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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 Theatrum criticum. Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle y las genealogías enciclopédicas del escepticísmo ilustrado Theatrum criticum. Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle and the encyclopaedic genealogies of Enlightened scepticism Anita Traninger1 Freie Universität Berlin (Alemania) ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3964-8467 Recibido: 20-05-2023 Aceptado: 29-06-2023 Resumen En este ensayo, me ocupo de la metáfora del teatro que no sólo aparece en el título del Teatro crítico universal (1726–1739) de Benito Jerónimo Feijoo, sino que también fue aducida por Pierre Bayle en su Projet et fragmens d’un dictionaire critique (1692). Como trataré de mostrar, la metáfora del teatro en sí misma debe ser cuestionada críticamente, porque vincula más y otras dimensiones semánticas de las que solemos asociar hoy en día. Es cierto que, a principios de la Edad Moderna, la metáfora del teatro podía emplearse y se empleaba en multitud de contextos y con fines muy diversos. Sin embargo, la combinación de teatro y error, tal y como se da tanto en Bayle como en Feijoo, merece un examen más detenido. Se muestra cómo el Theatrum vitae humanae 1 ([email protected]). Catedrática de Literaturas Románicas en la Freie Universitaet Berlín (Alemania). Sus investigaciones se centran en las formas del conocimiento, sobre todo desde el Renacimiento hasta la Ilustración, y más concretamente en las literaturas europeas en un contexto global. Ha publicado sobre historia y teoría de la retórica, así como sobre historia de la lectura, el libro y los medios de comunicación. Anita Traninger ha dado conferencias en universidades de Europa, Asia y Estados Unidos y ha sido becaria en el Netherlands Institute for Advanced Study, en el Mahindra Humanities Center de la Universidad de Harvard y en el All Souls College de Oxford. En 2023 recibió el Premio Gottfried Wilhelm Leibniz, el galardón de investigación más prestigioso de Alemania, y fue elegida miembro de la Academia de Ciencias y Humanidades de Berlín-Brandeburgo. Entre sus libros figuran: Disputation, Deklamation, Dialog (Stuttgart: Steiner 2012); The Emergence of Impartiality (ed. con Kathryn Murphy, Leiden: Brill 2014); Discourses of Anger in the Early Modern Period (ed. con Karl A.E. Enenkel, Leiden: Brill 2015); The Figure of the Nymph in Early Modern Culture (ed. con Karl A.E. Enenkel, Leiden: Brill 2018); Copia / Kopie: Echoeffekte in der Frühen Neuzeit (Hannover: Wehrhahn 2020); Die Rezension als Medium der Weltliteratur (ed. con Federica La Manna, Berlín: de Gruyter 2023).
258 Anita Traninger Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 (1565) de Theodor Zwinger, que es el texto en el que Bayle afirma basar su Dictionnaire, introduce una noción de teatro que no se centra en el escenario sino en el auditorio. Esto es significativo tanto para las estrategias de escritura de Bayle como para las de Feijoo, ya que apunta a la gestión de vastos cuerpos de conocimiento y, en última instancia, a la citacionalidad de ambos proyectos. Al mismo tiempo, sitúa al lector frente a la sabiduría tradicional y prepara así un espacio para el modo emergente de la crítica –por algunos caracterizado como escepticismo– que informa los proyectos de ambos autores. Palabras-clave: Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle, Theodor Zwinger, enciclopedia, theatrum. Abstract In this essay, I turn to the metaphor of the theatre that not only appears in the title of Feijoo’s Teatro crítico universal, but which was also adduced by Pierre Bayle in the Projet et fragments d’un dictionnaire historique. As I will show, the metaphor of the theatre itself needs to be subjected to critical reflection as it involves other and more semantic dimensions than we usually associate today. Granted, in the early modern period, the metaphor of the theatre could be and was employed in a host of various contexts and to a myriad of ends. Yet the combination of theatre and error, as it occurs in both Bayle and Feijoo, warrants closer inspection. I show how Theodor Zwinger’s Theatrum vitae humanae, which is the text that Bayle claims to model his Dictionary on, introduces a notion of the theatre that is not focused on the stage but on the auditorium. This is