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La orientación en la universidad en el contexto de una docencia de calidad

Gil Flores, Javier; García Jiménez, Eduardo; Romero Rodríguez, Soledad; Álvarez Rojo, Víctor Benito

Abstract

Se aborda el tema de la orientación en la universidad, centrándonos en las posibilidades de orientación del aprendizaje. Partimos de una descripción de la situación actual en relación a este tema, revisando a continuación las características del aprendizaje de los alumnos y las características del proceso de enseñanza puesto en práctica por los profesores. De todo ello, se derivan consecuencias de cara a la intervención orientadora

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Fundamentos en Humanidades ISSN: 1515-4467 [email protected] Universidad Nacional de San Luis Argentina Gil Flores, Javier; García Jiménez, Eduardo; Romero Rodríguez, Soledad; Álvarez Rojo, Víctor La orientación en la universidad en el contexto de una docencia de calidad Fundamentos en Humanidades, vol. II, núm. 3, invierno, 2001, pp. 6-41 Universidad Nacional de San Luis San Luis, Argentina Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18400301 Cómo citar el artículo Número completo Más información del artículo Página de la revista en redalyc.org Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 6 Fundamentos en humanidades Universidad Nacional de San Luis Año II - N° I (3/2001) La orientación en la universidad en el contexto de una docencia de calidad Javier Gil Flores Eduardo García Jiménez Soledad Romero Rodríguez Víctor Álvarez Rojo Universidad de Sevilla e-mail: [email protected] Resumen Se aborda el tema de la orientación en la universidad, centrándonos en las posibilidades de orientación del aprendizaje. Partimos de una descripción de la situación actual en relación a este tema, revisando a continuación las características del aprendizaje de los alumnos y las características del proceso de enseñanza puesto en práctica por los profesores. De todo ello, se derivan consecuencias de cara a la intervención orientadora. Abstract In this paper, we broach the orientation theme in university centering in learning orientation possibilities. With regard to this topic, we start from a description of a present situation, reviewing characteristics of learning students and characteristics of teaching process put in practice by teachers. Above mentioned provokes resultant consequences toward to the intervention. Las revisiones sobre las estrategias metodológicas ensayadas en la orientación universitaria y sobre la oferta de servicios de orientación de las universidades españolas se vienen realizando desde hace tiempo en nuestro país. Los datos aportados por las mismas son de enorme valor para seguir la evolución del interés social por este tipo de oferta educativa en la enseñanza universitaria. Una de las últimas realizadas es el interesante trabajo de Sánchez (1998) en el que se analizan con bastante detalle un gran volumen de publicaciones sobre el tema aparecidas en España en los últimos 25 años. Las conclusiones que la autora considera más destacables respecto a la orientación ofertada en ese periodo en nuestras universidades son las siguientes: ♦ Carencia de una praxis orientadora consolidada f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 7 - ausencia de modelos teóricos como base para la prestación de servicios. - amplia variabilidad de las ofertas de unas universidades a otras. - ofertas polarizadas en el suministro de información laboral/profesional. - escasa integración de la orientación en el proceso educativo. ♦ Escaso interés de las autoridades académicas, que se traduce en: - escasez de recursos y de personal destinado a los servicios de orientación. - coyunturalidad de las ofertas, no basadas en análisis sistemáticos de necesidades. - ausencia de evaluación del impacto de los servicios. Como se desprende de ésta y de otras revisiones la orientación universitaria se ha dirigido tradicionalmente a los alumnos, aceptando tácitamente la imposibilidad fáctica de incidir en otros elementos igualmente importantes para el proceso de la enseñanza en la universidad: profesores, organización de la docencia, diferentes servicios de la universidad, desarrollo de la investigación, etcétera. Y además, en lo que a los alumnos se refiere, las limitaciones institucionales a la acción orientadora han originado asimismo una intervención de objetivos restringidos: ofertas de información sobre exigencias administrativas del estudio en la universidad (información sobre estudios y requisitos); un volumen bastante reducido de acciones dirigidas a algunas de las dificultades relacionadas con el estudio universitario (métodos de estudio en la universidad); y mayoritariamente información sobre las salidas profesionales de las diferentes carreras. Una oferta de orientación para la universidad debe ser, obviamente, mucho más que esto. Es decir, si de alumnos hablamos la orientación deberá ofertar ayuda sistemática para que los jóvenes y adultos de la universidad puedan hacer frente a todos los requerimientos de su desarrollo personal y social, y no solamente a los relacionados con sus resultados académicos. Por otra parte, otros actores están implicados en la vida universitaria cuyas necesidades habrán de ser tenidas en cuenta para darles algún tipo de respuesta; así los profesores y la propia organización se convierten en destinatarios reales de la acción orientadora. Sin embargo, el alcance de este trabajo va a estar limitado. No pretendemos realizar una nueva revisión de las estrategias de orientación en la universidad; creemos que en este momento los resultados serían en gran medida redundantes respecto a los datos de que disponemos proporcionados por diversos trabajos como el aludido (Echeverría, 1997). Lo que nos proponemos es analizar únicamente las posibilidades de orientación que se generan en torno a una sola de las dimensiones de la intervención orientadora en la universidad: la del aprendizaje universitario. Dicho aprendizaje concita en torno a sí algunas de las necesidades más importantes a las que ha de hacer frente la orientación, f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 8 como son las referidas a los procesos de adquisición de los saberes (conocimientos, procesos y destrezas) y actitudes por los alumnos, y las relacionadas con los procesos de enseñanza (organización, ejecución, evaluación y tutoría) ejecutados por los profesores. Así pues, en las páginas que siguen presentaremos inicialmente una breve descripción de la situación actual de la orientación del aprendizaje en la universidad. Seguidamente abordaremos el análisis de algunas de las características del aprendizaje de los alumnos universitarios, centrándonos en tres aspectos: ♦ los resultados de la enseñanza universitaria (cuantificados en porcentajes de abandonos