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Revisitar la comunicación desde la crítica feminista: notas introductorias

Sánchez Leyva, María José; Reigada Olaizola, Alicia

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7 La irrupción de la crítica feminista en las Ciencias Sociales y Humanas ha provocado cambios fundamentales en los modos de hacer y concebir la investigación social, generando rupturas teóricas y metodológicas claves. Han pasado más de tres décadas desde que los estudios feministas en comunicación comenzaran a consolidarse en la academia, impulsados desde enfoques y disciplinas tan diversas como la semiótica, el análisis fílmico, la sociología, el psicoanálisis o la teoría literaria. Sin embargo, y a pesar de la riqueza que desde sus inicios supuso esta vocación interdisciplinar, son importantes las limitaciones que hoy en día siguen presentando estos estudios. Además de continuar ocupando un lugar marginal en el campo más amplio de la investigación en comunicación —situación, por otra parte, común al resto de áreas de conocimiento— podemos advertir un desarrollo teórico menor en comparación con la fructífera producción con la que cuentan otras disciplinas, entre ellas la antropología y la sociología feminista o los estudios feministas en fi losofía, historia y ciencia política. En este sentido, el libro que nos ocupa se presenta como una oportunidad para refl exionar, desde la crítica feminista, sobre algunas de las áreas de estudio y problemas teóricos que afectan hoy día al ámbito de la comunicación, y ampliar así las miras y objetivos de la investigación en este campo. El interés por contribuir al desarrollo teórico y la expansión de este tipo de estudios aparece ligado a una vocación política que parte de la relación permanente entre teoría y práctica, y se interroga sobre el sentido de la investigación orientada a la crítica y la transformación social. Esta concepción de la investigación como praxis explica, en buena medida, la participación de las autoras en este libro colectivo y las pretensiones Revisitar la comunicación desde la crítica feminista. Notas introductorias.* María José Sánchez Leyva y Alicia Reigada Olaizola * Nos gustaría agradecer a Carmen Mozo la lectura atenta y los comentarios realizados a este texto. 8 Crítica feminista y comunicación. perseguidas en el mismo. Lejos de buscar un análisis exhaustivo de los estudios feministas en comunicación, o una compilación sistemática de las corrientes que los integran, hemos intentado construir un espacio de refl exión a partir de investigaciones en curso que van consolidándose y redefi niéndose al hilo de la historia de nuestras sociedades y de la evolución del propio conocimiento científi co. Apostando, pues, por un pensamiento vivo sensible al cambio y dinamismo social. La decisión de aunar un conjunto de investigaciones en curso se corresponde con la participación de autoras jóvenes pero que cuentan con una sólida trayectoria investigadora y de militancia política. Investigadoras que parten de lugares y enfoques muy diversos (la historia de la comunicación, la semiología, el arte, la sociología, la economía, etc.) para encontrarse, sin embargo, en un espacio común en el que comparten la preocupación por cuestiones hoy cruciales para pensar lo social, las cuales, como evidencia la propia lectura del libro, son abordadas por las autoras desde perspectivas teóricas diferentes: la cuestión de la agencia, la experiencia, la identidad, el cuerpo y las múltiples diferencias que atraviesan las vidas de las mujeres, lo que a su vez atañe al debate necesario sobre la noción de ciudadanía; las transformaciones en el capitalismo y su incidencia en los modos de vida (en el mundo del trabajo, la reorganización de los tiempos y espacios, las relaciones afectivas, los vínculos socio-culturales, la construcción de las identidades, los procesos comunicativos, etc.); los lugares enunciativos asignados desde los que se construyen las representaciones sociales hegemónicas, pero también el carácter ambivalente y el potencial transgresor de muchas de esas representaciones; las dinámicas de los medios de comunicación de masas y su papel central en la confi guración de las sociedades contemporáneas; los dispositivos de poder que generan situaciones de desigualdad y, junto a ello, las estrategias subversivas y formas de resistencia. Un recorrido por la bibliografía publicada en las últimas dos décadas nos descubre el interés que suscitan entre los científi cos y movimientos sociales los conceptos y ejes de análisis apuntados, aunque el lugar marginal y secundario al que han sido desplazados los estudios feministas en la academia ha impedido valorar y reconocer, en muchas ocasiones, que buena parte de la preocupación contemporánea por todas estas problemáticas sociales viene de la mano de las aportaciones realizadas, especialmente a partir de la década de los sesenta, desde la teoría feminista.1 1 Recordemos los debates feministas de los años 60 y 70 sobre la cuestión de la