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La relación ambigua con el legado europeo. El anti-occidentalismo de los intelectuales bolivianos

Mansilla, H. C. F.

Abstract

Importantes enfoques sobre la evolución latinoamericana y boliviana (como los estudios postcoloniales y las teorías sobre la descolonización y el indianismo) se basan en simplificaciones acerca de la modernidad occidental, las cuales tienen una raíz romántica y actúan mediante oposiciones binarias excluyentes. Pese a su lenguaje revolucionario, el efecto práctico de las mismas consiste en la consolidación del autoritarismo tradicional y en la justificación del paternalismo ancestral. Por otra parte, estas teorías antimodernistas simplifican la realidad del presente e impiden una comprensión adecuada del complejo mundo moderno.

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«F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 LA RELACIÓN AMBIGUA CON EL LEGADO EUROPEO. EL ANTI-OCCIDENTALISMO DE LOS INTELECTUALES BOLIVIANOS THE AMBIGUOUS RELATIONSHIP WITH THE EUROPEAN HERITAGE. THE ANTI-OCCIDENTALIST CONCEPTIONS OF BOLIVIAN INTELLECTUALS H. C. F. M ANSILLA Vicepresidente de la Academia Boliviana de Ciencias [email protected] Resumen Importantes enfoques sobre la evolución latinoamericana y boliviana (como los estudios postcoloniales y las teorías sobre la descolonización y el indianismo) se basan en simplificaciones acerca de la modernidad occidental, las cuales tienen una raíz romántica y actúan mediante oposiciones binarias excluyentes. Pese a su lenguaje revolucionario, el efecto práctico de las mismas consiste en la consolidación del autoritarismo tradicional y en la justificación del paternalismo ancestral. Por otra parte, estas teorías antimodernistas simplifican la realidad del presente e impiden una comprensión adecuada del complejo mundo moderno. Abstract Important approaches on Latin American and Bolivian evolution (like postcolonial studies and the theories about decolonization and indianism) are based on simplifications concerning occidental modernity. Those theories have a romantic root and they work through excluding binary oppositions. In spite of their revolutionary language, their practical result lies in the consolidation of traditional authoritarianism and in the justification of ancestral paternalism. Otherwise, these antimodernist theories simplify present reality and avoid an adequate understanding of the complex modern order. Palabras clave: antimodernism, Enrique Dussel, eurocentrismo, marxismo boliviano, oposiciones binarias, René Zavaleta Mercado. Keywords: antimodernism, binary oppositions, Bolivian marxism, Enrique Dussel, eurocentrism, René Zavaleta Mercado. La plausibilidad hermenéutica. omo en el resto de América Latina, durante los siglos XIX y XX se dio en Bolivia una cierta pluralidad de corrientes de pensamiento sociopolítico y de concepciones acerca de la filosofía de la historia. C 122 H.C.F. M ANSILLA «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 Esta última se reveló como fundamental para debatir el problema de la identidad nacional, que en sociedades relativamente jóvenes se convierte en uno de los grandes temas de discusión pública. Varias de estas tendencias eran tributarias de creaciones intelectuales surgidas en Europa Occidental, cuyas manifestaciones más importantes han sido el liberalismo y el marxismo. En este sentido se puede decir que muchos intelectuales bolivianos han acariciado posiciones eurocéntricas, como se asevera hoy con intención crítica. Al igual que en otros países del Nuevo Mundo, estos aportes teóricos se han enmarcado dentro de la notable tradición de la ensayística latinoamericana, cuyos méritos filosóficos están fuera de duda (Mols 2001; Stabb 1969; Morse 1982; Zea 1978). En Bolivia y desde fines del siglo XIX se puede constatar, en efecto, una rica inclinación intelectual consagrada a preguntas como la identidad nacional, la relación con las grandes potencias, la actitud adecuada frente al nuevo orden basado en la ciencia y la tecnología y la configuración de un futuro justo para el país, preguntas que fueron tratadas con una notable pluralidad de puntos de vista y resguardando la complejidad de las cuestiones estudiadas (Francovich 1956; Klein 1995; Romero Pittari 2009; Stefanoni 2015; Condarco