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Pequeño grimorio de animales y criaturas fantásticas en la Edad Media española

Jiménez Alcalá, Paula

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1 PEQUEÑO GRIMORIO DE ANIMALES Y CRIATURAS FANTÁSTICAS EN LA LITERATURA DE LA EDAD MEDIA ESPAÑOLA Herbert James Draper, Ulises y las sirenas, Ferens Art Gallery, Kingston upon Hull. Trabajo Fin de Grado Grado en Filología Hispánica 2017/2018 Tutor: Julián González Barrera Realizado por: Paula Jiménez Alcalá 2 Índice 1. Introducción .................................................................................................. 3 2. Contexto. Superstición, magia y criaturas fantásticas .................................... 4 3. El fisiólogo .................................................................................................. 11 4. Análisis del contenido simbólico de animales…........................................... 14 Aves ................................................................................................ 14 León ................................................................................................ 21 Serpiente ......................................................................................... 26 Ciervo ............................................................................................. 27 Lobo ............................................................................................... 27 Conejo o liebre ................................................................................ 28 Conclusiones .................................................................................................. 28 3 1. Introducción En el presente trabajo se expondrá un estudio relacionado con el análisis de los animales y las criaturas fantásticas que circulan y penetran en la literatura de la Edad Media española. El objetivo principal de este estudio es descifrar y comprender la superstición que ahonda en el pensamiento del hombre del Medievo y cómo estas creencias se depositan en los seres creados por la imaginación de la propia sociedad. Desentrañaremos la simbología de estos entes y cómo su significado varía o se mantiene inerte en la literatura y en la sociedad en sí, pues ambas van unidas, como comprobaremos. Se analizará la alegoría de los animales más sobresalientes en nuestra literatura, y su significación se verá reflejada en los ejemplos expuestos mediante las obras de nuestros autores. Para ello, nos basaremos principalmente en los conocimientos que nos ofrecen los bestiarios de la época, en concreto El fisiólogo, una de las obras más influyentes en la materia hasta la etapa del Renacimiento. Estos saberes servirán como pilar fundamental para descifrar los signos que envuelven a las criaturas que presentamos en este estudio. A su vez, será de gran ayuda la aportación hecha por A. Garrosa Resina, autor que mencionaré y aclamaré en indefinidas ocasiones, pues su publicación ofrece un análisis exhaustivo sobre contenidos que conciernen a mi óptica de interés. Es un tema de gran fascinación en general, que no solo llama a la puerta de los estudiosos, sino a la de toda la sociedad. Este atractivo está motivado por su carácter profundo, misterioso y oculto, además de pertenecer a una época enigmática de la que aún queda mucho por estudiar, pues hay escaso material y las fuentes no son del todo precisas. Esto despierta la curiosidad de cualquier hombre, pues existe una gran base supersticiosa que pervive a día de hoy y que tiene su origen en esta etapa medieval, donde todo es intriga, secreto y ocultación. Secreto que ha de ser estudiado y analizado, como comprobaremos más adelante. Las criaturas fantásticas, los animales, las piedras…, todo aquello que entra en el juego de la creencia y la magia golpea la llama curiosa que emerge en todo ser humano, ya que carece de explicación científica y, además, sigue unos cánones antiguos que van más allá de la época del Medievo, como será el mismo período clásico. En primer lugar, plantearemos el extenso marco teórico donde surge y se maneja todo el asunto que concierne a nuestro estudio. Para ello, hay que tener en cuenta el 4 momento histórico, las circunstancias sociales, culturales y políticas, así como la importancia de la religión y la fe que rigen la época, penetrando en la sociedad con una brutalidad que podremos observar en las mismas ideas que se vierten en los animales que veremos más adelante. En segundo lugar, nos adentraremos en el mundo de El fisiólogo, tan importante en la época como en nuestro estudio, pues nos ofrece un amplio abanico de significados y sentidos atribuidos a los animales. Tendremos en cuenta aquí el papel de la ciencia y la religión, pues influye de manera determinada en la forma de presentarse tal bestiario. Y, por último, calaremos de lleno en los animales más destacados de nuestra literatura, analizando detenidamente su sentido a lo largo del tiempo y, en concreto, el momento medieval, que es el que realmente nos interesa. Para ello traeremos a memoria las obras artísticas de nuestros autores, más precisamente los versos donde se mencionan tales seres, con su respectiva historia, totalmente necesaria para descifrar los signos que atañen a nuestro estudio. Para llevar a cabo este análisis es necesario seguir un orden y metodología. Comenzaremos describiendo los sentidos más característicos del animal, en general, si abarca a otras culturas o, en concreto, si pertenece casi en exclusividad al pensamiento y a la literatura española del período medieval. Casi todos los animales juegan un papel diferente dependiendo de la cultura y del momento. Esta significación multivalente puede traernos diversos problemas, pues deberemos decantarnos por el significado más concreto y acertado subordinado al contexto literario en el que se encuadra el animal. No es una labor fácil, y por ello será de gran ayuda El fisiólogo, mencionado anteriormente. Si bien es un bestiario con un poder arrasador, debemos tenerlo en cuenta para nuestra observación y elección. 