un apuro otro mayor» Empeños de una venganz2* ¡Es un bandido!
LA DUQUESITA. Drama en dos acfos = Mer e ata, ES CCA é a e 5 Y Na s ,' ] ARREGLADO AL TEATRO ESPAÑOL Ss y precedido der uu prólogo ouqurab sE POR , D. VENTURA DE LA VEGA. £ ! | E > A ss 4 19) 2 IMPRENTA DE DON JOSÉ MARÍA IEPUTLÉS ——£—= Octubre de 1848.
FERIA í(íÍ_Aí--- == íÁ3zg II O OA Este Drama, que pertenece á la Galería Dramática, es propiedad del Editor de los teatros moderno, antiguo español y estrangero; quien perseguirá ante la ley al que sín su permiso le reímprima 0d represente en algun teatro del reino Y en alguna Soctedad de las formadas por acciones, suscripciones d cualquieraotra contribucion pecuniaria,sea cual fuere su denominacion, con arreglo á lo prevenido enlas Reales ordenes de 5 de Mayo de 1837 , 8 de Abril de 1839 y 4 de Marzo de 1894, relativas álapropiedad de las obras dramáticas. » ¿ e " EN E. o. e A <= SN E a OS La e
PRÓLOGO. HH PERSONAS. ACTORES. EL DUQUE DE CHOISY. . . D. Pedro Sanchez. PILBOIS. o... . D. Francisco Lumbreras. LECLERC. .. . . . ¿Dio dosó Aznar, CRISTÓBAL , proveedor del ejército... . . . D. Vicente Caltañazor. EL MARQUES DE LANSAC. . D. Antonio Lozano. EL BARON DE CANDOLLE. . D. Enrique Lopez. EL CONDE DE LAVAL, . . D, Julian Mazo. LA DUQUESA DE CHOISY. . D.* Catalina Flores. ANDREA , ama de Llaves. D.? Concepcion Sampelayo. Oficiales, soldados, cantineras, ete. KK La accion pasa en Francia, á orillas del Bidasoa, en 1732. —El teatro representa una tienda de campaña. Por la entrada que está en el foro se divisa el campamento. Á uno y otro lado de la tienda hay cortinas que dan paso á dos departamentos. Mesa, sillas, etc. ESCENA PRIMERA. LAVAL. LANSAC. CANDOLLE. CRISTÓVAL. (Cristóbal está ocupado en disponer los naipes en una mesa de juego.) Candolle, Con que tú piensas, marques, que el enemigo nos dejará por hoy jugar nuestra partida de Faraon, sin inquietarnos ?
Lansac. Vengo del cuartel general, y por las noticias que han traido las descubiertas, sabemos que no se observa el menor movimiento en el campo de los españoles. : Candolle. Increible parece! Desde que empezó la campaña será este el primer dia que no haya tiroteo. No he visto impaciencia igual á la de esos hombres. Laval. Es cosa que me irrita el que nosotros, franceses, estemos en guerra con la España! De qué nos ha servido entonces enviarles á los españoles por rey un principe francés? Lansac. La cosa es muy sencilla, conde. El duque de Anjou hace ni mas ni menos lo que has hecho tú. Laval. Lo que he hecho yo? Lansac. Sin duda. Cumpliste los 25 años, entraste á servir en el ejército, jugaste al Faraon, perdiste los alimentos que tu padre te daba, y le has puesto plei- to para que te entregue tu patrimonio. El duque de Anjou, convertido en Felipe V, rey de una nacion tan poderosa como la Española, no quiere someterse á vivir como vivia en Versalles, bajo la tutela de su abuelo Luis XIV. : Laval. Pues con esa condicion se le dió el trono. Candolle. Y: á costa de mucha sangre francesa que se derramó por sentarle en él. Eso no debia olvidarlo. Lansac. En los palacios se olvida lo pasado y no se ve lo porvenir : se vive solo en lo presente. En fin, guerra por guerra, prefiero hacerla en las fronteras de España, donde no hace tanto frio como en las de Alemania. Candolle. Yo no: los alemanes, mas flemáticos, nos dejaban algunos dias de descanso; pero estos españoles... Laval. Todos los dias batirse! Cristóbal. (Que ha estado arreglando la mesa de juego.) Ea pues, hoy que nos dejan respirar, segun parece, aprovechemos el dia para una partidita de Faraon: ya lo tengo dispuesto. Lansac. Oh! el juego del Faraon son las batallas donde el amigo Cristóbal se presenta el primero. Candolle. En las otras no se le ve. Cristóbal. Cómo es posible? Un contratista de las provisiones del ejército tiene que cuidar, mientras los
5 militares se baten, de que no les falte la racion despues de la victoria. Y creo que estos nobles señores no podrán quejarse de mi puntualidad. Lansac. Seguramente que no. Cristóbal. En la blancura del pan, en la pureza del vino, en el condimento de las viandas, estoy cierto de Ds echan menos las mesas de Versalles ni de aris. ESCENA ll. pIcHos. cuo1sY, que sale por el foro. Choisy. Y el rancho del soldado , señor Cristóbal? Y el pan que le dais es de la misma calidad ? Cristóbal. Señor duque... Ciertamente hay alguna diferencia, pero... Choisy. Acabo de verlos comer, y vengo indignado. Cristóbal. Cómo quiere el señor duque que no se haga distincion entre la nobleza y los... Choisy. En campaña no hay mas nobleza que la del valor: aqui no hay condes ni duques; no hay mas que soldados, Pero ya se ve, si cumpliéseis lo estipulado, cómo os habiais de enriquecer? Cómo habiais de volver á Paris despues de la campaña á ostentar trenes y libreas, á comprar títulos de nobleza ? Laval. Vamos, el duque de Choisy viene hoy de mal humor. Candolle. Algo le ha pasado. Cristóbal. Sin duda alguna; porque veo que se encoleriza por una niñeria. Choisy. Insolente! Candolle y Laval. Vamos, duque, vamos!.... Lansac. Duque de Choisy, delante de tu coronel... Choisy. Mi coronel deberia cuidar con mas celo de sus soldados, y evitar que hubiese descontentos. Lansac. Cuáles son los descontentos, duque? Ninguno hasta ahora se ha acercado á mi... Choisy. Eres tú el que debia acercarse á ellos. Ya se ve, te dan el mando de un regimiento á los veinte años de edad, porque te llamas el marques de Lansac; vienes por primera vez a campaña desde los salones de
ar 4 par 6 v Versalles; qué has de saber, ni qué... Oh! esto no puede ser! no puede ser!... Candolle. No hagas caso, marques. Ya sabes de qué procede el mal humor habitual del duque. Un recien casado, que á los pocos meses de dar la mano ála criatura mas encantadora de Versalles, tiene que trocar las dulzuras del amor por las fatigas de la guerra... Laval. Es cierto. Estás disculpado, duque. Lansac. Será preciso enviar un emisario á la duquesa rogándola que venga a compartir con su esposo la vida militar, para volverle la alegría y el buen humor. Candolle. Oh! qué mayor placer para ella! Pues si ese era su gran empeño, venir á campaña con su marido. Lansac. Y quién lo estorbó? Candolle. La negativa formal del duque, que á fuer de antiguo paladin, se desprendió de sus brazos y vino á conquistar laureles para Jlevárselos despues a su adorada esposa. Laval. Y en vez de consolarse de esa ausencia en la compañía de sus amigos, de los nobles que servimos en el ejército, nunca se le ve andar sino con esos oficiales salidos de la hez del pueblo, con el teniente Pilbois, que es su camarada , su íntimo amigo. Candolle. El teniente Pilbois?... Ese buscaruidos, que quiere hacerse el espadachin y el valiente como si fuera un noble?... Cristóbal. Oh! qué hombre! Me tiene acosado, señores, porque se empeña en que ha de distribuirsele el pan y el vino de la misma calidad que á los nobles. Laval. Qué impertinencia! Como si su paladar estuviese acostumbrado... Choisy. Cuidado, señores! Despues de haber dicho vosotro3 mismos que el teniente Pilbois es mI camarada, mi amigo, cualquier burla que le ofenda pudiera llevarnos... donde yo no quisiera. Candolle. Respetaremos tu amistad, duque, por mas estravagante que nos parezca. Choisy. Nada tiene de estravagante, baron de Candolle, cuando sabes que le debo la vida. Candolle. Oh! la vida!... la vida!... Choisy. La vida, si señores. Sabeis que en la última ac-
» 7 cion me vi rodeado y envuelto; que ya iba á ser atropellado por la caballería española, cuando de repente se aparece el teniente Pilbois espada en mano, rehace á mis soldados , carga con ellos al enemigo, y no solo me libra de la muerte, sino que nos hace salir victoriosos de la refriega. k Lansac. Y bien, y qué? Eso es lo menos que podia hacer por ti, que siendo duque de Choisy, de la primera nobleza de Francia, te dignas dispensarle tu proteccion, hombreándote con él, sentándole á tu mesa. Choisy. Mejor dirias, marques de Lansac, que eso es lo menos que puedo yo hacer por él. Y dejando aparte la gratitud, siempre me honraria con su amistad, porque Pilbois es un valiente. Candolle. No creo, duque de Choisy, que atribuyas esa cualidad esclusivamente á tu amigo Pilbois. Choisy. Ciertamente que no. Pero tampoco la juzgo, como vosotros, patrimonio esclusivo de la nobleza. Y en verdad, señores, que es una injusticia atroz lo que está pasando. Los grados, las cruces, las recompensas son para nosotros, y los rasgos de valor de esos pobres hombres quedan oscurecidos. Oh! pues en cuanto á mi amigo Pilbois, yo protesto que no ha de ser asi. Tenientes éramos los dos en la campaña de Alemania: juntos dimos la carga que decidió aquella accion: yo recibi por ella el empleo de capitan, y de él nadie se acordó; teniente es todavía... Oh! espero que con su último hecho de armas no sucederá lo mismo. Lansac. Yo le propuse, por complacerte, para la cruz de San Luis: hoy se esperan en el cuartel general los despachos de Versalles con la aprobacion de las propuestas de recompensas por la última accion. Candolle. Y veremos al buen Pilbois convertido en el caballero Pilbois ! Laval. El caballero Pilbois! — Tendremos entonces que admitirle en nuestra compañía. Candolle, Nobleza de espada!... ” Choisy. Ese origen tiene la nuestra, señores. Cristóbal. Ciertamente. Pue ha de ser el primero. Y hay varios caminos de llegar á ese honor, La espada seguramente es uno de los mas... Pues; las haza-