Morales 1978; Sarkisyanz 2013). Aparte de las corrientes que podemos calificar como eurocéntricas, en la zona andina y en Bolivia ha prosperado desde entonces una línea influyente de la ensayística, que puede ser caracterizada como conservadora, porque preserva y revaloriza positivamente algunos elementos del legado prehispánico, de la tradición católica y del romanticismo. Entre ellos se encuentra en primer lugar el mantenimiento del antiguo organicismo antiliberal (Zanatta 2008), que fue probablemente una de las características centrales del pensamiento español hasta comienzos del siglo XIX y, por consiguiente, del ámbito colonial (Mücke 2008). En la larga era colonial la Iglesia Católica no produjo ningún movimiento cismático; le faltó la experiencia del disenso interno y le sobró la praxis del consenso compulsivo. Entre los rasgos del organicismo podemos mencionar el repudio de la Ilustración y el racionalismo – sobre todo en la esfera práctico-política –, la impugnación del individualismo, el desprecio del cosmopolitismo, el rechazo del pluralismo ideológico y cultural, la indiferencia frente al Estado de derecho y a los valores democráticos pluralistas y la crítica, a veces muy acertada, del libre comercio y de la economía basada en la propiedad privada de los medios de producción. En la laboriosa construcción de esta doctrina los datos documentales y los testimonios históricos juegan un papel secundario; lo esencial es la L A RELACIÓN AMBIGUA CON EL LEGADO EUROPEO 123 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 plausibilidad hermenéutica. Es decir: los ensayistas de esta línea no apostaron por la investigación historiográfica y sociológica en sentido estricto, sino que trataron de expresar las convicciones profundas y las esperanzas de vieja data que alimentan, dentro de la población boliviana, los grupos culturalmente conservadores, las etnias indígenas, los movimientos nacionalistas, los sectores universitarios, los desfavorecidos por la modernidad y, paradójicamente, los intelectuales de izquierda. Desde comienzos del siglo XX esta corriente conservadora ha adoptado rasgos teluristas y nativistas, se ha vinculado con teorías indianistas e indigenistas y ha configurado una de las bases del pensamiento progresista del presente, sobre todo en la fundamentación del anti-occidentalismo como ideología orientadora. Corrientes conservadoras. Numerosos intelectuales, adscritos a estas corrientes conservadoras y teluristas, suponen que en términos de evolución histórica, la verdad en sentido enfático, es decir: la nueva y promisoria, debe provenir de un espacio cultural no contaminado por las formas y los contenidos occidentales del desarrollo contemporáneo. Franz Tamayo (1879-1956), el representante más ilustre de esta tendencia, sostuvo la existencia de una esencia inconfundible y perenne del ámbito indígena, esencia contrapuesta exitosamente a la importada civilización occidental. “El alma de nuestra raza”, “el genio de su historia”, “la resistencia y la persistencia”, “la fuerza de la raza” (Tamayo 1944: 10, 42, 96-97, 191), serían los fundamentos de esa esencia indígena, inmutables al paso del tiempo. Se trata, manifiestamente, de una concepción vitalista del orbe social, como era lo usual a comienzos del siglo XX bajo fuerte influencia de Friedrich Nietzsche y de las escuelas antiliberales y proelitistas de esa época, concepción romántica que se acerca peligrosamente al irracionalismo. Esta visión esencialista de la tierra, del lenguaje y la raza trata de mostrar los rasgos permanentes e indelebles, impermeables al devenir histórico, que caracterizarían a la población originaria boliviana. La perseverancia histórica de la raza india (el indio como “el verdadero depositario de la energía nacional” [Tamayo 1944: 10, 69; Salmón 2013]) está expresada, de acuerdo a Tamayo, en la unión perenne de su alma a la naturaleza de las montañas inexpugnables levantadas alrededor del Altiplano. Frente a estas esencias, la civilización occidental, importada por los liberales, se mostraría como un fenómeno transitorio, irrelevante e insustancial. Aquí es necesario señalar que la filosofía tamayana contenía también una actitud 124 H.C.F. M ANSILLA «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 básicamente paternalista y autoritaria con respecto