diferencia entre los sexos, y aquellos que cobraron peso en la década posterior sobre la necesaria articulación de las diferencias entre mujeres (de clase, étnicas, 9 Revisitar la comunicación desde la crítica feminista. Notas introductorias. A estas preocupaciones comunes debemos sumar la invitación a abordarlas desde una mirada cualitativa, capaz de analizar percepciones, procesos y fenómenos atravesados de relaciones sociales (que no son cuantifi cables), y compleja, abierta a la fl exibilidad y atenta al carácter multidimensional y siempre contradictorio de la realidad que se propone estudiar. El reto de desafi ar unos marcos de análisis simplistas y mecanicistas, herederos de un paradigma positivista que ha mostrado serias limitaciones para afrontar la complejidad social, queda plasmado en la capacidad de las autoras para analizar los fenómenos y articulaciones sociales en su proceso mismo de constitución, redefi nición y cambio. Igualmente, en su propósito de ir más allá de lo aparentemente visible y captar las contradicciones y ambigüedades inherentes a los procesos y representaciones sociales, accediendo a aquello que permanece invisible y encontrando en los puntos de fuga, intersticios y fi suras, un lugar desde el que desestabilizar la teoría y ejercer la crítica de la cultura. Muchas de estas nociones han pasado a ser igualmente cruciales para abordar adecuadamente los estudios en comunicación social, en un contexto en el que el ámbito de la comunicación está sujeto a continuas transformaciones y ha pasado a ocupar un lugar central en la llamada sociedad del conocimiento o de la información. Buena parte de los denominados estudios sobre «Comunicación y género», al cimentarse sobre una concepción lineal-instrumental y funcionalista de la comunicación siguen sin tener en cuenta importantes dimensiones que intervienen en el proceso comunicativo, entre ellas la dimensión simbólica de la interacción, la intencionalidad y la competencia comunicativa de los sujetos para producir e interpretar discursos, la dimensión contextual y las lógicas institucionales que intervienen en el proceso comunicativo, la heterogeneidad de los sujetos y de la cultura y los procesos de mediación social (Abril, 1997). Frente al empleo de una acepción raciales, de opción sexual); las tempranas revisiones de la teoría económica mayoritaria y de conceptos claves como trabajo o producción realizadas desde el feminismo materialista (atravesado por los debates entre radicales y marxistas), y las aportaciones más recientes en torno a la naturaleza del trabajo postfordista, la importancia de los trabajos afectivos y de cuidados y las posibles lógicas alternativas para garantizar la calidad de los procesos más amplios de reproducción social de la vida; los estudios sobre la identidad y el cuerpo, marcados por las primeras discusiones entre posturas constructivistas y esencialistas hasta llegar a las últimas lecturas realizadas desde el postestructuralismo; o las redefi - niciones de la noción de poder y las discusiones más recientes sobre el concepto de agencia y la política de la localización. 10 Crítica feminista y comunicación. reduccionista y objetivista de la comunicación, el libro que nos ocupa se inscribe en una tradición crítica con el modelo funcionalista que propone una mirada diferente sobre la comunicación, la cual empieza a ser concebida en términos procesuales y relacionales, como una forma de mediación social. La centralidad que adquieren los medios de comunicación de masas en tanto que constructores y mediadores de la realidad social no debe, sin embargo, hacernos olvidar otros espacios y modos de comunicar igualmente signifi cativos en las sociedades contemporáneas, los cuales pueden estar, o no, mediados tecnológicamente. En primer lugar, debemos prestar atención a todo un abanico de medios de comunicación que asumen el papel de mediadores, aportándonos interpretaciones sobre el mundo, modelos de experiencia y referentes identitarios. De la mano de la televisión, la radio, la publicidad o el cine encontramos la música, la fotografía, el arte o la literatura, los cuales se caracterizan no sólo por su concentración dentro de una misma industria cultural, sino también por la permanente retroalimentación, contaminación y fusión entre unos medios y otros y entre los distintos géneros discursivos. En segundo lugar, no podemos dejar de mencionar uno de estos espacios donde la comunicación ocupa un lugar central y que, sin embargo, suele quedar excluido de la agenda de investigación en comunicación. Nos referimos a la comunicación interpersonal que articula nuestras relaciones sociales en la vida cotidiana:2 en los lugares de trabajo, en el ámbito familiar, en los mercados, plazas y calles, en los centros de enseñanza o de salud, así como en ceremonias, rituales culturales y fi estas populares. Todos estos espacios refl ejan los cambios que se están produciendo en el sistema de relaciones sociales y las nuevas pautas de comunicación que se establecen. Si son múltiples los estudios que en los últimos años se interesan por analizar las características propias del modelo de comunicación de masas pero también las formas de incomunicación que derivan de dicho modelo, no son pocos los estudios que, tanto desde la academia como desde los movimientos sociales, se aproximan a las pautas de comunicación que articulan el marco de relaciones interpersonales, donde se observa un predominio de relaciones comunicativas cada vez más instrumentales, frágiles y esporádicas. 