Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política
Abstract
La ideología es un concepto polémico, con acepciones positivas y negativas. Este trabajo pretende construir un análisis del caso ideológico del totalitarismo nacionalsocialista a través de la obra de Klemperer, que nos ofrece una exposición privilegiada del lenguaje de este sistema de gobierno. Para ello pretendemos diseccionar la obra en el marco de estudio desarrollado por Paul Ricoeur en su trabajo Ideología y utopía. Nuestro interés estriba en llegar a una explicación evidente de este caso terrible, como ejemplo privilegiado de ideología que presta soporte al totalitarismo, con vistas a de otras formas de ideologías más saludables
Full text
FACULTAD DE FILOSOFÍA GRADO EN FILOSOFÍA DEPARTAMENTO DE METAFÍSICA Y CORRIENTES ACTUALES DE LA FILOSOFÍA, ÉTICA Y FILOSOFÍA POLÍTICA TRABAJO DE FIN DE GRADO IDEOLOGÍA Y FASCISMO: LA POTENCIA DE LA PALABRA POLÍTICA Trabajo Fin de Grado presentado por Ciro M. Rubiales Morales, siendo tutora la profesora Alicia Mª de Mingo Rodríguez. Sevilla, Junio de 2021
FACULTAD DE FILOSOFÍA GRADO EN FILOSOFÍA TRABAJO FIN DE GRADO CURSO ACADÉMICO [2020-2021] TÍTULO: IDEOLOGÍA Y FASCISMO: LA POTENCIA DE LA PALABRA POLÍTICA AUTOR: CIRO M. RUBIALES MORALES TUTOR: DRA. ALICIA Mª DE MINGO RODRÍGUEZ DEPARTAMENTO: Metafísica y Corrientes Actuales de la Filosofía, Ética y Filosofía Política ÁREA DE CONOCIMIENTO: Filosofía Moral RESUMEN: La ideología es un concepto polémico, con acepciones positivas y negativas. Este trabajo pretende construir un análisis del caso ideológico del totalitarismo nacionalsocialista a través de la obra de Klemperer, que nos ofrece una exposición privilegiada del lenguaje de este sistema de gobierno. Para ello pretendemos diseccionar la obra en el marco de estudio desarrollado por Paul Ricoeur en su trabajo Ideología y utopía. Nuestro interés estriba en llegar a una explicación evidente de este caso terrible, como ejemplo privilegiado de ideología que presta soporte al totalitarismo, con vistas a de otras formas de ideologías más saludables. Palabras clave: Ideología, Lenguaje, Totalitarismo, Dominación ABSTRACT: Ideology is a controversial concept with a positive and a negative meaning. This paper aims to build an analysis of the ideological event of national socialist totalitarianism through Klemperer's research, which offers us a privileged exhibition of the language of this governmental system. For this, we use the research framework developed by Paul Ricoeur in Lectures on Ideology and Utopia. Our interest is in finding an evidenced explanation of ideology as false consciousness, so that we understand the ideological event of totalitarianism and differentiate it from other healthier forms of ideology. Keywords: Ideology, Language, Totalitarianism, Domination
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política ÍNDICE 1 INTRODUCCION ......................................................................................... 1 1.1 Consideraciones Previas ................................................................................................ 1 1.2 Introducción 3 2 LINGUA TERTII IMPERII .......................................................................... 12 3. LA IDEOLOGÍ .15 4. EL PROBLEMA DE LA AUTORIDAD Y DOMINACIÓ 23 4.1 Conceptos preliminares sobre el marco de motivación ........................................... 23 4.2 .. ..25 ..28 .. 4.4 ..34 38
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 1 1 Introducción 1.1 Consideraciones previas: La neolengua es un concepto que desarrolla Orwell en su novela 1984. En ella nos encontramos con una ficción distópica que nos muestra una sociedad donde se manipula la información y se ejerce una represión política y social masiva. La neolengua es uno de los pilares fundamentales con los que el gobierno totalitario de esa sociedad ficticia ejerce la dominación total. La idea consiste en el desarrollo de una versión simplificada del inglés que pueda sustituirlo. Y la pretensión de esta simplificación es conseguir afectar a los hablantes de manera que se posibilitará la dominación total del gobierno sobre los individuos, incluso llegando al control del pensamiento. De esta manera, desarrollaría individuos sin la capacidad de reflexionar y la disensión política contra el partido sería imposible. La lectura de esta novela me suscitó muchas preguntas a propósito de las posibilidades reales que tiene un sistema de gobierno para ejercer una dominación. Pero claro, 1984 es una novela y pertenece al género de ficción. No obstante, estas inquietudes permanecieron en mí hasta que un día, el profesor Pablo Badillo nos habló en una de sus clases sobre una obra que relacionaba esta idea de neolengua con el nazismo. En ella un filólogo explicaba cómo se ejercía la dominación política a través del lenguaje. Este texto era LTI: La lengua del Tercer Reich. Yo tenía que desarrollar algunas ideas para escribir mi trabajo de final de grado, y existiendo esta asociación con la obra de Orwell que tanto había despertado mi interés, pensé que me gustaría realizar un trabajo que relacionara ideología política y lenguaje. Entonces, me comuniqué con la profesora Alicia de Mingo y le propuse este tema, pues quería estudiar hasta qué punto la ideología y el lenguaje pueden anular nuestra individualidad mediante la dominación política. El estudio de este concepto también me interesaba porque la noción de ideología ideológico puede anular nuestra capacidad de pensar el mundo de una manera razonada? ¿Hasta qué punto sostienen las creencias ideológicas los intereses de un grupo que ejerce una dominación? ¿Puede la ideología limitar tanto nuestra capacidad de percibir el mundo político de una manera plural? ¿Somos los seres humanos tan maleables?