14 ra premiar el valor de los que $€ distinguieron en la íltima accion: el general acaba de entregarme los despachos y diplomas «correspondientes á los individuos del regimiento que tengo Ja honra de mandar, y voy á distribuirlos á los agraciados. (Va dundo los despachos segun nombra á cada uno.) Grado de capitan, á monseñor el conde de Laval, teniente... Laval. (A Candolle.) No te lo dije? (Todos le felitan.) Lansac. A monseñor el baron de Candolle, teniente. Ayudante. (Dándole una carta.) Y esta carta para VOS. Un oficial. (A otro.) Pues no estuvo en la reserva? El otro. Calculan lo que hubiera hecho si hubiera entrado en accion, El oficial. Verás como todo se queda entre ellos. Lansac. Caballeros de San Luis... Choisy. Prepárate, Pilbois! Lunsac. A monseñor el duque de Choisy. (Le pone. la cruz.) Pilbois. Muy justo ! Choisy. (Al ayudante.) No hay carta para mi ? Ayudante. NO, señor duque. Choisy. Cómo no? Buscad bien. Lansac. A monseñor el marques de Brezé. (Le pone la cruz.) Ayudante. (Recorriendo las cartas.) Aqui no hay ninguna, señor duque. 4 Choisy. Es imposible!..- Cielos!... no escribirme Carolina!..- Pilbois. Duque , mil enhorabuenas ! Choisy. Déjame, déjame!... Lansac. A monseñor el vizconde de Rochefort. (Le pone la cruz.) y Pilbois. Pues: la mia será la última. Choisy. Es un descuido inconcebible!... Se habrá estraviado la carta!.-- Lansac. He concluido, señores. Demos gracias á nuestro angusto soberano , Y sirvan estas recompensas de honra y prez paralos que las han merecido, y de noble estimulo para los demas. (Los agraciados reciben las felicitaciones de los demas y se acercan ú dar gracias al coronel, y Ú recoger cartas que les da el ayudante, y que abren Y leen con goz0. Choisy busca en "y
vano la que esperaba. Pilbois se ha quedado inmóvil.) Pilbois.Qué es esto! Y mi cruz! Candolle. (Ap. á Lansac.) Marques, no hiciste la propuesta de la cruz para Pilbois? Lansac. Al mismo tiempo que la vuestra. Laval. De veras, marques? (Con malicia.) Lansac. Palabra de honor. Candolle. Pues cómo no viene aprobada? Lansac. Es cosa que no alcanzo. Laval. Ni te dicen nada de él ? : Lansac, Nada: como si no hubiera ido tal propuesta. Candolle. Si le: darian: carpetazo en el cuartel general? Laval. Puede ser. Lansac. No, no: la propuesta fue á Versalles. El duque de Choisy habló al general con gran empeño, y en Su presencia se cerró el pliego. Oh! de eso estoy seguro. Candolle. Pues entonces, el ministro tiró la propuesta debajó de la mesa. Qué chasco tan sangriento ! Laval. Miradle: se ha quedado hecho una estátua ! Lansac. Pobre diablo! (Rien entre sí.) Pilbois. Todos me miran... se habrán querido burlar de míi?... Me habrá engañado el duque?... Cristóbal me lo dijo: Choisy melo aseguró hace un momento... aqui mismo!... Sería tal vez una estratagema para contenerme, para templar mi cólera, pronta á estallar por el desaire que acababan de hacerme esos insolentes, levantándose cuando yo me senté?... Ha sido un chasco !... una burla!... aqui se juega conmigo!... ira de Dios!... Choisy. No escribirme Carolina!... Qué será, Dios mio!... No estoy en mi! . Pilbois. Duque, no hay mas en ese pliego? Choisy. No hay mas!... y estoy sobresaltado ! Pilbois. Sobresaltado ? ] ARE Choisy. Si: yo la esperaba con impaciencia... Pilbois. Con qué era cierto? No me has engañado ? Choisy. Engañarte yo?... Pilbois. Respóndeme, duque: ha sido verdad?... No ha sido una burla? No os habeis mofado de mi? Choisy, Pero de qué estás hablando?
Pilbois. Cómo de qué estoy hablando? Qué me digiste antes? no me aseguraste que recibiria la cruz de San Luis? Choisy. Eh! yo no pensaba en eso!... hablaba de Carolina, de mi esposa, que no me ha escrito... y es la primera vez que me sucede... Y en el estado en que se halla, su silencio me alarma... temo algun accidente...- : Pilbois. Duque, te desentiendes de mi pregunta? Yo te hablo de mi, de mi cruz. Choisy. Eh! tu cruz!... Yo no sé qué habrá sido... Ya vendrá... Pilbois, déjame ahora... Ya veremos... ya reguntaré yO... A Pilbois. Escusas!... lisculpas !... Voto al infierno ! Todos sois unos!... Esas sonrisas !... Todos estais de acuerdo! Choisy. Vamos, Pilbois, no Le alborotes. Pilbois. Dices que no sabes lo que ha sido? Pues yo sí lo sé. Quieres que le lo diga? Que semejante prouesta no ha ido á Versalles. Choisy. Pilbois! no quieras impacientarme! Pilbois. Que ha sido un engaño! Choisy. Qué estás diciendo? Pilbois. Que ha sido una burla infame! Choisy. Pilbois! mira lo que hablas! Pilbois. Lo digo y lo repito! Choisy. Te lo aseguré bajo mi palabra! Pilbois. Pues mentiste! Ghoisy. Villano! (Le da un bofeton.) Pilbois. Ira de Dios!... (Pone mano á la espada. Choisy saca la suya. Los oficiales se arrojan sobre ellos y los sujetan.) Lansac. Qué escándalo es este! Señores! delante de vuestro coronel ! Pilbois. Dejadme! esta afrenta no Se lava sino con sangre! Choisy. Dios sabe cuánto me pesa! Pero ya no hay remedio. Pilbois, estoy á tus órdenes. Baron de Candolle, tú me acompañarás. Pilbois. Y 4 mi cualquiera... Ú nadie: no necesito á nadie. Candolle. Perdona, duque de Choisy: yo no puedo ser-
: e ql 3 17 virte de testigo en este lance, ni' permitir tampoco que lo lleves á efecto. Pilbois. Cómo no? Choisy. Qué dices? Candolle. Que ninguno de nosotros lo consentirá. El teniente Pilbois no es caballero, y no puede medir su espada con la de un noble. Pilbois. Que no puedo!... Choisy. Candolle! Cuando media una afrenta... Laval. Los fueros de la clase te lo prohiben. Lansac. Y si te obstinas, yo, que soy tu coronel, te pondré arrestado. Choisy. Marques de Lansac!... Pilbois. Que no soy caballero!... Y este uniforme!... Y esta espada que ciño!... Candolle. No os dan mas derecho que el de morir al lado de los nobles en el campo de batalla. Pilbois. Maldicion sobre mi!... ESCENA VI | > DICHOS. CRISTÓBAL, por el foro. Cristóbal. Albricias, señor duque: un coche de camino acaba de parar junto á esta tienda: se abre la portezuela, y salta en tierra... quién direis? Choisy. Quién? acabad. Cristóbal. La señora duquesa! Todos. La duquesa! Choisy. Mi esposa ! Cristóbal. Ahi viene. Choisy. (Dando la mano ú Pilbois.) Pilbois, si al un recuerdo te queda de aquella amistad... que una imprudencia acaba de romper para siempre, en su nombre te pido que disimules tu rencor delante de mi esposa: será por breves momentos, te lojuro. Tendrás cumplida satisfaccion... Pilbois. Esto mas! voto al infierno! Choisy. Silencio! (Corre al encuentro de su esposa.) |
18 * ESCENA VIH. DICHOS. LA DUQUESA. LECLERC. ANDREA. DOS LACAYOS, QUE traen maletas. Duquesa. Enrique! OL Choisy. Carolina! Que es esto? Qué viaje es este? Qué sucede? , Duquesa. No te alarmes, Enrique, no sucede nada.. Es decir, sino cuentas por algo que lu esposa, despues de dos meses de ausencia, se mire en tus brazos. Choisy. Pero, Carolina, el placer de verle me lo .acibara la sospecha de que algun motivo grave le ha obligado... Duquesa. Oh! es verdad : los preceptos de un marido no deben quebrantarse por ningun motiyo. Asi me lo ha dicho cien veces el señor Leclerc, que ha intentado disuadirme, y que á fuer de procurador, Sabe las leyes de memoria; y mibuena Andrea, que no se atreve... mirala... á ponerse en ln presencia. Pero yo, querido Enrique, no he podido sosegar desde tu partida. Soñaba con batallas , CON muertes, con horrores... Mil presentimientos horribles me asaldaban continuamente. Cada ocho dias una carta Lual... Y en ocho dias... Dios mio!... En fin, ya te yeo, ya estoy á lu lado!... Ríñeme, enfádate... nO me importa: á todo m6 resigno, con tal de verme en tus brazos. Leclerc. Creed, señor duque, que por falta de reflexiones no ha quedado. Pero realmente la señora duquesa no vivia, NO descansaba. Andrea. Yo empecé á temer por Su salud ; no habia forma de consolarla! Choisy. Ah! Carolina !... Carolina !... Duquesa. Mentira me parece!... Oh! y yo tenia otra “dea de Jos campamentos : esto me gusta mucho: y qué alegria, qué animacion 1... (Reparando en los oficiales.) Oh! y nuestros “amigos de Versalles !... Jl marques de Lansac!... el baron de Candolle.., el conde de Laval... (Haciendo á cada uno una corlesía.) La misma sociedad!... Ah! y necesito conocer á otra persona.
