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"Tabulae lusoriae" en "Hispalis"

Amores Carredano, Fernando J. de; Jiménez Cano, Cristina

Abstract

Durante el transcurso de las excavaciones arqueológicas realizadas en la plaza de la Encarnación (Sevilla) fueron halladas cinco losas de pavimento de piedra con diversas tabulae lusoriae incisas. El objetivo de este artículo es estudiarlas y analizarlas, teniendo en cuenta sus paralelos con otras ciudades peninsulares y extrapeninsulares, así como los últimos estudios que existen sobre los juegos de mesa o de tablero romanos

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ISSN 0213-0181251 Tabulae lusoriae en Hispalis Fernando aMoreS carredano Universidad de Sevilla [email protected] Cristina jiMénez cano Universidad de Alcalá [email protected] Recibido: 24 de julio de 2013 Aceptado: 6 de mayo de 2014 RESUMEN Durante el transcurso de las excavaciones arqueológicas realizadas en la plaza de la Encarnación (Sevilla) fueron halladas cinco losas de pavimento de piedra con diversas tabulae lusoriae incisas. El objetivo de este artículo es estudiarlas y analizarlas, teniendo en cuenta sus paralelos con otras ciudades peninsulares y extrapeninsulares, así como los últimos estudios que existen sobre los juegos de mesa o de tablero romanos. Palabras clave: Tableros de juego. Ocio. Hispalis. Arqueología urbana. Sevilla romana. Vía romana. Tabulae lusoriae in Hispalis ABSTRACT During the course of archaeological excavations in Plaza de la Encarnación (Sevilla, Spain) were found five paving stones labs with several incised tabulae lusoriae. The aim of this paper is to study and analyze them, taking into account theirs parallels with others peninsular and mainland cities, as well as recent studies that exist about Roman games or board. Key words: Game boards. Leisure. Hispalis. Urban archaeology. Roman Seville. Roman street. Sumario: 1. Tabulae lusoriae. 2. Contexto de los hallazgos. 3. Catálogo de los tableros documentados. 4. ¿A qué jugaban? 5. Conclusión. Gerión 2014, vol. 32, 251-270 http://dx.doi.org/10.5209/rev_GERI.2014.v32.46675 Gerión 2014, vol. 32, 251-270 252 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis 1. Tabulae lusoriae 1 La aparición de tableros de juego en calles o edificios públicos es bastante frecuente. Al fin y al cabo, la calle no era para el romano un simple lugar de paso, sino que en ella va a pasar buena parte de su día a día. Existen algunas referencias en las fuentes escritas sobre la actividad lúdica que se practicaba en estos lugares, como se puede percibir en la crítica realizada por Cicerón a Marco Antonio, ya fuera ésta real o ficticia: Hominem omnium nequissimum, qui non dubitaret vel in foro alea ludere, lege quae est de alea, condemnatum qui in integrum restituit, is non apertissime studium suum ipse profitetur? 2 ¿Pero el que restituye por entero sus derechos políticos al más miserable de todos los hombres, un hombre tal que no dudaba en jugar a los dados incluso en el foro, condenado expresamente por la ley que castiga el juego, el que eso hace no confiesa abiertamente su propia pasión por el juego? 3 Por tanto, aunque estos estuvieran prohibidos legalmente y fuesen mal vistos por la sociedad, disputar partidas en dichas áreas urbanas y seguramente con apuestas incluidas, debió de estar a la orden del día. Los tableros fueron creados por las propias personas que iban a jugar con ellos persiguiendo objetivos distintos, desde tratar de sacar provecho económico de incautos que quisieran hacerles frente, hasta el deseo de disputar una partida contra un amigo. Asimismo, el esfuerzo que conllevaba su elaboración estaba estrechamente ligado con la ubicación estratégica que el individuo había elegido para hacerlo; es decir, la elección del lugar no era aleatoria, sino que sabían perfectamente que otras personas, contemporáneas o futuras, pasarían parte de su tiempo de ocio y espera practicando el juego con el tablero que ellos mismos habían creado. Tampoco faltarían curiosos que interrumpiesen sus quehaceres diarios para contemplar las partidas que, por algún motivo, les llamasen la atención; animando o abatiendo a uno u otro de los contrincantes dependiendo de sus deseos personales. Los tableros de juego –denominados por los romanos como tabulae lusoriae, alveoli o abaci– podían estar confeccionados sobre diferentes materiales (madera, cerámica, mármol, etc.), dependiendo de múltiples factores como la clase de juego, el ámbito en el que se iba a realizar y practicar, la capacidad económica del individuo, etc. 4 Sin embargo, la mayoría de los tableros que han llegado hasta nosotros están grabados sobre materiales pétreos. 