Otra deducción de los principios de la filosofía positiva
Full text
THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 58, julio-diciembre (2018) pp.: 189-204. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2018.i58.10 OTRA DEDUCCIÓN DE LOS PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA POSITIVA Friedrich W. J. Schelling Recibido: 23-11-2017 Aceptado: 17-07-2018 Nuestro punto de partida es lo que antecede al pensamiento, el existente incondicional. La tarea con respecto a lo que se nos da de antemano; es decir, el ser o el existir incondicional (pues en realidad es lo único que vemos al comienzo, mientras el qué (Was) nos queda aún oculto) es hallar la verdadera Monas (die Monas); es decir, lo que permanece, encontrar el principio que está por encima de todo. Así, la pregunta es precisamente si todo el pensamiento del ser precedente; esto es, la Monas, que queremos denominar el ser imprepensable, puede estar localizado en este ser imprepensable. Quizá este ser es sin duda sólo el primer ser, el primer modo de aparición de la verdadera Monas. La pregunta entonces es si aquel ser imprepensable admite alguna oposición por la que quede alterado, y por la cual pudiera comportarse como lo contingente. Nosotros debemos partir de él, liberarnos del ser imprepensable para acceder a la Idea. Esto sería únicamente posible si aquel ser imprepensable fuera mostrado de nuevo como lo contingente a través de la dialéctica. No como lo contingente por antonomasia, sino como lo contingente que es lo necesario. Hemos señalado ahora que en el existente imprepensable ganamos el Actus de toda Potencia. El existente necesario no es posible y entonces por ello efectivo, sino que es efectivo ya, él comienza directamente con el ser. Así pues, aquel qué (Was) aún desconocido, aquella x del ser imprepensable es libremente antecedenter o a priori sólo el ente (das Seyende). Pero nada impide que incluso el ente a priori sea el ente a la mano, el poder-ser post actum (como realmente decimos aquí con razón). Decimos que nada lo impide, pero tampoco decimos todavía que sea efectivamente así. Esto deberá demostrarse por tanto mediante una consecuencia a posteriori. La posibilidad sólo se comprende a priori cuando el modo precedente del ente puro sea el poder-ser a la mano. Precisamente por eso, porque no ha salido en primer lugar la potencia del ser imprepensable, no podría tampoco este existir imprepensable ser superado en el Actus. Queda así establecido justamente en este existir imprepensable una contingencia no excluyente. Lo que una posible contraposición puede anticipar tiene tan sólo frente a dicha contraposición un ser contingente en la medida en que permanece posible. Supongamos que yo eligiese entre +a y -a y me hubiera decidido por +a, de modo que -a quedase siempre excluido. El ser +a no es nada falso
Miguel Ángel Ramírez Cordón Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 190 (blind) siempre y cuando sea pensado con necesidad otro contingente, que por otra parte tampoco es contingente porque se trata de un ser puesto por la voluntad. Pongo incluso tan sólo +a, sin elección, de modo que -a es anterior, pero sin quedar excluido para siempre. O mejor dicho no es excluido en general, permanece todavía como posibilidad, de modo que se ofrece a la mano y reclama su validez. Así pues, es algo contingente justo en el actus puro como tal. El mero existente necesario actu, algo semejante a lo que tenemos hasta ahora, es el mero existente contingente necesario o, como puede ser también llamado, el existente ciego. El existente ciego es el mero existente contingente necesario, el cual excluye por ello el poder-ser sólo como antecedens, pero no de un modo absoluto. El poder-ser simplemente, y como tal, no tenía ningún derecho a existir. Después empero de que el mero actu sea; es decir, el mero necesario contingente, la mera posibilidad puede también alzar su exigencia. El ser imprepensable hace así aparecer ya como posible a la potencia. Justo en este punto se clarifica que el poder-ser precedente no pueda carecer tampoco de