2 Precisamente han sido los estudios planteados desde una perspectiva de género los que han mostrado un mayor interés, aunque no deja de ser insufi - ciente, por este tipo de comunicación, véanse, entre otros, los trabajos de Flora Davis (1992), Deborah Tannen (1996) y Judy Pearson (ed.) (1993). 11 Revisitar la comunicación desde la crítica feminista. Notas introductorias. Una vez planteado el lugar desde el que nos proponemos abordar el estudio de la comunicación nos parece igualmente importante apuntar algunas notas sobre las implicaciones que está teniendo la normalización de cierto enfoque de género en la investigación académica. Sin negar los avances obtenidos tras la extensión de las reivindicaciones feministas a distintos ámbitos de la sociedad, entre ellos las universidades, centros de investigación e instituciones públicas, nos parece importante atender a las consecuencias negativas que derivan de este proceso de institucionalización. Si nos detenemos ante la proliferación de estudios, publicaciones, másters y proyectos que hacen alusión a la temática «del género», podemos comprobar cómo muchos de ellos no incorporan un análisis integral y crítico sobre esta problemática social, sino que más bien están desconectados de la base teórica y política que dio origen a este enfoque de estudio: la teoría feminista. La perspectiva desde la que son planteados presenta en no pocas ocasiones las siguientes limitaciones: reduce la teoría feminista al análisis del género, olvidando con ello que este último no agota la totalidad del pensamiento feminista ni puede sustituirlo, pues el género es sólo una de las categorías de análisis que interesa aplicar a la perspectiva feminista; utiliza la noción de género como sinónimo de mujer, lo que elimina ese carácter relacional que en su momento constituyó una de las principales potencialidades del concepto y que permitía estudiar la realidad de las mujeres en relación con la de los hombres y articular diferentes categorías de análisis (el género junto a la etnicidad, la raza, la clase social y la sexualidad); refuerza la dicotomía sexo/género, que presupone una interpretación biológica (en lugar de cultural) del sexo, a la vez que da por sentada una correspondencia directa entre sexo y género; fi nalmente, abandona el análisis de la desigualdad y del poder, mostrándose incapaz de explicar las causas estructurales de la subordinación de las mujeres.3 De este modo, conforme los «estudios de género» han ido ocupando un espacio cómodo en la academia se ha ido produciendo una neutralización de los análisis. Para comprender adecuadamente la normalización del «género» parece necesario situar la teoría y la práctica feminista en las claves actuales que rigen los campos académico-científi co y político-institucional (Andrieu y Mozo, 2005), que nos revelan la creciente armonía entre 3 Para una aproximación a la revisión crítica del concepto de género que se inicia a partir de los años ochenta véanse Joan Scott (1990), Judith Butler (2001), Rosi Braidotti (2004), así como la compilación sobre esta cuestión de Silvia Turbet (ed.) (2003). 12 Crítica feminista y comunicación. las investigaciones realizadas desde la «perspectiva de género» y la gestión de las Administraciones públicas para alcanzar la igualdad entre los sexos (Méndez, 2005). Para esta última autora, lo inquietante de esta armonía es que no se cuestiona el actual horizonte político y económico neoliberal en el que se inscribe el principio de igualdad, a la vez que se reducen «los objetivos feministas al logro de una igualdad limitada, que podría alcanzarse sin transformar estructuralmente el sistema social neoliberal, (…) obviando la incidencia [en la jerarquía entre sexos] de otras jerarquías y otras desigualdades derivadas de la pertenencia étnica, la posición de clase o la orientación sexual» (p. 223).4 Parece pertinente recordar al respecto las consecuencias de las que nos previenen Jaqui Alexander y Chandra Talpade Mohanty (2004) en relación con el que denominan «feminismo de libre mercado», aquel que «ha sido cuantifi cado para el consumo en el mercado global de las ideas» (2004:141) y que se ha asentado con fuerza, gozando de gran legitimidad, en el establishment de los Women’s Studies en la academia norteamericana. Pero pensar la comunicación desde una perspectiva feminista no supone sólo ir más allá del «género», sino que además requiere una revisión del modo en que se ha incorporado este enfoque al campo concreto de los estudios en comunicación. Al igual que ha