significant for both Bayle’s and Feijoo’s writing strategies as it points to the management of vast bodies of knowledge, and ultimately, the citationality of both projects. At the same time, it positions the reader opposite traditional wisdom and thus prepares a space for the emerging mode of critique – by some characterised as scepticism – that informs both authors’ projects. Keywords: Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle, Theodor Zwinger, encyclopedia, theatrum. Las dos personalidades de la Ilustración mencionadas en mi título no podrían, a primera vista, estar más alejadas la una de la otra tanto en lo religioso, conceptual, ideológico, así también como en lo geográfico. Sin embargo, ambos son ilustres defensores de la Ilustración. Pierre Bayle (1647-1706), el exiliado protestante que escribía desde Rotterdam, y Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676-1764), el monje benedictino y referente de la Ilustración
259 Theatrum criticum. Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle y las genealogías enciclopédicas del escepticísmo ilustrado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 católica, asentado en Oviedo, Principado de Asturias, al norte de España. Ambos fueron autores de auténticos bestsellers del siglo XVIII: Bayle con su Dictionnaire historique et critique; y Feijoo con su Teatro crítico universal. La veneración por Feijoo en España, visto este como la figura heroica excepcional que liberó a una sociedad retrógrada de sus delirios,2 ha sido impugnada en otras partes de Europa precisamente debido a esta adscripción institucional y a una idea ampliamente extendida de que el fenómeno de la Ilustración había pasado por alto a la Península Ibérica en su conjunto. En su Encyclopédie méthodique (1782), por ejemplo, Nicolas Masson de Morvilliers declaró que la Ilustración española había sido un fracaso precisamente por el rol que Feijoo jugaba en la Iglesia: “¿Qué se puede esperar de un pueblo que espera de un monje la libertad de leer y pensar?”3 El debate sobre si España tomó parte o no en la Ilustración fue motivo de amplia polémica en el país hasta bien entrado el siglo XX (Tietz, 1980). Toda vez que allanaba el camino del pensamiento ilustrado en España con su Teatro crítico universal, Benito Jerónimo Feijoo era monje en el monasterio benedictino de San Vicente y catedrático de Teología en la Universidad de Oviedo entre 1710 y 1739. Viviendo una vida contemplativa lejos del bullicio y las altercaciones intelectuales de la capital, el medio elegido por Feijoo para hacerse oír más allá de los muros de San Vicente tuvo que ser la letra impresa. Su nombre no se hizo conocido en las tertulias urbanas como teólogo polemista, sino a través de una colección de ensayos, 118 en total, que publicaría en ocho volúmenes entre 1726 y 1739 bajo el título de Teatro crítico universal. Discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes. Sus libros estaban entre los más leídos en la España del siglo XVIII, publicándose periódicamente. Continuó la temática de su Teatro crítico con sus Cartas eruditas, publicadas en cinco volúmenes entre 1742 y 1760, que contienen 163 ensayos o cartas, para ser más precisos. Ambas obras sumaron en conjunto quince ediciones a lo largo del siglo XVIII, que habrían llegado a cerca de un millón de lectores (Abellán, 1988, 507; Álvarez de Miranda, 2003, 128). Feijoo no solo fue el autor más leído tanto en España como en las entonces colonias de la América española durante el siglo XVIII (Ardao 1997, 20; 36-49), sino que sus obras fueron también ampliamente leídas en Europa, incluyendo Francia, Inglaterra y los países germanoparlantes de la época (Mücke, 2005). El hecho de que Feijoo pudiera escribir el Teatro crítico sobre “todo género de materias”, apoyándose en un sinfín de fuentes extranjeras, fue, ante todo, el 2 El papel solitario de Feijoo ya fue cuestionado implícitamente por Quiroz-Martínez (1949) en su estudio de varias figuras de la España de finales del siglo XVII y principios del XVIII (novatores) que desafiaron las ideas aceptadas sobre física y medicina antes que Feijoo, cf. Mestre (1996). Sobre la crítica de los prejuicios como elemento básico del pensamiento ilustrado, véase Schneiders (1983) y Godel (2007). 3 “Que peut-on espérer d’un peuple qui attend d’un moine la liberté de lire & de penser?” (Masson de Morvilliers, 2015, 74).