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 2 Y tras muchísimos encuentros y desconciertos fui capaz de escribir estas páginas que presento bajo el título Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política. Nuestra propuesta de investigación era estudiar el concepto de ideología y su relación con el lenguaje, concretamente con el ya mencionado trabajo desarrollado por Victor Klemperer. Para ello tuvimos que tomar algunas decisiones metodológicas que acotaran la cuestión, ya que el estudio de algunos de los conceptos en juego ampliaba demasiado la investigación desbordando los límites de este trabajo. Cómo la bibliografía sobre el concepto de ideología es vasta e inabarcable comenzamos con un acercamiento a obras de carácter introductorio, ya que a través de ellas podíamos obtener una aproximación a la problematización de su estudio y una visión amplia de la multitud de enfoques de investigación que se han desarrollado en su entorno. Tras haber analizado diferentes posibilidades, elegimos la obra de Ricoeur porque nos parece un ología. Y como se propone en ella queremos reconocer ambas funciones en este trabajo, ya que entendemos que la ideología puede ser un concepto muy útil para la comprensión de cómo nos relacionamos con la realidad político-social, no necesariamente de una manera negativa. Pero tampoco queremos obviar que la ideología puede ser distorsión de la realidad política-social en ciertos contextos. Y ha sido con Ricoeur con quien hemos encontrado una explicación de cómo estas dos dimensiones están contenidas en la ideología, además de una justificación de cómo esto es posible. Y precisamente en esta justificación es donde hemos hallado un lugar para relacionar ideología y lenguaje en la obra de Klemperer. Tal y como decíamos antes, la bibliografía sobre Ideología es muy amplia. Sin embargo, la bibliografía filosófica sobre la obra de Klemperer es mucho más limitada, tal vez porque Klemperer prefirió presentar su obra con su formato original en forma de apuntes y no la convirtió en una obra de explícito carácter científico. Hemos intentado suplir este problema introduciendo bibliografía sobre el totalitarismo, lo que nos ha servido para ampliar nuestras explicaciones sobre cómo la ideología del totalitarismo se relaciona con el lenguaje.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 3 1.2 Introducción a la ideología y el estudio de Paul Ricouer: La ideología es sin lugar a dudas un concepto harto complejo y problemático, pero también fundamental para la comprensión de la política contemporánea. Eagleton, nos dice: « diferentes filamentos conceptuales».1 Y para evidenciar esto, elabora una larga lista de definiciones con las que con seguridad nos sentiremos familiarizados: a) el proceso de producción de significados, signos y valores en la vida cotidiana; b) conjunto de ideas característico de un grupo o clase social; c) ideas que permiten legitimar un poder político dominante; d) ideas falsas que contribuyen a legitimar un poder político dominante; e) comunicación sistemáticamente deformada; f) aquello que facilita una toma de posición ante un tema; g) tipos de pensamiento motivados por intereses sociales; h) pensamiento de la identidad; i) ilusión socialmente necesaria; j) unión de discurso y poder; k) medio por el que los agentes sociales dan sentido a su mundo, de manera consciente; l) conjunto de creencias orientadas a la acción; m) confusión de la realidad fenoménica y lingüística; n) cierre semiótico; o) medio indispensable en el que las personas expresan en su vida sus relaciones en una estructura social; p) proceso por el cual la vida social se convierte en una realidad natural.2 Como podemos deducir de la lista, esta palabra parece tener una polisemia indomable, lo cual ha llevado a multitud de autores a desear cristalizar un concepto de ideología que pueda comprender esta pluralidad de significados. Otros, sin embargo, simplemente han deseado hacer un estudio parcial del concepto, reconociendo la insuperable contradicción de los usos y eligiendo un determinado punto de vista de manera más o menos arbitraria.3 Nosotros, por nuestra parte, pensamos que el concepto de ideología puede explicarse de manera que haga justicia a las realidades más 1 Terry Eagleton, Ideología. Una introducción, Barcelona, Paidós, 1997, p. 20 2 Ibíd. pp. 20-21. 3 Cf., Néstor Capdevilla, El concepto de ideología, Buenos Aires, Nueva Visión, 2006, p. 15.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 4 importantes a las que representa. Por lo que, ante la posibilidad de decantarnos por una concepción más selectiva, hemos deseado elegir una más abarcativa. En cualquier caso, nos parecerá que intentar definir la ideología de tal manera que puedan encajar todas las acepciones anteriores será imposible. ¿Cuál es el principal problema que encontramos a la hora de elaborar este sincretismo de significados? Como vemos en la lista, muchas de estas ideas son incompatibles, contradictorias. Por ejemplo, «ideas falsas que contribuyen a legitimar un poder dominante» y «medio indispensable en el que las personas expresan en su vida sus relaciones en una estructura» son difícilmente conciliables. Y es fácil darse cuenta de que sucede así porque encontramos concepciones peyorativas enfrentadas a otras más positivas o neutras. En general, para nosotros todas estas concepciones pueden ser integradas por medio de dos funciones que conseguirían tanto simplificar como recoger los sentidos más interesantes y fundamentales de la ideología, y que pasaremos a definir a continuación, no sin antes reconocer que nos ha ayudado a conseguir esta explicación e integración en un único concepto la lectura de Paul Ricoeur. Paul Ricoeur desarrolla un marco de estudio de la ideología en Ideología y utopía, siguiendo el planteamiento de Karl Mannheim para estudiar la polaridad de ambos conceptos. La obra es el trabajo resultante a una serie de conferencias que abordan este par conceptual a través del recurso a una serie de autores, a saber, Marx, Althusser, Mannheim, Weber, Habermas y Geertz, en lo tocante a la ideología; y Mannheim, Saint-Simon y Fourier en lo tocante a la utopía. La hipótesis de Ricoeur «es que la conjunción de estas dos funciones opuestas o complementarias tipifica lo que 4 Para Ricouer hay dos rasgos que comparten ambos conceptos: «En primer lugar, los dos son en alto grado ambiguos. Cada uno de ellos tiene un aspecto positivo y uno negativo, un papel constructivo y uno destructivo, una dimensión constitutiva y una dimensión patológica. Un segundo rasgo común es el de que, de los dos aspectos de cada fenómeno, el patológico aparece antes que el constitutivo, lo cual exige que procedamos a trabajar partiendo desde la superficie para investigar la profundidad».5 4 Paul Ricoeur, Ideología y utopía, Barcelona, Gedisa, 2006, p. 45. 5 Ídem.