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Las Mocedades de Enrique quinto : comedia en tres actos

Navarro, José Carlos; Peris, Martín Antonio

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I. LAS MOCEDADES BE ENRIQU.E QUINTO. COMEDIA EN TRES ACTOS. PERSONAS eTcIZÍ l er ^ er A ° de In 8 Iater ra. Williant , ayuda de cámara de Enrique. I favoriu de la Pnn- Co Pp } Capitán corsario?*^ ^ & cesa. & Bey , sobrina de Copp, L y terc«o en el°pi r i es • C3 P í taI de In 8 laterra ' E1 Act0 P r í merc 1 Palacio del Príncipe, y en la casa de Vinos de Copp e i segundo. acto primero. El Teatro figura ESCENA PRIME Ra . jg'**' 0 *» / a Ceñir. ^T7uSl P li " ta * OÍ ? » i * ^ osa extraña! que'h 0 y ° a SU marid ° C/<¿ No qU1Cra? ,' W o se trata di r e Ttam V ° S 56 10 * m p i d a is ctameme , mas va ? i ú ° stra favorita maña P°ner siempre en ridículo una sala de Palacio¿ á los esposos que aman á sus mugeres, y en fin, esos chistes y esas gracias propias de vuestro carácter, dan muy suficiente causa para que todos os miren como un hombre de extremada malicia , y muy peligroso. Cond. Peligroso? amable Clara, eso es darme vanidad. Ciar. Entendámonos; yo hablaba en quanto á la sociedad. Cond. Y bien, porque se acompaña nuestro Príncipe conmigo, porque me permite yaya con su Alteza a todas partes, donde diversiones halla, l 2 . Las Mocedades me juzgáis cómplice suyo en sus extravíos? Vaya, seria cosa graciosa que yo á su lado tratara de ser un grave Catón* y censurar quanto haga. No Señora, eso queda para aquellos, que no se hallan en edad de disfrutar los placeres ; y en venganza se ocupan en criticarlos. Mas si la Princesa trata de culpar nuestra conducía, no es estraño que lo haga: es regular que una esposa que no está muy obsequiada, se queje de su marido: Pero vos, amable Clara, que disfrutáis su favor, como yo logro la gracia del Príncipe, me parece tenéis experiencia larga de las cosas de la Corte para hacerme tan amarga censura: nuestros papeles son iguales: no se trata sino solo de agradar. Estaréis vos (verbi gracia) de buen humor; y con todo, si veis triste á vuestra ama, lloráis qual la Magdalena: yo por mi parte , si se halla el Príncipe muy alegre, me rio , sin tener gana, y parecemos dos locos. Esto es en buenas palabras saber fingir, mas no importa: Todos, si tenemos maña para no perder el puesto que tenemos en la gracia de nuestros amos, dirán que de esta ficción se saca mucho provecho, y que hacemos perfectamente en usarla. Ciar. Mas con esta diferencia, que la Princesa mi ama es sensible, virtuosa, de los sabios apreciada. y que el Príncipe es... Cond. Amable, generoso , siempre anda con jóvenes calaberas, y en esto lleva ventaja á la Corte de su esposas pues ya veis que si se trata de pluralidad de votos, mas locos que sabios se hallan. Pero en fin, dexemos esto, y hablemos, preciosa Clara, de nuestros proyectos. Ciar. Cómo... Riéndole * pues que aun tienes esperanzas amorosas ? Cond. Por qué no? el lustre de nuestras casas es igual, lo son los bienes, ambos tenemos las gracias de nuestros amos, y en fin, nuestra boda está ajustada como por razón de estado, si exceptuáis la viva llama de amor que en mi pecho enciende* 1 vuestras prendas soberanas. Ciar. Y qué pruebas me habéis dado de esa pasión extremada para que la crea yo? Cond. Como qué pruebas, madam3? pues que es una friolera, que en medio de la ilustrada sociedad de este Palacio, sin reparar en la fama que tiene vuestra virtud, sabéis que yo siempre hablaba i de vos con muchos elogios? Ciar. Me elogiasteis? Cond. A mas pasa mi fineza: Conocisteis la Duquesa , esa dama sentimental y patética? Ciar. Qué la ha sucedido? Cond. Se halla inconsolable: he reñido con ella. Ciar. O i patarata; no lo creo. Cond. Os lo aseguro 3 por mi honor, ya está acabada la intriga de esos amores. Ciar. Me haréis creer que no es chanza; pero cómo os sujetáis á llevar la enorme carga del yugo del matrimonio? Qué aventura es la que causa una determinación tan violenta y tan extraña en vos? Cond. La necesidad; mi hermano ha muerto , y la casa no tiene mas heredero que yo: ya veis, pues, madama, que soy el último Conde de Rochester, y se traía de que no muera conmigo mi familia. Ciar. Es acertada esa determinación, p«ro yo hasta aquí pensaba que teniais una sobrina. Cond. Puede, pero no sé nada, con todo , algunos parientes debo tener; pues mi hermana, a quien nunca conocí, cometió la extravagancia de casar con un sugeto que no la igualaba en nada: A Indias marchó con su esposo, y luego tuvimos carta de que los dos habian muerto. Mi hermano , como se hallaba el gefe de la familia, y gobernaba la casa, no quiso reconocer el fruto de esta alianza, que él llamaba extravagante, porque mi señora hermana no casó con otro Conde. Yo hice diligencias varias, después de muerto mi hermano» para saber dónde para aquesa pobre sobrina, pero todaS fueron vanas, por lo qual juzgo que ha muerto. Ciar. Si vive, y pobre se halla, será compasión. de Enrique Quinto. Cond. Es cierto. Ciar. Juzgo , que de buena gana la vierais á vuestro lado. Cond. Y si es linda la muchacha me alegrará mucho mas; pero de nuestra alianza hablemos. Ciar. Querido Conde, sois un loco; pero vaya, capitulemos los dos: si usando de la ventaja que la amistad y el ingenio