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Democracia cuántica: apuntes sobre la reconsideración del territorio en la política democrática contemporánea

Keane, John

Abstract

Las crisis políticas suelen describirse como súbitos puntos de inflexión, momentos de dramatismo extremo, puntos críticos en los que todo está en juego, en los que se necesitan juicios y decisiones audaces. Sin embargo, sabemos por arqueólogos, paleontólogos, historiadores y otros expertos que la transformación y/o el derrumbe de los órdenes antiguos y su sustitución por nuevas organizaciones de poder suelen producirse con lentitud. Su ritmo es el de la larga duración, lo que significa que sus consecuencias radicales requieren tiempo para materializarse. Las rupturas que se producen lentamente son mucho más difíciles de detectar, y aún más de analizar, pero deben ser una parte central del análisis de la democracia contemporánea y de su futuro incierto, o al menos eso es lo que argumenta el proyecto de la democracia cuántica.

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– 15 – THÉMATA. Revista de Filosofía Nº52, Julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 DEMOCRACIA CUÁNTICA: APUNTES SOBRE LA RECONSIDERACIÓN DEL TERRITORIO EN LA POLÍTICA DEMOCRÁTICA CONTEMPORÁNEA QUANTUM DEMOCRACY: NOTES ON RETHINKING TERRITORY IN CONTEMPORARY DEMOCRATIC POLITICS John Keane1 Universidad de Sidney (Australia) Recibido: 30-11-2014 Aceptado: 02-02-2015 Resumen: Las crisis políticas suelen describirse como súbitos puntos de inflexión, momentos de dramatismo extremo, puntos críticos en los que todo está en juego, en los que se necesitan juicios y decisiones audaces. Sin embargo, sabemos por arqueólogos, paleontólogos, historiadores y otros expertos que la transformación y/o el derrumbe de los órdenes antiguos y su sustitución por nuevas organizaciones de poder suelen producirse con lentitud. Su ritmo es el de la larga duración, lo que significa que sus consecuencias radicales requieren tiempo para materializarse. Las rupturas que se producen lentamente son mucho más difíciles de detectar, y aún más de analizar, pero deben ser una parte central del análisis de la democracia contemporánea y de su futuro incierto, o al menos eso es lo que argumenta el proyecto de la democracia cuántica. Palabras-clave: democracia, crisis, democracia cuántica, política, territorio. Abstract: Political crises are normally described as sudden turning points, moments of gripping drama, flashpoints when everything is up for grabs, when bold judgments and decisions become necessary. But we know from archaeologists, paleontologists, historians and others that the radical transformation and/or ruination of old orders and their replacement by new power arrangements often happen slowly. Their rhythm is that of the longue durée, and that means their radical consequences take time to materialise. Slow-motion ruptures are much harder to spot, let alone to analyse, but they must be central to the analysis of contemporary democracy and its uncertain future, or so the Quantum Democracy project argues. Key-words: democracy, crisis, quantum democracy, politics, territory. [1] ([email protected]) Profesor de filosofía política en la Universidad de Sidney y del Centro Científico para la Investigación Social de Berlín. En España es conocido especialmente por sus libros Democracia y Sociedad Civil (1992) y The Life and Death of Democracy (2009). John Keane THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 – 16 – Introducción2 La hipótesis de arranque de la democracia cuántica es que los ideales y las instituciones democráticas están atrapados en una profunda crisis cuyas raíces pueden encontrarse en el mero hecho de que las democracias de los Estados nación son actualmente postsoberanas y se encuentran atrapadas por una miscelánea de instituciones ostentadoras de poder diseñadas para producir y administrar decisiones que no están vinculadas en un sentido simple al territorio. La política de las actuales democracias, enredada en redes globales de interdependencias respaldadas por flujos de comunicación mediática que reducen las distancias y el tiempo, ya no se encuentra en espléndido aislamiento del resto del mundo. Las controversias respecto a los límites, los efectos indirectos, las presiones del arbitraje y los efectos mariposa son frecuentes. La dialéctica entre el aquí y el allí es algo crónico. Los acontecimientos políticos de un lugar tienen efectos en otras partes del mundo, en lugares lejanos. La dinámica inversa es también habitual: los acontecimientos, flujos de información, declaraciones y acuerdos que suceden en lugares lejanos pueden tener, y de hecho tienen, consecuencias locales inmediatas. Si esto es así, una pregunta clave es si la democracia puede ser reconcebida de manera caleidoscópica, es decir, entendida en términos cuánticos de múltiples marcos