260 Anita Traninger Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 resultado de su condición privilegiada en el seno de la Iglesia Católica. Fue precisamente su posición en la jerarquía eclesiástica la que le permitió tomar parte en la république des lettres paneuropea. Le fue concedida por parte de la Inquisición una licencia especial que le permitió acceder a textos de origen extranjero (Smidt, 2010, 416). De esta manera Feijoo tenía las condiciones para introducir en España ideas que estaban ganando amplio terreno en el resto de Europa y la variedad de estas era digna de consideración. Además de abordar problemáticas sobre empirismo, medicina e historia natural, Feijoo se adentró en diversos temas, tales como profecías, la astrología judicial, el problema de la superstición, la posición de la mujer en la sociedad, los caracteres nacionales y las modas de la época. En el transcurrir de sus investigaciones, él recurrió tanto a enciclopedias y compendios como a los periódicos internacionales de entonces, como lo eran, por mencionar algunos, las Mémoires de Trévoux, el Journal des Savants, el Tatler y el Spectator; esta importación de ideas ‘foráneas’ fue objeto de gran consternación entre sus contemporáneos.4 Feijoo se presentaba a sí mismo como la voz de la razón, haciéndose parte de la idea central de la Ilustración de “pensar por sí mismo” (Hinske, 1990, 417-424) y apoyaba sus posturas mediante la revisión y referencia de un gran volumen de obras que le eran contemporáneas. El único retrato que existe de él en la actualidad llevaba una subscriptio que suele recortarse en las reproducciones posteriores: “extirpador de las preocupaciones y errores vulgares”.5 El significado del retrato es evidente: Feijoo representa un nuevo tipo de discurso y una ruptura con el pasado. Se le suele presentar como el campeón de un nuevo tipo de racionalidad, el exitoso artífice del cambio que la cultura española tan urgentemente necesitaba, cultura que, tal como se denunciaba entonces, es decir, al momento de comenzar su obra educativa, estaba plagada de prejuicios y errores comunes. En virtud de sus numerosos ensayos sobre las supersticiones, oráculos, magia, etc., un eminente académico del siglo XX lo ha llamado el “Fontenelle español” (Gumbrecht, 1990, 484), pero tal opinión no ha sido compartida de manera unánime. En realidad, Feijoo estaba totalmente inmerso en el pensamiento escolástico y sus maneras de debate intelectual. Mientras que muchos de sus escritos sugieren un quiebre con la escolástica tradicional, tanto en el estilo como en el tono, Feijoo formaba parte de la elite escolástica dada su formación académica en Salamanca y la obtención de su cátedra a través del altamente competitivo sistema de oposiciones (Traninger, 2018, 28-31). Efectivamente el hecho de develar los errores de otros en lugar de proponer ideas propias es una reminiscencia del uso clásico de la dialéctica. 4 Para más detalles, véanse las contribuciones en Il Simposio sobre el Padre Feijoo y su siglo, 1981–1983. Sobre el debate acerca de la importación de ideas y textos extranjeros por parte de Feijoo, véase Gelz (2006, 276-288). 5 Retratos de Españoles ilustres con un epítome de sus vidas (1791).
261 Theatrum criticum. Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle y las genealogías enciclopédicas del escepticísmo ilustrado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 En lo que respecta al método, esto no se debe a una disposición individual o a un impulso psicológico, sino que se inscribe en la forma en que los filósofos abordaban los problemas desde la antigüedad (Michel, 1960, 165). Al erigirse a sí mismo como el solitario impugnador de creencias ampliamente extendidas, pero erróneas, Feijoo no emula precisamente la lucha de Don Quijote contra los molinos de viento (López Marichal, 1951, 317) ni tampoco responde a una necesidad psicológica de estilarse a sí mismo como el gran “desengañador” de España (Avalle-Arce, 1956, 403). Feijoo todavía es partidario de una antigua tradición dialéctica que se remonta a los albores de las escuelas filosóficas en tiempos de Platón y Aristóteles, es decir, argumentar contra posturas sostenidas por otros; ese es precisamente el hecho que vinculó a Feijoo con Pierre Bayle, quien a su vez ha sido caracterizado como dialéctico (Labrousse, 1963a, 131-132). Feijoo, por su parte, leyó a “Pedro Bayle” ante todo como “uno de los mayores noticistas de libros que hasta ahora se han conocido” (TC, III, 9, § 11, “Racionalidad de los brutos”), prestándole particular atención a la transmisión de contenidos en lugar de a sus opiniones en materia religiosa o de tolerancia. Por supuesto, un uso muy extendido del Dictionnaire de Bayle era buscar información. La abundancia de detalles sobre libros y hechos históricos fue, sin duda, uno de los factores que contribuyeron al éxito abrumador del que