19 Choisy. A quién? Duquesa. Preséntame ese amigo tuyo, de quien me hablas en tu última carta con tanto interes. : Choisy. Qué amigo ? Duquesa, El teniente Pilbois. Choisy. (Ap.) Cielos ! Todos. (Ap.) Pilbois! Duquesa. Por si acaso te enfadabas mucho con mi venida, he discurrido traer un salvo-conducto que me sirviese de escusa. Choisy. Cuál? Duquesa, Tú me escribias que hablase á mi tio , el ministro, afin de que no sufriese entorpecimiento la concesion de la cruz de San Luis para el teniente Pilbois, de quien me hacias mil elogios. Pues bien, hice tu encargo con toda eficacia, le pedi á mi tio el diploma, y lo he traido yo misma. Pilbois. (Ap.) Gran Dios! Duquesa. Con que dónde está tu amigo? Quiero que lo reciba de mi mano. Choisy. Delante le tienes, ¿ Duquesa. (Pasando á su lado.) Oh! celebro mucho conoceros. La amistad que os profesa mi marido, os da derecho á la mia: contad con ella desde este mo. mento. Tomad vuestro diploma; y si el duque lo permite, 0s pondré por: mi mano esta cruz que habeis ganado con tanta gloria. Pilbois. Señora!... Choisy. No tengo inconveniente. Duquesa. (Poniéndole la cruz.) Deseo que la respeten siempre las balas enemigas, y que la ilustreis con nuevas hazañas. Pilbois. Gracias, señora, gracias! Me haceis el presen- Le mas precioso en este momento !... Choisy. (Interrumpiéndole.) Vendrás fatigada de. tan largo viaje, querida Carolina : necesitarás descansar. Haz que coloquen tu equipage en ese departamento, que es el mio. Entra á disponerlo: Andrea, acompaña á tu señora. ce ode Esusa Duquesa. Pero es.preciso que tú me indiques... Este es un edificio de nueva invención para mi, y quizás no acertaré yo... ' so A
20 Choisy. Si, ya te sigo: VOY á hablar dos palabras con el coronel. Puedes entre tanto recorrer ese pabellon. Duquesa. No tardes. (Saluda á los demas y se entra por la izquierda. Choisy la acompaña. Andrea la sigue llevándose ú los dos lacayos con las maletas.) ESCENA VIIL LANSAC: CÁNDOLLE: "LAVAL: "CHOISY. “LECLERC. OFICIALES. Pilbois. Duque de Choisy señores, ya Soy caballero! Choisy. Teniente Pilbois, para mi lo fuiste siempre. Pilbois. Y puesto que ya no hay obstáculos, salgamos. Conde de Laval, sereis mi testigo? y Laval. No tengo inconveniente. Pilbois. Vamos pronto, ira de Dios! que está hirviendo mi sangre como si fuera alquitran ! Choisy. 1d á esperarme. Solo Os pido algunos minutos para hacer que la duquesa no estrañe mi ausencia, y para dejar mis últimas instrucciones al señor Leclerc. Leclerc. Dios mio!... qué es esto! Pilbois. En el bosque, á la orilla del Bidasoa. Choisy. Allá ivé al momento. (Se entra por la 134.) Pilbois. Allá esperamos. (Se va por el foro con Laval.) ESCENA IX. CANDOLLE. LECLERC. . (Lansac, Cristóbal y los oficiales han ido marchán- 0se.) Leclerc. Señor baron, hbacedme el gusto de esplicarme... qué es lo que pasa aqui. Sera cierto? El señor “duque tiene un duelo? Candolle. A muerte. Leclerc. Dios mio! En qué momento ha llegado la duquesa!... Pero no habria medio de componerlo? de dilatarlo al menos?... Candolle. Imposible : media una afrenta que no admite otra reparacion. : Leclerc. Pero qué clase de afrenta ?
21 Candolle. La mayor: un bofeton dado por el duque. Leclerc. Santo Dios!... Ese genio arrebatado !... Oh! cuando ella lo sepa!... Y si el duelo tiene un resultado funesto para el duque, qué va á ser de nosotros!... Solos aqui... en medio de un campamento!... ESCENA X. DICHOS. CHOISY, Choisy. He pretestado una orden que me llama al cuartel general, y he dejado á Carolina descansando. No perdamos tiempo. Señor Leclerc, ya os habreis en- __terado de lo que pasa... Leclerc. Ah! demasiado, señor duque!... Qué vais á hacer? Esa infeliz señora !... Choisy. Leclec! no me hableis de eso! No debiliteis el ánimo que necesito conservar. Pobre Carolina! En fin, escuchadme, y tened serenidad. Si sucumbo, os encargo mis intereses. Casi todos ellos dependen de un pleito que sigo con el marques de Lalot. Vos: cuidareis de continuarlo con el celo de un amigo. (Dándole la mano.) Acompañareis á mi esposa á Versalles hasta dejarla en casa de sus padres, y la recordareis á menudo que mis últimos pensamientos fueron para ella. A Dios, amigo mio! Leclerc. Ab! señor duque!... Choisy. Vamos, Candolle! Candolle. Cuando gustes. (Suena un cañonazo distante.) Choisy. Aguarda!... has oido? Condolle. Un cañonazo ! : Choisy. Cielos!... No sabes lo que es eso?... La señal preventiva para atacar el reducto enemigo: la columna de ataque está esperando, emboscada al pie de la colina: al segnndo cañonazo debe arrojarse sobre la posicion... ' : Candolle. Es cierto!.... Y Pilbois está nombrado para mandarla !... > <tO ; an Choisy. Y Pilbois no esta alli!... ni acudirá... su ven- ¡ todo!... ganza le hace olvidarlo Candolle. El lugar del duelo es en la parte opuesta!... Choisy. Y va á sonar el segundo cañonazo!... la colum-
22 na no avanzará!... y Pilbois queda deshonrado!... Candolle. Corramos a avisarle... Quizá tendremos tiempo... Choisy. Imposible!... Ah! Candolle!... Ven! sigueme!... Candolle. Adónde? ¿sl : Choisy. Sigueme! sigueme!... (Vase precipitado por el foro: Candolle le sigue.) ESCENA XI LECLERC. En buen laberinto estamos metidos! Si el duque muere en ese desafio, qué va á ser de esa pobre señora !... A doscientas leguas de París, yo solo con ella!... Ya se ve, no me fue posible escusar el acompañarla: debo á esa familia mi oficio de procurador del Parlamento, mis relaciones con la primera nobleza, mi crédito en el foro... Dios mio! estoy en ascuas... No sé qué hacer... Iral lugar del duelo... Entrar á ver á la duquesa... (Suena el segundo cañonazo.) Otro cañonazo!... Esta es la señal de ese ataque que ha di- Cho el duque... Una batalla!... No nos faltaba otra cosa! Quién me habia de decir á mí, hombre de pluma, que me habia de ver... (Empieza á oirse á lo lejos el ruido del ataque, descargas de fusilería, cañonazos , y el toque del tambor: todo ello empieza débilmente y va creciendo segun arrecia el ataque. Qué tal!... ya empieza!... Ya la tenemos armada!... Y segun suena no parece ser muy lejos de aqui. Qué diablos de profesion! Yo no sé cómo hay quien viva asi... en un susto contínuo. Cáspita!... Cómo aprieta!... ESCENA XII. LECLERC. La DUQUESA. ANDREA. Duquesa. Leclerc!... no oís ese fuego? yo estoy toda temblando!... Y el duque? dónde está? le habeis visto ? Leclerc. Un momento hace que marchó de aqui, señora... ;
23 Duquesa. Pero adónde? adónde? lo sabeis vos? Me dijo que iba á ver al general... Dios mio! me habrá engañado !... Eso que suena será una batalla? Decidme, no son asi las batallas? Lo sabeis vos?... habeis visto alguna? S Leclerc. Ninguna, señora; pero no creo... tranquilizaos!... Me han dicho que iban á atacar un reducto... pero el señor duque no tenia parte en ello... De aqui marchó con el baron de Candolle... en otra direccion... llevaban el camino opuesto... Duquesa. Lo vísteis vos?... lo sabeis de cierto? Leclerc. Oh! muy de cierto!... Ese ataque debia mandarlo, segun dijeron, el teniente Pilbois. Duquesa. Ah! respiro! Y el pobre Pilbois!... Dios quiera sacarlo vencedor!... Leclerc. Señora!... qué estais diciendo!... al contrario!... Duquesa. Cómo al contrario!... Leclerc. No, no!... perdonad !... No sé lo que me dig0... Estoy tan turbado!... Esas descargas me tie- Deo «dan Andrea. Ay! Virgen santa ! Señora!... aqui no se puede vivir... Mis nervios no son para resistir estas cosas! a , Duquesa. Serénate, Andrea. No corriendo peligro mi Enrique, nada me asusta. Al contrario, quisiera yo ver de lejos una batalla. Os atreveis á que salgamos de la tienda y busquemos á mi marido? Si él estuviera á mi lado, creo que tendria yo valor para todo. Andrea. Salir de aqui, señora!... | Leclerc. No me parece prudente. El señor duque no tardara... A ¿ Duquesa. Leclerc!... Estais temblando!... Os veo mas asustado que á la misma Andrea! (El fuego va cesando poco á poco.) Leclerc. Puede ser... Ya veis... la falta de costumbre... (Se oye rumor dentro.) (Ap.) Se oye ruido !... Por qué no entrais á descansar , señora?.., Si pudierais dormir un rato... / Duquesa. Dormir con ese ruido... Pero no; ya parece que ya disminuyendo. 5 Andrea, Mejor será que nos entremos, señora: creo o 2
30 Leclerc. Nada, nada: no nos hace ninguna falta su proteccion. Oid mi plan... Vos teneis una hija, la duquesita de Choisy. Me habeis escrito que se parece á vos... debe ser preciosa ! Duquesa. Vamos!... Leclerc. El marques de Lalot, vuestro contrincante, tiene un hijo, el condecito Tancredo de Lalot: os propongo una alianza entre las dos familias... un matrimonio... ; Duquesa. (Levantándose.) Un matrimonio !... Imposible! Leclerc. (Idem.) Imposible!... Por qué? Duquesa. Perdonad, Leclerc... ese es un secreto... Leclerc. Un secreto?... Duquesa. (Con misterio.) Si, un secreto terrible!... un secreto que hasta hoy no he confiado á nadie de este mundo. Leclerc. Señora! Señora!... Conociéndome hace tantos años, teniendo tantas pruebas de mi amistad... Duquesa. Es verdad, Leclerc! Sois el mejor amigo que he tenido... Sois como de la familia... teneis derecho á mi confianza... y voy á daros la prueba mayor de ello... Voy á descubriros lo que todos ignoran... €scepto mi buena Andrea, á quien por fuerza he tenido que hacer sabedora del secreto. Leclere, ese casamiento que me proponeis no puede hacerse... porque mi hija... Leclerc. Acabad ! Duquesa. Mi hija... no es hija. Leclere. Cómo!... Duquesa. ls hijo. Leclerc. Un hijo! Duquesa. Si; un hijo que di á luz en mi castillo de Bretaña, y que he criado alli en aquel asilo solitario, lejos del mundo, lejos de todo trato, sin que haya Lenido jamas la menor comunicacion con nadie, sin que se haya separado un solo instante. de mi presencia 6 de la de Andrea, su aya, á fin de que ignorante de todo, creyese él y creyese todo el mundo qué erasuna muger:..-y lo he conseguido. | Leclerc. Señora!... Y qué molivo ?... pb Duquesa. Alr! mi querido Leclere, iba en ello mi tranquilidad , mi:vida... la vida de mi adorado hijo! A A A
31 Leclerc, Su vida !... Cómo, señora 20 Duquesa. Os acordais de nuestro viaje al campamento hace diez y ocho años? Leclerc. Cómo he de haberlo olvidado? Duquesa. Os acordais del teniente Pilbois? Leclerc. Oh! mucho! Aquel hombre fatal, que fue causa de la muerte de vuestro esposo!... Despues he oido hablar de él frecuentemente: tiene gran fama de espadachin, de duelista: dicen que el que se le pone delante es hombre á tierra... Duquesa. Dios mio!... Leclerc. Qué os asusta, señora?... Duquesa, Ah! Leclerc! Ese hombre ha jurado la muerte de mi hijo! Leclerc. De vuestro hijo ?... Duquesa. Si: no os acordais de aquel terrible juramen- to que hizo... Enrique. (Dentro.) Digo que no me da la gana... que no me da la gana! Duquesa. El viene aqui: luego os enteraré... Pero, Leclerc, por Dios, guardad el secreto ! : Leclerc. Señora!... á mi esa advertencia!... No temais. ESCENA IV. LECLERC. LA DUQUESA. ENRIQUE. (Asoma Enrique, vestido de muger, por el foro con un florete en la mano.) Enrique. Quiero divertirme á mi gusto... quiero hacer lo que se me antoje, estamos?... y sino, mesublevo!.., (Baja y ve ú la duquesa.) Cielos! mi madre!... (Escondiendo delras el florele.) Duquesa. Con quién es esa riña? E e Enrique. Con Andrea!... la muger mas gruñona. y mas!... Uf! qué vieja tan insoportable! —«Niña, esos ojos bajos! No hay que mirar asi!»—Vaya! no mirar, cuando lodo aqui desde que llegamos me parece tan hermoso... (Ap. viendo ú Leclerc,) No, no todo. Quién es este caballero ? Duquesa, El señor Leclerc. a an Aa e A a a A e í A AA
