Los excombatientes franquistas. La cultura de guerra del fascismo español y la Delegación Nacional de Excombatientes (1936-1965), Ángel Alcalde. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014 [Reseña]
Full text
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essenyes
Segle XX. Re is a ca alana d’his ò ia, 8 (2015), 149-224
ALCALDE, ÁNGEL: Los excomba ien es
anquis as. La cul u a de gue a del ascismo
español y la Delegación Nacional de Excomba-
ien es (1936-1965), Za agoza, P ensas de la
Uni e sidad de Za agoza, 2014.
Lo que oy a a i ma a con inuación no
es baladí: Ángel Alcalde es un his o iado
que iene a sus espaldas una sólida ayec o-
ia in es igado a con la que se ha hecho un
hueco impo an e en la his o iog a ía es-
pañola. Con iene eco da es o po que lo
que oy a comen a a con inuación al ez
pueda dis ae el in e és inicial que el lib o
pod ía despe a en lec o es mucho más
e e anos que el au o del mismo. C eo
que hay que ad e i lo po que a mi juicio
Ángel Alcalde ha esc i o un lib o de his o-
ia pa a esponde a una se ie de p egun-
as que la e ce a gene ación, los nie os, le
hicie on a sus abuelos y que queda on sin
esponde po que és os, en líneas gene a-
les, no desea on hace lo. Es lo p ime o que
me llamó la a ención cuando me dispuse
a inicia la lec u a de es e lib o y es es o
mismo lo p ime o que quie o compa i
con odo el que lea es a eseña. Esc ibe
Ángel Alcalde: «muchos lec o es de es as
líneas p obablemen e conocie on en ida
a algún excomba ien e de la gue a ci il
española. El au o de es e lib o iene en el
ecue do a dos ancianos, que pocas eces
compa ie on con su nie o sus memo ias,
y que jamás la pusie on po esc i o». Ángel
Alcalde c eció con el deseo de conoce qué
hicie on sus abuelos du an e la gue a; una
cu iosidad gene acional exac amen e idén-
ica a la que u e yo cuando ui niño; nie os
que quisie on sabe de pequeños po qué
sus abuelos ue on a la gue a sin acaba de
comp ende nada po que nues os p opios
abuelos siemp e se las a egla on pa a no
ela a más que anécdo as sin impo ancia.
Lo con ieso aquí po que el p ime elemen-
o des acable de es a ob a es que és a es la
his o ia que muchos nie os hubié amos
que ido escucha de nues os abuelos. Es
una his o ia pa a noso os y, ambién, pa a
cualquie lec o que quie a aden a se en
los años de la gue a ci il y la la ga pos-
gue a.
P egun as al pasado, p egun as a odo
ipo de uen es ecupe adas po el au o
y po in muchas espues as que nos aen
de uel a el pe il de aquellos homb es
que lucha on en las ilas de las opas su-
ble adas. Homb es que en la mayo ía de
las ocasiones se apun a on olun a ia e in-
cluso a opelladamen e a las columnas que
ápidamen e comenza on a imp o isa se
en aquellas zonas que caye on en pode de
los golpis as; olun ades apa en emen e de
ace o —como bien demues a el au o —
que ue on al comba e, la mayo ía de las
eces, pensando que aquello se ía cues ión
de pocas semanas aunque descub iendo,
con el paso de las mismas, que una gue a
no e a aquella a en u a que se habían ima-
ginado. Y españoles, po encima de odo,
pe enecien es a una sociedad muy dis in a
a la nues a, es deci , gen es que desde ha-
cía gene aciones habían con i ido muy de
ce ca con gue as y con lic os de odo ipo;
lo cual puede ayuda a explica po qué
cen ena es de miles de homb es ma cha-
on al comba e de aquella o ma. Un lib o,
po an o, a caballo en e la his o ia social y
cul u al con algunas pinceladas de his o ia
mili a que in en a explica , en de ini i a,
po qué aquellos españoles acaba on con-
i iéndose en comba ien es al se icio de
los enemigos de la República.