a los propios indígenas y comprendía unas propuestas de políticas públicas de naturaleza gelatinosa y poco precisa. Fausto Reinaga (1906-1994) ha sido el pensador boliviano más importante del indianismo (Cruz 2013). Sus escritos condensan simultáneamente las esperanzas y los prejuicios de dilatados sectores poblacionales y expresan el memorial de agravios y los anhelos mesiánicos de una parte importante de las etnias indígenas. En 1969 Reinaga identificó los cuatro elementos de la civilización occidental que debían ser radicalmente rechazados y eliminados porque esclavizaban a los indios sudamericanos: “el derecho romano, el código napoleónico, la democracia francesa y el marxismo-leninismo” (Reinaga 1969: 15). La crítica reinaguista de la racionalidad occidental deja vislumbrar un modo más humano de percibir el mundo, sus dilemas y sus posibles soluciones, pero en terrenos fundamentales el maestro se aferró a valores tradicionalistas y conservadores, sobre todo en la cultura política, en la configuración de la vida familiar e íntima (Reinaga 1978: 115) y también en la aceptación de las metas normativas de la incriminada civilización occidental. La doctrina indianista de Reinaga postula la existencia de una comunidad indígena idealizada, que no conoce las alienaciones modernas porque allí no hay ni dinero, ni comercio, ni forma alguna de explotación. Pero esta comunidad está orgullosa de poseer los instrumentos generados por la racionalidad occidental, que se extienden desde el uso industrial de la electricidad hasta los inventos tecnológicos más recientes (Reinaga 1978: 142). En este punto central se percibe la ambivalencia fundamental de todas las concepciones revolucionarias bolivianas. Ante la fuerza normativa irradiada por los éxitos de la tecnología occidental y sus paradigmas de desarrollo económico, estas doctrinas no han podido contraponer modelos realmente propios de desarrollo histórico. Al naturalizar las metas occidentales de la modernización, es decir: al pensar que estas últimas representan de forma obvia y sobreentendida el fin racional de todo desarrollo positivo, las teorías indianistas, pero también las socialistas, las nacionalistas y las populistas, abandonan una posición crítica y adoptan nolens volens los valores de orientación de la civilización occidental que tanto detestan. Es una actitud básicamente conservadora que se hace dictar las normativas últimas de la evolución histórica en los terrenos de la tecnología y la economía por los adversarios ideológicos. Y al aceptar sin más las convenciones y las rutinas de la propia tradición en los campos de la cultura política, la vida familiar y el L A RELACIÓN AMBIGUA CON EL LEGADO EUROPEO 125 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 funcionamiento real de las instituciones públicas, estas doctrinas y sus partidarios se muestran como apegados a una mentalidad conservadora. Es verdad que hoy los discípulos de Reinaga hacen esfuerzos para actualizar y complementar la concepción original del gran maestro, pero este designio se reduce a insistir en un necesario retorno a la “verdadera patria”, que sólo puede ocurrir mediante la “destrucción” del orden social copiado del infame modelo occidental. Esto significaría “volver a la edad dorada de nuestros antepasados”, a ese “paradigma ancestral”, que es el “reencuentro de nosotros con nuestros antepasados” (Apaza Calle: 76, 87, 90, 119). Pero estas intenciones no pasan del nivel verbal-doctrinal; en la existencia diaria – por ejemplo en el seno del gobierno populista boliviano a partir de 2006 – los partidarios del indianismo y la descolonización reproducen las pautas de comportamiento y los valores de orientación que dicen cuestionar (Martín / Estrada 2014: 6). Para apreciar el trasfondo conservador de estas posiciones es útil referirse al libro teóricamente más exigente de esta tendencia, escrito por Javier Sanjinés. Esta obra, claramente inspirada por la filosofía tamayana, puede ser considerada como un genuino manifiesto conservador, que, usando el lenguaje académico de la actualidad, postula la fidelidad a un orden social arcaico – porque sería profundo y en armonía con la naturaleza –, en detrimento del orden moderno urbano, de proveniencia occidental, que representaría una fuente artificial de corrupción y decadencia. “Lo