32 Leclerc. Roque Anselmo Leclerc, para serviros , señorita. Duquesa. Nuestro antiguo procurador y nuestro mejor amigo. Enrique. (Con una cortesía.) Muy señor mio... Oh! qué contenta estoy aqui!... Qué hermoso es Versalles !... Pero por qué nos hemos quedado en esta quinta estramuros? Yo quisiera entrar en la poblacion : no he visto ninguna... Metida siempre en el castillo de Bretaña, sin ver á nadie!... Aqui me paso las horas enteras á la ventana contemplando esa ciudad... viendo las personas de la corte que vienen por aquí á paseo. Qué mugeres tan hermosas!... canario!... Cuánto mas valen que las aldeanillas de allá!... Qué peinados!... qué cintas!... Duquesa. Coqueta! Quisieras tú adornarte como ellas?... Enrique. No, no: á mí todo esto me sobra. Yo no sé qué me pasa... Pero todos los vestidos me oprimen... esta cotilla me sofoca!... Leclerc. (Ap.) Qué tal! Duquesa. Vamos, vamos, Enriqueta!... Y te has des- - peinado toda!... Jesus!... qué has estado haciendo? Cómo te has puesto asi, hecha un diablillo ? dime la verdad. Enrique. (Dando vueltas, mientras su madre la arregla el pelo, para esconder el florete.) Me prometeis no - enfadaros? (Enrique queda en medio.) Duquesa. Si, te lo prometo. Enrique. Pues he estado... Duquesa. Vamos, dilo. Enrique. (Sacando el florete.) Tirando al florete. Duquesa. (Quitándoselo.) Un florete!... Dios mio!... y con quién? (Lo pone sobre el sofá.) Enriqne. (Riendo.) Ja, ja!... con la pared. _Leclerc. (Ap.) Un espadachin con faldas !... Enrique. Esta mañana, registrando el cuarto que teneis preparado para mi prima Julia de Nancey, mi compañera de infancia, encontré una maleta en que habia una espada, dos floretes, un hermoso uniforme, su chupa, su casaca, etc. ! Leclerc. Calla ! Ese equipage gasta la señorita Julia? Duquesa. No: es la maleta de su hermano Gaston de A tec o ot rt no
33 -Nancey, alferez de dragones del rey, que debe llegar mañana. Enrique. Qué hermoso vestido !... aquello si que es!... Ay! dichosos los militares, que no gastan cotillas. Leclerc. Para qué las necesitan ! Enrique. Que se la ponga Andrea, que tiene aquel volúmen... ya lo entiendo. Pero yo !... Leclerc. (Riendo.) Es claro! Enrique. Mas contenta me puse. cuando vi los floretes!... tenia una gana de pillar uno, desde que allá en el castillo veía desde la ventana dar lecciones de esgrima á un maestro que estuvo de guarnicion hace dos meses, Duquesa. Sí: cuando te sorprendí con un palo dando estocadas á las puertas. Enrique. Es verdad! Me pongo fuera de mi! (Dando estocadas con el brazo.) Zas! zas!... Yo sería de buena gana general... ó corneta, ó... cualquier cosa asi... n fin, mejor llevaria una charreterra... que no todos estos arrumacos y cintajos... y... (Se los desordena.) Duquesa. Buenas inclinaciones de señorita !... Dale! HE te has despeinado otra vez!... Jesus!... Jesus !... (La compone.—La duquesa queda en medio.) Leclerc. (Ap.) Es un verdadero diablillo!... > Duquesa. Ten juicio. Quieres que tu prima Julia te encuentre hecha una irrision? Enrique. Qué! no lo temo! Ya estoy hecha una buena moza !... Aunque Andrea dice que me falta mucho para ser toda una muger. i Leclerc. (Riendo.) Oh! y Andrea lo entiende! Enrique. Mi querida Julia!... Seis años hace que no la he vuelto á ver. Desde aquel dia en que la mandásteis al convento, y no me dejásteis ir con ella. Leclerc. (Ap.) Bueno hubiera sido! : Enrique. Pues de buena gana me hubiera metido en el convento. Estoy segura de que lo hubiera pasado bien alli... entre tantas muchachas, Y no que en el castillo siempre sola... ó con Andrea, que era peor... sin una amiga!... Solo alguna vez que otra subia Fe- Jipilla la jardinera... y me daba un gusto besarla en aquellos carrillos tan “colorados que tenia !... Hasta ss
34 ., . que mi madre la prohibió que me viese. Asi es que desde la marcha de Julia NO he tenido mas consuelo que escribirle y recibir sus cartas... que leía con un placer !... Leclerc. Hola!... ' Enrique. Todos los correos le ponia unas cartas de seis y ocho carillas... contándole... qué sé yo... todo lo que bacia, todo lo que pensaba... y nO pensaba mas que en ella... hasta soñando!... Leclerc. (Ap.) Diablo"... pues eso quiere decir... Duquesa. Amigo Lecler, si quisiérais llegaros á casa del ministro, á ver qué responde á mi carta? (Oyese ruido fuera.) : : Enrique. Ois? Ha parado un coche! (Corre ú la ventana.) Ay! ya la veo!... ella es!... Julia!... mi querida Julia!... (Se va por el foro.) . Leclerc. Señora duquesa, cuidado !... Se me figura que vuestra hija... es decir, que vuestro hijo... gusta demasiado de su prima! Duquesa. Ya lo he conocido. Pero no hay cuidado: yo , estaré á la mira. (Leclere saluda y se va por la puerta derecha.) : ESCENA Y. ANDREA. LA DUQUESA. JULIA ENRIQUE. Enrique. Ella es! estoy loca de contento!... Joca!... tengo una gana de abrazar, de besar á todo el mundo!... Ami madre la primera!... (La besa.) Y á Andrea tambien... (Yendo á ella.) y Andrea. (Ap.) Misericordia !... Quieta, señorita ! Enrique. Y en seguida... (Se dirige á Julia: la duquesa Le detiene.) Por qué me deteneis? Duquesa. Vamos, Enriqueta! Enrique. No la veis, qué hermosa!... qué celestial!... Dejadme !... dejadme!... Duquesa. Niña ?... : Enrique. Dejadme que la abrace !... (Corre á ella, y la abraza y la besa con fuego.) Duquesa. Enriqueta!... Vamos t... que la estás despeinando!...
35. Enrique. Qué importa !... Julia. Es un peinado de viaje!... Andrea. (Ap.) Se me erizan los cabellos ! Duquesa. (Ap.) Vamos, es preciso impedirá toda costa... Enrique. (Tomándole las manos á Julia.) Es una crueldad habernos tenido separadas tanto tiempo! Pero desde hoy no volverá á suceder. Siempre juntas!... Como dos amigas!... Como dos hermanas!... Ten: dremos los mismos trages, el mismo cuarto... Andrea. (Ap. á la duquesa.) Ois, señora? Duquesa. (Idem.) Calla! Julia. Prima mia, eso no será posible! Enrique. Y por qué? : Duquesa. Son proyectos que no' pueden realizarse. Julia, (Con tristeza.) No! Si hoy mismo me casan ! Enrique. Te casan! Julia. Y con uno que no conozco. Enrique. Es posible! Duquesa. (Pasando entre las dos.) Es un escelente suje- to, Julia. Acuérdate de que eres huérfana, sin bienes de fortuna. El baron de la Rigaudie, un millonario que ha comprado ese título, deseoso de entroncar con la antigua nobleza, me escribió como á tutora tuya, pidiéndome tu mano. Es un enlace que te asegura un brillante porvenir. He venido, pues, á que, segun la costumbre, salgas hoy del convento para dar esta noche la mano á tu esposo, í Enrique. Ya!... para eso eran los preparativos que he visto desde anoche... y tanto entrar y salir... (Recordando.) Ay! ya caigo! Duquesa. Qué? Enrique! Ya conozco al novio! Aquel bamboche tan emperegilado que vi anoche salir de la sala. (Ándrea va al foro, y baja ú colocarse á la izquierda.) Duquesa. Si; convengo en que el baron de la Rigaudie no es lo que se llama un buen mozo... Enrique. Pero, en cambio, es bastante feo... Y mealegro, caramba! Me alegro. Ya que casan á Julia, solo deseo una cosa. : Julia, Qué? Enrique. Que ahorrezcas á tu marido. Yo he de tener celos de él. Conozco que es una rareza, pero no lo
36 puedo remediar. (Un lacayo sale por la izquierda, habla con Andrea y seva.) . Andrea. Señora duquesa, el notario ha legado. (Julia pasa ú la derecha, y se sienta en un sillon: Enrique se sienta en un brazo del sillon.) | Duquesa. Está bien, voy allá. (Ap.) No hay que perder tiempo : es preciso casarla al instante, y que se la lle- ve su marido: bay que separar á estos dos muchachos inmediatamente. Andrea, ocúpate en peinar y en vestir á mi sobrina ahora mismo. (Se va por la isquierda. Andrea. Al momento se hará, señora. ESCENA VI. JULIA. ENRIQUE. ANDREA. Andrea. Ea, señorita Julia, vamos allá. Enrique. A vestirla? Eh! tiempo hay. Está asi tan hermosa! » Andrea. La señora duquesa ha mandado que se vista ahora mismo. Enrique. (Levantándose, Y tambien Julia.) Vaya, no te enfades. AJIá voy yo tambien á ayudaros. Andrea. Qué estais diciendo! Enrique. Eres sorda? Que voy á ayudaros. Asi no nos separaremos un solo instante Julia y yo- Andrea. Santa Bárbara! Enrique. De qué te asustas 2 Andrea. Vamos, señorita : eso no puede ser. Enrique. Y por qué? Tú ya eres vieja... estás torpe... tardas un siglo en echar los corchetes... conmigo, al menos, cuando me visles, padeces unas distracciones... Andrea. Yo!... Ave María purísima! Enrique. Verás qué bien la visLo yO. Andrea. (Ap.) Cómo salimos de esta! Enrique. Ven, Julia, ven: seré tu camarera. Andrea. ( Poniéndose en medio.) No lo permito, señorita!... Hay razones... y razones MUY poderosas, para no consentir que le prendais á vuestra prima un solo alfiler sin autorizacion mia. o
37 Enrique. Pues hien: ó la vestimos entre las dos, ó no se viste, elige. Bastante tiempo nos han tenido separadas... y ya que se la van á Jlevar, quiero aprovechar estos cortos momentos. (Pasa en medio. ) Andrea. (Ap.) Qué escándalo, Dios mio! Y qué hago yo? Voyá avisar á la señora duquesa... Aqui está una en un contínuo riesgo ! (Se va por la izquierda.) ESCENA VI. JULIA. ENRIQUE. , Enrique. Anda con mil diablos!... Julia mia! si vieras!... tenia un deseo de que nos dejaran solas ! Julia. Y yo. Enrique, Siéntate. (Julia se sienta en un sillon : Envique d sus pies en una banqueta.) Y yo aqui... enlazados nuestros brazos... tu mano entre la mia... COMO allá en el castillo en nuestros primeros años... Te acuerdas? Y tampoco nos dejaban solas jamas! Julia. Oh! bien me acuerdo!... Pero no sé por qué... ahora me siento turbada... estoy temblando... Nunca me ba sucedido esto! Enrique. Es que nunca has tenido una amiga que te ame como yo! : : Julia. Y luego... este casamiento tan repentino... Entregarme á un marido que no conozco! Enrique, Oh! no me recuerdes eso, que me pongo furiosa! (Aparece un lacayo por el foro.) Quién viene á fastidiarnos? (Va á mirar.) Ay! Julia! Julia!... El es... tu futuro!... Mírale! : A 5 Julia. (Yendo 4 mirar.) Dios mio! qué facha!... Si es o ESCENA VHI. ENRIQUE. JULIA. RIGAUDIE. UN LACAYO. (El lacayo trae un canastillo con regalos de boda.) Rigaudie. Sigueme, Tamerlan. Qué veo! Dos hermosuras!... dos deidades en vez de una! Yo no esperaba hallar aqui mas que a mi futura...