y finalización de estudios). ♦ las teorías más sobresalientes sobre la permanencia y el abandono en la universidad. ♦ algunos de los factores principales implicados en el aprendizaje en la enseñanza superior. A continuación abordaremos el tema de las características y circunstancias que rodean el proceso de enseñanza de los profesores analizando dos bloques de información: ♦ el valor hipotético de los datos procedentes de la evaluación de la universidad. ♦ el valor de las investigaciones específicas sobre las prácticas docentes de los profesores; aportaremos al respecto algunos datos de una investigación realizada en la universidad de Sevilla. Todo ello con vistas a su posible utilización como punto de partida para conformar una oferta de orientación académica / del aprendizaje en la universidad que nos ha tocado vivir. La orientación del aprendizaje universitario: estado de la cuestión La orientación en la Universidad: una visión holística como elemento de calidad Nos parece necesario antes de entrar de lleno en el análisis de la situación de la orientación del aprendizaje en la Universidad realizar una reflexión en torno al sentido y significado de la orientación en el contexto universitario. Entendemos que podemos partir de la definición de orientación universitaria que realiza FEDORA (Forum Européen d'Orientation Acádemique) y que recoge Echeverría (1997): "La orientación es un proceso educativo, tendiente a que los jóvenes adquieran una consciencia hermenéutica interpretativa, capaz de afrontar una gran cantidad de 'inputs' informativos, para elaborar sus propios proyectos de vida f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 9 personal, específicos con respecto a sus propias vivencias y contrastadas con las demandas sociales" (Echeverria, 1997). De esta definición se deriva, por tanto, una visión holística de la orientación en la que se integran, tomando como eje el proyecto de vida, los determinantes sociales y personales y los procesos de toma de decisiones y autorrealización personal (Isus, 1995). Por otra parte, y siguiendo a Rodríguez (1997) la calidad de la institución universitaria tiene como punto de partida y de mira su capacidad para lograr el mayor desarrollo posible de todos sus miembros. Este mismo autor recoge las características que según la ACPA (American College Personnel Association, 1994) deben definir el producto universitario: complejas habilidades cognitivas como la reflexión y el pensamiento crítico; habilidad para aplicar los conocimientos a problemas prácticos en el campo profesional, familiar, personal y social; comprensión y aprecio de las diferencias humanas; competencias prácticas como resolución de conflictos, problemas, etc.; coherente e integrado sentido de la identidad, autoestima, confianza, integridad, sensibilidad estética y responsabilidad como ciudadano; desarrollo de actitudes, valores, perspectivas y capacidad para continuar el aprendizaje; convertirse en una persona cultivada; desarrollo de la madurez emocional, tolerancia, empatía y habilidad de liderazgo; saber evaluar críticamente lo que se ha aprendido... Este mismo tipo de capacidades son propuestas por Brown (1980) o Valdivia (1997). El desarrollo del tipo de competencias personales que se derivan de estas propuestas puede facilitar, por otra parte, la consecución de objetivos de formación profesional (una de las finalidades de la Universidad) que van más allá de la mera preparación intelectual y técnica y que son necesarios en la actual estructura del mercado de trabajo (más aún si consideramos el Mercado Único) donde se hacen necesarias lo que Echeverría (1990, 1993) denomina "destrezas de empleabilidad". Estas concepciones de la orientación y del "producto de calidad" universitaria nos lleva directamente a la perspectiva del desarrollo de la carrera, cuyos rasgos más característicos son sintetizados por Echeverría (1993): intervención dirigida a propiciar un proceso madurativo permanente, a través del cual las personas logren obtener y procesar la información correcta sobre ellas mismas y su entorno, dentro de planteamientos intencionales de toma de decisiones razonadas; integrar la constelación de factores que configuran su trayectoria vital; afianzar su autoconcepto a través de experiencias vitales en general y laborales en particular; desplegar las habilidades y actitudes precisas, para lograr integrar el trabajo dentro del proyecto de vida global. La orientación desde la perspectiva del proceso de enseñanza - aprendizaje No obstante, es necesario tener muy en cuenta que ese desarrollo integral de los estudiantes universitarios se realiza en un contexto institucional, la universidad, con unas funciones socialmente asignadas que hay que integrar en la delimitación de la praxis orientadora. Desde esa perspectiva los procesos de enseñanza - aprendizaje se configuran como la razón de ser de la universidad y su optimización como el "punto de f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 10 encuentro" de todas las estrategias en pro de la calidad, incluida la orientación. El aprendizaje es algo más que la adquisición de unos saberes: "Aprendizaje es el proceso de adquisición que todo sujeto realiza para lograr en sí mismo los componentes del curriculum y, en consecuencia, todas las estrategias didácticas y organizativas que se supeditan a la consecución de tales aprendizajes en todos los sujetos. Por ello, entendemos aprendizaje en todos los ámbitos deseables, tanto si son de índole intelectual, como de índole actitudinal o de valores, comportamientos, normas sociales establecidas de comunicación y convivencia" (Lazaro, 1997). De esta concepción se deriva la necesidad de afrontar la orientación del aprendizaje desde una perspectiva superadora de la tradicional actuación tendente a desarrollar el método y hábito de estudio; se trata de incidir sobre todo el proceso de desarrollo del estudiante como persona. Y por lo que refiere al otro polo del binomio que constituye este proceso, la enseñanza, De Miguel la caracteriza muy acertadamente cuando señala que: "La enseñanza constituye... una estrategia que debe estar orientada primordialmente a suministrar los apoyos que faciliten la motivación para aprender, la estructuración de la información, las habilidades relativas al procesamiento mental innovador y las actitudes necesarias que potencian el trabajo independiente y las relaciones interpersonales que conducen al aprendizaje" (Dunkin, 1995). De una forma sintética podríamos decir que si el principal objetivo de la orientación es ayudar al alumnado a desarrollar un proceso autónomo de creación de su propio proyecto de vida (en el que se integra su proyecto de aprendizaje) es preciso incluir elementos orientadores en el proceso de enseñanza cuya forma de proceder debe ser similar al tipo de proceso que se pretende desarrollar; es