os han dado sobre el alma del Príncipe , conseguís dexe sus calaberadas y sus paseos nocturnos, disfraces y extravagancias; si conseguís restituirle á una esposa que le ama* en ese caso os prometo... Cond. Yo reformador, madama! qué dirán los cortesanos! queréis que exponga mi fama, por hacer que... Ciar. Yo os conozco, Señor Conde, y sé que nada os es imposible: el amo como á un tierno amigo os trata: vos sois un hombre instruido: además teneis la gracia ó el don de decir verdades, y verdades muy amargas; . de modo, que aunque se sientan, se rien como una chanza. Cond. Oh! no olvidéis otra gracia que tengo. Ciar. Qual es > Cond. La maña de hacer que se me destierre algunas quantas semanas cada año. Ciar. Y si la muger que vos pretendéis se allana á sufrir estos desaires...? Cond. Vaya, combatís mi alma de modo , que no es posible que resista; ya es de Clara este corazón. * Ciar. Ah Conde, s¡ el corazón igualara vuestra cabeza..! En fin vamos, ha de quedar aceptada mi proposición, ó no? Cond. Pues que lo queréis me basta, qualquier que sea el peligro que en este negocio haya, me sacrifico gustoso. Voy á complacer á Clara,. un Principe á corregir, y que aborrezca sus raras aventuras y disfraces; mas ya veis que mi esperanza será.... Ciar. Conseguir mi mano. A Dios Conde , voy prendada de vuestra condescendencia, y comienzo a creer que me ama vuestro corazón , pues veo sacrificar en mis aras... Cond. Nada menos que el furor de su Alteza, y luego vaya á decir que yo no sé quererla bien... fase Clara* ESCENA II. Las Mocedades que le causase disgusto, lo que ahora placer le causa. Buscaremos este medio; la acción es de la mas alta moral , y me costará perder por ella la gracia del Principe, mis pensiones, y pasar por... Cosa rara es el mundo. Yo en mi vida hice mas que extravagancias y locuras , y con todo tengo sentada mi baza de hombre de bien; y una yez, uua no mas, que se trata de ser hombre de razón, me expongo á pasar la plaza de ridículo: no importa, sea lo que quiera, mi alma no abandonará la empresa; y las locuras que me haga cometer mi juicio , luego entre los brazos de Clara, le toca al amor por fuerza, pues que son por él, premiarlas. ESCENA IIL El Conde . Cond. Intrincada es la empresa. Convencer á un joven que 'libre , vaga por los campos del placer, y traerle á las estancias sombúas de la razón: volver á una esposa el alma y el corazón de su esposo, por cierto que es delicada la comisión y aun penosa; fuera de eso , Enrique ama demasiado sus placeres y aventuras, para que haya esperanza de... con todo, á la verdad, en sus varias aventuras solo halla diversiones... si encontrara algún peligro... En efecto, si esto fuese, se lograría Bicho y Eduardo * tond. Ola, mi recomendado aquí se acerca; qué cara tan macilenta , Eduardo, qué tienes? Eduard. No tengo nada Suspirando . Señor Conde. Cond. O , suspirito! para un page es demasiada melancolía : será por casualidad, que te hallas enamorado ? Eduard. Así es; decidme , no es la desgracia ma _y°r que puede contarse? S.ñor , yo q U e me preciaba de insensible; yo que era vuestro modelo , y que gracias ? c ' e r t a s aventurillas, iba ya cobrando fama del mayor atolondrado cZ e " h Corte > ahora saI g * c °u enamorarme ? 5 Cowá - Hombre ! f s P o s ‘ b le te propasas basca ese punto? ¿ditard. de Enrique Quinto¿ apiada punto ? Ay, Señor! * l es que de mi no se yuestro corazón , yo voy a quedar sin honra y fama; a combatir con un hombre e m m ÍV U Í C ¡° W* haya; ' fiel, el ñus amante, <W - E1 mas enfadoso : vaya ' Ste "»1 « epidemia, ? «gun aquí se propaga. ® B P ™ c i P ' libertino, pagecillo con trazas a " sentimental , y yo y°" ” i s visos fie constancia V cordura , todos tres pararemos en l a casa de esa pasión? r T n Señor C °nde... “• P0t VCI,!U " a l g »na dama de Palacio > r d “a r d - No señor. CTE" i ¡f °„ ras . c . om ° se liara* t, u querida ? \ %' d ' No señor: *^ m b r e es Bcty. “* c a r a m b a, y dí; S Q U u é n 0mbre mu Y ilustre: es en 5 u e ftor,da estancia reside q, u CSa deidad las n ’ S,erido SIIS gracias que en cielo la trasforma? Se ríe el Conde, ll *ard y • , Señor r' d j"“ es ' 3 £l ’ uni «sa... á m; ^ on d e, no os riáis costa. Cond. Vaya, vaya, conozco que amas de veras, pues que das pruebas tan claras de ridículo. Acabemos: vive en Palacio cu dama? Eduard. No señor. Cond. Pues donde vive? Eduard. Su deliciosa morada es una casa de vinos. Cond. Ah, Ah, qué locura! Eduard. Calla, y qué extraño es que allí viva? su tío puso la casa de vinos que hay en el barrio de Sontivarlz , de gran fama por el buen licor. Cond. Su tio, será un truchimán de marca de aquellos... Eduard. No : poco , á poco, es hombre de muy honrada conducta : fue capkan de un corsaiio : é hizo varias presas. Cond. Pero di, te atreves á frecuentar esa casa con tu uniforme ? Eduar. No tal: sabéis que tengo la gracia de cantar bien , y además hablo la lengua italiana: con que así paso por maestro de la niña. Cond. Te disfrazas, y eres el signor,.