espaciales en interacción en los que los pueblos, con la ayuda de sus representantes, se gobiernan a sí mismos y sus ecosistemas en entornos de tamaños diversos marcados por ritmos espacio-temporales diferentes. El proyec- to de la democracia cuántica supone que, en la actualidad, la teoría democrática necesita con urgencia un salto cuántico, un importante avance, un equivalente teórico al repentino paso de una partícula de un nivel de energía a otro. Cuestiona radicalmente el imaginario territorial dominante, basado en los lugares, de la política democrática contemporánea. Centra su atención en explicar por qué las cuestiones de territorio, lugar y espacio importan en la democracia, por qué tienen que trasladarse al centro de la teoría democrática, y por qué el interés cuántico en cuestiones como las «dimensiones extra», el entrelazamiento cuántico y el «espacio-tiempo» son tan relevantes para la política democrática. El proyecto explora las debilidades conceptuales y empíricas de las perspectivas de la «democracia cosmopolita», las teorías de la «demoicracia» y otras tentativas actuales de encontrar un lenguaje posterritorial para la democracia. Explora por qué, contra lo que podría esperarse, el espíritu, el lenguaje y las instituciones de la democracia sobreviven y prosperan hoy en día en contextos transfronterizos, y por qué el futuro de la democracia del siglo xxi depende de forma crucial de que se desafíe el estancamiento académico mediante el desarrollo de una poética cuántica y una política práctica del espacio democrático. [2] La traducción del artículo al castellano es de Jaime Roda Bruce. Democracia cuántica: apuntes sobre la reconsideración del territorio en la política democrática contemporánea – 17 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 Contexto La hipótesis de arranque del proyecto de democracia cuántica que se esboza a continuación es que los ideales y las instituciones democráticas están atrapados en una profunda crisis cuyas raíces pueden encontrarse en el mero hecho de que las democracias de los Estados nación son actualmente postsoberanas y se encuentran atrapadas por una miscelánea de instituciones ostentadoras de poder diseñadas para producir y administrar decisiones que no están vinculadas en un sentido simple al territorio. La política de las actuales democracias, enredada en redes globales de interdependencias respaldadas por flujos de comunicación mediática que reducen las distancias y el tiempo (Keane, 2013; Khanna, 2014), ya no se encuentra en espléndido aislamiento del resto del mundo. La ausencia de linealidad es la nueva norma. Las controversias respecto a los límites, los efectos indirectos, las presiones de arbitraje y los efectos mariposa son frecuentes. La dialéctica entre el aquí y el allí es algo crónico. Los acontecimientos políticos de un lugar tienen efectos en otras partes del mundo, en lugares lejanos. La dinámica inversa es habitual: los acontecimientos, flujos de información, declaraciones y acuerdos que suceden en lugares lejanos pueden tener, y de hecho tienen, consecuencias locales inmediatas. El proyecto de la democracia cuántica examinará y catalogará las múltiples formas en las que los mecanismos democráticos del «interior» son modelados y transformados cada vez más por fuerzas del «exterior». No es solo que las democracias de los Estados nación se enfrenten a fardos de problemas cada vez más pesados que únicamente pueden resolverse a través de la ayuda externa, o que las democracias estén ahora tan interrelacionadas entre sí que habitualmente comenten sobre sus asuntos internos, copien sus políticas e instituciones, negocien sus desacuerdos y aprendan de los errores mutuos. También están sucediendo otras cosas menos positivas. La intensificación de la integración mundial de los Estados y los pueblos significa que, en cualquier democracia, aquello que los ciudadanos y sus representantes de gobierno deciden en el «interior» de sus Estados conforma y, a menudo, perjudica a los pueblos del «exterior», que tienen limitadas posibilidades de reparación o indemnización. En estas circunstancias, el viejo axioma de que «toda democracia real se basa en el principio de que no solo los iguales son iguales sino que los desiguales no son tratados igualitariamente» (Schmitt, 1988, 9) asume un nuevo y variable significado, puesto que cuando la democracia, en su forma alemana o estadounidense por ejemplo, produce injusticias en otros pueblos distantes, haciéndoles sufrir decisiones, o indecisiones, que los perjudican y sobre las que no tienen ningún control, esta democracia se convierte en un ejercicio de hipocresía en el que se dispensa el poder de manera arbitraria. Por último, en tanto que las democracias se encuentren atrapadas en campos de fuerza transfronterizos, las opciones políticas se encontrarán restringidas y las decisiones John Keane THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 – 18 – políticas se frustrarán o bloquearán por completo. Asuntos tales como la inmigración, la banca, los tipos de cambio, el turismo, la educación, y las fuerzas policiales y militares son ahora regularmente codecididas por otros a distancia, con independencia de lo que las legislaturas, los votantes y los líderes de cada país deseen o decidan. La consecuencia es que parece haber cada vez menos «soberanía» en las democracias territoriales. En circunstancias extremas, las disfunciones de la expansión multilateral de los acuerdos transfronterizos representan amenazas para las democracias, como cuando los bancos malos, el aire viciado, la violencia o las fugas nucleares de un país perjudican las democracias de sus vecinos. Incluso hay casos de pequeños Estados insulares (como las democracias de Kiribati y Tuvalu), donde el daño medioambiental amenaza con desplazar a los ciudadanos a nuevos territorios, desde donde intentarían ejercer un control jurisdiccional a distancia sobre sus lugares de origen. En el ámbito la teoría democrática, los investigadores convencidos de que la democracia tiene lugar únicamente en contextos fijos delimitados territorialmente suelen ignorar o tratar como excepciones aleatorias estas anomalías empíricas y complicaciones de la vida real (Przeworski, 2010; Munck, 2011). Para algunos académicos, el espacio territorial no solo sigue siendo central en las cuestiones de poder y política, sino que le confieren una importancia creciente (Therborn, 2006). Los estudiosos de la democracia, reforzados por metodologías que se dan por sentadas y por inversiones considerables en bases de datos «nacionales» estilo Freedom House, piensan inevitablemente en términos de contextos vinculados con lugares fijos, tales como las comunidades rurales, los barrios urbanos y los Estados territoriales. Su mentalidad territorial es muy evidente en las descripciones académicas contemporáneas de los requisitos funcionales de la democracia, que supuestamente incluyen: a) un estado territorial «soberano», definido territorialmente, que garantice a través de sus diversas subunidades la seguridad física de una población residente de ciudadanos sometidos al Estado de derecho; b) una cultura política compatible con los mecanismos electorales, que incluya la competencia entre los partidos políticos, unas elecciones periódicas y un gobierno parlamentario; c) una infraestructura social más o menos homogénea o «identidad nacional», consolidada por una lengua común, costumbres históricas comunes y un sentido común de territorio compartido; y d) una economía de mercado delimitada territorialmente capaz de generar suficiente riqueza como para sacar a los ciudadanos de la pobreza y garantizarles un nivel de vida básico suficiente para que puedan interesarse en los asuntos públicos y votar en elecciones periódicas. El proyecto de la democracia cuántica explora las raíces primarias originadas en el siglo xviii de esta comprensión de la democracia basada en un Estado territorialmente definido. Con ello pretende poner de relieve la creciente extrañeza del concepto en el siglo xxi. La hipótesis es que la democracia representativa «posibilitada [...] por una gran extensión de territorio» (Des- Democracia cuántica: apuntes sobre la reconsideración del territorio en la política democrática contemporánea – 19 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 tutt de Tracy, 1811, 19) fue un logro singularmente moderno. Desde cualquier perspectiva de análisis, se trataba de una forma extraordinariamente novedosa de autogobierno, un sistema gubernamental definido por constituciones escritas, poderes judiciales independientes y leyes que garantizaban procedimientos tales como la elección periódica de los candidatos de las asambleas legislativas, la duración limitada de los cargos políticos, la votación secreta, la competencia de los partidos políticos, el derecho a reunirse públicamente y la libertad de prensa. En este sentido, la democracia representativa amplió considerablemente la escala geográfica de la vida política. A medida que pasaba el tiempo, a pesar de su localización original en ciudades, distritos rurales y contextos imperiales de gran escala, la democracia fue circunscribiéndose a Estados definidos territorialmente respaldados por poderes administrativos, legislativos y fiscales, así como por fuerzas policiales y ejércitos permanentes (Mann, 1993). Estos estados eran cualitativamente mayores y estaban más poblados que las unidades políticas de la democracia asamblearia. Las democracias del mundo clásico griego eran sistemas de pequeña escala. La mayoría de ellas, como, por ejemplo, Mantinea y Argos, no abarcaban más que algunas decenas de kilómetros cuadrados. De ahí la observación generalizada de que el salto de «la visión de la democracia en la ciudad-Estado que había prevalecido [...] desde