2. Contexto. Superstición, magia y criaturas fantásticas Las supersticiones y las creencias constituyen una materia que está totalmente determinada por el contexto en el que se inscriben, siendo modificadas al paso que evoluciona y avanza la sociedad y el mundo en el que circulamos de manera errante. El pensamiento cultural se configura aquí como un pilar fundamental que hay que tener en cuenta a la hora de analizar tales ideas. 5 Todos los pueblos han tenido, en sus creencias, un primer principio, un Dios; en todas las sociedades, algunos individuos se han apartado de la creencia general y han acuñado formas especiales que se han extendido entre el mismo pueblo, modificando la primitiva creencia. Cuando ese pueblo ha sido conquistado por otro, o cuando un nuevo sistema religioso se han impuesto por diversas razones -políticas, morales, de aculturación-, han quedado subyacentes ritos, fiestas, costumbres, que en forma de substrato permanecen deformando la vida religiosa del pueblo a través de la historia. Esto es lo que da lugar a las supersticiones con harta frecuencia. Su reflejo se muestra en la vida corriente y con gran amplitud en el saber popular que -al desfolklorizarsepasa a la literatura escrita (Garrosa Reina, 1987: 7). La Edad Media española se caracteriza por ser un período impregnado de supersticiones. Aquí entra en juego la magia, las creencias religiosas, los animales y las bestias fabulosas que orbitan entre la realidad y la ficción. El tema de los hechizos y, por extensión, los ingredientes, va muy ligado a la deposición de este contenido mágico y supersticioso en algunas de estas bestias. Existe una estrecha relación porque «guardan relación con otras prácticas más o menos afines, como la brujería, los encantamientos, las técnicas adivinatorias, etc. y, en cierto sentido, con la alquimia y la física, tal y como se practicaban en la Edad Media» (Ibíd.: 14). Esto tendrá su reflejo en la literatura española medieval. Antes de entrar de lleno en el contenido literario es necesario abordar el tema desde el prisma histórico en el que se mueve todo este paradigma fantasioso. Como bien señala el Diccionario de Autoridades (1734), la magia es una ciencia o arte que enseña a hacer cosas extraordinarias y admirables. Es una definición bastante escueta si atendemos a todo el tema que queremos abarcar en este trabajo. Lo mágico siempre se ha relacionado con la práctica de brujas y magos, más a favor del sexo femenino, debido a la gran connotación negativa que arrastraba prácticamente desde la Creación con el modelo talmúdico de Lilith. Esto nos lleva a una vinculación directa con la creencia religiosa y todo aquello que va en contra de ella, que será tachado de antinatural y considerado como una amenaza para el ser humano. También debemos de tener en cuenta la bifurcación entre magia negra y magia blanca, la primera vinculada al mal y al demonio, mientras que la segunda es natural y beneficiosa. La religión penetrará en la conciencia del hombre medieval con una fuerza y un caudal imparable. La pirámide social contaba con un primer eslabón otorgado a Dios Pantocrátor, conocimiento que nos lleva a pensar en la configuración del pensamiento medieval y sus consecuencias, no solo en la vida cotidiana, sino también en las 6 creaciones artísticas y los movimientos históricos que abarcan y reflejan el contexto medieval. Así, nos adentramos en una sociedad que se mueve en un plano de dogmas, ideales y fe, orientados hacia el cristianismo. Todo lo que se desvía de este camino recto conllevará connotaciones negativas que tendrán su reflejo en acciones humanas como la condena física, véase la Santa Inquisición, y la persecución de pensamientos. Con esto, no solo hacemos mención a la creencia en brujas, magia, hechizos y demás, sino también a las suposiciones guiadas por la astrología, las visiones y los sueños, las cuales personificarán no solo al hombre medieval, sino también a toda la literatura de este período: Y no es solo la masa ignara o analfabeta; es todo el pueblo, desde el rey hasta el último labrador, pasando por los eruditos monjes, quienes rechazan o aceptan supersticiones como los agüeros, la astrología o la creencia en milagros y tradiciones (Ibíd.: 8) A lo largo de todo este extenso estudio de la época medieval y su literatura se ha hecho patente el fuerte arraigo que tiene la astrología y los sueños en este tiempo. Es un tema que abarcará una gran cantidad de obras, y que incluso a día de hoy podríamos decir que perdura, aunque no con la intensidad que se daba entonces. La suma de libros que encontramos con este carácter mágico nos ayuda a estudiar el momento histórico en el que se encuentran, pues la literatura, grosso modo, refleja su tiempo. Podremos deducir cuál era la actitud del hombre castellano medieval