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Discurso necrológico del Emmo. y Rvmo. Sr. Don Fray Ceferino Cardenal González y Díaz de Tuñón / leído ante la Real Academia Sevillana de Buenas Letras por Francisco Bermúdez de Cañas...

Bermúdez de Cañas, Francisco; González y Díaz Tuñón, Ceferino

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$ DE BUENAS LETRAS NERO DE 1895, RA-S2 174 DISCURSO -NECROLÓGICO DEL Emo. y Rvuo. Sr. Doy Fray CEFERINO CARDENAL GONZÁLEZ Y DÍAZ DE TUÑÓN, LEIDO ANTE LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS por el Socio numerario Ilustrisimo Sr. Don Francisco Bermúdez de Cañas, Deán de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal, EN LA JUNTA PÚBLICA EXTRAORDINARIA CELEBRADA EL 13 DE ENERO DE 1895 » y e 1895 É , Tip, de la “Revista de Tribunales, Spa e Ala a E SIA DH pecrz iZ on A E | JS Eg pata y VBrLa JD, a PEA Z FL a AS A RA AS Va lr Excmos. Señores: REAL ACADEMIA: SEÑORAS Y SEÑORES NTRE los hombres suscitados por la Divina Providencia en el presente siglo para alumbrar con su saber y | su virtud los horizontes de la vida espiritual y moral 2 de nuestra España, descuella, como el cedro que se alza magestuoso sobre todos los árboles del bosque, el humilde religioso al par que sublime ingenio, cuya muerte lloran hoy con amargo duelo la Ciencia, la Religión y la Patria, el Emmo. y Reve: rendísimo Sr. Cardenal Fray Ceferino González y Díaz de Tuñón, honor y prez de la esclarecida familia dominicana, lumbrera brillante de las ciencias filosóficas, gloria y lustre del Episcopado español, y alma nobilísima suscitada por Dios, al alborear la mitad de la presente centuria, para herir y triturar con su palabra y Sus escritos, como con ariete poderoso, todos los errores y todos los sofismas, con que la pretenciosa ciencia de la razón, eman- Cipada de la verdad católica, trabaja para destruir el reynado de Jesucristo en la Sociedad. ¡Ah, Señores! La ley fatal que condenó á la muerte á toda la extirpe de un Padre proscrito y culpable, ha venido á apagar la luz vivísima con que ese astro de primera magnitud iluminaba los arcanos de la sabiduría, y á extinguir el perfume de moral y virtud con que deleitaba las almas; su cuerpo ya- Ce en la tumba regada con las lágrimas del amor y rodeada de 2] las flores de la gratitud; mas su espíritu habrá podido ya penetrar los grandes misterios á cuya defensa consagró todas sus actividades, y engolfarse en la verdad suprema é infinita, objeto de sus ansias y foco de donde descendieron á su mente las brillantes irradiaciones que reflejó con claridad tan viva, en las multiplicadas obras que brotaron de su pluma, y en que cada una de sus hojas, no sólo son la revelación de su penetrante y rica inteligencia, sino las palpitaciones de su sencillo y recto corazón enamorado de lo infinito. No extraño, Señores, que como repercuten los valles y los montes el golpe seco, que producela corpulenta y añosa encina al caer en tierra cortadas sus raíces por el hacha del labriego, se haya dilatado por los ámbitos de España y de Europa el eco triste de la muerte del P. Ceferino, figura gigantesca que se alzaba en medio de las luchas y contradicciones de la ciencia moderna, y por entre el revuelto oleaje de errores y pasiones que trabajan la Sociedad contemporánea, con mirada serena y corazón tranquilo, marcando el derrotero único, que puede llevarnos á la posesión de la verdad creada y de la verdad eterna. Los laureles que los sabios han depositado sobre su sepulcro; los honores y distinciones ofrecidos por los poderes públicos; las alabanzas y encomios de todas las corporaciones científicas de que fué miembro ó que admiraron sus talentos; las lágrimas y sollozos de cuantos tuvimos la dicha de conocerle, todo es merecido pedestal que á la modesta y humilde personalidad de Fray Ceferino levantan el deber y el amor, pretendiendo así inmortalizar su memoria, y transmitirla á las generaciones que han de venir, como un recuerdo de gloria, como una esperanza salvadora. Sí; que al mirarme obligado hoy por vuestra benevolencia, á decir á esta escogida Sociedad el triste luto que lleva en su corazón la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, partícipe del amargo duelo que se ha dilatado en toda la República de las humanas ciencias, por la pérdida dolorosa del respetable sabio P. Ceferino, como la síntesis de todas mis ideas, como el eco de los sentimientos que se agitan y mueven en mi corazón y como un dulce lenitivo á nuestra pena, no puedo