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Biomímesis: respuestas a algunas objeciones

Riechmann, Jorge

Abstract

La idea de biomímesis -imitación de algunos rasgos de los ecosistemas a la hora de reconstruir ecológicamente los sistemas humanos- parece importante para dotar de contenido a la noción más formal de sustentabilidad. Pero ciertamente cabe plantear fundadas dudas y objeciones a la misma. Este artículo trata de anticipar y responder a algunas de esas previsibles objeciones.

Full text

BIOMÍMESIS: RESPUESTA A ALGUNAS OBJECIONES JORGE RIECHMANN Uni e sidad de Ba celona [email p o ec ed] Resumen. La idea de biomímesis -imi ación de algunos asgos de los ecosis emas a la ho a de econs ui ecológicamen e los sis emas humanos- pa ece impo an e pa a do a de con enido a la noción más o mal de sus en abilidad. Pe o cie amen e cabe plan ea undadas dudas y objeciones a la misma. Es e a ículo a a de an icipa y esponde a algunas de esas p e isibles objeciones. Palab as cla e: biomímesis, imi ación, ecosis emas, sus en abilidad. Abs ac . The idea o biomimic y -imi a ion o some ecosis emic ea u es in o de o eshape ecollogically human sys ems- seems impo an , i we in end o gi e con en o he somewha mo e o mal no ion o sus ainabili y. Ne e heless, i can and should be ques ioned. This pape ies o an icipa e some o hese doub s and objec ions, and answe o hem. Key wo ds: biomimic y, imi a ion, ecosys ems, sus ainabili y. “Compa ís [la bu guesía] con odas las clases dominan es que han exis ido y pe ecie on la idea in e esada de que ues o égimen de p oducción y p opiedad, ob a de condiciones his ó icas que desapa ecen en el anscu so de la p oducción, descansa sob e leyes na u ales e e nas y sob e los dic ados de la azón.” Ka l Ma x y F ied ich Engels1 “Cuan o más p epa ada es é una ecopolí ica pa a cues iona su p opio discu so sob e la ‘na u aleza’, mayo se á su e ec i idad.” Ka e Sope 2 La idea de biomímesis Desde hace decenios, ecólogos como Ramón Ma gale , H. T. Odum o Ba y Commone han p opues o que la economía humana debe ía imi a la “economía na u al” de los ecosis emas. El concep o de biomímesis (imi a la na u aleza a la ho a de econs ui los sis emas p oduc i os humanos, con el in de hace los compa ibles con la bios e a) ecoge es a es a egia, y a mi en ende le co esponde un papel cla e a la ho a de do a de con enido a la idea más o mal de sus en abilidad3. Lo expuse ya, hace algunos años, en un capí ulo de mi lib o Un mundo ulne able4; lo desa ollé más en el capí ulo i ulado “Biomímesis” del lib o colec i o Indus ia como na u aleza, al que emi o pa a amplia las sucin as conside aciones que siguen5. 1 Ka l Ma x y F ied ich Engels, El mani ies o comunis a, Ayuso, Mad id 1981 [o iginal edac ado en 1847], p. 41. 2 Ka e Sope , Wha is Na u e?, Blackwell, Ox o d 1995, p. 151. 3 Aunque los o ígenes del concep o son an e io es, la palab a ecomímesis se acuñó, c eo a mediados de los años no en a. Un a ículo seminal es el de Gil F iend: “Ecomimesis: copying ecosys ems o un and p o i , The New Bo om Line, 14 de eb e o de 1996, ”, que puede consul a se en h p://www.na logic.com/ esou ces/nbl/ 05/n04.h ml. 4 Jo ge Riechmann, Un mundo ulne able, Los Lib os de la Ca a a a, Mad id 2000, p. 117-118. 5 Es e anía Bloun / Luis Cla imón/ Ana Co és/ Jo ge Riechmann/ Dolo es Romano (coo ds.): Indus ia El é mino biomímesis se usó, en los años no en a, den o de disciplinas como la obó ica, las ciencias de ma e iales, o la in es igación cosmé ica, con un sen ido más es ingido que el que engo p oponiendo. Así, po ejemplo, cabe es udia la locomoción de los insec os con is as a desa olla obo s hexápodos que uncionen co ec amen e. La idea en e los in es igado es de ales disciplinas ha sido más la imi ación de o ganismos (o pa es de es os) que la imi ación de ecosis emas (sin emba go, és e úl imo es el obje i o que a mi en ende hemos de plan ea nos p imo dialmen e). Allende es a biomimé ica ingenie il, podemos oma el p incipio de biomímesis en un sen ido más amplio: se a a á, en onces, de comp ende los p incipios de uncionamien o de la ida en sus di e en es ni eles (y en pa icula en el ni el ecosis émico) con el obje i o de econs ui los sis emas humanos de mane a que encajen a moniosamen e en los sis emas na u ales. No es que exis a ninguna ag icul u a, indus ia o economía “na u al”: sino que, al ene que ein eg a la ecnos e a en la bios e a, es udia cómo unciona la segunda nos o ien a á sob e el ipo de cambios que necesi a la p ime a. La biomímesis es una es a egia de einse ción de los sis emas humanos den o de los sis emas na u ales. Ya a mediados de los años no en a, la idea de ecomímesis había a anzado lo su icien e como pa a plasma se en un sólido manual6. Janine M. Benyus, la in es igado a que lo esc ibió (popula izando así el é mino biomimic y en el mundo de habla inglesa), des aca que los sis emas na u ales ienen las siguien es diez p opiedades in e esan es: 1. Funcionan a pa i de la luz sola . 