1 El presente trabajo se ha llevado a cabo en el marco de dos proyectos de investigación financiados con fondos públicos: Historiografía y Patrimonio Andaluz (PAI HUM 402), coordinado por José Beltrán Fortes, y El Taller de ORDO: Representaciones gráficas de la influencia y el poder de las élites en la pars occidentalis del Imperio Romano (HAR 2011-29108-c04-02), coordinado por Joaquín L. Gómez-Pantoja FernándezSalguero. 2 Cic. Phil. 2, 23, 56 (ed. Clark, Oxford, 1984). 3 Cic. Phil. 2, 23, 56 (trad. José Carlos Martín, Madrid, 2001). 4 carretero 1998,120. Gerión 2014, vol. 32, 251-270 253 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis No deja de llamar la atención que, tradicionalmente, este tema haya sido escasamente investigado por historiadores y arqueólogos; si bien parece que en los últimos años ha comenzado a suscitar mayor interés. Al fin y cabo, el estudio de los mismos puede ofrecernos una rica información antropológica, histórica y social. Teniendo en cuenta que la mayoría de los que existieron han desaparecido, resulta indispensable documentar y preservar la máxima información posible de los que han perdurado en el tiempo. Con este propósito, se pretende estudiar y analizar los tableros romanos documentados en Hispalis, tratando de explicar las reglas o el objetivo de cada juego siempre que sea posible. 2. Contexto de los hallazgos El grupo de tabulae lusoriae que se presenta ha sido hallado en el proceso de excavaciones arqueológicas realizadas en la plaza de La Encarnación (Sevilla) desarrolladas desde 1991 hasta 2009 (fig. 1). De las 8 fases de excavación ejecutadas, uno de los que suscriben (F. Amores) ha dirigido las 4 últimas, que comprenden parte de los contextos medievales, los tardoantiguos y los romano imperiales. Fig. 1. Entorno urbanístico del solar de La Encarnación en Sevilla. Gerión 2014, vol. 32, 251-270 254 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis El solar (fig. 2) se encuentra en lo que fue el extremo norte de la ciudad romana de Hispalis 5 y muy próximo al borde del cauce del Baetis y su sistema portuario. 6 En los 7000 m2 que abarca el área de excavación se ha documentado el inicio de la implantación urbana a mediados del s. I d.C. formando parte de una ampliación hacia el norte de la vieja ciudad prerromana, republicana y julio-claudia. En sus inicios, este ámbito se dedica a instalaciones artesanales muy relacionadas con el ámbito fluvial y portuario, destacando una factoría de salazones de corta actividad. 7 Desde la segunda mitad del siglo se va consolidando la funcionalidad residencial, doméstica, combinada con áreas de almacenamiento. El sector excavado forma parte de una enorme manzana dividida en sectores internos que limita al Norte por un decumanus, de 4,7 m de anchura, que se dirigía con seguridad a un sector del puerto de la ciudad, hacia Occidente. De otra parte, se han documentado dos kardines menores configurados a modo de callejones sin salida, de entre 2 y 2,60 m de anchura el oriental y de 2,75 m el occidental, construidos para acceder a diferentes domus en el interior de la manzana (fig. 3). Fig. 2. Ubicación de La Encarnación en Hispalis (F. Amores). 5 Para mayor facilidad de consulta remitimos a la descripción general de las diferentes fases y elementos arqueológicos de la ocupación romana y tardoantigua de La Encarnación en gonzález 2011. 