gozó en toda Europa. Mientras Feijoo ampliaba su Teatro crítico universal en una serie de entregas que se publicaron entre 1726 y 1739, el Dictionnaire de Bayle fue aumentando su volumen de edición en edición. En 1696, momento de su primera edición, ésta contenía 1.274 artículos en dos tomos a dos columnas por página. La segunda edición ampliada se publicó en 1702 con 501 nuevos artículos y pasando a tener en total tres tomos. Tras la muerte de Bayle en 1706, se recogieron sus manuscritos para redactar otros 260 nuevos artículos para la edición póstuma de 1720. En ese momento el conjunto del Dictionnaire ascendía a 2.035 artículos en cuatro volúmenes. Mientras que, aparentemente, Bayle ofrecía un repertorio alfabético de hombres notables de la historia (con notables omisiones, como se ha señalado oportunamente, como, por ejemplo, Cicerón, Platón, Plinio el Viejo, Séneca, Descartes, Gassendi, o Newton), el verdadero corazón de la obra son las observaciones (remarques), famosamente distinguidas por letras, a las que Bayle no impondría ningún tipo de estructura a la hora de tratar cada tema abordado. Al invertir la jerarquía convencional de texto y paratexto (Rétat, 1998, 31), Bayle trata las remarques como un campo abierto de libre discurso. Como dice Mara van der Lugt: “Bayle estaba en total libertad de seguir sus propios intereses, inclinaciones y asociaciones, de desviarse del tema abordado o de perseguirlo hasta los más recónditos rincones del diccionario, de seguir los meandros de la historia literaria o de comprometerse en un argumento rigurosamente lógico. Así Bayle se
262 Anita Traninger Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 presentaba como un autor desordenado y asistemático, quien al momento de la ocurrencia de un pensamiento interesante, buscaría inmediatamente satisfacer su curiosidad intelectual escribiendo una observación o una divagación sobre ese tema”6. Si bien no es mi intención exagerar similitudes, es notable cómo, dentro de los límites de la estructura del Dictionnaire con texto principal, notas al margen y observaciones en las notas al pie de la página, fueron precisamente las observaciones las que le otorgaron a Bayle una libertad similar a la de los discursos de Feijoo. Al igual que los términos francés y español, discours y discurso, implicaban (y todavía implican), en su sentido esencial, la pronunciación oral de una conferencia. Pero en el caso del Teatro crítico vale la pena echar un vistazo a la etimología, partiendo de discurrere: correr de un lado a otro. Deliberadamente, Feijoo eligió y de paso contribuyó a crear en España un género que de escolástico tendría muy poco, el que posteriormente se denominaría ensayo, pero que él mismo llamó discurso, ajustándose exactamente a la definición del término dada en el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias en 1611: “la corrida que se haze a vna parte y a otra: tomase por el modo de proceder en tratar algun punto y materia, por diuersos propositos y varios conceptos” (Covarrubias, 1611, 322; Sánchez- Blanco, 1999, 66-67). El Teatro crítico de Feijoo y el Dictionnaire historique et critique de Bayle gozaron de extraordinario éxito no sólo en sus respectivos ‘ámbitos’, sino más allá de ellos, lo que llevó a la crítica a situarlos en un plano de igualdad: “El Teatro crítico universal fue una de las obras más reimpresas durante el siglo XVIII español, gozando de un estatus como obra enciclopédica que es comparable con aquel que tenía entonces el Diccionnaire crítique et historique de Pierre Bayle”7. Mas importante aún, Feijoo conocía bien el Dictionnaire y profesaba una gran admiración por Bayle dada su erudición. Se basaba en la obra de Bayle de manera cautelosa, pero con gran frecuencia y, al mismo tiempo, era plenamente consciente de su condición de “enemigo de la Doctrina Católica” (CE V, 3, § 7, “Defensivo de la Fe, preparado para los Españoles viajantes, or residentes en Países extraños”; Staubach, 1939, 80; Elizalde, 1986). Sin embargo, ambos autores tienen mucho más en común que la mera búsqueda por parte de Feijoo de citas y anécdotas en el Dictionnaire para 6 “Bayle is at liberty to follow his own interests, inclinations, and associations, to stray from the topic at hand or pursue it into the darkest corners of the dictionary, to meander through literary history or to engage in rigorous logical argument. Bayle presented himself as an unsystematic, haphazard writer, who, when an interesting thought struck him, would immediately indulge his intellectual curiosity by writing a Remark or digression on the topic.” (Van der Lugt, 2016, 23–24). 7 “[…] the Teatro crítico universal was one of the most commonly reprinted works in eighteenthcentury Spain, a status for an enyclopedic work that is comparable with that of Pierre Bayle’s Dictionnaire critique et historique […]”(Donato y Romero, 2020, 273).