2. Usan solamen e la ene gía imp escindible. 3. Adecúan o ma y unción. 4. Lo eciclan odo. 5. Recompensan la coope ación. 6. Acumulan di e sidad. 7. Con a es an los excesos desde el in e io . 8. U ilizan la ue za de los lími es. 9. Ap enden de su con ex o. 10. Cuidan de las gene aciones u u as. La na u aleza, “la única emp esa que nunca ha queb ado en unos 4.000 millones de años” según el biólogo F ede ic Ves e , nos p opo ciona el modelo pa a una economía sus en able y de al a p oduc i idad. Los ecosis emas na u ales uncionan a base de ciclos ce ados de ma e ia, mo idos po la ene gía del sol: és a es su ca ac e ís ica undamen al, si los con emplamos con “mi ada económica”. Se a a de una “economía” cíclica, o almen e eno able y au o ep oduc i a, sin esiduos, y cuya uen e de ene gía es inago able en é minos humanos: la ene gía sola en sus di e sas mani es aciones (que incluye, po ejemplo, el ien o y las olas). En es a economía cíclica na u al cada esiduo de un p oceso se con ie e en la ma e ia p ima de o o: los ciclos se cie an. Po el con a io, la economía indus ial capi alis a desa ollada en los úl imos dos siglos, conside ada en elación con los lujos de ma e ia y de ene gía, es de na u aleza lineal: los ecu sos quedan desconec ados de los esiduos, los ciclos no se cie an. como na u aleza. Hacia la p oducción limpia, Los Lib os de la Ca a a a, Mad id 2003. 6 Janine M. Benyus, Biomimic y: Inno a ion Inspi ed by Na u e, William Mo ow, Nue a Yo k 1997. Véase al espec o la página web www.biomimic y.o g Seis p incipios básicos de sus en abilidad A pa i de la biomímesis, del uncionamien o de los ecosis emas, podemos suge i seis p incipios básicos pa a la econs ucción ecológica de la economía (aunque no engo aquí espacio pa a de i a los de mane a más igu osa): 1. ESTADO ESTACIONARIO en é minos bio ísicos. 2. VIVIR DEL SOL como uen e ene gé ica 3. CERRAR LOS CICLOS de ma e iales 4. NO TRANSPORTAR DEMASIADO LEJOS los ma e iales 5. EVITAR LOS XENOBIÓTICOS como COP (con aminan es o gánicos pe sis en es), OMG (o ganismos ansgénicos)... 6. RESPETAR LA DIVERSIDAD. Ciclos de ma e iales ce ados, sin con aminación y sin oxicidad, mo idos po ene gía sola , adap ados a la di e sidad local: és a es la esencia de una economía sus en able. Cuando se a a de p oducción indus ial, suele habla se en es e con ex o de p oducción limpia. A odos los ni eles la biomímesis pa ece una buena idea socioecológica y económico-ecológica: • ecología indus ial, emedando los ciclos ce ados de los ma e iales en la bios e a; • ecología u bana pa a ein eg a a mónicamen e los pueblos y ciudades en los ecosis emas que los ci cundan; • ecoa qui ec u a buscando que edi icios e in aes uc u as “pesen poco” sob e los paisajes y ecosis emas; • ag oecosis emas mucho más ce canos a los ecosis emas na u ales que la ac ual ag icul u a indus ial quimizada; • química e de con p ocesos que pe manezcan ce ca de la bioquímica de la na u aleza; • bio ecnología ambien almen e compa ible, con biomoléculas a i iciales donde sea p eciso, pe o guiándonos po el p ocede de la misma na u aleza, e c. Hay que indica , po úl imo, que la idea de biomímesis es á es echamen e elacionada con el p incipio de p ecaución (el cua o de los p incipios pa a la econs ucción ecológica de los sis emas humanos que p opuse al comienzo de es e a ículo): pa a apa a nos de los “modelos” de la na u aleza necesi amos azones mucho más ue es, y conocimien o mucho más iable, que pa a segui los. Es o implica so ena el op imismo ecnológico que ha ca ac e izado la his o ia de las sociedades indus iales, y se capaces de en ende la his o ia como un ap endizaje al que hay que saca pa ido. Sabemos que los p i ilegiados de es e mundo hemos de educi nues o impac o ambien al en un ac o ap oximadamen e de diez: es deci , educi a la décima pa e nues o consumo de ene gía y ma e iales, libe ando así espacio ambien al pa a que puedan i i decen emen e los se es humanos del Su , y el es o de los se es i os con los que compa imos la bios