6 gonzález 2011, 409 y ss. 7 aMoreS et alii 2007, 335-339. Gerión 2014, vol. 32, 251-270 255 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis Fig. 3. Viario y espacio construido en La Encarnación en la fase que presentaba pavimentación de losas (IIIB. 2º cuarto s. II a 1ª mitad s. IV d.C.) con indicación del lugar de los hallazgos reutilizados: losa 1 en el punto derecho y 2 a 4 en el punto izquierdo (F. Amores). Los kardines o callejones interiores usaron diversos tipos de pavimento en su dilatada historia, siendo de bolos de arenisca y lajas pequeñas y medianas de piedra de diversa naturaleza en momentos iniciales para pasar a ladrillo y terrizo en momentos posteriores, tras el expolio casi completo de las piedras. El ancho decumanus usó desde su inicio (fase II, mediados del s. I d.C.) pavimentos de piedras y losas de tamaño pequeño, medio y grande. En su mayoría corresponden a la piedra caliza fina y gris denominada “piedra de Tarifa” o piedra “jabaluna”, una piedra con canteras en el Estrecho de Gibraltar que abastecía por vía marítima y fluvial a muchas ciudades del entorno y del Guadalquivir, p. ej., Baelo o Italica. Este enlosado, muy liso y bien dispuesto, se mantiene en uso –aunque con reparaciones de tierra, encachados de ripio y cerámica, recrecidos y reutilizaciones cada vez más abundantes– hasta el s. IV (fase IIIB). Con posterioridad, se generaliza el recrecido del pavimento con suelos de encachado apisonado de ripio constructivo, grava, y fragmentos de cerámica, donde Gerión 2014, vol. 32, 251-270 256 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis asoman a veces losas reutilizadas de fases anteriores (fase IV, s. V). En la fase más tardía documentada (fase V, segunda mitad del s. V e inicios del s. VI) se detecta una remodelación consistente en un recrecido generalizado de cotas y pavimentos terrizos con encachados de ripio. En esta fase se llevan a cabo nuevas reparaciones de la cloaca y en estos trabajos de excavación debieron hallarse losas de las fases anteriores que fueron usadas, bien como relleno, bien como recurso para la cubierta de aquélla (figs. 4-5). El registro de los pavimentos del decumanus no ha sido exhaustivo en toda la superficie de la calle ya que se registraron tan sólo aquellos sectores que iban a recibir algún tipo de infraestructura de la obra contemporánea, tanto en planta como en profundidad. La losa 1 apareció en el sector excavado en el extremo oriental; las losas 2 a 4 aparecieron asociadas en el extremo occidental mientras que tenemos documentada otra losa que porta un tablero (5) de la que desconocemos el lugar exacto de aparición ya que el tablero se detectó con posterioridad a su retirada. Entendemos que la ubicación original de las losas en su funcionalidad de pavimento y área lúdica hubo de ser inmediata a su lugar de aparición, si acaso con una leve dislocación. Esa circunstancia es evidente al menos en las 2, 3 y 4, debido a la asociación que presentaban y a la gran dificultad de movimiento que ofrece la losa 3, de gran tamaño (fig. 5). El decumanus debió formar parte del viario principal de Hispalis con un tránsito denso de personas, animales y vehículos entre el interior de la ciudad y el exterior portuario, ubicado en las proximidades. En este contexto temporal tardoantiguo se detectaron las cinco losas que portaban diseños de tabulae lusoriae, ya sin funcionalidad como pavimento a fines del s. V y s. VI y reutilizadas como relleno y cubierta de la cloaca. Los rellenos de la fosa de construcción en la que se insertan aportan una cronología de finales del s. V y principios del s. VI. El umbral cronológico de uso de estas tabulae estaría por tanto entre la segunda mitad del s. I y mediados del s. V. Una información adicional en relación con la práctica del juego en el área de la Encarnación, la ofrecen algunas de las fichas encontradas en la excavación; en su mayoría están recortadas sobre cerámicas indefinidas, pero algunas lo están sobre vajillas bien datadas, entre las que citamos cuatro: una en sigillata gálica de la segunda mitad del s. I d.C. y dos en Clara D africana, una con estampillas de chevrons y roseta del Estilo A (II-III) de la segunda mitad del s. IV d.C. y otra con estampillas de palma y cuadrado reticulado del Estilo A (I-III) (350-480 d.C.). Se mantienen, por tanto, en la misma horquilla cronológica que las tabulae lusoriae, sin que necesariamente hubiesen sido empleadas para jugar sobre las mismas. También se documentaron fichas de mármol recortadas sobre placas de revestimiento. 