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301 MISCELÁNEA Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 Investigaciones Feministas ISSN-e: 2171-6080 https://dx.doi.org/10.5209/infe.84896 Opiniones sobre las mujeres ucranianas en el conflicto armado: la influencia del sexismo Rocío Agustina Coronel-Sandoval1; Sara Vera Gil2 Recibido: Noviembre 2022 / Revisado: Mayo 2023 / Aceptado: Junio 2023 Resumen. Introducción. Tras las acciones militares por parte de Rusia, la población ucraniana se ha sumido en una profunda crisis humanitaria. Los conflictos armados se caracterizan por ser paternalistas, androcéntricos y por perpetuarse gracias al sexismo. En este contexto, el sexismo se exacerba y las mujeres y sus cuerpos son, una vez más, objeto de opinión. Nuestra investigación se centra en estudiar la influencia del sexismo a la hora de explicar el papel de las ucranianas en el conflicto bélico actual, así como en determinar, los niveles de sexismo y la influencia del género, la edad y el nivel educativo sobre el mismo. Metodología. Se llevó a cabo una investigación cuantitativa transversal de muestreo de conveniencia basado en la edad, contando con 146 participantes a quienes se aplicó el Inventario de Sexismo Ambivalente y un cuestionario basado en opiniones estereotípicas vertidas en redes sociales sobre las ucranianas. Resultados. Se encontraron diferencias en mujeres y en hombres, tanto en los niveles de sexismo como en la influencia de la edad y el nivel educativo sobre estos. En cuanto a la influencia del sexismo sobre la opinión del papel de las mujeres en la guerra de Ucrania, se obtuvo una fuerte relación positiva para ambos grupos. Por último, las puntuaciones medias obtenidas tanto por hombres como por mujeres en este mismo cuestionario fueron bajas, lo que refleja un desacuerdo generalizado con las afirmaciones estereotípicas. Discusión. Destacamos el impacto diferencial que el movimiento feminista ha tenido en mujeres y en hombres, así como la necesidad de continuar apostando por una educación con perspectiva de género que ayude a reducir los niveles de sexismo en los hombres, así como su implicación como aliados en la confrontación del mismo. Palabras clave: sexismo, mujeres, Ucrania, conflicto armado, desigualdad. [en] Opinions on Ukrainian women in the armed conflict: the influence of sexism Abstract. Introduction. Following military actions by Russia, the Ukrainian population has plunged into a deep humanitarian crisis. Armed conflicts are characterized by being paternalistic, androcentric, and perpetuated thanks to sexism. In this context, sexism is exacerbated and women and their bodies are, once again, objects of opinion. Our research focuses on studying the influence of sexism when explaining the role of Ukrainian women in the current war, as well as on determining the levels of sexism and the influence of gender, age, and educational level on it. Methodology. A cross-sectional quantitative research of convenience sampling based on age was carried out, with 146 participants to whom the Ambivalent Sexism Inventory and a questionnaire based on stereotypical opinions expressed in social networks about Ukrainian women were applied. Results. Differences were found in women and men, both in the levels of sexism and in the influence of age and educational level on them. Regarding the influence of sexism on the opinion of the role of women in the Ukrainian war, a strong positive relationship was obtained in both groups. Finally, the average scores obtained by both men and women on this same questionnaire were low, reflecting a general disagreement with stereotypical statements. Discussion. We highlight the differential impact that the feminist movement has had on women and men, as well as the need to continue betting on an education with a gender perspective that helps reduce levels of sexism in men, as well as their involvement as allies in the confrontation of it. Keywords: sexism, women, Ukraine, armed conflict, inequality. Sumario: 1. Introducción. 2. Metodología. 2.1. Diseño. 2.2. Participantes. 2.3. Instrumentos. 2.4. Procedimiento. 2.5. Análisis de datos. 3. Resultados. 3.1. Niveles de sexismo en función del género. 3.2. Influencia de la edad y el nivel educativo en los niveles de sexismo. 3.3. Sexismo y creencias sobre las mujeres ucranianas en la guerra. 4. Discusión. 5. Conclusiones. Referencias bibliográficas. Cómo citar: Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. (2023). Opiniones sobre las mujeres ucranianas en el conflicto armado: la influencia del sexismo, en Revista de Investigaciones Feministas, 14(2), 301-312. 1. Introducción 1 [email protected] Research Gate: https://www.researchgate.net/profile/Rocio-Coronel-Sandoval 2 Universidad de Sevilla (España). [email protected] Google Scholar: https://scholar.google.es/citations?user=QaI-RoYAAAAJ&hl=es Research Gate: https://www.researchgate.net/profile/Sara-Vera-Gil InvestigacionesFeministas14(2).indd 301InvestigacionesFeministas14(2).indd 301 4/12/24 19:274/12/24 19:27