* Eduard. Georgim, serbo di iei. Cond. Es extraña tu aventura; vive Dios que tiene todas las traza^ de novela : el tio fue corsario , y si tu dama puede ser una Princesa que robaron los piratas al otro lado del niar. Eduard. Señor, dexemos las chanzas yo no diré que mi dueño sea Princesa ni ¡ufanía, Las Mocedades pero á veces he pensado, que es algo mas que... Indeciso. Cond. Calla que estás loco. El Príncipe aquí viene, marcha á la antesala, que otra vez discurriremos, sobre si ha de ser tu dama hija del Emperador del Mogol. Eduard. A mí me basta, y sea lo que se fuese... V. derecha . ESCENA IV. El Conde. Cond. Pobre muchacho j se halla expuesto á sacrificarse al amor de una intriganta, que le ha conocido el flaco, y sabe sacar ventaja de su inocencia; pues yo lo he de impedir; á esa casa iié esta noche , y quizás, si Enrique me acompaña puede proporcionarse mi plan de reforma. Es rara la idea > pero con todo, no debo desampararla. Bueno fuera que lograse servir á la hermosa Clara, desengañar á mi Príncipe, y libertar de una trampa á su page. ESCENA V. Dicho y Enrique. Enriq. Conde mió, \amos; están ya trazadas las lineas, para esta noche? No has imaginado nada de nuevo? Cond. Todo al contrario; ahora mismo haciendo estaba las mas serias reflexiones, sobre mi vida pasada. ✓ Veo voy envejeciendo, y la misma edad me habla de reforma. Enriq. Bello Apóstol ! Me haces reir con esas chafl zí de filósofo ; tú finge ^ lo que quieras; por mas que* 1 ? ninguno te ha de creer. Cond. Harán mal: sale de mi 3 esta determinación, y quedará comprobada para todos los ridiculos, mirándola afianzada con el santo matrimonio. Enriq. Con que de veras te y es esa prueba de juicio? .|¡ Cond. Si no lo es, al menos se recibida como tal en el mundo. Ladi-Clara... , Enriq. Consiente en darte la ^ Una muger de sus gracias, su carácter y honradez, quiere ser tu esposa? vaya si los mayores bribones han de triunfar de las altas virtudes. Cond. Es natural, por lo mismo que nos faltafl; | que las busquemos. Enriq. Bien dices, pero mira , si te casas, yo te haré un epitalamio burlesco. Cond. Pues honra tanta . * me quiere hacer vuestra Al fe . j () puede comenzar; pues se h* 1 hechos los preparativos de mi boda deseada. A otro dia que me case, dejo la Corte , las galas, y los mundanos placeres, y voy con mi esposa arn* 1 á establecerme en mi q u ‘ D t ’ si acaso para habitarla me dan licencia mis muefio acreedores. Enriq Qué aun se halla hipotecada? Cond. El amor de las musas que entusiasma, y hace olvidar los cuidados terrestres, han sido causa para que fie mis bienes á cierca gente honrada, que de antemano me dieron los réditos. Enri Esto para, en que yo habré de pagar quando te cases tus trampas* Cond. En verdad , Piíucipe mió, que esa maldita canalla de usureros os conoce mas que yo: me dan palabra de que poseeré mis bienes quando me case. Enriq. Descansa en ese punto, y hablemos de esta noche : hay que pasarla en broma , y asi decide. Cond. Pero , -Señor, si prepara vuestra esposa un bayle. Enriq. Es cierto, ni siquiera me acordaba. Cond. Allí verá vuestra Alteza todas las mejores damas de la Corte. Enriq. Sí, y el rédio con ellas : sabes que mi alma aborrece la etiqueta, y que donde placer halla, allí se fija , y en fin, que hallo en la vida privada la debida recompensa de los disgustos, que pasa mi corazón en la vida publica : mira qué mala y qué fastidiosa noche en ese bayle me aguarda. ond. Es cierto ; mas vuestra esposa. Es digna de ser amada: yo la respeto de veras, mas su virtud ya es tan rara, tan austera... Cond. No sabéis que me aborrece, y me trata de cómplice en las locuras de Enrique Quinto . 7 que hacéis vos? Enriq. Calumnia clara: tú no haces mas que animarme á hacerlas. Cond. Yo no pensaba que así juzgaseis de mi: cabalmente imaginaba que fueseis mi defensor, pero ya perdí... Enriq. La fama de hombre de bien, no es verdad? Cond. Señor... Enriq. Esto es una chanza, pero debes confesar, que en todo el Reyno no se nalla un libertino mas fino. Cond. Vuestra Alteza se desayra á sí propio. Enriq. Malicioso! Merezco acaso esa amarga reprensión , porque me gusta correr disfrazado varias de lasconcurrencias públicas? y en fin , qué es lo que *e saca de mis paseos nocturnos, si no muy ciertas ventajas p3ra algunos infelices? Cond. Varias viudas consoladas, varias huérfanas... Enriq. MordaZ) Quién me enseña la inconstancia sino tú? pero acabemos: esta, noche se declara, que la tendré que pasar en el bayle de mi amada esposa , lleno de tédio. peio en fin , tú me acompañas, y rabiarás como yo. Cond. Un asunto de importancia me obliga á no acompañaros. Enriq. Y qué cosas de importancií tienes tu que hacer?, serán en punto de amores: va>a. Cond. La cosa es de las mas gravi Enriq. Sepámosla ya* Cond. Se trata de una pasión verdadera. £ rtrí y Hombre, una pasión me espam $ Las Y eres el héroe?' Cond. Con ser el confidente me basta. Enriq. Y dices que la tal niña, que es de la pasión la causa, es bellísima en extremo. Cond. sí, un ángel en carne humana Enriq. Y dónde vive esa niñatan hermosa? Cond . En una casa de vinos, que hay en el barrio de Suncuark: como la alaban de tan bella , yo he resitelto verla, por poder juzgarla. Enriq. Oyo también tengo voto en punto de buenas caras, y quiero asistir al juicio. Cond. Vuestra Alteza no repara lo que dirá la Piincesa? Enriq. Que soy un loco: ya clama siempre lo mismo. Cond. Y si el Rey supiese... Enriq . Mas me embaraza ese cuidado, que el otro; pero en fin , no temas nada, pues evitarlo sabremos. Cond. Y si acaso por desgracia os sucediese