8 8 La clasificación de los materiales romanos de la Encarnación ha sido realizada por Jacobo Vázquez Paz, responsable asimismo de las atribuciones cronológicas de las diferentes Unidades Estratigráficas. Gerión 2014, vol. 32, 251-270 257 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis Fig. 4. Vista del extremo oriental del decumanus ofreciendo diversas soluciones de pavimentos superpuestos y la cloaca central con cubierta de losas reutilizadas (losa 1) (F. Amores). Fig. 5. Hallazgo de dos losas asociadas 2-3, dislocadas, y resto del pavimento posterior de encanchado, a la izquierda y alrededores del área excavada (F. Amores). Gerión 2014, vol. 32, 251-270 258 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis 3. Catálogo de tableros documentados Losa 1. U.E. 16.577/sigla 23.145. Piedra caliza de Tarifa con dimensiones: 0,52 x 0,64 x 0,15 m. Diámetro del círculo: 0,23 x 0,24 m (fig. 6). Posee un único tablero de juego, de tipo circular con 4 radios, correspondiendo con el diseño C.2 de la tipología establecida por Bell y Roueché. 9 Podemos localizar tableros semejantes en la orchestra del teatro romano de Mérida o en varias localizaciones de Itálica, como en la proedria de su teatro o en el anfiteatro. Fuera de la Península Ibérica lo encontramos en el ágora de Izmir (Turquía) y en varios lugares de Afrodisias (Turquía), como en los baños de Adriano o en el Tetrastoon. 10 Losa 2.U.E. 12.552/sigla 23.142. Piedra caliza de Tarifa con dimensiones: 0,60 x 0,75 x 0,15 m. Diámetro de círculos: grande, 0,28 m y pequeño, 0,20 m (fig. 7). Tiene dos tabulae lusoriae. La primera, más grande, es una figura circular con cuatro radios (C2), como las documentadas en las losas 1, 3 y 5. La segunda está superpuesta a la anterior, más desgastada, y está conformada por una figura circular de cuatro radios, los cuales están cruzados por semicírculos en sus extremos. Este diseño no aparece reflejado en la tipología mencionada con anterioridad, aunque existen otros similares como el CC.7 y el CC.8 (fig. 8). Fig. 8. Esquema de tablero 2 y tipologías asociadas. Losa 3. U.E. 12.552/sigla 23.141. Piedra arenisca con dimensiones: 116 x 120 x 0,20 m. Lado mayor cuadrícula 3: 0,14 m; diámetro de círculo 5: 0,43 m; anchura serie cazoletas 7: 0,42 m; segmento de círculo 8: 0,51 m; vástago 9: 0,65 m (figs. 9 a 13). Esta pieza contiene un mayor número y una variedad inusual de tableros grabados, circunstancia que ha de explicarse por la gran dimensión de la losa y por la presencia de varios agujeros de origen natural, propios de estas cuarcitas. En concreto, el hoyo que forma parte del tablero 8 y que atraviesa la losa, pudo formar parte de algún juego desde el inicio de la presencia de la losa en el pavimento, con independencia de que en un momento dado se dotara de una incisión asociada (8). La pieza presenta 9 Bell – roueché 2007, 107. 10 Bendala 1973, 264-265; Schädler 1998, 19; rodríguez 2003, 162; roueché 2007, 101; coStaS – hidalgo 2008, 57-58; rogerio – criado 2010, 208. Gerión 2014, vol. 32, 251-270 259 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis algunos tableros muy desgastados y varias superposiciones que indicamos en la descripción establecida con cierto orden cronológico: Fig. 6. Losa 1 (F. Amores). 1/3. Dos figuras cuadrangulares cuyo interior está dividido por dos líneas perpendiculares que se cruzan en el centro, presentando la 1 señas de intenso desgaste. Se corresponden con el diseño S.3 de la citada tipología. Se ha documentado en múltiples ciudades romanas, como en los peldaños de la Basílica Julia, en Roma (Italia); en el templo de Atenea en Priene (Turquía); en el templo de Apolo en Didyma (Turquía); en el enlosado próximo al gimnasio de Sardis (Turquía); en el Ágora de Afrodisias (Turquía); o en varios lugares de Éfeso (Turquía), como en la Calle del Mármol; en el caso de la Península Ibérica, lo podemos encontrar en la Cañada Honda de Itálica. 