frente a la fantasía y la inverosimilitud de tales creencias supersticiosas, pues creemos que la literatura de una época y de un pueblo es un buen reflejo del modo de pensar y de actuar de ese mismo pueblo (Ibíd.: 11). Es por eso que debemos tener muy claro el pensamiento religioso medieval, que encauzará un raciocinio subjetivo, basado en creencias y supersticiones, las cuales regirán la vida del hombre y todo lo que gira en torno a ella, como es la misma literatura. Roma al principio consideraba los ritos de la religión cristiana como prácticas hechiceriles, por lo que el cristianismo estaba mal visto en su comienzo por la comunidad pagana. Por temor a las persecuciones se produjo el ocultismo en ritos cristianos y esto dio lugar a las creencias supersticiosas. La superstición es un hecho que acompaña al hombre desde tiempos remotos y no solo debemos adecuarlo al período de la Edad Media, pues sus antecedentes más 7 inmediatos y correlativos los hallamos en la misma era clásica, motivada también por tales creencias visionarias y oníricas. Ni mucho menos podemos reducirlo exclusivamente a la Edad Media española, pues órbita en todo el plano europeo, incluso a niveles mayores que en la península Ibérica. En todo este plano supersticioso tiene fuerte relevancia las ideas que se vierten en determinados animales, piedras e incluso objetos. Todos ellos constituyen un amplio abanico que se irá fortaleciendo y ampliando a medida que deambulan en el tiempo y en el espacio. Estos animales pueden contener visiones fantásticas, que de manera reiterada han marcado la historia de nuestro mundo, llegando a abarcar el trasunto del mito y la leyenda. Muchas alimañas, fieras y bestias participan de este ámbito fantástico, al otorgársele ciertas características y rasgos difíciles de creer por ser indemostrables desde un punto de vista científico, objetivo y visual. Es el caso de los unicornios, las sirenas, los centauros, etc. Criaturas que han ido configurando un imaginario legendario y que han sido fruto y precedente de muchas obras en la literatura, y no solo en la española. Aquí entra en juego la ambigüedad entre lo real y lo irreal, la base objetiva y sustanciosa y la aplicación fantasmagórica, la cual atrae con cierto imán al hombre, motivado por la curiosidad y por aquello que no configura su marco circundante basado en la realidad. Todo aquello que se desvía de lo cotidiano atrae con mayor ímpetu, pues salta a la vista y rodea la lógica humana. La irrealidad nos permite adentrarnos en un mundo hecho con nuestras manos, donde nosotros construimos, ponemos y quitamos según nuestro antojo. He aquí el nacimiento de los seres mitológicos y los animales que creamos a medida en base a nuestro pensamiento. El hombre envidia al pájaro porque puede volar, y ambiciona a los seres marinos porque pueden respirar bajo el agua. Así, surge la configuración de seres que se construyen en base a estos sueños e ideales, floreciendo de esta manera las sirenas o los ángeles, por ejemplo. Debemos preguntarnos qué tanto hay de realidad y qué tanto hay de ficción en la creación de estos seres, pues, a pesar de que hoy es clara su no existencia, hay personas que siguen estudiándolos, investigándolos y buscándolos, anclándolos a un territorio concreto y creando sobre ellos historias que levitan en el límite de la verdad y la mentira; véase por ejemplo, el Yeti, el Bigfoot, el Chupacabras, etc. Esto nos crea confusión y esperanza, en algunos casos, pues nos dejan una puerta abierta a pensar que estas criaturas existieron o quizás existan. Solo es una remota posibilidad, hoy 8 prácticamente extirpada ya. Este juego ambiguo que crea la leyenda y el mito será un contenido muy potente para las obras literarias, configurando un ejemplario fabuloso a la disposición de todos. El Diccionario de Autoridades afirma de la leyenda que se toma también por la historia o otra materia que se lee. Desde tiempos insólitos la leyenda se configura como una narración popular que viaja de labio en labio, lo cual implica la ampliación de partes de la historia, criaturas y versiones diferentes, que transitan y se modifican a lo largo del sendero de la vida, tomando rasgos de diferentes procedencias y alterando otros según el antojo de los transeúntes. Este carácter oral es muy importante, y no solo marca a la leyenda, sino a historias y a seres que se han ido armando y han tomado significados compactos y hasta hoy fijos. El mito participa también en este juego. Nos interesa mucho más, pues a diferencia de la leyenda, se sirve notablemente de un mayor número de criaturas y seres importantes para este estudio. La mitología clásica ha gozado de una tremenda popularidad en la civilización europea. Esta nace fruto de la necesidad de comprender el mundo que abraza al hombre. No es más que otra forma de intentar explicar y comprender tanto lo visual como lo material que asecha y ahonda en el escenario de la Tierra. El mundo de los seres míticos sobrenaturales, que es en realidad un reflejo particular de las formas de vida, se percibe como las fuentes originarias de tales formas, como una especie de realidad superior. El carácter fantástico de la mitología primitiva y su idealismo espontáneo no excluyen, sin embargo, el significado cognoscitivo de las clasificaciones mitológicas ni el papel regulador de los mitos en la vida social de la tribu (Meletinski, 2001: 155). La mitología será uno de los pilares fundamentales