La memoria del mundo: clero, erudición y cultura escrita en el mundo ibérico (siglos XVI-XVIII) [Reseña]
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Ressenyes Manuscrits 33, 2015 231 Palomo, Federico (coord.) (2014) La memoria del mundo: clero, erudición y cultura escrita en el mundo ibérico (siglos xvi-xviii) Madrid: Universidad Complutense de Madrid. «Cuadernos de Historia Moderna. Anejos XIII», 262 p. ISBN 9788466934930 Bajo el encabezamiento que quisiéramos frontispicio, «la memoria del mundo», Cuadernos de Historia Moderna agrupa en su décimo tercer Anejo diez estudios en torno a la cultura eclesiástica erudita (con predominio del clero regular) del mundo ibérico moderno. Dos grandes ejes de sentido recorren esta reflexión, que resulta muy necesaria en la coyuntura de eclosión historiográfica actual sobre la producción de saberes en el marco de la llamada primera globalización. De un flanco, el asunto de la actividad escritora de los frailes que emerge bajo las coordenadas de un régimen de producción textual que sabíamos rígido pero en el que intervienen, más de lo sospechado, particulares (clérigos o no) que intermedian su itinerario hasta la propia impresión y llegan a condicionar su impacto en la política cultural del imperio. Del otro flanco, la cuestión abierta de las lógicas del discurso eclesiástico, que nacen y dialogan con otras narrativas del sistema ibérico mediante estrategias textuales que definen e interpretan ese mundo en expansión y disputa, sin que pase mucho tiempo antes de que lo rememoren y codifiquen en crónicas, colecciones de estampas o bibliotecas: justo lo que proclama la letra del imaginario frontispicio. El papel de los mediadores en la edición y circulación de los textos eclesiásticos puede observarse a distintas escalas y escenarios en los cinco primeros artículos del dossier. Dentro del ámbito de la Compañía de Jesús, Paul Nelles demuestra que los rectores de sus colegios se convirtieron en los principales responsables de la circulación de la información y de la conservación de la memoria de la joven congregación al asumir la tarea de componer las cartas edificantes que daban cuenta de sus progresos materiales y espirituales (quadrimestres primero, luego la carta anual). Ello contribuía a robustecer la cohesión y el espíritu corporativo, pero también ponía a disposición de los padres un arsenal de exempla a los que recurrir en predicaciones y misiones. Las propias historias de los colegios y las más extensas crónicas de las provincias eclesiásticas de la Compañía, sobre las que volveremos luego, no dejan de evidenciar la huella de esta trama uniformadora en su dispositio narrativa. Precisamente construir un espacio de santidad continental a partir de una suma de vidas ejemplares fue el propósito del franciscano fray Apolinário da Conceição en su obra Pequenos na Terra, grandes no Ceo, que se imprimió en Lisboa entre 1732 y 1754. Fray Apolinário era hermano lego de la provincia de Río de Janeiro, pero bajo la protección del superior fray Fernando de Santo António consiguió internarse en los círculos eruditos de la corte lisboeta y más tarde, ya con renombre, ganarse el respaldo de destacadas familias de la burguesía brasileña, quienes patrocinaron sus obras posteriores. La trayectoria de este «inocente perseguido», que alcanza suficiente notabilidad como para revestir de piedad la vida de sus mecenas, es emblemática del proceso de intelectualización que experimentó la orden seráfica desde finales del sigloxvii, categoría en la que Federico Palomo enmarca este apreciable trabajo. Sufragando libros religiosos hallaremos también a editores particulares que comprometían su dinero en la reimpresión de infolios de autores eclesiásticos consagrados, como el teatino Antonino Diana,
232 Manuscrits 33, 2015 Ressenyes cuyas célebres Resolutiones morales fueron objeto de la disputa entre las prensas lionesas de Boissat y Prost y las madrileñas de Francisco Robles y Pedro Coello. Característica de estos costeadores, como los llama Fernando Bouza para distinguirlos de las grandes compañías de mercaderes de libros mucho más conocidas, fue su capacidad de influir en la oferta de títulos que circulaban en el mercado, su relación con personalidades de la curia romana y su indudable olfato para el negocio. Un mundo de oportunidades en el que también participaron los grandes depositarios de fondos librescos religiosos, jerónimos y jesuitas, que negociaban con ellos. A este elenco de intermediarios del saber cabe incorporar al escritor mismo y su texto, como hace Ângela Barreto a propósito de la Relação Defensiva de Fray Miguel de Purificação. El raro opúsculo concebido por un fraile de la custodia franciscana de Santo Tomé de la India portuguesa ha sido estudiado como un objeto cerrado, exponente de una narrativa polemista en el contexto de la emergencia del criollismo oriental. Barreto propone, en cambio, un relato abierto y poroso en el que han dejado huella subtextos jurídicos, memorialísticos y epistolares, los que jalonaron precisamente la vida itinerante del fraile promotor del provincialato de los filhos da Índia en un contexto político fluido y conflictivo como correspondió a los años centrales de la crisis de la monarquía hispánica. El texto deviene entonces depósito de experiencia compartida y archivo de otros libros que viajaban con él para conocer la luz de la imprenta. De Goa a Madrid y luego a Roma fue el iter textual y personal de fray Miguel. De Río de Janeiro a Lisboa, el periplo de fray Apolinário. En medio, el inmenso océano. Carlos Alberto González reconstruye el canal de difusión de erudición eclesiástica más sutil e imperceptible: el de las prácticas de lectura y plegaria en