38 Enrique. (Saludándole.) Es el señor baron de la Ri- -—gaudic, segun creo? Rigaudie. El mismo, señorita. Otro en mi lugar se veria perplejo en este amable conflicto de dos caras, una blanca, otra morena; de dos talles á cual mas aéreo; de dos pies..., es decir, de cuatro pies á cual mas chiquitito; de dos... etcétera. Pero yo que tengo un tino especial, no titubeo en reconocer á mi futura en este adorable caos. Tamerlan, ofrece ese canastillo (Señalando ú Enrique.) a tu señora y dueña, á la futura baronesa de la Rigaudie. Julia. (Ap. á Enrique.) Te toma por mi. Enrique. (1d.) Mejor! dejále que me haga la corte; quiero saber qué cosa es esa. Rigaudie. (A Enrique.) Me será permitido estrechar esa preciosa mano? E Enrique. (Dándosela.) Si eso os contenta... ahi va. Rigaudie, Oh! me entusiasma!... me eleva!... Oh! sien- to una complicacion de sensaciones !... Enrique. (Ap. ) Pues yo no siento maldita la cosa ! Rigaudie. Me permilis que deje estampado en ella el ósculo nupcial? Enrique. Por qué no? Rigaudic. (Besándola.) Oh! mi alma se anega en un piélago de delicias !... Enrique. (Ap. á Julia.) Me parece que ya es tiempo de desengañarlo. Julia. (1d.) No por Dios!... todavía no! | Rigaudie. Mis castillos... mis bosques... Mis parques... todo es vuestro! Enrique. (Ap. 4 Julia.) No lo pasarás mal! Rigaudie. Y por remate de cuentas, mi persona. Enrique. (Ap. ú Julia.) Eso es lo malo! Rigaudie. No seré vuestro esposo; seré vuestro esclavo, seré vuestro lebrel!... Todo Paris se morirá de envidia! Y mis amigos, cuando os los presente... Pilbois. (Dentro.) Bién está, bien está. Rigaudie. Justamente uno de ellos viene aqui... uno de mis mas caros amigos... y podria decir el mas caro... el que mas simpatiza... (Ap.) con mi dinero.
ES 39 ESCENA IX. E DICHOS. PILBOIS. Pilbois. (Al salir.) Eh! Yo me anunciaré solo. Busco al baron de la Rigaudic. 5” Rigaudie. Cómo es eso, caballero! Nadie os anuncia? Pilbois. Ahi he visto tres mascarones muy empolvados (ue me querian detener. Voto al diablo! yo uo necesito... Rigaudie. Señoritas, permitidme que os presente á un valiente capitan de los ejércitos de S. M., al caballero Pilbois. | Enrique. Hola ! el señor es capitan ? Pilbois. De dragones del rey. Con diez campañas... veinte heridas, y pobre como una rata. Enrique. Esa no es falta. Pilbóis. Ni sobra. Rigaudie, Ciertamente. El dinero y el mérito pueden muy bien ir juntos... es lo que todo el mundo me dice. Caro Pilbois, os autorizo á ofrecer vuestros respetos á mi hermosa futura. Solo al verla adiviné que era ella. Oh! yo tengo un tino especial ! Enrique. (Riendo) Pues hoy habeis empezado á perderlo, porque tened entendido que no soy yo vuestra hermosa futura. Y en prueba de ello, os la presento en la persona de la señorita Julia de Nancey, mi prima, y mi amiga de la infancia. Rigaudie. (Asombrado.) Ba! 0 Pilbois. (Riendo.) Toma!... toma!... | Enrique. Qué quereis !... no tuve valor para renunciar antes al dulce placer de oir vuestras finezas; pero ya es tiempo de que las dirijais á quien debe recibirlas, Rigaudie. (Ap.) Estoy anonadado ! (Pasando entre Enrique y Julia.) Ciertamente... esta señorita es celestial!... una gracia!... un encanto!... (A Enrique.) Y vos suis divina!... un encanto!... una gracia!... Pilbois. Baron!... baron!... : Rigaudie. (A Julia.) UL ! pero vos!... Leneis un atractivo!... y mi entusiasmo... MI... Pilbois. Baron! que te embrollas ! Julia. (Pasando junto á Enrique.) Ay! Enriqueta! yo no sé lo que me pasa!...
46 cuidado. Versalles está un paseo de aqui. Esta noche estais de vuelta. Y mañana podeis marcharos con vuestro hijo á Bretaña. Si no, Vals á tener que estaros aqui tres meses; y €s Un peligro!... Duquesa. Ah! decis bien! me resuelvo. Señores, me marcho á Versalles. Rigaudie. En ese Caso, permitidme, duquesa, que os dé la mano hasta el coche. Siento que no asistais á la ceremonia que va á tener lugar en este dia tan solemne y lan dulce para mí. Duquesa. No me es posible, baron. Esta carta del primer ministro, me llama á la corte: hoy mismo se ve mi pleito en el consejo, y sin mi presencia quiza se perderia. Leclerc. Seria muy de temer! Enrique. (Levantándose.) A Versalles?... nos vamos á Versalles ? Duquesa. No, hija mia: voy yo sola. Enrique. Y yo que tenia unos deseos tan grandes de ver la corte... Jos jardines... Dicen que es tan magnífico, que hay unos bailes!... que hay unas mugeres lan hermosas!... Rigaudie. Y vos queriais matarlas de envidia?... (Suspira.) Ay! Duquesa. No, Enriqueta, no puede ser. Tú te quedas aqui... asistirás con Andrea al casamiento de tu prima, que se va á celebrar dentro de pocos momentos. Rigaudie. Sereis testigo de mi dicha! testigo, nada mas!... Ay! Duquesa. El señor Leclere sabe los motivos que tengo para apresurar esle enlace: él hará mis veces en la s ceremonia. Leclerc. Con mucho gusto, señora. Rigaudie. Y efectuado que sea el enlace, partiré á mi castillo con mi amada esposa... Ay! Duquesa. Y mañana saldremos Enriqueta y yo para nuestro castillo de Bretaña. Enrique. Eso es!... separada de Julia!... y otra vez á Bretaña. Duquesa. Es preciso, hija mia. Lo hago por tu bien... pOr po tranquilidad... (Ap. Ú Leclerc.) Ácaso por su vida!
47 Leclerc. Yo lo creo! Si ese condenado de Pilbois... Un lacayo. (Por el foro.) El coche está á la puerta, Duquesa. (Abraza y besa á Eurique.) A Dios, hija mia, Pen juicio! Leclere, á vos os lo encargo. Baron, cuando gusteis, Rigaudie, (Que está contemplando á Enrique.) Ay! (Da la mano ú la duquesa, y se va por el foro con Leclerc.) ESCENA XIV. ENRIQUE. Luego JULIA. : Enrique. Volvernos á Bretaña !... á pasar la vida viendo ordeñar las vacas, segar el trigo, podar los arboles... Alli encerrada, sin ver á nadie, sin hablar con nadie... muriéndome de fastidio y de tristeza! Pues no señor!... Voto á sanes!... aunque sepa tener que escaparme... que desertar de casa, no me vuelvo á sepultar en aquel maldito castillo! Julia. (De novia con el velo.) Aqui estás! Te andaba buscando! Enrique. Cielos!... qué hermosa está... Como que me dan ganas de casarme á mí tambien! Julia. Dichosa tú! Yo no tengo ningunas: “estoy desesperada! Enrique. Tontería! Cuando vas á ser rica... y sobre todo libre! Julia. Sí, pero á qué precio! Enrique. A precio de un marido... no muy apetecible, Conve 080s Pero el negocio tiene otras ventajas, Julia. Si, si! yo quisiera verte en mi lugar. Enrique. En tu lugar, yo estaria loca de contento! Una vez casada , una vez dueña de mis acciones, te lraeria á mi lado, y no te separarias de mí ni de dia ni de noche. Julia. Hermoso plan! Enrique. Calla!... Aguarda!... Qué feliz idea! Julia, Qué idea? : Enrique. Vas á decir que estoy loca. Y lo estoy... no dirás ninguna mentira. Pero yo SOY asi... arrojada en todos mis planes, como si fuera un hombre. Julia. Esplicate. ;
48 Enrique. Oye. Tu futuro esposo Se ha enamorado de mi; eso ya lo has conocido... Está el hombre tan entusiasmado, que no me deja... en fin, le gusto yo mas que tú. Es una estravaganCia... no te ofendas. Julia. Qué me he de ofender! Enrique. En fin, no me decias antes que querias verme en ta Jugar? Pues bien, me pongo en tu lugar: cambio contigo: me Caso Con el ricote... en tu lugar. (Empieza d oscurecer.) : Julia. Y cómo? Enrique. Qué sé yo cómo!... Como se casan todas... ahi en el oratorio... Poniéndome tu velo... Julia. Pero cuando te reconozca... Enrique. Qué ba de decir? No ves que me adora! Se alegrará en el alma del cambio. Yo no sé despues de casados hasta qué punto se hallará chasqueado... pero eso es cuenta suya. Julia. Y cómo hacemos? Enrique. Nada mas sencillo. Cambiamos de adornos... yo me pongo el tuyo... Me cubro con tu velo, me tapo bien, y cátame una novia hecha y derecha. Julia. Qué diablura!... Pero si ya no lenemos tiempo! Van á venir... bl Enrique. Verás qué pronto. Ea, manos á la obra. (Quitándola el velo.) Ay! que me he pinchado!... Y ya no se ve gota! Julia. Quieres que llamemos ? Eñvique. Eso es!... para que venga Andrea, que anda - ocupada en preparar tu equipage de marcha, y nos sorprenda, y... No, no: veras como asi á tientas... Qué lindo brazo !... qué torneado y qué llenito!... Y no el mio, tan huesudo l... Y qué talle!... Oh! tienes mucho mejor cuerpo que yo! Julia. Ay! qué apuro, Dios!... Enrique. No te aturdas... Len serenidad... Julia. Ay! Jesus! Enrique. Qué tienes? Julia. Viene gente? Enrique. Despacha! Julia. Ya estas. Enrique. Pues corre: escóndete por aqui. (Yendo á la izquierda.) No, que está Andrea!