menos de exclamar: ¡El P. Ceferino ha muerto! sí, pero el P. Ceferino vive! vive como vive en el alma el recuerdo é imagen de la gallarda nave que cargada de oro y pedrería aportó desde la América á nuestras playas sus inmensas riquezas para dotar y acrecentar nuestro tesoro; vive co- == e A [3 E RTS a ; 7 a MOpermanece en la atmósfera la estela brillante del astro que alum br Ó.los espacios, y dió belleza y colorido ála naturaleza; vive como el amor Puro y enérgico que después de difundirse en obras gigantescas de abnegación y sacrificio, se reconcentra en sí mismo y erece y se eleva como llama alimentada por inmenso combustible; y escala los cielos como buscando su origen, y sobre los mares Ondulantes del eter escribe con luminosos caracteres la historia de la inmortalidad concedida á los genios que son la imagen adecua- : da de la grandeza y perfecciones de lo Infinito. Vive el P. Ceferino, Y yO descubro su magestuosa al par quesobria figura, trazada con Sólo tres líneas que forman todo su contorno, y que son á la vezlas Cmanaciones purísimas con que el cielo quiso preparar su privilegiada alma, para los altos destinos á que la llamaba. Dióle Dios Sabiduría y Prudencia grande en extremo, y an- Chura de Corazón, como la arena que está en la playa de la mar. Sabiduría, Prudencia, Caridad, hed ahí los tres rasgos característicos de su fisonomía moral y social; las tres sublimes irradiaciones Teveladoras de su genio y que le han conquistado tan alto renombre y valía y tan merecida importancia en nuestra Pátria. Seré sobrio al bosquejaros el desenvolvimiento de esa triple acción, con que el P. Ceferino supo remontar su vuelo á tan in- Conmensurable altura; lo reclama vuestra ilustración, y lo exige la índole de este discurso; y no temais, Señores, que el acendrado Cariño y veneración que profesé y guardo al que fué para mí verdadero Padre y amigo, vele un instante solo la rectitud é imparcialidad en el juicio, que aleja la adulación y los apasionamientosin- Justificados. La ciencia, Señores, el conocimiento de lo verdadero, de lo bueno y de lo bello, ora en elfoco donde reside como realidad absoluta y suprema, en cuanto puede alcanzarlo la razón humana, ya en el destello vivísimo y participación que ostentan las cosas Criadas, como vestigio divino, que imprimió en ellas la mano amorosa de su hacedor al arrañcarlas de la nada á la vida; la ciencia, templo augusto á donde el alma llega:á buscar la razón de cuanto €XiSte; á inquirir las relaciones que estrechan lo finito á lo infinito y la luz pura que alumbre los misterios de la vida y los horizontes de la eternidad. La ciencia, Señores. ¿Quién ha conocido (decía Job) la raíz de donde Procede? Dios es la fuente de la sabiduría; y el principio ge- NCrador de la ciencia el santo temor de su nombre. Porque mejor es la sabiduría que todas las riquezas más preciadas, y nada de . 4] cuanto hay apetecible es comparable con ella. ¿Quereis saber la ancha órbita y campo de su acción? Oidlo de su propio labio.—Yo la sabiduría moro en el consejo y asisto á los pensamientos juiciosos, —mía es la equidad, mía es la prudencia, mía es la fortaleza; por mí reynan los Reyes, y los legisladores decretan lo justo; por mí los príncipes mandan y los poderosos ordenan la justicia; porque mejor es mi fruto que el oro y que la piedra preciosa y mis productos mejor que la planta escogida; ando en caminos de justi. cia para enriquecer á los que me aman y enchir sus tesoros; desde la eternidad fuí ordenada: aun no eran los abismos y yo ya era concebida: aun no se habían sentado los montes sobre su pesada masa; antes que el Señor preparáse los cielos, afirmáse arriba la región etérea y equilibráse las fuentes de las aguas, cuando ponía colgados los cimientos de la tierra, yo era con él, concertándolo todo, y mis delicias estar con los hijos de los hombres. Bienaventurado el que me oye: quien me hallare hallará la vida. Señores: ¿Habría escuchado ese eco misterioso, divino, el modesto € inocente joven, que contando solo trece años, vistió gozoso el hábito preclaro de la orden de la verdad, alistándose así en la gloriosa milicia donde, consagrado á la adquisición de la sabiduría, pudiera comprarla aun al precio de su propia sangre? El germen del genio depositado por Dios en el alma, espera la chispa que, despertando sus fuerzas y actividades, haga brillar el poder creador que anida en su existencia, como la flor el rayo del sol que abra su corola y deje escapar su perfume. Yo recuerdo haber oido con