ocurrido en diversas disciplinas, la consolidación de los «estudios de la mujer», primero, y de los «estudios de género», poco después, ha derivado en la consideración de los mismos como un campo de estudio específi co y en cierto modo aislado del desarrollo de las teorías de la comunicación en general, lo que ha permitido que múltiples áreas de estudio hayan logrado mantenerse al margen de las «molestias» que les pudiera ocasionar la infl uencia de la teoría feminista, mostrando importantes resistencias a incorporar dicho enfoque.5 Es por ello que parece necesario recordar que la teoría 4 Una aproximación a los procesos de institucionalización y normalización del «género» y a los problemas de legitimidad de determinadas prácticas feministas puede encontrarse en Rosa Andrieu y Carmen Mozo (coords.) (2005). De especial interés es el texto de la antropóloga Lourdes Méndez recogido en este volumen, donde analiza la connivencia implícita, deudora de lo que la autora denomina refl exividad institucional, establecida entre las instituciones y sectores de académicas especializadas en «género», que supeditan el campo teórico a las demandas institucionales. 5 Frente al relativo desarrollo que han tenido los estudios elaborados desde el análisis de contenido, el análisis del discurso (análisis semiótico, análisis fílmico, análisis lingüístico), los estudios de recepción y , en menor medida, los estudios sobre comunicación interpersonal y comunicación no verbal, observamos 13 Revisitar la comunicación desde la crítica feminista. Notas introductorias. feminista debe aplicarse como una perspectiva transversal, y no como si de un campo de estudio especializado e independiente se tratase. No se pretende «sumar» el análisis del género como un tema más a investigar que tenga continuidad con los métodos y enfoques de las diversas disciplinas que integran los estudios en comunicación, sino provocar una ruptura epistemológica y metodológica al replantear los objetos de estudio de las teorías de la comunicación y la perspectiva desde la que reformularlos y abordarlos. Esta perspectiva que aspira a desafi ar las premisas y fundamentos de la ciencia, y que ya no se conforma con una postura reformista que permita mejorar la ciencia que tenemos, incluyendo en ella el estudio de la mujer, ha sido formulada de manera elocuente por Sandra Harding (1996) cuando se refi ere al paso, en la teoría feminista, «del problema de la mujer en la ciencia al problema de la ciencia en el feminismo». A las limitaciones que plantea el modo sectorial y fragmentado en que se han desarrollado los estudios feministas en comunicación debemos añadir una segunda limitación derivada de la débil y tardía incorporación de los avances teóricos producidos en el seno de la teoría feminista a este campo de investigación. Las nuevas propuestas, planteamientos y herramientas de análisis que se están desarrollando desde distintas perspectivas de la teoría feminista actual, donde hemos asistido a una renovación importante de los marcos de análisis y a una reformulación del sujeto-objeto de estudio, todavía no se han visto sufi cientemente refl ejados en la investigación en comunicación. Las autoras que participan en este libro colectivo nos invitan, precisamente, a refl exionar desde el ámbito de la comunicación sobre algunos temas y problemas teóricos que están marcando las líneas de debate del pensamiento feminista contemporáneo, actualizando así la agenda de investigación en comunicación. Parece necesario comenzar la revisión y actualización de dicha agenda con un análisis detenido del estado actual de los estudios feministas en comunicación, las distintas corrientes y perspectivas teóricas desde las que se ha contribuido a su desarrollo y la noción de comunicación que un vacío del enfoque feminista en otras muchas áreas, entre ellas la comunicación intercultural, las nuevas tecnologías de la información, los estudios sobre comunicación, desarrollo y participación ciudadana, el análisis de las políticas de comunicación y la economía política, la historia de la comunicación social y la propia teoría general de la información y la comunicación. 14 Crítica feminista y comunicación. está en la base de las mismas. Partiendo de una refl exión de carácter teórico y epistemológico que se inscribe en el curso mismo del desarrollo de las teorías de la comunicación, a fi n de trastocar sus pilares básicos y evitar construir una historia paralela, los textos de Michèle Mattelart, María José Sánchez-Leyva y Elena Casado, que integran la primera parte de este libro, nos acercan a la historia de los estudios feministas en comunicación y la complejidad de las nuevas matrices conceptuales desde las que son impulsados y redefi nidos. La investigadora francesa Michèle Mattelart, pionera en los estudios que aquí nos ocupan, nos ofrece un recorrido por las distintas corrientes que se han ido desarrollando desde los años sesenta hasta nuestros días, entre las que podemos destacar: los primeros análisis ideológicos inspirados en el