decir, que debe adoptar (Guskin, 1994) estrategias activas que consigan la implicación y el estudio personal y que motiven al alumnado para realizar actividades con significación educativa, dentro y fuera del aula (ACPA). De Miguel establece dos estrategias para ayudar al alumnado, las dirigidas a potenciar el aprendizaje (curriculares) y las que facilitan medios y recursos complementarios a dicho proceso (extracurriculares); este autor subraya la necesidad de facilitar las primeras, "es decir, aquéllos (recursos) cuya finalidad es la consolidación de las habilidades que intervienen en los procesos de aprendizaje, especialmente en los cursos iniciales. Esto supone enfatizar todos aquellos apoyos que incidan sobre lo que el sujeto que aprende "debe saber" y no sobre lo que el sujeto que enseña "sabe"" (De Miguel, 1997. En Dunkin, 1995). Sin embargo, el énfasis en el proceso de aprendizaje del alumno conlleva ineludiblemente una reflexión sobre la propuesta de enseñanza del profesor. Las implicaciones para la oferta orientadora en la universidad son entonces obvias: la investigación en y sobre la docencia y la puesta a punto de sistemas de asesoramiento f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 11 asequibles a los profesores (tipo consulta) son algunas de las propuestas que se están perfilando (Rodríguez, 1997) como más viables. Situación de la orientación del aprendizaje Un análisis de las experiencias presentadas en las Jornadas sobre Orientación Académica y Profesional en la Universidad celebradas en Barcelona en 1996, con la participación de 37 universidades y del Congreso Orientación Universitaria y Evaluación de la Calidad celebrado en Bilbao en 1997 dan una idea clara de la situación de la orientación universitaria, la cual se topa, según Echeverría (1997) con los mismos problemas a los que se deben enfrentar las diferentes universidades europeas: a) dificultad en la gestión debido principalmente a la escasa tradición de la orientación en la universidad, unida a la confusión existente entre los conceptos de información, publicidad y orientación y a la tendencia a centralizar los servicios por cuestiones económicas; b) escasa coordinación en el desarrollo de los programas de orientación. Este tipo de dificultades no son diferentes a las que relaciona Saulnier - Cazals (1997) al analizar la situación de la orientación en la universidad francesa. La situación de la orientación universitaria en España se caracteriza en estos momentos, como señala Sánchez (1998), por una oferta en casi todas las universidades de algún tipo de servicio de información / orientación. Respecto al tipo de actividades llevadas a cabo por las universidades en relación al alumnado de los primeros cursos de carrera, presentamos el cuadro - resumen elaborado por Echeverría en base a las experiencias presentadas en las Jornadas celebradas en 1996 en Barcelona: TABLA 1 Oferta de orientación para los alumnos universitarios de los primeros cursos, según Echeverría Actividades Universidades Programa de acogida al alumnado de nuevo ingreso Cursos de técnicas de estudio y trabajo en la Universidad Tutoría / asesoramiento individual Cursos - asesoramiento sobre itinerarios formativos Asesoramiento psicológico, jurídico, otros Barcelona Autónoma, Politécnica, Pompeu y Central; Castellón Jaime I; La Laguna; León; Lleida; Madrid Pontificia; Murcia; Navarra; UNED; Valencia Barcelona Autónoma; Castellón Jaime I; Islas Baleares; Gran Canaria; Lleida; País Vasco; UNED; Zaragoza Barcelona Politécnica y Ramón Llul; Deusto; Girona; La Laguna; Madrid Pontificia; Navarra Pública; País Vasco; Salamanca; UNED Deusto; Granada; Navarra; Valencia Islas Baleares; La Laguna; Madrid Pontificia; País Vasco; Zaragoza f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 12 La modalidad de intervención en lo que se refiere a la orientación del aprendizaje suele ser la de cursos o seminarios (Barcelona, Castellón, Lleida, País Vasco). En los casos de la UNED, Islas Baleares y Zaragoza la atención es de carácter individualizado. A esas iniciativas hay que añadir las aparecidas recientemente, como la oferta de estrategias de estudio en la universidad de la universidades de Sevilla y Granada, entre otras. Como ejemplos recogemos a continuación las características de los cursos desarrollados en las universidades de Barcelona y País Vasco. El objetivo del curso Cómo estudiar en la Universidad desarrollado por el SOU de Barcelona es el de introducir al alumnado de primer curso en la metodología de estudio y trabajo propia de un estudiante universitario y concretamente, dentro de la dinámica de las características de su propia carrera. El curso es desarrollado por los orientadores del SOU durante el primer mes del curso académico. Al alumnado se le ofrece un dossier con la información complementaria al curso. El programa Estilos de aprendizaje y trabajo en la Universidad desarrollado en la en el País Vasco pretende mejorar los estilos de aprendizaje universitarios a través de diversas acciones y con el apoyo de estrategias didácticas y la acción tutorial del profesorado universitario. Se está desarrollando a título experimental en el primer curso de la Escuela de Ingeniería Técnica Industrial. Se ha elaborado un Cuaderno de Metodología de trabajo universitario cuya finalidad es ofrecer ayuda en metodología de estudio y trabajo intelectual y maduración de los estilos de aprendizaje. Otra experiencia que debemos destacar y que no aparece reseñada en el cuadro anterior es la desarrollada en la Universidad de Granada por Castellano y Delgado (1996). Estos autores han diseñado y evaluado un programa integral de orientación universitaria titulado "Participa". El programa está basado en las teorías psicosociales de la orientación, las del desarrollo cognitivo, los modelos madurativos y los de interacción persona - entorno. Los objetivos del programa son los siguientes: 1) comprender la influencia de un autoconcepto positivo; 2) adquirir destrezas en la toma de decisiones; 3) aprender técnicas para superar dificultades de tipo académico; 4) adquirir destrezas para localizar, evaluar e interpretar información, y 5) comprender la relación entre las elecciones académicas y la planificación de la carrera profesional. Cada uno de estos objetivos se desarrolla a través de una unidad didáctica que se ejecuta en dos sesiones de tres horas. El programa está siendo validado en la Facultad de Cienciasde la Educación de la Universidad de Granada. En lo que se refiere a la orientación del profesorado respecto a la optimización de su oferta de enseñanza las diferentes propuestas (formación, innovación...) están siendo vehiculizadas mayoritariamente a través de los ICEs. Su consideración requiere un trabajo específico de análisis que no es posible abordar en esta ocasión. Para finalizar podemos señalar que las experiencias que se están