una relación sobre el mero ente. Por tanto, y no otra cosa sino sólo lo que se presenta como el mero existente mismo, puede también ser la potentia existendi que se contrapone a aquella. La potencia no puede aparecer bajo la presuposición del ser, de modo que debe haber entre ambos una unidad; es decir, debe ser tanto el mero existente como la potentia existendi. Pero mientras pongo esto de manifiesto, también digo que el mero ente infinito es a su vez la infinita potentia existendi o el poder-ser infinito. Queda ya establecido aquello que es más que el mero Existente, lo que trasciende el mero actus del existir, lo que puede estar por encima de éste, y lo que precisamente por ello no puede ser más el mero actu necesario existente. Únicamente el existente fundamental; es decir, el existente necesario, puede ser ahora la natura necessaria, que es también independiente del existir efectivo, del actus del existir. El existente necesario es, de un modo señalado, conforme a su naturaleza o a su esencia. Esta natura necessaria sería también inicialmente y antes de nada: 1) el ente imprepensable, 2) lo otro que se encuentra en la posición de poder ser, 3) lo libre entre ambos como espíritu que planea desenvueltamente, pues ellos se comportarían frente al poder como ser, y frente al ser como poder. Así el ser imprepensable se hace libre frente al poder, y el poder libre a su vez frente al ser imprepensable, de forma que la natura necessaria puede ser y no ser ambas cosas, tanto el ente (Seyende) puro como aquello que el ser imprepensable podía ser mediante el poder-ser. La natura necessaria, como unidad indisoluble de estos tres momentos, sería también la absoluta esencia libre que es libre de un modo señalado 1) en la visión del ser que se le muestra, siendo lo otro de su ser originario (su ser imprepensable). La natura necessaria es libre 1) en la visión de este otro
Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. Otra deducción de los principios de la filosofía positiva 191 ser. Ser libre significa a) no poder querer la misma cosa: es así también lo independiente de este ser y Es (existe) por anticipado para él. Este ser es cierto a priori. Por ello es justo lo libre, que quiere decir b) querer este ser, mientras lo posee en el actus del existir imprepensable, por el cual puede ser también de nuevo aquel otro ser igual de poderoso que su Señor. Pues este actus sería por mor de la aparición del otro ser, quien le arrebataría su posición, cobrándose el espacio al ser. Como actus no quedaría sin embargo anulado en su raíz. Sólo en la potencia del actus infinito llegaría a ser potencia, que en cambio estaría anulada con el poder irresistible del actus reestablecido a través de la superación; es decir, a través de la continuada potencialización de aquel ser salido de la potencia, que ahora se le opone y le desplaza igualmente del lugar del ser. Sería sin embargo tan libre como la natura necessaria frente al poder-ser, estaría 2) también frente al ser imprepensable mismo. La natura necessaria no está constreñida por tanto a perseverar en el poder-ser, sino que puede aparecer fuera de él. Este ser imprepensable mismo realiza nuevamente durante un momento su movimiento, su propia vida. Pues incluso así, cuando la vida anula también este ser imprepensable para el actus, la naturaleza necesaria permanece como necesidad. Aunque ella es el poder-ser, sin embargo, tiene de antemano el ser, siendo con ello ahora libremente el verdadero poder-ser. El verdadero poder-ser es aquello cuyo ser, como ser frente a toda posibilidad precedente, es independiente, seguro, y por ello cierto, y a través del que ningún ser subsiguiente puede llegar a ser superado. Dado que asegura este ser infinito, se le ve indistintamente asumir o no asumir su posición en la libertad del otro ser. Pues en esta misma situación, lo que permanece independiente del existir efectivo del existente es, por tanto, el supraexistente (bajo el que se entenderá justamente lo que es también independiente del Actus del existir del existente). Así, ello es enteramente indiferente (perinde est) tanto si adopta este otro ser como si no lo adopta, y lo realiza a través de la nuda voluntad de la posición del ser, poniéndose de esta manera el ser imprepensable en tensión y negación. O también si se retira inmediatamente de nuevo aquel mero ser imprepensable como el posible indicado ser en la potencia, o, más bien, si es dejado en la posibilidad desnuda. Así pues, esta posibilidad no es nada si ella no lo quiere en el imprepensable ser del ente. Esta posibilidad es algo sólo cuando ella lo quiere. Cuando por ello esta posibilidad alcanza el ser correspondiente, queda simplemente afirmada como tal esta posibilidad y únicamente a través de su solo ser; o sea, a través de su voluntad divina. (Conocida como tal posibilidad, aceptará el fundamento de toda creación de lo que en general no niega la creación como tal, y como no deja de ser señalado por los teólogos, con una materia [la mera materia todavía sin forma] creada a través de la mera voluntad divina de un modo libre, condición sin cuya
Miguel Ángel Ramírez Cordón Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 192 aceptación no puede ligar ningún otro concepto comprensible). La posibilidad de otro ser aparece incluido en el ser originario ˗ el ser marcha delante, la posibilidad no llega sino después del ser, pero ésta aparece para él a partir de entonces en el imprepensable ser del ente, por tanto en la eternidad. Aquí yace la explicación de esta habitual expresión. Eterno es aquello a lo que ni tan siquiera el pensamiento mismo puede anticiparse una sola vez. He escuchado a menudo objetar contra este ser al que llegamos tan de repente, que la entera posibilidad de tal efectividad anticipada no pueda ser pensada. No estamos acostumbrados evidentemente a un pensamiento que anteceda al ser. El pensamiento pone justo este ser como su punto de partida, el cual le resulta lo más sugerente, también por tanto como lo más deseable para el saber, y con el que acceder a partir de éste a una realidad efectiva. El pensamiento efectivo está en el punto de salida de esta posición, como el terminus a quo de un movimiento en el que dicho movimiento en realidad tampoco es tal movimiento, y sin embargo, forma parte también del movimiento. De este modo aquel ser devendrá como tal en el desarrollo, en el hacer pasar a este movimiento mismo con un momento del pensamiento. Aquella objeción debería sin embargo significar lo siguiente: que tampoco pudiera presentarse tal posibilidad anticipada de una realidad efectiva ni tan siquiera una sola vez. Este punto queda así también rechazado. Por tanto, tal ser debe presentarse en ciertas ocasiones, por ejemplo en el caso de producciones, hechos o actuaciones cuya posibilidad está dada a través de su realidad conceptual efectiva. Lo que se plantea para un concepto existente previo a todo nadie puede llamarlo original. Original es donde se reconoce ya la posibilidad, cuando se ve la realidad efectiva delante de los ojos. Eterno es el ser que está en Dios, antes incluso de que Él mismo pueda pensarlo. Dios mismo alcanza primeramente a ser su eternidad en su salida de sí al exterior. La eternidad, junto con el resto de atributos que le pertenecen conjuntamente a Dios, han sido denominados negativos por parte de las especulaciones de los teólogos. Examinadas suficientemente estas especulaciones, se muestra que son constantes aquellas que tratan de ser pensadas junto y ante Dios; es decir, frente a su divinidad, y sin (ohne) las que, en cambio, Dios no puede ser, pero con las que Dios tampoco se muestra como lo que es. Pues por ejemplo también la substancia espinosista es eterna, sin presuposición alguna, sin ninguna razón eterna, y efectivamente ella no es Dios. Dios no podría de otra manera ser Dios si no fuera eterno. La eternidad es una conditio sine qua non de su divinidad. Una eternidad sin fundamento, de la que efectivamente no hay ninguna ciencia, ningún pensamiento, pues aquélla, como dice Kant con razón, es el abismo de la razón. Esta eternidad es justo por ello sólo un momento, sólo un punto de partida, del que hemos salido inmediatamente, y que sólo pone
Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. Otra deducción de los principios de la filosofía positiva 193 la ciencia para poder salir de dicho punto. A tal terminus a quo devendrá esta eternidad consecuentemente en el momento en que pueda hablarse de la eternidad. En la eternidad misma no está por lo tanto aquel ser sin fundamento. Pero el fundamento está sólo puesto con la finalidad de salir de él. De ahí en adelante, se muestra la eternidad como lo eterno mismo como posibilidad de otro ser que está justamente desgajado de su eternidad ciega, eternidad del mero existir para llegar a la eternidad de la esencia, a la eternidad de la Idea. Esta posibilidad resulta incluso, de cara a la Idea, como algo que no se ha dado anteriormente, algo inopinado. Pero aunque algo imprevisto no es para él un invisum, algo no bien recibido, en otro sentido es también algo bien recibido. Pues mientras ella le muestra un ser que puede elevar a la realidad efectiva a través de su mera voluntad, le da algo en general que puede querer ˗ algo en general que poder estar queriendo y que anteriormente no tenía; es decir, un mero ser ˗ y un poder para el no-ser. Mientras aparece esta posibilidad se eleva el mero ser imprepensable hacia aquello que va más allá aún de éste; es decir, es también el poder-ser, Señor de un ser que todavía no es. De este modo es a la par libre de constituirse en el ser imprepensable, del que no era Señor, no siendo por tanto ser de sí mismo, pero llega a ser igualmente ideal ˗ al menos por lo que hace a su presentación ˗ por medio de la aparición de aquella potencia que está completamente despegada en la voluntad del ser imprepensable. La aparición de aquella posibilidad original ofrece, por tanto, lo que en el ser imprepensable es ya en sí mismo el auténtico ente (Seyende). Justo en este ser, que se le muestra como posible, anhela por tanto, al mismo tiempo, liberar el medio, que también es real con respecto al ser imprepensable. Así como tenemos al Señor como opuesto al ser imprepensable, se le ve al mismo tiempo como Señor de este ser impreprensable, todo ello del siguiente modo: piénsese el Señor de un ente que no es todavía, de un ente que es sólo posible, y que se revela como un ser contingente cuando al fin es. Piénsese así este ser contingente como surgiendo, de manera que se dará de bruces con lo que no puede surgir, aquello que no tiene precedentes, se dará con el ser originario. Este ser originario aparece también ahora como lo eterno. Pero más aún: este ser contingente no puede surgir por sí sólo, y en cambio surge ahí donde anteriormente no había nada como lo eterno, nada como el ser necesario. Por tanto, no puede surgir sin trascender a éste. Llamamos A al ser eterno, de modo que B será lo contingente, lo ya surgido, lo totalmente desigual a A. Donde por tanto no era de un modo imprepensable como el puro A, se presenta ahora B, lo que trasciende a A de un modo excluyente. Éste, que hemos conocido como puro actus, como puro punto de partida, en modo alguno negado o inhibido por nada, como tampoco reflexionado por nada o vuelto a brotar de nuevo en sí mismo, tiene ahora lo opuesto. De esta forma viene a estar trabado por medio de ese
Miguel Ángel Ramírez Cordón Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 194 nuevo ser recién surgido que se ha movido hasta lo más elevado. Algo así a como cuando una parte de un organismo viviente previamente en reposo deviene activa, encendiéndose desde su pasividad (la activación no tiene nada que ver con un devenir activo procedente de la potencia aparecida). Así como la parte despierta se alza sobre la parte dormida, ésta no permanece eodem loco, quo fuerunt, y el ser recién surgido continúa actuando sobre el ser que previamente había hecho acto de presencia. En este ser antes inamovible llega por tanto una movilidad previa. Este ser llega a ser él mismo también otro, recibe una negación en sí, recibe una potencia, y estará él mismo puesto de esta manera para un ente (Seyenden) (ahí donde estaba el ente (Seyende) originariamente inicial). En efecto, pone así verdaderamente atención a la esencia para no ser según el actus purus. Pero éste no es más actu, sino sólo todavía algo conforme a la esencia. Ahí la esencia es igual a la potencia, es por tanto la potencia infinita del actus purus, el cual se impone por su naturaleza como tal actus purus. No es ya más la potencia pura, desinteresada, no reconocida en sí misma. Ni tampoco es lo sabio en sí mismo, como lo era antes. Y en tanto que recibe en sí una negación; es decir, una potencia, ha devenido un ente (seyendes) para sí. Anteriormente era ante sí camino, puro salir de sí. Ahora es en sí mismo lo retornante, lo devenido potencia para sí mismo; es decir, lo que se ha convertido en ente (seyenden) para sí. De este modo vemos como él, a quien hemos visto ya como Señor de lo contingente, del mero ser posible, en tanto que es el Señor, puede sentar o no este ser contingente. Así como él ha llegado a afirmar también su ser originario como Señor, que Él puede sentar ex acto puro in potentiam a través de la aceptación del ser que se le muestra desde el ser puro en un ente, y alcanzar así a metamorfosear su existir necesario mismo en algo contingente (lo contingente bajo esta forma negada). Él puede anular este ser originario, porque permanece sin embargo independiente de él; es decir, sin ser actu del existente. Pero su naturaleza permanece conforme al existente necesario, según la natura necessaria. Este sería por tanto el modo como la filosofía positiva puede comenzar por sí sola por el ente imprepensable, con el que, con todo rigor, no ha comenzado todavía nada. Intentaré presentar ahora el paso de este desarrollo de nuevo, pero de un modo distinto. Y es que no nos encontramos aquí en el área de lo necesario, sino en el de lo libre; es decir, del auténtico pensar especulativo. La expresión especulación debería estar reservada para la filosofía positiva, como por ejemplo la mathesis elemental no puede tampoco ser llamada especulativa: lo más elevado es únicamente la mathesis especulativa. Especular quiere decir mirar atrás en torno al conjunto de las posibilidades, a través de las cuales poder llegar a alcanzar un fin cierto para la ciencia. Estas posibilidades son naturalmente sólo
Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. Otra deducción de los principios de la filosofía positiva 195 posibilidades inmediatas que, confirmado el éxito, deben revelarse como auténticas realidades efectivas, así como en las conclusiones hipotéticas puestas en la premisa mayor (Obersatz) como hipótesis, en la oración de conclusión quedan como una verdad demostrada. Este entero desarrollo, que comienza (para sí) con la filosofía positiva, es un modo eminentemente especulativo. Se trata de un área en el que no cabe un mero pensamiento mecánico de tipo erudito, como pueda ser la posición de un simple maestro común de cálculo en la especulación del análisis de lo infinito, quien, en su ignorancia, dicho trabajo debe parecerle una simple arbitrariedad. Son por tanto posibles y admisibles distintas presentaciones, dado que en el más elevado análisis se puede llegar por diferentes caminos a un mismo resultado, y también cuando un resultado es ampliamente demostrado, se busca incluso el paso más sencillo, lógico y claro de esta demostración. La razón, al final de la filosofía negativa, está puesta fuera de sí, está de alguna manera afectada, porque ve que en esta filosofía no puede poseer su verdadero contenido como algo efectivo, y se decide partir por el ser de todo pensamiento. Ella se supedita a este pensamiento, pero sólo para alzarse inmediatamente de nuevo contra el mismo con la señalada pregunta de qué (Was) es el ser imprepensable. Así esta pregunta tiene en el ser imprepensable de un modo inicial e inmediato sólo el existir imprepensable mismo, de tal modo que nadie puede sustraerse de la conclusión que reza, como en Kant, lo que sigue: «si algo existe (lo hipotético de la expresión indica que el presupuesto es aquí lo que igualmente puede tanto ser como no ser, el mero ser contingente