302 Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 Desde febrero de 2022, con el anuncio de acciones militares por parte de Rusia (Bussoletti, 2022), los ucranianos y ucranianas están siendo testigos de cómo día a día sus derechos humanos están siendo vulnerados y su país cae en una profunda crisis humanitaria con los asesinatos, torturas y desplazamientos de civiles (Elias, 2022; Soszynska, 2022). ACNUR (2022) caracteriza este conflicto como una de las peores crisis de la actualidad e indica que más de siete millones de personas provenientes de Ucrania han sido registradas en situación de refugiado, siendo el noventa por ciento de ellos mujeres, niños y niñas (Regional Gender Task Force, 2022). Según Moriconi (2022), estas situaciones configuran contextos paternalistas y androcéntricos basados en la dominancia y agresividad, donde las mujeres en medio de la inseguridad realizan un gran trabajo comunitario no remunerado, especialmente asumiendo el rol de cuidadoras y protectoras del hogar. El Instituto Español de Estudios Estratégicos (2012) recalca que las redes de apoyo suelen romperse y las actividades económicas limitarse, lo que lleva a las mujeres a tener que intentar salir adelante en su país o bien huir, enfrentándose en ambos casos a la exclusión, discriminación y violencia de género. Villellas Ariño (2010) indica que esto se produce gracias a la fuerza que las estructuras de género toman y su efecto sobre las desigualdades inherentes a ellas, lo que facilita que se produzcan numerosos casos de violencia sexual, una de las armas de guerra más extendidas, empleada con objeto de destruir y humillar a toda la comunidad adversaria, reprimirla políticamente y como expresa Posada Kubissa (2017, 130) “desmoralizar al bando enemigo”, tomando el cuerpo de las mujeres como un lugar estratégico. Desafortunadamente las ucranianas no han sido la excepción a la norma, ya que el pasado 11 de abril de 2022, ONU Mujeres confirmó haber recibido un notable aumento de noticias referentes a violencia sexual vivida. Y es que, el hecho de que un gran número de mujeres, niñas y niños se vean obligadas a desplazarse de sus hogares incrementa los riesgos de sufrir violencia de género, abusos, explotación y trata de personas (Ratush, 2022). En un intento por proteger tanto a mujeres como niñas, en 1993 se afirmó en la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos de Viena que los derechos de estas no pueden separarse de los derechos humanos universales, y junto a la Plataforma de Acción de Beijing en 1995 (impulsora de la consideración de la dimensión de género en asuntos de paz y seguridad), sentaron las bases para que en octubre del año 2000 el Consejo de Seguridad de las ONU aprobara la resolución 1325. Esta medida reconoció el diferente impacto de la guerra sobre hombres y mujeres, llamó a proteger a estas últimas en casos de violencia y a hacerlas partícipes en todo el proceso de construcción de paz. Asimismo, presenta algunas carencias, como podrían ser que la aplicación o no de la misma dependa de la decisión de los gobiernos o que la ONU no realice un seguimiento de su cumplimiento (Mendia Azkue y Guzmán Orellana, 2019). Amnistía Internacional expresa que a pesar de la gravedad que esto supone, los compromisos siguen sin llegar a cumplirse (Cidón, 2022), pues, como Moriconi (2022, 79) comenta: “faltan recursos y financiación”. La Regional Gender Task Force (2022) en su análisis sobre el género en la respuesta al conflicto ucraniano hacen énfasis en cómo, a pesar de tantos esfuerzos realizados por las ucranianas como voluntarias y personal de emergencias, éstos no han sido traducidos en un incremento de la participación y liderazgo en las tomas de decisiones. Argumentan que las desigualdades de género ya existentes en el país crean barreras tanto para las mujeres como para otros grupos marginados, y que muchas veces es la propia responsabilidad doméstica y familiar la que reduce sus oportunidades de participar en la toma de decisiones. Para Pérez del Pulgar de Válor (2020) esto provoca que no puedan plantear sus intereses y se sientan completamente excluidas, lo que delata la necesidad de adoptar una perspectiva de género en situaciones de conflicto, incluyendo en las experiencias del mismo, como Martínez (2018) indica, a las relaciones de poder que el género impone y teniendo en cuenta que estas se incrementan en estos casos, haciéndolo consecuentemente la dominación y el control sobre las mujeres, sus cuerpos y autonomía. Según Varela Conesa (2022, 4) esto último no es más que “la expresión más brutal del patriarcado”, definido por Diz y Gamba (2021, 698) como “un sistema basado en la desigualdad y subordinación de la mujer por el simple hecho de serlo”. Para Villellas Ariño (2010), el sistema patriarcal se perpetuaría gracias a un extremo control social sancionador, motivado por los estereotipos de género. Estos refuerzan el sexismo, a la vez que ocasionan reacciones emocionales negativas hacia aquellas personas que no sigan los dictámenes que sus roles de género imponen (Gaviria Stewart, López Sáez y Cuadrado Guirado, 2019). El sexismo por su parte, ha sido ampliamente abordado por Glick y Fiske (1996, 1997) quienes apuntan a que se trataría de una ideología que tiene como principal función mantener las desigualdades de género, compuesta por dos tipos de actitudes las cuales le confieren al término ambivalencia: una caracterizada por la hostilidad hacia las mujeres en forma de prejuicios, el sexismo hostil (SH); y otra basada en la visión estereotipada de estas y restringida a roles, pero en un tono subjetivamente positivo, el sexismo benévolo (SB). No consideran al SB como algo deseable, pues se vale de los estereotipos tradicionales y la dominancia masculina, pudiendo llegar a ser muy dañino ya que suele estar oculto. Ambos subtipos del sexismo ambivalente (SA) se basan en tres dimensiones que Glick y Fiske (2001a) detallan: la primera sería el paternalismo, es decir, la justificación de la dominancia masculina y la manifestación ideológica del patriarcado. Su componente hostil se caracterizaría por la dominancia basada en la creencia de que el hombre debe tener más poder que la mujer y el consecuente miedo de que ésta pueda usurparlo. Esto es moderado por el paternalismo protector, propio del SB, que se sustenta en la convicción de que el hombre InvestigacionesFeministas14(2).indd 302InvestigacionesFeministas14(2).indd 302 4/12/24 19:274/12/24 19:27
303Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 debe proteger y proveer a la mujer que depende de él. La segunda dimensión, denominada diferenciación de género sería competitiva en el SH, pues representa la fuerte creencia de que la mujer como grupo es inferior en comparación al hombre en dimensiones relacionadas con la competencia, como por ejemplo en tareas que requieran fuerza o en la ocupación de roles de alto estatus. Continuando con el SB, gracias a la interdependencia de los roles tradicionales de género, hablaríamos de diferenciación complementaria, que se cimenta en la certeza de que la mujer es el mejor sexo siempre y cuando se adhiera a esos roles que encajarían con su inferior estatus social. La última dimensión es la heterosexualidad, fundamentada en la hostilidad para el SH, se cimenta en la creencia de que la sexualidad de la mujer es peligrosa para el hombre, en términos de que esta es usada para intentar adquirir poder. En contraposición, el SB adquiere el concepto de intimidad, definiéndola como la convicción de que la mujer complementa al hombre, en términos de que las relaciones románticas heterosexuales son vitales para la felicidad de ambos sexos. Como base teórica que pueda explicar este fenómeno en el que conviven hostilidad y benevolencia, Glick y Fiske (2001b) destacan la teoría de la identidad social (SIT) (Tajfel, 1981; Tajfel y Turner, 1986) la cual postula que en las relaciones sociales tendría lugar un proceso de categorización que propiciaría el favoritismo intragrupal y la competición intergrupal, facilitando la hostilidad hacia los exogrupos. Las personas son evaluadas como subordinadas gracias a los estereotipos de inferioridad e incompetencia, confiriéndoles de ese modo un menor estatus en comparación con el grupo dominante. Para Jost y Banaji (1994), responsables de la teoría de la justificación del sistema, las diferencias de estatus entre los grupos fomentan la creencia de que aquellos con mayor estatus son superiores, incluso para los ojos de los subordinados. Esto es debido a que los grupos desaventajados presentan una tendencia a aceptar las ideologías de los grupos superiores, sin cuestionar al sistema que las propaga, pues creen que este es parte del orden de la naturaleza e invariable. Los autores de esta teoría argumentan que existe una tendencia a inferir atributos basados en estereotipos directamente desde la información que el estatus aporta, de modo que las diferencias entre grupos se puedan justificar. De esta forma y conforme a Glick y Fiske (2001b), el SB serviría para que los hombres pudieran mantener una imagen positiva de sí mismos, gracias a su labor como protectores y proveedores dispuestos a sacrificarse por las mujeres, pero en realidad no es más que un mecanismo complementario del SH que sirve de vehículo para justificar las diferencias de privilegios y poder entre hombres y mujeres. De ese modo, es de esperar que los hombres simpaticen en mayor medida con ideologías sexistas como una forma de proteger su estatus de grupo y junto a ello sus privilegios como grupo dominante (Drury y Kaiser, 2014). Por otro lado, la influencia del movimiento feminista de último siglo y, por ende, de las condiciones sociales de las mujeres, ha permitido a estas el cuestionamiento de su estatus de subordinación respecto al grupo dominante, llegando incluso a resignificar aquellas cualidades grupales empleadas para discriminarlas como un reforzador de su identidad de grupo, motivándolas, así, a desafíar las barreras sociales e institucionales que se les imponen (Burn, Abound y Moyles, 2000; Yago y Paterna, 2005). Así, los resultados de investigación respecto de las diferencias de género en los niveles de sexismo apuntan en su mayoría a encontrar mayores niveles en los varones (Glick y Fiske, 1996, 2001a, 2001b). Además del género, son numerosos los estudios que se han centrado en conocer qué otras variables pueden influir en los niveles de sexismo de la población (eg. Garaigordobil y Aliri, 2011, 2013; Glick et al. 2000; Glick, Lameiras y Rodríguez Castro, 2002). Por ejemplo, Glick, Lameiras y Rodríguez Castro (2002) apuntan a que la edad tiende a asociarse con unas actitudes más tradicionales en lo que a los derechos de las mujeres respecta, por lo que las personas de más edad tenderían a ser generalmente más sexistas. Hammond, Milojev, Huang y Sibley (2018), al estudiar los niveles de sexismo en distintas cohortes de edad y diferenciando los grupos de mujeres y hombres, encuentran que los niveles de SH y SB en mujeres y de SH en hombres se distribuyen en forma de U a lo largo de la edad. Es decir, aunque los niveles son relativamente altos en la adultez temprana, estos tienden a descender en la adultez media, para volver a ser de nuevo más altos en la adultez tardía. Sin embargo, el SB en los hombres se mantiene estable a lo largo de las diferentes edades. Se pone de manifiesto aquí que a largo del ciclo vital, las preocupaciones sobre poder, identidad y dependencia seguirían un curso de alto-bajo-alto, de modo que las puntuaciones más elevadas las ocuparían las personas con más años, y también las más jóvenes. Lameiras, Rodríguez y González (2004) encuentran, así mismo, diferencias por género y edad en una muestra española. En