realizando tienen aún un carácter muy parcial y puntual, quizás debido a las dificultades que entraña el f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 13 desarrollar un tipo de intervención más procesual e integral, si bien se comienzan a realizar intentos de mejora de esta situación lo cual puede ayudar a cambiar el estatus de la orientación en el marco universitario. Valgan las palabras de S. Rodríguez (1997) para cerrar este apartado: "El segundo curriculum tiene que estar, como el buen yogur, enriquecido intelectualmente. La falta de nivel universitario del contenido de bastantes de las actividades de orientación ha sido y es la causa de la ácida crítica que desde la tribuna académica se hace a los que hacen orientación universitaria" (Rodríguez, 1997). El aprendizaje de los alumnos universitarios: características y consecuencias para la orientación La aportación más valiosa de los planteamientos ecológicos en ciencias sociales es sin duda la de la haber ligado indisolublemente la explicación de cualquier hecho social al contexto en que se produce, proponiendo además que se tengan en cuenta diferentes niveles en la consideración analítica de cualquier contexto. En el caso del aprendizaje de los alumnos universitarios el contexto de cada universidad y de cada unidad docente podrían ser considerados como el contexto próximo y el contexto inmediato de la enseñanza y del aprendizaje, con una influencia determinante en el proceso y en los resultados del propio aprendizaje. La evaluación de dichos ambientes docentes es el cometido de la evaluación institucional que se desarrolla actualmente en las universidades, y en cuya consideración no vamos a entrar ahora. El contexto amplio del aprendizaje universitario podría ser definido por los resultados globales que obtienen los alumnos en el conjuntos de las universidades, así como por las estrategias que utilizan para producir dicho aprendizaje; y la fuente de datos para su caracterización se localiza en las investigaciones que se realizan en diversos campos pero en especial en el de la pedagogía y en el de la psicología sobre los procesos de aprendizaje de los alumnos universitarios. Es sobre este nivel contextual sobre el que vamos a detenernos. Evolución de la demanda de los estudios universitarios Durante la última década, el incremento de alumnos matriculados en las universidades españolas ha sido constante; como ejemplo de ello hemos recogido en la Tabla 2 algunas cifras referidas al período comprendido entre los cursos académicos 1987 - 1988 y 1992 - 1993 (Consejo de Universidades, 1992), para el conjunto de las universidades españolas y para un caso particular, el de la Universidad de Sevilla (que hemos seleccionado por razones obvias). En este período de tiempo, el número de alumnos matriculados se ha elevado en un 33, 6 % para el total nacional, y en un 44, 9 % para la Universidad de Sevilla. Aunque no ha sido posible obtener datos totales relativos a la población universitaria desde el curso 1993 - 1994, dado que incluso las obras más recientes sobre f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 20 académicos (calificaciones previas, currículum académico) como predictores del rendimiento; entre ellos podemos nombrar los estudios realizados por Infestas (1986), González Tirados (1986) o Tourón (1984).Y los que se centran en la relación entre el estilo docente y el rendimiento académico del alumnado (De la Orden y col., 1985).Y por otro lado, esta autora nos presenta otro conjunto de investigaciones en las que se analiza la problemática de la deserción estudiantil atendiendo a un conjunto más amplio de variables entre las que se cuenta la realizada por Latiesa (1986). Algunos modelos explicativos del fenómeno permanencia - abandono de los estudios universitarios De las teorías que hemos revisado puede decirse que el Modelo de Integración del Alumno de Tinto y el Modelo de Abandono del Estudiante de Bean representan las dos propuestas más comprensivas que se han formulado en relación con el fenómeno del abandono en la universidad. Lo que sigue es una revisión de tales modelos. Modelo de integración del estudiante La propuesta que realiza Tinto (1975, 1982, 1987), apoyándose en la teoría sobre el suicidio de Durkheim (1951) y en el trabajo de Spady (1970, 1971), intenta explicar "el proceso que motiva a los individuos a abandonar la universidad antes de graduarse" (Tinto, s/d). De acuerdo con Tinto, "el abandono es resultado de las interacciones entre un estudiante y su ambiente educativo durante su estancia en una institución de enseñanza superior" (Tinto, s/d). Básicamente, el modelo postula que la permanencia en la universidad "es una función del emparejamiento entre la motivación del individuo y la habilidad academia, de una parte, y las características académicas y sociales de la institución, de otra" (Tinto, s/d). El modelo vendría a afirmar que de la confluencia entre las características del individuo y las propias de la institución se generan en el estudiante dos tipos de compromisos: un compromiso para completar los estudios universitarios (compromiso relativo a una meta) y un compromiso con la universidad correspondiente (compromiso institucional). Según esta ultima formulación, la probabilidad de que un estudiante permanezca en la universidad aumenta en función de la fuerza con la que en se haya arraigado el propósito de acabar sus estudios o el compromiso con su institución. Las variables claves en este modelo aluden, por tanto, a factores internos del estudiante o de la institución tales como la integración académica, la integración social, el compromiso institucional, el compromiso con una meta y la intención de permanecer en la f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 21 universidad. La limitación fundamental que se atribuye al Modelo de Integración del Estudiante tiene que ver con el escaso papel que en este modelo juegan los factores externos a la hora de explicar el desarrollo de las percepciones, compromisos y preferencias del estudiante hacia la permanencia o el abandono de la universidad. Modelo de abandono del estudiante Desarrollado por Bean (1980, 1982a, 1982b, 1983) y por Bean y colaboradores (1985, 1990) esta propuesta se fundamenta en los modelos organizativos de movilidad del personal (March y Simons, 1958) y en los modelos de interacción aptitud - comportamiento (Bentler y Speckart, 1979). Bean argumenta que el abandono del estudiante universitario puede entenderse de forma análoga al fenómeno de la movilidad del personal en el mundo del trabajo, al tiempo que subraya la importancia de las intenciones (irse o quedarse) como predictores de la permanencia en la universidad. En este contexto, el Modelo de Abandono del Estudiante postula que las intenciones se desarrollan a través de un proceso por el que determinadas creencias hacia una institución