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Narrativas biográficas de mediadores interculturales desde una perspectiva sistémica: implicaciones socioeducativas

Ochoa Palomo, Carmen

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Universidad de Sevilla Departamento de Teoría e Historia de la Educación y Pedagogía Social Programa de Doctorado: Acción Soci oeducativa y Desa rrollo Local NARRATIVAS BIO GRÁFICAS DE MEDI ADORES INTERCUL TURAL ES DESDE UNA PERS PECTIVA SI STÉMICA. IM PLICACION ES SO CIOEDUCATIV AS. Carmen Ochoa Palomo Directores: Dr. José González Monteag udo Dra. Dolores Limón Domínguez Sevilla, Octubre de 2015 Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 2 Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 3 ÍNDICE INTRODUCCIÓN GENER AL 6 P ARTE I: FUND AMENT OS TEÓRIC OS Y MET ODOL ÓGICOS CAPITUL O 1. HACIA EL ENCUENTR O DEL O TRO: L OS CÍRCUL OS DE LA COMPRENSIÓN. 16 INTRODUCCI ÓN. 17 1.1. FENOMENOL OGÍA: LA EXPERIENCIA VIVI DA. 19 1.2. HERMENÉUTICA: LENGU AJES Y HORIZONTES. 25 1.3. LA DANZ A DE LAS RELA CIONES. 32 1.4. IDENTIDAD ES, ES P ACI OS, MOVIMIENT OS: LA MIRADA SIS TÉMICA E N EDUCACIÓN. 37 CAPITUL O 2. EL CONOCIMIENT O BIOGRÁFICO: LA INVES TIGA CI ÓN BIOGRÁFIC O - NARR A TIV A . 44 INTRODUCCI ÓN. 45 2.1. EL CONOCIMIENT O BIOGRÁFIC O. 47 2.2. LA INVESTIGA CIÓN BIOGRÁFICO - NARRA TIV A. 64 2.2.1. Los mate riales biogr á fico s. 66 2.2.2. El proceso de in v estig ación. 70 2.2.3. La meto dología biográ fico - narr ativ a e n el c ampo de la educación. 76 2.3. NARRA TIV A , ED UCA CIÓN E INTER CUL TURALIDA D. 78 2.4. EN EL CENTRO: EL DIÁL OGO . 90 PARTE II: LA MEDIACIÓN INTERCULTUR AL. CAPÍTUL O 3. MIGRACIONE S E INTERC UL TURALIDAD . 95 INTRODUCCI ÓN 96 3.1. MIGRACI ONES: LA HIS T ORIA DEL MUNDO. 98 3.1.1. El con te xto hist órico. 103 3.1.2. La inmigr ación en España. 10 6 3.1.3. La inmigr ación marr o quí . 109 3.1.4. Mujeres inmigr ant es. 114 3.1.5. La inmigr ación seneg ale sa. 117 3.1.6. Y las perso nas. 119 3.2. RELACI ONES MUL TICUL TUR ALES. 119 3.2.1. Multicultur alida d y multicultur alismo . 120 3.2.2. Multicultur alida d: persp ectiv as. 12 6 3.2.3. Seres mul ticultur ales gr upos y disidencias. 130 3.2.4. La gesti ón de la multicul t ur alidad. 131 3.3. INTERCU L TURALIDAD: EL VIAJE HACI A UNO MISMO . 138 Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 4 CAPÍTUL O 4. MEDIACIÓN INTER CUL TUR AL. 150 INTRODUCCI ÓN. 151 4.1. MEDIACIÓN INTERCU L TURAL. 155 4.1.1. Génesis y conce ptualización. 159 4.1.2. Ámbitos de la mediación in te rcul tur al. 170 4.1.3. El mediador int ercultur al. 194 4.1.4. Modelos de res olución de conflic tos. 204 4.2. DOS ENFOQUE S SIST ÉMICOS P ARA LA MEDIA CIÓN INTERCUL TURALID AD. 213 4.2.1. Modelo multifac torial. 221 4.2.1. Mét odo de los inciden tes crític os. 225 CAPÍTUL O 5. EL CONFLICT O COMO NARRA CIÓN. 232 INTRODUCCI ÓN 233 5.1. EL CONFLICT O EN UN CONTEXT O INTER CUL TUR AL. 236 5.1. UN ENFOQUE C OM UNICA CIONAL DE LA MEDIACIÓN. 257 5.2. COMUNICA CIÓN INTER CUL TURAL. 278 PARTE III: DISEÑO, METODOLOGÍA Y TRABAJO DE CAMPO. CAPÍTULO 6. NARRATIVAS BIOGRÁFICAS. UNA PROPUESTA M ETODOLÓGICA. 292 INTRODUCCI ÓN. 293 6.1. MET O DOL OGÍA. DESCR IPCIÓN DE LA PROPUE ST A. 301 6.2. EL TEMA: LAS PREG UNT AS FENOMENOL ÓGICAS. 314 6.3. L OS O TROS: LA SELE CCIÓN D E LAS PERSONAS A UT ORAS DE LOS RELA T OS. 319 6.4. REC OGID A DE DA T OS 322 6.4.1. Encuentr os 322 6.4.2. La co - c o nstr ucción. 325 6.4.3. La co - aut oría. 337 6.4.4. La escritura. 338 6.5. TÉCNICAS BIOGRÁFIC AS. 340 6.5.1. Entr evist a. 340 6.5.2. Geno g r ama . 347 6.5.3. Biogr ama. 350 6.5.4. Fot obiogr afía. 352 Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 5 CAPÍTUL O 7. ANÁLISIS DE D A T OS: UNA PROPUE S T A FENOME NOL Ó GICO HERMENÉUTICA. 355 INTRODUCCI ÓN 356 7.1. CA T EGO RIZ ACI ÓN Y TIPOLOGÍA. LA PROPUE S T A INTERPRET A TIV A. 358 7.2. INFORME. HIST ORIA DE SIRIFO 361 Identidad(es): Cons trucciones y r econs trucciones iden titarias e n el espaci o de la narr ación . 362 Espacialidad: Los lug ar es que nos habit an. 376 R elacion alidad: Las relaci on es que somos. 384 Corporali d ad: El cuerpo v ivido. 419 T empor alidad: El tiempo vivido. 424 Mediación inte rcultur al. 427 HIST ORIA DE NADIA 435 Identidad(es): Cons trucciones y rec on s tru cciones iden titarias en el espacio de la narr ación . 436 Espacialidad: Los lug ar es que nos habit an. 454 Corporali d ad: El cuerpo vivido. 463 R elacion alidad: Las relaci on es que somos. 469 T empor alidad: El tiempo vivido. 493 Mediación inte rcultur al. 493 7.3. SILENCIOS. 513 PARTE IV: CONCLUSIONES. 514 CAPÍTUL O 8. LAS PUER T AS QUE SE ABREN. 515 INTRODUCCI ÓN 516 8.1. LA EXPERIENCIA DE LA INMIGRACIÓN C OM O EXPERIENCIA E DUCA TIV A. 519 8.2. LA EXPERIENCIA DE LA MEDIACI ÓN INTERCUL TURAL COMO MET AMORF OSIS 521 8.3. LA EDUCACIÓN COMO MEDIACIÓN. 526 8.4. LAS PUERTAS QUE SE ABREN. 530 EPÍLOGO. 533 BIBLIOGRAFÍA 534 ANEXOS Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 6 INTRODUCCIÓ N 1. ANTE CEDENTE S. 2. TEMAS Y TRAMAS. 3. HORIZ ONTES. 4. E S TRUCTURA. 5. EL SITIO DEL COR A Z ÓN. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 7 1. ANTECEDENTES. el amor es un sitio & a través de ese sitio del amor se mueven (con brillo de sosiego) todos los sitios el sí es un mundo & en este mundo del sí viven (cuidadosamente ovillados) todos los mundos (E. E. Cummings) Una palabra con la que iniciar este texto, busco una palabra especial, intensa, exacta. No la encuentro. Ahora viene a mi mente u na palabra y siento que es demasiado grande para empezar con ella; sin embargo, es la que surge y doy paso al fluir de la escritura escribiéndola. Vida. La palabra es vida . Y es q ue siento que lo que da sentido a las págin as que sigue n es la vida q ue ha ido pa sando por mí en todo el proceso que va desembocando en esta tesis tantas veces plan teada y ahora, fin alme nte, escrita. Qué vida es la que ha pasado. Mu c has vidas, no solo la mía; la experiencia vital de las personas que h an re lat ado su vida para ay udarme a entender, a entenderme d e la única manera que entenderse es posible, frente a ot ro que nos confronta con su sola presenci a; la experiencia de unos mediadores qu e me llevan a elabora r l a conceptualización de la mediación intercultural que prese nto aquí; y, mi propia vida, mi pro pia trayectoria, c ompartida con las su yas en u n diálo go vibrante qu e nos ha transformado a todos . Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 8 He llamado “Antecedentes” a este aparta do inicial del trabajo y me pl anteo ahora dónde empieza esta h istoria. La h istoria comienza antes de ser consciente de su inicio. Tendríamos así do s p osibles comienzos – o tres, o cuatro-. El primero, quizás sea el d e l comienzo de mi interés y mi t rabajo dentro de ese amplio camp o que podemos llamar interculturalidad. Eso fue en el curso académic o 1995 -1996, justamente en 3º de la Licenciatura de Pedagogía. Rec uerdo que fue a p artir de un trabajo p ara la asignatura opt ativa “Educación de Personas Ad ultas” donde tuve que realizar una revisió n bibliográfica sob re educación intercultural. A partir de ese momento, no h e dejado de trabajar en es te camp o, ya d esde lo aca d émico, desde la formación o desde la intervención social y educativa. Pero creo que ya estaba interesada o inmersa en la temática desde m ucho antes. Decía un a profesora 1 de la facultad en la que estudié, que t odo lo que h acemos y todo lo q ue invest igamos, tiene que ver con nosotros. Años después, tras un t rabajo p ersonal psicot erapé utico, int entando verme a mí misma y mi modo de moverme por mis relacion es, he podido const atar en mi propia vida est as palabras y entender plenamente q ué era lo qu e esc ondían. No es casual que el campo de trabajo al que he dedic ado más tiempo y energía a lo largo de la mi vida sea el de la interculturalidad, ef ectiv amente, t enía que ver con migo. Y qu iero, al inicio de estas páginas, dejar c onstancia de la vida que recoge. N o sé si t ras es t e trab ajo mi camin o seguirá unido o no al mun do universitario y, sinceramente, tampoco eso es lo verdaderamente rel evante. Lo realmente importante es q ue esta in vestigación y este texto sea capaz de recoger toda la vida que ha habido y que hay tras él. Supongo que no es una exp eriencia desconocida p ara algunos de los posibles lect ores o lectoras de est e texto , haber exp erimen tado en algún momento de su trayectoria existencial el no saber cuál es su sitio en el mundo o sentirse perdido en un mundo que no se vivenciaba como propio. Estas sen saciones fu eron muy abundant es en mi biografía durante muchos años. Lo extraño, lo distinto, lo extranjero, siemp re me llamaron la atención, igual que pequeñas lucec itas que brillaban, me querían decir algo, ah ora lo sé. Y el men saje tenía que ver conmigo, como suele pasar con estas 1 Me ref ier o a Isabel Lóp ez Górriz. Gr acias Isabel por tus enseñan zas, toda vía hoy re suenan en mí. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 9 cosas, la extranjera era yo. En mi dificultad para en contrar mi sitio en el mundo, dediqué m u cha energía en mi vida a intentar q ue otros encontraran el suyo o , al menos, aspirar a que se sint ieran menos ex traños en este extraño mundo donde tal vez todos seam os un poco ext ranjeros. Y de alguna man era, sigo acompañando a otro s en el proceso de en contrarse con ellos mismos, encontrando en ellos su lugar, su sitio , desde el ámbito de trabajo donde a hora centro mis energías . Sin embargo, ese pro ceso, ese caminar hacia mí misma, no siempre ha sido en soledad. Me han acomp añado pe rsonas, personas que he ido encontrando y gracias a las cuales he podido ir conociendo, po co a poco, algo más de mí. La cuestión es que muchas d e esas person as han sido pe rsonas inmigrantes, extranjeras, ext rañas, de las que quizás puede que no recuerde n i sus nomb res. Pero lo q ue no he olvidado es q ue fueron espejos donde me re flejé y recibí siempre una i magen sorprendente y enriquecedora, desde el cuestionamiento y e l desconcierto que muchas veces hicieron emerger en mí. De alg una forma, to da investigación es una historia de vida o, al menos, la mía creo que lo es. Siento que lo que aquí expon g o t iene qu e ver conmigo plenamente, desde las temáticas qu e se entrecruzan, h as ta la metodología – la biográfica-, o el enfoque en el que se ap oya – el f enomenológico-hermenéutico-. Decía Max van Manen q ue la pregunta f enomenológic a tiene que estar vivida por el investigador (20 03:64), y siento que así es . He vivido la experie ncia de la mediaci ón intercultural, la de las f ormaciones que he impartido du rante años en el campo de la intercu l turalidad, la de la terapia, la de la d ocencia u niversit aria, la de la intervención social c on p ersonas vu lnerables; todas ellas, todas, desde u n profundo interés por el Otro y por la re l ación que se establece entre el Yo y el Tú. Me in teresa el acto/proceso (mediador, ed ucativo, terapéutico) como acto profundamente hu mano, solidario, compasivo, amoroso; com o una posibilidad d e f usionar horizontes abiertos, que d iría mi admirado Gadamer . Es e acto d e comunicación, de ser vistos , d e entendimiento profundo, de diálogo entre seres, que propicia en las p ersonas implicadas, como dice n uevamente Gadamer, el darnos m utuamente n uevos oídos . Cuando dura nte un tiempo hablas u n idioma, u na lengua que n o es la t uya, un id ioma que n o tiene na da que ver c on tus raíces, con el sitio d e dónde vien es, de dond e te nutriste, es como si tu identidad se purificara, com o Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 16 CAPÍTUL O 1. HACIA EL ENCUENT RO DEL O TR O: L OS CÍRCUL OS DE LA C OMPRENSIÓN. 1.5. FENOMENOL OGÍA: LA EXPERIENCIA VIVID A . 1.6. HERM ENÉUTICA: LENGU A JES Y HORIZ ONTE S. 1.7. LA D ANZA DE LAS RELA CIONES. 1.8. IDENTID ADES, ESP ACIOS, MO VIMIEN T OS: LA MIRAD A SISTÉMI CA EN EDUCACIÓN. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 17 INTRODUCCIÓN (…) el susurro denota un ruido límite, un ruido i mposib le, el ruido de lo que, por funcionar a la perfección, no produ ce ruido; susurrar es dejar oír la misma ev aporación d el ruido: lo tenue, lo c onfuso, lo est remecido se reciben como signos de l a anulació n sonora. Y en cuanto a la lengua ¿es que puede susu rrar? Co mo palabra parece ser que sigue c ondenada al farfulleo; como escritura, al silencio y a la distinción de los signos: de todas maneras, sie mpre queda demasiado sentido para q ue el lenguaje logre el placer que sería el pro pio de su materia. Pero lo imp osible no es inconcebible: el susurro de la lengua constituye una uto pía. ¿Qué c lase de utopía? L a de una mú sica del sentido. La lengua, susurrante, confiada al significante en un i naudito m ovimiento, des conocido p or nu estros discursos racionales, no por ello abandonaría un horizonte de sentido: el sentido, indiviso, impenetrable, innominable, est aría sin emb argo, colocado a lo lejos, como un espejismo… el punto de fuga del placer. Es el estremecimiento del sentido lo que interrogo al escuchar el susurro del lengua je, de ese lengu aje qu e es para mí, hombre moderno, mi Natura leza. (Barthes, 2002) Este cap ítulo t rata de una pasión y una curiosidad que muta casi en inqu ietud existencial y se traduce en la pregunta acerca de quién sea el Otro y cómo llegar a encontrarlo, a entenderlo; así como de las herramient as t eóricas en las que me apoy o para emprender ese camino que quizás me lleve al encuentro del O tro. En p rimer lugar, la mi rada fenomenológica. La f enomenología m e sitúa en la p regunta que considero f undamental para las relaciones hu manas, sobre todo para las relaciones interculturales: el cómo. Las relaci ones humanas est án a menudo filtradas por el juicio que hacemos d el mundo, d e no sotros mismos y de los Otros como Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 18 habitantes de ese mund o; gracias a la sensibilida d fenomenológica nos situamos en un espacio libera do d e la lógica de las c ausas, los juicios y los dogmatismos, y nos ubicamos en el mundo con lo que somos, nuestro cuerpo y la exp eriencia que vivimos. Como d ice Max van Manen (2003), podemos entender mejo r a l os seres hu manos a partir de la realidad experiencial d e sus mu ndo vitales. El encuentro con el Otro es un encuentro que experimento a través de mi corpo ralidad en el mundo en donde ambos nos relacion amos y d onde ti ene lu gar el diálogo. Me interesa la pregunta fenomenológica, una pregunta por el c ómo, po r la vivencia y la ex periencia tal y com o se nos presenta; más allá del por qué, estático, congelado y m onológico, me inclino hacia el cómo dialógico, experiencial y d inámico q ue me p ermite t omar c onciencia de mi propia experiencia e intentar acceder, tal vez con torpeza, a la exp erie n cia del Ot ro , cómo es para mí y cómo es para t i, a p artir de esto que está sucediendo entre ambos, en este preciso momento en que t ú y yo nos encontramos. Considero, por tan to, la fenomenología como una herramienta fundamental para la escucha y la observación. En segundo l ug ar , no en importancia, sit úo l a h ermenéutic a, esa aspir ación de compr ensión permanen te d el ser humano y la in t erp re tación q ue hace de tod o aquello que lo r odea. No pod emos h ablar d e inte rcultur alidad sin consider ar la hermen éuti c a de lo i nterc ultur al, el h oriz onte de sen tido necesario par a las relaci ones que m e permite acceder quizás al Otr o y , fundament almen te, a mí mismo. En tercer lug ar , la mira da sistémic a y la pers pectiv a relacional. Como ir é e xpo niendo a lo larg o de est as p áginas, mi visión no es una visión aislant e, que saca del sitio al sujet o (del sitio que supone su ser - en - relación). Somos en relación a con te xtos, experiencias, inter acciones, tiempos, sujetos; siempr e somos en relación. Y son esas relaciones que nos i n v aden, dan sentido e incluso limitan, so bre las que v amos c on s truyéndonos, narrán donos, como per son as ú nicas a lo largo de un con tinuo (tal ve z ilusorio , qu ié n sabe), qu e denominamos tra y ectoria biográ fica. M ir ar y ver solo a la per s ona creo que es no ver , no ent ender a la persona, por que nos f alta lo que esa per sona encierra y pr opicia. La per spectiv a sistémic a es fund amen tal en el diálog o edu c a t ivo y en la mediación; en la inte rve nción ped ag ógica y en la ter apéutica. Sin lo rela cion al no h a y interv en ción, n o hay nada. La m ir ad a sis témic a pone el eje e n la relació n , eso que nos Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 19 con vierte en seres humanos. En el siguient e capítulo me adentr ar é en el ámb i to biogr áfico y cómo est a metodología responde, desde mi p r opia experiencia inv estig adora, a las exig en cias que es tas tr es mir adas (f enomenológic a, hermenéutica y sist émic a) d emandan. 1.1. FENOMENOL OGÍA: LA EXPERIENCIA VIVID A . “Desde el pun to de vis ta f enomenoló gico , in v estigar es siempre cuestiona r el modo en q ue e xperimen tamos el mu ndo , q uerer conocer el mundo en el que v ivimos en nuestra calid ad de seres human os. Y pues to que ‘ conoc er' el mundo es esencialmente 'es tar' en el mundo de un a det erminada manera, el acto de inves tigar - cuesti onar - teoriz ar es el ac to in tenciona l d e u nirno s al mundo , de se r parte de él de un mod o má s pleno o, mejo r aún, de 'con v ertirnos' en el mundo mismo. L a f enomenología de nomina principio de 'in tencionalidad' a esa cone xi ón inseparable co n el mundo. ” M. V AN MA NEN El encuentro con el Otro es un encuentro en - el -mundo, en el mu ndo de la vida. No voy a hacer aquí un recorrido por toda la historia de la f enomenología, doy por su puesto al padre Husserl y me sit úo al amp aro de uno de sus h ijos, el filósofo f ran cés Merleau - Ponty (1986, 1999, 2003; Celle, 2000). Y por qué Merleau- Ponty. Por múltiple s razones; básicamente porque me sitú a en el cuerpo, en la corp oralidad de la relación, en el momento del encuentro, en la du ración bergso niana de la que fu e t ambi én deudor: el Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 20 otro habita el mismo mundo conmigo, de m odo q ue s omos c apaces d e est ar e n comunicación. Lo que la f enomenología hermenéutica (que d iría van M anen) me muestra es cómo ese mundo que experimentamos a través del lenguaje, es un a experiencia corpórea, emocional , relacional, situacional, viva, en cuerpo y en el mundo. Tomo de la fenomenología de Merleau -Ponty esa resisten cia incesante a cosificarnos y a cosificar lo corporal y, p or ende, las sensaciones y emociones que percibimos en la relación. Estamos e n e l mu ndo con nuestro cuerpo, siendo el cuerpo el que n os posibilita existir y relacionarnos. En terapia gestalt estaríamos h ablando d e la conciencia corporal, d e escuch ar lo que el cuerpo escucha y lo que el cuerp o d ice. Merleau-Ponty se aleja d el dualismo cartesiano, tan occidental, que sit úa a la p erso na en su cen tro mental, otorgando a este centro la mayor importa ncia y rango en cuant o a existencia y a esencia. Desde otra perspectiva, lo que planteo con la fenomenología del cuerpo- suje to de Merleau -Ponty, o con las enseñanzas de psicoterapias humanistas, como la terapia Gestalt, es la vuelta al cuerpo, el reconocimient o d e otros centros en n osotros que nos abren a la relación y al mundo de una forma diferente. En este sentido, h ablo de una conciencia que incluye lo mental, p ero no sólo lo mental, sino también lo corporal, lo em ocional, lo instintivo ; todo lo que está, siempre h a estado, au nque haya sido exclui do d e nuestros análisis y d e n uestros registros d e conciencia. La f enomenología nos en seña a escuchar, a mirar, a sentir; comp lejiza (y simplifica) nu estro estar- en - el -m undo. Para M erleau-Ponty, la percep ción es fruto de la relación entre la conciencia y el mund o, no existe una verdad atempor al n i ab soluta; y es gracias al cuerpo que estamos inmersos en el mundo, gracias al cuerp o y al lenguaje. El mundo es lo que percibo com o sujeto - en - el -mundo. En p rimer lug ar , tiene como objet o la expe rien cia vivida, el mundo como lo e xperiment amos de una maner a pr errefle xiva; e s decir , en un mét odo que n o busc a e xplic ar o con tr olar el mundo, sino pon ernos en contact o con él. En segundo lug ar , dice V an Manen (2003) que el mé todo es r etros pectivo , no intr ospectivo , porqu e siempre se tr at a de u na rememor ación, una r efle xión so br e una e xperiencia viv ida; se tra ta d e un conocimien to que se pre senta a la conciencia, y que es conocimien to sobr e el mundo Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 21 significa tivo del ser humano. Convencido de la ut ilida d y la necesidad de manejarnos con el método que denomina fenomenológico hermenéutico, Van Man en (2003) se pregunta sobre qué es lo que conseguimos describir c on el lenguaje y r esp onde que sólo a través del lenguaje podemos acceder a la experiencia. Si como dice, las cien cias humanas tienen que llevar a cabo la inusual tarea de t eoriza r sob re lo único, la única herramienta de la que disponemos para tal proeza no es si no el len gu aje, y au n así, siempre est aremos en una aproximación, en una tarea eternamente inacabada, limitada. Van Manen se encuentra de frente con esas regiones d e signific ado qu e puede n resultarnos ignotas, lejanas, radicalmente ajenas. El len guaje no es un esp ejo y, sin emb argo, vivimos en la ilusión de reflejarnos e n las palabras, de reflejar en él nuestro mundo; pero los mundos son intersubjetivos, locales, culturalmente diversos, íntimam ente personales. La comp rensión de esos mund os, de eso s mundos otros nos avocará a u n ab ismo al que intentaremos dibujar una y ot ra vez, ho riz ontes de sentido o de silencio: “(…) nunca puede darse un conocimiento direct o de un fenómeno. Conocer no es reproducir ni representar. L a idea d e que el conocimiento es una representación del mundo o de la “realidad ” debe ser rec hazad a con el mayor énfasis. Con ocer no es reflejar el mun do sino c rearlo. Conocer, sea científicamente o no, n o es representa r sin o c onstruir .” (Mèlich, 1998:17). La sensibilidad f enomenológic a nos acerc a al mundo, eso es lo que sien t o cuando leo , cuando escucho , cuando miro , “(…) no sólo en tendemos las cosas de forma intelectual o con ceptualmen te, sino que ta mbién las e xperimen tamo s de un mod o corp ó reo , relacional, en activo , situacional. (…) T enemos inform ación a través de nuestros cuerpos, de nu estras rel aciones con los demás y de nuestra in teracción c on los objet os de nuestro mundo . ” (V an Manen, 2003:13). Debemos mante ner esa f e en el leng uaje y en su poder p ar a p oder conocer y transmi tir lo que es tá más allá del lenguaje (V an Manen: 2003). La p reg unta es ahora insoporta blemen te evidente, la duda que su scita nos h ier e qu iz ás con una levedad intr ansigen te y ter c a: ¿es que hay alg o más allá del lenguaje? Sobre las posibilidades de ev adir es ta fr onter a, es te v acío , Bajtín (19 89, 1982; P onzio , 1998) nos pr opondrá la e xperiencia artís tica. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 22 Van M anen (2003) plantea un uso del lenguaje, un a sensibilidad, un len guaje que escape d e la racionalidad in sidiosa que nos amordaza y n os engañ a. Lo n arrativo nos posibilita la evasión. A través de u n uso del lenguaje tal vez sea posible expr esar experiencias no tanto ment ales como c orporales, emo cionales, sen si tivas. También creo que es precisamente en la re lación yo-tú do nde podemos intuir algo que va más allá de la expresión y que es como una c onstitución previa, u na exp eriencia básica constitutiva d e lo humano, donde quizás las palabras no sean imprescindibles, o no siempre. La herramienta que nos acerca al Otro es la emoción, la i ntuición, la resonancia emocional,… todo aquello que aparece en la relación si estam os at entos. La palabra que lo nombra n os acerca y n os distancia, simultáneamente, y de manera irreversible. Como d ecía D ilthey, n os explicamos la naturaleza, p ero la v ida h umana la tenemos qu e entender (1976:22). Yo añ adiría, o no : tal vez sea suf icie nte la aspiración de entender y la d e aceptar qu e no siempre entendemos, que no siempre será posible entender y que, sin embargo, siempre es p osible sent ir. Como dice Mélich (19 98:13): “ Una de las falacias de la s ciencias contemporáneas de la educación ra dica en la ilusión de pensar que la pedagogía es suficientemente poderosa para dar razón del fenómeno educativo. Pero el pensamiento pedagógico, c omo la mayor parte de la f ilosof ía occidental, no puede con la “sombra”, con lo “oscuro” y lo “misterioso”. El conocimiento no es solamente “diurno” sino también “nocturno”. ¿ Cómo se puede alcanzar el misterio? No ha blo d e conocer lo misterioso, d ado que todo lo q ue se conoce se posee, y toda posesión es c larid ad, es desmitificación. Lo misteri oso “no es”. (…) Pero lo mist erioso exist e , y esc apa a la c onceptualización, pero queda la imagen, el icono.” Max van Manen (2003:17) insiste e n la necesidad de c ontar para la pedagogí a no sólo de un repertorio de técnicas especializadas, sino también de un as competencias creat ivas, int uitivas y con el tacto; como si a través de una met odología y de un det ermina do u so del lenguaje (fenomenológico, metafórico, sen sitivo, poético), pudiéramo s ex presarnos más allá o más acá de un horizonte cognitivo, próximos a un horizonte poético, literario, más capaces, así, de transmitir emociones, sensaciones, misterios. Es precisamen te en la relación Yo- Tú d onde podemos intuir y vivenciar una especie d e con stitución previa, una experiencia hu mana básica o Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 23 primitiva, donde tal vez las palabras no sean i mprescindibles, o no sie mpre, al menos; ya que el lenguaje del encuentro se nutre de otras sutilezas corporales, sensoriales, emocionales. Una metodologí a fe nomenológica nos entrena en la adquisición y la experimen tació n de es te tipo de compe tencias. T al ve z dest ac aría ahora una de ellas por su c omplejidad, por su riqueza, po r ser –digam os - la más rele va nte desde mi p r op ia exp eriment ación f enomenológic a; me re fier o a la escucha. Mi formación como t er apeut a ha ido afinando es ta escucha, de cuy a relev a ncia y a había tomado conciencia c omo f ormador a y acompañan te en la tarea de la mediación i nt er cultur al. Las per sonas que tr abajamos con personas est amo s a menudo o bsesionadas con la adqu isición de herrami entas ajenas a nosotros mismos, olvidando q ue es ju s tament e en noso tr os mismos donde encon tr amos la mejor h err amienta para llev ar a cabo nuest ro t r abajo. En est e sen tido, las personas q ue tr abajamos con per sonas somos como un instrumen to musical c on su caja de r esonancia (resonamos en sensaciones y emociones). Cuant o más afinamos esté nuestr o instrument o , mejor podremos hacer nuestr o trabajo. Y la escucha necesita m ucha afinación. En otro apart ad o de est e documento (capí tulo 4) me re ferir é con ma y or d et alle a la escucha y a su conceptualiz ación; en este momento , me ciño a dejar clar amen te e xpues ta la importancia de la sensibilidad f enomenológica, tant o en el f ondo como en la f orma, par a todas aq uellas pr áctic as d onde la in ter subjetividad te ng a un papel cen t r al. El método fenomenoló gic o - hermenéutico d e V an Manen, que guiar á el enf oque inter pre tativ o de es ta t esis, es el est udio de la experiencia vivida; la e xplic ación d e lo s f enómenos tal como se pr esent an a la c onciencia; la descripción de los significados e xperiment ales que vivimos, tal como los vivimos; el es tudio de los fen ómenos desde la perspecti v a de las ciencias humanas; es la pr áctica aten t a del car ácter re f le xivo; la búsqueda de lo que sign ifica ser humano; y es, po r último, una actividad p oé tica. Un aspecto que me g us taría aclar ar se refi ere a la c oncepción del sujeto en l a e xperiencia f enomenológica; como s eñ alé arriba , opto por la c on ce p ción de M erleau - P onty , frent e a la trasc endent alidad del Yo husserliano o la frialdad deshumaniza da de Dasein heideg g ariano. El ser - en - el - mundo de Merleau - Pon ty es acaso una suerte de ser Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 24 e xis tencial plenament e vivo y p eg ad o al mundo, al cuerp o , al lenguaj e. Éste es el ser que me lleg a, que sien to cerc an o y r e f eren te. Como t erapeu ta Gest alt , la pr áctica fe nomenológic a se c onvier te en una f orma de ente nder el pr oceso ter apeútic o , en una metodología: “ ¿Qué estás haciend o (o de qué te das cuen ta ) en este momento , y cómo lo est ás haciendo? (…) el énfasis descriptivo , de p roceso y de camp o e n el qué y en el có mo , má s qu e el énfasis especul ativ o en una cau salidad mecanicista . ” (Y on tef , 2009:7) M e int eresa la ter apia gest áltic a precur sor a del énf asis d ialog al ta n p resen te en po s teriores ter ap ias de t ercer a g ener ación , deudoras de la ter apia Ges tal t y de la post erior apor tación de la Escuela de P alo Alt o , la teoría para dójica del c ambio. El Dar se Cuenta g est áltic o “ es una forma de v ivenciar . E s el proceso de esta r en con tacto alerta con la situación más imp ort an te en el campo ambien te/individuo , con un total apo yo sensorio - motor , emocion al, cognitivo y energé tico . ” (Y onte f , 2009:171). No es casual la influencia que la Psic o logía de la Gest alt tuvo en Merleau - P onty . La Psic ología de la Ges tal t supuso en el campo de la Psic ología de la ép oca una pers p ec tiva comple tamen te nov edosa, con un enf oque ex perimental f enomenológic o fren te a la denos tada intr ospección o a las demandas de las incipientes teorías cond uctist as. Su afirmación más ra d ical de que el T odo no es divisible, siendo algo di f eren te a la mer a suma de sus P artes comp onentes, t uvo y tiene, fuertes implicacio nes. Se da p aso a un mar c o conce ptual holís t ic o y al concep to de ca mpo , d onde la relación y el con te xto pas an a tener un pap el no destac ado co n anteri oridad (Luna, 2011). La ter apia Ges talt toma su nombre de esa configur aci ón o entidad total (gest alt) “ que hace al todo una unidad sig nificativa diferen t e de la mera suma de sus part es. La Natura lez a es ordena da, está org aniz ada en un todo significativo. A partir de est e todo , emergen figuras en relación a un fondo , y est a relación entre figura y fondo es significativa. ” (Y ont ef , 20 09:169). Lo n uev o , esa con figur ación tot al y signific ativ a, es posible gr acias al co n tact o con el Darse Cuent a f enomenológic o , una to t alidad q ue es capaz d e integr ar en sí misma la problemática o el asunto enf ocado. Antes de f inaliz ar est e apartado , me gust aría señalar un aspecto que considero importan te en es te documen to desd e un punt o d e vida ideológic o , teóric o y Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 25 metodol ógico , y es la v o lun tad de escapar del le nguaje ac ad émic o p ar a dejar me llev ar por un n uev o mo do de e xpresar me tal y c omo la f enomenología me sugier e. T al y como sostiene Gerg en, “(…) cada te xto objetiva el tema del que trata, privilegiando así un dominio de lo real sobre lo ret órico . La in v ita c ión a la transforma ción se ex tiende, pues, a la forma de e xpresión erudita a medida que las ciencias human as exp erimen tan modos de e xpresión, en la medida en que desafían los estilos t rad icionales de escritura, difuminan los géneros, añaden visión y sonido al te xto , también t ransf orman la conc epción del especialist a, de la academia, de la naturale za de la educación y , finalmen te, del pot encial de las relacion es humanas. ” . (2010: 86). 1.2. HERM ENÉUTICA: LENGU A JES Y HORIZ ONTE S. “ Comprender no significa ya un compo rta mient o del pensamien to humano entre otros que se pueda disciplinar metod ológic amen te y conf orma r en un método c ien tífico , sino que cons t ituye el m ovimien to básico de la ex ist encia human a . ” H. G. GADAMER La compr en sión, d ice Gadame r (1994), es el movimien to básico de la exis ten cia humana. Y me surg en mu chos e inqu ie tantes cuestionamien t os. Me pregunt o, desde dónde compre n do y qué es lo que compr endo del Otro; me pregunt o qué pasa cuando no puedo compr ender , cuan do no quiero compr end er , cuando no com p r en do. T al vez est os cuestionamien to s on aú n más t urbador es en l as relaciones i nt ercultur ales: qué puedo compr ender y has ta dónde; y , si es es to que c o mpr endo suficien te. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 32 medida en que “ el diálogo si gue y las con struc ciones continú an abierta s, los significad os locales tal vez se ramifiquen y quiz á las personas lleg uen a compartir o asimilar lo s modos d e vida de los demás. ” (Gerg en , 2 01 0: 15 0) Puedo am pliar el horiz on te de mi com pre nsión cuando esta blez co el diálogo y me dejo llev ar permitiendo que el d i álog o me tr an s forme. En la experiencia d e la con v er sación o en el diálogo co n la h ist oria de vida, se posibilita el int erc ambio –incluso a vec es la fusión - , de horiz ont es de sentido; en cualquier caso , se hace po sible la transgr esión del límite que por cree r que soy , acabo siendo . 1.3. LA D ANZA DE LAS RELA CIONES. “Lo que la conciencia nunca podrá apreciar sin ay uda (sin ayuda del arte, los sueños y cosas semeja n tes) es el ca rácter sis témico de la ment e. ” G. BA TESON Doy un paso más para incorporar a este discurso las aportaciones que se me of rece n cuando el foco lo coloc o en las re laciones, lo sistém ico como el mundo de las relaciones. Intento elaborar un a explicación del sujeto, del Otro, de mí misma, no como un Yo-individuo, sino como un Yo- relacional, distribuido como d iría Bruner (1991). G. Bateson (1998) af irmaba, como humilde p adre fundador de una revolución en las ciencias humanas y psicológicas, que si p ensamos en las relaciones y consideramos las cu estiones que n os ocupan como definidas exclusivamente por sus relaciones, nos asom braríamos. Desde la pe rspectiva que Bates on p lantea, lo que Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 33 evolucionan no son las individualida des, sino los contextos d onde se relacionan, siendo fundamental la interacción que se produce entre los organismos. Somos nuestras relaciones, n ada escapa de la relación porque es la relación, lo intersubjetivo, lo que me of rece la p osibilidad de la inteligibilidad al situarme en un horizonte de sentido, en un juego -del-lenguaje; y lo sub jetivo al poder ser un Yo frente a un Tú. D e hech o es l o que sos t iene la interculturalidad frente a otros mo dos de gestionar las relaciones mu lticulturales: es el hacer h incapié en las relaciones, poniendo como eje la interacción. D esde la pragmática de la comunicación, a la d es - ontologización del yo psicológi co propicia do por las psicoterapias narrat ivas y sistémicas, las relaciones me constituyen en lo que soy aho ra; y es justamente mi capacidad de situarme e n lo relacional la que me de -construye como ente psicológic o esencial, mo nológico y frío. Adquiero así la posibilidad d e optar po r una narración u otra del Yo que soy. Comienz o por Gerge n y su c onstruccionism o social. D ice Gerg en que “ (…) las consecuencias de una on tolo gía comunitaria o relacional (…) encuen tran desasosegador el hecho de que se elimine el acen to en los procesos psicológico s. (…) La 'men te individual' no sólo pierde su funda menta ción on tológ ica sin o todos sus cons t ituyent es tradicion ales: las emociones, el pensa mien to raciona l, los motivos, los rasgos de personalidad, las intencion es, la me morias, y similares. T odos est os cons t ituyent es del yo se con vierten en construc cion es hist órica men te con tingen tes de la cultura. ” (2010: 95). E f ectiv amente, si lo que enf ocamos son las relacio nes, se abre ant e nosotros u n mundo asombr oso. Me inte resa el c onstruccionismo de Gerg en cuando habla de en sanchar la con ver sación, de descentr arnos en el sen t ido en que la mediación int er cultura l sugiere como ver emo s más adelan te; por q ue nos enseña la multiplicidad de modos en los que el mund o es, y puede ser cons truido (2010: 104). En su o br a R ealidad es y relaciones: apro ximaciones a la constru cción social , va haciendo un rec o rrid o por cómo se han ido configu r ando una serie de conceptualiz aciones acerc a del Y o desde un punto de vista social, r elacional (2010: 259 - 269). D esde Vy g otsky y su per spectiv a his tóric o - cult ur al d onde las f unciones ment ales superior es se pr oducen en p rimer lu g ar a n iv el social, en lo int erpsicológico , Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 34 par a pasar después a lo intr apsicológic o ; p asando por el inter accionismo simbólico y la antr opología simbólico - cultur al de C. Geertz; hasta la psicología cultur al de Bruner , supera do su cognitivism o; y , las ter apias na rr ativ as fundadas por E ps ton y White. Per o si hay u n autor pi onero , c omo decíamos arriba, sería Ba teson. Bat eson, con su t eoría d el doble vínculo (do uble - bind), revol u ciona la psicopa tología al intr o ducir la com unicaci ón c omo piedr a angular e xplica t iv a, c oncret amen te, en el caso de la esquiz ofr en ia. Co n sus aportacio nes se abr e un n uev o cam p o en la psic o te r ap ias (f amiliares, sis témic as, narr ativas, relacionales,…), donde lo emocional y lo identitario adquieren signific ado dentr o de una d et ermina da matriz r elacional, c omo gus tan d ecir los psic oanalis tas int er subjetivos más cont emp or áneos. D e este mo do , p odemos revisarlo todo desde el en f oque relacional: em ociones, identi dad, conflict o, p a tología… “ como acon tecimiento s dentro de pautas relacionales: como acciones sociales que derivan su significado e importancia de su situación dentro de rituales de relación . ” (Gerg en 2010: 269) Nue stra r acionalidad occident al, tan acos tumbr ada a la causalidad mecanicis ta, lineal, se desbor da; nuestro discurso se amplía, c omo diría Geertz ( 1991) , ese discurso que tenemos sobre el mundo , sobre nu es t r a realidad, se nos q ueda pequeño ante un nuev o modo de mira r(nos). Y est a mira da es esencial en inte rc ultur ali dad, donde a menudo nos encontr amos con Otr os cuy a identidad esc apa a una racio nalidad psic ológic a individualis ta tan c ultur almen te nuestr a. Por último, me gustaría al men os hacer referenci a a las apor taciones comunicacionales que incorporo. Po r una p arte, las de la Escuela de Pa lo Alto: la p ragmática d e la comunicación humana de Watzlawick, Bavelas y Jackson (2002) ; y, p or otro, las de la terapia narrativa de White y Epston (19 93). La relación es comun icación, vivimos continuamente inmersos en procesos comunicativos. Todo es relación y, p or tanto, comunicación. M i conceptualización de la mediación y de los conflictos es básicamente comunicacional, narrativa. Este en foque tiene, d esde mi pu nto de vista, enormes ventajas como intentaré exponer más adelante 7 ; pero quiero aqu í señalar u na ventaja que me parece fundamental: la posibilidad de dejar de estigmatizar y cosif icar los conflictos interculturales b ajo el epígrafe de conflictos étnicos , enfatizando lo c ultural 7 P arte II, Capítulo 5. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 35 cuando, en la mayoría de las ocasion es, lo que se produce es un desajuste p ragmático en el marco de un as relaciones que esconden desigualdades y ju egos d e poder desequilibradores; relaciones inmersas en universos simbólicos con pautas comunicativas difer entes, incluso, cont radictoria s: “(…) las personas pu eden decir algo y significar ot ra c osa – y, como acabamos de v er, hay interrogantes c uyas respuestas pueden est ar p or c ompleto fuera de nuestra percepción. (Watzlawick, Bavelas y Jackson, 2002 :37). El papel de la mediación, será el d e la t raducción en el sentido de traducción met acomunicativa y el de favorecer la apertura a nuevas narraciones más inclusivas. Se trat ará de int entar traducir los marcos d e refer encia pragmát ico s (relacionales, sistémicos) desde d onde se produce la comu nicación. Cuando se puede acceder a la d ecodificación de los marcos d e referencia del Otro, el conf licto como bloqueo en la comunicación (y en la relación) p uede desap arecer, y lo que queda es ya la voluntad o no d e “ entrar” en la relación. Por otra parte, h ay un fuerte compon ente emocional en los aspectos pragmáticos d e la comunicación , entend iendo las emociones desde un enfoque relacional, cultural: “ (…) no es neces ario rec urrir a ninguna hipótesis intrapsíquica im posible de v erificar en última i nstancia, y de q ue es posible limitarse a las relaciones observables ent re ent rad as y salidas, esto es, a la comunicación ” . (Watzlawick, Bavelas y Jackson , 20 02: 44). Lo relevante en la pragmática de la comunicación no es el contenido en sí mismo, sino el aspecto relacional de la comunicación. La ap ortación d e Watzlawic k, Bavelas y Jac kson (2002) se basa en que l os seres humanos, en tanto que sistem as vivos, tienen relaciones cruciales con s u entorno y son, en con secuencia, sist emas abiertos. Y, como sist emas ab iertos, los sistemas humanos adquieren una serie de características: totalidad, retro alimentación, equifinalidad. La to talidad hace referencia a la configuración gestáltica que indica que un sistema no es la sum a de sus partes, sin o un todo compl ejo d onde cada u na d e l as partes está relacionada con las demás, af ec tando al sistema completo y al resto de las partes, el cambio que se produce en una de ellas: “ (…) las se cuencias de c omun ica ció n serían recíprocamente inseparables; en síntesis, que la interacc ión es no -sumativa .” (2002: 122). La retroalimentación tiene que ver con el cambio conceptual que se Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 36 produce con el advenimiento de la cibernética, desde la materia a la información, “ la retroalimentación y la c ircularidad (…) c onstituyen el modelo ca usal a decuado par a una t eoría de los sistemas intera ccionales .” (2002: 123). La equifinalidad imp lica que idénticos resultados pueden tener orígenes distintos, siendo lo fundamental la natural eza de la organiz ación: “ en el análisis del mod o en que las personas se afec tan unas a otras e n su interacción, consideraremos que las c aracterísticas de la génesis o el producto son mucho me nos importantes que la organización de la inter acción. (2002: 124 ). La conceptualización de los sistemas abiertos dota de complejida d; el estado final de un sistema cerrado está determ inado por sus circunstancias iniciales, pudiendo estas circunstancias erigirse en las mejores explicaciones de lo q ue sucede en el sistema, pero en el caso de los sistemas abiertos, el sistema en sí mismo – su organización- se erige como su mejor explicación. Si con sideramos los conflictos culturales como formas de entrada al sistema de destino, tal y como en psicoterap ia se conciben los sín tomas “ como una de las múltiples f ormas de entrada al sist ema familiar y no como una e xpresión de conflict os intrapsíquicos.” (20 02: 44-45); podemos concluir que estos conflictos son funcionales p ara las perso nas que vienen de fu era y para las personas de d entro: funcionales para su s ident ifica cion es, sus presuposiciones, sus narraciones. La interculturalidad es lo que ca u sa incomodidad, es lo que hace que el sistema se desequilibre. La pragmát ica d e la comunicación nos o frece un mundo de nuevas p osibilida des a la hora de aproximarnos al an álisis relacional que imp lica la mediación: 1) Priorizar efectos a causas: “(…) cuando el por qué de un fragmento de c ondu cta permanece oscuro, la pregunta ¿para qué? puede proporcion ar una respuesta válida . (2002: 46). 2 ) Optar por la circularidad frente a la linealidad, donde se rompe el esquema emisor  receptor: “(…) en las c adena s progresivas lineales, de causalidad tiene sentido ha blar acerca del comienzo y el fin de una c adena, tales términos carecen de sentido en los sistemas con circuitos d e retroalimen tación.” (2002: 46). 3) La normalidad frente a la anormalidad q ue surge de un pre -juicio o un juic io d escontextualizado: “(…) desde un punto d e vista comunicacional, un fragmento de conducta sólo puede estudiarse en el Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 37 contexto en que tiene lugar, los términos “c ord ura” y “aliena ción” pierd en prácticamente su significad o como atributos de individuo s.” (2002: 47). Pasaré aho ra a propuestas sist émicas con cretas qu e tienen mucho que ver con las propuestas que he estado p re sentando aquí y q ue tienen ya u n re corrid o impo rtante en el ámbito de lo socioeducativo: la terapia estratégica y la terapia n arrativ a; j unto con las ap ortaciones de la pedagogía sistémica. Estos t res enfoques p ueden realizar importantes contribuciones a la conceptualización y a la intervención en el ámbito de la mediación intercultural. 1.4. IDENTID ADES, ESP ACIOS, MOVIMIENT OS: LA MIRAD A SISTÉMICA EN EDUCACIÓN. Los c uentos son el camino real h acia el estudio de las relaciones. Lo que es importante en u na historia, lo que es v erdad e n ella, no es el argumento, las cosas o las personas en el cuento, sino las rel aciones entre ellas. G. B A TESON Somos sis temas que participamos en sist emas , sis temas abiertos que no s equilibramos y desequilibramos conti nuament e a partir de lo q ue sucede en nuestr o entorno , en esos otros sistemas con los q ue nos vincu lamos: p er sonas, f amilia, comunidad, grupos,… Si nos mir amos a nosotros mismos como sist emas abiert o s que part icipamos en sistemas, la visión qu e p r opon g o d e los choq ues cultur ales con los que los Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 38 mediadores inte rcultur ales tr abajan se sitúan en lo que podríamos llam ar u na pérdida del equilibrio . T ambién a nivel de identidad esta mos a lo larg o de nuestr o proceso vit al en con tinuas pérdidas de equilibrio y en contín uos inten tos por res tablecerlo: “ cada uno de nosotros cons t ituye represen tacion es del mundo , de sí mismo y de los demás, que forman un sistema de seguridad e identidad personales que se resist en al cambio . ” (Fiorenz a y Nardo ne, 2004: 9). No voy a aden tr arme en prof undidad en lo q ue la T eoría de Sist emas o la llamada Segunda Cibernética ha n aport ado a las ciencias soc iales y a lo socioeducativ o 8 ; mi inte nción es únicament e mos trar un pequeño esboz o que sirv a de apr o ximación a la pers pectiv a desde la que me acerc aré a las relaciones int erc u ltur ales y a los conflic tos que sur g en en es te c on te xto. Me apoy aré en las aplic aci ones que las aportaciones de Bat eson y la Escuela d e P alo Alt o han tenido en el ámbito educa tivo de la mano de autor es com o Nardo ne, la ter apia narr ativa de White y de la in clusión de los presupues tos de la pedagogía sisté mica. Las apo rt aciones de la visión de comunic acional y sis témi ca de N ar d one c on su t er apia estr at égica, o las es tr ategias de la ter apia narra t iv a, así como las que nos lleg an de la pedagogía sist émic a, no s van a pr oporc ionar un a serie de herra mien tas que van a fa vor ecer , sobre todo , la inclusión, algo tan importan te en inte rcultur alidad; además, nos facilit an un modo de mira r que sitúa a la persona en su t r ama de vínculos, en sus lealtades visibles e invis ibles, en función d e su c o n te xto no sólo físico , sino también em ocional e in ter no , si emp r e en la búsqueda del equilibrio. La pr opu es ta d e l a ter apia es tr atégic a de Fiore n z a y Na rdone (2 004) parte de una id ea que rompe con la caus alidad lineal y consider a el cambio n o una co nsta nte. Nos situamos en una refle xividad disti nta 9 . La idea esencial de este enf o que nos d ice que el observador est á insert o en lo observado , siendo toda d escripción autorre fer ente; la 8 Rem ito par a ello a Ball es ter y Colom (2012b). 9 Dis tint os tipos de refle xi vidades: 1 ) La refle xi vidad óntica (mecánica ne wtoniana): tien e qu e ver con una act ividad objetivador a del sujeto en el proces o de medi ción qu e tiene c omo resultado su alter ación. 2) La ref le xividad lógica (me cánic a rela tivis ta): tiene que ve r con la interpr et ación des de fuer a. 3) La re flexividad epis témica (mecánica cuántica): el sujeto - los sis temas int erpretan el medio que les rodea al ser con sider ado s or g an izacionalmen te cerr ad os e inf ormacio nalmente abiertos, en e se proceso de int erpret ació n producen y r eproducen el s entido. 4) Auto - r e flexiv idad (segund a cibernética): s e alc anza una re fle xividad suma men te compleja al es tablecer relaciones ref le xivas epistémic a s má s p rof undas con el sujeto, el sist e ma ob jet o re fleja en su totalidad las v irtualid ades d e la subjetividad del sujeto. (Ballest er y Colom, 2012a : 32 6 - 327) . Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 39 objetividad 10 es un concept o err óneo por que se funda en el presupues to de separ ar observador y o bservado. Lo usual es pensar que par a resolv er un problema e s imprescindi ble conocer sus causas; sin embarg o, la práctic a no s dice que es to no siempre es así, qu e saber no implica resolv er , que la aplicación de este mod o de interve nción a pro blemas complejos com o las in ter acciones humanas p uede ser inefic az y dis fun cional. Lo que se plant ea, desde est a per sp ectiva que propone n Fiorenz a y N ar d one , no es saber las causas, sino observar cómo funcionan los siste mas e int er venir desd e aquí. Se tra ta ento nces de “ pensar que los problemas human os (…) pueden ser el produ cto de las in terac ciones que cada persona cons t ruye con la realidad en la que vive. ” (2004: 17). Observamos las in teracc iones en los distin tos c on te xtos de las personas portador as d e las dificultades (la tut o ría c o n los padr es, la clase, la f amilia, el tr abajo , el centr o de salud, etc.) y se p onen de ma nifiest o las d i námicas comunicaciones patológicas (par adojas, díadas, form as rígidas de comunicaci ón, bloqueo s, etc.). La c ausalidad no es lin eal, sino circu lar 11 ; y los problemas humanos se rige n sobre una b ase d e inter acciones comu nica tivas q ue cada persona esta blece con las demás y con su realidad. Son muchas las aportaciones que est e tipo de visiones a p ort an a la g estión de l a mediación inter cultu r al. Dest ac amos, como ejemplo, la forma en que se pueden ente nder los bloqueos debid os a la rigidez de las posicion es (2004: 98); la necesidad de hablar el lenguaje del client e, sin ningú n tipo de juicio previ o o prej uicio (deviación, anormalidad, etc .) (2004: 76); la idea d e que el signific ado d e cualquier suceso depende d el mar co dentr o del cual lo perci bimos, así como que la rees tru ctur ación, aplicada a las relaciones inter per sonales, enseña otr o juego –en el sentid o d e Wittge n s tein - , en sustitución del viejo (2004: 63); la for ma en cómo ente ndemos e 10 “ Asumir un a p osición constructivis ta y cibernética si gnific a s encillamente renunciar a teorías o modelos ligados rígida mente a conceptos determinís ti cos y a clasificaciones obsoletas, incapaces d e describir d e maner a funcion al las cons telaciones de la persis tencia de un p r oblema. ” (Fiorenza y Nardone, 2004: 41). 11 “(…) el proceso interactivo y com unicativo asume una forma c ircular me diante las recíprocas retroacciones entre las variables. Una vez activado e s te proceso circular , ya no e xist e un principio y un final, sino únicamente un sistema de influencia recíproca entre las variables. De aquí la exigencia de estudiar el fenómeno en su glob alidad, teniendo siempre p resente qu e cada variable se expresa siemp re en funció n de su relación con las demás y con el conte xto situacional . ” (Nardone y W atzlawick, 1990: 40) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 40 interv en imos ante la resis tencia al cambio, no forz ando el cambio y aument ando la resis te ncia al mismo (2004: 28 - 29); la idea d e que un p r oblema a tra vés d e su solu ción (2004: 76): “ lo que import a es crear condicion es en las cuales sean posibl es el cambio y la solución al problema. Median te adecuadas rees tructuracion es se con stru yen realidades in vent adas que pro duc en nuevas realidades co ncre tas . ” (2004: 70 ); y , no se interviene d esde la críti ca o la culpab iliz ación a la conducta del s ujeto , sino desde la observación del fun cionamient o del sistema donde la conduc ta en cuestión se inscrib e y a la qu e res ponde. Est os aspectos co ncre tos que recoj o aquí brev ement e, tienen una gr an fuerz a en la pr opuest a de mediación in te rcul t ur al que pr opongo más adelan te. P or su parte, la ter ap ia narra tiva, nos aporta también esclarecedor as id eas. Est e enf oque psic oter apéutic o (Eps ton y White, 1993; Pa yne, 2002; Ramos, 20 01) entiende que n ues tr a id en tidad personal emer ge en función de lo que creem os saber de nosotros y d e cómo nos describimos; y lo que sabemos de nosotr os es tá en f unción de las pr áct ic as cul tural es en las que es tamos in mer sos (Berne, 1986). Las h ist orias que nos co n st amos a nosotr os mismos y las hist orias que ele gimos cons truir par a con tar nos a los otr os, está n d et erminadas por l os rela tos que nos han coloniz ado ( etiquet as, eval uaciones, e x clusiones, clasificaciones,…), en tant o p adr es, madres, hijos, alu mnos , parejas, pro f esionales, o cualquier po sició n social q ue ocupemos. Desde es te presupues to , la tera p ia narra tiv a lo que no s ofrece es la posibilidad de optar a con tar nos d e otra fo rma, de cons truir nuevas h is torias sobre lo que somos. Es ta posibilidad es fundament al en una conce ptualiz ación comunicacional y narra t i va d el con flicto y de la in ter v ención en mediación in terc ultural. La ter apia n arr a tiva se plantea cómo las perso n as or g an iz an sus vidas alrededor de ciertos significados y cómo al hacerlo con tribuye n inadve rtidamen te a la sup ervivencia de sus dif ic ultades. Es lo que Berne (19 86) llamó el guió n de vida , ese esqu ema q ue nos es t ructur a como sis tema y que puede llegar a pat ologiz ar nues tr as in teracc iones y la visión que tenemos que no sotr os mismos. Est a idea est á present e en otr as psicote rapias como la T er apia Gest alt o el Psic oanálisis R elacional (Orang e, 2013, 2012) , incluso en la T eoría del Ap ego de Bowl b y (2014; M arr o ne y Diamond, 2001 ), d onde se coloc an en primer lug ar las int er acciones t empr anas en la socializació n primaria c omo Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 41 determi nant es en las r elaciones post erior es de las per sonas con sus ent or nos. La T eoría del Self , la T eoría In ter subjetiv a y el Psic oanálisis R elacional, nos propo nen l a e xis tencia de tres inconscien t es (Or ange, A twood y Stolor ow , 2012 ): prerre f le xivo , dinámico e inv alidado. El inconscien tes prerre fle xivo n os habla de las infe re n cias emocionales que el niño e xtr ae d e la experiencia inter subjetiva en su f amilia de o rigen y que se corr esponden con lo qu e el T er ap ia Ges tal t se denominan “intr oy ectos” , mandat os inco nscien tes, lea lta des y cat egoriz aciones, q ue nos d efi nen desde un sitio muy o culto a n ues tr a consciencia (Peñarrubia, 20 08; Pols ter y Pols ter , 20 05) . El inconscien te dinámico , hab la cómo los ef ectos de esas inf ormaciones tempr anas no disponibles para la re f le xión , con tinúan h acié ndose presen tes en el modo en cómo nos relacionamos en nues tr a vid a adulta. P or ú lti mo , el inc onscien te inv alidado hace re fer encia a aspectos subjetivos que n unc a pudieron ex pr esar se n i tomar for ma e xperiencial porque no encontr ar on la valida ción e xterna en nuest r o con te xto emocional. Como sos tenía la intuición sis témic a de Bateson, la p a tología no se sit úa en el paciente, sino en sus r elaciones y en cómo las int erioriz a, las siente y las actualiz a en su vida. Es ta idea que ret oman todas las psicoter apias de terc er a gener ación y las pscioter apias humanis ta s y relacionales, desde el cons truccionismo social de Gerge n hasta los últ imos desarr ollos, más humanístic os, en las tera p ias cognitivo - conductuales (Cancrini, 1991; Er skine, Moursund y T ra u tmann, 2012). Desde est a per spectiv a analizar emos los c onflict os, las n arr aciones de vida y plant earemos una int er vención en mediación q ue p ong a lo sis témico como per sp ectiv a tr ans v er sal a cualqui er compr ensión e in terpre t ación p osibles. Lo q ue la te r ap ia narr ativ a enfa tiz a es el hecho de es tar inmer sos en te xtos, en cons trucciones narr ativas, que nos autorr ef er en cian y que p odemos optar a resignificar . La met o dologí a b iogr áfico - narr ativ a es un a man er a de acceder a esas narr aci ones inte rnas que nos c ons truy en c omo lo que cr eemo s ser . La estr at egia básica que p lan tea n White y Epsto n, se apoy a en l a ex ternaliz ación del pr oblema, “ un abordaje terapéutic o que ins ta a las personas a cosificar y , a veces, a personificar , los problemas que las oprimen. En este proceso , el problema se con v ierte en una en tidad separada, e xterna por tan to a la person a o a la relación a la que se atribuía. Los problemas considerados inherent es y las c ualid ades relativamente fijas Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 48 comprensión experiencial subjetiva, no sól o es individual, si no también c olectiva. Ello lleva a los investigadores y formadores a buscar f órmu las de investigación y f orma ción basadas en las experiencias de vida de los i ndividuos, de los grupos y de las instituciones .” ( López Górriz, 2007:12). La pregunta d e partida podría ser: “¿es la narratología una manera c ualitativamente diferente de presentar las percepciones persona les y sociales o es, en cambio , el estudio de una manera c ualitativamente diferente de representar esas percepciones, una manera diferente de conocimiento? ” (Hub erman, 2005: 185). El conocimiento biográfico n arrativo emerge, como decíamos, del “giro narrat ivo”; o, de lo q ue Pineau (20 07: 4) denomina “ el giro reflexivo como cambio p aradigmático ”, y que él caracteriza del siguiente modo 17 : CUESTIONES CONSTITUYEN TES PARADIGMAS Ciencia aplicada Práctico-reflexi vo ¿Sobre qué se reflexiona ? Objetos de la in vestigaci ó n El mundo c oncebido, abstr acto: las teorías, la s leyes, los modelos. El mundo vivid o, concret o: las prácticas, las a ccio nes, l as experiencias. ¿Quién reflexi o na? Los investigad ores pr o fesio nales de la reflexi ó n: conocimi ento válido, objetiv o. Los prácticos, l os act ores, l os sujetos. ¿Cómo reflexi o nar? - Metodología - Epistemol ogía Metodología dic o tó mica de división social y técnica de investigación: sujeto /objeto, práctica/te oría, acción /reflexión. Disciplinar po sitivista de un saber analític o, precis o , cierto, organizador. Metodologías int eractivas d e investigación c o n guion es: investigación-acci ó n, colaborativa, f o rmativa. Transdisciplin ar de un sabe r sistémic o, complej o, dialéctico. ¿Por qué refle xionar ? Axiología, éti ca. Objetivos de e xplicaci ón y de comprensi ón teórica para encontrar le yes, model o s, principios para s er aplicad os. Objetivos de c omprensi ón práctica y t eórica, per o también de e mpodera m ien to del actor y del a cto. No me voy a d etener en autores q ue como Morin o Rorty, han in fluido tan decisivamente en est e gi ro , ju nto a los p ostestru cturalistas, y otras corri entes q ue nos 17 T ab la rec ogida y traducida de Pineau (2007:4) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 49 llevarían mucho más allá d e las limitaciones de este d ocumento. Básicamente, nos quedamos con la idea d e que el con ocimiento biográfico -narrativo: “ Es un enfoqu e que da respuestas a las necesid ades que se es tán presentando en el mun do ac tual (…). Las personas necesitan autoconocerce desde sus experiencias de v ida, re elaborarla s y darse un equ ilibrio y una identidad .” (López Górriz, 2007:35). Para Bruner , la n arración es la f orma más natural y más temprana d e organizar nuestra experiencia y nuest ro conocimiento (1999:140). Pero, qué tipo de conocimiento es q ue obtenemos a través de la narración, concretamente, a través de la narración biográfica. “ ¿Qué se gana, de hecho, y qué se pierde, cuando los seres humanos dan sentido al mundo contando h istorias sobre el mi smo usa ndo el modo narrativo de construir la realidad? ” (1999:149 ). Bru ner distingue dos f ormas de con ocimiento científico en el estudio de la acción h umana (19 97 , 2010): el p aradigm ático (lógico- científico) y el narrativo (literario, histórico). E n primer lugar, d efine el conocimiento paradigmático como el est udio “científico” de la conducta humana. Es un conocimiento pro posicional que se caracteriza por utilizar “argumentos”, procedimientos y métodos establecidos por la t radición positivista. El discurso de investigación se const ruye a partir d e enun ci ados objetivos, donde se valora la neutralidad e imp arcialidad del investigador, q uedando éste sin voz . Es, en def initiv a, un conocimiento con carácter ab stracto y formal q ue p ersigue elaborar explicaciones del tipo causas-efectos, p ara encontrar la certidumbre, la predictibilidad y la replicabilidad, utilizando como formas proposionales categorías, reglas y prin cipios . Por otra p arte, el conocimiento que Bruner llama n arrativo, es un conocimiento profundamente vinculado a la literatura y la historia, que se construye de modo biográfico-narrativo. Más que proposicional, es un conocimiento que se apoya en saberes, en r elato, que no en arg umentos. No bu sca la certeza ni las causas, sin o la comprensión, es u n cono cimiento esen cialmen te h ermenéutico, interpretativo; un discurso de la práctica, más que de lo abstracto o lo formal, que se expresado en intenciones, deseos, acciones, histo rias particula res. No busca la predictibilidad ni la replicabilidad, porque es un conocimiento no t ransferible. Su fo rma es narrativa, Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 50 particular y t emporal, con un lenguaje plagado d e metáforas e imágenes qu e re cog e las voces de todos los sujetos implicad os, narradores e investigadores. La validez en la i nvestigación biográfico -narrativa, es una validez que podemos ob tene r de d is tintas fuentes: 1) La propia credibilidad y coherencia interna de las narraciones o historias de vida, la implicación d e las personas participantes, narrad ores e investigadores, honestidad personal y el interés mutuo de llegar a con clusiones consensuadas. 2) Un proceso d e saturación a partir de la búsq ueda de casos negativos, de divergencias, etc. 3) La p ertinencia del an álisis a partir de una cuidadosa de aspectos a observar, la justificación de métodos empleado s; así como que las interpretaciones y hallazgos sean creíbles y asequibles para los que facilitaro n la información, co-creación y co- interpretaci ón o seguimiento hermenéutico de lo hallado por el investigador. 4) La triangulación: a) de perspectivas (cont rastando lo personal con lo oficial/formal; o lo individual con lo grupal, etc.); b) de métodos de recogida de d atos (autoinformes, entrevistas en profundidad, biogramas, genogramas, censos, registros oficiales, f otografías, e tc.); c ) del consenso entre l a s perso nas participantes, investigadores e informantes, teniendo como eje central el diálo go y la negociación de los resu lt ados; d ) de la diversificación en el análisis y la interpretación, a partir de distintas técni cas. Bolívar h a descrito l o que serían las cinco características b ásicas del c o nocimiento narrativo (2001): 1) El conocimiento n arrativ o es aquel que se ap oya en una epistemología constructivis ta e interpr etativa, entendien do que el lenguaje es una mediación 18 entre la experiencia y la acción. 2 ) El lenguaje no sólo n ombra, sino q ue también construye el mundo en el vivimos y a nosotros dentro de ese mundo, lo/nos significa y lo/n os limita 19 . Organizamos nuestra experiencia y nuestro conocimiento narrándolos: “ La narra tiv a es un esquema de si gnificado p or el que los humanos le otorgan significado a su experiencia de temporalidad y acciones personales (…) es un esquema primario de s ignificado por el que los humanos vuelven significativa la existencia .” (Polkinghorne, 19 88:11). Nu estros pensamientos, acciones y experiencias están estructurados n arrativamente. 3) La importancia de la trama argumental e n la 18 Lenguaje como mediación en el sentido en el q ue lo entienden Vyg otsky y Bajtín . 19 Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, tal com o dice W ittg en st ein. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 51 configuración d el relato narra tivo, temporalidad y secuen cialidad de acontecimientos dotan de un sentido glo bal a la narració n. Cuando la p ersona n arra está config urando un sentido global a lo que cu enta a partir de u n argumento (trama) que se sitúa en un tiempo y en un espacio, siguiendo un det erminado orden o sucesión 20 . 4) El tiem po configura el significado, la temporalidad no s ayud a a ad quirir conciencia de nu estras experiencias; es un a conciencia que se une in extricablemente a la t em poralidad, en sentido de Ric oeur (1995). 5) Lo cultural y lo individual se entrecruzan en la narración. Estamos insertos en tramas civilizatorias, una textualidad, u n juego- de -lenguaje, una comunidad de se ntido, donde insertamos nuestros relatos a pa rtir de una cod ificación y un a decod ificación dependientes de la cultura a la qu e p ertenecemos, entend iendo así – con Geertz (1997)- q ue la cu l tura es n uestro marco de referencia simbólico: “ las culturas proporcionan tipos específicos de tra mas argumentales que pueden ser adoptada s por sus miembros en su configuración propia. El contenido de cada vida es singular de cada personas, pero pue de compartir las grandes líneas c aracterísticas de un argumento gener al .” (Po lkinghorne, 1988: 26). Lo individual se funde en lo cultural, siendo lo cultural como una segunda p iel, somos lo que contamos de nosotros dentro de u na comunidad, de un ju ego - de - lenguaje. Como in tentaré mostrar más adelante, el diálogo en el que se produce la co -construcción de la h is toria de vida, sobre todo dentro de un contexto de interculturalidad significativa -- como sucede en las d os historias que presentamos - no s confronta de una manera más evi dente con la necesidad y la p osibilidad de cuestion ar/am pliar, la narración que sobre nosotros mismos h emos ido construyendo. Tal y como sostiene Geertz (1997) al explicar cómo entiende él la tarea d e la antropología, el diálogo intercultural amplía nu estro discurso del mundo y de nosotros mismos. 20 “(...) en la a utobiografía. Aquí encontramos realme nt e el intent o de extraer del conjun to de las vivencias, de su sucesión y de las const elaciones que presidieron la propia vida, en mirada retrospectiva , una especia de estructura de sentido: la unidad de un todo histór ico - vital. Pero es innegab le que la autobiografía sólo refleja eso qu e lla mamos hist o ria en términos pa rticulares. Lo que se comp rende e n la autobiografía est á siempre en la luz íntima d e la a utoin t erpret ación del cont e mplador . Es el pasado vivido y la hist oria a utovive nciada lo qu e se encade na a u na unidad comprensible ante la mirada retrospectiva. Aun dejando de lado t odo el arduo problema del autoconocimient o, n o queda claro cómo puede derivar d e e s ta continuidad psicológica de las vivencias e sa o tra continuidad de los hechos hist ó ricos c onsiderados a o tra e scala tot almente di s tint a. ” (Gadamer , 199 4: 134) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 52 El método biográfico, por otra parte, puede ser usado de muchas formas: y es en función del uso que hagamos de la metodología, de la sensibilidad con la que nos aproximemos a él, que vamos a co nseguir distint as opciones de cono cimiento, informaciones y experiencias. En p rimer lugar , el uso del método biográfico nos permite o btener una información relevante sobre ciertos pro blemas teó ricos que confluyen en el cru ce entre el tiempo biográfico y el tiempo históri co -social, vinculados a cambios sociales que af ectan a grandes grupos de personas (experiencias migratorias, por ejemplo), y qu e implican modificaciones en las vidas d e los sujetos (Balán, 1974:11). La tradición en la sociología y la antropología del de es te uso del conocimiento biográfico es amplia y reconoci d a (Feixa, 2011), como decían los pioneros “a efectos de análisis socioló gico, la s uperioridad de los documentos v itales sobre cualquier otro tipo de material se hac e evidente cuando pasamos de la caracterización de datos simples a la determinación de hec hos, ya que para encontrar, entre los innumerables antec edentes de un acontecimient o social, sus causas reales, no hay forma más segura y eficiente que analizar el pasado de los individuos a través de l a acción de los cuales ocurrió este hecho ” (Thomas & Znaniecki 1918 -20: 295). Se t rat a entonces de bu scar algo q ue sería como una especie de “conciencia h istórica” , entendida ésta como lo que siente el su jeto cuando describe o percibe su inserción en la historia, algo como el sentimiento de u n salto ent re la vocación personal y el destino colectivo. Sie mpre existe u na representación del t iempo histórico po r debajo de cada narración y un a representación social de la historia, es d ecir, un esquema que p ermit e la refere ncia al p asado de u na manera o bjetiva dent ro del marco d e la conversación y que se revela como una serie de puntos d e refer encia que o rdenan el tiempo social en los territorios p ersonales en los que el sujeto reconoce su temporalidad (Gagno n, 199 3:41- 42). En este sentido , el conocimiento biográfico capta “ c ómo la economía, la política, lo relig ioso y lo social se viven conjun tamente en un mismo individu o ”, y “ comprend er cómo todos los niveles de realidad actúan p ara f ormar una única Gest alt en el nivel del comportamiento v erbal de lo que se está contando .” (Morin, 19 93:97) . Ferrarotti nos habla del con cepto d e “horizonte hist órico” para referirse al hecho de que h ay que entender la investigación biográfica teniendo en cuenta el carácter no Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 53 atemporal d e las biografías y, p or tanto, n o desvinculado d e las determinaciones materiales objetivas (1991:119). No debe consid erarse el material biográ fico como un destino absoluto e irreductible (peligro q ue él llama literario), sino que se trat a de intentar c onectar las biografías i ndividuales co n las características globales de una situación histórica vivida y fechada (Ferrarotti, 1993:121). Se trata entonces de crea r un po lo dialéctico con el cual d ebe entrar en relación la experiencia biográfica individual, ya que las declaraciones p ersonales escapan al subjetivismo en la medida en q ue se vinculan c on dato s de las condiciones con cretas en las que el narrador vive ; esta d ialéctica, además, escapa de todo dogmatismo al ser una d ialéctica concret a, históricament e determinada (1993:139-142). Pero la historia que nos muestra el método b iográfico es n ecesariamente, como dice Ferra rotti, un a h istoria “no historicista”: “ elle implique une rupture avec la conception de l’histoire en tant que succession diachronique vers la prétendu vérit é d’un sens généra l détenu para les élites qui seraient les dépositaires exclusives de la valeur ” 21 (1983: 30). Como escribe Clot (1989) en su r esp uesta a la crítica que hace Bourdieu (1989) a lo que él llama “la ilusión biográfica”: “ El sujeto (...) no es l a resultante de los datos exteriores co mbinados de modo diferente, ni el producto de l a acción global de las f uerzas del medio o incluso un nu do de f ormas sociales . (...) el conjunto simple de element os impersonales, sea cual sea el grado de complejidad al q ue sea llevado, no puede hacer surgir el s ujeto que han llegado a componer. Si n o ha si do puest o en primer lugar o m ás bien simultáneamente, el sujeto queda ausente. ” Este aspecto de la metodología biográfica la sitúa fu era del callejón sin salida al que el historicismo lleva a las ciencias sociales, si n tener, por tanto, que eliminar la te mporalidad de los fenómenos humanos (Ferrarotti, 1983:31). El conocimiento biog ráfico, p or tanto, comb ina dos puntos de vista : el est ructural y el simbólico (Bertaux 1993: 155 -156). Si sólo nos sit uamos en una perspectiva socioestructural, mi n imizamos el valor de lo subjetivo y, al hacerlo, perdemos d e vista el significad o d e lo social – o el sentido d el mismo- tal y como es creado por los sujet os sociales, con su s mitos, sus valores y sus interpretaciones. Lo que da fu er za al métod o, 21 “(...) i mplic a una ru ptur a con la concepción d e la hi s toria en tant o que suc esión diac rónic a h acia la pret endida ver acidad de un sentido gener a l deten tado por las élite que serían las depositarias ex clusivas del valor ” . Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 54 justamente, es est a p osibilidad de asistir a ese esfuerzo por d ar sentid o, po r percibir la subjetividad, la autorreferencialidad, inmer sa en lo social, lo histórico -cultural; en palabras de Bertaux: “ saber cómo cada uno y ca da una se esfuerza en c ontar la historia de una serie de c ontingencias como historia de un desa rrollo unitari o. En describir la línea rota por f uerzas ex teriores como itinerario qu erido y elegido desde el interior. En comprend er c ómo los se res humanos hacen para construir una unidad de sentido de la que su vida real h a sid o despro vista. Sabemos qu e h acer el relat o de la propia vida no es vaciar una crónica d e acontecimientos v ivid os, sino esforzarse p or dar sentido al pasado, y por ello mismo a l a situación p resente, incluso en lo que c ontiene de proyectos. ” (1993: 164). Pero el conocimiento biográf ico es como pr isma de mú ltiples caras, un género confuso, un conocimiento limítro fe, desconcertante, t ransformador y profund amen te humano, que se balancea in fatigablemente entre lo micro y lo macro. A pesar d e las posibilidades que ofrece si lo leemos desde una p erspect iva macrosociológica o metaindividual dotando al análisis biográfico de p rofundidad sociológica; mi propuesta se centra en lo que considero su mayor riqueza : el encuentro que se produce en la construcción de las subjetividades, la est ruct ura d e la vida com o estru ctura de experiencia y de signific ado (Koh li , 1993:176); y es este esf uerzo su bjetivo de construcción, en su doble dimensión referencial y evaluat ivo. Desde la p sicología cultural, Bruner (1991, 1999, 2010), nos plantea un a pregunta turb adora: “ ¿cómo cosemos los retales de n uestras narraciones para asegurar su co ntinuidad ilimitada? ¿y cuánta continuidad necesitamos? ” (1999:163 ). El Yo “distribuido” de Bruner, es un Y o que hay que localizar en una situación h is tórico -cultural y que está en constante construcción, es un Yo narrat ivo. De este modo, las acciones humanas no pueden ser explicadas desde el interior del Yo , sino que deben ser situad as en un continuo con el mundo cultural, ya que las realidades que constru yen las personas so n realidade s soci ales n egociadas con o tros; no están “en la cabez a” sino en las relac iones. El Yo debe considerarse como un producto de las situaciones en las que opera, un “enjambre de part icipaciones”, como dice Bruner, ya que tanto la mente como el Yo forman p arte del mundo social en el que se su mergen. ¿Cómo pu ede en tonces la Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 55 psicología estud iar ese Yo? Bruner pr opone el m étodo b iográfico, ya que éste pe rmite percibir en el centro de cada relato un Yo protagonista en proceso de construcció n, un Yo que “ no es una cosa es tática o una sustancia, sino una configuración de acontecimientos personales en u na unidad históri ca, que incluye no s ólo lo q ue uno ha sido sino también p revisiones d e lo que uno va a ser ” (1991:114). En el mismo sentido que Bruner, Max van M anen sostien e que la (auto)biografía p one de man ifiesto la unicidad de la exp eriencia personal y la prioridad del Yo: “los estudios n arra tivos han demostrado el pod er de las historias p ara dar forma a la h istoria personal y colectiva. ” (2003: 11) Es este uso que t iene como centro las subjetividades en continua construcción, inmer sa en un universo de sentido, cultural, lin güísti co, don de se centrará más concretamente nuestro enfoque. La psicología cultural, según Bruner, plantea que los estudios del Y o “ deben basarse en los significados, en función de los cuales se define el Yo ta nto por parte del individuo como por parte de la c ultura en la que participa. Pero est o no es suficiente si queremo s entender cómo se negocia un ‘Yo’, ya que el Yo no es como un mero resultado de l a reflexión contemplativa. El segundo requerimiento es, p or consiguiente, prestar at ención a las prácticas en que ‘el significado del Yo’ se al canza y pone en funcio namiento. Estas nos pro porcionan , de hecho, una visión más ‘dist ribu ida’ del Yo. ” (1991: 115). La au tobiografía es una de esas prácticas, ya que no podemos seguir a la ge nte a lo largo de s u vid a preguntándoles a cada paso que dan; la al ternativa es h acer es to r etrospectivamente p or med io d e una narración donde la persona n os cuente qué le h a pasado, cómo se ha sentido y p or qué. Davis y Harré h an conceptualizado, desd e la psicología social, el concepto de posiciona miento para enfocar, d esde una orientación lingüística, los aspecto s dinámicos d e los encuentros, en contraste con la manera en la que el uso de “rol” sirve para enfatizar los aspectos ritualísticos, estáticos y formales. El sujeto emerge d e la interacción social a p arti r de las p rácticas discursivas en las cua les participa : “uno es siempre una pregunta abierta c on una respuest a cambiante que depende de l as posiciones disponibles entre las prácticas discursivas propias y ajenas; en esas prácticas se encuentran l as historias a tr avés de las cuales entendemos nuestras vi das y l as de Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 56 otros. Las historias se lo calizan en varios discursos diferentes; de est a forma, varían notablemente en t érminos del lenguaje us ado, los conceptos, los temas y los juicios morales relevantes y la posición del sujeto correspondiente. D e esta manera, el postestructuralismo se con vierte en narratología .” (2007: 244-245). Para Davis y Harré, en la adq uisición y el desarrollo de n uestro ser están implicados los siguientes pro cesos: 1) Aprendizaje de las catego rías que incluyen a algunas personas y excluyen a ot ras, p or ejemplo: masculino/femenino, p adre/hija. 2) Participación en prácticas discursivas en las que se asignan significados a las categorías anteriores. Es aquí donde se generan los argumentos para elaborar las difere ntes posiciones de sujeto. 3) Po sicionamie nto de la identidad en términos de categorías y argu mentos; esto su pone que uno mismo se posiciona a sí mismo imagin ariamente como si perteneciera a una categoría y no a otra, por ejemp lo, “soy una buena chica”. 4) Reconocimiento de uno mismo como portador de las característ icas que lo ubican como perteneciendo o no a varias su bclases de catego rías dicotómicas, implicando este proceso u n comp ro miso em ocional con la catego ría de pertenencia y el d esarrollo de un sistema moral o rganiza do alrededo r de la misma, es decir, “ desa rrollo de un significado d e un o mismo como perteneciendo al mundo en ciertas formas y viendo el mundo desde esa p osición .” (2007:2 45). Para estos auto res, estos cuatro momentos se enmarcan dentro de lo que ellos denominan “la gramática del pronombre”, en la que la persona se entie nde a sí misma como un continuo unitario si tuado en la h istoria , resistiéndose a las posiciones contrad ic torias. Pero las experiencia de las contradicciones es qu izá s un o elemento ese ncial para entender(nos) como personas: “ es precisamente el hec ho de experimentarse a sí mismo como contradictorio lo que provee la dinámica para el entendimiento. ” (20 07: 245). El poder t ransformador y de autoconocimiento del método biográfico tiene que ver con esa capacidad de cuestionar nu estro posicionamiento, d e observar nu estro esf uerzo por incluirno s en una d eterminada p ráctica discursiva o n uestra esclavitud con r especto a ella. D avis y Harré sostien en que en la teoría del ro l, se separa a la p ersona d e los roles q ue va adquiriendo a lo largo de su vida; de este modo, u na conversación se en tiende en términos de las exigen c ias del ro l y así son interpretadas. Por el contrario, con el Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 57 posicionamiento: “ el enfoque se dirige a la m anera en que las prácticas discursivas constituyen a los hablantes y a los escuchas; al mismo tiempo, es un rec urso a t ravés del cual ambos p ueden negociar n uevas posiciones. Una posición de s ujeto es una posibilidad entre las formas de habla conocidas; la posición es cread a, y a través del habla, los hablantes y escuchas se consideran a sí mismos como personas.”. (2007: 257) . D esde esta perspectiva del posicionamiento, se pueden exp licar las discontinuidades que emergen en la prod ucción de la identidad con referencia a las prácticas discursivas mú ltiples y contradictorias , así como las interp retaciones que esas prácticas pueden hacer su rgir cuando los part icipan tes se involucran en las conversaciones. Las aportacion es de est os autores van a ser muy in teresantes en sus aplicaciones a las narrativas que surgen en contex to de interculturalidad. P asaré ahor a a un tema muy cuestionado y criti c ado del conocimient o biográ fico : la ver acidad o no del ma terial en el que se sos tiene, el rela to biogr áfic o - n arr ativo. Cóm o sabemos si es ver d ad o no eso que la perso na narr a. En función de la per spectiva des de la q ue nos situamos a la hora de u sar el método , esta pregun ta se har á más o men os determi nant e p ar a nosotr os. Es decir , si nuestr a inv estig ación tiene un marc ado énf asis sociológico , por ejemp lo , y nos mov emos en par ámetr o s más con vencionales, optar emos por alterna tiv as metodológic as (por ejemplo la triangulación), par a int en ta r alcanz ar ma y ores cuotas d e certe za en cuento a la ver acidad d e los rela tos. En mi caso , me inclino c on Bruner ( 1991:118) a n o cen tr ar mi esfuerzo en es te aspect o, valor ando que no es im portan te preocupar se po r la v er acidad del rela to , y a que lo importan te es la per cepción que la p ers ona tiene d e sí misma y la f orma en que ha optad o c on tar se 22 . Elegimos, d e algún modo , la forma en qu e nos c onta mo s y nos rec onoce mos en esas narracion es, com o dice Ricoeur “ Nuestra propia exis tencia no puede ser separada del modo como podemos dar cuent a d e nosotros mismos. Es con tan do nuestras propias hist oria s que nos damos a nosotros mismos una identida d. Nos reconocemos a 22 “ Una narr ativa es más que la c onjunció n de e nunciados, c onstruye – en su luga r – u n mundo. Su “verdad” es, como no po día ser meno s, resultado de un a p roducc ión textual. Por eso, una autobio grafía o historia d e vida no es nun ca un registro de lo que suce dió, s ino un a inte rpretación (variable, por lo demás, e n el tiempo) de n uestra experiencia. Com o sucede en e l relato literario, co n los mismos hechos e l sujeto puede tram ar int rigas diferentes. Por e so, Bruner hab laba de que el modo narrativo tiene sus criterios propios de va lidez, algu nos com unes con la inve sti gación cua litativa . ” (Bolívar, 2012: 19) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 64 análisis que s e complementa y se sumerge en el enfoque fenomeno l ógico - hermenéutico de Van Manen 25 . 2.1. LA INVES TIGACIÓN BIOG RÁFI CO - NARRA TIV A . Siguiendo el es quema que me había pr opuesto al inicio de es te c ap ítulo , a modo de matriusk as o mamushk as, pas o ahora a describir cómo lo obtenemos el conocimien to biográ f ic o , es decir , q ué tipo d e inv es t ig ación es la qu e nos puede llevar a obtener un conocimien to biogr áfic o tal y c omo el qu e hemos consider ado en el a p art ado an t erior . La inv es tigación que, desde n ues tr o punto de vist a, responde a est e requerimien to es la in ves t ig ación biográ fico - narra t iv a, ente ndiendo q ue la narr ativ a es tanto el f enómeno que se inv estig a como el métod o de la in vestig ación: “ Narra tiva es el nombre de esa cualidad que estructura la exp eriencia que va a ser estud iada, y es tamb ién el no mbre de los patron es de inves tigación qu e van a ser utiliz ado s para su estudio . ” (Conn ely y Clandinin, 1995:12) La investigación biográfico-narrativa es más que un m étodo de re cogi da de datos, se constituye actu almen te en u na “perspectiva propia”, un forma legítima de construir conocimiento en la inve st igación educativa y so cial, que al tera algunos supu estos de investigación (no es una metod ología cualitativa más), y el p ropio lenguaje de la investigación (Bolívar, 2012; González Monteagudo, 20 09; González Monteagudo, 2008), constituyéndose como “ una metodología de corte ‘hermenéutico’, que permite conjuntamen te dar significado y comprender las dimensiones cognitivas, afectivas y d e acción. Contar las propias v ivencias, y ‘leer’ (en el sentido de ‘interpret ar’) dichos hechos/acciones, a l a luz de las hist orias q ue los agentes n arran, se co nvierte en una perspectiva peculiar de in vestigación .” (Bolívar, 2001 :10). 25 El enf oque al q ue hago re f erencia se describe a mpliamente en el Cap ítulo 6. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 65 Connel ly y Clan dinin, ta mbién sostienen q ue “ la narrativa es tan to el “fenómeno” qu e se investiga como el “mét odo” de l a investigaci ón . “ Narrativa” es el nombre de es a cualidad que estructura la experiencia que v a a s er estudia da, y es también el nombre de los p atrones de i nvestigación que van a se r utiliz ados para su es tudio.” (1995 : 12 ). Estos au tores plantean tres usos básico de la narrativa: 1) narrativa en tanto fenómeno que se inves tiga, como producto o resultado escrito o h ablado; 2) n arrativa como método de la investigación: investigación n arrativa como fo rma de con s truir/analizar los fenómenos narrativos; 3) uso que se p ueda hacer de la narrativa con diferentes fines, por ejemplo promover por medio de la reflexión biográfico -narrativa, el cambio en la prá ctica en formaci ón del profesorado. Estos autores p roponen llam ar “historia ” o “relato” al fenómeno y “narrativa” a la investiga ción . Para Bolívar (2012: 4), la invest igación biográfico- narrativa es un “género confuso” 26 en lo qu e sería la definición del C. Geertz (1980), al c onsiderar la an tropología como escritura, transversal a distintos campos d isciplinares: la t eoría lingüística/literaria, historia (historia oral e historia de vida), antropología (n arrativa), psicología (ciclos d e vida, psicologí a moral, psicología n arrativa), la filosof ía hermenéutica, etc. En los últimos años, el giro hacia la n arrativa h a sido u no de los mayor es cambios en la historia de la investigación educativa (McEwan y Egan , 2005:9; Bolívar, 2012 ). Pa ra algunos, el interés creciente por la n arrativa viene a ser expresión, en mu chos casos, de una p rofunda insatisfacción con los modos habituales de investigación educativa : “ La prin cipal razón para el uso d e la narr ativa en la investigación edu cativa es qu e los seres human os somos organismos contadores de historias, organismo que individual y socialmente, viv imos vidas relatadas. El est udio de la narrativa, por lo tanto, es el 26 “ Se trata d e que las inve stigaciones filosóficas p arecen cr íticas literarias (piénsese en Stanley Cav ell escribiendo sobre Becktes o Thoreau, e n Sartre escribiendo sobre Flaubert), las discusiones c ientíficas se asemejan a fragmentos de bellas letras (Lewi s Thomas, Loren Eiseley), fantasías barroc as se presentan como ob servaciones e mpíricas inexpresivas ( Borges, Ba rthelme), apa recen h istorias que con sisten en ecuac iones y tablas o en testim onios jurídic os (Fogel y En german, Le Roi La durie), d ocumen tos que parecen con fesiones verdad eras (Mailer), parábolas que pasan por ser etno grafías (Casta neda), tratados teóricos exp uestos co mo recuerdos de viaje (Lévi -Strauss), argumento s ideológicos presentados com o investigacio nes historiográficas (E dward S aid), estudios epistem ológicos c onstruidos como tratados políticos (Paul Feyeraben d), p olémicas meto dológicas a rre gladas co mo si fueran memorias personales (James Watson). El fuego pá lido de Naboko v, e se ob jeto imposible hecho de poe sía y ficció n, n otas a l pie de página e imáge nes de la c línica, se asemeja a los tiemp os qu e co rren; lo único qu e falta es teo ría cuántic a en verso o bio grafía expresada en á lgebra . ” (Geertz, 1980: 1) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 66 estudio de la for ma en que los seres humanos ex perimentamos el m undo. (Conn elly y Clandinin, 1995:11) D e lo que se t rata es de humanizar la investigación educativa dotándola de complejidad, de matices y d e profundidad, rescatando la dimensión personal y subjetiva, experien cial y existencial, p resente en t odos los f enómenos formativos, así como de poner en la valor la dimensión emocional en las transformaciones y en los cambios educa tivos. Si en algo coin ci den todos los auto res que han h ablado de la investigaci ón biográfica, es en que se trata de una investigación que se o c upa de “dar voz ”, de escuchar qué es lo q ue las personas ( profesores, estudiantes, mediadores, sanitarios, pacien tes, inmigrantes, etc.) necesitan exp resar. Es una metodología qu e escucha. Y esta característica la dota de un sentido profund amente ético y p olítico: lo personal es político. Dar la voz a los que no la tienen por diferentes motivos, implica romper la hegemonía y favorecer n uevos enfoques que intenten salvar algunos de los escollo provocados por las distintas crisis de representación postmodernas, ya q ue “ la crítica a las grandes narrativas da lugar a limitarse a las micro -narrativas individuales y locales de los sujetos. Las narrat ivas locales sitúan c ada hecho en su c ontexto particular, sin pretender una verdad universal que lo transcienda. Y , f inalmente, si estos discursos ori ginarios no deben ser manipulados (re-present ado s) por el investigador, solo cabría ‘evocarlos’ en sus propias y múltiples voces .” (Bolívar, 2001: 70). No me voy a adentrar en el recorrido q ue ha ten ido la investigación biográfico - narrativa en distintos c ontextos, para ello remitimos a revisiones q ue han id o recogido la evolución de la metodología (B olívar, 2001, 2006, 2011, 2012; G onzález Monteagudo, 2008, 2010g, 2014a, 20 15a; McAdams, 2006 ; etc.). Me cent raré , únicamene, e n tres aspectos: los materiales b iográficos, en qué con sis te el p roceso de investigación biográfico -narrativa y el desarrollo de la metodología biográfico -narrativa en el campo de la educación. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 67 Los materiales biográficos. Los materiales de los que se n utre el conocimiento biográfico -narrativo son los documentos biográficos, orales y escritos. Quizás sea adecuado decir aquí que durante mucho tiempo este tipo de d ocumento personales se han con sidera do como forma s de representación de segundo orden; y que aunque actualmente las investigaciones narrativas están adquiriendo una mayor valoración, sigue est ando lejos la posib ilid ad de q ue sean con si derados equip arables, al material que otro s tipos de met odologías, incluso cualitativas, están más acostu mbrad as. Comenzaremo s por el principio. N o es una t area fácil, ya que no existe un a terminología u nívoca, definir o clasificar lo que es un relato de vida, ya que se multiplican las nomenclaturas y sensibilidades a la hora de intentar nombrar o categorizar las n arraciones de tipo biográfico: h ist orias de vida, relatos biográficos, enfoque biográfico, autobiografía, perspectiva biográfica, historias personales, entrevista biográfica, n arración biográfica o entrevista de historia o ral, son quizás, algunos de los i ntent os más destacados. La definición más citada suele ser la de Plummer (1989: 17 ), que ent ien de la h istoria de vida como “ el relato detallado de la vida de una persona con sus propias palabras ”. A part ir de este esbozo de part ida, son muchos los mat ices y distinciones que se han ido haciendo dentro de la trad ición del enfoque biográfico (Valles, 19 97; Rubio, 19 99). Práct icamente t odos los in tentos de definición nos hablan de narraciones, relatos, historias, qu e recogen tanto las experiencias b iográficas de la vida de u na persona como la visión que la perso na tiene de su propia trayectoria vital expresada con su propio lenguaje. La id ea que subyace es que en los materiales biográficos es donde se pu eden encontrar “ las informacion es más relevantes sobre la ev olución de las personas en un medio social da do y sobre la valoración subjetiva que es tas personas realizan sobre ese medio social y sobre el conjunto de las in teracciones que vive cotidianamente .” ( González Mont eagudo, 1996: 232). En cuanto a algunas de las clasificaciones que se han hecho, citaré las más clásicas, comenzando por la q ue llevan a cabo Denzin y Bertaux (1993: 151) en tre life st ory / réçit de vie y life history / h istoire de vie. Po r una parte, la “historia de vida” hace Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 68 referencia al estudio de caso referido a un a persona, incluyen do tanto el relato de vida como todo tipo d e documentos personales o de documentación adicional que perm it a reconstruir la biografía d e la forma más exh aus t iva posible. Por otra parte, el “relato de vida” se refi ere a la historia de una vida tal como la persona que la ha vivido la cuenta (Pujadas, 1992:13- 14 ). Para una clasificación más comp leta t en dríamos que incluir: documentos personales (biografías y aut obiografías: memorias, confesiones, apologías, ep istolarios, d iarios), relatos d e vida, historias d e vida (de relato único, de relatos cruzados y de relatos paralelos) y b iogramas (Rubio, 1999; González Monteagudo, 19 96; Valles, 1997). Po r su parte, Bolívar (20 01) distin gue en tre: 1) life story / réçits de vie / relato de vid a / autobiografía / narra ció n autobiográfica: narración retrospectiva po r el p ropio protagonista de su vida o de determinados fragmentos/aspectos d e ella, por in iciativa propia o a requerim ien t o de u no o varios interlocutores. En este caso la histo ria de vida es t al y como la person a la cuenta; y, 2) life h istory / histoire de vie / h istoria d e vida / biograf ía: elaboración por biógr afos o investigadores como estudio de caso de la vida de un a p e rsona/personas o institución, que pueden presentar d iversas f ormas de elaboración y análisis. Norma lmente , además d el pro pio relato de vid a, se emplean o tros documentos, al pretender un carácter objetivante d e acercarse a la histo ria real por múltiples mat eriales biográficos. Asimismo, identifica Bolívar h asta diez formas de in ves tigación b iográf ica (diario s, memorias, perfiles, esbozos, retratos, r epresen taciones grá ficas, biografías, autobiografías, y prosopografía o biografía de gr upo) (2001:29). Otra distinción s e centra en la interve nción o n o del investigador en la producción del material biográfico (Pujadas, 1992:13-14 ). Los “d ocumentos personales” son los obtenidos sin el concurso de u n in vestigador (aunq ue pu eden ser encargados po r él) y los “re gistros b iográfico s” en los que la intervención del investigador es crucial. Este mismo au tor distingue entre historias de vi da “de relato único”, “de relatos paralelos ” y de “relatos cruzados”. En su innegable aportación al métod o biográfico y en su intento p or elaborar un marco para el mismo, Bert aux (1993), añade d os precisiones más. La primera, se re fiere a la distinción de do s puntos de vista según el o bje to: “socioestructural” (investigaciones Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 69 biográficas más centradas en forma s particulares d e la vida m at erial) y “sociosimbólico” (destacan más los valores o las repre sent aciones mentales), aunque sostiene que ambos enfoques son caras de una misma re alidad social y q ue lo ideal es reunificar lo estruc tural y lo simbólico. La segunda, se d etie ne en la d ist i n ción entre relatos de vida “comp l etos” (los qu e cubren todos los aspectos de la vida) o “incompletos”, que n o def icitarios ya que el autor sostiene que no es n ecesario intentar desarrollar la totalidad de las existencias, sino que lo que hay que buscar so n trayectorias, “ relatos de vida que permitan captar las razones de los difer entes tipos de desplazamientos (g eográficos, profesionales, familiares, cultura les, sociales) ” . Otra interesante aportación abre un interesante debate que hace referencia a la escritura y a la o ralidad. En u na parte, estaría n los aut ores que sost iene n que el mejor relato de vida es la “autobiografía escrita” porque el ejercicio de la escritura exige la construcción de una conciencia reflexiva, considerando como una aproximación a lo anterior los “re latos de vida orales” (Bertaux, 1993); generalmente son ésto s ú ltimos los más nu merosos, ob tenidos a partir de entrevistas en profundidad o en trevistas biográficas. En otro lado, estarían autores que como Bruner (1991), consideran desde el constructivismo y desde su concepción “distribuida” del Yo, que éste “ sólo puede revelarse median te una tran sacción entre alguie n qu e habla y alg uien q ue es cucha ”, siendo la entrevista biográfica el lugar privilegiad o para esta r evelación. P or su parte, M . Cat ani (1990) aporta una clasific ación d e los re lat os de vida en función de l moment o vitad de los narr ad or es, ent endiendo que la h is t oria de vida v a a tene r una car acterís ticas mu y difer ent es en f unción d e q ue es ta perso na sea jov en (“rela to - pr oy ecto”), adulta y/ o mad ur a (“rela to - estado”) , o de e dad más av anz ada (“rela to - balance”). T ambién esta b lece u na dif erenciació n entr e “relat o construi do” y “relat o estructur ado” . El prime r o , es el rela to q ue desarrolla el narra dor después d e que el entr evis tador le solicite que le cuente alguna de sus e xperiencias o toda su vida (entr evist a no directiv a per o temá ticamen te centr ada). En el segundo , el narrad or eval úa su vida en torno a un sis tema de valor es que describe él mismo y que estruct ur a todo el r ela to ordenándo lo. P or último , Bertaux (2005) entiende q ue los relat os de vida tienen tres fun ciones: d e Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 70 e xplor ación, analític a y e xpresiv a 27 . Con esta ap r oximació n he p re tendido e xponer br ev ement e q ué tipo d e material es el biográ f ic o y cuáles h an sido algunos d e los inte ntos de clasific ación más relev antes . P asaré ahora a ex poner en qué consis te el pr oceso d e inv estig ación dentr o de est a metodol ogía. El proceso de inv es tig ación. Explico ahora en qué con siste el pro ceso de in vestigación biográfico -narrativa siguiendo las aportacio nes de Connely y Clandinin (1995), M cEwan y Egan (1995), Bolívar ( 2001, 2002a, 2002b , 2012), Bertaux ( 2005), Coffey y Atkinson (2 005) y Eisner (1998). La investigación b i ográfico-n arrativa consta de cuatro el ementos básicos: 1) la persona que n arra; 2) la persona que investiga (escuchador, cuestion ador, intérprete y co -autor del relato); 3) las narraciones (las distintas narraciones qu e van emergiendo del proceso de investigación: el relato oral transcrito y e l informe de inves tigación): 4) las personan que lee rán lo n arrado. Las relacion es que se van a establecer en tre estos cuatro elementos a lo largo del proceso de investigación serán complejas, desde las relaciones de co -autoría, h asta las interpret acion es. Son muchas las voces que se van a ver implicadas en el material narra tivo: “ la v oz del narrador, representa en el text o o registro; el marco teó rico, que provee los conceptos e instrumentos para la interpretación; y la reflexión propia del acto de lec tura e interpretació n, propia del proceso de extraer conclusion es del material .” (Bolívar, 2001: 147) La invest igación narrativa es u n pro ceso, complejo y reflexivo, d e “ mutación de los textos del c ampo a los t extos para el lector ” (2001 : 148), en el cual el co -autor , 27 “ Si aún está a l co mienzo de su investigac ión, en su fase de exploración (…). S i comienza a co nocer bien el terreno y ha o bservado (o creído o bservar) alguno s fen ómeno s int eresantes del proc eso, tratará de orientar hacia ellos el testim onio de l suje to: los relatos d e vida se recibe n enton ces con una int ención analítica. (…) si piensa que ha llegado al punto en que su modelo ya están bien saturado, pero ha decidido ac eptar el relato de vid a de alguien cuya exp eriencia le parece a priori que contie ne, encarna y sirve de ejem plo una e xtensa parte de las relaciones y d e los p rocesos sociales estudiad os ( …), en tonces se trata de algo distintos: de dar a este relato de vida una función expresiva . ” (Bertaux, 2005: 51 - 51) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 71 investigador, genera u na narración a partir de lo n arrado, para hacer accesible las narraciones de vida de las perso nas in ves tigadas siguien do las p autas que marca la comunidad científica. El proceso, g en eralmente, se desarrolla de la sig uiente forma: se inicia con la elección de un tema de investigación que se realiza a p artir de la metodología biográfica. S e buscan los potenciales narradores para llevar a cabo la invest igació n y se contact a y negocia con ello s las condiciones en las qu e la inve stigación se llevará a cabo. Una vez que se han llevado a ca bo las negociaciones, se realizan las entrevistas bi ográficas, las cuales se transcriben literalmente para ser analizadas e interpret adas. Finaliza con la elaboración de u n informe de investigación . La P arte III d e est e do cume n to recoge el proceso de investigación que he seguido y las decisiones metodológicas que he tomado, así como los resultados (informe) de la misma. El diseño de la investigación bioigráfico-narrativa constaría, básicamente, de: 1) la elección d e los informantes y la negociación; 2) la n arración o (co)construcción de la historia d e vida; 3) el análisis; 4) la redacción del informe. 1. Elec ción de los i nformantes y negociación . Se in tenta e legir informantes que tengan una alta c ompetencia narrativa ya que los buenos narradores facilitan el proceso. Cuanto mejor sea el narrador, menos tiene que interveni r el investigador en el proceso y hay meno s riesgo de que existan dos narrativas: la de la persona y la del investigador. En est a f ase se d ejan claramente establecidos los objet ivos y las condiciones de la investigación, lo que se denomina “contrato de c onfianza”, “contrato n arrativo” o “pacto autobiográfico”. En est e contrato el investigador se compromete a cuidar y respetar el material narrativo, protegiendo o eliminando in cluso, las partes que la persona no qu iera hacer p úblicas, así como la utilización de p seud ónimos en caso de l a persona lo prefiera. 2. La c o-construcción de la historia de v ida. La relación entre el narrado r y el investigador es fundamental: “ la investigación narrativa t ranscurr e d entro de una relación entre los inves tigado res y los practic antes que est á construida como una comunidad de atención mutua (caring community) .” (Connely y Clandinin, 1995: 19) . Aspectos como la horizontalidad, la escucha, la si ntonía emocional, son aspectos clave Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 72 que el investigador debe cuidar; no se trat a de un investigador “en silencio”, sino “presente”, disponible para la escucha activa y para mostrar(se) en l a relación. El propio invest iga dor se convierte en una parte del pro ceso de in ves tigación ya que sólo desde la implicación en la relación es posible crear el espacio d on de surjan las subjetividades implicadas. Hablamos de co- autoría en tanto que el relato emerge y se crea en una situación dialéctica, dialógica, donde el significado y el sentido de la narración también van construyéndose de f orma dialógica: “ La palabra e s una acto de dos caras. Está tan determinada por quien la emit e como por aquel para quien es emitida. Es el p rodu cto d e la relación recípro ca entre hablante y oyente, emisor y receptor. Cada palabra expresa el ‘uno’ en relación con el ‘otro’ .” ( Bajtín, 1989: 108). La entrevista biográfica en la se apoya la metodología es u na conversación 28 , las identidades surgirán en ese espacio con ve rsacional, en la t extualidad generada po r la relación. No se t rata sólo de contar, sino d e cre ar y en contrar sentido: “ No se trata solo de que los narradores cuenten su vid a, sino que – al ponerla en escena - encuentren sentido de su trayectoria. Por ello, en la investigación narrativa, se tr ata de v ivir la historia, donde las d os narrativas (investigador y partic ipan te) confluyen en una construcción narrativa co mpartida .” (Bolívar, 2001 : 154). Además de la relación, hay un asp ecto esen cial en la co -con strucción y en el posterior análisis: la c omprensión y la interpretación. En e ste punto me siento más cerca de los planteamientos de Connelly y Clandinin que de los de Bolívar. Según Bolív ar, Connell y y Clandinin llevan demasiado lejo s la prioridad del ‘sen tir compartido’ sob re el comprender, al exigir una especial conexión entre investigador/narrador que impide trascender el propio contexto, y su reconstrucción de acuerdo con patrones convencionales de t rata miento de la información (2001: 154). Desde mi propuesta, la conexión Tú-Yo se h ace fun damental, u no de los aspectos qu e con si dero esen ciales es justamente el esp acio conversacional como espacio p ara la interacción int ercult ural desde la aceptación antes que desde la comprensión. 3. El análisis . Es un mo mento d e la in vestigación qu e se da con simultaneidad al resto de los momentos del p roceso de investigación. Recoge lo que sería el intento d e 28 La Part e II I recoge c on ma yor det alle algun os d e es tos asp ectos metodológi c os y en los instrument os de rec ogida de datos de la inves ti g ació n biográfic o - narr ativ a . Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 73 comprender el relato, de acercarnos al universo de sen tido del otro, a su Yo n arrativo y a su mu ndo de vida. Es u n proceso que se lleva a cabo a lo largo de todas las etap as, ya lo est amos haciendo cuando llevamos a cabo el p roceso de recogida d e in formació n con cualquiera de los instru mentos que se u tilizan en el método biográfico. No existe una tipología a aplicar en t odos los casos, la clasificación t iene que ver con el investigador, con su modo de ver el mundo, con lo que qu i ere comprender, con lo que le intere sa saber del ot ro. Hay por t anto tantas posib i lidades de cat egorizar y tantas tipologías como investigadores, pueden ir desde u n análisis formalizado y analít ic o (etic), cercano a una sensibilidad cuantitativa, hast a u n análisis no formalizado o descriptivo (emic) , cerca n o i n cluso a la descrip ci ón li t eraria (Bolívar, 2001: 1 92- 193) ; y entre estos dos extremos, todas las opciones que n uestra propia creatividad esté dispuesta a explor ar. Es mi caso, opto po r una tipología, como mostraré en la Parte III, que parte de un interés fen omenológico h ermen éutico y se inspira en las p ropuestas de M ax van Manen. El proceso de categorización es un tiempo de lecturas y relecturas del texto, como q uien se sumer ge en un lago del que desconoce la temperatura y la profundidad y con el que, poco a p oco, intenta familiariz arse. El texto n arrativo va transformándose en la histo ria de vi d a y, finalmente, d ará paso a l informe de investigación. Bolívar (2001: 198 -200), en un inte nto de síntesis, habla de tres po s turas básicas: a ) ilustrativa (en función de h ipótesis y marcos p revios, el material se lee a part ir d e un sistema de categorías p revias); b ) restitutiva o h iperempirista (lectura lit eral que reduce al mínimo la intervención del investigador, quedando la tarea de interpretación, básicamente, en man os d el lector); y, c) analítica o de recon strucción del sentido (implica largos pro cesos de análisis, comp aración y t ipologi zación a p artir del texto, que pueden llegar a ser excesivamente formalistas). Los p asos intermedios entre estas opciones, pueden ser muchos, como d ecía. Recogemos un a propuesta que sentimos más cercana a nuestro trabajo, la que hace Rosen thal y recoge Bolívar (2001: 204 -206). Este autor parte de una perspectiva hermenéutica y dist ingue d os niveles en el an álisis: a) el análisis genético de la historia de vida (reconstrucción del significado biográfico de las experiencias en su curso temporal, según la secuencias cronológica Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 80 este t ipo de investigaciones que toman el en foque biográfico como metodología, aunque casi siempre desde el campo de la soc iología o de la antropología 34 . Más re cientemente, la investigación -biográfico-narrativa h a ido irru mpiendo en el campo de la edu cación en España, como hemos referido en el epígrafe anterior, aunque son escasos los trabajo s centrados en la interculturalidad con una met odología biográfico-narrativa 35 ; y, prácticamente in existen tes, las que se tienen como objeto la mediación intercultural 36 . Sin em bargo, quiero p lantear aquí la especial relevancia de la investigación biográfico -narrativa en el ámbito de la interculturalidad y en el d e la mediación intercultural. En primer lu gar, el relato biográfico ofrece la posibilidad de acercar nos a la dialéctica entre la historia y lo vivi d o, permitiéndonos con ello reconocer la singularidad de las personas, aspecto éste de c rucial importancia cuando las personas se ven inmersas en un imagin ario colectivo que se nutre d e estereotipos. En segundo lugar, favorece una mayor comprensión de fen ómenos tan complejos como la inmigración, así como d e las imp licaciones sociales, polít icas, emocionales que éste pueda llevar asociad as. En tercer lu gar, el m ét odo nos perm ite, como profesionales de la educación, part ir de las vivencias de p ersonas que se han visto realment e enfrentadas a vivir en una socieda d voitures. Les “me cs” de Jaricourt et l’ auto - école, P aris, Libr ai rie de Méridiens, 19 86. 