11 2. Dos líneas paralelas formalizando una calle que, posiblemente, podrían vincularse con un tablero similar al 3.4. El 2 es anterior al cuadrángulo 3. Al igual que los diseños 1, 3, 4 y 5, muestra un desgaste acusado, siendo probable que formasen parte de los primeros grabados realizados en la losa. 4. Dos líneas paralelas con una cazoleta o concavidad hemiesférica natural en su interior y otra, también natural, lindando con la línea izquierda. Aunque este modelo no está recogido en la tipología existente, pensamos que pudiera tratarse de un tablero simple por presentar un esquema de juego plausible y estar presente en esta losa abigarrada de juegos. 11 Bendala 1973, 265-266; Fittà 1997, 164; Bell 2007, 99; rogerio – criado 2010, 208. j. M. hidalgo, Juegos de Tableros Romanos y Medievales < http://juegosdetablerosromanosymedievales.blogspot.com. es/2011/07/nuevos-juegos-de-tablero-de-la-ciudad_16.html> [consulta: 5 de abril de 2013]. Gerión 2014, vol. 32, 251-270 266 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis origen helénico, no debemos pensar que fueron juegos exclusivamente practicados por griegos sino que, en general, los juegos se difunden de una cultura a otra, pudiendo perdurar durante siglos. La aparición de dos tableros con el mismo diseño pero de distintas dimensiones en la losa 3 (5 y 6), probablemente estuvo relacionada con el número de jugadores que desearon participar en cada partida o con la dificultad que se le quiso dar al juego, de tal forma que los jugadores debieron de tener mayor habilidad cuanto más pequeña fuera la figura circular. También se ha propuesto que pudieran haber servido para jugar al tres en raya. No obstante, la ausencia de este tipo de diseño en tableros de carácter portátil, podría estar indicándonos que se trataba de un juego que precisaba de una superficie plana en el suelo y espacio suficiente para lanzar tabas, nueces o canicas; y, por tanto, que se tratase de un juego de habilidad más que de estrategia. Bendala, por su parte, ya puso en evidencia que difícilmente podrían ser utilizados para jugar al tres en raya, al menos siguiendo las normas que conocemos en la actualidad. Por ende, si el juego era semejante al actual, debía contar con una serie de variantes que desconocemos. 22 Por otra parte, el experto en juegos romanos y bizantinos U. Schädler, expuso que el juego conocido actualmente como del oso pudo haber sido inventado en época romana. A falta de fuentes escritas y de material gráfico, Schädler analiza y estudia los diseños circulares de algunos tableros romanos cuya similitud con los tableros actuales de dicho juego es patente. Posiblemente, el tablero circular de cuatro radios con terminaciones en “U” de la losa 2 debamos relacionarlo con una variante del mismo por su similitud con los tableros actuales. Además, teniendo en cuenta la ancestral tradición que tiene este juego en algunas regiones italianas, francesas o turcas, la posibilidad de que en época romana existiera un juego, cuanto menos similar, al que se practica hoy en día, es factible. 23 Actualmente, es un juego de guerra y/o caza, para dos jugadores, en el que uno cuenta con una ficha (el “oso”) y el otro, con tres (los “cazadores”). 24 El objetivo que tienen los “cazadores” es el de inmovilizar al “oso” antes de que se agote el tiempo o la cantidad de movimientos disponibles establecidos con antelación por los jugadores. Cada jugador puede mover, durante su turno, una ficha a una intersección del tablero que no esté previamente ocupada por otra. • Tableros con cazoletas Tradicionalmente, los tableros con varias cazoletas dispuestas en dos o más filas se han vinculado a la familia de los juegos de siembra, también conocida como mancala. Sin embargo, los estudios actuales matizan o apuntan hacia otra dirección. Por un lado, Schädler defiende, a partir de evidencias arqueológicas y literarias, que los tableros de dos filas con cinco concavidades hemiesféricas cada una, así como los formados por una cuadrícula de 2x5, localizados en las ciudades orientales del Imperio como Éfeso, Afrodisias o Izmir, servían para practicar el juego de las cinco líneas. 22 Bendala 1973, 266. 23 Schädler 2002, 9. 