darían lugar a ciertas actitudes hacia la misma y esas actitudes, a su vez, serían las que conforman las intenciones de permanecer o abandonar la universidad. Las creencias, a las que se refiere este modelo, surgirían de las propias experiencias de los estudiantes con los diferentes componentes de una institución (calidad institucional, programas, amigos). A diferencia del modelo de Tinto esta teoría concede un papel fundamental a los factores externos a la institución, incluso por encima de los factores intelectuales. La aprobación de la familia, las actitudes hacia las finanzas y la posibilidad de cambiar de universidad que suponen los estudios son factores que directa o indirectamente influyen en las actitudes y decisiones que adoptan los estudiantes de cara a su permanencia en la universidad. Las variables claves en este modelo aluden tanto a factores internos al individuo o a la institución (programas, calidad y ajuste de la institución, apoyo de los amigos) como a factores externos (aprobación de la familia, actitudes hacia las finanzas, posibilidad de cambiar de universidad). Los modelos descritos presentan bastantes puntos en común y algunas diferencias apreciables. Ambos modelos destacan que la permanencia en la universidad resulta de un conjunto complejo de interacciones que se van conformando a lo largo de la estancia del estudiante en la universidad. De igual manera los dos modelos subrayan la importancia de la interacción entre individuo e institución como elemento básico para explicar la permanencia en la universidad. Sin embargo, también pueden observarse puntos de desencuentro. Así, mientras el Modelo de Integración del Estudiante destaca el rendimiento académico como un indicador de la integración académica, el Modelo de Abandono del Estudiante contempla el progreso del estudiante en el plan de estudios como resultado de un proceso psicosocial. Un estudio realizado por Cabrera y col. (1992), utilizando modelos estructurales analizados a partir de LISREL 7, y en el que se comparan ambos modelos de permanencia / abandono sobre una muestra compuesta por 2.453 estudiantes de una universidad urbana concluye que si bien el Modelo de Integración del Estudiante resulta más robusto en términos del número de hipótesis validadas, el Modelo de Abandono del f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 22 Estudiante explica un mayor porcentaje de varianza en relación tanto con el intento por permanecer (60, 3 % frente a un 36 %) como con el constructo de permanencia del estudiante en la universidad (44 % frente a un 33 %). En lo que respecta a la cuestión de convergencia, los resultados indican que las dos teorías no resultarían mutuamente excluyentes; más bien serían complementarias en la medida en que se asuma la posibilidad de incorporar el rol de los compromisos organizativos y del propio estudiante. Otros factores implicados en el éxito académico Las teorías sobre el abandono de la universidad no ofrecen, a nuestro entender, una explicación suficientemente comprensiva del problema del fracaso en los estudios universitarios. Pensamos que tales teorías, incluso las que están bien fundadas como el Modelo de Integración del Estudiante y el Modelo de Abandono del Estudiante, tienden a subestimar la influencia de dos dimensiones del problema que consideramos básicas: a) los procesos instruccionales que se desarrollan en el aula y su conexión con los resultados del aprendizaje; y b) los cambios cualitativos en los procesos a través de los que los estudiantes perciben y razonan sobre su propia experiencia, y que tienen lugar en esa etapa del desarrollo que para muchos de ellos está comprendida entre los 18 y los 22 años. La evolución del pensamiento del estudiante En una de las teorías más utilizadas por orientadores y consultores en el contexto universitario estadounidense, Perry establece tres niveles para describir la evolución del pensamiento del estudiante en relación con la naturaleza del conocimiento, la idea de verdad, los valores y las responsabilidades individuales y colectivas. Los niveles de desarrollo intelectual a los que Perry se refieren son el dualismo, el relativismo y el compromiso. En un pensamiento dualista, el nivel más bajo de elaboración del pensamiento que está presente en no pocos alumnos de los primeros cursos universitarios, los estudiantes entienden las interpretaciones sobre la realidad física, individual y social en términos absolutos. Desde esta perspectiva dualística los estudiantes creen que las respuestas a los interrogantes científicos sólo pueden presentarse bajo formas correctas o incorrectas. De hecho miran a la autoridad, y por ende a la figura del profesor, como la respuesta correcta ante los problemas que se plantean en una disciplina científica dada o incluso ante los dilemas morales que se presentan en su devenir cotidiano; lo incierto y lo equivoco se ven como errores. Los estudiantes que se encuentran en esta etapa evolutiva consideran que sus profesores deberían proporcionarles materiales bien estructurados y, en el desarrollo de las clases, ofrecerles informaciones claras e inequívocas. En un pensamiento relativista los estudiantes interpretan la realidad física, individual y social en términos contextuales. Cuando su pensamiento se sitúa en una etapa relativista los estudiantes reconocen como legítimas no una sino muchas posibles perspectivas, por f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 23 lo tanto les gusta estudiar una gran diversidad de respuestas ante el mismo problema. En relación con el desarrollo de las clases, los estudiantes que exhiben un pensamiento relativista, se sienten cómodos en una atmósfera de clase menos estructurada y piensan que el papel del profesor no es otro que el de ayudar a los estudiantes a identificar y evaluar perspectivas alternativas. En el último escalón evolutivo del pensamiento de los estudiantes, la etapa de compromiso, el alumno llega a ser hábil para evaluar las cuestiones y para explicar sus creencias desde una perspectiva analítica y bien fundada. Los estudiantes que han alcanzado este nivel de desarrollo intelectual comienzan a tener claros sus valores y a construir y asumir sus propios compromisos. En las primeras manifestaciones de esta etapa de los estudiantes comienzan a ver el rol del profesor como el de una persona que orienta la evaluación y la elección entre las diferentes perspectivas existentes frente a un problema físico, individual o social. La teoría de Perry ha contado con la inestimable aportación ofrecida desde diferentes instrumentos de evaluación que han hecho posible conocer el nivel de evolución del pensamiento del estudiante universitario, favoreciendo así el propio desarrollo y aplicación de sus postulados. Así, podemos aludir a instrumentos como •The Measures of Epistemological Reflection• de B axter, Mangolda y Porterfield (1985) y • Measurement of Intellectual Develpment• de K nefelkamp (1974). De igual modo, se han desarrollado diferentes experimentos siguiendo las aportaciones de Perry (Clinchy y Zimmerman, 1982; Rodgers y Widick, 1980). Aprendizaje del estudiante y estrategias de estudio En una revisión comprensiva de diferentes alternativas destinadas a ayudar al alumno en sus estudios universitarios Entwistle (1992) identifica hasta cuatro enfoques diferentes dentro de un campo que se esboza desde términos tales como técnicas de estudio, estrategias de aprendizaje, estilos de aprendizaje, entre otras. El fomento de habilidades de estudio puede considerarse como uno de los enfoques tradicionales y, desde luego, de los más extendidos en ese campo. No es raro encontrar materiales o documentos, incluso en algunas facultades españolas, que bajo el epígrafe genérico de "Cómo estudiar" agrupan diferentes habilidades de estudio. Los manuales al uso abordan tópicos tales como: encontrar un lugar para estudiar cuyo emplazamiento físico facilite el estudio; mantener la motivación y la concentración; reforzar la memoria; mejorar la velocidad lectora; tomar notas; escritura - fácil; preparar informes de laboratorio; organizar calendarios de trabajo; revisar; y preparar exámenes. Por tanto, estos manuales del tipo "Cómo estudiar" continúan utilizando selectivamente la evidencia psicológica existente para justificar determinadas prácticas que, en realidad, se derivan de la experiencia personal o que descansan en la lógica o en el sentido común. Aunque, efectivamente, aconsejar a los estudiantes que se apoyen en tales o cuales habilidades de estudio no puede suponer sino un beneficio potencial para éstos, es posible identificar al menos dos "contraindicaciones" asociadas a su utilización. La f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 24 primera está relacionada con el hecho de que el consejo que tales habilidades de estudio ofrecen resulta en sí mismo absolutamente irrealista, exigiendo un esfuerzo suplementario que supone un sobre - aprendizaje que el estudiante no siempre puede mantener (Gibbs, 1981). La segunda se deriva de la propia esencia bajo la que se formulan tales consejos a los estudiantes y es que el dominio de las habilidades de estudio rara vez implica que una actividad como el estudiar se conciba como una forma útil de adquirir conocimiento, de llegar a comprender los hechos, teorías o aplicaciones o de desarrollar al alumno como persona. Las estrategias de entrenamiento, que pueden considerarse como alternativa al fomento de las habilidades de estudio, implican ofrecer a los estudiantes un conjunto de procedimientos lógicos a seguir que les proporcionan apoyos iniciales al enfrentarse con las tareas académicas más usuales. Este planteamiento se cimienta en la idea de que el aprendizaje académico requiere el uso de estrategias y habilidades generales adecuadas que, rara vez y de forma explícita, son enseñadas a los estudiantes durante las clases. Dansereau ha desarrollado un conjunto bastante elaborado de procedimientos relativos a las estrategias de entrenamiento. Este autor distingue, en primer término, entre estrategias primarias y estrategias de ayuda. De una parte las estrategias primarias describen los procesos cognitivos implicados en el propio aprendizaje. De otra parte las estrategias de apoyo aluden a aquellas actividades de concentración y organización que permiten aprender para seguir adelante de forma eficiente. Existe alguna evidencia, aparte de los estudios realizados por Dansereau (1985, 1988), de que los efectos de las estrategias de entrenamiento pueden verse favorecidos cuando éstas se desarrollan enmarcadas en procesos de aprendizaje cooperativo en los que la lectura se realiza por grupos formados con dos estudiantes. El desarrollo de los enfoques para aprender parte del supuesto que los estudiantes tienen intenciones diferentes cuando se enfrentan a una tarea de aprendizaje dada. Así, a partir de los trabajos pioneros de Marton y Saljo (1984) o Marton y col. (1984) y de las aportaciones posteriores de Ramsden (1981), Biggs (1978) y Erekson (1992), es posible afirmar que los estudiantes universitarios difieren entre sí en función de los enfoques que utilizan para leer un texto, escribir un ensayo o resolver un problema. Marton y sus colaboradores hablan de dos enfoques distintos: uno profundo y otro superficial. El primero, el enfoque profundo, se apoya en la intención del estudiante por alcanzar una comprensión personal del material presentado; el estudiante que adopta este enfoque tiene que interactuar críticamente con el contenido, relacionarlo con sus conocimientos y experiencias previas así como valorar las evidencias y juzgar los pasos lógicos en que se apoyan determinadas conclusiones. El segundo, el enfoque superficial, implica tan sólo la intención de cumplir con las exigencias de determinada asignatura, vistas como imposiciones externas que se alejan mucho de lo que al alumno le interesa de verdad; el alumno que adopta ese enfoque asume una concepción del aprendizaje como memorización. f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 25 A los enfoques descritos por Marton y sus colaboradores, habría que sumarle un nuevo enfoque para el aprendizaje que identificaron de forma independiente y que denominaron estratégico (Ramsdem) y de logro (Biggs). Este enfoque implica utilizar métodos de estudio bien organizados y gestionar el tiempo de forma adecuada, pero también estar alerta ante las recomendaciones dadas por los profesores (y orientadores) sobre aspectos tales como la selección de asignaturas o la forma y contenido de los exámenes. Es como si el estudiante fuera consciente de dos focos de atención por separado: el contenido académico y el sistema de recompensas del profesor (Entwistle y Entwistle, 1991). Finalmente los estilos de aprendizaje van encaminados a describir los esquemas de comprensión utilizados por los estudiantes. Pask (1976) consiguió identificar las diferentes estrategias de aprendizaje que presentan los estudiantes cuando tratan de comprender determinada realidad; ellos parecían manifestar ciertas preferencias en los estilos de aprendizaje que adoptaban. Así, algunos estudiantes adoptaron un estilo holístico en el que, desde el principio, se enfrentaban a una tarea desde una perspectiva lo más amplia posible, estableciendo un enfoque que iba más allá incluso de la propia tarea. Su proceso de aprendizaje buscaba construir una forma particular de comprender las cosas profundamente enraizada en sus propias creencias y experiencias e implicaba el uso de ilustraciones, ejemplos, analogías, anécdotas. Los holistas más extremos resultaban impulsivos, incluso desdeñosos en su uso de la evidencia, tendiendo a generalizar demasiado rápidamente y a llegar muy pronto a conclusiones poco fundadas. Otros