algún lance? Emiq. A la hora de esta (á Dios gracias) ninguno me ha sucedido. En fin , ya está preparada la aventura,: llamaremos á Willians, porque dé traza de buscarnos los vestidos. Willians tiene tanta maña, que me sirve en quanto quiero. Cond. Yo le hablaré dos palabras. Ap. ESCENA VI. Dichos y y Willians. Wi.'l. S ñor, qué mandáis? Enriq. Dispon que á eso de las nueve dadas, c>té mi coche en la plaza de Palacio : ten buscadas Mocedades ropas para disfrazarnos de marineros... Will. Pues trata vuestra Alteza de... Enriq. Secreto: y sobre todo > que vaya - bien prevenido el bolsillo; puede ser que al paso salga algún pobre... Will. Está muy bien. Cond. Yo tengo que hablarte, aguardé" Aparte á Willians. Enriq. Silencio , que Ladi-Clara se acerca. ESCENA VIL Dichos y y Ladi-Clara. Ciar. Mi ama me envia á deciros que os aguarda esta noche en el festín que previene. Enriq. Ah , Ladi-Clara, que yo no puedo asistir! En este momento acaban de traerme ciertos pliegos de la m3yor importancia: Ayúdame tú... Ap. al Conde ¡ Cond. Su Alteza siente dejar desayrada á su esposa; sin embargo, los asuntos de la Patria son antes que los placeres. Toda esta noche la pasa Aparte con viveza á Clara. en una casa de vinos. Enriq. El gabinete de Francia exige cierta respuesta. Cond. O! ya miráis que se trata, no menos , que de la suerte de una Provincia: (se habla Aparte á Clara. de la de una. jovencita, graciosa y de buena cara.) Enr¡q t El Conde me ayudará, pues en tales circunstancias siempre tomo sus consejos. de Enrique /tparfc ¿ Wtiltam , que se acerca. Oran secreto, vigilancia... y dinero... A Dios Miladyj n^i Secretario me aguarda, y no puedo detenerme. Rochescer, no me acompañas? Vas. °nd. Sí, señor. En esta noche la lección, luego mañana nai destierro ; á ocho dias ' nos casamos; ó se acaba la opinión qiJ e yo he formado - de la virtud de las damas... y a ]' e ' ESCENA VIII. Quinto. ESCENA PRIMERA; Copp y Bety. Ladi- Clara. su^ eh0mbre! mas y° Ie P«dono su poco juicio, si alcanza a corregir á su Alteza. ero si cae en desgracia por esto... No hay que temer- Enrique tiene un alma sumamente generosa, y al Conde tampoco falta talento para cubrirse. que esté y 0 destinada a servir de recompensa Por esta acción! á mi ama debere sacrificarme; e"Vc 0 fi ? H’ q " é 1° SC hal,an el Conde prendas dignas de estimarle? Si ilegara® * C0l : r e g ! r I e . qué triunfo el mío; y pucs es(á * a suerte, tener paciencia, y ver lo que me prepa[a destino : mientras tanto, oy a contar sin tardanza «la Princesa el asunto en f i <1Ue r su es P 0 S 0 no se halla ‘a función , que en verdad e rnu y § r avc importancia. acto segundo. *l T ( atr0 re P r '>'”ta un quarto de una casa de vinos. Copp. Cáspita! qué bebedores son esos dos marineros: aunque yo soy Capitán de corsario , y muy experto, si no tomo providencia de virar de bordo , creo que salgo de allí á remolque. Bety. Tío, yo quisiera verlos. Copp. No hay para qué : ya tú sabes, que jamás salir te dexo á las salas que concurre la gente. Bety. Aun siguen bebiendo? Copp. Y gritando como locos. Sobre codo, el uno de ellos combida á quantos ve entrar» y dice; vamos, que quiero regalar á mis hermanos. No , si siempre hace lo mismo hallará muchos parientes. Qualquiera se hace al momento pariente de la familia del que paga. Bety. Con «fecto, y vos no los conocéis? Copp. Lleve el diablo, si me acuerdo de haberlos visto jamás. Bety. Serán muy ricos, supuesto que tanto dinero gastan. Copp. Como buenos marineros saben gastar y triunfar. A su edad yo fui lo mesmo: el dia que había presa regular, tenia aliento para llamar á mi mesa toda una armada. Bety. Lo creo: siempre fuisteis generoso, querido rio. Copp. Me alegro de poderlo ser contigo: Sin vanidad decir puedo, que eres la mejor muchacha de Inglaterra, y por lo mesmo i s Las supuesto que la familia de su madre , no hay remedio de reconocerla: así cuida de ella , y no pensemos en importunarlos mas á esos señores soberbios. Yo respondí : dices bien, y lleve el diablo si llego á mentar esa familia para nada ; ve contento al otro mundo , y así lo hizo él. Enriq. Vamos Guillermo, qué dices de e.sta historieta? Cond. Que me enternece en efecto. Copp. Bravo milagro: jamás la he contado sin que luego no se me salten las lágrimas. Enriq. Vos cuidasteis con esmero de la amable Bety? Copp. Y tanto que ponderarlo n-o puedo. Si la hubieseis visto entonces! tenia quatro años y medio, y parecía un querubín: Ahora ya la veis , se ha hecho una dama. Eduard. El signor tio la ha tenido los maestros . necesarios. Copp. Hice bien; porque el tio sea un necio no se sigue que ella sea una tonta. Enriq. Con efecto, y por ella renunciasteis á vuestra carrera. Copp. Es cierto, cómo había de llevar una niña á bordo? Luego vendí mi buque , y compré esta casa, donde he puesto este comercio de vinos; aquí vienen mil sugetos de buen humor; beben , ríen, fuman conmigo , y tenemos los ratos mas divertidos. Enriq. Peja al menos la ambición Mocedades os debería empsóprt..; Copp. Ambición yo? r Váya, veo que me conocéis muy poco; si de lo que yo me precio es de no ver á esos Lores. La única ambición que tengo» es ver casada á mi Bety con un mercader, de aquellos honrados! darla de dote seis mil esterlinas, y eso las tendrá, pese á los diablos, ó