paradigma estructuralista de denuncia de la violencia simbólica ejercida sobre el terreno de la representación, las lecturas realizadas desde los Cultural Studies británicos interesadas en recuperar las culturas populares, los enfoques etnográfi cos sobre la recepción, así como las aportaciones realizadas desde el enfoque de la economía política preocupado por resituar la cuestión del poder en el ámbito de la comunicación. El análisis de las diferentes etapas y escuelas a las que hace referencia no sólo nos permite descubrir la evolución que ha sufrido la propia mirada feminista sobre los procesos comunicativos, sino también algunos de los principales obstáculos, inquietudes y focos de interés que han estado presentes en la historia de estos estudios. El problema de su difícil legitimación en el seno de la academia, la relación del movimiento feminista y la teoría crítica de los medios, el debate de la igualdad y la diferencia o el dilema placer/poder son algunos de los ejes de análisis que atraviesan y permiten estructurar el recorrido histórico y la refl exión teórica que nos ofrece la autora. Desde una perspectiva ecológica de la comunicación que entiende que los discursos masivos no sólo nos suministran conocimiento sobre el mundo, sino que también nos indican la forma de organizarlo y categorizarlo, María José Sánchez Leyva se propone indagar en los procesos de sentido que se construyen en la cultura de masas, entendida ésta como el tipo de sociedad contemporánea en que vivimos, y que facilitan el que las representaciones y estereotipos que ponen en funcionamiento los medios se comuniquen masivamente. Para ello se detiene en explicar el modo en que se establece el consenso como presuposición —por medio de un conjunto de contenidos que se dan por supuestos o compartidos— y los procesos comunicativos de normalización de confi guraciones discriminatorias para las mujeres —que tienden a frenar 15 Revisitar la comunicación desde la crítica feminista. Notas introductorias. e imposibilitar nuevas maneras de representarnos. En un intento por ir más allá de aquellos estudios feministas que se limitan a constatar la persistencia de los estereotipos tradicionales y opresores sobre el rol del género femenino, la autora parte de una perspectiva que reorienta su mirada hacia el análisis de la identidad en diálogo con la norma, a fi n de desentrañar cómo ciertos signifi cados son convencionalizados a partir de la invisibilidad de los dispositivos de normalización de la exclusión y de la construcción de mundos de sentido común. Para cerrar esta primera parte dedicada a la refl exión teórico-episte- mológica Elena Casado nos propone una des/reconstrucción de la noción de comunicación en un contexto, como el actual, en el que ésta se perfi la como central en la confi guración de las sociedades contemporáneas, llámense globalizadas o de la información, y en el que se asiste a una reformulación fundamental de los marcos de análisis empleados en las Ciencias Sociales. La revisión crítica de lo que considera los tres topoi o presupuestos de la comunicación —la retórica del intercambio, la noción de representación y el antropocentrismo— le lleva a postular en su lugar, en una revisitación híbrida de propuestas y conceptos, las nociones de traducción (frente a la lógica del intercambio), performatividad (frente al representacionalismo) y artefactualismo (como contrapunto al humanismo). En este desplazamiento la autora cuestiona los esencialismos y sustancialismos sobre los que se sustenta la noción de comunicación y apuesta por orientar la mirada hacia los procesos, las articulaciones y los fl ujos, situar la mediación en un primer plano y redefi nir e incluso sustituir el interés atribuido a la acción social por el estudio de las comunicaciones en tanto que intermediación, tránsitos y traducciones que dan sentido a la vida social. Es precisamente en las teorizaciones feministas, entre otras las desarrolladas por autoras como Donna Haraway y Judith Butler, donde la autora encuentra algunas de las aportaciones más sugerentes realizadas a las nociones y propuestas que desarrolla. Esta indagación refl exiva sobre nociones claves para la teoría social contemporánea verá su continuidad en los textos que integran la segunda parte del libro, destinada esta vez al análisis de experiencias empíricas que nos permitirán aterrizar en la especifi cidad de determinadas realidades sociales. Uno de los ámbitos ineludibles de refl exión en el contexto actual es aquel referido al mundo del trabajo. Con el paso a una fase postfordista, caracterizada por la difusión de los tiempos y lugares de la producción y la pérdida de separación entre tiempo de vida y tiempo de trabajo, por la importancia que adquiere el valor inmaterial del trabajo 22 Crítica feminista y comunicación. Uno de los espacios principales sobre el que se proyectan y toman forma las diferencias, a la vez que se las dota de contenido simbólico, es el cuerpo. En tanto que lugares de intervención social y expresión cultural, los