estudiantes, en cambio, preferían un estilo serialista en el que afrontaban la tarea comenzando por fijarse en un aspecto concreto, para con cautela concentrarse en los detalles y en las conexiones lógicas y, sólo al final del proceso, adoptar un contexto más amplio de análisis. Los serialistas más extremos eran demasiado cautos, no siendo capaces de identificar relaciones fundamentales o analogías útiles, de forma que su comprensión de las situaciones a menudo resultaba empobrecida. En el trabajo de Pask se descubrió, además, una relación básica entre los estilos de aprendizaje de los estudiantes y los materiales con los que aprendían. Según esa relación aquellos estudiantes que lograban armonizar su estilo de aprendizaje con los materiales de estudio aprendían mejor y más rápidamente. En este sentido Pask destacó el hecho de que los estudiantes deberían ser hábiles para adoptar lo que este autor describió como estilo versátil. En un estudio posterior (Pask, 1988) trabajó desde la posibilidad de ayudar a los estudiantes a ser más versátiles acomodando su estilo de aprendizaje en las tareas que así lo requieran, aunque sus preferencias estilísticas se mantuvieran con toda su fuerza, como de hecho así parece que ocurre. En este sentido, Entwistle (1988) viene a subrayar que los estilos de aprendizaje presentan un grado de modificabilidad limitada, por lo que los estudiantes necesitan opciones desde las que elegir los métodos y materiales que les acerquen a sus propios estilos de aprendizaje. f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 26 Perspectivas de acción orientadora Las propuestas de explicación del abandono de los estudios universitarios por los estudiantes proporcionan un marco de referencia útil la estructuración de la acción orientadora en la universidad. No obstante, será necesario que los planificadores de esta acción se decanten por aquélla de esas propuestas que les ofrezca un mayor confianza en su capacidad explicativa del fenómeno del abandono. Y las teorías interaccionistas parecen, desde nuestro punto de vista, reunir esa cualidad en grado eminente. Desde esa perspectiva la oferta de orientación en la universidad iría dirigida fundamentalmente a: Facilitar la integración del estudiante en la vida universitaria - Configurar una oferta de servicios asistenciales de calidad - Ofertar programas específicos de integración en la vida de la universidad - Apoyar el ajuste a las exigencias académicas de la unidad de docencia - Asesorar el ajuste oferta (unidades de docencia)-demanda de formación (alumnos) Los datos que proporcionan las investigaciones sobre lo otros dos factores analizados, la evolución del pensamiento del estudiante y las estrategias de estudio, posibilitan igualmente la operativización de propuestas de orientación dirigidas a la optimización del proceso de aprendizaje de los alumnos. Su contenido sería el siguiente: Facilitar la adquisición de estrategias de aprendizaje por los estudiantes - Ofertas de diagnóstico del tipo de pensamiento aplicado - Asesoramiento a los profesores sobre las características del pensamiento de sus alumnos - Ofertas de orientación sobre estilos y estrategias de aprendizaje individual y cooperativo - Asesoramiento para la adquisición de habilidades de estudio - Orientación al profesorado sobre estrategias de prevención del fracaso académico El proceso de enseñanza: relaciones entre docencia de calidad y orientación f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 27 El concepto de docencia de calidad constituye desde hace tiempo el motor de la evaluación de las universidades en España. Este empeño colectivo por justificar el coste económico y las funciones desempeñadas por las instituciones universitarias no tiene parangón en ningún otro ámbito de la administración del estado (no parece que haya mucha gente interesada en hacer una evaluación similar, por ejemplo, en el ejército, en las administraciones central o autonómicas, etcétera); y se espera de él que aporte una información lo suficientemente valiosa como para basar en ella las decisiones de cambio y mejora institucional que aseguren un razonable nivel de satisfacción de los usurarios de la universidad: los estudiantes, los empleadores y la sociedad en su conjunto. Sin embargo, el concepto mismo de docencia de calidad está por construirse en nuestras universidades y su definición es una de las metas del movimiento de evaluación de la universidades españolas iniciado en esta década. Dicho concepto tiene diferentes niveles de definición (de expectativa social, normativo - institucional, comparado, entre otras) y requiere para su concreción la integración de las percepciones de diferentes actores, de entre los cuales consideraremos en este trabajo solamente la de los profesores. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la docencia de calidad tiene, desde la perspectiva de los profesores, una dimensión colectiva (constituida por la cultura de cada universidad y de cada centro de enseñanza universitaria) y una dimensión individual (proceso de enseñanza aprendizaje que el profesor oferta a sus alumnos). La evaluación institucional puede proporcionar bastantes datos sobre cómo se resuelve la tarea docente de los profesores en cada centro, incluso cuáles son algunas de las peculiaridades de la oferta de cada profesor; pero es posible que no sea capaz de captar las peculiaridades de la "cultura" de cada departamento o las exigencias / dificultades de los procesos de enseñanza aprendizaje en diferentes momentos de la vida del estudiantes (alumnos de primero, alumnos con proyecto de fin de carrera...) o bien las exigencias / dificultades de la transmisión de conocimientos en asignaturas concretas. Aportaciones para la orientación de la evaluación institucional de las universidades Las experiencias de evaluación generalizada de la enseñanza universitaria se inician en España en 1981 (Tejedor, 1991). Durante más de una década se realizada en prácticamente todas la universidades una evaluación centrada exclusivamente en el profesor, evaluación del profesorado, a partir de la opinión de los alumnos expresada en un cuestionario; las dimensiones generalmente evaluadas han sido las de calidad del programa, dominio de los contenidos de las materias, forma de relacionarse con los alumnos, cumplimiento de sus obligaciones, recursos didácticos utilizados, formas de evaluar y valoración global del profesor. La repercusión de estas prácticas evaluadoras en la oferta formativo - orientadora para el profesorado puede resumirse, con palabras de Rodríguez (1991), en una "escasa o nula vinculación de la evaluación... con acciones institucionales de carácter formativo". Con un afán de superación de las grandes limitaciones de esa perspectiva, los planteamientos en pro de la evaluación de la calidad de todo el sistema de docencia universitaria (y no solo