de la religión, la filosofía y la psicología y, en consecuencia, de la literatura. Ya lo acotaba Meletinski en su obra, afirmando que «en la civilización antigua, la mitología representó el punto de partida de la filosofía y la literatura, y de hecho, constituye el terreno de las primeras formas religiosas y poéticas» (Ibíd.: 156-157). A su vez, la mitología no puede separarse de un sustrato psicológico. Esta tradición mitológica nutrirá la cultura del Medievo y se convertirá en signo original de su poética, hazaña que irá desapareciendo a medida que se introduce el período renacentista. Encontraremos historias simbólicas, en su mayoría tratadas por dioses y héroes, los cuales deben enfrentarse a alimañas que representan un obstáculo e inconvenientes. Muchos animales, por lo tanto, encarnarán símbolos negativos, relacionados con el mal, 9 como es el caso de la hidra, monstruo acuático caracterizado por sus cabezas en forma de serpiente, al cual debe enfrentarse Hércules en el segundo de sus Doce Trabajos. Es un dragón-serpiente mitológico cuya historia nace en la misma Grecia. Ubicada en las ciénagas de Lerna, hija de Tifón y de Equidna, es considerada una de las bestias más feroces con sus nueve cabezas. Según la mayoría de las leyendas, la central de las cuales era inmortal. Para algunos mitólogos estas cabezas eran de oro y además afirmaba el nacimiento de dos más si se cortaba alguna de ellas. Hércules erradicó esta duplicación de cabezas con el fuego. En los bestiarios medievales encontramos una variante, Hydrus, enemigo por antonomasia del cocodrilo, el cual se deja devorar por este para después desgarrarlo desde las entrañas. Ya lo afirma el Analecta: «hydrus intrar crocodillum, extis privat, necat illum, vivus inde rediens» (XXI:36). Claramente, el tamaño de esta alimaña no se puede comparar a la hidra original a la que hacemos referencia. Anónimo, Hydrus: The enemy of the crocodile, which it kills from the inside, British Library, Royal MS 12 C. xix, Folio 12v También está el caso de las sirenas, hoy con una connotación más alejada de la original, consideradas criaturas crueles que atraían a los marineros con su canto para después devorarlos. Hoy no tienen este significado, pues han quedado como seres armoniosos, bellos y extravagantes. El primero en mencionarlas será Homero en su famosa y aclamada Odisea. Este autor no las describe en sus obras, pero existen muchas representaciones en esculturas y descripciones de autores más recientes que declaran su forma híbrida, mitad pájaro (cuerpo), mitad mujer (cabeza). Con el tiempo estas características bestiales se atenúan y empiezan a aparecer los brazos, los senos y el resto del torso de la mujer. Las patas de pájaro se perderán ya en época alejandrina. Extraviarán sus alas al perder una competición de canto con las Musas, según la tradición. Este será un tipo de sirena, mucho menos conocida, pues la que realmente ha pasado a la tradición popular es la sirena-pez. Afirma Guglielmi en su edición del Fisiólogo que «las sirenas-peces, las más populares, tienen un origen asirio-babilónico, mientras que las sirenas pájaro derivan directamente de las harpías griegas» (Ibíd.: 143) En algunas miniaturas medievales hallamos mezclas entre la sirena-pájaro y la sirenapez, como puede observarse en la imagen, sacada de un manuscrito del siglo XIII. Otros tendrán un matiz diferente, uniendo sus lazos con símbolos positivos, como es el caso del unicornio, caballo blanco con patas de antílope, cuerno en la frente y barba de chivo, capaz de derrotar a animales más fuertes físicamente que él. Es 16 cristianismo)» (Cabello Díaz, 2003: 568). La paloma se constituirá como «la sublimación de los instintos y el predominio del espíritu» (Chevalier y Gheerbrant, 1998: 797), por lo que no es de asombrar que desde las Sagradas Escrituras hasta nuestros días aparezca este animal como viva encarnación del alma del hombre. Así quedará atestiguado en muchas historias, como es el caso de La gran conquista de Ultramar, siglo XIII, traducida al castellano desde los originales franceses. Es una obra novelesca sobre las Cruzadas, con elementos irreales y con la aparición de animales y criaturas que nos son de utilidad para nuestro estudio. En el marco que nos concierne de las aves, y en concreto de la paloma, hallamos la mención al animal alado y su concepción como representación del alma en esta misma obra. Véase su mención en la historia del Caballero del Cisne, cuando el Emperador cuenta el sueño que acarreó una noche, donde su sobrino caía herido en tierra al mismo tiempo que «le salía por la boca una paloma muy blanca que volaba contra el cielo» (Gayangos, 1858: 55). Indudablemente, esta referencia hace alusión al alma de Galieno, sobrino del Emperador. No solo se hace mención a la paloma como alma en este sueño, sino también en la historia de la venganza de Arquilis, por la muerte y terribles heridas que ocasionan a un sobrino suyo. El rey moro martiriza al caballero Rinalt Porcelet y a sus hijos, cuya muerte llegará a su estadio último cuando se observan «sendas palomas blancas que les salían de las bocas e iban volcando contra el cielo» (Ibíd.: 214). Otra obra maestra donde aparece la paloma de manera reiterada es en los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo. En el milagro XXII, El romero naufragado, podemos observar como las palomas vuelan desde el mar, como símbolo de las almas que han perecido en el naufragio, y que ahora, se destinan hacia el paraíso: Catando si algunos muertos podrién veer, por darlis cimiterio, so tierra los meter, vidieron palombiellas de so la mar nacer, quantos fueron los muertos tantas podrién seer. Vidieron palombiellas essir de so la mar, más blancas que las nieves contra l'cielo volar; credién que eran almas que querié Dios levar al santo paraíso, un glorioso logar (Berceo, 2012: 171). 