| e 49 Julia. (Yendo Por la derecha.) Por alli. Los de la boda! Enrique, Y dónde te metes? Ah! detras del biombo. (Julia se esconde detras del biombo.) ESCENA XV. ENRIQUE, cubierto con el velo. JULIA, escondida. ANDREA. PILBOIS. RIGAUDIE. LECLERC. UN NOTARIO. TESTIGOS. LACA- , YOs. (Uno de ellos precede ú todos sacando un cande- ) (Los lacayos colocan una mesa en medio : el notario se sienta.) Leclere. Señores, tengo encargo de la señora duquesa de Choisy de representarla en este acto. Firmad, señorita. Enrique. (Ap. firmando.) Firmo mi libertad. Rigaudio. (Pirmando.) «El baron Cristóbal de la Ri. gaudie. » Soy feliz ! Ahora firmará como testigo el caballero Pilbois. Andrea y Leclere. (Ap. aterrados.) Pilbois! Leclerc. Pilbois ha dicho?... Sil... él es! Andrea. Santos del cielo! Somos perdidos! Leclere, Si lo descubre!... : tigaudie. (Dando la mano ú Enrique.) Marchemos! (Ap.) Si al descorrer este velo me hallara con las facciones celestiales de Su arpiga... Ay! (Todos se dirigen al foro y desaparecen: quedan Leclere Y Andrea. Andrea. (4 Leclere.) Yo me quedo!... no puedo tenerme en pie!... estoy Muerta... 1d yos... YO Voy á buscarle...á esconderle. .. eclerc. Yo tambien me he quedado muerto!... Ese hombre feroz... ese espadachin... Habeis visto qué cara?... Pero cómo esta aqui?... Cómo ha venido ll Andrea. Con el baron sin duda: será amigo suyo... le ha traido para testigo. Leclerc. Jesus! Jesus! Oh! si la duquesa lo hubiera vis. to!... Afortunadamente ahora mismo se Van... se irá ese hombre, y no volveremos á verle. Cuidad entre tanto de que el señorito no Se presente... Pudiera al guna imprudencia... A
50 Andrea. Si, si. 1d vos á la ceremonia: yo me quedo aqui. (Se va Leclerc.) ESCENA XVI. ANDREA. Luego JULIA. Andrea. Santo angel de la Guarda!... Si la señora duquesa supiera que es) hombre está aqui... aqu... al lado de su bijo!..: Y ese muchacho, lan cándido... tan inocenton... SIN sospechar lo mas minimo... Gracial al cuidado y á la vigilancia que hemos tenido, que sino... Pero dónde anda, que no le veo hace un rato? Cómo no ha venido a presenciar la ceremonia? .. (Viendo salir á Julia, que va ú mirar por el foro.) Ah! aqui estaba! Enriqueta!... Señorita Enriqueta! La trae de la mano.) Julia. Silencio, Andrea! Andrea. Dios mio!... La señorita Julia !... Estoy soñando!... Estoy viendo visiones!... 05 estais casando alli... y estals aqui... qué es esto, Señor! Julia. No, Andreas no soy YO la que se está casando. Andrea. Cómo es eso?... Pues no os he visto ahora mismo con el velo puesto ir de la mano del baron? Julia. No, Andrea! Andrea. Cómo no? Pues quién era la que iba?... Julia. Otra que se casa en mi lugar. Andrea. Otra?... pero quién es... Julia. No lo adivinais ? Andrea. Cómo es posible que lo adivine? Hablad!... yo estoy en ascuas!... Quién era? Julia. Quién era? Mi prima Enriqueta, que se casa por mi. Andrea. Enriqueta 1... Santa Barbara bendita!... Enriueta casándose Con el baron!... Yo me ahogo!... yO me sofoco, yo M6 muero!... Y qué hago? qué le digo? Voy allá... voy A llamar... voy á impedir que se con” sume ese horror!... Ay! Dios mio! Y Pilbois que está resente!... Cómo descubro yO la verdad !... Julia. No griteis!... 0S van á oir... (Yendo al foro.) Andrea. (Fuera de sí.) Y si me oyen, comprometo la vida de... y si callo, si callo... consiento en un sacri-
legio... cometo un pecado mortal... Voy, VOY I... voy á estorbarlo!... no quiero gravar mi Conciencia!. .” ero, Dios mio!... y Pilbois!... y Pilbois, que está alli! (4p.) Dónde se ha visto cosa igual !... Un hombre casándose con otro!... Hui! Qué escándalo!... No 2Y remedio!... Voy allá!... E Julia. (Bajando. )Ya salen del oratorio! Andrea. (Cayendo desmayada en el sofá.) Ay!... se han Casado !... (Ju lia acude á socorrerla: cae el telon.) FIN DEL ACTO PRIMERO.
_ A O, Bao segunoo- o E El patio de una posada con cerca Y puerta grande en el foro, por donde se ve el campo. A la derecha un cenador cubierto con césped, A la izquierda la fachada de la posada con puerta y ventanas » y muestra encima donde dice: Posada del cuerno de la abundancia. En el patio hay árboles y macetas con flores. ESCENA PRIMERA. SIMONA. BLASA. EL SARGENTO. soLDADOs. Luego GERÓNIMO. (El sargento y los soldados estun bebiendo y corlejando á Simona Y á Blasa.) Simona. Vaya! las manos quedas!... Blasa. Que me enfado! Sargento. No seais desdeñosas ! Blasa. Señor amo!... (Entrase corriendo en la posada: sale Gerónimo.) Gerónimo. Militares, ué haceis con mi esposa? No 1€* mas, Simona ; yo seré tu defensa : no le abrazarán..” sino despues de haberme abrazado á mi! (Pónese de* lante de ella.) Sargento. Pues entonces está segura. Gerónimo. Vaya! Pues no faltaba mas!... Despues quí
33 me estais arruinando!... Porque desde que os habeis establecido aqui para sorprender á los duelistas y á los espadachines que vienen á batirse al bosque de Compiegne, he perdido yo mis mejores parroquianos, que eran esos. De manera que tengo que comerme las provisiones en compañía de mi esposa ; lo cual me hace engordar contra mi voluntad. n Sargento. Estamos aqui de orden del superintendente de policía. Gerónimo. Respeto mucho á ese magistrado; pero resulta que los espadachines irán á batirse 4 otra parte, y nada adelantais. Afortunadamente los caminos del bosque son malísimos, y suele suceder... (Gritos dentro.) Qué ruido es ese?... (Mirando por el foro.) Hola !... una silla de posta que ha volcado!... Qué postillon es? Simona. Gervasio. , Gerónimo. Buen muchacho! Esta es la cuarta vez que me Proporciona huéspedes en esta semana... por el mismo medio... haciéndolos volcar junto á mi posada. Ello buenas propinas me cuesta... argento. Muchachos, vamos nosotros á rondar un rato Por el bosque. (Se van por el foro de la izquierda.) erónimo. Yo voy á ver si se ha hecho daño alguna de las victimas de Gervasio: (Se va por el foro de la derecha.) E rel Simona. (Sola.) Vamos! no empieza mal el dia! Desde bien temprano se nos presentan huéspedes. (Mirando.) Ya salen de la silla... Son tres señoras... y un caallero... Vienen hácia aqui... ESCENA IL SIMONA. ENRIQUE, JULIA. ANDREA, RIGAUDIE. Rigaudie. Qué fatalidad!... irá volcar precisamente en un sitio que está como la palma de la mano! imona. Quieren estas señoras que se les preparen ha: ditaciones ? Endrea. Si tal : cuatro por lo. menos.
54 Simona. Voy al instante. (Se entra en la posada.) Kigaudie. Para qué? En cuanto la silla esté compuesta, nos marchamos. Andrea. (Yendo por una silla.) No nos marcharemos. Rigaudie. Qué es eso? Andrea. Nos quedamos aqui, señor mio!... No nos movemos de aqui, señor mio! Y ya que Dios nos ha concedido el beneficio de volcar antes de que llegásemos á vuestro castillo... (Sentándose.) os anuncio que estas niñas y yo no salimos de esta posada. Rigaudie. Cómo se entiende? Y por qué razon, si teneis la bendad de decirmela? Andrea. Porque esta posada está en el camino por donde debe venir la señora duquesa, á la cual he enviado yo á llamar con el señor Leclerc para que venga á recoger la hija que vos le habeis robado. Enrique. Poco á poco: protesto! Este insigne señor no ha cometido conmigo ningun rapto. Yo me he casado con él libre y espontáneamente... por razones que me reservo. Rigaudie. Lo estais oyendo? Andrea. Ha habido seduccion y rapto. Enrique. (Pasando junto áú Andrea.) Tiene este caballero facha de seductor, Andrea?... Hazle justicia... y no empieces de nuevo con las lamentaciones que nos has regalado durante el camino. Ojalá hubieras continuado con aquel desmayo que tenias cuando volvimos del oratorio. Andrea. Ay! qué aventura!... qué aventura!.... Enrique. Qué cuadro aquel, cuando me quité el velo, - y se descubrió el enredo! Andrea, pálida de terror... el procurador, azul de sorpresa... el baron, encarnado de gozo... Aquello era un arco-iris! Y Julia riéndose á carcajadas de ver al señor que me daba gracias por haberme casado con él en lugar de ella. Julia. El señor se mostraba tan gozoso!... Rigaudie. (A Julia) No os ofendais por eso, señorita! En esta vida se reciben flechazos... de donde menos se esperan... Julia. Oh! no creais que me ofendo!... todo lo contrario... Enrique. Pues y la marcha!... qué escena aquella ! El ==
55 haron llevandome al coche... Andrea tirándome para que no subiera... Julia declarando que no se apartaria de mí... y por último metiéndose todos en el carruage... Señor haron, tres raptos en vez de uno... y lo que es el de Andrea, puede llamarse doble... es muger de peso. Andrea. (Levantándose.) Desgraciada!... Cómo queriais que os abandonase... hallándoos como os hallais... en situacion tan espinosa... amenazada de... Rigaudie. No está amenazada de ninguna cosa!... Oiga!... Y aqui no necesitamos de vos para nada: á ella le basta con su esposo: yo soy su único pro- Lector! Enrique. Lo oyes? Andrea. Eso lo veremos! Rigaudie, Lo veremos! Y si os obstinais, pronto llegará mi amigo Pilbois, á quien he dado cita para esta posada, y él me ayudará á defender mis derechos. Andrea. (Aterrada.) Pilbois!... esperais al señor Pilbois? Rigaudie. Mucho que sí; y no tardará en llegar: se viene conmigo á mi castillo. Andrea. (Ap.) Santo Dios!... Es preciso que yo saque de aqui cuanto antes á este infeliz jóven! Rigaudie, Y puesto que vos os empeñais en quedaros, quedaos en horabuena : estas señoritas se vendrán conmigo al castillo, donde nos esperan el amor y los placeres! : Andrea. (Poniéndose en medio.) No señor!... no os marchareis!... aunque tenga que acudir á la fuerza de las bayonetas! (Gerónimo sale por el forocon el postillon, que trae las maletas.) Gerónimo. Aqui vienen las maletas. Andrea. A la posada con ellas. Rigaudie. Yo te lo probibo. Andrea, Yo te lo mando... Gerónimo. Obedece á la señora !... Las señoras son antes!... (Se entra con él en la posada.) Rigaudie. Ab! tunante! Voy á buscar un carpintero... dos carpinteros... todos los carpinteros de la comarca, para que compongan la silla. No temas, dulce esposa: dentro de un instante partiremos en la carroza de himeneo. (Yéndose.)