los griegos hasta Rousseau» a la «solución académica autorizada [...], el Estado-nación» fue una verdadera revolución en el paradigma. Según la conclusión estándar: «El gobierno representativo del Estado-nación es, en muchos aspectos, tan radicalmente —e inevitablemente— diferente de la democracia en la ciudad-Estado que resulta casi una desventaja intelectual aplicar el mismo término, democracia, a ambos sistemas, o creer que en esencia son realmente lo mismo» (Dahl, 1967, 956). Cuestionamiento El proyecto de la democracia cuántica cuestiona críticamente esta visión ortodoxa de tres maneras. En primer lugar, plantea preguntas sobre las conexiones ocultas entre los modelos de la antigua democracia asamblearia y la «democracia territorial» moderna (Brownson, 1972). Es indiscutible que estos modelos se situaban en los extremos opuestos de un espectro de tamaño: los primeros eran versiones de pequeña escala y los segundos eran versiones de gran escala de la democracia. Sin embargo, el proyecto se pregunta si los dos modelos enfrentados de democracia no comparten la misma presunción de que el autogobierno popular está siempre, de manera «natural» e irrevocable, anclado en un lugar físico definido. ¿Podría ser que en las democracias, tanto en las antiguas como en las modernas, los espacios demarcados territorialmente sirvan como un marco fijo para los ciudadanos, para sus encuentros, deliberaciones y decisiones? Es posible que la democracia tenga cualidades telúricas, John Keane THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 – 20 – que el lugar sea un componente intrínseco. Puede que la democracia sea inseparable de su ubicación: el autogobierno mediante la pertenencia significativa a un lugar definido. El proyecto está profundamente interesado en el hecho de que las perspectivas democráticas antiguas y modernas se encuentren atrapadas en una mentalidad basada en el lugar fijo. Explora los contornos de esta mentalidad y por qué las dificultades que tienen los demócratas en pensar más allá del lugar merecen reflexión crítica. El proyecto investiga cómo las anteriores democracias «caseras» estaban típicamente ligadas al territorio (de terra: tierra, terreno, alimentación, sustento). Se pregunta por qué se han utilizado a menudo como las guardianas del territorium (el lugar desde el que se advierte a las personas) y como el trampolín para la guerra y el terror (terrere). Examina en qué medida opera aún la actual democracia en lugares físicos demarcados, sea en las asambleas de las capitales o las asambleas locales (la versión moderna de la pnyx de Atenas), los Stadtstaaten (Berlín y Hamburgo), los territorios de la capital, los distritos y provincias de los Estados federales, o el territorio del Estado en su totalidad. Estos lugares son, según la hipótesis del proyecto, los lugares privilegiados elegidos. En algunos casos, como en las cámaras superiores de los sistemas bicamerales, gozan de derechos de representación. El lugar geográfico es «donde» sucede la democracia, por lo que se supone una visión «localizadora». El topos y el anclaje de la pertenencia significativa y el apego afectivo pueden definirse mediante criterios como la distancia mensurable, la latitud y la longitud, o la elevación. El lugar es una sección tridimensional de la tierra o el mar que no es equivalente a ninguna otra. El lugar está acotado, es una unidad «natural», un lugar fijo donde «suceden» las cosas democráticas, donde el poder se ejerce, sujeto al consentimiento de los ciudadanos con derecho a voto, por medio de sus representantes y a través de las instituciones. El lugar es la dirección de la democracia, la dirección donde habita la democracia. En segundo lugar, el proyecto plantea preguntas que señalan una contradicción fundamental: ¿si la democracia significa mínimamente una forma política que permite a las personas gobernarse a sí mismas, tomar control sobre sus vidas, en un espacio de tierra determinado, no está entonces la democracia perdiendo terreno rápidamente ante las múltiples dinámicas de las cadenas transfronterizas de poder empresarial, legal y gubernamental que no rinden cuentas públicamente? ¿Estas dinámicas transfronterizas no arremeten profundamente contra la esencia, tanto en términos de significado (semántica) como de eficacia (pragmática), del concepto de democracia basada en el lugar? ¿Podrían señalar su obsolescencia como gran ideal político? Estas preguntas se utilizarán para introducir en el análisis diversas abreacciones, que van desde el silencio sombrío y las reacciones públicas violentas a los esfuerzos académicos por reexaminar el significado de la democracia en los contextos transfronterizos. Se investigarán cinco tipos de respuesta a dicha contradicción: Democracia cuántica: apuntes sobre la reconsideración del territorio en la política democrática contemporánea – 21 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 