17 En una obra de Alfonso X, el Setenario, aparece también con frecuencia la alegoría de la paloma como referencia al Espíritu santo de modo explícito, como puede observarse en los versos siguientes: Et otrossi dió este testimonio de la Trinidat, allí do mostró que ssopiera por Dios que ssobre aquel que viesse desçender el Spíritu Santo en ffigura de paloma, que aquél era el que baptizaua en Spíritu Santo. […]ffizo a ssu ffijo Nuestro Ssennor Ihesu Cristo que ffuese lauado en el agua de Iordán por mano de Sant Iohán Babtista, por que viniese el Spíritu Ssanto ssobrél en ssemeiança de paloma (CORDE). También hay espacio en nuestra literatura de la Edad Media española para otros tipos de aves, como el águila, el azor y el cisne. El águila es un animal atribuido a Júpiter y también arrastra una extensa tradición simbólica, toda relacionada con su carácter sublime, su velocidad, su vista y su fuerza. La tradición romana la asociaba al imperio, y por tanto, al emperador, remolcando el pleno sentido de poder y autoridad (González Frías: 2012). Suele intercambiarse simbólicamente con el halcón y el cóndor (en América del Sur). Es capaz de remontarse a las alturas, acariciando el sol, por lo que muchas veces representa la luz. No es de extrañar, en este caso, que encontremos imágenes donde el águila apresa entre sus garras a la serpiente, pues supone la lucha entre el bien y el mal. Que llegue hasta los extremos del sol está recogido en el propio Fisiólogo, donde se habla de tal animal en términos de bautismo y rejuvenecimiento, donde el águila vuela hasta lo más alto para luego adentrarse en la fuente espiritual, que se identifica con el Señor (2002: 74). Esta puede traer consigo augurios y presagios, bien ya afianzado en la Ilíada de Homero, donde «y en seguida mandó un águila, la mejor de las aves Anónimo, El cactus, símbolo del eje, donde se conjugan el águila y la serpiente, fundación de Tenochtitlán (México) agoreras, que tenía en las garras el hijuelo de una veloz cierva y lo dejó caer al pie del ara hermosa de Zeus, donde los aqueos ofrecían sacrificios al dios, como autor de los presagios todos» (Homero, 1982: 127). Así mismo se presenta en el Cantar de los Infantes de Lara, donde los agüeros se depositan en tal ave, cuando los Infantes se dirigen a ver a su tío y el ayo de estos, Nuño Salido, advierte la presencia de: un águila cabdal ferrera que estava encima de un pino. Mucho pesó de coraçon a ese Nuño Salido: «estas aves nos lo muestran: tornemos nos, míos fijos» (vv. 11-13). 18 Estas serían las dos aves más comunes en nuestra literatura medieval, después de un detallado estudio. Ahora bien, podríamos incluir en este apartado la figura teológica del ángel, que si bien no es un animal ni un ave misma, sí que es cierto que posee rasgos característicos de ellas, como es el caso de las alas y su función de mensajería, como la paloma. De estas criaturas sí que encontramos una extensa variedad a lo largo de toda la etapa del Medievo español, por su fuerte vínculo con la religión cristiana. A partir del Renacimiento, el modelo estereotipado del ángel se irá borrando, tomando cada vez más carácter humano y menos fantástico. Poco a poco se han ido desligando de su carga original psíquica. Además, en muchas ocasiones, su función como ser intermediario entre el hombre y Dios se ha visto sustituida por la de los santos (Izzi, 2000: 36). Se contraponen a los diablos o ángeles caídos, que también aparecen en la literatura de manera reiterada, incluso con mayor extensión, pues son estos los tentadores y detonantes de los conflictos de muchas historias. Estas apariciones recorrerán las obras de nuestros autores del Medievo, como ocurre en el cantar primero de Mio Cid, cuando se le aparece el ángel Gabriel al caballero Rodrigo Díaz de Vivar, durante el sueño de la primera noche de destierro: I se echava mio Çid despues que fue cenado. Un sueñol priso dulçe, tan bien se adurmi. El angel Gabriel a el vino en [vision]: 'Cavalgad, Çid, el buen Campeador, ca nunqua en tan buen punto cavalgo varon; mientra visquieredes bien se fara lo to (vv. 404-409). Combinado con la acción del sueño, observamos el celestial advenimiento del ángel Gabriel, uno de los más populares de la tradición angélica, con la misión de transmitirle al héroe aliento, apoyo y consuelo. Una vez más, aparecerá la visión del ángel unida al tema onírico en uno de los poemas del siglo XVIII, de hagiografía juglaresca, llamado Libre dels Tres Reys d'Orient, también denominado en su día como Libro de la infancia y muerte de Jesús por Manuel Alvar. En él destaca el aviso de un ángel que se le aparece en un sueño a José, para que así marche con su familia a Egipto y ponga a su hijo a salvo de Herodes (vv. 84-89). De nuevo podemos corroborar esa misión guardiana, protectora y de comisionado que adquiere la figura del ángel. En la Gran conquista de Ultramar las referencias son continuas, dejándonos entrever la importancia de estas criaturas como centinelas de los humanos y como 19 elementos