62 ESCENA XI. PILBOIS. Luego BLASA. (Sale del cenador , mira hácia la parte por donde ha marchado Enrique, y dice con furia :) Es un hombre!... Es un duque de Choisy! He llegado á tiempo, vive Dios!... he llegado á tiempo de sorprender este importante secreto! No en balde esperimentaba yo aquella conmocion al aspecto de esa supuesta niña !... No en balde me asaltaban aquellas dudas que no podia desechar! Todo está descubierto. Bajo esas blondas y esas sedas late un corazon de hombre!... Ó mas bien... voto al infierno!... un Corazon de niño!... Pero paciencia, Pilbois, paciencia! Has esperado diez y ocho años... espera algunos mas, pronto... Muy pronto el niño será hombre... y entonces me dará satisfaccion de la afrenta que me hizo su padre! Pero esa afrenta, quiero que la sepa... que la sepa hoy mismo... Si!... aqui, cuando esten reunidos todos los que me han estado engañando... burlándose de míi!... Hasta que llegue el momento... calma, Pilbois, calma!... Oculta este gozo que te embarga el aliento !... calma, Pilbois, calma!... Alguien viene!... Blasa. (Saliendo de la posada.) Mandais algo, caballero? Pilbois. Sí: quiero una habitacion. Blasa. Al momento : podeis venir Conmigo. (Se entra.) Pilbois. Desde alli estaré en observacion. (Se entra. Salen por el foro derecha, la Duquesa, Enrique Y Leclerc.) : ESCENA XII. LA DUQUESA. ENRIQUE. LECLERC. Enrique. No señora, no; os lo repito: no quiero que dure ni un minuto mas el ridículo papel que se me esíá haciendo representar desde que nací. No quiero que vuelva nadie á llamarme la duquesila. Duquesa. Enrique, hijo mio, no hables alto, por Dios!... calla !... yo te lo suplico!
63 Enrique. No señora!... no callo. Quiero tomar posesion de mi sexo, y publicarlo con orgullo por toda la Francia! Leclere. Silencio, por Dios ! señor duque!... Si os oyeran... a Enrique. Eso es lo que yo quiero; que me oigan! Duquesa. Enrique, hijo mio... óyeme á mí primero... ¿mrique. No oigo nada, hasta verme despojado de todos estos arreos femeninos. No es ya la duquesita Enriqueta quien Os va á oir, señora: es el duque Eurique de Choisy quien tomara las órdenes de su madre, Leclere: Jesus! qué cabeza ! Duquesa. Bien, Enrique, bien: haz lo que quieras; pero te declaro que un secreto terrible me ha obligado á ocultar hasta ahora lo que erasá todo el mundo, yá ti mismo. Enrique. Pero, madre, hasta que me muera ! Duquesa. Por algunos días, y nada mas: mientras se busca el medio de anular ese casamiento fatal. Enrique. Pero madre!... Duquesa. Mi vida está en lus manos, Enrique!... Si declaras el secreto, me matas!... No te volveré á decir una palabra: haz ahora lo que quieras, . ¿nrique. Bien, madre mia: callaré! callaré, ya que en ello ya vuestra vida... que es tan preciosa para mi. Solo una condicion pongo. Duquesa. Cuál? Enrique. Que no dispongais de la mano de Julia Leclerc. Y que se la deis á él. He acertado? Enrique. Justamente. Esta especie de cuervo tiene pe- Nelracion. Leclere. Silencio !... que viene el ricacho. Con vuestro permiso, señora; saco el auto, yle hago la nolifica- CiOn. o > yo no he de permanecer muger ESCENA XIIL DICHOS. RIGAUDIE. Luego piLBO1S. Ñ 2 Rigaudie. La silla de posta está compuesta. (4 Enrique.) Venid, idolo mio!... la cartoza de himeneo está enganchada, y solo á yos espera.
64 Leclerc. (Adelantándose con un papel en la mano.) Yo me opongo en nombre de la ley. Rigaudie. Calla ! el procurador aqui?!... Calla!... y la duquesa!... Leclerc. (Leyendo.) «Nos, Roque Anselmo Leclerc, procurador del Parlamento, hacemos saber... Riguudie. Silencio, procurador!... Duquesa. Señor baron, Jo que ha hecho esta niña ha sido una calaverada que no puede aprobarse... Leclerc. «Nos, Roque Anselmo Leclerc, procurador del... > Rigaudie. Silencio, he dicho, procurador! Señora, para mí es una honra que me Jlena de orgullo el que la duquesita se haya dignado elegirme por esposo; y no es culpa mia que mis atractivos personales... Enrique. Vuestros atractivos personales no tocan pito en esta cuestion, señor mio. Yo me casaba por salir del encierro, por hallarme á mis anchas... y nada mas... clarito. : Rigaudie. Cómo es eso? Duquesa. Espero, pues, señor baron, que no me hareis acudir á medios violentos para deshacer este enlace, que no ha sido otra cosa que una muchachada; y que consentireis con plena voluntad... Rigaudie. No consentiré tal! Yo adoro á mi esposa... mi esposa es mi esposa !... y no la arrancarán de mis brazos, sino arrancándome la vida! Enrique. Estamos frescos! Duquesa. Señor baron, y la ley ? Bigaudie. La recuso! Enrique. Y si yo recuso el seguiros? : Rigaudie, Cometeré un rapto! Os llevaré á la fuerza! Enrique. Cómo á la fuerza!... voto á!... Leclere. «Nos, Roque Anselmo Leclerc... > Rigaudie. Silencio os he dicho, procurador! Leclerc. No hay silencio que valga ! La demanda está en forma: y yo os armaré un pleito que... Rigaudie. Me río de vuestros pleitos! Yo me llevo á la duquesita, mi esposa, á mi castillo, á pesar vuestro, á pesar de todo el mundo!... y si hay que acudir á la fuerza armada, acudiré ahora mismo! Duquesa. (Ap.)Qué haré, Dios mio! Si se arma un escán- > >" 2
» . dalo... si se da lugar á sospechas... y se descubre!... Solo hay un medio! no queda otro. (Llamando aparte al baron.) Señor baron , ME poneis en el compromiso de confiar á vuestro honor un secreto... Rigaudie. Hablad, señora. Duquesa. Habeis de saber, señor baron... Leclerc. Señora duquesa... El caballero Pilbois!... (Pil. bois aparece por la Posada.) Duquesa. (Ap.) Cielos !... qué iba yo á decir !... Enrique. (Yendo á él.) Oh!... El Capitan aqui ! Rigaudie. Pilbois !... Llegais á tiempo!... Duquesa. ¡Temblando.) Cómo!... El señor capitan Pil. bois!... el antiguo compañero de mi esposo!... (Po. niéndose delante de Enrique.) Rigaudie. Amigo mio, y testigo en mi boda. Enrique. Compañero de armas de mi padre... El señor capitan me lo dijo ayer mismo. : Duquesa. Ah! no es esta la primera vez que ves al señor? Enrique. No tal; si ya somos amigos. Duquesa. Lo celebro!.., Porque si la memoria no me es infiel... el duque de Choisy, mi esposo, fue muy amigo del señor capitan... Pilbois. Si señora : mas de diez años. (Con frialdad.) Rigaudie. Cierto! y aun lo serian si viviera el duque. Porque entre amigos... aunque alguna vez se riña... cuando dos son amigos... Oh! yo me acuerdo mucho hace diez y ocho años... allá ej la frontera de España... Pilbois. (Con ira.) Silencio ! Rigaudie. Bien, Pilbois, bien! (4p.) Me asusta este hom» bre! Enrique. (A la duquesa.) El señor capitan Pilbois salvó la vida á mi padre: recibió una herida mortal por defenderlo. Duquesa. (Con timidez.) Oh! sí, lo sé. Sé que el señor es un valiente, lleno de delicadeza... de generosidad!... Mucho me acuerdo de los elogios que me hacia de él mi esposo, Y el duque le dió pruebas mu señaladas de amistad... Yo misma me acuerdo que tuve la dicha de poder contribuir... Y mi esposo á su - vez pagó aquella deuda de amistad... Ah! la pagó con su vida!.., 5
nn nn S 66 Rigaudie. Es verdad!... en aquel reducto!... fue un rasgo admirable!... fue..- Pilbois. Silencio? Rigaudie. Bien , Pilbois, bien! (Ap.) Se pone feroz! Enrique. Qué hermoso €5S partir asi con un compañero de armas los peligros, la gloria, las recompensas... Pilbois. Eso último €S lo que no partiamos siempre, $eñora! Los peligros, las heridas... eso sil... Los honores, los grados eran para él solo!... Duquesa. Sin embargo, mi viaje al campamento... Rigaudic. Es verdad! Cuando fue á llevaros... Pilbois. Silencio! Rigaudie. (Ap.) No se puede con el! Pilbois. Ya que recordais aquel tiempo, y con él la parte de historia que 05 favorece » permitidme, señora duquesa, que yO complete el cuadro con la que voS olvidais. Duquesa. (Ap.) Dios mio! Pilbois. Este pobre oficial aventurero, sin títulos de NO= bleza, sin bienes de fortuna, veía sin envidia, sin enojo... hasta CON placer, á su noble amigo , á su feliz camarada, al ilustre duque > obtener, en perjuicio suyo, los grados , los honores que él merecia, si nO mas, tanto por lo menos! Enrique. Conducta digna de un corazon generoso! Pilbois. Ese corazon generoso devoraba en silencio la injusticia que le persegula : callaba cuando su ilustre amigo le quitaba sus ascensos Y SUS premios... Pero llegó un dia en que el noble duque guiso quitarle otra cosa mas sagrada... $U honor !... Y tambien se lo quitó! Enrique. Esplicaos , capitan! pilpois. Olvidando en Ub instante diez años de la mas ¿ntima y fraternal amistad... creyendo sin duda que la megilla de un plebeyo es menos sensible que la de un noble... el duque hizo á su compañero de armas una afrenta infame... Duquesa. Y murió en seguida por él! Pilbois. Y qué es morir para un soldado?... Qué es MO- rir como él murió?... €n Una batalla... despues de una victoria. -- aplaudido... honrado... vencedor! Hasta en ese momento... hasta en el morir me usurpó una glo-