e a. Una pa e de es as educciones pueden log a se median e una “ e olución de la ecoe iciencia”, pe o no se á su icien e: ha de comple a se con una “ e olución de la su iciencia”, y eso quie e deci modi ica pau as de compo amien o, ideas y alo es. P ecisamos un “ ac o diez” é ico-polí ico, además del “ ac o diez” en ecoe iciencia que ya se o muló como obje i o en los años no en a del siglo XX. Aquí la educación ambien al puede desempeña un papel cla e. Los pelig os del na u alismo ac í ico La p opues a de “imi a a la na u aleza” sin duda ha á que más de un lec o ma xis a o más de una lec o a eminis a se e uel an inquie os en su asien o ( eléanse las palab as del Mani ies o comunis a que encabezan es e a ículo). Al in y al cabo, la na u alización de lo social y lo cul u al ha sido una de las a mas a o i as de las ue zas eacciona ias du an e milenios, como bien saben los mo imien os sociales que han luchado con a el pa ia cado, la op esión eligiosa, la dominación de clase, el acismo, las e gi e saciones nacionalis as o la ep esión de las sexualidades di e gen es: sob an los ejemplos de cons ucciones cul u ales op esi as pa a g upos sociales especí icos que e an legi imadas en i ud de su “na u alidad”. Incluso las polí icas más abismalmen e malignas –las polí icas nazis de ex e minio masi o, po ejemplo— han buscado legi ima se apelando a la na u aleza, y así el mismo Hi le –en una con e sación con Rauschning que és e ano ó— decla aba: “Tenemos el debe de despobla , lo mismo que enemos el debe de cuida adecuadamen e a la población alemana. (...) ¿Quie o yo elimina es i pes en e as de un pueblo? ¡Sin duda alguna! Así ap oximadamen e, hacia ahí caminamos. La na u aleza es c uel. Po eso, ambién noso os podemos se lo.”7 Un ac i is a gay inquie o an e de e minados discu sos ecologis as puede insis i en que “si, en el p oceso de ‘ ecupe a ’ la na u aleza, el ma xismo o cualquie o o mo imien o polí ico igno a la iolencia y complejidad ideológica de la na u aleza como concep o cul u al, sólo ecupe a á una na u aleza en e e ada con esas ideologías que han con ibuido a p o oca c isis ecien es. Po deci lo en dos palab as: co emos pelig o de que mucho pensamien o eacciona io eg ese siguiendo a la na u aleza y a aquellos que – con azón— econocen la eno me u gencia de una polí ica ecológica. Cla o que hay dis inciones ob ias y undamen ales que pueden ayuda a e i a lo: en e la na u aleza humana y la na u aleza des uida po la cul u a humana, en e la concepción ecológica y las concepciones ideológicas de la na u aleza... Pe o se a a de dis inciones que el concep o adicional de na u aleza no ha solido espe a .”8 Cau elas como las de Dollimo e es án jus i icadas: debemos se especialmen e igu osos a la ho a de in oca la na u aleza (en nues o caso, a la ho a de undamen a nues a p opues a de biomímesis). Hay que in en a aza con ni idez las “dis inciones undamen ales” a las alude, pues o que un na u alismo ac í ico puede sin duda p es a apoyo ideológico a los sis emas de dominación que –po o a pa e— han desempeñado un papel undamen al en el su gimien o de la c isis ecológica ac ual. Ya abo dé en un ensayo an e io 9 la elabo ación concep ual de na u aleza, eniendo en cuen a los iesgos y complejidades a los que acabo de aludi ; uego que las e lexiones que siguen se lean sob e el as ondo de aquel p ime ex o. 7 Ci ado en Rüdige Sa anski, El mal, Tusque s, Ba celona 2000, p. 240. En cuan o a la ene ación de Hi le po la na u aleza como “c uel eina de oda sabidu ía”, éase Ca l Ame y, Ca l Ame y, Auschwi z, ¿comienza el siglo XXI? Hi le como p ecu so , Tu ne / FCE, Mad id 2002. 8 Jona han Dollimo e, Sexual Dissidence: Augus ine o Wilde, F eud o Foucaul , Cla endon P ess, Ox o d 1991, p. 114-115. 9 Jo ge Riechmann, “La indus ia de las manos y la nue a na u aleza. Sob e na u aleza y a i icio en la e a de la c isis ecológica global”, Ecología Polí ica 13, Ba celona 1997, p. 87-106. Reesc i o luego como capí ulo 4 de Un mundo ulne able, Los Lib os de la Ca a a a, Mad id 2000. Más iempo de odaje “Obse a los enómenos na u ales y encon a ás en ellos un manan ial inago able de no mas pa a el espí i u”, esc ibía Juan Ramón Jiménez hace casi un siglo10, ecogiendo un consejo que cab ía as ea en la his o ia de las ideas de lo que llamamos Occiden e desde su mismo o igen (o más bien una de las uen es de su plu al o igen): el pensamien o g iego. Po eso, hay una objeción que su ge de inmedia o en e a las es a egias de biomímesis: ¿es amos de alguna