pierdo el nombre que tengo» Cond. Pero antes, bueno seria presentaras por lo menos á Pvochester. Eduard. Dice bene: el il Comee, súbito luego la buscaría un marico. Bety. Muchas gracias. Señor Maestr^ no pedimos vuestro voto*. Resentíd* Copp. Ya he dicho que yo uo quiero oir hablar del Conde. Enriq Bien. Copp. En el alma le aborrezco. Enriq. Mas ya que no fuese á él, ved á Enrique: todo el pueblo le pinta tan bondadoso... Copp. Sé que dicen mil portentos de su Alteza, pero yo digo , como aquel proverbio, quien con lobos anda: En fin, yo apostaría el pescuezo á que Enrique vale canto como su amigo. Emiq . Es muy bello mi elogio. Cond. Es un libertino, y van como compañeros por la noche disfrazados. Enriq. Camarada, no tratemos de comparar uno á otro: si Rochester fuera bueno, 'el Príncipe lo seria. Copp. Dices bien; pero yo creo, que si Enrique se apartase de su amigo , con el tiempo seria un hombre de razón. Enriq. Puede que suceda eso algún día. Co />/>. -Camaradas, ya es hora de recogernos. Cond. En eso estaba pensando... Aparte a Eduardo , / -vase con él . sígueme, que hablarte tengo. Copp. Ya ajusté la cuentecilla del gasto que me habéis hecho y es diez y nueve guineas. * Enriq. Friolera. Copp. O, Caballero! llamáis una friolera esa suma? A lo que veo no te cuesta gran trabajo ?! ganarl ° : que, se ha hecho alguna presa estos dias, y anda el dinerillo fresco? o te lo envió tu padre? Sl > mi Padre: da, Guillermo, esa cuenta , y vámonos, 5“? j S J. af de... pero qué es esto? Uonde fue mi camarada? ety Le Vi salir con mi Maestros pero el viene allí. de Enrique Quinto . conmigo 17 Sale Editard. Ya instruido del Enriq. Dónde estoy proyecto, esta mi camarada? A h Ed T d ', Dice votro compañero, ch^a un negocio, ma que ’ voy ?• comprendo: Enriq. Ya se. quiere vengar de mí P“f el mal Coi pasar ■ r ra ,'° 1 u e Ie hed '<> P«ar. Lo malo es ahora J i rai Pdaci < > no acierto. W- Camarada, ya es muy tarde; Cí/'P' y acabemos, í diez y nueve guineas, Cd Pp 3 Ue J° P a 8 aros debo. Buscando . » diez y nueve * -- guineas, l^ro parece que os veo ^ '•onhiso. Es una aventura que U r Ur; m3S J° t e / tQ y cierto Cok! traia roí bolsillo. 0s lo dcxasceis ? ?• No es eso: Se bien que le traía Vaya, aquí dentro me lo robaron. Copp. Querido, mirad lo que estáis diciendo, yo no recibo en mi casa sino es honrados sugetos. Enriq. Pues uno de esos honrados me lo quitó : quizá el mesmo que me hablaba, de que estaba agraviado , y... Copp. Acabemos: Juzgáis soy un inocente, y sin mas ni mas, me dexo engañar? pues no señor: se marcha su compañero, y dice que lo han robado: vaya, venga mi dinero. Enriq . Ese maldito Rochester, Ap. que me dexó al peor tiempo* Si me quercis aguardar hasta mañana, os ofrezco doble de lo que pedís. Copp. Qué es doble? soy usurero por ventura? Yo no pido sino lo que es mió , y eso se me ha de dar. Además, yo no os conozco, y no puedo fiaros. Enriq. Pues soy en Londres bien conocido. Copp. Eso niego, yo he preguntado esta noche á diversos marineros, y no hay uno que os conozca. Enriq. Consiste en que ha poco tiempo que estoy en la armada. Copp. Y bien, á qué bordo de los nuestros perteneces? * Enriq. A,., qué diablos le diré? Bety. Se halla suspenso. Eduard. Non sa parlare. Copp. Parece que no venís muy impuesto del nombre de vuestro buque. Este es un biibonzuelo: A Bety. vaya amiguito , entre tanto 3 i 8 Las' Mocedades que os acordáis, os prevengo que no saldréis de mi casa, Enriq Pero Monsieur Copp. Copp. Muy bueno: Monsieur, y quantas tú quieras, pero no saldréis, á menos que me paguéis. Bety. Pero> tio, fiadle... jamás me acuerdo de haberos visto tan cruel. Copp . Calla, boba: yo me entiendo. No ves que este es un bribón, petardista y embustero? Enriq. Valiente elogio me hace. Copp. Crees que sin mas ni menos se viene á una casa honrada á beber como un tudesco, gritar como condenado, y no pagar? no por cierto, que Londres tiene Justicia. Enriq. Qué felicidad! conservo el relox : bien , Señor Copp, pues que me hallo sin dinero supla mi relox ; mañana vendrán por él, y el sugeto que os le pida , os pagará todo el gasto que hemos hecho. Copp. Veamos si es suficiente. M irándole* Enriq Cómo suficiente? creo que vale dos veces mas. Be/y. Qué diamantes! Copp. Si, muy bellos: no te dixe que es un picaro? Btty. A la verdad, que comienzo á pensarlo. Enriq. Con qué en fin por ahora estáis satisfecho en que cubre vuestra cuenta? Copp. Mucho hay que decir en eso: Si los diamantes son falsos, vale poco, si son buenos, vale demasiado, y... Enriq. Qué? Copp. Que alhaja de tanto precio, solo un picaro ó un Lord la tiene. Enriq. No soy Lord... pero... Copp. Pero yo que soy honrado quiero saber por extenso cómo ha venido esta alhaja á vuestro poder. Enriq Protesto que siempre fue mia. Copp. No. Muy bien puede un marinero tener algunas monedas; mas cosa de tanto precio, á menos de ser robada no la tiene. Enriq. Pues supuesto que pensáis de esa manera, volvédmela , y acabemos, que ya... Copp. Ola! alzais el gallo. Enriq. No me insultéis. Copp. Quedo, quedo, que yo llamaré á la guardia. Enr. A qué peligro me he expuesto! d\‘ si descubriesen quien soy. Copp. Como se ve descubierto, apenas acierta á hablar. Marchemos: Señor Marinero, Vase Bety y Eduardo. pronto vuelvo á visitaros; pero entre