admiración al P, Ceferino el relato de las penalidades que le ofreció su larga navegación hasta arribar á las Islas Filipinas, en que horrible tormenta y mares embrabecidas pusieron varias veces en grave peligro la nave que le conducía. En las encrespadas olas que se alzaban á los cielos; en el ho. rrísono trueno que llenaba con su rumor los espacios; en las corrientes eléctricas que cruzaban sobre sus cabezas para hundirse en los abismos, debió el alma gigante de Fray Ceferino leer como en vasto poema la inmensidad y grandeza del Infinito; y mirar trazados con el fuego del relámpago los atributos de la sabiduría creadora, surgiendo en su espíritu poderoso, vehemente el anhelo de buscar y poseer la ciencia que le diese la solución á las grandes cuestiones y problemas, que como preñadas nubes pasan sobre el cielo de la inteligencia y la conmueven, á fin de aquietarla en la posesión y clara intuición de la verdad, como la luz del sol disipa [15 la tormenta y rizando con suave brisa la superficie de los mares, les hace ser reverberación magestuosa de la hermosura de los cielos. Sí, señores. Yo no dudo aplicar á Fray Ceferino las palabras del libro de la Sabiduría: A esta amé, y busqué desde mi juventud y escogí tomármela por Esposa y me hice amador de su hermosura; por que es enseñadora de la ciencia de Dios, y si se apetecen riquezas en la vida ¿qué cosa más rica que la Sabiduría que obra todas las cosas? Por ella tendré gloria entre las gentes y honra entre los ancianos, siendo joven; y un santo placer en su amistad; y en las obras de sus manos riquezas inagotables; y la inteligencia en el egercicio de su conversación; y grande lustre en la comunicación de sus razonamientos; pues ella alcanza de fin á fin con fortaleza y todo lo dispone con suavidad. Hed ahí el primer Carácter distintivo y como el rasgo sobresaliente determinativo del ser y de la forma de ese eminente sabio; amó la sabiduría, con- Sagró á su adquisición todas las energías de su alma, y puede ase- SUrarse que pasó su vida adorándola con todas las adoraciones que rinde el espíritu á la verdad; la adoración humilde de la Fé; la adoración entusiasta del Sacrificio; la adoración sublime del Amor. Llamábale Dios para ser en España el restaurador de la Filo- Sofía cristiana, como base de la restauración científica y social de nuestro siglo; y reuniendo en el crisol de su ardiente imaginación, bajo la fuerza de su poderosa inteligencia, sostenida por una voluntad inquebrantable, todos los sistemas y doctrinas filosóficas inventadas por la razón humana, desde las teorías orientales, hasta las novísimas manifestaciones del positivismo transformista, para Someterlas á riguroso análisis crítico, reveló de modo evidente los Principios absurdos é irracionales de los unos, las antinomias y Contradicciones de los otros, marcó con severo juicio los orígenes y afinidades de los errores modernos, con los sistemas y doctrinas de la filosofía pagana; con levantado criterio recogió todas las doctrinas que la verdad había arrancado á la pluma de sus Más enérgicos contradictores, como laureles que tejen la corona de la verdadera filosofía: y alumbrando con las llamaradas de su genio el intrincado laberinto de las ciencias ontológicas, psicológicas, cosmológicas y éticas, puso la primera piedra del pedestal grandioso sobre que debía asentarse la fama de su nombre, en esa Profunda y maravillosa obra titulada Estudios sobre la Filosofía de Santo Ti omás, que fué y es la admiración de todos los sabios y filósofos y en que os confieso, que no se qué engendra en mí ma- 12 ] rra en que debe ejercer su ministerio no está preparada. La semilla que cae entre espinas queda sofocada; la que se arroja sobre dura piedra no puede germinar por falta de jugo, y la comen las aves del cielo y los transeuntes la pisan y destrozan. Era y es necesario preparar la sociedad para que prestase oido humilde y corazón recto, en donde el Sacerdocio pudiese llenar su elevada y civilizadora misión. Quizá, Señores, estees uno de los hechos de la vida pastoral del P. Ceferino, que revela de nuevo su genio creador y profundo, sabiendo anticiparse á las necesidades sociales y con delicada prudencia atajar y corregir los males de la época ya que no le fuese dado extirparlos de raíz; me refiero á la creación grandiosa de los Círculos Católicos de Obreros, hecho por sí solo bastante para abrillantar y eternizar la memoria del Pontificado del modesto hijo de Santo Domingo. Cuando el error y laimpiedad cubiertos