o ma eac ualizando la iejísima adición de de echo na u al o é icas de cuño na u alis a, que p e enden deduci alo es del mundo na u al o cie os asgos del mismo, incu iendo así en alacia na u alis a? No es el caso. Se a a de imi a la na u aleza no po que sea una “maes a mo al”, sino po que unciona. La bios e a es un “sis ema de ecosis emas” pe ec amen e ajus ado después de a ios miles de millones de años de odaje, au o epa ación, eajus e da winiano con inuo y adap ación mu ua (coe olución) de odas las piezas de odos los complejísimos mecanismos: enseguida insis i é sob e ello. No es es á ica, pe o se man iene en una es abilidad dinámica me ced a su iles mecanismos de e oalimen ación nega i a que los cibe né icos y eó icos de sis emas saben ap ecia en su jus o alo . No es que lo na u al supe e mo al o me a ísicamen e a lo a i icial: es que lle a más iempo de odaje. C í ica de la “ eo ía e de del alo ” de Goodin C eo que ale la pena ahonda un poco en la cues ión del alo , en elación con lo na u al y lo a i icial. Pues más de un pensado ecologis a abaja –explíci a o implíci amen e— con una idea de la na u aleza como p ís ina o edad de la cul u a, de mane a que esul a an o menos aliosa cuan o más mezclada con la ac i idad humana. Es o lo ha o malizado el poli ólogo aus aliano Robe E. Goodin (que de alguna o ma eo iza la iloso ía de la deep ecology, al menos en alguna de sus e siones) en su “ eo ía e de del alo ”: “Lo que hace aliosos los ecu sos na u ales es p ecisamen e su na u alidad. Es deci , lo que les con ie e alo no son a ibu os ísicos o p opiedades que pod ían exhibi . Más bien es la his o ia y el p oceso de su c eación. Según la eo ía e de del alo , lo que esul a c ucial pa a hace aliosas las cosas es el hecho de que han sido c eadas po p ocesos na u ales en ez de p ocesos humanos a i iciales.”11 Pa a es a “ eo ía e de del alo ” lo alioso es aquello que ha sido c eado po p ocesos na u ales, y no po in e ención humana; y Goodin emplea la analogía con las alsi icaciones en el mundo del a e pa a a gumen a que un ecosis ema es au ado, incluso si uese idén ico al o iginal, esul a ía menos alioso po a a se de un u o de la ac i idad humana. Hay dos o es c í icas pe inen es que hace , c eo. Veamos la p ime a. La ca ac e ís ica de lo na u al que –según Goodin— esul a c ucial pa a explica su alo es el “ o ma pa e de algo más g ande que noso os mismos/ ue a de noso os mismos” (p. 45), pues de esa o ma “ ijamos nues o luga en el mundo ex e io ” y conseguimos “si ua el yo, en un sen ido psicológicamen e p o undo que impo a eno memen e a la 10 Juan Ramón Jiménez, Ideolojía (ed. de An onio Sánchez Rome alo), An h opos, Ba celona 1990, p. 141. 11 Robe E. Goodin, G een Poli ical Theo y, Poli y P ess, Camb idge 1995, p. 26. gen e” (p. 39). La gen e necesi a como el come , según Goodin, encon a su “luga en el mundo”: y es p ecisamen e la na u aleza –los p ocesos na u ales independien es de la ac i idad humana— la que puede p opo cioná selo. Si és a es la azón, pa ece ía que la elección de nues o eó ico e de esul a algo a bi a ia. Al in y al cabo, la sociedad/ comunidad humana –con odo su denso ejido de elaciones sociales y oda su dimensión simbólica— es un candida o ob io a ese “algo más g ande que noso os mismos/ ue a de noso os mismos” que puede da sen ido a la ida humana. ¿Po qué la na u aleza en ez de la sociedad, si de lo que se a a es de da sen ido? Y no es que en es e pun o al en los candida os: ¿po qué no la Nación, o la Raza Elegida, o la Única Religión Ve dade a? ¿Po qué p ecisamen e la na u aleza? Tenemos una p o unda necesidad de si ua nos y de o ien a nos, es e dad; pe o hay muchas mane as de hace lo, y no se e po qué hab ía que p i ilegia una de ellas. Una segunda c í ica es la siguien e. Pues o que –de acue do con es a eo ía del alo — bas a con pasea po el ecosis ema i gen pa a deg ada lo, pa ece lógico conclui que se ía mejo que nunca hubiese exis ido la especie humana, lo cual ya es ue e como conclusión. Pe o además podemos p egun a nos: ¿po qué la misma a gumen ación no debe ía aplica se a o os se es i os, que igualmen e hacen uso de los ecu sos de la na u aleza? ¿Po qué la in e acción humana con la na u aleza de alúa és a, y no lo hace la in e acción de o as especies no humanas? De nue o, pa ece in oduci se aquí una opción a bi a ia. Se di ía que la posición de Goodin conduce a lo que se ha llamado –en sociología medioambien al y en his o ia de las ideas-- “excepcionalismo humano”12, quizá