263 Theatrum criticum. Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle y las genealogías enciclopédicas del escepticísmo ilustrado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 sus ensayos. El nexo que quiero explorar en adelante no está directamente relacionado ni con el éxito comercial ni con la difusión, sino con dos elementos conceptuales que conectan a ambos autores en un nivel más profundo: el papel fundamental del concepto de error y el recurso de ambos autores a la metáfora del teatro. El interés de Bayle por destapar los errores cometidos por generaciones de eruditos se ha debatido tanto en relación con la cuestión de su afiliación a una escuela filosófica que de ella han surgido comprensiones incompatibles o irreconciliables de su perfil. Bayle ha sido reclamado para tantos cargos que cabe preguntarse si se trata de la misma persona (Lennon, 1999, 15). Algunos lo han convertido en un estructuralista avant la lettre, otros incluso lo han reivindicado para el positivismo como alguien que hizo de los hechos correctos o corregidos la base de su pensamiento (Lennon, 1999, 15-17; Devolvé, 1906, 425; Weibel, 1975, 47). Aún más influyente en la historia de la filosofía fue la calificación de Bayle como escéptico, una etiqueta que primero pusieron a Bayle sus detractores, y que luego abrazaron de buen grado los philosophes del siglo XVIII. Todavía fue fundacional para la monumental obra de Labrousse, y desarrollada, en su estela, por “un pequeño ejército de eruditos hasta que se hizo prácticamente incuestionable”8. El propio Bayle, como ha demostrado Dmitri Levitin, rechazó explícitamente cualquier relación con el escepticismo y, de hecho, no resulta convincente subsumir su método dialéctico de refutación bajo una epistemología escéptica junto a una teología fideísta. Feijoo, a su vez, entró por primera vez en el mundo del debate impreso en materia escéptica, poniéndose, en 1725, del lado de un médico que reivindicaba una marca de escepticismo por su antiaristotelismo en medicina (Feijoo, 1777; Martínez, 1722-1725; Laursen, 2024). Más tarde volvería una y otra vez al tema del “escepticismo médico” (sobre todo TC, III, 13, “Escepticismo filosófico”), vinculando su matizada posición a los principios de la république des lettres: “Así yo, ciudadano libre de la República Literaria, ni esclavo de Aristóteles, ni aliado de sus enemigos, escucharé siempre con preferencia a toda autoridad privada, lo que me dictaren la experiencia, y la razón” (TC, VII, 13, § 37, “Lo que sobra, y falta en la Física”). Feijoo, con su reivindicación de la libertad de pensamiento, tuvo que sortear la tensión entre religión revelada y racionalidad. Pero a pesar de toda la extirpación radical de errores que prometía, nunca llegó a rozar la inquisición de forma significativa: “Jamás deja de pensar que ciertas cosas son intocables” (Villacañas, 2000, 161). Feijoo se alineó de forma fiable con el dogma católico, reservando su perspicacia crítica para ámbitos ajenos a la religión organizada. 8 “a small army of scholars […] until it had become virtually unquestionable” (Levitin, 2022, 227), refiriéndose en particular a Popkin (2003) y citando a McKenna (2015) y Mori (2003) como excepciones.