arcaico”, dice este autor, “no es lo caído en desuso, sino lo profundo” (Sanjinés 2009: 191, 212). Sanjinés da a entender que los fenómenos modernos, como la formación de la nación cívica mediante la decisión consciente de los ciudadanos, representan algo superficial que no alcanza la dignidad ontológica de lo arcaico, de las estructuras comunitarias precoloniales y del modelo endógeno-indígena. La democracia en cuanto deliberación racional y abierta constituiría un factor exógeno y occidental, por lo tanto: deleznable, insustancial y hasta frívolo. No tendría la calidad y la solidez de los valores de la tradición indianista, que son la “promesa de la continuidad”: “la fidelidad, la admiración y la gratitud” (Sanjinés 2009: 12, 168-169). Sólo ellos evitarían “esa multiplicidad confusa de tendencias y aspiraciones que supone el libre albedrío individualista. Se trata, pues de la fidelidad a una causa superior que supera las mudanzas del tiempo” (Sanjinés 2009: 12). Este libro de Sanjinés nos enseña cómo se articula hoy una posición básicamente conservadora, que se rige por las convenciones de la academia norteamericana (la adhesión entusiasta a las teorías del postcolonialismo, el relativismo y el 126 H.C.F. M ANSILLA «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 deconstructivismo) y simultáneamente defiende las posiciones del indianismo radicalizado. El marxismo boliviano. La filosofía de la historia, a la que se han adherido los pensadores bolivianos de inclinación marxista, tiene como metas de una evolución histórica bien lograda las siguientes normativas: la construcción de un Estado nacional bien consolidado, la elevación permanente del nivel de vida de los ciudadanos y, por supuesto, la modernización en todos los ámbitos sociales, lo que conlleva los conocidos procesos de urbanización e industrialización. En este sentido se puede decir que estos autores, sin quererlo premeditadamente, han cultivado una posición eurocéntrica y pro-occidental (Lorini 1994; Stefanoni 2015: 147164; Arze 1980). Pero ya desde las últimas décadas del siglo XX se han expandido teoremas relativistas y multiculturalistas, que han cuestionado seriamente la vigencia de las metas evolutivas ya nombradas. Como en el resto de América Latina, en Bolivia las diferentes corrientes marxistas no han desaparecido ante esta avalancha doctrinal, sino que se han fusionado con las corrientes postmodernistas y con los estudios postcoloniales. En dilatadas porciones del Tercer Mundo han surgido amalgamas teóricas de gran alcance y popularidad, que combinan un marxismo bastante diluido con posiciones relativistas y deconstructivistas. De acuerdo a estos enfoques hay que relativizar los logros civilizatorios de Europa Occidental y, por correspondencia, volver a apreciar, desde una perspectiva básicamente favorable, lo alcanzado de forma autónoma en Asia, África y América Latina, sobre todo en lo relativo al desarrollo histórico a muy largo plazo, por un lado, y en la generación de un conocimiento científico propio, por otro (Knöbl 2007: 27-28, 111-113). En las ciencias sociales bolivianas René Zavaleta Mercado (1937-1984) ocupa, con todo derecho, el sitial de un clásico marxista. Entre otros motivos para esta aseveración se halla el esfuerzo de este autor para brindarnos, dentro del gran corpus del pensamiento marxista, una contribución que sobresalga por su calidad intelectual y que supere las falencias de la producción teórica convencional de su época (Tapia 2002; Molina 2011; Gil 2006: 93-109). Una buena parte de las reflexiones zavaletianas gira en torno a temas de filosofía de la historia; este pensador se esmeró por interpretar el desarrollo de Bolivia, basado en una metodología, que en su época y en círculos socialistas era vista como el fundamento de la verdad: el marxismo influido por Vladimir I. Lenin y L A RELACIÓN AMBIGUA CON EL LEGADO EUROPEO 127 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 Antonio Gramsci. Al mismo tiempo Zavaleta siguió una estrategia que se enmarca en la tradición de la mejor ensayística latinoamericana, la que tiene como horizonte una interpretación de la evolución global del Nuevo Mundo, una apreciación de sus posibilidades futuras y una denuncia política de los factores retardatarios (Zavaleta Mercado 2013a: 560-561). Esta pertenencia