34 MARTÍNEZ PORTILL A, I., Dej ando atrás Ne ntón: relato de vida d e u na mujer indíge na desplaz ada, Málaga, Univ . de Málaga, 1994; RAMÍ REZ, E., Inmigrantes en Espa ña: vidas y experiencias , Madrid, Centro de In vestigaciones Sociológicas, 1996; RUIZ OLABUÉNAGA, J. I.; RUIZ VIE YTEZ, e. J. y VICENTE TORRADO, T. L., Los inmigrantes irregulares en España. L a vida por u n sueño , Bilbao , Universidad de Deusto, 1999; Colecti vo Algarabía, Mirand o desde fuera. Historias de migració n , Madrid, Cáritas, 1999; CRIADO, M. J., La línea quebr ada. Historias de vida de migrantes , Madrid, Consejo Econ ómico y Social, 2001; NINI, R. Diario d e un ileg al , Guad arrama, Ed. de Oriente y del Mediterráneo, 200 2. 35 Dentro del ámbito de la in terculturalidad: H ENRIQUEZ, R. (2004): “Entre historias y experiencias: conciencia histórica e identid ades en construcción en jóvenes inmigrantes en Catalun ya” , en Vera, M.I. y Pérez, D. (coords.) : Fo rmación de la ciud adanía: las TICS y los nuevos problema s. Simposio Intern acional de Did áctica d e las Ciencia s So ciales, Alicante. GI JÓN, J. (20 10): “Aprendiendo de la experiencia. Relato s de vida de centro s y profesor es”, Profe sorado: Revista de Currículum y Fo rmación del Profeso rado , 14(3) , 1- 16. GIORGOS, T. (2 010): “ Construcciones y transformaci ones biográfica s: el uso del método biográfico para el es tudio de las identidad es transculturales.”, Pa pers: Revista de Sociología , 97 (1) , 113-127. GUITART, M.; NAD AL, J. M. y VILA, I. (201 0): “La con strucción nar rativa de la identidad en un contexto educativo intercultura l”, Límite: Re vista de Filosofía y Psicol ogía , 5, 21, 77-94. PAZ, P. de l a y DÍAZ, M. V. (2013): “Trabajo social con n arrativas ori entado a la resigni ficación con p ersonas inmigran tes”, Portularia: Revista de Trabajo S ocial , 13 (2 ), 39 - 47. POZO, M. T. y GALLARDO, M. A. (201 1): “La s t écnicas biográfico- narrati vas y de co nsulta en la in vestigación en edu cación intercultural”, en Amador, L. V. y Musitu, G.: Exc lusión social y d iversidad . Ma drid: Trillas. 36 En noviembr e de 2001 present é mi t esina “ Apro ximación biográfic a a las migr aciones. La experiencia de vida de un mediad or inte rcultur al. ” Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 81 multicultural en la que los in tercambios no son igualitarios, y no sólo porque los sistemas de valores entre distintos colectivos culturales no coincidan; sino por lo que supone la presencia de un det erminado m odelo social y económico en el cual se desarrollan las relaciones entre las personas y en el que también se in tegran las relaciones culturales. Finalmente, a partir de los histo rias de vida, se puede obtener una información privilegiada con vistas a elaborar propuestas de educació n intercultural y de mediación intercultural, basad as en la práctica y en la ex periencia de estas p ersonas, y no recetas t eóricas que no facilitan la tarea de i ntentar llevar a cabo una comprensión profunda de fenómenos t an comp lejos, siendo por ello, al fin y al cabo, poco útiles en la p ráctica para las person as que tienen que trabajar y enfrentarse diariamente a situaciones multiculturales. Como vengo diciendo, el método biográfico perm ite o btener una info rmación relevante sobre ciertos problemas teóricos que con fluyen en el cruce entre el tiempo biográfico y el tiempo h istórico-social, si empre vinculado a cambios s ociales como son las migracion es, q ue afectan a grandes grupos de personas y qu e implican modificaciones en la vida de los sujetos (Balán, 1974: 11). A partir de estas id eas que hemos id o esbozando sobre las posibilidades del método b iográfico, consideramos que es fácil intuir las vías de trabajo que se abren para los estudios y para la pr áctica. Desde el momento que pod emos con ce bir al narrador del relato de vida como un Yo en construcción, p odem os in dagar acerca de cómo se define ese Yo, o mejo r aún, acerca de cómo la persona (culturalmente d ifere nte) ha llegado a negociar ese Yo en concreto y n o otro, y en fun ción de qué relaciones y cont extos. Es decir, n os perm ite indagar sobre cuáles han sido o están siendo sus propias estrategias d e reconstrucció n o d e re-equilibración identitaria; así como llegar a p osibles valoraciones sobre lo positivo o lo negativo de estas estrategias, t od o ello en función tanto de la propia evaluación que el narrador hace de su experienci a. El poder asistir a todo un pro ces o de re -constru cción de la persona como t al, es algo del sumo interés para la educación/mediación intercultural ya que supone poder analizar qué tipo de mecanismos pone en p ráctica la persona inmigrante p ara poder convivir con los aut ócto nos; incluso p oder examinar cuále s son las características de Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 82 esos mecanismos, sobre si son in dividuales o colectivo s, con scientes o in conscientes, asimiladores o emanci padores. Es importante p oder det enerse en este tipo de reflexiones ya que la elección d e un tipo u otro de estrategias est ará ín timamente relacionada con el proceso d e aculturación – y el tipo de aculturación- que la persona acabe por desarrollar. Por re gla gen eral, el inmigrante percibe – y mayoritariamente “quiere” percibir - su presencia en el país extranjero como algo pasajero, puntual, coyuntural, transitorio, como u n pro yecto delimitado en el tiempo q u e tiene un os objetivos y un final; pero su control sobre la realidad y sobre su propia vida no es ta n preciso como quisiera. El proyecto migratorio n o es un hecho coyuntural sino estructural, y n o sólo en términos macro sociológicos sin o in cluso b iográfico s: es un fenómeno que va a prol ongarse en el tiempo y q ue va a marcar su vid a para siempre. El proceso de acu ltu ración implica u n incesante proceso de negociación de la persona consigo misma y con el ent orno. La identida d cultural (en evolución y cambio co nt inuos, como la propia cultura), va transformándose y re constr uyéndose a partir de las relacion es que se estab lecen con la socied ad de acogid a, interacciones qu e van generando conflictos, c hoques y cu estionamientos. Este p roceso va revelando una amplia zona (periferia cult ural) donde es po s ible la nego ciación, al tiempo que constata cuáles van a ser los elemento s identitarios q ue no será posible problematizar, ya que dicha problematización p odría acarrear demasiados riesgos para la in tegridad y el equilibrio de la persona en cu estión. Estos elemen tos conf orma n lo qu e se denominan “zonas sensibles” o “núcleo duro” de la identidad cul tural. La persona inmigrante se ve ob ligada a llevar a cabo u na especie de síntesis cultural entre los d os u niversos simbólico s entre los que transit a p ara hacer efectiva su vida en el país extranjero. No será ésta, en ningún momento, una integración totalmente acabada o estable, sino más b ien una síntesis qu e disfr utará de mayor o meno r equilibrio en f unción de las circunst anci as, las exigencias del entorno, las relaciones en las que se inscrib a o las motivaciones personales. Además, es una síntesis q ue se va a acometer con los ele me n tos de lo que hemo s llamado periferia cultural, q uedando el ámbito privado (la familia, la comun idad) como espacio p rivilegiado para conservar y reproducir ese núcleo d uro (los valores familiare s, las costumbres, la gas tronomía, los Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 83 roles sexuales, la ed ucación de los hijos). De esta fo rma se intenta garant iza el equilibrio de la p ersona: mientr as no se p lan teen exigencias o cuestiona mientos con respecto a las zonas sensibles, es posib le que los choques o los conflictos no ten g an graves consecuencias o alcancen un desequilibrio que haga tambalear la i dentidad. Todas estas precisiones y matices, negoc iaciones y reconstrucciones, conflictos y síntesis, se pueden ir detectando a través del relato q ue la persona va produciendo. El esfuerzo por dar unidad a una trayectoria vital nos p uede mostrar la necesidad d e recuperar espacios de p ertenencia (tanto fís icos como metafísicos), a t ravés d e un universo simbólico que podríamos quizás desig nar como sincrético ya q ue nace de un ir y ven ir, de un t ránsi to continuo que acab a por configurar un nuevo mo do de denominar el mundo y de d enomi narse a sí mismo. La reali zación d el relato no s dará también p is tas sobre cuáles han sido y son las zonas sensibles de la identi dad, sobre lo innegociable o sobre el suf rimiento que h a pod ido su poner el t ener que renunciar al propio reconocimiento. Con esta pequeñ ísima muestra pode mos intuir la riquez a que supone la narración biográfica para la educación intercu ltural y para la p ráctica de la mediación en contexto de multiculturalidad signif icativa Hay un aspecto concreto que me gustaría resaltar en el caso que n os ocupa , los discursos biogr áficos interculturales, y es la n ecesidad de situar el texto en diferentes contextos: el micropragmático (la situación donde el discurso se produce), el intertextual (la dep ende ncia del d iscurso con respecto a o tros discursos); y, el contexto social (como conjunt o d e referentes sociogrupales que otorgan significaciones al discurso) (Alonso, 1998); ten iendo siempre en cuenta que el contexto social n o es un mero telón de fondo sino u n sistema de relaciones de f uerza s y de in tereses concret os que marcan las p osicion es y da n sentid o a las estrategias d esde las que se reali zan las prácticas discursivas (Bourdieu, 1988). El análisis social del texto biográfico intercultural pretende, por tanto, exp licitar esas f uerzas e i ntereses concretos q ue residen en las prácticas discursivas y q ue son los qu e acaban por d ar sentido al propio discurso, u n sentido q ue se p roduce h istórica y cult uralmente; y no den tr o del ámbito formalista d el lenguaje, sin o a través del conflicto social ( Tr ahar, 2010); y, por otra Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 84 parte, asistir a la construcción de la su bjetivi dad q ue emerge en el centro o en la periferia de esa compleja matriz relacional. Creo que es justo aquí donde radica una d e su s mayores potencialidades: el intercambio verbal entre dos personas, convirtiéndose el espacio metodológico es un espacio intercultural de experimentación existencial: la po sibilida d de co n strucción d e un Yo, d e todos los posibles, ante el intercambio comunicativo con un determinado Otro. No quiero decir q ue la persona que narra su h istoria la vaya camb iando conforme cambia d e interlocutor, ya que esto serí a un tanto absurdo; lo que sí me gustaría afirmar es que el t ipo de intercambio verbal que se produzca, el ritual comunicativo que se siga, el tipo de exigen ci as d el oyente (amén de tod as l as características p ersonales, sociales o culturales del mismo), confluirán en un determinado relato, y no en o tro. De ahí que suela señ alarse una cierta coautoría en el relato de vid a que, en parte, es imposible evitar y que, en part e, es la que f ija la posibilidad del propio relato. Es decir, la aportación del investigad or no es una ap ortación centrada neurálgicamente en el final de proceso, en el análisis d e lo escuch ado, sin o que se remonta al inicio del proceso y transcurre ins ep arable d el mismo a lo largo de toda la narración, ya porque el an álisis está presente durante el mismo intercambio, ya porque su presencia no es inerte sino activa, aún en silencio, aún inmóvil 37 . En est e sentido es en el que ent iendo ese Yo “enjambre de participaciones”, ese Yo “dependiente del diálogo”, ya que es en ese intercambio donde el Yo constituye su conciencia y su relato, tanto en el ámbito social como p sicológico. D esde esta p erspectiva, la p ropia situación d e interacción con la persona d el investigad or es una sit uación intercultural en sí misma que generará una serie de conflictos, choques y cambios en ambos interlocutores. Por otro lado, como y a esbo cé más arriba, la idea d el d iálogo como mecanismo de incorporación d e lo social a la conciencia y al discurso nos ayuda a intu i r las posibilidades pedagógicas del relato biográfico en tanto recreación de una trayectoria vit al que se ve impelid a a 37 Ya q ue “ en las narrativas ora les, el resultado está, en pa rte, determinad o p or el que escuc ha .”(KOHLI, M., “Biografía: re lato, texto, método ”, en MARINAS, J. M. y SANTAMARINA, C., La historia o ral: mé todos y experienc ias . Madrid: Debate, 1993, p . 178.) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 85 desarrollarse y a integrarse en diferentes contextos socioculturales y con diferentes universos simbólicos. Esta idea del diálogo como mecanismo de incorporación de lo social a la conciencia y al propio text o parte de Bajtí n (1982, 19 89, 1992, 1994) . Para est e autor no existe un enunciado absolutamente propio, ya que éste deb e ser ubicad o siempre en una especie de territorio compartido entre el hablante y el o yente. El d iscurso siempre está impregnado de otros discursos, es más, la experiencia discursiva del hablante se f orma y se desarrolla gracias a la constante i n teracción con los enun cia dos del oyente. Como Bruner, Bajtin considera q ue la p ersonali dad, sin posibilidad de rebelarse en el lenguaje, no existe para sí misma o p ara los demás; la person alida d individual se crea en las relaciones sociales y se def ine en los materiales semiót icos que seleccion amos como propios dentro de un amplio discurs o polifónico. Detrás de la con cepción dialogicista bajtiniana se esconde una crítica al convencionalismo d el pensamiento o ccidental, a su monologismo , tanto desde la vertiente más p ositivis t a y nomotética, como d esde la vertiente sub jetiv ista e individualista. Y, desde nuest ro punto de vista, al men os, es una concepción que está en perfecta concor dancia con el enf oque biográf ico. El propio investigador puede ser intérprete porque establece, desde su p osición social, u na pretensión de vali dez y una representación del mundo; es una in terpret ación comprometida que b usca el consenso, alejada de la supuesta interpretación neu tral y aséptica qu e el mono logismo pretende t al vez p ara salvaguardarse de exp licitar los intereses que andan detrás de todo conocimiento. Pero h ay ot ro asp ecto del pensamiento de Bajtín en el q ue quiero incidir y bajo el cual el relat o b iográfico p ue de y debe ser considerado: la ideología. Bajtín sost iene una concepción del len guaje -desde la f ilosofía del lenguaje hasta la lingüí stica -, como filosofía del signo ideológico, y, paralelamente, u na concepción sociológica de la conciencia; es d ecir: la conciencia es un hecho ideológico y social, ya qu e todo signo es ideológico y todo lo ideológico tiene una significación sígnica. A partir de estas premisas, po demos considerar q ue el relato d e vida está enmarcad o dentro de un contexto social, cultural e ideo lógico. Para Bajtin, la realidad ideológica es una Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 86 superestructura que surge sobre una base económica y la conciencia individual está inmersa en ese “ edificio social de los signos ideológicos ”. En consecue ncia, la conciencia n ecesita ser explicada y entendida a p artir del med io ideológico social porqu e es una conciencia repleta de signos: “ La conciencia se construye y se realiza mediante el material sí gnico, creado en el proc eso de la com unicación social de un colectivo organizado. L a c onciencia in dividual se alimenta de signos, crece en base a ellos, refleja en sí su lógica y sus leyes. ” (Bajtín, 1992: 36) El signo privilegiado para el estudio de las ideologías es la palabra (el len guaje, el discurso), un sig no ej emplar y puro que se nos presenta como “signo n eutral”, ya que los ot ros materiales sígnicos se especializan en determinadas áreas de creación ideológica. Es aq uí donde se sitúa la ideología de la vida cotid iana, “ una enorme zona de la comunicación ideol ógica q ue no se deja relacionar con esf era ideol ógica a lguna” que es “ enormemen te rica en contenido ” y que “ por un lado se conect a directamente con los procesos de producción ” y, por el otro, “ toca las esferas de las diversas ideologías ya formada s y especializadas .” (1992: 37 -38) ¿Qué papel pueden desempeñar estas conceptualizaciones dentro d el en foqu e biográfico, especialmente, con relación a la intercultural idad? En primer lugar, el relato de vid a es f ruto de un a interacción social, y como tal, id eológica y situada. D esde este punto de vista, el relato d ebe ser analizado como una p roducc ión ideológica, lo que nos va a permitir interpretarlo a p artir de unos parámetros históricos, sociales y económicos más amplios, ya q ue según Bajti n la relación entre las b ases y las superestructuras pueden esclarecerse sob re el propio material verbal. Al en t rar a formar p arte de un p roceso de comunicación so cial, todo signo i d eológico (también el verbal), “ está determina do por el horizonte social de una época dada y de un grupo social d ado ” (1992: 47). Esta de terminación define desde el contenido del signo ha sta la valor ación que acompaña su contenido , “ las mismas c ond iciones económicas que unen un ele mento nuevo de la rea lidad c on el hori zonte social y le a djudican una significación social, lo hacen “int eresante”, así como las mismas fuerz as crean las formas de la comunicación ideológica (cognoscitiva, artística, religiosa, etc.), las cuales a su vez determinan las fo rmas de la expresión sígnica. ” (1992: 48 ). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 87 Pero todavía otro sentido en el que nos es útil y clarificador el análisis bajtiniano: “En la palabra se ponen en funcionamiento los innumerables hilos id eológicos que traspasan t odas las zonas de la comunicación s ocial. Por eso es lógico que la palabra sea el indicador más se nsible de las transformaciones sociales, inclusive de aquellas que apenas van madur ando, que a ún n o se constituyen plenamente ni encuentran acceso t oda vía a los sistemas ideoló gicos y a formados y consolidados ” (1992 : 43) . El proceso d e generación ideológica, tanto a gran como a pequeña escala, puede ser detectado en el relato, así como pueden ser detectados los conf lic tos sociales. La clase social n o coincide con el colectivo semió tico en el sentid o d e que diferentes clases sociales u tilizan los mismos signos d e la comunicación ideo l ógica (por ejemp lo, un mismo idioma); sin embargo, est o no quiere decir que no exista re alme nte conflicto, sino que el conflicto queda latente y reflejado en el signo. Es la clase social do minante (o el colectivo culturalmente mayor itario, podríamos añadir) la que quiere domesticar al signo presentándolo c omo algo inmóvil y eterno, ajeno al conflicto que existe en su interior entre las distintas valoraciones sociales. A p esar de este empeño, el signo es dialéctico y est e carácte r dialéctico es especialmente revelador e n las épocas de crisis sociales. Este aspecto del análisis d e Bajtín es especialmente intere sante en u no relatos de vida marcados por la experiencia de la inmigración, donde los n arradores hacen frente a una biografía inmersa en una serie de crisis, de conflictos (de clase, de perten encia, étnicos, históricos, re ligiosos, … ), q ue encuentra n su expresión en la inter acción verbal que posibilita el texto; donde la propia interacc ión marca u n determinado intercambio comunicativo a partir de los intereses y los ro les sociales que los interlocutores asumen como propios; do nde la com prensión y la interpretación de l relato van a estar, asimismo, insertas en una cadena de creatividad ideol ógica. El relato de vida es un discurso, un con curso de palabras, de sign os qu e h an sido interiorizados p or el nar rador y que e ncierran todo un mundo social y cultural repl eto de conflictos. Un discurso a partir del cual el narrador (la persona perteneciente a una minoría étnica, el inmigrante, el mediador), va re creando lo que ha sido su vid a a partir de u n pro ceso autorref lexiv o y dialó gico q ue hace po sible la re co nstrucción de s u Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 88 identidad actual siempre in estable y aproximativa. Esta re - construcción no puede ser ajena al terr i torio social en el cual se han ido forjando las vivencias y las emociones, ya que las palabras han sido in teriorizadas en es e determinado contexto, signif icadas a partir de las relaciones sociales que en él se han d esarrollado sobre la base de unas valoraciones ideológicas qu e n o p ueden sino at ravesar el discurso situ án dolo en una dialéctica en la que se ven implicados distintos universos simbólicos, así como diversos intereses y determinadas relaciones de poder. La experiencia migratoria es, sin duda, algo personal e intransferible, p er o qu izás todas las biograf ías de inmigrantes tengan algo en com ún: su imprevisibilida d, la imposibilidad de encuadrarlas en un esquema d efinitivo de actos orient ado s linealmente en una su ce sión predecible d e lo qu e será su vida futura. Son biografías complejas, repletas de encuentros y desencuentros, d e idas y venidas , d e aspiracion es y fru straciones, d e resignaciones y recompensas. D entro de esta complejidad, el método biográfico permite u na comprensión que va desde lo individual hasta lo social, desde lo simbólico a lo estructural ; que n os permite captar el sentido ( o los sentidos) del d iscurso y, con ello, d e lo social, unos significados que van más allá de las palabras, ideas como las del “regreso”, algo q ue se conserva indeleble en la mente de casi t odas las p ersonas inmigrantes y qu e no responde a un proyecto raci onal de vuelta al p aís de origen sino más bien a un imaginario mítico y necesario para vivir en el país extran jero , idea que actúa a modo de puente entre el pasado y el p resente asegurando una continuidad que garantiza el equilibrio y que permite la integr ación y la adaptación de una nueva existencia. El lenguaje, desde este p unto de vista, es u n ins trumento a la vez que un símbolo, un síntoma de la pro pia vida del n arrador. En él d escubrimos las confusiones y las rupturas, los conflictos y las negociaciones, los diversos sentidos sociales que se esconden tras el significado meramente lingüístico de sus palabras. Es un lengu aje que trata de explicitar la propia hist oria, con la dificultad que supone ir construyendo ese “uno mismo” que sólo es posible recuperar de un modo retrospectivo, siendo honesto con el p ropio pasado a la vez que se intenta proyectar una imagen positiva y ad ecuada. Es u n len guaje que nace t ambién, en muchos casos, de la lucha contra un mundo – el Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 89 occidental, el colonizador- que despierta en el narrador toda una serie de em ociones contradictorias, d esde la imagen de un a moderni dad ansiada y perse guid a, hasta la de un cap italismo cruento y egoísta p resente en el p asado colonial y en la actu al economía globalizada. La modernidad qu e proviene de la imagen europea existe , sin duda, en la men te d el inmigrante originario de países ex coloniz ados por que ha estado en contacto co n ella y no es sino la otra cara de un contencioso h istórico que nos muestra a través del discurso eso s lazo s d e o dio y de amor, de curiosidad e ign orancia al mismo tiempo, q ue u nen a dist intas civilizaciones a la vez que las sit úan a un as frente a otras en una dialéctica, a menudo, insuperable. Me planteo qué papel dese mpeño como investigadora y hasta qué punto soy depositaria de esa imagen como in terlocutora y cop artícipe del relato. El investigador está presente en el diálogo que da origen a un determin ado relato desde unas posiciones, a veces, marcadamente antagónicas (el género, el origen soci al, la cultura, el idioma,...); y quizás es también – cómo evitarl o-, parte integrante del contencioso que los sitúa a ambo s ( narrador y oyente) dentro la h istoria, o siendo más p recisa , dentro de un texto civilizatorio y totalizador que nos coloniza a ambos. El lengu aje que utiliza es el nuestro , sus palab ras son las nuestras ; la cuest ión radica en q ue no debemos simplificar esta circunstancia, p or otra parte obvia . Lo que quier o decir es que en el uso que el narrador hace de esas palabras no puede encerrarse el mismo sentido, el mismo contenido ideológico que impone una sociedad dominante que pretende dist orsionar, precisamente, el conflicto ideológico que se escon de en el lenguaje. Escuela, paraíso, racismo, in migrante, ilegal, papeles, choque, extranjero, religión, padre, regreso, dest ino. ¿Estamos segu ros de entender p lena mente lo que significan estas palabras? Las d esigualdades soci ales o las discre pancias cultu rales son también propiedades del discurso, d el mismo mo do que están en la b ase de los problemas de la comunicación o en los dif erente s est atus que adquieren los hablantes en función de su pertenencia a u na clase social u a otra, a una minoría ét nica o a u n a cultura dominante. Debemos, por t anto, centrarnos t ambién en un a crítica hacia un discurso etnocéntrico que pretende present arnos, explicarnos, socializarnos o convencernos de una realidad aparente, vacía d e con flictos y, definitivamente, falsa. El Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 96 INTRODUCCIÓN “ T engo una v isión, la v isión de que los T r az os de la Canción se despliegan a través de los con tinent es y los tiempos; de que los hombres han dejado un ras tro de can ción allí donde han pisado (canción de la cual podemos cap tar el eco de cuando en cuando), y de que es tos ras tros han de remon ta rse, en el tiempo y en el es pacio , hast a un rincó n aislado de la sabana africana, donde el primer hombre abrió la boca para desafiar los terrores que lo ro deaban, y gritó la primera estrofa de la Ca nción del Mundo: ‘¡Y o soy!’ .” Bruce Chatwin Est e capí tulo se estruc tura en torno a tres foc os d e int erés: los movimient os migr a torios, las relacio nes multicultur ales y la inte rc ultur alidad. M i inte nción es que est as páginas sirvan c omo con te xto que a yude a situar los elementos centr ales par a est e docu men t o: las e xperiencias biográ ficas de dos perso nas inmigr antes y la mediación int er cultur al. Los movimientos migra torios forma n parte de nuestr a histo ria como ser es humanos desde los oríge nes. Del latín migrare (cambiar de r esidencia, mover se), conserva en español el mismo signifi cado e n el d iccio nario de la RAE y , si n duda, encierr a mucho más. Las migracio nes han hech o de todos n osotr os lo que somos, h an config ur ado nuestr as c ultur as, nuestr as ciudades, nu es t r as h is torias familiar es y nacionales, nuestr os r ecuer dos r em o tos y recie ntes, nuestr os id iomas, nuestr os miedos y nuestr as espera n z as. Hablar d e migr aciones es hablar de la vida, del desarroll o d e la vida; del cambio qu e nos acompaña por exis t ir , po r est ar en el mundo . Hablar d e migr aciones es rec o rrer t odos los paisajes que nos habitan. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 97 Ante una palab ra como ésta, se abren cientos de po sibilidades. He decidido acercarme a ella más desd e lo simbólico que d esde lo sociológico. La migración, las migracion es, han sido y son objeto de n umerosas d iscip linas y – por su puesto- de la literatura. No voy a entrar en el discurso de cómo ha evolucionado España como t ierra de emigrantes a tierra de inmigrantes y, nu evamen te, a tier ra de emigrantes, aunque no deja d e resultar el caso de Esp aña un buen ejem plo d e lo qu e sería un a h istoria de las migraciones en p rácticamente todas sus f ases y mod alidades. Mi interés se centra en la migración como viaje interno, como it inerario vital donde lo social, lo político, lo económico, lo administrativo se u nen indivisible e inexorablemente a lo humano y a lo existencial. Me acerco a las migraciones desde mi experiencia subjetiva y desde lo que en mi mundo, mi tiempo, se entiende por migración. Un t érmino tan repleto de connotaciones, t an complejo, tan d iverso, que se va tran sformando, ad quiriendo matices diferentes, se va plegando o exp andien do ante un entorno voluble, cambiante y extrañamente circular 39 . Para mí las migracion es rep resentan lo que soy y lo no que no soy, la s lu ces y las sombras d e mí misma, de la sociedad a l a qu e pert enezco, del tiempo q ue me ha tocado vivir. Su pongo q ue siempre fue así y que s iemp re será así. Dice Sai d q ue “ Toda época y toda socie dad recrea sus ‘otros’ . Lejos de ser algo es tático, la identidad de uno mismo o la del ‘ot ro’ e s un muy elab orado pr oceso histórico, social, intelectual y político (...).” (2002 :436). Y más allá de esta constatación que los movimiento s migratorios nos traen de una forma clara y contundente, está otra necesidad irreversible, la necesidad de vernos a nosotros mismos; y entonces cuando se nos hace clara una segunda constatación: n ecesitamos a los Otros para vernos, “ para comprend erse a sí mismo, el homb re necesita q ue otro lo comprenda. Par a que otro lo comprenda, necesita compren der al otro.” (Wat zlawick, Bavelas y Jackson, 2002: 37). Desde mi experien cia, el estud io d e los movimientos m igratorios y, sob re todo, e l 39 Y to do ello en este instan te en el qu e tantos es pañoles y españolas se están planteando o se han planteado ya un éxodo hacia el futuro, hacia una s condicio nes que p uedan mejorar unas expectati vas y unas realidad es que, en este país y en este momento, se pr esentan como escas as ; o en el q ue la presencia d e miles de refugiad os desborda, en las fronteras de diverso s países europ eos, cu alquier discurso que no sea el de la ac ogida y la solidar idad . Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 98 contacto con personas migran tes - esas personas que se nos presentan como radicalmen te Otros-, me han posibilitado un espacio de conocimiento pero, sobre todo, han abierto un espacio de profunda experi mentación conmigo. Decía Lévinas que “ la exp eriencia he terónoma q ue busc amos sería una act itud qu e no puede con vertirse en c atego ría y en la c ual el movimiento hacia el Otro no se recup era en la identificación, no regresa a s u punto de partida” (2001 : 53). Par a mí, la e xperiencia de las relaciones inte rcult ur ales son, en parte, esto mismo. Es una posibilidad de desarrollo , de cr ecimien to y , fundament almen te, una ex periencia ética. El viaje in terior es ése movimiento de “ lo Mismo que v a hacia lo Otro sin regresar jamás a lo mismo” (Lévinas, 2001: 54). Ju s tament e ese c uestionamiento al q ue te enfre n tas, al que n os enfren tamos ant e el Otro que nos mira, al que mir amos; ese Otr o que nos cuestio na, nos preg u n ta r adicalmen te acerc a d e nosotr os y de nuestr a pro p ia visión del mundo, por nuestr o univ erso de sen tido , ése movimien to es el que pr ovoc a la tr ansf ormación, la conciencia. Como dice Ga d amer “la verdad era re alidad de la comu nica ción humana consist e en que el diálogo no impone la opinión de uno contra la de otro ni agrega la opinión de uno a la de otro a modo de suma. El diálogo transform a una y otra. ” (1994 : 185). Una e xperiencia humana de es ta pro f undidad hace qu e u no no vuelva a ser nunca el mismo. 3.1. M IGRACIONE S: LA H IST ORIA DEL MUND O. El sujeto n o pertenec e al mun do , sino que es un límite del mun do. (Wittg ens tein, T racta tus, 5.632) La historia de las migraciones es la historia d el mundo y de los seres humanos desde el inicio de los t iempos. Las migraciones so n movimientos exter nos, son camb ios de lugar, de paisaje s, de cód igos; p ero tamb ién hay migracion es internas, movimien tos Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 99 que se producen en el int erior, partes que abandona mo s y a las qu e re tornamos, partes que resignificamos, qu e echamos de menos o que d ejamos atrás p ara siem pre. De alguna fo rma todos somos viajeros, migr antes, y las relaciones multiculturales y la experiencia de la interculturalidad no h acen sino mostrarnos este hecho. T ambién los movimientos migratorios nos sitúan en s ocied ad es c omplejas, donde las exp licaciones no pueden ser n unca mon ocausales, sino mult ifactoriales, ya q ue los re flexiones teóricas nos han mostrado que en la raíz de l as migraciones coexisten factores de toma de decisiones individuales con procesos de interacción social, ambos situados en un momento social e histórico de una determinada sociedad . Lo que es incuestionable, es que l as migraciones son un fenómeno global y estructural desde los orígenes de los t iempos. Para la UNESCO, son d esplazamientos de la población de una delimitación geográfica a o tra por un espacio de tiempo considera ble o indefinido. ¿Cuándo p odemos considerar como movimiento migratorio un desplazamiento? Desde un a perspectiva espa cial, cuando se produce entre d os delimitaciones geográficas sign ificativas; desde u na perspectiva temporal, se trata de un desplazamiento duradero, no esporádico; d esde lo social, se trata de u n cambio significativo del entorno, tanto f ísico como social. En resu men, los movimientos migratorios son desplazamientos que implican camb ios de entorno p olítico, administrativo, social y/o cultural, re lativame nte p ermanente en el tiempo; y que, consecuentemente, implican la interrupción de actividades vitales de la persona en un determinado lugar geográfico y su reorgani zación en otro (Fernández, 199 1). El proceso migratorio consta de una sucesión de etapas que implican, cada una de ellas, una cierta complejidad. Se inicia con la emigración, que es el mome nto en el que la persona o el grupo a bandona el lugar de origen por un período de tiemp o más o menos indefinido. Da p aso a la inmigració n, que es el momento de establecimiento de la persona o del grupo en la soc iedad de destino o receptora. El proc eso migratorio puede cerrarse con el retorno a la sociedad d e origen o con un nuevo pro ceso de emigración a otro destino. Es un proceso que implica a persona s, a comunidades y a sociedades; y tiene múltiples dimensiones y cons ecuencias. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 100 Son variadas las clasificaciones que se han hecho de los movimientos migratorios (Castles, 2000): 1) en función del tiempo de duración: diarios, estacionales, definitivos; 2) p or el lugar al que se dirigen: internos y ext ernos o internacion ales; 3) por las causas que los pro ducen: espontáneos (económicas, estudios, et c.), o f orzosos (guerras, catástrofes naturales, persecución p olíticas, etc.). En las migraciones def initivas, la s personas tienen el propósito de asentarse en un lugar de d estino, con u na cier ta ruptura con el país de origen y los consiguientes p roblemas de desarraigo y asimilación. En contraste, en las migraciones temporale s, siempre existe la idea del retorno, siendo el propósito econ ómico o de formación, algo cerrado en el tiempo, aunque est e proyecto migratorio su ele modificarse, ya que estas migraciones pueden acabar por ser definitivas; en estos casos d e migraciones tempo rales, la asimilación, en principio, no suele vivirse como un problema par a la persona 40 . Los movimientos migratorios se miden con el sa ldo migratorio, qu e es el número de inmigrantes menos el número de emigrantes po r 1000, dividido p or la p oblación t ota l También se pu ede hallar comparando el crecimiento real con el crecimiento vegetativo; es decir, el crecimiento t otal de una zona me nos el sal do de natali dad y mortalidad. Otra medida es la presión migratorio o potencial migratorio , sit uación en la que un país no es capa z de absorber un determinado v olumen de recursos humanos, tendiendo éstos a en caminarse hacia zonas más aliviad as d emográficam ente. Factores que caracterizan la p resión migratoria: el exceso d e p oblación act iva, las diferencias de niveles de vid a entre países y el acortamiento de las distancias. Es u na c ondición necesaria pero no suficiente para que se p roduz ca el movimiento migratorio. Po r otra parte, la propensión a emigrar se aplica al comportamiento de l os individuos e intenta explicar p or qué b ajo unas condiciones las personas emigran y bajo otras no. El potencial migratorio se c onvertirá en flujo úni camente si existe una propensión a emigrar. Los f actores que in fluyen son : las diferencias salaria les en tre países, la rent a per cápita, la probabilid ad d e en contrar empleo fu era, la distancia física y/o cultural entre p aíses, la existencia o no de redes sociales, las relaciones entre los países 40 Hay un tipo de movimiento migratorio que se conoc e c omo oscilación , tienen u n rit mo repetiti vo, suelen s er de corta duración , n o provocan desarraigo y se suelen con siderar como migraciones de trabajo, estacionales y pendulares. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 101 emisor/receptor (económicas, p olíticas, culturales,…), y el grado d e acep tación social de la persona inmigrante (Fernández, 1991). Dos conceptos fundamentales a la h ora de hablar d e los mo vimientos migratorios son: las redes migratorias y el d enominado proyecto migratorio. So n dos fenómenos complejos que se engloban en la organizació n social de la migración. El p roceso migratorio produce un importante impacto en la estructura social, aunque existan creencias erróneas q ue ven las migraciones como proceso p untual y coyunt ural, como una especie de “corte” en la vid a normal de las personas, q ue no ejerce n ingún influjo real sobre la estructura social. Lo cierto es que los movimientos migratorios tie nen efectos tanto en la socieda d de origen como e n la de d estino , efectos que no son ni positivos ni negativos en términos absolu tos. Los flujos migr a torios no surge n espontá neament e por motivos como la pobrez a o la superpoblación, és tos pueden ser motivos necesarios, per o n o su ficien tes. En es te sentido , es con venien te difer enciar entre macroes tructur a ( fact ores q ue suby acen al pr oceso migra torio como las dif erencias salariales, la presión demogr áfic as, la cerc an ía geogr áfica, las relacio nes ent re los países emisor es - recept o res –económica s, cu ltur ales, políticas, etc .) y microes truct ur a. La micr oestructur a hace re f ere n cia a la e xis tencias de redes migr atorios y a las circ unst ancias c oncre t as q ue inducen a u na pers on a a tomar la decisión de emigr ar . En la micr oestructur a inciden f actor es c omo la ex periencia migr a toria previa d e la persona, la presencia d en tr o de la unidad d omés tica de ot r os miembros d e la familia que y a h an tenido e x periencias migra torias, el r esidir en comunidades de origen d onde ha y alt as t asas de emigr ación, e tc. La per sona, de alguna f orma, t iene incorpor ada como posibilidad en su pr oyect o vital, en su biogra fía, el hecho d e emprender un pro y ecto migr atorio. D e est e modo , en la decisión d e emigra r no sólo influy en fuerzas de atracc ión económica, la of ert a y la demanda laboral o las decisiones individuales, sino toda un a tr ama de motivos, d onde las redes migra t orias ejerce n un importan te papel. Cada colectiv o in migr ante t iene red es y ést a s t ienen unas car acterístic as específic as e idiosin cr átic as. Est as r edes suelen ser anteri o r es al pr oceso migr a torio , aunq ue pueden estar en esta d o de la t encia, el pr oceso migr at orio las activ a y las va t r ansf o rman do. Pu eden ser redes de parent esc o , amista d, o rigen común, que Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 102 suponen una gra n ven taja, sobre todo en los primer o s moment os del p r oceso migr a torio. De alguna f orma, para que la migr ación se pr oduz ca es necesaria una mínima b ase de c apital humano y unos recur sos económic o s. Las r edes se c on s t ituy en como un element o cen tral d el capi tal social necesario para empr en der el pr o ces o migr a torio. Cada colectiv o va a desarrolla re des con car acterís t ic as p r op ias qu e, básicament e, tienen dos dimensiones: la in for mativ a (es un f lujo que se esta b lece entr e perso nas donde lo p rimer o es la inf o rmación, per o la relació n que se activ a a tr a vés de la inf ormación es fu ndament al, a vece s incluso más que los co nte n idos q ue se t r ansmiten); y la instrumen tal (son redes q ue sir v en para obtener cosas: tr abajo , a yuda, apoy o a fectivo , acogimient o, e tc.). En cuanto al p royec to migratorio es, como decíamos, un fenóm eno c ompleto y plu ral. El pro yecto migratorio tiene que ver con los mo tivos para emigrar, los plan es para establecerse y las expec tativas d e retorno; y es el inicio de un ciclo que se abre y se cierra constantemente. Los motivos iniciales de la migración van evolu ci onando o se van transformando, y con ello el propio proyecto migratorio va adaptándose a la realidad que la p erson a inmigrante encuentra en el país de destino, siendo muy complicado hablar en términos de éxito o fracaso con resp ec to al proyec to in icial, como evidenciarán las propias historias de vida q ue presentamos. Las historias de las migraciones en Europa son la misma historia de Europa. Desde hace unos años, dos fenómenos están inf luyendo decisivamente en los movimiento s migratorios 41 : la globalización y la crisis económica (Cebrián, Bodega y Martín -Lou, 2012). Cuando se h abla de movimientos migratorios en España, la mirada se sitúa en los últimos añ os de la décad a de los setenta y en los o chenta, hasta h oy 42 . Como mucho, po demos tamb ién incluir a esos españoles migrantes d e los cincuenta y los sesenta. Pero, es evidente, que hay mucho más. Las idas y venidas, como 41 Nos o frece dato s actualizad os d e sobr e las migracion es en la UE: CEBRIÁN, J. A .; BO DEGA, M.I. y MARTÍN- LOU, M.A . (2012): “I nmigraciones en E uropa”, E studios Geográficos , LXXIII, 273, 385-419. 42 Para u na revisión de la inmigración es Españ a en los año s och enta y no venta, recomiendo los trabajo s del sociólogo Antonio Izquierd o Escribano d e los q ue cito s olo dos : La inmigración en Es paña 1980 - 1990 . Madrid: Ministerio de Tr abaj o y Seguridad Social, 1992. Y, “El p royecto migratorio de los indocumentado s según g énero”, Papers , 2000, 60, 225 - 240. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 103 colonizadores y como colonizados, como exiliad os que huyen o como t rab ajadores q ue buscan una sali d a para su s f amilias; las migra cion es tienen múltiples fo rmas. Y en España ha sido también así. Actualmente, los expert os dicen que vivimos un moment o de transición en polít ica s de inmigración y de asilo, laborales y educativas (Arango, Moya y Oliver, 2014). Quizás sea necesario hacer un poco de historia. El contexto histórico. Las corrien tes migratorias en la historia, han obed ecido a d ifere ntes mot ivaciones: ecológicas (nomadismo, desplazamientos transoceánicos d e la p rehistoria,…); expansión de imperios y grandes civilizaciones (Grecia, Roma, Egipto, Persia,…); expansiones religiosas (Islam s.VII-X, Cruzadas s.XI-XIV); expansiones y huidas religiosas (los hebreros de Egipto, los moriscos y judí os de Esp aña s.XV -XVII, los hugonotes de Francia s. XV II, los pu ritanos d e In gla terra s. XVII); coloniz aciones (Europa: Amé rica y Oceanía s.XVI-XIX y Eu ro pa: África, Asia, Sudamér ica s. XVII-XX); t ráfico de esclavos (de África a América s. XVII-XIX); tráfico d e trabajadores (de Asia a las colonias europeas s.XIX-XX). Las migra ciones mod ernas son las que se producen entre 1850 a 1975, relacionadas con el surgimiento d e un mer cado internacional de mano de obra y la aparición del drama de los desp lazados. So n migraciones que surgen con la industrialización d el mundo o ccident al (1850 -1920), que tienen un receso en el período entre guerras (1914-1945) y qu e se consolidan tras la Segunda Guerra Mundial (1945 -1973). Estas migraciones modernas t i enen como caract erístic a la diversificación de las tipologías de los f lujos migratorios: desde Europa hacia las colonias (espontá neas), desde colonias europeas asiáticas hacia o tras c olonias europeas (trabajadores forzados), desde la Europa menos desarrollada hacia la Europa en p roceso d e industrializació n (migraciones dirigidas). Los principales países receptores son Estados Unidos y la Europa industrializada (Gran Bretaña, Alemania, Francia, Bélgica,…). Tras la Segun da Guerra Mundial asistimos a la consolidación del mundo occidental, un período Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 104 marcado p or la hegemonía de EEUU en el mundo occidental, la aparición d e “bloque socialista” (URSS) y los procesos de descolonización y de lib eración nacional. Se puede hablar de t res corrientes migratorias determinantes: t rabajadores de la Europ a menos desarrollada hacia la Europa más desarrollada; trabajadores de las excolonias h acia las ex metróp olis; y, migraciones hacia Norteamérica y Austr alia (primero d esde Europa, y luego d esde Asía y Sudamérica). También se in co rporación los p aíses del “III Mun do” a las redes migratorias internacionales, como emisores y como receptores intracontinentales (Argentina, S udáfrica, Nigeria,..) . El t ránsito de trabajadores hacia Europa se intensifica enormemente t ras las Segunda Guerra Mundial; en principio, captados por los propios países europeos que demandan mano de obra t ransitoria (“t rabajadores in vi tados”). Mu chos colectivos acaban por asentarse conformad o “minorías étnicas” en p aíses como Holanda (indonesios, caribeños,…), Gran Bretaña (irlandeses, hindúes, pakistaníes,…), Alemania (turcos, españoles, italianos,…), o Francia (portugueses, m arroquíes, argelinos,…). En este período histórico hay q ue señalar t ambién los movimientos de refugiados y desplazados que surgen en las p rimeras décadas del s. XX por el fraccionamiento de los imperios colon iales, por el nacion alismo violento, o po r los ef ectos de los regímenes nazi y fascistas europeos. En Europa se desplazan 40 millones d e personas tras la Segunda Guerra Mundial. Po r ot ra parte, entre los añ os 40 y 50, las escision es de Estados como India, Corea o Vietna m, o el d rama palestino tras la guerra árabo -israelí, también incrementan los f lujos de desplazados, así com o los p rocesos de descolonización africanos entre los años 60 y 70 en países como Argelia, An gola, Ruanda o Zaire; y los e fectos d e la “guerra fría” en países como Afganistán, Camboya, Angola o Mozambique. Pasamos ahora a lo que serían las migraciones con temporáneas, in disolublement e unidas al fen ómeno de la globaliz ación. Podríamos marcar como in icio la c risis económica de 1973, primera crisis del pet ró leo, con el llamado “Consenso de Washington” y la cons abida re fundación del capit alismo como neoliberalismo. Las señas de identidad de las actu ales migraciones será su carácter global. Otra cuest i ón importante es que h asta este momento histórico, las migraciones internacionales no Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 105 se hab ían percibido como un problema q ue afectase a la seguridad nacional. Otras características importantes son: el in cremento de l volumen de p ersonas migrantes, la ampliación de las red es migratorias y la diversificación de los t ipos de movimientos migratorios. Las principales tend encias migratoria s en las migraciones contemporáneas son: la disminución de las migraciones laborales hacia Europa occidental y el incremento de la reagr u pación familiar, con la f ormación y el crecimientos de las minorías étnicas; la conversión de los p aís es del Sur de Europa en r eceptores de inmigración; la continuación de los flujos hacia Nort eamérica y Australia p ero modificándose las áreas d e origen y las formas de migración; los nuevos mo vimientos en el sudeste asiático (internos y transnacionales) ; la s migraciones hacia los países del Golfo exp ortadores de petróleo; el desarrollo y diversificación d e otros flujos laborales Sur-Sur; los movimientos masivos de refugiados y solicit antes de asilo en d irecc iones Sur-Norte y Est e-Oeste; la incorporación d e p aíses de la Eu ropa del Este; los incrementos de los flujos de personal altamente cualificado de empresas transnacionales y cooperantes (“f uga de cerebros”); el desarrollo de políticas migratorias restrictivas; y, los fenómenos d e la inmigración clandestina y d e menores no acompañados. Según Naciones U nidas (2014 ) las migraciones int ernacio nales han crecido en volumen, alcance, comp lejidad e importancia de mo gráfica en los últimos 20 añ os. Los flujos migratorios se h an vuelto más diversos y mu chos países son simultáneamente países de origen, dest ino y tránsito. Los dat os dicen qu e en 2013 el número de migrantes in ternacionales ascen día a 232 millones de personas. La zona del mundo que mayor número d e migrantes ha recibido ha sido Asia. En la act uali dad, el may o r corredor migratorio del mu ndo se extiende entre los Estados Unidos y México. Los Estados Unidos acogiero n a 2,2 millones d e migrantes p rocede ntes de China, India y Filipinas. En 20 13, las mu jeres eran el 48% del grueso d e los migrantes int ernaciones (migran generalmente hacia las zonas más desarrolladas). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 112 ello unimos las graves sequías qu e at raviesa p eriódicamente el campo marroquí, obtendremos una situación desola dora. El éxodo rural se hizo inevitable y con él la superpoblación urbana, los problemas de vivienda y un dese mple o crecient e hasta nuestros días. Si t omamos los dat os del año 1960 vere mos que la tasa de urb anización de Marruecos, un escaso 7.5% en 19 00, es del 29 .3% en ese año y que esto se traduce en un chab olismo que representa el 24.4% del total de las viviendas de Rabat en el mismo año, o lo que es lo mismo, el 19 % de s u población viviendo en b arracas (y no es uno de l os índices más altos: en ciudades como Kenitra, Casablanca o Moh ammedia, los datos son aú n más alarmantes) (Segura i Mas, 1994). La pre sencia colonial, telón de f ondo a partir d el cual ent ender al Marruecos de hoy, también d ejó su impronta en sectores como la industria o el comercio. Una explotación total, un saq ueo, de las riquezas mineras d el país (fosfatos, zinc, hierro,...) centrada en obtener beneficios y n o en generar desarrollo económico en el p aís, junto con u na p olítica comercial dep endiente d e los intereses de las po tenci as europ eas. Como consecue ncia de este modelo econ ómic o se obtiene una b alan za comercial desequilibrada y u n creciente d eterioro de la población ante un desar rollo que sólo beneficiaba a los colonos. D e este momento histórico sólo q uedan, como recuerdo positivo, las infraestructuras, sobre todo las carreteras y los puertos. En la actualidad, aunque la etiqueta colonial haya desaparecido y la presencia europea n o se deje identificar de u n modo tan o bvio, los intere ses económicos siguen siendo los mismos, el capit alismo sigue marcando el ritmo de una econo mía mundial qu e continua generando desigualdades flagrantes. Tras el colonialismo, la situ ación d e Marruecos no fue a mejor. Sin duda, d ebido en parte a la deuda externa, a la dep endencia creada con las an tiguas colonias y a u nos movimientos económicos que la empujab an a un a situación sin salida. Pero n o debemos olvi darnos d e otro factor determinante: un régimen político opresivo, benefactor de toda clase de corrupciones e injusti cias sociales. La monarquía marroquí arrastra su legitimación de la etapa colonial. Mohamed V, el abuelo del actual rey, supo jugar bien sus cartas durante la misma y aprovechar las Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 113 oportunidades qu e se le presentaron para erigirse en adalid del n acionalismo marroquí. Hassam II, digno hijo de su pa dre, instauró un régimen person alista basado en el terror y en las manipu laciones, con un falso p arlamento donde los prin cipales ministros eran puesto s por el monarca y con un sistem a de part idos cada vez más disperso y enfrentado en tre sí gracias a las maniob ras del rei nante. La monarquía marroquí ha promovido el enriquecimiento ilimitado y el trato de favor hacia determinadas familias próximas a la persona del rey así como de la casa real, además de actuar represivamente, a veces de forma cruenta, con su pueblo. Famosas protestas que acaban en bañ os de sangre y q ue mu estran el descontento de los ciudadanos ante la situación insostenible en qu e viven y de las que las “revueltas d el hambre” de 1981, 1984 y 19 90 s on el ejemplo. S in embargo, la habilidad del monarca ante situaciones d e política exterior y la imagen que h a conseguido dar al mund o, junto con la política interna represiva, han co nseguido perpetuarlo en el p oder y lega r éste a su hijo, figura un tanto ambigua que con el paso de los años ha ido constatando que, como decía Lampedusa, es necesario que algo cambie p ara que todo siga igual. En la actualidad, Marruecos es un país que no ofrece a sus habitantes un horizonte de expectativas demasiado esp eranzador, con u na altísima cifra de p aro, un lento crecimiento económico y una presión demográfica que no hace sino au mentar el número de las personas q ue demandan empleo año tras año y con grandes desigualdades territoriales. Hay dat os que nos in dican que se est á dando un descenso en la t asa de fecundidad de los países del Magreb, pero es un d escenso lento, paralelo a los camb ios que está sufriendo la familia tradicional y el papel de l a mu jer en la sociedad, así como la paulatina incorporación de ésta a la educación formal y los cambios que se va n produciendo en el ámbito familiar y laboral (Llorent y Cobano, 2011; Vallejo, 2012; Terrón y Cárd enas, 2011; Ramírez, 2004; López Enamorado, 2003; Ajaaouan i, 2012; Martínez, Soriano y Mayoral, 2015). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 114 Mujeres inmigrantes. Quiero ahora introducir la perspectiva de género es esta aproximación, ya que la persona marro quí de la q ue presentamos la histo ria de vida, es una mu jer. En Andalucía, según datos del Padrón de Habitantes de 2014, hay em padrona das 661.520 personas extranjeras, d e las cuales, 338.728 s on hombres y 322.792 son mujeres. (OPAM, 2015). General mente se h a caracterizado la inmigración marroquí com o u na inmigración de h ombres, sien do considera das l as mujeres como inmigración de arrastre a partir de la reagrupación familiar. Las mu jeres migran en igual número que los h ombres y mujeres, en 20 10 el p orcentaj e de mujeres est aba dos punt os p or encima d el porcentaje de h o mbres, pero prácticamente son equiparables 46 . Las mu jeres representan más de la mitad en los movimientos migratorios procedentes de Europa, Oceanía y d e la antigu a Unión Soviética; la mit ad en el caso de Amé rica Lat ina, Caribe y Amé rica d el Norte; y son mi noría en los desplazamientos de África y Asia (Molpeceres, 2012). Sin embargo, a pesar de la p resencia de las mu jeres en las migraciones, como en o tros ámbitos, ésta queda generalmente bastante in visibilizada. Desde el campo de la antropología y la sociología feministas españolas, se h an realizado estudios en los ú ltimos quince años, con el objetivo de hacer visible esa presencia introduciendo la transversalidad de género en el estudio de las migraciones o convirti endo a las mujeres inmig rantes en las prota g onistas de las in vestigaciones y el pensamiento en antropología, sociolo gía, filosofía, historia y educación (Gregorio Gil, 2014, 2012, 1020, 2009, 2004a, 2004b, 2002; Guerra, 20 14b, 2013; Juliano, 2012, 2011a, 2011b, 20 10, 2008, 20 05, 2004, 2002, 2000; Maquieira, 2010, 2011, 1997; Parella, 20 13, 2012, 2010, 2009, 20 08, 2007, 2006, 2003; Solé, 2009; Roqu e, 2000; Nash, 2006ª, 2006b, 2001; Nash, Benach y Tello i Robira, 2005; Soriano, 20 06a, 2006b , 2006c, 20 06d, 2011, 2013, 2015; Camacho, 2010). Inicialmente, se introduce como fo co d e an álisis la familia o los pro cesos de reagrupación, visibilizando el papel de las mu jer es. Est e momento se cuestiona desde 46 Estadística de Migrac iones 20 08-2013. IN E. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 115 algunos posicionamientos fem i nistas porque visibiliza a la mujer pero la sigue relegando, de alguna fo rma, a un lugar su balterno – como madre, esposa o h ija-. Es lo que la escritora marroquí F. Mernissi (1991) denomina un discurso sonoro (patriarcal) sobre las mujeres que acalla un discurso propio . Con posterioridad los estudios irán transformando la mirada h acia otros focos de análisis como el papel de las jefas de hogar desde un a perspectiva trasnacional; o como el efecto de la globalización económica en el género y en la feminización de los flujos migratorios, así como en la feminización de la pobreza. La tran sversali dad de gén ero es la in vestigación sob re movimientos migratorios en Espa ña es ya un hecho. En el caso de las mu jeres, el orden social d e género (patriarcado o sistem a sexo - género) 47 , interactúa con el orden económico globalizado (capitalismo). Existe una relación desigual entre h ombres y mujeres en la q ue éstas últimas se encuentran en una posición de discriminación y marginación en el ámb ito económico, político, social y cultural, tanto en la esfera pública como privada. La iden tificación del sistema sexo - género permite analizar las relaciones de pod er que existen e ntre hombres y mujeres. La desigu aldad se intensifica cuando al hecho de ser mujer se le unen otras variables como pertenecer a un grupo cultural determinado, a u na clase social, la e dad, etc. Los estudios sobre cómo afecta la globalización a las mujere s inmigrantes (Parella, 2003, 2008, 2013, 20 12), h abl an de una trip le discriminación: 1) como género: resu l tado de la d ivisión sexual del t rabajo; 2) como clase: miembros de grupos sociales desfavorecidos; 3) como inmigrantes: otredad y diferencia étnica/cultural. La feminización d e dete rminados flujos migratorios en Es paña tie ne q ue ver con factores del contexto de recepción español (características del mercado de t rabajo 48 ), estructura de la demanda de t rabajo y contenidos de las polít icas migrato rios 47 El sist e ma sex o - género o patriar cado, es el c onjunto de pr ácticas, símbolo s, repr e sent aci o nes, normal y valor es sociales que las sociedades elaboran a partir de la s dif erencias se xuales. 48 Sectores de s ervicio do més tico y d e pro ximidad re lacionad os con la dep endencia, debid o a cambios en las f a milias (conciliación, in corpor ación de la mujer esp añola al mundo d e tr ab ajo, ev olución de la familia y nuevos mod elos de f a milia), cambios sociod emográfic o s (env ejecimiento) y rec ortes de las políticas d e ajust e. Los s ervicios de proximidad represen tan act ividades inte nsivas en fuerza de trabajo, p oc o ren tables e conómic amente, p oco productivas p ar a el mercado y que, si n o estuvier a n p re cariz ad as, tendrían cos tes lab or al es m uy elevados. El empleo de mujeres inmigran tes en los s ervicios d e pro ximidad , permite iden tificar un tr as v ase de desigualdad es de etnia y d e clase en tre las pr opias mujeres, enmascar ar el mi to del igualitarism o dejand o inalte r ad o el sis tema patriarcal de la mujer occident al, en este caso, la española. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 116 (Gregorio Gil y Agrela, 20 02; Maquieira, 1997, 20 10, 2011; Moreno, 2014 ; Pare lla, 2003, 2005, 20 06, 2007; Solé y Parella, 2009) . En la inmigración hay u na fuerte segregación p or sexo en el mercado laboral, siendo éste además un contexto marcado por la precarización y la segmentación. Tenemos u na e tnoestratificación del mercado de t rabajo (discriminación ét nica) y segregació n ho rizontal y vert ical en la d ivisión sexual del trabajo (discriminación sexual): e l mercado de t rabajo español está profundamente segmentado étnica y sexualmente. La inmigración femenina no siempre es d e “arrastre”, es cierto qu e en casos como el de la comunidad marroquí, con mayor p resencia masculina, las mujeres han venido, e n muchos casos, por reagr upación familiar pero esto no responde para nada a todos lo s casos . Lo que sí es evidente es que l a mujer inmigrante es recibida en la sociedad receptora con una serie de prejuicios claves que le presuponen la capac itación para tareas relacionadas con la rep roducció n social, i ndep endien temente de s u experiencia profesional p revia ; un escaso bagaje cultural y un carácter t radicional y pa sivo. Mu chas mujeres inmigrantes qued an atrapadas en estos estereotipos. Y si hablamos de estereotipos en la sociedad europea y esp añol a, las mujeres inmigrantes de origen árabe, son unas depositarias privilegiadas. Tendré ocasión de analizar más adelante, cuando me sumerja en la his toria de vida de Nadia, cómo la mujer es geopolíticamente un espacio estratégico p ara el conflicto, y n o sólo de género. El caso de la mujer marroquí, es una evi dencia d e esto, co nvirtiéndose, de alguna forma, en las depositarias de un choque irreconciliab le entre lo árabe y lo occidental, recogiendo todos los estigmas y estereotipos de un imaginario, que especialmente en el caso de España, se ha alimentado durante siglos de una identidad con struida frente al Otro por antonomasia: el árabe. La muje r se ve e specialmen te perj udicada en esta asignación discriminatoria d onde a lo sexista se añade lo étnico, lo cultural y lo religioso de una manera amplificada (Mijares y Ramírez, 2008). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 117 La inmigración senegalesa. Senegal se define como el país de la hospitalidad ( teranga ) ha sido tradicionalmente en África u n país receptor de migran tes. Su n ombre vien e de Sunnu g al , qu e en la lengua wolof significa nuestra piragua (Moreno, 2005: 23). La in migración subsahariana en España es antigu a pero cuantitativam en te muy limitada. Como ocurrió con otros colectivos, la in migración de o rigen negroafricano en España est aba muy invis ibilizada en los p rimeros años de la década d e los ochenta. A partir de los años n oventa, debido a los procesos d e regularización (1991, 1996) se empieza a ver la realidad de la inmigración subsaharian a en España, siendo h asta es e momento una inmigraci ón invisible e n las est adísticas d ebido a que l a mayoría se insertaba en el sector agrícola (agricult ura intensiva) y, oficialmente, los t rab ajadores agrícolas de origen senegambiano 49 ; y, sobre todo, por las condiciones precarias del trabajo agrícola que mantenía ocultos a los tra bajadores extranjeros. (Jabardo, 2006). En cuanto a los flujos, los investigadores ha blan d e u no q ue provi ene d e Kol d a y Belingara, en el su r de Senegal, en la frontera con Gambia, de etnias p eu l, mandin g y sarahola 50 , q ue tiene como principal objetivo Ca taluña, centrado en la agric ultura. El otro, con dest ino Mad rid, más vinculado al comercio, d e mayoría wolo f. En And al u cía, el colect ivo sen egalés se localiza p rioritariamente en Almería, por la agricult ura intensiva y como sala de espera para alcanzar la re sidencia y salir h acia otros puntos. También están pre sentes en los asentamientos agrícolas en Huelva. La inmigración senegalesa más comerciante se localiza en los núcleos urbanos. Senegal es un país muy vinculad o a los mo vi mientos migratorios, tanto hacia el exterior y como h acia el interior, recibiendo a inmigrantes africanos. Es u n país con grupos étnicos nómadas y t rashumantes a lo qu e se suma la influencia de l a colonización f rancesa. A f inales del siglo XIX c omienzan los movimient os unid os al sistema de producción masiva del cacahuete, que se ext ienden a t odos los p aíses d el 49 Muchos senegaleses entraban como gambianos por las res triccion es que hacía en ese mom ento e n Seneg al para emigr ar . 50 A pesar de las front er a s del E s tado - Nació n, es un a z ona don de senegaleses y gambianos se sienten muy cerc a por vínculo s étnicos, his tóricos e idiomáticos. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 118 África Occidental (Jabardo, 2006). En los años sesenta, no s en con tramos co n migraciones que van a tener como primer destino Dakar y que se irán ampliando hacia Francia, con un nuevo modelo en el patrón migratorio rural -urbano, frente al más tradicional rural-rural de los años cincuenta. Las migraciones coloniales hacen que se vaya consolid ando un flujo migratorio h acia Francia a las ciudades donde era importante la industria del automóvil, de personas que provenían, sobre todo, del valle del río Senegal en la r egión de T ambacunda, la zona tradicional de emigración. Estos senegaleses en Francia van a t rabajar en condiciones precarias, en pues tos muy bajos en la escala social, y son los que más van a verse perjudicados por los avatares de las recensiones económicas de finales de los sesenta. Francia empieza a controlar la inmigración de u na manera más firme, a cerrar fro nteras, cambiando los pat rones migratorios pero n o los flujos. En un p rimer momento , era u na migración q ue s e demandaba y que est ab a organizada; y pasó a ser u na inmigración que se apoya en las redes sociales, empezando a ser una estrategia familiar prioritaria para la p oblación senegalesa del sur, muy vinculada al campo. En los años setenta, los estudios hablan ya de dos flujos de migrantes se negale ses ante la po lítica francesa de freno a la inmigración. P or una parte, la migració n interna, hacia Gab ón, Costa de Marf il, Zaire o Zambia; por otro, la migración hacia Francia como proyecto i ndividual o familiar 51 . Con el cierre de fronteras en Francia, l a inmigración senegalesa en los ochenta comienza a mirar a Italia y a España, países q ue en estos año s tenían fronteras más flexibles y que se em pezaban a p ercibir como n uevos países de d esti no (González Ferrer y Kraus, 20 12). Será una in migración muy irre gulariz ada, tanto por las condiciones del mercado labor al y del s ector de inserción (las nuevas agriculturas intensivas de Italia y España), como por las permisibilidad de las autoridades de los nuevos países de recepción de inmigración. 51 “ Mientas la migración organizada hacia la industria del autom óvil se reclutó entre los campesino s soninkes y h aalpulaars de la cuenc ia del río S enegal, las migraciones ind ividuales h acia finales d e los años sete nta procedían de las zo nas produc toras del cac ahuete, eran migrac iones que se apoyaron en redes transnacionales d e c arácter religioso y estaban integradas e n su mayoría por w olof. Las primeras respondía más a un patrón migratorio de carác ter familiar, las seg undas eran fundame ntalmente masculinas. ” (Jabardo, 2006: 37 -38). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 119 La emigración a Europa o a Estados Unidos, se va con solidando en Senegal como un signo de p restigio. Las familias hablan con orgullo del nú mero de familiares que tiene fuera y d e los beneficios qu e este hecho trae a la familia . Este patrón continúa hasta nuestros días. Actualmente, las comuni dades au tónomas con may or p oblació n senegalesa empadronada son: Cataluña, Madrid y Valencia (IN E, 2014). Y las personas. Tras este telón de fondo, a menud o excesivamente opaco, se esconden las experiencias vitales de las personas viajeras. D ice Stake que “l a función de la investigación no es nec esa riamente la de trazar el mapa y conquistar el mundo, sino la de ilustrar su contemplac ión (1998: 46 ). Y esa es mi aspiración: ilustrar con lo que he contemplado este panorama ajeno y cosif icado en que se convierte el discurso sobre las migraciones. Lo que he buscado es la contemplación de la experiencia de la migración a partir de la narración de las experiencias vitales de dos p ersonas que la han experimentado. 3.2. RELACIONE S MUL TICUL T URALE S. El hombre e n cuanto hombre es un atrevimiento de la vida, indeterminado y no fijado; por lo tanto, requiere confirmación y natura lment e sólo p uede recibirla c omo hombre individual en el hecho de que otro y él mismo lo confirmen en su ser- este-ho mbre. M. BUBER Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 120 ¿Qué es la mu lticultural idad y qué son las relaciones multiculturales? Me inclino a ofrecer no u na definición, sino d istintas claves de interpretación seg ún se conciba la multiculturalidad como u n fen ómeno, como un n uevo contexto, como un a serie de relaciones emergentes, como un co njunto de te n dencias o incluso com o un d esafío. Seguiré en mi discurso las apo rtaciones que han hech o en este tema Aguado (1997); Barth (1976); García Canclin i, N . (2001); Et xebe rria (2004); Garzón (1997); Gimén ez Romero (2014, 2012, 2007a, 2007b, 2005,2003a, 2002, 1997b, 1996, 1994); Habermas (1997, 1998, 2002); Ka hn (1975); Ki ncheloe (200 0); Kymlicka (1996); NAÏ R Y DE LUCAS (1998); Requejo y Zapata-Barrero (2002); Taylor (1993); Touraine (1994, 1995); Zapa ta - Barrero (2012, 2007, 2005, 2004, 2001). Multiculturalidad y mult iculturalismo. Hay aspect os en nuestras sociedades actuales q ue in ciden directamente en la emergencia de la mu lti culturalidad o en el p lu ralismo cultural entendido como “ la presencia, coexistencia o simultaneidad de poblaciones c on distintas culturas en un determinado ámbito o e spacio territorial y social, sea un área c ivilizatoria, una entidad supranacional, u n estado nación, una nación sin estado, una re gión, un municipio, una comunidad local, una e scuela .” (Giménez , 2012: 53) . Algunos de estos aspectos son las desigualdades norte -sur, la progresiva marginalización de amplias zonas del mundo, las transformaciones sociales, las migraciones masivas de inmigrantes y refugiados, o los conflictos políticos de sociedades plurinacionales. An te el telón de fo ndo de la globalización en todas sus f ormas, asistimos básicamente a dos pro cesos situad os en una p olaridad permanentemente tensionada: la uniformización cultural y la reafirmación identitaria. En un p rimer mo mento, la mu lticulturalidad comienza a introducirse en Eu ropa para designar un estado de cosas positivo ligado al pluralismo cultu ral (significa convivencia, interculturalidad, comu nicación y diálogo e ntre culturas ), que se per cibe como un modelo de sociedad deseable, fre nte a modelos asimilacionistas o segregacionistas. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 121 Pero e l d ebate era víctima de u n error al confundir la parte con el todo: utiliza el multiculturalismo como una parte del debate (como propuesta de modelo deseable frente a otros posibles), en lugar de utilizar el todo, que sería el plu ralismo cultural y la coexistencia de varias cult uras en un mismo terr it orio, es decir, la multiculturalidad. Se produce una c onfusión semánt ica: multiculturalismo como parte y como todo. La multiculturalidad es un proceso y el multiculturalismo es la gestión – o posibles gestiones- que se hace de ese proceso. En u n segundo mo men to, empiez an a su rgir asociaciones y partidos polít icos con discursos anti -inmigrantes que fomentan y refuerz an la idea de la mu lticulturalida d como amenaza y que van adquirien do o consolidando su presencia en los sist emas de representación polít ica y en determinados medios de comunicación . Los atentados del 11 -S se convierten en el argu mento privilegiado p ara consolidar la construcción teórica del “ conflicto de civilizaciones ”. La mu l ticulturalidad aparece com o un conflicto interterritorial y tamb ié n intraterritorial, y se convierte en la variable explicativa de casi todos los conflictos sociales. La mult iculturalidad es un hecho i n contes table, u na realidad social e histórica . La discusión se deb e centrar, únicamente, en la gestión del proceso, donde el multiculturalismo es sólo un a d e las posibles opciones 52 . El p roblema con el que n os encontramos es que la gestión p olítica de la mult iculturalidad suele descansar en unas premisas m onoculturales: l a ciudadanía es el p rincipal mediador, la m ulticulturalida d es la nueva realidad que nos rodea y el e stado-nación es el marco dentro del cual estamos (Zapata-Barrero, 2012, 2007, 2004; Bauman n, 2001; Kymlicla, 1996). 52 “ Con e l tiemp o, se prop ondrá y fundame ntará e l derech o a la dife rencia como un nuevo corpus de derechos q ue viene a enriquecer la cuarta gen eración de lo s derechos human os. Esa idea del d erecho a la diferencia conecta y se a limenta a su ve z de las concepcio nes sobre la ciud adanía diferenc iada (I. M. Young. 1990 y 1995). E sas ideas tom aron cuerpo y se fundam entaron co n las po líticas del reconoc imiento, desarrollada sobre todo por Taylor (1993) quién sitúa la c ategoría de recon ocimiento del Otro en e l centro de los v alores y vir tudes de la socied ad democ rática. Ideas q ue se han aplicad o al conte xto de la reg ulación de la vida soc ial, del eje rcicio de los derech os, de la relac ión entre democ racia y pluralismo, de la aceptación las minorías a utócton as y alóctona s , llevando a formulaciones como la de Kymlicka (1996) sobre la c iudadanía multicu ltur al. Más re cienteme nte, el Premio Nobel de Economía Amartya Se n (1999) se ha referido a la libe rtad cultu ral, otra forma de conc ebir la misma ide a de que tenemo s derech o a exp resar, vivir, man ifestar, transmitir, n uestra forma de ser, sentir y pe nsar pauta das por nu estra herenc ia, ide ntidad y pertenenc ia cultural, étnica, religiosa, o lingüística.” (Giménez, 2012: 53 -54). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 128 Desde una p erspectiva de género, la multiculturalidad p lan tea la necesidad de “dar un giro” a algunos de los t emas centrales d el fe minismo: el sujeto del feminismo, la cuestión d e la d iferencia, la ident idad femenina, las relacion es p oder / agen cia, la articulación con otras divisiones sociales, etc. Es fundamental, desde esta perspectiva, la crisis d e represen tación y la necesidad de incorporar “otros fem inis mo s” y ot ros modos d e “ser mujer” f rente al sujeto hegemónico de la re ivi ndicación feminista occidental. Por o tra part e, la persp ectiva feminis ta en el cont ex to multicultural pued e ayudar a lib rar la batalla contra el etnocentrismo, el relativismo cultural o el pre juici o culturalista, así como alertar de peligros que acechan a las mujeres en el debate multicultural como la sobrecarga d e identidad, la utilización d el cuerpo de la mujer como frontera y como espacio de control social, etc. El referen te básico para u na gestión aceptab le d e la mul ticulturalidad debe ser la denuncia y la lucha con tra la discrimi nación en cualq uiera d e s us forma s asícomo el respeto al pluralismo. Toda discriminación implica cosificar al ot ro diferente. La no - discriminación impone q ue tratemos a las p ersonas como seres humanos con independencia de ot ras con creciones o particularidades, centrándonos únicamente en su cond ición h umana. Pero claro, las p ersonas abstractas al margen d e sus pertenencias grupales no existen. La tolerancia tiene un sentido de soportar lo que no podemos evitar o no consideramos como algo bu eno en sí mismo , por lo que d esde el punto de vista de las relaciones multiculturales , quizás no sea adecuado aplicar una no-discriminación basada en l a t olerancia, ya que lo q ue se tolera en las personas puede no depe nder de l a propia voluntad (por e jemplo, el colore de la piel o el sexo) ; sí podría ap licarse, teóricamente, a alguna característica cultural cuyo mantenimiento se nos presenta como voluntario. El concepto de respeto supera al de tolerancia desd e el reconocimiento de la dignidad del Otro: lo que se respeta es la persona y su libe rtad, no p ropiamente su conducta o convicción, que pued en juzgarse incorrectas respecto a lo que se considera la verdad. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 129 Otro concepto clave es el de autono mía , que n os con duce direct am en te al viejo debate entre el re co nocimiento individual y el reconocim iento colectivo 54 , el supues to ético más ele mental en l as relaciones entre grupos cult urales es que los miembros d e un grupo no pueden discriminar a los componentes de otro (trabajo, educación, vivienda, p articipació n política, salud,...) pre cisa mente por s u condición de p ertenenci a grupal. Además, muchos de los aspectos d e la vida de las person as sólo pued en vivirse plenamente cuando son vividos como grupo, d esde la expresión socia l y colectiva de lo identitario. Frente a este hecho, se sit úa el re s peto ine ludible a la libertad individual de las personas frente pretensiones o reivindicaciones colectivas identitarias que supongan su n egación, su postergación o su subordinación a las directrices o normas grupales . El debate plantea la búsqueda de un equilibrio difícil que quizás sólo pu ed e ser n egociado cada vez que lo dem ande la realidad concreta de la conviven cia. Ejercitamos nuestra autono mía y nego ciamos nuestra identidad a p artir de nuestr o entorno cultural (horizonte de sentido) el c ual s e nos p resen ta c omo límite y com o posibilidad. La autonomía personal es siempre cu lturalmente contextual. Hay q ue armonizar la autonomía individual con la pertene ncia grupal. Otro concepto clave es el reconocimiento , ya qu e construimos nuestra id entida d personal (y colectiva) enraizada, crítica y creativamente, en nuestras t radiciones culturales. Si a la autonomía del Otro le corres ponde el respeto, a su identidad le corresponde el adecu ado reconocimiento. Sólo desde la p remisa de un adecuado reconocimiento se puede entrar en la interrelación como un interlocutor válido . Pe ro hay que dar un p aso más, d esde la moral o la ética del reconocimiento a la política del reconocimiento, que es a la vez política de la id entidad y de la d ife rencia . Cada interlocutor está si tuado en un contexto concreto, integrado por el ementos culturales 54 La postura liberal atribu ye la auton omía a los individuo s con ind ependencia d e sus pertenencia s grupales, considerando que la p ersona se puede constr uir con total creatividad, al margen d e sus marcos de r eferencias o p ert enencias sociale s y grupale s, como u n ent e ais lado qu e se h ace a sí mismo. La postura comunitarista plan tea que lo decisivo inicialm ente es la pert enencia a una comunid ad y a q ue no existimos ni po demos re cono cernos independ ientemente de n uestros contextos vital es co munitarios concretos. Exi sten muchos riesgos dentro d e las p ostu ras comun itaristas (reprodu cir tradicione s, xenofobia con los/as extrañ os/as, etc.), pero en la sensib ilidad comunita rista hay u n momento de verdad que matiza decisivam ente el modo liberal clá sico d e concebir la au tonomía y q ue va a se r muy importante par a plantear las relaciones entre culturas . Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 130 diferenciados, con los que f orma parte del diálogo social. El diálogo funcionará de modo ad ec uado si p or ambas partes se da pre sunción de validez al cont exto del Otro ya que de otro modo sólo t endríamos relaciones de dominación. S eres mul ticulturales, grupos y dis idencias. La mult iculturalidad es una expre sión de la con dición humana : el ser humano n o es un ser nat ural, sino que llegamos a ser h umanos sólo por esquemas culturales en virtud de los cuales ordenamos y dirigimos nu estra vida. Las estructu ras cu lturales no son un añadido a la existencia humana, sino que son su condición de po s ib ilidad. Nos concretamos como seres humanos en múltiples culturas diferenciadas: t oda creación cultural es una creación particular, esto es, u na entre las posibles. El monoculturalismo es una ilusión, un proyecto, que consiste en la imposición d e u na cul tura particular, de un d eterminado modo de ver el mund o ; pero los seres humano s siempre vivire mos en una pluralidad cultural. D e lo q ue se trat a es de gestionar adecuadamente las relaciones: regular excesos, d inamizar potencialidades y asumir respetuosamen te la creatividad y la riqu eza de la que somos capaces, ya qu e es un hecho incuestionable que los seres humanos n os realiz amos en culturas part iculares y nos constituimo s , como tales, en grupos culturales di ferenciados. Los grupos culturales o identidades colectivas suponen u na orga nización social de la diferencia cultural (dimensión institucional); y esto implica que l os grup os culturales se construyen generando y manteniendo fronteras (Barth; García M artínez, 20 08a). Pa ra definir las fronteras hay qu e s u b rayar o enfati zar d eterminadas características p ropias (endogrupo), frente a las de otros grupos (exogrupo s). Así surgen las dinámicas de autoadscripción y las dinámicas de h eterodesignac ión acerca de la pertenencia o no al grupo. El conocimiento (estereotipado, superficia l, amplificando las diferencias) de los Otros, es de vital importancia de cara a la construcción de la id entidad colectiva del endogrupo. La conf igura ción d el grupo cultural es un a emp resa política comp leja que implica la au toafirmació n c ultural y la genera ción de relaciones y estructuras de poder. Se f omenta un proceso de pertenencia/inclusión y exclusión : n osotros fre nte a los Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 131 Otros; y se d efinen u na relacion es intragrupales (cohesión e identidad) frente a unas relaciones extragrupales (q ue tienen que b eneficiar al grupo sin amenazar su identidad). Se intenta gen erar, tamb i én, un a ju stificación ét ica d e las d inámicas relacionales endo/exogrupales. Los grupo s culturales, de los qu e las min orías étnicas que se van generando en los p aíses de acogida, son una expresión, se van construyendo en b ase a relatos épico, genealogías, metáforas y límit es, que se insertan en el grupo cultural mayoritario y h egemón ico, mu chas veces ilusorio, que intenta potenciar y sostener la idea d e patria del estado -n ación. Se dibujan los límites (fronteras, murallas o puertas, símbo los de unas normas de inclusión/ex clusión) que no se pueden desb ordar, traspasar, transgredir, bajo el riesgo de qued ar excluído y/o subrir una sanción punitiva. Son las dinámicas en do y e xogrupales. Estas gen ealogías, relatos ép icos y metáforas, provocan un componente em ocional que es de vital importancia a la hora de entender las relaciones mu lticulturales. La importancia de la genealogía, el compartir los mismos ascendientes, el sup uesto de la solidaridad interna (los herman os), la pervivencia del grupo antes el peligro que representa la colon iz ación del relato de los Otros ; serán los ele mentos que manipu lados convenientemente se podrán convertir en el c aldo de cultivo del racis mo o la xe nofobia. La conciencia de grupo, la emocionalidad q ue surge de la conciencia colectiva de la identidad cult ural tiene un componente afectivo, un sentimiento de pertenencia que conecta con los motivos sociales básicos de los seres humanos. Si n o existe, a l a vez, un a conciencia d e la complejid ad y la d inamicidad de las din ámicas identit arias a nivel intento y externo, de la imp ortancia de preservar el derecho a la d isidencia, la identidad se con vierte como dice Maalouf (2006 ), e n asesina, y nosot ros en víctimas f ác iles para la manipulación intere sa da, e l dogma tismo y la irracionalid ad, así como c olaboradores (conscientes o inconscientes) en dinámicas de exc lusión y segregación. La gestión de la multicul turalidad. Las relaciones que se generan entre los grupos cult urales pued en ser de naturaleza muy diferentes. Algunas de ellas están relacionadas d irectamente con la gesti ón q ue Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 132 podemos h acer de la mu lticulturalidad. La med iación intercult ural se deberá cuestionar estas posible s re laciones a la hora de pla ntearse el h orizo nte al qu e q uiere aspirar con la gestión que haga de las relaciones en conflicto, por eso considero importante hacer una revisión de estas conceptu alizaciones. El racismo y la xenofobia son relaciones de dominio manifiesto con tres variant es: explotación, marginación o segregación y extermin io. Se apoyan en un conju nto de creencias y actos antisoc iales f undados en la ilusión/ideología de que las relacion es discriminatorias entre los gru pos h umanos están justificadas por razones d e orden, ge neralmente, biológico. Hay mu chos t ipos de racismo 55 , no me voy a detener aquí en profundizar en el tema, sólo decir que desd e el ra cialismo más básico y clásico hasta el racismo in directo o las n uevas v ersio nes de ra cismo en cubierto q ue vivimos en la actualidad, se ha ava nzado desde la id ea de r az a hasta la de cultura: un raci smo cultural esencialista. El asimilacionismo s e b asa en generar relaciones a través d e las cuales una cultura absorbe otra (sobre todo a part i r de las esferas p úblicas). El objetivo es la u nidad etnonacional y la homogeneización cultural f rente al peligro d e descomposición y de pérdida de identidad que sup one el contacto con lo diferente; para ello se apo ya en argumentos paternalistas basado en la p rotecci ón, etnocentristas como legit imación de lo propio como lo universal y verdadero; o de cohesión social como d efensa del caos. Hay d istintas versiones, desde un asimilacionismo débil (un asimilacionismo parcial de prácticas y aspectos concretos) , hasta un asimilacionism o fuerte (un asimilacionismo total e impositivo que p ersigue aniquilar la cultural del Otr o). También hay un asimilacionismo impu esto y un asimilacionismo asu mido, n o me atrevo a deci r si libremente, ya que el est ado- nación en sus múltiples representaciones, p uede forzar e indu cir de modos muy sutiles. En cualquier caso, se tendría que garant iz ar un reconocimiento d e todas las id entidades culturales para poder asegurar que los procesos de toma de decisiones responden a opciones ele gidas en libertad y no desde la coacción, el miedo o la violencia simbólica. 55 WIEVIORKA , M. (1992); GARCÍA MARTÍNEZ, A. y SÁEZ CARRERAS, J. (1998). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 133 La integración es un concepto muy p róxi mo al de asimilación , aunque se propone como algo dist into resaltando que en la integración d ebe darse una bidireccionalidad desde la autonomía de las personas en contacto , intentando aproximar el término al interculturalismo. Desde mi posicionamiento es u n concepto discutido y discutible, ya que surge la pregunta inevitable d e quién se tiene que integrar y dónde, así como la dificultad de asegu rar esa bid irecc ionalidad, en caso de que sea ést a po sible d esd e planteamientos integracionistas. El concepto de inclusión se usa para reclamar de t odos (los residentes en un Estado, pertenecientes a una ins titución, integrantes de u n grupo, etc.) dis fruten de t odos los derechos plenamente. Es un con cepto complementario a la in tegración y al multiculturalismo. El mu lticulturalismo p arte del h echo d e q ue hay grupos cu lturales minorit arios en contacto con otro mayoritarios (hegemónicos). Las min orías reclaman visi bilidad social y una determinada presencia pública y se plantea el derecho a la d iferen cia cultural y las con siguientes políticas de la diferencia o del recon ocimiento. El multiculturalismo en sentido estricto es cuando la est rategia de la “política d e la diferencia” es la de la separación (relativa) d e los grupo s, es la conocida metáfora d el mosaico donde cada grupo tiene su parcela pero no se produce interrelac ión. Si las etnoidentidades debe n mantenerse en la esfera privada, el multiculturalismo nos p lantea el debate de los derechos colectivos. Desde posicionamientos neorracistas, el multiculturalismo puede favorecer la exclusión, ya que la mera coexistencia en el respeto n o potencia la construcción de identidades complej as. Los gru pos cult uralmente marcados de modo particular (étnicos, religiosos,...) d eben considerarse a sí mismos como grupos d entro de la esfera privada. El in terculturalismo , sin emb argo, propone relaciones significativas de intercambio, interinfluencias d iversas entre colectivos culturales q ue, manteniendo sus identidades propias, las hacen evol ucionar positivamente, est imuladas p recisamente p or la mutua relación. El id eal son relaciones explícitas entre gru pos cult urales, qu e motiven interacciones en liberta d y en igu aldad de condiciones, desde la convicción d e que estas relaciones favorecen el mutuo en riquecimiento y el crecimiento de amb as Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 134 culturas/grupos cultural es. El interculturalismo d a un paso más dentro d el proceso de multiculturalidad: establecidas un as condiciones n ormativas y polít icas que garantice n la igu aldad y el respeto (que es lo q ue pretende garantiz ar el multiculturalismo), el siguiente p as o es p rom over la intera cción y la interrelación entre las personas. Más allá del respeto, es la constat ación de que en otras culturas existen valores e interpretaciones con las que es positivo entrar en contac to. El mestizaje cultural pr opone que los grupos cul turales se interrelacio nen para q ue se vayan f usionando ent re sí, d e t al modo q ue creen una n ueva cultura que realice la síntesis de lo mejor d e cada una. La idea es fomentar relaciones culturales intensas encaminadas a disolver las diferencias grupale s desde el h orizonte de una cultura común sintetizadora. No se refiere a mest izajes “a la fu erza”; t ampoc o , asp ira a un mestizaje universal y permanente; más b ien se hace extensible a los préstamos entre culturas que sigu e deseando mant ener su identidad, algo qu e también está presente en el interculturalismo. Es quizá la misma p alab ra “mest izaje” la que tiene un efecto liberador, más el contenido, que puede equi pararse al interculturalismo. El transcultura lismo t iene como objetivo pote nciar identidades personales ricas que no pueden ser estructuradas únicamente dentro de los límites de una cultura. Plantea una forma de vida por la cual la id enti dad p ersonal pasa necesariamente por el cru ce y el mestizaje cultural, ap oyada en una polític a d e mestizaje y de sincretismo amplio, al favorecer relaciones transversales interactuantes y mutu amente transformadoras, constituyendo una especie de red en q ue las dif erencias se interpretan c on vistas a la formación de sí ntesis inéditas. La idea es con figurar una gestión de la mu lt iculturalidad que permita la construcción de identidades complejas o metaculturales, siemp re abiertas y en reconstrucción a través de la con frontación dialógica con los Otro s que conforman el género humano, d e manera qu e sea r elativizada permanentemente toda identidad colectiva. La aculturación , en definitiva, es un fe nómeno que se p roduce c uando grupos d e individuos que pertenecen a distintas culturas p articipan en contactos directos, con los consiguientes cambios en las paut as culturales originales de ambos grupos. Conlleva contactos, influencias rec íprocas, aunque sean de u n alcance mu y dist int o en cada u no Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 135 de los grupos e individuos, y cambios en ambos grupos y en sus miembros. (Ariño, 2009: 123). T iene do s dimensiones: el grado en que los individuos p articipan en la vida cultural de la nueva sociedad (participación) y, el grado en qu e mantienen su identida d cultural o riginal (fidelidad): “ al c onjug ar estas dos dimensiones (orientación hacia el prop io grupo y preferen cia por la c ontinu idad cultural, de un lado, y orientación al contacto con ot ros grupos y participación en sus pautas culturales, de otro), se obtienen cuatro est rategias para l as relaciones interculturales: integración, asimilación, sepa ración y marginalización. (Ariño, 2009 : 1 23). Los flujo s migratorios, que produ cen esta situación de p luralismo constitutivo, es decir, de multiculturalidad. Este hecho provoca cambios en las preferen cias, las act itudes y las creencias que guían los con tactos entre los grup os dife renciados: “ El plura lismo etnocultural constit utivo tiene que ver c on la situación en que se encuentran las sociedades contemporáneas, en las que una parte significativa de la población residente es de origen inmigrante y está dispue sta a mantener sus modo s de vida y valores en los c ontextos de inmigración, rechazan do de manera radical c ualquier forma de asimilación. ” (Ariño, 2009: 117) Este autor plantea cuatro modelos teóricos de ac ulturación (2009: 134): MODELOS TEÓRICOS DE ACULTURACIÓN MODELOS AFIRMACIONES COGNITIVA PROSPECTIVA POLÍTICA ASIMILACIONISTA Existe la diversidad… …pero unas formas son más valiosas que otras. El modelo ideal es el liberal. Política de asimilación individual. MULTICULTURAL Hay diferencias sustantivas… …pero pueden ser reconocidas y armonizadas. Política de reconocimiento de los grupos. SEGREGADOR Hay diferencias sustantivas… …y no son armonizables. El choque es inevitable. Política de separación de los grupos. PRAGMÁTICO Hay diversidad y los conflictos son inevitables… …pero también puede hablar convivencia y comunicación. Política de mediación intercultural Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 136 Como decía, la posición asimilacionista sostiene que el pluralismo cultural debe subordinarse a la aceptación de los valores propios del c onsenso libe ral en torno a los derechos individu ales (2009: 134); la concepción multicultural defiende la viab ili dad del reconocimiento de los derechos de las diversas identidades colectivas, cad a una de las cuales vive inmersa en su nicho (“juntos, pero no revu eltos” ) (2009: 135); la segregación generalizada, parte de que el choque es i n evitable p orque unas culturas y otras son incompa tibles entre sí. La solución es el aislamiento cultural y el p acto de no agresión ( apartheid cultu ral). La postura pragmática, defendida p or autores como Baumann (2001) plantea que las culturas siempre h an estado en contacto y los conflictos no han conducido necesariamente y de manera regular a cho ques excluyentes. En est e línea d e pensamiento se sit uaría la m ed iación intercu ltural al plantear que las dificultades d e comunicación se pueden ab ordar generando mejores dinámicas comunicacio nales, centrándose en situaciones reales, en la praxis multicultural de la vida diaria 56 , poniendo en evidencia la existencia de «un a red elástica entrecruzada de identificaciones circunstanciales» y de identidades mutab les (Baumann, 2001: 151), o identificaciones en térmi nos de Maalouf (2006). La síntesis de Giménez (2012: 55) es: Hacia una tipología de M odelos Sociopolíticos a nte la Diversidad Cultural EXCLUSIÓN Racismo Xenofobia Antisemitism o Apartheid Holocausto Etc. Discriminación del otro Legal Leyes discriminat orias Social Prácticas discriminat orias Segregación d el Otro Espacial Guetos resid enciales Institucional Guetización esc o lar Guetización san itaria Eliminación del Ot r o Cultural Etnocidio Fundamentalis m o cultural Física Genocidio Limpieza étnica Aparente Homogeneizaci ón Asimilación Angliciz ación Arabización Latinización 56 Lo que p ropone Baumann es transformar el “choqu e de civilizaciones” en u n “encuentro de vecinos”. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 137 INCLUSIÓN Fusión cultural Melting Pot Real Aceptación de la diversidad cultural como positiva Pluralismo cultural Multiculturalis m o Interculturalis mo En definitiva, la cultura n os hu maniza al of recer n os un sistema d e significaciones que nos aporta una visión d e la realidad con la que nos orientarnos en el mundo; aportándonos criterios y h orizontes para nuest ra toma de d ecisiones al señalarlo s valores y fin es (marco de referencia ético -moral); y o torgándonos un referente identitario al integrarnos en un todo colectivo (nuestro grupo cul tural). Pero tenemos que ser conscientes de la limitación que nos impone: nuestros referentes van a ser los de n uestra cultura en particular. Hay, por tanto, d os modos de vivir la cultura: desde una po sició n esencialista, monocultural, rígid a; o desde una dime nsión procesual y dinámica, tal y como sostien e el modelo intercultural. Al margen de nuestra pertenencia cultural y de nuestra inmersión en un determin ado grupo cultural, es muy importante el modo con creto en q ue vivimos esta in mersión, la cual pu ede ir desde l a estricta y dura sumisión, hasta un a inserción crítica y creativa. Lo que se pro pone desde el model o interc ultural es vivir ide ntificaciones (Maalouf, 2006), no identidades, ya que lo que tiene que primar es nuestra acogida voluntaria, nuestra e lecc ión, nuestra asunción crí tico-creativa. No se trata d e mantener un a ú nica lealtad hacia u na única cultura, tal y como d ice Maalouf, si algo nos ha enseñado el siglo XX es qu e ninguna doctrina, po r sí misma, es necesariamente liberadora, ya q ue todas pu eden caer en desviaciones (2006: 59 ); se trata d e hacernos conscientes de nuest ra complejidad y de nuestra capacidad de a la hora de transformar las relaciones en las que n os insertamos: “ no c ambian los textos, lo que cambia es nuestra mirada. P ero los t ex tos no actúan sobre las realidades del mu ndo más que a través de n uestra mirada , qu e en cada época se fija en determina das frases y para por otras sin verlas. ” (2006: 57). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 144 instrumento crítico, como herramienta para desmo ntar los falsos y ten denciosos discursos q ue po sibilit an la discriminación étnica. Se trat a de t rabajar para ir generando un nuevo modelo de convivencia basado en la igualdad y el respeto, pero también implicado socialmente en combatir los factores que inciden en la desigualdad y la intolerancia. La edu cación intercultural n o es ob jeto d e estudio en est e documento sino la mediación en contextos de multiculturalidad, por ello nos vamos a adent rarnos en la temática. Son numerosas las pu blicaciones en el cont exto español que se h an ido produciendo desde los primeros años d e la década d e los noventa hasta la actualidad, desde artículos hasta t esis doctorales. Se ha ido c onfigurando un mo delo de ed ucación intercultural en torno a p ropuestas d e un currícu lum intercultural, enfoques, modelos, guías de buenas práct i cas y evaluacion es e programas d e intervención. El camp o educativo, por su naturaleza de microcosmo s social, ha sido en este caso, vanguardia de que poco a poco ha ido incorp orándose de f orma t ransversal a otros ámb itos y campos de estudio e interven ción como la salud, el trabajo social o la intervención psicológica 58 . La p erspectiva de la t ransversali dad intercultural se traduce en las competencias interculturales que implican e ntender el m u ndo desd e diversas lecturas culturales, reflexionar crí ticamente sobre la propia cultu ra y la de los d emás y generar una act i tud y vivencia positiva, comp rometida, en riquecedora de las relaciones entre culturas o desarrollar la capacidad de manejar conflictos en sit uaciones intercu lturales (Buendía, 2004; Escarbajal, 20 15; Leiva, 2015a, 2015b). La mediación intercultural, que veremos en el capítulo siguiente, tiene mucho q ue aportar en este terreno : el d el desarrollo de competencias para la com unicación y el diálogo intercultural. 58 Antolínez, 2011 ; Aguado, 199 7; Andalucía Acoge, 2002; B esalú, 2011, 2007, 2006, 2004, 2 002a, 2002b , 2000, 1 998; Cab ezas, 20 11; Carb onell, 2007, 2002; Cárd enas, 2010; Carrasco, 2014; Díez, 2014, 201 2; Escarbajal, 2015, 2014, 2013, 2011; García, 200 5; Garc ía, Sáez y Escarbaj al, 1 999; Garc ía Y Sáez, 19 98; Garro y Carrica, 2013; Goenechea y García, 2 012; Laco mba, 2006; Leiva, 2015A, 20 15B, 2014 A, 2014B, 2013, 2 012, 2 011A, 2011B, 2010A, 2010B; Lluch, 2007; Ló pez, 2013 ; Lozan o, Alcaraz Y Colás, 2013; Mancilla, 2014 ; Márquez y García-Cano, 2012 ; Merino, 2013; Muñ oz, 1998; Rivas, Leit e Y Cortés, 2010; Santos, Ce rnadas Y Lorenzo, 2014 ; Shu ali, 2012; Soria no, 2012; Soriano Y Peñalva, 2011; Soriano Y González, 2010 ; SORIANO, 2007; Vall e y Baelo, 2013; Valle, 2012; V V.AA, 20 12; Vila, 2013 ; etc. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 145 La tran sversalidad intercultural en su aplicación al género me p arec e importante en este contexto , ya q ue una de las historias d e vida que p resento es la de una mujer inmigrante. La cuestión es cómo se entiende y se an aliza la variable género en los procesos de multiculturalidad. Los d istintos enfoques multiculturalistas han ten i do un impacto en la teoría feminista (Amorós, 2009, 2008, 2007, 2006a, 2006b, 2005, 2004; Cobo, 2006; Guerra, 2014a, 2014b, 2013, 2012, 2002, 2000; Posada, 2010, 2006; Villaba y Álvarez, 2011). Algunos t emas, p or ejem plo, en cuanto al suje to de la reivindicación “la mujer”, crisis de representaci ón. La mujer o las mujere s, qué mujer, la b lanca occidental, caer en el esen cialism o. Est o no s lleva a una segunda y a u na tercera c uestión: la cuestión de la diferencia en el caso de las mujeres y las relaciones de poder. En la teoría feminista se h abla, básicamente, de dos tipos de feminismos: el feminismo de la igualdad y el de la dif erencia. La idea de “difere ncia” y la crítica posmoderna ha n conducido al pensamiento f eminist a h acia un cuestionamiento del concepto de “mujeres” como grupo homogéneo. Los feminismos de la diferencia tienen, básicamente, dos vert ientes: los feminismos de la ética del cuidado y del p ensamiento maternal (con el riesgo de caer en el esen cialis mo), y los feminismos postmodernos. Para las corrientes feministas postmodernas, el género no es una categoría aislada, no adopta las mismas características en todos los contextos socio -culturale s y geográficos, no es lo mismo “ser mujer” en Dinamarca que en Mal í. El género se con struye, se define y se modifica en función d e otros elementos (et nia, religión, clase social, origen nacional, e tc.). Hay en estas c orrientes u na revisión de la conceptualización “mujeres” que lleva a un feminismo “dialó gico” en donde no existe un sujeto estratégico “predefinido”, sino q ue el sujet o del f eminism o se def ine en la in teracción y en la acción comunicativa en un sentido h abermasiano: todas las muj eres tienen capacida d para transformar sus vidas cotidianas y las desiguald ades p resentes en sus socied ad. No somos, como occide ntales, salvadora s de mu jeres de las que desconocemos sus textos civilizatorios 59 y al que, p aradójicamente, acabamos p or negar la agencia 59 “ Las actitudes occiden tales son más peligrosas y t aimadas que las musulmanas, porque el arma utilizada contr a las m ujeres es el tiempo . El Occidental congela con focos e im ágenes p ublicitarias la belleza femenina en forma de niñas idealizadas y o bliga a la muje r a p ercibir la edad, es de cir , el paso Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 146 condenándolas a la dependencia. El femin ismo dialógico recoge las ap ortaciones de los dos feminismos: igualdad (ética comunic ativa, delibera ción, consenso,…) y diferencia (reconocimiento de la agencia desde el respeto a las di ferencias entre las mu jeres). Se trataría de un universalismos (el femin ista) más interactivo, donde las vindicaciones de la igualdad se replantean desde el debate universalismo/diferencias , feminismo/particularidades culturales. La tarea es desarrollar un a teoría crítica del reconocimiento qu e d efi endan las versiones d e la polít ica cultural de la diferencia q ue sean compatibles con las po líticas sociales de la igualdad; de la un iversalid ad sustitutoria a la universalidad interactiva en la que pu ede hacerse efectivo el d iálogo intercultural desde la interpelación (auto)crítica donde se conjuguen coherentemente dos necesidades: la d e ten er u n referente u niversal (iguald ad ) para una id entidad construida como lo es la identidad d e género; y la necesidad de un horizonte regulativo donde puedan in teraccionar las pluralidades y las diferencias. Cuando se sitúan las cuestiones de género en el centro d e los debates sobre multiculturalismo hay que tener tres precauciones mu y importantes, desde mi p unto de vista: no caer en el etnocentrismo, no ca er en el re lativismo cultural y en el prejuicio culturalista, y, p or último, no h omog en eizar: las culturas son dinámicas y plurales en su propio sen o, estando siempre presentes las divergencias y las disidencias 60 . Antes de finalizar, hay un aspecto en el qu e quiero in cidir y que me parece esencial en la interculturalidad en su vert iente ética, de comp romiso y de implicaci ón. Si algo he aprendido gracias a las relaciones en las que me he visto implicada en contextos de interculturalidad signific ativa es, sob re to do, la necesidad de mirarme: el compromiso intercultural tiene que ver en primer lugar con u no mismo. La presencia del Otr o absolutamente aje no ante mí es un cues tionamiento radical a lo que yo soy, o creo que soy. Como d ice Lévinas: “ el ser es exte rioridad: el ejercicio natural de los años, como una d evaluación vergonzant e. Es te chador occidental, cort ado segú n el patrón del tie mpo , resultaba má s disparatado qu e el f ab ricado con el espa cio , el qu e im ponen los ayatolás. ” (Mernissi, 2006: 24 5) 60 Un ejemplo claro de esto que dig o son las a mplias t r ad iciones fe minist as en países á r ab es: Egipto, T únez o Marruecos. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 147 mismo de su ser consiste en la exterioridad, y ningún pe nsamiento po drá obedecer mejor al ser que dejándose d ominar p or es ta exterioridad. La exterioridad es verdadera , n o en una v isión lateral que la percibe en su oposición a la in t eriorida d, es verdadera en el cara a c ara que no es enteramente visión, sino que va más lejos que la visión.” (2002: 294). La f ilosofía ética d e Lévinas tiene mucho que ver con la interculturalidad. Lo p rimero, quizás, por ser una ética y no una ontologí a. Y, además, por ser no ser una ética de la tolerancia sino del compromiso y la implicación, d e la ho s pitalidad y la compasión 61 . Lévinas p lantea una filosofía de la diferencia que otorga al Otro un estatus no de carencia sino de exce pcionalidad, no es u n Otro diferente a mí, sino que el Otro me muestra un ser de otro mod o q ue ser. Todo intento de describir, clasificar o sistematizar al Otro es una violencia, un tot alitarismo, ya que el conocimiento se apodera de su objeto, lo cosifica. Est e planteamiento d e la alteridad me sitúa en u na manera de entender la interculturalidad donde lo que se cuestiona n o al otro diferente, sin o donde me cuestion o yo misma. Desd e est a perspectiva, la interculturalidad me exige salir del centro (descentración), u n ejercicio im p rescindible de escapar del etnocentrismo donde estoy i nstalada y desde el cual miro el m undo: “ La relación con el Otro me pone en cues tión, me vacía de mí mismo y no me deja vaciarme, descubriéndome en tal modo con recurso s siempre nuevos. No me sabía tan rico , pero no tengo más el derecho de cons ervar nada . ” (Lévinas, 2001: 58). La descentr ación que la co mpete ncia int er cultur al reclama tiene que v er c on la re ducción f enomenológic a qu e no es sino “p oner entr e par éntesis” , suspender t odo juicio mor al. Como soste nía Husserl, sería ac abar con esa “actitud na tur al” que es nuestr a cr eencia en la r ealidad del mundo, en su ve rda d. P or eso en la in tercultur alidad nos preg unt amos: ¿es real mi mund o? o ¿es mi mundo el únic o que es re al? V aciarn os, quedarnos con lo ob v io y tomar conciencia de nuestr a inter pre t ac ión, de la 61 “(…)ningún rostro p odría ser ab ordado con las manos vac í as y la casa c errada: el recog imiento e n un a casa abierta al Otro -la h ospita lidad- es el hecho concreto e inicial del rec ogimiento hu mano y de la separación, co incide con el De seo del Otro absoluta mente trascenden te.” (Lévinas, 2002: 190). (el “rostro” de Lévina s es la idea del Otro en mí). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 148 inter pre tación que hacemos del mundo. En el en cuentro intercultural se p roduce un milagro, el d iálogo entre d os seres humanos que han decidido verse y aspirar a la comprensión, p ero que desde el p rim er instante de ese encuentro renuncian in cluso al requ erimiento de la compren si ón porque en caso de que ésta n o pudiera producirse, siemp re quedaría preservada la presencia y el absoluto respeto al Otr o di ferente. D e alg u na f orma, nunca alcanzamos al cono cer al Otro , sólo n os aproximamos a él en un des eo infinito. La ed ucación, la mediación, la p sicotera pia, todas pueden ser caracterizadas “ como una relación de alteridad, como una relación con el otro, -el rostro -, la palabra que viene de fuera, que habla en imp erativo y que me demanda una responsabilidad má s allá de todo pacto y de todo contrato. (…) como una acción hosp italaria, como la a cogida a un recién llegado, de un extranjero .” (Bárcena y Mélich, 2000: 126). La experiencia de la interculturalidad es, así, una experiencia ética que implica q ue “ la experiencia del otro es la rotura del silencio de mi mundo centrado en el ‘yo’ .” (Bárcena y Mélich, 2000: 138). Y es una experiencia transformativa porque t ras ella no se vuelve al punto de partida, es un movimiento de lo Mismo que va h acia lo Otro son regresar jamás a lo mismo, que diría Lévinas (2001:54). Además, la relación que p lantea Lévinas no es una relación f usional sino asimétrica y tal vez, justamente por ello, es una relación ét ica. La int ercultural idad busca el espacio en común don de poder entendernos, dialo ga r; pero, y si n o en co ntramos ese espacio, desde qué lugar nos si tuamos ante el O tro. Si planteamos esta cuestión en el campo de la psicoterapia, qué ocurre cuando el paciente sufre, por ejemplo , un t raum a devastador e irreversible. El psicotera peuta ent onces sólo puede estar pre sente, acompañar, sentir con él y ju nto a él; y éste estar presente otorga al Otro una dignidad, un a h umanidad que la relación terapéutica restablece. El Otro extranjero, ajeno, in compre nsible, lejano, in clasi ficable, se sit úa ante mí y me demanda la acogida, la h ospitali dad, por encima y más allá de cu alquier grado de comprensión o de la posibilidad de compartir algún sentido. Y es este requerimiento ético el q ue la interculturalidad plantea y el que le otorga esa posib ilidad de transformación a las personas que verdaderamente se implican en la experiencia al entender que: “e l otro Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 149 no nos viene solamente a p artir del contexto sino, sin mediación, él significa por sí mismo. ” (Lévinas, 2001: 59 ) porque “l a verdad del ser no es la imagen del ser, la idea de su naturaleza, sino el ser situado en un campo subjetivo que deforma l a visión, pero que permite precisamente así la exterioridad de nombrarse, enteramente mandato y autoridad: total superioridad. Est a curvatura del es pacio intersubjetivo desvía la distancia en elevación, no falsea el ser, sino que hace posible su verd ad.” ( Lévinas, 2002: 295). Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 150 CAPÍTULO 4. MEDIACIÓN INTERCULTUR AL. 4.1. MEDIACIÓN INTERCULTURAL. 