con el deslumbrador ropaje de amor al pueblo y deseo de su ilustración, trabajan día y noche con infatigable afan para descatolizar las almas, sembrando en sus pechos el indiferentismo más glacial como base de su moral; cuando con antifáz hipócrita se presentan como salvadores y redentores de esa clase desheredada de la fortuna, los que intentan sólo formar de ella escabel sobre que se asienten su ambición y su orgullo; la creación de Círculos al amparo de la verdad católica, alumbrados con la infalible palabra del gerarca supremo de la Iglesia, caldeados con la lumbre de la caridad cristiana, madre fecunda de la fraternidad verdadera, en que el obrero halle el descanso á sus fatigados miembros, en el solaz y recreo de ocupaciones lícitas y honestas, mientras su alma recibe las irradiaciones purísimas de la verdad, que disipando las dudas y preocupaciones que engendraron en su mente la lectura del folleto ó del periódico revolucionario, sintiendo bañado su corazón en una paz y resignación que desconocía y viendo abrirse á su mirada horizontes infinitos de plácidas esperanzas que le alientan y regeneran; la creación repito de esos centros de positiva educación y civilización para la clase más numerosa de la Sociedad, es semejante á la fuente que brota en árido desierto y poco después le torna en oasis delicioso; es como rayo de sol que penetra en oscuro calabozo cuando el libertador abre la puerta, para anunciar al cautivo el dia de su redención; es la torre sólida € indestructible donde puede asentar su trono la inteligencia y sobre cuyas almenas ondea siempre victorioso el estandarte de la verdad. Yo, Señores, tuve el honor de visitar y presidir una velada A A (13 científico-recreativa de uno de esos círculos católicos, y pude medir en toda su extensión la influencia egercida libremente sobre los Obreros para hacerles dignos hijos de la Religión y honrados miembros de la Patria. Y cuando en diversas ocasiones acompañé al que era mi venerado Prelado á la Ciudad Cordubense, y pude ver aquellos millares de obreros que llenos de gratitud, amor y entusiasmo salian á recibir á su antiguo Pastor y entre lágrimas y sollozos atronabanlos espacios con sus hurras y sus víctores, aclamando al fundador glorioso de sus sociedades, sentí cruzar sobre mi corazón esa mágica corriente que funde todos los corazones y todas las inteligencias en un supremo amor á la verdad divina, que miraba encarnada en el P, Ceferino; y las lágrimas humedecieron mis ojos... porque el que no sabe llorar ante los triunfos del genio que regenera y salva los pueblos, ó tiene el entendimiento sepultado en el indiferentismo esceptico, ó su corazón es de piedra. : Ya no extrañaréis, Señores, que la prudencia de ese Pastor augusto no diese tregua ni reposo ásu actividad prodigiosa, procurando la erección ó aumento de cuantos institutos han sabido inspirar la Fé y el amor, en socorro de las grandes necesidades Sociales; y los RR. PP. Escolapios, las Hermanas del servicio doméstico, las Hijas de Cristo, los Religiosos Capuchinos y Francis- Canos, las Hermanitas de losPobres, la Compañía de María, la Congregación de Nuestra Señora de Loreto (Irlandesas), las Hermanas de la Enseñanza, los Catecismos Dominicales y otros institutos que, ó se fundaron ó multiplicaron sus centros de enseñanza y propaganda católica en nuestra Diócesis, bajo la autoridad de Fray Ceferino, serán elocuente testimonio, que repitan al unísono la singular prudencia con que el genio de la sabiduría, supo desde la eminencia del Pontificado ofrecerla á todas las clases y condiciones, levantando así á inconmensurable altura el nivel de la Civilización social y cristiana. Debiera terminar ya este pobre trabajo, pues vengo mucho tiempo cansando vuestra bondadosa atención; mas no puedoprescindir de señalaros la última línea que determina la fisonomía moral del P, Ceferino, y que es como el medio-ambiente de su vida, que todo lo embalsama, embellece y abrillanta; es la Caridad que encontró en su corazón una anchura como la arena que está en la playa del mar. Deciros los encantos de la Caridad, la difusión y grandeza de su acción, los tesoros de consuelo y paz que lleva al corazón atri- Sola li is 14] bulado, equivaldría á señalaros al Sol, para explicar la luz radiante que alumbra los espacios; á llamar vuestra atención sobre el cráter del Vesubio, para medir los ardientes ríos de lava que se precipitan de las montañas á los valles y llanuras; el Sol será siempre el centro del sistema planetario