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 5 Este argumento reconoce ambas concepciones en un solo concepto de ideología. Que existe una dimensión normal y constitutiva de ideología, que se refiere a la integración de los individuos en una comunidad política, a la capacidad que nos ofrece para situarnos en el mapa socio-político, etc.; y otra dimensión patológica al momento en que la ideología se convierte en inversión, disimulo o deformación de la realidad. Es cierto que la ideología es, en muchos sentidos, deformación, falsa conciencia. Es el tipo de trabajos que se han desarrollado desde que comenzó la crítica a la ideología emprendida por Marx y Engels, y han proliferado tanto con los desarrollos del marxismo posterior como por medio del enfoque de los trabajos de algunos sociólogos. Y es que, en cierto modo, parece lógico que desde un principio exista este recelo a lo conocido como ideológico, pues históricamente el concepto acabó asumiendo ese matiz despectivo, y probablemente se lo debamos a Napoleón. En 1796 Desttut de Tracy acuña el término para referirse a la ciencia de las ideas, entendiendo las ideas en un sentido sensualista según el empirismo de Locke y Berkeley. Así daba nombre a lo que hacían los pensadores que participaban con la segunda clase del Institut national des sciences et des arts. El concepto adquiere esos tintes despectivos que encontramos en ) los dos se idéologiste idéologue acuñado por Napoleón para referirse despectivamente al mismo grupo».6 Como nos dice Eagleton, si bien esta idea de ideología como falsa conciencia es útil, parece difícil de sostener en nuestros días, pues de alguna manera presupone que existe la posibilidad de percibir el mundo de una manera inequívocamente correcta. Parece proponer que existe una suerte de élite que sostiene esta visión de lo real mientras que el resto de las personas están sumidas en el desconocimiento. Y esto es contrario a nuestra sensibilidad democrática, en tanto que asumir esta perspectiva podría significar plantear si merece la pena dar crédito político a la totalidad de la ciudadanía, si se tiene la convicción de que los ciudadanos son tan crédulos y simplones.7 6 «brumarista» y Napoleón Bonaparte El basilisco, 17 (1994), p. 37. 7 Cf., Eagleton, op. cit., pp. 30-32.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 12 2 Lingua Tertii Imperii LTI, significa Lingua Tertii Imperii. LTI, la lengua del tercer Reich, constituye una investigación desarrollada por un filólogo a propósito del lenguaje que utilizó el nacionalsocialismo para instalarse en el corazón del pueblo alemán durante la época en la que gobernó. Debemos aclarar que para Klemperer la lengua está profundamente ligada al pensamiento: «El lenguaje no sólo crea y piensa por mí, sino que guía a la vez mis emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la Si alguien dice u virtuoso y que sin fanatismo no se puede ser héroe»23. La lengua sería, grosso modo, una manera que tiene el pensamiento de representarse, y en tanto que es así, la representación del pensamiento está determinada por el tipo de lenguaje que poseen los individuos, y los sujetos bajo su influjo no tendrán más remedio que pensar de la misma manera que hablan o en general se expresan en comunidad. O al menos, manifestarán esta tendencia si no sospechan del propio lenguaje. En palabras de Renato Rosaldo, «el lenguaje es hasta cierto punto un reflejo del pensamiento de un pueblo. No cabe duda que el pensamiento tiene que expresarse, y ese lenguaje en que llegan a cristalizar las ideas viene a ser, desde cierto punto de vista, representativo de la manera de pensar de un individuo, así como también de un pueblo».24 Freeden, en su obra, ha relacionado las ideologías y el lenguaje, ya que estas primeras se manifiestan a través de este segundo. Para este autor, las ideologías tienen sus propias peculiaridades gramaticales. Pero es que, además las palabras y sus combinaciones tienen significaciones especiales dentro del ámbito ideológico. De alguna manera, las palabras que soportan las creencias ideológicas son también interdependientes entre ellas. En el caso del nazismo, la lengua sirvió para modelar esta ideología totalitaria. La Alemania de Hitler consiguió tomar la lengua alemana y subyugarla a sus propios 23 Victor Klemperer, LTI: la lengua del Tercer Reich. Barcelona, Editorial Minúscula, 2018, p. 31. 24 Renato Rosaldo, "El léxico como reflejo de la psicología del mexicano", Hispania, 36, 1 (1953), p. 67.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 13 intereses. Además, este lenguaje, como refleja Esther Cohen, «no fue inocente frente a la barbarie, también él participó abiertamente en la lucha contra la libertad del individuo, ».25 En este sentido es innegable que el lenguaje resulta una herramienta estupenda desde la que ejercer una dominación. Y esta, haciéndose potente no a través de la imposición de una nueva lengua, sino que «el nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente».26 Con esta cita podemos comenzar a comprender lo que plantea Klemperer. Nuestro autor presenta la LTI como la apropiación de la lengua por parte del nazismo; es decir, que no se trata de la invención de una nueva lengua, sino de la expropiación de la lengua que este grupo político hace al pueblo. Y en esta expropiación se consigue una revaloración de las palabras, se apremia el uso concreto de expresiones, así como se desprecian otras; se revalúan y se les dan nuevas significaciones a los conceptos. Por otro lado, está el sello trascendental, religioso, histórico con el que enaltece todo lo que se considera propio y se lo quiere sacralizar. Todo para exaltar la interpretación de la realidad que favorece los intereses del partido nazi, todo para generar este universo aislado y artificial. Así se construye e instala en el pueblo la ideología política del nazismo. En este sentido, se produce un efecto narcotizador en sus individuos, pues estos, cuando hacen uso del lenguaje, no pueden más que obtener una representación de la realidad sesgada por la visión del partido. El pensamiento de estos individuos esta mediado por la singularidad y pobreza de la hegemonía de la LTI. Esther Cohen, de una forma muy lúcida, aclara que el lenguaje es más que una forma del ejercicio del poder nazi o un instrumento para subyugar a sus súbditos: «Es ese terreno casi invisible y silencioso por donde se filtra la lucha contra el enemigo, pero transformada».27 Y más allá de ello, las palabras de Klemperer ponen de manifiesto que también se reproduce en los que oprime, ya que «la LTI, tan poderosa como pobre, y 25 Acta poética, 24, 2 (2003) p. 74. 26 Klemperer, op. cit., p. 31. 27 Cohen, op. cit., p. 76.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 14 incluso entre los judíos, en sus cartas y conversaciones y hasta en sus libros, mientras aún pudieron publicarlos».28 El carácter totalitario de la LTI, se evidencia en su falta de interés por dejar espacio para un saludable ámbito privado: «Con independencia del ámbito privado o público al que pertenezca no, esto es falso, pues la LTI no conoce un ámbito privado que se diferencie del público, como tampoco distingue entre lenguaje escrito y hablado-, todo es discurso, todo es público. reza una de sus consignas. Esto significa: tú nunca estarás contigo mismo, nunca solo con los tuyos, estarás siempre ante el pueblo».29 La automatización del individuo para su coordinación, la despersonalización, la desespiritualización, puesto que, son el interés más general del totalitarismo, pretende tomar al individuo e insertarlo en el grupo, azuzándolo en la dirección que determina. Le interesa el individuo irreflexivo, poco molesto; se inserta en su pensamiento a través de la lengua y lo insensibiliza a la reflexión de sus presupuestos más básicos, dirigiéndolo hacia sus propias inclinaciones. 28 Klemperer, op. cit., p. 38. 29 Ibíd. p. 42.