este caso, nuevamente, los hombres presentan mayores niveles de sexismo que las mujeres, tanto de tipo hostil como benevolente. Estos niveles de sexismo son, en general, menos acusados en personas menores de 42 años, siendo este efecto más significativo en mujeres. Estos autores sugieren que este grupo de menor edad fue testigo de grandes cambios sociales y económicos en el país que facilitaron el acceso a la educación y al trabajo para las mujeres, lo cual explica los menores niveles de sexismo, dado que esta situación desembocó en una renuncia a las actitudes tradicionales a favor de unas más liberales e igualitarias para ellas. Lameiras (2004) plantea la necesidad de conocer cómo la entrada en la madurez lleva a la población, especialmente a las mujeres, a tomar consciencia sobre el sexismo. Glick, Lameiras y Rodríguez Castro (2002) apuntan a que el nivel de sexismo y la educación irían de la mano en este aspecto, de modo que es más probable que aquellas mujeres menos sexistas busquen una mayor educación, mientras que las adscritas en InvestigacionesFeministas14(2).indd 303InvestigacionesFeministas14(2).indd 303 4/12/24 19:274/12/24 19:27
304 Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 gran medida a actitudes tradicionales, lo harían con menor probabilidad, ya que aspiran a satisfacer el rol de ama de casa. Los trabajos de Garaigordobil y Aliri (2013) y Glick, Lameiras y Rodríguez Castro (2002) muestran un descenso significativo del nivel de sexismo a medida que el nivel educativo es mayor, tanto en hombres como en mujeres. Estos resultados apuntan a la importancia de la educación como herramienta para la erradicación del sexismo. Reardon (1996) expone a lo largo de su obra la existencia de una relación de interdependencia, gracias al uso de la violencia, entre el sexismo y la guerra. Comenta además, que los conflictos armados estarían legitimados e institucionalizados por los Estados, quienes por la necesidad de brindar seguridad a sus naciones, conceden permisos al sistema militar para cometer atrocidades con el fin de alcanzar el éxito, perpetuando así una manifestación de la masculinidad dominante. Como ya hemos puesto de manifiesto (eg. Martínez, 2018; Posada Kubissa, 2017; Villellas Ariño, 2010), los contextos bélicos propician la violencia de género y exacerban las actitudes sexistas hacia las mujeres. Esta ideología sexista que se legitima en el contexto de dominación masculina implícito a toda situación de guerra, propician la justificación de los abusos y violaciones contra las mujeres, llegando o bien a pasar desapercibidos o bien a ser incluso justificados (Abrahams, Viki, Masser y Bohmer, 2003). El principal objetivo del presente estudio es aportar información sobre el sexismo y su influencia en las opiniones sobre el papel de las mujeres en una situación de guerra, haciendo además una diferenciación por género. Esto nos lleva a poner el foco en Ucrania y el grado de acuerdo en las opiniones vertidas en las redes sociales sobre la participación de las ucranianas en el conflicto bélico actual. De modo que, en la medida que sea posible, nuestro trabajo sirva para poner de manifiesto la exacerbación de la situación de discriminación y opresión de las mujeres en este contexto particular, y prevenir así, la revictimización de las mujeres damnificadas en este caso. Exploraremos, además, la influencia de dos variables que, como hemos mencionado, la literatura apunta como relevantes en la modulación del sexismo: la edad y el nivel educativo. 2. Metodología 2.1. Diseño En la presente investigación cuantitativa se empleó un diseño comparativo transversal. El muestreo fue no probabilístico de conveniencia, siendo un criterio principal el rango de edad de los participantes. 2.2. Participantes Nuestro estudio contó con la participación de 146 personas con edades comprendidas entre 18 y 35 años (M= 27.84, DT= 6.216). Se considera que este rango de edad es idóneo ya que permite agrupar a los participantes siguiendo un criterio evolutivo que abarque desde la adolescencia a la adultez. De la muestra total, alrededor del 49% de participantes (N= 72) se identificó con el género masculino y el 51% (N= 74) con el femenino. En lo referente al nivel educativo, el 9% de participantes (N = 13) manifestó tener educación primaria, el 33% (N = 48) educación secundaria, el 26% (N = 38) formación post-obligatoria no universitaria, el 16% (N = 24) formación universitaria y finalmente, otro 16% (N = 16) indicó tener formación de post-grado. El estudio contó con un 73% (N = 107) de participantes españoles y un 27% (N = 39) de extranjeros residentes en España. 2.3. Instrumentos Para la recogida de datos, en primer lugar, se aplicó un cuestionario sociodemográfico (ad hoc) con el que se registraron datos como la edad de los y las participantes, su género3, nivel educativo y nacionalidad. Con posterioridad, los y las participantes cumplimentaron el Inventario de Sexismo Ambivalente (ASI) creado por Glick y Fiske (1996) con alfa de Cronbach de .87 para el SA, .79 para el SH y .79 para SB, traducido por Expósito, Moya y Glick (1998) (α = .90 para el SA, α = .89 para el SH y α = .86 para el SB): está compuesto por 22 ítems, con los cuales se puede obtener una puntuación total y además desglosarlos en dos subescalas formadas por 11 ítems cada una y que sirven para medir los niveles de los participantes en cuanto a SH (ítems 2, 4, 5, 7, 10, 11, 14, 15, 16, 18 y 21, p. ej. “Las mujeres intentan ganar poder controlando a los hombres.”) y SB (ítems 1, 3, 6, 8, 9, 12, 13, 17, 19, 20 y 22, p. ej. “Las mujeres deben ser queridas y protegidas por los hombres.”), de esta subescala los ítems 3, 9, y 20 miden el paternalismo protector; los ítems 8, 17, 19 y 22 la diferenciación de género complementaria, y los ítems 1, 6, 12 y 13 la intimidad heterosexual. Se responde 3 En relación al género, se presentó a los participantes tres opciones: masculino, femenino y no binario, no identificándose nadie con este último. En este trabajo utilizamos indistintamente los términos mujer y género femenino, al igual que hombre y género masculino. Aunque sabemos que esto tiene implicaciones tanto teóricas como prácticas, no forman parte de nuestro análisis y no lo hemos tenido en cuenta en esta ocasión. InvestigacionesFeministas14(2).indd 304InvestigacionesFeministas14(2).indd 304 4/12/24 19:274/12/24 19:27
305Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 mediante una escala tipo Likert que abarca desde el 0 (totalmente en desacuerdo) hasta el 5 (totalmente de acuerdo) (Glick y Fiske, 1997), siendo posible además realizar una interpretación de los resultados en rangos de sexismo alto (M= 3.3-5), medio (M= 1.7-3.2) y bajo (M= 1.6-0) (Esteban Ramiro y Fernández Montaño, 2017). En último lugar, los y las participantes contestaron a un cuestionario de creación propia formado por 8 ítems reflejados en la tabla 1. Estos han surgido a partir de la recopilación de las opiniones difundidas por usuarios de la red social “Twitter” desde el momento en el que el conflicto estalla, y especialmente durante el 8M, día internacional de la mujer. Los ítems se han presentado en forma de afirmaciones a las cuales responderán del mismo modo que el ASI, es decir, mediante una escala tipo Likert de 0 a 5. Tabla 1. Ítems que Conforman el Cuestionario de Creación Propia Sobre las Mujeres Ucranianas. 2.4. Procedimiento La aplicación de los instrumentos se realizó de manera online gracias a la plataforma “Google Forms”. Previamente se informó a los y las participantes del motivo de la investigación, la confidencialidad de sus datos, la voluntariedad de la participación y a dónde recurrir en caso de dudas o problemas. Además, se recogió su autorización para el tratamiento de sus respuestas, garantizando en todo momento el anonimato de estas. 2.5. Análisis de datos Empleando el software IBM SPSS Statistics 26 se han realizado comparaciones de medias entre grupos con la prueba t de Student. Para conocer la magnitud de las posibles diferencias entre los grupos de comparación tomamos como referencia el criterio de Cohen (1988) sobre el tamaño de efecto. Para conocer la influencia de las variables edad y nivel educativo sobre el nivel de sexismo, utilizamos una regresión múltiple. Por último, con el objetivo de analizar la relación entre el sexismo y las creencias estereotipadas sobre el papel de las mujeres ucranianas en el conflicto bélico, hicimos uso del coeficiente de correlación de Pearson y, posteriormente, para conocer la influencia del primero sobre el segundo, llevamos a cabo una regresión lineal simple. 3. Resultados 3.1. Niveles de sexismo en función del género Los resultados en relación a los niveles de sexismo en los grupos masculino y femenino pueden verse en la tabla 2. Tal como muestra la tabla mencionada, las diferencias entre ambos grupos en cuanto al sexismo resultaron estadísticamente significativas con valores de significación por debajo de .01 en casi la totalidad de las puntuaciones en comparación. En este sentido, atendiendo a las medias obtenidas en cada grupo, el grupo masculino obtuvo de manera generalizada niveles más altos de sexismo para todas las modalidades analizadas, tanto en las puntuaciones totales del cuestionario ASI (SA) como en las obtenidas en su diferenciación por subescalas (SH y SB) y dimensiones del SB (intimidad heterosexual, paternalismo protector y diferenciación de género complementaria ). InvestigacionesFeministas14(2).indd 305InvestigacionesFeministas14(2).indd 305 4/12/24 19:274/12/24 19:27
306 Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 Así, vemos que los niveles de sexismo de este grupo doblan los que presenta el grupo femenino en prácticamente la totalidad de las dimensiones. Solo en una de ellas, la que se refiere a la diferenciación de género complementaria, las diferencias entre los grupos se mantuvieron más cercanas, aunque, en todo caso, también con mayores niveles en el grupo masculino. Además, excepto en esta última dimensión, en cuanto a la magnitud de las diferencias encontradas, vemos que los tamaños de efecto de todas las comparaciones indican que estas pueden considerarse relevantes, con valores por encima de .80. Atendiendo al valor de las puntuaciones, y de acuerdo con los criterios de evaluación de la escala, las medias resultantes mostraron niveles de sexismo medio para el caso del grupo masculino y niveles de sexismo bajo para el grupo femenino. Tabla 2. Comparación de Medias entre Géneros y Prueba t en el Cuestionario de Sexismo Ambivalente. Masculino Femenino t (144) p d Cohen M SD M SD Sexismo Ambivalente 2.244 1.083 1.183 .922 6.381 .000 1.055 Sexismo Hostil 2.353 1.214 1.156 1.123 6.189 .000 1.024 Sexismo Benévolo 2.136 1.146 1.210 .905 5.408 .000 .809 Dim. Heterosexual 1.909 1.325 .820 .939 5.713 .000 .948 Dim. Paternalismo 2.288 1.307 1.206 1.079 5.445 .000 .903 Dim. Género 2.236 1.313 1.734 1.222 2.390 .018 .396 Nota. Se muestran las medias totales para personas autoidentificadas con el género masculino (n = 72) y para las autoidentificadas con el femenino (n = 74) en el ASI; también para las dos subescalas del mismo (Hostil y Benévolo) y para las dimensiones de la subescala del SB: Intimidad Heterosexual, Paternalismo Protector y Diferenciación de Género Complementaria. Aparecen los resultados de la prueba t (asumiendo varianzas iguales) comparando los parámetros estimados entre los dos géneros. M = Media, SD = Desviación Típica; p = significación estadística. 