común, dirigidas por frailes, durante las largas travesías de la Carrera de Indias. Llama la atención la ritualización del tiempo y la inversión de valores mundanos que pretendieron los jesuitas y otros religiosos en el espacio cerrado del navío entre la curtida marinería. Pero no menos la representación textual que dejaron de esta experiencia mediante una reescritura cristiana de los topica de la Antigüedad sobre los peligros del mar. El segundo bloque de trabajos aborda las lógicas de producción de objetos culturales (cartas, retratos, folletos o crónicas) como un único entramado, material e intelectual a la vez, cuya vocación última es explicar el mundo. Castillo Gómez ensaya una aproximación al modelo epistolar femenino de las monjas áureas en el que sobresale la diversidad de las grafías trasminadas de emoción en un espacio alfabetizado de formación autodidacta. La autoridad moral de las fundadoras es esencial en la fijación de los modelos escriturarios, como se evidencia en dos paradigmas: el de la divina madre, María de Ágreda, oráculo del rey Felipe IV; y el de la monja reformadora, Teresa de Jesús, cuyo epistolario, como recordó Juan de Palafox, enseñaba a vivir en la vida exterior, unos con otros. A una escala muy distinta, la de la monarquía portuguesa, la conformación de la memoria fue promovida en el sigloxviii por instituciones como la Academia Real da História, a la que estuvo vinculado Diogo Barbosa Machado, el autor de la Bibliotheca Lusitana. Rodrigo Bentes estudia la singular colección de grabados e impresos que llegó a formar el erudito en relación con otras narrativas, como la História geral de Portugal e suas conquistas de Faria e Castro, que participaron de un concepto semejante de geografía e historia nacional y se impregnaron del espíritu moderno de la orden oratoriana, cuyo perfil erudito domina en la galería de retratos de la colección. La literatura misional constituyó un tercer canal privilegiado para la transmisión del saber y para la fijación de la memoria en el seno de las órdenes religiosas. Los últimos artículos que vamos a
Ressenyes Manuscrits 33, 2015 233 comentar se ocupan de desentrañar las lógicas discursivas que transmiten estos textos. José Luis Betrán escoge las misiones jesuitas en los confines del virreinato del Perú, periferia de la periferia de una república de las letras eclesiásticas que quiso dignificar su experiencia pastoral al rango de prueba espiritual definitiva en una coyuntura política de apuros para la defensa de la monarquía. Los jesuitas pacificaban, adoctrinaban y escribían, y convertían sus crónicas en manuales de oficio para reforzar la autoestima de los desamparados padres que creían arrostrar la inmensa tarea de sacar al pueblo mojo de la ignorancia y la barbarie. La crónica que Altamirano dedicó a su misión es un documento riquísimo que enraíza en la tradición cristiana, acrisola géneros narrativos modernos y esboza un proyecto civilizatorio de tintes heroicos en el límite del mundo aportando identidad propia a las nuevas provincias eclesiásticas que se desgajaban de la peruana. Las letras que escribieron los franciscanos dando cuenta de sus progresos espirituales desde el Extremo Oriente constituyen un adecuado contrapunto a la anterior frontera. El contraste no es solo espacial, sino también de lógica narrativa en la Conquista Espiritual do Oriente de Fr. Paulo da Trindade. La relectura que propone Zoltán Biedermann subraya la dimensión del tiempo experiencial, en el sentido señalado por Arón Guriévich, como clave de la construcción del relato, pues son los franciscanos quienes en su peregrinar y tribulaciones por la isla de Ceilán huellan un espacio eminentemente vital, esto es, no modernamente geográfico. Esta «narración sin espacio» es permeable a la mitología singalesa y se abre a la profecía bíblica de la tierra prometida. Con semejantes hechuras arcaizantes, el franciscano activa, sin embargo, una estrategia de competencia racional con los jesuitas, cuyas escrituras de imperio «más modernas» (el entrecomillado es de Biedermann) podían ser combatidas con eficacia desde la legitimidad simbólica de la primogenitura de la orden seráfica en Oriente. La dialéctica de la escritura misional entre franciscanos y jesuitas en el mundo ibérico da pábulo, finalmente, a las reflexiones del trabajo científico de Antonella Romano. Se pregunta la autora por la convivencia de dos modelos discursivos que contribuyeron a repensar el paradigma de civilización europeo. Si en América el espejo de la moralidad occidental fue la naturaleza virgen de los indígenas adjetivados dentro de un campo semántico laxo entre la pureza y la barbarie, en Asia lo será la evidencia de una civilización sin Dios. La admiración por la inmensidad, la organización y el refinamiento de la civilización china está en el fundamento de la Historia del jesuita Nicolas Trigault a partir de las anotaciones de Matteo Ricci, un proyecto mediático que presenta una China conmensurable a Europa, que hace olvidar pronto las anteriores operaciones editoriales del dominico Gaspar de la Cruz y del agustino Juan González de Mendoza. Así pues, si el inventario del mundo se amplió decisivamente al incorporar como objeto del pensamiento europeo dos continentes, lo que contribuyó a redefinir los saberes, podríamos concluir con Le Goff que, de forma semejante, la historia de la memoria ha enriquecido y cambiado el enfoque del historiador del sigloxxi, que ya forma parte de «una historia de los modos de transmisión», en el sentido subrayado por Ricoeur, estrechamente ligada aquí, como se ha visto, a los hombres y sus prácticas. José Jaime García Bernal Universidad de Sevilla http://dx.doi.org/10.5565/rev/manuscrits.80