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 15 3 La ideología totalitaria «El totalitarismo ha abolido la libertad de pensamiento hasta unos límites inauditos en cualquier época anterior. Y es importante que comprendamos que este control del pensamiento no es solo de signo negativo, sino también positivo: no solo nos prohíbe expresar e incluso tenerciertos pensamientos; también nos dicta lo que debemos pensar, crea una ideología para nosotros, trata de gobernar nuestra vida emocional al tiempo que establece un código de conducta. Y, en la medida de lo posible, nos aísla del mundo exterior, nos encierra en un universo artificial en el que carecemos de criterios con los que comparar. El Estado totalitario trata, en todo caso, de controlar los pensamientos y emociones de sus súbditos al menos de modo tan absoluto como controla sus acciones».30 Con Weber hablábamos de dominación, pero si hablamos de nazismo hablaremos de dominación total. Y es que esta es la diferencia fundamental. Anabella Di Peggo nos refiere: «Los totalitarismos se diferencian de las tiranías y las dictaduras, fundamentalmente por su aspiración a la dominación total de los individuos, es decir, a la eliminación de cualquier resquicio de espontaneidad para actuar de manera inesperada».31 Y esta dominación, como decíamos, se lleva a cabo a través de la ideología y el terror. Y la dominación es tal, que los individuos se ven profundamente convencidos de que deben participar en una empresa común cuyo fin justifica todo lo que se presente como adecuado a ese fin: «La convicción respecto del interés superior del movimiento genera una actitud altruista de parte de sus miembros que permite que no desistan de sus convicciones ante los crímenes que se comenten con quienes no pertenecen al movimiento».32 Ricoeur, en su estudio sobre Weber, expone un par conceptual que adjudica al vínculo social. Lo que está en juego en estos conceptos es si el proceso de legitimación es intensamente integrador o simplemente asociativo, esto es, si los individuos se sienten parte de la comunidad (gemeinschaft) o si se piensan meramente como parte de esta de una forma contractual y menos comprometedora (gesellschaft). Cuando Ricoeur está haciendo una exposición de estos conceptos, hace una referencia al nazismo: 30 George Orwell, Ensayos, Barcelona, Debolsillo, 2013, p. 347. 31 Di Peggo, op. cit., p. 117. 32 Íbid. p. 126.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 16 «el alegato en favor del vínculo integrado contra el vínculo asociativo se convirtió en uno de los argumentos de los sociólogos nazis. Estos hacían hincapié en promover la vida común con sus vínculos emocionales y en negar todo conflicto; argumentaban que la unidad de la raza o de la nación es más importante que el conflicto de clases. Oculto está el hecho de que a menudo detrás de la Gemeinschaft acechaba la coacción».33 La organización totalitaria del n del poder, en la parte exterior estaban los simpatizantes del partido, se relacionaban con el mismo como aquellos que compartían las ideas de un programa político normal. Eran muchos, pero en general personas normales con una vida social que, además, mantenían su vida privada y profesional. De esta manera, los simpatizantes actúan como cara superficial ante el mundo exterior proporcionando una imagen normalizadora de la situación que se está dando. De la misma manera, está cara superficial es reproducida hacia el interior, hacia la siguiente capa, que sería la de los afiliados. Estos tienen un grado de compromiso mayor pero aún mantienen vínculos con una vida normal. No obstante, por ese mayor grado de compromiso estarán determinados hacia el partido si deben posicionarse. En las capas selectas de la militancia la situación es diferente. Estos carecen de vida privada y profesional. Esta organización en capas ayuda a que hacia el exterior exista un mayor grado de normalidad, mientras que hacia el interior se exige un alto grado de compromiso. En el centro está el líder, que se rodea de las organizaciones de élite. También se creará las SA, las unidades de asalto fundadas como organización paramilitar del partido. Esta después tendrá su propia organización de élite, las SS, que más tarde se escinde convirtiéndose en un cuerpo propio bajo el mando de Himmler. En el centro de todo se encuentra el líder, aislado del resto por su propio séquito aún más reducido. El líder es el Führer y el motor del movimiento. Pero es que, además, su voluntad es la ley del partido, lo cual produce que sea el responsable de todos los crímenes y, por tanto, disuada de sentirse, al menos en parte, responsable al resto de la organización.34 Una cuestión de importancia es que, incluso antes de la toma de poder, el partido nazi ya contaba con «núcleos de asociaciones profesionales de abogados, médicos, 33 Ricoeur, op. cit., p. 219. 34 Cf. Di Peggo, op. cit., 143-144.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 17 profesores, estudiantes, etc., paralelas a las oficiales».35 Cuando llegaron al poder solo tuvieron que reemplazar las anteriores por las que tenían preparadas previamente. Este proceso de integración más intenso, que ya hemos asociado al concepto de Gemeinschaft de Weber, podemos cotejarlo con el uso de abreviatura que encontramos en la LTI. Klemperer considera el uso de abreviaciones como algo que surge por necesidades comerciales e industriales, y nos cuenta que en la Alemania de la Primera Guerra Mundial ya estas abreviaciones habían trascendido el mero ámbito comercial, traspasando la esfera política-económica e instalándose en el ámbito político. Así, «en el lenguaje militar se concentraba desde la Primera Guerra Mundial toda clase de tipos y motivos de abreviaciones, tanto la denominación abreviada del grupo y del aparato técnico como la palabra cifrada en cuanto protección hacia fuera y factor de cohesión hacia dentro».36 Pero esta cuestión en la Alemania de Hitler se ve potenciada todavía más porque a este sistema de gobierno le gusta organizar a su pueblo en pequeñas comunidades donde los individuos se sienten parte del grupo. De esta forma, los individuos que integran una comunidad se sienten parte de ella de forma directa, y no de forma meramente contractual. Pues bien, es interesante la forma en que lo expresa nuestro autor. «Ningún estilo anterior de la lengua utiliza esta forma de manera tan exagerada como el alemán hitleriano. La abreviación moderna siempre interviene allí donde se tecnifica y se organiza. Y, con su pretensión de totalidad, el nazismo lo tecnifica y organiza todo».37 Por lo tanto, Klemperer relaciona el uso constante de abreviaciones con las pretensiones totalitarias del nazismo. Sus individuos están activamente organizados en pequeñas comunidades jerarquizadas, donde son agentes del propio sistema, por muy mínima que sea su actividad. Pero no termina aquí la cuestión puesto que, el nazismo quiere apropiarse y revestirse del lenguaje religioso, sobre todo del cristiano. Por ello encontrar paralelismos entre LTI y el lenguaje de los evangelios, o en general, la ceremoniosidad que rodea el discurso cristiano es habitual. Es algo que por nuestra parte relacionaremos con el tipo 35 Ibíd. 145. 36 Klemperer, op. cit. p. 140. 37 Ibíd. p. 140-141.