de Zavaleta a la ensayística latinoamericana es vista ahora como una temprana superación del eurocentrismo, por una parte, y como la recreación de enfoques y conceptos que provienen de la propia tradición cultural boliviana, por otra. Mauricio Souza Crespo, por ejemplo, afirma que Zavaleta sintió “aversión a los universales no-concretos”, lo que le habría llevado a descartar “la posibilidad de un conocimiento extenso, estadístico o positivista, de la sociedad boliviana e inclinarse por los momentos históricos intensos” (Souza Crespo 2011: 26). El estudio del “fulgor de lo concreto” (Souza Crespo 2011: 26), continúa Souza Crespo, representaría el fundamento del propósito teórico zavaletiano. Este Zavaleta concretista y adversario de principios universalistas es, probablemente, una ficción apreciada por literatos y cientistas sociales de la actualidad, quienes, de forma muy manifiesta, tratan de adaptar a Zavaleta a los requerimientos académicos de nuestros días, los cuales, como se sabe, prescriben una perspectiva teórica relativista y alejada de toda generalización historiográfica. A lo largo de toda su obra Zavaleta realiza inferencias a partir de doctrinas generales que él considera canónicas, como las del padrefundador Karl Marx. Para construir sus ideas principales – progreso histórico, heterogeneidad estructural y soberanía estatal –, Zavaleta parte de modelos universalistas y altamente normativos. En realidad es arduo encontrar en la mayor parte de los escritos zavaletianos el “fulgor de lo concreto” y la “aversión a los universales”, pues los juicios valorativos zavaletianos se derivan de principios universalistas acerca de lo que es positivo para la evolución histórica. El mismo aspecto se percibe en los conceptos zavaletianos más importantes en el terreno de la filosofía de la historia, como atraso, progreso, soberanía y semicolonia (Zavaleta Mercado 2013b: 400-409), que son ganados ex negativo mediante la comparación del subdesarrollo tercermundista con el desarrollo de los países “imperialistas”, detestados y envidiados simultáneamente: rechazados como paradigma político-cultural y admitidos implícitamente en cuanto modelo técnicoeconómico. El pensamiento zavaletiano se apoya en binomios y contraposiciones que no son convincentes, pues conducen a la simplificación de una realidad histórica compleja. Todos los fenómenos 128 H.C.F. M ANSILLA «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 mundiales, por ejemplo, son ordenados y simplificados mediante oposiciones binarias excluyentes, las cuales, en Bolivia, pueden exhibir una antigüedad mayor que en la Argentina peronista. Carlos Montenegro (1903-1953) (Antezana Ergueta 2013), el mentor intelectual de Zavaleta Mercado, estableció algunas de las oposiciones binarias excluyentes más usuales, como lo nacional / boliviano contra lo antinacional / antiboliviano (lo nativo y lo autóctono contra la adoración de lo extranjero por las clases dominantes de su época) y la nacionalidad opresora contra la nacionalidad oprimida (Montenegro 2003; Abecia López 2007). Si bien Zavaleta no cuestionó explícitamente el valor paradigmático de la evolución histórica de Occidente, hay en su obra una clara inclinación a apreciar positivamente algunas herencias culturales de la esfera política que se contraponen al legado liberal-democrático. Este punto es importante, porque Zavaleta anticipa el destino del marxismo en América Latina y Bolivia. Resumiendo esta compleja temática se puede afirmar que en el Nuevo Mundo la magna teoría del marxismo original pierde sus rasgos críticoemancipatorios y adopta los elementos tradicionalistas del legado cultural latinoamericano. Al “rescatar” como positiva la herencia antidemocrática y antiliberal de ese mismo legado cultural, el marxismo latinoamericano tiende a transformarse en una ideología para conquistar el poder político y para justificar la praxis de sus seguidores. Zavaleta, por ejemplo, analiza y disculpa los “hábitos sociales” que conducen al caudillismo y al menosprecio de las “formalidades” de la democracia representativa y pluralista (Zavaleta Mercado 2013c: 103; Zavaleta Mercado 2011a: 176, 194; Zavaleta Mercado 2013d: 148, 161). Zavaleta afirmó que los “llamados derechos del hombre o del ciudadano” constituyen sólo “la explicitación en la política” de la