incluso a lo que yo he ca ac e izado en o o luga como “ esis del espléndido aislamien o”13, y en esa medida es (a) on ológicamen e poco plausible, y (b) polí icamen e poco cohe en e con los obje i os del mo imien o ecologis a y el mo imien o de de ensa de los animales. Mi e ce a obse ación c í ica es la siguien e. Pa a Goodin, la na u aleza al e ada po la in e ención humana es siemp e menos aliosa que la na u aleza p ís ina. Eso conduce a conclusiones an absu das como que una pe sona cu ada po una in e ención médica es menos aliosa que o a que no ha pasado po semejan e cu a (o que ella misma an es de bene icia se de ella). Po ejemplo, un en e mo de cánce queda ía de aluado después de a a esa una ope ación qui ú gica y una adio e apia que consiguiesen elimina su umo ... Pa ece po an o que hay buenas azones pa a abandona la “ eo ía e de del alo ” de Goodin (u o as simila es). El p oblema no es que el abajo humano se “mezcle” más o menos con la na u aleza, al e ándola (po emplea el iejo lenguaje de la eo ía de la ap opiación de Locke, luego desa ollado en la eo ía del alo - abajo de Rica do y Ma x); el p oblema es que los excesos de la ac i idad humana dañan las posibilidades de ida buena pa a muchos se es humanos, y pa a muchos se es i os no humanos suscep ibles ambién de i i una i a buena. 12 El concep o de “excepcionalismo/ exencionalismo humano” ue in oducido en la sociología ambien al en un a ículo seminal de Ca on y Dunlap (William R. Ca on y Riley E. Dunlap: “En i onmen al sociology: a new pa adigm”, The Ame ican Sociologis ol. 13 (1978), p. 41-49). Los dos au o es c i icaban la pe spec i a dominan e en la sociología es adounidense, p endida de lo que denomina on pa adigma del excepcionalismo humano: la idea de que los asgos excepcionales de homo sapiens – lenguaje, ecnología, ciencia, cul u a en gene al— eximían a las sociedades indus ializadas de las cons icciones de la na u aleza. Después cambia on el é mino po el de exencionalismo humano, pa a admi i que no cues ionaban que los se es humanos posean ca ac e ís icas “excepcionales”, sino que nues a especie es u ie a exen a de las cons icciones ecológicas. Véase Riley E. Dunlap. “E olución de la sociología del medio ambien e: b e e his o ia y alo ación de la expe iencia es adounidense”, en Michael Redcli y G aham Woodga e: Sociología del medio ambien e, McG aw Hill/ In e ame icana de España, Mad id 2002, p. 3 y ss. 13 Jo ge Riechmann, Todos los animales somos he manos, Uni e sidad de G anada 2003, p. 52-58. El alo básico, en mi p opia eo ización, es el lo ecimien o de los i ien es (o si se quie e: la buena ida de los se es capaces de ene una buena ida).14 Como se e, es o no iene que e –di ec amen e al menos— con la cues ión na u al/ a i icial. Si una es a egia de biomímesis pa ece ecomendable no es po que nos ap oxime a la na u aleza (y es o sea alioso como al), sino po que nos ace ca ía –en mi opinión— a un mundo p opicio a ese lo ecimien os de los i ien es (humanos y no humanos). “No se puede i con a la na u aleza” O a objeción pod ía eni de quienes sos ienen, como Fe nando Sa a e , que “si hay azones pa a conside a echazables cie os log os humanos, nada end án que e desde luego con su mayo o meno ‘na u alidad’, po que i con a la na u aleza es cosa que nadie sabe hace ... al menos en es e mundo”15. El pensado donos ia a de iende que, desde una pe spec i a ma e ialis a, no se puede i con a la na u aleza po que odo es na u al, “el plás ico es an na u al como la miel”16. Si así ue a, la misma idea de biomímesis ca ece ía de sen ido: odos los sis emas humanos se ían igualmen e na u ales (o an ina u ales), y no pod íamos dis ingui en e ellos según su mayo o meno ce canía a la na u aleza, ni esg imi ca ac e ís icas de los sis emas na u ales como deseables pa a los sis emas humanos. Ya en mi ensayo “La indus ia de las manos y la nue a na u aleza” c i iqué es e pun o de is a: c eo el ipo de ma e ialismo al que apela Sa a e es demasiado esquemá ico y educ i o, y sos engo que podemos i con a la na u aleza en es e mundo en un sen ido que es ilosó icamen e ele an e, y que p axeológicamen e --en la e a de la c isis ecológica global-- esul a esencial. Sin epe i aho a los de alles de mi a gumen ación, o ece é al menos algunos ejemplos de uso cohe en e del é mino an ina u al: • An ina u al como incompa ible con la bioquímica de la ida (en es e sen ido, el DDT, el lindano o el me ilme cu io son an ina u ales). • An ina u al como pe u bado de los ciclos de ma e