264 Anita Traninger Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 Apartado de las cuestiones religiosas que han marcado el debate sobre las obras de Bayle y Feijoo, la práctica de ambos autores se denomina acertadamente “metafilosofía” (Levitin, 2022, 234), es decir, asumiendo una posición de observación que reflexiona sobre el propio filosofar a cierta distancia de las sectas filosóficas. Para este proyecto, Feijoo eligió Teatro como título, sin, por supuesto, explicar ni justificar en ningún momento esta decisión9. Bayle, por su parte, adoptó y adaptó el género del diccionario, pero derivó su concepto de forma bastante concreta de un Teatro ya publicado. Imaginó su obra como un verdadero ‘teatro de errores’ en constante crecimiento que esperaba modelar a partir de una publicación en concreto. En el Projet et fragmens d’un Dictionaire critique (1692), se lo pide a Du Rondel, a quien presenta el proyecto en forma de carta: “Sería curioso que esta obra corriera la misma suerte que la de un erudito suizo titulada Theatrum vitae humanae, que ha sido ampliada tantas veces, que actualmente comprende ocho grandes volúmenes in folio. No cabe duda de que los errores de los autores podrían llegar a ser tan grandes como este: Ahora bien, señor, ¿un teatro de estos errores en tantos volúmenes de tal tamaño sería, en su opinión, menos divertido o menos instructivo que el de la vida humana?”10. Bayle no dejó al azar que sus lectores comprendieran inmediatamente a quién se refería, añadiendo una nota marginal que nos entrega el nombre del erudito suizo: “Theodor Zwinger, médico, nacido en Basilea, fallecido en 1588”11. Sorprendentemente, ninguna de las grandes monografías y colecciones sobre Bayle, ni siquiera las que dedican capítulos al Projet, abordan la referencia a Zwinger. Los índices que documentan la proliferación de discusiones sobre la filosofía, la crítica, la tolerancia, el cartesianismo, el escepticismo y la filología de Bayle carecen, por tanto, del lema12. Bayle no fue ciertamente el primero en concebir una recopilación de errores. Thomas Browne con su Pseudodoxia epidemica (1646, seis ediciones hacia 1672) ofrecía precisamente eso, “cumpliendo en parte”, como ha observado Kathryn Murphy, “el desiderátum de Francis Bacon en el Advancement of 9 Cuando Feijoo continuó su proyecto con las Cartas eruditas, aseguró a sus lectores que, aparte del título, todo permanecería inalterado: “Preséntote, Lector mío, nuevo Escrito, y con nuevo nombre; pero sin variar el género, ni el designio, pues todo es Crítica, todo Instrucción en varias materias, con muchos desengaños de opiniones vulgares, o errores comunes” (CE, I, “Prólogo”). 10 “Ce seroit quelque chose de curieux, s’il arrivoit à cet Ouvrage ce qui est arrivé à celuy qu’un docte Suisse intitula le Theatre de la vie humaine, & qu’on a tant de fois augmenté, qu’enfin il comprend huit gros volumes in folio. Ne doutez point que les fautes des Auteurs ne puissent former un entassement aussi massif que celuy-la; & à vôtre avis, Monsieur, un Theatre de ces fautes en autant de gros volumes, seroit-il moins divertissant & moins instructif que celuy de la vie humaine?“ (Bayle, 1692, *4r-v). 11 “Theodore Zuinger, Medecin, natif de Bâle, mort en 1588”. 12 Véanse e.g. Labrousse (1963, ch. 9); Bots (1998); Gros (2001, 17–24 sobre el Projet); van Lieshout (2001, 9-15 sobre el Projet); Popkin (2003, 283-302 sobre Bayle); van der Lugt (2016); Levitin (2022).
265 Theatrum criticum. Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle y las genealogías enciclopédicas del escepticísmo ilustrado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 Learning de un ‘Kalendar of popular Errors’” (Murphy, 2008, 282). Para ello, sometió “errores comunes y vulgares” a su implacable juicio en una vasta gama de disciplinas como la historia, la historia natural, la física, la geografía y la medicina. Pero Bayle prefirió no citar a Browne, sino a Zwinger para dar una idea de lo que pretendía crear. Su Projet fue severamente criticado, entre otros, por Leibniz, quien hubiera preferido que el autor intentara llegar a la verdad en lugar de enumerar los errores de los demás (Van Lieshout, 2001, 18). Y en efecto, Bayle abandonó la idea en algunos puntos y cambió la estructura y el enfoque en ciertos aspectos (Bahr, 2024, n. 14). No obstante, se podría sostener que la metáfora del teatro, tal como la presenta Zwinger, seguía teniendo un papel especial que desempeñar y que Feijoo siguió igualmente el camino sugerido en el Projet. Aunque no se hace referencia al trabajo de Zwinger en el Teatro crítico, es poco probable que Feijoo no conociera el Theatrum vitae humanae que había estado disponible en España, a pesar de la fuerte censura de la Inquisición (Quiroga, 1584, 188; Vega, 2019). En cualquier caso, Feijoo, concibió su Teatro como un panóptico de errores, llevando dicho concepto tan lejos que llegó a concebir creencias populares que, como han apuntado con indignación