3.2. Influencia de la edad y el nivel educativo en los niveles de sexismo En la figura 1 podemos ver los valores expresados en medias del sexismo ambivalente para ambos grupos, en función del nivel educativo y la edad4. Puede apreciarse, en coherencia con los resultados descritos anteriormente, que los niveles de sexismo ambivalente resultaron superiores en el caso del grupo masculino para todas las edades y todos los niveles de educación. Para este grupo, vemos que el intervalo de edad donde se obtuvo una media de sexismo mayor fue el de 30 a 35 años, mientras que en cuanto al nivel educativo, fue en la educación primaria donde se encontró una media mayor a este respecto, aunque seguido muy de cerca por el nivel de educación post-obligatoria y secundaria, respectivamente. Para el grupo femenino, los resultados fueron bastante similares: los mayores niveles de sexismo se obtuvieron en el grupo de edad de 30 a 35 años y en el nivel educativo de primaria. En este grupo, sin embargo, se puede apreciar una diferencia mayor en las medias de sexismo en cuanto a nivel educativo, dado que en los niveles de educación post-obligatoria y secundaria estas medias son bastante menores en relación a la primaria, en contraposición a lo que ocurre en el grupo masculino. Otra diferencia a destacar se observa en la educación universitaria y de post-grado, donde, si bien para el grupo femenino se obtuvo una media mayor en la primera, para el grupo masculino ocurrió lo contrario. Es decir, en el grupo femenino, las medias de sexismo fueron mayores en universitarias que en post-graduadas mientras que en el grupo masculino resultó a la inversa. 4 A efectos de representación, la variable edad ha sido recategorizada en tres intervalos de acuerdo a las etapas evolutivas. InvestigacionesFeministas14(2).indd 306InvestigacionesFeministas14(2).indd 306 4/12/24 19:274/12/24 19:27
307Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 Figura 1. Distribución de Puntuaciones Medias del Cuestionario de Sexismo Ambivalente en Base a las Variables Género, Edad y Nivel Educativo. Para conocer la influencia predictiva de las variables edad y nivel educativo en la muestra de participantes se llevó a cabo un análisis de regresión múltiple en cada uno de los grupos (tabla 3). El modelo explicó una cantidad significativa de varianza en los niveles de sexismo solo para el grupo femenino, F (2,71) = 9.13, p = .00, R2 = .20, R2 ajustado = .18. De este modo, tanto el nivel educativo β = -.25, t (71) = -2.22, p = .03, como la edad β = .29, t (71) = -2.61, p = .01 resultaron ser predictores significativos de los niveles de sexismo ambivalente en este grupo. Dados los datos resultantes de la regresión para el grupo femenino, podemos decir que las personas de este grupo con un mayor nivel educativo presentarán menores niveles de sexismo ambivalente B = -.17, IC al 95% [-.332, .018], mientras que aquellas de mayor edad presentarán niveles más altos en comparación con las más jóvenes B = .21, IC al 95% [.011, .083]. Para el grupo masculino, el modelo de regresión no resultó estadísticamente significativo F (2, 69) = 2.12, p = .13, R2 = .06, R2 ajustado = .03 lo que significa que ni el nivel educativo β = -.19, t (69) = 3.11, p = .12 ni la edad β = .127, t (69) = 1.07, p = .29 predicen el nivel de sexismo ambivalente para las personas de este grupo (tabla 3). Tabla 3. Regresión Múltiple entre el Nivel Educativo, la Edad y el Sexismo Ambivalente Diferenciado por Género. Variable Masculino Femenino B SE t p IC 95% B SE t p IC 95% Nivel Educativo -.211 1.067 -1.586 .117 [-.477, .054] -.175 .834 -2.219 .030 [-.332, .018] Edad .021 1.074 .286 [-.018, .060] .047 2.606 .011 [.011, .083] R2.058 .205 Nota. IC = intervalo de confianza; SE = Error Estándar de Estimación 3.3. Sexismo y creencias sobre las mujeres ucranianas en la guerra Por último, se estudió la relación entre el sexismo y las creencias estereotipadas sobre la participación de las mujeres ucranianas en el conflicto bélico actual en los dos grupos. Los resultados sobre esta correlación mostraron significación estadística tanto en el grupo masculino (r = .613, p = .00, N=72) como en el femenino (r = .66, p = .00, N = 74). Vemos, además, que los coeficientes de correlación resultaron ser de largo efecto, es decir, por encima de .05, por lo que existe una fuerte relación entre ambas variables. Para conocer el peso del sexismo sobre las creencias en relación a las mujeres ucranianas, complementariamente, llevamos a cabo un análisis de regresión simple. Los resultados mostraron que el sexismo ambivalente explica una cantidad ampliamente significativa de la varianza en las puntuaciones del cuestionario sobre las mujeres ucranianas tanto en el grupo masculino F (1,70) = 42.08, p= .00, R2= .37, R2 ajustado=.37, como en el femenino F(1,72) = 55.76, p = .00, R2= .44, R2 ajustado= .43. Los coeficientes de regresión para ambos grupos fueron β = .61 para el grupo masculino y β = .66 para el femenino. Un análisis pormenorizado de los ítems se muestra en la tabla 4, donde pueden verse las puntuaciones medias en cada uno de ellos en los dos grupos, así como la puntuación total obtenida por cada grupo. El grupo masculino obtuvo de media puntuaciones más altas en todas las cuestiones planteadas, así como en la puntuación total del cuestionario. A pesar de esto, las puntuaciones medias totales de ambos fueron bajas. InvestigacionesFeministas14(2).indd 307InvestigacionesFeministas14(2).indd 307 4/12/24 19:274/12/24 19:27