por tanto) debe así existir también alguna Unidad (y lo que ello sea queda indeterminado) de una manera necesaria». Si desde el comienzo no sabemos nada del Existente necesario, del modo como se eleva su existir necesario y sobre la pregunta en definitiva por el qué, lo que debe ser preguntado es simplemente si el ente imprepensable es sólo el actu, o bien si su naturaleza es conforme al Existente necesario (o más breve en lugar de lo último: si el existente necesario mismo es). Esto es así si el actu Existente necesario, el Existente necesario mismo del cual partimos, no fuera comprendido a priori. Así pues, este Existente necesario actu no tiene ya en sí mismo ningún prius por el que podamos acceder a aquél. Es, como hemos aceptado y presupuesto, el absoluto prius, y lo que nosotros podemos reconocer de nuevo de él puede ser sólo un mero reconocimiento a posteriori. Conforme a ello, por tanto, nos ocuparemos de nuevo de la labor que se nos ofrece en la proposición disyuntiva: o el Existente necesario actu es meramente así, o el Existente necesario mismo constituye el segundo miembro de esta sentencia que aceptamos como hipótesis para concluir que cuando éste se muestra como verdadero; esto es, cuando en aquel Existente necesario actu lo que aparece es el Existente
Miguel Ángel Ramírez Cordón Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 196 necesario mismo (cuando en el necesario Existens es la natura necessaria), entonces debe encontrarse lo que se sigue de ahí. Hemos desarrollado también inicialmente la premisa mayor en su forma general. La proposición subsiguiente puede ahora encontrar el ser, un todo que hemos demostrado como consecuencia de aquella hipótesis, que se encuentra como lo efectivo, con lo que entonces aquella hipótesis concluye por ser tal. (Esto nos conduce a la rectificación de la carencia, pues efectivamente sólo hacemos pasar al ente (Seyenden) imprepensable, inmóvil para sí, por medio de la ayuda de una hipótesis. Porque en este desarrollo hemos oído formulada la palabra hipótesis de tal manera que de su conclusión se extrae lo siguiente: que todo ha de residir en la forma de la hipótesis. Luego en una ciencia rigurosa debería estar prohibida en general la conclusión hipotética, de la cual tenemos necesidad sin embargo en una multitud de casos, como cuando las matemáticas se sirven propiamente en la demostración apagógica). Según esta aclaración del “si” (Wenn) de nuestra premisa obtengo la siguiente consecuencia inmediata: La naturaleza propia del Existente necesario debe ser, como mero existir necesario actu, lo indiferente, algo en apariencia contingente en sí mismo. Por tanto, no ha puesto su querer en este ser (este ser imprepensable lo es sin su querer). Tiene también por ello frente a este ser un hacer libre. Es por tanto lo que permanece libre, así como también lo que está en disposición de poder algo, naturalmente sólo el otro ser en disposición de poder algo. Otro ser como ése es aquel ser imprepensable. La natura sua debe trascender, sobrepasar el mero actu Existente necesario. Como tal, debe ser más que todo ello. Sin embargo, en este “Más” (Mehr) no puede ser nuevamente el ente (Das Seyende). Entonces dicho ente está así ya dado por anticipado, de manera que alcanzará a ser el poder-ser, y verdaderamente lo que por encima de sí, por encima de ser el ser imprepensable, sería el poder-ser. No será sólo potentia actus (Potencia de un Actus), pues éste (actus) es efectivamente a priori, por tanto, sólo potentia potentiae. Éste queda ahora ya por fin suficientemente claro. Sólo cuando a su vez el Existente necesario mismo es en el verdadero ente infinito, entonces este Existente necesario no será por ello todavía tal. No se sabrá (wissen) todavía por tanto como el actus originario instalado por encima del poder-ser. Esto debe ser particularmente mostrado todavía (es decir, saberse como lo que está sobre el actus imprepensable que sobrevuela el poder-ser). Luego es hasta ahora lo que sólo en y para sí; es decir, lo que sin su naturaleza para el querer y el saber, está en cambio ya en movimiento, sin retorno sobre sí mismo. Tiene aquí en cualquier caso la necesidad de un pensamiento completo. El existir imprepensable está ya anticipado en todo concepto. No está determinado a través del concepto en la medida en que verdaderamente es un existir necesario, pero en cambio es sólo únicamente un necesario-contingente; o sea, un existir ciego. Como
Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. Otra deducción de los principios de la filosofía positiva 197 tal no excluye al ser opuesto (lo puesto a través de la transición a potentia ad actum). Por lo demás había debido partir del concepto mismo. Verdaderamente éste no tiene ahora en absoluto ninguna exigencia sobre la realidad efectiva a través del proceso a potentia ad actum del ser posible. Este discurso no podría ser en modo alguno algo efectivo si no se tratara del ser imprepensable. Este ser sin embargo es, y es incluso verdaderamente de un modo ciego; es decir, contingente, un mero ser contingente que tiene también frente al ente (seyenden) un derecho a aparecer como una posibilidad, mostrarse, constituirse en el existir necesario actu como auténtica mismidad, como la esencia. Preciso de estas expresiones porque esta posibilidad es para sí una mera apariencia, algo que está en frente de algo que se muestra, algo que formula meramente que ello mismo es el poder-ser, lo que se libera justamente de la condición del existir inmediato que se coloca fuera del poder-ser, lo que puede elevarse sobre este existir que adopta una posición objetual (gegenständlich). Por tanto lo que hasta ahora era el ser mismo en la posición del sujeto. Junto al poder-ser, como aquello que se ve, hay ya un punto de partida fuera del ser, un πoῦ, a partir del que se mueve en su ser fuera de sí. Éste puede igualmente alzarse fuera de su estado, no para anularlo absolutamente, sino para ponerlo en una condición de negación, tal como ha sido ya aclarado. Nosotros distinguimos el Existente necesario actu de lo que es el Existente necesario mismo. Éste es por ahora una mera idea, aquello que presuponemos en el ser imprepensable, pero cuando aquél se encuentra en éste (esta es justamente nuestra hipótesis), debe también ser elevado en su idea a través de la aparición de la potencia opuesta. Es decir, debe verse a sí mismo como lo que no es más simplemente el existir, sino la naturaleza para el existente necesario. Y éste es auténticamente Dios. Pues Dios es, como se ha discutido ya, no lo simplemente necesario, sino la necesaria esencia necesaria, la natura necessaria, lo que, para serlo, no precisa del existir mismo. Es lo que permanece el ente (Seyende) necesario, también incluso cuando el ser necesario o el existir es superado. Este quod inicial non per existentiam existit; es decir, quos existit, sed non per existentiam existit. Es lo que en primer lugar llamamos Dios. Ello vale aquí para el concepto del simple y verdadero ente necesario actu, del cual, por cierto, no puede deshacerse particularmente Spinoza, hasta acceder al concepto del ente necesario natura sua. La dialéctica consiste aquí en reconocer en el existir necesario actu lo contingente. Cuando en el mero ente necesario actu está el ente necesario mismo, debe presentarse de este modo en éste aquel ser, aquel actu como un ser contingente y, por tanto como un ser superado, no como un ser inmediato y suprimible a través de sí mismo ˗ esto sería imposible ˗, sino probablemente como suprimible a través de un ser postrero (nachkömmendes Seyn), a través de un ser fuera de él, que po-
Miguel Ángel Ramírez Cordón Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 204 Obersatz: premisa mayor ohne: sin Seynkönnende: poder ser unvordenkliche: imprepensable, inmemorial Urbild: arquetipo Was: qué wenn: cuando wissen: saber Wollen: querer Traducción de Miguel Ángel Ramírez Cordón1 Universidad Complutense de Madrid 1. ([email protected]) Licenciado en Historia (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado en Antropología Social y Cultural (U.N.E.D.). Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.
RESEÑAS