conectores con Dios Padre. Véanse los siguientes versos: «E dicia que Gabriel el ángel fuera enviado de parte de Dios á él primeramientre pora mostrar le la Ley de los moros» (1951: 508). En estos versos aparece con la significación de mensajero, pero en otros aparece como protector del hombre, como podemos comprobar en la historia, tras el parto de Isoberta: «parió de aquel parto siete infantes, todos varones, las más fermosas criaturas que en el mundo podían ser; e así como cada uno nacía, venía un ángel del cielo e ponía a cada uno un collar de oro al cuello» (Garrosa Reina, 1987: 78). Igualmente se menciona un ejército de ángeles blancos que vienen en auxilio de los sitiados en Antioquía, los cuales resisten los ataques del ejército moro de Corvalán:«ca los blancos, que eran los ángeles que nuestro señor Dios enviara en acorro de los cristianos, venían en pos de los moros» (Ibíd.: 85). León De este animal ya hemos hablado con anterioridad, pero es necesario realizar un estudio más intenso y detenido en él, ya que es una criatura que arrastra una gran simbología a lo largo de los siglos y se ha convertido en emblema de muchos territorios, como podemos observar a día de hoy en el escudo de la comunidad autónoma de Castilla y León, constituido por la imagen alegórica del león y del castillo, cuyo origen se remonta al escudo de Castilla. Constituye una figura que arrastra una significación ambivalente, pues si bien lo podemos encontrar como bestia feroz y sin piedad, a la cual se tienen que enfrentar los caballeros, reyes y héroes de nuestras historias, también lo podemos encontrar como animal que reencarna la realeza, lealtad y la fuerza, equiparándose a Cristo y transfigurándose así como imagen cristológica. Ya lo afirmó Francisco de Asís García García: En el mundo medieval, desde un punto de vista semántico, se caracteriza por su ambivalencia al encarnar valores positivos y negativos opuestos. Las raíces de este doble simbolismo están presentes tanto en los autores de la Antigüedad como en la Biblia, que aclama a Cristo como “león de Judá” a la par que equipara al felino con el Anticristo (2009: 33). 20 Esta figura ya aparece en el siglo XII con la épica. No habría que olvidar aquel episodio protagonizado por Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador, cuando vence a los leones sin ni siquiera derramar una gota de sangre. Traigamos los versos a tal contexto, para poder analizarlos: En esto desperto el que en buen ora naçio, vio cercado el escaño de sus buenos varones: '¿Ques esto, mesnadas, o que queredes vos?' '¡Hya señor ondraro rebata nos dio el leon!' Mio Çid finco el cobdo, en pie se levanto, el manto trae al cuello e adeliño pora[l] leon: el leon quando lo vio assi envergonço ante mio Cid la cabeza premio y el rostro finco; mio Çid don Rodrigo al cuello lo tomo e lieva lo adestrando, en la red lo metio (vv. 2292-2301). Este episodio pertenece al cantar tercero. Es una andanza impregnada de irrealidad, donde vemos a una criatura feroz, indómita y amenazante ante los ojos de los Infantes de Carrión y de los vasallos que siguen al protagonista de la aventura, pero totalmente rendida ante la mirada del gran héroe castellano. Así, el juglar intenta enaltecer la grandeza del caballero al ser respetado por una bestia tan peligrosa. El león como imagen cristológica también aparece en uno de los poemas hagiográficos juglarescos más empapados de elementos fantasiosos: la Vida de Santa María Egipcíaca (siglo XIII). Aquí emerge la criatura como mensajera de Dios, ofreciendo su ayuda al monje que debe enterrar a María y que carece de herramientas. El león aparecerá para abrir con sus garras las fosas donde deberá ser depositado el cuerpo de María y posteriormente desaparecerá, pues ya ha cumplido su misión destinada por Dios. Tanto Antonio Garrosa como Manuel Alvar (1967: 114) apuestan aquí por el tema del león reverente, el cual simboliza al eremita y su fortaleza de fe. Los leones eran considerados según diversas creencias medievales como los protectores de aquellos quienes encontraban reliquias de santos: El leyón cava la tierra dura, el santo le muestra la mesura. La fuessa fue aina cavada e de la tierra bien mondada; 21 amos la ponen en la fuesa e vanse d'ende en fuera. Don Goimás faze la comendaçión, sin ayuda d' aquell leyón; mas, cuando l' vio la tierra echar, non quiso allí en balde estar; toda la tierra acarreyó, sobre el cuerpo la echó (Garrosa Reina, 1987: 62). En la Gran conquista de Ultramar aparecen cuatro leones como bestias salvajes, espantando a los espectadores de tal historia. Solo serán vencidos mediante la pronunciación de un conjuro religioso, con el cual los felinos se dan a la fuga. Aquí vemos como aparece la imagen de esta criatura como contraria a la cristológica, encarnando el mal y convirtiéndose en un peligro para los transeúntes de la aventura. Ya en los Milagros de Nuestra Señora aparece el diablo metamorfoseado en diversas criaturas, como bien señala Antonio Garrosa en el milagro XX, donde «el demonio acomete en repetidas ocasiones al clérigo embriagado: en forma de toro (estrofas 466-467), bajo la figura de un perro rabioso (estrofas 470-472), y en apariencia de león rugiente (estrofas 473-476)» (Ibíd.: 111). Una vez más, el león aparece como imagen del demonio, en contraposición a Cristo. Estos ejemplos nos permiten observar la ambivalencia simbólica de la que hablábamos anteriormente. Serpiente Este