iales de los ecosis emas (en es e sen ido, el g ueso de la p oducción indus ial ac ual es an ina u al). • An ina u al como desequilib ado de los g andes ciclos biogeoquímicos de la bios e a (en es e sen ido, los sis emas ene gé icos basados en combus ibles ósiles son an ina u ales). Aunque “no se puede i con a la na u aleza”, como dice Fe nando Sa a e , si na u aleza se en iende como la o alidad de las cosas exis en es (some idas a las egula idades que es udian las ciencias na u ales), cie amen e sí que se puede i con a la na u aleza en cuan o bios e a, y ése es el sen ido que esul a más ele an e pa a los deba es ecológicos con empo áneos. Vale la pena, en es e pun o, eco da la e ce a “ley” in o mal de la ecología que p opuso Ba y Commone hace más de ein a años: na u e knows be e (la na u aleza sabe lo que se hace). No se a a aquí de ninguna sus an i icación esencialis a ni ninguna dei icación de “Mad e Na u aleza”, sino de una mane a muy condensada de ansmi i una e dad empí ica impo an e. A sabe : 14 Jo ge Riechmann, “Capacidades esenciales y lo ecimien o de los i ien es”, capí ulo 4 de Todos los animales somos he manos, Uni e sidad de G anada 2003. Véase ambién el apéndice del mismo lib o “En o no a la noción de alo ”. 15 Fe nando Sa a e : Dicciona io ilosó ico, Plane a, Ba celona 1996, p. 244 ( oz NACER). 16 Sa a e , op. ci ., p. 245. “De ás de cada se i o hay dos o es mil millones de años de ‘in es igación y desa ollo’. En odo es e iempo se ha p oducido una pasmosa can idad de se es i os indi iduales, cada uno de los cuales ha dado opo unidad de ensaya la con eniencia de algún cambio gené ico al aza . Si es e cambio es pe judicial pa a la iabilidad del o ganismo, lo más p obable es que és e mue a an es de pode ansmi i lo a las u u as gene aciones. De es a mane a, los se es i os han acumulado una compleja o ganización de pa es compa ibles; las posibles combinaciones que e an incompa ibles con el conjun o queda on bo adas en el la go anscu so de la e olución. Así, la es uc u a de un se i o ac ual o la o ganización de un ecosis ema na u al ac ual se án p obablemen e ‘las mejo es’ en el sen ido de que ue on despejadas de los componen es pe judiciales has a el pun o de que cualquie o ma nue a se ía, casi con oda segu idad, peo que las exis en es.”17 Commone explica su p incipio median e una analogía mecánica: si uno ab e la apa pos e io de un eloj, cie a los ojos e in oduce la pun a de un lápiz en la maquina ia, casi siemp e es opea á el eloj. Cie amen e exis e una minúscula p obabilidad de que el eloj es u iese dañado y que la in e ención o ui a del lápiz consiguiese a egla lo: pe o nadie pond á en duda que se a a de un esul ado sumamen e imp obable. Algo pa ecido sucede en los sis emas na u ales, donde las pa es y el odo son ecíp ocamen e cohe en es después de casi cua o mil millones de años de coe olución. LAS "LEYES" BÁSICAS DE LA ECOLOGÍA SEGÚN BARRY COMMONER 1. Todo es á elacionado con odo lo demás. La bios e a es una compleja ed, en la cual cada una de las pa es que la componen se halla inculada con las o as po una upida malla de in e elaciones. 2. Todas las cosas han de i a pa a a alguna pa e. Todo ecosis ema puede concebi se como la supe posición de dos ciclos, el de la ma e ia y el de la ene gía. El p ime o es más o menos ce ado; el segundo iene ca ac e ís icas di e en es po que la ene gía se deg ada y no es ecupe able (p incipio de en opía). 3. La na u aleza es la más sabia (o “la na u aleza sabe lo que hace”, aducción del inglés na u e knows be e ). Su con igu ación ac ual e leja unos cinco mil millones de años de e olución po "ensayo y e o ": po ello los se es i os y la composición química de la bios e a e lejan es icciones que limi an se e amen e su ango de a iación. 4. No exis e la comida de balde. No hay ganancia que no cues e algo; pa a i i , hay que paga el p ecio.18 Fuen e: Ba y Commone , El cí culo que se cie a, Plaza y Janés, Ba celona 1973, p. 33-45. En suma, es bien sabido que “na u al” y “na u aleza” son é minos polisémicos. La esis implíci a en mi de ensa de la biomímesis es que, a la ho a de hace en e a la c isis ecológica ac ual, el sen ido más impo an e de “na u al” es “aco de con el uncionamien o de ecosis emas y o ganismos”: na u al como cong uen e con la biología 17 Ba y Commone , El cí culo que se cie a, Plaza y Janés, Ba celona 1973, p. 41. 