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 18 de orden carismático basado en la fe en el líder, cuando atraigamos estos al tratamiento propuesto desde el pensamiento de Weber. «Partiendo de esa misma pretensión totalitaria, trata también de apoderarse de toda la vida anterior, como quiere ser religión y planta la cruz gamada por doquier, cada soldado de infantería motorizado [kradschütze] o destacamento de ametralladoras [MG], miembro de la HJ o del DAF ».38 En el mismo orden de cosas, Klemperer analiza el término Gefolgsschaft (séquito) y el de Gefolgsschaftsaal (sala de séquito). Viene referido también a esta forma de organización que contempla el concepto de gemeinschaft. De hecho, podemos interpretar que el propio autor hace una reflexión que contrapone este concepto con el de gesellschaft. Klemperer nos habla de cómo a veces las salas de personal formadas por mesas y sillas, tarima, percheros, pupitre del orador, etc. se veían completamente revestidas por la bandera de la cruz gamada que se ponía alrededor del pupitre del orador, a ambos lados de un retrato de Hitler tras este y alrededor de toda la habitación en guirnaldas.39 En este sentido, el cotidiano lugar de reunión de los empleados pasaba a constituir una suerte de asamblea de celebración. En ocasiones festivas esto sucedía y los empleados de la empresa debían reunirse de esta manera y bajo estas fórmulas. «¡Séquito! ¿Quiénes eran, de hecho, las personas allí reunidas? Eran obreros y empleados que cumplían con ciertos deberes a cambio de un salario determinado. Entre ellos y sus patronos todo estaba regulado legalmente, es posible, aunque fuera innecesario y quizá incluso molesto, que existiera cierta relación afectiva entre los jefes y algunos de ellos. Sea como fuere, el comportamiento de todos estaba regulado por la ley fría e impersonal. En la Gefolgschaftssaal, sin embargo, eran sacados de la claridad de las normas legales y disfrazados y transfigurados mediante una única palabra: Gefolgsschaft. Esta los revestía de antigua tradición alemana, los convertía en vasallos, en hombres armados y obligados por un juramento de lealtad, en miembros del séquito de los nobles caballeros».40 Así pretende el nazismo reforzarse e introducirse en sus súbditos. Y de una manera similar intenta enaltecer todo lo que toca a través del lenguaje. Para ello muchas 38 Ídem. 39 Cf. Ibíd. p. 341. 40 Ibíd. 343.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 19 veces lo que hace es simplemente dar un mínimo giro hacia el alemán antiguo. Es lo que ocurre cuando en vez de Asociación de abogados, dice Alianza de los Guardianes de la Ley (Bund der Rechtswahrer). Lo mismo cuando en vez de funcionario se usa Amtswalter, o en vez de Administración (Verwaltung), se usa Amtswaltung.41 Esto sucede porque la LTI pretende darle unas dimensiones más o menos sagradas a estos ámbitos de la vida cotidiana, para que los individuos que integran las actividades que se ven afectadas por este influjo participen de esa solemnidad. Se da también una relación de todos estos aspectos con la fe, puesto que uno no debe cuestionar lo sagrado, en tanto « ».42 Sin embargo, el individuo de esta sociedad también se ve aislado y la solidaridad de grupo anulada, de tal manera que, si uno no actúa bajo los designios e intereses del régimen, acababa teniendo problemas. No solo tiene que ser precavido con la policía secreta, sino con las personas que le rodean. De hecho, a menudo ni siquiera se trata de actuar bajo las órdenes y los mandatos, que es algo que se da por sentado, sino de tener en general una actitud entusiasta favor del régimen, de vivir activamente el movimiento. Cómo leíamos en palabras de Orwell al principio de este apartado, el totalitarismo trata de gobernar hasta en nuestra vida emocional y establece códigos de conducta. Klemperer dedica un capítulo a exponer formulas habituales de los anuncios de fallecimientos en periódicos, que resulta bastante esclarecedor de este asunto. En «La tristeza teñida de orgullo se considera en muchos casos obligatoria después de la fecha señalada y a veces se ve incluso reforzada, a petición del pariente caído en heroica lucha, por una declaración de renuncia a vestirse de luto».43 Otra característica con la que se representa al alemán es sonnig (radiante), y así es como debe expresar su ánimo en casos tales como ese. Por eso, sentimientos como la tristeza de la pérdida de un ser querido en la guerra deben expresarse de esa manera, sin duelo, pues está mal visto. Y sonnig no desaparece del todo «ni siquiera al final, y cuando se lo evita, se suele sustituir por lebensfroh (lleno de alegría de vivir)».44 41 Cf. Ídem. 42 Ibíd. p. 353. 43 Ibíd. p. 181. 44 Ídem.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 20 Esta idea nos lleva, por un lado, a entender que los conflictos de clases eran indeseables porque para el nazismo, siendo un movimiento totalitario, era importante dirigirse no a una sociedad organizada en clases, sino a las masas en general. Por lo tanto, en el caso del totalitarismo era necesaria la participación política de las masas «por su disposición a resignar sus intereses personales por nociones abstractas que guiaban su vida».45 En el análisis de Anabella Di Peggo encontramos sugerentes ideas de cómo las ideologías afectan a estas masas. En primer lugar, se capta el interés de las masas a través de la propaganda. En el caso del nazismo podríamos señalar que, en general, la propaganda fue la carta de presentación del líder político y el Partido, el enaltecimiento y la revelación del ario como el individuo que integraría la comunidad política y el judío como el enemigo a perseguir. Klemperer habla de las innovaciones técnicas en torno al discurso y la propaganda. De esta manera nos muestra en una cita su experiencia del visionado de una película sobre un discurso de Mussolini, titulada Diez años de fascismo, antes de que el partido llegara al poder. «Mussolini habla desde el balcón del palacio de Nápoles a la multitud; tomas de la masa y primeros planos del orador, las palabras de Mussolini y los sonidos de respuesta de los interpelados. Se ve cómo el Duce se infla literalmente para pronunciar cada frase, cómo frena el impulso un momento para crear luego una expresión facial y corporal de suma energía y tensión, se oye la entonación ritual, eclesiástica, de sermón apasionado, donde siempre suelta solo frases breves, a las que todos reaccionan afectivamente, sin realizar ningún esfuerzo intelectual, aunque no entiendan el sentido, o mejor dicho, precisamente cuando no lo entienden».46 La lectura que Klemperer hace en esta época, es que el nazismo produce una versión alemana del fascismo italiano. Cambia la camisa negra por la parda, al Duce por el Führer y tiene su propio saludo fascista. Pero en esencia utiliza recursos estilísticos propagandísticos similares. Estos también beben de los recursos que usa el comunismo de la Unión Soviética. Con respecto a la radio, también hace notar la importancia que tiene como innovación técnica de su tiempo, pues puede «permitir al líder y hombre de Estado 45 Di Peggo, op. cit., p. 128. 46 Klemperer, op. cit., p. 80.