cuerpos se han convertido en un soporte clave sobre el que se imprimen y materializan las diferencias sexuales, raciales y étnicas. Así lo ilustra el análisis que nos ofrece Carmen Romero, quien nos invita a pensar la comunicación desde el cuerpo y el modo en que éste deviene un espacio privilegiado en la conformación, marca y delimitación de las fi cciones proyectadas de la «nación», erigiéndose en una marca invisibilizada de ciudadanía (en el caso de los «nacionales-blancos») o en una marca visibilizada y exotizada de exclusión («mujeres inmigrantes»). En una sociedad, como la occidental, que privilegia la visión como método de acceso al conocimiento, la autora se detiene en analizar cómo los procesos de racialización y etnización continúan asentándose en ejercicios de dermo-política, donde la piel, y no sólo el cuerpo, se constituye como frontera. A través de los testimonios y experiencias de las mujeres inmigrantes extraídos de una investigación aplicada, Carmen Romero refl eja el carácter provisional y situado, si bien reiteradamente actualizado del ser «mujer inmigrante», y analiza detenidamente cómo estos cuerpos marcados son incorporados a su condición de otros, lo que supone la conformación de las diferencias jerárquicamente ordenadas y la estabilización de las fronteras. «¿Quién puede ejercer el privilegio de la mirada? ¿quiénes quedan posicionados como objetos y sujetos de esta relación?» [p. 201]. Estas preguntas, con las que la autora guía su investigación, enlazan con los intereses que mueven el análisis que nos propone Vanesa Saiz, quien se interroga por el lugar de la enunciación desde el que la publicidad de las ONGD mira esta vez a las mujeres del «Tercer Mundo», en las que encuentra, y más específi camente en sus cuerpos, por su condición subalterna, un lugar privilegiado para inscribir y reproducir determinadas prácticas socio-discursivas. La autora aborda el problema de la diferencia y la otredad a la que son desplazadas las mujeres del «Tercer Mundo» a través de una lectura que recorre y reconstruye una serie de fi guraciones presentes en nuestros imaginarios particulares y colectivos acerca de nuestra relación con las otras subalternas. Para ello analiza una muestra de la producción publicitaria gráfi ca de diversas ONGD españolas siguiendo una serie de interrogantes: ¿de qué manera recogen estas campañas la perspectiva transversal de género y la denuncia de la desigualdad entre hombres y mujeres? ¿qué son y qué signifi can las mujeres en dichas imágenes? ¿hay en ellas algún resquicio para la propuesta de un 23 Revisitar la comunicación desde la crítica feminista. Notas introductorias. feminismo transnacional? En su análisis nos descubre cómo el lugar enunciativo asociado al sujeto moderno que construye la publicidad de las ONGD encarna una mirada patriarcal y colonial que se vale de estrategias de esencialización y desubjetivación con respecto a las «otras», defi nidas como el paradigma del sujeto sometido que da paso a la mirada emocionada y al gesto compasivo. Como bien apunta la autora, la crítica a esta abstracción universalista puede ser considerada como uno de los motores de los debates feministas contemporáneos acerca de la identidad y la diferencia. María Cunillera, por su parte, ahonda en el problema de la construcción de la diferencia sexual como alteridad (femenina) a través del arte. La autora nos propone un recorrido, del arte surrealista a nuestros días, a través de algunas representaciones de la mujer como ser agresivo, cercano a las pulsiones caníbales. Sin embargo, su gran apuesta consiste en ir más allá del tópico que dibuja «la imagen de una mujer atractiva y terrible que personifi ca los peligros que representaría para el hombre el mundo femenino» [p. 245], para adentrarse en la ambigüedad inherente a ciertas representaciones —concretamente a la fi gura iconográfi ca de la mantis religiosa— que viene a cuestionar las convenciones de género. Para ello nos presenta un doble recorrido que se detiene tanto en las representaciones de mujeres caníbales realizadas desde la actitud misógina de los artistas surrealistas como en aquellas elaboradas por mujeres artistas contemporáneas que nos demuestran el potencial insospechado que albergan ciertos estereotipos cuando las artistas adoptan una postura de control sobre el mismo, incorporando así el punto de vista de la reivindicación feminista. Desde esta otra vertiente revolucionaria la mujer devoradora, activa, parece no casar con la imagen ideal de la mujer como madre y esposa, alterando con ello algunas convenciones de género impuestas por la sociedad burguesa de la época. Una vez expuestas de manera articulada las distintas aportaciones realizadas por las autoras que participan en el libro, nos gustaría cerrar esta introducción deteniéndonos brevemente en un punto de refl exión que se nos antoja crucial ante un proyecto, como el que nos ocupa, impulsado desde la práctica feminista: el análisis del poder. Objeto de intensos debates, controversias y múltiples