los críticos, ni siquiera eran comunes en la España de la época en que escribió13. En el prólogo al primer volumen del Teatro, Feijoo adopta una postura decididamente antagonista: “Lector mío, seas quien fueres, no te espero muy propicio, porque siendo verosímil que estés preocupado de muchas de las opiniones comunes, que impugno” (TC I, “Prólogo al lector”). Presentó su proyecto vaticinando oposición, sabiendo de su amplio alcance. Al hacer de las opiniones comunes su objetivo, no parecía limitarse a un debate entre eruditos. Así, Feijoo pareciera haber estado en línea con la ‘revolución intelectual’ de la Ilustración que propugnaba debates más allá de las élites eruditas tradicionales y su constelación de lengua latina (Jaumann, 1995, 276-281). El hecho de que en verdad no se comprometiera con las opiniones comunes y las falsas creencias, sino que acabara en medio de acaloradas polémicas intelectuales (Traninger, 2018, 43–47), acercó de hecho su proyecto al de Bayle. Feijoo plantea que incluso las opiniones más asentadas son susceptibles de error al decir que “viven al error las opiniones más establecidas” (TC I, “Prólogo al lector”). Pero ¿cómo es que él define ‘error’? Lo define en función de términos estrictamente idiosincrásicos y antagónicos: “[…] doy el nombre de errores a todas las opiniones que contradigo” (TC I, “Prologo al lector”). 13 Menéndez y Pelayo, en particular, acusó a Feijoo de haber construido una aparente creencia popular en la magia y la superstición generalizada en primer lugar para posteriormente atacarla, señalando, en particular, el fenómeno del vampirismo, cf. Menéndez y Pelayo (1956, vol. 2, 441). Sin embargo, en un sentido más amplio, Feijoo coincide, por supuesto, con algunas de las preocupaciones relativas a la irracionalidad expresadas en toda Europa a finales del siglo XVI y principios del XVII, cf. Hazard (1961, 118-170).
272 Anita Traninger Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 para ambos es que permite una distancia entre el individuo y el conocimiento del mundo, una distancia que permite el conocimiento tal como ha dicho Hole Rößler (Rößler, 2013). La distancia, que informa la noción de imparcialidad que surgiera contemporáneamente con la escritura de Bayle en el siglo XVII21, subyace en el conjunto híbrido de dispositivos que juntos conformarían la crítica. La crítica de la Ilustración surgió de nuevas constelaciones mediales y de una resignificación de recursos filológicos y retóricos en combinación con un cambio epistemológico centrado en la idea de pensar por uno mismo. La palabra clave de la imparcialidad no refiere a una pura neutralidad o abstención de juicio (la epojé escéptica), al contrario. Se supone que la imparcialidad es aquí juicio y crítica. La imparcialidad se convierte así en una cualidad del juicio: cada argumento debe ser considerado y evaluado como tal. Con respecto a los demás, hay que renunciar a todas las consideraciones y obligaciones sociales, incluso a los lazos familiares más estrechos. Por último, hay que distanciarse de las propias convicciones y liberarse de los grilletes de la propia opinión. Paradójicamente, Bayle y Feijoo vinculan este concepto a la metáfora del teatro en una versión con que se conectan al siglo XVI. Con la metáfora del teatro, Feijoo y Bayle se remontan a las ideas sobre la organización y visualización del conocimiento formadas por primera vez en el siglo XVI; al centrarse ahora en someter los errores a su juicio crítico individual, asumen el papel de defensores de las nociones ilustradas de pensar por uno mismo, el desmantelamiento de los prejuicios y el desafío a la autoridad impuesta. Al mismo tiempo, el Dictionnaire de Bayle y el Teatro crítico de Feijoo sirvieron como tesauros de saberes compilados, como cornucopias de historias y anécdotas. Todo eso está prefigurado en el Theatrum de Zwinger: un caudal de conocimientos, situado en la estructura arquitectónica del auditorio, en conexión con la posición del lector frente a este caudal. Con esta posición distante, por así decirlo, se prepara un espacio en el que podrían insertarse sin esfuerzo las nuevas ideas de la crítica del siglo XVIII. La metáfora del teatro solía ser (y continua siendo) inmensamente dinámica. Desde los idola theatri de Bacon hasta el Theatrum philosophicum de Foucault, era apropiada y, de hecho, se ha utilizado para conceptualizar dimensiones muy diferentes, a veces contradictorias, del pensamiento sobre el conocimiento y la racionalidad occidental. En este ensayo, intento tomar en serio la rara y explícita referencia al Theatrum vitae humanae de Zwinger que formula Bayle en su Projet et fragmens d’un dictionaire critique y relacionarla con el Teatro crítico universal de Feijoo, cuyo título, como es bien sabido, Feijoo no comentó explícitamente. No cabe duda de que las condiciones epistémicas bajo las que Zwinger diseña su Theatrum y aquellas en las que 21 Véanse las contribuciones en Murphy y Traninger (2014).