y foco de pura luz; las cenicientas capas que cubren los campos de Nápoles, testificarán el fuego voráz que guarda en sus entrañas la tierra; la Caridad será siempre sol vivificante de todas las virtudes, vida sobrenatural del alma, fuego central del corazón, cuyas corrientes de amor no destruyen la hermosura de los nobles pensamientos nacidos en el campo del espíritu, antes bien, les dan crecimiento y lozanía; la Caridad será el amor de Dios difundido en nuestros pechos, por la posesión del espíritu que senosha dado, para llevar nuestra vida al corazón de todos nuestros hermanos, y fundiendo con su calor divino todos los corazones, hacerles uno, que por natural gravitación, busque su centro en el corazón infinito de su creador. Señores: Es la Caridad flor tan delicada y peregrina, que pierde su fragancia y sus matices cuando las auras aduladoras del mundo se posan un instante sobre su cáliz; así al deciros algo no más de la caridad del P. Ceferino, aun cuando el eco de mi voz no pueda ya turbar el frío reposo de su tumba, quisiera velar mi frase con el velo mágico de la modestia, como esas nubes vaporosas que cubren el Sol sin ocultarle, para que su verdad fuese revelada por el fulgor de aquel corazón que no pudo permanecer inactivo ante la desgracia y que fué padre y consuelo de todos los desposeidos de la fortuna ó probados por la adversidad y el infortunio. Fray Ceferino juntó á la caridad de la palabra, la caridad de la obra; y en medio de aquel carácter sombrío, abstraido, seco, á veces áspero como la corteza del habeto, sintió siempre latir en su pecho un corazón de oro, de sensibilidad esquisita; y cuando la desgracia llamaba á las puertas de su palacio, sus grandes ojos brillaban con un explendor inusitado, como para decir el fuego de amor que le devoraba y la ternura con que se decidía á so correr al indigente. Preguntad, Señores, á los dignos Párrocos de las Diócesis que gobernara, la suma de las cantidades entregadas por el Prelado para subvenir á las necesidades del culto y reparación de los templos católicos; que los pobres de Córdoba y Sevilla nos recuerden el gozo con que el P. Ceferino les abrió las puertas de su morada episcopal para albergarles en las inundaciones del Guadalquivir, [15 sustentándoles de su peculio, ofreciéndoles abrigo, y junto con él Palabras de resignación cristiana; que las doncellas y niñas de multitud de talleres nos recuerden el celo con que su Pastor les preparó escuelas nocturnas para ser instruidas en los principios religiosos, y luego aquella complacencia con que premiaba su aplicación dándoles el socorro necesario á sus necesidades materiales; que los institutos y casas en que el anciano, el niño y el desvalido viven al amparo dela caridad católica, nos publiquen la largueza con que recibieron de contínuo los auxilios pecuniarios de su amante Padre; y cuando hállais reunido en una todas esas Cifras, tendréis sólo el menor de todos los factores, para formular el enunciado de una Caridad, que fué arroyo manso, silencioso, oculto entre el verde césped de una humildad profunda, mas en Cuyas orillas brotaban sin cesar flores de delicado aroma, cuyos matices de gratitud y amor han escrito en la conciencia pública Una historia de inagotable conmiseración y ternura, en la que el P. Ceferino, revestido con la grandeza del héroe, aparece recibiendo del Dios, que es caridad, el premio reservado á quien supo. formar de esa virtud consoladora, escala de brillantes para subir á los cielos. Y termino, Señores, agradeciendo vuestra benevolencia. Los explendores de la Sabiduría, las irradiaciones de la Prudencia, las efusiones y hermosuras de la Caridad, que nos han delineado la magestuosa figura de nuestro amado P. Ceferino, no mueren nijamás se extinguen; viven en el recuerdo con que la historia . grava en el mármol y en el bronce el nombre del genio; viven en las obras y acciones sublimes, con que llenaron el mundo; y sobre todo, viven en los corazones que se apasionaron de su grandeza y recibieron la maravillosa influencia de su virtud. Justo es, Señores, el luto que visten la Ciencia, la Religión y la Patria ante la muerte del Emmo. y Revmo. Sr. Cardenal Gon- Zález. Una lágrima derramada sobre su tumba será el perfume del alma que le venera y admira; una oración, ofrecida al Cielo, será el incienso místico, que por su eterno descanso, eleve á Dios el cristiano: lloremos, Señores, la pérdida del Sabio; oremos por el que fué nuestro Padre; su memoria será eterna. He DICHO, API A cs 7