308 Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 Se obtuvieron puntuaciones más altas en ambos grupos en los ítems 6, 2 y 5, respectivamente, mientras que las medias más bajas correspondieron a los ítems 4 y 8, también en ambos grupos. Tabla 4. Medias y Desviaciones Típicas de las Respuestas a los Ítems del cuestionario sobre Mujeres Ucranianas. Ítem Masculino Femenino 11.37 (1.60) .66 (1.10) 2 2.92(1.66) 1.84 (1.68) 31.76 (1.51) 1.00 (1.38) 4.50 (1.02) .35 (.75) 5 2.53 (1.95) 1.76 (1.83) 6 3.22 (1.69) 2.30 (1.76) 7 1.42 (1.59) .93 (1.46) 8 .50 (1.07) .35 (.80) TOTAL 1.37 (.86) .86 (.66) Nota. Se presentan las desviaciones típicas entre paréntesis. Consultar tabla 1 para la descripción de los ítems 4. Discusión Nuestros resultados demuestran que los hombres son significativamente más sexistas que las mujeres, algo que concuerda con los trabajos originales de Glick y Fiske (1996, 2001a, 2001b). Siendo el nivel de sexismo en los hombres de grado medio para todas las mediciones, las mujeres presentan niveles bajos de sexismo, tanto generales como en lo que respecta a las dos vertientes de este. Además, las puntuaciones de los hombres son similares en ambas subescalas -también las de las mujeres- , por lo que, tal como apuntan los autores Glick et al. (2000), ambos tipos de sexismo son complementarios. Y es que el viejo sexismo basado en actitudes explícitas de misoginia - SHlconvive con las manifestaciones de sexismo más sutiles -SB- que, a pesar de la aparente benevolencia hacia las mujeres que refleja, se basa igualmente en mecanismos de dominación masculina (Expósito, Moya y Glick, 1998). Comparando estos resultados con el estudio transcultural de Glick et al. (2000) y respecto a la muestra española, podemos decir que, si bien hay coincidencia respecto de las mayores puntuaciones de los hombres en comparación con las mujeres tanto en SH como en SB, encontramos disparidad en lo que se refiere a las puntuaciones netas. En nuestro estudio, tanto hombres como mujeres alcanzan puntuaciones inferiores respecto al ya mencionado, aunque podemos decir que esta diferencias parece especialmente notable en el caso de las mujeres. Teniendo en cuenta la diferencia temporal entre ambos estudios, esta disparidad podría estar relacionada con la evolución de las actitudes sexistas a lo largo del tiempo, especialmente en las mujeres. Poniendo el foco en las dimensiones del SB, que atienden a los roles deseables para las mujeres y su interdependencia con los hombres, la población masculina también obtuvo puntuaciones más altas. Parafraseando a los creadores del ASI, Glick y Fiske (1996), la adhesión a las creencias de estas dimensiones implicaría considerar una interdependencia social entre hombres y mujeres, donde las relaciones entre ambos quedan restringidas al cumplimiento de las normas impuestas por el género y a la obtención de felicidad mediante una relación romántica íntima. Aludiendo a nuestros resultados, podemos decir que estas creencias se manifestarían de manera más notoria entre hombres que entre mujeres. En este sentido, los hombres están más inclinados a pensar que las mujeres son seres frágiles y dependientes que hay que proteger (paternalismo protector), que estas solo están completas en el seno de una relación romántica con un hombre (intimidad heretosexual) y que sus cualidades positivas sirven como complemento a los propios hombres (diferenciación complementaria de género) a modo de ‘media naranja’. Las puntuaciones respecto de estas tres dimensiones en el caso de los hombres vuelven a ser medias, y bajas en el caso de las mujeres, excepto en la que se refiere a la diferenciación de género complementaria, donde encontramos puntuaciones medias también. Tomando como referencia la teoría de la justificación del sistema (Jost y Banaji, 1994), la confirmación de que las mujeres reflejen niveles medios de sexismo, aunque en nuestro estudio solo sea en una de las dimensiones, podría explicarse a partir de la tendencia de los grupos subordinados por aceptar aquellas ideologías justificadoras del sistema. Así, este mecanismo de supervivencia del grupo subyugado, permanece aún más o menos prominente entre las mujeres en la forma de creencias relacionadas con la idea de que son complementarias a los hombres, en lugar de considerarse seres completamente independientes de estos. De todas formas, es importante señalar también que en el resto de dimensiones, como decíamos, las puntuaciones son bajas, lo que nos da idea de avances actitudinales entre el grupo femenino respecto a su condición de género. InvestigacionesFeministas14(2).indd 308InvestigacionesFeministas14(2).indd 308 4/12/24 19:274/12/24 19:27