reptil se erige como una de las figuras más representativas a lo largo de la Historia, cuya significación se remonta a tiempos antiguos como el egipcio, rico en símbolos primitivos asociados a los animales como el león, el zorro, el gato, el escarabajo y la serpiente. Constituye una trascendencia multivalente, variando según la cultura, el contexto, la posición y los rasgos del animal a los que se alude. Conceptos que podemos relacionar con ella son muchos: a saber, el rejuvenecimiento, por su capacidad de mudar la piel, el equilibrio, la eternidad, la fertilidad, la dualidad, los ciclos, la salud, la astucia, etc. Es considerado un animal sagrado en Oriente, a través de la idea de que está en contacto con lo divino y está asociado a los fundamentos de la vida y de la sabiduría: «Es el animal más astuto, capaz de vivir entre las rocas, de trepar por los 22 muros y de estar en contacto con las fuerzas misteriosas de la tierra» (Mimbela, 2015). En Occidente adquiere un carácter positivo, pues ya «Bayley interpreta que la serpiente, por su esquema onduloso similar a las ondas marinas, puede significar la sabiduría abisal» (Hernández, 2008). Sin embargo, también puede apuntar a las fuerzas destructivas, por ser un reptil venenoso y veloz, cuya violencia implacable se sustenta en sus capacidades para morder, inyectar veneno mortal, asfixiar entres sus ondas, moverse en silencio y atacar con tremenda agilidad. En la India se vincula a las aguas, asociándose a la fuente de la vida y de la inmortalidad, mientras que en la cultura egipcia lo encontraremos como símbolo de la realeza, pues son muchas las representaciones alegóricas donde aparece el animal junto al faraón. No obstante, si hallamos esta serpiente ligada a alguna diosa egipcia, su significado es totalmente contrario al anterior, pues se transfigura en símbolo del mal y de lo material. Sekhmet es la diosa egipcia de la mortandad y de la peste, representando el poder destructivo del Sol. Se describe con la cabeza de león, pero también aparece con cuerpo de serpiente, adquiriendo en este caso el nombre de Mehenet, encarnando así las lenguas de fuego del sol (Izzi, 2000: 431). A pesar de la cantidad dispar de significados que puede adquirir tal animal, el que realmente nos interesa es el que se manifiesta en la literatura medieval. Para ello hay que tener claro qué simbología circulaba por aquella época, pues si bien es dispersa y variada, también debemos señalar cuál es la predominante. Para ello, es necesario tener en cuenta los bestiarios medievales, como es el mismo Fisiólogo, ya mencionado con anterioridad, el cual constituye la fuente de muchas significaciones del momento. Cuando trata acerca de la serpiente, tiene en cuenta cuatro peculiaridades diferentes y bien definidas. Grosso modo, la primera se refiere a la renovación de su piel, señalando que nosotros también mudamos la vestidura por Cristo. Esta renovación de la piel ya es mencionada por Aristóteles, Plinio, Eliano y Plutarco, pero solo aquí en El fisiólogo se entiende como autentico rejuvenecimiento (2002: 153). En segunda instancia, apunta a que la serpiente no carga con su veneno cuando va a beber al río, así como nosotros no debemos llevarlo cuando vamos a las ceremonias y misas de Cristo para beber el agua eterna de la vida. Hace aquí evidente referencia a los pensamientos perversos y a los pecados terrenales en los que cae el hombre continuamente. La tercera de ellas anota que cuando vislumbra a un hombre desnudo, no lo ataca ni le teme, mientras que si lo ve vestido, se abalanza. Hace mención al paraíso y a la estadía de Adán y Eva. Estos solo fueron atacados cuando «Adán vistió la túnica (es decir, la 23 mortalidad del carnal cuerpo pecaminoso)» (Ibíd.: 80). Como cuarta particularidad señala que cuando se le acerca alguien para matarla, abandona todo el cuerpo, pero no la cabeza. De esta manera, «nosotros, en tiempos de tentación, debemos abandonar todo el cuerpo, pero defender la cabeza, es decir, no negar a Cristo, a imitación de los mártires. Pues Cristo es cabeza de todos» (Ídem). En la mayoría de los casos, la serpiente encarna el mal y el diablo, pero puede aludir en otras ocasiones a la figura de Cristo y a ciertas virtudes. Las características de la serpiente se consideran un sinónimo del pecado, pues se le atribuye una connotación diabólica. Puede representar la lujuria, vicio representado por la serpiente que muerde los senos de la mujer. Ya en la mitología griega y mesopotámica se vincula con la fertilidad y con el sexo femenino en sí. Y según la literatura midrásica, Samael, camuflado en la figura de serpiente, estimuló a Eva para que comiera la manzana y además la sedujo (Ibíd.: 139). Si bien representa vicios como la lujuria, también personifica virtudes, como la prudencia, anotada en las primeras líneas de El fisiólogo, en referencia a la serpiente: «sed, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como palomas» (Ibíd.: 79). En el Mester de Clerecía la mención a la serpiente es evidente y clara, siendo utilizada como recurso simbólico de manera reiterada. En el Libro de Alexandre se alude al animal por su particular fiereza y bravura, equiparándose a comportamientos del hombre, que le sirven de ejemplo alegórico para describir tales conductas. De esta manera, se especifica que Eneas y Héctor andaban en el campo de batalla rabiosos como una sierpe fiera o brava (est. 549 y 552), o dos combatientes de nombre Nicanor se comportan “como sierpe raviosa” (est. 1383 y 2009). En otro pasaje, el persa Mega desafía a Clitus quien mató a sus dos hijos, apostrofándolo: “Ay, sierpe enconada, ¡mala passes la mar!”