24 Parlett 1999, 9. Gerión 2014, vol. 32, 251-270 267 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis Sin embargo, no descarta la posibilidad de que, con el paso del tiempo, se hubieran transformado en un juego con gran similitud al mancala; juego que, hasta la fecha, se cree que fue originado en un momento indeterminado situado entre los siglos VI y VIII d.C., o quizás un poco antes. 25 De Voogt, por su parte, alerta de la necesidad de hacer estudios concretos. De este modo, ha logrado distinguir en la ciudad de Palmira (Siria), tabulae lusoriae de época romana y otros tableros creados con posterioridad, relacionados con la llegada de población musulmana a la ciudad. 26 Esto podría explicar por qué en la Península Ibérica no existen tableros con este diseño completos salvo en ciudades medievales como en Ciudad de Vascos (Toledo). 27 En cualquier caso, el tablero 7 de la losa 3 parece estar más en consonancia con otros similares localizados en la vecina ciudad de Itálica, en Mérida, Ostia Antica o Roma, caracterizados por tener un grupo de cazoletas asociadas a una figura rectangular. Conociendo el gusto que tenían los niños romanos por jugar con canicas, se ha propuesto que pudieran haber sido empleados para un juego consistente en ir pasando las canicas por dichas concavidades siguiendo un recorrido preestablecido hasta llegar al rectángulo adyacente, que señalaría el final del camino. 28 Igualmente, los jugadores también pudieron servirse de fichas, monedas o nueces. Schädler, por su parte, formuló una hipótesis similar, según la cual el juego consistiría en una carrera, en la que, para llegar a la meta, habría que superar obstáculos formados por las propias cazoletas. 29 Quizás el tablero 3.7 deba vincularse a un juego similar dada su similitud con la tradicional carrera de canicas, que consistía en trazar una vía, preferentemente con obstáculos que podían ser montículos o pequeños hoyos, y por la que los niños debían hacer rodar sus canicas, solventando las dificultades, hasta llegar a la meta. Por su parte, el tablero 8 de la losa 3 podría encajar perfectamente con el juego de origen griego, conocido como τρόπα (tropa) y que, al igual que otros muchos, fue asimilado por los romanos. Este juego consistía en hacer uno o más hoyos en el suelo al que se debían lanzar e introducir las nueces, canicas o tabas. 30 La escena inmortalizada en un vaso ático, datado entre el 450 y el 400 a.C., representaría a tres jugadores practicando el τρόπα, uno de los cuales se prepara para lanzar lo que, aparentemente, es una taba, mientras que los otros se preparan para la jugada. 31 Un juego similar, conocido por los romanos como orca, consistía en lograr introducir las nueces a través del cuello de un recipiente, para lo cual, el niño se colocaba a una distancia determinada, pactada de antemano entre todos los jugadores. 32 25 Schädler1998. El artículo trata específicamente de este tema. 26 de Voogt 2010. El artículo trata específicamente de este tema. 27 coSín – garcía 1998, 38-47. 28 Bendala 1973, 267-268; Fittà 1997, 12. 29 Schädler 1994, 56. 30 Pollux, Onom. IX, 103: ἠ δὲ τξóπα θαιoυκέvε παηδηὰ γívεταη κὲv ὡc τò πoιὺ δη’ ἁcτξαγὰιωv, oὓc ἀφηέvτεc cτoχάδovταη βóζξoυ τηvòc εἰc ὐπoδoχῂv τῆc τoηαύτεc ῥíψεωc ἐδεπíτεδεc πεπoηεμέvoυ• πoιιάθηc δὲ θαὶ ἀθύιoηc θαὶ βαιάvoηc ἀvτì τῶv ἀcτξαγάιωv oἱ ῥíπτovτεc ἐχξῶvτo. (Ed. Bethe, Leipzig, 1931). 31 Classical Art Research. Beazley Archive (Oxford University) [en línea]: <http://www.beazley.ox.ac.uk/ index.htm> [consulta: 5 de abril de 2013]. Vase number: 220532. Fittà 1995, 11. 32 Pers. Sat. 3, 50: … angustae collo non fallier orcae… (ed. Ramsay, Londres, 1918). Gerión 2014, vol. 32, 251-270 268 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis • Otros juegos Teniendo en cuenta algunos juegos tradicionales de chapas y canicas, proponemos como hipótesis que los tableros 3.9 y 3.10 hubieran podido servir para lanzar las canicas, nueces o fichas por las calles creadas por la línea longitudinal (3.9) o transversal (3.10) hacia la meta, formada por la línea perpendicular que las corta. Si bien es cierto que serían diseños –incluyendo el 3.8– no documentados hasta ahora, creemos que pudieran tratarse de juegos, tanto porque la lógica inherente en su esquema así lo sugiere, como porque se encuentran en la misma losa. No imaginamos otra funcionalidad y puede que su diseño sencillo no haya sido advertido hasta el momento en otros lugares por lo que la aportación puede abrir nuevas perspectivas. 