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 21 millones de personas, aunque miles de kilómetros separan a los diversos grupos».47 Y sobra decir la importancia que tiene para un gobierno, en la terminología de Weber, basado en el liderazgo y el carisma, tener esa capacidad de dirigirse a esa cantidad de personas. Y por esto precisamente, por estas nuevas circunstancias, por estar dirigido a la mayor cantidad de individuos posibles, el discurso toma nuevas formas basadas en: «resultar comprensible para todos y, por tanto, más popular. Popular es lo concreto, cuanto más tangible sea un discurso, cuanto menos dirigido al intelecto, tanto más popular será. Y cruza la frontera hacia la demagogia o la seducción de un pueblo cuando pasa de no suponer una carga para el intelecto a excluirlo y a narcotizarlo de manera deliberada».48 En este sentido Klemperer ofrece buenos ejemplos de cómo se consigue dar un aura muy significaba al discurso nazi. La parafernalia que rodea al discurso es de vital importancia. Las plazas ornamentadas, las banderas, las pancartas reproducen unas estéticas concretas. Y por supuesto, el efecto que las palabras del orador consiguen en su público. La catarsis que produce en la multitud la creación de un ambiente vivencial común, el pueblo ario como un todo sintiente frente a las injusticias impuestas por el enemigo judío. «El discurso está incrustado y escenificado en este marco, es una obra de arte total dirigida tanto al oído como a la vista, al oído doblemente, ya que el bramido de la multitud, sus aplausos y muestras de rechazo surten sobre el oyente un efecto cuando menos tan poderoso como el discurso en sí».49 Su hacer discursivo es apelativo, incitante, siempre declamado, repleto de grito e invocación. Una vez que ha llegado al gobierno, «la propaganda deviene un instrumento para las relaciones del sistema totalitario con el mundo no totalitario»,50 y es sustituida por la ideología y el terror. La perspectiva sobre las ideologías que ofrece Anabella Di Peggo está muy relacionada con la modernidad y la sociedad de masas, ya que se trata de un análisis de la visión de Arendt. De esta manera vincula ideología con Historia con mayúsculas. Para Arendt, las ideologías tienen un carácter infalible porque nos dan «la interpretación correcta de las fuerzas esencialmente fiables existentes en la Historia o 47 Ibíd. p. 81. 48 Ibíd. p. 81-82. 49 Ídem. 50 Di Pego, op. cit., p. 136.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 28 obligan a actuar. Ricoeur señala que «los mandatos y demandas hacen entrar en juego la relación entre creencias y pretensiones».65 «La legitimidad de un orden puede estar garantizada: I. De manera puramente íntima; y en este caso: 1) puramente afectiva: por entrega sentimental; 2) racional con arreglo a valores: por la creencia en su validez absoluta, en cuanto expresión de valores supremos generadores de deberes (morales, estéticos o de cualquier otra suerte); 3) religiosa: por la creencia de que de su observancia depende la existencia de un bien de salvación. II. También (o solamente) por la expectativa de determinadas consecuencias externas, o sea, por una situación de intereses; pero por expectativas de un determinado género».66 Esta explicación de la legitimidad de un orden conduce la cuestión hacia el valioso sistema de motivos por el que Ricoeur encamina la cuestión de la ideología. Por lo tanto, comprobamos que la legitimidad que se puede atribuir a un orden corresponde a las creencias y representaciones que pueden arrojar los que están sometidos a ese mismo orden. En estas tipologías lo que prima es el punto de vista del actor social. De esta manera: «Los que actúan socialmente pueden atribuir validez legítima a un orden determinado: a) en méritos de la tradición: validez de lo que siempre existió; b) en virtud de una creencia afectiva (emotiva especialmente): validez en lo nuevo revelado o de lo ejemplar; c) en virtud de una creencia racional con arreglo a valores: vigencia de lo que se tiene como absolutamente valioso; d) en méritos de lo estatuido positivamente, en cuya legalidad se cree».67 4.3 La raza como criterio de distinción de quién forma parte de un grupo. Ya hemos adelantado previamente, cuando hablábamos de totalitarismo y de la organización que ejercieron los nazis de su sociedad, los conceptos de Gemeinschaft y de Gesellschaft, correspondientes al grado de vínculo social. 65 Ricoeur, op. cit., p.216. 66 Weber, op. cit., p. 27. 67 Ibíd., p. 29.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 29 Otro concepto que desarrolla Weber y que nos interesa, es el grado en el que un grupo es cerrado. «El problema de la identidad de un grupo tiene relación con la existencia de límites territoriales o de otro tipo- en lo que se refiere a quién pertenece o quién no pertenece a un grupo».68 Esto será importante para nosotros porque podemos relacionarlo directamente con el nacionalsocialismo que, en la dicotomía ario y no ario (o en general, ario y judío), desarrolla toda una serie de reglas de afiliación y de exclusión. La cuestión de la raza recorre transversalmente toda la ideología nazi. Como exponíamos con anterioridad siguiendo a Arendt, la idea de la raza es la que explica cómo se desarrolla la Historia. Esta ideología está profundamente marcada por el convencimiento de que en la historia se da una lucha entre razas, y los individuos están inmersos en esta les guste o no, pues es un proceso histórico en marcha que los arrastra. De esta manera, el discurso está muy marcado por el uso de expresiones como 69 Como el criterio que dicta si uno forma parte de la sociedad depende de si es ario, se crean figuras 70 Otra cuestión es cómo esto afecta al mundo académico y científico. Así relata Klemperer cómo uno de sus artículos 71 Así, en la producción de obras de carácter científico la ideología y la LTI lo enturbian todo. De esta manera, encontramos obras como La receta médica de las tisanas, editada por la Sociedad Farmacéutica Alemana. Este libro afirma que el pueblo alemán prefiere las prescripciones de hierbas autóctonas recogidas de los bosques y praderas alemanas porque «su utilización medicinal confirma ciertos éxitos curativos tradicionales de épocas muy remotas, y la idea de la ligazón existente entre la sangre y tierra apoya la confianza en las hierbas autóctonas».72 Este es un ejemplo entre otros tantos donde apreciamos hasta dónde llega la LTI. 68 Ricoeur, op. cit., p. 220. 69 Klemperer, op. cit., 42. 70 Cf., Ibíd., p. 53. 71 Cf., Ibíd. p. 57. 72 Ibíd., p. 376.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 30 De la misma manera, el racismo hacia los judíos se justifica de una manera al pensamiento moderno. La doctrina racial es el elemento propagandístico más útil y esencial del que se sirvió el nazismo y justifica todos los excesos del régimen nazi. Y el principal problema de esto, lo que está en juego bajo este argumento pseudo-científico, es convertirlo en algo determinante: «pues el ser humano puede cambiar su vestimenta, sus costumbres, su cultura y su fe, pero nunca su sangre» (...) «Así el judío se convierte en el hombre más importante en el Estado de Hitler: es la cabeza de turco y el chivo expiatorio más popular, el adversario más popular, el común denominador más evidente, el paréntesis más sólido en torno a los factores más diversos».73 Y lo es así de tal manera que el nazismo llama judíos a todos sus enemigos. Los norteamericanos son una raza mestiza. De los franceses se dice que están de los judíos. El bolchevismo se convierte en el bolchevismo judío.74 La distinción entre ario y no ario estaba tan extendida que se cuida incluso en los nombres propios de los individuos. Los arios tenían prohibidos los nombres hebreos y los cristianos, por sus raíces hebreas, estaban mal vistos. Por el contrario, se apremiaba el uso de los que eran muy germanos. «Los nombres dobles, unidos por un guion, son particularmente populares por su sonoridad, por su doble profesión de fe, es decir, por su carácter retórico»75. El caso de los judíos era diferente, de manera que el que no tuviera un nombre inequívocamente hebreo debía añadir Israel o Sara a su nombre. Por otro lado, estaba la identificación que se hacía de los mismos colocando la estrella de David en el pecho, con la palabra judío en el centro. Klemperer, relata que cuando se hablaba oficialmente de misma manera, «cuando debía presentarme a la Gestapo, llovían golpes si no me presentaba diciendo en un tono suficientemente zackig 76 73 Ibíd., p. 254. 