67 ria que me estaba destinada, y que: por él, por la afrenta que me hizo, olvidé y desdeñé en aquellos momentos de furor! El murió honrado... dejándome: deshonrado á mí! Pues bien: si existe en el mundo un duque de Choisy, y no viene á pagarme aquella deuda de honor, desde ahora le arrojo á su cara la afrenta que recibí en la mia, y lo califico de villano y de coarde! Enrique. (Con furor, poniéndosele delante.) Capitan!... uquesa. (Agarrándole la mano.) Por Dios!... Pilbois.(A Enrique.) Quereis esplicarme, niña, qué arrebato es ese? Duquesa. (Ap. á Enrique.) Acuérdate de tu promesa!... Si te descubres, me muero ! Enrique. Oh!... Bien; callaré, madre mia!... callaré! Ah! me ahogo!... (Va á perder el sentido: se apoya en la duquesa.) Pilbois. (Ap.) Se desmaya!... Duquesa. Ven, hija mia, ven á serenarte!... Leclerc. Apoyaos tambien en mi!... Rigaudie. Dejad, dejad: aqui está mi brazo! Pilbois. Sí, Mevadla: está temblando ! Enrique. (Ap.) De rabia! (Se entra en la posada, sostenido por los tres.) j ESCENA XIV. PILBOIS. Luego riGAUDIE. Pilbois. Porn momento me hice la ilusion de que iba á responder á su sangre... Me he engañado!... Ese temblor... ese desmayo... Es un niño !... Le han afeminado... han apagado en su alma todo sentimiento varonil!... Rigaudie. (Saliendo.) Teneis el diablo en el cuerpo, Pilbois ?... En vez de venir á ayudarme, venís á echarme á perder el negocio mas de lo que estaba! Es cosa ori: gival ! Despues de encargarme tanto que no contara á nadie lo dela... (Significando la bofetada.) Pilbois. (Con enojo.) Lo de la qué? : Rigaudie. Lo de la... afrenta, selo vais á contará la misma duquesa ! |
68 Pilbois. Tenia para ello mis razones. Rigaudie. No digo que no. Pero habeis hecho desmayar 4 mi sensible y delicada esposa; Y ámi, que soy el que os ha presentado como un íntimo amigo, me van á tomar mas antipatia..- si cabe. Pilbois. Cristóbal ! Eres un ente ridiculo ! Rigaudie. Qué estais diciendo? Pilbois. Voto al infierno! lo que no podrás menos de saber dentro de una hora. Qué eres un papanatas... que estás en berlina... que serás la fabula del pueblo!... que tu adorada esposa, como vá la llamas, no es ni mas ni menos que un muchacho hecho y derecho que han criado con trage de muger. Lo quieres mas claro? Rigaudie. Pilbois!... Pilbois... 0S estais mofando de vuestro amigo!... eso no es regular!... Abusais de mi amistad de una manera atroz! Pilbois. Esta es la verdad pura !... No tienes que dudarlo. Te lo digo bajo mi palabra? Rigaudie. Y me lo habeis ocultado vos! Pilbois. Yo no lo he sabido hasta hace media hora. Rigaudie. (Echándose en brazos de Pilbois.) Con que yo me he enamorado de un hombre!... Yo he adorado 4 mi semejante!... 4 mi prójimo !... y le he besado la mano!... y me he casado con él! Es la última calamidad que puede caer en criatura humana! (Paseándose.) Ahora me sacarán coplas!... Me pondrán en estampas !... saldrá mi boda en comedias , que se representaran en la feria de mi pueblo!... Es decir que no puedo ni aun retirarme al hogar paterno E Pilbois. Tranquilizate. Vámonos de aqui. Si te dicen alg0... ya sabes que esta aqui mi espada. vuestra proteccion 1... Si, vamonos. Y á esa maldeci- Rigaudie. Pilbois !... mi dulce amigo!... Cuento con da raza de Choisy... haced lo que yO-.- despreciadla. Pilbois. Esa es cuenta mia. Tiempo vendrá! Anda á hacer que arrimen tu carruage, y vámonos cuanto antes. Rigaudie. Si, Pilbois, sí !... Juntitos siempre! que ya me estan zumbando las coplas en los oidos!... Hemos de. ser inseparables! (Se va al foro, y vuelve.) Yo casado con un hombre !... Santa Bárbara bendita! (Se va por el foro de la izquierda.)
69 ESCENA XV. PILBOIS. Luego ENRIQUE. — Pilbois. Huyamos de aqui, voto al diablo! Pero no fe perderé de vista; y si llega el dia... Qué es eso! (Abre- $e una ventana de la posada: Enrique se asoma, o)- serva, y salta por ella: está vestido de oficial.) Enrique. El capitan !... Manos á la obra! Pilbois. El es! Qué veo!... la duquesita en ese trage! Enrique. Creeis que no me sienta bien, capitan? Nada tendria de estraño... La falta de costumbre... Pilbois. Cierto. Las blondas y las cintas convienen mas á una muger... á una niña... Enrique Cierto. Pero el uniforme y la espada... sobre todo la espada conviene mas á un hombre... Y yo lo soy, , de los pies á la cabeza, capitan Pilbois ! Pilbois. Lo sabia! Enrique. Desde cuándo ? Pilbois. Hace media hora. Alli estaba yo (Señala al cenador.) cuando hicisteis la declaracion amorosa... Enrique. (Riendo.) De veras?... Ja, ja!... Pobre capitan!... oyéndonos desde el escondite!... qué papel tan ridículo !... Pilbois. (Con ira.) Señor duque ! Enrique. Gracias á Dios que me tratais como hombre! Qué diablo! Parece que os ha costado trabajo el quererme reconocer como tal. Pero aguardad: me ocurre una idea. Decis que hace ya media hora que sabeis quién soy. | Pues no hace un cuarto de hora que en este mismo | sitio, delante de todos, proferisteis ciertas espresiohes... cierta calificacion... Quiere decir, que se dirigia , á mi persona?... qué era una bala lanzada contra mi? Pilbois. Precisamente, señor duque... con ánimo de ver si os alcanzaba. ' Enrique. Aqui me dió, capitan Pilbois! (Señala el pecho.) Pero creo que en un valiente militar los rodeos y las indirectas carecen de nobleza y de lealtad. Cuando un hombre está tan furioso como vOS... y €n conciencia, debeis estarlo... se va derecho al objeto: no aguarda ni una hora, niun minuto... provoca á su enemigo, y
70 le mata si puede. Esta es mi-opinion... y ya veis que no es tan mala para ser de una niña. Pilbois. Convengo, caballerito. Pero yo habia concebido dudas... Enrique. Demi, capitan? De mi valor? Ese es un segundo insulto... y €n verdad que bastaba con el primero. Gastais lujo capitan! En fin, ajustaremos nuestras cuentas, y lo que se 05 deba os lo pagaré con usura. E Pilbois. Asi lo creo. Pero aun quiero aguardar algunos años; antes de recordaros que ceñis espada. Enrique. Y para qué aguardar? Pilbois. Para daros tiempo de aprender á manejarla. Enrique. Sois muy bondadoso, capitan ! Pilbois. No me he de batir yo con un niño. Enrique. Capitan!... Mi corazon es el de un hombre! Pilbois. Pero la talla no lo es. HE EA Enrique. La talla! Pues tal como es, estoy seguro de alcanzaros con la mano al rostro. Pilbois. (Furioso.) Ira de Dios!... Una afrenta!... Enrique. Y van dos afrentas: contadlas bien, capitan. Pilbois. [Fuera de sí.) Me dareis satisfaccion ahora mismo! Enrique. Os la daré de las dos... y YO solo! Pilbois. Tan insolente como su padre! Enrique. Y tan valiente tambien. Os lo probaré, Pilbois. Qué armas? Enrique. Mi espada. Pilbois. En que sitio? Enrique. En ese bosque. Pilbois. Cuando? Enrique. Ahora, ahora! Pilbois. Vamos, pues. Enrique. Vamos. ESCENA XVI. DICHOS. EL SARGENTO. SOLDADOS. Sargento. En nombre del rey, caballeros, os prohibo salir de aquí. Pilbois. Con qué derecho? Sargento. Como sargento de policía, encargado de vigi- | |
- ARI ALAS l Ne us / N 71 lar el bosque de Compiegne, que es el parage donde ordinariamente se citan los duelistas. Enrique. (Ap.) Fatal contratiempo! Y mi madre que me cree descansando... Si entra en mi cuarto y no me halla !.., Pilbois. Aqui no se trata de duelo, señor sargento: estábamos conversando... Enrique. Conversando... de política. Sargento. Estabais disputando. Enrique. Es claro. Por eso mismo. * Pilbois. Señor sargento, yo soy capitan de los ejércitos del rey: me llamo Pilbois. Sargento. El capitan Pilbois! (A los soldados.) No hay que perderle de vista! Guardad las puertas: que no salga de aqui. Demonio!... Teneis fama en los registros de policia de ser el mas desaforado y tenaz es- - padachin!.... El. que sele pone delante es hombre muerto ! Pilbois. (Ap. 4 Enrique.) A dquer Er: combate no es igual : por dicha vuestra q da aplaza-, do. Yo esperaré... Enrique. Ni un dia... nieygasiradP ejadure á mi. Pilbois. Qué obstinación ! Enrique. A ver, señor sargento : qué tal os parezco? Sargento. Un jovencito completo. Enrique. Completo? Estais seguro de ello? Sargento. Lo que es la pinta... Enrique. Veamos si todos son de vuestra opinion. Llamad al posadero. Sargento. Para almorzar ? Enrique. No: para preguntarle. Pilbois. (Ap.) Cuál es su intencion? Sargento. Eh! Gerónimo!... Gerónimo!... Salid aqui: la autoridad os llama, ESCENA XVIL DICHOS. GERÓNIMO. SIMONA. (Salen de la posada.) Gerónimo. Qué ocurre? Estaba en la cocina... e pa A A