acumulación y reproducción del capitalismo y nada más (Zavaleta Mercado 2013e: 414; Zavaleta Mercado 2013f: 464). Este espíritu antidemocrático habla por sí mismo, máxime si Zavaleta aseveró claramente que no es “un interés del socialismo el desarrollo de la democracia” (Zavaleta Mercado 2013e: 414). Haciendo gala de un leninismo radical que ya por entonces (1978) estaba desprestigiado, nuestro autor sostuvo categóricamente que “la dictadura es el carácter del Estado” y un “elemento constitutivo del Estado como tal” (Zavaleta Mercado 2013f: 464). Estas concepciones pueden ser calificadas como conservadoras, porque, bajo un manto revolucionario, preservan las convenciones sociales y las rutinas políticas de índole autoritaria que se arrastran desde la era colonial española. L A RELACIÓN AMBIGUA CON EL LEGADO EUROPEO 129 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 El cuestionamiento de la modernidad occidental. Esta inclinación básicamente conservadora emerge ahora con fuerza en el seno de los estudios postcoloniales y afines. En el ámbito intelectual y académico boliviano se ha convertido en popular la doctrina que cuestiona la vigencia de los valores occidentales en la esfera institucional y política, porque tales valores provienen de una tradición específica (la europea), que no sería universalizable. La Filosofía de la Liberación de Enrique Dussel y la escuela dusseliana en Bolivia se han dedicado a propagar una vigorosa relativización de la modernidad occidental, una relativización que ha resultado creíble y exitosa porque satisface los prejuicios preconscientes y los anhelos conscientes de los estratos intelectuales y universitarios. Su fundamento es el intento de provincializar Europa, como lo proclama uno de los libros más conocidos de los estudios postcoloniales, salido de la pluma del historiador hindú Dipesh Chakrabarty (Chakrabarty 2000; Sanjinés 2009: 106-113), muy apreciado en Bolivia. Lo alcanzado por Europa Occidental debería dejar de ser el criterio para medir el desarrollo de los otros continentes, con lo cual se diluiría la relevancia que habitualmente se atribuye a fenómenos como el capitalismo, la Ilustración y el liberalismo; pero esto afectaría también al marxismo y a los programas políticos modernizadores. Juan José Bautista, discípulo de Dussel, que representa esta corriente, califica a Europa como “una periferia pobre, respecto del centro que giraba en torno a la China, la India y el Medio Oriente. El europeo además de ser pobre, era inculto, bárbaro o sea ignorante. El sinónimo de cultura para el europeo era el musulmán, o sea el moreno, el semi-negro. Lo blanco, o el blanco era sinónimo de ignorante y miserable” (Bautista 2005: 32; Frank 1998). En estas pocas líneas Bautista expresa el modo teórico de proceder y el anhelo central de estos pensadores: en lugar de un análisis racional de hechos históricos debidamente documentados, se genera una sencilla inversión de la historia real de acuerdo a los deseos más sentidos del autor respectivo (Bautista 2006: 41-46; Bautista 2014: 41-54). Los sistemas sociales de Asia y África aparecen ahora como los auténticos paradigmas, mientras que Europa adquiere el carácter de un modelo muy modesto, deficitario y secundario. Es claro que a estos intelectuales les encantaría reescribir la historia universal de acuerdo a sus convicciones profundas, las que, a su vez, no son sometidas a ninguna crítica. Esta concepción toma el carácter de una verdad axiomática y auto-evidente, que como tal no requiere de ninguna demostración discursivo-argumentativa. Las teorías que propugnan la relativización y provincialización de “Europa” parecen, a primera vista, contener un designio razonable y hasta 136 H.C.F. M ANSILLA «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 Coda: la recuperación de los mitos. Contra todo lo expuesto hasta aquí se puede argumentar, con mucha razón, que los mitos colectivos, los valores tradicionales de orientación, las supersticiones ancestrales y también, por supuesto, la cultura política del autoritarismo, representan motivos culturales positivos y de gran alcance identificatorio dentro de la sociedad respectiva. Para el caso boliviano, Silvia Rivera Cusicanqui ha mostrado en un brillante texto que los mitos son la expresión de la “reelaboración de la memoria