tanto deseo que no os apartéis de aqui, y por mi mismo os encierro. ESCENA X. Enrique . Enriq. Quita la llave, y me ^ encerrado... á quánto riesgo me expone mi indiscreción! Ah Rachester! te prometo» que te acordarás de mí; sin duda el resentimiento de mis chanzas, le obligó á dexarme solo. Pero este Capitán parece hombre de bien y sincero: mas si acaso es al contrario’ y fuese él uno de aquello* partidarios... Si tal vez me conoció... Todo csco muy posible suceda, miirU/x -_ de Enrique Quinto. mas en un tiempo de guerra civil... después a no C h e ¡ verme aquí dentro he s ¡r¡ SÍ 1 " im t> , u d e : '« o. pues comprometo de una vez la vida mia. ° no se s * en tal aprieto me resuelva á declararme a Copp... si fuese un sugeto de providad, qual parece era acertado consejo: * Pero me querrá creer? „ 51 „ no guarda secreto, l hl" 1 " ! 3 Santos vengan * b ' b et va diciendo? Qi'al se burlarían de mí en la Corte! mas yo „ u i et aguardar el resultado 9 de este aparato funesto: decir °"“e „ r ? 0 £ y di0 qne ab q te„ n u ° p y u V rt P ; r0 CK0 D'n'ro Bety. Cuidado escapatse - qne me ponen centinelas. escena xi. Dhb ° ‘ B 'V y Eduardo. . aospechóso § ° homb « f/ /* Euera eso «aceros mucho favor: q e r d l° X e a , nada ra e nos < W n l lta ?• Ay , Dios mío! sabe ya... e, y Vo 7 I 4 a tenemos p 3 * Noticias suficientes. el « como es vecin<; nuestro fu e l0Xer0 c a m a r a , b C Í ° 5 y momento n ° c i d o el relox. y Dios! Ya estoy descubierto. i $ Bey. Ola, os confesáis culpable? Eduard. Signor, tuto fu descoperto. Enriq. Si sabe el Rey... Bey. Lo sabrá ei R.y, la Reyna, y todo el pueblo, pues mi tio fue á buscar el Juez. Enriq. O sagrados Cielos! adonde me ocultaré? Bey. Mirad como se halla inquieto. Enriq. Amigos mios, libradme, libradme, que yo os prometo las mayores recompensas: Válgame Dios, que no tengo nada para sobornarlos; pero sí tal , aun conservo mi anillo, Señor Georgini tomad. Bey. Nada menos que eso, pues también será robado como el relox. Eduard. Mas yo quiero darle con el su horolagio Le toma. al Yudicc. Enriq. Ved , que tengo mucho interés en que aquí no me encuentren. Bey. Yo lo creo: malo es que haya en las familias un hombre de pensamientos tan ruines, porque quién sabe si sus parientes son buenos y honrados. Enriq. Amable Bety, libértame. Bey. Me da miedo: parece ha perdido el juicio. Enriq. No Bety; no tengáis miedo: creed que soy hombre de ‘bien; libertadme, y os ofrezco sereis dama de su Alteza la Princesa: además de eso, un dote. Bey. V 3 ya , está loco. Eduard. Ya es demasiado; tratemos de consolarle. Signora, de un pobero prigionero 20 Las Mocedades voz debete haber pietá. Bety. Por mí que se vaya... pero cómo ha ser? Eduard. La fenestra no es muy alta. Bety. Así es cierto. Enríq. Ay amable criaturaI Bety. No me abracéis. Eduard. Pase esto, aunque con disgusto mío: Signor Subico que íl cempo é precioso. Enríq. Bien decís. Bety. Que bajéis con mucho tiento, no os caygais, Enr'tq. No, no, mi faja me ataré , no tengáis miedo», y ayudadme. Bety. Pero antes os quiero dar un consejo. Ya veis lo que hago por vosj mas sabed que no consiento en que huyáis por la ventana, como no me deis primero palabra que mudareis de conducta. Enríq. Yo os lo ofrezco. Bety. No volváis nunca á robar, porque sobre ser muy feo, parareis en una cárcel, y desde allí, qué sabemos adonde iréis. saberete repetir la que yo dica. Bety. Ya creo que vienen. Eduard. A la fenestra á llamar con tuto ilpeto al latro , al latro , dicece. Bety. Al ladrón. ESCENA XII. Dichos y Copp. Copp. Qué ha sido esto? Eduard „ Que il latro... Copp. A Dios, se marchó por la ventana. Bety. Así es cierto. Copp. Qué hicisteis que no cuidaste# Eduard. Abeba pistola, é luego minaceyo á la Signorina. Copp. Picaro , en su seguimiento iré yo con los soldados: no dudéis le alcanzaremos. W ¡t ' Bety. No lo quiera Dios. V* 11 ' Eduard. Y ahora solo falta ver si llego á Palacio antes, que mi amo, no sea que me eche menos. Enríq. Bien decísj apenas contener puedo la risa... Baxa por la ventana . Bety. Vaya, id con Dios. Eduard. Subidto, Signor: yo siento li soldad. Bety. Estáis abajo? Enríq. Sí , ya estoy sin ningún riesgo: quedad con Dio$, mis amigos. Eduard. Q ue le patrocine el Cielo, Ap. Bety. Y ahora al tio qué diremos ? Eduard. Qualque cosa. Bety. Yo no sé mentir, y así... Eduard. Ma á lo meno ACTO TERCERO. El Salón del primer Acto. ESCENA PRIMERA. Sale Eduardo con su uniforme de Eduard. El Príncipe no ha venid 0 * me alegro de que asi sea, , pues hoy roe toca la guard> 3 ’ y en viendome quando veng 3 ’ nada podra sospechar. aucI* | Y en verdad , que ya su A ; tarda mucho : yo recelo f se haya extraviado en la intp e 21 extensión de esta Ciudad. Pero qué oygo? pasos suenan en la galería... él es. Para borrar las sospechas, voy á fingirme dormido: con eso creerá su Alteza que yo aguardo á que despierte y me llame... ya se acerca* ESCENA II. de Enrique Quinto , Enriq. A la vuelta de cada esquina , esperaba que me hicieran la fineza de despojarme , pero en fin, ya se pasó la tormenta: he llegado á mi Palacio, y por mi puerta secreta he venido hasta mi quarto sin que ninguno me vea, sino el criado que sabe Dicho y Enrique * E ""1- Ciudad ! qué cal! e s tan largas, y quáutas vueltas tan incomodas. Eduard. Y mas para