309Agustina Coronel-Sandoval, R.; Vera Gil, S. Investig. Fem (Rev.) 14(2) 2023: 301-312 En cuanto a los niveles de sexismo en función de la edad, podemos decir que estos siguen una distribución lineal positiva. Es decir, los niveles de sexismo se hacen más acusados a medida que aumenta la edad. Estos resultados entran en contradicción con los encontrados en otras investigaciones (eg. Hammond, Milojev, Huang y Sibley, 2018; Lameiras, Rodríguez y González, 2004), donde el nivel de sexismo mostraría una distribución en forma de U en relación con la edad, el lugar de ascendente. Aunque en nuestro estudio no hemos analizado rangos de edad más allá de los 35 años y, por lo tanto, no podemos sacar conclusiones más allá de esta edad, pensamos que es probable que los resquicios de una sociedad española más tradicional estén aún ejerciendo su influencia en las personas con más edad, especialmente mediante la “conexión intergeneracional del sexismo en la familia” (Garaigordobil y Aliri, 2011, 386). De ahí que el grupo de 30 a 35 años presente niveles mayores de sexismo que las generaciones anteriores. Por otro lado, estos datos podrían apuntar a la existencia de un cambio positivo en generaciones nuevas respecto al sexismo. En lo que se refiere al nivel educativo, gracias a la disgregación de los resultados en base al género, nuestros datos muestran, en consonancia con la literatura disponible (eg. Garaigordobil y Aliri, 2013; Glick y Fiske, 1996; Glick, Lameiras y Rodríguez, 2002) que un mayor nivel educativo predice menores niveles de SA. Ante esto último, Hellmer, Stenson y Jylhä (2018) resaltan que las universidades y aquellos puestos de trabajo que requieren mayor formación constituyen contextos donde es más probable que se debata sobre el sexismo y el privilegio masculino, lo que nos lleva a pensar en que fuera de este contexto sea más probable encontrar actitudes sexistas. Glick y Fiske (1996) destacan además que los años en los que se acude a la Universidad representan etapas de transición para las personas, quienes pasan de actitudes simples a más complejas en su interacción con otras personas, algo que puede influir en las relaciones entre géneros. A pesar de que los resultados de nuestro estudio muestran diferencias respecto a la edad y el nivel educativo en el grado de sexismo a nivel descriptivo, al profundizar en el análisis de la influencia de estas dos variables, encontramos que estas diferencias sólo pueden ser señaladas en el caso de las mujeres. Es decir, ni la edad ni el nivel educativo parecen influir en el nivel de sexismo de los hombres, o al menos es lo que se deriva de nuestro análisis. En este sentido, no sería posible predecir la aparición de comportamientos sexistas en un hombre sobre la base de su edad o a su nivel educativo, algo que sí ocurre para las mujeres. Esto puede tener que ver con el menor impacto que el feminismo ha tenido sobre este grupo, dado que cabría esperar una influencia similar tanto en hombres como en mujeres de ambas variables. Pensamos que este resultado es relevante dado que está en línea con lo que influyentes referentes feministas (Hooks, 2000) han puesto de manifiesto, y es que el feminismo ha tenido a las mujeres como foco principal de transformación, sin considerar que la implicación de los hombres es imprescindible para continuar en el avance hacia la igualdad. En este sentido, creemos que los resultados de nuestro estudio respecto a los niveles de sexismo y la influencia de importantes variables, como la edad y el nivel educativo, reflejan que siguen estando a remolque de las mujeres en este asunto. Respecto al objetivo general de nuestro estudio, las pruebas realizadas han demostrado la existencia de una relación significativa entre los niveles SA y la posesión de creencias estereotípicas sobre las mujeres ucranianas en el conflicto. De ese modo, las personas más sexistas son consecuentemente quienes mayor acuerdo han presentado con las afirmaciones del cuestionario, tal y como reflejan las superiores puntuaciones de la población masculina en comparación con la femenina. Por lo tanto, las opiniones sobre el papel de las mujeres ucranianas en la guerra están claramente influenciadas por el sexismo, y entendemos que este se sitúa, así mismo, como eje de las afirmaciones vertidas en redes sociales al respecto. Al analizar los ítems del cuestionario, comprobamos que mujeres y hombres coinciden en cuanto al orden de acuerdo de cada uno de ellos, siendo aquellos que más han suscitado acuerdo los siguientes: el ítem 2, referente a las gestantes subrogadas ucranianas; el ítem 6, sobre la labor protectora de los militares ucranianos; y el ítem 5, relacionado con el feminismo y las mujeres del frente de Ucrania. Analizándolos con detenimiento se puede comprobar cómo los dos primeros hacen alusión a los roles de género y, consecuentemente, encajan con el componente benevolente del SA, uno con la intención de instrumentalizar a la mujer en pro de que otras personas puedan formar una familia, y otro en la debilidad de la mujer y la consecuente necesidad de protección. Por su parte, el ítem 5 reflejaría hostilidad hacia la lucha feminista, pretendiendo que aquellas mujeres partícipes de tal movimiento caracterizado como pacífico (Martínez y Mirón, 2000), se involucren en actividades violentas, como es el caso de un conflicto bélico, de manera que reivindiquen su posición de igualdad. Finalmente, los dos ítems que han generado menos acuerdo han sido aquellos relacionados con la violencia sexual (ítem 4) y la trata de personas (ítem 8), mostrando por parte de ambos grupos un claro rechazo a la cara más hostil del sexismo. Tal rechazo al sexismo puede apreciarse también al analizar las puntuaciones totales obtenidas en ambos grupos en el cuestionario, dado que estas han sido bajas de manera generalizada. En este sentido, aunque la comparación entre géneros refleja un mayor grado de acuerdo de las afirmaciones presentadas en el caso de los hombres, en coherencia con sus mayores niveles de sexismo, en general, podemos afirmar que tanto hombres como mujeres se muestran en desacuerdo con el total de opiniones sexistas vertidas sobre las mujeres ucranianas respecto de la actual guerra. InvestigacionesFeministas14(2).indd 309InvestigacionesFeministas14(2).indd 309 4/12/24 19:274/12/24 19:27