18 Es a ley cua a no es sino una de las posibles o mulaciones del p incipio de en opía o segunda ley de la e modinámica, de incalculable impo ancia a la ho a de pensa la elación en e sociedades humanas y bios e a. Puede e se una in oducción b e e en Jo ge Riechmann: “Po qué los mue os no esuci an y el eciclado pe ec o es imposible”, capí ulo II.1 de F ancisco Fe nández Buey y Jo ge Riechmann: Ni ibunos. Ideas y ma e iales pa a un p og ama ecosocialis a (Siglo XXI, Mad id 1996). El clásico pa a es a cues ión es el economis a umano Nicholas Geo gescu-Roegen: un a ículo suyo luminoso y accesible es "¿Qué puede enseña a los economis as la e modinámica y la biología?", en la compilación de Fede ico Aguile a Klink y Vicen Alcán a a De la economía ambien al a la economía ecológica (Ica ia, Ba celona 1994). de los ecosis emas y la bioquímica de los o ganismos. En es e sen ido, debemos aspi a a una ag icul u a na u al, una indus ia na u al, unos sis emas ene gé icos y de anspo e na u ales, e c. UN EDIFICIO COMO UN ÁRBOL, UNA CIUDAD COMO UN BOSQUE “T abajando con un equipo eunido po el p o eso Da id O , del Obe lin College, concebimos la idea de un edi icio y su en o no que unciona an del mismo modo que un á bol. Imaginamos dis in as o mas de que pudie a depu a el ai e, c ea somb a y hábi a , en iquece la ie a, y cambia según las es aciones, e en ualmen e apo ando más ene gía de la que necesi a ía pa a unciona . Tend ía paneles sola es en el ejado, una línea de á boles en el lado no e del edi icio pa a p o ege lo del ien o y aumen a la biodi e sidad, un in e io diseñado pa a cambia y adap a se a las p e e encias uncionales y es é icas de las pe sonas, con a imas y moque as alquiladas, un aljibe que almacena ía agua pa a el iego, una máquina i ien e en su in e io y apa e del edi icio –que cons a de un es anque lleno de o ganismos y plan as especialmen e seleccionados pa a la limpieza de los e luen es; aulas y amplios espacios públicos o ien ados hacia el oes e y el su pa a ap o echa el sol; c is ales especiales en las en anas pa a con ola la can idad de luz ul a iole a que pene a a en el edi icio; un bosque es au ado en el lado es e del edi icio; y una o ma de concebi el man enimien o del paisaje y de los suelos que ha ían innecesa ios los plaguicidas o el egadío. Es as ca ac e ís icas es án ac ualmen e en p oceso de op imización –en su p ime e ano, el edi icio comenzó a gene a más ene gía de la que u ilizaba--, lo cual hace de él un modes o pe o espe anzado comienzo. Imaginemos un edi icio como un á bol, una ciudad como un bosque.” Michael B aunga y William McDonough, C adle o c adle (de la cuna a la cuna), McG aw Hill, Mad id 2005, p. 132-133. Con a el pansociologismo que niega la dis inción en e na u aleza y sociedad Ya an es dis inguimos en e dos de los sen idos impo an es del é mino na u aleza: na u aleza como o alidad de las cosas exis en es (some idas a las egula idades que es udian las ciencias na u ales), o na u aleza como bios e a (se a a espec i amen e de na u aleza-1 y na u aleza-4, con la e minología que p opuse en el capí ulo de Un mundo ulne able al que hice e e encia)19. Aho a me impo a e oca o o sen ido de na u aleza, el que es á en la base de la impo an e dis inción “na u al/ a i icial”: se a a de la na u aleza en cuan o conjun o de las cosas que exis en o suelen exis i sin in e ención humana (na u aleza-2, en mi e minología de Un mundo ulne able). Pues bien: o a de las objeciones que pueden alza se con a el p incipio de biomímesis se basa ía en la negación de la dis inción na u al/ a i icial. Di ía más o menos: ¿imi ación de la na u aleza? ¿Imi a qué, si ya no puede dis ingui se, o quizá nunca se pudo, en e na u aleza y sociedad? En o o con ex o (una polémica con a la idea de sus en abilidad ue e) así lo de iende, po ejemplo, el p o eso de la Uni e sidad de Málaga Manuel A ias Maldonado, que in es iga sob e cues iones de democ acia y sus en abilidad: 19 Jo ge Riechmann, “La indus ia de las manos y la nue a na u aleza. Sob e na u aleza y a i icio en la e a de la c isis ecológica global”, capí ulo 4 de Un mundo ulne able, Los Lib os de la Ca a a a, Mad id 2000. sean más semejan es a los p oduc os de la na u aleza. Así, po ejemplo, y en lo que a nues a opa se e ie e, no se a a de ol e a un es ado p eindus ial idealizado, donde no se empleasen más que ib as na u ales. Pues “los ma e iales na u ales pa a cub i las necesidades de la población ac ual ni exis en ni pueden exis i . Si a ios miles de millones de pe sonas quisie an p endas aque as de ib as na u ales eñidas con in es na u ales, la humanidad end ía que des ina