teorizaciones, el estudio de las relaciones de poder constituye uno de los pilares sobre los que se ha cimentado el nacimiento y desarrollo del pensamiento feminista; esto es, uno de los elementos que dotan de sentido y marcan las aspiraciones que mueven este pensamiento. Constituye a su vez uno de los ejes principales a 24 Crítica feminista y comunicación. partir del cual se han ido defi niendo y delimitando las diversas escuelas de pensamiento y las diferencias teóricas y políticas que se observan en sus planteamientos.15 Entre las reelaboraciones desarrolladas en las últimas dos décadas, inmersas en una revisión de aquellas aproximaciones que concebían el poder de manera mecanicista y funcionalista, al margen de las relaciones sociales y las contradicciones inherentes a ellas, debemos destacar aquellas aportaciones interesadas en articular el análisis del poder con las respuestas de la agencia, noción central en la teoría feminista contemporánea a través de la cual Elena Casado (1999) explica el paso del sujeto del feminismo anterior, que era un «sujeto sujetado», a un sujeto activo y situado. En su apuesta por superar un tipo de enfoques que al centrar su atención únicamente en el poder de las estructuras e instituciones sociales tendía a reifi car y objetivar a las propias mujeres, la teoría feminista va a iniciar una etapa marcada por el regreso del sujeto y la consideración de las mujeres como agentes de transformación social,16 lo que no debe suponer el abandono del análisis del poder, sino más bien una conceptualización compleja y menos unidireccional del mismo, atenta a los micropoderes, a las formas difusas y contradictorias de ejercer el poder, al modo en que se incrusta en las relaciones sociales y a las luchas y estrategias desplegadas por los grupos que se someten/enfrentan a él. Jane F. Collier y Sylvia J. Yanagisako (1989) nos muestran cómo la práctica feminista ha contribuido a desarrollar la «teoría de la 15 Pensemos, entre otros ejemplos, en la distinta conceptualización del poder entre los sexos (su naturaleza, el modo en que actúa, el lugar desde el que se ejerce y las vías para combatirlo) elaboradas desde el feminismo culturalista y el feminismo materialista (donde a su vez son palpables las diferencias entre corrientes internas); entre el feminismo ilustrado y las corrientes postestructuralistas; o bien entre el feminismo de corte liberal y el feminismo postcolonial. 16 Estrechamente vinculadas a esa preocupación por la agencia encontramos las teorizaciones más recientes sobre el «conocimiento situado». En su crítica a las formulaciones de la universalidad de la opresión que parten de la existencia de un grupo —las mujeres— homogéneo y singular que comparte una «experiencia común transcultural», Chandra Talpade Mohanty (2002) asume el reto de teorizar la diferencia y la experiencia desde una mirada histórica y contextual que se sitúe en un espacio analítico fundamentalmente político. En vez de privilegiar cierta versión limitada de la política de la identidad que aísla las distintas luchas sociales, la autora apuesta por una «política de la ubicación» que nos sitúe en el mapa, que ponga en un primer plano nuestras ubicaciones conscientes y posiciones estratégicas. 25 Revisitar la comunicación desde la crítica feminista. Notas introductorias. práctica», en la medida en que se ha esforzado por combinar el análisis del modo en que la práctica reproduce el sistema, concebido éste como un sistema de desigualdad y dominación, con la atención puesta «en la gente real haciendo cosas reales», esto es, en el modo en que las actrices y actores construyen y transforman ese sistema. Los estudios feministas en comunicación se han hecho eco y han contribuido notablemente a estas teorizaciones, ante las que tampoco se han mostrado ajenas las autoras que participan en este libro. Veamos pues, cómo algunas de estas problemáticas relacionadas con la cuestión del poder y la (re)aparición de la agencia son recogidas en los diferentes artículos. Como nos recuerdan Michèle Mattelart, María José Sánchez- Leyva y Elena Casado en sus textos, en el seno de los estudios feministas en comunicación esta revisión se vio traducida en una crítica a esa interpretación omnipotente y estática del poder ejercido desde los medios de comunicación de masas sobre una audiencia considerada pasiva y homogénea, y en una derivación hacia enfoques más atentos a los procesos de mediación social, al estatus del sujeto receptor en la producción de sentido y a la relación texto-sujeto, esto es, al modo en que la audiencia —fragmentada y heterogénea— interactúa con los medios. Desde un análisis aplicado, la artista e investigadora María L. Ruido sitúa el cuerpo como el lugar en el que se plasman a un tiempo las huellas del poder y las estrategias de resistencia. La autora se refi ere al régimen biopolítico con el que los cuerpos del «precariado postindustrial» vuelven a la fl exibilidad extrema de la producción domesticada, pero nos recuerda a su vez cómo «algunas artistas y cineastas