(1378b) (Ramadori, 2007: 9). La connotación negativa de la serpiente vinculada al demonio es evidente, como podemos comprobar cuando se comparan los efectos del azabache contra los demonios y las serpientes, a partir de la condición caliente de la piedra, pues «allí son los gagates por natura ardientes, / que sacan los demonios, segunda las serpientes» (Ídem). Cuando doña Natura desciende a los infiernos encontramos esta misma simbología negativa del animal, descrito en las columnas: 24 Silvan por las riberas muchas malas sirpientes, están días e noches aguzandolos dientes, assechan a las almas, non tienen a al mientes,por eso peligraron los primeros parientes (Ídem). En otro de los episodios, el paso de los caballeros de Alexandre es baldado por dos serpientes guardianas de una fuente. Los transeúntes, sedientos, deben superar el obstáculo que suponen dichas criaturas, por lo cual Alexandre propone a sus hombres que se desnuden, evitando así el ataque de las serpientes y posibilitando el acceso a la fuente. Esta referencia nos remite a la tercera de las particularidades descritas en El Fisiólogo, erguida sobre la creencia de que el hombre solo liberándose de lo material y lo banal puede hacer frente al ser que se les presenta como un impedimento: «Los orígenes bíblicos de esta creencia nos remonta al enfrentamiento con la serpiente en el Edén y al simbolismo de la desnudez como representación de la inocencia humana previa al pecado original» (Ibíd.:10). En la Vida de Santo Domingo emerge la tentación diabólica en forma de serpiente. Oria debe enfrentarse al embaucamiento que procesa el demonio, el cual busca su perdición y caída, como podemos observar en los siguientes versos: Por espantar la duenma, que oviésse pavura, faciéli malos gestos, mucha mala figura. Prendié forma de sierpe el traïdor provado, poniésseli delante el pescueço alçado; oras se facié chico, oras grand desguisado, a las veces bien gruesso, a las veces delgado (CORDE). La reencarnación del diablo en un animal, objeto o persona no es algo novedoso. Con mucha frecuencia, el mal utiliza una vía o medio para presentarse en el mundo terrenal. De ahí los famosos exorcismos, misterios ante los que el hombre se presenta como sujeto curioso. En la Gran conquista de Ultramar encontraremos de nuevo una criatura endemoniada, pero esta vez difiere un poco del animal que estábamos tratando. Aun así mantienen características que han de ser mencionadas. Me refiero al dragón, esa gran criatura mitológica que procede de la misma familia que la serpiente, pues son reptiles, y que además se confunden con bastante frecuencia en las aventuras donde se describe. Corvalán comenta el sueño que ha tenido a sus compañeros, por el cual conocerá los peligros que le desafían y obstruyen el viaje. Uno de ellos lo constituye 25 una serpiente monstruosa o dragón endemoniado, al cual se tendrán que enfrentar. En el capítulo 242 se hace una descripción del monstruo: E habia una muy gran sierpe, de la cual contarémos agora aquí, en aquella tierra del monte Tigris en una peña muy alta, é esta era una bestia fiera, muy grande é muy espantosa además, que estaba en una cueba, é tenia en el cuerpo treinta piés en luego, é en la cola, que habia muy gorda doce palmos, con que daba tan grande herida, que non habia cosa viva á que alcanzase, que non la matase de un golpe; las uñas habia tan luengas como una vara de cuatro palmos, é cortaban como navaja, é eran tan agudas como alezna; é los sus dientes agudos é luengos mas que los de la víbora (Gayangos, 1951: 305). Como podemos observar, el dragón es denominado serpiente y, en los últimos versos, se menciona a la víbora paralelamente, un tipo de serpiente que también aparece con harta frecuencia en la literatura. De hecho, en El fisiólogo, los capítulos referentes a la serpiente y a la víbora van en consonancia, pues se equiparan y se confunden en algunas ocasiones. La descripción nos aclara que no es una simple serpiente, sino que posee características atribuidas a un monstruo mayor como es el dragón. Para superar el obstáculo que supone tal criatura utilizan un talismán protector, una especie de carta donde están mencionados setenta y dos nombres de Dios, cuya pronunciación servirán para vencer al dragón endemoniado. Garrosa Resina señala que la bestia tiene características similares a la del puerco montés de Calidón y al monstruoso Endriago al que debe enfrentarse el Caballero de la Verde Espada. Esto nos lleva directamente a analizar la bestia conocida por el nombre de Endriago, descrita en la novela de El Amadís de Gaula, fruto del amor carnal entre el gigante Bandoguido y su hija Bandaguida. A las cualidades atribuidas a tal bestia se le suma la posesión diabólica: «Y ahún más vos digo, que la fuerça grande del pecado gigante y de su fija causó que en él entrasse el enemigo malo, que mucho en su fuerça y crudeza acreçienta» (Ibíd.: 295). Ciervo Otro animal lleno de simbología es el ciervo, elegante mamífero rumiante considerado como una de las especies más representativas de la fauna peninsular. En El Fisiólogo aparece como imagen cristológica, enemiga del dragón o serpiente, que personifica al demonio y a los pecados. El ciervo hace salir al dragón de las hendiduras