aquel q Ue las pasea de noche , y á pie, Enriq. Juzgué que nunca encontrar pudiera mi Palacio; y para colmo de desgracia , ni siquiera llevaba para poder tomar un coche* Eduard. Su pena me causa usa. Enriq. En mi vida olvidare las escena* de esta „och=, precedo a correr, como si fuera malh « l >Of. extraviado en tantas calles nnp ! é S1IS "»“bres... y 0 decía 3 5 3 qtwptos hallaba cu ellas, 4 C n ld > .Por dónde se va Palacio... buena fresca! n g ' e s , me respondían, •f. , S a ^ e taa s * q i , i e r a Ed u al i c, ° de , s u Rc y ? * r ‘ Respondieron á su Alteza ° u la misma urbanidad Si'e a todos en esta tierra. Qiuénes serian dos hombres embozados, que de cerca me siguieron > “ard. Me parece *l Ue los conozco* mis salidas. Eduard. Y debieras añadir el Icaliano que te acompañó en la mesa. Enriq. Voy á quitarme este trage, no sea que la Princesa envie á saber de mí. Maldito Page! me cierra Va á entrar en ju quarto , y repara en Eduardo. el paso... y es Eduardo* quanto mas miro sus señas, encuentro mas fundamento para afirmarme en que era el propio Maestro Italiano. Eduard. Al mirarme, sus sospechas se acrecientan* Enriq. No es posible que entrar en mi quarto pueda sin despertarle, que haré? Pero ay Dios! Clara se acerca: ya soy perdido. ESCENA III. Dichos y Clara. Ciar. Eduardo! y os dormís en esa pieza? Eduard. Ay Miladi , perdonad, esperaba que su Alteza se levantase. Ciar. Cuidado, que aviséis á la Princesa, al punto que... mas qué veo 1 /parte viendo á Enrique. Enriq. Ya me ha visto, y asi es fuerza llegar á hablarla. 2 2 Las Mocedades Ciar. Señor. Con tal trage vuestra Alteza? Enriq. Esto es, Miladi, porque... yo no sé qué responderla. Ap. Ciar. Perdonad, me cause risa vuestro disfraz. Enriq. Por las señas, esta ropa no os agrada; mas sin embargo es muy buena para el fin que me propongo. Ciar. Si atrevimiento no fuera, preguntara... Enna. Me divierto exerciendo las tareas de jardinero , y así estoy antes que amanezca en mi jardin , ocupado en plantar, podar... y es fuerza llevar trage acomodado. Ciar. Ah mi Príncipe, qué honestas diversiones: todo el Pueblo, que algún dia vuestra Alteza gobernara, debe darse parabienes de que tenga vuestra Alteza tan sencillos placeres. Enriq. Nunca pudiera venir esa reflexión Ap. á peor tiempo... quisiera saber quál es el motivo de que Miladi me venga á visitar á estas horas? Ciar. Mi Señora la Princesa, sabiendo que habéis pasado la noche entre las faenas útiles á vuestra gloria, me ha enviado porque anhela saber de vuestra salud. Enriq. Siempre mi esposa demuestra su bondad y su cariño. Ciar. Yo también estaba inquieta por saber de vos , Señor: preciso es que vuestra Alteza cuide mas de su salud, y las noches tan siquiera se entregue al descanso. Enriq. Es cierto, que la noche fue molesta. aunque por distinta causa. Af‘ Ciar. Señor, si me dais licencia, os suplicaré un favor. Enriq. Qué es? Ciar. Hay cierto Poeta, de fama bien conocida, que perseguido se encuentra á causa de algunos versos, que el vulgo necio interpreta contra un hombre poderoso. Enriq. Es un necio : Si escribiera contra mi persona, nadie le incomodara. Ciar. El os ruega, por mi medio, le indulte», firmando su perdón. Enriq, Venga, es justo que sea indultado en ocasión como esta. Milady, ya estáis servida. Ciar. Agradezco á vuestra Alteza el favor. Enriq. Yo me retiro. Salí con mucha destreza Af< del apuro: nadie sabe de mis aventuras* ESCENA IV. Clara y Eduardo. Ciar. Piensa que me ha engañado. Eduardo, desean ver á su Alteza un anciano y una joven, decid, que luego que venga me aguarden en esta sala, pues yo quiero por mí mesma presenciarlos. ESCENA V. Eduardo solo. Eduard. Bien está. Bueno seria que fuera e l Capitán... y sin duda vendrá á entregar á su Alteza C 1 telox... pero á qué fin traer á Bety... quizás sea para enseñarla el Palacio. Según por las apariencias puedo juzgar, Ladi-Clara, no sabe la aventura nuestra* Pero como podié dar esta sortija á su Altezas es fuerza hablar con el Conde, y callar hasta que venga, pues me mandó no me diese por entendido , aunque viera lo que viese. El Capitán tendrá muy malas sospechas de mi persona, al mirar que falte de su presencia tan de repente! Ya Bety le habrá informado, por fuerza, de que recibí el anillo. Si también juzgará ella que soy un infame..? No es imposible que pueda juzgar tan mal : yo conozco su corazón... Gente suena: sí, con efecto, ellos son. de Enrique Quinto, 23 palpica. Copp. Cómo: te acuerdas de aquel {pribon... recibir un anillo , y dar la vuelta sin despedirse de nadie. Picaro , si lo cogiera... Eduard. Contra quién os enojáis? Copp. Ahi , es una friolera, con un bribón de Italiano. Bety. Que se os parece de veras. Eduard Muchas gracias, Señorita. Bety. No digo quanto á las prendas, sino en la figura. Eduard. Ya. Copp. Déxale que á casa vuelva con su música y canciones, yo le haré cantar. Eduard. Quisiera saber qué hizo ese hombre. Copp. Qué hizo? una bagatela, desaparecer llevando un anillo , cuyas señas son de ser robado. escena vi. Dicho , Copp y Bety . C.T» m 7 ’ quí llermosas piezas! Copp. Mejores que las de casa. «mL aq ' " Pa 8 e * Mc'uent, vamos a ver si nos dice quándo ha de salir su Alteza. Eduard. Pretendéis hablar al Pae %>/>. Cabalmente. £e,Jf : A y Dios, qué señas