74 Cf. Ibíd., pp. 200-201. 75 Ibíd., p. 117. 76 Ibíd., p. 120.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 31 Otra cuestión es que la LTI se encarga de deshumanizar y cosificar a los judíos. 77 Las palabras de la LTI procuran transmitir el valor pleno de lo ario, frente a lo despreciable de lo judío. Podemos ver esto en las expresiones que se utilizan para puramente aria 78 es devolve 79 Las palabras nuevas o el matiz que se resalta en ellas, cobran vida solo cuando tienen significado para la comunidad en las que se introduce. Estos son algunos de los ejemplos que nos ayudan a comprender cómo la cuestión de la raza atraviesa la ideología nazi. Se producen nuevas palabras, algunas expresiones son inventadas y, en general, algunos tipos de creencias con respecto a esta ideología de la raza toman forman y están a la mano de todos a través del lenguaje. 4.4 La perversión de la ideología en la dominación política. El siguiente concepto en la exposición de Ricoeur refiere a la distinción entre gobernados y gobernantes, en el sentido de que existan grupos cerrados entre estos últimos. Para Ricoeur es importante porque con este concepto se puede abordar la relación entre el poder y el orden. Este concepto introduce una estructura política. Nosotros durante la exposición que hemos dedicado a la ideología totalitaria, hemos descrito la organización en capas que existía en el nazismo. El primer concepto de Gemeinschaft, nos sirvió para exponer el grado intensificado de vínculo social que se daba en esta comunidad política. El concepto de Verband, explica la cuestión de la jerarquía de poder dentro del grupo. En Weber queda expresado así: «Por asociación (Verband) debe entenderse una relación social con una regulación limitadora hacia 77 Ibíd., p. 219. 78 Ibíd., p. 244. 79 Ibíd., p. 327.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 32 afuera cuando el mantenimiento del orden está garantizado por la conducta de determinados hombres destinada en especial a ese propósito: un dirigente y, eventualmente, un cuadro administrativo que, llegado el caso, tienen también de modo normal el poder representativo».80 Este concepto es central en la argumentación de Ricoeur, puesto que en este se hace más evidente el problema de la legitimación del orden, cuya solución es la ideología. Además, nos lleva al siguiente concepto, que es el de imposición. «Los problemas concretos de la legitimidad proceden de esta división del trabajo entre gobernantes y gobernados; la necesidad de legitimar la imposición de las reglamentaciones del cuerpo gobernante prepara un posible concepto de ideología».81 Ricoeur desarrolla algunas ideas interesantes entorno a este concepto. En primer lugar, nos muestra un tipo de acción diferente. Este tipo estaría dirigido no hacía a los demás, sino al propio sistema de imposición. Por lo tanto, a la obediencia, a seguir normas y reglas. En segundo lugar, en la diferenciación entre gobernantes y gobernados se da este concepto de imposición. Los gobernantes imponen un sistema de reglas al grupo de gobernados que están orientados a este sistema de imposición. Estos deben obedecer y aquí es donde entra el papel de la ideología para legitimar el orden. En este nivel, sería donde se da el conflicto entre la ideología y la utopía. «Lo que en definitiva está en juego en toda ideología es la legitimidad de un determinado sistema de autoridad; lo que está en juego en toda utopía es imaginar una manera diferente de usar el poder».82 Para Ricoeur es decepcionante comprobar que Weber, ofreciendo un marco de motivación tan bueno y propicio para tratar el problema de la ideología, no lo haga. Y piensa que esto se debe a que, a diferencia de los marxistas, no trata con el concepto de clase gobernante. Y el problema está en que Weber al presentar el concepto y la tipología de legitimidad, propone la creencia como algo suplementario. «Para mí, el lugar de la ideología está en el vacío de este concepto. Cuando Weber habla de la pretensión 80 Weber, op. cit., p. 39. 81 Ricoeur, op. cit., p. 220. 82 Ibíd., p. 221.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 33 a la legitimidad, su construcción es coherente, pero cuando habla de creencia ella es sólo suplementaria».83 Para Ricoeur esto es importante porque pretende injertar aquí su propia tesis. Ya no solo hace una exposición de Weber, sino que pretende explicar cómo funciona un sistema de autoridad agregando él mismo la cuestión ideológica. Weber desarrolla una tipología de la legitimación que responde a las pretensiones de un sistema de autoridad y la creencia es agregada como suplemento para llegar a una explicación de la legitimación. Ricoeur entiende que la cuestión de la ideología puede ayudar a explicar cómo pretensión y creencia se relacionan, y así, aclarar cómo funciona un sistema de autoridad. Desarrolla su tesis en tres puntos: «Primero, ¿no podemos afirmar que el problema de la ideología se refiere a este suplemento, a esta brecha entre pretensión y creencia, al hecho de que tiene que haber en la creencia algo más de lo que racionalmente se entiende desde el punto de vista de los intereses, ya sean éstos emocionales, consuetudinarios o racionales? Segundo, ¿no es acaso la función de la ideología llenar esta brecha de credibilidad? Si ello es así, tercero, ¿no necesitamos elaborar un concepto de plusvalía relacionado ahora no con el trabajo sino con el poder?».84 En este último punto nuestro autor propone el desarrollo de una teoría de la plusvalía del poder. Lo que ocurre sería que las pretensiones de legitimidad de un sistema de gobierno no podrían ser satisfechas solo por las motivaciones de los individuos que lo integran. Por lo tanto, la autoridad necesitaría de la ideología para agregar el suplemento en creencias. Ricoeur es consciente de que su lectura de Weber está orientada a la búsqueda de la ideología en el texto, pero también cree que no le hace violencia, sino que más bien intenta ofrecer una lectura alternativa que explique cosas que el aún coherente sistema de Weber no es capaz de explicar. Así, continua con su exposición, hasta presentarnos los tipos de dominación según la pretensión de estos que desarrolla Weber. «Existen tres tipos puros de dominación legítima. El fundamento primario de su legitimidad puede ser: 83 Ibíd., p. 228. 84 Ibíd., pp. 228-229.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 34 1. De carácter racional: que descansa en la creencia en la legalidad de ordenaciones estatuidas y de los derechos de mando de los llamados por esas ordenaciones a ejercer la autoridad (autoridad legal). 2. De carácter tradicional: que descansa en la creencia cotidiana en la santidad de las tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados por esa tradición para ejercer la autoridad (autoridad tradicional). 3. De carácter carismático: que descansa en la entrega extracotidiana a la santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas (llamada) (autoridad carismática)».85 Ricoeur hace notar que en los tres casos se relaciona la pretensión con la creencia (en el tercero se habla de devoción, pero se puede entender como creencia). Por lo tanto, cuando organizamos un sistema de pretensión, necesitamos un sistema de creencia. En el tercer punto, la creencia se da con más fuerza, porque estamos tratando los motivos carismáticos. 