5. Conclusión A semejanza con otras ciudades del Imperio Romano, los tableros de juego localizados en la Colonia Iulia Romula Hispalis fueron grabados en la zona más horizontal de las piedras que formaban parte del enlosado de uno de los decumanos de la ciudad, mostrándonos una actividad lúdica que estaba a la orden del día en aquellos momentos y poniendo en evidencia la destreza mental y manual que debieron tener las personas que los practicaban. Dada su ubicación, es lógico pensar que tanto los niños como los adultos que disfrutaron con ellos no debieron pertenecer precisamente a las clases altas, lo que no quiere decir que la práctica frecuente de estos juegos por parte de los mismos no les generase ciertas habilidades o destrezas, ya fuesen manuales o mentales. Asimismo, no podemos olvidar que el juego era, al igual que hoy en día, elemento sociabilizador. El estudio exhaustivo de las tabulae lusoriae nos proporcionará información sobre los gustos y las tendencias lúdicas que existieron en la Antigüedad en diferentes momentos y lugares. En este sentido sabemos que uno de los juegos más practicados era el que precisaba de un tablero circular con cuatro radios, encontrándose múltiples ejemplos en la vecina ciudad de Itálica, en Mérida y, en menor medida, en otras ciudades del Imperio. Lo mismo sucede con los tableros de tres en raya, aunque en menor proporción. Sin embargo, también se han localizado tableros únicos en su diseño, no habiéndose hallado en otras ciudades del Imperio, al menos hasta el momento. Este es el caso de la tabula circular con terminaciones en “U” de la losa 2 y los tableros 2, 4, 9 y 10 de la losa 3, lo que podría estar indicándonos diferentes gustos regionales. La localización de tableros superpuestos o que comparten espacio en una misma losa no es extraña, aunque tampoco la podemos calificar de habitual. Por ello, la losa 3 tiene un gran valor por sí misma. Gracias al desgaste y a la superposición podemos afirmar que los tableros de mayor antigüedad fueron los cuadrangulares y los circulares con cuatro radios (5 y 6), mientras que, con posterioridad, se elaboraron los tableros con cazoletas (7) y las variantes en “T” (9 y 10). Sin embargo, a tenor del desgaste sufrido y la superposición de tabulae lusoriae que se dan en algunas lajas de piedra situadas en las calles de Itálica, observamos el caso contrario: los de mayor antigüe- Gerión 2014, vol. 32, 251-270 269 Fernando Amores Carredano – Cristina Jiménez Cano Tabulae lusoriae en Hispalis dad fueron los de cazoletas, mientras que los más recientes fueron los circulares. 33 Por otra parte, la superposición de tableros del tipo C.2 en la losa 3 podría evidenciar que el diámetro de los mismos estaría asociado al número de jugadores o al nivel de dificultad que éstos le quisieran dar al juego. Asimismo, la posibilidad de que tiznaran las tabulae para poder diferenciarlas unas de otras es prácticamente una certeza, que explicaría por qué tableros con similar picado están superpuestos o por qué algunos presentan un picado muy leve que necesita de reforzamiento cromático para ser evidentes. En este sentido, los tableros de Villa Adriana y, en especial, los expuestos en el Museo Radici del Presente en Roma (Italia), no hacen más que incidir en este aspecto. BIBLIOGRAFÍA alBa, M. (2004): “Evolución y final de los espacios romanos emeritenses a la luz de los datos arqueológicos (pautas de transformación de la ciudad tardoantigua y medieval)”, [en] T. Nogales (ed.), Augusta Emerita. Territorios, Espacios, Imágenes y Gentes en Lusitania Romana (=Monografías emeritenses 8), Mérida, 207-255. aMoreS, F. – garcía VargaS, e. – gonzález, d. – lozano, M. c. (2007): “Una factoría altoimperial de salazones en Hispalis (Sevilla, España)”, [en] L. Lagóstena – D. Bernal – A. 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