El lib o de Ángel Alcalde es una ob a
bien abada, sólida e in e esan e y po es o
mismo susci a en el lec o el deseo de que
el au o hubie a ido más allá en algunos
compases del mismo. Po ejemplo: ¿cómo
se con i ie on los eclu as anquis as en
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comba ien es? Po que es sabido que una
cosa es se un soldado que ha pasado po
un pe iodo de ins ucción más o menos
in enso y o a muy di e en e e cómo ese
eclu a se con e ía en un e dade o com-
ba ien e. Cuando los soldados no eame i-
canos de la amosa 1ª Di isión de In an e ía
emba ca on en los na íos que los lle a on a
las cos as del No e de Á ica sabían que en
b e e en a ían en comba e. Se habían en-
enado y es aban dispues os; pe o la e dad
es que cuando desemba ca on pa a oma
pa e en la Ope ación An o cha aún les al-
aba mucho pa a con e i se en la amosa
unidad de comba e que llega on a se , pues
has a al pun o desconocían lo que les es-
pe aba que muchos soldados pensaban que
los en e me os que iajaban con ellos lo
hacían pa a segui ocupándose de sus le-
siones, de las o cedu as de obillo y o os
auma ismos que habían enido du an e
la ins ucción. Muy p on o descub ie on
que un eclu a se lesiona cuando se en e-
na pa a el comba e y un comba ien e es
he ido cuando lucha en p ime a línea de
comba e. O dicho de o a o ma. Hay algo
que no se puede enseña en las academias
ni en los campos de en enamien o: el odio
con a el enemigo, ese componen e que
anula la acionalidad p opia de los ci iles
y que los empuja a a anza en medio del
uego de mo e o y las ame allado as. Has-
a que aquellos jó enes no eame icanos
no descub ie on que sus en e me os iban
con ellos pa a palia las e ibles he idas de
gue a, has a que no ie on cae a sus ami-
gos, has a que no o ja on la he mandad de
sang e con los compañe os, has a que no
se ie on a anzando en medio del uego
enemigo no es u ie on lis os pa a se con-
side ados e dade os comba ien es.
¿Odia on nues os abuelos? Po que
Ángel Alcalde ela a muy bien el g ado de
imp o isación con el que comenza on los
comba es; pe o ambién sabemos ya que al
inal de la gue a, cuando llegó la ho a de
hace balance, aquellos no icios de gue a
acaba on con e idos en un impo an e pi-
la de la ic o ia anquis a. Po ejemplo, en
la Falange hubo po doquie ilusos, dese -
o es, homb es que se a epin ie on como
bien se ecoge en el lib o; pe o al inal de
la gue a el an iguo pa ido de José An o-
nio (sin con a a los eque és con los que
ue on usionados) había pues o al se icio
de F anco a más de 200.000 homb es, cu-
yas al ísimas asas de bajas y mue es dan
idea hoy de la in ensidad con la que lu-
cha on aquellos homb es. ¿Odia on an o
al enemigo que luego ue on incapaces de
con a le a sus nie os lo que habían hecho
en los años de gue a? Po que los abuelos
no eame icanos han dejado un ma a i-
lloso as o de i encias, memo ias, en e-
is as, películas, al ez po que la Segunda
Gue a Mundial ue la Gue a que hubo que
gana . ¿Y los nues os, po qué no habla on
como lo hicie on los yankis? ¿Fue po que
du an e las décadas siguin es acionaliza on
lo ocu ido has a al pun o de no que e
ememo a lo? Muchos se bene icia on del
luga que les había depa ado su condición
de excomba ien es, u ie on en mul i ud
de ocasiones una ele ancia social impo -
an e; pe o ¿po qué no le con a on nada a
sus nie os? ¿Se a epin ie on? «Lo peo que
hay en el mundo —me dijo mi abuelo An-
onio cuando apenas enía yo sie e u ocho
años— es una gue a en e he manos».
