scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Geología del color y el agua

Jiménez Martín, Alfonso

Full text

Alfonso Jiménez Martín Universidad de Sevilla GEOLOGíA DEL COLOR Y EL AGUA Es cosa sabida que la acuarela es un arte difícil, pero Juan Manuel Báez Mezquita lo ejerce con tal rigor y minuciosidad que es una meta imposible para quienes, en tiempos muy lejanos, nos acercamos a ella durante cuando empezamos los estudios de Arquitectura; la mayoría no pasó de diluir unas cuantas pastillas de color para manchar, con más o menos fortuna, aquellos papeles, presuntos destilados de trapos, que nuestra impericia ondulaba de forma anárquica y eue, al poco, quizás al primer error, convertíamos en gurruños. Hace falta mucha paciencia, mucho pararse a mirar la esencia de las cosas y también su apariencia, una gran experiencia en el análisis y en persuadir a los pigmentos y al papel, en el uso clarividente del agua y las reservas como para alcanzar, sin esfuerzo aparente, los efectos de luces y volúmenes, de cielos y ramas, de tejados, postes y cables, castaños, cauces y brumas que nos regalan las acuarelas de este libro, parsimonioso desfile de imágenes envidiables, envidiadas. Este constructor de veladuras que firma ..$¿s7", derrocha la paciencia de un fenómeno sedimentario, depositando con el suave pincel de ardilla los sedimentos de color, casi con la misma delectación que los ríos de su tierra labran el páramo, pues las acuarelas que componen este libro son, en su inmensa mayoría, un repertorio de paisajes concretos, austeros y creíbles, en los que el ser humano sólo figura con el mismo papel, erosivo y previo, que atribuimos a las fuerzas de la naturaleza. Báez aparenta ser sólo un espejo que fija el paisaje mediante colores diluidos. Un tema domina las siete acuarelas que tengo el honor de comentar, pues en todas ellas está presente el agua, ya sea como espejo para la luna, simetrÍa para un puente diluido, como amenaza de tormenta en tres puestas del sol, como niebla que vela un atardecer, o en los cordeles de lluvia que descargan en el horizonte. Agua melancólica y probablemente escasa, depositada en el cielo o en el suelo de parajes adormecidos, horizontales. Los pigmentos, elegidos en una estrecha gama terrosa, materializan un depósito geológico de sabias veladuras, de tintas brumosas que disuelven los perfiles de los estratos de color, compañeros de juego de aguas gráficas sobre e[ agua vista o presentida. l-a arquitectura en estas siete imágenes apenas si tiene presencia; en unas simplemente no existe, o está tan ausente como e[ hombre, mientras en otras aparece sólo como residuo, algo así como los restos de un naufragio entre el agua y la tierra: una monótona arquería tal vez escasamente transitada, un perfil pueblerino de parroquia y casas arcillosas, las líneas esquemáticas de cables, caminos y postes, y, finalmente, una masa que parece el último frogón de un puente antiguo. Un arquitecto, Báez, que aún pinta acuarelas, rara ovis fijando paisajes sin pájaros. Página anterior: 33. Espacio. 2006. 55x'l 10 cm. 120 Página siguiente: 34. Invierno 1l0xl10 cm.