colectiva de un pueblo colonizado” y, por lo tanto, son la transformación de “sus expresiones culturales y sus proyectos políticos autónomos” (Rivera Cusicanqui 2014: C6) en un lenguaje que combina las creencias religiosas, las esperanzas mesiánico-milenaristas y las experiencias políticas de una vida signada por la exclusión secular. El mito constituiría una “fuerza histórica: el clima ideológico de resistencia anticolonial y de esperanza en un triunfo sobre los opresores” (Rivera Cusicanqui 2014: C7). Los numerosos modos de una resistencia cultural, simbólica y ritual de los pueblos indígenas frente al colonialismo han llevado a una reformulación continua de las grandes leyendas y tradiciones, reformulación que combina la “esperanza milenarista” con la “renovación social libertaria” (Rivera Cusicanqui 2014: C7). De todo esto nace una esperanza: “[…] esta trama de mitos y relatos orales que nombra y transforma la realidad puede estallar en múltiples sentidos en el momento de la rebelión abierta” (Rivera Cusicanqui 2014: C6). Añade la autora más adelante: “Aflora allí una conciencia anticipatoria, una política del deseo colectivo que revierte ese mundo al revés y transforma las posibilidades de la historia” (Rivera Cusicanqui 2014: C6). Estos enfoques teóricos, por más interesantes y promisorios que parezcan, se basan en aspectos muy deleznables. La reinstauración de formas arcaicas y arcaizantes de protesta social-religiosa contiene elementos de irracionalidad política. El ejemplo más importante de ello es el desprecio por la proporcionalidad de los medios, la idealización indebida de todo lo propio, simplemente por el hecho aleatorio de ser lo propio, y el retorno de modelos demasiado simples de hacer política y administrar justicia en un ámbito, como el andino, que se halla ya en medio de un amplio y profundo proceso de modernización. Estas formas arcaicas y arcaizantes no han aportado en ningún lugar del planeta una “consciencia anticipatoria” o emancipatoria que nos haga vislumbrar de manera realista un mundo más humano. El aporte de Rivera Cusicanqui, la Filosofía de la Liberación de Enrique Dussel, los estudios postcoloniales y los residuos del marxismo boliviano se L A RELACIÓN AMBIGUA CON EL LEGADO EUROPEO 137 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 121-143. ISSN 1132-3329 resisten dogmáticamente a reconocer los elementos positivos aportados por los modelos civilizatorios de provienen de afuera y que corresponden a etapas más complejas de la evolución histórica. Entre esos elementos se encuentran los avances de la ciencia y la tecnología occidentales, la introducción de normas razonables de medicina e higiene, la necesaria apertura al ancho mundo y la indispensable exposición a los valores y a los modos de vida de otras civilizaciones. La “democracia plebeya revolucionaria” (Rivera Cusicanqui 2014: C7) de 1952 y, en realidad, todos los procesos revolucionarios y populistas en los siglos XX y XXI, han abarcado dos elementos que Rivera Cusicanqui deja de lado premeditadamente: por un lado la eliminación del Estado de derecho en general y la vulneración de los derechos humanos de los opositores al régimen revolucionario en particular, y por otro lado, la instauración de una nueva clase dirigente, arrogante, ineficiente y marcadamente corrupta: como las anteriores. En toda el área andina la mayor parte de la población contemporánea de origen indígena y urbanización reciente no se siente atraída por el “pensamiento mítico como codificador metafórico de la memoria indígena contra los dolores de la violencia estatal” (Rivera Cusicanqui 2014: C7), sino que anhela compartir, lo más rápidamente posible, las ventajas materiales de la modernidad occidental y sus frutos culturales, como la vida en ciudades grandes, las profesiones liberales y la configuración actual del ocio (incluyendo las libertades eróticas actuales), como lo demuestran cada día las generaciones juveniles. Bibliografía. Valentín Abecia López (2007): Montenegro y su tiempo, La Paz: FUNDAPPAC / KAS 2007 Luis Antezana Ergueta (2013): Carlos Montenegro: la inteligencia más brillante del siglo XX en Bolivia, La Paz: Plural Iván Apaza Calle (2011): Colonialismo y contribución en el indianismo, El Alto: Pachakuti / Awqa 138 H.C.F. 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