Como pod á comp oba el lec o , el lib o
de Alcalde da pie a muchos plan eamien os,
a nue as p egun as. Alcalde bien pod ía ha-
be esc i o 3.000 páginas más.
Cuando la gue a ocó a su in, llegó
la ho a de ol e a casa y einco po a se
a la ida ci il. Comenzó así el e o pa a los
an iguos comba ien es. En cualquie con-
lic o su uel a supone uno de los momen-
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os más di íciles. Lo ue, po ejemplo, en
la Alemania que pe dió la P ime a Gue a
Mundial; lo ue al é mino de la Segun-
da Gue a en odos los países que habían
omado pa e en ella, independien emen e
de la sue e que hubie an co ido en ella;
lo ue as la Gue a del Vie nam y lo sigue
siendo en la ac ualidad. Reinco po a al
comba ien e a la ida ci il no es un asun o
baladí ya que ocupa se de los que uel en
es la p incipal obligación que iene cual-
quie nación al é mino de un con lic o.
De cómo lo hagan las naciones se de i an
unas ci cuns ancias u o as. También lo ue
en el caso español, con la pa icula idad
de que el con lic o de aquí había sido una
gue a ci il, es deci , una gue a que había
dejado en el mismo e i o io a encedo es
y encidos. De és os úl imos en la España
de la posgue a no sólo no se ocupó nadie
sino que, además, du an e mucho iempo
se les es u o eco dando su condición de
encidos di icul ando así la posibilidad de
ehace sus idas. Muy di e en e, en cambio,
ue el a o que ecibie on los excomba-
ien es anquis as. En p ime luga po que
e an mili a es los que es aban al en e del
aquel es ado anquis a en cons ucción
y un mili a —aunque sea un golpis a—
comp ende mucho mejo que un ci il o
un polí ico lo que implica es a cues ión
del e o no; en segundo luga , po que de la
misma mane a que aquellos comba ien es
cons i uye on un pila undamen al pa a
la ic o ia, acabada és a de lo que se a ó
ue de segui ins umen alizando el alo
de aquel impo an e con ingen e de hom-
b es. Pa a ello, como bien desc ibe el au o ,
pusie on en ma cha un ba allón de medi-
das de odo ipo des inadas a a o ece a
odos los que os en a on la condición de
excomba ien e, al iempo que ins i uían la
Delegación Nacional de Excomba ien es,
adsc i a al pa ido único, así como las dele-
gaciones p o inciales y locales con las que
quisie on asegu a se an o un con ac o di-
ec o con los an iguos comba ien es como
el con ol de los mismos. De lo que se a-
aba, en suma, e a de con a con aquellos
homb es a cambio de odos los bene icios
que dis u a on. El p oblema es que las au-
o idades anquis as no ue on capaces de
sa is ace las demandas y las aspi aciones de
aquel impo an e con ingen e. En p ime
luga po que los ecu sos no alcanza on a
odos, o iginándose una impo an e bolsa
de descon en os; segundo, po que du an e
la con ienda les habían p ome ido —p in-
cipalmen e a alangis as y eque és— que
a la inalización de la misma ob end ían la
ecompensa po la que ma cha on al com-
ba e; descub iendo unos y o os al inal
de la misma cómo la ic o ia no se había
ma e ializado en un es ado nacionalsindi-
calis a o en uno adicionalis a. Y e ce o:
muchos excomba ien es, muchos alangis-
as ie on aquello, a pesa de las p ebendas
mencionadas, como una aición, lo cual
ayuda a explica el po qué de la desa ec-
ción y la desgana que se ins ala on en aque-
llas delegaciones de excomba ien es.