273 Theatrum criticum. Benito Jerónimo Feijoo, Pierre Bayle y las genealogías enciclopédicas del escepticísmo ilustrado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 Bayle y Feijoo operan son fundamentalmente diferentes en sus presupuestos mediales, sociales e intelectuales, así como en sus autodescripciones. Al mismo tiempo, y ésta es una de las tesis defendidas en este ensayo, siguen corriendo subcutáneamente líneas de tradición que hacen que parezca sensato o atractivo que Bayle se refiera explícitamente a Zwinger, del mismo modo que lo es que Feijoo invoque el concepto temprano moderno de fascinación del teatro antes de pasar al medio de éxito del siglo XVIII, la carta, como metáfora rectora. Sin embargo, el material que acabamos de analizar pone en tela de juicio la habitual argumentación teleológica que presupone un cambio necesario e irresistible de una riqueza abrumadora y desorganizada de extractos a un sistema de ordenación claro, bien organizado y fiable. Hay más de Modernidad temprana en el pensamiento de la Ilustración de lo que comúnmente se suele pensar. En cuanto al juicio, tanto Bayle como Feijoo se limitaron en ocasiones “a la implantación de la duda” (Staubach, 1939, 79), dejando a los lectores que sacaran sus propias conclusiones frente a la abundancia de información almacenada en sus teatros papeleros.
274 Anita Traninger Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 257-279. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.12 Referencias bibliográficas Abellán, J. L. (1988). Historia crítica del pensamiento español, tomo III: Del Barroco a la Ilustración (siglos XVII y XVIII). Madrid, Espasa Calpe. Agricola, R. (2002). Letters. Van der Laan, A. / Akkerman, F. (eds. y trans.), Tempe, AZ, Royal van Gorcum. Álvarez de Miranda, P. (2003). “Perfil literario del Padre Feijoo”, en Urzainqui, I. (ed.), Feijoo, hoy. Oviedo, Fundación Gregorio Marañón / Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, pp. 119-129. Ardao, A. (1997). Lógica y metafísica en Feijóo. Montevideo, Biblioteca de Marcha. Avalle-Arce, J. B. (1956). “Los ‘errores comunes’: Pedro Mexía y el P. Feijóo”. Nueva Revista de Filología Hispánica, 10, pp. 400-03. Bahr, F. (2024). “El padre Feijoo y la República literaria”. Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, 55, pp. 281-300. Bayle, P. (1692). Projet et fragmens d’un dictionaire critique. Rotterdam, Reinier Leers (reimpr. Genève, Slatkine, 1970). Bayle, P. (1740). Dictionnaire historique et critique (DHC), 5ta edición, 4 volúmenes. Amsterdam / Leyde / La Haye / Utrecht, P. Brunel et al. Blair, A. (2010). Too Much to Know: Managing Scholarly Information before the Modern Age. New Haven / London, Yale University Press. Bots, H. (ed.) (1998). Critique, savoir et érudition à la veille des Lumières: le Dictionaire historique et critique de Pierre Bayle (1647-1706). Actes du colloque international, Nimègue, octobre 1996. Amsterdam, APA- Holland University Press. Camillo, G. (1550). L’Idea del theatro. Florencia, Lorenzo Torrentino. Cormack, B. y Mazzo, C. (2005). Book Use, Book Theory: 1500-1700. Chicago, IL, The University of Chicago Library. Covarrubias Orozco, S. (1611). Tesoro de la lengua castellana, o española. Madrid, Luis Sanchez. Davenport, R. L. (2010). “The Changing Shapes of Knowledge in Spain 1627- 1726: From Dreams and Discourses to Universal Critical Theater”. Sjuttonhundratal. Nordic Yearbook for Eighteenth Century Studies 7, pp. 12–27. Delvolvé, J. (1906). Essai sur Pierre Bayle: religion, critique et philosophie positive. Paris: F. Alcan. Donato, C. y Romero, M. (2020). “‘Todos los progresos que ha hecho el entendimiento humano’. Knowledge, networking, and the encyclopedic turn in Enlightenment Spain”, en E. F. Lewis, M. Bolufer Peruga y C. M. Jaffe (eds.), The Routledge Companion to the
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