El fatalismo. Supone que poco o nada puede hacerse para deshacer o suavizar la contradicción. Las iniciativas ciudadanas, las innovaciones democráticas y las discusiones sobre la democracia transfronteriza son invalidadas por las dinámicas transfronterizas. La democracia es una florecilla indefensa, una víctima del avance del «espacio abstracto» (Lefebvre, 1991) impuesto por los organismos públicos y empresariales transfronterizos. Se dice que las perspectivas de la democracia se han debilitado todavía más por la hipercomplejidad de los métodos de toma de decisiones transfronterizos, que imposibilita la «ilustración del público» y «el discurso y compromiso civiles» tan necesarios para la democracia (Dahl, 1999). La reconstrucción de la democracia territorial. Se supone que los políticos, los partidos políticos, los votantes y los gobiernos pueden combinar sus fuerzas para volver atrás en el tiempo y apuntalar los muros de la fortaleza de la democracia parlamentaria «recuperando» los poderes transfronterizos para el Estado territorial. Las instituciones del Estado, reforzadas, deben convertirse de nuevo en las principales guardianas del principio democrático de la territorialidad soberana respaldada por «el pueblo». La recuperación de lo local. Se busca revivir el autogobierno local de las personas y, de hecho, se quiere hacer recuperando el espíritu (imaginado) de la democracia asamblearia de estilo griego. Algunos estudiosos prevén una nueva geografía de «ciudades abiertas» y «ciudades refugio» (Derrida, 2001). Otros reviven el discurso del «poder para el pueblo», el lema utilizado por grupos como los Students for a Democratic Society (Estudiantes por una Sociedad Democrática) durante las rebeliones de 1960, con el fin de demostrar que el autogobierno requiere una toma de decisiones descentralizada y la autodeterminación de los ciudadanos a través de formas innovadoras de democracia «profunda» de «base popular» que sirvan para aumentar «el compromiso y la capacidad de la gente corriente para tomar decisiones sensatas a través de una deliberación razonada y empoderada, puesto que se pretende vincular la acción al debate» (Fung y Wright, 2003, 5; Barber, 2013). El federalismo global. Se trata de una forma neokantiana de imaginar un «sistema de geogobierno distinto de cualquier otro que se haya propuesto hasta la fecha», un sistema de «democracia cosmopolita» de dos niveles en el que todos los pueblos gocen de determinados derechos humanos básicos y sean tratados como fines en sí mismos, gracias a «un modelo de organización política en la que los ciudadanos, sin importar su ubicación en el mundo, tengan una voz, una aportación y una representación política en los asuntos internacionales, en paralelo a la de sus propios gobiernos y con independencia de ellos» (Archibugi y Held, 1-16; Habermas, 2008). La demoicracia. Concibe un conjunto de estados gobernados democráticamente (van Parijs, 1998; Nicolaïdis, 2012; Cheneval y Schimmelfennig, 2013). Esta perspectiva, que se utiliza principalmente para describir y legi- John Keane THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 – 22 – timar la Unión Europea, recomienda una forma de gobierno compuesta por sistemas gubernamentales responsables ante múltiples pueblos distintos (demoi). Esta perspectiva supone que el gobierno transfronterizo en su forma democrática no necesita cimentarse sobre la identidad común de un único pueblo «soberano». La demoicracia es un nuevo tipo de «confederación», una forma de gobierno que valora el pluralismo, insta al reconocimiento público mutuo de las diferencias, y reconoce tanto la creciente interdependencia de los Estados y los pueblos como la posibilidad de que varios pueblos separados puedan trabajar conjuntamente para limitar y legitimar de manera efectiva el poder de las instituciones de gobierno transfronterizas. En tercer lugar, el proyecto de la democracia cuántica estudia detenidamente estos diferentes enfoques preguntándose si, paradójicamente, su efecto combinado puede ser el de deshabilitar la imaginación democrática, esencialmente porque todos ellos están vinculados a una u otra versión de la comprensión territorial, basada en el lugar, de la democracia. Todas consideran la democracia como una forma de autogobierno popular, pero el proyecto se pregunta si no estarán todas ellas tácitamente comprometidas con una visión homogénea de la democracia como algo asentado en un lugar físico fijo. Podrían ser esfuerzos de resistencia y reparación sustancial pegados como parches sobre el decrépito edificio de la democracia territorial. Si este es el caso, sus desacuerdos podrían verse como algo interno, en el sentido de que tendrían que ver con cuestiones de viabilidad y tamaño: por ejemplo, ¿cuál es el tamaño geográfico óptimo para una democracia? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas comparativas de los sistemas democráticos según su magnitud? ¿Puede un sistema de democracia representativa ser demasiado grande para que puedan controlarlo sus ciudadanos? (Dahl y Tufte, 1973). Un giro cuántico La principal dificultad que plantean estas preguntas de sentido común, de «caja china», respecto al lugar y el tamaño, al menos según la hipótesis central del proyecto, es su incapacidad para aprehender las múltiples dinámicas espacio-temporales que hoy en día conforman, debilitan y revitalizan simultáneamente todas las democracias del mundo real. En este punto, el proyecto pretende dar un giro cuántico, embarcándose inicialmente en el aprendizaje de las perspectivas, los conceptos y los métodos desarrollados por los apasionantes ámbitos de investigación de la cosmología contemporánea y la física de partículas. Sus perspectivas cuánticas se utilizarán como catalizadores para plantear preguntas sobre las muchas formas en que la mentalidad de la democracia territorial resulta insuficientemente compleja y (obstinadamente) ignorante de la «rareza cuántica» (Albert, 1992) de unos fenómenos que requieren un replanteamiento fundamental de la democracia tal y como la hemos conocido. Democracia cuántica: apuntes sobre la reconsideración del territorio en la política democrática contemporánea – 23 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 En cuestiones de democracia, el proyecto de la democracia cuántica pretende mostrar cómo están sucediendo cosas que no solo son más extrañas de lo que se pensaba en el pasado, sino que son mucho más extrañas de lo que podríamos pensar en la actualidad. Atrapada en un estancamiento académico, la democracia territorial, con su sentido común y su fijación tridimensional en la latitud, la longitud y la altitud, ignora el multiverso en expansión de unidades democráticas de distintos tamaños entrelazadas espacialmente. Pasa por alto su dinamismo multidimensional, sus complejos patrones de interacción en campos de poder interconectados que se extienden en todas las direcciones, de lo local a lo global y más allá, y viceversa. Para expresarlo metafóricamente en lenguaje cuántico, el proyecto se pregunta si las teorías de la democracia territorial no estarán ignorando fenómenos que incluirían desde los quarks, los neutrinos y otras partículas elementales hasta los planetas, las estrellas, las zonas de energía oscura, las enanas rojas y exoplanetas del tamaño de la Tierra que se encuentran en la galaxia en rápida expansión (y en proceso de desaparición) que conocemos. El proyecto va aún más lejos: sugiere que los modelos de democracia territorial no logran comprender que estos cuantos de alta energía operan en más de tres dimensiones y están en constante movimiento, vibración y oscilación en los campos cuánticos, empujando y tirando en múltiples direcciones, a menudo desafiando la gravedad, ampliando el universo de la democracia e impulsándolo hacia destinos desconocidos (Weinberg, 1995). El proyecto está profundamente interesado en las complejas incertidumbres que generan estos procesos cuánticos. Aunque tales indeterminaciones parecen imposibilitar las formulaciones y los cálculos exactos, las teorías y observaciones son necesarias y factibles, como lo son en los campos de investigación de la cosmología contemporánea y la física de partículas. La teoría democrática contemporánea se enfrenta a una cuota de «materia oscura» no descubierta mayor de la que le corresponde, sin embargo, desde el punto de vista de este proyecto, las desconcertantes incógnitas no deben impedirle cartografiar los contornos de la democracia actual con parámetros cuánticos. De un modo extraño, estas incógnitas albergan soluciones: generan perplejidad, pero a la vez motivan nuevas preguntas, nuevas formas de pensar y nuevas soluciones a raras anomalías y problemas sin resolver. Estudios de casos Paralelamente al inventario y disección de la mentalidad territorial, el proyecto de la democracia cuántica examina varios nuevos tipos de instituciones democráticas actuales que resultan anómalos cuando se miden con los viejos parámetros de la democracia territorial. El proyecto sostiene que los tres tipos básicos elegidos para la investigación son indicativos de una tendencia John Keane THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº52 julio-diciembre (2015) pp.: 15-30 doi: 10.12795/themata.2015.i52.01 – 30 – Heisenberg, Werner (1958), Physics and Philosophy: The Revolution in Modern Science (Londres). Humphreys, David (2008), Forest Politics: the Evolution of International Cooperation (Londres). Su Santidad el Dalai Lama, (1999), «Buddhism, Asian Values, and Democracy», Journal of Democracy, 10, 1, pp. 3-7. Keane, John (2009), The Life and Death of Democracy (Londres y Nueva York). __________ (2013), Democracy and Media Decadence (Cambridge y Nueva York). 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