La his o ia, desde luego, es compleja y
Ángel Alcalde a oja bas an e luz sob e ella:
po un lado, descon en o en ma e ia social
po que la posgue a ue du a; po o o des-
con en o polí ico po que el es ado alan-
gis a no llegaba; conjun amen e con es o
el ha azgo que se ue ins alando paula i-
namen e en los ánimos de la mayo ía de
los excomba ien es al comp oba , po una
pa e, cómo los mandos de las delegacio-
nes de excomba ien es man enían un dis-
cu so anac ónico —como si el enemigo
es u ie a o a ez a la uel a de la esqui-
na— y, po o o, cómo esos mismos que
apelaban con inuamen e a su comp omiso
ahogaban sin mi amien os cualquie signo
de descon en o o p o es a, mos ando así
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el e dade o os o del égimen po el que
habían luchado en los en es de comba-
e. Con una pa icula idad: los que con el
iempo acaba on con i iéndose en —u i-
lizando las palab as de un ácido alangis a—
‘ iudas inconsolables de la e olución’ no
duda on al mismo iempo en acomoda se
a un égimen en el que, a pesa de odo,
ellos siguie on siendo los encedo es. Ese
doble juego, como bien mues a el au o
ue el que p edominó du an e la posgue a,
si bien con ma ices impo an es ya que las
delegaciones de excomba ien es se ie on
a ec adas, al igual que las o as secciones
del pa ido único po la coyun u a del mo-
men o, es deci , po la de o a de las po en-
cias del Eje, p ime o, po la consiguien e
des ascis ización del égimen y po el la go
decaimien o que siguió al é mino de la
Segunda Gue a Mundial; si bien con un
co o episodio de ecupe ación, inse o en
la coyun u a de 1956, en el que los man-
dos c eye on ecupe a el alien o has a al
pun o que algunos alangis as habla on de
ol e a ecupe a la calle.
La e dade a ealidad es que du an e las
décadas que siguie on al in de la con ienda
mundial los mandos de aquellas delegacio-
nes in en a on po odos los medios man e-
ne i a la llama de 1936, sin se conscien-
es de que esa luz la habían apagado ellos
mismos cuando al é mino de la gue a
ci il española se con i ie on en solíci os
je es al se icio del dic ado . Ángel Alcalde
lo demues a bien: aden a se en esos años
de la mano de la documen ación es iaja
o a ez a unas dependencias en las que se-
guían que iendo man ene un núcleo de
apoyo a F anco al iempo que in en aban
ansmi i a los hijos de los encedo es los
alo es que del pasado que los habían lle-
ado al comba e. La única duda que me
asal a es has a qué pun o consiguie on su
obje i o aquellos je a cas. Po que el au o
emplea cons an emen e y en sen ido gené-
ico el é mino excomba ien es, al iempo
que demues a cómo és os siguie on cons-
i uyendo un impo an e núcleo de apoyo
social du an e los años 50 y 60. La cues ión
es que la documen ación in e na ambién
demues a el ha azgo, la desa ección y el
alejamien o masi o de an ísimos mili an-
es que, e ec i amen e, en el pasado lucha-
on po la ic o ia anquis a, pe o que al
é mino de la gue a comenza on a aleja se,
po di e en es mo i os de aquellos indi i-
duos que no pa ecían da se cuen a de que
los iempos habían cambiado. En cualquie
caso, uel o a insis i , son cues iones, p e-
gun as, pensamien os que nacen al calo
de un lib o impo an e, que ha supues o
una no edad impo an e en el pano ama
his o iog á ico español po cuan o su au-
o , Ángel Alcalde, ha cubie o un hueco
del que nadie, con la ex ensión y se iedad
demos ada en es a ob a, se había ocupado
has a la echa.
José An onio Pa ejo Fe nández
Uni e sidad de Se illa
Anne MORELLI, Fabiola un pion su
l’ échiquie de F anco. B uselas: Renaissance
du li e, 2015, pp. 160.
Co ían los años sesen a cuando Fabiola
de Mo a p o agonizaba el cuen o de hadas
al que aspi aba cualquie muje jo en en la
España del momen o. Educada pa a se la
esposa de un hoga ca ólico, as un ugaz
no iazgo, la a is óc a a mad ileña con aía
ma imonio con el ey de los belgas. En
España e a un acon ecimien o de p ime a
magni ud que se p epa aba po odo lo al o.
Se conside aba una opo unidad polí ica