4.5 El líder carismático. Weber hace un análisis desde el más racional hasta el menos racional. Como a nosotros nos interesa el tipo carismático, que es el último, iremos directamente al análisis de este. Parecería que el sistema carismático, en la lectura de Weber, fuera un sistema que ha quedado atrás en el tiempo, pero Ricoeur propone la posibilidad de que sea «la médula oculta de todo poder».86 Lo carismático queda definido en Weber por la presencia de un líder al que se le atribuyen cualidades sobrenaturales, o al menos ejemplares. Como estas cualidades sobrenaturales parecen tener un origen religioso, parecería que este sistema ha sido abandonado. Sin embargo, Ricoeur ejemplifica que hasta en las actuales democracias la presencia de un líder es algo obvio, y que las decisiones de poder siempre son tomadas desde un punto de vista personal. Con esto nuestro autor quiere hacer notar que no es posible prescindir de la figura del líder, y que esta figura está demasiado ligada con la creencia como para obviar esta cuestión. «No hay ningún líder, ningún profeta, que no pretenda ser el verdadero profeta y que por lo tanto busque nuestra creencia».87 Y en palabras de Weber, «sobre 85 Weber, op. cit., p. 172. 86 Ricoeur, op. cit., p. 237. 87 Ibíd., p. 238.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 35 la validez del carisma decide el reconocimiento nacido de la entrega a la revelación, de la reverencia por el héroe, de la confianza en el jefepor parte de los dominados».88 Es algo que está patente en el lenguaje de las necrológicas. En este, también hay una glorificación del patriotismo. Por lo que existen fórmulas en las necrológicas para ensalzar la muerte por la patria. Así encontramos expresiones en las que el alemán da Führer líder debe de ser una de las características más sobresalientes de un teutón. De esta Führer Führer propio Hitler».89 «Y he aquí la expresión de máximo ardor nazi: el poner a Hitler Führer 90 En las notas de sus primeros años en sus diarios, Klemperer ya sospechaba de este carácter religioso con el que se revestía el nacionalsocialismo, y lo hace notar cuando relatas sus experiencias. Hitler se declara Führer del pueblo alemán. Él es guía espiritual, p Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer revela los ánimos totalitarios del nacionalsocialismo cuya cabeza no es otra que Hitler. Y todos deben someterse a su voluntad. Hitler se presenta como una figura mesiánica que ha venido a liberar a su pueblo de las opresiones de sus enemigos. Es el profeta y redentor de Alemania. Klemperer nos relata que en un congreso de Medicina al que asistió por abril de 1933 en Wiesbaden, «de forma solemne y repetidas veces, dieron 91 En septiembre de 1933 describe su visionado en el cine de un congreso del Partido que tuvo lugar en Nuremberg: «Hitler consagra nuevas banderas de las SA dartes se oye un cañonazo. ¡Si esto no es una mezcla de escenificación teatral y eclesiástica! Con independencia de cuanto 88 Weber, op. cit. p. 194. 89 Klemperer op. cit. p. 182. 90 Ibíd., p. 182. 91 Ibíd. p. 53.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 36 hermanos: martirio de sa todo el entramado nacionalsocialista se eleva del plano político al religioso».92 En noviembre de 1933, en una fábrica de Siemensstadt, escucha por primera vez un discurso completo de Hitler, a través de la radio, basado en el trabajo y la paz. De nuevo, Hitler se presenta como un hombre que ha venido al pueblo alemán para propagar la paz (pues de hecho cuando se da la justificación de la guerra, siempre será elementos meta-discursivos y los propiamente discursivos que siempre envolvían estos eventos, fue el anuncio del mismo: «Descanso entre las 13 y las 14 horas. En la decimotercera hora, Adolf Hitler vendrá a los trabajadores».93 Klemperer señala el descaro con el que se utiliza el lenguaje de los evangelios y nos dice: «esta vez se ha superado la estrechez de la ceremonia religiosa, se ha desechado el disfraz remoto en el tiempo, la leyenda de Cristo se ha trasladado al presente: Adolf Hitler, el Salvador, viene a los trabajadores de Siemensstadt».94 De la misma manera Klemperer no cita las palabras que escribió Goebbels, pertenece a toda la humanidad; y si esta lo supiera, se despediría en ese mismo instante de sus falsos dioses y lo honraría a él 95 Para Weber se da un culto en la figura del líder, una devoción. «El valor religioso del carisma es aprovechado y puesto al servicio de la estructura política».96 A partir de aquí, Ricoeur aventura algunas preguntas que no llega a desarrollar demasiado pero que resultan interesantes. Podríamos señalar que su tesis más general es que el origen del poder está en la autoridad carismática y propone que «la primera ideología del poder es la creencia de que el poder es divino».97 Es interesante porque vuelve a la cuestión de la plusvalía del poder, en contraste con la tesis marxista de la plusvalía del trabajo: «De la misma manera que la plusvalía del trabajo parece pertenecer al capital; se dice que tanto el poder como el capital funciona sobre su propia base. En ambos casos nos encontramos frente al mismo hurto de significación. El rasgo decisivo de la 92 Ibíd. p. 58. 93 Ibíd. p. 64-65. 94 Ibíd. p. 65. 95 Ibíd. p 172. 96 Ricoeur, op. cit., p. 238. 97 Ídem.
Ideología y fascismo: la potencia de la palabra política 37 autoridad carismática es pues la falta de reciprocidad entre pretensión y creencia. La pretensión no se apoya en la creencia, sino que la creencia es arrancada por la pretensión. Me pregunto si esta discrepancia entre pretensión y creencia en la autoridad carismática no constituye la base de todas las cuestiones de poder y dominación en general».98 Son interesante las relaciones que establece aquí Ricoeur entre poder y carisma, así como entre poder y poder religioso. También lo es para nosotros su propuesta de la plusvalía del poder, aunque quizás sea una idea demasiado intensa como para someterla a un análisis exhaustivo en este trabajo. No obstante, tenemos aquí, en toda esta exposición, a rasgos generales, una explicación de por qué un sistema de autoridad necesita de la ideología para poder justificar su legitimidad. Lo que Ricoeur quiere decir es que, en este proceso de legitimar un sistema de autoridad, se hace una expropiación del poder que antes estaba en el conjunto de gobernados, para ser ostentado por los gobernantes. Y esto se consigue a través de la ideología puesto que agrega las creencias que hacen falta para cerrar este proceso. Aquí es donde se puede dar la perversión de la ideología, pues ya no estamos ante un conjunto de creencias que da integración a un grupo particular político, sino que esta es guiada por los intereses de un grupo que debe justificar su poder ante otros. En el caso de la ideología totalitaria esto no solo se consigue de esta manera, sino que se consigue de una manera abusiva. El sistema nacionalsocialista no pretende simplemente aspirar a su mera justificación, ya que aquí la ideología está al servicio de la ilusión, distorsión y mistificación. Desea crear un universo ficticio donde encerrar a sus individuos, dirigiendo sus pensamientos y emociones, delimitando su apreciación de ideas alternativas a las de su régimen, etc. Ya que «toda corriente, toda obra, todo autor es o volkhaft arthaft) o no lo es» y lo o estético e incluso de 99 Esto lo consigue a través del lenguaje. 98 Ídem. 99 Klemperer, op. cit., p. 383.