tío... opp. Muchacha, qué tienes? Uar *' Señorita , estáis inquieta, que teneis? Señor, no es nada, J 1 0 , la figura mesma de Georgini... su voz... Calla, Sc le parece de verás, ^ P e r o no puede ser él. s¡11 embargo , es tan perfecta u semejanza , que el pecho Bety . Tío, me hacéis pasar una pena increíble ; sospecháis de Georgini, que no vuelva á casa con el anillo; no es posible que cometa tal infamia , aquel Georgini de tan gallaida presencia, tan amable... Eduard. Ah dueño mió! Ap. y cómo me lisongeas! Copp. Querida, no admito chanzas en semejantes materias: como él me hubiese entregado el anillo , yo le hubiera buscado el dueño al momento. El Capitán Copp, se precia de hombre de bien... Votaba! Eduard. No votéis de esa manera en Palacio. Copp. Bien decís. Mas vamos, saldrá su Alteza pronto? pues tengo que hacer, y no quiero en estas piezas perder tiempo. 24 Las Mocedades Eduard. Me parece con Miiady-Clara. que ya viene. Enriq. Fila Copp. Bueno fuera e sia demas, pues no puedo que... explicaime en su presencia, Eduard. No le podréis hablar: y es necesario fingir. Ladi-Clara se interesa por vos , y os presentará. Copp. Será una Señora bella, y amable, que nos habló en la primer sala? Eduard. Esa: podréis pasar á este quarto, y aguardar hasta que venga. Copp. No me hagais aguardar mucho: sabed, que si yo á su Alteza vengo á ver, no es por mi gusto. Si mas cuidado tuviera, y robar no se dexara sus reloxes , no me viera en precisión de venir. Bety. Vamos, quando tiempo sea nos avisará el Señor. Eduard. Así es verdad. Copp. Si volviera á Palacio , mil demonios me... lleven... mas tente lengua, que en palacio no se jura. ESCENA VIL Eduardo. Eduard. No le gustará á su. Alteza ie vengan á restituir el relox : mas prefiriera que se quedasen con él: pero el Príncipe se acerca. ESCENA VIII. Dicho y Enrique . Enriq. Vino el Conde? Eduard. No señor. Enriq. Quánto deseo que venga por vengarme! ya veremos si su talento le muestra salida. Eduard. Aquí viene el Conde ESCENA IX. Dichos y Conde y Clara . Cond. Cómo pasó vuestra Alteza la noche? Enriq. Perfectamente, aunque cansado. Ah traydor! A' Clara. Yo juzgo que en la tarea de anoche , os ayudaría el Conde. Cond. Cierta ocurrencia: hizo que me retirara. Enriq. Sin avisarme, y me dexa el peso de los negocios. Cond. No dudo que vuestra Alt supo muy bien despacharlos sin mi. Enriq. Como se chancea Apel infame. Yo te espero para hablar de una materia interesante á los tres. Cond. En aquesta hora mesma dexo á Londres. Enriq. Dónde vais? Cond. A mi Quinta , ya se acuerda vuestra Alteza, de que ayer le dixe que mi conciencia me acusaba ciertas faltas, y resarcirlas quisiera con la vida solitaria. Enriq. Buen proyecto , pero resta que yo señale el lugar del destino. Cond. Está su Alteza muy enojado conmigo... ^ Dentro Copp. Será cosa que nos teOg toda la mañana aquí? Enriq Qué voz es esa que suena. Ciar. Ay Señor, son dos personas que yo encontré en la primera sala: supe que venian para hablar á vuestra Alteza, y como todos sabemos que vuestra bondad da audiencia a quantos vienen... Enriq. Ahora es iposible que pueda escucharlos > Eduardo, diles que á la tarde vuelvan. Clar - Yo siento por la joven. Enriq. Qué es una joven> Ciar. Y bella como un ángel. Enriq. Pues q Ue veo que los proteges , es fuerza recibirlos: di que lleguen. Mí, . r ^\T a Princ i p e os da licencia. Dirigiéndote bácia donde está Copp. ESCENA X. Dichos , Copp y Bety. Copp. Ahora empiezo yo á turbarme, y á no saber tan siquiera decir esta boca es mia. Ennq Qué m i r o j £ $ Copp, y su bella sobrina. de Enrique Quinto, 25 Copp. Ello es precn hablar traygo mi arenga Ap. e S „ ,d¡ a d a) y „o me ^ Eety. Que teneis ? Co pp. No puedo apenas mirar á su Alteza el rostro. En esta graciosa escena Voy hacer un buen papel, aunque te cause estrañeza Aparte al Conde. 0 que vas á oir, escucha r y c alla. Si tú supieras C/Jl U Sé me ^° r qUe nadie - ’Ap, E n : Vamos 1 ^blad á sg Alteza. no me Cü > iozcan. Cc ' A Hablad. Ci P Jl' será fuerza. C 0f ,[' J; 0 m o os llamáis? • '-opp mc i| a m 0 ) s °y hijo de Inglaterra; Capitán para serviros: y esta jovencica bella es Bety, sobrina mia* y sin vanidad pudiera presentarse en este puesto como algunas se presentan con gran lujo: digo, algunas que no son tanto como ella. Bety. Tio , si eso no es del caso. Copp. Decís bien. Bety. Hablad aprisa. Copp. Sabed Milor... Bety. Tio. Copp. Ya..! digo, que sepa vuestra Alteza, que soy el Capitán Copp, y tengo mi casa puesta, dGnde vendo vinos; nunca entra gente de sospecha en mi casa ; pero á veces, sin que un hombre saber pueda lo que allí pasa, sucede, que algún briboncillo venga. Esto me pasó ayer noche: llegaron dos buenas pescas vestidos de marineros, ay , como yo los cogiera! ellos eran muy alegres, piden de beber, empiezan á bromear, gastaron mucho, y por remate de cuentas pretenden brindar conmigo; yo consentí con franqueza, porque soy hombre de bien; 1 pero á la verdad , debiera conocer en sus semblantes su intención, que no era buena. El uno de ellos tenia una sonrisa de aquellas malignas... su edad seria poco mas ó menos treinta anos , su talla era así. Yo pintárosla quisiera. Mira al Conde , se detiene , y después dice á Bety. Bety, los diablos rae lleven si no es el Señor. Enriq. Ya empieza Ap. 4 1