4.2. DOS ENFOQUES SISTÉMICOS PARA LA MEDIACIÓN INTERCUL TURAL. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 151 INTRODUCCIÓN. “La tradu cción puede hacer confluir lo ajeno y lo pro pio en una nue va figura, estab leciendo el pun to de verdad del otro frent e a uno mismo. ” GADA MER La mult iculturalida d es una expresión de la condi ción humana. La diversidad nos rodea continuamente, sólo tenemos que abrir los ojos y qu erer verla. Cuando hab lo de diversidad, no sólo hago ref erencia a las dif erenc ias cultu rales, sino a d iferenci as que tienen que ver con la clase social, con la edad, con la profesión, con el género o con el origen familiar, sólo por citar algunas. Los seres humanos somos constitutiva y potencialmente mu lticu lturales; y la diversidad cultural responde a esta realid ad innegable. Mujeres y hombres no somos seres naturales en el sentido d e tener una naturaleza humana o u na esencia constantes, in mutables y, en c onsecuencia, independientes del tiempo y lu gar en el q ue nacemos y n os d esarrollamos; sino q ue somos, sobre todo, seres culturales. Es decir, llegamos a ser seres humanos sólo p or esquemas culturales en virt ud de los cu ales ordenamos y dirigimos nuestras vidas. Todas las p ersonas estamos insert as en mu ndos de vida (paisajes, climas, costumb res, normas, etc.) que n os van proporcionando l os elementos a partir de los cuales se van construyendo nuestras id entificaciones o identidad(es). Pero si t odas las personas somos diferentes, también todas t enemos cosas en común. La interculturalidad es un modelo que sostiene la n ecesidad de u n nuevo mar co d e relaciones más igualit arias, democráticas y justas p ara todos los seres huma nos. Su objetivo es la capacitación de las p ersonas (competencia in tercultural) y la promoción d e unas relaciones Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 152 interculturales de co nvivencia pacífica, de solu ción negociada de l o s conf lictos, d e respeto y de superación d e las d iferencias existentes entre los grupos humanos. Es un modelo político, educativo y social con u na f uerte carga de compro miso ético y d e defensa de los dere c hos humanos que pre tende o frecer alternativas y dar respu estas positivas a los problemas planteados p or la complejid ad de las relaciones multiculturales. Básicamente, la intercult uralidad se mueve entre d os polos: el f omento de la iguald ad y el re specto a las diferencias. Amb os aspect os son necesarios y comp lementarios. No podemos defender las diferencias sin asegurar u nas condiciones de igualdad (de oportunidades, de t rata miento, d e reconocimiento o de participación) para todas las personas, más allá d e cualquier tipo de di ferencia (clase social, sexo, orig en nacional o comunidad cultural). El interculturalismo como modelo de gest ión de la diversidad , se plantea la necesidad de atender las necesidades culturales, tanto privadas como públicas, afectivas y cognitivas de los grupos y de los individuos de todos los colectivos presentes en una sociedad, a la vez que p romover la paridad de logros educacionales entre grupos y entre individuos, el resp eto y la tolerancia mutuos, lo cual demanda, en su con creción social, la paridad de derechos y o portunidades educativas y vitales para todos los miembros de una sociedad. La idea central de la interculturalidad es que todos los seres hu manos somos multiculturales y t odas las culturas son d inámicas e intera ctúa n en un proceso de influenc ia mutua. Est a interacción es la que nos h ace avanzar; es la que hace que las socied ades y las personas crez can y mejoren su visió n de la reali dad al enriquecerla y comp lejizarla. Desde este punto de vis ta, la interculturalidad n os enseña a ser conscientes de la propia condición cu ltural, evitando el riesgo d el etnocentrismo (creer que la propia cultura es la única válida p ara interpretar el mundo) y la jerarq uización cultural (p ensar que hay cultura mejores o más válidas qu e otras). En d efinitiva, la inter culturalidad p romueve el resp eto por todas las culturas coexistentes acep tando los modos de pensar y las f ormas de vida altern ativas, evitando y rechazando cualquier modalidad asim ilacionista u homogeneiz adora Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 153 La interculturalidad nos habla de una nu eva conciencia mental y afectiva que perm ite a la p ersona nego ciar nuevas formas de realidad. El estilo intercultural de pen samiento es tolerante con las diferen cias culturales, las ambigüedades del conocimiento y las variaciones en la perspectiva humana: ser intercultural es ser consciente y capaz de incorporar y sintetizar diferent es sistemas de conocimiento cu ltural en uno mismo. Este planteamiento de partida implica un compromiso intelectual y afectivo con la unidad fundamental del ser hu mano. Reconocer, legit imar, aceptar y apreciar, las diferencias entre personas de difere ntes culturas. El compromiso de la mediación con la intercu l turalidad d ebe ser claro y contundente si es que queremos evit ar que el mediador acabe p ropiciando, una vez más, una hegemónica injusticia cultural. Esto nos hace reflexionar sobre el proceso de violencia que p uede pro piciarse ante negación de d etermi nados aspec tos culturales y f omentar así un terreno a prio ri desigual en el cual la mediación tiene que intervenir y en el que pue de verse inmersa si no se postu la, desde el inicio, como u na tarea crítica. La influencia del imperialismo y el colon ialismo en la genera ción d e d icoto mías d el t ipo desarrollado/subdesarrollado, moderno/trad icio nal o civilizad o/salvaje, configuran un territorio adverso en el posible d iálogo entre culturas , (Tomé, 2013: 313; Said , 20 02). Edward Said en sus obras Cultura e Imperialismo y Orientalismo , mu estra con total rotundidad cómo la cu l tura europea ha sid o capaz d e manipu lar e incluso dirigir Oriente desde un punto de vista político, sociológico, militar, ideológico, científico e imaginario (2002:22), y que para llevar a cabo tal empresa, los mecanismos utilizados no han sido ún icamente milit ares o coercitivos, sino que para lograr que la empresa tuviera realmente un car ácter perdurable ha si do necesario ll evar a cabo una creació n que tuviera visos de realidad, que suplantara a la realidad y fuera capaz de erigirse como la realid ad misma. Esta empresa h a sido básicamente una em presa cultu ral que ha tenido como meta la plasmación d e una h egemonía asfixiante y determinista. Esto ha sido posible por el hecho de que la cu l tura “ funciona en el marco de la sociedad civil, donde la influencia de las ideas, las instituciones y las personas se ejerce, no a través de la dominación, sino a t ravés de lo que Gramsci llama consenso” (Said, 2002: 26). La med iación intercultural pued e favor ecer la ru ptura de esa hegemonía, de ese Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 256 Las zonas sensibles son muy d eterminantes en las relaciones multiculturales: el choque cultural me indica lo q ue n o comprendo d el Otro y es el esp ejo dond e descub rir mis propias zonas sensibles. Me planteo que “ la idea de que el conflicto parte de unas condiciones dadas, de que surg e por un desencadenante que afecta a sus fuentes, debe ser c omplementad a con la idea de la función que cumple el conflicto. Las cosas exist en porque desempeñan una función; aquello que no cumple una función, o que no lo hace de forma eficiente , desap arece. Éste es el mensa je que nos tran smite la evolución. (…) los conflictos pueden desempeñar muchas funciones: promover el cambio, exteriorizar emociones, poner a l as partes en relación, etc .” (Redorta, 2007: 89). Entonces, ¿qué función cumples l o s choques o conflictos cultura les? Supongo qu e pued en ser muchas las respuestas a esta pregunta. En este momento yo voy a plant ea dos. En primer lugar, como d ice Redorta, pueden cumplir la func ión d e p oner en relación. El conflict o relaciona a las p artes. Y esto no tiene p or qué ser percib ido como algo negat ivo. El conflicto es consu stanc ial a la vida, desde la genética h asta las relaciones interpersonales o grupales. Gracias a los conflic tos crecemos, n os transformamos, evolucionamos. Y de aquí proviene la segunda respuesta, el con flicto cumple la fun ció n de hacernos progresar y desarrollarnos. De alguna forma, sin conflicto no h ay interculturalidad p osible porque no hay interacción. Si la interculturalida d parte de la relación como premisa impre scindible f re n te a las limitaciones de u na multiculturalidad que a menudo se queda en lo políticamente correcta o que prefiere ser ciega a las limitaciones d e la met áfora del mosaico, t iene que contar con la conflictividad como u n e spacio de crecimien to y de conocimi ento a part ir del cual sea posible generar la convivencia. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 257 5.2. UN ENFOQUE COM UNICACIONAL DE LA MEDIACI ÓN. Hay que reconoc er que toda e xperiencia lingüís t ica es un saber del mundo y no del lenguaje. ¿No es un encuentro con la realidad lo que articulamos en la comun icación lingüís tica? (…) El hecho de qu e nos movamos en un mundo ling üístic o y nos insertemos en nuestro mund o a tr avés de la e xperiencia ling üístic amen te preform ada no nos priva en absoluto de la posibilida d de crítica. Al con trario , se nos abre la posibilidad de superar nues tras con venciones y todas nuestras experien cias pre - esquematiz adas al cap tar un nuevo ex amen crítico y unas nue vas ex periencias en diálogo co n otros, con los disidentes. Gadamer La p ragmática de la comu nicación humana de Palo Alto centra en la relación comunicativa cualquier con flicto ya que “ no es necesario recurrir a ning una hi pótesis intrapsíquica imp osible de verific ar en ú ltima instancia, y de qu e es posible limitarse a las relaciones observabl es entre entradas y salidas, es to es, a la comu nicación.”, a partir de “ considerar l os síntomas como u na de las múltiples f ormas de ent rada al sistema familiar y no como una exp resión de conflictos intrapsíquicos.” (Watzlawick, Bavelas y Jackson, 2002:44-45 ) Podemos considerar los conflictos culturales com o formas de entrada al sis tema de destino o p aís de recepción, sigui endo con la i dea d e que los conflictos son una forma de entrar en relación. De alguna forma, los conflictos son funcionales p ara las personas que vienen de fuera y para las personas que estaban ya dentro 94 . 94 Como dice Si mmel ( 1964), el conflic to es una d e las princip ales fuerzas positivas en la construcción de Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 258 Asumo los axioma s de la pragmática de la comunicación de Watzl awick, Bavelas y Jackson (2002) como un map a, como una cartografía que me ayuda a sit uarme en el complejo mundo de los pro cesos comunicativos y, en consecuencia, de las relaciones humanas. Este mapa me trae una claridad y un orden que comparto aquí. El primer axioma metaco municacional de la pragmática de la comunicación h umana es la imp osibilidad de no comunicar : no po de mos dej ar de comunic ar en ningún momento, ya qu e todo es comunicación y estamos inevitablemente inmersos en un proceso comunicativo. Tod a conducta es comun icativa aunque n o t engamos la intención de comu nicar nad a: “ toda cond ucta es comunicación , y a no manejamos una unidad-mensaje monof ónico, sino más bien con un conjunto f luido y multifacético de muchos mod os de conducta – verbal, t ona l, postural, contextual, et c.- todos los cuales limitan el significado de los ot ros. Los diversos ele mentos de esta conjunto (considerados como un todo) son suscept ibles de permutaciones mu y variada s y complejas, que v an desde lo congruente hasta lo incongruent e y paradójico .” , (2002:50). Y esto es fundamental en la mediación intercultural, atender a t odo lo que sucede en el proceso, sobre t odo lo que escapa a nuestro entrenado cont rol d e lo verbal. Lo no verbal, la gestualidad y lo corporal , tienen un f uerte c arácter cultural; y aprender a descifrar esos códigos es una tarea del mediador. Aun cuando no consigamos h acernos entender e n lo que queremos comunicar, comunicamos: “ si s e acepta que toda c onducta en una sit uación e interacción tiene un v alor de mensajes , es decir, es comunicación, se deduce que por mucho que un o lo intente, no puede dejar de comunicar. Act ividad o inactividad, palabras o silencio, tienen siempre v alor de mensaje: influyen sobre los demás, quienes, a su vez , no pueden dejar de responder a tales comun icaciones y, por e nde, tam bién com unican, (2002: 50). No existe un turno, existe un continuo, un proceso d onde simultáneamente y a la vez, emisores son receptores y receptores son emisor es, recibiendo e interpretando señales de forma incesante. El p roceso de mediación es un mo do de ‘poner en pau sa’ ese proceso, las re lacion es sociales. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 259 aunque no lo consiga. Centra la atención en lo que está pasando, en cómo está pasando, y en qué cosas les suceden a las personas con eso que está pasando. El segundo axioma hace referen cia a los n iv eles de contenido y a las relaciones de la comunicación. Entiende qu e “ toda comunicación implica un com promiso y, por ende, define la relación. Una comunicación no sólo transmite información sino que, al mismo tiempo, impo ne conductas (…) cualq uier com unicación implica un comp romiso y, po r ende, define el modo en qu e el emisor concibe su relación con el receptor” (2002:52) Yo soy u n Yo determinad o (entre los múltiples yo que p otencialmente soy), f rente a un Tú concreto (entre los múltiples Tú po tenciales que ese Tú puede ser), que al colocarse frente a mí me sitúa (y y o lo sit úo a él), en una determinada relaci ón. En este sentido dice el construccionismo social que somos nuestras relacio nes. Lo que el segu ndo axioma nos en seña es que es posible d iferenciar do s niveles en la comunicación: un aspecto referencial o de contenido d el mensaje; y, u n aspecto conativo o de relación entre los c omunicantes: “ el primero transmite l os “datos” d e la com unicación y el segundo, cómo debe ent enderse d icha comu nica ción .” (20 02: 55). De este mo do, t od a comunicación “ tiene un aspecto de contenido y u n asp ecto relacional tales que el segundo clasifica al primero y es , por ende, una met acomun icación .” , ( 2002: 56). Lo que su cede mu chas veces en los conflicto s culturales , sobre todo cuan do se h an esencializado y engrandecido los aspectos culturalistas, o se ha ido configurando una escalada donde el conflicto interpersonal adqu iere una lectura intergrupal, es que “ (…) las relaciones “enfermas” se caracterizan por una const ante lucha acerca de la natura leza de la relación, mientra s que el aspecto de la comunicación vinc ulad o con el contenido se hace cada vez menos importante . ” (2002 :54). Y así, ap arentemente , tenemos la sen sación de que todo es conflicto, de que n o hay esp ac io de acuerdo, de la que ún ica relación posibles es, ju stamente, la conflictiva. Est e es el momento es que tenemos u n b loqueo y la med iación intercultural se co nvierte en un a h erramienta imprescindible, c asi com o el terapeuta que tiene como función hacer a las partes más consciente de lo que está pasando. La mediación es, entonces, metacomun icació n: “ (…) las instrucciones son de un t ipo lógico s uperior al de los datos; constituyen Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 260 metainformación. (…) La capacidad para met acomun icarse en f orma adecuada constituye no sólo cond ición sine qua non de la comunicación ef icaz, sino que tamb ién está íntimamente vinculada con el complejo problema concerniente a la percepción del self y d el otro.” , ( 2002:55). La hab ilidad metacomunicativa del mediador facilita el camino de la autocon cie ncia y abre la po sibilida d de ver la relación y de modificar la relación en función del movimiento que se produce en la p ersona cuando es conciencia del sit io en el que est á situada y desde el cual mira la relación. Es decir, la mediación ayuda a la persona a mira r la relación desde un sitio (o sitios) dist intos. Es aquí donde más adelante centraré la gran aportación q ue los en foque s comunicacionales que consideran el conflicto como relato, hacen a la mediación intercultural, a partir de las metodologías de las terapias narrativas. El t ercer axioma hace referencia a la puntuación de la secuencia d e hechos: “ Para un observador, una serie de comunicaciones puede entenderse c omo u na secuencia interrumpida de intercambios. Si n embargo, quiene s participan en la interacción siempre introducen lo q ue, siguiendo a Wh orf, ha sido llam ado por Bates osn y Jackson la ‘puntuación de la sec uencia de hechos’.” , (20 02:56). Es decir, las relaciones no se dan en el vacío sino en el con texto de la int eracc ión . Y este cont exto tiene sus reglas del juego: “ en una secuencia prolongada de intercambio, lo s organ ismos participantes – especialmente si se t rata de personas- de hecho puntúan la sec uencia de modo que uno de ellos o el otro tiene iniciativa, predominio, dependencia, etc . Es decir, establecen entre ellos patrones de intercambio.” (2002:57). Est os pat rones de intercamb io o puntuación d e la secuencia d e hecho es fundamental en las relaciones in terétnica s porque en el con texto de esa relación el mediador tendr á que hacer visible lo invisible para poder cont ar con ello. Y en lo in visible están: los contenciosos históricos en los que pu eden est ar inmersas las comunidades culturales de origen de las personas en relación, lo cual sitúa a las p artes en una posición de colonizador-colonizado, de civilizado-salvaje, d e dominante -dominado, etc.; o el sistema sexo -género al que podemos añadir u na transversalid ad cultural que explicaría relaciones de emancipación-sumisión y de modernidad -tradicionalismo; y, por no seguir p onie ndo Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 261 ejemplos, el clásico b ino mio poderoso -empobrecido o explotador -explotado. Y h ay un aspecto más qu e nos muestra este axioma y es que “d esde el punto de vista cultural, compartimos muchas convenciones d e puntuación que, si bien no son ni má s ni me nos precisas que otras versio nes de los mismos hec hos sirve n para reconocer secuencias de interacción comunes e i mportan tes .” (2002 : 57); y en las relaciones multiculturales, no suelen compartirse estas con venciones d e puntuación. Si p ensamos, p or ejemplo, en relaciones c ulturalmente tipificadas (p rofesor-alu mno, profesor-familia, médico- paciente, etc.), nos daremos cuenta d e que “ la falta de acuerdo co n respecto a la manera de pu ntuar la se cuencia de h echos en la cau sa de incon tables co nflictos en las relaciones .” (2002 :58). La habilidad a desarrollar sería la d e entrenar una capacidad de metacomunicar acerca de la f orma en que cada persona pauta la interacción. De hecho, muchos mediadores resuelven malentendidos q ue pueden pasar a ser conflictos más graves, únicamente haciendo explícitas las pautas de in teracción diferentes que tienen las personas en una de terminada relación. El cuarto axioma hace referencia a dos modos básicos de comun icación: la digital y la analógica. Y est os dos tipos de comunicación, como veremo s, t ienen mucho cultural. Dicen Watzlawick, Bavelas y Jackson q ue en la comun icación analógic a “ hay algo particularm ente similar a la cosa en lo que se u tiliza para expresarla. Es más f ácil referir la comunicación a nalógica a la cosa que represe nta .” (2002: 63 ); y qu e est e tip o de comunicación “ t i ene sus raíces en períodos mucho más arcaicos de la ev olución y, por lo tanto, encie rra una validez mucho m ás general que el mod o digital de la comunicación verba l relativamente reciente y mucho más ab st racto . (2002:63). Es una comunicación que se relaciona con la comu nicación no verbal: “ la postura, los gestos, la expresión facial, la inflexión de la voz, la secuencia, el ritmo, la cadencia de las palabra s misma s y cualquier otra m anifestación n o verbal de qu e el org anismo es capaz así como l os indi cadores com unicacionales que inevitablemente aparecen en cualquier contexto en que tiene lugar una interacción.” (20 02:63). Tenemos así una comunicación que hace referencia al contenido, comunicación d igital; y una comunicación que hace re ferencia a todo lo relativo a la relación, comunicación Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 262 analógica, “ los seres humanos se comunican t anto digital como analógicamente. El lengua je digital cuenta con una sintaxis lógica su mamente c ompleta y poderosa pe ro carece de una semánti ca adecuada en el campo de la rel ación, mi entras que el lengua je analógico pos ee la semántica pero no una sintaxis adecuada para la definición de l a naturaleza de la s rela ciones.” (2002 : 68). Como afirman estos aut ores, las personas tenemos que llevar a cabo continuas t raducciones entre uno nivel y otro nivel, lo cual es muy complejo y puede inducir a errore s. Por una p arte , la traducción que h acemos al modo d igital del nivel analógico implica una gran pérd ida de información y es mu y compleja , h ablar de una re lación es algo que exige mucha precisión e información para que la traducción sea mínimamente adecuad a: “La comunicación an alóg ica carece de calificadores para indicar cuál de los d os significados dispares es tá implícito, y tampoco cuenta con i ndicadores q ue permitan establecer una distinción entre pasado, presente o futuro. Desde luego, tales calibradores o indicadores existen en la comunicación digital, pero que falta en ésta es un vocabula rio adecuado para referirse a la relación. (2002 :67). Por eso es t an importante escuch ar, escuchar mu cho, atentamente, y no emitir juicios apresu rados, sin o p ermanecer atentos y preguntar acerca d e lo q ue percibimos antes de dar el siguien te paso. Esta tarea ralentiza el proceso de comunicación, pero es imprescindible. Po sibles combinaciones que pueden surgir en el área de los aspectos de conten ido y relacionales: 1) Los participantes están de acuerdo en el contenido de sus comunicacion es y en la definición de su relación o est án en desacuerdo en el nivel d e contenido y también en el de relación. 2) Están en desacuerdo en contenido y est o no perturba la relación. Quizás ést a sea la forma más madura de man ejar el desacuerdo, se resp etan las d iferen cias y los participantes acuerdan estar en desacuerdo, por así d ecirlo, y seguir en relación. 3) Están d e acu erdo en co ntenido y no en lo relacional. Lo que sucede aquí es q ue la estabilidad de la relación se verá amenazada cuando deje de existir acuerdo o necesidad de acuerdo en el nivel del contenido. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 263 4) Se produce una conf usión entre los dos aspectos y se intenta resolver un problema relacional en el n ivel de con tenido (donde n o existe ); o, p or el contrario, resolver una desavenencia en un desacuerdo ob jetivo de con tenido, con una re ac ción q ue proviene de lo relacional 95 . En defini tiva, “e l fenómeno del desacuerdo ofrece un bu en marco de referencia pa ra estudiar los trastornos d e la comunicación debidos a la confusión entre e l contenido y la relación. El desacuerdo puede sur gir en cua lquiera de los d os niveles, y ambas fo rma s dependen una de la otra. ” , (2002:83). El qu i nto axioma se centra en lo que denomina la interacción simétrica y la int eracc ión complementaria. Este axioma se d eriva de un concep to que Bateson plantea en su obra Naven , el concepto de cismogén esis o proceso de diferenciación en las normas de la con ducta individual resultante d e la int eracc ión acumulativa entre los individ uos: “ Por ejemplo, si u na de las pautas de la conducta cultura l, considerada adecuada p ara el individuo A, está culturalmente conceb ida como pauta de autoridad, en tanto que se espera que B res ponda a ella con lo que cultural mente se c onsidera somentimiento, es probable que tal somentimiento promueva una nuev a conducta au toritaria y que esta última exija u n nuevo s ometimiento. Así, enc ont ramos una situación pot encialmente progresiva (Bateso n, 1990: 176 -177). Lo que cuenta Bat eson sería un ejemp lo de cismogénesis compleme ntaria: “Una relación comp lementaria puede estar es tablecida por el contexto social o c ultural (como e n los caso s de m a dre e hijo, médico y paciente, maestro y alumno), o se r el est ilo idiosincrático de relación de una idea particular. En cualquiera de los dos casos, es importante destacar el caráct er de mutuo encaje de l a relación en la que ambas c ondu ctas, disímiles per o interrelacionadas, tien den cada una a favorecer a la otra. Ninguno de los participantes impone al otro una relació n complementaria , sino que cada u no de ellos se comporta de una manera que presupone la conducta del otro, al tiempo que ofrece motivos para ella: su s definiciones de la relación encajan.” , (2002:70). Tod os los int ercambios comunicativos son 95 (…) todas aquellas situacion es en las que una persona se ve obligada de un modo u otro a dud ar de sus propias per cepciones en el nivel del contenido , a fin de no poner en peligro u na re lación vital con otra persona. E sto lleva a pautas de comun icación parad ójicas. (Watzlawick, Ba velas y Jackson, 2002: 82) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 264 simétricos o compleme ntarios según se basen en la igualdad o en la difere ncia. Cuando Bateson dice que ninguno d e los p articipantes impone al ot ro una rel ación, hace referencia a que no es el sujeto el que comunica, sino que el sujeto lo q ue hace es participar en un p roceso de comunicación ; es decir, “ la comunicación c omo sistema no debe entenderse sobre la base de un simple modelo de acción y reacción, por compleja que sea su formulación. Como sistema, debe entenderse a un nivel t ransa ccional.” , (2002:71). Se en tiende entonces que las posiciones de los individuos (complementarias o simétricas) son variables que tienen infinitos v alores y cuyo significado se obtiene únicamente en función de la relación recíp ro ca. Las imp licaciones q ue tiene este axioma en las relacion es in terculturales son muc has, nu evamen te, y complejas. Desde el desconocimiento que puede darse entre las partes acerca de la posición o las va riables que se están poniendo en juego, lo cual hace que el proceso de comunicación no se comporte conforme a la transaccionalidad esperada; hasta el comportamiento condicionado a una determinada comp lementari edad en función de lo que la persona (autóctona e inmigrante) consid eren que se espera. Hay que tener en cuenta que los cinco axiomas se producen de forma simu lt ánea y co njunta en la realidad e interactúan entre ellos. La complejid ad de matices o la con fusión que generan t antos aspectos en juego, pueden ser percibidos en los relatos q ue h acen las personas sob re los conflictos. Mi propuesta es construir una propuesta qu e se b ase fundamentalmente en un enfoque comunicacional p ero donde converjan las apo rtaciones de modelos como el multifactorial y d e incidentes críticos, desde una conceptualización transformadora del conflicto. Este espacio h íbrido puede pr opiciar un territorio d onde la in vestigació n biográfico-narrativa se convierta en un aliado que puede hacer crecer su po tencia l transformador. Como de cía al inicio d e este capítulo , parto de un concepto de comunicación q ue incluye t odos los pro cesos a través de los cuales las personas se influyen mutuamente. S e entiende q ue la comunicación es la matriz en la q ue se encajan todas las actividades humanas: la conducta es comunicación; es un proceso permanente y mul tidimensional, u n todo integrado, in compre nsible sin el con texto en Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 265 el que tiene lugar. D e esta premisa se siguen las siguientes afirmaciones basadas en los axiomas de la comunicación que acabamos de revisar y que, en síntesis, nos dicen que: - La esencia de la comunicación reside en procesos de relación e interacción. - Toda conducta es comunic ación por lo q ue todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo: es imposible no comunicar. - La comunicación es u n proceso social perm ane nte q ue integra múltiples modos de comportamiento: la palabra, el gesto, la mirada, el espacio interindividual, etc. - La comunicación p uede no ser más que la int erpretación sub jetiva q ue cada persona hace d e las “manif estaciones” de otra persona (vestido, cara, gestos, movimiento, miradas, etc.). - No existe un emisor y un receptor, ambos actúan como tales de forma simultánea , aunque la interpretación que realiza cada uno p ertenece a un particul ar c ód igo de valores. - Cada p ersona realiza una adaptación particula r del código “social” según su experiencia personal. - La comunicación tiene dos aspectos: de contenido y de relació n. - La naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los comunicantes. - Todos los intercambios c omunicacionales son sim étricos o comp lementari os, según se basen en la igualdad o en la diferencia. Teniendo estas ideas básicas presentes, vamos a p artir de una defin ición d e con flicto como “ un acontecimiento comunicacional c on la s reglas de la i nteracción enclavadas cultural y contextualmente. Estas reglas det ermina rán qué tipos de acontecimientos se convierten en conflictos, de qué modo l a relación entre los disputantes modifica las tácticas y estrategias d el c onflicto, y c ómo influyen en la conducta de c onflicto los factores culturales más amplios .” (Jones y Brinkman , 1997:230). Los mo delos de mediación que manejamos (transformador, multif actorial, incidentes crítico y circular narrativo), tien en una perspectiva sistém ica 96 qu e sitúa el foco d e análisis y de 96 Respecto al principio d e tota lidad de los sistemas ab iertos: “ un sis tema es un conjun to de obje tos así como de relaciones entre los objetos y entre sus atributo s, en el que los objeto s son lo s componentes o partes del sistema, los atribu tos son las propied ades de los obje tos y las relaciones mantie nen unido a l Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 272 culturales, los textos civil izatorios,… En las n arraciones de los conflictos tienen un peso específico los guiones de vida que las personas han construido sobre sus p ropias trayectorias biográficas; algunos autores hablan de fuerza contextual para señ alar la relación existente entre el sistema narrativo y la historia en construcción. La posibilidad de q ue la persona pueda contarse a sí misma d e formas d istintas a las habituales en función de su guión de vid a, tiene, desde luego, fuerte implicaciones para su i dentidad y, también, pa ra el pr opio p roceso d e medi ación. La mediaci ón puede a poyar, desde este enfoque , una co-construcción identitaria al t ernativa con respecto a identificaciones an teriores (en las cuales se enreda su narración del conflicto) para que ésta p ermane zca prag máticamente ab ierta con respecto a la relación conflictual. En c uanto al segundo pun t o, la coherencia entre los sistem as narrativos de las personas implicadas, dice Cobb que los conflictos so n el producto de la coh erencia internarrativa (1997:91). Es decir, el conflicto como narración s e construye con juntamente a p artir de la interacción d e los disputantes: “ en la interacción, los relatos se desarrollan, modific an y cuestionan interactivamente entre los disputantes, a medida que cada uno de ellos elabora porciones de su prop ia historia del conflict o y de la que presenta el otro. ” (Cobb , 199 7:91) La internarratividad en los conflictos culturales se basa, en gran med ida, en la idea d el Otro , en prejuicios, estereotipos y conte nciosos históricos que actúan como un telón de f ondo n arrativ o que in ci de en una producción de significados est ática, e nferma, cosificadora. Es importante se ñalar qu e la coherencia nunca es total en ningun o de los dos casos mencionados, sino que podemos hablar de grados de coherencia mayores o menores en función del segundo rasgo veremos a continuación: el cierre narrativo . D esde nuestro punto d e vista, la int erculturalidad y, en gran med ida, la mediación intercultural se puede entender como u na intervención en pre ve nción d e conflictos ya que, como dice Geertz (1997 ) en cua nto a la finalidad de antropología y q ue nos parece perfectamente a plicable en est e c aso, de lo que se trata es de am pliar e l discurso humano. La intercultu ralida d es un antídoto contra el etnocentrismo o, lo que es lo mismo , cont ra una coheren cia (inter)narrativa que nos esclaviza, q ue coloniza Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 273 nuestras narra cio nes 99 y qu e nos convierte, asimismo, en colon iza dores, situ ándono s en una relaciones desiguales donde el Otro si empre habita en los márgen es de nuestra comprensión. 2) El cierre n arrativo . Con este concepto se hace referencia a “ los procesos autopoiéticos y auto generativos a través de los cuales las narraciones se cierran a interpretaciones alternativ as. ” (Cobb, 1997:92) Desde un a persp ec tiva sistémica, la idea es q ue las narraciones tienden a mantenerse estables, existe en ellas una resistencia al camb io. En las narraciones del conflicto esto sucede continuamente, ya que las p osibles fisuras en los relatos que pudieran dar paso a interpretaciones alternativas, se van cerrando con nuevos relatos (subtramas) que explican e intentan sostener, de alguna manera, el edificio narrativo po r sus zonas más inesta bles. Gergen dice, recogiendo las aportaciones de Bajtín (1981), que existen “ dos tendencias principa les en las pautas lingüísticas de una cultura: una cent rípeta (que se mueve hacia una centralización o unificación del significado) y la otra centrífu ga (descentrando e inquietando la unidad exist ente) .” (2010:327). Y esto es lo que su ced e en los sis temas, qu e responden a dos f uerzas, una con servadora y otra transformadora (retroalimentación positiva y n egativa en lenguaje d e Watzlawick). Justamente la tarea del mediador será la inq uietar la unidad exis tente abriendo los relatos de los disputantes. Los textos civilizat orios, las historias nacionales, los relatos familiares, las historias personales, todos t ienen un cierto grado de estabilidad y de consumación. Por eso dice Cobb q ue el cierre narrativo v aría en función de d os importantes aspectos: la completud narrativa y la resonancia cult ural (1997:95). En las relaciones etnoculturales, las narraciones qu e se insertan en l as tr amas tejid as con los mitos culturales dominantes tienen más p roba bilidad de c olonizar, de prevalecer, de 99 Un aspecto que nos par ece muy sugerente d e la propuest a del modelo circular narrativo es su id ea de que en los procesos de m ediación existen relato s q ue colon izan otros relatos: al examinar la construcción y la tra nsformac ión de las “ posiciones” d el di scurso en la m ediación h an detectado que el primer di scurso que s e pre senta en el proce so “coloniza ” los siguient es relatos (Cob b, 1997:8 4). E sta idea es muy p otente a la h ora de analizar los conflictos cu lturales. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 274 aparecer como más coherentes con textualment e y más “completas”, sien do mucho mayor su estabilidad como narraciones. En las narraciones d el conflicto, aquéllas menos coherentes e inestables serán las que ten gan más probabilidades de ser excluidas o no servir como base a las p osible s negociaciones. Si pensamos en los conflictos culturales, estas afirmaciones cobran t odo el sentido, pongamos como ejemplo el discurso de una familia inmigrante en un conflicto escolar frente al d isc urs o institucional del centro educativo encarnado en el maestro o la maestra. El espacio de la in terculturalidad y de la n egociación debe ser, por t anto, el espacio de la ap ertura, de la inquietud, de la ruptura y de las narraciones alternativas. Una estrategia qu e se desarrolla en la p rác tica de la t erapia narrativa y que nos parece muy útil en su ap licación en la mediación intercultural con un enfoque narrativo es la externalización del problema. La externalización “ es un abordaje terapéut ico que insta a las personas a cosificar y, a veces, a personificar, los problemas que las oprimen. En este proceso, el prob lema se convierte en una en tidad sepa rada, ext erna por ta nto a la persona o a la relación a la que se atribuía. Los problemas considerados inherentes y las cualidades relativamente fijas que se atribuyen a personas o relaciones se hacen así menos constantes y rest rictivos. ” (White y Epston, 1993:53) Se entiende que es la relación con el p roblema lo que resulta conflicti vo en sí mismo, el pod er llevar a cabo la externalización por medio de prácticas na rrativas ausp icia das hábi lmen te p or el mediador, posibilita y favorece q ue puedan co -crearse nuevas narrativas y q ue se co - genere la atribución de nuevos significados: la mediación que utiliz a la ext ernaliz ació n facilita, por tanto, la reescritura de las relacio n es y de las identi dades. La t écnica fundamental para llevar a cabo el proceso de extern alizació n es la pregunta y la identificación de acontecimientos extra ordinarios . El mediador debe ser un experto e n hacer las preguntas adecuadas para generar inestabilidad en las n arraciones y posibilitar las t ransform aciones, así como u n rastreador de situaciones o evento s dentro los relatos de los disputantes que incumplan las reglas d e la interdependencia narrativa. Son muchos los tipos d e preguntas que pueden llevarse a cab o en el pro ces o de mediación (Munera, 20 06:99 -105): circulares, presuposicionale s, centradas en la excepción, por la escalada, conversacionales, etc. La propuest a que desarrollan White Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 275 y Ep ston nos p arece muy relevante en el caso de l os con flictos culturales tal y como los hemos d escrito. Sostienen que “c uand o las personas aprenden a sep ararse de sus prob lemas, pueden llega r a desafiar otras práctic as, de origen cultural, que ‘c osifican ’ y conv ierten en ‘objetos’ a las personas y a sus cuerpo s. (…) Estas prácticas de cosificación están muy extendida s en las soc iedad es occidentales .” (1993:78) Es justamente éste uno s de los ob jetivos que se p ropone la mediación intercultural al movilizar las identificaciones fijas, los cierres nar rativos y la coherencia de unos relatos fijos e inmutables que nos prohíben llevar a cabo todo nu estro p otencial como personas, tanto a nivel interno, como en nuestr as relacion es. Desde esta p erspectiva, defendemos una pr áctica persuasiva y contra -hegemónica de la mediación intercultural a partir d e un enfoque narrativo que propicie el reconocimiento de una multiplicidad de inteligibilidades, ya que, como afirma Gergen: “ lo que se precisa es una atención creativ a a los med ios a través de los cuales las personas puedan inexcusablemen te compartir el carácter multirrelacion al de su existencia social .” (2010:349). 3) La i nterdependencia . Las narracion es del conflicto funcionan como “teorías de la responsabilidad” donde se cre a un discurso positivo de la persona como víctima y otro discurso negativo del op onente como culpable, todo ello de ntro de una apariencia de racionalidad que justifica las relaciones 100 . El análisis d e los relatos del conflic to muestra qu e se suele en caer en una especie de círculo vicioso dond e al reproche sigue la excusa y a la acu sación la negación 101 . La int ervención del mediador persigue crear una n ueva interdependencia es casi como la de u n terapeuta narrativo que intenta modificar las pautas de la intera cción a partir de las modi ficaciones en las narra cione s (Cobb, 1997: 97). En los conflictos culturales, esta interdependencia d e los re latos da 100 E n cu ant o a las reglas de re lación en los sis temas: “( …) en tod a comun icación lo s participantes se ofrecen entre sí d efiniciones d e su relac ión o, para decirlo d e modo más riguroso, cada un o trata de determinar la n aturaleza de la relac ión. (…) c ada u no de ellos r espon de con su propia definición de la relación, que pued e c onfirmar, rec hazar o modificar la de l otro.” (Watzlawick, Bavelas y Jackson, 2002:128- 129) 101 En cuanto a la causalidad circular de los sistemas abierto s: “ Desde el ad venimiento de la cibernétic a y el “d escubrimiento· de la retroalimentación , se ha co mprobado q ue la relación circular altam ente complej a constituye un fenóm eno muy distinto de las nocion es causales más sim ples y ortodoxas, p ero no men os c ientífico. La retroalime ntación y la circularida d (…) constituyen el mode lo c ausal adec uado para una t eoría de los sistemas interacc ionales”. (Watzlawick, Bavela s y Jackson, 2002:12 3) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 276 lugar a po sicio nes discursivas d el tipo Nosotros/Ellos , o a narraciones d e la persona inmigrante como delincuente , o relatos del p adre colonizador frente al h ijo/salvaj e colonizado, etc. “ El hecho de que ‘uno pueda co ntar su historia’ no es ninguna garantía contra la marginalización o el dominio. (…) la d ominación y la marginalización están en función de la medida en que las personas puedan autod efinirse en el discurso y (…) en la medida en que es as autodefiniciones son elaboradas por los otros. ” (Cobb, 1997:98) La clave es mod ificar la organización de la interacción entre los p articip antes, ya que según el p rincipio de equifinalidad aplicable a la comun icación humana como sistema abierto, más que las condiciones iniciales, lo imp ortante es la organización de la interacción. (Watzlawick, Bavelas y Jack son, 2002:124) Hay un asp ecto que se ha dejado entrever en todo lo a nterior y que hace referencia al papel que toma el mediador en el pro ceso de med iación dentro del modelo circula r narrativo y q ue debemos clarificar. Como dije anteriormente, uno de los aspectos qu e se suelen exigir al mediador dentro d e u n enfoqu e d e la m ediación más tradicional, es el de la neutralidad. Sin embargo, el p apel que detenta el mediador en un planteamiento como el exp uesto es claramente p rotagonista. Si se t rata de p reservar las con diciones de igual dad a la hora de construir el relato d el acue rdo, el mediador debe garantizar de alguna manera q ue ambas partes, con independencia de la mayor o menor coherencia narrativas d e su s relatos, tenga la oportunidad de construir el acuerdo sin quedar “colonizado” su relato p or el q ue t enga una mayor est abi lidad y resonancia cultural (es decir, por el relato hegemónico): “ la perspectiva narrativa en la mediación implica que los mediadores necesitan regular la const rucción de las histori as con respec to a la c oherencia narrativa; est e mandato desafía l a distin ció n tradicional entre el proceso de mediación y el contenido de la disputa: para regular el proceso, los mediadores deben manejar la construcción del c ontenido .” ( Cobb, 1997:100) Es decir, los med iadores son co-creadores del relato. Se da aquí u na coincid encia con los posicionamientos de las terap ias postmodernas que t ambién plantean la relación terapéutica y la co-creación como los elementos c laves en la terapia. En sínt esis, apoy o un p la nteamien to sistémic o , complejo y t r ansf ormador a la ho r a de apr o ximarme al conce pto de conflicto . T oda conducta (no sólo la verbal) es Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 277 comunic ación y toda co municación (no sólo la verbal) af ecta la co nducta (W atzlaw ick, Ba velas y Jack son, 20 02: 24). Desde est a pr emisa básica, ent endemos que el c o nflict o es “ una realidad crea da so cialment e y manejad a comun icacionalmen te, que surge en un det erminado con te xto y que afecta al significa do y a la c onducta , siendo a su vez af ectado por esa realidad (Folger y Jones, 19 97:14). Est a defi nición, también básica, de con flicto nos tr ae l a idea de la causali dad de tipo circ ular y no lineal pr o pia de los sist emas ab iertos que hemos desarr ollado en el Cap ítulo 1. La idea básic a es qu e las conduct as in fluy en en las personas in mer sas en el proceso comunic ativ o porque par a est as personas esas conductas tiene un significa d o (o varios), siendo est e significad o creado y r ecr eado c ontinuament e en l a in teracc ión social (Fo lg er y Jones, 19 97:15). Es decir , n o exis te un significado inheren te a la conducta, sino que és te sie mpre es una cons trucción fruto de la inter acción, es t r ansaccional. Ocurr e que “ (…) los individuo s de una comunidad son normaliza dos por su cultu ra; mient ras que las caracterís ticas predominan tes de una cultura, a quellas que se pueden reconocer una y ot ra vez en sus más diversos co n te xtos, son una e xpresión de est a no rmaliz ación. Es ta h ipótesis es, en cierto sen tido , circula r; se supo ne que las c aracterís ti cas predominan tes de la cultura no solamente ex presan, sino que también promueven, la normaliz a ción de los individuo s” . (1990:50 - 51). La visión q ue propon go es sistémica, d inámica y con u na lógica circular. No me planteo el origen sin o la funcionalidad d el c onflicto (B ateson, 19 76; Watzlawick, B avelas y Jackson, 2002; Selvin i Palazzoli, 1996; Fiorenza y Nardon e, 2004); más que preguntarme por las causas, aquello que origina el conf licto (visión lineal, est ática), opto por una enfoque dinámico que se p regu nt a por la funcionalidad del mismo. Las preguntas que emergen desd e este enfoque, se cuestionan el cómo, el para qué, el cuándo y el dónde. Saber el por qué no es garantía de p oder intervenir; es más, t al y como se sostiene en T erapia Gestalt (P eñarrubia, 20 08; Naranjo, 2009, 20 07, 2004; Polster y Polster, 2005; Perls, 2008, 2007; Yontef, 2009) , puede hacernos caer en un círculo interminable donde acabemos agotados en el mismo sitio después d e h abe r preguntado y contestado un por qué detrás d e otro: “ Al asumir est a perspectiva se realiza el paso d el estudio del por qué al estudio de cómo funcion a : es decir, de c ómo Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 278 un problema persiste y, por lo ta nto, al cómo puede resolverse rompiendo las secuencias que lo hacen persistir ” (Fiorenza y Nardone, 20 04:30). Es p asar de una causalidad lineal a una cau salidad circular: “ Una vez desencadenado est e proceso circular, no existe ya un comienzo o un fin, sino sólo un sistema de influjo recíproco entre variables. De aquí brota l a exigencia de es tudiar el fenómeno en s u g lo balidad, teniendo siempre presen te que toda variable se expresa en función de su relación con las otras variab les y el con texto de la situación .” ( Nardone y Watzlawick, 1992: 59). Esta orientación tran sfo rmadora q ue ve el conflicto como un a oportunidad p ara el crecimiento y el cambio conviert e el proceso de med iación y a la propia f igura d el mediador en una esp eci e d e t erapeuta que f acil ita la transformación. Las historia de vida de los mediadores nos mu estran cómo ellos han llevado a cab o un proceso de crecimiento a n ivel identitario tomando casi siempre como eje los conflictos q ue han ido encontran do en su camin o de adaptación, desde esta perspectiva su experiencia vital es un ejemplo, un espejo en el podemos mirarnos a nosotros mismos. 5.3. COMUNICAC IÓN INTER CUL T URAL. Estamos en c omun icación constante y, sin embargo, somos casi por c ompleto incapaces de com unicarno s acerca de la comunicación . Watzlawick, Bavelas y Jack son Esta última p arte del capítulo la quiero dedicar a la comunicaci ón intercultural y la competencia intercultur al. Los espacios de comunicación int ercult ural “son espacios en Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 279 los que las culturas se encuentran y crean nuevas culturas e identidades. Los est ado s en los que estos es pacios pueden enco ntrarse p ueden situarse en u n c ontinuo que va desde un estado de coexistencia cultural ha sta un estado de t ran sculturalidad hibrid izada.” (Lie, 2009 : 48). Algunas de las dificultades que se pro ducen en los pro cesos de la comunica ción intercultural pueden ser las siguientes (Ramos, 2011): 1) Las perso nas proceden de entornos culturales y lingüísticos d iferent es, no tienen un código común a la hora de interpretar los mensajes (explícito - i mplícito) y esto se traduce en malentendidos y errores. 2) Los problemas de comunicación no se p roducen exclusivamente p orque no se conozca un idioma, sino que se pueden pro ducir por la parte no ve rbal que es tá presente en todo proceso de comunicación . 3) Las dif icultades también pu ede n deb erse a los dif erentes estilos de comu nicación. Generalmente se d ifere ncia entre un estilo comunicativo directo y otro ind irecto. En las culturas con un e stilo de com unicación indirecto n o se tratan los temas directamente, sino que se dan rodeos p ara abordar una cues t ión, incluso se pu ede utilizar u n len guaje metafórico o lo simbólico; la comunicación ni verbal es muy importante. Cuando entran en contacto dos h ablantes con est ilos comunicativo s diferentes, pueden prod ucirse malentendidos que impiden que las partes ve an cumplida s sus ex pectativas respecto a l con tacto” (Ramos, 2011 : 71); por ejemplo, si la persona que h abla tiene un estilo indirecto, la persona que escuch a de estilo directo puede creer que al no hacer referencia al tema, al no hablar de él, es q ue no es tá interesada, y esto pu ede provocarle un cierto enfado o malestar; por el contrario, si la que hab la es una persona con un estilo d irecto y sin tapujos, la persona qu e escucha de estilo indirecto, puede sentirse intimida da, agredida o violentada. 4) Con respecto al contexto donde se desarroll a el proceso de comunicación: hay culturas con alto conte xto de comunicación (el entorno ofrece gran cantidad d e información y esto resta importancia al mensaje explícito ), adquiere una importancia capital todo lo n o verbal (la gesticulación, los silencios y las pausas); y culturas de bajo contexto de comunicación, sin embargo, l os mensajes deben ser lo m ás preciso y Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 280 detallado posib le. Cuando entran en contacto personas con cont ex tos de comunicación muy d i ferentes , “ se pueden producir conflictos derivados de errores en la decodificación de la info rmación incluida en el mensaje y en el ent orno . Es tos errores tienen el potencial de generar emociones y reacciones a dversas — tales c omo frustración y ansied ad — en los interlocutores. Est e tipo de reacciones pu ede incidir en la formación y el ma ntenimiento de prejuicios y estereotipos respec to al individuo de otra cultura, influyendo de manera directa en l a relación entre las partes.” (Ramos, 2011: 72). Desde la perspectiva de l a enseñanza de las segundas len guas, se conceptualizan dos enfoques metodológicos y dos etapas en la adquisición de la compet encia int ercultural (Níkleva, 2011:8). Por una parte, el enfoque de la s destrezas sociales, que se basa en la competencia p ragmática y usa técnicas de asimilación cu ltural. Es un enfoqu e que se centra en la cu ltura meta y da mucha importancia a t odo lo relativo a la comu nicaci ón no verbal. Po r ot ra p art e, el enfoqu e holístico que sobre todo in cide en los as pectos afectivos y emocionales, poniendo en énfasis en las dos culturas en contacto. Los dos enfoque “ coinciden en la importancia que le otorg an a la c ompetencia intercultural y en distinguir en ella tres dimensiones comunes: afec tiva, cognitiva y comun ica tiv a .” (Níkleva, 2011 :8). Po r su part e, desde esta misma perspectiva, el Instituto Cervantes (2009), observa tres etapas en la adquisición de la competen cia intercultural. El primer nivel es mo nocultural en la que la persona interpreta la otra cultura desd e los patrones y esquem a de la cultura propia. El segundo n ivel es intercultural, la persona es capaz de p osicionarse d e forma intermedia y llevar a cabo una comp aración en tre las dos culturas, propia y ajena- meta. El tercer nivel es t ranscultural, “ el alumno es capaz de funcionar como medi ador entre ambas culturas gracias a la distancia alcanzada respecto a las dos culturas en contacto.” (Níkleva , 2011:8-9; 2012: 172). Lie (2009), por su parte, realiza una revisión del campo de estudios de la comunicación intercultural, plan teando q ue está estrechamente relacionada con la construcción y el funcionamiento de la identidad cultural . Distingue tres puntos de vista sobre la identidad cu ltural desde esta perspectiva: en primer lugar, la perspect iv a estructuralista/funcionalista/modernista y marxista; en segundo lugar, la perspectiva Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 281 interaccionista/interpretativa; y en tercer lu gar, la p erspectiva d e los est udios culturales/postmodernista. La primera enfatiza los factores estructurales q ue influyen en la construcción de las identidades: la identidad cultural es una identidad social y comunitaria. Aquí est arí an los fun cionalistas (Durkheim, Parsons, Malinowski) y los marxistas (Marx, Alt husser y Gramsci). La segu nd a sostiene que las identidades se construyen en u n pro ce so de negociación e interpretación en el c ual interviene n las personas de una forma activa al con figurar sus propias visiones del mundo (G. H. Mead, H. Blumer, E. Goffman, C. Geetz ). La terce ra es una perspectiva p ostmoderna y tiene distintas líneas d e trabajo. 1) los estudios de género, la t eoría queer, la ciberidentidad, la sociología del cuerpo. 2) los estud i os sobre la fragmentación d e las identidades entre lo global y lo local, y los efecto s d e la tecnologías de la información y la comu nicación, y el consumismo. Esta tercera persp ectiva se centra en los p rocesos de hibridación. Desde otra perspectiva, V an D ijk, sostiene que existen actu almen te t res corrientes teóricas en relación al disc urso intercultural (2000: 232): 1) La corrien te de comunicación cultural . D eriva del modelo de etnografía del habla (EH) de Dell Hymes y t iene su o rigen en la antropología y la lingüística. Destacan la importancia de estudiar el len guaje cuyas reglas y n ormas son p arte integral d e la cultura más amp lia. Hymes recomienda la obs ervación participante para comprender los diferentes “modos de h abla”. Y nos llama la aten ción sobre el carácter ético (generalizaciones t ransculturales) y émico (esp ecífico de una cul tura) de los fenómenos discursivos. El mo delo de comunicación cultura (C C) es u n desarro llo natural del enfo que EH q ue se ut i liza para re ferirse al p apel de las formas del discurs o (habla, silencio, hechos de h abla, rituales orale s, et c.) en relación con las concepciones culturales más amplias de la identidad personal/soc ial y la pertenencia a la comunidad. El objetivo de CC es responder a las siguientes preguntas: de qué modo la comunicación refleja y crea la identidad del grupo de pertenencia; cómo se refuerza la pertenencia al grupo p or medio del d iscurso interpersonal; cóm o resu elve la comunicación las cuestiones relativas a la identidad p ersonal y comunal en situaciones Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 288 satisfactoriamente cuando existe un a actitud abierta al camb io cultural, el cual se entiende y se acepta como algo natural, aunque a veces pueda ser incóm odo; pero, en cualquier caso, el cambio cultural se d ebe percibir algo inevitable y no necesariamente doloroso. 9) La práctica de la comunicación interc ultura l c omo ejercic io de crecimien to y desarro llo pers onal. La p ersona int eresada en ten er competencia comunicativa intercultural se encuentra en una situación de mejorar su calidad humana como persona, p orque ensancha su ho rizonte cu l tural y la cap acita para relacionarse satisfactoriamente con d iferentes gru pos cult urales. Tamb ién le ofrece la posibilidad de ser más creativa y experimentar a part ir de la cultura prop ia, desarrollando la capacidad de r e-creación. La interculturalidad es comu nicación in tercultural, ent endiendo qu e la comun icación intercultural puede considerarse como el grado de vida compartido por agentes de comunidades culturales distintas. Se p odría decir, por tanto, que la intercultu ralidad se produce cuando un grupo comienza a conocer, reconocer, comprender, aceptar y facilitar la expresión de los sentidos que t ienen las cosas para otro grupo cu ltural. El mero contacto puntua l, anecdótico, quizás no pueda ser considerado como comunicación i ntercultural o, en to do caso, pued e serlo a un nivel m uy superficial. Se produce sólo cuando uno d e los grup os, o ambos, comienzan a asumir/compartir los significados del Otro . Y esta comunicación será más prof unda cuanto más aspectos significativos se conozcan del Otro , d e allí que digamos que la comunicación intercultural es el grado de vida compartido. Una actitud comprensiva o de genuino interés p or comprender la cultura d el Otro debería proporcionar unas p autas de eficiencia para mejorar las hab ilidades en las sit uaciones interculturales o multiculturales. En est e sent ido, los objetivos básicos de la comunicación in tercultura l serían: 1) T ratar de establecer los fundamentos del int ercambio intercultural, u n d iálogo intercultural para co nocer a los Otros. Generalmente, la rep resen tación que tenemos de los Otros (med ios de comunicación, imaginario social,...) es de exclusión y marginación. Es una representación q ue responde a la image n de una mayoría, por l o Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 289 tanto, estará consensuada y acept ada (hegemónica). En función de todo lo expuest o en el capítulo, debemos ser conscientes de que el d iálogo con los Otros t iene que ser un diálogo crítico y autocrítico, que comie nce por (auto)cuestionamiento. 2) Int entar elim inar o al men os explicitar y susp en der, los estereotipos negativos q ue cada cultu ra pro duce de otras; est o significa romper con la prác tica de c rear a la persona étnicamente dif erente inhumanizada. El objetivo intercultural por excelencia es la necesidad d e ll evar a c abo un cambio en las mentalidades en el sentido de reestructurar los esquemas que desde el aut om atismo no s sitúan en las relaciones sin posibilidad de transformarlas y tran s formarnos. Junto a este objetivo, el de confirmar a los Otro, humanizando las relaciones. 3) Apostar por prácticas simétricas, a partir d e u na posición de igualdad . No d ebemos ser ni ignorantes ni ilusos a la hora d e calibrar la realidad de desigualdad de poder que nos rodea. Partiendo de esta consideración de la política o la economía a nivel mundial, n o debemos dejarnos llevar por el p aternalismo, el victimismo o el voluntarismo, po rque ninguna de est as actitudes es aceptable para la consecución de unas condiciones asumibles para la negociación y la comunicación intercul turales. 4) Relat ivizar la cultura pr opia, comprender valores alternativos e, incluso, llegar a aceptar estos otros valores. El obje tivo es ir adquiriendo un a identidad intercu l tural (mente multicultural, identidad compleja,...), que nos permita reconocer q ue los valores de nuestra cultura no son los únicos, sin o sólo acaso preferibles por nosotros; sin olvidar que otras culturas tienen también valores y con tenidos válidos, a ceptables y preferibles por ello s. Todas las cul turas son ig ualmente válidas y todas aspiran a ser universales. 5) Los contacto s entre culturas han sido du rante mucho tiempo un esp acio de confrontación. El o bjetiv o es convert ir este espacio es un lugar para la negociación y la cooperación. La comunicación intercultural es indispensab l e para poder llevar a cabo la mediación intercultural Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 290 La búsqueda d e la eficacia in tercultural conduce a crear una determinada competencia comunicativa: poder sentirse competente para comunicarse con los miembros d e otra cultura . Si tuviera que resumir al máximo las competencias que considero b ásicas para adquiri r la competen cia intercultural intercultural, me remitiría a las tres actitudes básica que C. Rogers plantea ba para la comunicación: autenticidad (ser un o mismo, sin máscaras, sin roles impuestos. Cuando una comunicación no es p roducto del fin gimi ento, produce satisfacción en mí y en e l o tro); em patía (saber e ntrar e n el mundo del otro, ponerse en su lugar, comprenderlo sin evaluarlo y sin etiquetarlo, conectar); y, respeto (mirar al otro con sin ceridad y sin p rejuicios, desde un a acogi da incondicional q ue se refleja en gestos y miradas). La intercu lturalidad es ho spitalidad y es con fianza. La confianza en la p osibilidad del e ncuentro. Como dice Gadamer: “ El no oír y el oír mal se producen por un motivo que reside en uno mis mo. Sólo no oye, o e n su caso oye mal, aquel que permanentem ente se escucha a sí mismo , aquel c uyo oído est á, por así decir, tan lleno de aliento que constantemente se infunde a sí mismo al seguir sus impulsos e intereses, que no es capaz de oír al otro. Este es, en m ayor o menor grado, y lo subrayo, el rasgo es encial de to dos nosotros. El hacerse capaz de entrar en diálogo a pesar de todo es, a mi juicio, la verd adera human idad del hombre.” (19 94: 209) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 291 PARTE III DISEÑO, ME TODOLO GÍA Y TRABA JO DE CAMPO. Capítulo 6 Narrativas biográficas. U na propuesta metodológ ica. Capítulo 7 Análisis de datos. Una propuesta fenome nológico -hermenéutica. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 292 CAPÍTULO 6. NARRATIVAS BIOGRÁFICAS: UNA PROPU ESTA METODOLÓGICA. 6.1. MET ODO L OGÍA: DESCR IPCIÓN DE LA PROP UE S T A . 6.2. EL TEMA: LAS PREG UNT AS FE NOM ENOL ÓGICAS. 6.3. L OS O TROS: LA SELE CCIÓ N DE LAS PER SONAS A UT ORAS DE L OS RELA T OS. 6.4. REC OGID A DE D A T OS. 6.5. TÉCNIC AS BIOGRÁFICAS. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 293 INTRODUCCIÓN La escalinata entra en el río, el fuego entra en el río, el hombre entra en el río, y el ser del río entra en su ser, y en plenitud es ya ser con el Ser. ¿Dónde están los pun tos cardinales? sin peso ni ingra videz, sin accidente, sin línea que delimite agua y cielo, en el todo irradia nte, la vida pierde los bord es y esa calma de muerte indica gloriosa metamorfosis. C . JANÉS Comienz o la in tr oducció n de este capítulo q ue abre la te rcer a part e, con la concienci a de que “ la in vestigación cualitativa en ca si todas sus formas (obser vación, participación , entre vist as, etnog rafía) funciona c omo una met áfo ra del co nocimiento , el poder y la verdad coloniales . ” (Denz in y Lin colm, 2012: 43 ). La activid ad científica , como la liter atur a o la pintur a (Said, 2002, 1996 ) son actividades políticas q ue gener an repr ese n taciones del Otr o. Y esta conciencia de partida quier o que se sitúe al inicio como una adverte ncia que i lustr e mi deseo no es con tribuir a que es to se repr oduz ca, y ser capaz de plantea un uso y u na concepción de la metodología como espacio par a la con ver sación crítica (Denzin y Lincolm, 20 12: 47); también conscien te d e los riesgos que asumo 102 . 102 “ La inves tigación cualitativa resulta so spechosa (…) las epist emologías de las teorías críticas de los racial, de las teorías q ueer , p oscoloniales, feminist as y posmode rnas se vu elven inútiles bajo la Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 294 P ar a est os autor es, lo “ cualitativ o” implic a “ un énfasis en las c ualid ades de los ent es y en los procesos y significad os que no pueden e x a minarse o medirse ex perimen talment e (si es que pueden medirse en absolut o) en función de la can tidad, número, intensida d o frecuencia. Las in v esti gacion es c ualit ativas subrayan la n atura lez a socialmente cons t ruid a de la realida d, la relac ión ín tima entre el inves tigador y aquello que estudia, y las restriccion es cont extua les que dan forma a la i n vestigación. (…) formulan pregun tas y cons truyen respuest as que permitan desta car el modo en que la e xperien cia social es creada y dotada de senti do . ” (Denzin y Lincoln, 2012: 62). En este capítulo tr at aré de mos trar la metodología que ha inspir ado y ha guia do el proceso de in ves t ig ación, teniendo como telón de f ondo el c arácter cualita tivo 103 de l a in ves t ig ación. El capí tulo se d ivide en d os gr andes ap art ados. El prime r o tiene como objetivo e xplicit ar la pr op ues tas met odológica, u na pr opuest a q ue se in s pir a en el método fe nomenológico - hermenéutic o de M ax v an Man en. Expongo en q ué consist e su mét odo y cómo ha sido mi rea pr opiación del mismo. D edicar é u n espacio par a narrar cómo surg e del tema de inv estig ación , es decir , las pregun tas fe nomen ológic as que se e rigen como las fuent es d e est a inv es t ig ación ; así c omo al p r o ceso d e selecció n de las perso n as que han p articipado c omo narrad ores y que h an aportad o su rela to de vida. A p artir de las pr egun tas y el t ema, elaboro un diseño d e inv es t ig ación abiert o. El segundo apart ado est á d edicado al proceso de recogida de datos. En es te apart ado mostr aré en qué ha cons is tido este proceso y describiré las técnicas b iogr áfic as qu e h e utiliza do así como el m odo en que lo he hecho. perspectiva de la investiga ción d e base científic a, y quedan relega das, en el mejor de los casos, a la categoría de erudición que no llega a ser cien cia. ” (Denzin y Lincoln, 2012: 59) 103 “ La inves tigación cualitativa es una activid ad situ ada, que ubica a l in ves tigador en el mundo. Consiste en una serie d e prácticas m ateriales e interpretativas qu e hacen visible el mu ndo y lo transforman, lo conviert en en una serie de represen taciones que inc luyen las n otas de campo, las entrevis tas, las conversaciones, las f otograf ías, las grabacion es y las not as para el in vestigador . (…) implica un enf oque int erpretativo y natu ralis ta del mu ndo , lo cu al sign ifica que los inves tig adores c ualit ativ os e s tudias las cosas en sus escenarios n aturales, tratando d e entender o int erpretar los fenómeno s en func ión de los significados que las p ersonas les da n . ” (Denzin y Lincoln , 2012: 48 - 49) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 295 Desde un plano gen eral, la metod ología se in scri be, como decía, dentro d el en foque cualitativo, qu e se diferencia en t res áreas clave d e los en foques cuantitativos ( Álvarez Gayou, 2003: 28): en cuan to a la intención o propósito de la investigación: comprender/explicar; en cuan to al papel del investigador: personal/impersonal; y, en cuanto al con ocimiento que produce: con strui do/descubierto. Los marcos teóricos e interpretativos para la investigación cualitativa, esquemáticamen te, pueden ser 104 : ENFOQUES TEÓRICOS Teoría crítica Temas centrales: estudio de las inst ituciones sociales y de sus transformaciones; dominación y luchas sociales; enajenación social; etc. Escuela de Frankfurt. Constructivismo Relación mente/mundo. La persona construye activamente su conocimiento. Piage t. Construccionismo Construcción social del signif icado. Importancia de las relaciones y del significado compartido. Gergen. Estudios de género Construcción social d el género. El lenguaje como medio de producción de significados. Hermenéutica de la sospecha. Psicología de los constructos personales Líneas de conducta. P atrones o p lantilla a trav és d e las cuales la persona ve el mundo. G. A. Kelly. MARCOS DE REFERENCIA INTERPRETATIVOS Interaccionismo simbólico Los seres humanos actuamos an te los o bjetos y an te otras personas sobre la base de significados qu e tienen para nosotros; éstos se originan de la interacción que tenemos con ot ras personas. Investigación naturalista. G. H. Mead y H. Blumer. 104 T ab la adaptada a partir de Álvare z - Gay ou (2003: 4 1 - 99) Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 296 Interaccionismo interpretativo Propone que en la interpretación se ten ga n en cuent a en mayor med ida los factores sociocult urales. Incorpora las corrientes postestructuralistas y los estud ios d e género. Más cualitativo que el interaccionsimo simb ólico. Denzin. Etnometodología Estudio de las habilidades p rácticas, lingüísticas y de ineracción q ue las perso n as usan para resolver situaciones de la vida diaria. Cómo se gen era la vida cotidiana d e una construcción social. Importancia del contexto. Garfinkel . Análisis conversacional Estudia las característ ic as y mod alidades interactivas qu e se d an en las conversaciones cot idianas. Estructura colaborativa que emerge en la conversación. Es una derivación de la etnometodología. Etnografía Descripción detallada de un grupo cultural. Los significados que atribuyen a sus comportamientos. Hermenéutica Teoría y p rác tica de la int erpretación de los texto s. Objetivo: comprender. Círculo hermenéutico. Fenomenología El objeto d e estudio es la experiencia de vida tal como la persona la vivien cia. Los seres h umanos están vinculados a su mundo de vida (relaciones con objetos, perso nas, sucesos y situaciones). Fenomenografía Se en foca en las f ormas en que experimentamos diferentes fenómenos y fo rmas d e ver, de conocer y de tener h abilidades re lacionadas con ellos. El propósit o no consiste en encontrar la esencia singular o común, sino en encontrar la variación. Teoría fundamentada Propósito: generar o descubrir teoría. La teoría surge a partir d e los datos obtenidos. Las t eorías son adecuadas a la situ ación que se investiga y operat ivas cuando se p onen en práctica. B. Glaser. A. Strauss. Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 297 Denzin y Lincoln proponen (2012: 87): PARAGIMA TEORÍA CRITERIOS FORMA DE LA TEORÍA TIPO DE NARRATIVA Positivista Postpositivista Validez interna y externa. Fundamentada. Lógico-deductiva. Informe científico. Constructivista Confiabilidad, credibilidad, transferibilidad, confirmabilidad Sustantiva- Formal. Estudio interpretativo, ficción etnográfica. Feminista Afrocéntrico, experiencia vital, diálogo, cuidado, raza, género, clase, reflexividad, emoción, praxis. Crítica basada en el punto de vista Ensayos, relatos, escritura experimental. Étnico Afrocéntrico, experiencia vital, diálogo, raza, género, clase, reflexividad, emoción, praxis. Crítica histórica basada en el punto de vista Ensayos, fábulas, dramas Marxista Teoría emancipatoria, falseabilidad dialógica, raza, género, clase Crítica histórica y económica Análisis histórico, económico y sociocultural Estudios culturales Prácticas culturales, praxis, textos sociales, subjetividades Crítica social Teoría cultural como crítica Teoría queer Reflexibilidad de construcción Crítica social Análisis histórico Teoría como crítica, autobiografía El giro narrativo ha hecho posible la experi mentación con nuevos mét odos y herramientas, o con nuevos mod os de hacer uso d e herramientas ya asentadas en la investigación en ciencias sociales y edu cativas. Como dice Bolívar, estos modos de investigar pueden ser “ una potente herramienta, especialmente pertinente para entra r en el mundo de la identidad, de las gentes “sin voz”, de la c otidian eidad, en los procesos de interrelación, identific ación y reconstrucción personal y cultural. El enfoque hermenéutico o interpretativ o en ciencias sociales y, dentro de él, el enfoque Narrativas biográficas de mediado res intercu lturales de sde un a perspectiva sistémica. Implicaci one s socioed ucativas. Carmen Ochoa Palomo 304 que ha n t enido como o bjeto el reconocimiento por parte de los profesores a alumn os con dificultades, y la esperanza pedagógica o la esperanza como experien ci a significativa para los educadores. En la Universidad Internacional de Catalunya también se ha presentado recientemente una tesis doctoral con este enfoque sobre la identidad del pedagogo (Ureta , 2014a, 2014b). En mi caso, segu iré las apo rtaciones y propuestas de Max van Man en. Van Man en se inicia a partir d e lo qu e en el contexto e u ropeo de la fenom enología her menéutica se conoce como la “Escuela de Utrecht” (Ayala, 2008). La línea de la escuela parte de la filosofía de H u sserl y los f enomenólogos p osteriores cercanos al existencialismo. En el tiempo podemos ubicar la producción de la escuela entre los años 40 y 70, período en el que se d ieron cita es la escuela p sicólogos, educadores y pedagogos, p ediatras, criminólogos, juristas y psiquiatras; todo un contexto d e multidiciplinariedad que tenía en común la defensa de una actitud fenomenológica 106 . El enfoque fenomenológico-hermenéutico de Max van Manen parte de una premis a que n os lleva a la paradoja. Apoyándose en autores como Gadamer (1975) o Rorty (1979), van Manen af i rma q ue “ el método de la feno menología y la hermenéutic a consiste en que no hay mét odo .” (2003: 48 ). Lo que ent iendo de e ste afirmación es q ue es un modo de entender la investigación que nos “saca” (como dice Larrosa) del “orden d el discurso pedagógico”, que es el orden de la investigación en las ciencias sociales al qu e estamos habituados y en el que nos sumergimos como si de en un texto civilizatorio se tratase. Lo que nos va a perm itir la fen omenología h ermenéutica es hacer una reapropiación subjetiva de ese texto civilizatorio que es el orden del discurso pedagógico (parafraseando a Foucault). En este sen tido, van Manen d ice un poco más adelante, sí hay un método, un modo de investigar fenomenológico - hermenéutico, y es ése método el que intentará describ ir. Básicamente, las t res características del método fenomenológico- hermenéutico son (2003: 48-49 ): 1) Es una investigación que se centra en u n fenómeno que despierta auténticamente nuestro interés, que nos compromete con el mundo, que dice algo d e nosotros. 2) Es una 106 En el contexto no rteamericano , las influencias principale s parten de Patricia Benne r en enfermería ; de Amedeo Giorg i y Clark Mo ustakas en psicolo gía y de Max Van Man en en educació n, (Ayala, 2008 : 410 -411). [Document text truncated for crawler view.]