comienzan a señalar a los cuerpos, principalmente al cuerpo de las mujeres, como campos de batalla política y territorios de construcción social» [p. 122]. Siguiendo a Martín Barbero, Irene García presta atención a las dinámicas contradictorias presentes en la cultura de masas, que funciona al mismo tiempo como un dispositivo de reconocimiento y expropiación de la experiencia popular y de los grupos dominados. Para ello estudia el modo en que coexisten en las dos series de fi cción seleccionadas aspectos que forman parte del reconocimiento de muchas exigencias formuladas por los movimientos feministas y aquellos elementos que forman parte de la expropiación y de un tratamiento que no deja de estar atravesado por una lógica patriarcal. Las ambivalencias y contradicciones quedan igualmente recogidas en el artículo de Cristina Vega, en el que las relaciones asimétricas que atraviesan los servicios de cuidados, basados en una creciente precarización, desvalorización y estratifi cación del empleo, aparecen entrelazadas con las estrategias desplegadas por las cuidadoras 26 Crítica feminista y comunicación. para proteger y controlar su trabajo (a través, por ejemplo, de mecanismos de objetivación y contención que ponen límites al trabajo emocional), para fi jar criterios y valores sobre el cuidado, crear dispositivos de mediación y negociación o convertir la fl exibilidad en una forma para decidir cómo organizar y gestionar sus ritmos y tiempos de trabajo. También las autoras que se preocupan por la cuestión de la diferencia han intentado ir más allá de los modelos normativos reproducidos, lo que supondría ingeniar otros modos de comunicar esas diferencias que subviertan el sentido establecido. En esta línea, Carmen Romero, además de analizar los mecanismos a través de los cuales se ordenan las diferencias y estabilizan las fronteras (el cuerpo como frontera), presta atención a las posibilidades de contestación y movilidad, a las «estrategias de passing» que cuestionan la estabilidad de las marcas corporales y muestran fronteras que son sistemáticamente burladas. Vanesa Saiz nos presenta igualmente las representaciones alternativas sobre las mujeres del «Tercer Mundo» en las que aparecen mujeres-agente, con una identidad concreta, aquéllas que «nos hablan del género desde el feminismo», frente a la norma representacional que objetiva y esencializa a las mujeres del sur y las presupone siempre sujetos sin agencia. Finalmente, el logro de María Cunillera reside en la capacidad para introducir, junto al análisis crítico de la construcción de la diferencia sexual como alteridad, un punto de vista alternativo: el de las representaciones agresivas de la mujer devoradora elaboradas por mujeres artistas que transforman la ambivalencia surrealista en auténtica reivindicación feminista, situando así en un primer plano el papel de las mujeres (tanto el de las artistas como el de las mujeres devoradoras representadas) como sujetos-agentes. En todos los casos, las autoras, sin negar la potencialidad de la agencia, evidencian la complejidad que adquieren las relaciones de poder en las sociedades contemporáneas, en las que éstas tienden a volverse más implícitas, ambiguas y difusas. La sutileza que adopta el ejercicio del poder en el marco de las democracias occidentales, donde hemos asistido a una progresiva apropiación e instrumentalización del lenguaje y los planteamientos reivindicados históricamente desde el pensamiento crítico por parte de las instancias dominantes, nos obliga a mantener la alerta y a actualizar nuestros conceptos y planteamientos de partida, en un esfuerzo continuo por reubicarlos y volverlos a dotar de sentido crítico. Quizás el feminismo sea uno de los movimientos que en mayor medida ha sufrido las consecuencias de los múltiples intentos de institucionalización y despolitización. En un momento en el que valores y términos que nacieron del movimiento feminis- 27 Revisitar la comunicación desde la crítica feminista. Notas introductorias. ta —como igualdad entre los sexos, derechos políticos, emancipación, políticas de reconocimiento, liberación de la mujer, etc.— parecen no desentonar en los discursos y políticas de igualdad de gobiernos conservadores y neoliberales, urge la necesidad de desmontar y visualizar las formas estructurales de desigualdad que encarna la nueva fase del que algunas autoras han dado en llamar patriarcado capitalista. Éste debe ser, precisamente, uno de los objetivos perseguidos por los estudios feministas impulsados desde la academia, para lo que resulta necesario volver a ocupar ese «espacio incómodo» desde el que ejercer la crítica de la sociedad y la cultura. Bibliografía Abril, G. (): Teoría general de la información. Datos, relatos y ritos. Madrid, Cátedra. Alexander, M. Jacqui y Mohanty, Chandra Talpade (2004 [1997]): «Genealogías, legados, movimientos», en VV.AA., Otras inapropiables. Feminismos desde las fronteras, Madrid, Trafi cantes de Sueños, pp. 137-184. 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