millones de hec á eas al cul i o de algodón e índigo, simplemen e pa a sa is ace la demanda –y esas hec á eas son necesa ias pa a la p oducción de alimen os. Además, incluso los p oduc os ‘na u ales’ pueden no se necesa iamen e saludables pa a los se es humanos y el en o no. El índigo con iene mu ágenos y, al se no malmen e cul i ado en explo aciones de monocul i o, educe la di e sidad gené ica.”39 Po deci lo con o o ejemplo: enca ece a i icialmen e el anspo e (po medio de una iscalidad ecológica bien diseñada) que p e iamen e se aba a ó de mane a insos enible y a i icial (con el uso masi o de combus ibles ósiles), al se ía el ipo de na u alidad a que podemos aspi a en el siglo XXI. 40 Una écnica más amoldada a lo o gánico Siendo e dad –como lo es— que “el homb e ans o ma i e a i amen e el en o no”41, y omando no a de que “lo impo an e es que el a i icio no sólo se con apone a lo na u al, sino an e odo a un a i icio p e io, que se a a de mejo a , o que simplemen e se deja de lado” (ibid.), la p opues a de biomímesis a a de deja de lado en ocasiones esos “a i icios p e ios” o asgos de la ecnos e a que se han mos ado dis uncionales po su al a de cohe encia con los ecosis emas; y a a en ocasiones de mejo a a i icios p e ios, empleando como c i e io de alo ación p ecisamen e el buen encaje den o de la bios e a. En su ob a maes a Técnica y ci ilización, publicada en 1934, Lewis Mum o d, no sin algo de wish ul hinking, in ocaba un u u o al e na i o que en aquel iempo aciago no log ó ab i se camino. Pe o quizá aho a, en o o iempo c í ico, enga una opo unidad: “Hemos alcanzado ya un pun o en el pe eccionamien o de la ecnología misma en que lo o gánico ha empezado a domina a la máquina. En ez de simpli ica lo o gánico (...), hemos empezado a complica lo mecánico, con el in de hace lo más o gánico; po an o, más e ec i o y más a monioso con nues o ambien e i al. (...) Exis e una nue a concen ación de ue zas del lado de la ida. Las exigencias de la ida, an es expues as solamen e po los omán icos y po los g upos e ins i uciones sociales más a caicas de la sociedad, es án aho a empezando a se ep esen adas en el co azón mismo de la écnica. (...) Comp endemos aho a que las máquinas, en el mejo de los casos, son impe ec as alsi icaciones de o ganismos i os. Nues os mejo es ae oplanos son bas as e incie as ap oximaciones si se compa an con un pa o en uelo; nues as mejo es lámpa as eléc icas no pueden compa a a se en cuan o a e iciencia con la luz de una lucié naga; nues o sis ema au omá ico de elé onos más complicado es un a e ac o in an il si se compa a con el sis ema ne ioso del cue po humano.”42 39 Michael B aunga y William McDonough: C adle o c adle (de la cuna a la cuna), McG aw Hill, Mad id 2005, p. 38. 40 Más sob e es e asun o en Jo ge Riechmann, “La indus ia de las manos y la nue a na u aleza”, capí ulo IV de Un mundo ulne able, Los Lib os de la Ca a a a, Mad id 2000. 41 Ja ie Eche a ía, Los Seño es del ai e: Telépolis y el Te ce En o no, Des ino, Ba celona 1999, p. 40. 42 Lewis Mum o d, Técnica y ci ilización, Alianza, Mad id 1992, p. 388, 389 y 392. (La edición o iginal inglesa es de 1934.) Me place deja ce ca de es as enjundiosas e lexiones de Mum o d sob e la posibilidad de una écnica más ce cana a lo o gánico o a in e ogación, la de ese g an c eado plás ico que ue Edua do Chillida: “Tengo la sensación de que la aplicación que se hace hoy día con an a acilidad, en el mundo de la écnica, de la geome ía a la ealidad es un e o e ible, en el sen ido de que la geome ía sólo es álida en la men e. Es deci , Euclides, cuando in en a sus pun os geomé icos, pa e de una base ma a illosa, un luga sin dimensión, que es el pun o; pe o en un papel un pun o iene dimensiones y en onces se hunde oda la geome ía, es alsa. En ealidad, la geome ía en que es á undado el mundo de la écnica es alsa, hab ía que apoya ese mundo écnico en o a es uc u a que no ue a solamen e concep ual, sino que ue a de o o o den.”43 C eo que Chillida no es á p oponiendo ninguna eg esión “ ecno óbica”, sino ad i iendo sob e la magni ud de las pé didas que se p oducen cuando pasamos, demasiado ápidamen e, del concep o abs ac o a su plasmación en el mundo eal; y es á e ocando –como Mum o d hizo algunos decenios an es— o as posibilidades, quizá no an u ópicas como in en an hace nos c ee (y pa a el escul o asco angibles, desde luego, a a és de la p ác ica del a e). 43 Edua do Chillida, Esc i os (edición de Nacho Fe nández), La Fáb ica, Mad id 2005, p. 83.