del profesorado) cristalizan definitivamente en nuestro país a f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 28 comienzos de la presente década con la elaboración del Programa Experimental de la Evaluación de la Calidad del Sistema Universitario, al que siguió el actual Plan Nacional de Evaluación de la Calidad de las Universidades. Refiriéndonos a éste último, se han contemplado dos estrategias básicas para la evaluación: la autoevaluación realizada por la propia unidad docente (área de conocimientos, departamento) y la evaluación externa por pares que es llevada a cabo por evaluadores pertenecientes a las mismas unidades de docencia pero procedentes de otras universidades. Para unificar criterios y procedimientos de evaluación el Consejo de Universidades ha elaborado dos instrumentos, el Protocolo de Evaluación y la Guía de los Evaluadores Externos. La finalidad del actual plan de evaluación es, como también se declaraba en el programa anterior, la de determinar la calidad de cada universidad; para ello se evalúa cada unidad de docencia (departamento, área de conocimientos...) con objeto de "formular juicios de valor sobre el diseño, la organización y el desarrollo de los procesos y los resultados de la enseñanza, la investigación y la gestión, en relación con los objetivos propios de la unidades evaluadas, con el fin de estimar su calidad y proponer acciones de mejora". Están previstos 10 ámbitos de evaluación en relación con la docencia (dimensión enseñanza): 1- El contexto institucional 2- Metas, objetivos y planificación 3- El programa de formación 4- Desarrollo de la enseñanza 5- Alumnado 6- Profesorado y personal investigador 7- Instalaciones 8- Gestión de calidad 9- Relaciones externas 10- Puntos débiles y fuertes De ellos, la información generada en los ámbitos 2, 3, 4 y 5 será de especial relevancia para la elaboración de ofertas de formación y orientación para el profesorado. La aplicación de este plan está generando mayores expectativas en cuanto a la calidad y significación de la información que se recoge y su presumible valor para la elaboración de propuesta de mejora. Todavía es muy pronto para responder a la pregunta de en qué medida esa información está sirviendo para la configuración de propuestas de formación y orientación destinadas a los diferentes agentes de la enseñanza universitaria (profesores, gestores, alumnos...). La información aparecida en las revistas de educación (Vidal y col., 1998; Apodaca, 1998) sobre la evaluación realizada en algunas universidades hace referencia a aspectos como la constatación de deficienciasestructurales y organizativas (escasa colaboración entre los distintos departamentos, excesiva fragmentación de los grupos de investigación); recomendaciones sobre estrategias para mejorar el propio proceso de evaluación institucional de la universidades (peso insuficiente de la perspectiva de los alumnos); resultados del propio proceso de evaluación (creciente aceptación en la universidades de la cultura evaluadora). f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I I I / / 2 2 0 0 0 0 0 0 29 La proclamada validez de la información para elaborar estrategias de mejora necesita concretarse en planes o programas de calidad en los que las ofertas de orientación (didáctica, metodológica, tutorial, de inserción profesional...) han de tener un papel importante. Aportaciones de investigaciones específicas sobre el proceso de docencia La configuración de esta oferta de orientación requiere además aprovechar la propia experiencia acumulada en cada universidad y en cada centro mediante la formalización de lo que entienden por docencia de calidad sus profesores (y, naturalmente, también sus alumnos). Para ello será necesario, a partir de los datos generados en la evaluación institucional, poner en marcha procesos de debate colectivo o programas de investigación que recojan las percepciones e interpretaciones de los profesores sobre el conjunto de funciones que les son demandadas, las necesidades de formación y orientación subsecuentes... respecto a una docencia de calidad tal como es percibida por sus actores (profesores y alumnos). Y esto ha de ser así porque el concepto de calidad de la enseñanza es siempre relativo: no es posible definir la calidad si ésta no está ligada a un contexto; es el contexto y sus actores quienes establecen los estándares de calidad. De ello se desprende que para contextualizar las ofertas de orientación será necesario llevar a cabo investigaciones específicas para intentar comprender las formas que tienen los profesores de entender la docencia, de describir las demandas y de responder a las demás funciones docentes. Desde esta perspectiva presentaremos a continuación una síntesis de la información recogida recientemente entre los profesores de la universidad de Sevilla y de su posible utilización a efectos de configuración de una oferta orientadora. La investigación se llevó a cabo durante el curso 1997 - 1998 (Álvarez y col., 1998) patrocinada por el ICE de esta universidad; la meta que persiguió fue la de recoger las aportaciones que sobre la docencia universitaria podían realizar los profesores que había sido mejor evaluados por los alumnos en la última evaluación institucional; participaron 25 profesores: el mejor evaluado en cada una de las facultades o escuelas universitarias. Con objeto de poder delimitar con precisión esas aportaciones sobre las prácticas docentes de calidad de estos profesores se realizó inicialmente una entrevista en profundidad con cada uno de ellos; además se efectuó una aproximación al concepto colectivo de docencia de calidad, es decir, al producido en situación de interacción con otros colegas, para lo cual se organizaron tres foros de debate mediante la técnica de grupo de discusión en los que participaron todos los profesores integrantes de la investigación. Los que ahora nos interesan son los datos aportados por los profesores en esa situación de interacción social, que hacen hincapié en que una docencia de calidad es el resultado de la interacción de un conjunto de variables que aparece en el la Tabla 6. f f u u n n d d a a m m e e n n t t o o s s e e n n h h u u m m a a n n i i d d a a d d e e s s a a ñ ñ o o I I I I – – n n ú ú m m e e r r o o I I ( ( 3 3 ) ) / / 2 2 0 0 0 0 1 1 36 otros datos, mediante procesos de investigación específicos, relativos a los procesos "culturales" particulares en los que se lleva a cabo el aprendizaje de los alumnos y la docencia de los profesores ♦ Referencias bibliográficas ACPA (1994). The student learning imperative: implications for student affairs. Washington, DC: Autor. Álvarez, V. y otros (1998). Profundizando en la calidad de la enseñanza: aportaciones de los profesores mejor evaluados de la Universidad de Sevilla. Sevilla: ICE. Apodaca, P. M. (1998). 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